Durante la Guerra Civil ambos bandos realizaron incautaciones de medios de
comunicación social. Así, se dio el caso de que el diario Abc continuara en Sevilla siendo
monárquico mientras en Madrid, donde estaba la casa madre, fuera reconvertido a la
fuerza en republicano.
Finalizada la contienda el Gobierno decidió crear una cadena de publicaciones como
servicio público. El sistema consistió en la confiscación de unas cuantas y la compra o
creación de otras. Prensa y Radio del Movimiento abarcaría informativamente casi toda
la geografía nacional. Llegó a poseer más de la tercera parte de los rotativos de nuestro
país. Contaba con ocho veces más publicaciones que la primera empresa periodística
privada, Editorial Católica.
Durante el periodo inicial hubo pugnas por su control. Se impuso el sector falangista.
Con el paso de los años fue evolucionando, tras las diferencias surgidas entre distintas
familias políticas, imponiéndose la línea del Movimiento. Después progresó a tono con
la llegada de los tecnócratas al Gobierno, un grupo destacado de miembros del Opus Dei.
Finalmente, tras la caída de estos, se llegó a revolver contra “el espíritu del 12 de
febrero” que preconizaba el presidente Carlos Arias Navarro. Fue el famoso gironazo
publicado en Arriba, buque insignia de esta flota periodística, en contra del
asociacionismo político. Era la lucha entre el búnker y los partidarios de cierta renovación
conforme a las exigencias de los nuevos tiempos.
Sirvió al régimen que la alumbró y, con la llegada de la transición, pasó a ser objeto
permanente de codicia política. El Gobierno de Adolfo Suárez democratizó el nombre,
pasando a denominarse Medios de Comunicación Social del Estado. Pero tan solo se
trataba de un lavado de imagen cara su ulterior enajenación. La excusa para privatizarla
fue que la radio y la televisión son un servicio público y la prensa, no. Por ello se desgajó
la red de emisoras, que fue incorporada a Radio Nacional de España y posteriormente a
lo que ahora es el ente RTVE.
Con la democracia consolidada y en plena agonía de la cadena de diarios estatales, se
dio la circunstancia de que se invirtieron los papeles en relación con la supervivencia de
la misma. Partidos de izquierda y centrales sindicales, enemigos acérrimos hasta entonces
de su continuidad, modificaron de postura y pasaron a defenderla a ultranza. Mientras
UCD (Unión de Centro Democrático) que, desde su llegada al poder, la había utilizado
descaradamente a su servicio, abogada por la desaparición. Todos giraron un ángulo de
180 grados.
Una vez acometida la transición democrática, el partido en el poder trató de mejorar a
cuenta del Estado estas publicaciones, dotándolas de nuevos edificios y modernos medios
técnicos, para su proyecto de privatización y adquisición de los más influyentes y
rentables, mediante una turbia maniobra económica. Los centristas flanqueaban la
campaña de las empresas editoras para la liquidación de la red de diarios, tras
aprovecharla convenientemente en las campañas electorales.
La debacle de los ucederos en las de 1982 frustró sus planes de acaparamiento de la
red de diarios. El PSOE, una vez en la Moncloa, pese a que se había mostrado partidario
de su continuidad –así fue acordado en su XXIX Congreso– y que había impugnado el
proceso enajenador, acabaría aplicando el decreto-ley de supresión aprobado por el
Gobierno de Leopoldo Calvo Sotelo. Se desdecía de sus iniciales propósitos de
pervivencia como medios institucionales, dándoles el golletazo. El trasfondo era hacerse
con su control a nivel privado, para incrementar su magno aparato de dirigismo
informativo.
Primero fue el intento de formación de sociedades anónimas laborales para que los
trabajadores estuvieran teóricamente al frente de los rotativos, pero bajo la participación
empresarial de El País. La denuncia de la maniobra y oposición de aquellos para evitar la
creación de un holding periodístico en torno a dicho diario de izquierdas, en el que
hubieran quedado relegados a convidados de piedra, frustró el proyecto del PSOE y de
Jesús Polanco, presidente de Prisa. Después, la creación de Mundicom, empresa que,
mediante sociedades formadas en las capitales en que se iban a subastar los diarios más
influyentes y saneados, intentó coparlos.
Empresarios próximos al poder consiguieron unos cuantos. Así, el caso Filesa, sobre la
financiación del PSOE, tuvo como protagonistas a Guillermo Galeote, Carlos Sanjuán y
Carlos Navarro, máximos responsables de Prensa Sur. Adquirieron varias cabeceras en
Andalucía. Pero no declararon tal actividad, pese a su condición de parlamentarios a
Cortes. Tras la investigación abierta, Sanjuán llego a manifestar que los tres eran
testaferros del partido en dicha empresa, mientras que desde la sede de Ferraz negaban
cualquier participación en la misma.
La politización de los medios que adquirieron supuso en algunos casos tremendos
descensos en las ventas. Ocurrió con el santanderino Alerta. Regido por dirigentes
socialistas cántabros, fue escenario de una de las huelgas más largas –cuatro meses– de
la historia del periodismo en España. Un resonante conflicto en el que se prodigaron
agresiones físicas, amenazas de pegar tiros, estallido de alguna bomba, contabilidades
falseadas, cientos de miles de ejemplares camuflados, generoso reparto de beneficios y
donación al PSOE... Escándalo que hizo que el tema de la asignación de este rotativo
llegara al Congreso de los Diputados.
Los mayores perjudicados por este proceso enajenador y posterior privatización han
sido los periodistas que trabajaban en esta cadena. Fue un buen banco de pruebas, una
gran escuela profesional, para muchos que se iniciaban en el mundo de la información.
Pero los vaivenes políticos de la última etapa hicieron que sufrieran las iras de varios
dirigentes, como cuando el ministro Pio Cabanillas los calificó de residuos fascistas o el
vicepresidente Fernando Abril Martorell amenazó con meterlos en los bajos del
Ministerio de Agricultura.
Los que eligieron continuar al servicio de la Administración del Estado fueron
condenados al más oscuro de los ostracismos. Arrinconados en gabinetes de
comunicación de museos y otros centros similares, quedaron casi anulados
laboralmente. Excelentes plumas que se desaprovecharon.
Un poder, cuarto o no, presente diariamente en la vida nacional, desconocido casi
siempre por los lectores y oscuro las más de las veces en su entramado. Una prensa que
no ha sido del Estado, sino que ha sobrevivido cautiva del Gobierno de turno. Todo un
viaje desde la herencia joseantoniana hasta la de Pablo Iglesias, la del fundador del PSOE
y UGT, no la del de Podemos.
Adoctrinada por la Falange, potenciada por el Movimiento, manipulada y después
legislada su privatización por la UCD y vendida la mejor parte y liquidada el resto por el
PSOE, continúa siendo objeto de polémica. Centristas y socialistas intentaron que, una
vez liquidada de la Administración del Estado, prosiguiera supeditada a nivel privado de
su órbita de poder. Quienes criticaban el dirigismo y manipulación política del régimen
anterior pretendieron hacer lo mismo.
En suma, un continuismo con una falsa imagen democrática. Una historia interminable
que ha discurrido por un camino sinuoso, cerrado y, sobre todo, contradictorio.
Periódicos que han pasado a depender de unos amos de la información a otros. El
último capítulo de este libro esté dedicado a los dueños de la prensa. Y a las intrigas y
manejos de la máquina felipista/socialista para erigirse como el más importante de todos
ellos y tratar de manipular al resto. Siempre en base a que quién controla la información,
tiene el poder. Al precio que sea.
Diferentes épocas en las que se ha pasado de Franco, Caudillo de España, de Paul
Preston, al Caudillo González, como José Luis Gutiérrez quiso titular su libro La
ambición del Cesar, pero no se le autorizó. Y, por último, al Caudillo Sánchez, obra de la
exparlamentaria socialista Rosa Díaz. Y siempre tratando de que la prensa esté bajo
control político.
I. SURGIDA EN LA GUERRA
La cadena de Prensa del Movimiento tiene su origen en parte durante la Guerra Civil.
La mayoría de los diarios que la formaban echaron a andar mediante el sistema de
incautaciones realizadas por las tropas franquistas a lo largo de la contienda, al igual que
las republicanas hacían lo mismo con las de signo contrario. Finalizada el enfrentamiento
bélico se completó, a base de adquisiciones, el resto del grupo periodístico oficial.
Poco antes existieron algunas publicaciones nacionalsindicalistas, como La conquista
del Estado (1931), Libertad (1931), El Fascio (1931), JONS (1933), F.E. (1933) y No
importa (1936), creadas por las juntas ofensivas de Ramiro Ledesma y Onésimo Redondo
y los falangistas de José Antonio Primo de Rivera y Julio Ruiz de Alda. La mayoría apenas
si duró unos meses.
Así, de No importa se editaron tres números clandestinos, escritos mayormente desde
la cárcel Modelo de Madrid. Y de El Fascio un sólo número, pues fue retirado por la
autoridad y prohibida su continuidad; llevaba artículos de José Antonio, Ramiro Ledesma,
Ernesto Giménez Caballero y Rafael Sánchez-Mazas.
A los dos meses de la asonada, un decreto dispuso la apropiación de bienes y patrimonio
de los partidos que integraban el Frente Popular y el traspaso de su propiedad al nuevo
Estado. La medida incluía al resto de las publicaciones sin adscripción partidista, pero
con una significación liberal.
Desde el inicio las agrupaciones políticas que formaban el Frente Nacional prestaron
gran atención a los fines propagandísticos. Tanto Falange Española como la Comunión
Tradicionalista, en concordancia con sus partidos homogéneos del viejo continente,
incluían en su programa una muy elaborada concepción del factor periodístico.
En octubre del 1936, azules y requetés suscribieron un acuerdo –faltaban todavía siete
meses para su unificación como Falange Española Tradicionalista y de las JONS– por el
que se repartían los edificios y talleres de los diarios que iban a incautar en Madrid, pues
creían que la toma de la capital era inminente. «Supuesta la obligada desaparición de la
prensa marxista y antinacional que se ha venido publicando en la capital de España –
rezaba el texto– y en justa compensación por las incautaciones llevadas a cabo en nuestros
órganos periodísticos por los partidos del Frente Popular, se hace así mismo una
distribución de imprentas y talleres entre las organizaciones comparecientes, salvadas las
naturales excepciones de los periódicos que deban subsistir».
Tras salvaguardar que el acuerdo había de ser aprobado por el Gobierno y la autoridad
militar, la Falange se quedaría con las instalaciones y maquinaria de El Liberal, Heraldo
de Madrid, Claridad, El Socialista, Mundo Obrero, Espasa Calpe y Unión Radio. Los
carlistas se harían cargo de Ahora, El Sol, Política y Radio España.
A finales de dicho año fueron declarados ilícitos los «periódicos, folletos y toda clase
de impresos y grabados pornográficos o de literatura socialista, comunista, libertaria y,
en general, disolventes», obligando a sus propietarios a entregar los establecimientos a
las autoridades.
Las medidas provisionales de incautación arrancaron de la aplicación de la Ley de
Prensa de 1938 y fueron finalmente sancionadas dos años después por otra emanada de
la Jefatura del Estado. Fue promulgada con el propósito de poner fin a lo que «reviste
la incertidumbre y la falta de consistencia de todos los estados posesorios cuando no
han transcurrido las circunstancias de tiempo ni median los requisitos de titularidad
necesarios para convertir el hecho posesorio en una situación de dominio».
Fue un texto legal creador de la cadena periodística del Movimiento. El artículo
primero disponía que «pasarán al Patrimonio de la Delegación Nacional de Prensa y
Propaganda de FET-JONS, con facultades de libre disposición, las máquinas y demás
material de talleres de imprenta o editoriales incautadas por el Ministerio de la
Gobernación y su Dirección General de Prensa, en virtud de la orden de 10 de agosto
de 1938, o intervenidos los mismos con anterioridad a dicha fecha, siempre que se trate
de material perteneciente a empresas o entidades contrarias al Movimiento Nacional,
aunque sean actualmente poseídas o disfrutadas en precario por entidades que no
dependen del expresado Ministerio o de la Delegación Nacional de Prensa y Propaganda
del Partido, y aquellas que aunque no hubieren sido materialmente incautadas debieron
serlo en cumplimiento de la orden ministerial referida».
Ley que puso en poder de lo que más adelante se llamaría Prensa del Movimiento un
elevado contingente de material de imprenta y edificios. Cabe destacar que se eximían
de bastantes gravámenes fiscales a la explotación a los periódicos.
Las llamadas «fuerzas de oposición al glorioso Movimiento Nacional», ilegalizadas
tras el final de la contienda e incautados sus bienes fueron: Izquierda Republicana,
Confederación Nacional del Trabajo, Partido Socialista Obrero Español, Unión General
de Trabajadores, Partido Comunista de España, Unión Republicana, Partido
Sindicalista, Partido Nacionalista Vasco, Acción Nacionalista Vasca, Ezquerra
Catalana, Partido Galleguista, Sindicalistas de Pestaña, Partido Obrero de Unificación
Marxista, Federación Anárquica Ibérica, Ateneo Libertario, Socorro Rojo Internacional
y «cualquiera otras entidades, agrupaciones o partidos filiales de análoga significación
a los expresados a juicio de la Junta Técnica del Estado».
Relación a la que después se añadirían el Partido Socialista Unificado de Cataluña,
Unión Rabbassaires, Acción Catalana Republicana, Partido Catalanista Republicano,
Unión Democrática de Cataluña y Estat Catalá.
Tras la guerra, al aprobarse los estatutos de FET-JONS, se creó la Delegación
Nacional de Prensa y Propaganda. Disponía de gran autonomía, excepto en lo relativo
a ciertas facultades como la censura. En 1957 pasó a depender directamente del
ministro secretario general como Delegación Nacional de Prensa, Propaganda y Radio
del Movimiento, disponiendo de la gestión administrativa y económica de todas las
unidades de producción periodísticas, radiofónicas y de publicaciones del partido.
Jesús Álvarez Fueyo sucedió al frente del aparato propagandístico a Antonio Correa
Veglisson. Unos años después se puso en funcionamiento el Consejo de Gerencia, del
que formaban parte como vocales de libre designación Fernando Herrero Tejedor,
Manuel Fraga Iribarne, Pascual Martín Pérez, Luis Gómez de Aranda, Fernando Pérez
Sevilla y Antonio María de Oriol y Urquijo…