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Abad de Rute: Vida y Legado

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ABAD DE RUTE.- (Calle).

Esta vía del barrio del Naran-


jo afluye a la Plaza La Palomera y tiene su salida por Ma-
dres Escolapias. Está dedicada a Don Francisco Fernández
de Córdoba, futuro Abad de Rute. Según los escritores
Carlos Ramírez de Arellano y Luís Maria Ramírez de las
Casas-Deza este caballero de ilustre linaje había nacido
en Baena. Mas el Abad de Rute, y en su obra “Didascalia”,
de tipo didáctico, escribe que él era “cordubensi”, sin ma-
tizar su procedencia serrana o de la campiña cordobesa.
En su juventud tuvo un carácter belicoso, llegando a ma-
tar en desafío a un noble de Toledo. Su progenitor, a la sa-
zón corregidor de esta ciudad castellana, lejos de atenuar
el hecho luctuoso de su hijo, manda detenerlo. Se le impo-
ne la pena máxima, pero el rey Felipe II, admirado de la
honestidad del padre y, obviamente, su celo en el cargo,
indulta al delincuente de su hijo (septiembre de 1572).
Como consecuencia de todo este asunto, don Francisco
cambia la espada por el hábito de clérigo. En la Catedral
de Córdoba fue racionero (prebenda que tenía su renta en
la mesa del Cabildo). Antes de tener este cargo estuvo en
Roma. Más tarde renuncia a él a favor de don Antonio Mu-
rillo, retirándose al pueblo del “Machaco”, el pueblo con
alma de aguardiente: Rute. Hace sus pinitos en la poesía.
En el certamen quinto de las fiestas que se celebraron en
Sevilla, con motivo de la beatificación de San Ignacio de
Loyola (17 de julio de 1609) se cuenta que escribe un so-
neto. Su mejor obra es la “Historia de la antigüedad y as-
cendencia de la nobilísima casa de Córdoba”. En la abadía
de Rute, en las estribaciones de la Penibética, a escasos
kilómetros del embalse de Iznájar, predio de sus antepa-
sados, Don Diego Fernández de Córdoba y de su hijo Don
Juan, fundador de la abadía y primer abad de este pueblo,
transcurren los últimos años de su vida. Una vida que se
apaga el 26 de julio de 1626.

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