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Efectos de la Violencia Parental en Adolescentes

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PROGRAMA DE INVESTIGACIÓN FORMATIVA

“Impacto de la violencia parental durante la adolescencia en el


desarrollo psicológico de un paciente de 21 años”

Autor(es):
Advincula Hermitaño, Nayeli Yessely (0000-0002-1545-6372),
nadvinculahe@[Link], Psicologia, V

Sicos Villadeza Nayelly Alejandra (0009-0005-3140-140X)


nasicosvi@[Link], Psicología V

Asesor(a):
Mgtr./Dr. Valle Gonzales, Betzabeth( 0000-0001-5775-7838)
Lima - Norte 2025-2

Generalidades
Nivel del trabajo de investigación
II
formativa:

Línea de investigación general Objetivo


Salud y bienestar
de Desarrollo Sostenible y Meta:

Línea de responsabilidad social


Violencia
universitaria:
I. Introducción

En los últimos años, la OMS ha publicado varios informes sobre la violencia contra
África, lo que ha considerado como una epidemia silenciosa que afecta a todas las
regiones del mundo. Según su Informe Global sobre Violencia contra Niños y
Adolescentes (2023), al menos uno de cada cuatro niños ha sido víctima de algún
tipo de violencia física severa desde que comenzó su escolarización primaria. Estos
datos son alarmantes no solo por su magnitud, sino también porque demuestran que
esta forma de violencia ha ocurrido precisamente en entornos que deben ser más
protegidos y familiares de los menores.

Según la Organización Mundial de la Salud (2021), se ha señalado que la violencia


contra los niños es frecuente , pero para ello deben existir buenas políticas sociales,
programas educativos, intervenciones psicosociales y sobre todo, la voluntad política
y social. Además, se advirtió que esta violencia tiene efectos a corto y largo plazo en
el desarrollo de jóvenes y adolescentes. A nivel psicológico, las víctimas enfrentan
niveles más altos de depresión, ansiedad, trastornos del sueño, consumo de
sustancias psicoactivas y pensamientos suicidas. A nivel social, la violencia afectó
su capacidad para establecer relaciones, completar su educación y hacer la
transición a una vida adulta.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) juega un papel fundamental. Se fundó


en 1948 como una agencia especializada dentro del sistema de las Naciones
Unidas, y su misión principal es proteger la salud pública a nivel global, entendida no
solo como la ausencia de enfermedad, sino como un estado completo de bienestar
físico, mental y social. Desde esta perspectiva integral de la salud, la OMS aborda la
violencia no solo como un problema legal o ético, sino como una amenaza directa
para la salud de los individuos, especialmente de niños y adolescentes.

Mora Lanzó, L.M. (2024) En el contexto peruano, la violencia familiar se ha


convertido en un problema de larga data, afectado por factores estructurales como la
injusticia, el machismo externo, la pobreza y la falta de acceso a servicios de
protección adecuados. A pesar de los avances en las leyes relacionadas con los
derechos de los niños y jóvenes.

1
Un análisis exhaustivo sobre el abuso infantil a nivel mundial reportó que la tasa de
abuso físico es del 22,6% y la tasa de abuso psicológico es del 36,3%. Sin embargo,
en otros análisis se han reportado cifras contradictorias. En perú, de acuerdo a los
datos de los centros de emergencia del Ministerio de la Mujer y de la Dirección de
Grupos en Situación de Riesgo, en el año 2019 se gestionaron 55.565 casos de
violencia (contra niñas y adolescentes), donde la tasa de violencia psicológica fue
del 45,38%, la tasa de violencia física del 29,93%, la tasa de violencia sexualizada
del 22,25% y la tasa de violencia económica del 0,66%.

La implementación de este sistema se ha enfrentado a serias restricciones. A pesar


de los esfuerzos de instituciones como el Ministerio de Mujeres y grupos de
población vulnerable (MIMP), los recursos asignados fueron insuficientes en
comparación con el número de casos reportados durante el año. Según el informe
anual del programa Aurora del MIMP para el año 2024, se registraron más de 40,000
casos de violencia doméstica contra menores, y en más del 65% de estos casos, el
autor era un miembro directo de la familia, siendo el padre biológico a menudo el
principal culpable. Estas cifras no solo reflejan la magnitud del problema, sino
también la continuidad de los patrones culturales que consideran el castigo físico y
emocional como parte de la educación.

Se han llevado a cabo diversas investigaciones en este país y se ha confirmado esta


preocupante situación. La Encuesta Nacional de Relaciones Sociales fue preparada
por el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) y en 2023 se reveló que 2
de cada 5 adolescentes entre 12 y 17 años experimentaron algún tipo de violencia
física o mental en el hogar. Esta violencia no solo afectó su desarrollo emocional,
sino también su rendimiento académico, autoestima y salud mental.

El problema de la violencia doméstica entre los adolescentes en Perú era en esa


época mucho más que una simple cuestión individual. Era un fenómeno social
complejo que requería políticas públicas sostenibles, cooperación entre diferentes
sectores, formación continua para los operadores de justicia y salud, y sobre todo,
un cambio cultural que prioriza el bienestar del niño y del adolescente.
Según Herrera. F., (2021) Nos menciona que la violencia paterna durante la
adolescencia representa una problemática social de gran envergadura, cuyas
secuelas en el desarrollo psicológico de los jóvenes son profundas y duraderas. Este
tipo de violencia, que abarca desde el maltrato físico y emocional hasta el abandono
y la negligencia, le quita la seguridad y la confianza que los adolescentes necesitan
para construir una identidad saludable y funcional. La adolescencia, una etapa
crucial de transición y exploración, se ve interrumpida y distorsionada por la
presencia de un padre violento, generando un impacto negativo en su autoestima,
sus relaciones intrapersonales o interpersonales y su bienestar emocional general.

Las cicatrices durante la adolescencia tienen un impacto negativo imborrable que se


extiende a la vida adulta, visible en varios aspectos del desarrollo psicológico y
social. Un paciente de 21 años que ha sufrido este tipo de maltrato durante su
adolescencia se enfrenta a un desafío único que requiere una comprensión profunda
y un enfoque terapéutico especializado.

En primer lugar, es importante entender que la violencia del padre no es incidente,


sino un trauma complejo que afecta la capacidad de formar relaciones saludables.
Siendo la figura del padre, que debería ser un modelo de protección y apoyo, se
convierte en una fuente de miedo y dolor, lo que provoca una profunda ansiedad y
desconfianza hacia el mundo.

En la vida de los adultos, este choque puede manifestarse en dificultades para


controlar las emociones, establecer límites saludables y construir confianza con los
demás. Los pacientes pueden sufrir de ansiedad, depresión, trastorno de estrés
postraumático y otros trastornos psicológicos que dificultan la realización de sus
funciones diarias. Además, la experiencia de la violencia paterna puede generar
miedo al abandono y un deseo de control, lo que puede complicar el mantenimiento
de relaciones íntimas y duraderas.

En el ámbito profesional, el paciente puede enfrentar desafíos relacionados con la


autoestima, la motivación y su capacidad para trabajar en equipo. La falta de
confianza en sí mismo y el miedo al fracaso pueden limitar sus oportunidades
profesionales y obstaculizar su desarrollo personal. Además, puede tener
dificultades para establecer relaciones saludables con sus colegas y superiores, ya
que la experiencia de violencia doméstica puede generar patrones de
comportamiento anormales.

Es importante recalcar que la violencia parental no solo afecta la salud mental del
paciente, sino también su salud física. Estudios han demostrado que las personas
que han sufrido abusos en su infancia tienen un mayor riesgo de desarrollar
enfermedades crónicas como la diabetes, las enfermedades cardíacas y el cáncer.
Además, pueden tener hábitos poco saludables como el consumo de alcohol, el
tabaquismo y el uso de drogas, que adoptan como medio para hacer frente al dolor
emocional.

Para abordar este problema, es necesario proporcionar al paciente un tratamiento


psicológico integral que tenga en cuenta la complejidad del trauma y sus múltiples
formas. La terapia cognitivo-conductual, la terapia EMDR y la terapia grupal pueden
ser herramientas útiles para ayudar al paciente a lidiar con el trauma, regular sus
emociones y desarrollar habilidades de afrontamiento saludables.

Además, es importante fortalecer el apoyo social y la comunicación con otros


sobrevivientes de violencia familiar. Los grupos de apoyo pueden ofrecer un espacio
seguro y confidencial donde el paciente pueda compartir sus experiencias, sentirse
comprendido y recibir el apoyo emocional que necesita para recuperarse.

Este informe actual tiene como objetivo sumergirse en la complejidad de la violencia


paterna en la adolescencia, explorando sus diversas manifestaciones y analizando
su profundo impacto en el desarrollo psicológico de los jóvenes. Las consecuencias
a corto y largo plazo, tales como la depresión, la ansiedad, los trastornos de
conducta y las dificultades para establecer vínculos afectivos saludables, serán
abordadas. También se examinarán los factores de riesgo que contribuyen a la
persistencia de este tipo de violencia, así como las estrategias de intervención y
prevención que pueden ayudar a proteger a los adolescentes y fomentar su
recuperación.
La comprensión de la violencia paterna en la adolescencia es fundamental para
sensibilizar a la sociedad sobre esta problemática y para promover la
implementación de políticas y programas que garanticen la protección y el bienestar
de los jóvenes. Al visibilizar esta realidad y brindar apoyo a las víctimas, se puede
contribuir a romper el ciclo de la violencia y a construir un futuro más justo y
equitativo para todos.

Según Barcia (2020) nos dice que dada la necesidad de entender la relación que
existe entre los conflictos y las características de las representaciones sociales
sobre el mismo, donde juegan las emociones y la cultura. La violencia en el entorno
familiar por lo general se presenta en un ámbito oculto, haciendo que este patrón se
siga reproduciendo de generación en generación, esta cadena de violencia se sigue
evidenciando una vez que se forman otros hogares o nuevos grupos familiares.
La Violencia intrafamiliar, son todas las formas de abuso de poder o maltrato sea
físico, psicológico o ambos entre los miembros de la familia, son los principales
factores que ocasionan diversos niveles de daño a las víctimas de esos abusos.
Todo esto, no es nada más que un síntoma de una organización familiar enferma,
que no han tenido la oportunidad de desarrollarse en una sociedad justa y
equilibrada, donde los más afectados dentro de este círculo son los niños y los
adolescentes. “Los niños presentan un amplio espectro de reacciones al ser testigos
de violencia doméstica, incluyendo intervención, alejamiento o actitud agresiva.
Estas conductas pueden ser adaptativas en el contexto de la violencia familiar pero
son no adaptativas en otros escenarios”

La violencia intrafamiliar es una de las problemáticas más abordadas en la


actualidad debido a que afecta a todos los miembros de determinados grupos
familiares, donde el maltrato físico y verbal es frecuente. Según en muchas
ocasiones “se presentan por el carácter de la personalidad que no es guiado en su
debido tiempo o influenciado por el entorno en donde se ha educado, afectando su
formación y llevando a cometer esta clase de actos que le producen a las víctimas
traumas difíciles de superar” (p. 7).
Según Lopez (2023) mencionar que diferentes estudios han demostrado que los
adolescentes que han sufrido abusos físicos o emocionales por parte de figuras
parentales tienen un riesgo elevado de desarrollar trastornos psicológicos,
dificultades para manejar sus emociones, una falta de autoestima y patrones
relacionales poco saludables. La imagen del padre, tradicionalmente asociada a la
autoridad, a la protección y al apoyo, se convierte en una fuente de miedo y trauma
cuando está involucrado en actos de violencia. Esta deformación de la relación
parental puede crear una serie de conflictos internos que afectan el desarrollo de
una imagen positiva de uno mismo, la capacidad de establecer relaciones basadas
en la confianza y la construcción de proyectos de vida estables.

Desde una perspectiva teórica, el impacto de la violencia parental durante la


adolescencia puede ser analizado desde múltiples ángulos en la psicología del
desarrollo y la psicología clínica. A continuación se presentan teorías relevantes que
ayudan a entender cómo estas experiencias negativas afectan la vida adulta

La teoría del apego sugiere que los lazos emocionales tempranos, particularmente la
relación con los padres, son muy importantes para el desarrollo emocional y
psicológico del individuo. Un niño que establece un apego seguro se siente
protegido y adquiere confianza, lo que influye positivamente en su independencia y
salud mental. Sin embargo, si el padre ejerce violencia, puede formarse un apego
inestable o desorganizado. En estos casos, el niño o el adolescente enfrenta
contradicciones imposibles: necesitan al mismo tiempo los cuidados de una persona
que les hace daño. Esto puede generar patrones como la desconfianza, el miedo al
abandono y dificultades para regular las emociones cuando se convierten en

La investigación sobre los patrones de apego de los niños muestra que aquellos que
han experimentado negligencia desarrollan comportamientos evasivos o
contradictorios, los cuales se repiten en la adultez en las relaciones. Por lo tanto, las
víctimas de violencia por parte de un padre pueden sentir problemas en sus
relaciones en la adultez, miedo al compromiso o un deseo excesivo de aprobación.
La teoría del trauma sugiere que las experiencias violentas o abusivas pueden
causar obstáculos duraderos en la personalidad de un individuo y en sus funciones
emocionales, especialmente cuando duran mucho tiempo y ocurren en etapas
tempranas del desarrollo. Judith Herman habla de "trauma complejo" que ocurre en
contextos donde la víctima no puede escapar, dónde está sometida a un miedo
constante, a la humillación y al control, como es el caso en el hogar.

Además, ha mostrado cómo el impacto afecta la función cerebral, especialmente en


las áreas responsables del procesamiento de emociones y la memoria. Esto explica
por qué muchos pacientes expuestos a la violencia durante la adolescencia
presentan síntomas de disociación, ansiedad crónica, o episodios repentinos de
memoria o indiferencia emocional. En el caso de un paciente de 21 años, estos
resultados pueden manifestarse como dificultades en la regulación emocional,
desconfianza hacia figuras de autoridad o comportamientos autodestructivos.

Para comprender el impacto de la violencia paterna durante la adolescencia, es


necesario tener una visión global que tenga en cuenta los factores personales y
contextuales. Es importante no solo analizar los síntomas que aparecen en la
pubertad, sino también entender cómo se ha formado la estructura psicológica del
paciente en un entorno lleno de amenazas e inestabilidad. La violencia vivida en
casa deja una huella profunda en la percepción que el individuo tiene de sí mismo,
en sus relaciones con los demás y en su capacidad para enfrentar los desafíos de la
vida adulta. Por eso, el enfoque clínico de estos casos debe incluir los daños
emocionales acumulados, la reinterpretación de los significados del pasado y la
formación de nuevas relaciones saludables y recuperadas.

Latorre (2024),nos dice que en este sentido, la violencia familiar es la expresión de


dinámicas familiares anómicas basadas en una desigualdad o asimetría del poder.
Esta problemática trae consecuencias psico emocionales en sus víctimas que,
muchas veces, portan en su vida adulta, manifestándose como cuadros depresivos,
ansiosos, TEPT, problemas en sus relaciones interpersonales, baja autoestima y
falta de confianza, pudiendo llegar a repetir esos patrones de comportamiento
aprendidos en esa etapa de sus vidas.
Las consecuencias están directamente relacionadas con las experiencias violentas
vividas durante la infancia. Este estudio se centra en las secuelas psicoemocionales
en adultos jóvenes de entre 20 y 30 años que han sido expuestos a la violencia
familiar en su niñez. La violencia doméstica es una situación estresante que provoca
un impacto psicológico importante en la mayoría de las víctimas. Los síntomas
psicopatológicos que pueden llegar a presentar, surgen como consecuencia de los
hechos vividos y no de un desequilibrio anterior.

Asimismo, estudios previos han demostrado la influencia de la violencia familiar en


diversas áreas de la vida de un individuo, destacándose particularmente en las
relaciones sociales. Un estudio cualitativo realizado revela que los conflictos en el
entorno familiar pueden generar problemas emocionales en los estudiantes, los
cuales dificultan el desarrollo de relaciones interpersonales positivas.

El desarrollo tiene lugar cuando se observan cambios duraderos. En la persona


coinciden el cambio y la estabilidad, dado que los cambios de las diversas
competencias personales transcurren a distintas velocidades y en su interacción
producen cierta estabilidad, por ejemplo, en la autonomía de la persona o en su
bienestar, las diferencias en los cambios indican que el desarrollo adulto puede
manifestarse multidireccional mente, es decir, en algunas competencias de manera
estable y en otras aumentando o disminuyendo.

Las experiencias que vivimos en la infancia modelan profundamente nuestra visión


del mundo, las relaciones y hasta la salud física y mental en la adultez.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), alrededor del 20% de los niños
en el mundo experimentan algún tipo de trauma, ya sea abuso, negligencia o
situaciones de alto estrés.

«La infancia es una etapa crítica para el desarrollo cerebral y la formación de la


personalidad, los traumas afectan el sistema nervioso, provocando cambios en el
cerebro que pueden impactar la capacidad de enfrentar el estrés y construir
relaciones saludables en la vida adulta», nos dice Perdomo (2024). Estudios
recientes demuestran que estos traumas pueden dejar huellas duraderas, afectando
el desarrollo emocional y físico de las personas.
Los datos revelan una fuerte relación entre las experiencias traumáticas en la niñez
y una mayor predisposición en la adultez a problemas de salud mental, como
ansiedad, depresión y trastornos de estrés postraumático.

Además, investigaciones sugieren que los adultos con traumas infantiles tienen más
probabilidades de desarrollar enfermedades físicas, como problemas cardíacos y
diabetes, comparado con aquellos que tuvieron una infancia estable y segura. Sin
embargo, no todos los niños expuestos a situaciones traumáticas desarrollan
problemas en la adultez, factores protectores, como el apoyo familiar, el desarrollo
de habilidades de resiliencia y el acceso a terapia, pueden mitigar los efectos
negativos, «la resiliencia no es innata, se nutre cuando existen vínculos positivos
con familiares, amistades incluso profesores que brindan refuerzos emocionales»,
añadió Perdomo. Agregó que “lo que les damos a nuestros hijos es lo que ellos
darán al mundo cuando crezcan”.Para abordar y tratar los traumas infantiles, ofrece
atención individual diaria a pacientes que necesitan apoyo para manejar
experiencias dolorosas del pasado, esta iniciativa busca reducir el impacto de los
traumas y fomentar un desarrollo saludable desde la niñez, comprender y tratar los
traumas infantiles es clave para mejorar la calidad de vida en la etapa adulta y
construir una sociedad más saludable y resiliente.

Concluyendo nos damos cuenta que a lo largo del ciclo vital, cada conjunto de años
obliga a distintas tareas y no es extraño que los autores hablen de diversos estadios,
periodos o fases. Estas fases no pueden ser prefijadas para cada persona y cada
entorno. Por otro lado, tampoco pueden ser de iguales dimensiones, porque los
cambios se suceden unas veces de manera regular y otras intempestivamente.

La edad, por tanto, no solo es cuestión de cronología, sino que está llena de
significados, estructuras, obligaciones, relaciones, etc., que marcan el ritmo de vida
de cada [Link] interés de esta exposición ha sido la persona adulta que llegará a
envejecer,sus recursos, metas, contextos de su desarrollo y procesos que le
acompañan. Como ya quedó advertido, es imposible tratar todos estos aspectos con
el suficiente detenimiento. Quedan todavía temas tan intensos en la edad adulta
como las teorías sobre las emociones, las relaciones sociales, la personalidad, la
salud mental o los propios campos de aplicación de la misma psicología del
desarrollo de la edad adulta.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:

Herrera., F. (2022). “ La violencia paterna durante la adolescencia representa una


problemática social” [Link]
López., C. (2023).” La violencia en la adolescentes que han sufrido abusos físicos o
emocionales por parte de figuras parentales “ [Link]
results#[Link]=0 OMS (2024), "Las
adolescentes se enfrentan a tasas alarmantes de violencia de pareja"
[Link]
intimate-partner-violence
OMS(2021), “la violencia contra los niños en el peru”
“[Link]
Prevalence-of-Past-year-Violence-Against?redirectedFrom=fulltext

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