[Link] y principio de trascendencia.
La nulidad procesal, de manera general, significa castigar con ineficacia
algún acto jurídico llevado a cabo en el proceso con inobservancia de
algunos de los requisitos que la ley establece para su validez.
En la legislación boliviana, el Código de Procedimiento Penal, en la
primera parte (Parte General), Libro Tercero, Título VIII, establece el
sistema de control de la actividad procesal defectuosa, que de forma
implícita regula el régimen de nulidades en materia procesal penal,
estableciendo en el art. 167: “No podrán ser valorados para fundar una
decisión judicial ni utilizados como presupuestos de ella, los actos
cumplidos con inobservancia de las formas y condiciones previstas en la
Constitución Política del Estado, Convenciones y Tratados
internacionales vigentes y en este Código, salvo que el defecto pueda
ser subsanado o convalidado.
En los casos y formas previstos por este Código, las partes sólo podrán
impugnar, con fundamento en el defecto, las decisiones judiciales u
omisiones de procedimiento que les causaran agravio”.
Por otra parte, el art. 169 del mismo cuerpo legal señala “No serán
susceptibles de convalidación los defectos concernientes a:
1)La intervención del juez y del fiscal en el procedimiento y a su
participación en los actos en que ella sea obligatoria;
2)La intervención, asistencia y representación del imputado, en los
casos y formas que este Código establece;
3)Los que impliquen inobservancia o violación de derechos y garantías
previstos en la Constitución Política del Estado, las Convenciones y
Tratados internacionales vigentes y en este Código; y,
4)Los que estén expresamente sancionados con nulidad”.
El art. 170 del CPP, refiere: “Los defectos relativos quedarán
convalidados en los siguientes casos:
1)Cuando las partes no hayan solicitado oportunamente que sean
subsanados;
2)Cuando quienes tengan derecho a solicitarlo hayan aceptado, expresa
o tácitamente, los efectos del acto; y,
3)Si no obstante su irregularidad, el acto ha conseguido su fin con
respecto a todos los interesados”.
Los defectos previamente descritos, se encuentran directamente
vinculados a los principios procesales que rigen las nulidades, cuya
finalidad es la de asegurar la garantía jurisdiccional de la defensa (art.
15 parágrafo III de la CPE); sin embargo, la nulidad procesal encuentra
su límite en los principios que la rigen y a su vez excluyen los actos de
la nulidad procesal; pues, bajo ningún aspecto se puede consentir el uso
indiscriminado de esta institución, que de forma lógica atenta al
principio de celeridad que es una de las características principales del
actual sistema procesal; por lo que, resulta trascendental dejar
sentando que no todo defecto y/o irregularidad en un acto procesal o en
un procedimiento tiene como efecto la nulidad, tal cual señala la
normativa vigente.
Entre los principios que rigen las nulidades procesales, se tiene entre
otros, los siguientes:
El principio de legalidad o especificidad, señala, no hay nulidad sin
texto (pas de nullite sans texte); es decir, que el acto procesal irregular
reclamado, debe estar castigado con nulidad de manera expresa en la
ley, no siendo suficiente que la ley procesal establezca ciertas
formalidades y que ante su omisión o incumplimiento, se produzca la
nulidad, sino ella debe estar específicamente predeterminada en
aquella ley.
El principio de finalidad de las formas o de instrumentalidad de
las nulidades procesales, mantiene que las nulidades no tienen como
fin establecer el incumplimiento de las formas procesales, sino, sostiene
que los actos procesales son válidos si han cumplido sus efectos, no
obstante que hubiese algún defecto formal; es decir, cuando la
normativa establece la exigencia de ciertos requisitos para el
cumplimiento de un acto procesal, pero esa formalidad no se encuentra
sancionada con nulidad de forma expresa, el acto será válido aunque
hubiere sido realizado de forma distinta y hubiese cumplido su fin o su
propósito.
El principio de convalidación, establece la posibilitad de subsanar el
acto procesal, constituye un remedio procesal que evita que el acto sea
declarado nulo por su efecto “saneador”. La normativa procesal penal,
consagra este principio en el art. 170 del CPP -transcrito anteriormente-
estableciendo los supuestos en los que la nulidad queda convalidada. Es
preciso recalcar que la invalidez de un acto, necesariamente debe ser
estudiada en función a la trascendencia del vicio o defecto alegado,
respecto a la garantía alegada como infringida; consecuentemente, no
opera contra actos castigados con nulidad absoluta, por ser
inconvalidables.
El principio de trascendencia (pas nullite sans grief), que significa que
“no hay nulidad sin perjuicio”; es decir, que únicamente es posible
declarar la nulidad, cuando los defectos procedimentales denunciados
provoquen un daño de tal magnitud que dejen en indefensión material a
las partes y sea determinante para la decisión adoptada en el proceso
judicial, debiendo quedar claro que de no haberse producido dicho
defecto, el resultado sería otro, o que el vicio impida al acto cumplir con
las formalidades para el cual fue establecido. Para que opere la nulidad
(art. 169 del CPP), quien la solicite debe: i) Alegar el perjuicio o daño,
señalando de forma clara, cuál el acto que no pudo realizar o que se
realizó incumpliendo las formas procesales, no resultando suficiente una
invocación genérica de algún defecto, sin explicación clara y precisa de
dichas circunstancias; ii) Debe acreditar de forma específica la
existencia de perjuicio cierto, concreto y real en desmedro de sus
derechos y/o garantías constitucionales, demostrando que la única
forma de enmendar el error es por medio de la declaratoria de
nulidad; iii) Debe existir interés jurídico en la subsanación; por lo que,
quien solicita nulidad, debe explicar por qué la solicita; toda vez, que el
argumento de impetrante es el que permite, al juzgador, establecer el
ámbito de pronunciamiento.
El principio de protección, referido a que nadie puede solicitar la
invalidez de un acto cuando esa es la parte que provocó la causal de
nulidad, aplicándose el aforismo “nemo auditur propriam turpitudinem
allegans”, que interpreta como “nadie será oído si alega su propia
torpeza”, pues nadie puede ir legítimamente contra sus propios actos.
El principio de subsanación, que establece que no hay nulidad si el
vicio alegado, no influye en el sentido o resultado del fallo o en las
consecuencias del acto viciado; por lo que, puede ser objeto de
subsanación sin que afecte al fondo del proceso.
Todos estos principios (y otros que no fueron citados) orientadores de
las nulidades, deben ser interpretados de manera restrictiva cuando se
alegue nulidad. Se debe tomar en cuenta el interés y la magnitud del
detrimento ocasionado; toda vez, que “no hay nulidad por la nulidad
misma”, sino requiere para su declaración, que el incumplimiento de las
formas se traduzca en un efectivo detrimento a los intereses de la
defensa; es decir, que este tenga relevancia constitucional, lo contrario
implicaría aceptar nulidades con base en un excesivo formalismo, que
en muchos de los casos daría lugar a la invalidación de una gran
cantidad de actos y en algunos casos de procesos, afectando con ello la
búsqueda de la verdad material, por errores u omisiones involuntarias,
en clara infracción al principio de celeridad (art. [Link] de la CPE).
Respecto a los defectos absolutos, este Tribunal de justicia, en el Auto
Supremo 021/2012-RRC de 14 de febrero de 2012, señaló: “El Código
de Procedimiento Penal, tiene por finalidad regular la actividad procesal,
en cuyo trámite pueden presentarse dos tipos de defectos, los absolutos
y los relativos, que se diferencian en que los primeros no son
susceptibles de convalidación y los otros quedan convalidados en los
casos previstos por la norma; destacando, que la diferencia sustancial
de los defectos absolutos y relativos, radica que el defecto absoluto,
implica el quebrantamiento de la forma vinculado a la vulneración de un
derecho o garantía constitucional; en cambio, en el defecto relativo al
no afectar al fondo de las formas del proceso, pueden convalidarse si no
fueron reclamados oportunamente, si consiguieron el fin perseguido
respecto a todas las partes y cuando quien teniendo el derecho a pedir
que sean subsanados, hubiera aceptado expresa o tácitamente los
efectos del acto defectuoso; a esto debe añadirse que las formas
procesales precautelan el ejercicio de los derechos de las partes y las
garantías constitucionales; en consecuencia, no se puede decretar la
nulidad, sino sólo cuando hay un defecto que por haber causado una
afectación a un derecho o garantía constitucional se constituye en
absoluto; es decir, la nulidad no deriva sólo del quebrantamiento de la
forma, pues es necesario que ese quebrantamiento haya afectado los
derechos de alguna de las partes y que ésta haya demostrado el
agravio para poder solicitar la anulación del acto denunciado de ilegal”.
III.4. La labor de contraste en el recurso de casación.
Conforme lo dispuesto por los arts. 42.I inc. 3) de la Ley del Órgano
Judicial (LOJ) y 419 del CPP, las Salas especializadas del Tribunal
Supremo de Justicia, tienen la atribución de sentar y uniformar la
jurisprudencia, cuando un Auto de Vista dictado por uno de los
Tribunales Departamentales de Justicia, sea contrario a precedentes
pronunciados por otros similares Tribunales o por la Sala Penal del
Tribunal Supremo de Justicia.
El art. 416 del CPP, preceptúa: “Se entenderá que existe contradicción,
cuando ante una situación de hecho similar, el sentido jurídico que le
asigna el Auto de Vista recurrido no coincida con el del precedente sea
por haberse aplicado normas distintas o una misma norma con diverso
alcance”. En ese ámbito, este Tribunal a través del Auto Supremo
322/2012-RRC de 4 de diciembre, puntualizó: “Cuando la norma se
refiere a una situación de hecho similar, considera esta Sala que el
legislador se refiere a supuestos fácticos análogos, siendo necesario
precisar que en materia sustantiva el supuesto fáctico análogo exige
que el hecho analizado sea similar; en cambio, en material procesal el
supuesto fáctico análogo se refiere a una problemática procesal
similar.”
La atribución de este Tribunal, de sentar y unificar jurisprudencia,
contiene íntima y estrecha relación con la garantía constitucional
contenida en el art. 119.I de la Constitución Política del Estado, que
garantiza el ejercicio pleno del principio de igualdad de las partes ante
el Juez dentro de las jurisdicciones del Estado, así como garantizar
seguridad jurídica en la predictibilidad de las decisiones de los
tribunales y un igual tratamiento jurídico a los ciudadanos. En resumen,
la labor de sentar doctrina legal a partir del recurso de casación dentro
de la jurisdicción ordinaria, se sintetiza en: a) Respeto a la seguridad
jurídica; b) Realización del principio de igualdad; y, c) Unidad y
uniformidad en la aplicación del derecho por parte de los servidores
judiciales en la jurisdicción ordinaria.
Por otro lado, la doctrina legal a ser dictada por este Tribunal en el
supuesto caso de verificar la existencia de contradicción entre la
Resolución impugnada y los precedentes invocados como
contradictorios, será de aplicación obligatoria para los Tribunales y
Jueces inferiores y sólo podrá modificarse por medio de una nueva
resolución dictada con motivo de otro recurso de casación, en previsión
de lo dispuesto por el 420 del CPP.