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C-7092-2013

NOMENCLATURA : 1. [40]Sentencia
JUZGADO : 4 º Juzgado Civil de Santiago
CAUSA ROL : C-7092-2013
CARATULADO : GSMEZ / CLINICA BICENTENARIO S.A

Santiago, diecisiete de Abril de dos mil veinte

VISTOS:

A fojas 193 y siguientes, rectificada a fojas 230 y 240, comparece don


RODRIGO ANDRÉS GÓMEZ FERNÁNDEZ, dependiente, domiciliado
en Volcán Parinacota N° 108, Población Lo Herrera, San Bernardo, e
interpone demanda en juicio ordinario de indemnización de perjuicios por
responsabilidad extracontractual, en contra de don CARLOS ITURRIAGA
VILLARROEL, médico cirujano, de don FERNANDO MARCHANT
GONZÁLEZ, médico cirujano, y de CLÍNICA BICENTENARIO S.A.,
representada legalmente por don Otto Kunz Sowimer, ignora profesión u
oficio; todos domiciliados en Avenida Libertador Bernardo O'Higgins N°
4850, Estación Central.

A fojas 246, 256 y 261, contestaron la demanda Clínica Bicentenario


S.A., don Carlos Iturriaga Villarroel y don Fernando Marchant,
respectivamente.

En el primer otrosí de su presentación, Clínica Bicentenario S.A. deduce


demanda reconvencional de indemnización de perjuicios por responsabilidad
contractual.

A fojas 270, la demanda reconvencional se tuvo por contestada en


rebeldía.

A fojas 271, 272 y 273, se evacuó la dúplica por los demandados Carlos
Iturriaga Villarroel, Clínica Bicentenario S.A. y Fernando Marchant González,
QZHQPGMGGY

respectivamente.
C-7092-2013

En el primer otrosí de su presentación, Clínica Bicentenario S.A. evacuó


la réplica reconvencional.

A fojas 276, se evacuó la dúplica reconvencional por el demandante y


demandado reconvencional.

A fojas 287, se llevó a efecto la audiencia de conciliación, con la


asistencia de los apoderados de ambas partes.

Llamadas las partes a conciliación, ésta no se produjo.

A fojas 289, se recibió la causa a prueba, rindiéndose la que consta en


autos.

A fojas 802, se citó a las partes para oír sentencia.

CONSIDERANDO:

I. EN CUANTO A LA TACHA:

PRIMERO: Que, a fojas 346, el demandante deduce objeción al testigo


de los demandados, don Orosman Canales Salazar, en virtud del artículo 358
N° 5, fundado en que emite documentos tributarios a nombre de Clínica
Bicentenario y tiene relación comercial con ella. Por lo tanto, tiene interés
indirecto en el juicio, porque la situación patrimonial de la clínica puede que
tenga alguna relación patrimonial con el deponente.

SEGUNDO: Que, evacuando el traslado conferido, el apoderado del


Dr. Carlos Iturriaga, solicita el rechazo de la inhabilidad deducida, por cuanto
ella procede respecto del testigo que tiene la calidad de dependiente de la parte
que lo presenta, lo que no se configura, pues el Sr. Canales no es trabajador de
su parte.

Por su parte, Clínica Bicentenario también solicita el rechazo de la tacha


opuesta, toda vez que esta inhabilidad solo aplica para aquellos casos en que
se configura la calidad de trabajador conforme al Código del Trabajo, esto es,
QZHQPGMGGY

cuando exista un vínculo de subordinación y dependencia con una


remuneración y cumplimiento de horarios determinados, requisitos que de los
dichos del testigo no se encuentra presentes respecto de su parte. En relación
C-7092-2013

con el interés que tendría el deponente, señala que se trata de una inhabilidad
distinta de la invocada por la contraparte y, por lo demás, improcedente, pues
a dicha pregunta el Sr. Canales declaró no tener interés alguno, explicando en
detalle cuál es la relación que existe entre ellos.

TERCERO: Que, el testigo indicó que no es trabajador de Clínica


Bicentenario, pero sí ha emitido boletas por ella, por unos $500.000 o
$600.000. Explica que no presta servicios a la clínica, sino que puede tratar a
un paciente particular en sus instalaciones y la clínica se encarga del cobro de
los honorarios a la Isapre y luego se los paga a su parte, por lo que emite a la
clínica la correspondiente boleta. Agrega que no tiene ningún interés en los
resultados del juicio y que nunca ha declarado en otros juicios que tengan que
ver con Clínica Bicentenario.

CUARTO: Que, de los dichos del testigo no se desprende la


concurrencia de la inhabilidad alegada, que requiere relación actual de
subordinación y dependencia con retribución pecuniaria de la parte que lo
presenta.

En efecto, la inhabilidad se produce si el vínculo del testigo con la parte


a quien presta servicios y lo presenta en juicio, lo coloca en una situación de
ánimo de subordinación o sometimiento de verdadera dependencia. Además,
la relación de dependencia debe estar referida a la prestación de servicios
habituales y remunerados a la época en que presta su declaración, hechos
todos, que con las preguntas que hiciera el incidentista, no ha logrado
acreditar, pues el deponente no presta servicios ni al Dr. Iturriaga ni a Clínica
Bicentenario, sino que utiliza las instalaciones de esta última para atender a
sus pacientes particulares, por lo que la clínica le da un porcentaje de lo
obtenido por la prestación de sus servicios profesionales.

En consecuencia, la tacha deducida será desestimada, en definitiva.

II. EN CUANTO AL FONDO:


QZHQPGMGGY

QUINTO: Que, a fojas 193 y siguientes, rectificada a fojas 230 y 240,


don RODRIGO ANDRÉS GÓMEZ FERNÁNDEZ, demanda en juicio
C-7092-2013

ordinario de indemnización de perjuicios por responsabilidad extracontractual


a CLÍNICA BICENTENARIO S.A.; a don CARLOS ITURRIAGA
VILLARROEL; y, a don FERNANDO MARCHANT GONZÁLEZ, a
objeto que se declare que son responsables por el daño patrimonial y moral
causado a su parte, ordenando sean condenados al pago de la suma total de
$57.558.535, o a la suma que el Tribunal determine, más reajustes e intereses
calculados desde la fecha en que la sentencia quede ejecutoriada y hasta el
pago efectivo, con costas.

Manifiesta que el día 17 de abril de 2012, se sometió a un


procedimiento quirúrgico llamado litiasis percutánea renal, en la Clínica
Bicentenario, con el objeto de remover ciertos cálculos renales en su riñón
izquierdo. Según le informaron en dicha clínica, la operación era bastante
simple y común, y no debía presentar complicaciones, por lo que firmó un
consentimiento informado respecto de los riesgos de la anestesia y de la
operación. Agrega que en dicha cirugía intervinieron los Dres. Carlos Iturriaga
Villarroel y Fernando Marchant González.

Relata que en cuanto salió de la operación notó que algo debía haber
salido mal, pues tenía muchas molestias y sentía un olor extraño saliendo de la
herida, además de abundantes sustancias consistentes en líquido, deposiciones
y fecas, todo lo que informó de inmediato tanto a los doctores como a las
enfermeras.

Indica que, sin embargo, no fue sino hasta el día jueves 19 de abril,
cuando su estado de salud estaba ya bastante deteriorado, que le realizaron un
Pielotag o Scanner, y se dieron cuenta que durante el procedimiento ocurrió
una perforación de su colon descendente en varios segmentos. Indica que esto
no le fue informado por el médico urólogo tratante, Dr. Iturriaga, sino que, por
otro médico, quien le explicó a grandes rasgos lo que estaba sucediendo y lo
que debía hacerse a continuación.

Asevera que el mismo día jueves 19 de abril le realizaron la operación


QZHQPGMGGY

de Hartmann para reparar las perforaciones de colon y la peritonitis presentada


producto de la primera intervención. Añade que esta vez, los médicos
C-7092-2013

demandados estuvieron presentes, pero no intervinieron quirúrgicamente por


expresa solicitud de su parte.

Comenta que, al día siguiente, el jefe de la Unidad de Urología fue a su


habitación a decirle que no debía preocuparse por el pago de la segunda
operación, pues no iba a salir de su bolsillo, ya que -según le explicó- el
seguro catastrófico operaba en este caso. Afirma que en ese momento creyó
totalmente en sus palabras, pues era de toda lógica que los gastos no corrieran
por su parte, ya que lo ocurrido se produjo por una negligencia de los
doctores, y era el mismo jefe de urología quien se lo estaba diciendo. Sin
embargo, más adelante la clínica se desdijo completamente respecto a lo del
seguro y pago.

Indica que, como consecuencia de su estado, debió estar 7 días en la


Unidad de Cuidados Intensivos de la clínica, pues su dolor era muy fuerte y
necesitaba de cuidados más importantes debido a los riesgos infecciosos.

Afirma que después de estos sucesos, su vida no ha sido la misma. En


efecto, durante 7 meses se vio obligado a vivir con una colostomía (bolsa para
hacer sus desechos), siendo ello de gran molestia -y sin mencionar lo
absolutamente vergonzoso que ello puede significar-. Por otra parte, quedó
con dos grandes cicatrices, las que además de ser estéticamente reprobables,
no han sanado del todo, complicándole en sus tareas y oficios diarios.

Sostiene que en cada una de las cirugías firmó un consentimiento


informado, en el cual se explicaba a grandes rasgos en qué consistía cada
operación, y los riesgos que acarrea el uso de anestesia. Sin embargo, nunca se
le dio a conocer que existía ni si quiera el riesgo de que sucediera algo como
lo que ocurrió.

Expresa que con el transcurso del tiempo se ha informado al respecto y


tomado conocimiento que, en este tipo de operaciones, dado que el colon pasa
justo por atrás del riñón, al remover los cálculos mediante el método utilizado
QZHQPGMGGY

en la primera intervención, si no se tiene cuidado puede perforarse el colon.


Sin embargo, el doctor nunca le explicó esto, y claramente su parte no tenía
por qué tener conocimientos médicos respecto de los riesgos. Asevera que, de
C-7092-2013

haber conocido estos hechos, no se hubiera sometido a la operación y hubiese


insistido en otra alternativa (de las cuales hay varias, con riesgos
considerablemente menores y mucho menos invasivas).

Manifiesta que, de este modo, la perforación del colon, a pesar de ser un


riesgo en estas operaciones, se produjo evidentemente por el poco cuidado
durante la intervención de los doctores Carlos Iturriaga y Fernando Marchant,
a lo que se suma que ni siquiera notaron dicha perforación en el momento
oportuno, ni durante la operación ni cuando les fue informado por su parte
todas las extrañas molestias inmediatamente después de la misma. Señala que
todo lo anterior demuestra la negligencia médica que hubo durante todo el
proceso, tanto de los doctores que intervinieron como de la clínica por ser
responsable por ellos y por no haberle informado a su paciente de lo que
ocurría.

En cuanto al derecho, sostiene que tanto la doctrina como la


jurisprudencia se encuentran contestes en que es indiferente el régimen de
responsabilidad invocado por la víctima a la hora de reclamar por el daño
provocado por una negligencia médica. Ello debido a que las posibles
consecuencias de una diferenciación entre los regímenes contractual y
extracontractual, esto es, la aplicación de la presunción del artículo 1547 no
tiene cabida. Agrega que lo anterior se explica porque se entiende que la
obligación del médico es una de medios, ello importa que la obligación
primaria es la de desarrollar una determinada conducta según estándares
diligentes y la mera no obtención del resultado no significa necesariamente un
incumplimiento por parte del deudor. Por ello, se debe demostrar igualmente
la ausencia de negligencia del médico para solicitar indemnización.

En tal orden de cosas, expone que corresponde acreditar para la


configuración de la responsabilidad que reclama, la concurrencia de los
siguientes elementos:

a) Acción u omisión: Indica que se configura por el actuar negligente de


QZHQPGMGGY

los médicos, al perforar el colon descendente durante la operación por cálculos


renales.
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b) Imputabilidad por culpa o dolo: Refiere que aparece en el caso de


autos un importante parámetro en materia médica, cual es la Lex Artis.
Explica que esta expresión se ha empleado tanto por la doctrina como la
jurisprudencia para referirse a un cierto sentido de apreciación sobre si la tarea
ejecutada por un profesional es o no correcta o se ajusta o no a lo que debe
hacerse. Ella envuelve una serie de normas escritas y no escritas que
determinan cuando el actuar de un profesional es generalmente aceptado y
tiene relación por, sobre todo, con el nivel de diligencia empleado al
desarrollarse la actividad encargada.

Expresa que el negocio en este caso carece de una alta complejidad. Por
el contrario, este tipo de operaciones son muy comunes y, por tanto, su
procedimiento también muy conocido, entendiéndose por la generalidad de la
comunidad médica que ellas no envuelven un riesgo o peligrosidad especial si
es que son ejercidas con una mediana diligencia. Por ello, es claro que el daño
que se produjo en su persona es consecuencia únicamente del actuar
negligente de sus médicos tratantes.

c) El daño: Expone que la acción de los autores le ha producido un


perjuicio o menoscabo tanto en su patrimonio como en su persona.

En cuanto al daño patrimonial, este es claro e inminente, toda vez que la


clínica próximamente le cobrará, a través del pagaré suscrito con la misma, la
cuenta médica correspondiente al total de las intervenciones que se le
realizaron, ascendente a la suma de $7.558.535.

Indica que, por otra parte, se ha producido también un menoscabo en su


persona, configurándose un daño moral, consistente en el dolor que ha sufrido
por no poder realizar las acciones más vitales de la existencia como es el
caminar y hacer deporte sin dolores físicos. En efecto, durante
aproximadamente 7 meses se vio obligado, con la vergüenza que ello implica,
a usar una bolsa para depositar sus desechos, lo que le causaba fuertes
molestias y era imposible de ocultar. Agrega que, además, se suma la
QZHQPGMGGY

existencia de dos cicatrices que aún no han sanado del todo.


C-7092-2013

En virtud de lo anterior, solicita se le conceda como indemnización por


el daño moral sufrido la suma de $50.000.000.

d) Relación causal directa: Indica que resulta evidente que la acción


negligente de los demandados ha producido el daño que relata, toda vez que,
siguiendo la teoría comúnmente aceptada de la supresión hipotética, al
suprimir la acción negligente, el daño no se hubiera producido. Por el
contrario, si los demandados hubieran realizado la primera operación con
prudencia, estaría sano y no habría tenido que pasar por todo el sufrimiento ya
relatado.

e) Ausencia de causales de exoneración: Refiere que en la especie no


concurren caso fortuito, fuerza mayor ni el daño es imputable a la víctima o al
hecho de terceros.

Sostiene que, de este modo, habiendo quedado establecido que la


perforación del colon descendente, acto negligente de los demandados, fue lo
que produjo el daño, se concluye que don Carlos Iturriaga Villarroel y don
Fernando Marchant González, en conjunto con Clínica Bicentenario S.A., son
responsables de los perjuicios sufridos.

En relación con la responsabilidad de los médicos demandados, precisa


que a los Dres. Iturriaga y Marchant les afecta una responsabilidad directa, por
su hecho propio, con fundamento en los artículos 2314 y 2329 del Código
Civil, pues en su calidad de especialistas cirujanos lo operaron, dejando de
observar la diligencia que les era debida para una intervención quirúrgica de la
naturaleza y características como las del presente caso.

Respecto de la responsabilidad de Clínica Bicentenario S.A., sostiene


que se trata de una persona jurídica que se dedica a explotar el giro de la
prestación de servicios privados de salud. Así, para conseguir los fines que le
son propios, requiere contar con un número significativo de dependientes y
empleados que ejecuten las diversas prestaciones vinculadas a los servicios
QZHQPGMGGY

privados de salud, tales como médicos, enfermeras, auxiliares y técnicos,


todos profesionales del área de la salud.
C-7092-2013

Adicionalmente, para efectuar los procedimientos médicos más


complejos dispone de instalaciones especialmente diseñadas e implementadas
para tales efectos. De manera que las intervenciones quirúrgicas a las que se
sometió, se practicaron en sus instalaciones clínicas.

Indica que, por otro lado, los insumos e instrumentos con los que se
procedió a evaluar, intervenir y operarlo son de propiedad de la clínica
demandada.

Afirma que, en virtud de lo expuesto, se vislumbra que Clínica


Bicentenario tiene un rol trascendente en las intervenciones quirúrgicas, cual
es el de tener un equipo médico para el desempeño de las operaciones y, en
general, prestaciones de naturaleza análoga. Además, cuenta con las
instalaciones y lugares habilitados para poder proceder a la realización de
procedimientos médicos como los que se le practicaron y con insumos
médicos, implementos y aparatos destinados a poder ejecutar dichas
intervenciones.

Plantea que, en este sentido, existe una responsabilidad de la clínica


demandada por no desempeñar adecuadamente su rol de coordinación e
intermediación entre pacientes y equipo médico, al no informar a su parte los
riesgos que implicaba su operación inicial respecto de su colon; al prestar un
servicio deficiente al no detectar a tiempo la complicación que experimentó; y,
al ofrecer soluciones económicas contradictorias, dado que expresó en un
primer momento que la segunda operación sería sin costo y, ulteriormente,
desconoció dicha información. Así, cobra importancia la calificación jurídica
de la conducta de Clínica Bicentenario S.A., según los artículos 2314 y 2329
del Código Civil, dado que los hechos referidos arrancan de su ejercicio de
actividades empresariales, debiendo hacerse cargo de las negligencias
ocasionadas en el desempeño del giro de prestación de servicios de salud
privada, en forma directa y por el hecho propio.

Asevera que, por otro lado, el sistema de responsabilidad civil


QZHQPGMGGY

contempla de manera explícita la responsabilidad de una persona por el hecho


ajeno, tanto en sede contractual como extracontractual. Esta responsabilidad
C-7092-2013

de la clínica demandada se configura esencialmente por los hechos ejecutados


por los médicos y su personal dependiente. Así, la conducta negligente que le
imputa es subsumible dentro de las normas que regulan la materia, siendo ella
responsable de los hechos materia de esta litis ejecutados por los médicos
Iturriaga y Villarroel, así como por el resto del equipo médico que intervino a
su parte. Al respecto, invoca el artículo 2320 del Código Civil.

Finalmente, cita el artículo 2317 del Código Civil, señalando que esta
disposición contempla una hipótesis de solidaridad legal respecto a la
obligación de indemnizar los perjuicios ocasionados por un delito o
cuasidelito. Así, en el caso de autos existe una pluralidad de hechores, quienes
han incidido en la producción del daño. Dentro de ellos, el hecho se configura
de manera directa por la acción de los médicos cirujanos demandados y por la
clínica que ha participado del hecho al no tomar los resguardos necesarios en
relación a los procedimientos médicos y conductas de sus dependientes, por lo
que todos los demandados son solidariamente responsables del daño causado a
su parte, pudiendo exigírsele a cada uno de ellos el total del monto de
indemnización, que se establezca en la sentencia.

SEXTO: Que, a fojas 246 y siguientes, contestó la demanda Clínica


Bicentenario S.A., solicitando sea rechazada en todas sus partes, con costas.

Manifiesta, en primer lugar, que la demanda debe ser rechazada por ser
inadmisible el régimen de responsabilidad por el cual se acciona, ya que el
texto del libelo es claro y categórico en demostrar que el hecho en cuya virtud
la demandante sustenta su pretensión indemnizatoria es el presunto cuasidelito
civil cuya autoría indistintamente se imputa a su parte y a los codemandados
o, bien, solo a estos últimos, en las atenciones brindadas al actor, a propósito
de su cirugía del 17 de abril de 2012, las que en términos generales la califica
como una conducta negligente que habría causado los perjuicios que se
demandan en estos autos, y que generaría la responsabilidad civil
extracontractual que se reclama, invocándose como sustento legal de la acción
QZHQPGMGGY

indemnizatoria ejercida las normas contenidas en los artículos 2314 y


siguientes del Código Civil.
C-7092-2013

Al respeto, rechaza el ámbito jurídico de responsabilidad en el cual se


ha sustentado la pretensión indemnizatoria del actor, pues siendo una base
esencial del procedimiento civil el principio dispositivo, en cuya virtud la
facultad jurisdiccional del Juez de la causa queda determinada y delimitada
única y exclusivamente a todo aquello que se somete a su conocimiento y
decisión, y a la aplicación del derecho que lo regula, no cabe otra cosa más
que el rechazo de la demanda, pues la regulación y principios que rigen la
relación de las partes de este juicio es contractual.

Sostiene que, en efecto, la relación que existió entre el actor y su parte


se encuentra regulada por las normas del régimen jurídico de la
responsabilidad civil contractual, toda vez que se vincularon mediante la
celebración de un contrato que reglamentó su relación. Es entonces, este
acuerdo de voluntades la ley que los rige y no es posible eximirse de ella por
la sola voluntad unilateral de alguno de los contratantes, como lo pretende el
demandante.

En este mismo orden de ideas, plantea que el Tribunal no puede entrar a


pronunciarse sobre la cuestión controvertida en autos, a la luz del ámbito de la
responsabilidad contractual, por cuanto vulneraría la garantía constitucional
del debido proceso, al dictar una sentencia con infracción a las leyes de
procedimiento que constituyen la garantía de seguridad e igualdad en la litis e
incurriría en vicio de ultra petita, pues excedería en su pronunciamiento a más
de lo que se le ha pedido.

Sobre el particular expone doctrina del profesor Darío Benavente,


contenida en su obra “Derecho Procesal Juicio Ordinario y Recursos
Procesales”.

A mayor abundamiento, sostiene que es la doctrina nacional la que


unánimemente apoya el planteamiento de existencia de un vínculo contractual
entre el demandante y su parte, citando al efecto al Sr. Vicente Acosta, en su
obra “De la Responsabilidad Civil Medica”.
QZHQPGMGGY

Expresa que, en virtud de lo expuesto, debe rechazarse la demanda en


su contra, por cuanto el accionar por las normas del estatuto jurídico de la
C-7092-2013

responsabilidad extracontractual resulta del todo inadmisible, en razón a que


la ley que regula a las partes de la litis es la que impone el contrato que ellas
celebraron.

En segundo lugar, sostiene que procede el rechazo de la demanda por la


inexistencia de la responsabilidad extracontractual por la que se acciona en su
contra.

Manifiesta que para el evento que se estime admisible conocer del


fondo del asunto, la demanda debe ser rechazada, pues su parte actuó respecto
del demandante, cumpliendo cabal, oportuna y diligentemente con todas y
cada una de las obligaciones contractuales y legales que le correspondían, por
lo tanto, no existe en la especie ningún hecho ilícito que pueda imputársele y
que la obligue a indemnizar los daños que alega en su demanda.

Expone que es un prestador de salud institucional y privado que se


encuentra debidamente acreditado para otorgar toda clase de prestaciones y
servicios médicos, quirúrgicos y clínicos, actividades que desarrolla ya sea
con la actuación de sus equipos médicos de staff o bien a través de aquellos
profesionales que se encuentran debidamente acreditados para tal efecto.

En tal contexto, refiere que es efectivo que el Sr. Rodrigo Gómez


Fernández contrató con su parte la prestación de servicios médicos
especializados en cirugía urológica que requería para el tratamiento de su
patología de litiasis (cálculos) en su riñón izquierdo, los que en definitiva
fueron otorgados por los Dres. Carlos Iturriaga Villarroel (médico tratante) y
Fernando Marchant González (cirujano ayudante), ambos profesionales de
reconocida experiencia en el ejercicio de la especialidad de la urología.

Destaca que siendo una de las obligaciones del contrato que celebró
con el actor, la de proporcionar los servicios médicos de profesionales
debidamente calificados en experiencia y experticia en el ejercicio de las
especialidades médicas que el paciente requirió, dicha obligación por cierto
QZHQPGMGGY

fue cumplida cabal, oportuna, íntegra y diligentemente, pues todas las


atenciones médicas del Sr. Gómez siempre estuvieron a cargo de un equipo
conformado por reconocidos y connotados especialistas en urología,
C-7092-2013

coloproctología y todas las otras especialidades médicas que fueron necesarias


para el manejo de su condición, quienes siempre emplearon todos sus
conocimientos, ciencia y arte para establecer la hipótesis diagnóstica ajustada
a la sintomatología clínica del paciente; indicar el consecuente tratamiento;
ejecutar debidamente el procedimiento acordado; y, manejar oportuna y
diligentemente la complicación impredecible e inevitable que se presentó.

Sobre este mismo punto, explica que el contrato celebrado solo genera
obligaciones de medio y jamás de resultado, por cuanto en medicina resulta
físicamente imposible obligarse a la obtención de un resultado preciso y
determinado, tal y como lo sería la formulación de un diagnóstico sin que
existan signos clínicos que lo evidencien o el evitar en un 100% la ocurrencia
de complicaciones propias de la enfermedad y/o su necesario tratamiento, ya
que involucra acciones en el cuerpo humano, cuyos resultados finales se
asocian a múltiples e independientes factores, los que muchas veces son
completamente ajenos y escapan a la esfera del actuar del médico.

Además, hace presente que, conforme con el mandato legal consagrado


en el artículo 112 del Código Sanitario, en cuya virtud todas las actividades
propias de la medicina u otras relacionadas con la conservación y
restablecimiento de la salud -como son los hechos cuestionados en la
demanda- solo pueden ser desempeñadas por quienes posean el título
respectivo (médico cirujano, matrona, enfermera) otorgado por la Universidad
de Chile u otra reconocida por el Estado, por lo que resulta jurídicamente
irrefutable que todo el decidir y quehacer médico es de exclusiva
responsabilidad del médico tratante del paciente, quien goza de una
infranqueable independencia técnica en su actuar, quedando su parte, en la
más absoluta imposibilidad de determinar o interferir en la materialización de
todas aquellas conductas que son inherentes al ejercido profesional -tales
como la formulación de diagnósticos, la indicación y ejecución de
tratamientos-, pues de hacerlo incurriría en el ilícito de ejercicio ilegal de la
QZHQPGMGGY

profesión, tal y como se conceptualiza en el artículo 113 del Código Sanitario.


C-7092-2013

En este orden de ideas, invoca y transcribe los artículos 20 del Decreto


161 de 1982, del Ministerio de Salud, que aprueba el Reglamento de
Hospitales y Clínicas y 10 de la Ley N° 20.584, que regula los derechos y
deberes que tienen las personas en relación con acciones vinculadas a su
atención en salud

En cuanto a las atenciones médicas prestadas al demandante en sus


dependencias, señala que el día 17 de abril del 2012, don Rodrigo Gómez
Fernández ingresó a sus instalaciones para someterse a una nefrolitectomía
percutánea, procedimiento quirúrgico que había programado previamente con
su médico tratante, ante el antecedente de litiasis urinaria de larga data (8 años
aproximadamente) y el diagnóstico de litiasis coraliforme en riñón izquierdo
de gran tamaño, evidenciado en Pielotac previa que mostraba que esta litiasis
tenía un tamaño de 3 x 1,5 centímetros., ocupaba la pelvis renal y el cáliz
inferior, con una densidad de 1365 UF (sic), además de mostrar otro cálculo
en cáliz inferior del mismo riñón.

Refiere que a su ingreso el paciente suscribió el correspondiente


documento de consentimiento informado, en cuya virtud se corrobora que el
Dr. Carlos Iturriaga Villarroel, en forma previa, le había entregado
información completa y suficiente sobre la naturaleza de su patología, las
alternativas de tratamiento existentes, sus riesgos, complicaciones y
limitaciones propias e inherentes.

Precisa que la nefrolitectomía percutánea, al igual que cualquier


procedimiento médico, no se encuentra exenta de riesgos y/o complicaciones,
entre las cuales la literatura especializada describe: los sangramientos o
hemorragias, lesiones en el riñón u órganos vecinos (como por ejemplo el
colon), infecciones urinarias y/o del riñón, cólicos, cálculos residuales o
recurrencia de los mismos.

Manifiesta que, estando el paciente debidamente preparado, y sin que


presentara condición alguna que contraindicara su cirugía, ésta se llevó a cabo
QZHQPGMGGY

el mismo día 17 de abril, siendo practicada por el equipo integrado por el Dr.
Carlos Iturriaga Villarroel, como cirujano principal, el Dr. Fernando Marchant
C-7092-2013

González, como cirujano ayudante, el Dr. Fernando Delgado Santibáñez,


como anestesiólogo, y dona Valeska Cipitria Yánez, como arsenalera.

Expone que la nefrolitectomía percutánea del paciente se desarrolló en


tiempos normales, sin que se presentara complicación intraoperatoria alguna,
y en su ejecución se respetaron todos los protocolos de seguridad que existen
para su adecuada realización, esto es, se instaló catéter uretral mediante
cistoscopia, que permitió inyectar medio de contraste para identificar el riñón;
luego, bajo guía radioscópica, se accedió con nefroscopio sin dificultades al
riñón, fragmentando los cálculos y extrayendo sus restos en su totalidad;
durante el retiro del nefroscopio se revisó el trayecto por visión directa, sin
que se observara lesión alguna; y, antes del término del procedimiento, se
instaló sonda de nefrostomía, a través de la cual nuevamente se inyectó medio
de contraste, verificándose así su correcta posición y la indemnidad del riñón
y órganos adyacentes.

Refiere que, en el primer día postoperatorio, el paciente fue evaluado


por su médico tratante, quien pudo corroborar que se encontraba en buenas
condiciones generales, afebril, con abdomen blando, depresible e indoloro, y
con diuresis normal por sonda.

Al segundo día postoperatorio, esto es, el 19 de abril de 2012, el


paciente se encontraba hemo dinámicamente estable y en buenas condiciones
generales, no obstante ello, presentó salida de líquido de mal olor por zona
periférica de nefrostomía y enfisema escrotal izquierdo, signos que hicieron
que su médico tratante sospechara la presencia de una complicación
postquirúrgica, ante lo cual indicó la realización de un TAC de abdomen, el
que mostró imágenes compatibles con una perforación colónica. Ante tal
evidencia, el paciente fue inmediatamente evaluado por el Dr. Daniel Soto,
especialista en coloproctología, quien planteó la necesidad de practicar una
laparotomía exploradora a fin de establecer con certeza la existencia de una
perforación y consecuencialmente proceder a su reparación.
QZHQPGMGGY

Afirma que dicho procedimiento quirúrgico se llevó a cabo, por el


equipo comandado por el coloproctólogo Dr. Soto, el mismo 19 de abril, y
C-7092-2013

permitió corroborar que el Sr. Gómez presentaba un proceso inflamatorio del


colon descendente, y que al liberarse el colon sigmoides se identifica una
pequeña perforación de colon izquierdo distal a ángulo esplénico, la que
obligó a la resección del colon (operación de Hartmann) por las condiciones
locales de los tejidos del mismo, dejando la correspondiente colostomía.
Agrega que en esta laparotomía exploradora no se encontró material
estercoráceo, colecciones líquidas ni una gran reacción peritoneal, lo que es
clara prueba de la oportuna pesquisa de la complicación postoperatoria que
presentó el paciente.

Relata que la evolución posterior del Sr. Gómez fue favorable y


satisfactoria, lo que permitió indicar su alta hospitalaria en buenas condiciones
generales, el día 28 de abril de 2012, con su colostomía funcionando
adecuadamente, y con las correspondientes indicaciones de cuidado y control
ambulatorio. Posteriormente, el paciente solo acudió a control ambulatorio
con el Dr. Iturriaga el 04 de mayo de 2012, ocasión en que se corroboró que
desde el punto de vista urológico estaba en buenas condiciones. Además, se
controló ambulatoriamente con el Dr. Daniel Soto, los días 03 de mayo y 28
de junio de 2012, oportunidades en que también se confirmó su favorable
evolución, planificándose en la última fecha citada el cierre de su colostomía,
procedimiento que desconoce si se llevó a cabo o no, ya que el paciente no
volvió a consultar en sus dependencias.

Afirma que los hechos descritos, demuestran que durante las atenciones
brindadas al Sr. Gómez en sus instalaciones no concurre ninguno de los
elementos generadores de la responsabilidad extracontractual que se pretende
de su parte, así:

1° En cuanto a la existencia de una conducta negligente y/o culpable de


su parte o del equipo médico que atendió al paciente: Indica que el mérito de
los hechos expuestos deja evidencia lo insostenible que resulta configurar la
existencia de una conducta negligente y/o culpable en las atenciones que
QZHQPGMGGY

otorgó al paciente, requisito esencial para establecer una condena de


responsabilidad indemnizatoria, según lo dispuesto en los artículos 2314 y
C-7092-2013

2316 del Código Civil. Concretamente, todo su actuar y el del equipo médico
tratante del paciente fue absolutamente ajustado a la Lex Artis de la medicina,
toda vez que:

a) Diligente y oportunamente puso a disposición del paciente los


servicios profesionales de diversos médicos especialistas, debidamente
acreditados y calificados en experiencia y experticia, para prestar las
atenciones requeridas.

b) Tanto los codemandados como el equipo médico que participó en las


atenciones del paciente cumplieron cabal, íntegra y diligentemente con todos
sus deberes éticos y profesionales.

c) El procedimiento de nefrolitectomía percutánea fue correctamente


indicado, ya que el paciente presentaba una litiasis renal coraliforme, de gran
tamaño y densidad.

d) En la ejecución de la nefrolitectomía percutánea del paciente se


respetaron todos los protocolos para su segura y correcta realización,
descartándose, además, por los medios idóneos la indemnidad de los tejidos y
órganos vecinos.

e) La perforación de colon que presentó el paciente es una de las


complicaciones que la literatura de la especialidad describe como propia e
inherente a la realización de toda nefrolitectomía percutánea, y cuya
ocurrencia es imposible de evitar aun en las manos más expertas y con la
mejor de las técnicas.

f) La complicación postoperatoria del paciente fue pesquisada,


diagnosticada y tratada en forma oportuna y diligente, lo que permitió indicar
el alta hospitalaria del Sr. Gómez en buenas condiciones generales, tan solo a
los 9 días siguientes del diagnóstico y consecuente tratamiento de la referida
complicación, no obstante que ella tiene asociada un alto índice de mortalidad
y morbilidad.
QZHQPGMGGY

g) Aun cuando no es una obligación de su parte, la existencia de un


documento de consentimiento informado firmado por el paciente con
C-7092-2013

anterioridad a su intervención quirúrgica permite corroborar que su médico


tratante dio fiel cumplimiento a dicho deber bioético y legal.

2° En cuanto al nexo de causalidad: Señala que conforme con el artículo


2329 del Código Civil, no logra configurarse este elemento de la
responsabilidad civil extracontractual, por cuanto su conducta y la del equipo
médico tratante del paciente siempre fue correcta, diligente y oportuna, es
decir, carente de culpa. En este sentido, agrega que la perforación de colon
alegada por la contraria no es constitutiva de un daño imputable al actuar
quirúrgico de los codemandados ni mucho menos al proceder de su parte.

3° En cuanto a los daños reclamados: Niega la existencia de los


mismos, toda vez que aun cuando la contraria lograra demostrar que sufrió
una pérdida patrimonial y los padecimientos físicos y psicológicos que alega
como daño moral, ellos solo son consecuencia de la ocurrencia de una
complicación inherente al procedimiento realizado, es decir, la materialización
de un riesgo propio a la actividad médico-quirúrgica desplegada, de suerte tal
que en nada se vinculan con el correcto actuar profesional de los
codemandados, del equipo médico que lo atendió o de su parte.

Sobre el particular, solicita desestimar el daño emergente o perjuicio


patrimonial demandado por el actor, toda vez que él aun le adeuda el copago
que es de su cargo, en razón de los servicios que le fueron prestados, de
manera tal que ello jamás ha significado detrimento o pérdida patrimonial
alguna para el actor.

En el primer otrosí de su presentación, deduce demanda


reconvencional de indemnización de perjuicios por responsabilidad
contractual, a objeto que se condene al demandado reconvencional al
cumplimiento forzado de la obligación que incumplió, mediante el pago a su
parte de la suma de $2.970.511, más la correspondiente indemnización de
perjuicios, constituida por el monto de los intereses legales que dejó de
percibir por la falta de pago del dinero que originalmente se le adeudaba, todo
QZHQPGMGGY

ello con reajustes y costas.


C-7092-2013

Manifiesta que, conforme expuso en lo principal, don Rodrigo Gómez


Fernández y su parte celebraron un contrato de prestación de servicios
médicos para las atenciones que el demandado reconvencional requirió con
ocasión de su cirugía de nefrolitectomía percutánea que se practicó el 17 de
abril de 2012, contrato en el que en términos simples las dos partes se
obligaron recíprocamente; una a otorgar los servicios convenidos y la otra a
pagar el precio de tales servicios.

Refiere que es así que, en cuanto a la naturaleza de las obligaciones


impuestas a su parte y a los hechos que demuestran el cabal, oportuno y
diligente cumplimiento de sus obligaciones, por razones de economía procesal
se remite íntegramente a lo expuesto en su contestación.

Con relación a la obligación impuesta al demandado reconvencional,


consistente en el pago oportuno de los servicios médicos prestados, esto es,
inmediatamente después de terminada su hospitalización y liquidada la cuenta,
señala que el valor total de ellos asciende a $2.970.511, suma de dinero que
representa el íntegro copago de cargo del Sr. Gómez, después de descontar del
total de la cuenta hospitalaria todas las bonificaciones efectuadas por su
sistema previsional, cantidad que hasta la fecha de su presentación no ha sido
pagada, por lo que resulta evidente el incumplimiento contractual en que ha
incurrido el demandado reconvencional.

En cuanto al derecho, sostiene que la responsabilidad contractual del


demandado reconvencional es clara, y precisamente tiene su origen y causa en
el incumplimiento de su obligación pactada en el contrato de prestación de
servicios médicos y clínicos de hospitalización que fue legalmente celebrado.

Al efecto, invoca los artículos 1545, 1546 y 1556 del Código Civil,
indicando que las cláusulas pactadas por las partes, constituyen la ley sobre la
que el Tribunal deberá analizar y ponderar los hechos y el derecho sometido a
su conocimiento. Es así, que conforme con las estipulaciones establecidas por
las partes del contrato, el pago al cual se encontraba obligado el demandado
QZHQPGMGGY

reconvencional debía efectuarse al contado, inmediatamente al determinarse el


C-7092-2013

valor total de los servicios prestados, lo que precisamente ocurrió al término


de las atenciones prestadas al paciente, esto es, el 28 de abril de 2012.

Sostiene que, estando vencido el plazo estipulado por las partes para
que el demandado reconvencional pagara los servicios previamente prestados,
el deudor está constituido en mora, por lo que su parte está completamente
facultada para exigir lo que en derecho le corresponde, según las reglas
contenidas en los artículos 1537 y siguientes, 1551 y 1552 del Código Civil.

Concluye que, de acuerdo a lo expuesto, es indudable que don Rodrigo


Gómez le adeuda la suma de $2.970.511, cantidad que representa el
cumplimiento forzado de su obligación incumplida o indemnización
compensatoria, más los intereses legales que se hubiesen devengado hasta el
momento en que se produzca el pago efectivo, lo que equivale a la
indemnización de perjuicios por la mora que en este acto reclama.

SÉPTIMO: Que, a fojas 256 y siguientes, contestó la demanda el Dr.


Carlos Iturriaga Villarroel, solicitando sea rechazada en todas sus partes, con
costas.

Manifiesta que analizando los elementos que copulativamente debieran


concurrir para determinar la existencia de la responsabilidad extracontractual
demandada en autos, concluye que ninguno de ellos se configura en el caso de
marras.

Relata que, en el mes de abril del año 2012, el Sr. Rodrigo Gómez
acudió a su consulta, ya que es médico cirujano especialista en urología, y
padecía un cuadro de litiasis urinaria.

Refiere que en tal contexto, practicó una completa evaluación del


paciente, en la que destaca los siguientes antecedentes: a) Paciente de 26 años
de edad; b) Desde los 18 años presentaba litiasis urinaria; c) Traía examen de
imagen que confirmaba una litiasis coraliforme en riñón izquierdo, que
ocupaba cálices renales y pelvis renal completa del riñón de 3x15 centímetros,
QZHQPGMGGY

más otro cálculo en cáliz inferior del mismo riñón: y, d) El paciente se había
C-7092-2013

realizado diversos exámenes de sangre, todos los cuales se encontraban en


rangos normales.

Expresa que, con todos esos antecedentes, le informó y explicó al actor


detalladamente en qué consistía su cuadro, cuáles eran las alternativas de
tratamiento existentes y que en su caso la terapia más recomendable era una
nefrolitectomía percutánea, dado el tamaño de los cálculos que se visualizaban
en sus exámenes de imágenes. En particular, le informó en qué consiste dicha
intervención y, que al igual que cualquier procedimiento médico, no se
encuentra exenta de riesgos, complicaciones y/o limitaciones propias e
inherentes, entre las cuales se destacan los sangramientos o hemorragias,
lesiones en el riñón u órganos vecinos, infecciones urinarias y/o del riñón,
cólicos, cálculos residuales o recurrencia de los mismos.

Afirma que, estando debidamente informado, el demandante decidió


someterse al tratamiento quirúrgico propuesto, y una vez que cumplió con las
indicaciones preoperatorias que son de rigor, de común acuerdo programaron
la realización de la nefrolitectomía percutánea para el día 17 de abril de 2012.

Indica que en la fecha señalada, el paciente ingresó a Clínica


Bicentenario y antes de entrar a pabellón lo evaluó y volvió a explicarle en
qué consistía el procedimiento que desarrollaría, comandando el equipo
quirúrgico que practicaría la cirugía.

Expone que durante la ejecución de la nefrolitectomía percutánea se


respetaron todos los protocolos de seguridad que existen para su adecuada
realización. Concretamente, se instaló catéter uretral bajo guía radioscópica en
riñón izquierdo, lo que permitió inyectar medio de contraste para identificar el
riñón y posteriormente procedió a puncionarlo e ingresar a cavidades que
alojaban la litiasis.

Señala que el paciente fue colocado en posición decúbito prono y bajo


guía radioscópica accedió sin dificultad al riñón, fragmentando el cálculo y
QZHQPGMGGY

extrayendo los restos en su totalidad, verificándose al finalizar la cirugía que


no quedaban fragmentos de cálculos, retirándose el nefroscopio que indicaba
el trayecto sin evidencia de lesión de colon o de contenido fecal. Al término
C-7092-2013

del procedimiento, y para efectos de favorecer el drenaje de la orina desde el


riñón izquierdo, dejó un tubo de nefrostomía y un catéter uretral.

Asevera que la evolución postoperatoria del paciente el primer día fue


favorable, tanto así que constató que se encontraba en buen estado general, sin
dolor, por lo que ordenó que se le retirara la sonda Foley y el catéter uretral.

Sostiene que, sin embargo, en la mañana del 19 de abril lo volvió a


evaluar constatando que se encontraba en buen estado general, pero con dolor
y aumento de volumen de hemiscroto izquierdo, con abdomen blando
depresible, manteniendo la indicación de antibióticos, siendo informado
minutos más tarde por la enfermera a cargo, de la salida de líquido de mal olor
por la zona periférica de nefrostomía, razón por la cual, lo vuelve a evaluar
constatando la salida de líquido de aspecto estercoráceo.

Refiere que, ante esta situación, indicó la realización de un TAC de


abdomen, a fin de descartar o confirmar una eventual perforación de colon, el
que arrojó que existía abundante aire, sin líquido libre ni la existencia de una
reacción peritoneal.

Manifiesta que, en virtud de lo anterior, solicitó la evaluación de un


médico cirujano, especialista en cirugía digestiva, siendo evaluado por el Dr.
Daniel Soto, quien, ante el resultado del TAC, decidió la realización de un
aseo peritoneal y una operación de Hartmann por las condiciones locales del
colon, en la que se le realizó una colostomía.

Relata que dicha intervención -en la que participó como segundo


cirujano- se realizó sin complicación alguna, siendo trasladado posteriormente
a la Unidad de Terapia Intensiva, donde evolucionó favorablemente, lo que
permitió que indicara su alta hospitalaria el día 28 de abril de 2012, en buenas
condiciones, con tratamiento antibiótico y la indicación de control ambulatorio
en urología y coloproctología.

Expresa que el 04 de mayo de 2012, el paciente asistió al control


QZHQPGMGGY

ambulatorio con su parte y en el cual se constató que se encontraba bien, que


la herida de la nefrostomía estaba cerrada y la herida abdominal sana,
C-7092-2013

citándolo a control en 3 semanas más. Agrega que, sin embrago, el paciente no


volvió a consultar a su parte, por lo que desconoce cuál fue su evolución
posterior.

Asevera que, así las cosas, la demanda intentada en su contra debe ser
rechazada, pues no concurren ninguno de los elementos generadores de la
responsabilidad extracontractual que se pretende, a saber:

a) En cuanto a la existencia de una conducta negligente y/o culpable en


la atención del paciente: Señala que todo su actuar fue absolutamente ajustado
a la Lex Artis de la medicina, toda vez que:

- Cuenta con una sólida acreditación de especialidad, de manera tal que


contaba con la debida calificación para prestar las atenciones que se le
cuestionan en la demanda.

- Practicó una completa anamnesis y examen del paciente, evaluando en


forma debida y diligente todos y cada uno de sus antecedentes clínicos.

- Informó debidamente al paciente sobre las características de la técnica


quirúrgica que se siguió para la resolución de su cuadro renal.

- La nefrolitectomía percutánea era la alternativa de tratamiento correcta


e indicada para el manejo de la patología del actor.

- El procedimiento de nefrolitectomía percutánea fue correcta y


debidamente ejecutado por su parte.

b) En relación al nexo de causalidad: Refiere que según lo dispuesto en


los artículos 2314 y 2329 del Código Civil, solo son indemnizables aquellos
daños que puedan imputarse a malicia o negligencia de otra persona, requisito
que no es posible de configurar en los hechos, ya que su proceder siempre fue
correcto, diligente y oportuno, es decir, carente de culpa, pues de existir tales
daños, ellos solo son consecuencia de la materialización de uno de los riesgos
propios e inherentes a la cirugía de nefrolitectomía.
QZHQPGMGGY

c) En cuanto a los daños reclamados: Niega la existencia de los mismos,


y aun en el evento en que la contraria lograra demostrar que ha padecido los
C-7092-2013

perjuicios señalados, afirma que ellos de modo alguno se vinculan con el


actuar de su parte, por cuanto solo obedecen a la presentación de una
complicación propia e inherente a la actividad quirúrgica desplegada, cuyo
desarrollo es absolutamente imposible de evitar.

Concluye que, así las cosas, el tipo de responsabilidad que se le


pretende imputar carece de sustento fáctico-jurídico, pues en la especie no
concurren ninguno de los requisitos esenciales y copulativos que hacen nacer
la obligación de indemnizar.

OCTAVO: Que, a fojas 261 y siguientes, contestó la demanda el Dr.


Fernando Marchant González, solicitando sea rechazada en todas sus partes,
con costas.

Manifiesta que es médico cirujano, especialista en urología, y en tal


condición participó como cirujano ayudante en la intervención quirúrgica de
nefrolitectomía percutánea realizada al paciente Sr. Rodrigo Gómez
Fernández, el 17 de abril de 2012 en Clínica Bicentenario.

Refiere que el Sr. Gómez presentaba cálculo en su riñón izquierdo, de


tipo coraliforme, es decir, que ocupaba cálices renales y pelvis renal completa,
con un tamaño en su diámetro superior a dos centímetros, siendo en
consecuencia la técnica de nefrolitectomía percutánea la correcta y adecuada
para la resolución de su padecimiento.

Relata que durante la ejecución de la cirugía se respetaron todos los


protocolos de seguridad que existen para su adecuada realización.
Concretamente, tuvo a la vista todos y cada uno de los exámenes
preoperatorios de sangre y de orina, y que fueron ordenados por su médico
tratante y primer cirujano, Dr. Carlos Iturriaga Villarroel, así como también la
tomografía computada sin contraste (Pielotac) para la planificación de la
punción.

Expresa que ya en la cirugía, se instaló primeramente un catéter uretral


QZHQPGMGGY

bajo guía radioscópica en riñón izquierdo, lo que permitió inyectar medio de


contraste para identificar el riñón; posteriormente se procedió a puncionarlo,
C-7092-2013

encontrándose el paciente en posición decúbito prono, e ingresar a cavidades


que alojaban la litiasis. Así, se accedió sin dificultad al riñón, fragmentando el
cálculo y extrayendo los restos en su totalidad.

Señala que, al finalizar la cirugía, el equipo médico verificó, mediante


rayos, que no quedaban fragmentos de cálculos, retirando el nefroscopio y
observando al mismo tiempo el trayecto de salida, sin que se evidenciara
lesión de colon o salida de contenido fecal. Al término, y para efectos de
favorecer el drenaje de la orina, se dejó una sonda de nefrostomía y un catéter
uretral. Y por último se inyectó líquido de contraste a través de dicho tubo, sin
que se observara presencia de fluido en el colon.

Indica que, durante el post operatorio se detectó una lesión de colon, el


19 de abril de 2012, participó como tercer ayudante de la cirugía de aseo
peritoneal y de la operación de Hartmann que se practicó al Sr. Gómez, la que
se realizó sin complicación alguna, quedando exitosamente desviado el
tránsito intestinal al exterior como parte de dicha cirugía.

Expone que el paciente fue traslado a la Unidad de Terapia Intensiva,


donde evolucionó favorablemente, y habiéndose superado satisfactoriamente
la complicación presentada, su médico tratante le indicó el alta el 28 de abril
de 2012, en buenas condiciones, con tratamiento antibiótico y la indicación de
control ambulatorio en urología y coloproctología.

Plantea que, la demanda debe ser rechazada, ya que actuó respecto del
actor cumpliendo cabal, oportuna y diligentemente con todos y cada uno de
los deberes que le asistían en el ejercicio de su profesión, por lo que las
imputaciones efectuadas, en cuanto cuestionan su obrar son falsas, pues todo
su actuar ajustado la Lex Artis de la ciencia médica.

Sostiene que analizando los elementos que debieran concurrir para la


existencia de la responsabilidad demandada en autos, concluye que ellos no se
presentan bajo perspectiva alguna en los hechos sometidos al conocimiento
QZHQPGMGGY

del Tribunal, toda vez que:


C-7092-2013

1° En cuanto a la existencia de una conducta negligente: Refiere que es


insostenible la existencia de este elemento de la responsabilidad
extracontractual demandada, por cuanto:

- Cuenta con una sólida acreditación de especialidad, de manera tal que


contaba con la debida calificación para prestar las atenciones que se
cuestionan en la demanda.

- La cirugía de nefrolitectomía percutánea del paciente se desarrolló con


absoluta normalidad sin que se evidenciara la existencia de lesión de colon o
de contenido fecal al finalizar la cirugía, tomándose todas las medidas de
seguridad para garantizar su resultado.

- La lesión de colon que presentó el paciente, con posterioridad a la


cirugía, es una complicación propia de la misma y forma parte de los riesgos
inherentes a la nefrolitectomía percutánea a la que se sometió, conforme fue
debidamente informado y explicado por su médico tratante.

- El manejo del paciente con posterioridad a la nefrolitectomía


percutánea fue el correcto y adecuado, puesto que la complicación presentada
fue debida y oportunamente pesquisada por el equipo médico, realizándose la
segunda cirugía de aseo peritoneal y culminando con la realización de la
operación de Hartmann, la cual fue correcta y debidamente ejecutada,
lográndose superar de forma satisfactoria dicha complicación.

2° En cuanto al nexo de causalidad: Indica que, conforme a los


planteamientos precedentes, resulta innecesario entrar a analizar la existencia
de un nexo de causalidad, para sustentar una obligación indemnizatoria de su
parte para con el demandante. Agrega que siendo su obrar carente de culpa, y
de existir un daño solo sería imputable a eventos completamente ajenos a la
esfera de su actuar, y que, por ende, lo eximen de toda responsabilidad.

3° En cuanto al daño reclamado: Sostiene que no existe lesión o daño,


pues la posterior cirugía de Hartmann y demás intervenciones a las que debió
QZHQPGMGGY

someterse el paciente solo corresponden al necesario tratamiento de las


complicaciones propias e inherentes de la cirugía de nefrolitectomía
C-7092-2013

percutánea a la que se sometió, y cuya ocurrencia es un evento absolutamente


inevitable aun en las manos más expertas y con la mejor de las técnicas. En tal
sentido, concluye que los eventuales padecimientos que el Sr. Gómez pueda
haber soportado, no pueden ser imputables a su parte, quien adoptó las
medidas correctas y necesarias para lograr la correcta extirpación del cálculo
renal de que padecía y su posterior participación en la ejecución de la cirugía
para superar la complicación que presentó, situación que lo exime de toda
obligación indemnizatoria.

Así las cosas, concluye que la responsabilidad que se le pretende


imputar, carece de todo sustento factico jurídico, pues en la especie no
concurre ninguno de los requisitos esenciales y copulativos que hacen nacer la
obligación de indemnizar.

NOVENO: Que, a fojas 270, se tuvo por evacuada la réplica en rebeldía


del demandante.

DÉCIMO: Que, a fojas 271, el demandado Dr. Carlos Iturriaga


Villarroel evacuó la dúplica, dando íntegramente por reproducidas todas y
cada una de las consideraciones de hecho y de derecho expuestas en su escrito
de contestación.

UNDÉCIMO: Que, a fojas 272, evacuó la dúplica Clínica Bicentenario


S.A., dando por íntegramente reproducidas cada una de las consideraciones de
hecho y de derecho expuestas en su contestación y destacando que el actor
reconoce que no ha pagado la cuenta generada por el proceso de
hospitalización, antecedente que desvirtúa la existencia del daño emergente
que se reclama en la demanda, por cuanto ha sido el propio demandante quien
ha reconocido que su patrimonio no se ha visto disminuido por la falta de pago
de la referida cuenta hospitalaria.

En el primer otrosí de su presentación, evacuó el trámite de la réplica


reconvencional, señalando que los argumentos expuestos en su reconvención
QZHQPGMGGY

no han sido desvirtuados por la contraria. Agrega que, a mayor abundamiento,


el demandado reconvencional confiesa expresamente en su escrito de fecha 27
de enero de 2015 la existencia de la obligación de pago y su incumplimiento.
C-7092-2013

DUODÉCIMO: Que, a fojas 273, se evacuó la dúplica por el


demandado Dr. Fernando Marchant González, dando por íntegramente
reproducidas cada una de las consideraciones de hecho y de derecho expuestas
en su escrito de contestación.

DÉCIMO TERCERO: Que, a fojas 276 y 277, el demandante y


demandado reconvencional evacuó la dúplica reconvencional, solicitando el
rechazo de la reconvención, en todas sus partes, con costas.

Manifiesta que, si llegase a existir alguna obligación que la contraria


considere pendiente, no se puede considerar que su parte se encuentra en mora
de cumplirla, en virtud de lo dispuesto por el artículo 1552 del Código Civil,
toda vez que resulta evidente que la clínica demandada no ha cumplido por su
parte, y que tampoco se encuentra llana a cumplir en la forma y tiempos
debidos.

Por otro lado, sostiene que la contraria ni siquiera tiene claro al solicitar
en la demanda reconvencional lo que pretende, ya que en un primer momento
señala “tener por interpuesta demanda reconvencional de indemnización de
perjuicios por responsabilidad contractual en contra de don Rodrigo Andrés
Gómez Fernández”, e inmediatamente después en el mismo escrito señala,
“condenando al demandado reconvencional al cumplimiento forzado de la
obligación que incumplió”.

Plantea que en el supuesto que su parte mantuviese una obligación


pendiente, no se entiende si lo que se persigue es una indemnización de
perjuicios o un cumplimiento forzado, por lo que a su parecer no podría darse
curso a una solicitud que ni siquiera la demandante reconvencional tiene claro
que pretende mediante su acción. Agrega que, además, se debe considerar que
la contraria alega el incumplimiento de una obligación sin acreditar con algún
documento o medio que le permita dar fundamento a su solicitud, solo
establece un monto, al parecer, aleatorio.
QZHQPGMGGY

Por lo tanto, sostiene que, a su entender, si se solicita una


indemnización de perjuicios, ésta debiera a lo menos hacer mención a los
C-7092-2013

perjuicios que se han ocasionado, especificando en los daños los conceptos


por los que se solicita, esto es, daño emergente, lucro cesante y/o daño moral.

Afirma que, por otro lado, si lo que solicita es el cumplimiento de una


obligación que se considera pendiente, a lo menos debiese especificar y fundar
sus dichos, ya que indica solamente un monto, sin precisar en qué respalda
aquella aseveración.

DÉCIMO CUARTO: Que, en apoyo de sus pretensiones, el


demandante acompañó la siguiente prueba documental:

1) A fojas 1 y siguientes, copia de Formulario de Liquidación Cuenta


Médica, emitido por Isapre Consalud, a nombre de don Rodrigo Gómez
Fernández, correspondiente a realización de litiasis renal, tratamiento
quirúrgico percutáneo, en Clínica Bicentenario S.A, con fecha 17 de abril de
2012, por un total de $7.287.318.

2) A fojas 5 y 6, copia de Resumen Liquidación Cuenta Médica, emitida


por Isapre Consalud, a nombre de don Rodrigo Gómez Fernández,
correspondiente a realización de litiasis renal, tratamiento quirúrgico
percutáneo, en Clínica Bicentenario S.A, con fecha 17 de abril de 2012, por un
total de $7.287.318 y copago final de $1.309.871.

3) A fojas 7 y siguientes, copia de Formulario de Liquidación Cuenta


Médica, emitido por Isapre Consalud, a nombre de don Rodrigo Gómez
Fernández, correspondiente a realización de operación de Hartman, en Clínica
Bicentenario S.A, con fecha 17 de abril de 2012, por un total de $5.897.884.

4) A fojas 13, copia de Resumen Liquidación Cuenta Médica, emitida


por Isapre Consalud, a nombre de don Rodrigo Gómez Fernández,
correspondiente a realización de litiasis renal, tratamiento quirúrgico
percutáneo, en Clínica Bicentenario S.A, con fecha 17 de abril de 2012, por un
total de $1.389.434 y copago final de $1.026.690.
QZHQPGMGGY

5) A fojas 14 y siguientes, Copia de Ficha de Hospitalización de Clínica


Bicentenario correspondiente a don Rodrigo Gómez Fernández.
C-7092-2013

En anamnesis el Dr. Carlos Iturriaga consigna que con fecha 17 de abril


de 2012 el paciente ingresa para realizarse nefrolitectomía percutánea.

Contiene, entre otros, los siguientes documentos: hoja de preingreso,


hoja de admisión, hojas de evoluciones médicas, hojas de indicaciones
médicas, exámenes, protocolo operatorio de litiasis renal tratamiento
quirúrgico percutáneo, protocolo operatorio de operación de Hartman,
registros clínicos de enfermería y epicrisis.

En hojas de evolución médica, se registra, entre otros, los siguientes


antecedentes:

- 17/04/2012 11:28: Dr. Carlos Iturriaga señala “Se realiza


nefrolitectomía percutánea sin complicaciones”.

- 19/04/2012 08:27: Dr. Carlos Iturriaga describe “Buen estado general


pero quejumbroso. Desde anoche con aumento de volumen en hemiscroto
izquierdo por lo que quedó con suspensión escrotal”.

-19/04/2012 08:51: Dr. Carlos Iturriaga indica “Enfermera avisa que


sale mal olor perinefrostomía. Se revisa la zona y se aprecia salida de líquido
con aspecto estercoráceo. Se indica TAC de abdomen”.

- 19/04/2012 13:14: Dr. Carlos Iturriaga consigna “Se tomó TAC de


abdomen que informa lesión de colon descendente en margen parietal
posterior neumoperitoneo y retroperitoneo que llega hasta hemiscroto
izquierdo. Se conversó con Dr. Daniel Soto, coloproctólogo para evaluación
del paciente y proceder con conducta terapéutica”.

- 20/04/2012 03:24: Dr. David Delgado registra “Paciente con


antecedentes de litiasis coraliforme de riñón izquierdo ingresa para realizar
nefrolitectomía percutánea electiva, procedimiento que se realiza 17-04-12,
comienza con dolor y distención abdominal marcada con aumento de volumen
a izquierda de consistencia hidroaérea. Se realiza estudio contrastado
QZHQPGMGGY

arrojando perforación de colon izquierdo distal con neumoperitoneo y proceso


inflamatorio en relación con pared posterior de colon descendente, por lo que
es evaluado por coloproctólogo quien realiza nueva cirugía en el día de hoy
C-7092-2013

con operación de Hartman con lavado de cavidad y toma de cultivo de cavidad


retropertoneal en zona cruenta. Recibo en UTI paciente estable HMD, sin
apremio respiratorio con dolor 8/10 muy ansioso, sin fiebre, con herida
cubierta y colostomía cerrada”.

- 28 de abril de 2012, 12:05: Dr. Daniel Soto refiere “Paciente está en


buenas condiciones, escaso dolor, herida op con seroma sh que dreno, drenaje
30 ml se retira. En mi opinión está en condiciones de alta con tratamiento atb
ambulatorio vía oral. Por parte mía, solo control ambulatorio”.

En epicrisis de fecha 28 de abril de 2012, se indica que el paciente fue


sometido a nefrolitectomía percutánea el 17-4-12 quedando libre de cálculos.
Durante el procedimiento se lesionó colon descendente, por lo que fue
operado el 19-4-12, realizándose aseo quirúrgico y operación de Hartman.
Evoluciona satisfactoriamente. Se da alta con tratamiento antibiótico y control
ambulatorio en urología y coloproctología. Control Dr. Iturriaga 4-5-12.

DÉCIMO QUINTO: Que, el demandado Dr. Carlos Iturriaga


acompañó los siguientes documentos:

1) A fojas 375 y siguientes, Currículum Vitae de don Carlos Iturriaga


Villarroel.

2) A fojas 394, documento emitido por Conacem en que consta que el


Dr. Carlos Iturriaga Villarroel tiene la especialidad de urología.

3) A fojas 395, Certificado de Inscripción en el Registro Nacional de


Prestadores Individuales de Salud de don Carlos Iturriaga Villarroel, quien
posee el título de médico cirujano otorgado por la Universidad de Chile el 11
de mayo de 1984 y certificado de especialista en urología otorgado por la
Corporación Nacional Autónoma de Certificación de Especialidades Médicas
(Conacem), emitido con fecha 16 de septiembre de 1993.

4) A fojas 661 y siguientes, copia de artículo denominado


QZHQPGMGGY

“Nefrolitotomía Percutánea”, redactada por la Asociación Francesa de


Urología y traducida al español por la Sociedad Chilena de Urología.
C-7092-2013

En ítem Riesgos y Complicaciones, señala que toda intervención


quirúrgica incluye un riesgo de complicaciones que pueden llegar a ser graves
y dependen no solo de la enfermedad que le afecta, sino que también de
variaciones individuales, no siempre previsibles.

Indica que pueden presentarse complicaciones directamente


relacionadas con la nefrolitotomía percutánea:

- Durante el procedimiento operatorio: hemorragia; lesión del riñón, de


las cavidades o de un vaso sanguíneo del riñón; lesión de un órgano vecino en
el abdomen o el tórax; falla de la punción o de la extracción.

- Durante el postoperatorio: hemorragia, que puede requerir el retiro de


los coágulos, una operación complementaria que puede llegar hasta la
ablación total o parcial del riñón; cólico nefrítico y obstrucción del uréter, que
justifica a veces el drenaje del riñón por una sonda que pase por las vías
naturales o directamente a través de la pared de la espalda; infección urinaria
y/o del riñón.

DÉCIMO SEXTO: Que, el demandado Dr. Fernando Marchant


González, acompañó la siguiente prueba instrumental:

1) A fojas 398 y siguientes, Currículum Vitae de don Fernando


Marchant González.

2) A fojas 435, documento emitido por Conacem en que consta que el


Dr. Fernando Marchant González tiene la especialidad de urología

3) A fojas 436, Certificado de Inscripción en el Registro Nacional de


Prestadores Individuales de Salud de don Fernando Marchant González, quien
posee título de médico cirujano otorgado por la Universidad de Chile el 04 de
enero de 2000 y certificado de especialista en urología otorgado por la
Corporación Nacional Autónoma de Certificación de Especialidades Médicas
(Conacem), emitido con fecha 08 de julio de 2004.
QZHQPGMGGY
C-7092-2013

DÉCIMO SÉPTIMO: Que, a fojas 440 y siguientes, la demandada


Clínica Bicentenario S.A. acompañó copia de Ficha Clínica de don Rodrigo
Gómez Fernández, referida en el numeral 5) del motivo décimo cuarto.

Además de los documentos referidos en dicho numeral, contiene:

- Reglamento de Hospitalización Clínica Bicentenario.

- Hoja de Consentimiento Informado sobre la intervención de


laparotomía exploradora, suscrito por don Rodrigo Gómez el día 19 de abril
de 2012.

- Hoja de Consentimiento Informado sobre la intervención de


nefrolitectomía percutánea, suscrito por don Rodrigo Gómez con fecha 17 de
abril de 2012.

DÉCIMO OCTAVO: Que, a fojas 330, 334, 338, 345, 362 y 368
rindieron prueba testimonial los demandados Clínica Bicentenario y Dres.
Carlos Iturriaga y Fernando Marchant, solicitando citar a estrados a los
señores Tomás Eduardo Olmedo, Alfredo Domenech Mercado, María Eugenia
Mellafe Miranda, Orosman Canales Salazar, Daniel Soto Castillo y don
Miguel Ángel Cuevas Toro, quienes legalmente examinados, desestimada la
tacha de don Orosman Canales y no tachados los restantes, y dando razón de
sus dichos, señalan al Tribunal lo siguiente:

Con relación al cuadro clínico del demandante, los Dres. Tomás


Olmedo, Alfredo Domenech, Orosman Canales y Miguel Ángel Cuevas están
contestes en señalar que el demandante presentaba una litiasis coraliforme en
riñón izquierdo; que el diagnóstico se estableció con un Pielotac; que es el
mejor examen para cualquier tipo de litiasis de la vía urinaria; que se le realizó
una nefrolitotomía percutánea, ya que por el tamaño de la litiasis era la cirugía
más recomendable, por ser menos invasiva y de más rápida recuperación; que
la cirugía se efectuó adecuadamente, y que dicha intervención quirúrgica,
como todas, tiene riesgos y complicaciones, las que fueron informadas al Sr.
QZHQPGMGGY

Gómez por su médico tratante, lo que les consta porque el paciente firmó el
consentimiento informado.
C-7092-2013

En este sentido, explica don Miguel Ángel Cuevas -que conoció del
caso porque el Dr. Iturriaga le consultó por ser jefe de postgrado de la
Universidad de Chile-, que la litiasis renal coraliforme es una patología que
implica la formación de un cálculo en la pelvis y todos los cálices del riñón
asociado habitualmente a fenómenos infecciosos que ponen en riesgo al riñón,
llevándolo muchas veces a la pérdida de su función y atrofia. Agrega el testigo
Sr. Orosman Canales -a quien le fue presentado el caso para su opinión por el
Dr. Iturriaga en su calidad de urólogo- que sus síntomas se caracterizan por
infecciones urinarias en general, hematuria (sangre en la orina) y dolor en la
zona renal del lado correspondiente.

Por su parte, precisa el Dr. Alfredo Domenech -quien supo del caso
porque el Dr. Marchant le pidió su opinión de especialista en el tema- que los
cálculos coraliformes son definidos así por su forma, ya que se asemejan a un
coral y se entiende, por lo tanto, que un coraliforme es de gran tamaño, porque
empieza a rellenar las cavidades del riñón, por lo que la recomendación
médica es operar estos cálculos, puesto que de no hacerlo, el paciente arriesga
una infección severa y daño renal irreversible.

Señala don Orasman Canales que el tratamiento consiste en extraer este


cálculo o litiasis, mediante cirugía que puede ser siguiendo diversos métodos:
(i) Cirugía abierta mediante una incisión de lumbotomía, lo cual significa abrir
la pared lumbar, eventualmente resecar una costilla y a continuación abrir el
riñón en dos, lo cual se llama nefrotomía ampliada; (ii) Cirugía percutánea que
es una cirugía mediante una punción por la pared lumbar y una punción al
riñón para extraer el cálculo fragmentándolo y así extraer los fragmentos a
través de esta punción: y, (iii) Litotripsia extracorpórea, la cual requiere
múltiples intervenciones bajo anestesia general con resultados inciertos
respecto de su éxito. Añade el Dr. Miguel Ángel Cuevas que hay evidencia
clara, precisa y contundente basado en medicina que la mejor opción para esta
patología es la nefrolitotomía percutánea.
QZHQPGMGGY

Explica el Dr. Tomás Olmedo -quien fue consultado por el Dr.


Marchant en su calidad de urólogo y profesor de la Universidad de Chile- que
C-7092-2013

la nefrolitotomía percutánea consiste en extraer litiasis de gran tamaño en


forma endoscópica, a través de un orificio en la piel y con acceso con distintos
tipos de instrumental al interior del riñón.

Detalla don Alfredo Domenech que esta técnica se realiza con anestesia
general en un pabellón de cirugía donde se coloca primero un catéter desde la
vejiga hasta el riñón a operar, ese catéter permite inyectar contraste y vuelve
evidente ante rayos las cavidades renales. Por el costado se punciona el flanco
a operar, habitualmente por debajo de la última costilla hasta una de estas
cavidades, cuando se obtiene orina comienza a dilatar el trayecto hasta poder
introducir un instrumento llamado nefroscopio, que mediante ópticas y
cámaras de televisión muestra el interior del riñón. Visualizado el cálculo se
procede a fragmentar y a extraer lo restos a través del costado del paciente.
Una vez completada la extracción de fragmentos se revisan las cavidades
renales y el trayecto desde el riñón hasta la piel. Terminada esta etapa se deja
una sonda de nefrostomía desde piel hasta el interior del riñón.

Relata el Dr. Tomás Olmedo que, en el caso de autos, la cirugía se


realizó en forma habitual y se logró fragmentar y extraer la litiasis. En el post
operatorio el paciente queda con nefrostomía y catéter ureteral como vía de
drenaje urinaria. Sin embargo, evoluciona con fiebre y con secreción alrededor
de la nefrostomía de material fecaloideo. Se realizan exámenes y se confirma
lesión de colón, por lo que es llevado a pabellón para realizar operación de
Hartmann con el fin de solucionar la lesión intestinal, que es la cirugía más
recomendable para este tipo de complicaciones. Agrega don Miguel Ángel
Cuevas que habiéndose ratificado la salida de deposición perisonda se
interconsulta al coloproctólogo, decidiendo realizar una colostomía transitoria,
el paciente es dado de alta con su colostomía y con su patología renal resuelta,
señalando, que en este caso la complicación sufrida nada tiene que ver con el
hecho de que haya o no cálculos residuales, sino que con el acceso de la
técnica quirúrgica.
QZHQPGMGGY

En cuanto a los riesgos y complicaciones que presenta la cirugía de


nefrolitectomía percutánea, los Dres. Domenech y Cuevas señalan que éstas
C-7092-2013

son múltiples y ampliamente conocidas en la literatura médica, precisando don


Orosam Canales que consisten en: (i) Hemorragia, tanto del riñón como de la
pared abdominal o lumbar, ya sea inmediata, durante la cirugía o en el
postoperatorio, es decir, horas o días de realizada la intervención; (ii) Lesión
de órganos vecinos, por las dificultades mismas del abordaje quirúrgico,
especialmente en los casos de litiasis coraliforme, ya que habitualmente ha
habido procesos inflamatorios que producen adherencias del riñón a los
órganos vecinos: vena cava, páncreas, arteria aorta, colon, hígado; y, (iii)
Infección, tanto de la herida operatoria (cualquiera sea el tipo de herida
percutánea o abierta) como del riñón mismo, ya que generalmente los cálculos
renales permiten la adherencia de bacterias urinarias. Agrega el testigo Sr.
Cuevas que todas estas alternativas están en el ítem de consentimiento
informado.

Respecto de la lesión de colon propiamente tal, el Dr. Alfredo


Domenech especifica que ella se debe a la cercanía que tiene el colon con el
riñón y es una complicación que habitualmente se pesquisa en los días
siguientes a la operación. Indica que se puede advertir al término de la cirugía,
pero si la lesión de colon fue por una lesión tangencial de la pared del colon,
muchas veces queda una zona isquémica, o sea, falta de sangre y termina
perforándose en las horas siguientes. Por lo tanto, lo más frecuente es
diagnosticar estas lesiones en el postoperatorio inmediato. Agrega que en el
caso del Sr. Gómez, se revisó el trayecto no encontrando colon perforado.

Finalmente, añade, don Tomás Olmedo, que esta complicación de lesión


de intestino ocurre en alrededor de 0,5 al 1% de los pacientes.

En relación a la existencia de una conducta culpable o negligente de los


demandados en la atención médica prestada al actor, todos los testigos están
contestes en señalar que los especialistas que participaron en las atenciones
fueron diligentes y actuaron en forma oportuna.

En este sentido depone don Alfredo Domenech que se respetaron todos


QZHQPGMGGY

los pasos necesarios para una cirugía exitosa, agregando que, aun cuando se
C-7092-2013

tomen todas las medidas para prevenir las complicaciones, éstas ocurren, por
lo que el equipo médico debe estar alerta para solucionarlas oportunamente.

Por su parte, señala don Orosman Canales que no ha habido ninguna


conducta negligente, ya que tanto el diagnóstico preoperatorio como la
intervención quirúrgica se ajustan a los estándares aceptados y en el
postoperatorio el diagnóstico, manejo y resolución de las complicaciones se
realizaron oportunamente, en el tiempo adecuado desde que se sospechó hasta
que se confirmó el diagnóstico de complicación y se procedió a la
reintervención, solicitando oportunamente la participación de un especialista
en aparato digestivo. Declaración que resulta coincidente con la del Dr.
Miguel Ángel Cuevas, quien afirmó que el diagnóstico de perforación del
colon fue precoz, debía ser resuelta por un especialista que corresponde a un
coloproctólogo y estar sujetos a sus indicaciones de acuerdo a su experticia y
competencia.

Así, lo confirma el médico Sr. Daniel Soto -que participó en la segunda


cirugía en calidad de cirujano coloproctólogo- quien expone que la
complicación que padeció el paciente fue pesquisada precozmente, ya que
estando hospitalizado le comunican que durante la mañana se pesquisa dolor
no habitual y salida de un líquido por un drenaje, por lo que se le realizó una
tomografía axial computada de abdomen (escáner), correspondiéndole
efectuar la segunda cirugía, realizándose una resección de colon izquierdo y
una colostomía conocida como operación de Hartmann. Explica que la cirugía
consiste en resecar parte del colon, abocar el extremo proximal a la piel, lo
que se conoce como colostomía y el cierre del extremo distal del colon
remanente. Agrega que con posterioridad a la cirugía el paciente tuvo una
buena evolución y quedó citado a controles ambulatorios, por el carácter de la
cirugía que realizó, que es transitoria. Indica que los controles sirven para la
evolución de la programación de la cirugía de reconstrucción de tránsito, los
que fueron realizados una o dos veces, luego de lo cual el paciente no volvió a
QZHQPGMGGY

control. Respecto de la reconstitución de tránsito refiere que no tiene


antecedentes si se ha realizado y de ser así dónde se realizó.
C-7092-2013

En este mismo sentido, deponen los testigos Dres. Tomás Olmedo y


Alfredo Domenech, al señalar, el primero, que la complicación fue detectada a
su debido tiempo, ya que se descubrió -como es habitual en este tipo de
cirugía- cuando sale material no esperado alrededor de la sonda de
nefrostomía. Al momento de detectar este material se le realizó rápidamente
un escáner donde se ve objetivo la lesión y es llevado rápidamente a pabellón
para poder solucionar su complicación, realizándose la cirugía en forma
habitual con los tiempo operatorios adecuados y sin evidencias de sangrado al
finalizar la cirugía; y, al indicar, el segundo, que los médicos detectaron
oportunamente la complicación, pues apenas notaron la salida de gas y mal
olor por la nefrostomía se realizó una tomografía computada abdominal que
llevo al diagnóstico de lesión de colon y finalmente a la solución quirúrgica de
esta lesión que es la operación de Hartmann, evolucionando el paciente hacia
la mejoría y siendo dado de alta en buenas condiciones.

Por otra parte, todos los testigos están contestes en señalar que los
demandados cumplieron con todos los protocolos de seguridad necesarios para
las intervenciones quirúrgicas a las que fue sometido el actor.

En este punto, precisa don Tomás Olmedo que se cumplió con el


respectivo consentimiento informado -el que vio- y con todo el instrumental
adecuado para este tipo de cirugía, lo que le consta porque lo leyó en el
protocolo operatorio.

A su turno, expresa la Dra. María Eugenia Mellafe -quien participó en


la segunda cirugía en su calidad de anestesióloga- que se cumplieron todos los
protocolos de la Lex Artis en ambas cirugías para su realización segura y
oportuna, en especial, da fe que la cirugía de Hartmann se realizó sin
contratiempos y que el paciente evolucionó satisfactoriamente.

Por su parte, el testigo Dr. Daniel Soto sostiene que en la cirugía que
participó y por su trabajo en la clínica demandada, le consta que se cumplieron
los protocolos de seguridad y atención a los enfermos, los que consisten en:
QZHQPGMGGY

identificación de los enfermos; entrevista previa a la cirugía; antes de la


cirugía comprobación por el médico y otro personal de que existan exámenes
C-7092-2013

para el procedimiento; consentimiento informado firmado por el enfermo; sala


en que se realizará la cirugía en condiciones de ser utilizada en forma segura,
certificado por la enfermera jefe del pabellón y la enfermera asignada al
pabellón; y, una vez el paciente en la sala de procedimientos o pabellón, la
realización de una pausa de seguridad en el cual se chequen nuevamente todos
los antecedentes y documentos necesarios para realizar la cirugía.

A su vez, don Miguel Ángel Cuevas asevera que verificó que estaba
todo lo que se realiza como medida de seguridad, ya que son rigurosos de
cumplir cada una de estas etapas, esto es, el ingreso del médico por la
enfermera; consentimiento informado; exámenes preoperatorios; ingreso por
la enfermera de pabellón y el anestesista; la pausa de seguridad; y, la
confección del protocolo operatorio, todo lo que se cumplió en este caso.

Finalmente, los Dres. Olmedo, Canales, Soto, Domenech y Mellafe


están de acuerdo en indicar que Clínica Bicentenario contaba con la
infraestructura y el personal necesarios para pesquisar y atender la
complicación presentada por el paciente y para ejecutar la cirugía de
colostomía, precisando doña María Eugenia Mellafe que Clínica Bicentenario
es una clínica apta y definida para tratar pacientes de alta y mediana
complejidad y que todo su personal está acreditado para trabajar en ella.

DÉCIMO NOVENO: Que a fojas 793, se agregó a los autos respuesta


a oficio del Servicio Médico Legal, adjuntando Pericia Médico Legal N° 105-
2016, a nombre de don Rodrigo Gómez Fernández, rolante a fojas 790 y
siguientes.

En ítem Comentarios, luego de explicar en qué consiste la enfermedad


denominada litiasis renal y la cirugía efectuada al paciente, señala que este
procedimiento, de rápida recuperación, porque no hay sección de tejidos, no
está libre de complicaciones y riesgos como la litiasis residual, sangramientos,
perforaciones, sepsis, infección del trayecto, lesión de órganos vecinos
incluidos el colon, como el caso en comento.
QZHQPGMGGY

Refiere que la perforación del colon se presenta según distintos


estadísticos entre 0,5 y el 1%, se debe a implante alto y posterior al riñón del
C-7092-2013

colon y la posición ventral aumenta la posición para renal y posterior del


colon lo que aumenta las posibilidades de lesión del mismo, aunque se efectúe
la punción en forma correcta en la línea axilar posterior.

En sus Conclusiones expone:

1. Indicación quirúrgica correcta.

2. Ejecución según las normas establecidas.

3. Se establece el diagnóstico en forma oportuna y resuelto por cirujano


especialista en forma correcta.

4. Complicación poco frecuente, 0,5 al 1%, pero susceptible de ocurrir,


aunque se ejecute en forma correcta.

5. No se comprueba transgresión a la Lex Artis.

VIGÉSIMO: Que, finalmente y como medida para mejor resolver, se


agregó a los autos Informe Pericial de Cirugía Percutánea, elaborado por el
urólogo Dr. Alfredo Velasco Palma, guardado en custodia N° 8366-2019.

En su Introducción, luego de explicar en qué consiste la patología de


litiasis, señala que dentro de las alternativas terapéuticas se presenta la
litotripsia, cirugía percutánea, cirugía endoscópica, cirugía endoscópica
derivativa (doble J), cirugía abierta renal y/o uretral y la terapia médica
expulsiva.

Al analizar el caso clínico presentado, expresa lo siguiente:

1. Estudio preoperatorio:

a) TAC

b) Piolografía endovenosa en centros que no dispongan de TAC.

Paciente contaba con estudio de imágenes adecuadas.


QZHQPGMGGY

Conclusión: Estudio preoperatorio adecuado.


C-7092-2013

2. Características de patología a tratar: Cálculo renal con características


de coraliforme.

Alternativas terapéuticas:

a) Litotripsia más catéter uretral doble J con necesidad potencial de


múltiples retratamientos.

b) Cirugía percutánea.

Conclusión: Alternativa seleccionada adecuada.

3. Manejo intraoperatorio: Cirugía percutánea sin incidentes, según lo


descrito en el protocolo operatorio.

Conclusión: Manejo operatorio adecuado.

4. Manejo postoperatorio inmediato:

a) Detección de la complicación en forma precoz.

b) Confirmación por cuadro clínico.

c) Certificación por imágenes confirmatorio.

Conclusión: Manejo operatorio inmediato adecuado.

5. Manejo de la complicación:

a) Certificación de la complicación en forma precoz.

b) Medidas de apoyo.

c) Traslado a unidad especializada.

d) Manejo multidisciplinario.

e) Intercurrencia de especialista digestivo bajo, coloproctólogo.

f) Manejo adecuado de complicación.


QZHQPGMGGY

Conclusión: Manejo de la complicación adecuado.


C-7092-2013

En Resumen, indica que la cirugía percutánea para los cálculos renales


mayores o los cálculos coraliformes es una alternativa válida y está certificada
como la alternativa de elección para este tipo de cálculos.

Como todo procedimiento médico no está exento de complicaciones y


estas están plenamente descritas en la literatura, donde existe extensa
bibliografía médica que lo confirma y está incluso en el link de National
Institute of Heath de los EEUU, donde se certifica la decisión de tratamiento,
el que transcribe.

En Revisión de la literatura transcribe diversos links, indicando que los


trabajos de revisión explican diferentes alternativas de tratamiento y sus
potenciales complicaciones.

Refiere que se establece como potencial complicación la lesión o injuria


del colon entre el 0 y 1% de los casos. Por lo tanto, esta es una complicación
conocida, reportada, descrita y esperable de la cirugía percutánea.

En su Conclusión Final consigna:

1. Indicación quirúrgica correcta.

2. Manejo operatorio correcto.

3. Manejo postoperatorio correcto.

4. Complicación descrita y certificada.

5. No hay transgresión de Lex Artis.

VIGÉSIMO PRIMERO: Que, en cuanto a la acción principal, el


actor deduce demanda ordinaria de indemnización de perjuicios por
responsabilidad extracontractual, solicitando se le indemnicen los daños
patrimoniales y extrapatrimoniales sufridos como consecuencia de la
negligencia médica en que incurrieron los Dres. Carlos Iturriaga Villarroel y
Fernando Marchant González y Clínica Bicentenario, en la cirugía de litiasis
QZHQPGMGGY

percutánea renal efectuada con fecha 17 de abril de 2012.


C-7092-2013

VIGÉSIMO SEGUNDO: Que, el artículo 2314 del Código Civil,


dispone que el que ha cometido un delito o cuasidelito que ha inferido daño a
otro, es obligado a la indemnización; sin perjuicio de la pena que le impongan
las leyes por el delito o cuasidelito. Y el art culo 2329 del mismo cuerpo legal,
en su inciso primero, prescribe que por regla general todo da o que pueda
imputarse a malicia o negligencia de otra persona, debe ser reparado por ésta.

VIGÉSIMO TERCERO: Que, para que exista responsabilidad


extracontractual es necesario la concurrencia de los siguientes requisitos: a)
que exista un hecho doloso o culposo de una de las partes; b) que ese hecho
doloso o culposo ocasione un perjuicio a la otra parte, la víctima; y, c) que
entre el hecho doloso o culposo y los perjuicios ocasionados haya relación de
causalidad, esto es, que los daños o perjuicios sean consecuencia directa e
inmediata de aquél. Una vez determinados la concurrencia de dichos
requisitos, es necesario entonces analizar si en la especie procede o no la
indemnización de perjuicios solicitada, atendida la naturaleza, monto, especie
y la prueba rendida en autos respecto de ellos.

VIGÉSIMO CUARTO: Que, de los antecedentes de la presente causa,


se puede determinar que constituyen hechos no controvertidos que el día 17 de
abril don Rodrigo Gómez Fernández ingresó a Clínica Bicentenario S.A. para
someterse a una cirugía de nefrolitectomía percutánea, procedimiento
quirúrgico que había programado previamente con su médico tratante Dr.
Carlos Iturriaga Villarroel, ante el diagnóstico de litiasis coraliforme en riñón
izquierdo.

VIGÉSIMO QUINTO: Que, en lo que se refiere a la responsabilidad


reclamada respecto de los médicos demandados, cabe hacer presente que en el
ejercicio del acto médico, todos los actores que intervienen en él, se obligan a
emplear todos sus conocimientos y medios suficientes y disponibles, con el
propósito de precaver, diagnosticar, tratar y curar una determinada
enfermedad, contrayendo así una obligación de medios para el propósito
QZHQPGMGGY

encomendado, y no una obligación de resultados, por tanto, el objeto de la


responsabilidad médica es una obligación de medios, la que tiene lugar en las
C-7092-2013

diferentes etapas del acto médico, ya sea en la etapa de diagnóstico de la


enfermedad, como en la etapa de tratamiento médico.

VIGÉSIMO SEXTO: Que, en este mismo orden de ideas, y siendo la


obligación que asume tanto el centro hospitalario como los médicos que
operan en él una de medios, la culpa consistirá en no haber empleado todos los
medios suficientes con el propósito encomendado, en no haber sido diligente,
prudente o hábil o en no haber tomado todas las precauciones que hubieren
evitado el daño.

VIGÉSIMO SÉPTIMO: Que, además, es menester precisar que la


responsabilidad civil médica, presupone una infracción al deber de cuidado,
esto es, una contravención a la Lex Artis, la que es conceptualizada como la
forma de proceder de un profesional idóneo, con un título reconocido
legalmente por los organismos universitarios acreditados, que tiene la
formación y los conocimientos necesarios para estar ejerciendo, y que
enfrentado a un enfermo, que precisa de su atención médica, oportuna y
eficaz, basa su aplicación en las medidas terapéuticas, que corresponde al
actuar médico normal y comúnmente aceptado, en la comunidad médica
nacional e internacional, o lo que habitualmente se recomienda hacer en casos
similares.

En otras palabras, es lo que se denomina la Lex Artis, que corresponde a


la conducta que cualquier profesional promedio habría empleado si se enfrenta
a las mismas circunstancias, evaluando el denominado “riesgo permitido”, es
decir, frente a la enfermedad, utiliza las técnicas quirúrgicas y terapias
farmacológicas, las que no exentas de riesgo, tienen por objeto propender a un
bien superior, como es el mejoramiento de la salud del paciente.

Entonces, para determinar si un médico cualquiera, actuó o no dentro de


lo que la Lex Artis de su especialidad determina, se debe comparar la
conducta que tuvo en el caso concreto con aquella que cualquier médico (de la
misma especialidad), habría tenido frente a la misma situación y con los
QZHQPGMGGY

mismos conocimientos, avances médicos y tecnológicos. Así, no es


comparable el actuar de un especialista en un caso determinado en Santiago,
C-7092-2013

con lo que haría un médico de una posta en un lugar muy apartado, ante la
misma situación.

VIGÉSIMO OCTAVO: Que, así las cosas, el objeto del presente juicio
implica necesariamente, determinar si existió un hecho ilícito causado por los
médicos demandados; si este hecho causó un perjuicio al actor; y si
efectivamente existe una relación causal entre la existencia del daño y el
perjuicio alegado; así como también, si los demandados cumplieron o no con
el deber de cuidado que exige su Lex Artis, y en el caso de la infracción, si se
puede considerar como negligencia o la existencia de un actuar culposo.

VIGÉSIMO NOVENO Que, en este orden de ideas, y atendido que del


examen del escrito de demanda se desprende que el actor imputa a ambos
médicos que lo operaron las mismas conductas, éstas serán analizadas
conjuntamente, las que consisten en no haber informado específicamente los
riesgos y complicaciones de la cirugía programada; y, en haber causado la
perforación de colon durante la operación; y no haber detectado
oportunamente dicha perforación.

TRIGÉSIMO: Que, en primer término, en cuanto al reproche


consistente en no haber informado específicamente los riesgos y
complicaciones de la cirugía programada, el actor señala que, si bien firmó un
consentimiento informado acerca de los riesgos de la anestesia y de la
operación, nunca se le dio a conocer que existía el riesgo que se perforara el
colon, tal y como sucedió.

Sobre el particular, cobra relevancia el documento de consentimiento


informado de fecha 17 de abril de 2012, contenido en la ficha clínica
relacionada en el motivo décimo séptimo, suscrito por el actor, autorizando la
realización de la cirugía de nefrolitectomía percutánea, en el que se consigna
que este documento acredita que el paciente ha recibido información acerca de
su procedimiento y/o intervención, sus objetivos, sus características y
potenciales riegos, los que han sido explicados por el médico tratante,
QZHQPGMGGY

declarando expresamente el demandante que ha recibido la información


referida a la cirugía de nefrolitectomía percutánea y que la ha comprendido,
C-7092-2013

por cuanto se le ha permitido realizar preguntas y se le han aclarado sus dudas,


por lo que manifiesta sentirse satisfecho con la información recibida.

Atendido lo anterior, si bien el documento referido no especifica los


posibles riegos y complicaciones que puede involucrar la intervención, según
declara el propio actor en dicho instrumento, éstos fueron explicados por su
médico tratante, por lo que puede estimarse que el consentimiento transcrito
ha sido otorgado por el paciente en su oportunidad, sin la premura de una
urgencia, que le hiciera dificultoso entender los términos en que se le propone
la suscripción del documento en que consta la aprobación que ha manifestado
a la realización de la cirugía, o que hubiese procedido a dar tal autorización
enfrentado a una situación angustiosa que le determinara a actuar de una
forma y no de otra. De manera tal, que la actuación de los médicos se ha
ajustado, además, a la información que el propio actor les entregó en lo que
dice relación a los antecedentes sobre su estado de salud, que deben tenerse en
consideración al momento de efectuar la intervención.

TRIGÉSIMO PRIMERO: Que, en este mismo sentido deponen los


testigos de los demandados, reseñados en el considerando décimo octavo, los
que están contestes en señalar que el actor firmó el documento de
consentimiento informado por medio del cual se le dan a conocer las
complicaciones y riesgos asociados a la cirugía a realizar, lo que les consta por
la revisión de la ficha clínica del paciente.

En este sentido, precisa el Dr. Alfredo Domenech que cuando el médico


le explica al paciente las características de la cirugía, le solicita que firme un
consentimiento informado, el que fue firmado en este caso por el actor.

Agrega don Orosman Canales que según los protocolos, el paciente no


entra a pabellón sino se encuentra este documento debidamente firmado por
cirujano y paciente, lo que es concordante con lo declarado por el testigo Sr.
Miguel Ángel Cuevas, al indicar que en todos los lugares donde se realizan
intervenciones quirúrgicas, no se pude dar inicio al procedimiento mientras no
QZHQPGMGGY

esté firmado el consentimiento informado y en estas enfermedades de


lateralidad siempre se realiza una pausa de seguridad dentro del pabellón.
C-7092-2013

TRIGÉSIMO SEGUNDO: Que, respecto de la imputación consistente


en haber causado la perforación de colon durante la operación, no detectando
oportunamente dicha lesión, consta en la ficha clínica referida en el motivo
décimo cuarto número 5), que efectivamente durante la intervención de
nefrolitectomía percutánea se perforó el colon, consignándose en hoja de
evolución médica el día 19 de abril de 2012 por el Dr. Iturriaga que, “Se tomó
Tac de abdomen que informa lesión de colon descendente en margen parietal
neumoperitoneo y retroperitoneo que llega hasta el hemiscroto izquierdo”, por
lo que para establecer si esta conducta es constitutiva de un incumplimiento
contractual, es menester determinar si dicha lesión se produjo por negligencia
de los médicos cirujanos, contraviniendo la Lex Artis médica, y si fue tratada
oportuna y correctamente atendida su magnitud y gravedad.

TRIGÉSIMO TERCERO: Que, al efecto, con el mérito de las


probanzas referidas en los motivos décimo noveno y vigésimo, consistentes en
Pericia Médico Legal e Informe de Perito, respectivamente, se ha logrado
establecer que la perforación de algún órgano durante la intervención
quirúrgica de nefrolitectomía percutánea, específicamente el colon, es una
complicación que puede presentarse en este tipo de cirugías.

Así, señala, el primero, que la perforación del colon se presenta según


distintos estadísticas entre 0,5 y el 1%, se debe a implante alto y posterior al
riñón del colon y la posición ventral aumenta la posición para renal y posterior
del colon, lo que aumenta las posibilidades de lesión del mismo, aunque se
efectúe la punción en forma correcta en la línea axilar posterior, y agrega, que
es una complicación poco frecuente, pero susceptible de ocurrir aunque se
ejecuta de forma correcta.

Por su parte, el informe pericial indica que como todo procedimiento


médico, esta cirugía no está exenta de complicaciones y estas están
plenamente descritas en la literatura médica, dentro de la cuales se establece
como potencial complicación la lesión o injuria del colon entre el 0 y 1% de
QZHQPGMGGY

los casos. Por lo tanto, es una complicación conocida, reportada, descrita y


esperable de la cirugía percutánea.
C-7092-2013

TRIGÉSIMO CUARTO: Que, a igual conclusión es posible arribar en


virtud de la declaración de los testigos de los demandados, relacionada en el
considerando décimo octavo.

En este sentido, depone el Dr. Tomás Olmedo que la cirugía de


nefrolitectomía percutánea, como todas, tiene riesgos y complicaciones dentro
de las cuales esta descrita la lesión de intestino que ocurre en alrededor de 0,5
al 1% de los pacientes.

Por su parte, el testigo Sr. Alfredo Domenech afirma que los riegos de
la cirugía de nefrolitectomía percutánea son ampliamente conocidos en la
literatura médica y dentro de ellos está la lesión de colón. Explica que esta
lesión se debe a la cercanía que tiene el colon con el riñón y es una
complicación que habitualmente se pesquisa en los días siguientes a la
operación. Agrega que aun cuando se haya empleado la técnica adecuada y se
tomen todas las medidas para prevenir estas complicaciones, éstas ocurren,
por lo que el equipo médico debe estar alerta para solucionarlas
oportunamente.

A su turno, don Miguel Ángel Cuevas expresa que la cirugía a que se


sometió el actor es compleja y las complicaciones son múltiples y conocidas.
Hay indicadores del postoperatorio que pueden presumirla y son de fáciles
ratificaciones tales como hematomas, rupturas renales, daño por contigüidad -
como sucedió en este caso en el colon- y procesos infecciosos.

Lo anterior, es coincidente con lo establecido en el artículo denominado


“Nefrolitotomía Percutánea”, redactada por la Asociación Francesa de
Urología y traducida al español por la Sociedad Chilena de Urología, referido
en el apartado décimo quinto número 4), al señalar que toda intervención
quirúrgica incluye un riesgo de complicaciones que pueden llegar a ser graves
y dependen no solo de la enfermedad que le afecta, sino que también de
variaciones individuales, no siempre previsibles. Indicando que dentro de las
complicaciones directamente relacionadas con la nefrolitotomía percutánea
QZHQPGMGGY

que pueden producirse durante el procedimiento operatorio se incluyen


hemorragia; lesión del riñón, de las cavidades o de un vaso sanguíneo del
C-7092-2013

riñón; lesión de un órgano vecino en el abdomen o el tórax; y, falla de la


punción o de la extracción.

TRIGÉSIMO QUINTO: Que, en lo que se refiere al hecho de no haber


detectado oportunamente la perforación de colon, el actor señala que no fue
sino hasta el día 19 de abril -cuando su estado de salud estaba ya bastante
deteriorado- que le realizaron un Pielotag o Scanner y se dieron cuenta que
durante el procedimiento ocurrió una lesión de su colon descendente en varios
segmentos.

Al respecto, cabe señalar que según da cuenta la ficha clínica del actor,
al ser controlado por el Dr. Iturriaga el día 19 de abril de 2012, a las 8:27
horas, este registró que el paciente se encontraba en buen estado general, pero
quejumbroso, y que desde la noche presenta aumento de volumen en
hemiescroto izquierdo, por lo que quedó con suspensión escrotal. A los
minutos después, siendo las 8:51 horas, señala el mismo doctor que la
enfermera le avisa que sale mal olor de perinefrostomía; al revisar la zona
aprecia salida de líquido con aspecto estercoráceo, por lo que indica TAC de
abdomen, el que fue realizado durante la misma mañana, ya que a las 13:14
horas el Dr. Iturriaga registra en la misma ficha, que se tomó TAC de
abdomen, el que informa lesión de colon descendente en margen parietal
posterior neumoperitoneo y retroperitoneo que llega hasta hemiscroto
izquierdo. Señala que conversó con coloproctólogo, Dr. Daniel para
evaluación del paciente y proceder con conducta terapéutica, realizándose el
mismo día aseo quirúrgico y operación de Hartman, según consta en la
epicrisis respectiva.

TRIGÉSIMO SEXTO: Que, en virtud de lo anterior, es posible


afirmar que si bien la cirugía se llevó a cabo el día 17 de abril de 2012, no fue
sino hasta el día 19 de abril que el paciente presentó síntomas que hacían
sospechar de la existencia de una complicación, frente a lo cual su médico
tratante, Dr. Iturriaga, indicó la realización de exámenes para determinar a qué
QZHQPGMGGY

se debía el mal olor y el líquido que presentaba el Sr. Gómez, constatándose la


C-7092-2013

existencia de una perforación de colon y recurrió a un médico especialista,


esto es, un coloproctólogo, para solucionar dicha lesión.

En, este sentido, se estima por esta sentenciadora que la detección de la


perforación de colón sí se realizó de manera oportuna, pues antes de la
presentación de síntomas por parte del paciente que indicaran que algo no
estaba bien, no era posible sospechar ni mucho menos determinar su
presencia.

Que, así también consta en la pericia médico legal y en el informe de


peritos, indicando, el primero, que el diagnóstico de la perforación de color se
estableció en forma oportuna y fue resuelta por cirujano especialista en forma
correcta; y, expresando, el segundo, que la detección de la complicación se
realizó en forma precoz y que se manejó adecuadamente a través de la
intercurrencia de un especialista digestivo bajo, esto es, un coloproctólogo.

TRIGÉSIMO SÉPTIMO: Que, a igual conclusión es posible extraer


de las declaraciones de los testigos presentados por la parte demandada.

Así, expresa don Tomás Olmedo, que la complicación fue detectada a


su debido tiempo, pues, en el postoperatorio el paciente evoluciona con fiebre
y con secreción alrededor de la nefrostomía de material fecaloídeo. Se realizan
exámenes y se confirma lesión de colón, por lo que es llevado a pabellón para
realizar operación de Hartmann para solucionar la lesión intestinal, que es la
cirugía más recomendable para este tipo de casos. Agrega que la complicación
se pesquisó como es habitual en este tipo de cirugía, cuando sale material no
esperado alrededor de la sonda de nefrostomía.

A su turno, el testigo Dr. Alfredo Domenech sostiene que esta


complicación habitualmente se pesquisa en los días siguientes a la operación.
Explica que se puede pesquisar al término de la cirugía, pero si la lesión de
colon fue por una lesión tangencial de la pared del colon, muchas veces queda
una zona isquémica, o sea falta de sangre, y termina perforándose en las horas
QZHQPGMGGY

siguientes, por lo tanto, lo más frecuente es diagnosticarlas en el


postoperatorio inmediato. Precisa que, en el caso de este paciente, se revisó el
trayecto al final la cirugía, no encontrando colon perforado. Agrega que
C-7092-2013

apenas notaron la salida de gas y mal olor por la nefrostomía se realizó una
tomografía computada abdominal que llevó al diagnóstico de lesión de colon y
finalmente a la solución quirúrgica de esta lesión que es la operación de
Hartmann, por lo que la complicación fue detectada oportunamente.

Por su parte, don Orosman Canales expone en el postoperatorio el


diagnóstico, manejo y resolución de las complicaciones se realizaron
oportunamente, en el tiempo adecuado desde que se sospechó hasta que se
confirmó el diagnóstico de complicación y se procedió a la reintervención,
solicitando oportunamente la participación de un especialista en aparato
digestivo.

A su vez, el deponente Dr. Daniel Soto, afirma que la complicación que


padeció el paciente fue pesquisada precozmente, ya que estando hospitalizado
le comunican que durante la mañana se advierte dolor y salida de un líquido
no habitual por un drenaje, por lo que se le realiza una tomografía axial
computada de abdomen (escáner), correspondiéndole, en su calidad de
coloproctólogo, realizar una resección de colon izquierdo y una colostomía
conocida como operación de Hartmann.

Finalmente, don Miguel Ángel Cuevas refiere que, a las 12 horas de


postoperatorio se ratifica salida de deposición perisonda, frente a este hecho se
interconsulta al coloproctólogo decidiendo realizar una colostomía transitoria;
el paciente es dado de alta con su colostomía y con su patología renal resuelta.

TRIGÉSIMO OCTAVO: Que, en consecuencia, en virtud de lo


razonado, relacionado y analizado en forma pormenorizada en los
considerandos precedentes, es que se puede concluir de manera fehaciente,
que no hubo una acción u omisión dolosa o culpable por parte de los doctores
Iturriaga y Marchant, sino que por el contrario, quedó demostrado que éstos
actuaron diligentemente, pues ha resultado acreditado que la perforación de
colon producida durante la intervención quirúrgica, no se debió a una
conducta negligente de parte de los profesionales -como señala el actor- sino
QZHQPGMGGY

que es una complicación propia de dicha cirugía, con bajo porcentaje de


ocurrencia, pero susceptible de suceder, aun cuando se tomen todas las
C-7092-2013

medidas tendientes a evitarla y se realice el procedimiento de manera correcta;


así, y una vez que se presentaron los primeros indicios que daban cuenta de
una complicación, el personal médico actuó oportuna y eficazmente,
realizando los exámenes clínicos y de imagen necesarios para detectar la
perforación de colon y, una vez establecida ésta, se recurrió al profesional
especialista idóneo para que determinara y ejecutara la solución quirúrgica
adecuada, con el fin de solucionar dicha lesión.

En este sentido, es posible afirmar que la actuación de los médicos se


ajustó en todo momento con la Lex Artis médica. Así lo sostienen la pericia
médico legal, al expresar en sus conclusiones: indicación quirúrgica correcta,
ejecución según las normas establecidas; se establece el diagnóstico en forma
oportuna y resuelto por cirujano especialista en forma correcta y no se
comprueba transgresión a la Lex Artis; y, el informe pericial, que en sus
conclusiones finales señala: indicación quirúrgica correcta, manejo operatorio
correcto, manejo postoperatorio correcto y no hay transgresión de Lex Artis.

TRIGÉSIMO NOVENO: Que, así también lo confirman los testigos


de los demandados Dres. Tomás Olmedo, Alfredo Domenech, María Eugenia
Mellafe, Orosman Canales y Miguel Ángel Cuevas.

En este sentido, señala el deponente Sr. Olmedo que no hay conducta


negligente ni culpable por parte del Dr. Iturriaga -quien es urólogo de vasta
experiencia y miembro de la Sociedad de Urología- ni del Dr. Manchant -que
es uno de los principales docentes y expositores tanto a nivel nacional como
internacional en este tipo de técnica- pues la cirugía fue ejecutada en forma
habitual, con los tiempos operatorios adecuados y cumpliéndose todos los
protocolos de seguridad.

A su turno, don Alfredo Domenech, expone que, según su experiencia


como médico especialista en este tipo de cirugía, puede declarar que se
respetaron todos los pasos necesarios para una cirugía exitosa.
QZHQPGMGGY

Por su parte, la testigo Sra. Mellafe sostiene que se cumplieron todos los
protocolos de la Lex Artis en ambas cirugías, en especial da fe que la cirugía
de Hartmann se realizó sin contratiempos, no hubo otras complicaciones, la
C-7092-2013

duración fue la esperada y el postoperatorio evolucionó bien, de modo que el


paciente fue dado de alta el día 28 de abril de 2012, con su colostomía
funcionando, con controles e indicaciones para su casa.

A su vez, don Orosman Canales refiere que, en la cirugía que se sometió


el señor Gómez se respetaron los protocolos establecidos por la Lex Artis en
su ejecución y que no ha habido ninguna conducta negligente, ya que tanto el
diagnóstico preoperatorio como la intervención quirúrgica se ajustaron a los
estándares aceptados y en el postoperatorio, el diagnóstico, manejo y
resolución de las complicaciones se realizaron oportunamente y de manera
eficaz.

Finalmente, el Dr. Miguel Ángel Cuevas, señala que no existió conducta


negligente o culpable, toda vez que, en el caso de marras se cumplieron todos
los protocolos de seguridad, agregando, en relación con la expertiz de los
médicos tratantes, que el doctor Iturriaga es un referente con respecto a su
desempeño en el área quirúrgica y el doctor Marchant es referente a nivel
nacional e internacional en la endourología, él es el que está a cargo de esta
área y es profesor y encargado específico a nivel universitario y de la
Sociedad Chilena de Urología.

CUADRAGÉSIMO: Que, por consiguiente, en virtud de lo expuesto,


es posible establecer que los médicos demandados, observaron las normas y
procedimientos pertinentes para la correcta atención del paciente Sr. Gómez,
pues del análisis de las probanzas mencionadas, resulta acreditado que en la
atención del actor, dispusieron y realizaron todos los cuidados adecuados,
tanto en la intervención quirúrgica, en el postoperatorio y al ocurrir la
complicación que presentó, utilizaron todos los medios de que disponían y de
la forma adecuada, ejecutando las acciones con la diligencia necesaria para
conseguirlo, descartándose que hubiesen procedido en forma superficial y sin
la técnica y diligencia requerida, no pudiendo concluir que su actuar fuese
negligente y falto de cuidado, razón por la cual, el primer requisito del estatuto
QZHQPGMGGY

de responsabilidad analizado, a saber, existencia de un hecho ilícito, no


C-7092-2013

concurre en la especie, por lo que resulta necesario rechazar la demanda en su


contra, tal como se dirá en definitiva.

CUADRAGÉSIMO PRIMERO: Que, en lo que se refiere a la


responsabilidad reclamada respecto de Clínica Bicentenario S.A., cabe señalar
que ésta, como primera defensa, alega la inadmisibilidad del régimen de
responsabilidad por el cual se acciona, atendido que la relación que existió
entre el actor y su parte se encuentra regulada por las normas de la
responsabilidad civil contractual, toda vez que se vincularon mediante la
celebración de un contrato de prestación de servicios médicos.

Sobre el particular, cabe señalar que la jurisprudencia actual se inclina


por reconocer al paciente -víctima de la negligencia médica- una opción,
incluso cuando ha sido el propio hospital o clínica el que ha ejecutado la
prestación médica. Según esta doctrina, el paciente puede, demandar en sede
de responsabilidad contractual o hacerlo en sede de responsabilidad
extracontractual. Se acepta el cúmulo u opción de responsabilidades.

En este sentido, la Excelentísima Corte Suprema ha sostenido en causa


Rol 38151-2016, motivo tercero que: “Al respecto, se debe precisar que la
responsabilidad médica, en términos generales, se rige por el estatuto
contractual puesto que en la generalidad de los casos el paciente habrá
contratado los servicios del profesional elegido por él; sin embargo, tal
circunstancia no excluye que la acción del médico tenga otra fuente y pueda
generar responsabilidad extracontractual, presentándose incluso episodios de
concurrencia de responsabilidades -cúmulo u opción de responsabilidades-
donde un mismo hecho puede ser calificado como incumplimiento contractual
y también como ilícito extracontractual (cuasidelito de lesiones por mala
práctica médica). En esta situación se admite la opción de la víctima, por lo
cual -en referencia al caso particular- el paciente pudo elegir el estatuto
jurídico por el cual perseguir la indemnización. Por lo demás, ambos
regímenes de responsabilidad participan de elementos esenciales comunes
QZHQPGMGGY

como son la existencia de una conducta, la cual se califica de antijurídica o


ilícita, el daño, la imputabilidad subjetiva o culpabilidad y la relación causal.
C-7092-2013

Sin embargo, una vez elegida una de estas vías, el juez debe estarse a las
reglas propias de ella, especialmente en materias donde los regímenes marcan
diferencias como ocurre en relación a la preexistencia de la obligación, los
plazos de prescripción de la acción y a la asignación de la carga de la prueba”.

Que, en base a tales consideraciones, la defensa de la clínica demandada


será desestimada.

CUADRAGÉSINO SEGUNDO: Que, establecido lo anterior y para un


adecuado análisis del primer requisito de la responsabilidad reclamada esto es,
la existencia de un hecho doloso o culposo, es menester precisar que la
obligación de Clínica Bicentenario S.A. demandada, para efectos de la
realización de la cirugía de nefrolitectomía percutánea dice relación con el
deber de disponer de todas las condiciones técnicas que permitan brindar una
buena, correcta y oportuna atención médica y hospitalaria, debiendo velar
igualmente, por el adecuado funcionamiento de los equipos, instrumentos e
instalaciones necesarias para la correcta atención de los pacientes, como por la
observancia de las normas y procedimientos respectivos por parte de la
dotación del establecimiento, correspondiéndole además, velar por la
ejecución de los tratamientos indicados por los profesionales tratantes. Lo
anterior se desprende de lo dispuesto en el artículo 19 del Reglamento de
Hospitales y Clínicas Privadas N° 161 del Ministerio de Salud de 1982.

Así las cosas y, en resumen, la clínica demandada se encontraba en el


deber de disponer de la infraestructura, instalaciones, equipos, instrumentos,
insumos y demás medios materiales y técnicos necesarios, para que los
profesionales tratantes de este centro médico privado pudiesen ejecutar la
cirugía requerida por el paciente demandante.

CUADRAGÉSIMO TERCERO: Que, teniendo presente entonces la


naturaleza del deber de cuidado dentro del cual habrá que analizar el actuar de
la clínica demandada, cabe señalar que el hecho ilícito imputado por el actor
en este sentido, consiste en no desempeñar adecuadamente su rol de
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coordinación e intermediación entre pacientes y equipo médico, al no informar


a su parte los riesgos que implicaba su operación inicial respecto de su colon;
C-7092-2013

al prestar un servicio deficiente por no detectar a tiempo la complicación que


experimentó; y, al ofrecer soluciones económicas contradictorias, dado que se
le expresó en un primer momento, que la segunda operación sería sin costo y,
ulteriormente, se desconoció dicha información.

CUADRAGÉSIMO CUARTO: Que, en primer término, en cuanto al


reproche consistente en no haber informado el riesgo que implicaba la cirugía
de nefrolitectomía percutánea, este será desestimado, por cuanto dicha
alegación no constituye una infracción a los deberes de cuidado que Clínica
Bicentenario S.A. debía observar, en los términos establecidos en el motivo
cuadragésimo segundo, no siendo obligación de la clínica demandada el
informar los riesgos y complicaciones de las intervenciones que se practiquen
en sus instalaciones, sino que de los médicos tratantes y demás profesionales
que conformen el equipo de salud respectivo, ajustándose su obligación de
información, en su calidad de prestador institucional, a las atenciones de salud
o tipos de acciones de salud que ofrece o tiene disponibles, pero no a las
complicaciones que eventualmente puedan tener las intervenciones que
practiquen los profesionales médicos que se desempeñen en su
establecimiento.

CUADRAGÉSIMO QUINTO: Que, en lo que dice relación a la


prestación de un servicio deficiente, por no detectar a tiempo la complicación
que experimentó el actor, se debe tener presente lo dispuesto por el
Reglamento de Hospitales y Clínicas Privadas, que señala en su artículo 20
que: “A los profesionales tratantes corresponderá específicamente: a) La
formulación de diagnósticos, solicitudes de exámenes y procedimientos; b) La
prescripción de tratamientos y su ejecución, cuando ello sea procedente; y, c)
La concesión de altas y sus indicaciones”; y, en el artículo 21, que: “Las
acciones de apoyo necesarias para las actividades señaladas en las letras a) y
b) del artículo anterior, podrán ser ejecutadas en el establecimiento o por otras
entidades y profesionales”, es decir, todo lo que diga relación con decisiones y
QZHQPGMGGY

actuaciones propias de la prestación de servicios médicos, tanto en las


atenciones previas a una intervención quirúrgica como en las posteriores a la
misma, pueden ser realizadas tanto por el médico tratante como por otros
C-7092-2013

profesionales calificados, pero en ningún caso por su la clínica o centro


hospitalario, ya que se encuentra imposibilitada de determinar o intervenir en
la realización de todas aquellas conductas que son inherentes al ejercicio
profesional de la medicina, por no contar, en su calidad de persona jurídica,
con el título respectivo otorgado por alguna universidad reconocida por el
Estado, de conformidad con lo establecido por el artículo 112 del Código
Sanitario, limitándose -en este sentido- sus obligaciones a velar por el
cumplimiento de las normas y procedimientos respectivos por parte de la
dotación del establecimiento y por la ejecución de los tratamientos indicados
por los profesionales tratantes.

CUADRAGÉSIMO SEXTO: Que, finalmente, respecto al reproche


consistente en ofrecer soluciones económicas contradictorias, atendido a que
en un primer momento expresó que la segunda cirugía sería sin costo y luego
desconoció dicha información, cabe señalar que, sin perjuicio que dicha
imputación no constituye un hecho dañoso o culposo, realizado en
contravención a los deberes de cuidado que tenía la clínica demandada, en los
términos que se ha venido razonando en los motivos precedentes, el
demandante no ha rendido probanza alguna tendiente a acreditar dicha
circunstancia, razón suficiente para desestimar esta alegación.

CUADRAGÉSIMO SÉPTIMO: Que, en consecuencia, no habiéndose


acreditado la existencia de una acción u omisión culpable por parte de Clínica
Bicentenario S.A., en la atención médica y hospitalaria brindada al actor,
requisito indispensable para que surja la responsabilidad demandada, la acción
intentada igualmente deberá ser rechazada. resultando inoficioso e
innecesario analizar lo relativo a naturaleza y monto de los perjuicios
reclamados, atendido a lo que se resolverá, en definitiva, según se viene
adelantando en las consideraciones precedentes.

CUADRAGÉSIMO OCTAVO: Que, por lo tanto, en virtud de lo


razonado y relacionado, y atendido lo que se resolverá, en definitiva, resulta
QZHQPGMGGY

inoficioso e innecesario analizar lo relativo a la naturaleza y monto de los


perjuicios reclamados.
C-7092-2013

CUADRAGÉSIMO NOVENO: Que, en cuanto a la demanda


reconvencional, Clínica Bicentenario S.A. persigue la responsabilidad
contractual del demandado reconvencional don Rodrigo Gómez Fernández,
solicitando se le indemnicen los perjuicios sufridos como consecuencia del
incumplimiento del contrato de prestación de servicios médicos celebrado
entre ellos.

QUINCUAGÉSIMO: Que, como primera defensa, el demandado


reconvencional plantea que la acción instaurada es improcedente, pues
atendida su redacción no se entiende si lo que se persigue es una
indemnización de perjuicios o un cumplimiento forzado de contrato, por lo
que no podría darse curso a una acción que ni siquiera el demandante tiene
clara.

QUINCUAGÉSIMO PRIMERO: Que, para dilucidar el conflicto


jurídico de la demanda reconvencional, es menester asentar que el actor
reconvencional es quien expone sus pretensiones, fundamentos de hecho y
derecho en su libelo de demanda, y peticiones concretas que solicita al
Tribunal, las que en el caso de marras corresponde -según reza el petitorio de
la acción deducida- a “tener por interpuesta demanda reconvencional de
indemnización de perjuicios por responsabilidad contractual (…), condenando
al demandado reconvencional al cumplimiento forzado de la obligación que
incumplió, mediante el pago de la suma de $2.970.511, más la
correspondiente indemnización de perjuicios, que está constituida por el
monto de los intereses legales que Clínica Bicentenario S.A. dejó de percibir
por la falta de pago del dinero que originalmente se le adeudaba, todo ello con
reajustes y costas”.

Que, en virtud de lo anterior, es posible establecer que el demandante


reconvencional deduce demanda de cumplimiento forzado de contrato e
indemnización de perjuicios, correspondiendo éstos a lucro cesante,
constituido por los intereses que dejó de percibir por la falta de pago de la
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cantidad adeudada.
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QUINCUAGÉSIMO SEGUNDO: Que, el artículo 1489 del Código


Civil, dispone que en los contratos bilaterales va envuelta la condición
resolutoria de no cumplirse por uno de los contratantes lo pactado, pudiendo
en tal evento el contratante diligente, pedir a su arbitrio o la resolución o el
cumplimiento del contrato, con indemnización de perjuicios -como ocurre en
la acción interpuesta en autos-, para cuya procedencia, se requiere: a) que se
trate de un contrato bilateral; b) que haya incumplimiento imputable de una
obligación; y, c) que quien la pide, haya cumplido o esté llano a cumplir su
propia obligación, debiendo el solicitante demostrar en el procedimiento esas
exigencias.

QUINCUAGÉSIMO TERCERO: Que, en cuanto al primer requisito,


cabe señalar que si bien la demandante reconvencional no acompañó probanza
alguna en orden a acreditar la existencia del contrato que alega incumplido, de
conformidad con los documentos reseñados en los numerales 1) a 4) del
motivo décimo cuarto, consistentes en formulario y resumen de liquidación
de cuenta médica, en los que se contemplan cobros relativos a honorarios
médicos, hotelería (días cama), exámenes, medicamentos e insumos, es
posible colegir que entre ellas existió un contrato bilateral, esto es, un contrato
de prestación de servicios clínicos de hospitalización, en cuya virtud Clínica
Bicentenario S.A. se obligó a proporcionar la infraestructura clínica de
pabellones y servicios de enfermería necesarios y adecuados para llevar a cabo
la cirugía acordada; mientras que el demandado reconvencional se obligó a
pagar el precio correspondiente a la prestación de dichos servicios.

QUINCUAGESIMO CUARTO: Que, respecto a la concurrencia del


segundo requisito, esto es, que una de las partes haya incumplido culpable o
dolosamente su obligación, cabe señalar que la demandante reconvencional ha
señalado que el incumplimiento estaría constituido por la negativa del
demandado reconvencional de pagar el precio de los servicios prestados,
ascendentes a $2.970.511.
QZHQPGMGGY

QUINCUAGÉSIMO QUINTO: Que, en este orden de ideas, el


artículo 1698 del Código Civil señala que incumbe probar las obligaciones o
C-7092-2013

su extinción al que alega aquéllas o ésta; lo que en este caso se traduce en que
es carga procesal de la actora acreditar la concurrencia de los presupuestos
básicos de su acción y, a su vez, es carga del demandado, acreditar que
cumplió íntegramente con sus obligaciones.

QUINCUAGÉSIMO SEXTO: Que, sin embargo, la actora


reconvencional se ha abstenido de rendir prueba alguna tendiente a acreditar el
precio de los servicios cuyo pago reclama, siendo de su cargo el onus probandi
en este sentido, no resultado idóneos para estos efectos los formularios y
resúmenes de liquidación de cuenta médica acompañados por el demandado
reconvencional, por emanar ellos de Isapre Consalud y no de Clínica
Bicentenario, por lo que no permiten establecer la cantidad adeudada
directamente por el Sr. Rodrigo Gómez a la clínica demandante.

CUADRAGÉSIMO SÉPTIMO: Que, en consecuencia, no habiendo


logrado la actora reonvencional acreditar el precio de los servicios que le
adeudaría el demandado reconvencional, no es posible demostrar la
concurrencia del segundo de los requisitos necesarios para que prospere la
acción de cumplimiento forzado de contrato e indemnización de perjuicios,
por lo que necesario será en definitiva proceder al rechazo de la misma.

Fundamentos por los cuales, y visto, además, lo dispuesto en los


artículos 44, 1437, 1438, 1489, 1545, 1546, 1547, 1698, 1702, 1706 y 1712
del Código Civil; 144, 160, 170, 341, 346, 358, 383, 384, 399, 425 y 426 del
Código de Procedimiento Civil; se declara:

I. EN CUANTO A LA TACHA:

a. Que, se rechaza la tacha deducida a fojas 346, por el demandante, en


contra del testigo de los demandados, don Orosman Canales Salazar.

II. EN CUANTO AL FONDO:

a. Que, se rechaza, en todas sus partes, la demanda principal de


QZHQPGMGGY

indemnización de perjuicios por responsabilidad extracontractual, interpuesta


por don Rodrigo Gómez Fernández, en contra de don Carlos Iturriaga
C-7092-2013

Villarroel, de don Fernando Marchant González y en contra de Clínica


Bicentenario S.A.

b. Que, se rechaza, en todas sus partes, la demanda reconvencional de


cumplimiento forzado de contrato e indemnización de perjuicios, interpuesta
por Clínica Bicentenario S.A., en contra de don Rodrigo Gómez Fernández.

c. Que, cada parte pagará sus costas.

Regístrese.

Notifíquese y archívense los autos en su oportunidad.

PRONUNCIADA POR DOÑA MARÍA PAULA MERINO


VERDUGO. JUEZ TITULAR.

AUTORIZADA POR DON JUAN JOSÉ LAZCANO RUIZ.


SECRETARIO SUBROGANTE.

Se deja constancia que se dio cumplimiento a lo dispuesto en el inciso final del art. 162
del C.P.C. en Santiago, diecisiete de Abril de dos mil veinte

QZHQPGMGGY

Este documento tiene firma electrónica y su original puede ser


validado en [Link] o en la tramitación de la
causa.
A contar del 05 de abril de 2020, la hora visualizada
corresponde al horario de invierno establecido en Chile
MARIA PAULA MERINO VERDUGO JUAN JOSE LAZCANO RUIZ Continental. Para la Región de Magallanes y la Antártica
Fecha: 17/04/2020 12:04:08 Fecha: 17/04/2020 14:12:07 Chilena sumar una hora, mientras que para Chile Insular
Occidental, Isla de Pascua e Isla Salas y Gómez restar dos
horas. Para más información consulte [Link]

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