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SIBO: Causas, Síntomas y Tratamiento

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SIBO: sobrecrecimiento bacteriano intestino delgado

/ Enfermería / 28/09/2024 / Por Comité Editorial revista Ocronos

Incluido en la revista Ocronos. Vol. VII. N.º 9–Septiembre 2024. Pág. Inicial:
Vol. VII; N.º 9: 2766

Autor principal (primer firmante): Naiara Aldama Peñaranda

Fecha recepción: 29/08/2024

Fecha aceptación: 26/09/2024

Ref.: Ocronos. 2024;7(9): 2766

Autores:

Naiara Aldama Peñaranda

Introducción

El Sobrecrecimiento Bacteriano del Intestino Delgado (SIBO, por sus siglas en


inglés) es un trastorno gastrointestinal que ha ganado atención en los últimos años
debido a su complejidad clínica y al impacto significativo en la calidad de vida de
los pacientes. Este trastorno se caracteriza por un aumento anormal de la cantidad
de bacterias en el intestino delgado, una región del tracto gastrointestinal que, en
condiciones normales, alberga un número relativamente bajo de microorganismos
comparado con el colon.

Etiología y patogénesis

El SIBO se desarrolla cuando hay una disfunción en los mecanismos que controlan
la motilidad intestinal, la secreción de ácido gástrico o la función inmunitaria, lo
que permite que las bacterias del colon migren y colonicen el intestino delgado. Las
causas subyacentes pueden ser diversas, incluyendo trastornos de la motilidad
como la esclerodermia, el síndrome del intestino irritable (SII), o el uso prolongado
de inhibidores de la bomba de protones (IBP), que reducen la acidez gástrica y
favorecen el crecimiento bacteriano.

Entre los mecanismos que predisponen al SIBO, la motilidad intestinal alterada es


una de las más importantes. El complejo motor migratorio (CMM), que actúa como
un “barrido” del intestino durante el ayuno, es esencial para prevenir la colonización
bacteriana excesiva en el intestino delgado. La disfunción de este mecanismo,
como ocurre en trastornos neuromusculares, puede contribuir significativamente
al desarrollo de SIBO.
Síntomas

Los síntomas de SIBO son variables y pueden superponerse con otras


enfermedades gastrointestinales, lo que complica su diagnóstico. Los síntomas
más comunes incluyen distensión abdominal, flatulencia, diarrea, y dolor
abdominal. En casos severos, el SIBO puede llevar a la malabsorción de nutrientes,
resultando en pérdida de peso, deficiencias vitamínicas, y esteatorrea (presencia
de grasa en las heces).

Es importante destacar que la presentación clínica del SIBO puede variar según el
tipo de bacterias predominantes en el intestino delgado. Por ejemplo, un
sobrecrecimiento de bacterias productoras de metano se asocia con
estreñimiento, mientras que un predominio de bacterias productoras de hidrógeno
se relaciona más con diarrea.

Diagnóstico

El diagnóstico de SIBO es un desafío por la naturaleza inespecífica de sus síntomas


y la falta de una prueba diagnóstica aceptada. El test de aliento con lactulosa es la
herramienta más comúnmente utilizada, ya que es no invasiva y mide la producción
de hidrógeno y metano por las bacterias intestinales tras la ingestión de un sustrato
fermentable. Sin embargo, esta prueba tiene limitaciones, incluyendo falsos
positivos y negativos, y no puede identificar de manera precisa el tipo de bacterias
presentes.

Otra opción es la aspiración y cultivo del contenido intestinal, considerada la


prueba «gold standard» para el diagnóstico de SIBO. Sin embargo, esta técnica es
invasiva, costosa y no siempre está disponible, lo que limita su uso en la práctica
clínica diaria.

Tratamiento

El tratamiento del SIBO se centra en reducir la carga bacteriana en el intestino


delgado, corregir las deficiencias nutricionales, y abordar las causas subyacentes.
Los antibióticos son la base del tratamiento y la rifaximina, un antibiótico no
absorbible, es uno de los más utilizados debido a su eficacia y perfil de seguridad.
La duración del tratamiento varía, pero suele ser de 10 a 14 días, con una tasa de
recurrencia que puede ser alta, lo que hace necesario un enfoque de tratamiento
individualizado.

Además de los antibióticos, los probióticos pueden ser beneficiosos en algunos


casos, ayudando a restaurar el equilibrio de la microbiota intestinal. También se ha
investigado el uso de dietas bajas en FODMAPs (oligosacáridos, disacáridos,
monosacáridos y polioles fermentables) para reducir los síntomas, aunque su
eficacia en el tratamiento de SIBO aún no está completamente establecida.

Conclusión

El SIBO es una condición compleja con una etiología multifactorial y una


presentación clínica que puede variar significativamente entre los pacientes.
Aunque los antibióticos son la piedra angular del tratamiento, la alta tasa de
recurrencia subraya la necesidad de enfoques más integrales que incluyan la
modificación de la dieta, la corrección de factores predisponentes y, en algunos
casos, el uso de probióticos. La investigación continua es crucial para mejorar las
estrategias diagnósticas y terapéuticas, y así, manejar de manera más efectiva esta
condición debilitante.

Referencias

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Motility, 23(2), 196-208.

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3. Pimentel, M., & Chatterjee, S. (2017). Autoimmunity Links SIBO and IBS.
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Neurogastroenterology & Motility, 27(4), 481-489.

7. Lauritano, E. C., & Gabrielli, M. (2014). Small intestinal bacterial overgrowth:


an update. Current Gastroenterology Reports, 16(9), 1-8.

8. Ghoshal, U. C., Shukla, R., Srivastava, D., & Ghoshal, U. (2017). Irritable
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association or unnecessary hype? World Journal of Gastroenterology, 23(25),
4491-4506.

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