0% encontró este documento útil (0 votos)
4 vistas6 páginas

Plástico en océanos: origen y consecuencias

La ruta que sigue al plástico hasta el mar
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
4 vistas6 páginas

Plástico en océanos: origen y consecuencias

La ruta que sigue al plástico hasta el mar
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

La ruta del plástico: del bote de basura a los ecosistemas marinos

POR REDACCIÓN NATIONAL GEOGRAPHIC


PUBLICADO 20 ABR 2022 04:36 GMT-3
Visto desde el espacio, el planeta Tierra resalta en el fondo negro del vacío como una
esfera azul manchada por difusas nubes blancas. Esto tiene una explicación: al
menos tres cuartas partes de su superficie están cubiertas por agua en todas sus formas:
ríos, lagos, mares, hielos, neblina, vapor y humedad.
No obstante, el celeste característico de estas abundantes masas de agua no se
encuentra impoluto. De hecho, está corrompido por las toneladas de residuos
plásticos que, desde todos los rincones del mundo, van a parar a los océanos, como si se
tratasen de gigantes vertederos a cielo abierto.
Los plásticos representan la fracción más grande, dañina y persistente de todos los
desechos de procedencia humana que acaban en los ecosistemas marinos, llegando a
abarcar el 85% del total, advierte un informe publicado en 2021 por el Programa de las
Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), en el que participaron más de 70
científicos.
El documento estima que ingresan anualmente a los océanos cerca de 11 millones de
toneladas métricas de plástico y se proyecta que para 2040 estos valores se tripliquen,
alcanzando entre 23 y 37 millones de toneladas métricas de plástico al año.
Si distribuyésemos toda esta basura a lo largo de las playas y riberas del planeta,
alcanzaría para emplazar 50 kilos de plásticos por cada metro de costa en todo el mundo.
Ante este panorama, y en las vísperas del Día de la Tierra (que se conmemora el 22 de
abril), surge indefectiblemente una reflexión: ¿Cuál es la ruta que trazan estos desechos y
qué rol tiene el consumidor final en esta dramática cadena?
(Te puede interesar: Las naciones del mundo buscan un acuerdo global para solucionar la
crisis de los residuos plásticos)
El origen del plástico: los combustibles fósiles
En conversación con National Geographic a través de vídeollamada y en el marco del Día
de la Tierra, Andrés Arias, investigador del Consejo Nacional de Investigaciones
Científicas y Técnicas (CONICET) de Argentina, integrante del Instituto Argentino de
Oceanografía (IADO; CONICET-UNS) y uno de los miembros del equipo a cargo del
informe del PNUMA, hizo hincapié en el punto de partida de la ruta del plástico: su
fabricación.
“Hoy, el petróleo es el elemento base de la formación de las resinas plásticas
mayoritarias. Prácticamente, el 98% de la producción mundial proviene de combustibles
fósiles. Este es el origen”, explica el investigador.
La clave del asunto está en el cómo y en el para qué de esa producción y esto implica
incluir, tal como sugiere Arias, una perspectiva consciente por parte de los consumidores:
“Nosotros definitivamente somos los consumidores finales de esos productos que
manejamos diariamente y que, en gran cantidad, son elementos de un solo uso o
elementos con vidas muy acotadas”.
El concepto de vidas acotadas al que refiere Arias tiene que ver con la relación entre el
tiempo de utilidad que se le adjudica a los elementos hechos de plástico y la verdadera
durabilidad que esos materiales pueden alcanzar realmente en el medio ambiente.
En ese sentido, Arias detalla: “Estamos hablando de un producto que tiene una vida que
supera los 200 o 300 años y que, de acuerdo a la densidad y al tipo de resina, puede
llegar a perdurar hasta 600 años en el ambiente, lo cual es extremadamente longevo para
el tiempo que se usa en la cotidianeidad”.
A modo de ejemplo, el especialista mencionó a las mascarillas descartables, que están
100% hechas de plástico. Estas tienen un uso promedio de 15 a 30 días, pero al ser
desechadas llegan a demorar cientos de años en desaparecer del ambiente.
Las fugas de plástico: ¿de dónde llegan los residuos?
El problema, explica Arias, se centra, como en todo sistema lineal, en lo que los científicos
llaman “fugas” de plástico al ambiente, las cuales en un sistema ideal no deberían existir.
Para el experto, si tuviéramos un modelo de economía circular (es decir, una economía
centrada en la producción, distribución y consumo sustentables), las pérdidas serían muy
pocas.
El abordaje de la economía circular está siendo implementado ya en varias industrias,
como en el sector de la moda sostenible (descubre más al respecto aquí). En relación al
plástico, no obstabte, las señales no son tan alentadoras.
Actualmente y según los números del informe del PNUMA, se producen 400 millones de
toneladas de plástico al año provenientes, principalmente, de fuentes terrestres que
incluyen la agricultura, la construcción y el transporte.
Pero, además, la investigación enfatiza como una importante fuente terrestre a la amplia
variedad de productos de cuidado personal, farmacéuticos y sanitarios, incluido el equipo
de protección personal utilizado durante la pandemia de COVID-19.
(Contenido relacionado: COVID-19: Dos años después, la evolución del coronavirus sigue
sorprendiendo a los expertos)
En concreto, el reporte del PNUMA estima que el 36% de todos los plásticos producidos
se utilizan en envases, incluidos los productos de plástico de un solo uso para almacenar
alimentos y bebidas. El documento enfatiza, además, que alrededor del 85% del plástico
producido a escala global acaba en vertederos o como residuos no regulados que
terminan depositándose, posteriormente, en el medio ambiente marino. Y la producción va
en aumento.
Un informe publicado en 2021 por la Fundación Ellen MacArthur estima que la producción
de plásticos ha aumentado considerablemente en los últimos 50 años, pasando de 15
millones de toneladas en 1964 a 311 millones de toneladas en 2014.
De ese total, señala la organización, el 26% son envases de plástico. En números,
corresponde a unos 78 millones de toneladas, es decir, 7.200 torres Eiffel o 650.000
ballenas azules. De esos envases plásticos, el 40% termina en basureros o rellenos
sanitarios, el 32% en el ambiente (como los ecosistemas marinos) y el 14% es incinerado
o utilizado para generar energía.
(También te puede interesar: Envases plásticos que son una pesadilla para el reciclado)
Las actividades marinas que más contaminan
La pesca, la acuicultura, el transporte marítimo, las operaciones en alta mar y el turismo
marítimo son las principales actividades generadoras de residuos plásticos
y microplásticos en ecosistemas acuáticos.
El mar Caribe, por ejemplo, es un ecosistema modelo en lo que respecta a la llamada
“presión turística”, según detalló Arias. Para el científico argentino, además de la fuerte
presencia de elementos de un solo uso y el packaging (los embalajes y envoltorios)
alimentario que descartan los consumidores finales, existen otras vías de impacto, como
los sistemas de lavado de los hoteles, los cuales desprenden una gran cantidad de fibras
plásticas como el poliéster (provenientes de los productos textiles) que acaban
desembocando en los mares y océanos.
Un artículo publicado por la ONU en 2019 ilustra bien esta problemática. Según datos
consignados en este documento, se arrojan anualmente al mar medio millón de toneladas
de microfibra, es decir, el equivalente a 3 millones de barriles de petróleo.
(Contenido relacionado: ¿Cómo estar a la moda y ser un consumidor consciente?)
¿Qué productos descartables se tiran con frecuencia?
El mencionado informe del PNUMA observó que las botellas de plástico muestran la
mayor tasa de crecimiento, habiendo aumentado un 15% al año, en comparación con el
7% que evidenciaron otros tipos de desechos.
Por medio de diversos informes internos citados en ese documento, se pudo evidenciar,
por ejemplo, que en un año las tripulaciones de 75 buques tiraron más de 500.000
botellas de plástico al mar.
Además de las botellas plásticas, los vasos descartables en tanto deshechos también van
en aumento. Precisamente, fue la ruta que trazan estos últimos (desde su producción
hasta acabar en el océano) lo que llevó al emprendedor y estudiante de biotecnología de
la Universidad de San Martín (Argentina), Jerónimo Batista Bucher, a desarrollar la idea
de reemplazar los vasos descartables de plástico por vasos biodegradables a base de
algas.
A través de videollamada con National Geographic, el joven argentino recordó cómo, a
través de la observación y la toma de consciencia, fue dando los primeros pasos hacia el
desarrollo de su proyecto.
“Estaba en la escuela secundaria cuando empecé a focalizar sobre los dispensadores de
agua y sobre cómo los alumnos sacaban todo el tiempo un vaso, tomaban un trago y lo
tiraban a la basura. Esos recipientes terminaban todos los días rebalsados de esos vasos
que se habían usado por unos segundos nada más”, contó Batista Bucher.
Un sólo bote de basura lo llevó a realizar estimaciones que le permitieron concluir que tan
sólo en su escuela secundaria, se descartaban anualmente más de 600 kilos de residuos
plásticos.
Ese fue el punto de partida de su proyecto para crear vasos descartables a base de algas
biodegradables a causa del cual fue incluido en 2019 en la lista de los 100 líderes del
futuro, confeccionada por la Universidad Harvard (Estados Unidos).
Además, el joven (que cuenta con 23 años al momento de esta publicación) formó parte
de La ciencia de reinventarnos, un documental producido en 2021 por National
Geographic sobre la problemática que representa la contaminación plástica y la forma en
que es posible enfrentarla con iniciativas innovadoras.
Ahora, su propuesta ecológica está en etapa de registro y Batista Bucher espera poder
llevarla a cabo muy pronto a través de su propia empresa tecnológica focalizada en
soluciones ambientales ciencia, Henko, con el apoyo de la mencionada Universidad de
San Martín.
La solución ideada por el biotecnólogo en formación consiste no sólo en el desarrollo de
vasos a base de algas marinas, sino también en su disponibilización para los
consumidores mediante máquinas similares a los dispensadores de agua comunes.
Reciclaje: ¿cuánto plástico se recupera?
Siguiendo el informe de la Fundación Ellen MacArthur, “los plásticos baratos, livianos y
versátiles son los materiales dominantes de nuestra economía moderna”.
De los 400 millones de toneladas de plástico producidas, sólo el 9% se recoge para ser
reciclado, según datos del informe del PNUMA. Para el programa internacional, cualquier
estimación de las pérdidas que hoy se realice, no incluye los costes de la degradación de
bienes y servicios de los ecosistemas debido a los desechos marinos, por lo que las
pérdidas económicas totales están subestimadas.
Específicamente, de acuerdo con la Fundación Ellen MacArthur, de los 78 millones de
toneladas de envases plásticos que se producen anualmente en el planeta, solo el 14%
se recicla después de su uso.
Esto deja como saldo una pérdida de entre 80.000 y 120.000 millones de dólares al año,
pero los datos obtenidos dejan entrever una realidad todavía más alarmante: si se
continúa con la actual tendencia, para el año 2050 habrá, en términos de peso, más
plástico que peces en el océano.
(Te puede interesar: El reciclaje de plásticos se desmorona. ¿Cómo solucionarlo?)
¿Qué pasa con el plástico en los ecosistemas marinos?
El residuo o “fuga” llega al ambiente acuático por equivocación, por omisión o por error de
cálculo, explica Arias. Más allá de los motivos, los informes coinciden en que la basura
marina se encuentra en volúmenes cada vez mayores a lo largo de las costas y estuarios
del mundo, en corrientes masivas en medio del océano, en islas remotas y en el hielo
marino.
Esta dispersión, advierte el informe del PNUMA, se efectúa a través del lecho marino,
desde las regiones polares hasta las fosas más profundas y oscuras e impacta sobre toda
forma de vida posible.
Ahora bien, una vez depositado en el lecho marino, explica Arias, ese descarte es
sometido a lo que los científicos llaman meteorización, es decir, el desecho atraviesa
distintos procesos físicos, químicos y biológicos.
La desintegración del plástico es, tal y como cuenta Arias, compleja y preocupante, por
que la meteorización “hace que la radiación ultravioleta de los rayos solares, así como las
variaciones de temperatura y de presión, provoquen el envejecimiento de los plásticos,
alterando su estructura cristalina y dividiéndolos en partículas realmente diminutas, casi
invisibles al ojo humano”, explicó el especialista.
A estas partículas ínfimas de plástico se las conoce como microplásticos y nanoplásticos.
La biodiversidad está continuamente amenazada por la basura y la contaminación por
plásticos. Una vez depositado en los diversos ecosistemas acuáticos, las toneladas de
residuos que desechamos anualmente tienen un impacto directo en la vida marina.
En cuanto a los plásticos de tamaño mayor, los macroplásticos, y tomando como base el
informe del PNUMA, entre los principales efectos de la contaminación por plásticos en los
animales que habitan ecosistemas acuáticos se destacan:
 La muerte de mamíferos marinos, aves, peces, reptiles y plantas por colisiones con
plásticos de tamaño macro.
 La ingestión y consecuente alojamiento de macroplásticos en el sistema digestivo de
los organismos acuáticos, incluidas todas las especies de tortugas marinas
muestreadas y casi la mitad de todas las especies de aves y mamíferos marinos
estudiados.
 Laceraciones causadas por las partículas a medida que se translocan a través de la
membrana celular hacia el sistema circulatorio linfático, respiratorio y/u otros sistemas
biológicos.
 Alteraciones fisiológicas, cambios en la expresión genética y modificaciones en el
comportamiento.

¿Cuáles son los efectos de los microplásticos en la vida marina?


Los micro y nanoplásticos son partículas prácticamente invisibles al ojo humano
que pueden transferir una serie de productos químicos tóxicos, metales y
microcontaminantes a las aguas superficiales abiertas, donde pueden ser ingeridos por
una amplia fauna, explicó Arias.
Según el experto, existen en la actualidad más de 10.000 trabajos científicos publicados
sobre los efectos que tienen los residuos plásticos en la vida marina y la conclusión de
todos es que de 782 indicadores de progresión de enfermedad, aproximadamente el 30%
es disparado por la exposición animal a los plásticos.
Físicamente, al igual que ocurre con los macroplásticos, los microplásticos pueden lacerar
el intestino e incluso generar una falsa sensación de saciedad. Hay pruebas (aunque con
dosis muy elevadas) de que los microplásticos ingeridos pueden atravesar el
revestimiento del intestino y acumularse en los tejidos provocando efectos nocivos, tal
como explica el informe del PNUMA.
¿Cuál es el impacto de los plásticos en los hábitats y ecosistemas?
Además de impactar en la fauna, los residuos plásticos, ya sean flexibles o rígidos,
pueden alterar la estructura y composición de la macrofauna, la microfauna y los
conjuntos bacterianos.
Según el PNUMA, lo puede hacer de las siguientes formas:
 Afectación de los procesos clave del ecosistema al bloquear el intercambio de gases,
lo que disminuye el flujo de nutrientes inorgánicos de los sedimentos.
 Daños en organismos marinos clave que forman el hábitat, como los corales y hierbas
marinas, provocados por la abrasión de los tejidos y la asfixia de los mismos.
 Reducción de la capacidad de absorción de carbono por parte de los arrecifes de
carbonato y de los productores primarios, debido a la absorción de microplásticos lo
que puede incidir en el calentamiento global.
 Introducción de especies exóticas a través de los plásticos, lo que provoca la pérdida
de especies fundacionales, como los corales, los pastos marinos y los manglares.
 Absorción de aditivos químicos, tóxicos, metales pesados y contaminantes orgánicos
persistentes a partir de la acción de los plásticos como plataformas para “cócteles
químicos”.

(También te puede interesar: Corales que comen plástico en lugar de alimento)


Contaminación plástica: del problema a la solución
Esa ruta que recorre un producto plástico desde su origen hasta su disposición final en los
ambientes acuáticos del planeta puede modificarse si se reconoce que “se necesita a
todos a bordo de la solución”, advirtió Arias.
En ese sentido, los especialistas aseguran que resulta esencial la adopción de un sistema
circular que transforme las distintas etapas de la cadena productiva, porque la solución a
una problemática tan compleja como la de la basura plástica requiere acciones en todas
las escalas.
A nivel macro, 175 delegados de la ONU acordaron, en marzo de este año, negociar el
primer tratado global integral para frenar la contaminación por plástico, iniciativa
considerada como el pacto ambiental más significativo desde el Acuerdo de París contra
el cambio climático, de 2015.
Para Batista Bucher, se trata de una noticia histórica que puede tener un potencial
enorme para la transformación, al imprimirle un sentido de urgencia a esta problemática
global.
“Hoy estamos generando plásticos como nunca en la historia y para los próximos 20 años
se planea duplicar la producción en función del crecimiento poblacional. Pero, por otro
lado, estamos en una situación en la cual, por ejemplo, para la obtención de energía y el
posterior suministro de toda la matriz mundial van ganando terreno las energías
renovables”, dijo Batista Bucher, marcando los retos hacia adelante.
El joven emprendedor subrayó la importancia del carácter vinculante planteado para este
nuevo acuerdo, ya que permite otra jerarquía de cumplimiento, tanto a los estados como a
las empresas involucradas.
Producción: de un modelo lineal a uno circular
Así como Batista Bucher, Arias hizo hincapié en la necesidad de reformular el actual
sistema lineal de producción y consumo: “Estamos produciendo millones de toneladas de
plástico virgen a nivel mundial y se estima que esa producción se triplique hacia 2050.
¿Es necesario?”, reflexionó. “Si fuera necesario”, añadió, “podríamos
gradualmente pensar en hitos de transformación de esas resinas en resinas que sean
más reciclables y biodegradables”.
En ese sentido, la Fundación Ellen MacArthur propone la adopción de un modelo de
economía circular que le permita a la industria del plástico diseñar mejores envases,
aumentar las tasas de reciclaje e introducir nuevos modelos para hacer un mejor uso de
los envases.
“Necesitamos mejorar los sistemas de reciclado, generar incentivos para crear plantas de
reciclado que económicamente sean más rentables que producir plástico virgen”, detalló
el científico del CONICET, quien agregó: “No va a ocurrir un cambio mágico en este
esquema económico productivo, pero es bueno y necesario ir interviniendo en todos estos
puntos de la cadena”.
Lo que haces cuenta: el compromiso individual
Más allá de las políticas públicas y de los cambios productivos posibles, los hábitos de
consumo, en suma, pueden hacer la diferencia. Así como Batista Bucher tomó la decisión
de trabajar sobre la problemática de los vasos descartables a partir de la observación
personal de lo que sucedía en su escuela secundaria, cualquier persona está en
condiciones de tomar consciencia y actuar en consecuencia.
Por eso, para el joven emprendedor los vasos descartables son solo una pequeña parte
de lo que ocurre con otros productos plásticos: “A partir de la observación, haces un clic y
empiezas a cuestionar eso que está tan normalizado y que hacemos con un vaso
descartable o con un revolvedor de café, es decir, usar y tirar”, reflexionó Batista Bucher.
El emprendedor destacó el compromiso individual como una parte fundamental del
cambio: “Una vez que te involucras, no puedes dejar de pensar en cómo se puede
contribuir con soluciones. Así, el primer paso es entender la problemática, saber dónde
está la contaminación y cuál es su origen, ya que si tenemos esa evidencia, podemos
generar soluciones más acertadas en nuestras vidas, como reducir, reciclar, reutilizar e,
incluso, podemos ser parte de la solución aportando desde la innovación y la tecnología”.
Una de las acciones más efectivas para combatir la contaminación por plástico es,
simplemente, dejar de usar plástico o, al menos, reducir su uso al mínimo posible. En
un artículo publicado por las Naciones Unidas en 2018, Leo Heileman, representante
regional del PUMA para América Latina y el Caribe, explicó cómo existe una dimensión
personal a la hora de abordar esta problemática, que tiene que ver con cómo las personas
están acostumbradas al uso del plástico: “Tenemos que divorciarnos de la dependencia
del plástico que tenemos y cambiar nuestra forma de consumo, para hacerlo más
ambientalmente amigable”.

También podría gustarte