Módulo 4.
Ejecución y evaluación del
proyecto de intervención social
Introducción al módulo
La labor del trabajador social es fundamental en la construcción y desarrollo de proyectos sociales
que tienen como fin mejorar la calidad de vida de las comunidades y personas en situación de
vulnerabilidad. Su rol va más allá de la simple implementación de acciones; implica una
participación activa en la planificación, ejecución y evaluación de las iniciativas, asegurando que
estas respondan a las necesidades reales de la población y sean efectivas en sus objetivos.
La importancia de su trabajo radica en su capacidad para conectar a las comunidades con
recursos, promover la participación activa y garantizar que los proyectos sean sostenibles y
éticamente responsables. Además, su rol en la evaluación permite identificar logros, dificultades y
áreas de mejora, contribuyendo a la optimización de futuras intervenciones y fortaleciendo la
intervención social desde una perspectiva crítica y reflexiva. En definitiva, el trabajador social es
un actor clave que asegura que los proyectos sociales no solo se lleven a cabo, sino que generen
un impacto positivo y duradero en la comunidad.
En este módulo, exploraremos en profundidad la etapa de ejecución y evaluación de los proyectos
de intervención social, comprendiendo su valor estratégico dentro del ciclo metodológico del
trabajo social. Aprenderemos a llevar adelante las acciones planificadas, reconociendo que la
realidad social es dinámica y exige una intervención flexible, crítica y situada. Este módulo
permitirá fortalecer nuestra capacidad para adaptar los proyectos a los cambios del contexto,
enfrentar imprevistos con herramientas concretas y sostener una actitud profesional proactiva y
ética.
El objetivo de este módulo es comprender cómo se despliega una intervención social en su fase
más operativa, cómo se la monitorea y cómo se evalúa su impacto en la vida de las personas y
comunidades. Lo que aprenderemos en este tramo será esencial para actuar con autonomía y
responsabilidad en proyectos comunitarios, institucionales o territoriales, contribuyendo
activamente a la transformación social con una perspectiva profesional comprometida y reflexiva.
Video de inmersión
Unidad 1. Ejecución de la intervención social
Tema 1. Proceso de ejecución de la intervención social
Una vez fue diseñado el proyecto de intervención o planificación y contando con el visto bueno de
la institución desde donde se realiza dicha intervención, se está en condiciones de pasar a la
siguiente etapa: la ejecución. Esta consiste básicamente en llevar a cabo lo programado. Esta
etapa es fundamental en la práctica del trabajador social, pues de alguna forma justifica y da
sentido a todas las fases anteriores que componen el ciclo metodológico de la profesión. Tanto el
diagnóstico como la planificación están directamente orientadas a dar mayor eficiencia a la
intervención social. En la medida en que el diagnóstico y la planificación se hayan desarrollado y
planteado de forma clara y eficiente, se está en mejores condiciones para iniciar la ejecución.
Sin embargo, la ejecución es probablemente la etapa más difícil del ciclo metodológico del trabajo
social. Está más sometida a urgencias, imprevistos, presiones y demandas de todo tipo. Es en
esta etapa que se corre la mayoría de los riesgos, ya que no todo se puede controlar.
La ejecución es la etapa en que se lleva a la práctica lo que anteriormente el profesional planificó
por medio de un proyecto de intervención. En esta etapa, el profesional supera los problemas que
muchas veces se presentan de manera sorpresiva para realizar el proyecto. Estos problemas
pueden ser desde falta de recursos, desmotivación de los usuarios para participar en procesos de
cambio, arrepentimientos de última hora, problemas logísticos cuando se trata de implementar
actividades que implican movilización de activos financieros o de infraestructura, entre otros
motivos. Debido a que no existe ejecución sin imprevistos, esta etapa también es básicamente
una etapa resolutiva.
Por las características de nuestra práctica profesional, las etapas del ciclo metodológico no se
dan de forma lineal ni secuencial, sino en forma relacionada y, en algunos casos, de forma
paralela. Es por esto que se dice que en trabajo social nunca se termina de diagnosticar. Esto
quiere decir que nunca se termina de conocer, indagar, estar atento a datos e información nueva y
relevante. De hecho, el trabajador social ejecuta diversas acciones permanentemente, pues no
puede esperar a tener hecho un diagnóstico o diseñado un proyecto para atender necesidades
cuando estas son urgentes. Existe así toda una gama o un protocolo de acción que se ejecuta,
mientras que se trabaja en la elaboración del diagnóstico más profundo y se piensa en la
programación del proyecto.
Por otra parte, pocos profesionales pueden dedicarse totalmente a un solo proyecto. Lo más
frecuente es que se trabaje en más de un proyecto de intervención, individual/familiar, grupal o
incluso comunitario, sin que por ello se suspenda uno en beneficio del otro. La ejecución es, así,
una constante en el ejercicio de la profesión.
En trabajo social, la ejecución se refiere a la etapa del proceso de intervención en la que se
llevan a cabo las acciones planificadas para lograr los objetivos propuestos. Implica poner en
práctica las estrategias y técnicas necesarias para abordar las problemáticas identificadas y
facilitar el cambio social deseado.
El proceso de ejecución en trabajo social incluye:
Aplicación de las técnicas e instrumentos de intervención
El trabajador social utiliza las herramientas y métodos adecuados para interactuar con los
individuos, grupos o comunidades, según el contexto y la problemática.
Implementación de planes y proyectos
Se ponen en marcha los planes de trabajo social, proyectos de intervención y programas,
asegurando que se cumplan las metas establecidas.
Monitoreo y seguimiento de las actividades
Se supervisa la marcha del proyecto, se evalúan los avances y se realizan ajustes si es
necesario.
Adaptación y flexibilidad
Se considera la evolución de las situaciones y se adapta el plan de intervención para responder a
las necesidades emergentes.
Evaluación y registro
Se evalúan los resultados de la intervención y se documentan los procesos, con el fin de mejorar
la práctica profesional y contribuir a la formación y la investigación.
De esta manera, desde el trabajo social se concibe la fase de ejecución como el desarrollo, la
realización de cada una de las actividades ya formuladas en la fase de diseño, teniendo como
referencia las bases metodológicas y teóricas para la intervención social. Ejecutar o intervenir
comprende todas las actividades y técnicas que se desarrollan a lo largo del proceso de
planificación, desde el inicio de una relación con una persona, con un proyecto, hasta su
finalización y clausura. Para llevar a la práctica todas estas actividades, el profesional debe
desarrollar capacidades como la administración de recursos, la organización que le permita
coordinar y dar seguimiento a cada una de las actividades en función de los objetivos planteados,
el liderazgo y la mediación.
Se plantean dos formas de intervención, la directa y la indirecta.
Figura 1: Tipos de intervención
Fuente: De Robertis, 2006.
Intervención directa
Se refiere a las acciones y actividades que realiza el profesional de manera personal y cara a cara
con las personas o comunidades que necesitan ayuda. Esto puede incluir asesoramiento,
orientación, acompañamiento, entrevistas, talleres o cualquier tipo de atención en la que el
trabajador social interactúa directamente con quienes buscan su apoyo. “Se realiza en diversos
ámbitos de desempeño e incluye una serie de actividades profesionales . . . del trabajador social
que, para el logro de sus objetivos, precisan de un contacto personal entre el/la profesional y la
persona, familia o grupo de implicados, de tal forma que la relación que se establece entre el
trabajador social y el sistema (individuos, familia, grupo pequeño) es un elemento significativo en
el cambio de situación” (Colegio Oficial de Trabajo Social de Asturias [COTSA], s.f.,
[Link] Los profesionales que se desempeñan en servicios directos, deben tener
amplio conocimiento y destreza en cuanto a la dinámica de las relaciones interpersonales. Así,
quien desea ayudar a individuos, familias y grupos, debe saber bastante acerca del
comportamiento de las personas y sus relaciones. Estas interacciones constituyen en sí la
principal fuente de ayuda en los servicios directos.
Intervención indirecta
La intervención indirecta del trabajador social se refiere a aquellas acciones que realiza el
profesional sin estar directamente en contacto constante con la persona o comunidad beneficiaria.
En lugar de intervenir cara a cara, el trabajador social trabaja a través de otros medios, como
asesorar a familiares, coordinar con instituciones, gestionar recursos o diseñar programas y
políticas. Su objetivo es influir en el entorno o en las condiciones que afectan a las personas,
promoviendo cambios positivos de manera más amplia y sistémica. Es una forma de apoyar y
facilitar el bienestar social desde una perspectiva más estratégica y de apoyo a otros actores.
Quienes trabajan en servicios indirectos deben conocer sistemas organizacionales y políticos,
tener habilidad técnica relacionada con la administración y el análisis y manejar gran cantidad de
información. Además, los trabajadores sociales de servicios indirectos requieren también de
capacidad para relacionarse con los demás.
Ambas formas son igualmente importantes y complementarias. Por ejemplo, podemos acompañar
a una familia en forma directa mientras gestionamos con una municipalidad recursos para mejorar
su situación habitacional.
Hay diversas modalidades de intervención, y corresponde al trabajador social elegir la más
adecuada en función de su comprensión de la situación y las hipótesis que formule a lo largo del
desarrollo del proceso.
Tema 2. Ejecución de proyectos sociales y administración
Una vez que el proyecto ha sido aprobado y comienza su ejecución, el desafío no solo está en
implementar acciones, sino en coordinar eficazmente personas, recursos y tiempos. Por eso, la
administración adquiere un rol central en esta etapa, permitiendo que la intervención sea
ordenada, eficiente y orientada al logro de los objetivos.
La ejecución de cualquier proyecto social es básicamente un desafío de administración. Para
poder ejecutar de manera correcta y eficiente un proyecto social, necesitamos incorporar un
proceso metodológico que considere elementos teóricos y técnicos de administración.
Entenderemos por administración el proceso de guiar, dirigir y controlar todos los esfuerzos de un
grupo humano con un objetivo en común. La administración es un proceso que contempla una
secuencia lógica que tiene como fin la obtención del o los objetivos anteriormente fijados y
controlar hasta qué punto y en qué forma están siendo logrados. En la realización de este
proceso, el administrador debe tener presente que el éxito o fracaso se medirá en función del
grado en que tal objetivo o conjunto de objetivos se haya alcanzado. Por ejemplo, en un proyecto
se pudo haber establecido como objetivo lograr que el 100 % de los apoderados de un curso
asistan a la reunión de fin de año. El resultado es que se logró una asistencia del 80 %, por lo
tanto, el grado obtenido no corresponde a lo establecido originalmente. Habrá que analizar si
establecer un objetivo tan ambicioso era lo pertinente.
El trabajador social, al ejecutar un proyecto, asume dos tipos de responsabilidades
complementarias: tareas administrativas (de coordinación) y tareas operativas (de intervención
directa). A continuación, diferenciamos ambas funciones.
Tabla 1: Tareas administrativas vs. operativas
Trabajo administrativo del trabajador social Trabajo operativo del trabajador social
Crear todas las condiciones necesarias para Se refiere al trabajo que el profesional
que el equipo a cargo cumpla todas sus realiza personalmente, logrando resultados
tareas, prestar atención a que el equipo no en forma directa.
se desvíe de los objetivos, supervisar un
buen uso de los recursos.
Fuente: elaboración propia.
¿Qué proporción de tiempo destina al trabajo operativo y cuál al administrativo?
En la práctica, no hay una proporción fija entre tareas administrativas y operativas: esta
distribución dependerá del tipo de proyecto, del rol asignado al profesional y del contexto. Es
clave reconocer cuándo actuar directamente y cuándo coordinar acciones con otros.
Tanto las tareas administrativas como operativas deben realizarse con racionalidad, es decir, en
función de objetivos. La efectividad del trabajo administrativo, que implica coordinar esfuerzos
colectivos, depende en gran medida de la capacidad, habilidad y experiencia del trabajador social.
El profesional asume el rol de administrador de un proyecto en la medida que de él o ella
dependen personas. En este rol, su tarea fundamental es crear y conservar espacios adecuados
a fin de que el equipo a cargo trabaje eficientemente, en un ambiente de camaradería en pos del
logro de objetivos.
El rol operativo del trabajador social implica ejecutar personalmente las acciones previstas en
el proyecto. No hay intermediación: el profesional interviene de forma directa en talleres,
entrevistas o acciones comunitarias.
Por ejemplo, en un proyecto para promover la inclusión social de jóvenes en situación de
vulnerabilidad, el trabajador social puede coordinar capacitaciones, entrevistar a los participantes
y acompañarlos durante el proceso. Este rol es clave para asegurar el impacto de la intervención.
La administración es “la capacidad de coordinar hábilmente muchas energías sociales con
frecuencia conflictivas, en un solo organismo, para que ellas puedan operar como una sola
unidad” (Instituto Mexicano de Contabilidad, Administración y Finanzas [IMECAF], 2012,
[Link]
Del concepto administración, podemos inferir dos características fundamentales:
1. La administración es social: el elemento principal con que trabaja es el elemento humano,
o sea, el administrador trabaja principalmente con personas. Su tarea es la de coordinar el
esfuerzo de ellas y hacer que rindan lo más y mejor posible.
2. La administración tiene objetivos comunes: el administrador debe unificar los esfuerzos
para llegar al objetivo común.
Para ejecutar o poner en marcha un proyecto, necesitamos administración y administradores
para, así, organizar, dirigir y controlar el esfuerzo colectivo orientado a lograr los objetivos
propuestos.
Diferentes autores señalan que la ejecución en sí contempla diversas fases o aspectos, pero, en
general, se aprecia cierto consenso en que la ejecución, en cuanto a su administración,
contempla 4 fases: planificación, organización, dirección y control.
La planificación
Llama la atención que la perspectiva con que estamos analizando el proceso metodológico
incluye la planificación como una fase de la administración/ejecución. La explicación es sencilla y
vale también para analizar las fases de la planificación, que se inician con el diagnóstico. La
planificación y la administración se definen como “técnicas complejas que pretenden contribuir a
la transformación de la realidad, son procesos cuyo objetivo es lograr el máximo de racionalidad
en el uso de los recursos en función de determinados objetivos” (Aylwin de Barros et al., 1976, p.
84). Ambas técnicas han sido desarrolladas bajo el ala del método científico y han sido
concebidas como un sistema, es decir, como un todo organizado y complejo, como una
combinación de elementos que forman un todo unitario y armónico.
No puede haber un proyecto sin diagnóstico ni administración de un programa, sin programa. Aquí
radica justamente la razón por la cual, cuando un planificador describe los elementos necesarios
para diseñar un proyecto, necesita referirse al diagnóstico, y cuando un administrador se plantea
los problemas de administración, necesita de un proyecto que oriente el desarrollo de la acción.
Habitualmente, el trabajador social diseña el proyecto y lo ejecuta. En este caso, la administración
o ejecución del proyecto incluye una fase de planificación que abarca, desde el diseño del
proyecto hasta su comprensión acabada y su correcta adaptación a las características
cambiantes de la situación que se pretende transformar.
La organización
Entendemos por organización la coordinación racional de las actividades de una cierta cantidad
de personas con un objetivo explícito a lograr. Todo grupo de personas, sea este una junta de
vecinos, un club deportivo, una empresa o una institución pública, necesita organizarse de
manera interna para alcanzar sus objetivos. Cuando hablamos de organización interna o
administrativa, nos referimos a precisar funciones, definir líneas de acción, de autoridad y de
asesorías. El reto organizativo de un conjunto social es hacer que un grupo de individuos que
poseen capacidades y disposiciones distintas se coordinen en una actividad cooperativa que, a su
vez, tendrá su propia personalidad, distinta a la de sus integrantes, porque es un producto nuevo.
Existen algunos instrumentos útiles para la organización del trabajo humano. Ellos son: el
organigrama o jerarquía formal, el manual de organización, los niveles de autoridad y el manual
de procedimientos.
Tabla 2: Instrumentos útiles para la organización del trabajo humano
Organigrama Se Ie denomina también pirámide de
organización, ya que comúnmente adopta
esa forma. En él se representan
gráficamente tanto las distintas divisiones
con que cuenta la organización como la
relación jerárquica que existe dentro de
cada una de ellas, así como en el conjunto.
A través de él se puede conocer cuál es la
relación funcional de cada división con las
restantes y los conductos de comunicación
dentro de la organización.
Manual de organización Así como la pirámide u organigrama da a
conocer dónde está cada persona con
respecto a los demás, el manual de
organización nos da a conocer lo que ella
debe hacer. En este manual, debe
especificarse el conjunto de deberes y
responsabilidades de cada cargo, sus
atribuciones con respecto al personal que
depende de cada jefe, el orden en que
deben reemplazarse en casos de ausencia
temporal, etc.
Niveles de autoridad Se denomina así a un cuadro sinóptico en el
que se especifican las atribuciones o
facultades de cada división administrativa,
comité o grupo de personas que
desempeñan funciones similares en cada
materia.
Manual de procedimientos Así como la pirámide indica dónde está
cada miembro de la empresa y el manual
de organización, qué es lo que este debe
hacer; el manual de procedimientos da a
conocer cómo se debe desempeñar el
trabajo y cuál debe ser la secuencia de las
actividades para el logro de los objetivos.
Fuente: elaboración propia.
Es importante señalar que todos estos instrumentos de organización deben mantenerse
actualizados, de lo contrario, pierden validez. Para el trabajador social, el manual de
procedimientos puede ser un instrumento de gran utilidad que le permite informar y capacitar al
grupo de personas que conforman la organización, guiar su propio quehacer profesional,
aumentar la participación y disminuir las consultas de tipo informativo. Veamos un ejemplo de esta
aseveración:
Imaginemos que un trabajador social está colaborando en un centro comunitario
y necesita realizar una evaluación de casos, gestionar recursos o coordinar
actividades con otras instituciones. Sin un manual de procedimientos, podría
sentirse confundido acerca de los pasos a seguir, los requisitos necesarios o las
responsabilidades específicas. Sin embargo, si la organización cuenta con un
manual de procedimientos, el trabajador social puede consultar rápidamente las
pautas establecidas para cada tarea, asegurando que su trabajo sea consistente,
eficiente y alineado con las políticas del centro. Esto le permite ahorrar tiempo,
reducir errores y garantizar que las intervenciones sean éticas y efectivas.
Además, el manual le ayuda a entender claramente sus funciones y límites,
promoviendo una mejor coordinación con otros profesionales y facilitando la
rendición de cuentas. En resumen, el manual de procedimientos es una
herramienta clave que apoya al trabajador social en su labor diaria, permitiéndole
desempeñar su trabajo de manera más segura y profesional.
La dirección
Con razón, se considera que la dirección es un factor de mucha importancia para el
comportamiento de una organización y para la realización de un proyecto. Hay personas que
dirigen o son dirigentes, porque se entiende que tienen el poder para hacerlo, poder que les fue
otorgado. El poder y la influencia son conceptos estrechamente relacionados, pero no idénticos.
El poder se refiere a la capacidad de ejercer control o dominio sobre otros, mientras que la
influencia es la capacidad de persuadir o guiar a otros hacia un cierto comportamiento o decisión.
La función del dirigente o del encargado de un proyecto es influir o direccionar una acción para
lograr los objetivos. Las funciones básicas de la dirección son:
1. Conservar al grupo. Esto significa fomentar la unión, la participación y el compromiso con
el proyecto. El administrador del proyecto debe ser cercano y presente, aceptado por los
demás en cuanto a su dirección.
2. Tener claridad en los objetivos, tenerlos siempre presentes y recordar a los demás cuáles
son esos objetivos.
3. Facilitar la interacción del grupo, para lo cual la comunicación es un factor importantísimo.
¿Qué factores pueden influir en la manera de dirigir que tenga el administrador o encargado del
proyecto?
1. Su propio sistema de valores, la importancia que le atribuye al proyecto, la importancia
que le atribuye al propio desarrollo de su equipo de subordinados y a los beneficios y el
prestigio de la organización.
2. Su confianza en el equipo que compone el proyecto, su destreza técnica y el
compromiso con el proyecto.
3. Su sentimiento de seguridad, en especial, al enfrentar situaciones inesperadas o de
incertidumbre.
El administrador adecuado es aquel que tiene conciencia en todo momento de las fuerzas que
influyen sobre su conducta, se conoce a sí mismo, comprende a las personas y al grupo con que
está tratando, a la organización y al medio social más amplio en el que actúa. Al mismo tiempo, es
capaz de comportarse apropiadamente a la luz de esas percepciones. Si lo que se necesita es
dirección, es capaz de dirigir; si se requiere una considerable libertad de participación, puede
proporcionar esa libertad.
Revisemos un ejemplo:
Supongamos que un trabajador social lidera un proyecto para mejorar la integración de
jóvenes en una comunidad vulnerable. Su actuación debe ser siempre ética, empática y
participativa. Esto significa que debe escuchar activamente a los jóvenes, entender sus
necesidades y motivarlos a participar en las actividades del proyecto. En cuanto a la
dirección con sus subordinados (como otros profesionales, voluntarios o asistentes), lo
ideal es que adopte un estilo de liderazgo participativo y motivador. Esto implica tener
las siguientes cualidades.
Comunicación clara y abierta: explicar bien los objetivos del proyecto, las tareas de
cada uno y los plazos.
Fomentar la colaboración: escuchar ideas y sugerencias de su equipo, promoviendo
un ambiente de respeto y confianza.
Delegar responsabilidades: confiar en las capacidades de sus subordinados,
asignándoles tareas específicas y dándoles autonomía para cumplir con ellas.
Brindar apoyo y seguimiento: estar atento a las dificultades que puedan tener, ofrecer
orientación y reconocer los logros del equipo.
Ser un ejemplo: mostrar compromiso, ética y empatía en su propia conducta para
motivar a su equipo a seguir su ejemplo.
De esta manera, el trabajador social no solo asegura que el proyecto avance de manera
efectiva, sino que también fortalece el compromiso y la motivación de su equipo,
logrando un impacto positivo en la comunidad.
El control
Administrar un proyecto no solo tiene por finalidad ejecutar cada una de sus acciones o
actividades señaladas en procesos anteriores, sino también controlar hasta qué punto y en qué
forma están siendo logrados los objetivos. Llamamos control a un conjunto de actividades que se
emprenden para medir, examinar los resultados obtenidos en un periodo de tiempo determinado,
evaluarlos y, de esa manera, decidir las medidas correctivas necesarias. El control tiende a
solucionar divergencias, imperfecciones o distorsiones del proyecto. Estas distorsiones pueden
producirse por la propia estructura del proyecto o, más bien, por la interpretación inadecuada de
los objetivos y los mecanismos contemplados para la ejecución del proyecto.
Recordemos que no siempre el equipo que planifica un proyecto es el mismo que lo ejecuta o
implementa. Una de las principales fuentes de distancia entre lo proyectado y lo realizado
efectivamente son las circunstancias del entorno, que además pueden tener un comportamiento
no esperado.
Bunge (1972) plantea que el resultado final de un proyecto o programa pocas veces es
idéntico al objetivo inicial, ya que nunca disponemos del suficiente conocimiento como para
considerar todas las cosas, nunca poseemos la suficiente sabiduría para tomar las decisiones
perfectas, nunca tenemos la suficiente habilidad o los recursos para instrumentarlas al punto
de lograr la plena realización del objetivo.
Los errores en un proyecto se pueden calificar como equivocaciones u omisiones. Las
equivocaciones pueden ser de orden cuantitativo, no haber calculado el presupuesto que
realmente se necesita, no haber calculado la cantidad de participantes o de voluntarios, etc. Las
omisiones tienen que ver con no haber considerado datos importantes por simple olvido o de
manera deliberada, sin una estricta justificación. Por ejemplo, no haber avisado que la
organización comunitaria tenía vencida su personalidad jurídica, por lo cual no puede postular a
proyectos de financiamiento.
Veamos un ejemplo:
Imaginemos que un trabajador social está gestionando un programa de apoyo a
familias en situación de vulnerabilidad. Durante la planificación, omite revisar
ciertos antecedentes legales o sociales de algunas familias, pensando que no son
relevantes en ese momento. Sin embargo, después de comenzar las
intervenciones, se da cuenta de que algunas familias tienen antecedentes que
podrían afectar la forma en que se les debe brindar apoyo, como problemas
legales o de salud mental no considerados inicialmente. Este es un ejemplo de un
error de control por omisión, ya que no se consideraron ciertos aspectos
importantes en la evaluación inicial. Al enfrentarse a esta situación, el trabajador
social debe actuar con honestidad y responsabilidad. Lo ideal sería que
reconozca el error, informe a su equipo y a las familias afectadas y tome medidas
para corregir la situación, como realizar evaluaciones adicionales o ajustar las
intervenciones. Además, es importante que aprenda de la experiencia para
mejorar sus controles en futuras evaluaciones, asegurándose de revisar todos los
aspectos relevantes y no omitir detalles importantes. Este tipo de errores son
comunes y forman parte del proceso de aprendizaje, siempre que se aborden con
transparencia y compromiso por mejorar.
Como profesional del trabajo social, será parte de tu función asumir estos desafíos de
administración y ejecución con responsabilidad, garantizando que los recursos disponibles se
utilicen de manera eficiente y con sentido ético.
Tema 3. Trabajo multidisciplinario en la ejecución de proyectos
La colaboración con otros profesionales es crucial para la ejecución exitosa de proyectos sociales,
ya que diversifica la perspectiva, amplía las habilidades y conocimientos y permite una
implementación más efectiva y sostenible de las iniciativas.
La intervención interdisciplinaria en trabajo social es muy importante, porque permite abordar las
problemáticas sociales desde diferentes perspectivas y conocimientos especializados. Esto
enriquece el proceso de intervención, ya que combina habilidades y enfoques de distintas
disciplinas, como la psicología, la educación, la salud, la economía, entre otras. De esta manera,
se logra ofrecer una atención más integral y efectiva, adaptada a las necesidades complejas de
las personas o comunidades.
Veamos este ejemplo de intervención interdisciplinaria:
Imaginemos que intervenimos con una familia en situación de vulnerabilidad social. Esta
familia presenta múltiples necesidades: económicas, de salud, educativas y
emocionales. Para abordarlas de forma integral, no alcanza con una única perspectiva
profesional. Por eso, es clave el trabajo interdisciplinario.
En este caso, podríamos coordinar acciones con:
Un/a psicólogo/a que brinde acompañamiento emocional a los miembros de la
familia, especialmente, si hay situaciones de ansiedad, violencia o dificultades en
el vínculo.
Un/a profesional del área de salud que evalúe el acceso a controles médicos,
vacunas, tratamientos o condiciones sanitarias del entorno familiar.
Un/a docente u orientador/a educativo/a que detecte necesidades de apoyo
escolar en niñas, niños y adolescentes o facilite la reinserción educativa.
Un/a especialista en empleo o desarrollo comunitario que aporte herramientas
para la inclusión laboral o el acceso a programas sociales.
Como trabajadores sociales, nuestro rol será coordinar esta red, identificar los recursos
disponibles en el territorio y garantizar que la intervención sea coherente, respetuosa y centrada
en las personas. Esta forma de trabajo no solo mejora los resultados del proyecto, sino que
también favorece procesos de transformación más sostenibles y adaptados a la realidad de cada
familia. Estos profesionales trabajan en conjunto para ofrecer una atención integral que no solo
ayuda a resolver las dificultades inmediatas, sino que también promueve el bienestar a largo
plazo de la familia.
Este enfoque colaborativo garantiza que se aborden todos los aspectos relevantes, logrando un
impacto más profundo y duradero en la vida de las personas. Algunas ventajas del trabajo
colaborativo son las siguientes.
Diversidad de conocimientos
Al involucrar profesionales de diferentes áreas, se pueden abordar los problemas sociales desde
diferentes ángulos, lo que lleva a soluciones más completas y creativas. Por ejemplo, un
problema de ausentismo escolar puede ser abordado desde una perspectiva social con apoyo
pedagógico por un profesional de la educación para lograr nivelar a este estudiante.
Amplio alcance de habilidades
Una colaboración interprofesional permite combinar las fortalezas de cada miembro del equipo,
como la experiencia en gestión de proyectos, trabajo social, desarrollo comunitario,
comunicación, etc.
Mayor impacto
Al trabajar en conjunto, se pueden alcanzar mayores metas y generar un impacto más
significativo en la comunidad beneficiaria. Es posible que los beneficios del proyecto lleguen a
más personas, ya sea de forma directa o indirecta. Aunque no todos recibirán el beneficio
material, habrá grupos que les llamará la atención la intervención y estarán dispuestos a
participar en una próxima instancia de intervención.
Sostenibilidad
La colaboración interprofesional facilita la creación de redes de apoyo y el intercambio de
recursos, lo que contribuye a la sostenibilidad de los proyectos a largo plazo. Esto significa
establecer conexiones y relaciones con otras personas, grupos o instituciones que pueden
brindar ayuda, recursos y respaldo para futuras intervenciones o derivaciones.
Mejor gestión de recursos
Una colaboración efectiva permite optimizar el uso de recursos humanos, financieros y
materiales, lo que resulta en una mayor eficiencia en la ejecución del proyecto.
Fomento del aprendizaje
La colaboración interprofesional promueve el intercambio de conocimientos y experiencias, lo
que contribuye al aprendizaje continuo de todos los involucrados.
Aumenta la legitimidad y confianza
Cuando se involucra a profesionales de diferentes áreas, se genera una mayor confianza en el
proyecto y en sus resultados, lo que facilita la participación de la comunidad y la búsqueda de
financiamiento.
Los grupos multidisciplinarios deben transformarse en buenos equipos de trabajo. No debe existir
una competencia interna entre sus miembros, sino una constante colaboración con la finalidad de
entregar un buen servicio a sus usuarios en pos de la transformación de las realidades y la mejora
en la calidad de vida de personas, grupos y comunidades.
¿Cuáles pueden ser las claves para un buen trabajo en equipo?
Tabla 3: Claves para un buen trabajo en equipo
Clara noción de las Unión del equipo, es decir, Compromiso del equipo al
responsabilidades/funciones “que sepan conformar un “dejar en claro que todos y
de cada miembro del equipo. equipo de alto rendimiento cada uno de sus miembros
capaz de identificar sus deben cumplir en tiempo y
debilidades y, con ellas, forma con la realización de
impulsar sus fortalezas” su trabajo” (Media Source,
(Media Source, 2025, 2025,
[Link] [Link]
“Motivación es una parte Objetivos delimitados. Diversidad. La pluralidad de
esencial en el proceso de “Con su identificación ideas entre los miembros
integración de los miembros resulta más sencillo participantes del proyecto
del equipo de alto alcanzar y obtener los “posibilita la unión y la
rendimiento, porque resultados deseados” adecuada ejecución de las
aumenta la productividad” (Media Source, 2025, metas a desarrollar”
(Media Source, 2025, [Link] (Media Source, 2025,
[Link] el [Link]
compromiso organizacional.
Fuente: elaboración propia con base en Media Source, 2025.
Como profesionales en trabajo social, nos desempeñaremos en equipos donde será fundamental
construir vínculos de colaboración, evitar rivalidades entre disciplinas y priorizar el bienestar de las
personas o comunidades destinatarias. Aprender a trabajar en equipo, con objetivos comunes y
roles bien definidos, será una de nuestras principales herramientas para intervenir de forma ética,
eficaz y transformadora.
Tema 4. Sistematización de la ejecución
Como futuros/as profesionales en trabajo social, la sistematización es una herramienta que
debemos incorporar a la práctica cotidiana. Se trata de un proceso reflexivo y organizado que
consiste en recopilar, analizar y ordenar de manera estructurada la información, experiencias,
conocimientos y aprendizajes adquiridos durante la ejecución de un proyecto, intervención o
actividad. Su objetivo principal es comprender en profundidad lo que se hizo, cómo se hizo, qué
resultados se obtuvieron y qué aprendizajes se pueden extraer para mejorar futuras acciones.
Este proceso permite identificar buenas prácticas, detectar dificultades, valorar los logros y
generar conocimientos que contribuyan al desarrollo profesional y a la mejora continua de las
intervenciones. La sistematización no solo se trata de recopilar datos, sino de reflexionar
críticamente sobre ellos, contextualizarlos y transformarlos en conocimientos útiles para la toma
de decisiones y la planificación de nuevas acciones.
La sistematización es una herramienta fundamental en el trabajo social y en otros campos, ya
que promueve la reflexión, el aprendizaje y la innovación, asegurando que las experiencias
pasadas sirvan como base para construir mejores prácticas en el futuro.
¿Cuál es la diferencia entre la sistematización realizada durante la ejecución de un
proyecto y la que se realiza al momento de evaluar?
La diferencia entre la sistematización en la ejecución y la sistematización en la evaluación radica
en su enfoque y momento. La sistematización en la ejecución se centra en la reflexión continua
sobre el proceso mientras este ocurre, buscando identificar oportunidades de mejora y ajustando
las estrategias. La sistematización en la evaluación, por otro lado, se realiza al finalizar el proceso
o ciclo, con el objetivo de extraer aprendizajes, analizar resultados y reformular las iniciativas para
el futuro.
En la etapa de ejecución, la sistematización se caracteriza por:
Identificar problemas y oportunidades de mejora en tiempo real, mientras se desarrolla la
intervención.
Ajustar estrategias y acciones para lograr los objetivos del proyecto con mayor eficacia.
Promover una reflexión continua desde las experiencias de los/as usuarios/as, del equipo y
del/la profesional a cargo.
Figura 2: Sistematización en la ejecución
Fuente: elaboración propia.
Para lograr lo anterior, es indispensable que el profesional lleve un registro lo más detallado
posible de sus intervenciones. El registro profesional es una técnica clave en el trabajo social.
Como futuros profesionales, representa una herramienta indispensable para dejar constancia de
cada intervención, dar seguimiento a los casos y garantizar la coherencia del proceso, incluso si
el acompañamiento es retomado por otro/a colega.
Permite documentar, analizar y mejorar la intervención profesional, contribuyendo a la
construcción de un conocimiento basado en la experiencia práctica.
A continuación, presentamos un ejemplo de cómo se puede aplicar la sistematización durante la
ejecución de un proyecto:
Durante varias semanas, María, la trabajadora social del centro comunitario, se dedicó
a atender a las personas que llegaban en busca de ayuda. Cada día, recibía a
diferentes usuarios con historias y necesidades muy variadas. Por ejemplo, una tarde,
conoció a Juan, un joven desempleado que buscaba orientación para encontrar un
trabajo y también necesitaba apoyo para gestionar su situación de vivienda. María lo
escuchó con atención, le brindó información sobre programas de empleo y le ayudó a
completar algunos formularios.
En otra ocasión, atendió a doña Rosa, una mujer mayor que tenía dificultades para
entender sus derechos sociales y necesitaba ayuda para acceder a un subsidio. María
le explicó pacientemente el proceso, le entregó folletos y la acompañó en los pasos a
seguir. En cada encuentro, ella se esforzaba por crear un espacio de confianza, donde
las personas se sintieran cómodas para expresar sus inquietudes.
A lo largo de estas semanas, María registraba cada caso, sus avances y las dificultades
que enfrentaban. Notó que muchas personas tenían necesidades similares, pero
también que cada historia era única y requería una atención personalizada. Gracias a
su trabajo constante, logró derivar a algunos usuarios a otros servicios especializados,
como asesoría legal o atención psicológica, para brindarles un apoyo más completo.
Al final de la etapa de ejecución, María reflexionó sobre lo aprendido: la importancia de
escuchar con paciencia, de adaptar su atención a cada persona y de mantener un
registro claro de cada intervención. Gracias a esta experiencia, se sintió más segura y
preparada para seguir ayudando a la comunidad, sabiendo que cada pequeño paso que
daba contribuía a mejorar la vida de quienes acudían a ella.
Este ejemplo muestra cómo, al registrar y reflexionar sobre su práctica, María pudo
mejorar su intervención, adaptar estrategias y construir aprendizajes valiosos. De la
misma manera, debemos desarrollar desde ahora el hábito de observar críticamente
nuestro trabajo y documentarlo con responsabilidad.
Este registro no solo sirve como evidencia de su trabajo, sino que también permite hacer un
seguimiento, evaluar la efectividad de las acciones y facilitar la continuidad del proceso en futuras
sesiones o con otros profesionales. Es una práctica fundamental para garantizar la calidad, la
transparencia y la profesionalidad en su labor.
Antes de avanzar, resuelve las siguientes actividades:
Tema 1. Proceso de ejecución de la intervención social
Camila está implementando un proyecto de fortalecimiento comunitario en una población urbana
con alta deserción escolar. A pesar de que la planificación había sido aprobada por la institución y
se contaba con recursos asignados, en la primera semana de ejecución se encontró con varios
desafíos: baja asistencia a las actividades, conflictos entre vecinos y problemas logísticos con el
espacio físico.
Camila decide modificar algunos talleres, reforzar la convocatoria con líderes barriales y ajustar
los horarios para adaptarse mejor a la rutina de la comunidad.
¿Qué aspectos de la ejecución está aplicando Camila según lo
aprendido en el módulo?
Está diagnosticando nuevamente la situación y reformulando el proyecto.
Está haciendo monitoreo y adaptando la intervención a las condiciones del territorio.
Está evaluando el impacto final del proyecto y midiendo los resultados.
Está abandonando la planificación original para implementar un nuevo diseño de la intervención.
Justificación
Tema 2. Ejecución de proyectos sociales y administración
Pedro está a cargo de coordinar un proyecto de acompañamiento a personas en situación de
calle. Durante el primer mes de ejecución, realiza entrevistas, organiza recorridos nocturnos y
participa en la entrega de insumos. Además, se encarga de rendir los gastos ante la institución,
registrar cada intervención en una planilla digital y elaborar un informe semanal para el equipo
directivo.
¿Qué función está cumpliendo Pedro cuando realiza el registro de
intervenciones y la rendición de recursos?
Está desarrollando su rol operativo como trabajador social.
Está aplicando principios éticos en la intervención directa.
Está cumpliendo funciones de administración dentro del proyecto.
Está evaluando los impactos del proyecto en la población objetivo.
Justificación
Tema 3. Trabajo multidisciplinario en la ejecución de proyectos
Un equipo de profesionales está ejecutando un proyecto de intervención con familias en situación
de vulnerabilidad en un barrio periférico. El equipo está conformado por una profesional en trabajo
social, un psicólogo, una enfermera comunitaria y una orientadora familiar.
Jennifer, la profesional en trabajo social, detecta que una familia necesita apoyo emocional,
seguimiento de salud y acompañamiento en temas de crianza. En lugar de intentar resolver todo
sola, convoca al equipo y coordina las acciones específicas de cada profesional, respetando sus
roles.
¿Qué tipo de enfoque está aplicando Jennifer en esta situación?
Un enfoque territorial basado en recursos comunitarios.
Una intervención directa centrada en la entrega de beneficios.
Un enfoque disciplinar que busca priorizar el trabajo social por sobre otras áreas.
Un enfoque de trabajo colaborativo e interdisciplinario.
Justificación
Tema 4. Sistematización de la ejecución
Durante la implementación de un proyecto de inserción laboral en jóvenes, Javiera, profesional en
trabajo social, comienza a registrar observaciones semanales sobre la participación, dificultades y
respuestas de los beneficiarios. Nota que varios jóvenes tienen barreras tecnológicas que afectan
su asistencia a talleres virtuales, por lo que propone al equipo readecuar parte del programa para
incorporar módulos presenciales. Al finalizar la primera etapa, reflexiona sobre los ajustes hechos
y los aprendizajes obtenidos, dejando constancia de todo en un informe interno.
¿Qué función de la sistematización está cumpliendo Javiera en
esta etapa?
Está elaborando un informe de evaluación del impacto social del proyecto.
Está generando evidencia para justificar la continuidad del proyecto ante financiadores.
Está sistematizando durante la ejecución para ajustar estrategias en tiempo real.
Está realizando un diagnóstico inicial para definir las líneas de acción del proyecto.
Justificación
Unidad 2. Evaluación en la intervención social
Tema 1. Proceso de evaluación en la intervención social
En el trabajo social, la evaluación forma parte fundamental de todo proceso de intervención.
Aunque muchas veces se la asocia con la etapa final del ciclo metodológico, en la práctica
evaluamos desde el primer momento en que conocemos una situación social, y lo seguimos
haciendo durante todo el proceso. Evaluar significa observar, comprender lo que ocurre, tomar
decisiones y reflexionar críticamente sobre lo que hacemos y por qué lo hacemos.
Ante esto, la evaluación continua siempre será mucho más rica que una evaluación puntual, sobre
todo, si tenemos en cuenta que en trabajo social trabajamos con procesos de cambios continuos.
En vez de evaluar solo al final, como si fuera un cierre, se espera que desarrollemos una
evaluación continua. Esto significa evaluar a medida que implementamos el proyecto. Así,
podremos ajustar lo que sea necesario y mejorar la intervención en tiempo real, algo muy
relevante cuando trabajamos con realidades cambiantes y urgencias sociales.
En esta misma línea, la evaluación continua busca otorgar una valoración acerca de lo que se ha
realizado. Se puede llevar a cabo desde una perspectiva netamente cualitativa o cuantitativa, así
como integrando ambos enfoques.
El proceso evaluativo consiste en conocer, comprender y formular hipótesis. Está presente
desde el primer contacto con el usuario y dura hasta el final. Esta misma autora también
plantea que el trabajador social desarrolla este proceso casi automática y espontáneamente,
evaluando cada situación de manera intuitiva e inconsciente. Por esto, es necesario que la
acción evaluativa del trabajador social se encamine hacia una mayor profesionalización y se
realice de manera consciente.
Aprender a evaluar es indispensable para controlar el proceso de acción que se lleva a cabo con
el usuario, a saber: definir los cambios que se quieren lograr, descubrir las fuerzas dinámicas y los
frenos, elegir los tipos de intervención que permitan lograr el proyecto de cambio y, después de la
acción, medir el camino recorrido.
En esta línea, Aylwin de Barros et al. (1976) refieren que la evaluación en el trabajo social aún no
ha alcanzado el desarrollo que requiere. Normalmente, los trabajadores sociales ejecutan y llegan
a conclusiones muy generales, que no pasan de ser impresiones subjetivas de los resultados de
la acción.
Es necesario considerar el proceso de evaluación como una acción social planificada, que permita
medir los resultados obtenidos en la acción social realizada, principalmente, en relación con los
objetivos planteados previamente. Es primordial comprender que el término evaluación es
elástico, tiene usos diferentes y designa un conjunto de actividades.
Por lo tanto, una vez ejecutado el proyecto, corresponde determinar en qué medida los resultados
obtenidos coinciden con los resultados esperados, es decir, medir el grado de éxito o fracaso
alcanzado por la intervención del proyecto.
En términos generales, para evaluar un proyecto social se debe considerar el desempeño del
proyecto. Esto tiene dos objetivos: en primer lugar, conocer si lo que se ha realizado responde a
una adecuada lectura de la realidad social manifestada en el diagnóstico; en segundo lugar,
valorar si los procedimientos definidos han sido útiles y adecuados para el logro de los objetivos
establecidos.
¿Qué debemos evaluar?
Figura 3: Proceso de evaluación
Fuente: elaboración propia.
¿El proyecto abordó las necesidades y realidades de la población objetivo?
Al momento de evaluar un proyecto de intervención social, es importante que nos preguntemos:
¿El proyecto logra los objetivos y resultados previstos? ¿En qué grado logra los objetivos?
¿El proyecto puede continuar operando a largo plazo después de la intervención inicial?
¿El proyecto utilizó indicadores adecuados de desempeño para medir el progreso y evaluar
si se están logrando los objetivos?
¿Las actividades implementadas fueron las adecuadas y pertinentes en esa realidad?
¿Respondieron de manera acertada a los objetivos?
¿El proyecto, en su planificación, incorporó las técnicas y herramientas apropiadas?
¿El proyecto cumplió con los plazos y fechas establecidas?
¿El proyecto fue realizado con los recursos dispuestos, hubo una buena utilización de los
mismos?
¿El proyecto involucra a la población objetivo en el proceso de evaluación para garantizar
que sea relevante y pertinente?
La importancia de la evaluación de proyectos/intervenciones sociales se sintetiza en los
elementos de la tabla a continuación.
Tabla 4: Importancia de la evaluación de proyectos sociales
Mejorar las decisiones sobre la asignación de recursos para maximizar el impacto social de
la intervención y minimizar los costos a través de la reducción de errores e incertidumbre.
Identificar oportunidades para mejorar la efectividad del proyecto.
Exponer el impacto que un proyecto, y solo este proyecto, tiene.
Identificar resultados y consecuencias no deseadas.
Proveer responsabilidad por las inversiones.
Analizar la sostenibilidad de los resultados del proyecto.
Contribuir al aprendizaje de la organización sobre el problema y el proceso.
Fuente: elaboración propia con base en Gertler et al., 2006.
La evaluación permitirá justificar nuestras decisiones frente a equipos profesionales, instituciones
públicas, organizaciones comunitarias o, incluso, cuando nos postulemos a fondos concursables.
Evaluar también es una forma de dar cuenta de nuestro trabajo, aprender y mejorar cada
intervención para que sea realmente significativa en la vida de las personas.
Tema 2. Distintos enfoques metodológicos en la evaluación
En trabajo social, existen diferentes formas de evaluar una intervención. Cada enfoque tiene
herramientas y técnicas específicas que podemos usar, dependiendo del objetivo del proyecto, del
tipo de población con la que trabajemos y el tipo de información que necesitamos obtener. Por
eso, es importante conocer los enfoques metodológicos más utilizados, como el cualitativo, el
cuantitativo y el enfoque mixto, que se adaptan a las características específicas del proyecto y sus
objetivos. A continuación, repasemos en qué consiste cada uno de ellos:
Enfoque cualitativo
Busca comprender en profundidad las experiencias de las personas. Usa herramientas como
entrevistas, grupos de conversación y observación participativa, entre otras. Por ejemplo, si
queremos saber cómo vivieron las mujeres de una comunidad una intervención sobre prevención
de violencia, podríamos entrevistarlas y analizar sus relatos.
Enfoque cuantitativo
Mide resultados a través de datos numéricos. Utiliza encuestas, formularios o estadísticas. Por
ejemplo, si queremos saber cuántas personas participaron en un programa de alfabetización y
cuántas mejoraron su nivel de lectura, usaremos este enfoque.
Enfoque mixto
Combina ambos tipos. Es útil cuando necesitamos entender el cuánto y el cómo. Por ejemplo,
podemos aplicar una encuesta para conocer resultados generales y, al mismo tiempo, hacer
entrevistas para entender por qué algunas personas abandonaron el programa.
Los métodos más comunes incluyen la observación, la entrevista, la encuesta, grupos de
discusión, la investigación-acción participativa y la evaluación de impacto.
Fundamentalmente, lo que se debe evaluar de un proyecto es: el diseño, el seguimiento y los
resultados o el impacto.
1. El diseño del proyecto: ¿cómo fue pensado y planificado?
2. El seguimiento: ¿cómo se monitoreó su implementación?
3. Los resultados o impacto: ¿qué efectos tuvo en la comunidad?
En la siguiente tabla, se detallan algunos puntos clave a considerar para evaluar cada dimensión.
Tabla 5: Dimensiones y condiciones
Dimensiones Condiciones
Diseño • “Asegurar una correcta definición del
problema y de la población objetivo.
• Asegurar que los interesados tienen una
idea clara y unificada sobre el proyecto.
• Evaluar la efectividad probable del
proyecto a través de asegurar que las
causas han sido . . . [identificadas e
incorporadas] en la hipótesis y teoría de
cambio.
• Confirmar que es posible lograr los
objetivos, y, por ende, el diseño es
apropiado.
• Desarrollar un marco para el seguimiento,
la evaluación de implementación, y el
reporte, el cual será utilizado durante la
implementación del proyecto.
• Identificar los resultados esperados para
la supervisión de ellos durante el
seguimiento y análisis del proceso” (García
Acuña y Rice, 2021, p. 22).
Seguimiento • “Identificar los aspectos críticos para
observar en las actividades, los resultados
intermedios, los supuestos de
implementación, los resultados finales, y el
objetivo del proyecto.
• Evaluar el tiempo adecuado para realizar
la observación y evaluación de la
implementación del proyecto.
• Usar los datos y la teoría para
fundamentar cómo mejorar el proyecto”
(García Acuña y Rice, 2021, p. 22).
Resultado/impacto • “Demostrar la efectividad de la
implementación del proyecto en los
resultados alcanzados.
.• Demostrar que el proyecto
efectivamente causó los resultados (esto
es, que no solo están asociados, sino que
existe una causalidad).
• Determinar cuáles cambios en el diseño
pueden mejorar la efectividad del proyecto.
• Identificar lo que han aprendido sobre el
problema en general: cuáles factores son
los que impactan en el éxito, la validez de
los supuestos, cuáles son los resultados no
deseados, y si existen o no modificaciones
probables a la hipótesis o teoría de
cambio” (García Acuña y Rice, 2021, p. 22).
Fuente: elaboración propia con base en García Acuña y Rice, 2021.
Para que resulte más claro cómo aplicar estas dimensiones en un caso real, revisemos el
siguiente ejemplo:
1. Diseño del proyecto: se planificó un programa para mejorar la alfabetización en una
comunidad vulnerable. El diseño incluyó objetivos claros, actividades específicas, como
talleres de lectura y escritura, y recursos necesarios. La planificación consideró la
participación de la comunidad y la colaboración con instituciones educativas.
2. Seguimiento del proyecto: durante la implementación, se realizaron reuniones periódicas
con los facilitadores y participantes para monitorear el avance. Se registraron las
asistencias, el progreso en las habilidades de lectura y escritura y se ajustaron las
actividades según las necesidades detectadas.
3. Resultados/impacto del proyecto: al finalizar, se observó que el 70 % de los participantes
mejoraron su nivel de alfabetización. Además, se reportó un aumento en la autoestima y en
la participación comunitaria. Estos resultados indican que el proyecto fue efectivo y tuvo un
impacto positivo en la comunidad.
En ese caso, se pueden utilizar diversas herramientas de evaluación, como las siguientes.
Evaluaciones pre y posintervención: se aplican pruebas de lectura y escritura antes y
después del programa para medir el nivel de alfabetización de los participantes y detectar
mejoras concretas.
Cuestionarios y encuestas: se utilizan para recopilar información sobre la autoestima,
motivación y participación comunitaria, permitiendo evaluar cambios en aspectos
emocionales y sociales.
Observación directa: los facilitadores o evaluadores observan las actividades y el
comportamiento de los participantes durante las sesiones para identificar avances en
habilidades y actitudes.
Entrevistas individuales o grupales: se realizan para obtener testimonios y percepciones
de los participantes sobre su proceso de aprendizaje y los beneficios percibidos.
Registro de asistencia y participación: llevar un control de la asistencia y participación en
las actividades ayuda a correlacionar el compromiso con los resultados obtenidos.
Indicadores de impacto comunitario: se pueden usar indicadores, como la participación
en actividades comunitarias, mejoras en la comunicación o en la integración social, para
evaluar el impacto más amplio del programa.
Todas estas herramientas permiten recoger información valiosa para mejorar futuras
intervenciones y tomar decisiones informadas. Estas técnicas y herramientas permiten obtener
una visión integral del avance y los resultados del programa, facilitando ajustes y mejoras
continuas.
Tema 3. Criterios de evaluación y medición del impacto
Al momento de evaluar un proyecto social, es importante considerar criterios concretos que nos
ayuden a identificar si la intervención fue eficaz, pertinente, viable y coherente con el rol
profesional del trabajo social. Estos criterios permiten valorar tanto los resultados obtenidos
como la forma en que se trabajó para lograrlos.
A continuación, se detallan los criterios para la evaluación.
1. Eficiencia y eficacia
Eficiencia: se refiere a lograr los objetivos del proyecto con un uso adecuado de los recursos
disponibles (tiempo, dinero, personas). Por ejemplo, si un proyecto tiene como meta realizar 10
talleres con un presupuesto determinado, se considera eficiente si logra cumplirlo sin sobrepasar
los recursos previstos.
Eficacia: es la capacidad de alcanzar los resultados previstos. Un proyecto es eficaz si logra
generar el impacto deseado en la población objetivo. Por ejemplo, si el objetivo era aumentar la
asistencia escolar de niños en situación de vulnerabilidad y, efectivamente, se logra, entonces es
eficaz.
La tarea inicial de la investigación evaluativa se centra en la formulación clara de metas u
objetivos que puedan servir como base para determinar el éxito relativo del programa. Los
objetivos que implican logros materiales concretos no presentan dificultades al momento de
evaluar. Por ejemplo: construcción de una sede social para la población Los Alerces en un
período determinado de tiempo con cierta cantidad de recursos y de ciertas dimensiones. El
objetivo se habrá logrado con éxito si, al cabo de ese tiempo, la sede social está construida con
las dimensiones previstas. Obviamente, en este caso, la especificación del éxito en el logro del
objetivo resulta bastante fácil.
La situación se torna difícil cuando lo que se pretende lograr son cambios de conducta en
individuos o grupos. No existe en tales casos ningún conjunto de principios que orienten en la
formulación o especificación de qué se considerará éxito. Surge aquí como fundamental la
imaginación creadora del trabajador social. En la tarea de evaluación, es fundamental
preguntarse qué es lo que se desea lograr específicamente, ya sea en términos de algo a
producir o a cambiar. Lo esencial de un programa o proyecto social es producir algún tipo de
cambio.
En el módulo anterior, con respecto a la planificación, se señaló que el proyecto era la unidad
elemental. Se dijo, además, que este debe incluir los objetivos, actividades, técnicas, recursos,
plazos, población, responsables, etc. Estos aspectos también se deben considerar en la
evaluación.
En relación con los objetivos, la etapa de evaluación supone previamente lo siguiente:
Haber definido los objetivos deseados.
Haber definido y analizado el problema a enfrentar (diagnóstico del problema o diagnóstico
específico).
Haber definido alternativas de solución de acuerdo con ciertos criterios.
Haber programado y desarrollado la alternativa óptima.
Haber ejecutado el proyecto.
Luego de estos pasos, se realiza la evaluación de objetivos. En ella, se analizan los objetivos
planteados en la etapa anterior, los resultados obtenidos y la relación entre ambos. La
investigación evaluativa comienza con la afirmación de una relación causal hipotetizada entre
algún programa o actividad (variable independiente) y algún efecto deseado (variable
dependiente). Esta afirmación es absolutamente válida desde el punto de vista del trabajo social.
De acuerdo con el conocimiento obtenido en una situación concreta, suponemos que la
intervención X producirá un efecto Z. Por ejemplo, podemos suponer que la intervención realizada
en un caso de vulnerabilidad de derechos de un menor producirá una protección de los derechos
de ese menor.
En evaluación social, muchas veces queremos comprobar que una acción concreta (intervención
X) produjo un resultado deseado (efecto Z). Por ejemplo, si se implementó un proyecto para
proteger los derechos de niños y niñas vulnerados, se espera que la intervención haya generado
mayor protección. Evaluar implica demostrar que ese cambio ocurrió y que fue resultado directo
del proyecto, no de otras variables externas.
2. Pertinencia
Debemos evaluar si la intervención fue adecuada para la realidad social y cultural del grupo o
comunidad con la que trabajamos, es decir, si las acciones planificadas respondieron realmente a
sus necesidades, intereses y características.
La pertinencia en trabajo social refiere a la congruencia, relevancia y adecuación de una acción o
intervención en relación con un contexto social específico y sus necesidades. En otras palabras,
se trata de asegurarse de que las estrategias y acciones del trabajador social sean apropiadas y
útiles para alcanzar los objetivos propuestos, teniendo en cuenta las particularidades de cada
situación.
Supongamos que un trabajador social está implementando un programa de apoyo
psicológico y educativo para niños en situación de vulnerabilidad en una comunidad
específica. Durante la fase de ejecución, el equipo de trabajo social realiza reuniones
periódicas con los líderes comunitarios y las familias para asegurarse de que las
actividades se ajusten a las necesidades reales de los niños y sus contextos. Además,
adaptan las actividades de los talleres de acuerdo con las características culturales,
intereses y niveles de alfabetización de los participantes. Si en las primeras sesiones se
observa que los niños muestran mayor interés en actividades lúdicas relacionadas con su
cultura local, el equipo incorpora juegos tradicionales y cuentos autóctonos en el
programa. Esto garantiza que las intervenciones sean relevantes y significativas para la
comunidad, promoviendo una mayor participación y un impacto positivo real.
Este enfoque demuestra la pertinencia del trabajo social, ya que las acciones se ajustan
continuamente a las necesidades, contextos y características específicas de la comunidad,
asegurando que el proyecto sea efectivo y respetuoso con su realidad.
3. Viabilidad y sostenibilidad
Un proyecto se considera viable si puede ponerse en marcha con los recursos disponibles y
es sostenible si puede mantenerse en el tiempo, incluso después de que termine el
financiamiento inicial.
Supongamos que se implementa un proyecto para capacitar a jóvenes en habilidades laborales
en una comunidad vulnerable. Para que sea considerado viable y sostenible, el proyecto debe
contar con recursos adecuados, como financiamiento, personal capacitado y apoyo de la
comunidad. Además, debe incluir mecanismos para que los jóvenes puedan seguir usando esas
habilidades después de que finalice la capacitación, por ejemplo, creando una cooperativa o un
espacio de emprendimiento local. Si, tras la evaluación, se determina que el proyecto tiene un
modelo de financiamiento propio (como la generación de ingresos a través de las ventas de
productos elaborados por los jóvenes), que cuenta con el respaldo de la comunidad y que las
habilidades adquiridas son relevantes y demandadas en el mercado local, entonces se puede
decir que el proyecto es viable y sostenible en el tiempo.
4. Habilidades profesionales
En la ejecución de un proyecto, se deben evaluar tanto habilidades blandas (soft skills) como
habilidades técnicas (hard skills). Las habilidades blandas son el trabajo en equipo, la
comunicación, la adaptación, la resolución de problemas y la gestión del tiempo. Las habilidades
técnicas son las específicas del proyecto, como conocimientos en programación, diseño o gestión
de proyectos. Además, debemos considerar la utilización de técnicas propias del quehacer
profesional que demuestren un dominio y manejo de las mismas.
Las habilidades profesionales en los procesos de intervención del trabajo social refieren a la
capacidad del trabajador social para aplicar sus conocimientos, habilidades y valores de manera
ética y efectiva en su práctica profesional. Este criterio implica la capacidad de tomar decisiones
fundamentadas, basadas en la teoría y la evidencia, así como la habilidad para reflexionar
críticamente sobre la propia práctica.
Esta reflexión que el profesional debe realizar de su propio desempeño en la intervención está
dirigida a mejorar la intervención que ha realizado o que está llevando a cabo, ya sea con una
familia, un individuo, un grupo de personas o una comunidad o colectivo. Profundizar en la propia
práctica es una parte integral de todo el proceso evaluativo que no se debe dejar de lado. Este
ejercicio de reflexión operará como una influencia en los procesos de intervención futuros.
Figura 4: Criterios de evaluación y medición de impacto
Fuente: elaboración propia.
En relación con lo anteriormente expuesto, se hace fundamental que toda esta información
analizada y, en particular, los resultados de esta reflexión, ofrezcan la oportunidad de
acumular conocimiento y cuerpo teórico. Para esto, a continuación revisaremos el proceso de
sistematización.
Tema 4. Sistematización en la evaluación
La sistematización es una herramienta que permite ordenar, analizar y aprender de la propia
experiencia profesional. En el contexto de la evaluación, sistematizar significa mirar hacia atrás lo
que se hizo en un proyecto o intervención, identificar qué resultó, qué dificultades surgieron y qué
aprendizajes se pueden aplicar en el futuro. Este proceso no es solo técnico, sino también
reflexivo y profundamente ligado a la formación ética como trabajador/a social. Permite
documentar, interpretar y aprender de la experiencia para mejorar la intervención social,
promoviendo la generación de conocimiento y la construcción de una identidad profesional más
robusta.
Aun así, la sistematización no se ha convertido en una práctica bien entendida, ni menos
incorporada en el quehacer de los profesionales como un ejercicio cotidiano, situación que hace
dudar sobre la real valoración que tiene este proceso para los trabajadores sociales en la
actualidad.
Diversos autores han definido la sistematización como un proceso de reflexión crítica y ordenada
sobre lo vivido durante una intervención. Revisaremos algunos de sus planteos respecto de lo que
se entiende por sistematización.
La sistematización puede ser definida como un proceso de generación de conocimientos a
partir del análisis y reflexión realizada desde la propia práctica.
La sistematización es “un proceso de reflexión que pretende ordenar u organizar lo que ha
sido la marcha, los procesos, los resultados de un proyecto, buscando en tal dinámica las
dimensiones que pueden explicar el curso que asumió el trabajo realizado” (Ramos como se
citó en Leonard Rodríguez, 2015, p. 109).
Complementariamente, se plantea que “se trata de un proceso participativo de reflexión
crítica de lo sucedido en una experiencia y sus resultados, realizado fundamentalmente por
sus actores directos para explicar por qué se obtuvieron esos resultados y extraer lecciones
que permitan mejorarlos” (Ayerve Cevallos et al., 2017, [Link]
Lo que hemos podido ver con estas definiciones son dos conceptos que se conjugan, práctica y
reflexión. Ante esto, varios autores hablan sobre práctica reflexiva, elementos que constituyen la
sistematización. En todos los casos, el objetivo es transformar la experiencia en aprendizaje útil
para el futuro.
Figura 5: Práctica y reflexión
Fuente: elaboración propia.
La sistematización implica combinar lo que hicimos (la acción) con lo que aprendimos o
comprendimos al hacerlo (la reflexión). Cada dimensión se nutre de lo que proporciona la otra.
Esta práctica reflexiva permite reconocer los aciertos, los errores y pensar en cómo mejorar la
forma de intervenir. En el trabajo social, esto es clave, porque las situaciones cambian y nuestro
rol requiere adaptarnos constantemente con criterio profesional.
Por tanto, debemos señalar que la práctica genera nuevos conocimientos, situando a la
experiencia práctica del trabajador social en el centro de toda transformación que se dirija a la
creación de nuevas representaciones, interacciones y restructuraciones de la manera de pensar y
actuar conocida hasta ese momento. Con lo anterior, se refuerza la idea de que la práctica
cotidiana del profesional es un espacio de aprendizaje y de conocimiento. La sistematización
rompe los límites del relato oral y descriptivo, que muchas veces está lleno de anécdotas y
detalles; por el contrario, permite transitar hacia un conocimiento y aprendizaje estructurado, que
necesitan ser valorados con la particularidad que presenta el mundo social para poder
transmitirse.
Figura 6: Práctica cotidiana del profesional
Fuente: elaboración propia.
Veamos un ejemplo de lo que se obtiene al sistematizar una práctica y, en contrapartida, lo que se
pierde al no realizarla.
Al sistematizar la práctica, se logra identificar qué estrategias funcionan, cuáles
no y por qué. Esto ayuda a mejorar futuras intervenciones, compartir
conocimientos con otros profesionales y fortalecer la propia experiencia. Por
ejemplo, si un trabajador social realiza una intervención en una comunidad y, al
sistematizar, descubre que las actividades participativas lograron mayor
compromiso, puede replicar esa estrategia en otros proyectos. Además, se
generan aprendizajes que enriquecen la práctica profesional y contribuyen al
desarrollo del trabajo social como disciplina. Si no se sistematiza la práctica, se
corre el riesgo de olvidar las lecciones aprendidas, repetir errores y no
aprovechar las experiencias para mejorar. Sin un análisis reflexivo, las
intervenciones pueden ser menos efectivas y el conocimiento acumulado en la
comunidad o en la organización puede perderse. Además, se dificulta la
formación de nuevos profesionales, ya que no hay registros claros de qué
metodologías o enfoques han sido exitosos o desafiantes.
Entonces, ¿qué pasa si sistematizamos la intervención?
Identificamos qué estrategias funcionaron y cuáles no.
Mejoramos futuras acciones.
Compartimos aprendizajes con nuestro equipo o con otros/as profesionales.
Fortalecemos nuestra identidad como técnicos/as en trabajo social.
¿Qué pasa si no sistematizamos la intervención?
Repetimos errores que podríamos haber evitado.
Perdemos oportunidades de mejora.
No dejamos registro para nuevas generaciones o equipos.
Limitamos nuestro desarrollo profesional.
En resumen, sistematizar no es un trámite ni un requisito académico: es una herramienta clave
para crecer como profesionales, mejorar nuestra práctica y aportar a una intervención social más
ética, eficaz y transformadora. Como técnico/as en trabajo social en Chile, contar con esta
capacidad nos permitirá actuar con mayor claridad, reflexionar sobre lo que hacemos y construir
intervenciones basadas en la experiencia real.
Antes de avanzar, resuelve las siguientes actividades:
Tema 1. Proceso de evaluación en la intervención social
Caso práctico
Durante una intervención con un grupo de mujeres emprendedoras, el equipo de trabajo social
aplicó una serie de talleres para fortalecer la autonomía económica y el liderazgo comunitario. A
medida que avanzaban las sesiones, Ana, profesional en trabajo social, observaba cambios en la
participación de las usuarias: algunas tomaban más iniciativa, otras generaban redes de apoyo. Al
finalizar el ciclo, Ana decidió comparar esos cambios con los objetivos propuestos al inicio y con
las evaluaciones realizadas en las primeras sesiones.
¿Qué tipo de evaluación está realizando Ana en este caso?
Una evaluación puntual, centrada exclusivamente en el impacto financiero del proyecto.
Una evaluación técnica, enfocada en la administración de los recursos institucionales.
Una evaluación continua y reflexiva, alineada con el proceso metodológico del trabajo social.
Una evaluación cuantitativa externa, orientada a la validación científica del proyecto.
Justificación
Tema 2. Distintos enfoques metodológicos en la evaluación
Caso práctico
Un centro comunitario implementó un proyecto para promover la participación de personas
mayores en actividades barriales. Al momento de evaluar el proyecto, el equipo de trabajo social
aplicó una encuesta con preguntas cerradas sobre la asistencia, los horarios y la satisfacción
general. Además, realizaron entrevistas grupales donde las personas mayores compartieron cómo
se sintieron durante la experiencia, qué actividades valoraron más y qué sugerencias tenían para
mejorar.
¿Qué tipo de enfoque metodológico de evaluación está aplicando
el equipo?
Un enfoque cuantitativo, ya que se basa en datos objetivos obtenidos de encuestas.
Un enfoque cualitativo, ya que se privilegian las narrativas personales.
Un enfoque mixto, combinando técnicas cuantitativas y cualitativas.
Un enfoque exploratorio, porque no se había definido una hipótesis previa.
Justificación
Tema 3. Criterios de evaluación y medición del impacto
Un equipo interdisciplinario liderado por profesionales en trabajo social diseñó un proyecto de
fortalecimiento de redes de apoyo para personas mayores en un sector urbano con baja
participación comunitaria. Al finalizar el proyecto, se relevaron los siguientes resultados:
Se generaron tres grupos autogestionados que continúan reuniéndose semanalmente.
La asistencia general a las actividades fue del 65 % respecto a la esperada.
Las encuestas mostraron mejoras en la percepción de bienestar emocional.
Algunos profesionales detectaron que ciertas personas mayores no se sintieron
representadas por las actividades culturales ofrecidas.
Se gastó el 90 % del presupuesto proyectado, sin desvíos.
A partir de esta información, ¿qué afirmaciones corresponden a un
análisis evaluativo que considere criterios de eficiencia, eficacia,
pertinencia y sostenibilidad? Marca las 3 respuestas correctas.
La eficacia del proyecto fue parcial, ya que no se alcanzó el 100 % de la participación esperada.
El criterio de eficiencia se cumplió, dado que se utilizaron adecuadamente los recursos sin
sobrepasar el presupuesto.
La sostenibilidad se evidencia en la continuidad de los grupos autogestionados.
La pertinencia fue óptima, ya que todas las personas mayores participaron de manera activa.
La evaluación de impacto no es posible si no se alcanza el 100 % de los resultados esperados.
Justificación
Tema 4. Sistematización en la evaluación
Tras finalizar un proyecto de acompañamiento psicosocial para mujeres sobrevivientes de
violencia, el equipo profesional decide reunirse para revisar todo lo actuado. Recopilan los
registros de intervención, analizan los logros y dificultades, identifican qué estrategias funcionaron
mejor y reflexionan sobre cómo mejorar la propuesta en futuras ediciones. El equipo documenta
todo el proceso en un informe que será compartido dentro de la institución.
¿Qué tipo de actividad están realizando los profesionales?
Una evaluación estadística orientada a justificar la inversión de recursos públicos.
Una auditoría técnica para validar procedimientos operativos.
Una sistematización posterior a la ejecución para generar aprendizajes institucionales.
Un informe de monitoreo que resume lo observado durante la implementación.
Justificación
Video de habilidades
Cierre
La etapa de ejecución y la de evaluación son fundamentales en el ciclo metodológico del trabajo
social, ya que juntas garantizan que las intervenciones sean efectivas, pertinentes y éticamente
responsables. Durante la ejecución, el trabajador social pone en práctica las acciones
planificadas, adaptándose a las circunstancias y manteniendo un compromiso ético con las
personas y comunidades a las que ayuda. Es en esta fase donde se materializa el impacto
positivo, promoviendo cambios reales y mejorando la calidad de vida de los beneficiarios.
Por otro lado, la evaluación permite medir los resultados alcanzados, identificar fortalezas y áreas
de mejora, asegurar que las intervenciones hayan sido efectivas y alineadas con los objetivos
éticos y profesionales. Esta etapa es clave para aprender de la experiencia, ajustar estrategias y
garantizar la transparencia y responsabilidad en el trabajo social.
El impacto de estas etapas en las intervenciones sociales es profundo, ya que aseguran que el
trabajo realizado sea reflexivo, ético y centrado en las necesidades reales de las personas.
Además, refuerzan el rol ético del trabajador social, quien debe actuar con honestidad,
responsabilidad y compromiso con el bienestar de sus usuarios, promoviendo siempre el respeto
por la dignidad humana y la justicia social.
En resumen, la ejecución y evaluación no solo completan el ciclo metodológico, sino que
fortalecen la calidad, la ética y la efectividad del trabajo social, asegurando que cada intervención
tenga un impacto positivo y duradero en las personas, familias y/o comunidades.
Glosario
Bibliografía
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