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Responsabilidad Civil en Discapacidad

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28/11/24, 19:12 Thomson Reuters ProView - Comentario del Código Civil. 1ª ed.

, mayo 2015

CAPÍTULO VI. Responsabilidad por daños causados a otros [Arts. 299 y 299]
§ 1 Real Decreto de 24 julio 1889. Código Civil
LIBRO I. De las personas [Arts. 17 a 332]
TITULO XI. De las medidas de apoyo a las personas con discapacidad para el ejercicio de su capacidad
jurídica [Arts. 249 a 299]
CAPÍTULO VI. Responsabilidad por daños causados a otros [Arts. 299 y 299]
CAPÍTULO VI. Responsabilidad por daños causados a otros [Arts. 299 y 299]

CAPÍTULO VI
Responsabilidad por daños causados a otros
Añadido por art. 2.23 de Ley núm. 8/2021, de 2 junio

Artículo 299.

La persona con discapacidad responderá por los daños causados a otros,


de acuerdo con el Capítulo II del Título XVI del Libro Cuarto, sin perjuicio
de lo establecido en materia de responsabilidad extracontractual respecto
a otros posibles responsables.

Modificado por art. 2.23 de Ley núm. 8/2021, de 2 junio

Doctrina-comentario

I. Caracterización general. En este artículo se enumeran los hechos que originan el


nombramiento del defensor judicial y, a la vez, se enuncia cuál es el contenido genérico del
cargo —«representar y amparar»— que más adelante concreta el art. 302 CC (v. su com.).
Con carácter general, el defensor judicial aparece como una de las figuras de guarda de
menores e incapacitados (cfr. art. 215 CC) cuyas características básicas radican en su
temporalidad, subsidiariedad y coexistencia con la presencia bien de la patria potestad, bien
de la tutela bien de cualquiera de los tipos de curatela. Procede el nombramiento del
defensor judicial en tres supuestos diferenciados, dos concretos: existencia de conflicto de
intereses (art. 299.1.º) y no desempeño del cargo (art. 299.2.º) y otro genérico: «los demás
casos» (art. 299.3.º).

II. El conflicto de intereses (art. 299.1.º). Cuando se produzca entre los menores o
incapacitados y sus representantes legales o el curador, en algún asunto concreto, origina el
hecho que da lugar al nombramiento de uno de los tipos de defensor judicial. Por conflicto de
intereses se entiende, conforme a una definición ya tradicional (contenida en la STS de 6-XI-
34), la situación en la que el representante legal o curador, se ve obligado a tomar una
decisión sobre un asunto patrimonial que, en circunstancias normales, si no fuera atribuida
directa o indirectamente a aquél correspondería o aprovecharía al menor o viceversa;
definición que hoy se entiende que debe, necesariamente, ampliarse a intereses y asuntos
familiares y personales (p. ej.: ejercicio de acciones de reclamación o impugnación de la
filiación) en los que se produzca una situación idéntica (para su definición v. también STS 30-
XI-61 y 9-V-68; existe una amplia doctrina jurisprudencial y TRDGRN en relación al art. 163

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CC. V. su com.). Este precepto se refiere a la existencia de conflicto de intereses entre


menores o incapacitados y sus representantes legales y al supuesto de la tutela conjunta:

1. Representantes legales. Lo son, del menor o del incapacitado al que se haya sometido a
este régimen de guarda, los tutores (art. 267 CC) y los titulares de la patria potestad (arts.
154 y 162 CC), también los titulares de la patria potestad prorrogada cuando la sentencia así
lo determine (art. 171 CC). Si existe contraposición de intereses entre ellos procede el
nombramiento del defensor judicial. Con todo, hay que tener presente que cuando el conflicto
se produzca con los titulares de la patria potestad, debe aplicarse el art. 163 II CC conforme
al que «sin necesidad de especial nombramiento» corresponde al otro progenitor la
representación del menor o incapacitado, sin que deba nombrarse defensor. Cuando el
conflicto sea con ambos entrará en juego la previsión de este núm. 1.º del art. 299 CC y
deberá designarse un defensor judicial conforme a lo que se prevé en estos arts. 299 a 302
CC por haber quedado derogado, por estos preceptos, el art. 163 III CC (v. com. arts. 300 y
163 CC).

2. Curadores. Aunque la dicción del precepto parece sólo comprender la curatela de los
menores emancipados y de los incapacitados, hay que entender que queda incluida la
curatela de los pródigos, en la medida en que también puede producirse el conflicto de
intereses que origina la necesidad de nombramiento de un defensor judicial (Puig Ferriol,
Com. Nac. Tecnos, p. 767). Asimismo, cuando se trate de menores de edad hijos de familia
cuyos padres actúen complementando su capacidad, hay que tener en cuenta lo que dispone
el art. 163 II CC, de manera que sólo procede el nombramiento del defensor judicial cuando
la oposición de intereses se produzca con ambos padres a la vez, aplicándose a aquél las
reglas de estos arts. 299 a 302 CC (v. supra y com. art. 300 CC).

3. Tutela conjunta. Separadamente se trata el supuesto de la tutela conjunta ejercida por


ambos padres que se contempla en el art. 236.2.º CC. Siguiendo el mismo criterio que en
sede de patria potestad (cfr. art. 163 II CC), se excluye el nombramiento del defensor judicial
cuando el conflicto de intereses sea sólo con uno de los tutores, concentrándose
temporalmente, en el otro y para el asunto concreto, las funciones de la tutela. Sólo será
precisa la designación del defensor cuando la oposición se plantee con ambos padres.

No se alude a las demás tutelas conjuntas; en éstas procede la aplicación del art. 237 bis
CC, que sienta una regla idéntica a la comentada, de modo que el defensor judicial sólo será
nombrado cuando el conflicto se produzca en relación a todos los tutores. El supuesto del
ejercicio solidario de la tutela, en caso de existencia de oposición de intereses, debe
resolverse como si se tratase de un único tutor, dado el propio concepto de solidaridad
(Moreno Martínez, Defensor, p. 173) y su no inclusión ni en el art. 237 bis CC ni en la
segunda parte del núm. 1.º del art. 299 CC.

Aunque este precepto no se pronuncia acerca de la curatela plural, cuando ésta se admite (v.
com. art. 291 CC) habrá de resolverse la cuestión aplicando analógicamente las reglas
anteriores previstas para la tutela y la patria potestad (Puig Ferriol, Com. Nac. Tecnos, p.
766).

III. Falta de ejercicio del cargo (art. 299.2.º). Para que tenga lugar el nombramiento de un
defensor judicial es preciso, siempre, que esté constituida la tutela o curatela y se haya
tomado posesión del cargo. Si aquéllas no están constituidas procede la aplicación de las
previsiones que se contienen en el art. 299 bis. Lo que origina el nombramiento del defensor
judicial es el no desempeño —por el curador o tutor— de sus funciones por cualquier causa.
Dada la dicción legal se incluyen, entre estas causas, tanto las que produzcan
temporalmente imposibilidad para el ejercicio del cargo («hasta que cese la causa») como
aquellas que tengan una duración más definitiva que puedan dar origen al nombramiento de
un nuevo tutor o curador, sea cual sea y pueda o no estar fundamentada (causa de excusa,

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remoción, muerte, declaración de incapacitación, abandono del cargo,…). Los arts. 249 CC
para la remoción del tutor y 256 II CC para la alegación de una causa de excusa sobrevenida
ya prevén, legalmente, alguna de estas causas (son una aplicación de este precepto). El
nombramiento de un defensor judicial, en estos casos, no exime al tutor o curador de la
responsabilidad en la que hubiera podido incurrir. El defensor judicial actúa sólo
temporalmente hasta que cese la causa o se nombre un nuevo tutor o curador, sus
atribuciones son las que específicamente determine el Juez (v. com. art. 302 CC). No
procede el nombramiento de defensor judicial, inicialmente, cuando los titulares de la patria
potestad no ejerciten las funciones que les corresponden pues aquí habrán de aplicarse los
preceptos específicos (cfr. art. 158 CC, v. su com.; aunque parece que nada obsta a admitir
que entre «las demás disposiciones que considere oportunas», pueda decretar el
nombramiento de un defensor judicial).

IV. Otros supuestos. Con carácter residual, el núm. 3.º de este artículo hace una remisión
genérica a «los demás supuestos previstos en este Código». La mayor parte de la doctrina
advierte acerca de su inoportunidad e inoperancia en la actual regulación. De hecho, todos
los casos que aparecen previstos pueden reconducirse a cualquiera de los que se
comprenden en el núm. 1.º o 2.º (arts. 163, 249 y 256 CC ya citados). En cuanto al defensor
del art. 181 CC que algunos autores incluyen (así Yzquierdo, Estudios, p. 150; Lete, Com.
Edersa, IV2, p. 475), está claro que se trata de una figura distinta de la del defensor judicial
del menor, incapacitado o pródigo ya que la situación de desaparición no modifica la
capacidad de la persona y difícilmente cabe entender que los demás supuestos a los que se
ha querido referir sean, indiscriminadamente, todos los que hablen de defensor; parece
coherente pensar que la razón de la remisión es a aquellos casos en los que se contemple
una institución de guarda de menores, incapacitados y pródigos, es decir, a situaciones que
afecten a la capacidad de la persona.

También es distinta la figura del defensor en juicio del incapacitado o pródigo a la que aluden
los arts. 207 y 296 CC porque, aunque se predica de una situación de incapacidad o
capacidad limitada, en verdad se está refiriendo al nombramiento de un profesional
(abogado) que intervenga en el procedimiento (y que puede coexistir, en su caso, con el
defensor judicial que haya podido ser designado al amparo del art. 299 CC) y no a una figura
de guarda (Moreno Martínez, Defensor, p. 82).

María del Carmen Gete-Alonso y Calera

Artículo 299 bis.

...

Derogado por disp. derog. única.3 de Ley núm. 8/2021, de 2 junio

Doctrina-comentario

I. Configuración general. El artículo en análisis determina la intervención del MF ejerciendo


funciones de representación y defensa de menores e incapacitados mientras se constituye la
tutela, y la designación, en su caso, de un administrador de los bienes de aquéllos.
Técnicamente, aquí, no se está ante un auténtico defensor judicial que actúa cuando el
organismo de guarda (tutela, curatela, patria potestad) ya existe (cfr. art. 299 CC), sino ante
lo que la doctrina mayoritariamente (Puig Ferriol Com. Nac. Tecnos, p. 774; Lete Com.
Edersa, IV2, p. 476) califica como tutela provisional. Es la nota común de la provisionalidad la
única que le acerca al defensor judicial. Dado sus caracteres no le son de aplicación, por lo

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tanto, lo que se dispone en los arts. 300 a 302 que se refieren al defensor judicial. Es
necesario distinguir las dos figuras que se contienen en este precepto:

II. La tutela del Ministerio Fiscal. El MF actúa como tutor provisional en el período que
media desde que se tiene conocimiento de que una persona debe ser sometida a tutela
hasta la constitución de la misma y la toma de posesión del cargo por el tutor que fue
nombrado (cfr. art. 259 CC). El MF actúa como tutor en todo caso, sin necesidad de que sea
nombrado especialmente, y sea cual sea la situación en la que se encuentre el menor o la
persona cuya declaración de incapacitación se haya declarado, también en el supuesto al
que se refiere el art. 172.1 CC —menores en situación de desamparo— hasta que se
determine la entidad pública a la que corresponde la tutela. Comprende, por lo tanto, los
supuestos del art. 222 CC. Literalmente interpretado el precepto, no procede esta
intervención del MF cuando lo que deba constituirse sea una curatela. Probablemente porque
la curatela se ha pensado que actúa sólo en el ámbito patrimonial y no en el personal que es
en el que parece que se está pensando. No obstante, en la medida en la que se admitan
funciones en el ámbito personal para el curador (v. com. art. 289 CC), cabe aplicar
analógicamente a la curatela lo que se previene en este artículo ya que existe identidad de
razón. A ello no empece el que haya existido una anterior tutela pues, extinguida ésta, se
produce igual situación siendo inaplicable el art. 299.2.º CC que parte de la permanencia de
la institución de guarda. Particularmente este supuesto se producirá, con mayor frecuencia,
en relación a la curatela de los incapacitados. Las funciones del MF son las que
corresponderían, en su caso, al tutor del menor y/o incapacitado y comprenden, siempre, las
que afectan a la esfera personal; será él, por lo tanto, quien deba solicitar las autorizaciones
judiciales oportunas previstas legalmente (así el internamiento de aquéllos, cfr. arts. 211 y
271.1.º CC). Inicialmente, el contenido patrimonial del cargo también le corresponde salvo
que el Juez designe a un administrador. Su actuación puede coexistir con la de otras
personas, en particular con el guardador de hecho, que se ocupen del menor o incapacitado
(cfr. art. 303 CC). Su función concluye una vez que la persona designada para el cargo de
tutor (o curador, en su caso) tome posesión del mismo (art. 259 CC).

III. El administrador. La segunda parte de este precepto hace referencia a esta figura que
tiene caracteres propios y diferenciados de los del defensor judicial, sólo coincide con él en
su temporalidad. Es el Juez quien, a tenor de las circunstancias y concretamente del
patrimonio («cuidado de los bienes») podrá designarlo a su arbitrio no siendo necesaria su
existencia; en el caso de que no se nombre es el MF el encargado de defender y representar
en el ámbito patrimonial. El Juez goza de un amplio arbitrio pudiendo designar a la persona
que considere más apropiada no estando vinculado por las reglas de la tutela, aunque puede
tenerlas en consideración y, en especial, el principio general de beneficio para el menor o
incapacitado. La doctrina admite que, dadas las amplias facultades del Juez, en atención a la
cuantía o características del patrimonio del menor o incapacitado, puede ser posible la
designación de más de un administrador (Puig Ferriol Com. Nac. Tecnos, p. 777). En todo
caso, las facultades del administrador se contraen a los actos de administración ordinaria (de
«cuidado» habla este artículo, compárese con el art. 185.I Tercero CC), necesitando
autorización judicial para todos aquellos que excedan de la misma; no entran en juego, aquí,
las reglas de los arts. 271 y 272 CC. Finaliza la gestión cuando el tutor toma posesión del
cargo, momento a partir del cual debe rendir cuentas al Juez. A esta rendición de cuentas
cabe aplicar, analógicamente y con las adaptaciones oportunas, las reglas de la tutela (arts.
279 a 285 CC), salvo en el que se refiere a los plazos ya que la rendición de cuentas es
inmediata.

María del Carmen Gete-Alonso y Calera

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