EN LO PRINCIPAL: Demanda de indemnización de perjuicios por falta de servicio.
PRIMER OTROSÍ: Oficio. SEGUNDO OTROSÍ: Oficio al Consejo de Defensa del
Estado. TERCER OTROSÍ: Acompaña documentos. CUARTO OTROSÍ:
Personería. QUINTO OTROSÍ: Patrocinio y poder.
S. J. L. Civil de Rancagua
José Pedro Baraona González, abogado, domiciliado para estos efectos en Fundo
La Reconquista de Nilahue, comuna de Pumanque, Región de O’Higgins y en
Avenida El Bosque Sur 130, piso 12, las Condes, Santiago, , en representación
convencional, según se acreditará, de don Ramón Aquiles Quintero Pérez,
chileno, pensionado, cédula nacional de identidad número 6.170.911-8; de doña
Nancy Margarita Quinteros Galaz, chilena, labores de hogar, cédula nacional de
identidad número 12.368.272-6; y de don Ramón Danilo Quintero Galaz, chileno,
empleado, cédula nacional de identidad número 14.595.874-1, todos domiciliados
en Nilahue Baraona, sin número, comuna de Pumanque, a US. con respeto digo:
Que, por este acto, vengo en deducir acción de indemnización de perjuicios por falta
de servicio en contra del SERVICIO DE SALUD DE O’HIGGINS, organismo estatal
funcionalmente descentralizado y dotado de personalidad jurídica y patrimonio
propio, representado legalmente conforme a lo prescrito en el artículo 6 del
Reglamento Orgánico de los Servicios de Salud por su directora doña Soledad
Ishihara Zúñiga, con domicilio legal en Av. Libertador Bernardo O'Higgins 609,
Rancagua, Región del Libertador Bernardo O'Higgins, a fin de que el organismo
demandado sea condenado a la indemnización de los perjuicios causados a los
demandantes don Ramón Aquiles Quintero Pérez, doña Nancy Margarita Quinteros
Galaz y don Ramón Danilo Quintero Galaz, cónyuge e hijos respectivamente de
doña María Margot del Consuelo Galaz Ostoloza, quien lamentablemente falleció el
día 18 de febrero de 2019 en el Hospital de San Fernando.
Fundo la demanda en los argumentos de hecho y fundamentos de derecho que
paso a exponer.
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1) MEDIACIÓN FALLIDA
Antes de entrar al fondo de lo discutido, hago presente que esta parte dio
cumplimiento al procedimiento de mediación previa establecido en los artículos 43
y siguientes de la Ley N° 19.966, estando actualmente el Certificado de Término de
Procedimiento de Mediación en poder del Consejo de Defensa del Estado, según
se explica en el segundo otrosí y consta en la cadena de correos acompañada en
el tercer otrosí. Debido al fracaso de la etapa previa de mediación extrajudicial se
interpone la presente acción de indemnización de perjuicios por falta de servicio.
2) LOS HECHOS
Esta demanda se funda en la falta de servicio por parte del Servicio de Salud de
O’Higgins, en particular del Hospital de Santa Cruz, como consecuencia de un
errado diagnóstico que retrasó indebidamente y de modo fatal una operación que
era urgente, la que por una equivocada decisión médica se llevó a cabo en
condiciones inadecuadas. Los hechos son los siguientes:
2.1) Doña María Galaz Ostoloza, el día 23 de julio de 1970, contrajo matrimonio con
don Ramón Aquiles Quintero Pérez. Fruto de esta relación nacieron doña Nancy
Margarita Quinteros Galaz y don Ramón Danilo Quintero Galaz.
2.2) La noche del día 4 de noviembre de 2018, doña María Galaz Ostoloza, de 71
años a esa fecha, ingresó de urgencia a la Posta de Pumanque debido a que
estando en su casa presentó náuseas, vómito y dolor estomacal fuerte, al punto de
no poder ingerir alimentos.
Este fue el primer ingreso de una serie de consultas con diagnósticos y tratamientos
equivocados para los síntomas y el estado de salud de doña María Galaz, quien
padecía de un vólvulo gástrico que le estaba causando estrangulación y no
fue detectado a tiempo por parte del personal sanitario del Hospital de Santa
Cruz, hasta el punto de que fue operada en condiciones inadecuadas y
habiendo perdido tiempo indispensable, según explicaremos.
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El 4 de noviembre de 2018 la Posta de Pumanque no contaba con médico de turno
y debido a que el tratamiento que le estaban suministrando a la paciente en el
servicio de urgencias no estaba dando resultados, la enfermera de turno la derivó
al Hospital de Santa Cruz. En este establecimiento se le practicó una radiografía
abdominal de pie y un electrocardiograma, ya que presentaba dolor en el epigastrio
según consta en la ficha médica. Para hacer frente a estos síntomas se le suministró
viadil, metamizol y metoclopramida, sin embargo, no presentó evolución favorable.
El diagnóstico de ese día fue un cólico abdominal en estudio y hernia hiatal, de
manera que sólo le recetaron analgésicos como ketoprofeno, paracetamol,
metoclopramida y tramadol, todos cada ocho horas por tres días. Se le dio el alta
durante la madrugada y fue enviada a su casa en ambulancia, a pesar de no
presentar mejoría con los medicamentos suministrados. El examen clínico que se
practicó fue errado, porque era evidente que quien no podía ni ingerir alimentos, ni
hacer deposiciones estaba afectada por una obstrucción grave.
Al día siguiente, doña María Margot tuvo que ingresar nuevamente a la Posta de
Pumanque por vómitos y dolor abdominal e incapacidad de ingerir alimentos, siendo
derivada otra vez al Hospital de Santa Cruz. En la ficha médica del día 5 de
noviembre de 2018 se indicó que la paciente presentaba ausencia de deposiciones
desde hace 3 días y tenía vómitos biliosos de mal olor. Vale decir, seguía en las
mismas condiciones que el día anterior.
En este segundo ingreso los médicos que atendieron a doña María Margot en el
Hospital de Santa Cruz persistieron en la errada hipótesis diagnóstica de
obstrucción intestinal leve, tipo estreñimiento, a pesar que la paciente no podía
comer hace 3 días y continuaba con vómitos. Nuevamente, al darle el alta, durante
la madrugada el día 6 de noviembre de 2018, sólo le recetaron analgésicos y
laxante.
Esta errada decisión es cuestionable ya que nuevamente derivaron a doña María
Margot para su casa y no advirtieron que quien no tiene deposiciones ni come
podría estar afectada por obstrucción intestinal grave y no leve. Los médicos a esta
altura ya estaban perdiendo horas claves para su recuperación, debido a que el
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vólvulo gástrico, que es obstrucción debido a una torsión o un giro del tracto
intestinal, requería de cirugía inmediata.
Durante la madrugada del día 7 de noviembre de 2018 doña María Margot
nuevamente reingresó a la Posta de Pumanque porque la aquejaban dolores
abdominales intensos, vómitos y seguía sin poder comer. El médico de turno la
evaluó y derivó de forma urgente al Hospital de Santa Cruz.
En el Hospital de Santa Cruz los médicos consignaron nuevamente como hipótesis
diagnóstica una pseudo obstrucción intestinal leve, sin sospechar que se trataba de
un vólvulo gástrico (torsión intestinal), que impedía tanto a alimentación como las
deposiciones, derivándola a su casa. Esta vez en las indicaciones médicas de
domicilio consignaron lo siguiente: “1) Realizar eco abdominal 2) Consultar en
servicio de urgencia en caso necesario 3) Control sobrecupo en Poli Cirugía Dr-
Fajardo o Dr. Cáceres”.
En el hospital sugirieron que doña María Margot consultara un gastroenterólogo en
forma privada porque a través del sistema de salud pública iba a demorar, siendo
pertinente además que se realizara una ecografía abdominal. Esta ecografía se
realizó el día 8 de noviembre de 2018.
Como podrá apreciar S.S., por tercera vez los médicos volvieron a errar en el
tratamiento y diagnóstico, sin internar e intervenir quirúrgicamente a doña María
para remediar el estrangulamiento estomacal por rotación que la aquejaba. Existe
clara negligencia si es que a la tercera consulta una paciente de riesgo no presenta
ninguna mejoría y se insiste en derivarla a la casa con el mismo tratamiento.
Debido a la gran preocupación de sus familiares, el día 9 de noviembre doña María
Margot Galaz pudo atenderse con el médico Luis Elieser Goldin Gelfenstein,
gastroenterólogo de la Clínica Santa María de Santiago, gracias a un sobrecupo
gestionado por un conocido de don Ramón Quintero. El médico Luis Goldin examinó
a doña María y diagnosticó una obstrucción intestinal grave, ordenando su
hospitalización de urgencia para su estudio por deshidratación y vómitos
constantes. Sugirió también que se le realizara una endoscopía de urgencia. El
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doctor Goldin hizo, como los doctores de Santa Cruz, una examen clínico, pero que
a él le bastó para advertir la gravedad del asunto.
Gracias al informe del gastroenterólogo, el cual se agregó a la ficha de la paciente,
doña María Margot pudo ser hospitalizada en el Hospital de Santa Cruz el viernes
9 de noviembre de 2018. En esta ocasión fue ingresada con el siguiente diagnóstico:
obstrucción intestinal alta; síndrome emtrico; enfermedad ulcera péptica. Todavía
no había una reacción adecuada a pesar de los preocupantes signos de malestar
que presentaba doña María, quien fue tratada por más de 5 días como un simple
estreñimiento, en circunstancias que requería de intervención quirúrgica urgente.
Agrava lo anterior el hecho que los médicos del Hospital de Santa Cruz estaban al
tanto que doña María Margot, el 11 de abril de 2014, se realizó endoscopía digestiva
alta en cuyo informe se le diagnosticó una hernia para-esofágica. Así consta en la
ficha clínica. Por consiguiente, debido a los síntomas presentados por la paciente
por 5 días y a un historial previo, existían indicios suficientes de que estábamos
frente a un problema mayor que requería de cirugía inmediata y no un tratamiento
paliativo con analgésicos y laxantes.
Esta situación cambió recién al día siguiente. El 10 de noviembre el hospital autorizó
que doña María Margot se realizara una endoscopia de forma particular a las 12.46
PM, en el Laboratorio de Santa Cruz, con el médico Jorge Balocchi Carreño. Fue
este médico quien, siguiendo las advertencias del gastroenterólogo Luis Goldin,
advirtió el grave estado de salud de doña María, ya que no pudo terminar el examen
debido al delicado estado de salud de la paciente. En su informe el Dr. Balocchi
constató la presencia de abundante contenido fecaloideo producto de la obstrucción
intestinal grave y la existencia de una hernia hiatal deslizante y úlceras gástricas.
El médico recomendó que doña María Margot fuera trasladada urgentemente a un
hospital de alta complejidad que contara con una Unidad de Cuidados Intensivo
(“UCI”), servicios que el hospital de Santa Cruz no tenía, ya que la operación iba a
ser compleja. Así se lee por lo demás en el informe.
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De regreso al hospital, los hijos de doña María Margot hablaron con el médico
cirujano de turno y le solicitaron que su madre fuera trasladada al Hospital de San
Fernando, ya que contaba con UCI. A pesar de la solicitud expresa de los hijos de
la paciente, respaldada por el informe del médico Jorge Balocchi, el cirujano del
Hospital de Santa Cruz, don Raúl García, tomó la decisión de realizar la
gastrectomía total por vólvulo gástrico / laparotomizado en este último
establecimiento. Esta decisión se tomó después de 4 horas de haber realizado la
solicitud, tiempo de sobra durante el cual pudo ser trasladada al Hospital de San
Fernando.
Lamentablemente y tras haber perdido horas que fueron críticas, ya que a raíz de
los resultados del examen de endoscopía era totalmente necesario que la paciente
fuese operada en un hospital con UCI, doña María debió ser trasladada de urgencia
al Hospital de San Fernando aproximadamente a las 3 de la mañana del día 11 de
noviembre de 2018 luego de 6 horas de intervención quirúrgica.
Resultado del tratamiento errado que recibió durante 5 días y la decisión negligente
de operar a doña María Margot en un establecimiento sin UCI ni UTI, la paciente
fue ingresada el domingo 11 de noviembre durante las primeras horas de la
madrugada en el hospital de San Fernando. En este establecimiento permaneció en
la Unidad de Cuidados Intensivos (“UCI”) hasta el día 21 de enero de 2019, siendo
trasladada el mismo día a la UTI. En esta unidad estuvo hasta el día 24 de enero de
2019, pasando a sala de medicina y luego, el 28 de enero de 2019, a sala de cirugía.
Doña María Margot estuvo hospitalizada casi 100 días en el Hospital de San
Fernando, siendo sometida a reiteradas y dolorosas curaciones en pabellón y
sufriendo directamente el deterioro de su estado de salud hasta perder la vida el 18
de febrero de 2019 producto de una infección. Dentro de los principales hitos desde
la primera intervención quirúrgica hasta el fallecimiento de doña María Galaz
podemos mencionar los siguientes:
El día 20 de noviembre de 2018 se somete a la paciente a una nueva operación y
se consigna en el “Protocolo Operatorio” como diagnóstico post operatorio una
dehiscencia de anastomosis esofago-yeyunal post gastrectomía. En el documento
se señala que
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“En vista de las condiciones clínicas de la paciente y hallazgos
intraoperatorios se decide diferir el cierre de la pared abdominal y la
confección yeyunostomía de alimentación para nueva intervención a
desarrollarse en las próximas 48 horas”.
En la operación del día 28 de noviembre de 2018 al diagnóstico post operatorio
anterior se sumó una fistula muñón duodenal y hematoma periesplenico. La primera
de ellas es una de las complicaciones más agresivas de una gastrectomía debido a
su mortalidad. Iii) Posteriormente, el 1 de diciembre de 2018 vuelve a pabellón
consignándose en el Protocolo de Operaciones lo siguiente:
El 11 de diciembre de 2018 reingresa a pabellón para realizar curaciones en la
herida quedada por la gastrectomía. Las complicaciones iban en aumento ya que
las curaciones no estaban siendo suficientes, al punto que en la operación del 14
de diciembre de 2018 se ordena como plan la alimentación enteral de la paciente a
través de yeyunostomía.
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De esta forma, fueron numerosos los aseos quirúrgicos a los cuales fue sometida
doña María, los cuales por su propia naturaleza resultan muy dolorosos.
El 19 de diciembre de 2018 se discute el caso de doña María Galaz por el servicio
de cirugía, ya que se recomienda practicarle una traqueostomía pero existe un alto
riesgo de complicación posoperatoria de infección de la zona a intervenir.
Al salir de la UCI para ingresar a la UTI se levanta el siguiente informe con un
resumen del diagnóstico de la paciente y la serie de intervenciones de las cuales
fue objeto:
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Los daños del posoperatorio ya eran irreversibles al 10 de febrero de 2019, sin que
pudieran detener la infección que la aquejaba producto de la grave intervención
quirúrgica. En una Tomografía computada de tórax, abdomen y pelvis con contraste
se constataron los siguientes hallazgos:
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La impresión del examen fue la siguiente:
Un empiema pleural fue, finalmente, la causa inmediata del fallecimiento de doña
María Galaz Ostoloza. Así se consigna en el “Certificado médico de defunción y
estadística de mortalidad fetal”, y cuyas causas originarias serían una hernia hiatal
complicada debido a una fistula biliar externa.
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3) DE LOS DAÑOS Y PERJUICIOS PADECIDOS POR LOS DEMANDANTES
3.1) Las consecuencias emocionales y económicas han sido de considerable
magnitud para don Ramón Aquiles Quintero Pérez, doña Nancy Margarita Quinteros
Galaz y don Ramón Danilo Quintero Galaz.
3.2) Desde la intervención quirúrgica del día 10 de noviembre de 2018 y hasta su
fallecimiento, doña María quedó con lesiones gravísimas en su cuerpo producto de
las infecciones que la afectaron luego de la operación, al punto que no pudo
alimentarse de forma normal hasta el día de su fallecimiento a causa de la
gastrectomía total que le practicaron.
3.3) El actuar del personal médico del Servicio de Salud de O´Higgins, en
particular del Hospital de Santa Cruz, en cuanto a un errado diagnóstico y una
operación tardía y en condiciones inadecuadas, ha significado para los
demandantes una pérdida irreparable, como es la muerte de una esposa y madre,
que les ha ocasionado angustia y un intenso dolor, en el plano afectivo y
sentimental, cuya total y completa reparación resulta imposible, ya que la falta de
servicio en que incurrieron los establecimientos dependientes de la demandada
terminaron costando la vida de doña María Margot Galaz.
3.4) Con todo, el daño moral que estos hechos causaron a los demandantes, si
bien es irreparable en naturaleza, es necesario fijarlo y cuantificarlo a fin de reparar
en parte el intenso daño y dolor al que fueron sometidos.
3.5) En mérito de lo expuesto, se avalúa el daño moral padecido por don Ramón
Aquiles Quintero Pérez, en la suma de $50.000.000.
El daño moral padecido por doña Nancy Margarita Quinteros Galaz y don Ramón
Danilo Quintero Galaz se avalúa en la suma de $25.000.000 para cada uno de
ellos.
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4) EL DERECHO
4.1) El actuar de los médicos y el personal de salud dependiente del Servicio de
Salud de O’Higgins, en particular del Hospital de Santa Cruz, configura la
denominada “falta de servicio” por parte del Estado ya que esta última forma parte
de la Administración del Estado.
4.2) Los órganos de la Administración del Estado están indicados en el artículo 1,
inciso segundo, de la Ley N° 18.575 orgánica Constitucional de Bases Generales
de la Administración del Estado (“LBGAE” o “Ley N° 18.575”). El inciso segundo
prescribe:
“La Administración del Estado estará constituida por los Ministerios, las
Intendencias, las Gobernaciones y los órganos y servicios públicos creados para el
cumplimiento de la función administrativa, incluidos la Contraloría General de la
República, el Banco Central, las Fuerzas Armadas y las Fuerzas de Orden y
Seguridad Pública, los Gobiernos Regionales, las Municipalidades y las empresas
públicas creadas por ley.”
4.3) Tratándose de un servicio público, indudablemente el Servicio de Salud
forma parte de la Administración del Estado. Sus funciones se establecen en el
artículo 16 del Decreto Ley N° 2.763, que dispone en el inciso primero a tercero:
“Créanse los siguientes Servicios de Salud, en adelante los Servicios, que
coordinadamente tendrán a su cargo la articulación, gestión y desarrollo de la Red
Asistencial correspondiente, para la ejecución de las acciones integradas de
fomento, protección y recuperación de la salud y rehabilitación de las personas
enfermas (…)
Los Servicios serán organismos estatales, funcionalmente descentralizados,
dotados de personalidad jurídica y patrimonio propio para la realización de las
referidas acciones.
Dependerán del Ministerio de Salud, para los efectos de someterse a la
supervigilancia de éste en su funcionamiento, y a cuyas políticas, normas y planes
generales deberán sujetarse en el ejercicio de sus actividades, en la forma y
condiciones que determine el presente Libro.”
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4.4) El artículo 18, inciso primero y segundo del Decreto Ley N° 2.763 precisa el
nivel de organización de cada red asistencial dependiente de los Servicios de Salud,
recalcando que la supervisión de cada establecimiento corresponde a los Servicios
respectivos. La disposición prescribe:
“La Red Asistencial de cada Servicio de Salud se organizará con un primer nivel de
atención primaria, compuesto por establecimientos que ejercerán funciones
asistenciales en un determinado territorio con población a cargo y otros niveles de
mayor complejidad que sólo recibirán derivaciones desde el primer nivel de atención,
salvo en los casos de urgencia y otros que señalen la ley y los reglamentos.
Los establecimientos de atención primaria, sean consultorios, sean dependientes de
municipios, de Servicios de Salud o tengan convenios con éstos, deberán atender,
en el territorio del Servicio respectivo, la población a su cargo. Estos
establecimientos, tanto públicos como privados, estarán supeditados a las mismas
reglas técnicas y aportes financieros por tipo de población, de servicios brindados y
calidad de éstos, y serán supervisados y coordinados por el Servicio de Salud
respectivo.”
4.5) Por su parte, el Decreto N° 140 del Ministerio de Salud “Reglamento Orgánico
de los Servicios de Salud” otorga a los directores de cada Servicio la representación
judicial y extrajudicial:
“Artículo 6º.- Cada Servicio estará a cargo de un Director seleccionado, designado
y evaluado conforme al Sistema de Alta Dirección Pública, establecido en el Título
VI de la ley Nº 19.882.
El Director será el jefe superior del Servicio para todos los efectos legales y
administrativos y tendrá su representación judicial y extrajudicial.”
4.6) Como consecuencia de ser un órgano descentralizado de la Administración
del Estado que cuenta con patrimonio y personalidad jurídica propia, los Servicios
de Salud también están sujetos a las reglas de responsabilidad por falta de servicio,
debiendo indemnizar los daños que causen a particulares.
El artículo 38, inciso segundo, de la Constitución Política de la República (“CPR”),
prescribe:
“Cualquier persona que sea lesionada en sus derechos por la Administración del
Estado, de sus organismos o de las municipalidades, podrá reclamar ante los
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tribunales que determine la ley, sin perjuicio de la responsabilidad que pudiere
afectar al funcionario que hubiere causado el daño.”
4.7) La misma regla antes transcrita se replica a nivel legal en el artículo 4 de la
Ley N° 18.575, en virtud del cual:
“El Estado será responsable por los daños que causen los órganos de la
Administración en el ejercicio de sus funciones, sin perjuicio de las
responsabilidades que pudieren afectar al funcionario que los hubiere ocasionado.”
El artículo 42 de la misma ley establece a su vez que:
“Los órganos de la Administración serán responsables del daño que causen por
falta de servicio.
No obstante, el Estado tendrá derecho a repetir en contra del funcionario que
hubiere incurrido en falta personal.” (énfasis añadido).
4.8) Artículo 38, inciso primero y segundo, de la Ley N° 19.966 que establece un
régimen de garantías en salud (“Ley N° 19.966”), prescribe en materia de
responsabilidad que:
“Los órganos de la Administración del Estado en materia sanitaria serán
responsables de los daños que causen a particulares por falta de servicio.
El particular deberá acreditar que el daño se produjo por la acción u omisión del
órgano, mediando dicha falta de servicio.” (subrayado añadido).
El profesor Hernán Corral, refiriéndose a qué ha entendido la Excma. Corte
Suprema por falta de servicio en materia sanitaria, expresa lo siguiente:
“La jurisprudencia reciente opta por relacionar el concepto de “falta de servicio” con
el de negligencia. En un caso sobre tratamiento inadecuado de quemaduras en un
servicio de salud pública, la Corte Suprema estimó que “faltó la debida diligencia en
la recuperación de la salud de la paciente al no haberse actuado conforme a las
técnicas y prácticas que unívocamente aconsejaba la ciencia médica para la
situación clínica que le afectaba” (C. Sup., 2 de diciembre de 2011, Rol N° 5605-
2009, LP 56875). Se ha considerado también que existe falta de servicio en un
supuesto de incorrecto diagnóstico de un paciente, que llevó a que su condición se
agravara y, finalmente, a que falleciera (C. Sup., 5 de octubre de 2012, Rol N° 5406-
2010, LP 62871). En el mismo sentido, se ha fallado que la responsabilidad por falta
de servicio es del Estado y no del funcionario, debiendo aquél responder por los
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perjuicios ocasionados por el mal funcionamiento o el funcionamiento tardío de un
servicio público de la administración (C. Sup., 13 de enero de 2011, Rol N° 6665-
2008, LP CL/JUR/468/2011).”1(énfasis y subrayado son añadidos).
4.9) La Excma. Corte Suprema, en un fallo reciente, identifica a la falta de servicio
en materia sanitaria con la prestación de un servicio tardío o deficiente:
“A partir de la mencionada modificación legislativa se ha desarrollado una
labor doctrinaria y jurisprudencial destinada a establecer el contenido jurídico
del referido concepto (de la falta de servicio); y en esa labor esta Corte Suprema
ha señalado reiteradamente que dicho factor de imputación supone la
ocurrencia de un servicio tardío o defectuoso, que genere la consecuente
responsabilidad indemnizatoria. En este contexto, el 3 de septiembre de 2004 se
publica la Ley N° 19.966 que establece un Régimen de Garantías en Salud, cuerpo
normativo que incorpora en el artículo 38 la responsabilidad de los Órganos de la
Administración en materia sanitaria, la cual adopta –al igual que la Ley N° 18.575-
la falta de servicio, como factor de imputación que genera la obligación de
indemnizar a los particulares por los daños que éstos sufran a consecuencia de la
actuación de los Servicios de Salud del Estado.
Un estudio de la historia fidedigna del Título III de la ley en comento, en la cual se
encuentra incorporado el artículo 38, permite aseverar que la inclusión de las
normas de responsabilidad del Estado en materia sanitaria dentro de la ley se debió
a la intención específica del legislador de regular esta materia especial, siguiendo
los lineamientos del artículo 42 de la Ley N° 18.575, pues efectivamente dicho título
-que tiene origen en una indicación del Ejecutivo, presentada y discutida durante el
segundo trámite constitucional del proyecto- estableció, al mismo modo que la Ley
de Bases Generales de la Administración del Estado, que la responsabilidad de
éste nace de la falta de servicio, la cual no es otra cosa que el actuar
defectuoso de los Servicios de Salud.”2 (énfasis y subrayado son añadidos).
4.10) Si analizamos el caso de marras, el Servicio de Salud incurre en falta de
servicio ya que el Hospital de Santa Cruz recibe a una paciente derivada desde la
Posta de Pumanque, precisamente porque cuenta con mejores medios para hacer
frente a casos más complejos. Sin embargo, durante 5 días derivan a doña María
Galaz a su casa, con analgésicos y laxantes para hacer frente a un simple
estreñimiento, en circunstancias que clínicamente era evidente que se trataba
1
Corral Talciani, H. Lecciones de responsabilidad civil extracontractual, Thomson Reuters, Santiago, 2ª
edición, 2013, p. 295
2
Excma. Corte Suprema, sentencia de once de agosto de 2020, considerando duodécimo, rol ingreso de Corte
N° 24.933-2020
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de una obstrucción intestinal grave, pues no soló había ausencia de
deposiciones, sino que la paciente tampoco se podía alimentar, por lo que
necesitaba ser operada de urgencia por un vólvulo gástrico estrangulado,
agravado por una hernia hiatal y perforaciones gástricas. No se puede olvidar
que doña María Margot era una persona de la tercera edad, con 71 años, y
presentaba una obesidad mórbida según el IMC, lo cual la transformaba en una
paciente de alto riesgo.
Es del caso que el hospital contaba dentro de sus antecedentes con exámenes de
la paciente que arrojaron la existencia de una hernia hiatal. Que la obstrucción
intestinal era grave era advertible sólo con un examen clínico. Así quedó en
evidencia con el informe del gastroenterólogo de la Clínica Santa María, Luis Goldin.
Los facultativos del hospital de Santa Cruz fallaron lastimosamente en estos
exámenes clínicos. Además, fueron 5 días en que la paciente no presentó mejoría
con los medicamentos que le eran suministrados y tuvo que recurrir a dos
atenciones particulares y sólo entonces los médicos del Servicio de Saludo de
O’Higgins advirtieron que requería de una gastrectomía total, la que fue practica
tardíamente y en condiciones inadecuadas.
Incluso, se desatendió la solicitud de los demandantes, quienes solicitaron que doña
María Margot fuera intervenida en el Hospital de San Fernando porque contaba con
UCI y UTI. Fueron horas críticas que se perdieron y que pudieron contribuir a evitar
el deterioro de la salud de la paciente.
Lamentablemente, no se pudo recuperar la intervención quirúrgica y requirió de
innumerables curaciones en pabellón, lo cual desencadenó una infección que
terminó causándole la muerte. Claramente, la paciente no recibió una atención y
tratamiento acorde con la gravedad de su estado de salud.
En este sentido, la Excma. Corte Suprema ha condenado al Servicio de Salud en
casos de diagnósticos errados que impidieron detectar a tiempo una enfermedad
favoreciendo la evolución del cuadro base. Así, ha fallado que:
“5°.- Que tales probanzas demuestran con nitidez que el demandado incumplió los
parámetros mínimos exigibles en la atención del paciente Matías Pérez Palta,
puesto que, en lugar de adoptar las medidas necesarias para ello y de seguir
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los procedimientos adecuados, los profesionales que intervinieron en el
servicio de urgencia el día 11 de septiembre de 2013 efectuaron un errado
diagnóstico acerca de su estado de salud, concluyendo que sólo presentaba
una faringitis, cuadro conforme al cual indicaron los medicamentos que debía
ingerir y enseguida lo remitieron a su domicilio de alta, pese a que el estado
febril que presentaba desde hacía 24 horas, acompañado de vómitos, no había
sido debidamente controlado.
Sin embargo, y como quedó en evidencia algunas horas después, dicha diagnosis
era completamente errada y, por consiguiente, la medicamentación (sic) y el
tratamiento prescritos para Matías no eran los adecuados, error que, como salta a
la vista, permitió que su cuadro de base continuara evolucionando, hasta el punto
causarle la muerte el día 13 de ese mismo mes, contexto en el que se debe destacar,
como ya se dijo, que al disponer su alta, el estado febril que aquejaba a Matías por
un día completo no había sido suficientemente aclarado ni menos aun controlado,
desde que su origen era desconocido y, como es evidente, no obedecía a la
presencia de un cuadro de faringitis.
6°.- Que así las cosas aparece con manifiesta claridad que en la realización de la
actuación materia de autos, esto es, en el otorgamiento de la prestación de salud
otorgada al menor Matías Pérez Palta, el demandado incurrió en la falta de servicio
que se le reprocha (…)” (énfasis y subrayado son agregados).3
4.11) Por otra parte, según el artículo 40 de la Ley N° 19.966 la acción para
perseguir esta responsabilidad prescribirá en el plazo de cuatro años, contado
desde la acción u omisión.
Claramente la acción no se encuentra prescrita ya que, si se considera la primera
atención, de fecha 4 de noviembre de 2018, la acción recién prescribe el 4 de
noviembre de 2022.
4.12) En cuanto al monto de la indemnización de perjuicios y la forma de avalúo, el
artículo 41 de la Ley N° 19.966 regula las atribuciones del juez que conoce de la
causa para determinar el daño moral de la siguiente forma:
“La indemnización por el daño moral será fijada por el juez considerando la
gravedad del daño y la modificación de las condiciones de existencia del
afectado con el daño producido, atendiendo su edad y condiciones físicas.
3
Excma. Corte Suprema, sentencia 26 de diciembre de 2017, dictada en autos rol ingreso de Corte N° 11.526-
2017.
17
No serán indemnizables los daños que se deriven de hechos o circunstancias que
no se hubieran podido prever o evitar según el estado de los conocimientos de la
ciencia o de la técnica existentes en el momento de producirse aquéllos.”
Por consiguiente, S.S. debe tener en consideración que la gravedad del daño fue
tal que terminó costándole la vida a doña María Galaz (paciente de alto riesgo),
hecho que a su vez causa daños en los sentimientos y afectos de los demandantes,
ya que los procesos de luto por muertes traumáticas ocasionan trastornos
patológicos psicológicos y físicos de gran intensidad.
En cuanto a la cuantía del daño, nos remitimos a lo expuesto en el capítulo 3).-
precedente.
4.13) Con todo, en lo que respecta al daño moral, es importante tener en
consideración, siguiendo a la profesora Carmen Domínguez, que
“sólo en nosotros, es una verdadera presunción de derecho la existencia del daño
moral ante todo atentado que haya podido causar la muerte o lesión de la víctima,
que es el efecto que produce la doctrina mayoritariamente sustentada en Chile de
que el daño moral está exento de prueba pues por su carácter espiritual no debe ser
fundamentado ni probado, correspondiéndole al juez apreciarlo prudencialmente de
acuerdo al mérito del proceso y a las reglas de equidad”4 (subrayado es agregado).
La presunción del daño y su exención de prueba se debe a la concepción del mismo,
esto es, como el pretium doloris. Conceptualmente, el daño moral ha sido concebido
al menos como el dolor o aflicción que el hecho ilícito causa en los sentimientos o
afectos de la víctima, especialmente en casos de muerte tratándose de los
familiares cercanos. La misma autora refiriéndose a esta concepción del daño indica
que:
“Más evidente aún era este criterio en la jurisprudencia chilena de hasta hace unos
pocos años: “daño moral es el dolor, la aflicción, el pesar que causa en los
sentimientos o afectos el hecho ilícito, ya sea en la víctima o en sus parientes más
cercanos” o “daño moral consiste en el dolor psíquico, y aún físico -en sufrimientos,
en general-, que se experimenta a raíz de un suceso determinado”, son algunos
4
Domínguez Hidalgo C. “Seminario Responsabilidad Civil y Seguros, Actuales Tendencias y Desafíos”, Colegio
de Abogados, 9 y 11 de octubre 2001, p. 52
18
buenos ejemplos de esta acepción que, superada por gran parte de las sentencias,
se mantiene de todos modos vigente.
Ciertamente a esta tesis se debe, en gran parte, el reconocimiento del daño moral.
La sensibilidad ante el dolor ajeno, de ordinario muy manifiesto en los casos que se
plantean ante los tribunales, ha presionado, al menos desde un punto de vista
psicológico, en favor de la concesión de algún tipo de reparación ante tal clase de
perjuicios. En especial, ha sido el aliciente evidente en la aceptación de la
indemnización del sufrimiento y pesar que la muerte de una persona provoca
a su entorno más próximo”.5 (énfasis y subrayado son añadidos).
El deterioro del estado de salud de doña María Margot, al punto de quedar
imposibilitada de valerse por sí misma y su posterior muerte perturbó de forma grave
el estado de ánimo de los demandantes, teniendo en consideración el especial
vínculo que existía entre ellos y la paciente. Su muerte, que constituye un daño
irreparable, ha golpeado el ánimo de su cónyuge don Ramón Quintero y sus hijos,
con quienes compartió hogar durante más de 40 años. Su ausencia la sienten y
mucho.
El daño, si bien irreparable en especie, debe al menos ser compensado con una
justa y debida indemnización del pretium doloris.
4.14) En suma, existiendo falta de servicio imputable al Servicio de Salud, daño
sufrido por los demandantes y nexo causal entre el obrar negligente del hospital
dependiente del Servicio de Salud de O’Higgins y el perjuicio alegado, la presente
demanda debe acogerse en todas sus partes, condenado a la parte demandada a
indemnizar los daños y perjuicios padecidos por don Ramón Quintero Pérez, Nancy
Quinteros Galaz y Ramón Quintero Galaz.
POR TANTO, en mérito de lo expuesto, y en conformidad a lo prescrito en el artículo
38 de la Constitución Política de la República, en relación con los artículos 4 y 42
de la Ley N° 18.575, el artículo 38 de la Ley N° 19.966 y el artículo 253 y siguientes
del Código de Procedimiento Civil;
5
Domínguez Hidalgo, C. El daño moral, Editorial Jurídica de Chile, Santiago, 2013, t. I, p. 58
19
RUEGO A US.: tener por interpuesta demanda de indemnización de perjuicios en
contra del Servicio de Salud de O’Higgins, representado legalmente por su
Directora, doña Soledad Ishihara Zúñiga, ambos ya individualizados
precedentemente, y en definitiva acogiendo la demanda en todas sus partes,
declarar:
1. Que el Servicio de Salud de O’Higgins es responsable, por falta de servicio, de
los daños y perjuicios ocasionados a los demandantes, con motivo de los hechos
relatados en la demanda.
2. Que, por tal motivo, el Servicio de Salud de O’Higgins es condenado a pagar a
don Ramón Aquiles Quintero Pérez, a título de indemnización por daño moral, la
suma de $ 50.000.000, o la suma que US. estime pertinente, conforme al mérito del
procedimiento.
3. Que el Servicio de Salud de O’Higgins es condenado a pagar a doña Nancy
Margarita Quinteros Galaz, a título de indemnización por daño moral, la suma de
$25.000.000, o la suma que US. estime pertinente, conforme al mérito del
procedimiento.
4. Que el Servicio de Salud de O’Higgins es condenado a pagar a doña Ramón
Danilo Quintero Galaz, a título de indemnización por daño moral, la suma de
$25.000.000, o la suma que US. estime pertinente, conforme al mérito del
procedimiento.
5. Que tales sumas deberán ser pagadas debidamente reajustadas de acuerdo a la
variación que experimente el Índice de Precios al Consumidor (“IPC”), calculado
desde la fecha de ocurrencia de los hechos y la fecha del pago efectivo. O en
subsidio, en la forma y fechas que S.S. estime pertinente.
6. Que se condena a la demandada al pago de las costas.
PRIMER OTROSÍ: Sírvase S.S. ordenar, con citación, que se oficie a la demandada,
Servicio de Salud de O’Higgins, con domicilio en Av. Libertador Bernardo O'Higgins
609, Rancagua, Región del Libertador Bernardo O'Higgins, a fin que acompañe al
procedimiento copia íntegra de la ficha clínica y todos los antecedentes médicos
que posea de doña María Galaz Ostoloza, cédula de identidad número 4.062.571-
2.
SEGUNDO OTROSÍ: Sírvase S.S. ordenar que se oficie al Consejo de Defensa del
Estado (“CDE”), procuraduría fiscal de Rancagua, con domicilio en Rubio 285, of.
710, Rancagua, con el fin de que remita copia del certificado de término, sin
20
acuerdo, del proceso de mediación ROL RANCA 2020-17738, seguido ante la
mediadora doña Myriam Barrientos Gómez.
Según consta en el correo electrónico acompañado en el número 1 del tercer otrosí,
dicho documento se encuentra disponible para retiro solamente de forma presencial
en la oficina del CDE, negándose en consecuencia el envío a esta parte por vía
electrónica a pesar de la actual emergencia sanitaria y a las restricciones de
desplazamiento decretadas por la autoridad pública.
TERCER OTROSÍ: Sírvase US. tener por acompañados, con citación, copia de los
siguientes documentos:
1. Cadena de correos electrónicos intercambiados entre el suscrito y doña Myriam
Barrientos G., mediadora del Consejo de Defensa del Estado, en el cual se indica
que el Certificado de Término de Procedimiento de Mediación, Rol RANCA 2020-
17738, se encuentra listo para ser retirado presencialmente en las dependencias
del CDE..
2. Certificado de matrimonio entre doña María Galaz Ostoloza y don Ramón Aquiles
Quintero Pérez.
3. Certificado de nacimiento de doña Nancy Margarita Quinteros Galaz.
4. Certificado de nacimiento de don Ramón Danilo Quintero Galaz.
CUARTO OTROSÍ: Mi personería para representar a don Ramón Aquiles Quintero
Pérez, doña Nancy Margarita Quinteros Galaz y don Ramón Danilo Quintero Galaz,
consta en escritura pública de mandato judicial otorgada con fecha 12 de agosto de
2020 en la Notaría y Conservador de Peralillo de doña Soledad Pérez Vega,
repertorio N° 722-2020, cuya copia autorizada acompaño en este acto, con citación.
QUINTO OTROSÍ: Hado presente que en mi calidad de abogado habilitado para el
ejercicio de la profesión patrocinaré personalmente estos autos. Asimismo, por este
acto, delego poder con las mismas facultades con que me ha sido otorgado a los
abogados Claudio Torres Reyes, cédula nacional de identidad N° 15.932.532-6;
Macarena González Marchant, cédula nacional de identidad N° 17.673.597-k; y
Joaquín Labarca Aguilar, cédula nacional de identidad N° 18.122.293-k, de mi
mismo domicilio, con quienes podré actuar conjunta, separada e indistintamente,
quienes firman en señal de aceptación.
JOSE
Firmado
MACARENA Firmado VALERICIO Firmado Claudio Firmado
digitalmente por digitalmente por
PEDRO JOSE PEDRO
NILSA digitalmente por 21 digitalmente por
Andrés
BARAONA
BARAONA GONZALEZ MACARENA NILSA JOAQUIN VALERICIO Claudio Andrés
GONZALEZ Fecha: 2021.05.10 GONZALEZ GONZALEZ
JOAQUIN LABARCA
LABARCA AGUILAR Torres Torres Reyes
Fecha: 2021.05.10
14:41:38 -04'00'
MARCHANT MARCHANT
Fecha: 2021.05.10 Reyes 14:50:44 -04'00'
AGUILAR 15:30:38 -04'00'