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Homenaje al Dr. Raúl Ringuelet

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1

2
Homenaje a la memoria del
Dr. Raúl Adolfo Ringuelet
(1914-1982)

3
4
ÍNDICE GENERAL

Introducción ............................................................ 5
La observación ....................................................... 7
Sobre la descripción como método ....................... 17
De la anatomía comparada al estudio del
comportamiento: la comparación como
herramienta para elaborar explicaciones .............. 21
La observación a campo ...................................... 31
La problemática de la descripción ........................ 43
Del etograma como lenguaje al lenguaje
de los etogramas ................................................... 55
Aspectos metodológicos de la naturaleza
semiótica del etograma ......................................... 81
La noción de secuencia: La recuperación
de la unicidad perdida ......................................... 127
Conclusiones ....................................................... 149

5
6
INTRODUCCIÓN

Las reflexiones y desarrollos que aquí expondremos, tienen


su origen en la actividad académica de la Cátedra de Etología,
de la Facultad de Ciencias naturales y Museo, de la Universidad
Nacional de La Plata. Se enriquecieron y fueron posibles
gracias a los aportes de los docentes, ayudantes y colaboradores
que se desempeñan en ese ámbito, y que mencionamos por
orden alfabético: Catriel Arrigó, Pablo Campana, Juan José
Cascardi, Gabriela Gorriti, Virgina E. Masiulionis, Mª
Candelaria Pérez, Claudio Romero, y Paula Tujague.
El texto original fue minuciosamente leído y corregido por
la Lic. Lila Trabazzo, que lo enriqueció con sus observaciones.

Esta tarea nunca se habría completado sin el sostén de la


Comisión de Investigaciones Científicas de la Provincia de
Buenos Aires.

[Link]
[Link]
L.C. Lázaro
La Plata, Agosto 2005

7
8
LA OBSERVACIÓN

Konrad Lorenz, premio Nobel de medicina por sus trabajos


en comportamiento animal, entiende la observación como
percepción de las formas. Cuestiona, a lo largo de toda su obra,
que sólo se acepte la participación de los sentidos como
herramienta cuando está al servicio de la medición, y se la trate
como no científica cuando se refiere a las formas naturales1.
Lorenz reconoce tres etapas en el quehacer del científico.
· La ideográfica.
Descripción sistemática del comportamiento de un grupo
reducido de formas, del que se conoce su parentesco
filogenético.
Lo que emerge de este proceso ideográfico es lo que co-
construye el investigador, en interacción con su referente-
objeto.
· Construida esta base descriptiva, se pasa a la etapa
sistemática.
En ella, todo lo observado se organiza bajo la forma de un
sistema clasificatorio. Así emerge nuevamente la teoría de la

1 Lorenz, K. 1959. La percepción de la forma como fuente del


conocimiento de causas científico, en Consideraciones sobre la conducta
animal y humana, Colección Obras maestras del pensamiento
contemporáneo, vol. 28, Planeta-Agostini. Barcelona, España.

9
evolución como principio organizador basado en la comparación
de rasgos.
· Organizada la base empírica, se pasa a la etapa nomotética,
o elaboración de explicaciones interpretativas.

El eje está en la descripción. Konrad Lorenz no la


entiende en términos de objetividad científica, sino como
una función del observador, que es pasible de ser entrenada:
la capacidad de distinguir/ construir configuraciones en lo
que percibimos. Es esta etapa de partida, la ideográfica, la
que aquí nos ocupa.

La medición como descripción

La educación formal suele hacernos tomar contacto, más o


menos irreflexivamente, con algo llamado tabla periódica de
los elementos. Ese fenomenal milagro que permite describir
cosas que aún no se conocen, nos hace pasar por alto el detalle
de que la descripción que se nos muestra es por medición. De
un elemento decimos que está formado por x partículas de un
tipo, y de otro, z de otro.
Toda la física se explica por magnitudes, vectoriales o
no. Si describimos un cuerpo, casi todo lo que podemos
decir de él, por ejemplo en términos de cinemática, sólo
requiere que digamos su masa, su velocidad y su posición.
Nada auspiciosamente, el principio de incertidumbre nos
advierte que, a cierto nivel, no podemos medir las tres
cosas; es decir, nunca podremos completar nuestra
descripción.
Para los físicos, entonces, describir es medir.
En algunos ámbitos (y el de los físicos parece ser uno de
ellos) nunca hemos dejado de creer que el libro de la
Naturaleza esta escrito con caracteres matemáticos. Y eso,

10
pese a la advertencia de Nietzsche2 : con la introducción de
las matemáticas no llegamos a conocer las cosas, sino a
determinar nuestra relaciones con ellas. «Lo matemático no
es más que el medio de la ciencia última y general de los
hombres».
Los químicos en sus descripciones también miden. Una
reacción se describe en términos de cantidad de reactivos
y de productos, y velocidad de reacción. Entonces, en estos
dominios, describir es medir, por lo general mediante algún
tipo de aparato. Física y química básicamente cuentan.
Esta matematización se tornó como indicador de
objetividad. Considerada madre de las ciencias, la física
termina siendo modelo de procederes. El propio Kuhn, al
describir su propuesta sobre las revoluciones científicas lo
toma como modelo. Mayr3 cuestiona que lo sea. Aceptaremos
aquí ese cuestionamiento, aplicándolo a la medición.

La descripción de lo viviente

Es posible describir un ser vivo midiéndolo y una manera


es mediante una formula matemática, si bien es más complicado
que describirlo de otra forma. Así, se procede a usar un lenguaje
formalizado. Veamos un ejemplo de diagnosis mamaliana4:

Mamíferos; piel con pelos y con diversos tipos de


glándulas; dientes tecodontos; siete vértebras
cervicales; oído medio con tres huesecillos;

2 Nietzsche, Federico .La Gaya Ciencia, Ediciones del Mediodía, Bs.


As., traducción de Pedro Gonzales Blanco, 1967. Buenos Aires,
Argentina
3 Mayr, Ernst. 1998, Así es la biología, Editorial Debate , S. A., Madrid,
España, 326 páginas
4 Weisz, Pauil B.,1971 «La ciencia de la zoología».Ediciones Omega, S.
A. Barcelona, España.

11
extremidades provistas típicamente de cinco dedos,
con diferenciaciones terminales diversas; corazón
dividido en cuatro cámaras y un sólo arco aórtico
en la izquierda; glóbulos rojos no nucleados;
celoma dividido transversalmente por un diafragma
muscular; laringe en el extremo superior de la
tráquea; con vejiga urinaria, orina líquida; 12 pares
de nervios craneales, cerebro bastante
perfeccionado; pelvis fusionada con el sacro, huesos
púbicos soldados entre sí por la parte ventral;
homeotermos; poseen genitales externos;
fecundación interna, con huevos amniotas; algunas
especies ovíparas pero la mayoría son vivíparas;
las crías se alimentan con la leche que secretan las
glándulas de la madre.

Más allá de las enumeraciones, no existe aquí ninguna


medición. El lenguaje es específico de la disciplina (amniota,
genitales, homeotermos) o posicional (externo, superior, interno).
Es decir, habla de cualidades, no de cantidades, y de relaciones
posicionales, que en todo caso podrían emparentarse con lo
topológico.
No abandonamos la medición. Para un determinado ser vivo
podemos decir cuanto pesa, cuanto mide, su temperatura, la
frecuencia de los latidos de su corazón, el volumen de su orina.
En generale, la descripción es en términos de presencia /
ausencia de cualidades. Los matices (más grande, más
pequeño, más veloz) no se tienen en cuenta. Un reflejo de
esto se halla en las claves dicotómicas : los individuos se
distinguen unos de otros (las descripciones se distinguen unas
de otras) en base a un sistema binario, de presencia / ausencia
de caracteres.
De este modo, las descripciones pueden formalizarse
en forma de claves 0-1, y a partir de ello compararse unas
con otras, como ocurre por ejemplo en la taxonomía

12
numérica 5.
La función de estos procedimientos es fijar los datos de la
observación. En nuestro cuerpo teórico se encuentra el
vocabulario, cuyos términos nos permiten encarar las
descripciones.
Por ejemplo, la idea de fanera cutánea y sus variaciones
(pelo, pluma, escama) permitirán indicar, para un datum
determinado, cuál es la que se halla presente.
El paso del lenguaje común al científico-técnico tiene como
función final lograr que quien recibe la descripción, pueda
determinar, sin dudas, si se encuentra ante el fenómeno
descrito.
No se renuncia a la medición, sino que a esta se suma ahora
un sistema de nomenclatura de cualidades y formas, distinto
del lenguaje matemático (cantidades y operadores).

La descripción del comportamiento

Con estas dos formas de nombrar, la que deviene de la


físico química y la que emerge de las ciencias naturales
(biología, geología) deberíamos estar en condiciones de
describir también los objetos de observación que están en
movimiento.
Recurrimos aquí a distinguir la posición inicial y la final.
Distinguir, o más exactamente, definir : los seres vivos no
muestran cese en su actividad. Los actos no surgen al
entendimiento como los objetos o los segmentos corporales,
de los cuales podemos elaborar reglas para decidir qué es y
qué no es parte del observable. Por ejemplo, decidiendo por
discontinuidades en la composición y la forma. No es necesario
precisar la velocidad con la que se pasa de la posición inicial a

5 Crisci y Armengol, Introducción a la teoría y practica de la taxonomía


numérica, OEA, Monografía nº 26, serie Biología

13
la final, pues esta varía ampliamente de un individuo a otro y
de una circunstancia a otra.
Los etólogos han elaborado una serie de criterios para la
definición y uso de este tipo de descriptores, que
profundizaremos más adelante, como parte principal del
contenido de este libro. En términos generales, los
experimentos de cualquier tipo, se hacen sobre el conteo de
las frecuencias o apariciones de estos actos, o los cambios
que en ellos se producen.
Segmentado el cuerpo, describimos los movimientos, y luego
medimos algo en o a través de ellos. Los tres esquemas de
descripción terminan operando juntos, sin confundirse ni sustituirse.

Llegamos pues a una frontera. Así operamos en las


disciplinas usualmente llamadas naturales.
Nada hay de objetivo aquí, en el sentido de que todo este
proceso de descripción está lleno de decisiones y elecciones
por parte del operador.
La medida no es una propiedad de los objetos, sino una
actividad (y en ese sentido, una propiedad) del sujeto que mide.
Las cualidades desde las que damos cuenta de lo observado
en distintos cuerpos, son elegidas por nosotros, y por nosotros
producidas. Las cualidades no están fuera de la percepción
sino en la percepción. Las regularidades en la percepcion
generan esa ilusión de objetividad. Todas las patas de los sapos
se parecen, por lo tanto existe algo llamado pata de sapo.
En la descripción de conducta, la situación es más compleja,
aunque es análoga. También apelamos a la regularidad
(redundancia) y a nuestras distinciones para llamar Acto A a
determinado conjunto de cambio de posiciones. Se trata de
agregar a este tipo de descripciones, el cambio entendido como
paso de una posición a otra.
Cada descripción tipo orienta y limita lo que se puede hacer
a partir de ella. Es decir, cada ciencia utiliza un tipo de descripción.
Lo que aquí tenemos, son dos formas de articular imágenes

14
del mundo, que no trabajan en forma independiente, o al menos
no necesariamente: podemos medir frecuencias de aparición
de comportamientos descriptos en un etograma, o tratar de
establecer, para una determinada secuencia de movimientos,
qué sentido les da el que los realiza.
La etología parece situarse en medio de ambos esquemas :
existen trabajos en cognición animal que tras la descripción
de los actos y la medición de sus frecuencias de aparición,
procuran establecer el punto de vista del animal, si tal cosa
fuese posible; que será, por supuesto, el punto de vista humano
del hacer animal.6
Estas imágenes es todo lo que tendremos a la hora de
elaborar teorías, hipótesis, o explicaciones. Las imágenes del
mundo, son tomadas como el mundo, y hablamos de mundo
cuando estamos hablando de una de sus imágenes.
Para cada territorio no hay un único mapa. Lo que digamos
(o hagamos) a partir de cierto mapa, no podrá ser dicho (o
hecho) de la misma forma a partir de otro. Ocurre esto con
nuestras descripciones.
Lo que aquí afirmamos es que hacemos ciencia a partir de
las descripciones; el tipo de ciencia que hacemos, depende de
esa descripción de partida.

Dos enfoques de la lateralidad

Eibl-Eibesfeldt et al, realizaron un estudio sobre lateralidad7,


empleando la metodología descriptiva de la etología. En ese
mismo estudio, mencionaron de qué forma se investiga

6 Heyes, C. M. , 1993, Anecdotes, training, trapping and triangulation


: do animals attribute mental states?, Anim. Behav. , 46, 177-188
7 Linda F. Marchant, William C. Mcgrew, Irenäus Eibl-Eibesfeldt, 1995,
Is human handedness universal? Ethological analyses from three
traditional cultures, Ethology.

15
usualmente este tópico.
La forma tradicional es suministrar a cierto número de
personas un cuestionario donde se les preguntan cosas
tales como con qué mano escribe, o maneja la afeitadora,
o un destornillador. La mayoría de estos cuestionarios
inquieren sobre 10 tareas, todas que requieren del uso de
[Link] otros casos tienen 60 tareas, la mayoría
orientadas al uso de objetos, y muy pocas orientadas a
actos autodirigidos o sociales. A partir de esas respuestas,
se determina el número de zurdos y de diestros. Son estos
estudios los que han generado la cifra de aproximadamente
90% de diestros. Es el típico conteo: para una determinada
categoría -escribe con la mano derecha- se enumeran los
casos que la exhiben.
Eibl-Eibesfeldt y su equipo trabajaron distinto. Tomaron
las filmaciones realizadas en sus estudios en tres grupos: los
G/wi, San o bosquimanos, cazadores-recolectores de la región
central del Kalahari; los Himba, pastores de la sabana del norte
de Namibia, y los Yanomanö, horticultores del Orinoco, al sur
de Venezuela. Estas filmaciones no se hicieron para estudios
de lateralidad. Según ellas, se elaboró una lista de las
descripciones de 61 movimientos de los miembros, con
definición y codificación. A partir de esas descripciones, se
registró con qué mano eran realizados esos movimientos.
Del análisis de estas frecuencias (divididas en
instrumentales y no instrumentales) se observó que el 58% se
realizaba con la mano derecha. Eso está muy lejos del 90%
que dan las encuestas.
Esto puede significar que los encuestados (occidentales)
tengan una dextralidad diferente que la de los observados, o
que estamos describiendo cosas distintas. La solución, vía
comparación, consistiría en filmar un grupo y emplear el sistema
de la etología; luego suministrarles el cuestionario, y comparar
los resultados.
Esto no equivale a alcanzar la descripción final, sino a

16
correlacionar descripciones: es decir, solo establece las
coincidencias existentes entre las condiciones del mapa
económico y las del mapa físico.

17
18
SOBRE LA DESCRIPCIÓN COMO MÉTODO

Método: Del latín Methodus, [Link] de decir o


hacer algo ordenadamente.
Procedimiento: Acción de proceder
Proceder: Conducta o modo de portarse

(Lexipedia, Encyclopaedia Britannica de México, 1992)

Distinguiremos entonces el método, que es el orden en la


búsqueda, del procedimiento, que es la forma en la que cada
paso del método se lleva a cabo. Cosechar, moler el grano,
amasar y hornear es el método para hacer el pan. Los
procedimientos varían: se puede cosechar a mano o con
maquinaria; se puede moler de distintas maneras, amasar a
mano o en máquina, hornear en horno de leña, de gas, de carbón
o eléctrico. El método determina que lo que hay es pan; el
procedimiento, qué tipo de pan es.

Se puede explicar el quehacer científico, colocando en el


centro de su mecánica el experimento, tal como hacen Grier
& Burk (1992)8.

8 Grier & Burk, 1992. Biology of Animal Behavior, 2ª ed. , WM. C.


Brown Publishers, Dubuque , Iowa, USA.

19
Llaman a este esquema «Una figura general del método
científico». Lo que decide si algo es cierto o no, no es la
referencia a un texto o a un sentido estético, sino un esquema
de confrontación con las observaciones.

Observación

Formulación de
preguntas

Formulación de
hipótesis

Derivación de
predicciones

Puesta a prueba de las predicciones :

Diseño de experimentos
Realizar experimentos o nuevas
observaciones (obtención de datos)
Análisis de los datos

Evaluación de los resultados

No ¿Se
confirma la
predicción?

No
¿Se
satisface la Realiza nuevas
curiosidad? predicciones

Pasa a
otro tema

Figura 1: «Una figura general del método


científico», modificada de Grier & Burke

La mayoría de los analistas ubican la experimentación y la


observación en lugares similares, en la secuencia de la
investigación. Para poder conectar lo que hemos dicho hasta
hoy de la observación, veamos como se plantea esta secuencia

20
de investigación, tomando la versión que da Lehner9 por ser
una de las más completas.

Iniciar otra
investigación
Formulación de la
pregunta

Elección del objeto


Definir nuevos
objetivos
Orientado a una Orientado a un
especie concepto

Delineación de la Reconocimiento
investigación Observación

Diseño de la
investigación

Manipulación Observación
experimental naturalista

Cambiar el tamaño
de la muestra
Recolección
de datos

Análisis

Interpretación

Figura 2: secuencia de investigación,


modificado de Lehner

9 Lehner, P. N. (1979) Handbook of Ethological methods, Garland STPM


Press. New York, USA

21
Lehner insiste en que el investigador astuto emplea tanto la
observación como la experimentación. De hecho, hay un híbrido,
una combinación de ambos métodos: el experimento a campo.
Lo que vamos a hacer aquí es especificar cómo se ajusta
el proceder general de los científicos en aquellos casos en los
que el objeto de estudio es el comportamiento.

22
DE LA ANATOMÍA COMPARADA AL ESTUDIO DEL
COMPORTAMIENTO: LA COMPARACIÓN COMO
HERRAMIENTA PARA ELABORAR EXPLICACIONES

Lorenz y la comparación.

El elemento teórico más fuerte, o en todo caso, la afirmación


que cambió el estudio de la conducta, fue la propuesta de que
las conductas eran regulares, con alguna base o
condicionamiento genético, que permite compararlas como se
comparan patas, o pieles.
Toda la metodología de la Anatomía comparada, es
transformable en métodos equivalentes para el estudio del
comportamiento. Esta afirmación, realizada por Withman en
1898, al proponer que los instintos y los órganos deben
estudiarse a partir del punto de vista común del origen filético,
no fue aceptada fácilmente: hasta hace poco tiempo, no se
admitían clasificaciones basadas en comportamientos, se
insistía en ver la conducta como un inevitable correlato de la
Anatomía. Más exactamente, como algo sumamente
cambiante, sin más regulación que las limitaciones impuestas
estructuralmente por el cuerpo del animal actuante.
Esta comparación, realizada en un momento en el que se
suponía un estricto determinismo genético, llevó a suponer
que ese determinismo se extendía al comportamiento.

Niveles de comparación

Analicemos qué significa para los etólogos comparada.


Estas comparaciones se pueden establecer en tres niveles.

23
· Entre especies, discutiendo por ejemplo, si los actos de lo
que así llamamos agresión en especies emparentadas tienen
algo en común, o no.
· Dentro de individuos de una misma especie, para estudiar la
evolución de determinados actos de conducta.
· Entre actos de conducta, por ejemplo, en que se parecen la
agresión, la amenaza y la sumisión.

Nissen10 distingue tres categorías de comparación:

· Funcionales o finalistas
· Descriptivas
· Explicativas

Esta última, puede establecer sus explicaciones en términos


de filogenia, por identificación de sustrato (nervioso, hormonal,
etc. ) o por grandes leyes, sin referencias a los anteriores
elementos, por ejemplo, por mecanismos de comportamiento.
Las comparaciones nos remiten, entonces, a la problemática
de establecer analogías y homologías. Si bien en el primer
caso puede, mediante rigurosos delineamientos de la función
desde la cual comparamos, establecer si dos acciones/actos/
conductas son o no análogos, la homología depende de la
inserción de lo que vemos en secuencias de tipo genético, en
el sentido de que una forma origine otra. Esto puede inferirse,
nunca comprobarse. No importa el tipo de comparación que
hagamos, el eje para esta posibilidad es la descripción. Sólo
podemos hacer etología si pasamos de descripciones
anecdóticas a estructuras formales, que permitan establecer
grados de similitud/diferencia de manera clara y replicable.

La teoría de la evolución como marco conceptual

10 Nissen, 1958 , Axes of behavioural comparison, Behavior and


Evolution, capítulo 9, Yale University.

24
Bruno Latour, en el 19º encuentro internacional de Etología,
en Toulouse (Francia) 11 , comentaba que una teoría es,
frecuentemente, considerada como algo abstracto, cuya
presencia o ausencia otorga a una disciplina su posición en el
orden de picoteo de las ciencias.
Desde esta óptica, los físicos eran, por esa época, la
referencia fundamental. Este autor utiliza una definición de
teoría: un conjunto de afirmaciones tales que, a partir de ellas,
mediante una serie finita y explícita de operaciones, puedo
pasar a un conjunto más grande de afirmaciones. Una parte de
este conjunto estará formado por elementos ya conocidos.
Así, una teoría debe pensarse en términos de parsimonia:
¿cuál es el menor número de afirmaciones que nos permiten
pasar al más grande conjunto de afirmaciones? En otros
términos, ¿con cuántas operaciones podemos pasar del
conjunto menor al mayor?
La idea es que esas afirmaciones reformulen, expliquen,
den cuenta del conjunto de elementos que se consideran objeto
de estudio de esa ciencia.
Se trata de ver un enfoque en cierta forma transversal, de las
disciplinas taxonómicas, como lo ejemplifica Odum12 (Fig. 1).
La Etología es una parte de la Biología. Por lo tanto, la teoría de
la evolución, como explicación propuesta para la diversidad
biológica, es aplicable a la Etología, desde sus comienzos históricos.
Darwin escribió un trabajo de estudios comparados de conducta13.
Cualquier teoría referida al comportamiento manimal, estará
inscripta en cualquier posible teoría aplicable a la Biología.

11 Latour, Remarks on an anthropological approach of theory in ethology


(outline of a paper), 19º encuentro internacional de Etología, en
Toulouse (Francia)
12 Odum, Ecología, 3ª ed. , Interamericana, 1972. México, México.
13 Darwin, Ch. 1984. La expresión de las emociones en los animales y en el
hombre. 1872. El Libro de Bolsillo, Alianza Editorial, Madrid, España.

25
Figura 1: la Biología y sus disciplinas

Lo que tenemos es una actividad (el estudio de la conducta)


que se encuadra en el conjunto de actividades consideradas
Biología, para la que estamos buscando una teoría.
Hasta aquí, hemos explorado una teoría del hacer Etología
(Lahitte et al , 1993) 14.
A partir de ahora, veremos qué elementos existen para una
teoría de lo que se afirma, lo que se dice desde el hacer
Etología.
El propio Darwin indicó que podía representar toda una
serie de mecanismos basados en comportamientos. La
selección sexual es tratada en un ítem anexado. Incluso, en su
lista de posibles factores de cambio, menciona varios
relacionados con el comportamiento:

14 Lahitte, H. B. , Hurrell, J. & Malpartida, A., Ecología de la conducta.


De la información a la acción, Ediciones Nuevo Siglo,1993. La Plata,
Argentina.

26
· Selección natural.
· Variaciones «sin importancia para la prosperidad de la
especie» que se transmiten (neutralismo).
· Uso y desuso (caracteres adquiridos).
· El comportamiento como agente independiente (membrana
interdigital en los perros acuáticos).
· Leyes de crecimiento y acción recíproca.
· Selección sexual.
· Tendencias a cambiar en una dirección.

Podemos reconocer aquí algo de la base de Lamarck, que


proponía a la conducta como un agente autónomo en términos
de selección.
La etología comparada se basa, efectivamente, en una serie
de supuestos que son de tipo evolutivo. A continuación,
presentamos el análisis realizado por uno de nosotros (Lahitte
et al ,1993, op. cit. ). Comenzamos por las premisas de base
(PdeB).

El modelo etológico deductivo

El análisis se refiere a la etología moderna o comparada


(Lorenz, Tinbergen, von Frisch) a partir de sus premisas de
base (PdeB)

1. La especie biológica entendida como un conjunto de


organismos, conectados por lazos reproductivos
(interfertilidad) y aislados de otros conjunto análogos
(interesterilidad).
2. El acervo génico de la especie como conjunto de genotipos
que se conservan por reproducción a través de las
generaciones (herencia).
3. La variabilidad, que se hereda y constituye la base de la
formación de nuevas especies.

27
4. La selección natural como mecanismo evolutivo.
5. La homología, mediante la cual características semejantes
en líneas filogenéticamente conectadas se derivan de un
antecesor común.

De estas PdeB, se derivan una serie de consecuencias


directas (CD).

1. El patrimonio genético determina las características de los


organismos de una especie, sean somáticas o
comportamentales.
2. Estas características innatas se heredan intactas, o
modificadas en las líneas filogenéticamente conectadas.
3. El estudio comparativo de homologías revela tales
características innatas comportamentales o morfológicas.
4. El aprendizaje proviene de la experiencia de cada
organismo, y está acotado por la naturaleza de los instintos.
5. Las categorías descriptivas de las conductas deben reflejar
su carácter homológico (por ejemplo, la agresión en
animales y hombres debe tener un origen filogenético
común).

La enunciación de un concepto general de especie (PdeB


1), se generaliza (CD 1): la determinación genética de las
características de los organismos de una especie no es
absolutamente terminante. Es necesario, al considerar estas
afirmaciones, tener en cuenta fenómenos como el aprendizaje
(CD 4), el troquelado, y lo que ahora se llama «variabilidad
individual», ampliamente aceptados entre los investigadores
que afirman este rango de libertad, tendiendo a ampliarlo, en
especial a partir de la «hipótesis de no selección»; esta misma
hipótesis suaviza los efectos de la PdeB 4, al proponer que la
selección no necesariamente actúa en todos los casos.
La PdeB 2, como está expresada, es aceptada por los
investigadores encuadrados en la etología comparada. Pero

28
recordemos que esa PdeB 2 predica sobre el acervo genético,
inaccesible a la observación; no sobre el fenotipo, que es el
observable, y que se define como la interacción entre ese
genotipo y el entorno.
La CD 2 debe matizarse, aceptando los ya estudiados casos
de gradualismo de las características innatas de
comportamiento, no ya entre líneas filogenéticamente
conectadas, sino directamente de un individuo a otro.
Un comentario sobre la CD 3: Tinbergen (1939)15 advierte
que no todas las homologías se deben al innatismo (instinto)
de la pauta estudiada; explícitamente el autor menciona que
en los mismos ambientes, individuos genéticamente
relacionados (de la misma especie) aprenderían las mismas
cosas, con lo que esas homologías no lo serían en base
heredable sino que lo homólogo serían los mecanismos por
los cuales esa variabilidad aparece. Si bien en ambos casos
estamos en presencia de una homología de postulable base
genética, se trata de niveles diferentes. También deberemos
tener en cuenta posibles fenómenos de convergencia.
La disociación del individuo y su entorno parece más una
mala interpretación, que un hecho real: en última instancia, lo
expresado en la CD 5, es posible porque se supone que la
conducta se adapta al medio, es decir, expresa las relaciones
de los individuos con su medio; más explícitamente, la manera
en que esas relaciones varían.

La teoría de la evolución provee un marco para el desarrollo


de las comparaciones: las nociones de analogía y homología.
Establecidas similitudes entre pautas, puede decidirse si son
análogas (con la misma función) u homólogas (con una misma
estructura). Esto, a su vez, nos remite a las cuatro preguntas

15 Tinbergen, N., 1939, On the analysis of social organization among vertebrates,


with special references to birds, The Am. Nat. , vol. 21, pp. 210-234.

29
de Tinbergen. La homología se sitúa en el campo de las causas,
con expresa mención en una de las preguntas sobres filogenia,
es decir, a la manera en que las estructuras en cuestión, sean
morfológicas o comportamentales, llegan a ser como son; y
en la pregunta sobre ontogenia, pudiendo incluso hablarse de
mecanismos de control similares, mientras que lo análogo entra
en el domino de las preguntas sobre los efectos. Pisanó &
Barbieri (1976)16 presentan un ejemplo para ilustrar estos
términos.

Homólogo No homólogo
Miembro anterior del hombre y Miembro anterior del hombre
Análogo
del mono y quelícero de crustáceo
Miembro anterior del hombre y Miembro anterior del hombre
No análogo
ala del ave y branquia de crustáceo

La hipótesis de no selección

La propuesta de no selección es que no todo lo que


observamos es producto de selección natural, esto es, de la
fijación de determinados caracteres, genéticamente
establecidos, por el proceso de reproducción diferencial,
producto de la variabilidad y su interacción con el ambiente.
Determinados elementos -órganos, conductas- sin carecer de
regulaciones que le sean propias, pueden establecerse de forma
tal que no hayan pasado por un proceso de selección natural.
Esta situación es analizada por Tang-Halpin (1986)17. La
propuesta es que tenemos, una alternativa a la selección. Esto,
después de afirmaciones tales como que los caracteres

16 Pisanó & Barbieri, 1976, Anatomía comparada de los vertebrados,


Manuales EUdeBA, Bs. As., Argentina.
17 Tang Halpin , Zuleyma, 1986, Individual odors among mammals :
origins and functions Advances in the Study of Behavior, vol. 16, pp.
39-70, Academic Press Inc.

30
competían entre sí, implica un regreso a las fuentes de la teoría
y a la noción de ciencia: si todo es por selección natural, afirmar
que algo existe por selección natural no es diferente de afirmar
que algo existe. Al tener una alternativa, recuperamos la
posibilidad de refutar una hipótesis, mientras que en el marco
conceptual que no incluye la noción de no-selección, hipótesis
de este tipo no son refutables; entonces, no son científicas. Es
necesario probar que algo ha surgido por selección natural; y
esta afirmación es distinta de probar que está adaptado a ciertas
condiciones ambientales, o que es heredable.

31
32
LA OBSERVACIÓN A CAMPO

Uno de los obstáculos centrales para reconocer el carácter de


científico al etólogo es su cercanía con el naturalista. De hecho, las
preguntas de Tinbergen, que sistematizan las direcciones en las
que se realizan las investigaciones, están orientadas a comprender
o bien la función, o bien la regulación, pero en ambos casos, de la
conducta de un individuo en su ambiente. El individuo aislado,
además de ser una imposibilidad existencial, se torna
incomprensible. Para la Etología, la conducta es el nexo con el
ambiente, sea este la copa de un árbol o una jaula. ¿Qué diferencias
hay entre uno y otro? Lorenz indica que en cautiverio, faltan
estímulos, y por lo tanto faltarán conductas. Postula además que
suben los umbrales, es decir, que hace falta aún más estímulo para
que las conductas aparezcan, aunque probablemente esto sea efecto
de lo anterior; una hembra es estímulo de una manera cuando está
sola, y de otra, cuando se la toma en conjunto con su ambiente.
Así, en cautiverio pueden faltar conductas, pero no aparecerán cosas
que no ocurran en la naturaleza. Esto nos lleva a la discusión sobre
los ambientes empobrecidos: de hecho, los encierros son ambientes
simplificados, en los que la falta de situaciones-estímulo puede
dejar a gran parte del sistema conductual sin operar. Clements &
Stephens (1995)18, en su investigación de laboratorio sobre el dilema

18 Clements Kevin C., & Stephens David W., 1995, Testing models of
non-kin cooperation : mutualism and the Prisioner´s Dilemma, Anim.
Behav. ,vol. 50, parte2, pp. 527-535

33
del prisionero, expresan claramente esta problemática estudio a
campo/estudio fuera de campo. A la hora de pasar revista a las
posibles objeciones a su diseño experimental, en el apartado
Situación no natural comentan:

A pesar de lo preciso del método, picar una llave puede no


ser una manera natural de cooperar. Es decir, la evolución
difícilmente haya favorecido picar llaves en cajas de Skinner
(sic). Pero este experimento, lo que busca no es hablar de la
historia evolutiva de estas aves, sino de la manera en que se
opera bajo el dilema del prisionero.

Respecto de observar a campo, hay toda una serie de mitos


y regulaciones. La exigencia de observar sin ser visto pone en
evidencia el error de esta concepción. Un pecarí no ve mucho
más allá de diez metros, pero huele. Salvo situaciones
realmente especiales (sistemas ópticos de gran alcance y
precisión, acompañados de micrófonos direccionales muy
sensibles, por ejemplo) no hay manera de percibir sin ser
[Link] recurso a la tecnología nos deja sin examinar el
entorno del objeto de estudio lo cual, necesariamente,
empobrece la observación.

El uso de escondrijos («blind», según Lehner, op. cit.) no


es para no interactuar: es para no interferir. El observador se
asume como presente en el mismo medio que su objeto, y
decide si quiere o no ser receptor de la conducta de su objeto.
Es una elección de alguien en el mismo medio, escogiendo si
va a observar las interacciones con él. Menionamos aquí una
de las citas de Lehner al referirse a Lehrman en ese apartado:

Cuando nosotros observamos animales a diferentes


niveles de la escala evolutiva... el observador puede
alcanzar un sentimiento de qué está por suceder a
continuación, que está compuesto en diferentes grados

34
por la experiencia intelectual de las relaciones que están
envueltas por un lado, y, por el otro lado, de edificarse a
sí mismo dentro de la situación (la itálica es nuestra).

Según Lorenz (1959)19, las funciones del investigador que


dan lugar a la descripción de la conducta son homólogas de
las que, a su vez, estudia en el animal. Otros autores, clásicos
en el campo, como Dian Fossey (1985)20, al mencionar la
metodología de sus trabajos, explícitamente insisten en ser
parte del entorno del organismo en estudio. Específicamente,
en relacionarse con él.
Bakeman & Gottman (1986)21, distinguen entre dos tipos
de codificación:

Con riesgo de precipitar una larga discusión con los que


tienen inclinaciones filosóficas, permítasenos afirmar que es
posible colocar los esquemas de codificación a lo largo de un
continuo. Un extremo debe estar anclado en los esquemas
basados físicamente -esquemas que clasifican el
comportamiento con claras y bien entendidas raíces en la
fisiología del organismo, mientras que el otro extremo debe
estar anclado en esquemas socialmente basados, -esquemas
que tratan con comportamientos cuya completa clasificación
depende largamente de las ideas en la mente del investigador
(y otros) más que en mecanismos en el cuerpo. Los hemos
llamado «socialmente basados», no porque necesariamente

19 Lorenz, K. (1959) La percepción de las formas como fuente del


conocimiento de causas científico, Versión en español publicada en la
colección « Obras maestras del Pensamiento Contemporáneo, vol. 28,
Planeta-Agostini, 1984. Barcelona, España
20 Bakeman, R, & Gottman, J. , (1986)Observing interaction : an
introduction to sequential analysis, Cambridge University Press. New
York, USA
21 Fossey, D., Gorilas en la niebla, Biblioteca Científica Salvat, n* 2,
1985, de un original en inglés de 1983. Barcelona, España

35
traten con comportamientos sociales -si bien típicamente lo
hacen- sino porque tanto sus especificaciones como su uso
dependen de procesos sociales.

En el mismo capítulo, estos autores afirman:

Para los esquemas de codificación socialmente basados,


de todas maneras, tiene sentido contemplar al observador
más como un informante cultural que como un detector.
Cuando se hacen distinciones socialmente basadas,
distinciones que típicamente requieren alguna inferen-cia
sobre las intenciones de otros, esto nos toca con una
manera más segura de cómo ambos, investigadores y
observadores, deben pensar acerca de su tarea...
Pensa-mos que esta es una buena idea, y que el
observador que usa esquemas de codificación
socialmente basados hará un mejor trabajo si aprecia
el aspecto «participante-observador» de su tarea de
observación. (La itálica es nuestra)

La anécdota y su valoración

Lo anecdótico en el estudio del comportamiento opera en dos


niveles. Por un lado, como disparador ya sea de investigaciones
o en la formulación de hipótesis. Por otro, y esto esta más sujeto
a controversia, como evidencia. El primer caso está
abundantemente documentado: K. Lorenz y el ganso que lo siguió
al salir de la incubadora, o el pinzón que realizaba cacerías en
vacío, fueron dos episodios que encendieron su curiosidad hasta
el punto de realizar investigaciones sistemáticas, que condujeron
a sus propias definiciones de troquelado e instinto.
En la actualidad, el desarrollo que está teniendo la
investigación de posibles habilidades cognitivas en animales
ha obligado a una revisión del uso de las anécdotas en
investigación.

36
Es que muchas de las situaciones que pueden ser explicadas
asignando a los individuos alguna habilidad cognitiva, por
ejemplo, asignar estados mentales a sus interactuantes, son
raramente observables.
Heyes (1993)22 realiza una evaluación de estas evidencias.
Considera a las colecciones de anécdotas únicamente como
punto de partida de investigaciones más sistemáticas. Afirma
que normalmente se acepta que una colección de anécdotas
puede constituirse en evidencia si:

1. Las anécdotas provienen de observadores independientes.


2. Cada una provee evidencia de que en el individuo observado
se representa el punto de vista o creencia de otro.

En el primer caso, la idea es que si distintos observadores


dan cuenta de episodios similares, esto es una forma de
asegurar que el tipo de acto realmente ocurrió. Un sólo
observador podría fallar al notar una parte importante del
incidente, o al olvidarla. El segundo criterio, debería ser
generalizado en el sentido de que la anécdota aporte evidencia
sobre lo que se trata de demostrar, cosa que ninguna anécdota
puede hacer respecto de ningún tipo de comportamiento.

Hay otra manera de emplear la anécdota: como una forma


de orientar la interpretación de resultados experimentales.

En un estudio experimental sobre uso y manipulación de


objetos en Cebus apella 23 uno de nosotros observó en
reiteradas oportunidades una conducta dirigida hacia el

22 Heyes, C. M., 1993, Anecdotes, training, trapping and triangulation :


do animals attribute mental states?, Anim. Behav., 46, 177-188.
23 Lázaro, L.C. 2004. «Uso de herramientas en cebus apella:
aproximación experimental». XXII Encontro Anual de Etologia. Campo
Grande, Mato Grosso do Sul. Brasil.

37
dispositivo vacío (unir la yema de los dedos y dar golpecitos
sobre la bandeja). En una primera explicación, no se lograba
dar cuenta del tipo de acople individuo-ambiente que
evidenciaba este esquema de acción. A partir de la observación
de tropas de monos libres en el Parque Nacional Iguazú, se
encontró un ejemplo en éste sentido. Una observación de las
llamadas de tipo anecdótico, que mostraba una pauta
estructuralmente similar a lo registrado en cautiverio: «Golpeteo
de caña» (secuencia en que los individuos practican golpes
con las yemas de los dedos unidos contra la superficie de las
cañas a diferentes alturas; luego realizan incisiones con dientes
y/o manos y extraen insectos, agua o trozos de corteza.). El
golpeteo de caña fue reconocido por un informante como
una conducta habitual en uno de los grupos de monos de la
reserva (el grupo Macuco) para la obtención de agua e insectos
a partir de ésta técnica exploratoria.
La observación de la misma estrategia en los dos contextos
mencionados, permite proponer que los individuos asocian la
presencia del dispositivo con la (posible) presencia de una
fuente de alimentación, realizando esquemas de indagación,
ya que no siempre el alimento se encuentra a la vista.

Metodologia etológica: Tinbergen y las cuatro preguntas

¿Cuál es el objeto de la Etología? Martin y Bateson24


específicamente lo definen como el estudio de la función
biológica del comportamiento, como el intento de entender la
función del comportamiento en su contexto natural.
Lehner, op. cit., toma la lista de las preguntas de Nielsen,
que se supone el etólogo trata de contestar sobre la conducta:

24 Martin, P, & Bateson, P. ,1986, Measuring behaviour : an introductory


guide. Cambridge University Press, Cambridge, Great Britain

38
- Qué sucede (descripción).
- Cuando sucede (el componente temporal).
- Cómo (los patrones motores).
- Por qué (la motivación y la adaptación ecológica del
comportamiento).

Y a esto, Lehner agrega, específicamente, el dónde, el


aspecto espacial de la conducta.
Es decir, la conducta es vista en términos de la relación del
individuo con su ambiente.
K. Lorenz 25 lleva esto aún más lejos, al discutir la
significación de los estudios a campo y en cautiverio, poniendo
de relieve la comparación de lo que se ve en ambos sistemas
como una de las herramientas básicas de la Etología. Ya varias
veces había advertido, en otros escritos, sobre no iniciar estudios
de conducta sin conocer la ecología de la especie-objeto.
Tinbergen26 es el que expone tal vez más claramente esta
definición. Primero, caracterizando lo que se entiende por adaptación:

Cada vez que se estudia la vida de una generación, desde


su principio hasta que sus miembros se reproducen con
éxito, se observa cuán pocos individuos logran este fin y
cuantos fracasan y no lo consiguen, uno se maravilla del
fenómeno adaptativo -de los medios por los cuales los
animales vencen los innumerables obstáculos que el
medio coloca en su camino. Analizar los logros de los
animales es una ocupación fascinante -descubrir cada
vez con más detalle las demandas impuestas por el medio
ambiente y confrontar esos requerimientos con lo que el
animal realmente hace para enfrentarse con ellos.

25 Lorenz, K. 1986 Fundamentos de Etología. Paidos Studio Básica.


Barcelona, España
26 Tinbergen, N. ,1972, La Etología funcional y las ciencias humanas, en
Estudios de Etología 2. Experimentos de laboratorio y trabajos generales,
1932-1972. Alianza Editorial, vol. 226, 1973. Madrid, España.

39
Este autor propone una definición27: Etología es el estudio
biológico del comportamiento; y comportamiento, es el conjunto
de movimientos del animal adulto sano.

Para Vaz Ferreira28 , «el comportamiento es un conjunto


jerarquizado de actos motores que comprenden movimientos
elementales de músculos u otros órganos efectores,
movimientos de segmentos del cuerpo e integración de esas
actividades en actos». Y Etología es, acorde con Tinbergen, el
estudio biológico del comportamiento.

Eibl-Eibesfeldt29 describe la Etología como el estudio


comparado del comportamiento, y al comportamiento, como
patrones, en el tiempo, secuencias que, a diferencia de los
caracteres corporales, no son siempre visibles.

Para Fantino & Logan 30, Etología es el estudio del


comportamiento desde una perspectiva biológica,
comprendiendo tanto análisis fisiológicos y ecológicos como
evolutivos.

Según Hart31, el enfoque etológico del comportamiento


representa los esfuerzos de los naturalistas por entender el
comportamiento desde el punto de vista de su valor adaptativo
para el animal en la naturaleza.

27 Tinbergen, N., 1969 Etología, En Estudios de Etología 2, Trabajos


generales. Madrid, España.
28 Vaz-Ferreira, Raúl, Etología : el estudio biológico del comportamiento
animal, Monografías OEA, serie Biología, nº 29.
29 Eibl-Eibesfeldt, 1979,Etología : introducción al estudio comparado del
comportamiento, Ed. Omega. Barcelona, España.
30 Fantino & Logan, 1979,The experimental analysis of behavior. A biological
perspective, W. H. Freeman and Company. San Francisco, USA
31 Hart, B. L., 1985, The behavior of domestic animals, W. H. Freeman
and Company. New York, USA

40
Van der Kloot32 describe a un etólogo, como un biólogo que
estudia el comportamiento de los animales en condiciones
naturales o seminaturales.

Laffite de Mosera & Caprio 33 , revisan diecinueve


definiciones. La más antigua, tomada de una enciclopedia de
1930, habla del estudio de las costumbres de los animales y
sus condiciones de vida.

Incidentalmente, notemos como todos los autores se


afirman como biólogos. Biólogos cuyo objeto de estudio es
un conjunto de cambios, discretos en el tiempo, que no se
puede guardar en formol, ni tomarle un molde.
Este reafirmarse como biólogos, por parte de los etólogos,
remite su accionar al marco de las teorías que ordenan el
conocimiento biológico. Por ejemplo, la teoría de la evolución.

Las cuatro preguntas de la Etología

Es en este marco en el que se sistematizaron los


interrogantes que se planteaban al estudiar conducta.
Tinbergen34 realiza una revisión de lo que se llamó las cuatro
preguntas, que suelen convertirse en cinco. Estas cuatro
preguntas son, en realidad, clasificaciones del tipo de discursos
que, desde la Biología, se pueden realizar con referencia a la
conducta.

32 Van der Kloot, W., 1971, Comportamiento. C. E. C. S. A. , serie de


Biología Moderna, 1971 Barcelona, España
33 Laffite de Mosera & Caprio, 1980, Glosario de Etología Universidad
de la República, Uruguay, Facultad de Humanidades y ciencias.
Montevideo, Uruguay
34 Tinbergen, N., 1969,Etología, Estudios de Etología, vol. 2, Alianza
Editorial, AU 226, 1979 Madrid, España.

41
El primer grupo de preguntas hace referencia a las causas
de la conducta. es decir, por qué en el curso de las acciones/
actividades aparece, en determinado contexto espacio
temporal, un acto y no otro.
Para estas causas, se reconocen los tres niveles usuales en
la Biología:

Fisiología
Ontogenia
¿Por qué sucede? Filogenia - con énfasis en la
formación de nichos
- con énfasis en
la selección

¿Qué efectos tiene? En la supervivencia y la reproducción

· el inmediato, que en la actualidad no sólo se refiere a la


fisiología sino a los mecanismos de control;
· el mediato, que trata de reconstruir el desarrollo, que en la
vida de un individuo, lleva a la aparición de la pauta;
· el evolutivo, que rastrea la formación de la pauta a lo largo
de la evolución.

Este último puede subdividirse en dos grandes áreas: énfasis


en la formación de nichos, es decir, nuevos acoplamientos
organismo-ambiente, o énfasis en la selección, es decir,
acoplamientos organismo-ambiente, que producen ventajas
diferenciales confrontados con otros acoplamientos.
La cuarta pregunta, hace referencia a los efectos de una
conducta: en la supervivencia y en la reproducción.
Aquí, una conducta determinada genera orden, produce
cambios en las probabilidades de ocurrencia de
acontecimientos en el medio, y en otras conductas, tanto

42
en el individuo que la realiza como en los que son objeto de
ellas.
La idea es que cualquier resultado que se genere desde la
investigación de la conducta, tendrá la forma de una respuesta
a alguna de estas preguntas. Es decir, esto delimita el universo
del discurso. No permite pasar de una afirmación a otra, pero
claramente delimita donde estarán, en nuestro marco
conceptual, las afirmaciones resultantes.
Prestemos especial atención a la cuestión de los efectos:
aquí, lo que se emplea para explicar (para dar cuenta de) una
conducta, son los cambios que se producen a partir de ella. Y
es desde estos cambios, que, por lo general, se las clasifica:
alimentación, crianza, reproducción, agonismo, exploración,
juego. Si interviene un grupo coordinado de individuos, se
puede agregar el adjetivo social.

Todas estas preguntas se formulan a partir de haber


observado un comportamiento, como dice Tinbergen, lo que
el animal realmente hace. Las conductas, para poder ser
explicadas (para que podamos decir por qué pasan, y qué
efectos tienen) primero deben ser observadas y descriptas. Es
esa problemática lo que hace al núcleo de las disciplinas que
estudian el comportamiento.

43
44
LA PROBLEMÁTICA DE LA DESCRIPCIÓN

La descripción de las conductas, de lo que observamos, no


es un proceso trivial y sencillo. Se trata de una problemática
en la cual distinguimos al menos tres fases: la observación, el
registro, y la descripción a partir del registro. La descripción
la analizaremos en profundidad al hablar del etograma, la
estructura descriptiva por excelencia de la etología. Ahora
trataremos sobre la observación y el registro.

El objeto de estudio

El objeto de estudio de la Etología es la acción. Es decir, lo


que un individuo hace. Y eso lo percibimos como una serie de
cambios de la dis-posición en el espacio del cuerpo del animal.
No percibimos sus «sentimientos», sus cambios
fisiológicos, sus motivaciones, su actividad neuro-hormonal.
Sólo esos cambios. Lo que vemos es una sucesión
ininterrumpida de cambios. Desde que el animal nace hasta
que muere, siempre está «haciendo algo». De ese flujo
ininterrumpido de acción, nosotros «sacamos», distinguimos
series de movimientos, esquemas de acción. El ejemplo
inmediato es una película, de la que elegimos un fotograma. El
observador decide, por sí, a qué cosa va a llamar acto; es
decir, qué porción discreta de esos cambios de posición en el

45
espacio va a tomar como su referente, para usarlo en sus
estudios.
A esa porción recortada de todo lo que ve, lo llama acto, o
pauta. Es decir, no se trata de algo que se nos dé
automáticamente al mirar, al observar. Es algo que nosotros
decidimos.
Analicemos un ejemplo: cuando Genest y Dubost 35
estudiaron el comportamiento de la mara (Dolichotis
patagonum) describieron una pauta del macho, en la que este
se paraba sobre sus patas traseras, evertía el pene, y orinaba
los cuartos traseros de la hembra. La asociaron a cortejo, es
decir, al conjunto de pautas rela-cionados con la cópula.
En un trabajo posterior36, se encontró que esa «pauta» se
podía descomponer en otras tres: el macho se erguía; si la
hembra se apartaba, volvía a pararse en sus cuatro patas. Si no
lo hacía, evertía el pene. Si la hembra lo orinaba, otra vez se
detenía aquí la secuencia. Si no lo orinaba, el sí la orinaba a
ella. Genest y Dubost la describieron como un único curso de
acción.
La diferencia no está sólo en lo que describimos, sino en la
manera de observarlo.
Genest y Dubost, seguramente observaban al macho de
liebre patagónica, e interpretaban lo que veían en términos de
«cosas que el macho le hace a la hembra». Desde ese punto de
vista, decir que el macho se para sobre sus patas traseras y la
orina, coincide con los supuestos iniciales (aquí estamos
hipotetizando: Genest y Dubost no hicieron explícito qué
pensaron al redactar su informe).

35 Genest, H. & Dubost, G. , 1974, Pair-living in the mara (Dolichotis


Patagonum Z. ), Mammalia, t. 38, n* 2, pp. 155-162.
36 Ferrari, H. R. , 1985, Etograma de Mara (Dolichotis Patagonum) en
semicautiverio en el zoológico de Buenos Aires. Análisis e
interpretación, Primeras Jornadas Argentinas de Mastozoología,
Mendoza, 26 al 28 de setiembre de 1985.

46
En el segundo trabajo se observaba al macho y la hembra
como dos individuos que se relacionaban, es decir, desde la
posición de que no había cosas que uno de ellos impusiera al
otro, sino una ida y vuelta entre ambos, de manera que lo que
hace uno, modifica lo que hará el otro.
Cada uno mira a los animales desde las cosas que sabe y
cree. A estos conceptos, lo llamamos el marco conceptual del
investigador. Puede caracterizarse como el conjunto de
información y de creencias de ese observador. Desde ese marco
conceptual, decidimos qué cosa es un acto, interpretamos el
esquema de acción.
Cada acto que definimos, pasa a formar parte de lo que
sabemos, esto es, de nuestro marco conceptual, y desde él,
volvemos a definir la manera de observar y lo que observamos.
Esas observaciones se incorporarán al marco conceptual;
se trata pues de un proceso dinámico, donde cada elemento
modifica a los demás, y es modificado por ellos. El
conocimiento de ese marco conceptual y del consenso de la
comunidad científica en la fecha de la realización de una
investigación, son imprescindibles para su comprensión.

El diseño observacional

Debemos hacer explícito en detalle qué cosa hace el


observador, cómo lo hace, desde qué conceptos. Cómo define
su objeto de estudio, cómo lo observa, qué observa en él.
A esto último, se lo llama el recorte. Es lo que se «recorta»
de la realidad. Lo que hace que observemos una cosa y no
otra. Es el proceso por el cual decidimos qué cosa será el fondo
y qué cosa la forma en nuestro observable. Hacer explícito el
recorte, permite que quienes lean luego sus conclusiones,
puedan entenderlas más cabalmente Y puedan reconstruir el
fin y el comienzo de la secuencia. Es el recorte el que define
lo que podemos y no podemos ver.

47
Una parte del recorte son las técnicas de observación: es
decir, la conducta del que observa conducta.
Estas técnicas son descripciones de cómo se deben reali-zar
los registros. Suponiendo un esquema casi tradicional, cada
método indica una manera de observar y de anotar.
A estas notas, las llamamos registros.
Se trata de la huella de la conducta del observador cuando
estaba en congruencia con el observable.
Son relatos, hechos por el observador, de lo que ha visto:
referencias a hechos únicos, realizados por individuos.
Desde el lenguaje (ya sea el lenguaje cotidiano o uno más
formalizado) producimos una estructura homeomorfa de lo
observado. Esta estructura permitirá reconocer actos similares.
Una vez observado algo, sólo nos queda nuestro registro
de ello. Y todo lo que hagamos será a partir del registro, no
del observable, al cual no podemos acceder salvo por este
mecanismo simbólico.
Será desde el registro (y siempre, interactuando con nuestro
marco conceptual), que elaboraremos las etapas sucesivas de
la investigación.
Notemos aquí el papel activo del observador. No es una
especie de cámara, o de espejo, que refleja o graba lo que
hay delante de él. El recorte que confecciona, el lenguaje
que usa, es determinante del sustrato, la base de datos a partir
de donde realizará la interpretación, la re-formulación de lo
observado.

La necesidad del registro

El registro es el primer paso de todo trabajo de


comportamiento. La descripción de lo que sucede y nos
sucede. Esto marca una diferencia con la mayoría de las
demás disciplinas científicas. Nuestro observable, no es sólo
discreto en el espacio, sino también en el tiempo. No hay

48
manera de guardar en un frasco un llamado o un ataque. Se
lo puede grabar o filmar. Pero esos son registros, no
muestras, como un gramo de azufre o un fémur derecho de
oso lavador.
A eso debemos agregar la dinámica compleja de la
conducta. Es sumamente difícil conseguir que algo, una
secuencia, ocurra dos veces de la misma manera. No sólo no
tenemos control de las condiciones del medio, sino que existe
una dinámica interna del protagonista de la conducta que
permite categorizarlo como máquina no trivial, opera en el
presente, dependiendo de su historia y del contexto de
interacción.
De hecho, el observador también es una máquina no
trivial. No necesariamente lo que ve, es lo que recuerda.
Detengámonos aquí.
Durante la segunda guerra mundial, Estados Unidos
tropezó con un enemigo poco tradicional: la propagación de
rumores que se generaban entre sus ciudadanos, sin que
necesariamente fueran inducidos por el otro bando. El caso
es que debieron investigar qué hacía que algo, lo que fuera,
se transformara en otra cosa en la imaginación de quien lo
veía.
Un caso ejemplar de esta situación, es el de un profesor
chino perdido en California, que en la imaginación de los
ciudadanos se transformó en un espía japonés. No importó
que diera clases en ese estado, que fuera chino y no japonés,
que parara en todas partes con sus mapas a pedir
indicaciones.
La problemática duró hasta después de la contienda, y en
una investigación sobre el tema (Allport & Postman, 1976)37
se mencionan al menos dos mecanismos por los cuales los
recuerdos entran en algo que aquí llamaremos deriva.

37 Allport & Postman, 1976, Psicología del rumor, Editorial Psique.


Buenos Aires, Argentina

49
Por un lado, cómo se nombran las cosas. Según qué nombre
se le pone a un estímulo al percibirlo por primera vez, con el
tiempo, se irá asimilando su recuerdo no a la cosa vista, sino a
lo que el nombre evoca. Si se muestran a sujetos experimentales
figuras durante períodos cortos (15 segundos, por ejemplo) y
se les pide que digan qué cosa son, cuando se les solicita que
las dibujen, sus trabajos se parecerán más a la cosa nombrada
que a la cosa vista.
Otro tanto ocurre cuando una figura se exhibe acompañada
de un rótulo: la reproducción estará más próxima a lo que el
rótulo dice, que a la figura.
En la figura 4 vemos un esquema de lo exhibido (Estímulo)
y lo que dibujaron dos individuos diferentes, cuando los rótulos
(Anteojos y Pesas) se exhibieron junto con el estímulo.

Figura 4: asimilación de lo visto a lo


nombrado. Modificado de Allport & Postman,
1976, op. cit.

Lehner (1974)38 dedica un comentario especial al problema


del nombre y lo nombrado, una modificación de la cual
reproducimos a continuación.

38 Lehner, P. N., 1974, Handbook of ethological method, Garland STPM


Press. New York, USA

50
Tipo de identificación Ejemplo Interferencias potenciales
Números o letras nº 413; GH Algunos autores muestran cierta
desviación por ciertos números (el
Tabla 1: el13,nombre,
por ejemplo),
y la ocosa
las fechas de
nombrada
cumpleaños; números altos son
considerados intrínsecamente
En segundo lugar,mejores,los autores
o peores; mencionan
es decir, se les el esquema
asignan significados encubiertos.
tripartito básico de deformación, en el que tres procesos
Nombrado por objetos, Cara Blanca; Algunas de esas características
o características intervienen en la deformación
físicas Gibraltar de lo
podrían recordarnos observado.
a otros
individuos, por los que tenemos
[Link] recuerdo las cosas que no se
1. Nivelación: se eliminan
Nombrados por Saltarín El investigador, inconscientemente
comportamientos ajustan a una primera atribuirá explicación del mismo.
al sujeto comportamientos
característicos 2. Acentuación: el proceso
que, anterior
en realidad, provoca un realce de
pueden cambiar.
Nombres de personasaquellos
Cleopatra Generalmente se dan en
rasgos que sí apoyan la explicaciónhomenaje a inicial. A su
una persona, o porque se infieren en
vez, el operadorellos acentúa.
sujeto de estudio características
3. Asimilación: Loque que se queda del recuerdo,
pueden atribuir es comparado con
a la persona
nombrada; y sucede que el
lo más parecido que uno ha visto, y corregido para asimilarlo
observador, inconscientemente,
aún más a ello. trata de no ver cambiar esas
características, o el homenaje
mancillado. Por ejemplo, que
alguien llamado Cesar resulte ser
subordinado).
51
Estos mecanismos no conscientes se consideran como
universales. Así que si uno observa y al día siguiente decide
memorar lo visto, algo de todo esto sucede en él. Es por esto
que se recomienda, registrar en el momento, y pasar las notas
ese mismo día. En este pasar en limpio, cualquier agregado
debe hacerse de manera que quede claro que es un recuerdo,
no un registro.
Necesitamos alguna manera de preservar ese particular
segmento de espacio / tiempo que es nuestra unidad de
referencia empírica. A eso, que preserva al suceso, lo llamamos
registro. Se trata de una frase, un dibujo, un código que emula
la estructura del observable. Si afirmamos «La rata salta hacia
adelante», las reglas del lenguaje me dicen que rata designa
algo, que realiza un movimiento, descrito como salto, en una
dirección determinada. A partir de esta descripción, podremos
identificar un movimiento similar si lo vemos.
Una foto es homomorfa de lo fotografiado, porque
conocemos el proceso que va del objeto observado a la
cartulina coloreada, y por lo tanto, podemos reconocer el objeto
fotografiado si lo vemos. Lo mismo ocurre con las filmaciones
o los esquemas. Pero tanto las fotos como las filmaciones
requieren también que se las explique, que el lenguaje indique
qué es fondo, qué es forma, y cuáles los marcadores de contexto
que se emplean en la identificación. El registro tiene un autor,
que es condición necesaria para su existencia.

La conducta de observación

El registro, es lo que hace el observador, cómo construye


su recorte, qué distingue como figura y qué como fondo, qué
cosa elige como marcadores de contexto.
El registro es un emergente de esa conducta, es algo que
esa conducta produce y es una huella de todas esas elecciones
y decisiones, y de esa interacción observador/observado.

52
Funciona como un proceso estocástico, donde cada elección
cambia el contexto de futuras elecciones. La conducta de
observación-registro procura asegurar ese homomorfismo
antes mencionado; es por eso que, cuando se comunican los
resultados, se describe esa conducta del que observa conducta.
Es esa descripción la que opera a manera de regla de conversión
entre el registro y las observaciones.
La conducta de observación fabrica el registro. Lo que
elegimos y lo que decidimos, lo que como observadores
hacemos, es la instancia genética del registro. La definición
abarca el registro, lo modela y lo explica. El dato es del registro,
no de los hechos. Es una construcción basada en alguna
regularidad de los registros que me permite unificarlos.
Es lo que queda de la interacción observador/observable,
lo único que tenemos de nuestra unidad de referencia empírica.
Lo que hagamos después, será desde los registros. La instancia
que los produce, es crucial y determinante en el proceso que
lleva a la conclusión de la tarea científica.
¿Por qué sistematizar la técnica de observación/registro?
Para hacerla comunicable, y para que los registros que emerjan
de ella sean comparables entre sí. No sólo en términos
cuantitativos, sino también cualitativos, es decir, en función
de diferencias/similitudes de lo observado. Distingamos en la
técnica dos aspectos: observar y registrar.

Existe en el estudio del comportamiento animal un trabajo


de base, en el que se tipifican y comentan las técnicas de
observación (Altmann, 1974)39. Son, especialmente, técnicas
destinadas a la observación de comportamiento social,
orientadas principalmente a grupos e interacciones. Nótese
que las pautas, los cambios que distingue y observa, se dan por
definidos en un proceso anterior.

39 Altmann, J., 1974, Observational study of behavior : sampling met-hods,


Behaviour; vol. 49, partes 3 4, pp 227-267.

53
Técnica Descripción Condiciones Limitaciones
”Ad libitum” Las notas típicas. Es decir, Las observaciones de Algunos
sólo observar y anotar, sin una pauta no deben individuos o
otra especificación. depender de la edad o grupos son más
el sexo. observados que
otros. Influyen
mucho las
preferencias del
observador.
Matrices Para un conjunto de n Se supone que existe No refleja la
sociométricas individuos, se construye independencia entre intensidad de la
una matriz n*n, y cada los individuos y las interacción, ni
elemento x(i,j) es el díadas. duración de la
número de interacciones misma.
ordenadas entre i. y j. , o de
acciones donde i es sujeto y
j es objeto (i*j es distinto
de j*i).
Animal focal Se escoge un individuo y se El individuo elegido Los registros
lo “sigue”, anotando todo debe ser fácilmente quedan sesgados
lo que hace. Puede observable. por la índole del
registrarse el tiempo que individuo
dedica a cada pauta, o elegido (sexo,
aparición de cada pauta. A edad, posición en
veces, se registran el grupo, salud,
interacciones con otros historia).
individuos. Se observa un
lapso determinado, o hasta
que la pauta se repite n
veces.
Grupo focal Ídem anterior, pero referido Solo puede emplearse Ídem anterior.
a grupo de individuos. cuando todo el grupo
es observable
simultáneamente.
Muestreo de Registra la ocurrencia de Las mismas que para Las mismas que
ocurrencia de una pauta, en un grupo, grupo focal. para grupo focal.
pauta durante un lapso. Usualmente, para
eventos.
Muestreo El objeto de observación es Para eventos y estados. Por lo general,
secuencial una sucesión de La secuencia debe ser sufre las mismas
interacciones, no un única, no una limitaciones que
individuo o un grupo. Se sucesión, lo que animal focal, y
registran los sucesos de la complicaría el registro ocurrencia de
secuencia. y el análisis. pautas.

Tabla 2: Técnicas de observación, elaborado a


partir de Altman (1974), op. cit.

54
Técnica Descripción Condiciones Limitaciones
Muestreo 1-0 Registra, durante un Si el período es menor Depende mucho
período, presencia/ausencia que la duración de la de la variación
de una pauta. Se comparan pauta, se la registra durante la
los registros entre distintos varias veces (como realización de la
grupos e individuos presente en los lapsos pauta, a lo largo
mediante tests no en que se la ve). del día. Pautas
paramétricos. muy cortas
pueden pasar
desapercibidas.
Muestreo Se anota, en un instante Deben cumplirse los Sufre las
instantáneo dado, lo que sucede en el requerimientos de limitaciones de
grupo. Los censos son grupo focal, muestreo esas tres técnicas.
muestreos de este tipo. de ocurrencia y Ciertas pautas, en
muestreo 0-1. ciertos individuos,
son más visibles
que en otros.

Tabla 2, continuación: Técnicas de


observación, elaborado a partir de Altman
(1974), op. cit.

Dentro de las consideraciones metodológicas, debemos tener


en cuenta la elección de lo que vamos a registrar (una interacción,
un movimiento). Esto debe escogerse pensando en la conducta
del observador, en que el operador pueda verlo. Que no sea tan
breve ni tan rápido ni tan críptico que deba inferir que ocurrió;
en una palabra, que sea factible de ser observado. Aquí también
se incluye la influencia del medio, es decir, que podamos ver (u
oír) claramente lo que observamos. Debe ser pertinente: tiene
que estar en clara concordancia con el objeto de nuestra
investigación. La observación debe estar estructurada, en el
sentido que debe haber algo que la inicie y algo que la termine.
La elección usual es observar a partir del momento en que se
arriba, y terminar a un tiempo determinado. Pero hay otros
criterios: comenzar a observar a partir de cierto suceso (un
movimiento o serie de movimientos en el observable) y terminar
con otro. Lo que se hace aquí, es observar determinada secuencia
o conjunto de secuencias. La elección del observable, cuando
se hace entre otros observables posibles en la técnica llamada

55
animal focal, por lo general, se hace de manera que no se
favorezca uno de los objetos respecto de los demás. Esta elección
se puede hacer por azar, o rotando de manera que ninguno sea
visto más que los otros.
Un detalle en la observación es distinguir estado de evento.
Un evento es un cambio discreto, en cuya estructura distinguimos
un principio y un fin, que ocurre con una duración corta y, por
lo general, siempre la misma o muy similar. Por ejemplo, un
salto, un tipo de carrera. En cambio, un estado es una situación
o postura que no tiene duración; dormir, permanecer sentado,
estar de pie. Cuando se elige observar eventos, debemos diseñar
las observaciones para captarlos, por cortos que estos sean.
Cuando se eligen estados, debemos tener cuidado de no
registrarlos varias veces, cuando se trata de un único episodio.
Toda esta elaboración debe comunicarse con los resultados,
porque son el producto de esta actividad. Cuanto más
claramente se muestre el diseño observacional, mejor se
entenderá lo que se comunica. Un buen ejemplo de esto, es la
manera en que Costa & Gonzales (1986)40 describen su diseño.

Figura 5: Diseño observacional de Costa &


Gonzales, op. cit. Reproducido con permiso
de los autores.

40 Costa, F. G. & Gonzales, L. A., 1986, Estructura del comportamiento


del macho de Lycosa Malitiosa (Aranae, Lycosidae) ,en presencia de
feromona sexual, Rev. Brasil. Biol. , mayo. vol. 46, part 2, pp 447-487.

56
DEL ETOGRAMA COMO LENGUAJE AL LENGUAJE DE LOS
ETOGRAMAS

El etograma

Casi en su totalidad los textos universitarios de enseñanza


de la etología, proponen el etograma como etapa inicial para
estudio del comportamiento animal, incluyendo mamíferos
parlantes. ¿Qué es un etograma? Pasemos lista a una serie de
definiciones.

La mención más antigua de un etograma, la da W. H.


Thorpe, (1982)41, tomando la primera «carta» de C. G. Leroy
(1723-1789); este autor, en su momento guardabosques de un
noble, escribió su obra en forma de cartas a una cortesana
llamada d’Angiviller. En la primera, dice

«... me gustaría tener la biografía completa de cada


animal. Mi deseo es que después de estudiar su carácter
individual, apetitos naturales y modo de vida, el
observador procurase verlo en todas las situaciones que
puedan oponerse a la satisfacción inmediata de sus
necesidades -situaciones cuya naturaleza variable rompe
la regularidad de su proceder cotidiano y le fuerza a
recurrir a nuevos ingenios». (pag. 29)

41 Thorpe, W. H.,1982, Breve historia de la etología, Alianza Editorial.


Madrid, España.

57
En palabras de Thorpe, Leroy está requiriendo el etograma
de cada especie. Así que podemos tomar la fecha de
publicación de estos trabajos (1764) como el punto de partida
de lo que hoy denominamos etograma.

Eibl-Eibesfledt (1979)42 afirma que el etograma es el


catálogo exacto de todas las formas de comportamiento propias
del animal.

Faghen (1978)43 lo define como un repertorio conductual,


como un conjunto de actos, mutuamente excluyentes y
colectivamente exhaustivo, referido a un animal o especie. Lo
compara con una caja de herramientas, o las instrucciones de
una computadora.

Fantino y Logan (1979)44, mencionan que el etograma es


una herramienta experimental que refleja ciertos aspectos
específicos de la etología como disciplina. Lo definen como
el catálogo o descripción detallada y completa del
comportamiento de un organismo en su estado natural.

Grier y Burk (1984)45, proponen que el etograma es la lista


completa del repertorio comportamental de un animal, o al
menos del mayor segmento de él. El número de actos
observables depende de 1.-el número de animales en
observación, 2.-cuán raros son ciertos actos en particular, y
3.-el tiempo de observación.

42 Eibl-Eibesfledt, 1979, Etología. Introducción al estudio comparado


del comportamiento, Ed. Omega, S. A. Barcelona, España.
43 Fagen, R. M., 1978, Repertoire analisis, en Quantitative Ethology,
editado por P. C. Colgan, John Wilery y Sons, cap. 2, pp. 25-42.
44 Fantino y Logan, 1979, The Experimental Análisis of Behavior, W. H.
Freeman and Company, San Francisco, EEUU.
45 Grier y Burk ,1984, Forrajeo y comportamiento antipredador en Biology of
animal behavior, 2ª ed. ,W. C. Brown Publishers, Dubuque, Iowa, EEUU.

58
Harré y Lamb (1991) 46 definen el etograma como
«Vocabulario completo de la conducta de una especie, índice
de las unidades de comportamiento cuya concurrencia en
diversos contextos y cuyas secuencias son utilizables en
principio para una descripción total de la conducta» (pág. 77).

Lafitte de Mosera y Caprio (1980)47, especifican etograma


como «Descripción precisa de la actividad animal, es decir
minuciosa descripción de los comportamientos observables
en el animal, lo que constituye la faz inicial (observación), del
método etológico», (pág. 61).

Lehner (1979)48, delimita un etograma (ethogram) como


«un conjunto de descripciones amplias de los patrones de
comportamientos caracte-rísticos de una especie» (pag. 46);
toma esta definición de Brown, (1975). Destaca que es el
resultado de muchas horas de observación, en algunos casos
grabaciones de sonido y descripción, y debe ser el punto de
partida para cualquier investigación etológica.

Martin y Bateson (1986), lo caracterizan como «un catálogo


de descripciones de patrones de comportamientos discretos,
típicos de las especie-objeto, que forman el repertorio
comportamental básico de la especie» (pag. 41). Aclara que
los etogramas publicados varían enormemente en las categorías
incluidas, en el detalle con que se hacen las descripciones, y
no existen para muchas especies que se emplean en laboratorio.

46 Harré R. y Lamb, R. , 1991, Diccionario de Etología y aprendizaje


animal, Paidós, Madrid, España.
47 Laffite de Mosera, S. , y Caprio, R., 1980, Glosario de Etologia,
Universidad de la república, Facultad de Humanidades y ciencias, Instituto
de biociencias, Departamento de Biología y Etologia. Montevideo,
Uruguay, Segunda edición, 154 páginas , 504 términos definidos
48 Lehner, P. N.,1970, Handbook of ethological method,. Garland STPM
Press. New York, USA

59
Si bien podríamos considerar otro conjunto de definiciones
de autores que las presentan con la publicación de sus
etogramas (por ejemplo De Azcarate 198049; Alados, 198550;
Molina Borja, 198151; Mc Donnell y Haviland, 199552) estas
no ofrecen mayores novedades en comparación con las antes
expuestas. Sólo complementan algún aspecto de las mismas.

En general, quien investiga intenta argumentar lo que


observa, y hacerlo según descripciones lo más completas y
exactas posible. Sin embargo, la idea de acto de conducta
tomada en consideración supone algunas objeciones. Merat
yGallo (1979)53, por ejemplo, insisten en que es imposible
aislar «algo» como «acto» del flujo ininterrumpido de acciónes
llevadas a cabo por el animal. Por ello, la distinción de actos
en ese flujo, implica ya una digitalización.
Esta nivelación, debe entenderse como una necesidad
epistemológica: no habría elaboración científica en etología
sin la noción de acto o su equivalente, una unidad constitutiva
menor con fines analíticos. Resulta entonces que el acto no es
un observable en el sentido de ser algo que es aprehendido de
manera inmediata, sino un constructo, que requiere una serie
de operaciones por parte del observador. Este observador
distingue esquemas de acción ([Link].), lo que supone
identificarlos como movimientos, cambios posturales, o de

49 De Azcarate, T. , 1980, Sociología y manejo del capibara (Hydrochoerus


hydrochaeris) , Doñana. Acta Vertebrata, vol. 7-6. Número especial.
50 Alados, C. L. , 1985, Etograma de Gazella dorcas, Doñana. Acta
vertebrata, 12(1): 105-122.
51 Molina Borja, M. , 1981, Etograma del lagarto de Tenerife, Gallotia
galloti galloti (Sauria-Lacertidae), Doñana. Acta Vertebrata, 8: 13-78.
52 Mc Donnell, S. M.; Havilland, J. C. S., 1995, Agonistic ethogram of the
equid bachelor band, Applied Animal Behaviour Science, 43, 147-188.
53 Merat y Gallo, 1979, Le concept d‘acte = obstacle a une theorie
géenérale du comportemant animal, Bulletin de la Société d’Histoire
Naturelle de Toulouse, tomo 115, fas. 3 y 4, p 287 .

60
otro tipo, del organismo respecto del entorno. Cuando ese mismo
observador considera conjuntos de rasgos constitutivos de este
[Link]., hablamos de un acto de conducta (aC), que expresa
una determinada calidad de relación organismo / entorno.
Aceptado que los actos aC pautan una calidad de
relación organismo / entorno, y que estos se expresan en
Esq. Ac. identificables por un observador, obtenemos que
los actos predican de la relación, y los esquemas de acción,
de los actos. En la conducta de observación, el observador
identifica un Esq. Ac., que implica un aC, que supone una
interacción.
El hecho de que el Esq. Ac. tenga orientación es una
cuestión inmanente a la observación, es el observador quien
le otorga sentido al esquema. Nada podemos decir sobre si
hay o no significación para el organismo que lo ejecuta. Las
actividades de un organismo son esquemas de acción para
nuestro observador, que evidencian cambios de estado
congruentes entre organismo y entorno, sin por ello obtener
significado como conducta. Un bostezo es una actividad, que
sólo a posteriori de incluirse en un determinado contexto
adquiere significado como conducta. Si la descripción se hace,
por ejemplo, en términos de contracciones musculares, y fuera
del campo de significación, la misma no permite una
interpretación conductual. (Lahitte et al., 1993)54
Es aplicable aquí un esquema similar al que Merat y Gallo
(1979, op. cit.) emplean con el individuo: observamos y
registramos; de la lectura y análisis de esos registros,
elaboramos la descripción de aC, que luego podemos agrupar
en conjuntos funcionales según grandes esquemas de relación.
Esta secuencia de elaboración supone un paso entre tipos
lógicos que no se hacen de forma automática y no deben
superponerse por poseer grados de inclusión diferentes.

54 Lahitte, H. B. ; Hurrell, J. ; Malpartida, A. (1993). Ecología de la


conducta. De la información a la acción, Ediciones Nuevo Siglo.

61
En la base, está la síntesis entre el observador y el observado
(el registro), y la síntesis entre el marco conceptual y el registro
(la puntuación que define y lleva a los aC). Síntesis, porque los
elementos que intervienen en cada uno de estos procesos se
transforman mutuamente. El observador cambia en el momento
del registro; el marco conceptual cambia al incluir el registro.

De este modo, el etograma deja de ser una captura de lo


que está fuera del observador, para pasar a ser la elaboración
de una entidad semiótica: la construcción de un lenguaje, que
supone un código explícito.
Cada acto es un signo, que sustituye a lo observado. Y como
tal, podemos situarlo en tres dimensiones: sintáctica, semántica
y pragmática (Rivera, 1997)55.
Las reglas semánticas, que establecen la relación entre el
signo y el objeto, en este caso particular, apuntan a la secuencia
de elaboración y su representación. En la trilogía propuesta
por Spencer (resumido por Rivera, op. cit.), estos signos caen
claramente en la caracterización de símbolos. Las reglas de
designación, en este caso, se refieren a los procedimientos
por los cuales el observador recorta del conjunto de
percepciones, aquellas que distingue como esquema de acción,
y a las que atribuye la categoría de acto. Este sistema tiene
una única regla de verdad: un símbolo es verdadero cuando
otro observador, repitiendo los procedimientos del primero,
puede realizar distinciones similares.
Los términos no pueden subordinarse entre sí, es decir, cada
designado debe tener un único denotado, y cada denotado,
debe estar referido a un único designado.
La definición de un acto debe denotar el conjunto de
registros desde los que se estructura. Para ello, deben
encontrarse en ese texto (la definición) los cinco predicados

55 Rivera, Silvia.(1997). Lógica y lenguaje, en «Metodología de las


ciencias sociales». Esther Díaz (editora) Biblos. Buenos Aires, Argentina

62
denotativos, tal como fueron planteados por uno de nosotros
(Lahitte et al., 1993, op. cit.)

- El predicado diacrítico, por lo general es enunciado una


única vez, al principio del etograma, de manera que sea
válido para cada definición. Es la posición del observador
respecto de su observable (con lo cual define su observable).
Esta posición se establece desde lo físico, técnico y
conceptual.
- El predicado identificatorio, en el que se indican el sujeto,
el objeto y el acto de conducta.
- El predicado denominativo, la elección del nombre para lo
definido.
- El predicado temporal, es decir qué lugar ocupa en la
secuencia el acto definido.
- El predicado espacial, indicando la disposición en el espacio
de Sujeto y Objeto.

Es el segundo predicado, el identificatorio, el que


normalmente se asocia a un etograma, pues incluye la
enunciación del aC y su representación sígnica. Es decir, de
las condiciones que un registro discreto debe cumplir para
considerarse incluido o excluido de esa categoría; no hay una
tercera posibilidad.

¿Cómo debemos estructurar esa definición? Muchos


investigadores han argumentado sobre este tópico, por lo
general discutiendo la noción de acto de conducta.
La descripción de un aC se hace en términos de
desplazamiento de las partes del cuerpo, es decir, cambio en las
posiciones del sujeto, orientado hacia el entorno. en el cual está
incluido el objeto de la conducta. Para esto se requiere elaborar
una descripción de ese sujeto tal que, permita reconocer en él,
partes que cambian su posición respecto de otras y del entorno.

63
Una de las maneras de especificar esta segmentación, es
codificando los rasgos de cada uno de los actos involucrados
en la descripción.

La sintaxis de este sistema es peculiar: no solo por el tipo


de función que se espera del etograma entendido como
lenguaje, sino también por los signos; no deben entrar en
conexión por suponerse excluyentes.
La dimensión pragmática, a su vez, hace referencia al uso
del lenguaje. En el caso de un etograma entendido como tal,
opera como un descriptor del fenómeno llamado conducta, a
partir del cual se deben nombrar las entidades que serán
posterior objeto de investigación, por ejemplo, experimental.
De este modo, el texto del etograma pasa a ser el vehículo
para transmitir este lenguaje, que luego se acoplará con el
marco conceptual del lector.
Esta articulación se realiza a dos niveles. Por un lado, al
compatibilizar los marcos conceptuales del autor con los del
lector, y por otro, cuando desde su marco conceptual, el lector
reinterpreta las descripciones del autor.

La secuencia de elaboración: del hecho de observación al


argumento

Lo que se registra a partir de la observación, es el conjunto


de marcadores, la puntuación desde la cual distinguimos como
rasgos a aquellos que identifican el acto como tal y lo
diferencian de otro.
La nota de campo, lo que hace es indicar a quien la realiza
aquellas pautas del organismo observado que se consideran
pertinentes para, en caso de repetirse, poder reconocerlo como
tal. Así, el registro es en realidad la síntesis del observador y
lo observado, la huella de una interacción textualizada, de
secuencias descriptivas.

64
Una vez consumado el registro, no varía, no pudiéndose
recuperar para él aquellas notas que no se consideraron
pertinentes en el momento de realizarlo.
Los pasos que siguen, se remiten a estas limitaciones del
registro. Los argumentos que se construyan desde él no podrán
trascenderlo, en el sentido que lo que no esté contenido en el
mismo no podrá ser invocado en las elaboraciones siguientes.
A partir de ese conjunto de notas, se define el aC. El mismo se
elabora desde los registros, y no desde la observación, siendo
por tanto una síntesis de los mismos. A partir de esa «huella»
de la interacción, se describen tipos. Por ejemplo, a partir de
un determinado conjunto inventariado, en los que las notas
comunes son que un individuo realiza determinada
vocalización, y un segundo individuo se le acerca, se define el
acto «llamar», y su variante «acudir al llamado», de manera
tal que comparando cualquier registro con esas definiciones,
se podrá decidir si dicho registro pertenece o no a ese tipo, y
si se trata o no del acto en cuestión.
Luego, desde los registros, se establecerán relaciones
entre los actos, agrupándolos por afinidades, por
diferencias, por tipos de función, por estructura, etc. Este
es un paso posterior, una sistematización del lenguaje
creado, que requiere la realización de distintas operaciones
sobre los términos.
Para cada grupo de registros, se puede definir un conjunto
de actos que los abarque y sintetice.
Cuando las observaciones que originaron los registros se
presumen completas, es decir, un panorama tal que más tiempo
de observación no agregaría registros que no cayeran en
algunos de los actos ya definidos, se considera que esta lista
de definiciones es un ecograma: la lista de las conductas de la
especie.
Generalmente se emplean dos procedimientos para
detener este ciclo recursivo: el índice de cobertura de la
muestra, y el método de la asíntota (Lehner,1970, op. cit.)

65
En el primer caso, se divide el número de pautas vistas una
sola vez por el total de pautas vistas, y se resta a 1; cuanto
más cerca de 1 da este índice, más completo se considera el
ecograma. En el segundo, se grafica la frecuencia acumulada
de nuevos actos vistos, contra el tiempo de observación;
cuando la curva se vuelve asintótica, se considera al etograma
aceptablemente completo
Este etograma será contrastado con el marco conceptual,
para confirmarlo o reformularlo; en realidad, en todos los casos
lo reformula, ya sea apoyando sus afirmaciones, ya sea
corrigiéndolas. Pero una vez definido un acto -una vez definido
un término que nombra una categoría a la que asignar los
registros- esta definición pasa a ser parte del marco conceptual,
que ya no es el mismo que antes de ese acto denotativo. La
figura 6 resume la estructura de la secuencia.

Figura 6: La secuencia observación/registro/


definición

66
Existe un paralelo entre el esquema propuesto y el que antes
elaboramos para conceptuar una «ciencia de los textos»
(Lahitte et al. , 1994)56. Las operaciones que se proponen entre
el texto-fuente y el texto-objeto son, en este caso, equivalentes
a las que median entre el texto-registro y el texto-etograma.
Este texto-objeto es un comentario de los registros; una
interpretación de los mismos:

«Se trata pues de crear un método de análisis mediante


el cual los productos sean ‘mejores’ por su construcción
(y no por referencias ‘alejadas’ de su construcción), y en
los cuales se pueda reconocer explícitamente la extensión
tolerable del pluralismo observacional e interpretativo»
(pág. 123).

En esta investigación suponíamos una evolución lineal en


la lectura de un texto X, motorizada por la aparición de nuevos
elementos técnicos. Algo similar ocurre en el esquema
observación-registro-análisis del registro, recurriéndose a
sistemas electrónicos (Haith y Bertenthal, 1979)57 o programas
(Noldus, 1979)58 en los que se registra directamente utilizando
un sistema capaz de analizar rasgos en términos estadísticos.
También en este caso, se supone que una «lectura» del
registro (y de la observación) desde un sistema electrónico es
«mejor» por la introducción de tecnología, que agiliza los
tiempos para la obtención de resultados y permite simular el

56 Lahitte, H. B. y Hurrell, J. A, 1994, La ciencia del sujeto. Estrategias


para una epistemología del observador, Ed. Dpto. de teoría e Historia
de la Educación, Universidad de Salamanca, España.
57 Haith, M. M. y Bertenthal, B., 1979, Programmable calculator as
timer, storer and decision maker in psychology experiments, Behavior
Research Methods y Instruments; Vol. 11 (3), pp. 349-354.
58 Noldus, 1991, The Observer : a software system for collection and
analysis of observational data, Behavior Research Methods, Instruments
y Computers,23 (3), 415-429.

67
razonamiento aproximativo. La figura 7, muestra de qué
manera esta secuencia de elaboración acopla con el lector,
que actúa a manera de receptor de este etograma. Las estrellas
marcan las dos instancias que mencionamos como escenario
de la congruencia lector / autor.

Figura 7: Relación etograma-lector

Etogramas en pecarí de collar: un ejercicio metodológico

En otras publicaciones (Lahitte et al, 1990) 59 hemos


analizado ejemplos referidos a conducta humana, no
agonística, y en otros mamíferos, en los que se hacen más

59 Lahitte, H. B. y Cascardi, J., 1980, Sobre los gestos, Editorial Nuevo


Siglo, Colección Ciencia, La Plata, Argentina

68
evidentes las estrategias de observación y organización lógico
semántica de los datos.
Proponemos, a continuación, una comparación entre
etogramas parciales, referidos a las conductas así llamadas
agonísicas entre pecaríes de collar (Tayassu tajacu), como una
manera de ilustrar lo antes expuesto.

El enfoque

Por lo general, las observaciones de pecaríes a campo, o


en grandes reservas, son difíciles: los animales se mueven en
la espesura, y suelen huir en grupo de quienes se acercan. Así
que la mayoría de las investigaciones se realizan con animales
criados en corrales. Schweinsburg y Sowls (1972)60 publicaron
un estudio sobre comportamiento agonístico, que luego sirvió
de base a otras publicaciones (por ejemplo, Sowls, 1984)61.
Sin embargo, dos trabajos (Byers y Bekoff, 198162; Bissonette,
198263) realizados en reservas presentan reducidos inventarios
de pautas agonísticas. Tomaremos a Schweinsburg y Sowls
(1972, op. cit.) como eje de las descripciones para abordar la
comparación. Los tres inventarios se realizaron en función de
los objetivos de cada investigación. En términos generales, ya

60 Schweinsburg , R. E.y Sowls L. K., 1972, Aggressive behavior and


related phenomena in the Collared Peccary, Z. Tierpsychol., 30, 132-
145.
61 Sowls, L. K., 1984, The peccaries, The University of Arizona Press,
Tucson, Arizona, USA.
62 Byers, J. y Bekoff M. , 1981, Social, spacing and cooperative behavior
of the collared peccary, Tayassu tajacu, J. Mamm, vol. 62, parte 4, pp.
767-785.
63 Bissonette, J. A. ,1982, Ecology and social behavior of the Collared
Peccary in Big Bend National Park, Texas, Scientific Monograph Series
Nº 16, U. S. Department of the Interior, National Park Services.
Washington, D. C., USA

69
se trate de inventarios parciales o totales, la adecuación de los
mismos al contexto de la tarea científica se logra mediante la
articulación de dos ámbitos de definición: el conceptual y el
operacional (Maher y Lott , 1995)64. El conceptual define cual
es el objeto de estudio (en nuestro caso, cuando definimos
agonismo en término de conductas que aumentan la distancia
entre interactuantes), y el operacional, indica qué distinguimos
en nuestro observable, para asignar la conducta a la categoría
propuesta (en nuestro caso, golpes, mordidas, retrocesos, entre
otros).

Inventario de Schweinsburg y Sowls (1972)

Los autores dividen las acciones agresivas (así las llaman)


en dos conjuntos: las de amenaza y las de pelea, opinando que
las primeras contribuyen a mantener la jerarquía dentro de la
manada. Pasaremos revista a las descripciones, obviando las
afirmaciones sobre el efecto de dominancia en el resultado de
las interacciones: en ninguna parte del texto se explica de qué
manera esa dominancia se determina.

Acciones de amenaza

- La riña: (squabble, en el original) término con el que se


designa la más común de las amenazas. Dos animales se
colocan frente a frente, y lanzan mordiscos inhibidos
(inhibited bites, en el original) al morro del otro.
Generalmente estos mordiscos son lanzados al lado de la
boca, a veces los colmillos se tocan, pero en la mayoría de

64 Maher, C. R. y Lott D. F., 1995, Definitions of territoriality used in


the study of variation in vertebrate spacing system, Anim. Behav.,
49, pp. 1581-1597.

70
las oportunidades no hay contacto. Las acciones van
acompañadas de entrechocar de dientes y profundas
vocalizaciones (growls, en el original). Las orejas están
plegadas hacia atrás, y a veces tienen erizado el pelaje en el
lomo, uno o ambos interactuantes. Pueden separarse, o
permanecer y restregarse mutuamente las glándulas
dicotílicas.

- Entrechocar de dientes: cuando están molestos (annoyed,


en el original) los pecaríes entrechocan los dientes con un
rápido movimiento vertical de la mandíbula inferior. Esta
acción es acompañada de erizamiento y vocalizaciones. Si
se molestan más (sic) dirigen la cabeza al objeto de la
conducta, totalmente erizados, y realizan fuertes y sonoros
entrechoques.

Acciones de pelea

- Embestida: las peleas comienzan con una carga temeraria


(headlong, en el original) de uno o ambos individuos.
Las orejas se colocan hacia adelante, y la boca está
abierta. A veces, acompañada de erizamiento y
castañeteo de dientes.

- Morder: muerden sin limitaciones la cabeza y los hombros


del otro individuo, al principio de la pelea. Pueden saltar, o
erguirse sobre las patas traseras. Cuando se cansan, sin
embargo, dirigen los tarascones a los flancos.

- Girar alrededor: a medida que los animales se van cansando,


a veces uno sujeta la cabeza o el morro del otro, o las
mandíbulas de ambos se sujetan. El animal mordido vocaliza,
y parece sufrir (seemed to be in great pain, en el original).
Los intentos de este por huir y del otro por sujetarlo resultan

71
en un movimiento circular de ambos animales. Esto continúa
hasta que el sujeto logra desasirse o es tumbado.
- Tumbar: ocurre cuando ambos animales están casi exhaustos.
Un animal sujeta al otro de la cabeza u hombros, y con un
movimiento de su cabeza lo tumba. Cuando este cae, y el
que lo sujeta también, ambos yacen de lado, respirando
pesadamente. Tras un tiempo, el animal sujeto hace esfuerzos
hasta que se suelta.
Inmediatamente después de una pelea, se da alguna de dos
situaciones: un animal sale claramente victorioso, y alcanza
completa dominancia sobre el otro, o ambos terminan
agotados, y la dominancia no es claramente establecida.
Cuando se da este último caso, la sumisión suele ser indicada
por alguna de las siguientes posturas:

- Postura de empate frontal: (braced frontal posture, en el


original): cuando un animal toma la postura defensiva, baja
la cabeza y siempre enfrenta al dominante. Tiene las orejas
plegadas contra la cabeza, y la boca abierta, mientras emite
gruñidos suaves.

- Arrodillado de frente: Indica sumisión parcial (?) y es menos


agresiva que la postura defensiva. Los cuartos traseros
permanecen elevados, mientras que el morro y las patas
delanteras se bajan, a veces tocando el suelo, con las patas
delanteras dobladas o extendidas.

- Postura de sumisión completa: el animal no muestra signos


agresivos (?), permitiendo que el dominante se mueva a su
lado y lo hociquee.

- Retirada: ocurre poco cuando los animales se hallan


encerrados, y puede deberse a la falta de espacio. Es más
común en los animales no cautivos (no hay descripción en
el original; sólo menciona que corre alejándose. )

72
- Aproximación del subordinado: el subordinado coloca su
morro por debajo del morro del dominante. A veces el
dominante asume posición defensiva y entrechoca los dientes,
pero generalmente reacciona en forma favorable (?).
Antes de proseguir, es necesario hacer notar las atribuciones de
estados de ánimo (los animales están molestos) y las evaluaciones
(por ejemplo, arriba, reacción favorable). No hay ninguna
explicación de cómo se determina si un individuo es dominante
o subordinado. Lo mismo vale para sufrimiento y ataque audaz.

Inventario de Bissonette (1982)

Bissonette (1982, op. cit.) clasifica de forma diferente las


acciones involucradas en agonismo, agrupándolas según las
realice el animal dominante o el dominado.

Animal dominante

- Encararse: (stare, en el original) las orejas del dominante se


pliegan hacia adelante. El cuerpo está tenso, y si la postura
se prolonga, puede ocurrir piloerección. Opina que, dada la
mala vista de los pecaríes, es una postura difícil de identificar
en la espesura.

- Volver la cabeza - boca abierta: el animal gira la cabeza, con


la boca abierta, hacia un individuo que se acerca. Puede ir
acompañada de un gruñido. Las orejas están plegadas, y a
veces se exhiben los dientes.

- Correr-Girar-Arremeter hacia: Cuando un individuo se acerca


a menos de un metro, el dominante corre, gira, o carga hacia
él. La posición del dominante es similar a la descripta para
Volver la cabeza - boca abierta.

73
Animal dominado

- Morro bajo, cabeza baja, girar alejándose: el dominado baja la


cabeza y el morro, apartándolo del animal agresivo. A veces
con piloerección y las orejas neutrales, o algo hacia atrás.

- Retroceder: el animal se aleja del dominante dando algunos


pasos hacia atrás.

- Echarse - agacharse - tenderse: esta secuencia, representa


un aumento en los niveles de sumisión. En el primero, el
animal gira retrocediendo; si la agresión sigue, se agazapa,
y si continúa, se echa.

- Escapar: esto ocurre si la amenaza se realiza desde más de 2 metros.

- Arrodillarse: patrón anterior a agresión abierta.

Patrones empleados en las peleas

- Disputa boca a boca: se enfrentan, con los morros altos y las


bocas abiertas. Se muerden las bocas, tirando y empujando
de ellas.

- Morder: la intensidad varía, de sólo establecer contacto a herir.

- Pelea: los intervinientes tratan de morderse el cuello y el cuerpo,


al mismo tiempo que maniobran para evitar ser mordidos.

Inventario de Byers y Bekoff (1981)

Byers y Bekoff (1981) describen el inventario total (y el


parcial) de forma sumamente sumaria, sin grandes

74
diferencias con los dos anteriores. Además, los autores
miden el número de veces que observan cada pauta,
indicando los porcentajes sobre el total de pautas, y de las
pautas de cada categoría. La categoría que nos interesa,
agonismo, ocupa el 4.8% del total.

Transcribimos a continuación sus descripciones de las


pautas de agonismo.

- Mordisco (bite): un animal muerde a otro. Nunca observaron


que se produjeran heridas, o sangrado.

- Empate (brace): Un animal, al acercarse a otro, dobla la


espalda, con las cuatro patas plantadas en el suelo en ángulo
recto, la cabeza baja y hacia atrás, y las orejas hacia atrás.

- Embestir: un animal golpea a otro con su morro o parte


delantera de la cabeza.

- Giro rápido de la cabeza con boca cerrada: un animal


rápidamente gira la cabeza hacia otro cercano, la boca
permanece cerrada.

- Giro rápido de la cabeza con boca abierta: un animal


rápidamente gira la cabeza hacia otro cercano, la boca está
abierta; cuando se observó cerca de la manada, se oyeron
vocalizaciones.

- Enfrentar: un animal, al acercarse a otro o cuando otro se


acerca a él, permanece con las cuatro patas plantadas en el
suelo en ángulo recto, y la cabeza mantiene su nivel; no es
bajada, y las orejas pueden o no estar replegadas.

- Bostezar: un animal, al acercarse a otro o cuando otro se


acerca a él, abre totalmente la boca, exponiendo los caninos.

75
La cabeza mantiene su nivel. No se pudo determinar si los
labios estaban retraídos.

- Arrodillarse: en una interacción social, un animal se arrodilla


sobre sus articulaciones carpales. Coinciden expresamente
con Bissonette (1982) en interpretarlo como gesto de
sumisión.

- Sacudir con la cabeza: un animal coloca su morro debajo de


la axila o el abdomen de otro, y sacude la cabeza.

- Bajar la cabeza: un animal baja la cabeza, como en Empatar


(brace) pero, mientra,s camina, con el peso desigualmente
distribuido en las cuatro patas

- Arremetida: un animal salta con sus patas delanteras sobre


otro; con la boca abierta.

- Empujar: un animal empuja a otro con sus hombros, a veces


con su cabeza.

- Empujar hacia abajo: un animal apoya su morro en la espalda


u hombros de otro, y empuja hacia abajo.

- Rodar de espaldas: en respuesta a Sacudir con la cabeza o


Empujar hacia abajo, un animal rueda de espaldas y
permanece inmóvil.

- Reclinarse: lo describen en otra categoría de


comportamiento, y lo mencionan en esta por interpretarlo
como acción de sumisión. Un animal se tiende con las patas
replegadas debajo del cuerpo.

- Inclinarse (sink back): Un animal, en general en respuesta a


Giro rápido de la cabeza con boca abierta, baja los hombros,

76
mantiene el nivel de la cabeza pasando la mayoría del peso
en las patas traseras, de manera que las delanteras se estiran
hacia delante,

- Tarasconear (Snap): un animal dirige un mordisco directo a


otro, pero sin hacer contacto.

- Permanecer encima: un individuo, cuando durante la


interacción el otro realiza Reclinarse o Rodar de espaldas,
permanece de pie con su mandíbula sobre la cabeza, cuello,
o tronco anterior del otro.

- Entrechocar de dientes: movimientos ortales de la mandíbula,


precedidos por vocalizaciones,

- Gruñidos: similar a esta vocalización en los perros,

- Girar: un animal gira rápidamente para enfrentar a otro.

- Girar con la boca abierta: un animal gira rápidamente para


enfrentar a otro, con la boca abierta

- Riña (squabble): los interactuantes se enfrentan, levantan


los morros, abren las bocas y emiten Gruñidos, mientras
mueven la cabeza, usualmente haciendo movimientos de
mordido.

Comparación de los inventarios

Si entendemos estos tres inventarios como otros tantos


lenguajes, ¿cómo podemos compararlos, y trazar
equivalencias entre ellos? Para empezar, comparando los
procedimientos desde los que se elaboraron, es decir, las
reglas de designación.

77
Aspecto metodológicos

Autor Schweinsburg y Bissonette (1982) Byers y Bekoff


Sowls (1972) (1981)
Horas No menciona 380 horas de 416 horas de
observación directa, observación, de
a lo largo de 23 1100 pasadas en
meses. campo.
Ambiente Criados en corrales. Parque nacional. Parque nacional.
Observa salvajes
para mejorar la
interpretación.
Método Mueve animales de Los observa desde Los observa desde
distintos grupos a 10 a 245 mts. Usa 70 a 90 mts.,
corrales para que tablas para registrar grabando las
interactúen. Filma. las interacciones. observaciones.
Número de pautas 11 11 19
agonísticas
Criterio de No No No
terminación
Reposición de la Parcial No No; menciona
secuencia porcentaje de
ocurrencia.
Categorización Acciones de Animal dominante. No realiza.
amenaza. Acciones Animal dominado.
de pelea Patrones empleados
en las peleas.
Términos de la Menciona lo que Describe sólo un Describe sólo un
descripción hacen ambos individuo. Distingue interactuante.
interactuantes. cabeza,
Distinguen cabeza, vocalizaciones,
morro, pelaje, oreja, pelaje.
orejas, dientes, En los tres Patrones
vocalizaciones, empleados en pelea,
glándulas y estados describe a ambos
de ánimo. interactuantes.
Uso de la No uniforme. No uniforme. No uniforme.
segmentación
Tipo de Pautas complejas, a En algunos casos, A veces, sólo
definiciones veces secuencias hace referencia a nombre.
completas, con otras pautas (antes
estados de ánimo o de, niveles de).
inferencia de
fisiología.

Tabla 3: Comparación de los aspectos


metodológicos

Es decir, los términos de cada lenguaje han sido generados


desde condiciones y operaciones diferentes, en cada caso.

78
Conociendo estas diferencias, podemos establecer equivalencias,
de la misma manera que se pueden traducir, aunque sea
aproximadamente, los términos de un lenguaje a otro.

Equivalencias entre los inventarios

Schweinsburg y Sowls Bissonette (1982) Byers y Bekoff (1981)


(1972)
Riña Disputa boca a boca Riña
Morder Morder Mordisco
Empate frontal Encararse Empate
Arrodillado de frente Arrodillarse Arrodillarse
Embestida Pelea Embestir
Entrechocar los dientes Entrechocar de dientes
Retirada Escapar
Volver la cabeza-boca Giro rápido de la cabeza
abierta con boca abierta
Correr-girar-arremeter hacia Girar con la boca abierta
Echarse/agacharse/tenderse Rodar de espaldas
Girar alrededor
Tumbar
*Sumisión completa
*Aproximación del
subordinado
Morro bajo, cabeza baja,
girar alejándose
Retroceder
Giro rápido de la cabeza
con boca cerrada
Enfrentar
*Bostezar
Sacudir con la cabeza
Bajar la cabeza
Arremetida
Empujar
*Reclinarse
Inclinarse
Tarasconear
*Permanecer
encima
Gruñidos
Girar

Tabla 4: comparación de las descripciones

79
Antes de pasar a analizar esta comparación, veamos el
número de coincidencias que encontramos. Las pautas con un
asterisco o no están bien definidas (sólo se las nombra), o el
propio autor aclara que no sabe si se trata o no de pautas
agonísticas.
Incidentalmente, notemos que ninguno fija un criterio por
el cual saber cuando algo que vemos es o no agonismo, como
lo propuesto por uno de nosotros (Ferrari, 1995)65
No importa cómo se los analice, los inventarios no muestran
gran coincidencia. Sólo el 17% de las definiciones está en los
tres etogramas. Otro 17% está en dos de ellos ( 3 son
compartidas por Bisonette (1982) y Byers y Bekoff (1981); 1
por Schweinsburg y Sowls (1972) y Byers y Bekoff (1981); y
2 por Bisonette (1982) y Schweinsburg y Sowls (1972)).

Los autores están definiendo desde tres conjuntos diferentes


de operaciones.
Para empezar, Schweinsburg y Sowls (1972) prestan
atención a las acciones, divididas en dos categorías: amenaza
y pelea. Cualquier cosa que no sea parte expresa de ambas,
queda fuera. Por ejemplo, las aproximaciones y contactos
anteriores a una amenaza.
Bissonette (1982) presta atención a los animales,
clasificándolos en dominante y dominado; introduce luego una
tercer categoría, a la que llama Patrones empleados en las
peleas. Nótese que esta tercera categoría, está definida de
distinta manera que las dos anteriores: supuestamente, en las
peleas, los patrones son realizados por el que va a resultar
dominante o el que va a resultar dominado. Como durante la
pelea ambos roles no están definidos, la clasificación según
estas dos categorías, no es aplicable. Otra pauta, Aproximación
del subordinado, no puede considerarse agonística: de hecho,

65 Ferrari, 1995, Agonismo : caracterización relacional y aportes teórico-


metodológicos, Revista PINACO , II, 75-78.

80
la respuesta del supuesto dominante está caracterizada como
favorable. ¿Qué es favorable? Y sea lo que sea, ¿por qué la
consideramos parte del agonismo? Básicamente, porque ha
distorsionado la clasificación: el autor parece decir que todo
lo que ocurre entre dominante y dominado (y no dice cómo se
los reconoce como tales) es agonismo.
A su vez, Byers y Bekoff (1981) extienden lo agonístico más
allá de la interacción en sí: hay toda una serie de pautas que tienen
que ver con la aproximación de los individuos, con conductas
que se dirigen unos a otros y que suelen ser seguidas por agonismo.
Una pauta allí no parece del todo clara: Permanecer encima. Según
los autores, sigue a Reclinarse o Rodar de espaldas. Pero resulta
que Reclinarse no necesariamente es agonística, y no hay forma
de entender qué papel juega esta postura Permanecer encima en
una secuencia agonística.
Schweinsburg y Sowls (1972) mencionan dos pautas, Girar
alrededor y Tumbar, que parecen carentes de sentido biológico.
Es decir, dos términos que remitidos al mecanismo explicativo
usual en biología no pueden ser entendidos. Afirman que los
animales se sujetan y giran hasta caer agotados. Una posible
explicación para esto, es que se trata de animales en un recinto,
incapaces de apartarse uno de otro, es decir, de concluir el
episodio agonístico con la huída.
En otro trabajo presentaremos a modo de fórmulas
secuencias comportamentales en las que se propone un tipo
de patrón referencial que permite la inclusión o exclusión de
rasgos (por ejemplo, huída / giro/ caída, etc.).

Repensemos nuestra comparación, retirando aquellas


descripciones incompletas, no pertinentes, o claramente
producto de una condición especial de encierro, que está
limitando el desarrollo de una secuencia. No es que Girar
alrededor y Tumbar no sean comportamiento, que no requieran
de una explicación o carezcan de función: ocurre que, como
son fuertemente determinadas por el tipo de medio, no tiene

81
sentido tratar de encontrarlas en medios diferentes; es decir,
no es pertinente para la comparación de los inventarios en
términos de coincidencias; están fuertemente determinados
por las características de uno de los procedimientos.
Las coincidencias, entonces, resultan ser del 21% entre los
tres, y 21% entre dos, quedando el 58% de las definiciones
sin correspondencias.
¿Qué ocurre si, en lugar de coincidencias, aceptamos
meramente congruencias? Es decir, si observamos si algunas
descripciones de alguno de los autores, forman parte de las
descripciones de otro. Inmediatamente, encontramos que las
descripciones de Byers y Bekoff (1981) forman parte de los
matices de las de Bissonette (1982) y Schweinsburg y Sowls
(1972). De esa forma, una vez suprimidas las no pertinentes,
quedan sólo siete sin correspondencias, e incluso dos de esas
siete tienen elementos en común. Esto significa que de un gran
total de 24 pautas, sólo un 29% no es compartido por, al menos,
dos autores.
Este tipo de correspondencia puede establecerse no desde
cada etograma-texto, sino desde cada etograma-semiosis, es
decir, separando las dimensiones del fenómeno semiótico, y
tratando de establecer congruencias entre ellas.
Enfocar a los etogramas como equivalentes de lo observado
(olvidar que son mapas y tomarlos como territorios) llevaría a
la conclusión de que los tres grupos muestran comportamientos
diferentes, lo cual no es congruente con el marco teórico en
actual consenso en biología del comportamiento.
Asumir la elaboración de un etograma como la construcción
de un lenguaje, tiene una segunda consecuencia: entender que
el papel subsiguiente en la investigación del comportamiento
(por ejemplo, en lo referido a las preguntas de Tinbergen) es
el de un lenguaje de un nivel distinto al del lenguaje común.
En otras palabras, estaríamos en mejores condiciones para
explicar como pasamos del etograma como lenguaje, al
lenguaje de los etogramas.

82
ASPECTOS METODOLÓGICOS DE LA NATURALEZA
SEMIÓTICA DEL ETOGRAMA

En este capítulo presentaremos las condiciones según las


cuales un etograma puede ser abordado desde su naturaleza
semiótica, caracterizándolo como un lenguaje. Parte del
quehacer científico es el paso del lenguaje común (o lenguaje
natural, LN) a uno técnico (o lenguaje descriptivo, LD), y de
allí a uno formalizado (o lenguaje científico, LC). En el caso
de los etogramas, esta última instancia es la creación de un
código específico (analítico descriptivo).

En las descripciones de comportamiento no se emplean


códigos. La mayoría de los investigadores consideran
innecesario este recurso descriptivo. Básicamente, porque se
asume que lo que se está codificando es la observación; es
decir, que en última instancia, el código está implícito, en
estructura y tal vez en función, en el fenómeno observado.
Se reitera así la confusión entre el mapa representando y el
territorio a representar; y desde esta confusión, el código pierde
sentido, porque pasaría a ser otro mapa. Si los mapas fuesen
el territorio, y el territorio uno, podríamos acceder a dos mapas
idénticos, lo cual es teórica y metodológicamente imposible.
El lenguaje descriptivo, como formalización extrema del
lenguaje, comprende un conjunto de términos bien definidos
o descriptores, donde la escritura está normalizada,
estandarizada o codificada. Si esta codificación apunta a la

83
descripción (como es el caso del etograma) aislamos tres
elementos: los descriptores, términos desprovistos de contenido,
que surgen de la reducción del objeto de observación a sus
componentes; los rasgos, elementos diferenciados que
cualifican al descriptor; y los atributos, elementos que cualifican
el rasgo al que se refieren.
La descripción se orienta de acuerdo a reglas:

1. Orientación: explicitación de la posición del observador


respecto al referente a observar.
2. Segmentación: reducción del observable a sus componentes.
3. Diferenciación: consideración de cada segmento como un
ítem que puede ser evaluado en sus posibles valores.

De la combinación de 2 y 3 se pueden aislar los


componentes del análisis descriptivo (descriptores, rasgos y
atributos)

En la descripción de nuestro observable podemos emplear


como descriptores cabeza, tronco y extremidades. Dentro del
descriptor «extremidades superiores», diferenciamos rasgos
(movimiento de abducción, aducción, etc.), y dentro de ellos,
atributos (amplia, media, estrecha).
Descriptores, rasgos y atributos guardan entre sí relaciones
de inclusión en la tipificación lógica ( miembro / clase) El
atributo es parte del rasgo, y este es parte del descriptor.
Un código puede definirse como un conjunto de unidades
constitutivas (analógicas o digitales) cuyo valor operativo está
dado por la organización que surge de las reglas de orientación.
El código es la reducción de diversas formas de representación
posibles, a una combinación de rasgos presentes.
El código se interpreta a veces como una herramienta
de registro, no de descripción: así, Lehner (1970, op. cit.),
por ejemplo, insiste en sus ventajas como compilador rápido.
Los ejemplos que muestra, sin embargo, reducen la

84
codificación al empleo de las iniciales de los nombres: Flying
(volar) se representa con F, y Mary (un individuo observado),
se denota M.
En esta misma línea de pensamiento, Martin y Bateson
(1986, op. cit), sugieren la codificación, como un paso
preliminar a la cuantificación.
También Bakeman y Gottman (1986)66 proponen el uso de
códigos como una herramienta de registro: por ejemplo, para
investigar interacciones agonísticas en niños de edad
preescolar, estipulando tres categorías (golpear uno a otro,
pelear y solicitar ayuda de un adulto) con lo que el observador
marca, en una planilla, cuantas veces observa conductas que
encuadran en cada uno de los grupos. Esta manera de usar
códigos, equivale a usar categorías.

La cuantificación como codificación

Antes de seguir adelante, veamos qué se entiende, en el


contexto de estos autores, por codificación, analizando algunos
de los trabajos por ellos citados.

Bekkof (1977)67, analizando el comportamiento social en


cánidos, describe una postura o actitud (el bow, o reverencia)
midiendo el desplazamiento vertical de los hombros, respecto
de la inserción de la cola. Para esto, filma las interacciones, y
realiza un análisis cuadro por cuadro. Una vez medido para
cada cuadro ese desplazamiento, y empleado como criterio
para saber si está dada o no la pauta objeto de estudio, se mide
la duración de la misma, multiplicando el número de cuadros

66 Bakeman and Gottam, 1986, Observing interaction : an introduction


to sequential analysis, Cambridge University Press. New York, USA
67 Bekoff , 1977 ,Social communication in canids : evidence for the
evolution of a stereotyped mammalian display, Science, 9/sept/1977,
pp. 1097-1099.

85
en que se cumple el criterio, por 0.0156, que es el número de
segundos que ocupa cada cuadro en el total de la proyección.
Así, la codificación es aquí una herramienta, destinada a
permitir la medición de tiempos. Es un proceso de medición
que se realiza sobre imágenes, y difícilmente pueda tomarse
como una descripción acabada de la pauta.

Golani (1973)68 emplea un sistema más elaborado para


analizar la interacción en chacales. También realiza una
filmación, y para cada fotograma distingue 12 ítems, con
distintas categorías. El problema de este sistema es que los
ítems no tienen el mismo nivel: posición del lomo, de la
cola y las orejas parecen responder a una descripción; con
la boca, en cambio, o bien habla de posición de los labios o
de colocación de la cabeza en alguna parte del cuerpo del
interactuante, ambas cosas como variantes del mismo ítem.
Luego siguen una serie de elementos, que se refieren a
desplazamientos respecto del interactuante, y a posición
del cuerpo respecto del cuerpo del interactuante (en una
figura llamada de T). Distingue después posiciones de la
cabeza y posiciones de la cara. En otro de los ítems, se
habla de una posición de la nariz, otra de los ojos y de
ambos juntos.
Así, asigna a cada fotograma una secuencia de símbolos:
por ejemplo, 143008000000121002000002, para cada segundo
de filmación.
Como luego aplica estadística multivariada a estas
codificaciones, lo que obtiene es un estudio de la similitud o
diferencia de esas secuencias simbólicas.
Las objeciones a este sistema son al menos dos. Por un
lado, el uso de estadística multivariada como elemento que

68 Golani, Ilan., 1973, Non-metric analysis of behavioral interactions


sequences in captive Jackals (Canis aureus, L. ), Behaviour, Vol. XLIV
- Partes 1-2, pp. 89-112.

86
pretendidamente automatiza la interpretación de los resultados,
sólo agrega un factor de incertidumbre. ¿Qué significa un factor
principal, o un análisis cluster de estos códigos? Y
seguidamente: ¿cómo interpretamos una descripción basada
en subconjuntos disjuntos, que responden a distintos criterios
de segmentación?
En ambos ejemplos, los autores codifican sobre
registros de imágenes, trasladando dicha codificación al
observable.

A diferencia de estos autores, para nosotros la codificación


retiene descripciones de la representación en cuestión y no el
observable mismo. Cum-ple una doble función: por un lado,
hacer que dichas descripciones sean claras, sin superponerse
ni dejar dudas en aquel que las confronta; y por otro, hacer
explícitos los mecanismos y marcadores de contexto por los
cuales un autor afirma que determinada serie de movimientos
componen un acto que se corresponde con la definición A, y
sólo con ella.

Función de la descripción

La función de un código es hacer explícitas las condiciones


de una descripción: hacer identificable, por parte de quien lo
consulta, el referente al que se remite el autor. No se trata
entonces de un resultado. La codificación no es el final de
una labor de investigación. Es un medio para perfeccionar
nuestras descripciones. Es decir, para optimizar nuestro
desempeño como observadores.
Un código expresa el esquema desde el cual se distingue el
conjunto de marcadores de contexto que le permiten al
operador distinguir un acto de otro.
Como un segundo eco de la anatomía comparada en la
etología (el primero es la instancia fundacional, cuando K.

87
Lorenz pasa los métodos de una disciplina a otra), los primeros
elementos en un código pueden ser los que describen las
partes del cuerpo de un animal y aquellos observables que
hagan a la identificación de la pauta. Si bien en antropología
son muchos los ejemplos a los que podríamos recurrir, no son
menos numerosas las experiencias procedentes de la zoología.

Veamos el caso de un tetrápodo, un código básico segmenta


la descripción según corresponda a:

1 Cabeza 2 Orejas
3 Boca 4 Pata delantera izquierda
5 Pata delantera derecha 6 Pata trasera izquierda
7 Pata trasera derecha 8 Lomo
9 Pelaje 10 Emisión y tipo de sonido
11 Micción 12 Defecación
13 Sujeto 14 Objeto
15 Área del animal-objeto 16 Antecedente
17 Antecedente en la 18 Estatus
interacción

Figura 8: Esquema descriptivo para la


formulación de un código

88
Esta segmentación sigue el esquema descriptor / rasgo /
atributo aplicado por uno de nosotros (Lahitte et al ,1993, op.
cit.; Daciuk y Lahitte, 1984)69.
Seguidamente, para cada uno de estos elementos del código,
se define un conjunto finito de estados posibles. Por ejemplo,
una pata puede estar estirada, plegada o flexionada, describiéndose
(con imágenes y texto) cada una de estas situaciones.
Así, a la segmentación inicial, agregamos ahora un proceso
de digitalización, en el que un continuo de cambios es reducido
a un conjunto de estados. Este tipo de codificación puede
asumirse como implícita en muchos trabajos. Si bien los
autores no formalizan los elementos y los estados, describen
desde este esquema. De la lectura de los etogramas así
estructurados, es decir, sin códigos explícitos, resulta que es
sumamente difícil, a veces imposible, poder distinguir aquello
a lo que el enunciado se refiere.
Se codifican actos de conducta sin indicar qué partes se
tomaron en consideración para acceder a tal interpretación.
Por lo general, este «desmembrar» lo observado en partes,
puede dar algún resultado si el que describe indica para cada
definición la situación de cada una de las partes en que ha
descompuesto su observable.
Para la descripción de secuencias interindividuales, la
primera distinción realizada es entre actor y receptor. Es decir,
se establecen categorías de actor y de receptor. Para los actores
se pueden indicar sexo o grupo de edad. Los receptores pueden
categorizarse del mismo modo, e incluso puede asignarse como
«receptor» determinadas configuraciones del ambiente: la
comida, la madriguera, individuos de otra especie con los que
interactúa, etc.

69 Daciuk, J. Y Lahitte, H. B., 1984, Guía para la codificación de los


caracteres exosomáticos de las aves y de datos complementarios para
su aplicación en los estudios etológicos: fundamentos teóricos y
metodológicos, El Hornero, XII, 3: 176-183.

89
Pueden también discriminarse áreas del cuerpo en los
receptores, por ejemplo, hacia las que se dirige exploración.
En todos los casos, el objeto del acto es parte de lo que
define su significación, con lo que esa segmentación del medio,
también es parte de los procesos que el operador protagoniza.
Dentro de la definición de la pauta, es conveniente indicar
cuales son las pautas-contexto de la misma: las anteriores y
las posteriores. (Lahitte, Hurrel y Malpartida, 1993, op. cit.;
Ferrari, en prensa)70.
Si bien esto puede no participar de la definición estricta de
«un acto», este contexto temporal es también un elemento que
empleamos para asignar significación. Esta noción de secuencia
es la que empleamos cuando construimos un diagrama de flujo,
a manera de estructura estocástica de la conducta.
En estos diagramas, los actos quedan definidos como nodos.
La sucesión de pautas es representada con un grafo orientado,
por lo que un acto se identifica no tanto por su estructura, sino
por la calidad y cantidad de transiciones con otros actos.
En esta extensión del concepto de entorno podemos
reconocer dos calidades de acto antecedente: aquellos que
realiza el mismo actor y los que realizan otros.
En el primer caso, el antecedente es un nodo en un grafo
que refleja las acciones de un individuo. En el otro, ambos
son nodos en un grafo que refleja interacciones entre
individuos.

Figura 9: A la izquierda, grafo para la sucesión de


actos de un individuo; a la derecha, para la sucesión
de actos entre distintos individuos (1 y 2).

70 Ferrari, en prensa, Acto y secuencia : apuntes para una lógica de la


acción, Revista PINACO, aceptado para su publicación.

90
Así, estos elementos (sujeto, objeto, antecedente en la
secuencia, antecedente en la interacción) son algunos de los
marcadores de contexto que el operador emplea para asignar
significación a un acto, y deben agregarse al código, en la
medida que el código simula los procesos de ese operador en
el curso de la identificación.

En otro lugar, realizamos una (re) interpretación del texto


de Malinowski «La vida sexual de los salvajes del noroeste de
Melanesia...» (Lahitte y Hurrell 1990)71. Reformulamos las
descripciones a partir de dos códigos digitales, uno a partir de
quinografías, (Birdwhistell, 1979)72 y otro verbal.
A partir de ambos códigos, se realizó la reconstrucción del
referente.

Un código es, entonces, el término que designa las


operaciones del observador según un registro explícito
(Lahitte, 1981)73.
Por lo tanto, definido cada elemento del código, y para
cada elemento un conjunto de estados posibles, la codificación
de un acto deberá contener «valores» para cada elemento
presente en el código. Estos reflejan la actividad del
observador, al generar la distinción del acto y recortarlo de su
interacción con el observable.
Estos estados posibles son una codificación que permitirá
por un lado cerciorarse de que todos los actos estén definidos
desde la misma plantilla, un reflejo del marco conceptual del
autor y del recorte que aplica; y por otro, comparar los actos

71 Lahitte y Hurrell, 1990, Ideas sobre conducta y cognición, Ediciones


Nuevo Siglo, La Plata, Argentina.
72 Birdwhistell, R. ,1979, El lenguaje de la expresión corporal, Gili Ed.
Barcelona, España.
73 Lahitte, H. B., 1981, Aportes teórico-metodológicos al estudio del
comportamiento, Symposia, VI Jornadas Argentinas de Zoología, pp.
201-221.

91
como cómputo de rasgos explícitos, y no desde «opiniones» no
formalizadas que califican sin justificar y fundamentar.

El problema de la digitalización

Una codificación como la propuesta, da una configuración,


una posición de las partes del cuerpo del referente en cuestión,
y su orientación hacia determinados elementos que el
investigador distingue en el ambiente al utilizar la definición.
Sin embargo, la conducta entendida como cambio no puede
agotarse en la descripción de una posición. Así, el observador/
descriptor, se encuentra ante un dilema: o bien codificar sólo
la postura promedio, inicial o final, o cualquiera elegida de
manera tal que caracterice a la pauta en cuestión, de un proceso
de cambio que a su vez él ha recortado antes de la actividad de
su observable, o de lo contrario complicar la codificación.
La primera alternativa, ya fue empleada por uno de nosotros
(Ferrari, 199374; Black y Ferrari, 199575), y los resultados
obtenidos permitieron depurar los etogramas e interpretarlos.
Sin embargo, este sistema (un comportamiento-una
codificación) no termina de satisfacer exigencias respecto del
encuadre teórico.
Para corregir esto, se agrega un elemento, que
denominaremos de estatus, destinado a indicar si el código
está describiendo una pauta, o un cambio como parte de un

74 Ferrari, H. R., 1993, Numerical method for the depuration and analysis
of ethograms, Resúmenes del 30th Annual Meeting of the Animal
Behavior Society, University of California, Davis, USA, 24 al 29 de
julio de 1993.
75 Black, P. y Ferrari, H. R, 1995, Etograma de la corzuela parda (Mazama
gouazoubira) : una descripción y análisis , Resúmenes de la Vª Reunión
Nacional de la Asociación Argentina de Ciencias del Comportamiento, 7,
8 y 9 de septiembre de 1995, San Miguel de Tucumán, Tucumán, Argentina.

92
subconjunto que describe una pauta. En este último caso, los
valores del elemento indicarán si se trata del principio, del final
de la pauta, o de un elemento interno.
La situación en la secuencia, quedará dada por el elemento
que indica el antecedente.

Estructura del código

Para la presentación y análisis de este inventario, para un


mamífero generalizado, los elementos del código serán:

1 Cabeza 2 Orejas
3 Boca 4 Pata delantera izquierda
5 Pata delantera derecha 6 Pata trasera
A fin de simplificar, izquierda
y para poder aplicar una técnica
7 Pata trasera derecha 8 Lomo
9 Pelaje numérica que se 10 Emisión y tipo de sonido todos los elementos
describirá más adelante,
11 Micción podrán presentar12elDefecación
valor «0», que en este esquema significa
13 Sujeto 14 Objeto
que no se considera para él un estado específico como parte
15 Área del animal-objeto 16 Antecedente
de la definición de la pauta descripta: dicho componente del
17 Antecedente en la interacción 18 Estatus
código puede mostrar cualquiera de sus estados en el transcurso
de la pauta que se codifica.

Estados para los elementos del código

A modo de ejemplo, se indica a continuación la estructura


del código empleado para el etograma del pecarí de collar,
Tayassu tajacu.

93
1 Cabeza 2 Orejas
Alta 1 Hacia adelante 1
Media 2 Hacia atrás
Baja 3 Pegadas a la cabeza 4
Moviéndose de lado 4
Moviéndose desde el lado 5
3 Boca 4,5,6,7 Patas
Abierta 1 Extendida 1
Cerrada 2 Flexionada 2
Masticando 3 Plegada 3
8 Lomo 9 Pelaje
Hacia arriba 1 Cresta erizada 1
Hacia arriba, curvado 2 Glándula erizada 2
De lado 3 Totalmente erizado 3
Hacia abajo 4 Sin erizar 4
10 Emisión y tipo de sonido 11 Micción
Con la numeración que se Con micción 1
emplea para describirlos; sin Con aspersión 2
emisión : S Sin micción S
12 Defecación 13 Sujeto
Con C Hembra 1
Sin S Cría 2
Macho 3
14 Sujeto 15 Área del animal-objeto
Hembra 1 Cabeza 1
Cría 2 Lomo 2
Macho 3 Flanco 3
Suelo 4 Abdomen 4
Comida 5 Genitalia 5
El mismo sujeto 6 Glándula 6
Pata delantera 7
Pata trasera 8
16 Antecedente en la 17 Antecedente en la
secuencia : se coloca el interacción : se coloca el
número de la pauta número de la pauta
18 Estatus
Pauta 1
Inicio 2
Parte 3
Fin 4

Un código de este tipo, configura una plantilla de descripción


(que requiere de una hoja pautada sobre la que se refleja el
análisis). Cualquier observable debe poder ser identificado en
los términos de ella, o debe cambiarse para abarcarlo.

94
Esta plantilla explica qué elementos emplea el descriptor y
cuales son las elecciones que realiza para arribar a la definición
de una pauta.
Así, el que recibe esa descripción conoce sus circunstancias:
por qué y como se arriba a ella y, más importante tal vez,
desde donde. Un código así construido permite la confluencia
de ambos sujetos, al posibilitar a ambos compartir el mismo
conjunto de distinciones.
Sin estas distinciones compartidas, el que confronta la
descripción debe suponer desde dónde y cómo se realiza. Este
tipo de suposiciones estorba, a veces hasta la invalidez, la
identificación del observable descrito.
Una vez codificadas las descripciones, puede operarse sobre
ellas de manera que se depure el etograma o se comparen las
pautas (Ferrari, en prensa).
La codificación, y el análisis del código, son entonces un
instrumento para dotar de coherencia al inventario, y asegurar
que el paso del inventario a su interpretación sea un paso genético,
en el que la interpretación es generada desde la descripción, y no
sólo la sucede, como graficamos en la figura 10.

Figura 10: El código como depurador del etograma

La formulación y publicación (en el sentido de hacer


público) de un código de este tipo implica acompañar las
conclusiones con los elementos conceptuales desde los que se

95
arriba a ellas. Casi una hoja de ruta que muestra los pasos
lógicos que se tomaron entre la observación , la descripción y
la interpretación.
Una herramienta que mejora las posibilidades de quien la
utiliza, de emular las observaciones que permiten al autor
realizar sus afirmaciones.
Este tipo de códigos hace «... explícitos los pasos seguidos
en los razonamientos de una secuencia explicativa» (Lahitte et
al ,1993, op. cit.). Este tipo de apoyatura del discurso, pone al
observador/descriptor en primer plano; en vez de considerarlo
ajeno al resultado de su accionar, asume ese resultado como
inseparable de las actitudes y decisiones que se tomaron hasta
llegar a él, rompiendo así con la «epistemología del fantasma»
(sensu Lahitte y Hurrell, 1994, op. cit.).

Uso de códigos en la comunicación humana

Si bien en un primer momento histórico los estudios


etológicos estuvieron vinculados a la Biología, el estado
actual del conocimiento, relaciona a ésta con campos del
saber difícilmente separables. Concretamente nos
referimos a los aportes que en estos últimos años han dado
la Psicología Experimental, la Lingüística, la Teoría de la
Información, la Antropología, la Kinésica, la Teoría de
Catástrofes, etc. Es más, resulta casi imposible hablar de
Antropología, en cualquiera de sus aspectos, sin
remitirnos, implícita o explícitamente, al comportamiento;
en particular, a la comunicación; expresión de un tipo de
interacción, que por las características que adopta, permite
resaltar las semejanzas y diferencias del hombre respecto
de otros seres vivos. No podemos desconocer, las tareas
emprendidas por estudiosos que desde distintas ramas de
las Ciencias Naturales, del Hombre y Humanas, han
intentado caracterizar, parcial o totalmente, distintos

96
sistemas de intercambio. Dando cuenta sistemáticamente
del comportamiento pautado, aspecto fundamental de la
conducta, mediante el cual hombres y animales participan
de un fenómeno que todos conocemos como comunicación.

La investigación científica exige, para el conocimiento


de la actividad comunicativa, contar con un aparato teórico-
metodológico que integre conjuntos de conocimientos de
origen diverso. Es realmente destacable la tarea que en este
sentido desarrollaron zoólogos, lingüistas, etnólogos y
psiquiatras, basta pensar en la obra de Konrad Lorenz, René
Thom, Gregory Bateson, Noam Chomsky y Ray
Birdwhistell.
No comentaremos ahora los pormenores de dichos estudios;
haremos énfasis en algunos de los aspectos tal vez mas
descuidados por dichos investigadores. Nos referimos al
conjunto de problemas metodológicos que surge como
necesidad de definir una forma de tratamiento y registro de
los datos que permita, por un lado, caracterizar sin ambigüedad
la realidad sensible, y por otro, dar elementos para validar el
procedimiento y el modelo con el que tratamos de interpretarla,
ya que en última instancia, redundará en beneficio de la
integración de los campos del saber antes aludidos.
Tal empresa queda justificada, debido al hecho de que
ciertos términos-nociones sólo pueden registrarse según
procedimientos específicos. A partir de ellos, se intenta
interpretar la realidad, presentando el pasaje que va de la
percepción de la misma, a su explicación. Es decir, especificar
los términos descriptivos con los cuales se transforma una
evidencia, una unidad de observación, una unidad de referencia
empírica, en dato.

Nuestra función es entonces la de componer y organizar la


posible autonomía o dependencia de nociones y términos,
como también las combinaciones que surgen, resultado de la

97
aplicación de las que llamamos «estrategias de observación»
del método de análisis descriptivo. La aplicación de este
método al comportamiento, es lo que aquí nombramos como
etogramática.

Como vimos antes, al referirnos a las cuatro preguntas de


Tinbergen, para muchos investigadores la pregunta
fundamental de sus estudios etológicos, gira en torno a la
posibilidad de probar si el comportamiento está pre-
programado biológicamente, mientras que para otros, el centro
de interés está muy vinculado al campo de la comunicación y
del lenguaje. Ambos reconocen conjuntos de disposiciones
que, aprendizaje mediante, dejan huellas o improntas
específicas, constituyendo algunos de los grandes temas de la
Etología: la agresión, el territorialismo, el altruismo, las
llamadas normas éticas.

Muchas son las condiciones por las que consideramos que


hablar de un punto de vista zoológico, antropológico,
lingüístico, etc. es una particularización que carece de sentido,
en tanto no tengamos una idea clara sobre la organización
metodológica con que queremos dar cuenta del
comportamiento. Esta diferencia sólo adquiere significación
en algunos casos, como referencia pormenorizada de un
aspecto de la realidad, y en otros, como recurso a ciertos aportes
teóricos o conceptuales. Tomaremos como punto de partida,
el conjunto de semejanzas, para poder en algún momento,
caracterizar las diferencias: posibilidad que se hace efectiva,
en la actualidad, gracias al fluido intercambio entre
investigadores adscriptos a distintas ramas del saber científico
natural.

Si bien es cierto, como afirmamos los antropólogos, que


el hombre es el único animal con cultura, no podemos
desconocer como naturalistas que éste, no es el primero

98
que ha sido social. Tanto para hombres como para animales,
cuando la sofisticación del trabajo nos lleva más allá de la
simple teoría del instinto o del aprendizaje, debemos aceptar
que existe interdependencia, entre los miembros de los
agrupamientos sociales. Se trate de unos o de otros, las
explicaciones atomistas no bastan para dilucidar el
comportamiento individual y el comportamiento de un
grupo. Aceptada esta perspectiva, podemos afirmar que los
distintos tipos de comportamiento componen un sistema,
mediante el cual, los seres vivos establecen una continuidad
vital previsible en pro de la mantención del equilibrio del
grupo.

Es realmente difícil encontrar trabajos de Etología que


no sean comparados. En cualquier texto de Lorenz
encontraremos capítulos enteros referidos a los modos de
interacción entre los hombres, como en cualquier obra de
Bateson, vemos la referencia que como antropólogo, hace
desde un primer momento, al comportamiento animal.
Bateson76, habla de la comunicación en cetáceos y otros
mamíferos, a propósito de los fenómenos de comunicación
pre-verbal.
Tanto para el campo de la Zoología, como para el de la
Antropología, este último logra establecer un marco teórico
para lo que él denomina análisis transaccional de la conducta,
que toma como punto de referencia la estructuración
jerárquica de la teoría del aprendizaje. Los términos
conducta, comportamiento, comunicación y aprendizaje, son
indisociables y casi condiciones primarias en todo estudio
etológico; ellos pueden ser concebidos como aposición de
elementos perceptibles, significativos para los miembros de
una especie.

76 Bateson, 1976, Mind and Nature: a necessary unity, New York, Mac
Millan., USA

99
Tal vez uno de los problemas más difíciles con los que
se enfrenta la Antropología (cuando realiza estudios
comparados), es aquel vinculado a las combinaciones que
se establecen entre comunicación analógica y digital.
Gregory Bateson (op. cit.) muestra que los delfines
sustituyeron los aspectos cinéticos de la comunicación
por lo para-lingüístico, especificando también como
determinados sonidos no nos resultan enteramente
ajenos, aunque no podamos deducir de ellos un
significado certero. Si es el hecho de tener en cuenta los
«patrones de una relación» lo que caracteriza la
comunicación humana, no es de extrañar que los
lingüistas no reconozcan en los delfines algo que pueda
ser llamado lenguaje. Estos mamíferos pre-verbales sólo
emplean en su comunicación lo que primariamente son
señales. Los seres humanos, en cambio, nos vinculamos
según conexiones puramente convencionales y arbitrarias
respecto de una clase cualquiera, lo que promueve una
situación especial.
Muchos investigadores cometen el error, en su intento
por clasificar, de confundir el nombre con la cosa nombrada.
Es precisamente en Etología, donde este error puede
conducir a interpretaciones distorsionadas, en tanto
basamos nuestros argumentos sobre analogías parciales que
ponen en relación un discurso formal, lógico, y el mundo
de los fenómenos. Por otra parte, es frecuente que se
traspongan sin justificación alguna, designaciones
específicamente humanas para caracterizar o explicar
fenómenos de otro orden, por ejemplo, zoológico. Lorenz
en su libro sobre la agresión 77 , dice a propósito de la
conducta de los perros: «Primeramente, se trata de apreciar
lo mejor posible los estímulos de diverso significado que

77 Lorenz, K, 1981, Sobre la agresión : el pretendido mal, Siglo XXI


editores, 11ª ed. 1981. México, México

100
contiene la situación. ¿Tiene miedo mi perro del otro, y en
qué grado? ¿Lo odia, o bien lo respeta como a un amigo
superior en edad o «jefe de la manada»?

Las formas de registro

A partir de lo dicho, presentaremos una organización


lógico-semántica como guía para la transformación de las
unidades de referencia empíricas, en unidades de referencia
lógicas. Esto permitirá, por combinación, detectar lo que se
dice exigencia fundamental de todo etólogo: observar y
registrar una pauta de comportamiento, un cambio, la clase
de cambio y el proceso que lo incluye. De esta forma
estaremos en condiciones de establecer una verdadera
jerarquía de contextos, dentro de los cuales, el aspecto
comunicacional o émico de los fenómenos, lleva siempre al
hombre de ciencia a buscar la explicación en unidades cada
vez más amplias.

La organización conceptual propuesta, compone lo que


denominamos estrategias de observación, como condición
o herramienta metodológica, que ayuda al investigador en
su tarea de reconocimiento y caracterización del observable.
Frecuentemente está teñida por hábitos lingüísticos y
visuales que se interponen como filtros, no permitiendo por
momentos extraer la unidad de referencia empírica, el dato,
que a modo de unidad lógica pretendemos aislar. Esta
organización no posee más que una conexión puramente
convencional y arbitraria con la clase que designa. El
respaldo de la misma se fundamenta en que damos prioridad
a la traducción, como el proceso de codificación y
decodificación entre significados y señales, que involucran
desde luego, una percepción psicológica de configuraciones
que vendría a componer algo así como una Gestalt de la

101
conducta situacional. El punto de vista de la Antropología
es en este sentido complejo.

Haremos explícito cómo describir una conducta que,


provisionalmente, llamaremos de comunicación.
Un registro completo de la interacción humana, debe tener
en cuenta la información retenida, por lo menos en tres grandes
códigos, siendo los principios de nuestro léxico los que dan
unidad lógica a los mismos. Estos son:

A) Discursivo
B) Visual
C) Paralingüístico, Kinésico o Cinético.

En el código discursivo, se registra según cuatro grandes


rúbricas el contenido de los discursos, entre sujetos de un
mismo o diferentes grupos. Su estructura es la siguiente: la
determinación de una

a) Fuente: registra el origen del juicio: ¿quién habla de quién?


b) Sintaxis: cada término es codificado por un cierto
número de caracteres, los cuales representan clases
incluídas en la Temática.
c) Temática: representa los temas tenidos en cuenta en el
discurso, determinando para cada uno de ellos si son
factor o producto.
d) Ontología: precisa la categoría del sujeto y del objeto
en relación con una secuencia.

Dicha estructura permite identificar y representar el


origen del juicio en un fragmento de discurso. distinguiendo
por ejemplo, los juicios de un individuo interrogado según
1) el grupo opuesto; 2) su propio grupo y 3) su propia
persona. El flujo o fuente de un juicio es a este nivel (en el
código), independiente de su contenido (aspecto de la
interacción humana que como veremos puede ser adecuado

102
y compatible con otros). En un caso cualquiera, si
representásemos con X al que dice que Y, dice que X es
agresivo, podemos concluir que X habla de Y juzgando a
X, esquematizando:

X Y X

A esto adjuntamos un círculo o un triángulo, si X o Y son


mujeres u hombres. Lo que permite identificar en un caso si
un hombre puede decir que una mujer dice de un hombre algo,
cosa que en otro grupo, otra cultura, puede estar prohibido
(son las mujeres las que hablan). Si a esto además agregamos
que hombres y mujeres pueden ser locales o extranjeros, se
podrá particularizar mejor la situación.
Como en este código existe una rúbrica que es
Temática, estaríamos evaluando también, cuál es el
contenido de la conversación, según grandes parámetros,
que incluyen en clases, los que en la misma funcionaron
como factores o productos del tema. En un ejemplo:
«Dimos dinero a ellas porque son buenas’’, determinamos
una clase: económica, y un parámetro tipo de relación;
las relaciones son el factor (F) + que permite la existencia
de un producto (P) +.

Finalmente por la entrada de este código, estaríamos en


condiciones, con los aportes ontológicos, de agregar
información respecto de la edad de los participantes, estado
civil, relación parental, etc., precisando en cada caso,
cuántos son los sujetos que componen la relación estudiada
y escribiendo bajo la forma de fracción, como numerador,
la posición del agente, como denominador, la del objeto, y
con números la cantidad de ellos que intervienen. Por
ejemplo: «Un niño agrede a varias niñas», quedaría
representado por

Δ1 / Θn

103
Siendo en este caso
1: el niño que agrede
n: número indefinido de niñas

Las hojas analíticas en las cuales registramos la


descripción, incluyen como referencia, tiempo y lugar de la
interacción.
Como podemos ver, con este código, sólo estamos dando
cuenta de un aspecto del comportamiento, expresado a nivel
lingüístico, con el que de ningún modo y según ninguna
reducción, excluye otros aspectos de la realidad, en todo caso
complementarios de ésta. Nos referimos concretamente a las
unidades que componen un código Visual (B): imágenes
fílmicas, videos, dibujos, fotografías, etc. y otro Paralingüístico
(C) en el que se organiza la descripción de las distintas partes
del cuerpo.

La existencia de estos códigos, toma en consideración que


el movimiento corporal es una forma aprendida de
comunicación, representada en forma particular por cada
cultura. Entre los humanos la incorporación de gestos y
palabras, no se da como un simple agregado, sino en forma de
pautas, que son analizables como un sistema ordenado
compuesto por elementos diferenciales (por ejemplo, se han
llegado a aislar 250.000 posiciones significativas del rostro)
y finalmente, que su aspecto integrador mantiene al sistema
funcionando, lo regula interactivamente, lo adscribe a un
contexto particular y muestra cómo éste es sólo una situación
de un contexto más amplio.
Las flechas indican las partes interactuantes para los
individuos X e Y, en un mismo contexto.
Para la representación de estos movimientos, necesitamos
segmentar el observable, a fin de dar cuenta de él. Para ello,
primero debemos orientarlo (en verdad, orientarnos respecto
de él).

104
Figura 11: Descripción esquemática

Figura 12: Orientación y segmentación del observable

Hecho esto, pasamos a distinguir nuestros descriptores.


Aquí, a modo de ejemplo, mostramos un brazo, el tronco y
una pierna, y los distintos estados para cada uno:

Figura 13: Estados de un descriptor; el brazo

105
Figura 14 a: Estados de un descriptor, la pierna

Figura 14 b: Estados de un descriptor, la pierna

I n t e n t a m o s c o n n u e s t r a o rg a n i z a c i ó n l ó g i c o -
semántica, establecer ciertas correspondencias entre
lenguaje y movimiento corporal, tanto en contextos
naturales como experimentales. En otras palabras, hacer
evidente la interdependencia entre comportamiento
visible y audible.
Las unidades (términos, rasgos, atributos) que componen
los códigos son multifuncionales y poli-relacionales, su
significado se hace evidente por contraste: en un nivel y con
una función. Cada nivel de actividad es discontinuo y está
compuesto por series de elementos (términos menores) que
por sí solos no tienen valor, pero ensamblados en un tiempo
de observación y sobre una hoja de análisis con la que comienza
la descripción propiamente dicha, la realidad se hace más clara.

106
El proceso comportamental, como vemos, modifica el «orden
de ocurrencia» de los términos del léxico, haciendo original o
recurrente cada situación estudiada.

Uso de códigos en la descripción del comportamiento


agonístico en cerdos de criadero. Estudio comparado de
inventarios parciales

Tal como hicimos en nuestro anterior desarrollo (Lahitte,


Ferrari y Lázaro, 2002) 78 analizaremos mediante el uso de
códigos dos etogramas parciales referidos a comportamiento
agonístico, tomando como casos de aplicación dos
inventarios parciales referidos a comportamiento agonístico
en cerdos de criadero: el de Mc Glone (1985) 79 y el de
Jensen (1980) 80 . Este último consiste en las siguientes
descripciones:

1 Parallel pressing: los cerdos se paran lado a lado y se


empujan fuerte con los hombros uno contra otro, lanzando
la cabeza contra el cuello o la cabeza del otro.
2 Parallel pressing-cum-bite: igual que el anterior, pero con
mordiscos dirigidos hacia, o alrededor de, la cabeza, orejas
y flanco del otro.
3 Inverse parallel pressing: los cerdos se colocan frente a
frente y luego empujan sus hombros duramente uno contra

78 H. B. Lahitte, H. R. Ferrari, L. Lázaro, 2002, Sobre el Etograma, 1:


Del etograma como lenguaje al lenguaje de los ecogramas, Revista
Etología, vol. 4, parte 2, pp.129-142.
79 Mc Glone, 1985, A quantitative ethogram of aggressive and submissive
behavior in recently reagruped pigs, Journal of Animal Sciences. ; vol.
61, n. 3, 559 565.
80 Jensen, P. ,1980 , An ethogram of social interaction patterns in group
handed dry, Applied Animal Ethology, 6, pp. 341-350.

107
el otro, echando la cabeza contra el cuello y flancos del
otro.
4 Head to head knock: una rápida acometida ascendente o
lateral con la cabeza o el hocico contra el cuello, cabeza u
orejas del otro. Con la boca cerrada.
5 Head to head knock cum bite: Como el anterior, con mordiscos
dirigidos a cabeza, orejas o cuello. Con la boca abierta.
6 Head to body knock: una rápida acometida descendente o
lateral con la cabeza o el hocico contra cualquier parte del
cuerpo detrás de las orejas. Muchos de los golpes se hacen
contra la mitad anterior del receptor. Con la boca cerrada.
7 Head to body knock cum bite: como el anterior, pero con
mordiscos. Con la boca abierta.
8 Levering: El cerdo pone su hocico debajo del cuerpo de
otro cerdo (en todos los casos observados desde atrás) y lo
levanta en el aire.
9 Nose to nose: El hocico del cerdo se aproxima al hoci-co,
cabeza u orejas de otro cerdo y, usualmente, hay al menos
un corto contacto físico.
10 Nose to body: El hocico del cerdo se aproxima a cual-quier
parte del cuerpo detrás de las orejas, aparte del área genital,
de otro cerdo. Usualmente hay al menos un corto contacto
físico.
11 Anal-genital nosing: La nariz de un cerdo se aproxima a
la región genital de otro. Usualmente con contacto físico.
12 Head tilt: El cerdo baja su cabeza y la mueve lateral-mente
en dirección a otro cerdo. Usualmente retiene esa posición
por unos pocos segundos.
13 Withdrawing: el cerdo se mueve alejándose de otro cerdo
rápidamente, con la cabeza alta. El movimiento es
general-mente acompañado por un estridente chillido.

Mc Glone (1985) presenta otro etograma que codifica en


una tabla, con elementos mutuamente excluyentes, cuya
transcripción es:

108
Orientación Nombre
1 Se enfrenta uno a otro Enfrentados
2 Ambos cerdos lado a lado Lado a lado
3 Ambas cabezas arriba Cabezas arriba
4 Los cerdos se apartan Cerdos apartados

Blanco de las mordidas


5 La cabeza menos las orejas Mordisco a la cara
6 Cada oreja Mordisco a las orejas
7 Cuello u hombros Mordisco al cuello
8 Detrás de los hombros Mordisco al cuerpo
9 Parte posterior del cuerpo Mordisco al anca

Empujones dados con cabeza u hombros


10 A cabeza-cuello-hombros Empuje anterior
11 A cuerpos-anca Empuje posterior

Estrategias de pelea
12 Saltar con las patas ante- Salto a la cabeza
riores en la cabeza/cuello
13 Empujar con la cabeza de- Empuje bajo la cabeza
bajo de la cabeza del otro
14 Interferencia de un tercero Interferencia
15 El atacado gira 180º Volver el cuerpo

Este etograma es diferente del anterior: aquí clasifica


algunos ataques según la posición del cuerpo, y otros según el
blanco de los tarascones y los golpes. Agrega, bajo el subtítulo
«Estrategias», una serie de cosas distintas de la descripción
de actos.
La «mutua exclusión» de las categorías no es evidente:
cualquiera de los ataques de grupo 2 y 3 puede darse en las
posiciones del grupo 1.

109
Estudio comparado de los inventarios

La elección de uno de estos etogramas requiere que se los


pueda comparar, para decidir si es posible estructurar algún
tipo de equivalencia: en el trabajo de Mc Glone (1985), juntando
Orientación con Blanco de los ataques, obtenemos
descripciones equivalentes a las de Jensen (1980). ¿Es esta
equivalencia completa? Es decir, cada par en Mc Glone (1985)
¿tiene correspondencia con uno y sólo uno de los elementos
en Jensen (1980)?
Esta comparación puede realizarse en una tabla:

Tabla 5: correspondencias entre los inventarios


parciales de Jensen (1980) y Mc Glone (1985)

110
Es decir, los etogramas no son equivalentes: hay
elementos sin equivalencia alguna ( 9 a 12 de Jensen (1980)
y 4, 3, 12, 14 y 15 de Mc Glone (1985)) y la equivalencia
no es uno a uno (o uno en Jensen (1980) por un par en Mc
Glone (1985)).
Jensen (1980) agrupa blancos, que Mc Glone (1985)
segrega. Sólo que esa segregación no es consistente: para
los mordiscos distingue cinco blancos, en tanto que para
los cabezazos, sólo dos. Es decir, no discrimina los mismos
blancos para distintos ataques. De ser así, estando el
blanco en movimiento, ¿tiene sentido distinguir la oreja
como un objetivo específico? Bien podría suceder que el
tarascón haya sido lanzado a la cabeza, dando por delante,
en o detrás de la oreja, según se estuviera moviendo o no
el atacado.
También dan en la cara y, cuando pueden, sujetan. Por otra
parte, existe un mordisqueo de oreja en crías y juveniles que
no forma parte del contexto agresivo, y que no podría
segregarse según Mc Glone (1985).
Finalmente y a modo de comentario crítico, este autor
descompone los actos en forma inconsistente, por ejemplo en
Orientación, los ítems 1 y 2 se combinan con los de Blanco de
mordidas y Empujones dados con cabeza u hombros, en tanto
que los elementos 3 y 4 de orientación no se combinan con
ninguno de estos. La categoría Estrategias de pelea, no puede
descomponerse en ninguno de los elementos de los tres grupos
anteriores.
En su estudio, Mc Glone (1985) menciona a «recibir un
golpe» como pauta. Esto es, ser sujeto de la acción de otro, es
estar actuando.
Jensen (1980) parece más consistente, pues describe actos,
sin descomponerlos, y de manera que pueden ser claramente
identificados. En los estudios posteriores, el mismo autor no
discrimina las variables cum bite (con mordisco) de las que
sólo son golpes.

111
Si aplicamos a estas descripciones de Jensen (1980) un
código numérico obtenemos un tipo de discriminación que
permite interpretar el inventario.

El código empleado es el siguiente:

A Posición del actor respecto del receptor: 1 detrás, 2 delante,


3 de lado
B Área del cuerpo a la que se dirige la acción: blanco 1
(cabeza, orejas y cuello), blanco 2 (cuerpo por detrás de
las orejas) blanco 3 (genitales) blanco 4 (hocico), blanco 5
(blancos 1 y 2 juntos).
C Con mordida o sin ella: 1 con, 2 sin.
D Si hay golpe, su dirección: 1 ascendente o 2 lateral.3, ambas,
4 Sin golpe.
E Parte del cuerpo del actor que interviene: 1 cabeza y hocico,
2 hocico, 3 cabeza y hombros.

Con estos cuatro elementos de código, podemos


sistematizar las descripciones.

Tabla 6: Sistematización de las descripciones


para el inventario de Jensen (1980)

112
Desde esta tabla, podemos codificar las descripciones:

Tabla 7: Codificación del inventario de Jensen (1980)

Sobre esas codificaciones, se aplican estadísticos de


distancia, del tipo de los empleados en taxonomía numérica.

Se comparan las pautas por pares, definiendo una función


d(i,j,k) , donde i y j son pautas descriptas (y ya codificadas) y
k es el número de elementos del código.
La comparación es la operación de asignar uno de dos
valores, 1 o 0, a d(i,j,k) según la siguiente regla:

i(k)<>j(k)  d(i,j,k) = 1
i(k)=j(k) ∨ i(k)=0 ∨ j(k)= 0  d(i,j,k) = 0

es decir que el elemento d(i,j,k) vale 1 si el valor de ese


elemento k del código es diferente en ambas pautas, y 0 si es
igual, o si al menos una de las veces vale 0.
A partir de esta función, definimos otra, D(i,j):

D(i,j) = Snk=1 d(i,j,k)

113
Lo que queda después de esta operación es una matriz de i
líneas por j columnas, donde cada elemento D(i,j) indica en
cuantos elementos del código se diferencia el par de pautas (i,j).

Matriz de distancias

Tabla 8: Distancias entre pautas codificadas,


para el inventario de Jensen (1980).

La matriz de la tabla 8 está describiendo una hipernube,


cuyo máximo número de dimensiones es k, esto es, el número
de elementos del código. Para interpretar el etograma, lo que
necesitamos es una manera de exponer algún orden de las
pautas en esa nube.
La que emplearemos aquí es tomar aquellos pares de pautas
que muestren el máximo D(i,j), formando con elementos de
distintos pares un conjunto A, definido por la siguiente regla
de pertenencia:

Luego escogemos de A un subconjunto B tal que sea el de


menor distancia promedio de todos los conjuntos formables

114
con los elementos de esos pares (es decir, el conjunto de los
elementos más próximos entre sí) y que sus elementos estén
en el mayor número de cuplas de máxima distancia de todos
los elementos de A que cumplan la condición anterior.

Una vez generado el subconjunto B, formamos un eje


promedio de B:

EP(i) = Snb=1 D(i,b) / n

Donde i es un elemento del etograma, b B, y n = número


de elementos de B. En este eje, el valor EP(i) indica cual es la
distancia promedio del elemento i a los elementos de B.
La distribución en este eje se hace exclusivamente por
similitudes de descripción.
ε ε B ↔(i,j) ε A ^ D(i,j) = min(A)
(i,j)

Tabla 9: Eje promedio para el inventario de Jensen (1980).

Este eje promedio se estructura tomando las pautas más


alejadas entre sí (ver tabla 11) y calculamos las distancias de
todas las demás, a estas. Es decir, re-escribimos la matriz de
distancia, de manera de dar la situación de las pautas, por su
semejanza entre las que estás más separadas. Esto equivale a
proyectar cada pauta sobre el eje mayor de la hipernube; ese
es el eje promedio. De la aplicación de esta herramienta a
nuestro caso resulta:

115
0
0. 5 Levering, Anal-genital nosing
1
1. 5
2
2. 5 Nose to nose, Nose to body
3
3. 5 Head to head knock
4 In. parallel pressing, Par. pressing, Head to body
4. 5 Head to head c/bite
5 Parallel cum/bite, Head to body cum bite
Jensen (1982/1983)81 presentó un trabajo, donde ordenaba
las pautas según un gradiente agresión-neutralidad (Jensen,
1982/83). En este segundo trabajo, Jensen no diferencia las
variables con mordisco de las sin mordisco.
1-3Agresivo
6
4
9
10
11 Neutral
Y de la aplicación de la técnica numérica, surge el siguiente
ordenamiento de las pautas según un eje promedio:

Tabla 10: distribución de las pautas en el eje


promedio, para el inventario de Jensen (1980)

81 Jensen, 1982/83, An analysis of agonistic patterns in group-housed dry


sow, Aggression regulation through an «avoidance order», Applied Animal
Ethology, vol.9 , pp. 47-61.

116
Con lo que podemos realizar una comparación del
ordenamiento de pautas según la interpretación de la matriz de
interacciones y según el método numérico.

Tabla 11: Comparación del ordenamiento


por interacciones y por eje promedio, para
el inventario de Jensen (1980).

Este último ordenamiento muestra consistencia: en ambos


casos, 6, 3 y 1 son las más agresivas, 4 es intermedia, y 9, 10
y 11 son neutras. Así que bien podemos proponer que el otro
ordenamiento, el total, es correcto: y el total, da las variables
con mordisco como las más agresivas. Es imposible aplicar
este mismo análisis al etograma de Mc Glone (1985), por las
inconsistencias antes mencionadas entre ambos inventarios.
Pero surge una manera de comparar ambos inventarios: ahora
las descripciones de Jensen (1980) se han segregado en con
mordisco / sin mordisco, que es una de las principales variables
tenidas en cuenta por Mc Glone (1985).
Estudios posteriores han mostrado que, efectivamente, la
segregación en con mordisco/sin mordisco puede observarse
en las interacciones, correspondiéndose estrechamente con el
grado de parentesco, o al menos de familiaridad: los miembros
de la misma camada no son mordidos.
De esta forma, el uso de un código, y el conjunto de
operaciones que hemos propuesto sobre él (formación del eje
promedio) permiten depurar la estructura del inventario parcial,
y arribar a una comparación con otro. El código, al depurar
matices, permite hallar en el lenguaje del etograma una

117
estructura para las descripciones que orienta, en forma efectiva,
la investigación posterior.

La marcha como ejemplo de aplicación

Una de las cosas más esquivas en la descripción de patrones


de comportamiento es la referida a los tipos de marcha. Por lo
general, las descripciones no permiten comparar los tipos de
desplazamiento; se requiere un tipo de codificación especial,
o se termina cayendo en descripciones del tipo más rápido
que o más lento que.
Un procedimiento frecuente, consiste en esquematizar las
posturas durante la marcha, a partir de filmaciones o fotografías
seriadas(Figura 15 ).

Figura 15: Marcha en cerdo, realizada a partir de


un registro fílmico. Ilustración de H. O. Capristo.

A partir de estas ilustraciones, se indica qué pata está en


contacto con el suelo para cada una de ellas.

118
Figura 16: Esquema de marcha, realizado a partir
de la Figura 15. Los círculos negros indican
patas en contacto con el suelo.

Las posibles inconsistencias (los dos primeros esquemas


muestran la misma posición) son un artefacto de la técnica: la
manera en que se segmenta la filmación, para su elaboración,
no logra mostrar la coordinación durante el desplazamiento.

Se han propuesto otros sistemas, notaciones, con énfasis


en la coordinación. Comentaremos aquí el de Cocatre-Zilgien82,
en el que cada postura se enuncia en términos de qué patas
están en contactos con el suelo; a su vez, el paso entre posturas,
que es ordenado, completa la descripción al dejar indicado el
sentido y tipo de la marcha.

En esta propuesta, a cada extremidad interviniente,


contando de adelante a atrás, y empezando por la izquierda, le

82 Cocatre Zilgien, J. H. & Delcomyn, F., 1993, A new method for depicting
animal step patterns, Anim. Behav. , 45, 820-824, Short Comm.

119
asignan una potencia de dos: la pata delantera izquierda de
una rata es 20, la izquierda trasera es 21, la derecha delantera
es 22, y la trasera derecha, 23. Así, las patas son 1, 2, 4 y 8.
Entonces, para cada configuración de patas apoyadas que se
da durante la marcha, sumo los valores de las patas
involucradas: si el animal las tiene todas en el aire, el valor es
0. Si las tiene todas en el suelo, es 15. Si tiene, por ejemplo, la
delantera izquierda y la trasera derecha en el suelo, es 9. Con
una insecto, seis patas, los valores son 1, 2, 4 ,8, 16 y 32, y
funcionan exactamente como en el caso de tetrápodos. Los
autores ordenan todas las posibles configuraciones, colocando
arriba «ninguna pata en el suelo» y abajo «todas las patas en
el suelo».
Para el caso de un tetrápodo, simbolizando pata en el suelo
como un recuadro lleno, y pata en el aire con un recuadro
vacío, el esquema es el representado en la Figura 17.

Figura 17: Notación para las patas de un


tetrápodo, según estén o no en contacto con el
suelo. Modificado de Cocatre-Zilgien ,op. cit.

120
Para graficar cualquier tipo de marcha, une cada
configuración a la que sigue con una línea. Entonces, describe
el ciclo de la marcha con un grafo. Podría agregar en cada
vértice del grafo un valor que indique cuanto tiempo dura
cada configuración (cuanto está ese conjunto de patas en
el suelo), pero en realidad, eso le haría perder riqueza: sin
eso, las distintas gráficas de los distintos tipos de marcha,
ponen en clara evidencia que los tipos de marcha no son
cuestión de tiempos, sino de secuencias, esto es, de
coordinación motora.
En el caso de las cuatro marchas observadas en
pecaríes, el sistema permite graficarlas como se muestra
en la figura 18.

Figura 18: Tipos de marcha descriptos. Tipo I: caminar.


Tipo II: trote. -Tipo III: Galope. Tipo IV: galope rápido.

La descripción de los grafos resulta de anotar una tras otras


las configuraciones que se dan en el desplazamiento:

Tipo I, caminar: 07-15-14-15-11-15-13-15


Tipo II, trote: 09-15-06-15
Tipo III, galope:15-10-15-11-5-14-15
Tipo IV, galope rápido: 10-00-04-05-15

121
Este mismo esquema es generalizable para distintos tipos
de seres vivos, con distinto número de extremidades
locomotoras. Fue utilizado por estudiantes de la cátedra de
Etología (Facultad de Ciencias Naturales y Museo,
Universidad Nacional de La Plata, Argentina), orientados por
C. Arrigó, en la elaboración de etogramas parciales.
Mostramos aquí los esquemas descriptivos para fócidos y
pinnipedos, mamíferos que tienen fusionadas las dos
extremidades posteriores, y para mono araña, que agrega
una cola prensil como órgano de apoyo.

Figura 19: La propuesta descriptiva de Cocatre


Zielgien, J. H. & Delcomyn, generalizada para
pinnipedos y focidos, según C. Arrigó.

122
Figura 20: La propuesta descriptiva de Cocatre
Zielgien, J. H. & Delcomyn, generalizada para
mono araña, según C. Arrigó.

El etograma y la investigación en comportamiento

El etograma actúa como una base de datos, desde la


cual definir aquello que se muestrea, o que se emplea como
variable durante un experimento.
Esta base de datos (el etograma), permite no sólo un mejor
diseño de las técnicas muestrales o experimentales, sino la
posibilidad de interpretar las reacciones del sujeto inmerso en
el entorno definido o construido por nosotros.

123
La ausencia de un etograma se suple, por lo general, con la
descripción de lo que se mide. Si bien esto otorga legalidad al
proceso de medición, dificulta la interpretación de la respuesta.
Así, ninguna de las dos técnicas de investigación (muestreo
y experimentación) solucionan la problemática de la descripción
que encara la confección de un etograma.
En la base de ambas debe haber, necesariamente, un
conjunto de descripciones, lo que requiere una secuencia
observación-registro-definición, por más que esta etapa se
considera naturalista, poco rigurosa o excesivamente
«observador-dependiente».

Reivindicación del observador

En el caso de la confección de etogramas, deben instalarse


al menos tres grandes temas: las técnicas de observación y
registro, la configuración de una base de datos que incluya
descripciones afines y teorías relacionadas, y la comprensión
de los procesos de razonamiento (inteligencia artificial) que
intervienen en el proceso de la investigación.
Nótese que estos tres conjuntos de aptitudes se acoplan a
los cambios de nivel lógico mencionados más arriba.
Las técnicas involucran el entrenamiento del observador
en conductas que consuman el nexo observador/observado
(Obser-Ent; Lahitte et al., 1988) 83, y por lo general se
consideran junto con las de registro.
La adquisición y manejo de la base de datos puede asimilarse
a la enseñanza impartida típicamente, por lo general, bajo la
forma de una sucesión de anécdotas.
El tercer componente (dentro del que se inscribe el presente
discurso) implica una comprensión integral del fenómeno.

83 Lahitte, H. B. , Hurrell, J. & Malpartida, A., 1988, Relaciones : de las


idas de la ecología a la ecología de las ideas, La Plata, Mako Editora.

124
El etograma como producto de un análisis

Para analizar el papel que cumple el etograma en la


investigación, partiremos de una óptica que niega su posibilidad:
los trabajos de Gallo, sobre la noción de acto.
Gallo84 insiste en que es imposible aislar una cosa llamada
«acto» del flujo ininterrumpido de acción que es la vida de un
animal. Por esto, la distinción (definición) de actos en ese flujo,
implica ya una digitalización, un proceso de igualar lo
diferente, de hacer que cosas que son por única vez, se
consideren como expresiones de una misma regulación,
repeticiones de un mismo esquema, realizaciones de una
«misma» relación S/O.
Esta nivelación, debe entenderse como una necesidad de
nuestro tipo de discurso: no habría elaboración científica
alguna en etología (al menos, en lo normalmente llamado
«etología») sin la noción de acto o una equivalente.
Un etograma es el equivalente lógico de la fórmula
porcentual de una proteína. Decir qué proporciones de cada
aminoácido forman una determinada enzima, es sólo una
parte de la descripción. El resultado final (la acción
enzimática) tiene que ver con la manera en que esos
aminoácidos se unen entre ellos, se repliegan en el espacio,
y cambian de configuración en el tiempo. Esto es la
secuencia, y nos extenderemos sobre este tema en un
capítulo próximo.
De manera similar, el etograma no explica la conducta de
un individuo; cada pauta, cada acto de conducta definido,
esquematiza y describe una forma de relación S/O, un esquema
desde una perspectiva ego-céntrica de una forma de acople
(Org/Ent). La sucesión de esos acoples, la manera en que se

84 Merat & Gallo, 1980, La boite de Skinner : une situation complexe tant
qu’on reste dans la problematique de «l’acte», Bulletin de la Societe
d’Histoire Naturelle de Toulouse, marzo, tome 115, parts 3 y 4, pp 278.

125
ordenan en el espacio-tiempo y respecto del medio, es la
conducta a la que Gallo hace referencia.

Un etograma es una lista de las formas de relación del sujeto


con el medio (entiéndase que un comportamiento de limpieza
es, en última consideración, una forma de relacionarse, de
prepararse para relacionarse con el medio). Es una forma
analítica de acercarnos a la conducta. Requiere pues un
segundo movimiento de síntesis, de re-componer ese flujo
ininterrumpido de acciones. Este movimiento de síntesis puede
realizarse de distintas maneras.

Por ejemplo, De Trucios et al, op. cit. , en su etograma del


caballo, tratan de recuperar la conducta a través de comparar
las pautas según como se distribuyen entre los subgrupos de
individuos que discriminan en su grupo-objeto.

Colmenares y Rivero85, en su trabajo con osos en cautiverio,


reagrupan esas pautas a través de una matriz de sucesiones: el
número de veces que una pauta sigue a la otra expresa su relación.

Ruby & Niblick(1994) 86 presentan su «Inventario


comportamental de la tortuga del desierto: desarrollo de un
etograma» dividiendo las descripciones en ocho conjuntos:
comportamientos de mantenimiento, de forrajeo, de defensa
y antipredador, de termorregulación, locomotores, sociales, de
anidamiento y vocalizaciones. Es decir, reagrupan las
definiciones por funciones.

85 Colmenares & Rivero, 1984, Estructura del comportamiento es un grupo


social de osos pardos (Ursus Arctos), Actas II Reunión Iberoamericana
de Zoología y Conservación de vertebrados , 321-332.
86 Ruby. D. E. & Niblick, H. A. ,1994, A behavioral inventory of the
desert tortoise: development of an ethogram, Herpetological
Monographs, 8, pp. 88 102.

126
Este reagrupamiento, esta presentación no siempre se logra
acabadamente. A veces, es justamente la profusión de dibujos,
que fragmenta la descripción, lo que impide lograr la síntesis,
o la asignación de sentido e intencionalidad a ciertas
vocalizaciones, proponiendo equivalentes en lenguaje humano
para mejor explicarlas (Pintos, R. , Braza, F. & Alvarez, F. ,
1985)87. También puede ser la formulación de un recorte tan
restringido, que el inventario termina siendo el de grandes grupos
de actividades (Webster , A. B. & Hurnik, J. F. , 1990)88.

Se trata de conjugar en un todo las distinciones iniciales.


Pueden proponerse distintas técnicas para realizar esta
síntesis. Siempre expresan lo mismo. Recuperar la unicidad
previamente abandonada.
El uso de técnicas de muestreo y experimentación a partir
de la definición explícita o implícita de las pautas, requiere
un posterior movimiento de integración.

Eso es un etograma. La descomposición de la conducta de


un grupo de sujetos en tipos o patrones de relación, cuya
enunciación predica sobre la conducta de una clase (la especie
o población).

87 Pintos, R. , Braza, F. & Alvarez, F. , 1985, Etograma de la perdiz roja


(Alectoris rufa) en libertad, Doñana. Acta Vertebrata, 12(2):231-250.
88 Webster , A. B. & Hurnik, J. F. , 1990, An ethogram of white leghorn-
type hens in battery cages, Can. J. Anim. Sci, 70 : 751-760.

127
128
LA NOCIÓN DE SECUENCIA: LA RECUPERACIÓN DE LA
UNICIDAD PERDIDA

Laffite de Mosera y Caprio (1980, [Link].), en su Glosario


de etología, definen Secuencia comportamental como:
Los comportamientos complejos están estructurados
como una sucesión de comportamientos o acciones
elementales en un orden determinado, lo que constituye
una secuencia comportamental. Concepto puesto en
vigencia por Tinbergen y Lorenz al realizar el análisis de
ciertos comportamientos de peces y aves.

Los autores en ningún momento se refieren a la categoría


que le asignan al acto; del resto de las definiciones expuestas en
dicho Glosario se infiere que se trata de algo existente, no co-
construido. Sin embargo, la propia definición propuesta para
secuencia, muestra que reconocen comportamientos simples
o acciones elementales, que, al sucederse en un determinado
orden, constituyen los comportamientos complejos.
Tenemos como elementos para explicar la secuencia, sus
componentes -que aquí identificaremos con los actos- y el
orden en que se disponen.

Hinde & Stevenson (1969)89, mencionan que al estudiar


secuencias, tiene poca importancia la naturaleza de las unidades

89 Hinde & Stevenson, 1969, Sequences of behavior, Advances in the


study of behavior, Volume 2, pp. 267-296.

129
que componen esas secuencias: pueden variar en complejidad
desde contracciones musculares hasta comportamientos del animal
completo; las unidades pueden definirse en términos de
movimientos (caminar, asumir posturas de amenaza) o de
consecuencias (presionar una palanca, recolectar material del nido).
Se plantea aquí un inconveniente: ¿cómo impedir que la
elaboración de secuencias complejas a partir de elementos
simples se convierta en un ejercicio sin terminación? Es decir:
¿hasta donde pueden componerse secuencias? ¿Hasta donde
puede descomponerse un observable en conductas más
simples?

No todos los comportamientos tienen el orden (un orden


específico distinguido en la secuencia de sus componentes
definidos) como elemento de diagnóstico. Golani (1973), por
ejemplo, menciona un comportamiento al que distingue sólo
por los actos componentes, no pudiendo distinguir, en la
sucesión de estos actos, orden alguno. Tenemos entonces una
alternativa a la secuencia: la posibilidad de actos cuyo efecto
no dependa del orden en que se sucedan, sino de que sucedan
en cierto lapso. Así, podemos decidir si una sucesión es o no
una secuencia. El primer paso es identificar, dentro del flujo
global de la conducta, una secuencia, entendida como conjunto
finito de actos, ocurriendo en un orden identificable.
Propondremos que estos obstáculos se eliminan distinguiendo
a los actos y la secuencia como órdenes disjuntos, que el
observador elabora mediante actos de distinción diferentes.

La relación acto-secuencia

Ya la propia noción de acto remite a la de secuencia: el


trabajo de Gallo (1981, op. cit.), coincidente en gran parte con
el enfoque etodinámico, plantea esta problemática. En otras
dos publicaciones (Merat & Gallo, 1980, op. cit.) se termina

130
de formular esta posición, que podemos resumir así: el acto es
un obstáculo para la teoría etológica. En esas exposiciones, se
hace hincapié en la naturaleza artificial del acto, como un
recorte que el observador realiza en la corriente de
conducta que fluye ante él.
El individuo -el individuo concreto, el real- no tiene la
conducta dividida en actos. Desde que es gestado hasta que
muere, los movimientos no se suceden unos a otros: existe su
actividad (podríamos ir más lejos: el individuo es esa actividad;
el cuerpo es el substrato físico de la actividad, y a eso llamamos
individuo) y no hay manera de segmentarla sin desnaturalizarla.
Merat y Gallo apoyan esta afirmación en la problemática
que genera el uso de la caja de Skinner, mostrando como en
verdad no sabemos qué se está reforzando. Esto explicaría la
aparición de «supersticiones», secuencias de comportamientos
aprendidos, donde el resultado de esa secuencia ha reforzado
movimientos, que no son los que lo producen operativamente.
Estas observaciones no implican que no existe aprendizaje,
sino que el fenómeno es más complejo que la visión tradicional.
Siguiendo a Skinner (1987)90, decimos que hay aprendizaje,
cuando el comportamiento cambia. Supongamos que un loro
vive en una jaula, y su dueño, siempre que le va a dar comida,
la saca de un mueble, que tiene una puerta que al abrirla hace
ruido. Primero, el loro se acerca al comedero cuando ve las
semillas. Con el tiempo, lo hará cuando vea al dueño acercarse
con la caja. Y tal vez, hasta se acerque cuando oiga el chirriar
de la puerta del mueble. Lo que ha pasado, es que el loro ha
asociado una serie de cosas (el dueño con la caja, el ruido del
mueble) a otra: la comida, y reacciona a los estímulos (las
cosas de que hablamos) como reaccionaba a la comida. A eso
se llama condicionamiento respondiente; porque el animal
responde a unas señales como si fueran otras. Imaginemos

90 Skinner, B. F., 1987, Sobre el conductismo, Biblioteca de Divulgación


Científica «Muy Interesante», vol. 45.

131
ahora que el comedero tiene una tapa. El loro siempre anda
por la jaula, moviendo las cosas con el pico. Si mueve la tapa y
ve la comida, con el tiempo, cuando tenga hambre irá
directamente a la tapa y la abrirá. Ha aprendido por las
consecuencias de sus actos: a esto se llama condicionamiento
operante.
Observemos que estos dos mecanismos terminan
articulando una secuencia de conducta, en base a reforzar
actos cada vez más distantes del premio concreto: la
alimentación.
El ejemplo más conocido es el del perro de Pavlov:
valiéndose de la asociación, le muestran a un perro la comida,
al tiempo que hacen sonar una campana. El perro, cuando ve
la comida, segrega saliva. Después de unas cuantas veces, esa
reacción se da ya cuando oye la campana. También se puede
encender una luz cuando suena la campana: y con el tiempo,
el perro salivará al ver la luz, ya sin ver la comida ni oír la
campana.

La problemática no es que no ocurre lo anterior, sino que


no es eso lo que ocurre. Unidas estas dos afirmaciones -la que
no separa individuo de medio, y la que no separa acto de
actividad total durante la vida del individuo- Merat et al. (op.
cit. ) nos presentan un enfoque que podríamos llamar sintético
del comportamiento. Hemos llegado más lejos en este tipo de
análisis (Lahitte et al., 1993, op. cit): existe algo llamado
conducta, que es la interacción entre el individuo y su medio,
sólo que esa relación es una unidad indisoluble:

R(ORG/ENT)

donde el paso siguiente es

OBS/(ORG/ENT)

132
Desde esta óptica, no sería posible distinguir el
Organismo de su Entorno; esto es destruir lo que existe, y
pasar a hablar de sus partes, partes que no tienen sentido
fuera del conjunto, es decir, la relación que generan y desde
la que se generan.
Recordemos que este entorno, es también temporal, es decir,
incluye los actos anteriores y posteriores al que es el objeto
actual del discurso.
Descomponer esta secuencia, es algo así como
examinar el barro por un lado y el fuego por el otro, y a
partir de eso hacer afirmaciones sobre la vasija que con
ellos se fabrica.
La etología comparada es, confrontada con este enfoque,
un diseño analítico, que ha estructurado su universo de discurso
de manera tal que sí pueda hacer afirmaciones del todo a partir
de las partes.
Es decir, al examen del barro y el fuego, agrega una
descripción de cual es la actividad del alfarero, y entonces
hace afirmaciones sobre la vasija.
Esta metáfora nos sirve para clarificar lo expuesto antes:
la etología comparada es posible por esas afirmaciones de base.
Sin ellas, caemos en el esquema que Merat et al, correctamente,
describen como falso. Sin ese esquema teórico, no hay manera
de sacar conclusión alguna.

Una extensión del concepto de entorno

El entorno, para permitir el predicado temporal del acto


observado (cuarto predicado denotativo, Lahitte et al., op. cit.)
debe comprender un lapso, de manera tal que los actos
anteriores y posteriores pasen a ser parte del «en-torno» del
acto observado. Este predicado temporal se plasmará en la

133
forma de una matriz de transiciones, donde para cada actividad
orientada (acto) se indicará cual le siguió.
La cualificación R(Org/Ent) se hará entonces no sólo
teniendo en cuenta la estructura física del entorno, sino su
estructura temporal y la sucesión de la actividad del sujeto
observado.
Supongamos que distingo dos actos, A y B, y encuentro
que siempre observo A B (A y después B). Entonces, ¿cómo
los distingo?. Si siempre es A B, no existen A y B, sino un
elemento N, de composición espacio temporal estable/
constante.
Para poder hablar de una secuencia A B, debe existir
también al menos un registro que muestre (A no B) (A, y
después no B), o no A B (no A, y después B). De lo
contrario, siempre observo A B y no tengo manera de
distinguirlos como partes de algo complejo.

Las descripciones requieren la reformulación del lenguaje,


para transformarlo en un código aplicable específicamente a
la mención de actos.
Este lenguaje se compone de dos tipos de términos: por un
lado, los que indican configuraciones del sujeto, es decir,
posiciones de cada parte del cuerpo, y por el otro, los que
indican pasos entre esos estados o configuraciones. Como
Morris (1988)91 describe, una secuencia postura-movimiento-
postura. Los términos del primer tipo, implican una
digitalización de un continuo perceptivo. Los del segundo tipo,
indican un orden de sucesión de posturas, haciendo explícito
movimiento, o simultaneidad.
La propia definición de un acto depende de su contexto, o
secuencia en que se observa. Estas secuencias son, entonces,
estocásticas:

91 Morris, D., 1988, El hombre al desnudo, vol. I, Biblioteca de divulgación


científica «Muy Interesante», vol. 55.

134
Figura 21: Ejemplo de secuencia estocástica
para cinco comportamientos.

El estudio de las secuencias forma parte del movimiento


sintético, que sigue al paso analítico de definir actos. En este
tipo de secuencia, se describen los actos de un individuo. No
es esta la única sucesión posible, pues podemos recortar, como
observable, un grupo, por ejemplo, una pareja.

Individuo A Individuo B
D
A B
A1A B1
C

A2A E B2A

A3A B3A

A4A B4A

Figura 22: Ejemplo de secuencia de


interacciones para dos individuos.

El significado ya no es co-construído desde la identidad del


actor y su entorno, sino también desde la sucesión de conductas

135
en él, y entre él y los organismos descriptos como parte de su
entorno. La codificación de inventarios de actos para su posterior
análisis debe tener en cuenta este orden (Ferrari, 1998, [Link].).

El predicado temporal

Ya hemos mencionado (Lahitte et al., op. cit. ), al hacer


explícitos los predicados denotativos, el predicado temporal,
definiéndolo como
«Enunciado que encuadra la observación, en el eje
temporal de la observación del acto. Este predicado
temporal responde a la pregunta: ¿respecto de un orden
sucesional, cuándo ocurre?»

Este predicado tiene al menos tres instancias de aplicación:


- La temporalidad del registro: es decir, el asentamiento, mediante
alguna técnica, del orden en que son observados los actos.
- La temporalidad en la sumarización: la descripción, para un
acto definido, de todos las veces que antecedió o sucedió a los
otros actos definidos, en un determinado cuerpo de registros.
- La temporalidad en la síntesis: consiste en estructurar, de
la sumarización de los registros, una secuencia que los
explique y reformule.
Esta última aplicación del predicado temporal, permite que
la reformulación emergente tenga la naturaleza de un grafo
(Toranzos, 1976)92:
Un grafo es una terna G = (V;A;j), donde V y A son conjuntos
finitos y j una aplicación que a cada elemento de A, asocia
un par de elementos de V. Los elementos de V se llaman

92 Toranzos, F. A., 1976, Introducción a la teoría de grafos, Serie de


matemáticas, Monografía nº 15.

136
vértices de G, los elementos de A serán las aristas de G, y j
será la aplicación de incidencia, que asocia a cada arista sus
extremos o vértices. ( Toranzos, op. cit. )

Es decir, V son los actos definidos y la aplicación j es


«sucede a». Así, la arista forma una cupla de conductas que
se suceden. Por lo tanto, el grafo en cuestión es un grafo dirigido:

Llamaremos digrafo (o grafo dirigido) a una terna D =


(A;V;d) donde V y A son conjuntos finitos y d una
aplicación que a cada elemento de A, asocia un par de
elementos de VxV, es decir, un par ordenado de
elementos de V. Los elementos de V se llamarán vértices
de D, los elementos de A serán los arcos de D y d será la
aplicación de incidencia dirigida en D, que asocia a
cada arco sus extremos. ( Toranzos, op. cit. )

Esta aplicación a la noción de secuencia de la teoría de


grafos permite la realización de un conjunto de operaciones
que no trataremos aquí.

La elaboración de un etograma es entonces la definición


de los elementos de V, y la construcción de una matriz de
transición (ver, por ejemplo, Lehner, op. cit.) es la
especificación de los elementos de A.
Por lo tanto, a la hora de describir conductas, no basta el
listado con los cambios discretos de posición del individuo,
sino que se requiere la descripción de la secuencia de esos
actos.

Las estructuras de las definiciones

El acto, como secuencia discreta (S 1), representa el


acoplamiento entre el individuo y su entorno a esa escala

137
temporal, en tanto que la secuencia de actos (una secuencia
de secuencias S2) es el acoplamiento en otra escala temporal.
A su vez, el conjunto de las secuencias que se estructuran
desde el etograma (secuencia de secuencias de secuencias
S3), es el mapa de las limitaciones estructurales de la conducta.
Estructurales en cuanto a que son la organización del grafo, y
limitaciones desde que las transiciones que no ocurran eliminan
posibles secuencias que las incluirían.
Es la secuencia la que permite atribuir un significado al
conjunto de actos. Individuos interactuando son percibidos por
el observador en un mismo entorno, y es la secuencia que
cada uno protagoniza la que permite adjudicar distinto
significado a sus comportamientos.
El significado no está dado por la estructura del acto (S1),
sino por su inserción en la secuencia (S2); un mismo S1, en
distintas S2, recibe distinta interpretación, aunque el o los
individuos involucrados y el entorno inmediato sean los mismos.
A modo de ejemplo, mencionaremos ciertas pautas que según
el tipo de secuencia pueden ser consideradas agonísticas de
cortejo o de juego.
Es el observador el que realiza el corte, el que determina
los marcadores de contexto para S1 y S2, con lo cual es él
quien asigna, vía la definición de la secuencia, el significado
de la conducta.
Estas secuencias, se distinguen en S3 desde un conjunto de
supuestos que hacen a la definición del objeto de estudio.
Mientras el objeto de estudio es un ser vivo, al que se caracteriza
por un conjunto de funciones (crecer, reproducirse, alimentarse),
las S2 se distinguen según cumplimenten dichas funciones.

Una propuesta conceptual/operacional

Afirmamos entonces la necesidad de describir los S1, y


especificar los criterios de corte de los S2.

138
Los S 1 , en cuanto a actos, son cambios, pero sus
componentes están vinculados en forma exclusiva en este
sentido: si un componente a cualquiera estuviera en los actos
A y B, entonces A y B son secuencias, que poseen en común
el acto a. Así, si en la secuencia de cambios que denominamos
acto podemos distinguir partes que se conectan de manera
diferente con otras secuencias de cambios, cada una de estas
partes es un acto.

Los S2, en cambio, están definidos por el orden de sus


componentes, que no les son exclusivos. Si describimos la
secuencia de actos (S2), pero no especificamos los criterios
por los cuales consideramos que la secuencia inicia y termina,
no estamos dando los elementos que permitan distinguirla como
tal. Por ejemplo, en la figura 21, podemos tomar como indicador
de inicio la ocurrencia de A, y como indicador de terminación,
la de D, definiendo la secuencia como aquella que empezando
con A y terminando con D, contiene las transiciones AB, BD,
BC, CE y EA. Estos pares, en términos de grafos dirigidos,
son los arcos.
Si no especificamos los cortes, ¿cual sería la descripción
de esta secuencia? El segmento ABD es distinto de ABCEABD,
y sin embargo, ambos se inscriben dentro del mismo grafo.
Así, al menos en este caso, requeriría dos descripciones, y
cualquier alteración en la sucesión, por ejemplo la ocurrencia
de ABCEABCEABCEABD, requerirá una nueva descripción.
Análogamente a la definición de digrafo, S2 queda definido
por la enumeración de los vértices (los actos, conjunto V) y
los arcos (las transiciones, conjunto A) que lo componen.
Cualquier subconjunto de elementos de V que forme parte de
A, pertenece a D, y por lo tanto es identificable como S2.

Por otra parte, en S1 no tiene sentido describir comienzo


y fin, pues lo que hay entre ambas descripciones es siempre
lo mismo. No hay variación entre ambos. A la manera del

139
punto geométrico, un acto, como evento, no puede dividirse
en partes, pues no se observa en él variabilidad alguna. Su
descripción no deja lugar a alternativas o bifurcaciones; es
decir, dicha descripción se elabora de manera que las
excluya.
La secuencia S2, en cambio, existe porque observamos
alternativas y bifurcaciones. Se definen para agruparlas. En
este caso, la especificación del criterio de corte y de las
transiciones que componen las secuencias no sólo es un criterio
económico frente a su sola descripción, sino que es el criterio
genético que la define: si empleara en S2 el mismo criterio que
en S1, obtendría un elemento para cada posible concatenación,
lo que quitaría todo valor explicativo a esa construcción pues
seguiría faltando algún tipo de agrupación de estos elementos,
que permitan reformular el observable.

S3, la secuencia que conecta distintas S2, no es descripta


estructuralmente, ni se distingue en ella un principio y un final.
Es sólo la composición resultante de que los componentes de
S2 no son exclusivos: así, al haber elementos agrupables en
dos secuencias distintas, actúan como bifurcaciones, en los
que el individuo puede pasar de un grupo de actos a otro.

Cada S, implica la abolición de los criterios de


estructuración de los elementos que lo componen. S3 se forma
eliminado los criterios de corte de S2, es decir, S3 no tiene
inicio ni final. De la misma manera S 2 representa un
movimiento de síntesis que balancea las definiciones que, vía
análisis, formulan S1 al hacer que sus componentes no sean ni
exclusivos ni excluyentes. S1 se constituye segmentando al
máximo S3.
Estas diferencias de criterios obedecen a que S1, S2 y S3
tienen distinto nivel lógico, y no son sólo la repetición de un
único mecanismo descriptivo (concatenación de unidades del
nivel anterior).

140
Si reconocemos una entidad lógica diferente a cada S, el
tratamiento dado a cada uno debe ser distinto. Es decir, el tipo
de afirmaciones que podemos formular desde S1, es distinto
del tipo formulable desde S2 , y lo mismo para S3.
Distinguir tres niveles de secuencias, con distintas
características, permite reflejar, en nuestro esquema
conceptual, la plasticidad del fenómeno conducta: si S2
estuviera formulado como S1, la descripción de la conducta
del individuo sería la de una máquina trivial, que a cada
configuración del ambiente reaccionaría con una o unas
secuencias, siempre las mismas y de la misma estructura. A la
inversa, si S1 estuviera formulado como S2 , nuestra descripción
del comportamiento sería la de conjuntos de movimientos
asociados a contextos, pero sin un orden que nos permita
explicar.
Entonces las diferencias en S1 y S2 permiten definir la
conducta como algo plástico, no trivial, y explicable. Una
descripción de conducta que no respete esta diferencia de
niveles en la generación de las S distinguidas, no sería no trivial
y explicaría desde otro lugar, y por lo tanto de otra manera, la
conducta.

El etograma y la estructura de la base de datos

Una vez realizado el etograma, una de las formas de llevar


adelante el proceso de síntesis y reinterpretación, es
comparándolo con otros etogramas.
Esta comparación no es para nada trivial: Fraser & Rusher
(1985)93 comentan una de las más comunes situaciones con el
ejemplo de lo que sucede al estudiar el comportamiento agonístico

93 Fraser, D. & Rusher, J., 1985, A plea for precision in describing


observacional method, App. Anim. Beh. Scien, 1987, v. 18, 205-209.

141
en cerdos. Existen varios etogramas parciales (es decir, referidos
sólo a agonismo) estructurados de tal manera que no se pueden
establecer equivalencias entre ellos; es decir, que tomado un elemento
o grupo de elementos de uno de ellos, no hay manera de saber si se
corresponde con un elemento o grupo de elementos de otro.
En el caso antes analizado de los trabajos de Jensen (1980,
op. cit.) y Mc Glone (1985, op. cit.), especí-ficamente referidos
a las pautas agonísticas del cerdo (Sus Scrofa), por partir de
diferentes criterios de descripción, los etogramas no resultan
compatibles: no se puede realizar una tercera lista de
definiciones, tal que sus elementos abarquen, sin repeticiones,
los elementos de los otros dos; no se puede obtener una función
de correspondiente entre ambos conjuntos de definiciones. Un
autor describe según la estructura de los movimientos del actor;
el otro, según si golpea o muerde qué parte del cuerpo del
receptor. Esto impide compatibilizarlos de forma unívoca.

Suponiendo que esto sea posible, la comparación entre


etogramas genera a su vez un nuevo campo común de definiciones:
aquella aplicable a todos estos etogramas comparados.
Desde este campo común, pasamos a otro nivel lógico, donde
se propone la descripción de cursos de acción comunes a todos
los grupos comparados.
Estos conjuntos de abstracciones, acotadas por grupos
(especies, género) o por función (agresión, cortejo) ayudarán
a trascender el aspecto anecdótico que presentan las
exposiciones actuales, permitiendo la elaboración de un cuerpo
teórico para la disciplina.

Los parámetros de saturación

¿De qué manera se decide cuando un etograma es una


descripción completa y acabada?
En realidad, no existe un criterio.

142
El problema es cómo hacerlo de manera que tengamos
certeza de que ese catálogo de pautas que hemos construido
es igual o muy parecido al repertorio de pautas, al etograma.
Nótese que, en este discurso sobre saturación, se supone
que el «etograma» es algo independiente del observador; que
existe realmente un conjunto, finito y acotado, de actos (posturas
y movimientos) correspondiente a cada «especie». Esta
suposición, en nuestro esquema, no es necesaria.

Se han propuesto soluciones realmente como reglas, por


ejemplo un autor afirma que para especies grandes el etograma
debe tener mas o menos cuarenta o algo así de pautas.
Ya sea que hagamos el etograma total, o solo el referido a
un aspecto (por ejemplo, agresión), lo que se emplea para
decidir cuán completo es el listado de definiciones, es algún
tipo de equilibrio entre el esfuerzo que hacemos y lo que
vamos definiendo, para estimar cuándo seguir no reportará
demasiados cambios. Una manera, entonces, es graficar el
número acumulado de comportamientos observados versus
las horas de observación: cuando llegamos a una asíntota,
ese es el momento de detenernos. Esto es, más horas de
observación, no significarán pautas nuevas (Figuras 23 y 24).
En nuestra definición, esto implica que por más que
ampliemos los registros, estos seguirán siendo asignables al
mismo conjunto de definiciones (tipos) ya propuestos.

Observemos que en esa misma ilustración de evolución de


registros, referida a un grupo de pecaríes de collar (Tayassu
tajacu), se alcanzó la asíntota al menos tres veces; las dos
primeras durante seis sesiones, la tercera, durante 10. O sea,
que tres veces pudo detenerse la observación y el registro, y
las tres veces aparecieron nuevas pautas.
El criterio empleado para continuar fue la comparación: había
cosas que en especies afines (más exactamente Sus scrofa) se
habían observado y en este grupo no; no se había observado

143
crianza; no se había completado un año de registros. La aplicación
ciega del criterio habría llevado a una conclusión prematura de
los estudios, y a la enunciación de un listado diferente de pautas.

Figura 23: Pautas nuevas/pautas acumuladas


versus sesiones.

En este gráfico, las barras indican lo observado en cada


sesión, y la línea que une los círculos, el acumulado. Es fácil
ver donde se alcanza la asíntota.
1 2 3

Figura 24: Gráfico pautas por sesión/pautas


acumuladas vs. número de horas de observación.

144
Un mecanismo similar, consiste en medir el tiempo ocupado
por cada pauta, y graficarlo, en forma acumulada, ordenándolos
de mayor a menor frecuencia. Aquí aplicamos el mismo criterio
de la asíntota. El detalle es que esto, en rigor, solo sirve para
estados, no para eventos: los eventos son instantáneos. Así,
deberíamos corregirlo, midiendo horas de estados observado
versus acumulación de los estados, ordenándolos de más a
menos, para localizar esa asíntota.
Otro método -propuesto por Lehner, op. cit. - consiste en
elaborar un índice de cobertura de la muestra, I. C.
I. C. = 1-(I/N)
donde I es el número de pautas vistas una sola vez, y N es
el número total de actos vistos. Cuando I es pequeño en relación
con N, I. C. tiende a 1. Cuanto más cerca está I. C. de 1, más
completa es la cobertura de la muestra.
El ejemplo que da Lehner es sobre un trabajo de Altmann.
Este autor observó 5. 507 actos, de los cuales, sólo 32 fueron
vistos una única vez. Así, el índice es:

I. C. = 1 - (32/5507) = 0,9942

Es decir, una cobertura más que aceptable.


Pero esto se refiere a la cobertura de la muestra, y no a la
calidad del etograma. En otras palabras: si realizamos
observaciones en una especie con reproducción estacional, y
comenzamos inmediatamente después de uno de los periodos
de cortejo y cópula, a los dos o tres meses nuestra muestra
tendrá, sin duda, un I. C. cercano o igual a uno y habremos
obtenido asíntotas tanto si registramos pautas por unidad de
esfuerzo, como porcentaje de tiempo empleado en cada pauta.
Pese a que todos los textos técnicos recomiendan el uso de
alguno de estos criterios de corte, es poco frecuente su
aplicación, situación evidenciada en algunas de las películas

145
tomadas por otros autores. ( Hanlon, R. T. , Smale, M. J. &
Sauer , W. H. H. , 1994)94.

Conviene que llamemos la atención sobre algo que


mencionaba Lorenz95: no emprender un estudio etológico sin
una visión ecológica de la especie-objeto. Tratar de abarcar
un ciclo completo (por ejemplo, de reproducción a
reproducción) registrando en todos los grupos que a priori
sabemos pueden mostrar diferencias (en mamíferos, sería crías,
juveniles, machos y hembras).

Fagen (op. cit.) menciona otra serie de criterios, algunos


variantes de los ya expuestos, y otros, basados en estimar la
extensión del repertorio a partir de la duración y probabilidad
de los actos para los que se realizan registros.
Nótese que todos estos métodos, en realidad, están lejos
de garantizar que nuestro etograma sea completo.
Se trata se sistemas de regulación tipo feed back de la
conducta del observador. Es un algoritmo aplicable a la relación
registro/definición, de manera tal, que cuando a un crecimiento
de los registros no corresponde una inadecuación de las
definiciones, las operaciones cesan.

La presentación del etograma

Consiste en comunicar a otros el conjunto de definiciones;


esto es, que aquellos que reciben ese mensaje, sean capaces

94 Hanlon, R. T. , Smale, M. J. & Sauer , W. H. H. , 1994, An ethogram of


body patterning behavior in the squid Loligo vulgaris reynauddi on
spawning grounds in south Africa, Biol. Bull. 187 : 363-372.
95 Lorenz, K., 1976, El todo y la parte en las sociedades animal y humana
(Un examen metodológico), en Colección «Obras Maestras del
Pensamiento Contemporáneo», vol. 28, Planeta Agostini, paginas 141
a 230; de un original de 1950. Barcelona, España

146
de decidir, observando individuos de la misma especie, a cuál
de las categorías propuestas corresponde lo que registra.
Esto implica, a su vez, algún tipo de acuerdo sobre el recorte
y la puntuación empleada tanto en la observación, como en el
registro. La comunicación de un etograma implica también la
comunicación, preferentemente explícita, de esos criterios.
La tradicional comunicación mediante publicación,
requiere las definiciones de los actos, sus fotografías y sus
esquemas; es decir, cualquier elemento que permita, ante un
nuevo registro, decidir si pertenece a alguna de las clases
definidas y a cuál.
Si esto no se realiza con cuidado, si no se hacen explícitas
las puntuaciones de la observación y los criterios de la
definición-descripción, pueden darse paradojas como la ya
mencionada de Campagna. Es por eso que, en general, aquellas
descripciones que se consideran especialmente complicadas
deben acompañarse de ilustraciones (por ejemplo, de Trucios,
H. et al, 198296, figura 11).

A veces se produce una «deriva» en el significado que se


da a los términos. Es decir, dada una observación, efectuados
dos registros de un suceso, sus autores lo asignarían a distintas
categorías, por no estar éstas lo suficientemente definidas, y
no haberse logrado consenso sobre ellas.

El uso de otros elementos, por ejemplo videos, requerirá a


su vez la enunciación de su marco conceptual especial: es decir,
la afirmación de que lo que se está viendo -la videograbación
de una pauta- ejemplifica una clase; un poco como lo que se
hace con las especies tipo en los museos.

96 de Trucios, H. et al, 1982, Etograma cuantificado del caballo (Eqqus


Caballus) en el Valle de los Pedroches (Cordoba, Espana), Actas de la II
Reunión Iberoamericana de Conservación y Zoologia de Vertebrados,
pp. 381-398.

147
Además, se deberán agregar a esa imagen las indicaciones
de cómo orientar y segmentar su observación. Esto es, qué
cosas hay en ella que hacen que sea ejemplo.

Pero en cualquiera de los dos casos, a la lista de


definiciones se deberá acompañar una explicación de los
criterios empleados en la observación, el registro y la
definición, a fin de que este etograma pueda ser comparado
con otros, o con otras descripciones de conducta que no se
realicen en esta estructura.

Pese a todo esto, a esta importancia casi fundacional del


etograma en el quehacer del que estudia conducta, ¿por qué
apenas se los encuentra? ¿Cómo es posible que se trabaje a
veces no sólo sin etogramas, sino ni siquiera inventarios
parciales, o peor aún, meras descripciones que no sean
categorizaciones?

Figura 25: Pautas de comportamiento del


caballo, tomadas de de Trucios et al, op. cit.
Reproducido con autorización de los autores.

148
Para empezar, por un cambio en el estilo del discurso: un
etograma no se ajusta a los parámetros usuales en las revistas
científicas. No tiene conclusión alguna, y de hecho, no es un
resultado en el sentido experimental de la palabra.
Por otro lado, suelen ser largos, acompañados de fotos y
dibujos.
Tiene además un efecto sobre quien lo realiza: requiere
más tiempo (y más esfuerzo) que una serie de experimentos.
Así, quien realiza etogramas publica menos que quien realiza
experimentos.
Hasta aquí, hemos enumerado motivos de forma. Pero
parece haberlos de fondo: un viraje del modelo de explicación
hacia lo matemático/estadístico, en búsqueda de una pretendida
objetividad absoluta.
No tenemos esa visión de la ciencia; opinamos que la
descripción es la base de la tarea del científico y, a veces, la
única tarea posible sin incurrir en presunciones y
adivinaciones.
Por eso el etograma, no es sólo una base sólida sobre la
que estructurar explicaciones, sino también un ejercicio donde,
tal vez más claramente que en ninguna otra instancia, queda
en evidencia el andamiaje de co-construcción, y el papel
protagónico, no sólo expectante, del científico.

149
150
CONCLUSIONES

Hasta aquí, hemos propuesto y analizado una forma de


hacer descripciones en ciencia. Si construimos nuestras
explicaciones a partir de ellas, según sean las descripciones,
serán nuestras explicaciones, y nuestra ciencia.
Podemos tomar una descripción como objeto a describir ;
y podemos discutir la estructura de las definiciones de un
etograma, o el porcentaje de aparición de cierto acto. Esta
(aparente) convergencia es más bien el entretejido de formas
de descripción, y no su fusión en un nuevo sistema.
La descripción, ese movimiento inicial, atravesado de teoría,
no es tan natural ni es tan inocente, y no debe tomarse como
dado, como si todas las descripciones fueran equivalentes e
intercambiables. Ese objeto de estudio que definimos (como
medible, o describible, o capaz de asignar un significado a sus
actos) ya contiene en sí todo el desarrollo posterior de la
disciplina.
Será su capacidad de resolver una situación la que decida
qué descripción realizar.
Es por eso que hemos dedicado todo este esfuerzo a
problematizar la descripción, a no darla por solucionada, a no
presuponerla simple, directa, intuitiva, natural.
Puesto a explicar conducta, una mala descripción de partida
no será un obstáculo menor sino, casi sin dudas, la instancia
descalificadora del resto de la tarea.
Así, una etogramática, una metodología que se oriente a
estudiar y mejorar la teoría y la practica de la descripción en
151
ciencias del comportamiento es, más que una opción, una
necesidad.
152

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