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Intervención en Varones y Violencia de Género

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MÓDULO I

NUEVAS MASCULINIDADES E INTERVENCIÓN EN VARONES

TEXTO I - SANDRO COMBA – LIC. EN PSICOLOGÍA– Introducción al trabajo con


varones que ejercen violencia - “Lo que hay que tener en cuenta para una
intervención profesional”
I.- La violencia machista como problemática compleja: la discusión de los
paradigmas en violencia intrafamiliar
El marco teórico y de intervención en violencia de género intrafamiliar, remite a dos
paradigmas claramente definidos y constituidos: el Clínico y el sociocultural.
I.- CLÍNICO (primer tiempo): conformado por la psicología clínica, la psiquiatría, la
criminología, victimología; que nacida en los años 60 fue hegemónica por más de 40 años.
Desde el principio hizo énfasis en lo INTRAPSÍQUICO, valorando la importancia de incluirlo
en categorías nosográficas (estudio individual de las enfermedades) para una mayor
organización.
Aquí nace y se incorporó en términos de violencia la idea de trastornos de todo tipo,
psicopatía, “el paso al acto” sin pensamientos, la dificultad de mecanismos de defensa, la
impulsividad, la noción de víctima-victimario, la peligrosidad y se suma el consumo abusivo
de sustancias psicoactivas; así como también se agrega en Criminología el concepto de
“personalidad delincuente”.
II.- SOCIO-CULTURAL (segundo tiempo): destaca lo contextual-histórico del ser humano,
incluyendo el valor de las grandes construcciones sociales y culturales sobre la subjetividad
individual y colectiva. En la problemática de violencia se enfatizan las categorías misóginas
de interpretación de la realidad, los pensamientos machistas, las representaciones sociales
y las creencias que los varones tienen sobre las mujeres. Más allá de lo Intrapsíquico, el
patriarcado se presenta como el caldo de cultivo para el ejercicio de la violencia,
siendo ciertos sectores de la sociedad los más vulnerables.
La aparición del paradigma sociocultural (segundo tiempo), provocó una verdadera
revolución epistemológica. Sus planteos sobre los orígenes y factores influyentes en la
violencia de género, nos hicieron pensar en la destitución definitiva de lo clínico en la
problemática. Lo sociocultural (Sistemas de creencias arraigadas e instaladas en nuestra
cultura y en las subjetividades) se transformaría en el condimento para comprender e
intervenir en violencia.
Sin embargo, actualmente la realidad nos muestra que existiría una lucha entre los
paradigmas, sin haber hegemonía, pero sí coexistencia entre los mismos.
III.- EPISTEMOLÓGICO (tercer tiempo): Ya en nuestros días se comienzan a cuestionar
las concepciones de la revolución epistemológica y sus productos, el surgimiento de un
paradigma hegemónico de conocimiento y su impacto en el ámbito académico. Se tensiona
la idea de la coexistencia pacífica de los paradigmas, como dos concepciones aisladas, que
no se vinculan o entremezclan. Se inicia la búsqueda de una concepción superadora, que
incluya los dos posicionamientos y que interaccionen amabas tradiciones. Si la
problemática violencia de género es compleja, es de fundamental importancia que se
trabaje desde esa mirada amplia e integral, con las resignificaciones correspondientes al
paradigma clínico clásico y las readecuaciones necesarias al modelo sociocultural.
Por ende, es necesario superar el funcionamiento aislado, estanco y rígido de los modelos,
para avanzar en un dinamismo triangulador de los paradigmas y sus técnicas. La
interacción de las maneras de abordar la violencia de género, nos permite construir un
paradigma diferente, solido, preciso y novedoso, que logre establecer una práctica
especialista en su abordaje.

Axioma: PARADIGMA CLÍNICO + PARADIGMA SOCIOCULTURAL = PARADIGMA


INTERACCIONISTA

En síntesis:
En el primer momento epistemológico se observaba la supremacía del
paradigma clínico, un modelo que mantuvo su hegemonía 40 años aproximadamente.
El segundo tiempo estuvo moldeado por el surgimiento del paradigma sociocultural,
que surgió a los fines de los ‘70 y principio de los ‘80 del siglo pasado. Desde su
revolución hasta la actualidad, quedó coexistiendo con el paradigma clínico y en
estos últimos años se inició la tensión y el debate político, filosófico y técnico.
Este tercer tiempo nos encuentra fortalecidos y con la clara convicción que es
necesario la interacción entre ambos modelos. Pero no como una idea ingenua de
sumar posibilidades y crear un eclecticismo acérrimo, sino como parte de la
construcción de un nuevo paradigma interaccionista y psicosociocultural, por
arriesgar una significación. A la complejidad de una problemática hay que darle
respuestas unificadas, profundas, contundentes y decididamente complejas.

II.- La inespecificidad de los instrumentos de valoración de riesgo en violencia de


género intrafamiliar:
En violencia machista, es de fundamental importancia la valoración de riesgo de una
situación, cuando se realiza una entrevista con un varón, sea presencial o telefónica. Por
ello se han diseñados varios instrumentos (en base a indicadores) para la valoración de
violencia en el ámbito intrafamiliar, debido a su especificidad:

 Aportes del paradigma clínico: el SARA, HCR-20, EPV y EPV-R, instrumentos que
están diseñados en ámbitos de intervención y poblaciones diferentes a las que
acostumbramos intervenir, tales como población carcelaria, pacientes psiquiátricos,
y personas con frondosas causas penales.
 Aportes del Paradigma Sociocultural: acerca lo relacionado a las DISTORSIONES
COGNITIVAS que se asocian a los roles de género, enfatizando sobre las creencias
e ideas machistas que pudiera tener un varón y que desencadenaría el ejercicio de
la violencia. Si bien más acordes a nuestra labor cotidiana, aparecen como muy
generales a la hora de valorar situaciones específicas y desencadenantes puntuales
de comportamientos violentos.
A su vez, se cuestiona el concepto de DISTORSIONES COGNITIVAS, por asociarlo
a una enfermedad y por considerar que los varones NO DISTORSIONAN la cultura
en sus creencias y pensamientos, más bien la REPRODUCEN tal cual fue
constituida.
Ambos son utilizados, pero presentan dificultades en la práctica.- Para nuestro medio, tales
herramientas, si bien se presentan como muy valiosas, son poco específicas para una
evaluación precisa y contundente, debido a la propia intervención y a la población usuaria
de nuestro servicio, varones denunciados por violencia de género que en su gran mayoría
no poseen trastornos o psicopatologías, ni aún son personas privadas de la libertad por
años. Poseen causas de violencia, estuvieron detenidos, pero por incumplimientos de
restricciones o exclusiones, no por expedientes (delincuencia) como los estudios que dieron
origen a los anteriores instrumentos.
Una de las maneras de iniciar un proceso que culmina en la INTERACCIÓN DE
PARADIGMAS, es realizar ESTUDIOS PREVIOS SOBRE LOS INDICADORES que
presentan los instrumentos tradicionales, es decir, considerar, frecuencia e incidencia; con
el objeto de obtener un PANORAMA GLOBAL. Una vez allí, se pasa a otra fase, la del
PANORAMA LOCAL: que permite una valoración más integral y específica de la población
a abordar.
Como FASE FINAL será la validación de ese instrumento, que deberá incluir:
1.- indicadores puros del paradigma clínico,
2.- ítems del paradigma sociocultural,
3.- los propios de la experiencia profesional
4.- interacción de ambos modelos.
La valoración de riesgo es uno de los objetivos centrales de la intervención con varones
que ejercen violencia. Por ello es necesario que los instrumentos sean contundentes y
precisos en el momento que asistamos a un varón. Trabajar con varones que ejercen
violencia no admite errores, por ello es necesario instrumentar lo más efectivo para prevenir
una nueva conducta violenta enfocándose en la prevención secundaria y terciaria.
Una valoración correcta incluye datos objetivos de un instrumento y los datos subjetivos de
la experiencia profesional.
La interacción de estas dos vertientes nos permite cumplimentar varios objetivos a la vez:
A) REALIZAR UN INFORME TÉCNICO (dirigido a alguna autoridad competente, por
ej.)
B) ELABORAR LA ESTRATEGIA TERAPÉUTICA A LARGO PLAZO
C) ESTABLECER “in situ” UNA INTERVENCIÓN ATINADA PARA EVITAR UN NUEVO
COMPORTAMIENTO VIOLENTO INMINENTE
Es decir,
una valoración precisa permite evitar nuevos hechos de violencia, nuevas
complicaciones legales, e inconvenientes ético-legales al profesional y a su
institución.
III.- Los enfoques y posicionamientos en la intervención:
Se observa, tanto en intervenciones presencales como telefónicas dos tipos de enfoques,
ambas vigentes y actuales:
1.- MODO TRADICIONAL O CONFRONTATIVO: esta postura proviene de las lecturas e
intervenciones del paradigma de género.
Supone que por ser un problema de creencias y pensamientos machistas lo que provoca
las conductas violencias, la CONFRONTACIÓN DE IDEAS pueden permitir los cambios
necesarios para la modificación de actitudes y conceptos que el usuario (varón violento)
utiliza y que son caldo de cultivo para la violencia. Este modo entiende que el debate de
ideas, conceptos y creencias ofrecería la posibilidad del cambio paulatino en el var{on, de
su posicionamiento como “macho”.
Este método, con el tiempo, trajo sus complicaciones y contradicciones:

 Deserciones
 Aumentos de los mecanismos de defensa del usuario
 Enojos de los usuarios por supuesta agresión verbal del efector
 Bajo impacto del programa en la realidad
 Muchos diagnósticos de trastornos relacionados con la impulsividad.
En síntesis, la confrontación como método único produce enojo, pérdida de confianza y
destrucción del vínculo, ya que el varón siente un desplazamiento de ese poder ejercido
como una agresión; cuando el camino es la necesidad de vivenciar y reflexionar, no que se
sienta desafiado.
Sin embargo, cuando a esos varones se les aplica el ENFOQUE MOTIVACIONAL
lograban modificar sus actitudes y el trastorno (ej.: inestabilidad emocional o
tratorno de la personalidad) declinaba. Eran los mecanismos defensivos los que
operaban y NO la estructura de la personalidad del usuario. Poe ello, casi se usa
exclusivamente el Método Motivacional donde el paradigma clínico realiza un aporte
fundamental y novedoso para la problemática de la violencia intrafamiliar.
2.- MODO MOTIVACIONAL: proviene del método clínico por excelencia. Es decir, surge
de la intervención clínica de personas con problemas de consumo abusivo de sustancias
psicoactivas. Fue aganado terreno en el trabajo con varones ya que ambas problemáticas
poseen puntos en común:
A) el NO reconocimiento de que su comportamiento afectan los vínculos y a la propia
persona.
B) la NEGACIÓN de la situación.
C) la DESMOTIVACIÓN para cambiar.
D) el ENOJO por la intervenciones judiciales.
Cuando se aplica el instrumento autoadministrado URICA-DR y la escala de motivación de
PROCHASKA y DI CLEMENTE, surge que la mayoría de los varones están es etapas SIN
INTENCIÓN DE CAMBIO:
1.- ETAPA PRE-CONTEMPLATIVA: donde el usuario NO RECONOCE el problema y
NO ADMITE una necesidad de cambiar.
2.- ETAPA CONTEMPLATIVA: donde SE RECONOCE algún problema y se encuentra
ambivalente en relación a los cambios
Estas fases reflejan el POSICIONAMIENTO DEL VARÓN FRENTE AL CONFLICTO
Cuando los varones asisten por primera vez o son entrevistados, seguramente estarán en
alguna de estas etapas, por lo tanto la confrontación NO sería pertinente.
Es el MODELO MOTIVACIONAL que surge como la mejor forma de acercarse y generar
adhesión al proceso terapéutico. Es la forma de ofrecerle al varón un espacio para que se
cuestione en sus pensamientos y comportamiento y que incorporen la confrontación
positiva paulatinamente.
Sin embargo, esto NO E LINEAL (es decir, primero intervención motivacional y luego
confrontativa), ya que dependerá de la situación del usuario.

IV.- Las creencias – pensamientos machistas – como componente fundamental del


comportamiento violento:
Como ya se expresó:
El paradigma clínico clásico enfatizó y transmitió la idea de que los comportamientos
violentos son desencadenados por trastornos de la personalidad, psicopatologías severas,
enfermedades mentales o una personalidad inestable producto de una constitución
subjetiva endeble.
El paradigma sociocultural (con perspectiva de género), hace hincapié en las creencias
machistas construidas por nuestra cultura, que se utilizarían como modelo de interpretación
de la realidad, las que actuarían directamente y determinarían las conductas violentas.
Lo evidente es que detrás de todo comportamiento violento, hay un pensamiento
misógino que lo moldea.
Seguramente ese pensamiento o cognición (atrapamiento cognitivo de una categoría
misógina) obra sobre la estructura psíquica del varón, diseñando de esta manera el grado,
el tipo y la virulencia de la conducta violenta. Esta categoría subjetiva y prejuiciosa del varón
está presente en todas las personalidades, aunque su acción es diferente en cada una de
ellas.
Lo importante es reconocer que no habría tal paso al ACTO VIOLENTO SIN
PENSAMIENTO, todo está moldeado por las creencias, forjadas por nuestra cultura
occidental. Es de esta manera que se pueden explicar los diferentes tipos, intensidades,
frecuencias y gravedad de los comportamientos violentos
Es una realidad que TODOS LOS VARONES PIENSAN DE MANERA MISÓGINA, la cultura
los auspicia; sin embargo NO TODOS los varones agreden física y/o sexualmente o
cometen femicidio. La SUBJETIVIDAD, la INDIVIDUALIDAD entran en escena y ese
pensamiento opera sobre la estructura generando los diversos matices de los
comportamientos de la violencia.
Es necesario, por ello, el DIAGNÓSTICO DIFERENCIAL, ya que la constitución de la
subjetividad es distinta en cada varón.

 VARONES CON PSICOPATOLOGÍAS: sobre la posibilidad de asistir a personas


con psicopatologías o trastornos de la personalidad. La respuesta es contundente,
ya que, si todos los varones interponen categorías patriarcales en sus vínculos,
pensamientos e interpretaciones de la realidad cultural, los varones con algún tipo
de enfermedad mental también poseen atrapamientos cognitivos: Por tal
motivo, se requiere

UN DIAGNÓSTICO ESPECÍFICO + TTO. MÉDICO-PSIQUIÁTRICO + INTERVENCIÓN


PSICOSOCIOEDUCATIVA con perspectiva de género

Es fundamental que, en caso de existir una psicopatía sea diagnosticada para NO


confundirla con mecanismos defensivos (que expresen rigidez e insensibilidad) propios del
inicio de un proceso.
El diagnóstico diferencial nos permite ver el interjuego entre lo subjetivo y lo sociocultural:
ello para pensar la ESTRATEGIA TERAPÉUTICA ESPECÍFICA que en ese momento
necesita el usuario.
En síntesis,
Frente a un varón con atrapamiento de un pensamiento misógino (con o sin
psicopatologías), corresponde una INTERVENCIÓN PSICOSOCIOEDUCATIVA +
ENFOQUE MOTIVACIONAL.

V.- La discusión sobre el cambio de comportamientos en los varones que ejercen


violencia:
La violencia de género NO es una enfermedad, es una cuestión social y culturl; debiendo
ser trabajada desde ese posicionamiento. Es un problema de creencias y pensamientos
machistas, por ello debe trabajarse en las CONCEPCIONES DE LOS VARONES:
En actividades grupales o individuales dentro de un proceso PSICOSOCIOEDUCATIVO y/o
MOTIVACIONAL se utilizan técnicas, entre las que se rescata el
CICLO DE LA VIOLENCIA
Donde aparecen delimitadas las etapas con componentes claros. Al varón le es útil no sólo
registrar, sino también trabajar de manera reflexiva y vivencial cada fase.
Registrar los momentos donde se acumula la tensión, los pasos previos a la explosión
violenta y la necesidad de acuerdos democráticos y equitativos, sumados a la
comunicación asertiva; son algunos de los elementos que se trabajan.
AXIOMAS DEL CIRCULO DE LA VIOLENCIA:

A) Fase de acumulación de tensión


B) Fase de explosión violenta
Previo al comportamiento violento, surgen palabras que siempre se repiten, sin importar
clase social o nivel educativo, siempre están presentes: Histérica, insoportable, frígida,
descerebrada, etc. O también frases como “no hizo las tareas de hogar”, “no me atendió”,
“no atendió a los niños”,” no hizo la comida”.
Tales palabras o frases son verdaderos CONCEPTOS Y CREENCIAS (demandas de
servicios de los varones hacia las mujeres), que están arraigadas en nuestra sociedad,
elaboradas por grandes construcciones hegemónicas que durante siglos estuvieron
horadando nuestros cuerpos, mentes y espíritus.
El mecanismo de la violencia, al menos durante el proceso de ACUMULACIÓN DE LA
TENSIÓN y EXPLOSIÓN VIOLENTA, es siempre en primera instancia de la siguiente
manera:
Se genera un PENSAMIENTO, éste crea un SENTIMIENTO (que no es emoción) de
acuerdo a esa cognición, y se produce el COMPORTAMIENTO AGRESIVO.
AXIOMA: PENSAMIENTO + SENTIMIENTO (negativo) = COMPORTAMIENTO
(conducta violenta)
La “fórmula”explosiva se origina en los pensamientos o creencias MACHISTAS que tienen
los hombres sobre las mujeres, que tienen sus raíces en los pilares de la desigualdad de
género.
Obviamente, en primera instancia, los varones NO RECONOCEN tales cogniciones,
insistiendo que “no habían pensado nada cuando agredieron”: se necesitan TÉCNICAS
MOTIVACIONALES y de de relajación específicas para que surjan los pensamientos
machistas y se inicie el TRABAJO REFLEXIVO-VIVENVIAL correspondiente.
Durante el trabajo se intenta que el varón modifique su pensamiento machista, que es el
caldo de cultivo del ejercicio de la violencia. Se intenta con técnicas específicas el
surgimiento de un pensamiento alternativo que permita una reflexión diferente. Se intenta
que se destierren los conceptos prejuiciosos sobre las mujeres, que la base para interpretar
la realidad sea a través de una cognición diferente a la adquirida. Que el varón ejercite otra
creencia en relación a una situación conflictiva con su compañera. Ese nuevo pensamiento
que va surgiendo es la semilla para modificar los sentimientos y comportamientos.
El TRABAJO FINAL es que lo que piense el varón de una mujer sea con EQUIDAD DE
GÉNERO, eliminando las palabras-frases producidas por las grandes construcciones
hegemónicas de nuestra cultura.
Se concluye que son creencias machistas la principal causa de la violencia de género, es
decir, las apropiaciones que hacen los varones de toda la producción histórica, social y
cultural, reproduciéndolas de manera directa, intacta e inamovible.

VI.- El dilema de los varones que asisten a varones que ejercen violencia:

Axioma primordial: TODOS LOS VARONES, DE ALGUNA MANERA, EJERCEN


VIOLENCIA.

Por lo tanto, el profesional varón que atiende a otro varón también la ejerce. Esto surge de
la VIOLENCIA SIMBÓLICA que todos los varones instrumentan. Los profesionales deben
tener presente el concepto de AGRESIÓN/VIOLENCIA/RESISTENCIA con el objeto de
discriminarlos. Uno de los productos sutiles de la violencia simbólica es la IMPOSICIÓN de
proyectos, de ideas, tareas, formas de ser que suelen generar resistencia. Por ello la
revisión y deconstrucción es fundamental.

VII. Conclusiones

 En todo comportamiento de violencia, no importa el tipo y frecuencia, se evidencia


un pensamiento machista que lo precede, incluso en la persona con algún trastorno,
enfermedad mental o psicopatología. Las condiciones subjetivas condicionan la
intensidad y gravedad de tales pensamientos y conductas violentas.

 Los varones logran modificar sus pensamientos y por ende sus sentimientos y
comportamientos de violencia, a través de técnicas precisas que permitan acceder
a un pensamiento alternativo a sus cogniciones machistas. Por ello es necesario
que los varones que asisten a otros varones, implementen las mismas técnicas para
trabajar su machismo y su eventual violencia.

 Para el trabajo con varones es necesario la interacción de paradigmas, técnicas y


posicionamiento teóricos, logrando una triangulación de enfoques que se vean
reflejados en la intervención terapéutica, valoración de riesgo y en el
posicionamiento profesional frente al usuario y su situación particular.
MODULO I - Nuevas Masculinidades e intervención en varones
TEXTO II - Conferencia central- Mgter. Dr. Marcos Ordoñez (Médico
especialista en Familia y Sexualidad)

Debemos preguntarnos, ¿Cuál es la lógica? ¿Cuál es el sustrato que está detrás de la


violencia que ejercen los varones sobre las mujeres? Y no solamente sobre las mujeres
como ya vamos a ver más adelante. Cuando empezamos a profundizar sobre esta lógica,
evidentemente aparecen los espacios de intervención y cuando pensamos en este caso
particular, que es varones que ejercen violencia, tenemos que dar respuesta a estos
varones.
El horizonte, en definitiva, es la prevención absoluta de la violencia de género ejercida por
los varones. Evidentemente tenemos que dar a los varones que han ejercido o ejercen
violencia, porque no se pueden descartar a lo que constantemente, tenemos que dar
respuesta, tenemos que dar posibilidades a estos varones. Que en honor a la verdad y
cuando hagamos todo el hilo conductor de cómo se produce esta conformación cultural, de
alguna manera son hijos sanos de este patriarcado, es decir la violencia viene de alguna
manera naturalizada por el modelo social y cultural en que somos socializados los varones.
Entonces, para ir adentrándonos en la temática, pondría como primeras preguntas o como
primera pregunta esto de ¿Qué es la masculinidad? Y podemos ampliar la pregunta ¿Qué
son las masculinidades? Cuando hablamos de masculinidad, y acá quiero que me sigan
en esta construcción, no vamos a hablar de algo en relación meramente a la expresión del
género, sino que vamos a pensar la masculinidad como bien nos ha enseñado la
perspectiva de género, los estudios de género que vienen obviamente movilizados
históricamente por el movimiento de mujer, de entender el carácter cultural de estas
construcciones, decir que la masculinidad viene atada a la construcción genérica.
La forma en que somos los varones deviene naturalmente de la construcción cultural.
Somos como somos porque aprendemos a ser así y como es una construcción cultural y
como bien plantearon al inicio, la cultura puede ser modificada y hacia eso me parece que
es que tenemos llegar. Entonces pensemos en la masculinidad como un dispositivo de
poder, como un ordenamiento que determina una serie de jerarquías, y que también en la
práctica genera desigualdades y que perpetúan las violencias. Entender que esto es una
construcción cultural es el primer paso.
El abordaje de la masculinidad no es un abordaje que debe hacerse exclusivamente en los
varones, porque la masculinidad nos atraviesa a todos y a todas como cultura. Ya sea en
los varones, que este va a caer en forma de mandato, pero en el resto del conjunto social,
va a caer como expectativa. Está lo que cae como una obligación para los varones, pero
también está a la expectativa, lo que la sociedad lo que el resto de las personas esperan
de una persona el solo hecho de ser de ser varón.
Cuando hablamos de masculinidades en plural, estamos justamente hablando de un
abanico de posibilidades de la vivencia del ser varón. En ese abanico de posibilidades hay
algunas expresiones que están claramente emparentados con el modelo tradicional de la
masculinidad, ese modelo que está quedando un poco pasado de moda, pero que aún
persiste y que tiene que ver con un varón es desafectivo, lógicamente homofóbico,
misógino. Absolutamente ajeno a cualquier manifestación o expresión. Pero también dentro
del aspecto de las masculinidades, hay otras que tienen que ver con las masculinidades de
la diversidad o de la disidencia sexual. Hay un conjunto de vivencias y experiencias
sexuales y sexogenéricas que encuentran en la impresión de lo masculino también
masculinidades trans, no binarias, masculinidades lesbianas, masculinidades maricas, etc.
En el primer caso, es decir, la masculinidad normativa y entendida como origen de las
diversas manifestaciones de violencia podemos decir que los varones incorporan esta
subjetividad mediante un proceso sumamente eficiente de la cultura, porque es un proceso
que entra en acción desde el mismo momento en que se conoce el sexo genital de la
persona. A partir de allí se empiezan a construir expectativas sociales vinculadas a ideales
de masculinidad. Este niño va a nacer e inmediatamente se van a poner en acción un
conjunto de rituales y mecanismos educativos, pedagógicos, etc. que van a tratar de
asegurar que este niño llegue a ese ideal. Entonces las estrategias van a ser muy rígidas y
va a incluir todos los aspectos del desarrollo y la construcción identitaria de este niño,
demarcándolo en lo que se les llama fronteras del género, que es lo que puede como varón
y que es lo que no puede, cuál es la frontera que no debe trascender. Porque la
construcción de la masculinidad tiene que ver con coartar las libertades propias y
posteriormente las ajenas. Le estamos marcando, a ese niño varón, muy fuertemente el
mundo que le corresponde y lo que no, y lo que no le corresponde, pasa a ser el mundo de
lo femenino. Ese mundo que, dentro de esta cultura patriarcal, pasa a ser el mundo de lo
no deseado, de lo abyecto, de lo rechazado, de lo que no se debe ser.
Está naturalizado de tal manera y esa es la eficacia de los mecanismos culturales del
patriarcado que son absolutamente invisibles. Y desde lo pedagógico nos imponen a
pensar el mundo en base de jerarquías. Donde lo masculino es la ideal y es lo que ocupa
el mejor lugar.
Es la lógica patriarcal, la mujer un escalón más abajo, lógicamente y más abajo también el
mundo de las diversidades y las disidencias sexuales. Todo lo que se aleje del ideal de lo
masculino, pasa a ser un espacio de disvalor, de lo que no se debe ser, de lo que debemos
alejarnos como varones.
Pero luego va a venir la adolescencia, y es acá el momento donde justamente todo este
esfuerzo educativo y de la cultura se transforma en acción. Aquí se transforman en práctica,
en ejercicio el varón, que debe dar cuenta que efectivamente se ha constituido en un varón.
¿Ante quién debe dar cuenta un varón de su construcción exitosa? Y es ante los
propios varones. Para demostrar ante los propios, ante los pares que él es un varón
y que no es el lugar para las dudas de su masculinidad, deberá permanentemente hacer
un ejercicio de demostración de su masculinidad y esto se va a ver reflejado en sus
conductas en el terreno de las aproximaciones sexuales y en las relaciones sexuales y
también en sus conductas con el mundo en general. Porque la violencia que genera este
formato cultural y social en los varones, se esparce en todos los espacios de desarrollo de
lo masculino y particularmente en la adolescencia.
Este modelo de masculinidad también es negativo para los varones. Somos obviamente los
que sacamos privilegios de esta construcción, pero también cae negativamente sobre la
vivencia de la masculinidad de los varones.
En la adolescencia, que es donde se empieza a consolidar este modelo de masculinidad,
empiezan a aparecer estas cosas de tener que demostrar a los pares que la construcción
ha sido efectiva y particularmente en el terreno de la sexualidad. Todo el tiempo los varones
tenemos que dar cuenta que somos varones, que nos gustan las mujeres, que somos
heterosexuales. Todo el tiempo porque el fantasma del maricón siempre está sobrevolando
la masculinidad, hay un terror hacia otro tipo de vivencias que son las que ponen justamente
en el terreno del cuestionamiento lo masculino. Esa es otra lógica que también tenemos
que empezar a romper, romper con esta lógica de la heterosexualidad obligatoria,
pensándola nada más como normativa, como esta cuestión que reprime, que limita la
vivencia también de la sexualidad, de los sentimientos en los varones.
El varón siempre tiene que estar en esta actitud que es propia de lo que propone el
estereotipo. Cuando repasamos el estereotipo de la masculinidad, el que nos propone la
cultura, el que nos dice cómo tenemos que ser. Nos dice que tenemos que ser fuertes,
agresivos, decididos, conquistadores, ganadores, sexualmente activos dominantes,
proveedores, etc. A esto lo tenemos que demostrar en la cancha, como avanzando siempre,
tenemos que estar avanzando siempre, tenemos que tener ganas de tener relaciones
sexuales, siempre tenemos que estar buscando, siempre estamos en un estado de
depredador, en un estado de cacería constante. Es esta necesidad de demostrar ante las
pares, la que pone a los varones permanentemente en un lugar de riesgo social, de caer
en situaciones, en acciones que tengan que ver con el abuso. Estamos ahí siempre en
nuestras prácticas de estar rompiendo el límite del consentimiento, estamos ahí en la lógica
de los varones con sentimientos una palabra que no que no aparece. ¿Por qué? Porque se
nos enseña que siempre tenemos que ir adelante, que siempre tenemos que avanzar, que
un no es casi un sí.
En este desarrollo de la sexualidad, en el marco de la adolescencia se empiezan a
consolidar los formatos de la sexualidad adulta. La que dice que los varones siempre tienen
que tener ganas y que además mientras más relaciones sexuales tengan, mucho mejor,
porque es mucho más mucho más masculino y demás. Pero esto hace que incida de
manera muy negativa en el terreno de la salud sexual y reproductiva y que tiene que ver
con otros conjuntos de violencias que muchas veces no se mencionan y que tienen que ver
con violencias que se dan en el terreno de la intimidad las violencias bajo las sábanas. Los
varones estamos en esta lógica que nos lleva siempre hasta al límite de estar ejercer este
tipo de violencia. ¿Por qué? Porque en los varones la cultura que predomina y que después
continúa en el mundo adulto es la cultura coito céntrica, de pensar que la penetración es lo
único importante. Que entre más relaciones sexuales tengamos mucho mejor. Y esto se
debe demostrar permanentemente, se tiene que demostrar ante los pares y se tiene que
demostrar con las conquistas. Que siempre tenemos ganas y que siempre vamos al frente
en esa práctica sexual los varones lo que van a priorizar es la penetración, el placer
personal. Va a quedar fuera de sus registros el placer femenino, la sexualidad como un
espacio de igualitario de las vivencias del placer y demás. Esto que se transforma en otro
tipo de violencias que son las que tienen que ver con la intimidad y que se siguen
manteniendo hasta la vida adulta.
Esto también es un tipo de violencia, atentar contra el placer, también tiene que ver con
atentar contra los derechos sexuales, que nos dicen tenemos derecho a las personas a
tener relaciones sexuales gratificantes, placenteras y libres de toda coerción y violencia.
Pero veamos entonces, y volviendo y como para ir dando un cierre a todo esto, que la lógica
de la masculinidad nos dice en todo momento, cómo debemos ser como varones para
responder a este modelo idealizado de lo masculino y que este modelo idealizado de lo
masculino, lo tenemos todos y todas. Porque todos nos hemos desarrollado en esta
construcción cultural del patriarcado, no hay nadie que pueda decir “Yo estoy libre de la
influencia del patriarcado”.
De alguna manera, siempre legitimamos o somos parte de este mecanismo de
reproducción. Abordar la masculinidad, tiene que ver con toda la sociedad. Porque también
tenemos que repensar los varones los mandatos que tenemos, pero el resto tiene
que re pensar también las expectativas que tienen con respecto a los varones y ahí
es donde se funde en todos los espacios que llevan a los varones a esta lógica de
masculinidad que después deviene en una naturalizada violencia.

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