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Anubis: Dios del Embalsamamiento Egipcio

Anubis era el dios egipcio de la muerte y de la momificación. Hijo de Osiris y Neftis, protegía a los muertos y conducía sus almas hacia el juicio de Osiris. Era representado como un hombre con cabeza de chacal y era venerado como patrón de los embalsamadores y guardián de las necrópolis.

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Anubis: Dios del Embalsamamiento Egipcio

Anubis era el dios egipcio de la muerte y de la momificación. Hijo de Osiris y Neftis, protegía a los muertos y conducía sus almas hacia el juicio de Osiris. Era representado como un hombre con cabeza de chacal y era venerado como patrón de los embalsamadores y guardián de las necrópolis.

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ANUBIS

Qué estrella reinventó la inmanencia de su luz en


cosmos de la inmortalidad, donde la mítica constelación de
vida se traducía y renovaba en un fulgor eterno, Anúbis
(Anupu en egipcio) iluminaba la noche del panteón
egipcio como pilar que sostenía el templo de un
mito intemporal que prometía a las almas la eternidad.

Esclavizados por el aliento de navegar en el regazo de la inmortalidad, superando los


próprios limites da existência, os Egípcios conceberam a arte do
embalsamamiento, que, al conservar sus cuerpos, los arrebataba a
abominable espectro de la deterioración, tal como sugiere uno de los muchos
inscripciones talladas sobre los ataúdes: “No me deterioraré. Mi cuerpo no
será presa de los gusanos, pues él es duradero y no será aniquilado en el país de
eternidad”. Este arte divino, capaz de encantar el tiempo, convirtiéndolo en esclavo
de aquellos que a ella recurrían, era dictada, reinventada y bendecida por Anubis,
guardião de las sublimes moradas de la eternidad, Soberano de las momificaciones y
embalsamamientos, intermediario entre el difunto y el tribunal que lo aguardaba
no Más allá y deidad cuya apariencia está estigmatizada por las incumbencias de que
es investido. Por consiguiente, y en una flagrante evocación de los perros y chacales
que velaban por las inhóspitas y desérticas necrópolis, esta divinidad surge
como un animal de la familia de los cánidos o, entonces, como un hombre poseedor
de una cabeza de chacal. La mitología egipcia nos revela que Anubis era fruto
de una ilegítima noche de amor vivida por Osiris en los brazos de Nefteis.

La leyenda nos revela que tan inusual unión se dio cuando el regreso del entonces
Soberano de Egito a seu magnífico país. Extenuando de uma viagem que o
mantendrá lejos de su patria por una eternidad, Osiris ardía en deseo de
sentir el Sol que brillaba en la mirada de Isis despojarse del sudario de nubes, tejido
por la añoranza, que vestía y sofocaba los cielos de su alma. Al vislumbrar Néftis,
o dios la entrelaza entonces en sus brazos, tomándola como su esposa. Y sus
sentidos, cegos por la pasión, se revelan impotentes para desvelar la
traición que él cometía, antes de que esta se consumara. Gracias a una
coroa de meliloto abandonada por Osíris en el lecho de Néftis, Ísis abraza a
percepción de que su amado esposo le había sido infiel y, desesperada,
confronta a su hermana, que le revela que de tan ilustres nupcias nació un
hijo, Anubis, quien, temiendo la ira de su esposo legítimo, Seth, ella había
ocultado algures nos pântanos. Ísis, a quem não fora concedido o apanágio de
concebir un hijo de Osiris, enreda entonces la resolución de rescatarlo a su
escondite, recorriendo así todo el país hasta encontrar al niño. Acto
contínuo, y en una notoria demostración de la benevolencia que le era
característica, la diosa amamanta Anubis, criándolo para convertirse en su
protetor y más fiel compañero.

La leyenda de Osiris comprueba que Isis fue coronada


de éxito, una vez que, tras la escisión
del cuerpo de su esposo, Anubis se ofreció
prontamente para auxiliar a diosa a reunir los
inúmeros fragmentos del difunto. Posteriormente,
Anúbis participa con igual dedicación en los rituales
ejecutados con el fin de restituir a Osiris el aliento
de vida y que le facultaron la concepción de la primera momia, hecho que
legitimó su conversión en el venerado dios del embalsamamiento, eterno guía
del difunto en el Más Allá. Su creciente influencia le aseguró un puesto
relevante en el tribunal compuesto por cuarenta y dos jueces que juzgaban los
recien inumados. De hecho, es él quien conduce al muerto hasta Osiris,
presentándolo al tribunal que presidía, para luego proceder a
pesagem del corazón. Si porventura el muerto desea más tarde regresar a
tierra, es Anubis a quien tiene la obligación de notificar previamente, dado que
esta surtida sólo será ejecutable con su consentimiento expreso, formalmente
consignado bajo la forma de un decreto.

Sus múltiples funciones permiten a este dios tener diversas denominaciones,


aunque todas ellas se encuentren intrincadamente relacionadas con su papel
en la vida póstuma de los egipcios. Así, Anubis es reconocido como 'el de los
ligaduras”, como patrón de los embalsamadores, “presidente del pabellón
divino
declamada por peritos, “señor de la necrópolis” o entonces “aquel que está en
cima de la montaña”, designaciones que exaltaban su posición mientras
guardián de las tumbas y conductor de los difuntos en los traicioneros laberintos del
mundo inferior. Como tal, no es del todo inusual el interminable repertorio de himnos
e preces a él destinados, que encontramos no raras veces en las paredes de las
mastabas más antiguas e igualmente en el famigerado “Texto de las Pirámides”.

Anúbis constituye igualmente la deidad tutelar de la décima séptima provincia del


Alto Egipto, cuya capital, Cinópolis (“La Ciudad de los Perros”), era el núcleo de su
culto, no obstante su imagen ser también una constante en relieves y
textos figurativos existentes en las sepulturas reales o plebeyas del valle del Nilo.
De hecho, a lo largo de toda la época faraónica, Anubis disfrutó de una
inefable popularidad que se reflejó en la sólida implantación de su culto en
dísparos centros religiosos del país, particularmente en Tebas o Menfis. En
Charuna, localidad próxima a su principal santuario, nos encontramos con
una necrópolis de perros momificados, los cuales eran venerados mientras
animales sagrados del dios.

¿Pero al final qué arte era esta que Anubis protegía y representaba?
Originalmente, antes de haber alcanzado su metódico método de
mumificación, los egipcios envolvían a sus difuntos en una estera o piel de
animal, buscando que el calor y el viento deshidratasen los cadáveres. Después de un
moroso proceso evolutivo, los embalsamadores lograron finalmente obtener de
forma artificial tal conservación natural, mediante un prolijo tratamiento, que
se prolongaba por setenta días. Una vez fue necesario cantidades
abundantes de agua para labrar los cuerpos, este ritual era realizado en la orilla
Ocidental del río Nilo (a considerable distancia de las viviendas), donde los
los embalsamadores trabajaban en una carpa ventilada. Terminado lo mencionado
período de tiempo, los difuntos seguían hacia las designadas “Casas de
Purificación”, meras salas reservadas para las prácticas de momificación, donde
cada gesto de los embalsamadores estaba tallado en la mirada vigilante de los sacerdotes.
Segundo inúmeros baixos-relevos e pinturas, estes primeiros ostentavam
máscaras con la efigie del dios-chacal Anubis, la deidad protectora de los muertos,
tal vez en un deseo de atraer su benevolencia.

El único ejemplar que se conserva de


máscara similar lleva a creer que esta
también sirvió como protección contra los
diversos olores que azotaban los
embalsamadores. Algunos momentáneos
descuidos de estos les llevaron a olvidarse,
por veces, de determinados instrumentos en
interior de las momias, lo que nos permite
conocer, a fondo, sus diversos utensilios de trabajo: ganchos
de cobre, pinzas, espátulas, cucharas, agujas, vasos dotados de picos para
dejar la goma escaldante sobre el cadáver y perforadores con cabeza de forcado,
para abrir, vaciar y volver a cerrar el cuerpo. Dada la ausencia de cualquier
información legada por los egipcios sobre sus técnicas de embalsamamiento
es necesario recurrir a los relatos de historiadores griegos, como Heródoto, para
que nuestra curiosidad sea saciada. Sus descripciones nos permiten
vislumbrar cada movimiento de los embalsamadores. En primer lugar, estos
extraían el cerebro del difunto por las fosas nasales, con la ayuda de un gancho de
ferro. Seguidamente, “con un cuchillo de piedra de Etiopía” (según refiere
Hérodoto) efectuaban una incisión en el flanco del difunto, por el cual retiraban los
intestinos del muerto.

Después de haber limpiado diligentemente la cavidad abdominal, la lavaban con


vino de palma y llenaban el vientre con una fusión de mirra pura, canela y
otras materias odoríferas. Entonces dejaban reposar el cuerpo en una solución
alcalina, basada en cristales de natrón seco, donde permanecía durante setenta
días, al final de los cuales la momia era envuelta con más de veinte capas de
ligaduras y cubiertas por un aceite de embalsamamiento (una mezcla de aceites
vegetales y de resinas aromáticas - coníferas del Líbano, incienso y mirra), que
endurecía, rápidamente. Todavía, sus propiedades anti-micósicas y anti-
bacterianas no protegían la estructura del cuerpo vaciado, deshidratado y ligero,
hecho comprobado por el incidente ocurrido con la momia del joven faraón
Tutankhamón, que se fragmentó, cuando intentaron sacarlo de su ataúd.
Las fajas que envolvían al difunto eran, preferentemente, de colores
rojo y rosa, nunca siendo utilizado para su concepción lino nuevo, pero
sí, aquel que se obtenía de las vestiduras que el muerto llevaba en vida.
A medida que se colocaban las ligaduras alrededor de los difuntos, los
sacerdotes presentes pronunciaban fórmulas sagradas. Simultáneamente,
se depositaban en los lechos de lino innumerables amuletos profilácticos, teniendo
se ha encontrado una momia con alrededor de ochenta y siete de estos objetos
de culto. Entre estos se encontraba ankh (vida), uno de los más preciados
dádivas ofrecidas a los hombres por los dioses; el ojo de oudjat, o ojo de
Hórus, símbolo de integridad, que sellaba la incisión hecha por los
embalsamadores, para retirar las entrañas del muerto; un amuleto en forma de
corazón, concebido para asegurar que los difuntos tendrían éxito en
tus juicios; y el escarabajo, esculpido en piedra, barro o vidrio. Este
el insecto enrolla bolas de estiércol, donde deposita los huevos. Los egipcios creían que
un escarabajo gigante generará el Sol de forma similar, rodándolo hacia
del horizonte, hasta el firmamento. Una vez que cada mañana este astro
soberano se desprende de un abrazo de tinieblas, el escarabajo se convirtió en un
símbolo de la resurrección de los muertos.
No exórdio de la civilización egipcia, ultimados sus
procesos de momificación, las personas notables eran
inumadas en un ataúd de forma rectangular, depositado
un sarcófago de piedra, considerado como depositario
da vida. Sin embargo, a lo largo de la historia, los ataúdes sufren
diversas metamorfosis, que alteraron, radicalmente, los
sus simulacros. En el Imperio Medio, los ataúdes se convirtieron en
son antropomórficos, aumentando su producción. A
la propia momia comenzó a tener una máscara de lino
estucado, exenta de cualquier semejanza con el difunto.
En realidad, innumerables momias eran sepultadas en
diversas urnas, siendo colocada una dentro de la otra, a semejanza de las muñecas
rusas. De este modo, la urna interna, más ajustada, debería encontrarse
apretada atrás. Durante mucho tiempo, los sarcófagos fueron construidos en
madera. No obstante, en un período más tardío, las urnas interiores eran
efectuadas con capas de papiro o lino, lo que se volvía más
económicamente accesible. Junto a las tumbas, reposaban cofres de madera,
que guardaban cuatro recipientes, desde la más humilde olla de barro al
más fastuoso vaso de alabastro. Estos canopes, cuyo nombre proviene de Kanops,
ciudad situada al este de Alejandría, contenían las vísceras del difunto, una
vez que sem estas, el cuerpo no se encontraría completo. Inicialmente, esta
la práctica consistía en una prerrogativa más reservada a los soberanos de Egipto,
más con algo de rapidez se extendió igualmente a los sacerdotes y altos
funcionarios y, por último, en el Nuevo Imperio, a todos los egipcios adinerados.

El hígado, el estómago, los pulmones y los intestinos estaban involucrados


separadamente en tejidos de lino, formando envoltorios que eran, en
seguida, depositados en el interior de los dispares canopos, tras haber sido
impregnados con resina de embalsamamiento. En contrapartida, el corazón,
símbolo de la razón, núcleo del encuentro del espíritu y simulacro del alma, después de ser
sometido a un riguroso tratamiento que tenía como objetivo su conservación, era siempre
recolocado en el cuerpo del difunto, que lo necesitaría a lo largo de su
juicio en el Más Allá. A su vez, las vísceras intrínsecas eran entregadas a
cuatro deidades protectoras, hijos de Horus, cuyas cabezas ornamentaban
freqüentemente las tapas de los cánopes: Amset, con cabeza de hombre, (cuyo
nome resulta de aneth, uma planta conhecida pelas suas propriedades de
conservación), tornado protector del estómago; Hápi, poseedor de una cabeza
de babuino, que vela pelos intestinos; Duamoutef, que ostenta uma cabeça de
perro y cuya misión es proteger los pulmones; y
Quebekhsenouf, portador de una cabeza de halcón, que
preserva el hígado. A partir del Nuevo Imperio, eran
representadas en los bordes de los canopos diosas protectoras,
que, con las alas abiertas, resguardaban sus contenidos.
Las mismas diosas surgían de rodillas en las esquinas de los
sarcófagos. Nut, la diosa de la bóveda celeste, adorna la cara
interior del tapa del ataúd.

Paradójicamente, los más humildes eran privados de cualquier prerrogativa,


siendo sepultados en el desierto, envueltos en una piel de vaca, una vez que no
poseían medios para pagar el elevado precio de la inmortalidad.

Detalles y vocabulario egipcio:

Djed- eternidad;

Keres- ataúd;

En la época grecorromana, Anubis fue investido de nuevas incumbencias,


encarnando en una deidad cósmica, regente de los cielos y de la tierra.
Etimológicamente, el epíteto “Anupus” puede tener su origen en la palabra
inep, emplea con el significado de “putrificar”.

La imagen de Anubis, en sus diversas representaciones, es una constante no


apenas en las momias y sarcófagos, sino también en las viñetas de los papiros
funerarios. La estatuilla de Anubis con cabeza de perro salvaje constituía
igualmente un amuleto, que colocaba a los difuntos bajo la protección del dios.
Se evoca como ejemplo la tumba del joven Tutankamón, entre muchos.
otros.

La famigerada momia del faraón Ramsés III sobrevivió indemne durante casi
3000 años, gracias al arte egipcio de la momificación y a la preservación del
desierto. Sin embargo, algunos meses de permanencia en un museo habrían causado la
su destrucción total, si innumerables egiptólogos no hubieran actuado,
prontamente.

out- embalsamadores

vabet- lugar de purificación, 'Casa de la Purificación'

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