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Historia de la Astronomía: De Copérnico a Hoy

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La astronomía observacional estuvo casi totalmente estancada en

Europa durante la Edad Media, a excepción de algunas aportaciones


como la de Alfonso X el Sabio con sus tablas alfonsíes, o los tratados
de Alcabitius, pero floreció en el mundo con el Imperio persa y la cultura
árabe. Al final del siglo X, un gran observatorio fue construido cerca
de Teherán (Irán), por el astrónomo persa Al-Khujandi, quien observó una
serie de pasos meridianos del Sol, lo que le permitió calcular
la oblicuidad de la eclíptica. También en Persia, Omar Khayyam elaboró
una reforma al calendario que lo hacía más preciso que el calendario
juliano, acercándose al calendario gregoriano. A finales del siglo IX, el
astrónomo persa Al-Farghani escribió ampliamente acerca del
movimiento de los cuerpos celestes. Su trabajo fue traducido al latín en
el siglo XII. Abraham Zacuto fue el responsable en el siglo XV de adaptar
las teorías astronómicas conocidas hasta el momento para aplicarlas a la
navegación de la marina portuguesa. Esta aplicación permitió
a Portugal ser la puntera en el mundo de los descubrimientos de nuevas
tierras fuera de Europa.

Véase también: Anexo:Cronología de la astronomía

Revolución científica

Artículo principal: Revolución científica

Detalle de un monumento dedicado a


Copérnico en Varsovia.

Durante siglos, la visión geocéntrica que consistía en que el Sol y


otros planetas giraban alrededor de la Tierra no se cuestionó. Esta visión
era lo que para nuestros sentidos se observaba. En
el Renacimiento, Nicolás Copérnico propuso el modelo
heliocéntrico del sistema solar. Su trabajo De Revolutionibus Orbium
Coelestium fue defendido, divulgado y corregido por Galileo
Galilei y Johannes Kepler, autor de Harmonices Mundi, en el cual se
desarrolla por primera vez la tercera ley del movimiento planetario.

Galileo añadió la novedad del uso del telescopio para mejorar sus
observaciones. La disponibilidad de datos observacionales precisos llevó
a indagar en teorías que explicasen el comportamiento observado
(véase su obra Sidereus Nuncius). Al principio solo se obtuvieron
reglas Ad hoc, como las leyes del movimiento planetario de Kepler,
descubiertas a principios del siglo XVII. Fue Isaac Newton quien extendió
hacia los cuerpos celestes las teorías de la gravedad terrestre y
conformando la ley de gravitación universal,[7] inventando así
la mecánica celeste, con lo que explicó el movimiento de los planetas y
consiguiendo unir el vacío entre las leyes de Kepler y la dinámica de
Galileo. Esto también supuso la primera unificación de la astronomía y la
física (véase Astrofísica).

Tras la publicación de los Principios Matemáticos de Isaac Newton (que


también desarrolló el telescopio reflector), se transformó la navegación
marítima. A partir de 1670 aproximadamente, utilizando instrumentos
modernos para medir la latitud y la longitud geográficas y los mejores
relojes disponibles, se ubicó cada lugar de la Tierra en un planisferio o
mapa, calculando para ello su latitud y su longitud. La determinación de
la latitud fue fácil, pero la determinación de la longitud fue mucho más
delicada, por su acoplamiento con la hora local. Los requerimientos de la
navegación supusieron un empuje para el desarrollo progresivo de
observaciones astronómicas e instrumentos más precisos, constituyendo
una base de datos creciente para los científicos.
Ilustración de la teoría del
"Big Bang" o primera gran explosión y de la evolución esquemática del
universo desde entonces.

Durante los siglos XVIII al XIX, se presenta el problema de los tres


cuerpos, donde Euler, Clairaut y D'Alembert llevan predicciones más
precisas sobre los movimientos de la luna y los planetas. Este trabajo es
perfeccionado por Lagrange y Laplace, permitiendo estimar las masas
de los planetas y lunas a partir de sus perturbaciones. [8]

Nueva astronomía

A finales del siglo XIX se descubrió que, al descomponer la luz del Sol, se
podían observar multitud de líneas de espectro (regiones en las que
había poca o ninguna luz). Experimentos con gases calientes mostraron
que las mismas líneas podían ser observadas en el espectro de los
gases, líneas específicas correspondientes a diferentes elementos
químicos. De esta manera se demostró que los elementos químicos en el
Sol (mayoritariamente hidrógeno) podían encontrarse igualmente en la
Tierra. De hecho, el helio fue descubierto primero en el espectro del Sol
y solo más tarde se encontró en la Tierra, de ahí su nombre.

Se descubrió que las estrellas eran objetos muy lejanos y con


el espectroscopio se demostró que eran similares al Sol, pero con una
amplia gama de temperaturas, masas y tamaños. La existencia de la Vía
Láctea como un grupo separado de estrellas no se demostró sino hasta
el siglo XX, junto con la existencia de galaxias externas y, poco después,
la expansión del universo, observada en el efecto del corrimiento al rojo.
La astronomía moderna también ha descubierto una variedad de objetos
exóticos como los cuásares, púlsares, radiogalaxias, agujeros
negros, estrellas de neutrones, y ha utilizado estas observaciones para
desarrollar teorías físicas que describen estos objetos.
La cosmología hizo grandes avances durante el siglo XX, con el modelo
del Big Bang fuertemente apoyado por la evidencia proporcionada por la
astronomía y la física, como la radiación de fondo de microondas, la ley
de Hubble y la abundancia cosmológica de los elementos químicos.

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