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Fortaleciendo la Salud Mental Adolescente

Este es un programa de intervención. Del curso de programas, de psicología del 6 ciclo de la universidad cesar vallejo
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Fortaleciendo la Salud Mental Adolescente

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FACULTAD DE CIENCIAS DE LA SALUD

PROGRAMA DE PSICOLOGÍA

Proyecto de RSU
ALLIKAI: Fortaleciendo la salud mental

Sembrando respeto y cosechando paz

Experiencia curricular
Programa de promoción y prevención en psicología

Autores:
Atoche Macharé Ariana Mabel (0009-0002-5516-7062)
Córdova Reyes Ana Patricia (0009-0009-0516-3558)
Jacinto Flores Nelson Joao (0009-0006-0967-0440)
Maldonado Cuibin Luciana Valeria (0009-0004-8397-3736)
Rivera Ramirez Antonella Nicole (0009-0004-7593-4657)
Samaniego Zatan Brescia Mariely (0009-0002-0414-6480)

Asesor:
DR. Paz Delgado Miguel Armando

PIURA – PERÚ
2025-II
Sembrando respeto y cosechando paz

I. Datos informativos o generales


1.1. Institución : I.E.P PNP Bacilio Ramírez Peña
1.2. Lugar : Piura, Av. Grau
1.3. Dirigido a : Adolescentes
1.4. Impacto : 30 adolescentes
1.5. Nº Sesiones : 10 sesiones
1.6. Duración : 45 minutos – una vez por semana
1.7. Equipo Responsable : Atoche Macharé Ariana Mabel
Córdova Reyes Ana Patricia
Jacinto Flores Nelson Joao
Maldonado Cuibin Luciana Valeria
Rivera Ramírez Antonella Nicole
Samaniego Zatan Brescia Mariely

II. Realidad Problemática – Situación actual:


Los problemas de conducta en estudiantes afectan el proceso de aprendizaje
individual, como también la convivencia dentro del aula, generando un
ambiente poco favorable para el desarrollo integral. Según Saputra et al
(2023), este fenómeno no es un mero capricho juvenil, sino un reflejo de
factores subyacentes complejos que afectan el desarrollo psicosocial de los
adolescentes, manifestándose a través de comportamientos disruptivos
como la agresión verbal y física, el acoso escolar (bullying), la
desobediencia, la falta de respeto a la autoridad y el bajo rendimiento
académico. Estas manifestaciones pueden corresponder a cuadros
subclínicos de conducta externalizante, o a diagnósticos como trastorno de
conducta en casos severos; en todos los niveles, deterioran el clima escolar
y la trayectoria académica del estudiante.
Dicha problemática a nivel de aula, se evidencia en la interrupción constante
de clases, lo que dificulta el aprendizaje de todos los estudiantes y genera
un ambiente de tensión y frustración tanto para los compañeros como para
los docentes, por ello en la I.E PNP Bacilio Ramírez Peña se cree
conveniente abordar esta problemática con los alumnos de segundo año de
secundaria, ya que la relevancia de abordar este problema radica en su
impacto a largo plazo, es decir los adolescentes con problemas de conducta
no tratados corren un mayor riesgo de desarrollar trastornos de la
personalidad, delincuencia juvenil, consumo de sustancias y dificultades
para establecer relaciones interpersonales saludables en la adultez (García
et al 2019).
De igual forma, la falta de competencias en inteligencia emocional se
relaciona directamente con la aparición de comportamientos problemáticos.
Andrade y Ramos (2023) indican que adolescentes con bajo manejo
interpersonal presentan mayores niveles de desobediencia y transgresión de
normas, situación que puede derivar en problemas emocionales como
ansiedad, inseguridad y consumo de sustancias. Si esta problemática no se
atiende adecuadamente, existe el riesgo de intensificar el aislamiento social,
los conflictos familiares, el bajo rendimiento académico e incluso la deserción
escolar.
Los problemas de conducta en adolescentes, lejos de ser una simple etapa
de rebeldía, representan una realidad problemática y compleja que requiere
una atención especializada, a nivel nacional en un estudio elaborado por el
Ministerio de Educación sobre las Competencias Sociales y Emocionales
(SSES, 2023), se detecta que un grupo no menor de estudiantes indicaron
que, con cierta frecuencia sus compañeros difundieron rumores (29,5 %), los
excluyeron de las actividades (27,1 %) o se burlaron de ellos (27,0 %).
Asimismo, manifestaron haber sufrido alguna experiencia de violencia (11,1
%) o amenaza (7,2 %).
Por otro lado, un grupo no menor de estudiantes reportó conductas que
evidencian una mala relación con sus compañeros; por ejemplo, el 42,4 %
indicó que sus pares no se preocuparían si ingresaran molestos a clase,
mientras que el 11,4 % manifestó que no se sienten respetados. A esto se
suma que aproximadamente uno de cada diez estudiantes reconoció haber
ejercido violencia o amenazas contra sus compañeros, lo que refleja la
normalización de conductas disruptivas en las interacciones cotidianas que
afectan el clima escolar.
Del mismo modo a nivel regional en la ciudad de Piura, en un estudio
realizado por Castillo et al (2024), evidencian una fuerte relación entre la
dinámica familiar y las conductas escolares. Se encontró que el 55,5 % de
los estudiantes presentó un nivel promedio de violencia familiar, el 27,2 %
un nivel alto y solo el 17,3 % un nivel bajo. De manera paralela, en cuanto a
las conductas disruptivas, el 70,3 % reportó un nivel promedio y el 29 % un
nivel alto, sin casos en niveles bajos. Estos hallazgos permiten concluir que
existe una relación significativa entre la presencia de violencia familiar y la
manifestación de conductas disruptivas en los adolescentes, lo que resalta
la importancia de abordar el entorno familiar como un factor clave en la
prevención de problemas de convivencia escolar.
En el contexto mundial, Pasten et al (2011) en su estudio realizado en Chile,
revela que el 21,4 % de los varones presenta niveles altos o medianos de
agresividad frente a distintas situaciones. Entre los factores asociados
destacan, a nivel individual, el consumo de alcohol y drogas, que incrementa
la agresividad; en el ámbito familiar, se observa que el 79,2 % de los
estudiantes con alta agresividad ha recibido castigo físico y el 33,3 %
proviene de hogares con patrones de crianza inconsistentes. Finalmente, en
el plano institucional, la mayoría de adolescentes con mayores niveles de
agresividad asisten a escuelas municipales (83,3 %) y de menor tamaño
(54,2 %), lo que refleja la influencia conjunta de factores personales,
familiares y escolares en la conducta adolescente.
La implementación del programa “Sembrando respeto y cosechando paz” en
la I.E.P PNP Bacilio Ramírez Peña abordará los problemas de conducta en
estudiantes de segundo año de secundaria, esto es fundamental porque
permite prevenir la escalada de comportamientos disruptivos que afectan no
solo el aprendizaje individual, sino también el clima escolar en su conjunto.
Este tipo de intervención busca fortalecer las habilidades socioemocionales,
promover la convivencia pacífica y mejorar la disciplina escolar,
contribuyendo a la formación integral de los adolescentes. Además, resulta
clave para favorecer un ambiente seguro y motivador, donde los estudiantes
puedan desarrollar sus capacidades académicas y personales de manera
óptima.
III. Sustento Teórico.
3.1-. Estudios Previos:
Los hallazgos que guardan relación con nuestro proyecto “Sembrando
respeto, cosechando paz” son los de Reyes (2022), quien realizó un
estudio con el objetivo de aplicar un programa de habilidades sociales
para prevenir las conductas agresivas en estudiantes de quinto grado
de secundaria. La muestra estuvo conformada por 15 profesores y 90
estudiantes, tanto hombres como mujeres. Los resultados del pretest
evidenciaron que el 88.9% de los estudiantes presentaba un nivel alto
de agresividad. Frente a ello, se implementó el programa de
habilidades sociales, cuyos resultados en el postest mostraron una
disminución significativa de estas conductas (p = 0.200). En conclusión,
la intervención resultó eficaz para fortalecer el control de impulsos y
reducir la agresividad en los adolescentes.
El estudio de Zúñiga y Valdivia (2019) resalta la creciente importancia
de la convivencia escolar debido a los múltiples problemas asociados
a ella. Ante la falta de evidencia sobre la efectividad de los programas
de intervención, realizaron una revisión sistemática de literatura
internacional siguiendo la guía PRISMA. Tras buscar en cinco bases de
datos y analizar 365 artículos, solo 27 cumplieron los criterios de
inclusión, en su mayoría estudios cuasiexperimentales que emplearon
el Cuestionario de Violencia Escolar (CUVE). Estos trabajos abordaron
conductas, bullying, problemas de comportamiento y habilidades
sociales. Los programas más aplicados fueron de inteligencia
emocional, educación deportiva, convivencia, enfoque múltiple y
psicoeducación, destacando los dos primeros como los más efectivos.
No obstante, los resultados aún no son concluyentes, por lo que se
recomienda continuar investigando en esta línea.
Asimismo, Villanueva et al. (2019) compararon dos programas breves
de intervención en adolescentes: el INTEMO, basado en el modelo de
habilidades de inteligencia emocional, y otro centrado en la flexibilidad
psicológica y el mindfulness. Ambos se aplicaron en cinco sesiones
semanales de una hora a estudiantes de secundaria en España
(n=120, edad media 12 años). Los resultados mostraron que INTEMO
obtuvo mejoras más significativas en supresión emocional, regulación
emocional e inteligencia emocional percibida. Además, se encontró una
conexión entre inteligencia emocional y habilidades de mindfulness, lo
que sugiere que ambos enfoques comparten factores de desarrollo.
Además, el estudio de Low (2013) evaluó el impacto del programa
Segundo Paso: Éxito Estudiantil a través de la Prevención (SS-SSTP)
en estudiantes de sexto grado. El programa, aplicado en 18 escuelas
con un currículo de 15 lecciones sobre habilidades socioemocionales
(empatía, comunicación, prevención del acoso y resolución de
problemas), buscaba reducir la violencia juvenil. Los resultados
mostraron que la intervención disminuyó significativamente la agresión
física, ya que los estudiantes de las escuelas participantes tenían un
42 % menos de probabilidades de reportar este tipo de conductas en
comparación con el grupo control. Sin embargo, no se hallaron efectos
relevantes en el acoso verbal/relacional, la victimización entre pares,
las burlas homofóbicas ni la violencia sexual.
Por último, tenemos a García (2020) señala que la disciplina positiva
es un agente de cambio en la convivencia estudiantil, especialmente
frente a los conflictos propios de la adolescencia. En su investigación,
realizada con docentes y alumnos del Bachillerato General Unificado,
se evidenció que cuando los maestros aplican una disciplina basada en
el diálogo y la escucha activa, los adolescentes fortalecen su
autonomía, mejoran sus actitudes y se generan espacios escolares
más armoniosos. Asimismo, se concluye que la autonomía puede
potenciarse mediante el desarrollo de habilidades sociales y la
inteligencia emocional.
3.2.- Modelos Teóricos Existentes:
En el marco de este proyecto “Sembrando respeto, cosechando paz”,
se toma en cuenta diversos modelos teóricos los cuales permiten se
entender la base conceptual de cómo los individuos desarrollan
actitudes prosociales y formas de convivencia pacífica. Entre los
modelos más relevantes se encuentran los siguientes:
La teoría sociocultural de Lev Vygotsky desarrollada en (1896-1934),
menciona que el desarrollo cognitivo se comprende tomando en cuenta
el contexto social y cultural en el que habita. Sostiene, además, que las
funciones mentales superiores tienen un origen social, puesto que
primero aparecen en la interacción (interpersonal) y que posteriormente
el individuo las internaliza (intrapersonal). De esta forma, conceptos
clave como el “andamiaje” (scaffolding) y la “zona de desarrollo
próximo” (ZDP o ZPD) resultan fundamentales: puesto que la ZDP
representa la brecha entre lo que un aprendiz puede hacer por sí solo
y aquello que puede hacer o aprender si recibe orientación de alguien
más competente; mientras que el andamiaje hace referencia al soporte
temporal que el mediador brinda para ayudar al aprendiz a superar esta
brecha p adquirir conocimientos. Mediante estas interacciones guiadas
por “otros más capaces” (pueden ser: padres, docentes o alguna figura
con mayor dominio en un tema) el aprendiz internaliza de forma
progresiva las estrategias y modo de pensar, lo cual posteriormente
integra a su estructura mental propia. Con ello se le atribuye el lenguaje,
lo cual juega un papel decisivo como una herramienta mediadora del
pensamiento. Dentro del programa dicha teoría sugiere que los valores
como el respeto y convivencia pueden ser enseñados y reforzados
mediante interacciones sociales con modelos, apoyo gradual,
progresivamente hasta que sean aprendidos y lo adopten de forma
autónoma.
La Teoría del Aprendizaje social de Albert Bandura, muestra aportes
fundamentales para entender cómo los individuos adquieren conductas
prosociales, actitudes como el respeto y modos de convivencia
pacífica. Él plantea que el aprendizaje no se limita a experiencias
diarias, sino que es producido principalmente a través de la
“observación e imitación de modelos”, proceso en el cual se desarrolla
en cuatro fases: “Atención” donde el individuo centra sus recursos
cognitivos en el modelo; “Retención” que implica la capacidad de
recordar la conducta observada; “Reproducción” donde se ejecuta la
acción imitada; y la “motivación” que determina si la conducta será o no
repetida en el futuro. A esto se le suma los conceptos fundamentales
que explican la dinámica del comportamiento humano; como la
“autosuficiencia” la cual refiere a la creencia de la propia capacidad
para la ejecución de conductas necesarias y el logro de metas, el
”determinismo recíproco” estable que la conducta, los factores
personales y ambientales influyen mutuamente de manera constante;
la “autorregulación” es la capacidad del individuo para controlar sus
propias acciones mediante la autoobservación, el juicio personal y la
autorrealización; y el “modelado” proceso donde se transmiten nuevas
conductas a través de la observación de otros. Bandura, A. (1986).
La teoría humanista de Carl Rogers ofrece una visión centrada en la
persona que resulta especialmente valiosa para promover valores
como el respeto y la convivencia pacífica. Plantea que todo individuo
posee una tendencia innata hacia la autorregulación, la cual se
comprende como el impulso natural de desarrollarse plenamente y
alcanzar su máximo potencial. Para este proceso es necesario
encontrarse en un clima de relaciones caracterizadas por 3 condiciones
básicas: Empatía (implica comprender el mundo desde la perspectiva
del otro), Congruencia (hace referencia a la autenticidad y coherencia
interna de quien acompaña) y la Aceptación positiva incondicional (que
supone valorar al individuo sin juicios ni condiciones). Con estas
condiciones en el entorno en especial (familiar y educativo) las
personas logran fortalecer su autoestima, regular sus emociones y
establecer vínculos basados en el respeto mutuo.
En lo correspondiente a la teoría del desarrollo psicosocial de Erik
Erikson proporciona un marco fundamental lo cual ayuda a comprender
cómo los individuos desarrollan su identidad, valores y habilidades
sociales, el cual influye directamente en su capacidad para el
establecimiento de relaciones basadas en respeto y convivencia
pacífica. Además, propone que el desarrollo humano se organiza en 8
etapas la cuales abarcan desde la niñez hasta la vejez; menciona que
en cada una de las etapas los individuos enfrentan crisis psicosociales
las cuales deben resolverse para avanzar adecuadamente. Erikson
sugiere que las que las intervenciones educativas deben ser coherente
con las etapas del desarrollo de los estudiantes, donde existan
experiencias que fomenten la confianza, la responsabilidad, la
cooperación y la comprensión mutua.
La teoría ecológica del desarrollo humano de Urie Bronfenbrenner lo
cual ofrece una perspectiva integral sobre cómo los individuos se
desarrollan dentro de un contexto ambientales interrelacionados.
Nuestro autor propuso que el desarrollo humano es influenciado por
una serie de sistemas ambientales que interactúan entre sí; estas
abarcan desde las interacciones más inmediatas hasta las influencias
culturales y temporales, este sistema incluye el “microsistema” que
abarca la familia con una interacción directa amigos y compañeros; el
“mesosistema” la cual representa interacciones entre diferentes
microsistemas, además el “exosistema” que se refiere a los entornos
que afectan al individuo indirectamente, y el “macrosistema” que
comprende las influencias culturales y sociales más amplias; se le
suma el cronosistema además el exosistema que se refiere a los
entornos que afectan al individuo indirectamente y el macrosistema que
comprende las influencias culturales y sociales más amplias A eso se
le suma el crono sistema la cual considera la dimensión temporal del
desarrollo.
La teoría de Inteligencia emocional propuesta por Daniel Goleman;
resalta la importancia de comprender y gestionar las emociones
propias, así como las emociones ajenas; esto como base para
establecer las relaciones respetuosas y una convivencia pacífica.
Según el autor la inteligencia emocional está compuesta por cinco
dimensiones principales: la “autoconciencia” que es la capacidad de
reconocer y entender las propias emociones; la “autorregulación” la
cual está implicada en el manejo de impulsos y los comportamientos;
la “motivación” entendida como un impulso interno hacia objetivos
positivos; la “empatía” es la habilidad de percibir y comprender los
sentimientos de los demás a esto se le suma las “habilidades sociales”
la cual es facilitan la interacción efectiva y la cooperación con los
demás. Dentro del proyecto la inteligencia de emocional se convierte
en una herramienta fundamental para enseñar a los estudiantes a
resolver conflictos de manera pacífica expresar sentimientos de forma
adecuada y reconocer emociones de sus pares lo cual ayudaría a
promover un clima escolar de respeto y tolerancia Goleman sostiene
que la educación y las emociones no solo mejoran el bienestar
individual sino que también influyen y contribuyen a la construcción del
entorno social más armonioso favoreciendo la cultura de paz en la
comunidad.
En síntesis, los modelos teóricos mencionados ofrecen diferentes
perspectivas para comprender y abordar el problema de la convivencia
pacífica y el respeto mutuo. Mientras que Vygotski resalta el papel de
interacción social y cultural como motor del aprendizaje, Bandura
enfatiza en la observación y el modelado de conductas en la
construcción de habilidades sociales. Rogers desde un enfoque más
humanista coloca la empatía la aceptación incondicional como base del
desarrollo emocional en tanto Erikson subraya la importancia de
resolver adecuadamente las crisis psicosociales a lo largo de la vida
para consolidar actitudes prosociales. Por su parte BrownFenner
amplía la mirada hacia la influencia de los múltiples contextos
ambientales en el desarrollo humano y Goleman aporta la relevancia
de la inteligencia emocional como una herramienta clave para gestionar
los conflictos y promover relaciones saludables. La cual en conjunto
estos modelos, aunque distintos en su énfasis convergen a la idea de
que la formación de actitudes prosociales y una convivencia armónica
depende tanto de los factores internos como emocionales y cognitivos
como las condiciones externas y sociales

IV. Modelo de Intervención Propuesto


4.1-. Descripción del Modelo:
El modelo de intervención se sustenta en la Teoría del Aprendizaje
Social de Albert Bandura, la cual explica que la disciplina y la conducta
de los adolescentes se configuran a partir de la interacción constante
entre el entorno, los procesos cognitivos y las acciones individuales.
Este principio, conocido como determinismo recíproco, señala que los
jóvenes no solo son moldeados por las influencias externas, sino que
también contribuyen a transformarlas mediante sus propias conductas.
La propuesta se organiza en tres ejes centrales: el modelado de
conductas adaptativas, el fortalecimiento de la autoeficacia y la
promoción de la autorregulación emocional. Para Bandura, el
aprendizaje se produce principalmente a través de la observación de
modelos cercanos, como padres, docentes o compañeros, lo que hace
imprescindible que estos transmitan ejemplos de respeto a las normas,
manejo del autocontrol y comunicación constructiva.
Uno de los componentes esenciales del modelo es la atención y la
motivación. Bandura sostiene que para que el aprendizaje
observacional ocurra, es necesario captar el interés del individuo hacia
los comportamientos que se desea promover. En este sentido,
actividades atractivas y vinculadas al contexto de los adolescentes
facilitan la interiorización de dichas conductas, tal como destacan Fierro
et al. (2025). A partir de ello, se implementan ejercicios prácticos,
dramatizaciones y talleres participativos que fortalecen la incorporación
y transferencia de estas habilidades en situaciones cotidianas de
interacción.
El segundo eje se centra en la autoeficacia, entendida como la
percepción de competencia personal para afrontar con éxito los
desafíos. De acuerdo con Bandura, este constructo determina el nivel
de esfuerzo y persistencia que un individuo aplica para regular su
comportamiento. En la misma línea, Peralta (2025) afirma que
establecer metas alcanzables y proporcionar retroalimentación positiva
favorece la confianza de los adolescentes en su capacidad de
autorregularse, lo que se traduce en una mejora en su disciplina.
El tercer pilar corresponde a la autorregulación emocional, que según
Bandura implica la capacidad de observar y evaluar la propia conducta,
así como aplicar mecanismos de autocontrol y autorrefuerzo. Esta
dimensión resulta clave para que los jóvenes aprendan a gestionar
impulsos, identificar emociones y responder de manera adaptativa ante
normas, tensiones o conflictos.
Finalmente, el modelo resalta la relevancia de un contexto social de
apoyo. Tanto la familia como la escuela son escenarios fundamentales
en los que los adolescentes construyen aprendizajes y valores.
Panduro (2019) enfatiza que los procesos de autorregulación y
socialización se fortalecen cuando los jóvenes cuentan con
acompañamiento constante, afecto y coherencia en la aplicación de
límites. Por ello, se requiere que padres, educadores y comunidad
asuman un papel activo como modelos y reforzadores de conductas
positivas, promoviendo un entorno de confianza y compromiso que
facilite la permanencia de los logros alcanzados y fomente el desarrollo
integral de los adolescentes.
4.3-. Justificación del Modelo:
La elección del modelo de intervención basado en la Teoría del
Aprendizaje Social de Bandura se respalda en su capacidad para
explicar de manera realista cómo se originan y pueden modificarse los
problemas de disciplina y conducta en adolescentes. A diferencia de
los enfoques que se limitan a imponer sanciones, este modelo entiende
que el comportamiento juvenil se forma a través de la observación, el
modelado, el refuerzo y la autorregulación. Esto permite mirar el
fenómeno con una perspectiva más amplia, reconociendo que los
adolescentes aprenden tanto de lo que viven como de lo que ven en
quienes los rodean.
Desde el punto de vista teórico, Bandura plantea que los adolescentes
no son simples receptores de normas, sino protagonistas activos de su
propio aprendizaje. Son capaces de interpretar lo que sucede a su
alrededor, reflexionar sobre las consecuencias de sus acciones y tomar
decisiones influidos por los modelos que encuentran en padres,
docentes o pares. Esta visión cobra especial relevancia en la
adolescencia, una etapa marcada por la búsqueda de autonomía y la
construcción de la identidad personal. Además, la noción de
autoeficacia se convierte en un eje central: cuando los jóvenes confían
en sus propias capacidades, logran regular mejor su conducta, asumir
los retos académicos y sociales, y adaptarse de manera más saludable
a las normas.
La validez de este enfoque se confirma en distintos estudios recientes.
Por ejemplo, Calderón (2023) evidenció que la autoeficacia académica
está fuertemente relacionada con la salud mental adolescente, lo que
demuestra que fortalecer la percepción de competencia impacta
positivamente en la conducta y la disciplina. De manera similar, Peralta
(2025) encontró que la aplicación de estrategias de disciplina positiva
no solo reduce los conflictos, sino que también mejora el clima escolar.
En la misma línea, Fierro (2025) remarcan que los castigos y sanciones
suelen tener efectos limitados, mientras que las prácticas basadas en
la autorregulación y el refuerzo social contribuyen a relaciones más
respetuosas y sostenibles entre los adolescentes.
En definitiva, este modelo resulta el más pertinente porque integra tanto
teoría como evidencia empírica actual, demostrando su efectividad en
la atención de problemas de disciplina y conducta. Al articular el
modelado, la autoeficacia, el refuerzo positivo y la autorregulación,
ofrece un enfoque integral que no solo ayuda a reducir conductas
inadecuadas, sino que también potencia el bienestar socioemocional y
favorece la adaptación positiva de los adolescentes en sus diferentes
contextos de vida.

V. Correlatos del modelo seleccionado para el diseño del programa.

Aprendizaje social en adolescentes

Autor del Implicancia en el Logro del Objetivo del


Correlato
Modelo Teórico Programa

Es donde el individuo centra sus recursos


Atención
cognitivos en el modelo.

Implica la capacidad de recordar la


Retención conducta observada.

Es donde se ejecuta la acción imitada.


Reproducción

Teoría del
Aprendizaje Determina si la conducta será o no repetida
Motivación
Social. en el futuro.
Bandura, A.
(1986).
Refiere a la creencia de la propia
Autosuficiencia capacidad para la ejecución de conductas
necesarias y el logro de metas.

Son los factores personales y ambientales


Determinismo
que influyen de manera constante en el
recíproco
desarrollo de la persona.
Es la capacidad del individuo para controlar
Autorregulación sus propias acciones mediante la
autoobservación.

Proceso donde se transmiten nuevas


Modelado conductas a través de la observación de
otros.

VI. Características de la audiencia primaria


La propuesta está dirigida a un grupo de aproximadamente 30 estudiantes
de segundo grado de secundaria de la Institución Educativa Privada PNP
Bacilio Ramírez Peña. Esta población presenta características particulares
que influyen en su desempeño académico y convivencia escolar.
Los estudiantes, en su mayoría adolescentes de entre 13 y 14 años, se
encuentran en una etapa de cambios propios de la adolescencia, lo que se
refleja en actitudes impulsivas, búsqueda de identidad y necesidad de
reconocimiento. Uno de los principales problemas que se evidencian en el
grupo son las dificultades de disciplina y conducta, manifestadas en actitudes
disruptivas dentro del aula y conflictos frecuentes entre compañeros.
Entre las barreras que enfrentan, se destacan la falta de autocontrol y
escasas habilidades de autorregulación emocional. Estos factores no solo
dificultan su aprendizaje, sino que también afectan la dinámica grupal y el
clima escolar.
En cuanto a las redes de soporte, cuentan con la institución educativa como
un espacio de formación y orientación; sin embargo, resulta necesario
fortalecer las estrategias pedagógicas y disciplinarias para brindar una mejor
respuesta a las necesidades de esta población. Asimismo, la participación y
compromiso de las familias es variable, lo que limita la continuidad de los
esfuerzos educativos en casa.
A nivel personal, los estudiantes muestran una marcada necesidad de guía,
reconocimiento y acompañamiento. A pesar de los problemas de conducta,
poseen un importante potencial para mejorar su disciplina, desarrollar
habilidades socioemocionales y construir relaciones más positivas, siempre
que se implementen estrategias de intervención adecuadas y sostenidas en
el tiempo.
VII. Objetivos:
General:
● Fortalecer las habilidades socioemocionales y conductuales en los
estudiantes de 2do grado de secundaria de la I.E.P. PNP Bacilio Ramírez
Peña, con la finalidad de promover la motivación intrínseca, la disciplina
y una convivencia escolar positiva.
Específicos:
● Fomentar la autoestima en los estudiantes de 2do grado con la finalidad
de incrementar su confianza y motivación intrínseca.
● Promover la observación de modelos positivos en los estudiantes de 2do
grado con la finalidad de favorecer la imitación de conductas adecuadas.
● Fomentar el refuerzo positivo en los estudiantes de 2do grado con la
finalidad de incrementar las conductas de respeto y disciplina.
● Estimular el autocontrol emocional en los estudiantes de 2do grado con
la finalidad de reducir las actitudes impulsivas en el aula.
● Desarrollar la empatía en los estudiantes de 2do grado con la finalidad
de mejorar la convivencia y disminuir los conflictos interpersonales.
● Impulsar la resolución pacífica de conflictos en los estudiantes de 2do
grado con la finalidad de disminuir enfrentamientos dentro del grupo.
● Reforzar la autoconfianza en los estudiantes de 2do grado con la
finalidad de potenciar su seguridad en la toma de decisiones.
● Promover el modelado de conductas responsables en los estudiantes de
2do grado con la finalidad de fortalecer la disciplina grupal.
● Favorecer la elaboración de compromisos personales en los estudiantes
de 2do grado con la finalidad de consolidar la disciplina escolar.
● Promover el uso de un lenguaje positivo en los estudiantes de 2do grado
con la finalidad de mejorar la comunicación y la convivencia.
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