manos a los hijos de Ammén, juro Vivia en Sora un hombre de la tri-
ofrecerte en holocausto al primero bu de Dan, llamado Manué. No habia
que salga de mi casa para acudir a mi tenido hijos, para su dolor; un dia el
encuentro. Angel del Sefior se aparecié a la mujer,
Marché después a combatir a los anuncidndole que iba a tener descen-
ammonitas y el Sefior los puso en sus dencia.
manos. Tras derrotarlos, les persiguid —Tendrds un hijo —le dijo—,
hasta su aniquilaci6n. pero no podrdas beber vino ni comer
Al regresar Jefté a Masfa salid a nada impuro. No podrds tocar la
recibirle la tinica hija que tenfa, pues cabeza de ese hijo para cortarle el
tampoco le habia dado el Sefior hijos. cabello, ya que esta destinado a librar
Jefté se rasg6 las vestiduras, dicien- a Israel de los filisteos.
do: Mas tarde, el angel se aparecid
—jQué has hecho, hija mfa? también a Manué para confirmar el
iCémo volverme atrds del voto que anuncio hecho a la mujer.
hice al Sefior? Nacié el hijo. tan esperado y le
—j Padre mio —respondié ella— pusieron por nombre Sanson.
Si hiciste un juramento cimplelo,
pues has vencido a los ammonitas y
no puedes faltar a él. Pero concédeme La primera demostraci6n
una gracia. Deja que vaya por dos de fuerza
meses con mis amigas recorriendo los
montes para llorar mi juventud. Sans6n se convirtid en un joven
Accedié el padre y la muchacha extraordinariamente vigoroso. Un
marché para llorar con sus amigas, dia que habia bajado a Timna cono-
después de haber recibido al triunfa- cid a una joven filistea y, al regresar a
dor al son de la citara. su casa, rogé a sus padres que fueran a
Regres6 a los dos meses y el afligi- buscarla, pues deseaba tomarla por
do Jefté cumplié su voto. mujer. Manué y su mujer protestaron
al principio, pero acabaron por ceder.
Muy pronto Sansén, en su deseo
Nacimiento de Sanson de ver a la joven, emprendia la mar-
cha hacia Timna. De pronto, en un
Los israelitas, tuvieron otros jue- lugar solitario lindante con vifiedos,
ces, pero fueron una vez mas infieles un joven leén, rugiendo poderosa-
al Sefior y, en castigo, cayeron en mente, se arroj6 sobre él. Con sus
poder de los filisteos que, durante manos desnudas, Sans6n le dio muer-
cuarenta afios, los redujeron a la te. Después marché a visitar a lajoven
esclavitud. y, de regreso a su casa, decidié recoger
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el cadaver del le6n que habia matado. Aquel dia, que era el séptimo de
Pero sobre su cuerpo se extendia un los festejos, los filisteos rodearon a
enjambre de abejas con su miel. Sanson, diciendo burlones:
Recogidé Sans6én aquella miel, la pro- —jQué mas dulce que la miel?
b6 y la hizo probar a sus padres, pero {Qué mas fuerte que el leén?
sin hablarles para nada de su proce- Sanson, ciego de célera, compren-
dencia. did que su mujer le habia traicionado.
La fecha de las bodas habia llega- Mat6 a los filisteos y se apoderé de sus
do. Asistian a ella treinta jévenes vestiduras. Después, llevado de su ira,
filisteos y Sans6n les dijo: tom6 trescientas zorras y las até por la
—QOs voy a proponer un enigma; si cola de dos en dos, colocando en
encontrdis la respuesta durante los medio una tea encendida. Al soltar a
siete dias que duran las fiestas, os los animales, estos invadieron los
entregaré treinta camisas y treinta campos de mies de los filisteos y se
ttinicas; pero si no la encontrdis, me abrasaron no sdlo las gavillas, sino las
las daréis vosotros a mi. vifias y los olivos.
—Propén tu enigma—le respon- Los filisteos se vengaron a su vez
dieron. prendiendo fuego a la casa de los
El dijo: padres de su enemigo.
—Del que come salié lo que se Temiendo las represalias de San-
come y del fuerte la dulzura. s6n, los filisteos se refugiaron en las
Pasaron tres dfas sin que los filiste- tierras de Juda.
os resolvieran el enigma. Entonces —jPor qué habéis venido aqui?
fueron a decir a la mujer de Sansén: —preguntaron éstos.
—Persuade a tu marido para que te —No tenemos nada contra voso-
dé la solucién del enigma; de lo con- tros. Entregadnos a Sans6n y nos ire-
trario te quemaremos a ti y a la casa mos —respondieron.
de tu padre. Tres mil hombres de Juda fueron a
Asustada, con lagrimas en los ojos, apresar a Sanson en la caverna que
la mujer traté de quebrantar la volun- habitaba y le acusaron:
tad de su marido. —jNo sabes que los filisteos se han
—Estoy cierta de que no,me amas, lanzado contra nosotros por tu causa?
pues has propuesto un enigma a las —He hecho con ellos lo que ellos
gentes de mi pueblo, sin darme a mi hicieron conmigo —tefirié Sans6n—.
la soluci6n. jHabéis venido para matarme?
Tanto insistid, que Sansén acabo —No te mataremos, pero vamos a
por ceder. entregarte a los filisteos.
—Ni a mi padre ni a mi madre lo Atdndole con dos cuerdas nuevas,
he dicho, pero tt lo sabrdas. le hicieron ir con ellos. Los filisteos,
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al verles llegar, lanzaban gritos de —jCémo puedes decir que me
triunfo. Se apoderé de Sanson el espi- quieres, cuando en el fondo de tu
ritu del Sefior y las cuerdas de su cuer- coraz6n no tienes confianza en mf?
po cayeron como hilos de lino que- Tanto y tanto extrem6 sus stplicas,
mados por el fuego. Viendo una que el hombre acabé por confesar:
quijada de asno todavia fresca la esgri- —Si me cortasen los cabellos per-
mié y con ella derroté a mas de mil deria la fuerza, y seria tan débil como
hombres. cualquier otro hombre.
Se escondié en la montafia y una Dalila comprendié que era sincero
sed abrasadora le domin6. y avis a los jefes de los filisteos, anun-
—Sefior, tti que me has concedido cidndoles que Sans6n le habfa revela-
tan gran victoria, jme dejards ahora do su secreto.
morir de sed? Llegaron los filisteos con el precio
Y Dios hizo brotar agua de una de la traici6n, cuando ya Dalila habia
fOCa. conseguido que Sansén se durmiera
Ocurrido esto, Sansén fue juez en con la cabeza apoyada en sus rodillas.
Israel durante veinte afios. Uno de ellos, aprovechando su suefio,
le corté las siete trenzas de sus cabe-
llos. Y asf le llevaron prisionero.
La traicion de Dalila Le condujeron a Gaza y, atado con
doble cadena de bronce, le utilizaron
Supieron los filisteos que Sans6n para dar vueltas a la piedra de un
se habfa enamorado de una mujer molino.
muy hermosa llamada Dalila y le dije- Pasé el tiempo y los cabellos de
ron: Sans6n crecieron, y los filisteos no
—Sediticele; intenta saber en dén- repararon en ello. Incluso, estaban
de reside su extraordinaria fuerza. Si preparando una gran fiesta para exhi-
lo consigues, cada uno de nosotros te bir su poder ante el pueblo como ven-
entregaremos mil cien piezas de plata. cedores de Sans6n. Y dijeron:
Dalila dijo a Sans6n: —Que traigan a Sansén para que
—Te ruego que me digas esto: jcon nos divierta.
qué habria que atarte para poder redu- El prisionero fue sacado de la car-
cirte? cel y obligado a bailar ante la muche-
El propuso siete cuerdas htimedas dumbre.
y se dejé atar. Pero se burlaba, pues El palacio estaba atestado de hom-
rompié aquellas siete cuerdas e inclu- bres y mujeres, en total mas de tres
so otras doce que luego le pusieron. mil, con todos los principes filisteos.
Asi una y otra vez Dalila se que- Y todos refan y se mofaban de Sansén.
jaba: Mientras bailaba, invocé al Seftor,
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pidiendo que le devolviera su fuerza. la casa se hundié sobre los principes
Y de pronto, como si formara par- de los filisteos y las gentes que
te de su danza, puso sus dos manos en momentos antes reian. Asif, al morir,
las columnas centrales que sostenian Sans6n caus6 més muertos que en
el gigantesco edificio y, haciendo pre- ninguna de las anteriores batallas.
sidn sobre ambas, grité: Llegaron sus hermanos y las gentes
—jMuera yo con los filisteos! de la casa de su padre, recogieron su
La colosal sacudida que recibieron cadaver y le enterraron en el sepulcro
las columnas las desplaz6 de su lugar y de Manué, su padre.