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Formación e interpretación del contrato

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LECCIÓN 2.

- El contrato: su formación, interpretación e


integración:
1. La autonomía de la voluntad como principio básico del Derecho de contratos:
El principio de autonomía de la voluntad (art. 1255 CC) es fundamental en el ámbito de
las obligaciones, contratos y contratación. Dispone que las partes pueden establecer los
pactos, cláusulas y condiciones que estimen convenientes siempre que no sean
contrarios a la ley, la moral o el orden público. Puede ser interpretado en un doble
sentido:
- Libertad para contratar (no es absoluta ya que existen los contratos obligatorios
ej.: seguro del coche).
- Libertad para determinar el contenido contractual (no es absoluta ya que existen
los contratos de adhesión en los que el contenido contractual ya está
determinado por una de las partes).
Tratando los límites del principio de autonomía de la voluntad:
1. La Ley: los contratos que sean contrarios a una norma imperativa serán nulos de
pleno derecho. Las únicas que leyes que se podrán modificar de acuerdo a la
voluntad de las partes son las normas dispositivas.
2. La moral: con este límite se nos presenta el problema de que la “moral” es un
concepto jurídico indeterminado. En última estancia será el juez el que
determine qué se puede considerar como moral o inmoral. Sin embargo,
podemos entender como moral aquellas conductas sociales generalmente
aceptadas.
3. El orden público: es el conjunto de principios jurídicos, políticos morales y
económicos que son absolutamente obligatorios para la conservación del orden
social en un pueblo y en una época determinada. En España podríamos igualar el
orden público con el orden constitucional.

2. Definición y elementos del contrato: consentimiento, objeto, causa y forma:


El art. 1089 CC establece que el contrato es fuente de obligaciones y el art. 1091 CC
que las obligaciones que nacen de los contratos tienen fuerza de ley entre las partes.
Combinando estos dos artículos podemos obtener la siguiente definición de contrato:
“Un contrato es un acuerdo de voluntades sobre un objeto con una causa, que tiene
como consecuencia el nacimiento, la modificación o la extinción de obligaciones y que
tiene fuerza de ley entre las partes”.
De esta definición podemos extraer los elementos del contrato si bien, están
determinados en el art. 1261 CC. La ausencia de uno ellos provocaría la nulidad del
contrato, es decir, éste nunca habría existido ni habría producido efectos jurídicos. Estos
son:
- Consentimiento:
El acuerdo de voluntades de las partes, es esencial pues recaerá sobre el resto de
elementos del contrato (el objeto y la causa). El consentimiento tiene que ser emitido
por una persona que tenga la suficiente capacidad de obrar o la suficiente capacidad

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para contratar, de tal manera que no se preste un consentimiento viciado. En caso de
consentimiento viciado el contrato será anulable y en caso de ausencia de
consentimiento será nulo. Los vicios en el consentimiento puede ser causados por:
- Violencia o intimidación.
- Dolo.
- Error.
Desde que se da el consentimiento el contrato existe y tiene fuerza de ley entre las
partes.
- Objeto:
El objeto es la prestación, ésta consiste en dar, hacer o no hacer (art. 1088 CC). Pueden
ser cosas o servicios. Tiene que reunir una serie de requisitos:
- Tiene que ser posible. La imposibilidad de la cosa provoca la nulidad del
contrato. Si se diera el caso de que la imposibilidad fuera sobrevenida se
estaría dando un incumplimiento contractual.
- Tiene que ser lícito.
- Tiene que ser determinado o determinable.

- Causa:
Hay dos teorías que nos ayudan a establecer qué considerar como causa, éstas son:
- Teoría objetiva: la causa sería la función económica social de cada
contrato por lo que cada tipo de contrato tendría la misma causa.
- Teoría subjetiva: la causa sería el motivo o el fin concreto que mueve a la
parte a la celebración de un negocio jurídico en concreto.
El art. 1275 CC determina que los contratos sin causa, o con causa ilícita, no producen
efecto alguno. La causa se considerará ilícita cuando sea contraria a la ley o a la moral.
Además, la causa ha de ser verdadera. La falsedad de la causa provocaría la nulidad del
contrato.
Igualmente, es importante hablar de la forma del contrato. La forma es la manera de
manifestarse del contrato.
En nuestro ordenamiento jurídico se parte del principio de libertad de forma por el que,
cualquier contrato será válido desde el momento en el que se preste consentimiento
siendo indiferente la forma en la que se exteriorice esa voluntad. Por lo tanto, se trata de
un contrato consensual.
Sin embargo, existen otro tipo de contratos denominados contratos formales que exigen
determinadas formas de tal manera que, si no se respeta esa forma el contrato sería nulo.
Así, los contratos formales tienen los siguientes elementos:
- Consentimiento.
- Objeto.
- Causa.
- Forma.

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3. Las fases del contrato:
Las fases contractuales son tres:
1. Fase precontractual:
El contrato todavía no ha nacido ni obliga a sus partes. En esta fase se pueden o no,
establecer los denominados “tratos previos” o “tratos preliminares”. Éstos se darán en
aquellos contratos que tengan cierta complejidad. Estos tratos no tienen consecuencias
jurídicas ni obligan a las partes, de ellos solo se podría derivar algún tipo de
responsabilidad si se hubiera actuado de mala fe.
2. Fase contractual o de perfección del contrato:
Es el momento de nacimiento del contrato, el momento en el que se originan las
obligaciones. El art. 1258 CC indica que los contratos se perfeccionan por el mero
consentimiento y desde entonces obligan. Para que se dé el consentimiento es necesario
el acuerdo de voluntades tanto en objeto como en causa.
En esta fase, concurren la oferta y la aceptación del contrato. La oferta tiene que tener
un destinatario (una o varias personas, determinadas o indeterminadas), tiene que ser
reconocible por la otra parte; con respecto al contenido debe ser completa y firme. Una
vez lanzada la oferta:
- Se acepta (se obtiene el consentimiento de las partes, se ha perfeccionado el
contrato).
- Se lanza una contraoferta (se vuelve a la fase precontractual del contrato).
- Se rechaza (no hay contrato).
3. Fase de consumación:
Cuando se realizan las prestaciones a las que las partes se han obligado.
4. Los efectos del contrato:
Los efectos del contrato son:
1. Obligatoriedad:
Esta obligatoriedad deriva del:
- Art. 1091 CC por el que las obligaciones que nacen de los contratos tienen
fuerza de ley entre las partes, así pues, a los acuerdos que se llegue en el
contrato, tienen carácter vinculante entre ellas.
- Art. 1258 CC que establece que los contratos obliga al cumplimiento no solo de
lo expresamente pactado sino también de todas aquellas consecuencias que
según su naturaleza sean conforme a la buena fe, al uso y a las costumbres (ej.:
entregar la cosa a tiempo y en buen estado).
- Art. 1911 CC que determina la fuerza de la obligatoriedad del contrato con el
principio de responsabilidad patrimonial universal.

2. Irrevocabilidad unilateral del contrato:

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Establece que una vez que el contrato ha nacido y se ha perfeccionado, ninguna de las
partes podrá desvincularse unilateralmente del contrato, cambiar unilateralmente el
contenido del mismo o dejarlo sin efecto. Tendría que darse el mutuo acuerdo de las
partes para variar el contenido del contrato o para extinguirlo. Es una consecuencia de la
obligatoriedad del contrato.
Esta irrevocabilidad tiene excepciones como la resolución tácita de los contratos
bilaterales (art. 1124 CC). Las excepciones a la irrevocabilidad de los contratos vendrá
expresamente recogida en la ley.
Los contratos a largo plazo y dictados en unas condiciones concretas también pueden
afectar a la irrevocabilidad unilateral del contrato en cuanto a que estas condiciones
podrían sufrir modificaciones sustanciales. Para resolver este problema los tribunales
aplican, si bien de manera muy estricta, la doctrina “rebus sic stant bus” (mientras
continúen así las cosas), por la que si se produce un hecho que altere gravemente las
condiciones inicialmente pactadas se permitirá la resolución unilateral del contrato.
3. Relatividad del contrato:
Los contratos tienen efecto relativo, es decir, solo obligan a las partes y no podrán
beneficiar ni perjudicar a los que no lo sean. Incluso los contratos que se han celebrado
en representación, los representantes no estarán vinculados pues no son parte del
contrato. Esta relatividad diferencia a los derechos de obligaciones o de crédito de los
derechos reales y los derechos personalísimos que sí son erga omnes.
La relatividad del contrato no supone que los créditos o las deudas no se puedan heredar
o no sean transmisibles, sí que podrán serlo mientras no se trate de derechos y
obligaciones personalísimos.
También hay excepciones a la relatividad del contrato como es el caso del contrato a
favor de terceros. Este tipo de contrato presupone la existencia de tres partes: las dos
partes contratantes y el tercero a quien beneficia. Estas excepciones solo se darán en
aquellos casos expresamente previstos por la ley.
5. La interpretación del contrato:
Antes de interpretar un contrato será necesario conocer el contenido de las normas
jurídicas que sean de aplicación al caso. Del mismo modo, a la hora de interpretar un
contrato deberemos determinar el contenido de éste. Además, tendremos que averiguar
el sentido que las partes han querido dar al contrato, cuál ha sido la voluntad de las
partes.
Para todo esto, el CC en los arts. 1281-1289, establece unos criterios de interpretación,
éstos se dividen en objetivos y subjetivos. Los criterios subjetivos tienen preferencia
sobre el resto.
Como es lógico, la primera norma de interpretación es la denominada interpretación
literal del contrato, en este caso los términos del contrato son claros y no dan lugar a
dudas sobre la intención de los contratantes; ahora bien, si las palabras parecieran
contrarias a la intención de las partes, prevalece la voluntad de éstas. Si alguna de las
cláusulas del contrato admitiera distintos sentidos en su interpretación y no tuviéramos

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clara la voluntad de las partes, la interpretación se hará en el sentido que sea más
adecuado para que el contrato produzca efectos.
Igualmente, las cláusulas del contrato deberán interpretarse siguiendo un criterio
sistemático, es decir, relacionado las cláusulas entre sí. También, en la interpretación del
contrato deberá tenerse en cuenta los usos y costumbres del lugar donde vaya a ser
aplicado el contrato.
En el caso de que el contrato contenga cláusulas oscuras, es decir, cláusulas que puedan
llevar al error, la interpretación del contrato se hará de modo que no se favorezca a la
parte que hubiera causado tal oscuridad.

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