Operación 2: TEMA: EL VITALISMO DE NIETZSCHE.
El pensamiento de Friedrich Nietzsche se enmarca dentro de una crítica radical a la tradición filosófica occidental, marcada, según
él, por una negación de la vida. Influido por pensadores como Heráclito, Schopenhauer y por la ciencia de su época,
especialmente la biología y la filología, Nietzsche construye una filosofía vitalista que busca afirmar la vida en todas sus
manifestaciones, incluso en sus aspectos más conflictivos y dolorosos. Esta afirmación vital se opone frontalmente a la tradición
racionalista inaugurada por Sócrates y desarrollada por Platón y el cristianismo, a quienes Nietzsche acusa de haber promovido
una visión decadente de la existencia. En el capítulo “La ‘razón’ en la filosofía” de El crepúsculo de los ídolos, especialmente en
los apartados 1, 4 y 6, Nietzsche desenmascara lo que considera un uso degenerado de la razón: aquella que desprecia lo
sensible, lo corporal y lo cambiante en favor de ideales fijos, inmutables y metafísicos. Para Nietzsche, esta inversión de valores
constituye una forma de decadencia. En vez de afirmar la vida tal como es —con su devenir, su caos, su sensualidad — la filosofía
tradicional ha intentado reemplazarla por un mundo ideal, “verdadero”, inteligible, que niega todo lo vital. Este “platonismo” se
prolonga en la tradición cristiana y moderna, y constituye lo que Nietzsche llama “la historia de un error”. Esta historia es, en
esencia, el relato de cómo el pensamiento occidental ha ido alejándose progresivamente de la vida, ahogándola bajo la lógica, la
moral y la metafísica. Frente a ello, Nietzsche propone un pensamiento que parta del cuerpo, de los sentidos, de lo instintivo: una
razón vital, una filosofía que no niegue, sino que exalte la existencia. Este vitalismo se encarna en su figura filosófico-poética por
excelencia: Zaratustra. En “Así habló Zaratustra”, Nietzsche nos presenta a este profeta que predica un nuevo horizonte de
valores, “más allá del bien y del mal”. Esto no significa caer en el relativismo, sino superar las categorías morales impuestas por la
tradición judeocristiana y afirmar una ética que se funde con la vida misma. El vitalismo nietzscheano no es una celebración
ingenua de la fuerza, sino una apuesta por una voluntad afirmadora, creadora, que no teme al sufrimiento ni a la contradicción.
Esta voluntad se manifiesta como “voluntad de poder”, entendida no como dominio sobre los demás, sino como capacidad de
afirmarse a pesar de las condiciones adversas, de crear sentido donde reina el vacío. En este contexto, Nietzsche proclama la
“muerte de Dios”, no como un acontecimiento teológico, sino como el colapso de todos los valores trascendentes que sostenían la
moral y la metafísica occidentales. Con la muerte de Dios, desaparece la garantía última del sentido, y el hombre queda arrojado
al nihilismo: la experiencia de que nada tiene valor absoluto. Pero este nihilismo no debe ser entendido como desesperación
definitiva, sino como una etapa necesaria para el renacimiento del espíritu libre. Solo atravesando el nihilismo, el ser humano
puede abrirse a una nueva forma de existencia, sin tutela divina, sin verdades absolutas, sin promesas de un más allá. La
respuesta nietzscheana a esta crisis es doble: por un lado, la “voluntad de poder”, como impulso creador de sentido; por otro, la
idea del “eterno retorno”, que exige una afirmación radical de la vida. Imaginar que todo lo vivido deberá repetirse infinitamente
obliga a evaluar si nuestra vida merece ser vivida una y otra vez. Este pensamiento, lejos de ser una carga, es una prueba de
afirmación vital suprema: solo quien ama su vida puede desear su eterno retorno. Así, Nietzsche cierra el círculo de su crítica a la
razón tradicional con una propuesta afirmativa, que no busca fundamentos fuera del mundo, sino que hunde sus raíces en la
tierra, en el cuerpo, en la vida misma. En conclusión, el vitalismo de Nietzsche es una invitación a abandonar las ilusiones
metafísicas y a vivir sin amparo trascendente, con una afirmación apasionada de lo real, de lo sensible, de lo humano. Frente a la
decadencia de la razón que niega la vida, Nietzsche propone una nueva forma de pensar y existir: vital, creativa, dionisiaca y
trágicamente afirmadora.
Operación 3. Nietzsche y Platón
La verdad y la apariencia Friedrich Nietzsche y Platón abordan la problemática de la verdad desde perspectivas opuestas.
Mientras Platón sostiene una visión dualista de la realidad, donde el mundo sensible es una mera copia imperfecta del mundo
inteligible, Nietzsche critica esta concepción y defiende una interpretación más vitalista y perspectivista de la verdad. Platón, en su
teoría de las Ideas, sostiene que el verdadero conocimiento se alcanza mediante la razón y la contemplación de las esencias
inmutables. En su alegoría de la caverna, describe cómo los sentidos nos engañan y nos mantienen en un mundo de sombras,
mientras que la filosofía permite acceder a la auténtica realidad. Para él, la verdad es única, objetiva y trascendente. Por el
contrario, Nietzsche rechaza la noción de una verdad absoluta e inmutable. En su obra Más allá del bien y del mal, denuncia el
"instinto de verdad" como una construcción cultural basada en la tradición metafísica occidental, que considera decadente. Su
perspectivismo afirma que la verdad no es única, sino que depende de las interpretaciones, condicionadas por la voluntad de
poder. Para él, la división entre un mundo verdadero e ilusorio es una invención que debilita la vida. La relación entre ambas
posiciones es de superación crítica. Nietzsche considera que Platón inaugura una tradición metafísica que culmina en el
cristianismo y la moral de los esclavos. Frente a la idea platónica de un conocimiento puro y universal, Nietzsche propone una
visión dinámica donde la verdad se crea y cambia con el tiempo. Así, rompe con la tradición filosófica y abre paso a una
comprensión más vitalista y plural de la realidad.
Operación 4
1. Según Nietzsche, ¿cuál es la primera idiosincrasia en los filósofos? La falta de sentido histórico
2. ¿Cómo consideran los filósofos que otorgan honor a una cosa? Deshistorizandola
3. ¿Cómo denomina Nietzsche a lo que los filósofos han venido manejando desde hace milenios? Momias conceptuales
4. ¿En qué creen, incluso con desesperación, los filósofos según Nietzsche?. En lo que és
5. ¿Qué elementos de la realidad considera el texto como objeciones para los filósofos?
La muerte, el cambio, la vejez asi como la procreación y el crecimiento
6. ¿A quién culpan los filósofos por no poder percibir lo que "es"? A la sensibilidad.
7. ¿Cómo denominan, según Nietzsche, los filósofos al resto de la humanidad que otorga fe a los sentidos? Pueblo
8. ¿Cuál es la segunda idiosincrasia de los filósofos según el texto de Nietzsche?
Peligroso: confundir lo último con lo primero
9. ¿Cómo describe Nietzsche a los "conceptos supremos”, a “los más generales”? Como los más vacíos.
10. Todo lo que es de primer rango, según el texto de Nietzsche, ¿de dónde procede? Causa sui
11. ¿Qué concepto ponen los filósofos como el primero a pesar de ser, según Nietzsche, el más vacío? El concepto de Dios.
12. ¿Cómo denomina Nietzsche en el texto al concepto de “Dios? Ens realissimum
13. Según la primera tesis de Nietzsche, las razones por las que “este” mundo ha sido calificado de aparente, ¿qué fundamentan?.
Su realidad
14. Según Nietzsche, los signos distintivos que han sido asignados al ser verdadero de las cosas, ¿de qué son signos distintivos?
Del no ser, de la nada
15. ¿Cómo califica el autor la idea de un “mundo verdadero” distinto de este? Ilusión óptico-moral
16. Según la tercera tesis, ¿qué recelo motiva la invención de otro mundo distinto de este? Recelo frente a la vida
17. ¿Qué filósofo es mencionado como un "cristiano alevoso”? Kant
18. ¿Cómo describe el autor la división entre un mundo “verdadero” y un mundo “aparente”?
Como una sugestión de la décadence
19. Según el texto, ¿cómo no es el artista trágico? Pesimista
20. ¿Cómo caracteriza el autor al artista trágico? Como dianosiaco
Operación 5. Disertación
En la era de las redes sociales, muchos jóvenes construyen su identidad en función de la imagen que proyectan en plataformas
como Instagram, TikTok o X. La búsqueda constante de aprobación mediante “likes”, comentarios positivos y seguidores puede
llevar a una pérdida de autenticidad, donde el individuo actúa no desde lo que es, sino desde lo que cree que los demás esperan
de él. Este fenómeno plantea una problemática profunda: ¿hasta qué punto somos libres para ser nosotros mismos en una
sociedad hiperdigitalizada?
Friedrich Nietzsche, en su crítica a la moral tradicional, particularmente la cristiana, denuncia la sumisión del individuo a valores
impuestos que niegan la vida y la autenticidad. En lugar de obedecer ciegamente normas externas, Nietzsche propone una
“transvaloración de todos los valores” y la figura del superhombre, aquel que crea sus propios valores y vive afirmando su
voluntad. Desde esta perspectiva, considero que las redes sociales pueden ser vistas como una nueva forma de moral del rebaño:
la mayoría dicta lo que está bien o mal, lo que es atractivo o no, y quien se aparta de esa norma corre el riesgo del rechazo social.
Ante esto, la filosofía nietzscheana nos invita a rebelarnos contra esa uniformidad, a dejar de actuar para los demás y comenzar a
actuar para uno mismo. En tiempos donde la validación externa se ha convertido en una forma de “absolutismo”, recuperar la
autenticidad y la voluntad propia no solo es un acto de libertad, sino una forma de resistencia.