Ogro
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El Ogro de Pulgarcito ilustrado
por Gustave Doré.
Un ogro (ogresa, en femenino) es una criatura humanoide de
la mitología de muchos países. Aparece en algunos cuentos de hadas, en
los que suele alimentarse de personas, especialmente niños. La frase:
«Huelo a carne fresca» es propia de los ogros desde que Perrault publicó
el cuento de Pulgarcito en 1697 en su libro Cuentos de antaño (Histoires
ou contes du temps passé. Avec des moralités).
En las distintas mitologías, los ogros se muestran de un tamaño
inhumanamente grandes y altos, con una cabeza
desproporcionadamente grande, pelo abundante, piel de color inusual,
un apetito voraz y un cuerpo fuerte. El término a veces es utilizado para
referirse a personas de mal carácter con la expresión «eres un ogro» o
«qué verde que eres». También se le dice «ogro» a la gente con voz muy
grave.[cita requerida]
Etimología
Durante mucho tiempo se ha propuesto que la palabra «ugro», la etnia
de los magiares, había originado la palabra «ogro» en la época en que
los magiares llegaban a Europa y hacían saqueos y pillajes (año 926,
durante la Edad Media). Su fama de crueles sanguinarios y malvados
hubiese permanecido entonces en la mente de la gente de toda Europa,
pero esta teoría está hoy en día abandonada por la mayor parte de
especialistas. Se acepta, [¿quién?] al contrario, que «ogro» viene
del francés ogre, posiblemente derivado del latín Orcus, terrible dios del
submundo (véase «orco»). En italiano ogro es orco y actualmente se
cree que la palabra fue usada por primera vez por Giambattista
Basile (1575-1632). Otros expertos, como Robert Graves, atribuyen una
etimología distinta a la palabra: afirman que el término "ogro" viene de
"Ogyr" o sea "el terrible" en idioma celta antiguo
de Gales, Britania e Irlanda. "Ogyr" era un epíteto común de varios
dioses paganos del panteón céltico, que bajo el dominio cristiano (que
practicó la persecución sistemática de la antigua religión) se convirtieron
en "cucos" dañinos, seres sobrenaturales estigmatizados como
malvados y usados para asustar o amedrentar. Las naciones de lenguas
latinas habrían tomado la palabra "ogro" de sus contactos con las islas
británicas.[1] El sánscrito tiene el término 'Ugra', con el mismo significado
del francés: 'Ogre' (seres gigantes de la mitología nórdica que se
alimentaban de carne humana. Acad) tiene una conexión fonética y
semántica con el hurrita 'Ugri', que significa: 'pie'.
En francés, el término fue usado originalmente por Charles
Perrault (1628-1703) en su compendio de cuentos Cuentos de antaño,
más conocido por su subtítulo Contes de ma mère l'Oye (Cuentos de
Mamá Oca). En este libro de Perrault, publicado en 1697, aparece el
primer ejemplo de «ogresa» (ogro hembra) en el cuento La Bella
Durmiente, que Perrault había escrito basándose en un cuento
del napolitano Basile. En 1698, un año después de la publicación del
libro de Perrault, Madame d'Aulnoy (1650-1705) retomó el
término ogre en su cuento L'Oranger et l'Abeille. A partir de la
publicación de los cuentos de Perrault y de Madame d'Aulnoy, el
personaje del ogro se fue popularizando progresivamente, apareciendo
cada vez más en otros cuentos de hadas. En el clásico El gato con botas,
un gato se burla de un ogro capaz de transformarse en cualquier
criatura. Otros cuentos de hadas que incluyen ogros son Pulgarcito o Las
habichuelas mágicas, entre otros.
Ogros en diferentes mitologías y leyendas
Un oni derrota a un Yōkai en un onsen en Beppu. Las
similitudes físicas entre los ogros occidentales y los oni japoneses son
notables.
De acuerdo con la mitología y leyendas del norte de Europa, un ogro es
miembro de una raza de humanoides grandes, fieros y crueles que
comen carne humana (niños especialmente). En algunos cuentos son
también tímidos y cobardes, con escasa inteligencia, lo que hace
relativamente fácil el derrotarlos. Los ogros a veces eran capaces de
cambiar de forma a voluntad, en animales u objetos y a menudo
habitaban en lujosos palacios o castillos, a veces bajo tierra.
La ogresa suele estar vinculada de alguna manera con el agua. Al igual
que los ogros, las ogresas poseen grandes cuerpos y poca inteligencia,
con la salvedad de que suelen ser menos perniciosas hacia los humanos.
En el folclore de los países escandinavos aparecen los troles, criaturas
mitológicas de características casi idénticas a los ogros y que cumplen el
rol de los ogros en sus cuentos de hadas. Los troles viven en montañas o
castillos lejos en la foresta, donde amasan grandes tesoros. Los cuentos
de hadas escandinavos representan a los troles como gigantes con
facciones monstruosas, aunque en las tradiciones de las zonas más
meridionales escandinavas, los troles son más humanos, tanto en forma
como en costumbres.
Fundamentado en la mitología celta y germana aparece, posteriormente
la figura de los orcos, predominante y más vinculada a la literatura
moderna y medieval que al folclore antiguo; son criaturas que
comparten algunas similitudes con los ogros, cuyas principales
diferencias radican en que estos no se alimentan de carne humana ni
raptan niños, sino que se dedican al pillaje.
En muchos cuentos de hadas japoneses, inspirados en la mitología
y religión, aparecen los oni, criaturas similares a los ogros
predominantemente en sus cualidades físicas. Momotarō es un ejemplo
incluyendo la aparición de onis de color amarillo, azul y rojo, con cuernos
y armados con bastones de hierro. Por otro lado, los oni también se
asemejan en muchísimos aspectos a los demonios judeocristianos,
aunque cabe destacar que los oni, a pesar de ser bárbaros y feroces, no
son intrínsecamente malvados. Existen en algunas historias ejemplos de
onis bondadosos que ayudan a los protagonistas y combaten a seres
malignos.[2]
La mitología pigmea incluye a los Negoogunogumbar, criaturas salvajes
y monstruosas que devoran niños.
En Cantabria hay un ogro ciclópeo conocido como ojáncanu, que aunque
no come personas, sí es una criatura de extrema maldad.
En la cultura musulmana antigua, el ogro es también un vampiro, como
se relata en un cuento sobre un derviche llamado El ogro y el sufí.
Criaturas similares a los ogros pueden verse en las tradiciones tribales
de los indios norteamericanos en la forma de gigantes devoradores de
hombres. Estos están relacionados con las leyendas de Pie Grande, un
ejemplo puede ser el Wendigo. Igualmente, en las mitologías de las
culturas prehispánicas de Mesoamérica y Suramérica se narra la
existencia de seres con características similares a los ogros, como
el curupira, la ceiuci, el Boraro y Caipora (Amazonía), el Sisimihski de
los misquitos, el Pombero y el Kurupí de los guaraníes, los yohó de
los ramas, los muerra de los maléku, los ushidó de los dorasques, las
tulu de los bocotaes, los nia de los kunas, los itsö de los bribris y los
míkö de los cabécares.