0% encontró este documento útil (0 votos)
7 vistas1 página

Terror en la Mansión Abandonada

Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
7 vistas1 página

Terror en la Mansión Abandonada

Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

La Mansión Abandonada

La noche era cerrada cuando la familia decidió explorar la vieja mansión


abandonada a las afueras del pueblo. Las puertas crujieron al abrirse, y un
aire frío y polvoriento los invadió. Las sombras danzaan en los muros, y cada
crujido de las tablas del suelo hacía que el corazón de la pequeña Ana latiere
con más fuerza.
El padre encendió la linterna, y su luz reveló los muebles cubiertos de
telarañas y el polvo acumulándose sobre los retratos de personas con miradas
fijas. Un espejo colgaba en el pasillo, y al pasar, Ana vio un reflejo que no le
pertenecía. Una figura pálida la miraba fijamente desde el otro lado.
“¡Mamá!”, gritó, “¡Ese espejo me observa!”.
La madre, intentando calmarla, la cogió de la mano. “Solo es tu imaginación,
cariño”, respondió. Pero al girar la cabeza, vio cómo las sombras en el espejo
comenzaban a tomar forma. Sus ojos, antes llenos de ternura, ahora
reflejaban un profundo terror.
En ese instante, el espejo se rompió en mil pedazos, y de la oscuridad surgió
una mano de aspecto cadavérico. La familia, paralizada por el miedo, escuchó
cómo la mano extendía hacia ellos. De repente, todas las luces de la mansión
se apagaron, y el único sonido que quedó fue el eco de un grito que se perdió
en la noche.

La Mansión Abandonada
La noche era cerrada cuando la familia decidió explorar la vieja mansión
abandonada a las afueras del pueblo. Las puertas crujieron al abrirse, y un
aire frío y polvoriento los invadió. Las sombras danzaan en los muros, y cada
crujido de las tablas del suelo hacía que el corazón de la pequeña Ana latiere
con más fuerza.
El padre encendió la linterna, y su luz reveló los muebles cubiertos de
telarañas y el polvo acumulándose sobre los retratos de personas con miradas
fijas. Un espejo colgaba en el pasillo, y al pasar, Ana vio un reflejo que no le
pertenecía. Una figura pálida la miraba fijamente desde el otro lado.
“¡Mamá!”, gritó, “¡Ese espejo me observa!”.
La madre, intentando calmarla, la cogió de la mano. “Solo es tu imaginación,
cariño”, respondió. Pero al girar la cabeza, vio cómo las sombras en el espejo
comenzaban a tomar forma. Sus ojos, antes llenos de ternura, ahora
reflejaban un profundo terror.
En ese instante, el espejo se rompió en mil pedazos, y de la oscuridad surgió
una mano de aspecto cadavérico. La familia, paralizada por el miedo, escuchó
cómo la mano extendía hacia ellos. De repente, todas las luces de la mansión
se apagaron, y el único sonido que quedó fue el eco de un grito que se perdió
en la noche.

También podría gustarte