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Enfrentando la Adversidad en la Fe

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¿Cómo enfrentar las adversidades?

Lo primero que debemos saber es que los cristianos vamos a experimentar adversidades en la
vida tendremos aflicciones.
Juan 16:33
Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero
confiad, yo he vencido al mundo.

Miremos a Jesús en toda circunstancia.

“Esforzaos y cobrad ánimo; no temáis ni tengáis miedo de ellos, porque Jehová tu Dios es el
que va contigo; no te dejará ni te desamparará… “Y Jehová es el que va delante de ti; él estará
contigo; no te dejará ni te desamparará; no temas ni te intimides” (Deuteronomio 31:6, 8).

Miremos a Jesús en toda circunstancia.

Si somos tentados miremos 1 Co. 10:13

Si estamos tristes 2 Co 4:17-18

Si estamos afligido por enfermedad Santiago 5:13-15

En toda circunstancia

Isaías 26:4

Proverbios 12:21

Hay quienes dimensionan un problema y lo convierten en gigante. Otros por el contrario se


toman el tiempo suficiente para medir cuidadosamente la magnitud del obstáculo que
enfrentan. La actitud es determinante en la búsqueda de soluciones. ¿Cuál es la actitud más
indicada? La actitud de esperanza que se desprende de alguien que tiene una sólida fe en Dios
y sabe que no hay problema grande que El no pueda resolver.

Efesios 6:12

Esforzarce:
En las fuerzas del hombre
Acción de emplear gran fuerza física o moral con algún fin determinado.

En Cristo
2 Timoteo 2:1

Cobrad animo:
Es confiar en Dios y no temer
Salmo 27:14

«Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para
saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos» Deuteronomio 8 : 2

Santiago 1:2-4

Tened por sumo gozo, hermanos míos, el que {os} halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce
paciencia, y que la paciencia tenga {su} perfecto resultado, para que seáis perfectos y completos, sin que {os} falte nada.
Romanos 8:28

Versículos Conceptos

Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, {esto es,} para los que son llamados conforme a {su}
propósito.
Isaías 40:31

Versículos Conceptos

pero los que esperan en el SEÑOR renovarán sus fuerzas; se remontarán {con} alas como las águilas, correrán y no se cansarán,
caminarán y no se fatigarán.
2 Corintios 4:16-18

Por tanto no desfallecemos, antes bien, aunque nuestro hombre exterior va decayendo, sin embargo nuestro hombre interior se
renueva de día en día. Pues {esta} aflicción leve y pasajera nos produce un eterno peso de gloria que sobrepasa toda comparación, al
no poner nuestra vista en las cosas que se ven, sino en las que no se ven; porque las cosas que se ven son temporales, pero las que no
se ven son eternas.
Romanos 8:35

Versículos Conceptos

¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?
Romanos 8:31

Versículos Conceptos

Entonces, ¿qué diremos a esto? Si Dios {está} por nosotros, ¿quién {estará} contra nosotros?
Apocalipsis 3:21

Versículos Conceptos

`Al vencedor, le concederé sentarse conmigo en mi trono, como yo también vencí y me senté con mi
Padre en su trono.
Santiago 1:12-15

Bienaventurado el hombre que persevera bajo la prueba, porque una vez que ha sido aprobado, recibirá
la corona de la vida que {el Señor} ha prometido a los que le aman. Que nadie diga cuando es tentado:
Soy tentado por Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal y El mismo no tienta a nadie. Sino
que cada uno es tentado cuando es llevado y seducido por su propia pasió[Link] más.

1 Pedro 5:7

Versículos Conceptos

echando toda vuestra ansiedad sobre El, porque El tiene cuidado de vosotros.
1 Pedro 4:12-13

Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que en medio de vosotros ha venido para probaros,
como si alguna cosa extraña os estuviera aconteciendo; antes bien, en la medida en que compartís los
padecimientos de Cristo, regocijaos, para que también en la revelación de su gloria os regocijéis con
gran alegría.

1. ADVERSIDAD – LAS CIRCUNSTANCIAS NO GOBIERNAN


NUESTRA VIDA
Si lo permitimos, la adversidad gobernará nuestro ser y nos robará
la paz. Y aun cuando el día sea hermoso, creeremos que está lleno
de densos nubarrones. ¿Qué hacer? ¿Dejarnos arrastrarnos por las
circunstancias? En absoluto.

El apóstol Pablo recomienda que comprendamos que, no importa la


situación que estemos atravesando, reconozcamos que Dios está
con nosotros: “Antes, en todas estas cosas somos más que
vencedores por medio de aquel que nos amó” (Romanos 8:37).

Con todo, yo me alegraré [Habacuc 3:17-19]

La verdadera felicidad no puede estar sujeta a los acontecimientos


de la vida. No puede sólo ser consecuencia de un buen estado de
ánimo. De ser así, es imposible “estar siempre gozosos” (1 Tes.
5:16).

El ser dichoso, bienaventurado o muy feliz debe estar afirmado


sobre la soberanía de Dios. Si Él gobierna mi vida, entonces puedo
ser bienaventurado aún en medio de las lágrimas. Si Él gobierna mi
vida nada de lo que me sucede es para derrotarme, sino para
fortalecerme. Sin pruebas y dificultades nunca tendríamos la
posibilidad de disfrutar la victoria. El que sufre el fortalecimiento del
entrenamiento, disfrutará la bienaventuranza del triunfo.

Sé bienaventurado si hoy te toca llorar, porque serás consolado (Mt.


5:4)

Hay heridas que te hacen doler, pero, en definitiva, serán de gran


bendición.

El profeta Habacuc vivió el dolor de ver caer la ciudad amada de


Jerusalén en manos de los caldeos. Pero en medio de esas
lágrimas encontró una vigorosa fuerza en el Señor.

A pesar de todas las desgracias que enumera en 3:17, él logró


alegrarse en Jehová y gozarse en Dios. No puso su foco en lo
malo, sino que se enfocó en Dios. Declaró: “con todo, yo me
alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación”.
Lo que hemos vivido recordémoslo como aquello que Dios uso para
acercarnos a Él o para fortalecernos. Y para lo que venga, sea lo
que sea, estemos enfocados en Dios.

Declaremos como el profeta: “¡¡con todo (sea bueno o sea malo), yo


me alegraré en el Señor y me gozaré en el Dios de mi salvación!!”

ORACIÓN EN TIEMPOS DIFÍCILES – Habacuc 3: 17-18


Mi amigo Gustavo cuenta la historia DE CUANDO ÉL VISITÓ UNA
IGLESIA… en una zona agrícola del Canadá. Esta zona estaba
pasando por una gran sequía. La situación económica de los
agricultores era terrible. Pero a pesar de su pobreza, muchos de
ellos seguían reuniéndose en la iglesia para adorar y alabar a Dios.

Gustavo se quedó realmente impresionado por el testimonio de uno


de los agricultores, cuando se puso de pie, y citó el Libro de
Habacuc 3:17-18,

“Aunque todavía no florece la higuera, ni hay uvas en los viñedos, ni


hay tampoco aceitunas en los olivos, ni los campos han rendido sus
cosechas; aunque no hay ovejas en los rediles ni vacas en los
corrales, 18 yo me alegro por ti, Señor; ¡me regocijo en ti, Dios de
mi salvación”!

Gustavo pensó, “Este hombre ha encontrado realmente el secreto


de la verdadera alegría, ¡del verdadero gozo”!

No tiene nada de malo que nos gusten las cosas buenas que el
dinero puede comprar. Pero no debemos confiar en ellas para que
nos hagan felices. Si nuestra satisfacción depende de las
posesiones materiales que tenemos, nos sentiremos destrozadas, si
las perdemos.

Pero si nuestra alegría está en el Señor, nada puede destrozarnos,


¡ni siquiera una angustia económica! ¡Si! Aquellos que conocen y
confían en el Señor pueden regocijarse -- aun en la pobreza.

Muchas de nosotras hemos escuchado a gente decir, ¿Ay, por qué


le pasan cosas malas a la gente buena? Habacuc, en su
conversación con Dios, le pregunta, ¿por qué le pasan cosas malas
a la gente de Dios?

El libro de Habacuc fue escrito antes de la caída de Jerusalén (en el


año 596 antes de Cristo), en la época en que Judá era gobernada
por reyes malos, opresivos y violentos. En este libro, Dios le da a
Habacuc una visión de la futura invasión de Babilonia, que Dios
usaría para castigar a Judá.

El enemigo destruiría “los huertos de higos”, las viñas, los olivares y


se llevarían sus ganados. Cuando Babilonia terminara con la tierra
de Judá, no quedaría nada que valiera la pena. Las construcciones
serían destruidas, los tesoros serían saqueados, y las haciendas y
huertos serían devastados. La economía se arruinaría, y no habría
motivo para cantar.

Sin embargo, Dios todavía estaría en Su trono, obrando “Sus


propósitos divinos” para Su gente. Habacuc no podría alegrarse en
sus circunstancias, pero si podía alegrarse en su Dios. Habacuc
había visto injusticia y violencia, miseria, y el pecado alrededor
suyo. Él había clamado a Dios para que lo ayudara, PERO NO
HABIA RECIBIDO NINGUNA AYUDA.

A decir verdad, el Señor le dijo a Habacuc, que las cosas se


pondrían peor – que Dios permitiría que los babilonios oprimieran a
los israelitas aún más. Habacuc clamó, “Señor, ¿cómo dejas que
esta gente se salga con la suya con toda esta maldad? ¿Por qué no
haces algo al respecto?

Pero Dios no cambió la situación… como Habacuc le había pedido.


El no expulsó a sus enemigos. Pero le reveló Su plan, que Dios,
eventualmente, destruiría los planes de aquellos que confiaban en
sí mismos, y que tenían éxito “solo” por la corrupción.

Cuando Dios le presentó a Habacuc el cuadro completo, y le habló


acerca de la victoria que vendría, el profeta se sintió profundamente
conmovido, e impresionado por la grandeza del Señor. Habacuc,
eventualmente tomó la decisión de alegrarse en el Señor, aunque
no se alegraba por la invasión que estaba por venir.

El profeta comprendió que la fe no siempre entiende los medios de


Dios, pero confía en los motivos de Dios. Oswaldo Chambers dijo,
“La fe es tener una confianza plena en el carácter de Dios, aunque
no entienda Sus caminos en ese momento”.

Muchas veces, durante las dificultades, nos hacemos las preguntas


incorrectas. En vez de preguntarte, ¿Cómo hago para deshacerme
de este problema? Mas bien, necesitas preguntarte, “¿Qué puedo
aprender de esta situación”?

¿Cómo pudo Habacuc cambiar? ¡POR MEDIO DE SU FE EN DIOS!


El profeta sabía que el sufrimiento en las manos de un Dios
amoroso podría traer gran bien. ¿Te está podando Dios a ti en
estos momentos? La marca de una fe madura es la de regocijarse,
aun en el dolor, porque confías en el Señor, de que tu futuro
terminará siendo bueno.

Mi amiga María Elena estaba asistiendo a un estudio bíblico. Me da


la impresión que ella nunca se olvidará de la pregunta que la
maestra bíblica le hizo en aquel día. “María Elena, ¿Cuál sería el
dolor más grande que pondría a prueba tu fe en Dios”?

El grupo estaba estudiando este pasaje de Habacuc, donde el


profeta decía, que aun si Dios le mandara un gran sufrimiento, o la
pérdida de un ser querido, él todavía se regocijaría en el Señor.

María Elena, que era una chica joven y soltera, respondió


sinceramente: “Yo no sé si podría soportar el dolor de perder a mis
padres”. Aun así, le prometió a Dios “en aquel día”, que cuando sus
padres murieran, ella se regocijaría en el Señor.

En menos de un mes, María Elena se dio cuenta que era “más fácil
decirlo”, ¡que hacerlo! Al poco tiempo su papá se enteró que tenía
una seria enfermedad al corazón, y que no le daban mucho tiempo
de vida.

Como su papá no conocía a Jesús, como su Salvador, María Elena


le rogó a Dios que no lo dejara morir, sin haberse entregado a
Cristo. No solo se murió su papá ese año, sino que su mamá
también se murió. Aunque la mamá si era creyente.

Sin embargo, María Elena no sabía si su oración por su papá había


sido contestada. ¡Por eso ella no podía regocijarse en el Señor! Ella
se preguntaba si Dios habría escuchado su oración.
A lo que María Elena luchaba interiormente acerca de estas
preguntas, ella escuchó al Señor en lo más profundo de su ser, a
través del Salmo 46:1, Dios es tu amparo y fortaleza, tu pronto
auxilio en todos los problemas. Y también encontró esperanza en la
verdad de Génesis 18:25, ¿Acaso el Juez de toda la tierra no debe
hacer lo que es justo?»

Hay momentos en que parece que todo alrededor nuestro se está


cayendo a pedazos. Actividades en las cuales has invertido, pueden
fracasar. La persona a la cual estas ministrando, te puede
desilusionar. El negocio o la carrera, en la cual has trabajado” tan
duramente para edificar” puede desmoronarse.

Estos tiempos, por muy difíciles que sean, son oportunidades para
examinar lo que es realmente importante para ti. Habacuc había
sido testigo del fracaso de muchas de las cosas que habían sido
importantes para él.

Sin embargo, a través de las pérdidas, los fracasos y los


desalientos, él pudo distinguir entre lo que era precioso para él, y lo
que era solo transitorio y vacío. Y llegó al punto de poder decir,
sinceramente, que aun si todo alrededor suyo fallara, ¡él todavía se
regocijaría en Dios!

“Si la higuera no floreciera; si las viñas no dieran uvas, si las ovejas


y las vacas dejaran de reproducirse, EL TODAVÍA ALABARÍA A
DIOS. Aunque sería difícil ver a su mundo derrumbarse, ¡AUN ASI,
ÉL ADORARIA A DIOS!

Habacuc no podía hacer que el árbol de higos produjera higos, ni


podía controlar la reproducción de las vacas y ovejas, pero él si
podía controlar su propia reacción hacia Dios. ¡Y EL ESCOGIÓ
ALABAR A DIOS!

¿Se está desmoronando el mundo alrededor tuyo? ¡AUN ASI, TÚ


PUEDES ALABAR A DIOS! Tu alabanza a Dios no depende del
éxito de tus actividades, sino de la naturaleza de Dios, y Su amor y
fidelidad hacia ti.

¡Pídele a Dios que te ayude a mirar más allá de las preocupaciones


mundanas, ¡para que puedas entender todas las razones que tienes
para alabarlo! Habacuc descubrió que Dios era su fortaleza, su
canto, su júbilo, y su salvación. Con Dios a nuestro lado, ¡NO
TENEMOS NADA QUE TEMER!

La dicha de confiar en Dios (Habacuc 3:17-18)

By Walter Cuadra Sermones

“Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo, y los labrados no den
mantenimiento, y las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en los corrales; con todo, yo me alegraré en Jehová, y me
gozaré en el Dios de mi salvación”.

Habacuc 3:17-18

INTRODUCCIÓN

Habacuc es uno de los libros cortos de la Biblia pero que bendicen a sus lectores. Habacuc es uno de los profetas
menores, y si hay algo curioso en este libro es que, a diferencia de los otros profetas, este fue el profeta que hablo con Dios, y Dios
le respondió, a diferencia de los otros profetas que hablaron de lo que Dios les dijo que hablarán. Realmente el contenido del libro
gira alrededor de la pregunta que Habacuc tenia y esta pregunta es muy similar a la que muchas personas se hacen hoy en día.
La dicha de confiar en Dios

I. LA PREGUNTA DEL PROFETA.

“La profecía que vio el profeta Habacuc. ¿Hasta cuándo, oh Jehová, clamaré, y no oirás; y daré voces a ti a causa de la violencia, y
no salvarás? ¿Por qué me haces ver iniquidad, y haces que vea molestia? Destrucción y violencia están delante de mí, y pleito y
contienda se levantan. Por lo cual la ley es debilitada, y el juicio no sale según la verdad; por cuanto el impío asedia al justo, por eso
sale torcida la justicia”.

Habacuc 1:1-4

El libro comienza con la pregunta que el profeta le hace a Dios: La profecía que vio el profeta Habacuc. ¿Hasta cuándo,
oh Jehová, clamaré, y no oirás; y daré voces a ti a causa de la violencia, y no salvarás? Habacuc vivió en un ´periodo en Judá donde
sus últimos reyes fueron malos, donde el pueblo se había olvidado de Dios y la injusticia social prevalecía: ¿Por qué me haces ver
iniquidad, y haces que vea molestia? Destrucción y violencia están delante de mí, y pleito y contienda se levantan. Por lo cual la ley
es debilitada, y el juicio no sale según la verdad; por cuanto el impío asedia al justo, por eso sale torcida la justicia, esto hacia que
él le preguntara a Dios por qué permitía que pasaran todas estas cosas y no hacia nada al respecto.

Hoy en día muchas personas se hacen preguntas similares. Algunos se preguntan ¿por qué Dios permite tanta maldad?,
¿por qué Dios permite que ocurran las tragedias?, ¿por qué Dios permite que existan tantos niños desposeídos?, ¿por qué Dios
permite que las personas buenas sufran?, ¿por qué Dios permite que se generen nuevas enfermedades mortales? Y en general, se
preguntan ¿por qué Dios permite el sufrimiento humano? Lo cierto es que la razón por la cual hay tanto sufrimiento en el mundo
es por causa de la maldad del hombre. Muchas personas no han considerado a Dios en sus vidas, viven inmersos en su vida de
pecado sin mostrar arrepentimiento, no están interesados en su evangelio, practican toda clase de ideologías contrarias a su
palabra y otros han llegado a negar su existencia.
En este caso, Habacuc si creía en Dios, pero su corazón se cargaba viendo tantas injusticias que ante sus ojos quedaban
impunes, pero él no sabia que nada ocurría fuera del control de Dios y que tarde o temprano el Señor actuaria.

II. AUN EN MEDIO DE LAS TRAGEDIAS, DIOS ESTÁ OBRANDO A FAVOR DE


SU PUEBLO.

“Mirad entre las naciones, y ved, y asombraos; porque haré una obra en vuestros días, que aun cuando se os contare, no la
creeréis. Porque he aquí, yo levanto a los caldeos, nación cruel y presurosa, que camina por la anchura de la tierra para poseer las
moradas ajenas. Formidable es y terrible; de ella misma procede su justicia y su dignidad. Sus caballos serán más ligeros que
leopardos, y más feroces que lobos nocturnos, y sus jinetes se multiplicarán; vendrán de lejos sus jinetes, y volarán como águilas
que se apresuran a devorar”.

Habacuc 1:5-8

Ante la pregunta del profeta, Dios le respondió: Mirad entre las naciones, y ved, y asombraos; porque haré una obra en
vuestros días, que aun cuando se os contare, no la creeréis. Aun con todo lo que estaba pasando, el Señor tenia en control todas
las cosas, ya que mientras muchos pensaban que Dios se había olvidado de su creación y que la maldad de los hombres quedaría
sin castigo, Él estaba planeando algo tan grande que, aunque se las contaran no lo creerían. Muchos malvados hacían lo que mejor
les pareciera y el pueblo estaba hundido en una terrible idolatría, pero lo cierto es que Dios estaba levantando a la nación de los
caldeos, Babilonia, para usarla como su medio de juicio para todos los impíos: Porque he aquí, yo levanto a los caldeos, nación
cruel y presurosa, que camina por la anchura de la tierra para poseer las moradas ajenas. Formidable es y terrible; de ella misma
procede su justicia y su dignidad. Sus caballos serán más ligeros que leopardos, y más feroces que lobos nocturnos, y sus jinetes se
multiplicarán; vendrán de lejos sus jinetes, y volarán como águilas que se apresuran a devorar.

Ciertamente el Señor actuaria, castigando la maldad de los injustos, y trayendo en medio de ese juicio, justicia a los
desamparados, ya que, aunque Jerusalén fue destruida totalmente, y muchos judíos perecieron, también Dios guardo a su
remanente y les trajo justicia en medio de esta calamidad, así lo podemos ver en la vida de algunos judíos piadosos que tuvieron
que vivir en la deportación, tal y como, Daniel y sus tres amigo, Mardoqueo, Ester, Nehemías o Esdras.

Hoy en día podemos estar pasando momentos de dificultad, pero debemos confiar, porque el Señor actuara siempre a favor
de su pueblo y castigara la maldad, lo único que debemos hacer es esperar su promesa, ya que ciertamente se cumplirá: “Aunque
la visión tardará aún por un tiempo, más se apresura hacia el fin, y no mentirá; aunque tardare, espéralo, porque sin duda vendrá,
no tardará. He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; más el justo por su fe vivirá”, (Habacuc 2:3-4). En momentos
de gran incertidumbre y mucho pecado hay dos opciones, los injustos se endurecerán más para que por la dureza de su corazón
sean condenados, mientras que los justos vivirán por la fe esperando el día de la redención.

III. LA DICHA DE CONFIAR EN DIOS

“Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo, y los labrados no den
mantenimiento, y las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en los corrales; con todo, yo me alegraré en Jehová, y me
gozaré en el Dios de mi salvación”.

Habacuc 3:17-18

Finalmente, este maravilloso libro termina declarando la dicha que tenemos aquellos que confiamos en Dios: Aunque la
higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo, y los labrados no den mantenimiento, y las
ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en los corrales; con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de
mi salvación. El enemigo de la fe es la duda, y cuando las cosas van mal y parecen no mejorar esta puede llegar a la vida de las
personas, pero es allí donde debemos confiar porque, aunque el mundo atraviese por grandes dificultades y escasez, nosotros
viviremos confiados porque Dios cuidara de nosotros y nada nos faltara.
CONCLUSIÓN.

Habacuc se afligía viendo un mundo lleno de injusticias, maldades y sufrimientos, y en medio de todo esto se preguntó:
¿Dónde estaba Dios?, y ¿por qué permitía tanta injusticia y sufrimiento? Hoy en día muchas personas se preguntan lo mismo,
especialmente en momentos de crisis, sin embargo, Dios continúa sentado en su trono como soberano del universo, aunque el
mundo se allá olvidado de Él y lo haya sacado de sus vidas, el Señor continúa obrando teniendo control de todas las cosas y
planeando actuar para castigar la maldad de los hombres y bendecir a su pueblo. Por ello, los cristianos debemos confiar
plenamente en Él porque, aunque el mundo se estremezca, Dios continúa teniendo cuidado de nuestras vidas.

La dicha de confiar en Dios (Habacuc 3:17-18)

By Walter Cuadra Sermones

“Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo, y los labrados no den
mantenimiento, y las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en los corrales; con todo, yo me alegraré en Jehová, y me
gozaré en el Dios de mi salvación”.

Habacuc 3:17-18

INTRODUCCIÓN

Habacuc es uno de los libros cortos de la Biblia pero que bendicen a sus lectores. Habacuc es uno de los profetas
menores, y si hay algo curioso en este libro es que, a diferencia de los otros profetas, este fue el profeta que hablo con Dios, y Dios
le respondió, a diferencia de los otros profetas que hablaron de lo que Dios les dijo que hablarán. Realmente el contenido del libro
gira alrededor de la pregunta que Habacuc tenia y esta pregunta es muy similar a la que muchas personas se hacen hoy en día.
La dicha de confiar en Dios

I. LA PREGUNTA DEL PROFETA.

“La profecía que vio el profeta Habacuc. ¿Hasta cuándo, oh Jehová, clamaré, y no oirás; y daré voces a ti a causa de la violencia, y
no salvarás? ¿Por qué me haces ver iniquidad, y haces que vea molestia? Destrucción y violencia están delante de mí, y pleito y
contienda se levantan. Por lo cual la ley es debilitada, y el juicio no sale según la verdad; por cuanto el impío asedia al justo, por eso
sale torcida la justicia”.

Habacuc 1:1-4

El libro comienza con la pregunta que el profeta le hace a Dios: La profecía que vio el profeta Habacuc. ¿Hasta cuándo,
oh Jehová, clamaré, y no oirás; y daré voces a ti a causa de la violencia, y no salvarás? Habacuc vivió en un ´periodo en Judá donde
sus últimos reyes fueron malos, donde el pueblo se había olvidado de Dios y la injusticia social prevalecía: ¿Por qué me haces ver
iniquidad, y haces que vea molestia? Destrucción y violencia están delante de mí, y pleito y contienda se levantan. Por lo cual la ley
es debilitada, y el juicio no sale según la verdad; por cuanto el impío asedia al justo, por eso sale torcida la justicia, esto hacia que
él le preguntara a Dios por qué permitía que pasaran todas estas cosas y no hacia nada al respecto.

Hoy en día muchas personas se hacen preguntas similares. Algunos se preguntan ¿por qué Dios permite tanta maldad?,
¿por qué Dios permite que ocurran las tragedias?, ¿por qué Dios permite que existan tantos niños desposeídos?, ¿por qué Dios
permite que las personas buenas sufran?, ¿por qué Dios permite que se generen nuevas enfermedades mortales? Y en general, se
preguntan ¿por qué Dios permite el sufrimiento humano? Lo cierto es que la razón por la cual hay tanto sufrimiento en el mundo
es por causa de la maldad del hombre. Muchas personas no han considerado a Dios en sus vidas, viven inmersos en su vida de
pecado sin mostrar arrepentimiento, no están interesados en su evangelio, practican toda clase de ideologías contrarias a su
palabra y otros han llegado a negar su existencia.
En este caso, Habacuc si creía en Dios, pero su corazón se cargaba viendo tantas injusticias que ante sus ojos quedaban
impunes, pero él no sabia que nada ocurría fuera del control de Dios y que tarde o temprano el Señor actuaria.

II. AUN EN MEDIO DE LAS TRAGEDIAS, DIOS ESTÁ OBRANDO A FAVOR DE


SU PUEBLO.

“Mirad entre las naciones, y ved, y asombraos; porque haré una obra en vuestros días, que aun cuando se os contare, no la
creeréis. Porque he aquí, yo levanto a los caldeos, nación cruel y presurosa, que camina por la anchura de la tierra para poseer las
moradas ajenas. Formidable es y terrible; de ella misma procede su justicia y su dignidad. Sus caballos serán más ligeros que
leopardos, y más feroces que lobos nocturnos, y sus jinetes se multiplicarán; vendrán de lejos sus jinetes, y volarán como águilas
que se apresuran a devorar”.

Habacuc 1:5-8

Ante la pregunta del profeta, Dios le respondió: Mirad entre las naciones, y ved, y asombraos; porque haré una obra en
vuestros días, que aun cuando se os contare, no la creeréis. Aun con todo lo que estaba pasando, el Señor tenia en control todas
las cosas, ya que mientras muchos pensaban que Dios se había olvidado de su creación y que la maldad de los hombres quedaría
sin castigo, Él estaba planeando algo tan grande que, aunque se las contaran no lo creerían. Muchos malvados hacían lo que mejor
les pareciera y el pueblo estaba hundido en una terrible idolatría, pero lo cierto es que Dios estaba levantando a la nación de los
caldeos, Babilonia, para usarla como su medio de juicio para todos los impíos: Porque he aquí, yo levanto a los caldeos, nación
cruel y presurosa, que camina por la anchura de la tierra para poseer las moradas ajenas. Formidable es y terrible; de ella misma
procede su justicia y su dignidad. Sus caballos serán más ligeros que leopardos, y más feroces que lobos nocturnos, y sus jinetes se
multiplicarán; vendrán de lejos sus jinetes, y volarán como águilas que se apresuran a devorar.

Ciertamente el Señor actuaria, castigando la maldad de los injustos, y trayendo en medio de ese juicio, justicia a los
desamparados, ya que, aunque Jerusalén fue destruida totalmente, y muchos judíos perecieron, también Dios guardo a su
remanente y les trajo justicia en medio de esta calamidad, así lo podemos ver en la vida de algunos judíos piadosos que tuvieron
que vivir en la deportación, tal y como, Daniel y sus tres amigo, Mardoqueo, Ester, Nehemías o Esdras.

Hoy en día podemos estar pasando momentos de dificultad, pero debemos confiar, porque el Señor actuara siempre a favor
de su pueblo y castigara la maldad, lo único que debemos hacer es esperar su promesa, ya que ciertamente se cumplirá: “Aunque
la visión tardará aún por un tiempo, más se apresura hacia el fin, y no mentirá; aunque tardare, espéralo, porque sin duda vendrá,
no tardará. He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; más el justo por su fe vivirá”, (Habacuc 2:3-4). En momentos
de gran incertidumbre y mucho pecado hay dos opciones, los injustos se endurecerán más para que por la dureza de su corazón
sean condenados, mientras que los justos vivirán por la fe esperando el día de la redención.

III. LA DICHA DE CONFIAR EN DIOS

“Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo, y los labrados no den
mantenimiento, y las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en los corrales; con todo, yo me alegraré en Jehová, y me
gozaré en el Dios de mi salvación”.

Habacuc 3:17-18

Finalmente, este maravilloso libro termina declarando la dicha que tenemos aquellos que confiamos en Dios: Aunque la
higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo, y los labrados no den mantenimiento, y las
ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en los corrales; con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de
mi salvación. El enemigo de la fe es la duda, y cuando las cosas van mal y parecen no mejorar esta puede llegar a la vida de las
personas, pero es allí donde debemos confiar porque, aunque el mundo atraviese por grandes dificultades y escasez, nosotros
viviremos confiados porque Dios cuidara de nosotros y nada nos faltara.
CONCLUSIÓN.

Habacuc se afligía viendo un mundo lleno de injusticias, maldades y sufrimientos, y en medio de todo esto se preguntó:
¿Dónde estaba Dios?, y ¿por qué permitía tanta injusticia y sufrimiento? Hoy en día muchas personas se preguntan lo mismo,
especialmente en momentos de crisis, sin embargo, Dios continúa sentado en su trono como soberano del universo, aunque el
mundo se allá olvidado de Él y lo haya sacado de sus vidas, el Señor continúa obrando teniendo control de todas las cosas y
planeando actuar para castigar la maldad de los hombres y bendecir a su pueblo. Por ello, los cristianos debemos confiar
plenamente en Él porque, aunque el mundo se estremezca, Dios continúa teniendo cuidado de nuestras vidas.

Confianza en Jehová

Jeremías 17:7-8

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