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El Furrial: Historia y Dulces Tradicionales

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Una valla al lado de la carretera, a pocos metros del puesto de la Guardia

Nacional Bolivariana, muestra la imagen sonriente de Diosdado Cabello y del


comandante Hugo Chávez, sobre el escrito “Sin truco ni maña, el Mazo no
engaña”. En otro cartel, un poco más adelante, aparecen Nicolás Maduro y el
propio Diosdado, y la advertencia de que “Aquí no se habla mal de Chávez”.
Sin duda, es la entrada a El Furrial, pueblo de la llanura monaguense, al que
muchos comenzaron a ubicar en el mapa desde que Diosdado Cabello
comenzó a mencionarlo en su programa de corte político y alta sintonía,
transmitido todos los miércoles por Venezolana de Televisión y que ha
ganado este año el Premio Nacional de Periodismo.

Viajando por la vía, que de Punta de Mata conduce a El Furrial, se miran


algunos indicios del contexto que rodea a este pueblo enmarcado por los ríos
Guarapiche al norte, Amana al sur. En las sabanas de verdes y suaves colinas
que se pierden en la lejanía de la llanura, se divisan los mechurrios en los que
se quema el gas; el fuego brota de la tierra bamboleándose de un lugar a otro
según sopla el viento. El Furrial se convirtió en un pueblo petrolero desde
que en la década de los ochenta del siglo pasado se perforó el primer pozo, el
Ful 1. En el sitio del histórico hecho se construyó un monumento alusivo con
el armazón del pozo y el sistema de tuberías, rodeado por barrotes pintados
de amarillo, azul y rojo. Al lugar se puede llegar a pie.
Una larga avenida principal que lo cruza de oeste a este, o viceversa, divide a
El Furrial en dos porciones. Las gandolas y camiones y los grandes autobuses
de rutas largas que se dirigen a Maturín, pasan por la vía alterando la
tranquilidad reinante con el ruido de los motores.

Un letrero con el nombre de El Furrial, escrito en gruesas letras de colores


rimbombantes, se impone visualmente en el medio de la placita Bolívar; al
costado, como apartado, está el pequeño busto de El Libertador. Al fondo de
la plaza se encuentra uno de los emblemas del pueblo: la robusta, centenaria
y hermosa ceiba, que ocupa un lugar especial en el rincón de los afectos del
furrialeño. Muy cerca de la plaza está la escuela Rafael María Baralt, en la
que todos, muchachas y muchachos, recibieron sus primeras luces.
Al frente de la plaza, cruzando la avenida, una señora
llamada Victoria tiende al budare unas enormes cachapas,
vendidas a 200 bolívares la unidad. Cada una se prepara
con medio kilo de masa. “Nunca había visto unas cachapas
tan grandes. Con una comen cuatro personas”

Luis Astudillo, un cumanés llegado a El Furrial a la edad de


seis años, profesor jubilado, luchador social, promotor
cultural, dice que el pueblo, fundado, según la historia, en
1870, tiene 14.750 habitantes, repartidos en 42 sectores.

Casabe y arepas
En El Furrial se destaca con cierto orgullo la espectacular
vista del llamado Bajo Guarapiche, que se observa desde lo
alto del pueblo, en su lindero norte. Abajo se aprecia una
inmensa planicie en donde se dice se asentaron los viejos
agricultores. Al fondo, a lo lejos, están las montañas de
Caripe coronadas por nubes. De noche se avistan
encendidas y alineadas las luces de las plantas petroleras.

El Furrial amanece entre cantos de gallos y un lindo


amanecer por los lados del Bajo Guarapiche. En las calles
aledañas a la avenida principal se impone un silencio
perenne. Al atardecer, las familias se acomodan en la acera
en amena tertulia. Los hombres en chancletas, las mujeres
con un trapo espantan la plaga. La mayoría de las casas,
mejoradas, ampliadas y embellecidas, responden al modelo
de las viviendas rurales construidas en la cuarta república;
cada casa dispone de un amplio patio, con árboles de
mango, matas de yuca, plantas ornamentales al frente

“En El Furrial no hay ranchos”, dice un hombre. En la


avenida principal están los restaurantes, ventas de
empanadas y café. El movimiento comercial es bastante
reducido. En la mayoría de los expendios, se vende casabe,
elaborado por los descendientes de los pioneros Rosaura
Chalo y su esposo José Gregorio Pajarero.

La pequeña iglesia, restaurada por el Seniat, una sede del


Banco de Venezuela y el complejo cultural Jesús Jaramillo,
destacan en el urbanismo cercano a la plaza Bolívar.

Al final de la avenida, en la salida hacia Maturín, en el


sector Mata Linda, se encuentran los famosos Dulces de El
Corozo, que antes se elaboraban en el poblado del mismo
nombre, pero cuando construyeron la autopista Vinotinto, el
pueblo quedó alejado y sin clientela. De allí que muchos
emigraron a El Furrial y llevaron los dulces. Los colocan en
estantes. Loannys Suárez, una de las vendedoras, enumera
la oferta: jalea de mango, coco con piña, coco con piña y
papelón, dulce de leche, conservas en colores, leche
cortada, jobo en almidón, dulce de leche con maní, coco con
leche cortada.

Al sur del pueblo, en el amplio patio de la casa, la señora


Yusmeli Chalo, hija de Rosaura y del señor Pajarero, relata
que con su madre se inició la historia del casabe en El
Furrial. Al morir el padre y la madre, las cuatro hermanas
heredaron el oficio.

las únicas arepas para la venta en El Furrial se encuentran


en el negocio que atiende Eneida Quijada, con la ayuda
Madeleis González, ubicado en la avenida principal, un tanto
cercano al hospital Felicia Rondón de Cabello. Muchos se
asombran al ver estas arepas gruesas, hechas de maíz
amarillo “pilao”. Rellenas con carne de río: raya, pescado o
baba, se ofrecen cubiertas en hojas de cambur, ya que así
tienen un ligero gustico a hallaca, según dicen los muchos
clientes, entre ellos gandoleros.
Informacion adicional
El Furrial es una parroquia que pertenece al municipio Maturín del estado
Monagas, con una historia que se remonta hacia el año 1870. En aquel
entonces, era un sitio de encuentro para arrieros y combatientes de las
guerras civiles. Con el paso del tiempo, este lugar fue testigo de diversas
transformaciones y eventos [Link]ín restaurants

Sin embargo, fue a partir de 1985 cuando El Furrial experimentó un hito


importante en su desarrollo. Durante esa época, PDVSA llevó a cabo una
exploración sísmica que condujo al descubrimiento de yacimientos
petrolíferos profundos en la zona. Fue en 1986 cuando se completó el pozo
descubridor del área, conocido como El Furrial-1X.
Este pozo, ubicado a una profundidad de 4.565 metros, sorprendió con su
producción inicial de 7.500 barriles diarios de crudo con una gravedad de
28.5° API. Este descubrimiento marcó un antes y un después en la economía
y desarrollo de El Furrial, convirtiéndose en una importante fuente de
ingresos y empleo para la región Monaguense.
Dulces
estado Monagas… A comer dulces en almibar y jalea de mango

En la población de El Furrial, La Candelaria y El Corozo aún visitantes y


lugareños pueden conseguir los famosos dulces en almíbar, dulce de lechoza,
la jalea de mango, la mermelada de guayaba, el dulce de leche y las conserva
de cocos. Karem Martínez, expresó que el dulce de lechosa es el más
solicitado al igual que el de melocotón en almíbar. “A pesar de la escasez de
la azúcar, mantenemos la tradición que ha pasado de generación en
generación, la cual lleva más de 60 años”, dijo Martínez.
Los dulces más famosos de El Furrial, estado Monagas, son los dulces en
almíbar, especialmente el dulce de lechosa y el dulce de melocotón. También
son populares la jalea de mango, la conserva de coco y el dulce de leche,
además de las conservas de piña y merey. Estos dulces son elaborados de
forma artesanal y se transmiten de generación en generación, manteniendo
viva la tradición culinaria de la región.
Además de los mencionados, en El Furrial y sus alrededores se pueden
encontrar otros dulces tradicionales como:
Dulce de lechosa: Se prepara con lechosa verde, papelón y clavos de especia.
Dulce de leche: Se elabora con leche cortada, azúcar y se remueve hasta
obtener la consistencia deseada.
Jalea de mango: Una preparación típica de la región, especialmente en la
zona de El Furrial, según información publicada en Facebook.
Conservas de coco y piña: Elaboradas con coco rallado, azúcar y otros
ingredientes, creando una textura suave y deliciosa.
Dulces de merey: Se elaboran con la fruta del merey, azúcar y otros
ingredientes, dando como resultado un dulce con un sabor particular.
Bolas criollas: Un dulce tradicional de la zona de El Furrial.
La elaboración de estos dulces es una práctica arraigada en la comunidad,
donde las familias transmiten sus recetas y técnicas de generación en
generación, manteniendo viva la riqueza gastronómica del estado Monagas.

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