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Alumbrando el Camino de los Demás

REFLEXIONES SOBR ELA VIDA

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Chay Zavaleta
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ALUMBRA EL CAMINO DE LOS OTROS

Había una vez, en una ciudad de Oriente, un hombre que caminaba por las
calles llevando encendida una lámpara de aceite. La ciudad era muy
oscura en las noches sin luna como aquella. En determinado momento se
encuentra con un amigo. Este lo mira y de pronto lo reconoce. Se da
cuenta de que es Guno, el ciego del pueblo y le dice:

– ¿Qué haces Guno, tú ciego, con una lámpara en la mano, si tú no ves...?

Entonces, el ciego le responde:

– Yo no llevo la lámpara para ver mi camino. Yo conozco de memoria la


oscuridad de las calles. Llevo la luz para que otros encuentren su camino
cuando me vean a mí... No sólo es importante la luz que me sirve a mí,
sino también la que yo uso para que otros puedan servirse de ella. Cada
uno de nosotros puede alumbrar el camino para que sea visto por otros,
aunque aparentemente no lo necesite.

Alumbrar el camino de los otros no es tarea fácil. Muchas veces en vez de


alumbrar oscurecemos mucho más el camino de los demás. ¿Cómo? A
través del desaliento, la crítica, el egoísmo, el desamor, el odio, el
resentimiento... ¡Qué maravilloso sería si todos ilumináramos los caminos
de los demás! Sin fijarnos si lo necesitan o no... Llevar luz y no oscuridad...
Si toda la gente encendiera una luz el mundo entero estaría iluminado y
brillaría día a día con mayor intensidad...

Todos pasamos por situaciones difíciles a veces. Todos sentimos el peso


del dolor en determinados momentos de nuestras vidas. Todos sufrimos en
algunos momentos. Lloramos en otros. Pero no debemos proyectar nuestro
dolor cuando alguien desesperado busca ayuda en nosotros... Al contrario,
ayudemos a los demás sembrando esperanza en ese corazón herido...
Nuestro dolor es y fue importante pero se minimiza si ayudamos a otros a
soportarlo, si ayudamos a otro a sobrellevarlo... ¡LUZ!... demos luz.
Tenemos en el alma el motor que enciende cualquier lámpara, la energía
que permite ir a iluminar en vez de oscurecer. Está en nosotros saber
usarla. Esta en nosotros ser Luz y no permitir que los demás vivan en las
tinieblas.
ACCIÓN DIARIA
Allí donde terminaba el pueblo había un barranco, una
especie de arroyo seco que ya había dejado de ser útil por
un nuevo canal que se construyó por otro lado del pueblo.
Pero este barranco era muy importante para la comunidad
porque más allá del arroyo seco había unos increíbles
prados y una hermosa cascada que la gente visitaba con
mucha frecuencia, pero para hacerlo antes debía sortear
obstáculos.
Primero bajar trabajosamente y luego subir una muy
empinada cuesta para poder disfrutar de todas las bellezas
que había del otro lado.
El hombre más sabio del lugar se acercaba al borde del
barranco y desde el mismo sitio todos los días arrojaba al
fondo del mismo, piedras y guijarros que juntaba en las
cercanías.
Su pequeño nieto; que muchas veces lo acompañaba al
lugar, le preguntó:
– ¿Para qué haces eso abuelo? -y el anciano sabio le
respondió:
– Es mi aporte para reducir el abismo que nos separa de los
prados y de las cascadas y que tanto deseamos ver.
Si todos hacemos lo mismo, y si en el futuro tus hijos y tus
nietos también lo hacen, alguna vez el barranco quedará
cubierto y los hombres podrán disfrutar sin fatigas de lo que
ahora nosotros debemos subir para gozar.
Mis piedras son pequeñas ya que no puedo cargar las más
grandes, pero gracias a ellas las cascadas y los prados
están cada día más cerca.
AFILANDO EL HACHA
En cierta ocasión un hombre joven llegó a un campo de
leñadores, ubicado en la montaña, con el objeto de
obtener trabajo. Durante su primer día de labores trabajó
arduamente y como resultado, taló muchos árboles.
El segundo día, trabajó tanto como el primero, pero su
producción, fue escasamente la mitad del primer día.
Durante el tercer día, se propuso mejorar su producción.
Golpeó con furia el hacha contra los árboles, pero sus
resultados fueron nulos.
El capataz, al ver los resultados del joven leñador, le
preguntó:
– ¿Cuándo fue la última vez que afilaste tu hacha?
– Realmente no he tenido tiempo de hacerlo, he estado
demasiado ocupado cortando árboles.
Moralejas:
Muchas veces no es tan importante el trabajo duro y
sostenido sino la calidad y efectividad de cómo este se
realiza.
"Para cortar rápidamente un árbol, gaste el doble del
tiempo afilando el hacha."
AFRONTAR EL SUFRIMIENTO
En tiempos de Buda, murió el único hijo de una mujer llamada Kisagotami. Incapaz de
aceptar aquello, la mujer corrió de una persona a otra en busca de una medicina que
devolviera la vida a su hijo. Le dijeron que Buda la tenía.

Kisagotami fue a ver a Buda, le rindió homenaje y le preguntó:

– ¿Puedes preparar una medicina que resucite a mi hijo?

– Conozco esa medicina -contestó Buda-. Pero para prepararla necesito ciertos
ingredientes. – ¿Qué ingredientes? -preguntó la mujer, aliviada.

– Tráeme un puñado de semillas de mostaza -le dijo Buda.

La mujer le prometió que se las procuraría, pero antes de que se marchase, Buda
añadió:

– Necesito que las semillas de mostaza procedan de un hogar donde no haya muerto
ningún niño, cónyuge, padre o sirviente.

La mujer asintió, y empezó a ir de casa en casa, en busca de las semillas. En todas


las casas que visitó, la gente se mostró dispuesta a darle las semillas pero al
preguntar ella si en la casa había muerto alguien, se encontró con que todas las casas
habían sido visitadas por la muerte; en una había muerto una hija, en otra un sirviente,
en otras el marido o uno de los padres. Kisagotami no pudo hallar un hogar donde
no se hubiera experimentado el sufrimiento de la muerte. Al darse cuenta de que no
estaba sola en su dolor, la madre se desprendió del cuerpo sin vida de su hijo, y fue a
ver a Buda, quien le dijo con gran compasión:

– Creíste que solo tú habías perdido un hijo; la ley de la muerte es que no hay
permanencia entre las criaturas vivas.

La búsqueda de Kisagotami le enseñó que nadie se libra del sufrimiento y la pérdida.


Ella no era una excepción.

Esa comprensión no eliminó el sufrimiento inevitable que comporta toda pérdida, pero
redujo el que deriva de luchar contra ese triste hecho, y por sobretodo le permitió
reponerse y ser feliz.
ALÉGRATE SIEMPRE
Si eres pequeño, alégrate, porque tu pequeñez sirve de contraste a
otros en el universo; porque esa pequeñez constituye la razón
esencial de su grandeza; porque para ellos ser grandes han
necesitado que tú seas pequeño, como la montaña para culminar
necesita alzarse entre las colinas, lomas y cerros.
Si eres grande, alégrate, porque lo invisible se manifestó en ti de
manera más excelente; porque eres un éxito del Artista eterno.
Si eres sano, alégrate, porque en ti las fuerzas de la naturaleza
han llegado a la ponderación y a la armonía.
Si eres enfermo, alégrate, porque luchan en tu organismo fuerzas
contrarias que acaso buscan una resultante de belleza; porque en
ti se ensaya ese divino alquimista que se llama el dolor.
Si eres rico, alégrate, por toda la fuerza que el destino ha puesto
en tus manos, para que la derrames.
Si eres pobre, alégrate, porque tus alas serán más ligeras; porque
la vida te sujetará menos; porque el Padre realizará en ti más
directamente que en el rico el amable prodigio periódico del pan
cotidiano.
Alégrate si amas, porque eres más semejante a Dios que los otros.
Alégrate si eres amado, porque hay en esto una predestinación
maravillosa.
Alégrate si eres pequeño; alégrate si eres grande; alégrate si
tienes salud; alégrate si la has perdido; alégrate si eres rico, si eres
pobre, alégrate; alégrate si te aman; si amas, alégrate; alégrate
siempre, siempre, siempre.
ALGO CAMBIÓ
Un amigo nuestro iba caminando al atardecer por una playa
desértica. Mientras caminaba, divisó a otro hombre a lo
lejos. Al acercarse, notó que el lugareño se agachaba
constantemente, recogía algo y lo arrojaba al agua. Una y
otra vez lanzaba cosas al océano.
Cuando nuestro amigo se acercó más todavía, vio que el
hombre recogía estrellas de mar que se habían clavado en
la playa y una por vez, las iba devolviendo al agua.
Nuestro amigo se sintió confundido. Se acercó y dijo:
– Buenas noches, amigo. Me pregunto qué está haciendo.
– Devuelvo estas estrellas de mar al océano. Ve, en este
momento, la marea está baja y todas estas estrellas
quedaron en la costa. Si no las echo nuevamente al mar, se
mueren aquí por falta de oxígeno.
– Ya entiendo -respondió mi amigo- pero ha debe de haber
miles de estrellas de mar en esta playa. Es imposible
tomarlas a todas. Son demasiadas. Además, seguramente
esto pasa en cientos de playas a lo largo de toda la costa.
¿No se da cuenta que no cambia nada?
El lugareño sonrió, se agachó, levantó otra estrella de mar
para arrojarla de nuevo al mar y respondió:
– ¡Para esta, sí cambió algo!
AMA SIN CONDICIÓN
Una historia que fue contada por un soldado que pudo regresar a casa
después de haber peleado en la guerra de Vietnam.

Un soldado les habló a sus padres desde - San Francisco.

– Mamá, papá. Voy de regreso a casa, pero les tengo que pedir un favor.
Traigo a un amigo que me gustaría que se quedara con nosotros.

– Claro, le contestaron, nos encantaría conocerlo.

– Hay algo que deben de saber, -siguió diciendo el hijo- él fue herido en la
guerra. Pisó en una mina de tierra y perdió un brazo y una pierna. Él no
tiene a dónde ir, y quiero que se venga a vivir con nosotros a casa.

– Siento mucho el escuchar eso hijo. A lo mejor podemos encontrar un


lugar en dónde él se pueda quedar

– No, mamá y papá, yo quiero que él viva con nosotros.

– Hijo, le dijo el padre, tú no sabes lo que estás pidiendo. Alguien que esté
tan limitado físicamente puede ser un gran peso para nosotros. Tenemos
nuestras propias vidas que vivir, y no podemos dejar que algo como esto
interfiera con nuestras vidas. Yo pienso que tú deberías de regresar a casa
y olvidarte de esta persona. Él encontrará una manera en la que pueda vivir
él solo.

En ese momento el hijo colgó la bocina del teléfono. Los padres ya no


volvieron a escuchar de él. Unos cuantos días después, los padres
recibieron una llamada telefónica de la policía de San Francisco. Su hijo
había muerto después de haber caído de un edificio, fue lo que les dijeron.
La policía creía que era un suicidio.

Los padres destrozados por la noticia volaron a San Francisco y fueron


llevados a la morgue de la ciudad para identificar a su hijo. Ellos lo
reconocieron, para su horror descubrieron algo que no sabían, su hijo tan
solo tenía un brazo y una pierna.
AMAR ES DARSE TODO
El hombre estaba tras el mostrador, mirando la calle distraídamente. Una niñita se aproximó al
negocio y apretó la naricita contra el vidrio de la vitrina. Los ojos de color del cielo brillaban cuando
vio un determinado objeto. Entró en el negocio y pidió para ver el collar de turquesa azul.

– Es para mi hermana. ¿Puede hacer un paquete bien bonito? -dijo ella.

El dueño del negocio miró desconfiado a la niñita y le preguntó:

– ¿Cuánto dinero tienes?

Sin dudar, sacó del bolsillo de su ropa un pañuelo todo atadito y fue deshaciendo los nudos. Los
colocó sobre el mostrador y dijo feliz:

– ¿Esto alcanza?

Eran apenas algunas monedas las que exhibía orgullosa.

88– ¿Sabe?, quiero dar este regalo a mi hermana mayor. Desde que murió nuestra madre, ella
cuida de nosotros y no tiene tiempo para ella. Es su cumpleaños y estoy segura que quedará feliz
con el collar que es del color de sus ojos.

El hombre fue para la trastienda, colocó el collar en un estuche, envolvió con un vistoso papel rojo e
hizo un trabajado lazo con una cinta verde.

– Tome, dijo a la niña. Llévelo con cuidado.

Ella salió feliz, corriendo y saltando calle abajo. Aún no acababa el día cuando una linda joven entró
en el negocio, colocó sobre el mostrador el ya conocido envoltorio deshecho e indagó:

– ¿Este collar fue comprado aquí? ¿Cuánto costó?

– Ah!, -habló el dueño del negocio-. El precio de cualquier producto de mi tienda es siempre un
asunto confidencial entre el vendedor y el cliente.

La joven exclamó:

– Pero mi hermana tenía solamente algunas monedas. El collar es verdadero, ¿no? Ella no tendría
dinero para pagarlo.

El hombre tomó el estuche, rehizo el envoltorio con extremo cariño, colocó la cinta, se lo devolvió a
la joven y le dijo:

– Ella pagó el precio más alto que cualquier persona puede pagar, ella dio todo lo que tenía. El
silencio llenó la pequeña tienda y dos lágrimas rodaron por la faz emocionada de la joven cuando
sus manos tomaban el pequeño envoltorio.

La verdadera donación es darse por entero, sin restricciones. La gratitud de quien ama no conoce
límites para los gestos de ternura. Agradece siempre, pero no esperes el reconocimiento de
nadie. Gratitud con amor no sólo reanima a quien la recibe, reconforta a quien la ofrece.
ANÉCDOTAS DE UNA TAZA
Se cuenta que una vez, en Inglaterra, existía una pareja que gustaba de visitar las pequeñas
tiendas del centro de Londres. Una de sus tiendas favoritas era una en donde vendían
vajillas antiguas. En una de sus visitas a la tienda vieron una hermosa tacita.

– ¿Me permite ver esa taza? -preguntó la Señora-. Nunca he visto nada tan fino como eso!
En cuanto tuvo en sus manos la taza, escuchó que la tacita comenzó a hablar y le comentó:
– Usted no entiende. Yo no siempre he sido esta taza que usted está sosteniendo. Hace
mucho tiempo yo solo era un montón de barro amorfo. Mi creador me tomó entre sus manos
y me golpeó y me amoldó cariñosamente. Llegó un momento en que me desesperé y le
grité: “¡Por favor, ya déjame en Paz!”, pero solo me sonrió y me dijo: “Aguanta un poco más,
todavía no es tiempo”. Después me puso en un horno. ¡Yo nunca había sentido tanto calor!
Me pregunté por qué mi creador quería quemarme, así que toqué la puerta del horno. A
través de la ventana del horno pude leer los labios de mi creador que me decían: “Aguanta
un poco más, todavía no es tiempo”. Finalmente se abría la puerta. Mi creador me tomó y me
puso en una repisa para que me enfriara. “Así está mucho mejor”, me dije a mí misma, pero
apenas me había refrescado cuando mi creador ya me estaba cepillándome y pintándome.

¡El olor de la pintura era horrible! Sentía que me ahogaría. “¡Por favor detente!” le gritaba yo
a mi creador, pero él solo movía la cabeza haciendo un gesto negativo y decía: “Aguanta un
poco más, todavía no es tiempo”. Al fin dejó de pintarme; pero esta vez me tomó y me metió
nuevamente a otro horno. No era un horno como el primero, sino que era mucho más
caliente. ¡Ahora si estaba segura que me sofocaría! Le rogué y le imploré que me sacara.
Grité, lloré, pero mi creador solo me miraba diciendo "Aguanta un poco más, todavía no es
tiempo". En ese momento me di cuenta que no había esperanza. ¡Nunca lograría sobrevivir a
ese horno! Justo cuando estaba a punto de darme por vencida se abrió la puerta y mi
creador me tomó cariñosamente y me puso en una repisa que era aún más alta que la
primera. Allí me dejó un momento para que me refrescara. Después de una hora de haber
salido del segundo horno, me dio un espejo y me dijo: “¡Mírate! Esta eres tú”. ¡Yo no podía
creerlo! ¡Esa no podía ser yo! Lo que veía era hermoso. Mi creador nuevamente me dijo:
“Yo sé que te dolió haber sido golpeada y amoldada por mis manos, pero si te hubiera
dejado como estabas, te hubieras secado. Sé que te causó mucho calor y dolor estar en el
primer horno, pero de no haberte puesto allí, seguramente te hubieras estrellado. También
sé que los gases de la pintura te provocaron muchas molestias, pero de no haberte pintado
tu vida no tendría color. Y si yo no te hubiera puesto en ese segundo horno, no hubieras
sobrevivido mucho tiempo, porque tu dureza no habría sido la suficiente para que
subsistieras. ¡Ahora tú eres un producto terminado! ¡Eres lo que yo tenía en mente cuando te
comencé a formar!” Igual pasa con nosotros. No hay situación que no podamos soportar. Las
adversidades son el artesano y nosotros somos el barro. Las dificultades están allí para
amoldarnos y nos dan forma para que lleguemos a ser una pieza perfecta.
APRENDE CUÁNDO TRIUNFARÁS
Cierta vez un hombre decidió consultar a un sabio sobre sus problemas. Luego de un largo
viaje hasta el paraje donde aquel Maestro vivía, el hombre finalmente pudo dar con él:

– Maestro, vengo a usted porque estoy desesperado, todo me sale mal y no sé qué más
hacer para salir adelante.

El sabio le dijo:

– Puedo ayudarte con esto... ¿sabes remar?

Un poco confundido, el hombre contestó que sí. Entonces el maestro lo llevó hasta el borde
de un lago, juntos subieron a un bote y el hombre empezó a remar hacia el centro a pedido
del maestro.

– ¿Va a explicarme ahora cómo mejorar mi vida? -dijo el hombre advirtiendo que el anciano
gozaba del viaje sin más preocupaciones.

– Sigue, sigue -dijo este, que debemos llegar al centro mismo del lago.

Al llegar al centro exacto del lago, el maestro le dijo:

– Arrima tu cara todo lo que puedas al agua y dime qué ves...

El hombre pasó casi todo su cuerpo por encima de la borda del pequeño bote y tratando de
no perder el equilibrio acercó su rostro todo lo que pudo al agua aunque sin entender mucho
para qué estaba haciendo esto.

De repente, el anciano lo empujó y el hombre cayó al agua. Al intentar salir, aquel tomó su
cabeza con ambas manos e impidió que el hombre llegara a la superficie. Desesperado, el
hombre manoteó, pataleó, gritó inútilmente bajo el agua hasta que casi a punto de morir
ahogado el sabio lo soltó y le permitió subir a la superficie y luego al bote.

Al llegar arriba el hombre, entre toses y ahogos le gritó:

– ¿Usted está loco? ¿No se da cuenta que casi me ahoga?

Con el rostro plácido, el maestro le preguntó:

–Cuándo estabas abajo del agua… ¿En qué pensabas? ¿Qué era lo qué más deseabas en
ese momento?

– ¡En respirar, por supuesto!

– Bien, cuando pienses en triunfar, con las mismas ganas con la que pensabas en respirar,
en ese momento y no antes estarás preparado para triunfar...
ASAMBLEA DE HERRAMIENTAS
Cuentan que las herramientas, un buen día, se reunieron en asamblea plenaria
con la finalidad de arreglar sus diferencias. El martillo ejerció la presidencia,
pero la asamblea le notificó que tenía que renunciar. ¿La Causa? Hacía
demasiado ruido y además se pasaba el tiempo golpeando. El martillo aceptó su
culpa, pero pidió que el cepillo fuera expulsado también debido a que siempre
hacía su trabajo en la superficie, y no tenía profundidad alguna. El cepillo aceptó
a su vez, pero pidió la expulsión del tornillo. Adujo que había que darle muchas
vueltas para que sirviera para algo.
Ante el ataque el tornillo aceptó también. Pero a su vez pidió la expulsión del
papel de lija. Hizo ver que era muy áspero en su trato y siempre tenía fricciones
con los demás. Y el papel de lija aceptó, con la condición de que fuera
expulsado el metro, que siempre se pasaba midiendo a los demás, con su
medida como si este fuera perfecto. En eso entró el carpintero, se puso el
delantal y comenzó su trabajo. Utilizó el martillo, el cepillo, el papel de lija, el
metro y el tornillo.
Finalmente de la madera trabajada, salió un lindo mueble. Cuando las
herramientas quedaron solas, se reanudó la deliberación. Fue entonces cuando
tomó la palabra el serrucho y dijo: Señores, ha quedado demostrado que
tenemos muchos defectos, pero el carpintero trabaja con nuestras cualidades.
Eso es lo que nos hace valiosos e importantes. Así que no pensemos en
nuestras debilidades sino concentrémonos en nuestras fortalezas y aspectos
positivos. La asamblea encontró entonces que el martillo era fuerte, contundente
y el cepillo suave y eficaz. Se dieron cuenta de que el tornillo tenía la habilidad
de unir y dar fuerza, y el papel de lija era especial para afinar y limar asperezas.
También observaron que el metro era preciso y exacto. Se sintieron entonces un
equipo orgulloso capaz de servir y producir diversos artículos y muebles de
calidad.
¿Ocurre lo mismo con nosotros los seres humanos? Observe a su alrededor y lo
comprobará. Cuando en un hogar, empresa, institución u organización sus
miembros gastan su tiempo y esfuerzo en buscar los defectos de los demás, la
situación se vuelve tensa, negativa y rumbo al caos y la posible desaparición.

En cambio cuando los propósitos son enfocados positivamente buscando


propiciar los mejores valores individuales y de grupo, estamos ante las puertas
de los mejores y más satisfactorios logros humanos.
BAILA COMO SI NADIE TE ESTUVIERA VIENDO
Nos convencemos a nosotros mismos de que la vida será mejor
después de casarnos, después de tener un hijo y después tener otro.
Entonces nos sentimos frustrados de que los hijos no son lo
suficientemente grandes y que seremos más felices cuando lo sean.
Después de eso nos frustramos porque son adolescentes (difíciles de
tratar). “Ciertamente seremos más felices cuando salgan de esta etapa”.
Nos decimos que nuestra vida estará completa cuando nuestro(a)
esposo(a) le vaya mejor, cuando tengamos un mejor carro o una mejor
casa, cuando nos podamos ir de vacaciones, cuando estemos retirados.
La verdad es que no hay mejor momento para ser felices que ahora, si
no es ahora, ¿cuándo?
Tu vida siempre estará llena de retos. Es mejor admitirlo y decidir ser
felices de todas formas.
Alfred D. Souza dijo: «¡Por largo tiempo parecía para mí que la vida
estaba a punto de comenzar, la vida de verdad!, pero siempre había algún
obstáculo en el camino, algo que resolver primero, algún asunto sin
terminar, tiempo por pasar, una deuda por pagar… Entonces la vida
comenzaría. Hasta que me di cuenta que estos obstáculos eran mi vida…»
No hay camino a la felicidad, la felicidad ES el camino. Así que
atesora cada momento que tienes y atesóralo más cuando lo compartas
con alguien especial, suficientemente especial para compartir tu tiempo, y
recuerda que el tiempo no espera por nadie.
Así que deja de esperar hasta que termines la escuela, hasta que
aumente tu sueldo, hasta que bajes 10 kilos, hasta que te cases, hasta que
tengas hijos, hasta que tus hijos se vayan de casa, hasta el viernes, hasta
el domingo por la mañana, hasta la primavera, el verano, el otoño o el
invierno, o hasta que te mueras. Para decidir que no hay mejor momento
que este para ser Feliz...
LA FELICIDAD ES UN TRAYECTO, NO UN DESTINO
Así que:
TRABAJA COMO SI NO NECESITARAS DINERO, AMA COMO SI
NUNCA TE HUBIERAN HERIDO y BAILA COMO SI NADIE TE
ESTUVIERA VIENDO.
BESITOS
La historia cuenta que hace algún tiempo un hombre
castigó a su hijita de cinco años por desperdiciar un rollo
de papel dorado para envolver regalos.
Estaban apretados de dinero y se molestó mucho cuando
la niña pegó todo el papel dorado en una cajita que puso
debajo del árbol de Navidad.
Sin embargo, la mañana de Navidad, la niña le trajo la
cajita envuelta con el papel dorado a su papá: Esto es
para ti, papá.
El papá se sintió avergonzado por haberse molestado
tanto la noche anterior, pero su molestia resurgió de
nuevo cuando comprobó que la caja estaba vacía y le
dijo en tono molesto:
– No sabe usted, señorita, que cuando uno da un
regalo debe haber algo dentro del paquete?
La niña volteó a verlo con lágrimas en sus ojitos y le dijo:
– Pero papi, no está vacía… Le puse besitos hasta que
se llenó.
El papá estaba conmovido, cayó de rodillas, abrazó a su
hijita, le pidió que le perdonara su desconsiderado coraje.
Un tiempo después, un accidente tomó la vida de la niña.
Se dice que el papá conservó la cajita dorada junto a su
cama por el resto de su vida.
Cuando se sentía solo y desanimado, metía su mano en
la cajita dorada y sacaba un besito imaginado de ella.
CLAVOS
Esta es la historia de un muchachito que tenía muy mal
carácter. Su padre le dio una bolsa de clavos y le dijo que
cada vez que perdiera la paciencia, debería clavar un clavo
detrás de la puerta. El primer día, el muchacho clavó 37
clavos detrás de la puerta.
Las semanas que siguieron, a medida que él aprendía a
controlar su genio, clavaba cada vez menos clavos.
Descubrió que era más fácil controlar su genio que clavar
clavos detrás de la puerta. Llegó el día en que pudo
controlar su carácter durante todo el día. Después de
informar a su padre, este le sugirió que retirara un clavo
cada día que lograra controlar su carácter. Los días pasaron
y el joven pudo anunciar a su padre que no quedaban más
clavos para retirar de la puerta...
Su padre lo tomó de la mano y lo llevó hasta la puerta.
Le dijo: has trabajado duro, hijo mío, pero mira todos esos
hoyos en la puerta. Nunca más será la misma. Cada vez
que tú pierdes la paciencia, dejas cicatrices exactamente
como las que ves aquí.
Tú puedes insultar a alguien y retirar lo dicho, pero del modo
como se lo digas lo devastará, y la cicatriz perdurará para
siempre.
Una ofensa verbal es tan dañina como una ofensa física.
Los amigos son en verdad una joya rara. Ellos te hacen reír
y te animan a que tengas éxito. Ellos te prestan todo,
comparten palabras de elogio y siempre quieren
abrirnos sus corazones. Si alguna vez dejaste una cicatriz
en la puerta de un ser querido, compénsalo con una sonrisa
llena de ternura.
CÓMO ARREGLAR EL MUNDO
Un científico vivía preocupado con los problemas del mundo y estaba
resuelto a encontrar los medios para disminuirlos. Pasaba días encerrado
en su laboratorio en busca de respuestas para sus dudas.
Cierto día, su hijo de siete años invadió su santuario decidido a ayudarlo a
trabajar. El científico, nervioso por la interrupción, intentó hacer que el hijo
fuera a jugar a otro sitio. Viendo que sería imposible sacarlo de allí, el
padre procuró algo para darle al hijo, con el objetivo de distraer su
atención.
De repente tomó un planisferio de una revista, y con una tijera recortó el
mapa en varios pedazos y junto con un rollo de cinta adhesiva, lo entregó
al hijo diciendo: “¿A ti te gustan los rompecabezas? Entonces voy a darte el
mundo para que lo arregles. Aquí está el mundo todo roto. Mira si puedes
arreglarlo. ¡Bien! Hazlo todo solo”.
Calculó que al niño le llevaría días para recomponer el mapa. Algunas
horas después, oyó la voz del hijo que le llamaba calmadamente: “Padre,
padre, ya he hecho todo. ¡Conseguí terminar todo!”.
Al principio el padre no dio crédito a las palabras del hijo. Sería imposible a
su edad haber conseguido recomponer un mapa que jamás había visto.
Entonces, el científico levantó los ojos de sus anotaciones, seguro que
vería un trabajo digno de un niño. Para su sorpresa, el mapa estaba
completo. Todos los pedazos habían sido colocados en sus sitios.
¿Cómo sería posible? ¿Cómo el niño había sido capaz?...
– Tú no sabías cómo era el mundo, hijo mío. ¿Cómo lo conseguiste?
– Padre, yo no sabía cómo era el mundo, pero cuando tú quitaste el papel
de la revista para recortar, yo vi que del otro lado había la figura de un
hombre. Cuando tú me diste el mundo para arreglarlo, yo intenté pero no lo
conseguí. Fue entonces que me acordé del hombre, di vuelta a los
recortes y empecé a arreglar el hombre que yo sabía cómo era.
Cuando conseguí arreglar el hombre, di la vuelta a la hoja y encontré que
había arreglado el mundo.
La vida entera debe ser considerada como una gran escuela de
experiencia en la cual todos somos alumnos.
COMO PAPEL ARRUGADO
Mi carácter impulsivo, cuando era niño, me hacía reventar en cólera a la menor
provocación. La mayor parte de las veces, después de uno de estos incidentes,
me sentía avergonzado y me esforzaba por consolar a quien había dañado.
Un día mi maestro, que me vio dando excusas después de una explosión de ira,
me llevó al salón y me entregó una hoja de papel lisa y me dijo: ¡estrújalo!
Asombrado, obedecí e hice con él una bolita.
– Ahora -volvió a decirme- déjalo como estaba antes.
Por supuesto que no pude dejarlo como estaba. Por más que traté, el papel
quedó lleno de pliegues y arrugas.
– El corazón de las personas -me dijo el maestro- es como un papel. La
impresión que dejamos en ellos será tan difícil de borrar como esas arrugas y
esos pliegues.
Aprendí a ser más compresivo y más paciente; cuando siento ganas de estallar,
recuerdo ese papel arrugado.
La impresión que dejamos en los demás es difícil de borrar más cuando
lastimamos con nuestras reacciones o con nuestras palabras. Luego queremos
enmendar el error, pero ya es tarde.
Alguien dijo una vez: “Habla cuando tus palabras sean tan suaves como el
silencio”.
Por impulso no nos controlamos y sin pensar arrojamos en la cara del otro
palabras llenas de odio y rencor, y luego, cuando pensamos en ello, nos
arrepentimos. Pero no podemos dar marcha atrás y no podemos borrar lo que
quedó grabado,
Muchas personas dicen: Aunque le duela se lo voy decir..., la verdad siempre
duele… No le gustó porque le dije la verdad..., etc.
Si por un instante imagináramos cómo podríamos sentirnos nosotros si alguien
nos hablara o actuara así... ¿lo haríamos?
Otras personas dicen ser frontales y de esa manera se justifican al lastimar: Se
lo dije al fin... para qué le voy a mentir..., yo siempre digo la verdad aunque
duela...
Qué distinto sería todo si pensáramos antes de actuar, si frente a nosotros
estuviéramos solo nosotros y todo lo que sale de nosotros lo recibiéramos
nosotros mismos ¿no? Entonces sí que nos esforzaríamos por dar lo mejor y por
analizar la calidad de lo que vamos a entregar.
Recuerda: Lo que de tu boca sale, del corazón procede. Aprendamos a ser
comprensivos y pacientes. Pensemos antes de hablar y de actuar.
COMPARTIR
Dos hombres, ambos enfermos de gravedad compartían el mismo cuarto semiprivado
del hospital.
A uno de ellos se le permitía sentarse durante una hora en la tarde, para drenar el
líquido de sus pulmones. Su cama estaba al lado de la única ventana de la habitación.
El otro tenía que permanecer acostado de espalda todo el tiempo.
Conversaban incesantemente todo el día y todos los días. Hablaban de sus esposas y
familias, sus hogares, empleos, experiencias durante sus servicios militares y sitios
visitados durante sus vacaciones. Todas las tardes, cuando el compañero ubicado al
lado de la ventana se sentaba, se pasaba el tiempo relatándole a su compañero de
cuarto lo que veía.
Con el tiempo, el compañero acostado de espalda, que no podía asomarse por la
ventana, se desvivía por esos períodos de una hora, durante los cuales se deleitaba
con los relatos de las actividades y colores del mundo exterior. La ventana daba a un
parque con un bello lago. Los patos y cisnes se deslizaban por el agua, mientras los
niños jugaban con sus botecitos a la orilla del lago. Los enamorados se paseaban de
la mano entre las flores multicolores; era un paisaje con árboles majestuosos y, en la
distancia, una bella vista de la ciudad. A medida que el señor cerca de la ventana
describía todo esto con detalles exquisitos, su compañero cerraba los ojos e
imaginaba un cuadro pintoresco. Una tarde, le describió un desfile que pasaba por el
hospital, y aunque no pudo escuchar la banda, lo pudo ver a través del ojo de la
mente mientras su compañero se lo describía.
Pasaron los días y las semanas; y una mañana, la enfermera, al entrar para
el aseo matutino, se encontró con el cuerpo sin vida del señor cerca de la ventana,
quien había expirado tranquilamente durante su sueño. Con mucha tristeza avisó para
que trasladaran el cuerpo. Al día siguiente, el otro señor pidió que lo trasladaran cerca
de la ventana. A la enfermera le agradó hacer el cambio y luego de asegurarse de que
estaba cómodo, lo dejó solo.
Con mucho esfuerzo y dolor, se apoyó en un codo para poder mirar el mundo exterior
por primera vez. Finalmente, tendría la alegría de verlo por sí mismo. Se esforzó para
asomarse por la ventana, y lo que vio fue la pared del edificio de al lado. Confundido y
entristecido, le preguntó a la enfermera qué sería lo que animó a su difunto
compañero a describir tantas cosas maravillosas fuera de la ventana...
La enfermera le respondió que el señor era ciego y no podía ni ver la pared de
enfrente. Ella le dijo: «Quizás solamente deseaba animarlo a usted».
Existe una inmensa alegría en poder alegrar a otros, a pesar de nuestra propia
situación. La aflicción compartida disminuye la tristeza, pero cuando la alegría es
compartida, se duplica.
CONSTRUIR EL PUENTE
No hace mucho tiempo, dos hermanos que vivían en granjas adyacentes cayeron en
un conflicto. Este fue el primer conflicto serio que tenía en 40 años de cultivar juntos
hombro a hombro, compartiendo maquinaria e intercambiando cosechas y bienes en
forma continúa.
Esta larga y beneficiosa colaboración terminó repentinamente. Comenzó con un
pequeño malentendido y fue creciendo hasta llegar a ser una diferencia mayor entre
ellos, que explotó en un intercambio de palabras amargas seguido de semanas de
silencio.
Una mañana alguien llamó a la puerta de Luís. Al abrir la puerta, encontró a un
hombre con herramientas de carpintero.
– Estoy buscando trabajo por unos días -dijo el extraño-. Quizás usted requiera
algunas pequeñas reparaciones aquí en su granja y yo pueda ser de ayuda en eso.
– Sí -dijo el mayor de los hermanos-, tengo un trabajo para usted. Mire al otro lado del
arroyo, aquella granja, ahí vive mi vecino, bueno, de hecho es mi hermano menor. La
semana pasada había una hermosa pradera entre nosotros y él tomó su buldózer y
desvió el cauce del arroyo para que quedara entre nosotros. Bueno, él pudo haber
hecho esto para enfurecerme, pero le voy a hacer una mejor. ¿Ve usted aquella pila
de desechos de madera junto al granero? Quiero que construya una cerca, una cerca
de dos metros de alto, no quiero verlo nunca más.
El carpintero le dijo:
– Creo que comprendo la situación. Muéstreme donde están los clavos y la pala para
hacer los hoyos de los postes y le entregaré un trabajo que lo dejará satisfecho.
El hermano mayor le ayudó al carpintero a reunir todos los materiales y dejó la granja
por el resto del día para ir por provisiones al pueblo.
El carpintero trabajó duro todo el día midiendo, cortando, clavando. Cerca del ocaso,
cuando el granjero regresó, el carpintero justo había terminado su trabajo.
El granjero quedó con los ojos completamente abiertos, su quijada cayó. ¡¡¡No había
ninguna cerca de dos metros!!! En su lugar había un puente. ¡¡Un puente que unía las
dos granjas a través del arroyo!! Era una fina pieza de arte, con todo y pasamanos.
En ese momento, su vecino, su hermano menor, vino desde su granja y abrazando a
su hermano le dijo:
– Eres un gran tipo, mira que construir este hermoso puente después de lo que he
hecho y dicho.
Estaban en su reconciliación los dos hermanos cuando vieron que el carpintero
tomaba sus herramientas.
– No, espera, -le dijo el hermano mayor-. Quédate unos cuantos días. Tengo
muchos proyectos para ti.
– Me gustaría quedarme, dijo el carpintero, pero tengo muchos puentes por construir.
DECIDIR Y SER CONSTANTES
En la pequeña escuelita rural había una vieja estufa de carbón muy
anticuada. Un chiquito tenía asignada la tarea de llegar al colegio
temprano todos los días para encender el fuego y calentar el aula
antes de que llegaran su maestra y sus compañeros.

Una mañana, llegaron y encontraron la escuela envuelta en llamas.


Sacaron al niño inconsciente más muerto que vivo del edificio. Tenía
quemaduras graves en la mitad inferior de su cuerpo y lo llevaron
urgente al hospital del condado.

En su cama, el niño horriblemente quemado y semi inconsciente, oía al


médico que hablaba con su madre. Le decía que seguramente su hijo
moriría que era lo mejor que podía pasar, en realidad -, pues el fuego
había destruido la parte inferior de su cuerpo.

Pero el valiente niño no quería morir. Decidió que sobreviviría.

De alguna manera, para gran sorpresa del médico, sobrevivió.

Una vez superado el peligro de muerte, volvió a oír a su madre y al


médico hablando despacito. Dado que el fuego había dañado en gran
manera las extremidades inferiores de su cuerpo, le decía el médico a
la madre, habría sido mucho mejor que muriera, ya que estaba
condenado a ser inválido toda la vida, sin la posibilidad de usar sus
piernas.

Una vez más el valiente niño tomó una decisión. No sería un inválido.

Caminaría. Pero desgraciadamente, de la cintura para abajo, no tenía


capacidad motriz. Sus delgadas piernas colgaban sin vida.
Finalmente, le dieron de alta.

Todos los días, su madre le masajeaba las piernas, pero no había


sensación, ni control, nada.
No obstante, su determinación de caminar era más fuerte que nunca.

Cuando no estaba en la cama, estaba confinado una silla de ruedas.


Una mañana soleada, la madre lo llevó al patio para que tomara aire
fresco.

Ese día en lugar de quedarse sentado, se tiró de la silla. Se impulsó


sobre el césped arrastrando las piernas.

Llegó hasta el cerco de postes blancos que rodeaba el jardín de su


casa. Con gran esfuerzo, se subió al cerco. Allí, poste por poste,
empezó a avanzar por el cerco, decidido a caminar.

Empezó a hacer lo mismo todos los días hasta que hizo una pequeña
huella junto al cerco. Nada quería más que darle vida a esas dos
piernas.

Por fin, gracias a las oraciones fervientes de su madre y sus masajes


diarios, su persistencia férrea y su resuelta determinación, desarrolló la
capacidad, primero de pararse, luego caminar tambaleándose y
finalmente caminar solo y después correr.

Empezó a ir caminando al colegio, después corriendo, por el simple


placer de correr. Más adelante, en la universidad, formó parte del
equipo de carrera sobre pista.

Y aun después, en el Madison Square Garden, este joven que no tenía


esperanzas de sobrevivir, que nunca caminaría, que nunca tendría la
posibilidad de correr, este joven determinado, Glenn Cunningham,
llegó a ser el atleta estadounidense que ¡corrió el kilómetro más veloz
el mundo!
DONACIÓN
Hace muchos años, cuando trabajaba como voluntario
en un hospital de Stanford, conocí a una niña llamada
Liz que sufría una extraña enfermedad. Su única
oportunidad de recuperarse aparentemente era una
transfusión de sangre de su hermano de cinco años,
que había sobrevivido milagrosamente a la misma y
había desarrollado los anticuerpos necesarios para
combatirla.
El doctor explicó la situación al hermano de la niña, y
le preguntó si estaría dispuesto a dar su sangre a su
hermana. Yo lo vi dudar sólo un momento antes de
tomar un gran suspiro y decidir:
– Sí, lo haré, si eso salva a Liz.
Mientras la transfusión continuaba, él estaba acostado
en una cama al lado de la de su hermana, sonriente
mientras nosotros lo asistíamos a él y a su hermana y
veíamos retornar el color a las mejillas de la niña.
Entonces la cara del niño se puso pálida y su sonrisa
desapareció. Miró al doctor y le preguntó con voz
temblorosa:
– ¿A qué hora empezaré a morirme?
Siendo solo un niño, no había comprendido al doctor;
él pensaba que le daría toda su sangre a la hermana.
Y aún así se la daba.
Da todo por quien ames.
DOS LOBOS
Un viejo amerindio estaba hablando con su nieto. Le
decía: «Me siento como si tuviera dos lobos peleando
en mi corazón. Uno de los dos es un lobo enojado,
violento y vengador. El otro está lleno de amor y
compasión».
El nieto preguntó: «Abuelo, dime, ¿cuál de los dos
lobos ganará la pelea en tu corazón?» El abuelo
contestó: «Aquel que yo alimente…»
EL ANILLO
– Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen
que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué
puedo hacer para que me valoren más?
El maestro, sin mirarlo, le dijo:
– Cuánto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mi propio problema. Quizás
después... -y haciendo una pausa agregó:- Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este
problema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.
– Encantado, maestro- titubeó el joven, pero sintió que otra vez era desvalorizado y sus necesidades
postergadas.
– Bien, -asintió el maestro. Se quitó el anillo en el dedo pequeño, y dándoselo al muchacho, agregó:-
Toma el caballo que está allá afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque
tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas la mayor suma posible, pero no aceptes
menos de una moneda de oro. Ve y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.
El joven tomó el anillo y partió.
Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con algún interés, hasta
que el joven decía lo que pretendía por el anillo. Cuando el joven mencionaba la moneda de oro,
algunos reían, otros le daban vuelta a la cara y solo un viejito fue tan amable como para explicarle
que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo.
En afán de ayudar, alguien ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenía
instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro y rechazó la oferta. Después de ofrecer
su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado, más de cien personas, abatido por su fracaso
montó su caballo y regresó.
¡Cuánto hubiera deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro! Podría entonces habérsela
entregado él mismo al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su
consejo y ayuda.
Entró en la habitación.
–Maestro- dijo - lo siento, no se puede conseguir lo que me pidió. Quizás pudiera conseguir dos o
tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto al valor del anillo.
¡Qué importante lo que dijiste, joven amigo! -contestó sonriente el maestro-. Debemos saber primero
el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. ¿Quién mejor que él para saberlo?
Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuánto te da por él. Pero no importa lo que ofrezca,
no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.
El joven volvió a cabalgar. El joyero examinó el anillo a la luz del candil con su lupa, lo pesó y luego
le dijo:
– Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya, no puedo dar más de 58 monedas de oro
por su anillo.
– ¡¡¡58 MONEDAS!!! -exclamó el joven.
31– Sí -replicó el joyero-, yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero
no sé... si la venta es urgente...
El joven corrió emocionado a la casa del maestro a contarle lo sucedido.
– Siéntate -dijo el maestro después de escucharlo.
– Tú eres como este anillo: una joya, valiosa y única. Y como tal, sólo puede evaluarte un verdadero
experto. ¿Qué haces pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?
Y diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo pequeño.
Todos somos como esta joya, valiosos y únicos, y andamos por los mercados de la vida
pretendiendo que gente inexperta nos valore.
EL ÁRBOL CONFUNDIDO
Había una vez, algún lugar que podría ser cualquier lugar, y en un tiempo que
podría ser cualquier tiempo, un hermoso jardín, con manzanos, naranjos,
perales y bellísimos rosales, todos ellos felices y satisfechos. Todo era alegría
en el jardín, excepto por un árbol profundamente triste. Tenía un problema: "No
sabía quién era."
– Lo que te falta es concentración, le decía el manzano, si realmente lo intentas,
podrás tener sabrosas manzanas. ¿Ves qué fácil es?
– No lo escuches, exigía el rosal. Es más sencillo tener rosas. ¿Ves qué bellas
son?
Y el árbol, desesperado, intentaba todo lo que le sugerían, y como no lograba
ser como los demás, se sentía cada vez más frustrado.
Un día llegó hasta el jardín el búho, la más sabia de las aves, y al ver la
desesperación del árbol, exclamó:
– No te preocupes, tu problema no es tan grave, es el mismo de muchísimos
seres sobre la tierra. Yo te daré la solución. No dediques tu vida a ser como los
demás quieran que seas... Sé tu mismo, conócete, y para lograrlo, escucha tu
voz interior. Y dicho esto, el búho desapareció.
¿Mi voz interior...? ¿Ser yo mismo...? ¿Conocerme...? Se preguntaba el árbol
desesperado, cuando de pronto, comprendió...
Y cerrando los ojos y los oídos, abrió el corazón, y por fin pudo escuchar su voz
interior diciéndole:
“Tú jamás darás manzanas porque no eres un manzano, ni florecerás cada
primavera porque no eres un rosal. Eres un roble, y tu destino es crecer grande
y majestuoso. Dar cobija a las aves, sombra a los viajeros, belleza al paisaje…
Tienes una misión: ¡Cúmplela!”
Y el árbol se sintió fuerte y seguro de sí mismo y se dispuso a ser todo aquello
para lo cual estaba destinado. Así, pronto llenó su espacio y fue admirado y
respetado por todos. Y sólo entonces el jardín fue completamente feliz.
¿Cuántos serán robles que no se permiten a sí mismos crecer? ¿Cuántos serán
rosales que por miedo al reto, sólo dan espinas? ¿Cuántos, naranjos que no
saben florecer? En la vida, todos tenemos un destino que cumplir, un espacio
que llenar...
¿Cuántas veces tratamos de ir por el mundo intentando ser lo que otros quieren
que seamos, aún cuando esto signifique nuestra infelicidad? Ten valor y
carácter... busca en tu interior y así sabrás hacia dónde dirigirte cuando no
sepas quién eres...
EL ÁRBOL DE LOS DESEOS
Cuentan que aconteció hace muchos, muchos años, que un peregrino, tras caminar
durante infinitas jornadas bajo el implacable sol de la India, deseó en su corazón
poder descansar a la sombra de un árbol que le diera cobijo.
Y así fue que, de pronto, divisó a lo lejos un frondoso árbol solitario en medio de la
planicie. Cubierto de sudor y tambaleándose sobre sus fatigados pies se encaminó
alegremente hacía el árbol que hacia realidad su deseo.
Al fin podré descansar, pensó; mientras se abría paso entre sus tupidas ramas que
llegaban hasta el suelo ¿Qué más podría desear?
Tendiéndose sobre la tierra en su refugio vegetal trató de conciliar el sueño, pero el
suelo estaba duro y mientras más el peregrino trataba de ignorarlo y descansar, más
duro le parecía el suelo sobre el que estaba.
“Si al menos tuviera una cama”, pensó.
Al momento surgió una imponente cama, con impolutas sábanas de seda, digna de un
sultán. Brocados, lujosos tejidos de Samarcanda y las más suaves pieles cubrían el
lecho. Y es que, sin saberlo, el peregrino había ido a sentarse bajo el mítico árbol de
los deseos. Aquel árbol milagroso que es capaz de convertir en realidad cualquier
deseo expresado bajo sus ramas.
El hombre se acostó en el mullido lecho relajándose.
“¡Qué a gusto me siento! Lástima del hambre que tengo”, pensó.
Y ante él apareció una espléndida mesa cubierta con las más sabrosas de las
comidas, con ricos y variados platos exquisitamente preparados y servidos en las más
extravagantes de las vajillas. Sobre las más finas telas imbricadas de hilos preciosos
se mezclaban oro, plata y finísimo cristal con las más exóticas frutas y lujuriosos
postres. Todas estas maravillas tomaron forma ante sus asombrados ojos. Todo
aquello con lo que siempre había soñado en las solitarias noches de su largo
peregrinar estaba ahora ante él. El peregrino comía y comía con el temor de que tal
prodigio desapareciera en el aire tan súbitamente como había aparecido.
Pero, cuanto más comía, más comida aparecía. Y cada nuevo manjar era aún más
sabroso y exquisito que el anterior. Finalmente dijo:
– Ya no puedo más -y en ese mismo momento la mesa con todas sus
maravillas se desvaneció en el aire.
“Es maravilloso”, pensó, mientras un sentimiento de felicidad le embargaba. “No me
moveré de aquí y seré por siempre feliz”.
Pero, de pronto, una idea terrible surcó su mente:
“Claro que esta planicie es famosa por sus feroces tigres. ¿Qué sucedería si un tigre
me descubriese? Sería terrible morir, después de finalmente haber encontrado el
árbol de la felicidad.”
16Fue la milésima de una fracción de segundo, pero bastó. Cumpliendo su deseo, en
aquel momento surgió de la nada un terrible tigre que lo devoró.
Y así el árbol de la felicidad quedó solo de nuevo, y allí sigue esperando la llegada de
un ser humano, de corazón completamente puro, donde no residan miedo, ni
desconfianza, sino solo responsabilidad y conocimiento.
EL ÁRBOL DE MANZANAS
Hace mucho tiempo existía un enorme árbol de manzanas. Un pequeño niño lo amaba
mucho y todos los días jugaba alrededor de él. Trepaba al árbol hasta el tope y él le daba
sombra. Él amaba al árbol y el árbol amaba al niño.
Pasó el tiempo y el pequeño niño creció y nunca más volvió a jugar alrededor del enorme
árbol. Un día el muchacho regresó y el árbol le dijo tristemente: «¿Vienes a jugar conmigo?».
Pero el muchacho contestó: «Ya no soy el niño de antes que jugaba alrededor de enormes
árboles. Lo que ahora quiero son juguetes y necesito dinero para comprarlos». «Lo siento»,
dijo el árbol, «pero no tengo dinero... Te sugiero que tomes todas mis manzanas y las
vendas. De esta, manera tú obtendrás el dinero para tus juguetes». El muchacho se sintió
muy feliz. Tomó todas las manzanas y obtuvo el dinero y el árbol volvió a ser feliz.
Pero el muchacho nunca volvió después de obtener el dinero y el árbol volvió a estar triste.
Tiempo después, el muchacho regresó y el árbol se puso feliz y le preguntó: «¿Vienes a
jugar conmigo?». «No tengo tiempo para jugar. Debo trabajar para mi familia. Necesito una
casa para compartir con mi esposa e hijos. ¿Puedes ayudarme?»... «Lo siento, no tengo una
casa, pero... Tú puedes cortar mis ramas y construir tu casa». El joven cortó todas las ramas
del árbol y esto hizo feliz nuevamente al árbol, pero el joven nunca más volvió desde esa vez
y el árbol volvió a estar triste y solitario.
Cierto día de un cálido verano, el hombre regresó y el árbol estaba encantado. «¿Vienes a
jugar conmigo?», le preguntó el árbol. El hombre contestó: «Estoy triste y volviéndome viejo,
quiero un bote para navegar y descansar, ¿puedes darme uno?». El árbol contestó: «Usa mi
tronco para que puedas construir uno y así puedas navegar y ser feliz». El hombre cortó el
tronco y construyó su bote. Luego se fue a navegar por un largo tiempo.
Finalmente regresó después de muchos años y el árbol le dijo: «Lo siento mucho, pero ya no
tengo nada que darte, ni siquiera manzanas». El hombre replicó: «No tengo dientes para
morder, ni fuerza para escalar... Ahora ya estoy viejo». Entonces el árbol, con lágrimas en
sus ojos le dijo: «Realmente no puedo darte nada... la única cosa que me queda son mis
raíces muertas». Y el hombre contestó: «Yo no necesito mucho ahora, solo un lugar para
descansar. Estoy tan cansado después de tantos años»... «Bueno, las viejas raíces de un
árbol son el mejor lugar para recostarse y descansar. Ven, siéntate conmigo y descansa». El
hombre se sentó junto al árbol y este, feliz y contento sonrió con lágrimas.
Esta puede ser la historia de cada uno de nosotros. El árbol podría ser uno de nuestros
padres. Cuando somos niños, amamos y jugamos con papá y mamá... Cuando crecemos los
dejamos… Solo regresamos a ellos cuando los necesitamos o estamos en problemas... No
importa lo que sea, ellos siempre están allí para darnos todo lo que puedan y hacernos
felices. Tú puedes pensar que el muchacho es cruel contra el árbol, pero es así como
nosotros tratamos a nuestros padres...
Valoremos a nuestros padres mientras los tengamos a nuestro lado y si ya no están, que la
llama de su amor viva por siempre en nuestros corazones y sus recuerdos nos den fuerzas
cuando estemos cansados...
EL ÁRBOL QUE NO SABÍA QUIÉN ERA.
“Había una vez un hermoso jardín, en algún lugar que podría ser cualquier lugar, y en algún tiempo
que podría ser cualquier tiempo, en el que se cultivaban manzanos, naranjos, perales y bellísimos
rosales, todos ellos satisfechos y felices. Todo era alegría en el jardín excepto por un solo árbol,
profundamente triste. El pobre tenía un problema: no sabía quier era. “No sé quién soy,” se
lamentaba.

– Lo que te falta es concentración, - le decía el manzano, - Si realmente lo intentas, podrás tener


deliciosas manzanas. ¿Ves que fácil es? – Mírame a mí como las produzco.

– No lo escuches, - exigía el rosal. - Es más sencillo tener rosas y ¿Ves que bellas son?

Y el árbol desesperado, intentaba todo lo que le sugerían y como no lograba ser como los demás, se
sentía cada vez más frustrado. Un día llegó hasta el jardín el búho, la más sabia de las aves, y al ver
la desesperación del árbol, exclamó:

¡No te preocupes, tu problema no es tan grave, es el mismo de muchísimos seres sobre la tierra! Es
tu enfoque lo que te hace sufrir. “No dediques tu vida a ser como los demás quieren que seas. Sé tú
mismo. Conócete a ti mismo y para lograrlo, escucha tu voz interior.”

Dicho esto, el búho desapareció.

“¿Mi voz interior…? ¿Ser yo mismo…? ¿Conocerme…? ¡Si yo supiera quién soy …! – “Se
preguntaba el árbol desesperado, cuando de pronto comprendió…

Cerró los ojos y dejó de oír los sonidos de alrededor y sus propios pensamientos y, por fin, pudo
escuchar:

“Tú nunca en la vida darás manzanas porque no eres un manzano. Tampoco florecerás cada
primavera porque no eres un rosal. Tú eres un roble Dios te construyó para que crezcas grande y
majestuoso. Tu destino es crecer grande y majestuoso, dar nido a las aves, sombra a los viajeros, y
belleza al paisaje. Esta es la misión que Él te dio. Para eso estás en este mundo. Cúmplelo.

… Y el árbol se sintió fuerte y seguro de sí mismo se dispuso a ser todo aquello para lo que había
sido creado. Así, comenzó a reconocer quién estaba siendo en este mundo: una oferta valiosa.
Siendo quien era lo admiraron y respetaron todos. Y sólo entonces el roble comenzó a conocer La
posibilidad de convivir en bienestar.

El jardín fue completamente feliz. Cada cual celebrándose a sí mismo.


EL ÁRBOL TRISTE
En algún lugar que podría ser cualquier lugar, y en un tiempo que podría
ser cualquier tiempo, había un hermoso jardín con manzanos, naranjos,
perales y bellísimos rosales, todos ellos felices y satisfechos. Todo era
alegría en el jardín, excepto por un árbol profundamente triste.
El pobre tenía un problema: ¡No sabía quién era! Lo que le faltaba era
concentración, le decía el manzano: "Si realmente lo intentas, podrás tener
sabrosísimas manzanas, ¡ve qué fácil es!". "No lo escuches", exigía el
rosal. "Es más sencillo tener rosas y ¡ve qué bellas son!". Y el árbol,
desesperado, intentaba todo lo que le sugerían, y como no lograba ser
como los demás, se sentía cada vez más frustrado.
Un día llegó hasta el jardín el búho, la más sabia de las aves, y al ver la
desesperación del árbol, exclamó: "No te preocupes, tu problema no es tan
grave, es el mismo de muchísimos seres sobre la Tierra. Yo te daré la
solución... No dediques tu vida a ser como los demás quieran que seas. Sé
tú mismo, conócete... y para lograrlo, escucha tu voz interior". Y dicho esto,
el búho desapareció.
"¿Mi voz interior?... ¿Ser yo mismo?... ¿Conocerme?...", se preguntaba el
árbol desesperado, cuando de pronto comprendió. Y cerrando los ojos y los
oídos, abrió el corazón y por fin pudo escuchar su voz interior diciéndole:
"Tú jamás darás manzanas porque no eres un manzano, ni florecerás cada
primavera porque no eres un rosal. Eres un roble, y tu destino es crecer
grande y majestuoso. Dar cobijo a las aves, sombra a los viajeros, belleza
al paisaje... Tienes una misión: ¡Cúmplela!". Y el árbol se sintió fuerte y
seguro de sí mismo y se dispuso a ser todo aquello para lo cual estaba
destinado.
Así, pronto llenó su espacio y fue admirado y respetado por todos. Y sólo
entonces el jardín fue completamente feliz. Yo me pregunto al ver a mi
alrededor, ¿Cuántos serán robles que no se permiten a si mismos
crecer?... ¿Cuántos serán rosales que por miedo al reto, sólo dan
espinas?... ¿Cuántos naranjos hay que no saben florecer?
En la vida, todos tenemos un destino que cumplir y un espacio que llenar.
No permitamos que nada ni nadie nos impida conocer y compartir la
maravillosa esencia de nuestro ser.
¡Nunca lo olvides!
EL BAMBÚ JAPONÉS
No hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de buena
semilla, buen abono y riego constante.
También es obvio que quien cultiva la tierra se impaciente frente a la semilla
sembrada y grite con todas sus fuerzas: ¡¡¡Crece, crece!!!
Hay algo muy curioso que sucede con el bambú japonés y que lo transforma en no
apto para impacientes: siembras la semilla, la abonas y te ocupas de regarla
constantemente.
Durante los primeros meses no sucede nada apreciable. En realidad no pasa nada
con la semilla durante los primeros siete años, a tal punto, que un cultivador inexperto
estaría convencido de haber comprado semillas infértiles.
Sin embargo, durante el séptimo año, en un período de solo seis semanas la planta
de bambú crece ¡más de 30 metros!, ¿tardó sólo seis semanas en crecer? No, la
verdad es que se tomó siete años y seis semanas para desarrollarse.
Durante los primeros siete años de aparente inactividad, este bambú estaba
generando un complejo sistema de raíces que le permitirían sostener el crecimiento
que iba a tener después de siete años.
Sin embargo, en la vida cotidiana, muchas veces tratamos de encontrar soluciones
rápidas, soluciones apresuradas sin entender que el éxito es simplemente resultado
del crecimiento interno y que este requiere tiempo.
Quizás por la misma impaciencia, cuando aspiramos resultados a corto plazo,
abandonamos súbitamente justo cuando ya estábamos a punto de conquistar la meta.
Es tarea difícil convencer al impaciente que solo llegan al éxito aquellos que luchan en
forma perseverante y saben esperar el momento adecuado.
De igual manera es necesario entender que en muchas ocasiones estaremos frente a
situaciones en las que creemos que nada está sucediendo y esto puede ser
extremadamente frustrante.
En estos momentos (que todos tenemos), hay que recordar el ciclo de maduración del
bambú japonés, y aceptar, en tanto no bajemos los brazos, ni abandonemos por no
"ver", el resultado que esperamos, si está sucediendo algo dentro nuestro, estamos
creciendo, madurando.
Quienes no se dan por vencidos, van gradual e imperceptiblemente creando los
hábitos y el temple que les permitirá sostener el éxito cuando este al fin se materialice.
El triunfo no es más que un proceso que lleva tiempo y dedicación. Un proceso que
exige aprender nuevos hábitos y nos obliga a descartar otros. Un proceso que exige
cambios, acción y formidables dotes de paciencia. La vida a veces es como el bambú.
EL BILLETE DE 20 DÓLARES
Un orador inicio su seminario mostrando al auditorio un billete de
$20 dólares. Dirigiéndose a los 200 espectadores pregunto,
¿Quién quiere este billete? Muchas manos se levantaron. Luego
dijo, Se lo voy a dar a alguno de ustedes, pero primero permítanme
hacerle esto..., y lo hizo bolita dejándolo todo arrugado. Entonces
insistió, ¿Quien todavía lo quiere? Las manos volvieron a subir.
Bien, dijo. ¿Y si le hago esto?... y lo dejo caer al suelo y lo empezó
a pisar contra el suelo con su zapato.
Al recogerlo lo mostró al auditorio. Así, todo arrugado y sucio,
¿Todavía lo quieren? Las manos se mantuvieron arriba.

Amigos, han aprendido una lección muy valiosa. No importa todo lo


que le haya hecho al billete, ustedes de cualquier manera lo
quieren porque su valor no ha disminuido. Sigue valiendo los
mismos 20 dólares.
Muchas veces en nuestras vidas caemos, nos arrugamos, o nos
revolcamos en la tierra por las decisiones que tomamos y por las
circunstancias que nos rodean. Llegamos a sentir que no valemos
nada. Pero no importa lo que hayamos pasado o cuanto pueda
ocurrirnos, nunca perdemos el valor que tenemos ante los ojos de
Dios. Sucios o limpios, abatidos o finamente alineados, para El
somos invaluables.
Acuérdate.... tu valor no cambia.
EL CABALLO ESTABA DENTRO
Cuentan que un pequeño vecino de un gran taller de escultura entró un día
en el estudio del escultor y vio en él un gigantesco bloque de piedra.

Y que, dos meses después, al regresar, encontró en su lugar una preciosa


estatua ecuestre. Y volviéndose al escultor, le preguntó: «¿Y cómo sabías
tú que dentro de aquel bloque había un caballo?».

La frase del pequeño era más que una "gracia" infantil.

Porque la verdad es que el caballo ya estaba, en realidad, dentro de aquel


bloque. Y que la capacidad artística del escultor consistió precisamente en
eso: en saber ver el caballo que había dentro, e irle quitando al bloque de
piedra todo cuanto le sobraba. El escultor no trabajó añadiendo trozos de
caballo al bloque de piedra, sino liberando a la piedra de todo lo

63que impedía mostrar el caballo ideal que tenía en su interior. El artista


supo "ver" dentro, lo que nadie veía. Ese fue su arte.

Pienso todo esto al comprender que con la educación de los humanos pasa
algo parecido. ¿Han pensado ustedes alguna vez que la palabra "educar"
viene del latín "edúcere", que quiere decir exactamente: sacar de dentro?
¿Han pensado que la verdadera genialidad del educador no consiste en
"añadirle" al niño las cosas que le faltan, sino en descubrir lo que cada
pequeño tiene ya dentro al nacer y saber sacarlo a la luz?

Me parece que muchos padres y educadores se equivocan cuando luchan


para que sus hijos se parezcan a ellos o a su ideal educativo o humano.
Padres que quieren que sus hijos se parezcan a Napoleón, a Alejandro
Magno o al banquero que triunfó en la vida entre sus compañeros de curso.
Pero es que su hijo no debe parecerse a Napoleón ni a nadie. Su hijo debe
ser, ante todo, fiel a sí mismo. Lo que tiene que realizar no es lo que haya
hecho el vecino, por estupendo que sea. Tiene que realizarse a sí mismo y
realizarse al máximo. Tiene que sacar de dentro de su alma la persona que
ya es, lo mismo que del bloque de piedra sale el caballo ideal que había
dentro.

Ser hombre no es copiar nada de fuera. No es ir añadiendo virtudes que


son magníficas, pero que tal vez son de otros. Ser hombre es llevar a su
límite todas las infinitas posibilidades que cada humano lleva ya dentro de
sí. El educador no trabaja como el pintor, añadiendo colores o formas.
Trabaja como el escultor, quitando todos los trozos deformes del bloque de
la vida y que impiden que el hombre muestre su alma entera tal y como ella
es.

Y los muchachos tienen razón cuando se revelan contra quienes quieren


imponerles modelos exteriores. Aunque no la tienen cuando se entregan no
a lo mejor de sí mismos sino a su comodidad y a su pereza, que es
precisamente el trozo de bloque que les impide mostrar lo mejor de sí
mismos. Un buen padre, un buen educador es el que sabe ver la escultura
maravillosa que cada uno tiene, revestida tal vez por toneladas de
vulgaridad. Quitar esa vulgaridad a martillazos -quizás muy dolorosos- es la
verdadera obra del genio creador.
EL CARPINTERO
Un carpintero ya entrado en años, estaba listo para retirarse. Le dijo a su Jefe de los planes de dejar
el negocio de la construcción para llevar una vida más placentera con su esposa y disfrutar de su
familia.

El Jefe lamentaba que su buen empleado dejara la compañía y le pidió si podía construir una sola
casa más, como un favor personal. El carpintero accedió, pero era notorio que no estaba poniendo
el corazón en su trabajo. Utilizaba materiales de inferior calidad y el trabajo era deficiente. Era una
desafortunada manera de terminar su carrera.

Cuando el carpintero terminó su trabajo y su Jefe fue a inspeccionar la casa, el Jefe le extendió al
carpintero las llaves de la puerta principal.

– Esta es tu casa -dijo-. Es mi regalo para ti.

¡Qué tragedia! ¡Qué pena! Si solamente el carpintero hubiera sabido que estaba
construyendo su propia casa, la hubiera hecho de manera totalmente diferente. Ahora tendría que
vivir en la casa que construyó "no muy bien" que digamos.

Está en nosotros. Construimos nuestras vidas de manera distraída, reaccionando cuando


deberíamos actuar, dispuestos a poner en ello menos que lo mejor. En puntos importantes, no
ponemos lo mejor de nosotros en nuestro trabajo. Entonces con pena vemos la situación que hemos
creado y encontramos que estamos "viviendo en la casa que nosotros mismos hemos construido". Si
lo hubiéramos sabido antes, la habríamos hecho diferente.

Piensen como si fueran el carpintero. Piensen en su casa. Cada día clavamos un clavo, levantamos
una pared o edificamos un techo. Construyan con sabiduría. Es la única vida que podrán construir.
Inclusive si sólo la viven por un día más, ese día merece ser vivido con gracia y dignidad.

Una placa en la pared debería decir: «La Vida es un Proyecto de “Hágalo-usted-mismo”». ¿Quién
podría decirlo más claramente? Su vida, ahora, es el resultado de sus actitudes y elecciones del
pasado.

Su vida mañana será el resultado de sus actitudes y elecciones hechas ¡HOY!


EL CASTIGO DEL RABINO
Una vez, en un pueblecito europeo, un hombre que envidiaba a su
rabino lanzó un malicioso rumor acerca de él. No obstante, preso del
real remordimiento, de inmediato fue a verlo para implorar su perdón y
cumplir el castigo que él le impusiera. El rabino le ordenó que al llegar
a su casa, tomara un almohadón de plumas, saliera al patio, lo cortara
y dejara que el viento esparciera las plumas. Tras hacer lo que el
rabino le había indicado, el hombre regresó a la sinagoga y le
preguntó:

– ¿Estoy perdonados?

– Casi lo estás, -respondió el rabino-. Ahora solo te resta hacer una


cosa para ser totalmente perdonado

– ¿De qué se trata? -inquirió el hombre.

– Trata de reunir de nuevo las plumas que el viento ha esparcido por


todo el pueblo, mételas dentro del almohadón y cose de nuevo la tela.
Sólo si consigues hacerlo serás perdonado.

– ¡Pero eso es imposible! -exclamó el hombre.

– Ciertamente -admitió el rabino-. Aunque desees reparar el daño que


ha causado con tu rumor, al igual que no puedes reunir plumas
esparcidas por el viento, ya no tienes modo de remediarlo.
EL CIENTÍFICO Y EL EGO
Había una vez un científico que descubrió el arte de
reproducirse a sí mismo tan perfectamente que resultaba
imposible distinguir el original de la reproducción. Un día se
enteró de que lo andaba buscando el Ángel de la Muerte, y
entonces hizo doce copias de sí mismo.
El Ángel no sabía cómo averiguar cuál de los trece
ejemplares que tenía ante sí era el científico, de modo que
los dejó a todos en paz y regresó al cielo. Pero no por
mucho tiempo, porque, como era un experto en la
naturaleza humana, se le ocurrió una ingeniosa estrategia.
Regresó de nuevo y dijo: «Debe de ser usted un genio,
señor, para haber logrado tan perfectas reproducciones de
sí mismo, sin embargo, he descubierto que su obra tiene un
defecto, un único y minúsculo defecto».
El científico pegó un salto y gritó: «¡Imposible! ¿Dónde
está el defecto?»
«Justamente aquí», respondió el ángel mientras tomaba al
científico de entre sus reproducciones y se lo llevaba
consigo.
Todo lo que hace falta para descubrir al 'ego' es una
palabra de adulación o de crítica.
EL CIEGO
Había un ciego sentado en la vereda, con una gorra a sus pies y un pedazo de madera que,
escrito con tiza blanca, decía:

"POR FAVOR AYÚDEME, SOY CIEGO".

Un creativo de publicidad que pasaba frente a él, se detuvo y observó unas pocas monedas
en la gorra.

Sin pedirle permiso tomó el cartel, le dio vuelta, tomó una tiza y escribió otro anuncio.

Volvió a poner el pedazo de madera sobre los pies del ciego y se fue.

Por la tarde el creativo volvió a pasar frente al ciego que pedía limosna, su gorra estaba llena
de billetes y monedas.

El ciego reconoció sus pasos y le preguntó si había sido él, el que re escribió su cartel y
sobre todo, qué había escrito.

El publicista le contestó:

"Nada que no sea tan cierto como tu anuncio, pero con otras palabras".

Sonrió y siguió su camino.

El ciego nunca lo supo, pero su nuevo cartel decía:

"HOY ES PRIMAVERA, Y NO PUEDO VERLA"

Cambiemos de estrategia cuando no nos sale algo, y verán que puede que resulte mejor de
esa manera.

Te deseo un Feliz Día... y ten en mente que todo cambio, renueva día a día tu vida...

Lo difícil es encontrar nuevas estrategias para lograr respuestas diferentes.

Decía Einstein:

"Si hace lo que siempre ha hecho, obtendrá los resultados que siempre ha obtenido"

Bastante obvio, tanto que se nos olvida...


EL CORCHO
Hace años, un inspector visitó una escuela primaria. En su recorrido
observó algo que le llamó poderosamente la atención. Una maestra estaba
atrincherada atrás de su escritorio, los alumnos hacían gran desorden y el
cuadro era caótico.

Decidió presentarse:

– Permiso, soy el inspector de turno... ¿algún problema?

– Estoy abrumada señor, no se qué hacer con estos chicos... No tengo


láminas, el Ministerio no me manda material didáctico, no tengo nada
nuevo que mostrarles ni qué decirles...

69El inspector, que era un docente de alma, vio un corcho en el


desordenado escritorio. Lo tomó y con aplomo se dirigió a los chicos:

– ¿Qué es esto?

– Un corcho señor... -gritaron los alumnos sorprendidos.

– Bien, ¿De dónde sale el corcho?

– De la botella señor. Lo coloca una máquina, de un árbol… de la madera...


-respondían animosos los niños.

– ¿Y qué se puede hacer con madera? -continuaba entusiasta el docente.

– Sillas..., una mesa..., un barco...

– Bien, tenemos un barco. ¿Quién lo dibuja? ¿Quién hace un mapa en el


pizarrón y coloca el puerto más cercano para nuestro barquito? Escriban a
qué provincia argentina pertenece. ¿Y cuál es el otro puerto más cercano?
¿A qué país corresponde? ¿Qué poeta conocen que allí nació? ¿Qué
produce esta región? ¿Quién recuerda una canción de este lugar?

Y comenzó una tarea de geografía, de historia, de música, economía,


literatura, religión, etc. La maestra quedó impresionada. Al terminar la clase
le dijo conmovida:
– Señor, nunca olvidaré lo que me enseñó hoy. Muchas Gracias.

Pasó el tiempo. El inspector volvió a la escuela y buscó a la maestra.


Estaba acurrucada atrás de su escritorio, los alumnos otra vez en total
desorden...

– Señorita… ¿Qué pasó? ¿No se acuerda de mí?

– Sí señor. ¡Cómo olvidarme! Qué suerte que regresó. No encuentro el


corcho. ¿Dónde lo dejó?

Ser creativo... Usar la imaginación... Pensar un poco más y tratar de


encontrar la magia... esa magia transformadora...

Todos somos alumnos en esta gran escuela que es la vida, y sin embargo
usamos poco la imaginación, entonces vivimos a medias, buscando
estímulos en cosas o lugares que solo nos ayudan a perder el tiempo pero
que pocas veces nos hacen crecer o nos iluminan... Entonces cuando
sentimos hastío y estamos cansados o deprimidos nos aferramos a las
excusas: que no tengo dinero, que no me da el tiempo, que no sé qué
hacer, que... y de excusa en excusa seguimos dormidos esperando que
alguien cree la fórmula mágica que nos haga sentir, que nos estimule, que
nos encienda...

Debemos darle paso a nuestra creatividad y dejar que nuestra imaginación


despierte y nos dé las respuestas... Imaginar... Imaginar... es algo así como
soñar despierto, es transformar con la mente todo aquello que nos parece
que no puede modificarse...

La vida nos regala todos los días pequeños instantes en donde somos sus
grandes artistas, sin embargo muchos sólo se quejan, se aburren, o sólo
esperan que otros den sentido a sus días...

La creatividad despierta el poder que duerme en nuestra imaginación; es


osadía, aventura para descubrir y aprender de los cambios; es respuesta
hábil, no impotencia explicada o reclamo por lo que nos falta.

Crear y despertar ese poder... esa es la clave...


ÉL CREE QUE NO PUEDE
A un niño le encantaban los circos y lo que más le gustaban eran los animales y de todos ellos el
que más llamaba su atención era el elefante.

Durante la función, la enorme bestia hacía despliegue de peso, tamaño y fuerza


descomunal... pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante
quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca
clavada en el suelo.

Sin embargo, la estaca era solo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos
centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa, parecía obvio que ese animal
era capaz de arrancar con facilidad la estaca y huir.

El misterio era evidente: ¿Por qué no huía si aquello que lo sujetaba era tan débil comparado con su
fuerza?

Cuando tenía cinco o seis años, pregunté a varias personas por el misterio del elefante y alguien me
explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado.

Hice entonces la pregunta obvia: “Si está amaestrado ¿por qué lo encadenan?”

No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente.

Hace algunos años descubrí a alguien lo bastante sabio como para encontrar la respuesta: “El
elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy
pequeño”.

Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca.

Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y a
pesar de todo su esfuerzo no pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para él. Juraría que se
durmió agotado y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al que seguía... hasta que
un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino.

Este elefante enorme y poderoso no escapa porque CREE QUE NO PUEDE.

Él tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que se siente poco después de
nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro. Jamás... jamás...
intentó poner a prueba su fuerza otra vez.

Cada uno de nosotros somos un poco como ese elefante: vamos por el mundo atados a cientos de
estacas que nos restan libertad. Vivimos creyendo que no podemos hacer un montón de cosas
simplemente porque alguna vez probamos y no pudimos.

Grabamos en nuestro recuerdo el “no puedo... no puedo y nunca podré”, perdiendo una de las
mayores bendiciones con que puede contar un ser humano: la fe.

La única manera de saber es intentar de nuevo poniendo en el intento TODO NUESTRO CORAZÓN
y todo nuestro esfuerzo como si todo dependiera de nosotros.
EL CUERPO HUMANO DESPUES DE LA MUERTE
3 días después de la muerte, las uñas empiezan a despegarse de los
dedos; 4 días después de la muerte, los cabellos se despegan del cráneo y
todos los vellos del cuerpo caen; 5 días después, el cerebro comienza a
podrirse, la carne se seca y empieza a descomponerse, los insectos te
invaden los genitales, las nalgas y los senos desaparecen por completos.
6 días después, la piel se pone negra y se despega gradualmente de los
huesos; 60 días después de la muerte, todo el cuerpo se reduce a nada,
salvo el hueso del esqueleto. Así que…
Demasiado orgullo, demasiado egoísmo, demasiado odio, demasiada
maldad, demasiada envidia, demasiada rivalidad negativa, ¿Por qué todo
eso?
Porque no somos humildes el uno hacia el otro, y así vivir mejor la corta
vida que nos toca vivir.
¿Por qué no somos más tolerantes el uno hacia el otro?
¿Por qué tantas guerras?
Si al final todos somos iguales nadie se salva de la muerte,
Ella no respeta jóvenes, viejos, feos, bonitos, gordos, flacos, ricos, pobres,
importantes, insignificantes, rubios o morenos,
Ella se lleva parejo sin escoger, no tiene preferencia, no importa quien
seas, nadie se salva.
De nada sirve presumir tanta vanidad, tanto orgullo y egoísmo, si nada te
vas a llevar, porque así como al mundo llegaste sin nada, de la misma
forma te vas a ir.
Amemos a nuestro prójimo, seamos más generosos, seamos el cambio
que queremos ver y vivir en el mundo, seamos viajeros del mismo desierto.
Piénsalo.
EL ECO DE LA VIDA
Un espeleólogo, hombre aficionado a explorar las
grutas y cavernas, llevaba a su pequeño hijo de cuatro
años a conocer por primera vez una cueva, en la cual
el pequeño descubrió el “eco” arrojando una
piedrecilla.
El chico sorprendido gritó: “Horrible” y el eco le
regresó el grito. Gritó entonces: “Espantosamente” y
el eco devolvió nuevamente el sonido.
El chico tembló de miedo ante lo desconocido y le
preguntó a su padre sobre esa resonancia. El padre
inteligentemente lo tomó en sus brazos y le dijo: «Hijo
mío, escucha nuevamente…» y gritó:
"Maravillosamente" y el eco le devolvió en sus
diversas voces gritos de "bello, espléndido,
extraordinario, excelente", con iguales resultados.
El niño sonrió y le volvió a preguntar: «¿Qué es
papá?» y él le respondió: «ES LA VIDA HIJO MÍO.
Como le llamas, te contesta. Pídele lo mejor y te dará
lo mejor. Pídele lo peor y te dará lo peor».
EL ENEMIGO INVENSIBLE
Érase una vez un castillo abandonado. Antigua morada de grandes y generosos reyes.
Estaba casi derruido, la humedad hacía que las piedras de los muros brillaran ante la tenue
luz de algunas antorchas. En una parte recóndita de aquella fortificación prácticamente
arruinada, estaba la habitación del príncipe, asegurada dentro de la roca misma de la
montaña que le servía de cimientos. Y ahí estaba él, mordisqueando sus furias y
resentimientos. El rostro que alguna vez había sido bello estaba lleno de cicatrices, y la
crueldad de aquellos ojos era rivalizada únicamente por una sonrisa que le daba ese aspecto
tan feroz como nocturno.

El soberano esperaba impaciente la llegada del prisionero. Había sido una larga cacería.
Toda la astucia del príncipe (que no era poca) fue necesaria para atrapar a su odiado
disidente. Las frenéticas tropas habían acosado a su objetivo desde tiempos que ya no
podía ni siquiera recordar. Sin embargo su adversario parecía invencible. De todos los
obstáculos que hábilmente le había colocado salía siempre librado misteriosamente.

La corte entera esperaba la acariciada promesa de aquel mercenario: “Yo lo mataré”.

Junto al príncipe merodeaban nerviosos guerreros de un aspecto estremecedor. En una


esquina, se encontraba un personaje con un martillo. Sus golpes eran contundentes, tenía
una fuerza portentosa.

Sus sorpresivos ataques eran de una efectividad sorprendente, particularmente ante


oponentes de corazón débil. Él había tratado de aniquilar una y otra vez al enemigo del
príncipe, pero su martillo y sus ataques sorpresivos mellaban las fuerzas del contrincante,
pero no le destruían.

Mientras el guerrero del martillo daba vueltas por la habitación del príncipe, otro mercenario
más temible observaba sus manos, perfectamente cuidadas. Nadie podría creer que era un
guerrero, y en eso estaba fuerza. Su rostro femenino, las maneras dóciles, un lenguaje sutil
y penetrante eran suficientes para que sus contrincantes quedaran rendidos a sus
perfumados encantos. Sin embargo, aquel rostro bello y atrayente había un corazón
podrido.

Había muchos otros servidores y combatientes que también habían intentado destruir al
enemigo del príncipe.

Estaba el gigante de piedra que aplastaba cualquier cosa a su paso, la mujer de hielo que
congelaba cuanto tocaba, la mendigante que robaba todos los recursos materiales de sus
enemigos y los dejaba sin medios para combatir. También estaba la peste, que a
los corazones curtidos acababa haciéndolos caer en la desesperación.
Y a pesar de tan feroces adversarios, el enemigo del príncipe siempre había salido airoso de
todos los combates. Maltrecho, herido, lastimado en lo más profundo, pero vivo, y es que
bastaba con que quedara un pequeñísimo aliento vida para que volviera a crecer y, peor
aún, a fortalecerse.

Todos los intentos habían sido vanos, hasta que llegó un nuevo mercenario de una región
alejada. Cuando lo vieron entrar a la corte del príncipe todos se burlaron de él. Su aspecto
no tenía nada temible. Parecía un campesino común y corriente. Pasaba desapercibido por
donde merodeaba.

Aquel aspecto ordinario era su escudo, más efectivo que uno de hierro forjado. Cuando se
presentó al príncipe prometiendo que mataría al enemigo todos rieron con excéntricas
carcajadas. Sin embargo, nadie rió cuando extendió su mano y mostró unos pequeñísimos
alfileres. El guante que protegía las manos de aquel mercenario de aspecto vulgar contenía
miles de millones de diminutos alfileres. Al instante los arrojó hacia uno de los soldados de la
corte. Nadie vio aquellas insignificantes agujas volar por el aire. Ninguno vio tampoco cómo
penetraron la armadura del soldado. Ni siquiera la víctima sintió cómo se clavaron aquellas
puntas afiladas en su carne. El personaje dijo al príncipe: No tengo prisa. Puedo matar a tu
enemigo como ya he matado a tu soldado. Lo ves de pie, y no siente nada. Volveré en seis
meses y me dirás si crees que puedo aniquilar a tu adversario.

Y, efectivamente, pasaron seis meses.

El soldado comenzó a sangrar a las pocas semanas. Eran gotas imperceptibles. Las puntas
de los alfileres se habían clavado en su carne creando millones de heridas imperceptibles,
tan menudas que era imposible verlas y por tanto, curarlas. El soldado sufrió una agonía,
aunque indolora. Simplemente moría un poco cada segundo. Hasta que un día, sin que
nadie pudiera evitarlo, el soldado cayó muerto ante el irremediable mal que el mercenario
había arrojado sobre él.

El príncipe, con mueca maligna, esperaba ansioso la llegada del cautivo. Su perenne
enemigo había caído en su trampa, creyendo que aún estando preso nada podrían contra él.
Muy equivocado meditó el príncipe.

Las horas de espera fueron largas y llenas de agitación. El mismo aire escapaba de los
pulmones del soberano que esperaba ansioso la llegada del cautivo.

De pronto, se abrieron las puertas del recinto y los soldados arrojaron al centro de la piara
una figura de deslumbrante belleza. Ni siquiera los golpes brutales habían podido empañar
aquel rostro resplandeciente. No era esa belleza lo que enervaba al príncipe, era aquel
poder que tenía de rejuvenecer a quien tocara, de llenar de esperanza el corazón que
acariciara. El soberano del castillo detestaba profundamente el brillo que aquel enemigo
imprimía en aquellos a los que se acercaban.
El príncipe se puso de pie y se acercó al prisionero macilento. Sin tocarlo (no podría
soportarlo) le habló muy cerca del oído.

– Te has burlado de mí. Me has humillado, has hecho lo que has querido en lo que me
pertenece. Has resistido todos mis ataques. El Mal Carácter, con su martillo te debilitó, pero
seguiste en pie. La Ambición con su belleza sensual te arrebató pero no te mató. Y lo mismo
ocurrió con la Enfermedad, la Pobreza, y con todos mis aliados.

El príncipe sonrió malévolo mientras caminaba en círculos contra su contrincante,


paladeando el momento de su triunfo.

– Creíste que todo lo podías... Mmm... Amor... Amor... -repitió el príncipe diciendo aquel
nombre casi con asco- ¿Quién te crees tú que eres? ¿De dónde has salido? ¿Por qué osas
meterte en mis dominios? ¿No sabes que tengo poder en toda la tierra? ¿No sabes que soy
más astuto, más viejo, más inteligente y más poderoso que tus seres humanos, a los que
tanto cuidas? Amor... Qué nombre tan repugnante. "Nada puede contra el amor" -dijo el
príncipe con expresión burlona- "El amor lo puede todo, el amor rompe barreras". iBasura! -la
expresión del príncipe se volvió rabiosa y atroz y mientras hablaba sus manos temblaban de
la ansiedad con las que las pronunciaba. Este es mi tiempo, mi momento, mi mundo...

El príncipe se desplomó pesadamente en su trono.

– Pero ha llegado tu fin. ¡Traigan al mercenario!

Las órdenes fueron cumplidas de inmediato, y ahí apareció la ordinaria figura del interesado.
Caminó hasta donde estaba el amor. Con rostro flemático le observó.

El príncipe dijo entonces: ¡Hazlo! El guerrero de aspecto normal metió su mano enguantada
en una bolsa y extrajo una miríada de sus artefactos mortales. Hizo el ademán necesario
para arrojarlo cuando el príncipe interrumpió la ejecución.

– ¡Espera! Antes de que lo hagas... ¿Cuál es tu nombre?

El combatiente ordinario solo pronunció dos palabras:

– La rutina.
"EL ERROR MÁS GRANDE"
El error más grande lo cometes cuando, por temor a
equivocarte, te equivocas dejando de arriesgar en el viaje
hacia tus objetivos.

No se equivoca el río cuando, al encontrar una montaña en


su camino, retrocede para seguir avanzando hacia el mar;
se equivoca el agua que por temor a equivocarse, se
estanca y se pudre en la laguna.

No se equivoca la semilla cuando muere en el surco para


hacerse planta; se equivoca la que por no morir bajo la
tierra, renuncia a la vida.

No se equivoca el hombre que ensaya distintos caminos


para alcanzar sus metas, se equivoca aquel que por temor a
equivocarse no acciona.

No se equivoca el pájaro que ensayando el primer vuelo cae


al suelo, se equivoca aquel que por temor a caerse renuncia
a volar permaneciendo en el nido.

Pienso que se equivocan aquellos que no aceptan que ser


hombre es buscarse a sí mismo cada día, sin encontrarse
nunca plenamente.

Creo que al final del camino no te premiarán por lo que


encuentres, sino por aquello que hayas buscado
honestamente.
EL HOMBRE Y LA SERPIENTE
Un hombre vio a una serpiente quemándose y
decidió sacarla del fuego, para que no muriera
incinerada. Pero cuando lo hizo, la serpiente lo mordió
causando un dolor insoportable. Después de que lo
mordiera, el hombre dejó caer la serpiente, y el reptil
cayó de nuevo en el fuego. El hombre volvió a intentar
salvar a la pobre serpiente que estaba quemándose
viva dentro del fuego. Cuando este la volvió a sacar, la
serpiente nuevamente lo mordió. Entonces, el hombre
miró a su alrededor y encontró un poste de metal y lo
usó para sacar a la serpiente del fuego, salvando su
vida. Alguien que estaba mirando se acercó al hombre
y le dijo: “Esa serpiente te mordió” y ¿Por qué sigues
intentando salvarla? La respuesta del hombre fue
sorprendente: “La naturaleza de la serpiente es
morder, pero eso no va a cambiar mi naturaleza, que
es ayudar”. Por lo cual, esto nos deja una gran
enseñanza: No cambies tu forma de ser y tu
naturaleza simplemente porque alguien te haga daño.
No pierdas tu buen corazón, solo debes tomar las
precauciones necesarias para poder protegerte y
seguir caminando y dejar que Dios tome el control.
EL HOMBRE Y EL MUNDO
Un científico, que vivía preocupado con los problemas del mundo, estaba
resuelto a encontrar los medios para aminorarlos. Pasaba días en su
laboratorio en busca de respuestas para sus dudas.

Cierto día, su hijo de 7 años invadió su santuario decidido a ayudarlo a


trabajar. El científico, nervioso por la interrupción, le pidió al niño que fuese
a jugar a otro lugar. Viendo que era imposible sacarlo, el padre pensó en
algo que pudiese darle con el objetivo de distraer su atención.

De repente se encontró con una revista en donde venía el mapa del mundo
¡Justo lo que precisaba!. Con unas tijeras recortó el mapa en varios
pedazos y junto con un rollo de cinta se lo entregó a su hijo diciendo:
-“Como te gustan los rompecabezas, te voy a dar el mundo todo roto, para
que lo repares sin ayuda de nadie”.

Entonces calculó que al pequeño le llevaría días componer el mapa, pero


no fue así. Pasadas algunas horas, escuchó la voz del niño que lo llamaba
calmadamente. -”Papá, ya hice todo, conseguí terminarlo”.

Al principio el padre no dio crédito a las palabras del niño. Pensó que sería
imposible que, a su edad, hubiera conseguido recomponer un mapa que
jamás había visto antes. Desconfiado, el científico levantó la vista de sus
anotaciones con la certeza de que vería el trabajo digno de un niño.

Para su sorpresa, el mapa estaba completo. Todos los pedazos habían


sido colocados en sus debidos lugares. ¿Cómo era posible? ¿Cómo el niño
había sido capaz?

-Hijito, tú no sabías cómo era el mundo, ¿cómo lograste armarlo?

-Papá, yo no sabía cómo era el mundo, pero cuando sacaste el mapa de la


revista para recortarlo, vi que del otro lado estaba la figura de un hombre…

Así que dí vuelta a los recortes y comencé a recomponer al hombre, que si


sabía como era. Cuando conseguí arreglar al hombre, di vuelta la hoja y vi
que había arreglado al mundo.
EL JUICIO
Cuenta una antigua leyenda, que en la Edad Media un hombre muy
virtuoso fue injustamente acusado de haber asesinado a una mujer.
En realidad, el verdadero autor era una persona muy influyente del reino, y
por eso, desde el primer momento se procuró un “chivo expiatorio”, para
encubrir al culpable.
El hombre fue llevado a juicio ya conociendo que tendría escasas o nulas
posibilidades de escapar al terrible veredicto: ¡¡La horca!!
El Juez, también complotado, cuidó no obstante de dar todo el aspecto de
un juicio justo, por ello dijo al acusado:
– Conociendo tu fama de hombre justo y devoto del Señor, vamos a dejar
en manos de Él tu destino. Escribiremos en dos papeles separados las
palabras «culpable» e «inocente». Tú escogerás y será la mano de Dios la
que decida tu destino.
Por supuesto, el mal funcionario había preparado dos papeles con la
misma leyenda: «culpable» y la pobre víctima, aún sin conocer los
detalles, se daba cuenta que el sistema propuesto era una trampa. No
había escapatoria.
El Juez conminó al hombre a tomar uno de los papeles doblados.
Este respiró profundamente, quedó en silencio unos cuantos segundos
con los ojos cerrados, y cuando la sala comenzaba ya a impacientarse,
abrió los ojos y con una extraña sonrisa, tomó uno de los papeles y
llevándolo a la boca lo engulló rápidamente.
Sorprendidos e indignados los presentes le reprocharon airadamente:
«Pero ¿qué hizo...? ¿Y ahora…? ¿Cómo vamos a saber el veredicto...?
Es muy sencillo, respondió el hombre... Es cuestión de leer el papel que
queda, y sabremos lo que decía el que me tragué...
Con rezongos y bronca mal disimulada, debieron liberar al acusado, y
jamás volvieron a molestarlo.
Por más difícil que se nos presente una situación nunca dejes de buscar la
salida ni de luchar hasta el último momento.
SÉ CREATIVO ¡CUANDO TODO PAREZCA PERDIDO, USA LA
IMAGINACIÓN! En los momentos de crisis, solo la imaginación es más
importante que el conocimiento.
EL LOCO
En un pueblo rodeado de cerros habitaba un loco, la gente del pueblo le
llamaba así: "EL LOCO", ¿y porqué le llamaban así?, ¿Qué acaso hacía
cosas disparatadas, cosas raras, cosas diferentes a lo que hacen la
mayoría de las personas, al menos en ese pueblo?.
La gente al verlo pasar se reía y se burlaba de él, humildemente vestido,
sin posesiones, sin una casa que se dijera de su propiedad, sin una esposa
ni unos hijos; *un desdichado*, pensaba la gente, alguien que no
beneficiaba a la sociedad, **un inútil** comentaban otros.

Más he aquí que este viejo ocupaba su vida sembrando árboles en todas
partes donde pudiera, sembraba semillas de las cuales nunca vería ni las
flores ni el fruto, y nadie le pagaba por ello y nadie se lo agradecía, nadie lo
alentaba, por el contrario, era objeto de burla ante los demás.
Y así pasaba su vida, poniendo semillas, plantando arbolitos ante la burla
de los demás. Y he aquí que ese ser era un gran Espíritu de Luz, que
poniendo la muestra de como se deben hacer las cosas, sembrando,
siempre sembrando sin esperar a ver el fruto, sin esperar a saborearlo.

Y sucedió que un día cabalgaba por esos rumbos el Sultán de aquellos


lugares, rodeado de su escolta y observaba lo que sucedía
verdaderamente en su reino, para no escucharlo a través de la boca de sus
ministros.
Al pasar por aquel lugar y al encontrarse al Loco le preguntó: _ ¿Qué
haces, buen hombre?
Y el viejo le respondió: _ Sembrando Señor, sembrando.
Nuevamente inquirió el Sultán: _ Pero, ¿cómo es que siembras?. estás
viejo y cansado, y seguramente no verás siquiera el árbol cuando crezca.
¿Para qué siembras entonces?
A lo que el viejo contesto: _ Señor, otros sembraron y he comido, es tiempo
de que yo siembre para que otros coman.
El Sultán quedo admirado de la sabiduría de aquel hombre al que llamaban
LOCO, y nuevamente le preguntó:
_ Pero no verás los frutos, y aun sabiendo eso continuas sembrando... Por
ello te regalaré una monedas de oro, por esa gran lección que me has
dado.
El Sultán llamo a uno de sus guardias para que trajese una pequeña bolsa
con monedas de oro u las entregó al sembrador.
El sembrador respondió : _Ves, Señor, como ya mi semilla ha dado fruto,
aún no la acaba de sembrar y ya me está dando frutos, y aun más, si
alguna persona se volviera loca como yo y se dedicara solamente a
sembrar sin esperar los frutos sería el más maravilloso de todos los frutos
que yo hubiera obtenido, porque siempre esperamos algo a cambio de lo
que hacemos, porque siempre queremos que se nos devuelva igual que lo
que hacemos. Esto, desde luego, sólo cuando consideramos que hacemos
bien, y olvidándonos de lo malo que hacemos.

El Sultán le miró asombrado y le dijo : _ ¡Cuánta sabiduría y cuánto amor


hay en ti!, ojalá hubiera más como tú en este mundo, con unos cuantos que
hubiese, el mundo sería otro; más nuestros ojos tapados con unos velos
propios de la humanidad, nos impiden ver la grandeza de seres como tu.
Ahora me retiraré porque, si sigo conversando contigo, terminaré por darte
todos mis tesoros, aunque sé que los emplearlas bien, tal vez mejor que
yo. ¡Qué Alá te Bendiga!.

Y terminado esto, partió el Sultán junto con su séquito, y el Loco siguió


sembrando y no se supo de su fin, no se supo si termino muerto y olvidado
por ahí en algún cerro, pero él había cumplido su labor, realizó la misión, la
misión de un Loco.

Reflexión:
Este cuento sirve para ilustrarnos lo que muchos seres hacen en este
mundo, pero callados, sin esperar recompensa y he aquí que se requieren
muchos locos en el mundo, seres que repartan la Luz, que den la
enseñanza, que sean guías en este mundo tan hambriento de la
enseñanza espiritual.
EL MÁS PODEROSO
El sol y el viento discutían para ver quién era
el más fuerte.
El viento decía: «¿Ves aquel anciano envuelto
en una capa? Te apuesto a que le haré quitar
la capa más rápido que tú».
Se ocultó tras una nube y comenzó a soplar el
viento, cada vez con más fuerza, hasta ser
casi un ciclón, pero cuanto más soplaba tanto
más se envolvía el hombre en la capa.
Por fin el viento se calmó y declaró vencido. Y
entonces salió el sol y sonrió benignamente
sobre el anciano. No pasó mucho tiempo
hasta que el anciano, acalorado por la tibieza
del sol, se quitó la capa.
El sol demostró entonces al viento que la
suavidad y el amor de los abrazos son más
poderosos que la furia y la fuerza.
EL MUNDO ES UN ESPEJO
Un día, cuando los empleados llegaron a trabajar, encontraron en la
recepción un enorme letrero en el que estaba escrito:
"Ayer falleció la persona que impedía el crecimiento de usted en ésta
empresa.
Está invitado al velorio, en el área de deportes".
Al comienzo, todos se entristecieron por la muerte de uno de sus
compañeros, pero después comenzaron a sentir curiosidad por
saber quién era el que estaba impidiendo el crecimiento de sus
compañeros y la empresa.
La agitación en el área deportiva era tan grande que fue necesario
llamar a los de seguridad para organizar la fila en el velorio.
Conforme las personas iban acercándose al ataúd, la excitación
aumentaba:
- ¿Quién será que estaba impidiendo mi progreso?
- ¡Qué bueno que el infeliz murió!
Uno a uno, los empleados agitados se aproximaban al ataúd, miraban
al difunto y tragaban seco. Se quedaban unos minutos en el más
absoluto silencio, como si les hubieran tocado lo más profundo del
alma.
Pues bien, en el fondo del ataúd había un espejo.
Cada uno se veía a sí mismo.
Con el siguiente letrero:
"Sólo existe una persona capaz de limitar tu crecimiento: ¡TU MISMO!”
Tú eres la única persona que puede hacer una revolución en tu vida.
Tú eres la única persona que puede perjudicar tu vida, y tú eres la
única persona que se puede ayudar a sí mismo.
Tu vida no cambia cuando cambia tu jefe, cuando tus amigos cambian,
cuando tus padres cambian, cuando tu pareja cambia.
Tu vida cambia, cuando tú cambias, eres el único responsable de ella.
"Examínate. Y no te dejes vencer" "El mundo es como un espejo, que
devuelve a cada persona, el reflejo de sus propios pensamientos. La
manera cómo tú encaras la vida es lo que hace la diferencia”.
EL PAQUETE DE GALLETAS
Cuando aquella tarde llegó a la vieja estación le informaron que el tren
en el que ella viajaría se retrasaría aproximadamente una hora.

La elegante señora, un poco fastidiada, compró una revista, un


paquete de galletas y una botella de agua para pasar el tiempo.

Buscó un banco en el andén central y se sentó preparada para la


espera.
Mientras hojeaba su revista, un joven se sentó a su lado y comenzó a
leer un diario.
Imprevistamente, la señora observó como aquel muchacho, sin decir
una sola palabra, estiraba la mano, agarraba el paquete de galletas, lo
abría y comenzaba a comerlas, una a una, despreocupadamente.

La mujer se molestó por esto, no quería ser grosera, pero tampoco


dejar pasar aquella situación o hacer de cuenta que nada había pasado;
así que, con un gesto exagerado, tomó el paquete y sacó una galleta, la
exhibió frente al joven y se la comió mirándolo fijamente a los ojos.

Como respuesta, el joven tomó otra galleta y mirándola la puso en su


boca y sonrió.

La señora ya enojada, tomó una nueva galleta y con ostensibles


señales de fastidio, volvió a comer otra, manteniendo de nuevo la mirada
en el muchacho.

El diálogo de miradas y sonrisas continuó entre galleta y galleta.

La señora cada vez más irritada, y el muchacho cada vez más


sonriente.
Finalmente, la señora se dio cuenta de que en el paquete solo
quedaba la última galleta.
“No podrá ser tan descarado”, pensó mientras miraba
alternativamente al joven y al paquete de galletas.

Con calma el joven alargó la mano, tomó la última galleta, y con


mucha suavidad, la partió exactamente por la mitad.
Así, con un gesto amoroso, ofreció la mitad de la última galleta a su
compañera de banco.

– ¡Gracias! – Dijo la mujer tomando con rudeza aquella mitad.

– De nada. – Contestó el joven sonriendo suavemente mientras comía


su mitad.

Entonces el tren anunció su partida…

La señora se levantó furiosa del banco y subió a su vagón.

Al arrancar, desde la ventanilla de su asiento vio al muchacho todavía


sentado en él andén y pensó:

“¡Que insolente, qué mal educado, qué ser de nuestro mundo!”

Sin dejar de mirar con resentimiento al joven, sintió la boca reseca por
el disgusto que aquella situación le había provocado.

Abrió su bolso para sacar la botella de agua y se quedó totalmente


sorprendida cuando encontró, dentro de su cartera, su paquete de galletas
INTACTO.

Cuantas veces nuestros prejuicios, nuestras decisiones apresuradas


nos hacen valorar erróneamente a las personas y cometer las peores
equivocaciones.

Cuántas veces la desconfianza, ya instalada en nosotros, hace que


juzguemos, injustamente a personas y situaciones, y sin tener aun el por
qué, las encasillamos en ideas preconcebidas, muchas veces tan alejadas
de la realidad que se presenta.

Así, por no utilizar nuestra capacidad de autocrítica y de observación,


perdemos la gracia natural de compartir y enfrentar situaciones, haciendo
crecer en nosotros la desconfianza y la preocupación.

Nos inquietamos por acontecimientos que no son reales, que quizás


nunca lleguemos a contemplar, y nos atormentamos con problemas que tal
vez nunca ocurrirán.
EL PESCADOR
Un banquero de inversión americano estaba en el muelle de un pueblito
caribeño cuando llegó un bote con un solo pescador.

Dentro del bote había varios atunes amarillos de buen tamaño. El


americano elogió al pescador por la calidad del pescado y le preguntó
¿Cuánto tiempo le había tomado pescarlos?

El pescador respondió que sólo un de poco tiempo.

El americano luego le preguntó ¿porqué no permanecía más tiempo y


sacaba más pescado?

El pescador dijo que él tenía lo suficiente para satisfacer las necesidades


inmediatas de su familia.

El americano luego preguntó ¿Pero qué hace usted con el resto de su


tiempo?

El pescador dijo, "duermo hasta tarde, pesco un poco, juego con mis hijos,
hago siesta con mi señora María, caigo todas las noches al pueblo donde
tomo vino y toco guitarra con mis amigos. Tengo una vida "placentera y
ocupada".

El americano replicó, "Soy un MBA de Harvard y podría ayudarte. Deberías


gastar más tiempo en la pesca y con los ingresos comprar un bote más
grande, con los ingresos del bote más grande podrías comprar varios botes
y eventualmente tendrías una flota de botes pesqueros.

En vez de vender el pescado a un intermediario lo podrías, hacer


directamente a un procesador y eventualmente abrir tu propia
procesadora.

Deberías controlar la producción, el procesamiento y la distribución.

Deberías salir de este pequeño pueblo e irte a La Capital, donde


manejarías tu empresa en expansión".
El pescador preguntó, ¿Pero, cuánto tiempo tarda todo eso?

A lo cual respondió el americano, "entre 15 y 20 años".

"¿Y luego qué?"

El americano se rió y dijo que esa era la mejor parte.

"Cuando llegue la hora deberías anunciar un IPO (Oferta inicial de


acciones) y vender las acciones de tu empresa al público. Te volverás rico,
tendrás millones.

"Millones ... y ¿luego qué?"

Dijo el americano: "Luego te puedes retirar. Te mueves a un pueblito en la


costa donde puedes dormir hasta tarde, pescar un poco, jugar con tus
hijos, hacer siesta con tu mujer, caer todas las noches al pueblo donde
tomas vino y tocas guitarra con tus amigos".

El pescador respondió: "¿Acaso eso no es lo que tengo ya?"

MORALEJA:
Cuántas vidas desperdiciadas buscando lograr una felicidad que ya se
tiene pero que muchas veces no vemos.
La verdadera felicidad consiste en amar lo que tenemos y no sentirnos mal
por aquello que no tenemos.
"Si lloras por haber perdido el Sol, las lágrimas no te dejarán ver las
estrellas"
¡LA FELICIDAD ES UN TRAYECTO, NO UN DESTINO!
EL PESCADOR Y EL SAMURAI
Durante la ocupación Satsuma de Okinawa, un Samurai que le había prestado dinero a un
pescador, hizo un viaje para cobrarlo a la provincia Itoman, donde vivía el pescador.
No siéndole posible pagar, el pobre pescador huyó y trató de esconderse del Samurai, que
era famoso por su mal genio. El Samurai fue a su hogar y al no encontrarlo ahí, lo buscó por
todo el pueblo. A medida que se daba cuenta de que se estaba escondiendo se iba
enfureciendo.
Finalmente, al atardecer, lo encontró bajo un barranco que lo protegía de la vista. En su
enojo, desenvainó su espada y le gritó:
– ¿Qué tienes para decirme?
El pescador replicó:
– Antes de que me mate, me gustaría decir algo. Humildemente le pido esa posibilidad.
– ¡Ingrato! Te presto dinero cuando lo necesitas y te doy un año para pagarme, y me
retribuyes de esta manera. Habla antes de que cambie de parecer.
– Lo siento -dijo el pescador-, sólo que cabo de comenzar el aprendizaje del arte de la mano
vacía y la primera cosa que he aprendido es el precepto: Si alzas tu mano, restringe tu
temperamento; si tu temperamento se alza, restringe tu mano.
El Samurai quedó anonadado al escuchar esto de los labios de un simple pescador. Envainó
su espada y dijo:
– Bueno, tienes razón. Pero acuérdate de esto: volveré en un año a partir de hoy, y será
mejor que tengas el dinero. -Y se fue.
Había anochecido cuando el Samurai llegó a su casa y, como era costumbre, estaba a punto
de anunciar su regreso, cuando se vio sorprendido por un haz de luz que provenía de su
habitación, a través de la puerta entreabierta.
Agudizó su vista y pudo ver a su esposa tendida durmiendo y, el contorno impreciso de
alguien que dormía a su lado. Muy sorprendido y explotando de ira se dio cuenta de que era
un samurai.
Sacó su espada y sigilosamente se acercó a la puerta de la habitación. Levantó su espada
preparándose para atacar a través de la puerta, cuando se acordó de las palabras del
pescador: Si tu mano se alza, restringe tu temperamento; si tu temperamento se alza
restringe tu mano.
Volvió a la entrada y dijo en voz alta.
– ¡He vuelto!
Su esposa se levantó y abriendo la puerta, salió junto con la madre del Samurai para
saludarlo, la madre, vestida con ropas de él. Se había puesto ropas de Samurai para
ahuyentar intrusos durante su ausencia.
El año pasó rápidamente y el día del cobro llegó. El Samurai hizo nuevamente el largo viaje.
El pescador lo estaba esperando. Apenas vio al Samurai, salió corriendo y le dijo:
– He tenido un buen año. Aquí está lo que le debo y además los intereses. ¡No sé cómo
darle las gracias!
El Samurai puso su mano sobre el hombro del pescador y dijo:
– Quédate con tu dinero. No me debes nada. Soy yo el endeudado.
EL PICADOR DE PIEDRAS
Cuenta la leyenda que un humilde picador de piedras vivía resignado en su
pobreza, aunque siempre anhelaba con deseo convertirse en un hombre
rico y poderoso. Un buen día expresó en voz alta su deseo y cuál fue su
sorpresa cuando vio que este se había hecho realidad: se había convertido
en un rico mercader.
Esto le hizo muy feliz hasta el día que conoció a un hombre aún más rico y
poderoso que él. Entonces pidió de nuevo ser así y su deseo le fue también
concedido. Al poco tiempo se cercioró de que debido a su condición se
había creado muchos enemigos y sintió miedo.
Cuando vio cómo un feroz samurai resolvía las divergencias con sus
enemigos, pensó que el manejo magistral de un arte de combate le
garantizaría la paz y la indestructibilidad. Así que quiso convertirse en un
respetado samurai y así fue.
Sin embargo, aún siendo un temido guerrero, sus enemigos habían
aumentado en número y peligrosidad. Un día se sorprendió mirando al sol
desde la seguridad de la ventana de su casa y pensó: él si que es superior,
ya que nadie puede hacerle daño y siempre está por encima de todas las
cosas. “¡Quiero ser el sol!”.
Cuando logró su propósito, tuvo la mala suerte de que una nube se
interpusiera en su camino entorpeciendo su visión y pensó que la nube era
realmente poderosa y así era como realmente le gustaría ser.
Así, se convirtió en nube, pero al ver cómo el viento le arrastraba con su
fuerza, la desilusión fue insoportable. Entonces decidió que quería ser
viento. Cuando fue viento, observó que aunque soplaba con gran fuerza a
una roca, ésta no se movía y pensó: “¡Ella sí que es realmente fuerte;
quiero ser una roca!” Al convertirse en roca se sintió invencible porque
creía que no existía nada más fuerte que él en todo el universo.
Pero cuál fue su sorpresa al ver que apareció un picador de piedras que
tallaba la roca y empezaba a darle la forma que quería pese a su contraria
voluntad. Esto le hizo reflexionar y le llevó a pensar que, en definitiva, su
condición inicial no era tan mala y que deseaba de nuevo volver a ser el
picador de piedras que era en un principio.
EL RÁTON Y LA RATONERA
Un ratón, mirando por un agujero de la pared, ve al paje y a su mujer
abriendo un paquete. Rápidamente pensó: «¿Qué tipo de comida podrá
haber allí?» Quedó aterrorizado cuando descubrió que era una ratonera.
Fue al patio de la casa a advertir a todos: «¡Hay una ratonera en la casa…!
¡Una ratonera!» La gallina que estaba buscando sus lombrices en la tierra,
cacareó y le dijo: «Discúlpeme Sr. Ratón; entiendo que sea un gran
problema para usted, pero a mí no me perjudica en nada, ni me molesta!»
El ratón se llegó hasta el cordero y le dijo: «¡Hay una ratonera en la casa!».
«Discúlpeme, Sr. Ratón, pero no veo nada que pueda hacer, a no ser orar.
¡Quédese tranquilo, usted está en mis oraciones!».
El ratón se fue hasta donde estaba la vaca, y ella le dijo: «¿Qué me dice
Sr. Ratón, una ratonera? ¿Estoy en peligro por casualidad?... Creo que
no...» Entonces el ratón se volvió a la casa, cabizbajo y abatido, para
encarar solo la ratonera del paje. Aquella misma noche se escuchó un
ruido, como el de una ratonera agarrando a su víctima. La mujer del
estanciero corrió a ver qué había en la ratonera. Pero, en la oscuridad, no
vio que la trampa había agarrado la cola de una víbora venenosa. La víbora
la mordió. El paje la llevó corriendo al hospital. La mujer volvió con fiebre.
Todo el mundo sabe que para alimentar a alguien que tiene fiebre, nada
mejor que un buen caldo de gallina. El hombre entonces tomó un cuchillo y
fue a buscar el principal ingrediente: la gallina. Como la enfermedad de la
mujer continuaba, amigos y vecinos vinieron a verla. Para alimentarlos,
hubo que matar al cordero. Pero la mujer no resistió, y acabó falleciendo.
Muchas personas vinieron al funeral. El pobre hombre, muy triste y
agradecido por la solidaridad, resolvió matar a la vaca para darle de
comer a todos.
La próxima vez que oigas decir que alguien está delante de un problema,
recuerda que cuando hay una ratonera en la casa… ¡toda la granja corre
peligro! ¿Se dieron cuenta quien se salvó?
Si no hay solidaridad, si sólo palabras ficticias se dicen ante el reclamo de
un temor, de una necesidad, de una ayuda, ¿quién puede ser tan diferente
que se jacte de estar en mejor situación sin hacer nada por los demás con
la seguridad de que nunca le llegará la hora de tener que vérselas con lo
que alguna vez considera ajeno con indiferencia y despreocupación?
EL REY SIN OFICIO
Había una vez un rey sin oficio. Había nacido en cuna real, ya que su padre
y su abuelo, y su bisabuelo habían sido, sucesivamente, reyes de aquel
reino. Creció entre lujos, lisonjas y comodidades. Y aunque sus sabios
asesores le aconsejaron cuando asumió el reino que hiciera un esfuerzo
mayor incluso que el que habían hecho sus antepasados, trabajando por el
reino, él no se dejó impresionar y sencillamente se dedicó a disfrutar su
vida. Heredó de su padre la fama de ser justo y popular, así que sus
súbditos lo querían y él se sentía feliz con aquel cariño. Sus consejeros
manejaban las cuestiones, de Estado y todo marchaba, si no del todo bien,
tampoco del todo mal. Los años pasaron y con ellos el rey creció en edad.
En cierta ocasión, viajando de paseo con su hija por una de las lejanas
provincias del reino, se vio envuelto en una tormenta que separó su barco
de los de su escolta. Y ante el embate del viento huracanado y las olas
embravecidas, naufragó. Cuando la tempestad se apaciguó, el rey se
percató que él y su hija eran los únicos supervivientes. Asidos de un
madero y después de muchas horas de haber sido arrastrados por las
corrientes del mar, fueron arrojados a una playa totalmente desconocida,
Vivían en el lugar un grupo de pescadores muy pobres. Su jornal diario
apenas les alcanzaba para mal vivir con sus familias. Jamás habían
escuchado acerca del rey ni del reino. Incluso los cobradores de impuestos
ni siquiera los habían visitado dada su condición económica paupérrima.
Sin embargo lo recibieron bien y trataron de ayudarles.
Pero se percataron de que los extraños náufragos a la hora de comer eran
los primeros en sentarse a la mesa y exigían que se les sirviera, y a la hora
de acostarse esperaban hasta que les pusieran las cobijas. Además, no
hacían otra cosa que mandar, ordenar, quejarse y criticar. Pero eran
incapaces de ayudar en lo más mínimo en el duro trabajo diario con que
apenas sobrevivían aquellos pescadores.
El más viejo del lugar habló con los forasteros, y les pidió que se
marcharan tierra adentro en busca de ayuda ya que ellos eran demasiado
pobres para alimentar dos bocas más.
Ante estas palabras el rey se enfureció cómo se atrevía este hombre que
era quizás el último de sus súbditos a hablarle así. ¡A él, que había nacido
noble y rico! Se acostó sin cenar, la plática del viejo le había quitado el
hambre. Se durmió profundamente, y en sueños escuchó una voz que le
decía: “Sólo puede ser considerado de tu propiedad aquello que pudo
sobrevivir a tu naufragio”... ¿Sobrevivido? ¿Acaso habían sobrevivido sus
riquezas y su nobleza? ¡No! ¡Sólo habían sobrevivido él y su hija!
Comprendió entonces, él era ahora el responsable tanto por el sustento de
su hija como por el de él mismo, y se lamentó de no haber aprendido a ser
útil mediante el trabajo.
Al día siguiente se despidió de aquella buena gente y avergonzado se
internó con su hija tierra adentro. Encontró un granjero que aunque se
sorprendió de que no supieran hacer nada, se dispuso a enseñarles el
oficio de cuidar ovejas. Y el viejo rey tuvo por primera vez en su vida un
oficio. Y pasaron cinco años en los que él cumplió fielmente con su patrón.
Su hija creció en ese tiempo y se convirtió en una mujer
extraordinariamente bella.
En esos cinco años la fama de la belleza de esa joven se esparció por
aquellos parajes. Y gracias a ello, en palacio llegaron a pensar que se
trataba de la princesa, y que podía haber otros sobrevivientes del
naufragio. Salieron en su búsqueda. El granjero se sorprendió al saber que
aquel excelente empleado que tuvo todo ese tiempo, era nada menos que
¡el rey!
Una vez instalado nuevamente en el trono, cuentan que llegaron muchos
emisarios de reinos vecinos a pedir la mano de su hija. El monarca
averiguaba en primer lugar que tan útiles y trabajadores eran aquellos
pretendientes. Y ese fue el primer criterio que siguió para escoger el
consorte de su hija, aquel que un día gobernaría a su pueblo. Tomó
medidas para que todo súbdito se capacitara para el trabajo. Y cuentan que
trabajando todos, el reino prosperó y se enriqueció, dando una vida mucho
mejor a su habitantes.
LO NEGATIVO: No sentir la necesidad de capacitarnos para trabajar
productiva y eficazmente.
LO POSITIVO: Comprender que ningún ser humano vale más que otro, a
menos que sea capaz de hacer más, hacerlo mejor, más rápida y utilizando
menos recursos.
EL ROBLE
Nuestro cuerpo siempre nos da el primer aviso. Hemos llegado al límite. La presión, el
cansancio, el estado de ánimo, la confusión, el agotamiento y la falta de claridad indican que
se están agotando todas nuestras fuerzas. Es tiempo de actuar. Llegó el momento que
decidimos dar un ataque frontal contra todos los asuntos que nos abruman.
Tenemos la esperanza de triunfar, de terminar de una vez por todas con los problemas que
nos agobian. No debemos engañarnos, el objetivo de terminar de un solo golpe con nuestras
preocupaciones es difícil de lograr.
En la plaza central del pueblo debían quitar un gran roble que con el paso de los años se
había convertido en un símbolo del lugar. Hasta en el escudo del pueblo se dibujaba su
silueta. El roble se había enfermado de un extraño virus. Corría el riesgo de caerse y de
contagiar a los árboles más cercanos. Ya se había hecho todo lo posible por salvarlo y la
triste determinación de derribarlo provocaba en los vecinos una profunda sensación de
impotencia.
No es fácil determinar la causa de un problema y no es el camino más agradable tomar la
decisión de solucionarlo.
Los leñadores llegaron una mañana con sierras automáticas y hachas. Los vecinos se
reunieron en la plaza para presenciar su caída. Esperaban oír el estrépito producido por el
choque del inmenso árbol contra el suelo.
Suponían que los hombres empezarían a cortarlo por el tronco principal en un lugar lo más
pegado a la tierra. Pero los hombres colocaron escaleras y comenzaron a podar las ramas
más altas.
En ese orden de arriba hacia abajo cortan desde las más pequeñas hasta las más grandes.
Así, cuando terminaron con la copa del árbol, sólo quedaba el tronco central, y en poco
tiempo más aquel poderoso roble yacía cuidadosamente cortado en el suelo.
El sol ahora cubría el centro del parque, su sombra ya no existía, era como si no hubiera
tardado medio siglo en crecer, como si nunca hubiera estado allí. Los vecinos preguntaron
por qué los hombres se habían tomado tanto tiempo y trabajo para derribarlo. El más
experimentado leñador explicó:
– Cortando el árbol cerca del suelo, antes de quitar las ramas, se vuelve inconsolable y en
su caída, puede quebrar los árboles más cercanos o producir otros destrozos. Es más fácil
manejar un árbol cuando más pequeño se le hace.
El inmenso árbol de la preocupación, que tantos años ha crecido en cada uno de nosotros,
puede manejarse mejor si se lo hace lo más pequeño posible. Para lograrlo, es aconsejable
podar, en principio, los pequeños obstáculos que nos impiden el disfrutar de cada día y así ir
quitando el temor de que en el intento de librarnos de estos y mejorar, todo se derrumbe.
En ese orden, quitando del comienzo los pequeños problemas, podemos, gradualmente, ir
llegando al tronco principal de nuestras preocupaciones. Para cambiar hay que realizar una
tarea a la vez, quitar las ramas de la preocupación de una en una, ocuparnos y no
preocuparnos. Tal como indica la palabra. Reconocer nuestros errores y tener el valor para
enfrentarlos, establecer las prioridades y los objetivos en la vida y mantener una verdadera
determinación para librarnos poco a poco de todo el peso que nos impide trabajar, crecer,
disfrutar y vivir, transformando nuestras ansiedades, miedos y preocupaciones en coraje,
esperanza y fe.
EL SACO DE PLUMAS
Había una vez un hombre que calumnió grandemente a un amigo suyo,
todo por la envidia que le tuvo al ver el éxito que este había alcanzado.

Tiempo después se arrepintió de la ruina que trajo con sus calumnias a ese
amigo, y visitó a un hombre muy sabio a quien le dijo:

"Quiero arreglar todo el mal que hice a mi amigo. ¿Cómo puedo


hacerlo?", a lo que el hombre respondió: "Toma un saco lleno de plumas
ligeras y pequeñas y suelta una donde vayas".

El hombre muy contento por aquello tan fácil tomó el saco lleno de plumas
y al cabo de un día las había soltado todas.

Volvió donde el sabio y le dijo: "Ya he terminado", a lo que el sabio


contestó: "Esa es la parte más fácil.

Ahora debes volver a llenar el saco con las mismas plumas que soltaste.

Sal a la calle y búscalas".

El hombre se sintió muy triste, pues sabía lo que eso significaba y no pudo
juntar casi ninguna.

Al volver, el hombre sabio le dijo:

"Así como no pudiste juntar de nuevo las plumas que volaron con el viento,
así mismo el mal que hiciste voló de boca en boca y el daño ya está hecho.
Lo único que puedes hacer es pedirle perdón a tu amigo, pues no hay
forma de revertir lo que hiciste".

"Cometer errores es de humanos y de sabios pedir perdón".


EL SOL Y EL VIENTO
El sol y el viento discutían sobre cuál de dos era más fuerte.

La discusión fue larga, porque ninguno de los dos quería ceder. Viendo que
por el camino avanzaba un hombre, acordaron en probar sus fuerzas
desarrollándolas contra él.

-Vas a ver – dijo el viento - como con sólo echarme sobre ese hombre,
desgarro sus vestiduras.

Y comenzó a soplar cuanto podía. Pero cuantos más esfuerzos hacían, el


hombre más oprimía su capa, gruñendo contra el viento, y seguía
caminando. El viento encolerizado, descargó lluvia y nieve, pero el hombre
no se detuvo y más cerraba su capa. Comprendió el viento que no era
posible arrancarle la capa.

Sonrió el Sol mostrándose entre dos nubes, recalentó la tierra y el pobre


hombre, que se regocijaba con aquel dulce calor, se quitó la capa y se la
puso sobre el hombro.

-Ya ves - le dijo el Sol al Viento - como con la bondad se consigue más que
con la violencia.

Los seres humanos deberíamos pensar profundamente acerca de nuestras


acciones. Utilizamos la violencia, la ironía, la agresividad, la sorna y la burla
para tratar de lograr nuestros objetivos. Pero no nos damos cuenta de que,
la mayoría de las veces, con esos métodos, son más difíciles de
alcanzarlos. Siempre una sonrisa puede lograr mucho más que el más
fuerte de los gritos. Y basta con ponerse por un momento en el lugar de los
demás para comprobarlo. ¿Preferimos una sonrisa o un insulto?…
¿Preferimos una caricia o una bofetada?… ¿Preferimos una palabra tierna
o una sonrisa irónica?… Pensemos que los demás seguramente prefieren
lo mismo que nosotros… Entonces tratemos a nuestros semejantes de la
misma manera en la que nos gustaría ser tratados… Así veremos que todo
será mejor… Que el mundo será mejor… Que la vida será mejor…
EL TAZÓN DE MADERA
El viejo se fue a vivir con su hijo, su nuera y su nieto de cuatro
años. Ya las manos le temblaban, su vista se nublaba y sus pasos
flaqueaban. La familia completa comía junta en la mesa, pero las
manos temblorosas y la vista enferma del anciano hacían el
alimentarse un asunto difícil. Los guisantes caían de su cuchara al
suelo de y cuando intentaba tomar el vaso, derramaba la leche
sobre el mantel. El hijo y su esposa se cansaron de la situación.

-Tenemos que hacer algo con el abuelo, dijo el hijo. -Ya he tenido
suficiente. Derrama la leche, hace ruido al comer y tira la comida al
suelo.

Así fue como el matrimonio decidió poner una pequeña mesa en


una esquina del comedor. Ahí, el abuelo comía solo mientras el
resto de la familia disfrutaba la hora de comer. Como el abuelo
había roto uno o dos platos, su comida se la servían en un tazón
de madera.

De vez en cuando miraban hacia donde estaba el abuelo y podían


ver una lágrima en sus ojos mientras estaba ahí sentado sólo. Sin
embargo, las únicas palabras que la pareja le dirigía, eran fríos
llamados de atención cada vez que dejaba caer el tenedor o la
comida. El niño de cuatro años observaba todo en silencio.

Una tarde antes de la cena, el papá observó que su hijo estaba


jugando con trozos de madera en el suelo. Le preguntó
dulcemente: -¿Qué estás haciendo?

Con la misma dulzura el niño le contestó: -Ah, estoy haciendo un


tazón para ti y otro para mamá para que cuando yo crezca,
ustedes coman en ellos. Sonrió y siguió con su tarea.
Las palabras del pequeño golpearon a sus padres de tal forma que
quedaron sin habla. Las lágrimas rodaban por sus mejillas y,
aunque ninguna palabra se dijo al respecto, ambos sabían lo que
tenían que hacer.

Esa tarde el esposo tomó gentilmente la mano del abuelo y lo guió


de vuelta a la mesa de la familia. Por el resto de sus días ocupó un
lugar en la mesa con ellos. Y por alguna razón, ni el esposo ni la
esposa, parecían molestarse más cada vez que el tenedor se caía,
la leche se derramaba o se ensuciaba el mantel.

Los niños son altamente perceptivos. Sus ojos observan, sus oídos
siempre escuchan y sus mentes procesan los mensajes que
absorben. Si ven que con paciencia proveemos un hogar feliz para
todos los miembros de la familia, ellos imitarán esa actitud por el
resto de sus vidas. Los padres y madres inteligentes se percatan
que cada día colocan los bloques con los que construyen el futuro
de su hijo. Seamos instructores sabios y modelos a seguir.

He aprendido que puedes decir mucho de una persona por la


forma en que maneja tres cosas: un día lluvioso, equipaje perdido
y luces del arbolito enredadas.

He aprendido que independientemente de la relación que tengas


con tus padres, los vas a extrañar cuando ya no estén contigo.

He aprendido que aún cuando me duela, no debo estar solo.

La gente olvidará lo que dijiste y lo que hiciste, pero nunca cómo


los hiciste sentir.
EL TIEMPO: LA MEJOR EXPRESIÓN DE AMOR
Es posible evaluar la importancia que le asignamos a algo considerando el tiempo que
estamos dispuestos a dedicarle. Cuanto más tiempo le dedicamos a algo, más
evidente resulta la relevancia y el valor que tiene para nosotros. Si quieres conocer las
prioridades de una persona, fíjate en cómo usa el tiempo.

El tiempo es el regalo más preciado que tenemos porque es limitado. Podemos


producir más dinero, pero no más tiempo. Cuando le dedicamos tiempo a una
persona, le estamos entregando una porción de nuestra vida que nunca podremos
recuperar. Nuestro tiempo es nuestra vida. El mejor regalo que le puedes dar a
alguien es tu tiempo.

No es suficiente decir que las relaciones son importantes: debemos demostrarlo en


nuestras acciones, invirtiendo tiempo en ellas. Las palabras por sí solas nada valen:
“No solamente debemos decir que amamos, sino que debemos demostrarlo por medio
de lo que hacemos”. Las relaciones exigen tiempo y esfuerzo. Amor se deletrea así:

La esencia del amor no es lo que pensamos o hacemos o aportamos a los demás;


antes bien, es cuánto entregamos de nosotros mismos. A los hombres, en particular,
les cuesta entender esto. Muchos dicen: !Te Quieren a Tí!. Quieren tu ojos, tus oídos,
tu tiempo, tu atención, tu presencia, tu interés: Tú Tiempo.

El mejor regalo de amor no son los diamantes ni las rosas ni los dulces. Es brindar tu
concentración. El amor se concentra tanto en otra persona que por un instante uno se
olvida quien es. La atención dice:

Siempre que dediques de tu tiempo, estarás haciendo un sacrificio, y el sacrificio es la


esencia del amor.

ES POSIBLE DAR SIN AMAR, PERO NO SE PUEDE AMAR SIN DAR.

AMAR ES ENTREGARSE: DEJAR DE LADO MIS PREFERENCIAS, COMODIDAD,


OBJETIVOS PERSONALES, SEGURIDAD, DINERO, ENERGÍA Y TIEMPO PARA EL
BENEFICIO DE LOS DEMÁS.

Recuerda siempre esto:

EL MEJOR REGALO QUE LE PUEDES DAR A ALGUIEN ES:

“TU TIEMPO”
EL VALOR DEL TIEMPO
Imagínate que existe un banco, que cada mañana acredita en tu cuenta la suma de 86,400 y no arrastra tu
saldo día a día, ya que cada noche borra cualquier cantidad de tu saldo que no usaste durante el día.

¿Qué harías? ¡Retirar hasta el último centavo, por supuesto!

Cada uno de nosotros tiene ese banco. Su nombre es tiempo. Cada mañana, este banco te acredita 86,400
segundos. Cada noche, este banco, borra y da como pérdida cualquier cantidad de ese crédito que no has
invertido en un buen propósito. Este banco no arrastra saldos, ni permite sobregiros. Cada día te abre una
nueva cuenta. Cada noche elimina los saldos del día. Si no usas tus depósitos del día, la pérdida es tuya. No
se puede dar marcha atrás. No existen los giros a cuenta del depósito de mañana.

Debes vivir en el presente con los depósitos de hoy. Invierte de tal manera, que puedas conseguir lo mejor en
salud, felicidad y éxito. El reloj sigue su marcha. Consigue lo máximo en el día.

Para darse cuenta del valor de un año:

Pregúntale a un estudiante que ha reprobado un examen final.

Para darse cuenta del valor de un mes:

Pregúntale a una madre que ha dado a luz a un bebé prematuro.

Para darse cuenta del valor de una semana:

Pregúntale al editor de una revista semanal.

Para darse cuenta del valor de un día:

Pregúntale a un niño que espera que mañana llegue Santa Claus.

Para darse cuenta del valor de una hora:

Pregúntales a los amantes que esperan para verse.

Para darse cuenta del valor de un minuto:

Pregúntale a una persona que ha perdido el tren, el ómnibus o el avión.

Para darse cuenta del valor de un segundo:

Pregúntale a una persona que ha sobrevivido un accidente.

Para darse cuenta del valor de una centésima de segundo:

Pregúntale a la persona que ha ganado una medalla de plata en las olimpiadas.

El tiempo no espera para ninguno.

Atesora cada momento que tengas, y atesóralo más si lo compartiste con alguien especial, lo suficientemente
especial como para dedicarle tu tiempo.

Y recuerda que el tiempo no espera por nadie. Ayer es historia. Mañana es misterio. Hoy es una dádiva, por
eso es que se le llama el presente.
EL VENDEDOR DE GLOBOS
Una vez había una gran fiesta en un pueblo. Toda la gente había dejado sus trabajos
y ocupaciones de cada día para reunirse en la plaza principal, en donde estaban los
juegos y los puestos de venta de cuanta cosa linda uno pudiera imaginarse. Los niños
eran quienes gozaban con aquellos festejos populares.

Había venido de lejos todo un circo, con payasos y equilibristas, con animales
amaestrados y domadores que les hacían hacer pruebas y cabriolas. También se
habían acercado hasta el pueblo toda clase de vendedores que ofrecían golosinas,
alimentos y juguetes para que los chicos gastaran allí el dinero que sus padres o
padrinos les habían regalado con objeto de sus cumpleaños, o pagándoles trabajitos
extras.

Entre todas estas personas había un vendedor de globos. Los tenía de todos los
colores y formas.

Había algunos que se distinguían por su tamaño. Otros eran bonitos porque imitaban
a algún animal conocido, o extraño. Grandes, chicos, vistosos o raros, todos los
globos eran originales y ninguno se parecía al otro. Sin embargo, eran pocas las
personas que se acercaban a mirarlos, y menos aún los que pedían para comprar
algunos.

Pero se trataba de un gran vendedor. Por eso, en un momento en que toda la gente
estaba ocupada en curiosear y detenerse, hizo algo extraño. Tomó uno de sus
mejores globos y lo soltó. Como estaba lleno de aire muy liviano, el globo comenzó a
elevarse rápidamente y pronto estuvo por encima de todo lo que había en la plaza. El
cielo estaba clarito, y el sol radiante de la mañana iluminaba aquel globo que trepaba
y trepaba, rumbo hacia el cielo, empujado lentamente hacia el oeste por el viento
quieto de aquella hora.

El primer niño gritó: «¡Mira mamá, un globo!». Inmediatamente fueron varios más que
lo vieron y lo señalaron a sus chicos o a sus más cercanos. Para entonces, el
vendedor, ya había soltado un nuevo globo de otro color y tamaño mucho más
grande. Esto hizo que prácticamente todo el mundo dejara de mirar lo que
estaba haciendo, y se pusiera a contemplar aquel sencillo y magnífico espectáculo
de ver cómo un globo perseguía al otro en su subida al cielo. Para completar la cosa,
el vendedor soltó dos globos con los mejores colores que tenía, pero atados juntos.
Con esto consiguió que una tropilla de niños pequeños lo rodeara, y pidieran a gritos
que sus padres le compraran globos como aquellos que estaban subiendo y subiendo.
Al gastar gratuitamente algunos de sus mejores globos, consiguió que la gente le
valorara todos los que aún le quedaban, y que eran muchos ya que realmente tenía
globos de todas formas, tamaños y colores. En poco tiempo ya eran muchísimos los
niños que se paseaban con ellos, y hasta había alguno que imitando lo que viera,
había dejado que el suyo trepara en libertad por el aire.

Había allí cerca un niño negro, que con dos lagrimones en los ojos, miraba con
tristeza todo aquello. Parecía como si una honda angustia se hubiera apoderado de
él. El vendedor, que era un buen hombre, se dio cuenta de ello y llamándole le ofreció
un globo. El pequeño movió la cabeza negativamente, y se rehusó a tomarlo.

–Te lo regalo, pequeño -le dijo el hombre con cariño, insistiéndole para que lo tomara.
Pero el niño negro, de pelo corto y ensortijado, con dos grandes ojos tristes, hizo
nuevamente un ademán negativo rehusando aceptar lo que se le estaba ofreciendo.

Extrañado el buen hombre le preguntó al pequeño qué era entonces lo que lo


entristecía. Y el negrito le contestó, en forma de pregunta:

– Señor, si usted suelta ese globo negro que tiene ahí ¿Será que sube tan alto como
los otros globos de colores?

Entonces el vendedor entendió. Tomó un hermoso globo negro, que nadie había
comprado, y desatándolo se lo entregó al pequeño, mientras le decía:

– Haz tú mismo la prueba. Soltadlo y verás como también tu globo sube igual que
todos los demás.

Con ansiedad y esperanza, el negrito soltó lo que había recibido, y su alegría fue
inmensa al ver que también el suyo trepaba velozmente lo mismo que habían hecho
los demás globos. Se puso a bailar, a palmotear, a reírse de pura alegría y felicidad.

Entonces el vendedor, mirándolo a los ojos y acariciando su cabecita enrulada, le dijo


con cariño:

– Mira pequeño, lo que hace subir a los globos no es la forma ni el color, sino lo que
tiene adentro.
EL VIOLÍN
El subastador pensó que perdía su tiempo mostrando ese viejo violín estropeado y
arañado, pero aún así, lo mostró.
– ¿Cuánto ofrecen, buena gente? -gritó.
– ¿Quién hará la primera oferta?
– ¡Un dólar, un dólar! -entonces...
– ¡Dos! ¿Sólo dos?
– ¡Dos dólares!
– ¿Hay alguien que de tres?
– ¡Tres dólares! ...
– ¡Tres dólares a la una! ¡Tres dólares...a las dos! Que se va por tres... pero…
–¡No!
Un hombre canoso se puso de pie, llegó adelante y tomó en sus manos el arco.
Limpiando el polvo del viejo violín armonizó sus cuerdas y tocó una melodía muy
tierna. Al cesar la música el subastador dijo, en voz muy baja y más bien para sí:
– ¡Cuánto daría yo por tener este viejo violín! -y tomándolo con más cariño lo volvió a
levantar:
– ¡Cien dólares!
– ¿Y quién da doscientos?
– ¡Doscientos!
– ¿Y quién da trescientos?
– ¡Trescientos!
– ¡Trescientos, a la una! ¡Trescientos a las dos! ¡Y se va y se fue! -exclamó.
Algunos lloraban y los demás aplaudían...
“No podemos comprender”, se decían, “¿Qué cambió su valor?” Alguien dijo por allí
que fue el toque de la mano de un maestro. Muchas personas sienten que sus vidas
están fuera de tono. No saben cómo aprovechar todos los recursos y talentos de que
disponen. No saben cómo convertir sus excusas en razones. No pueden ver las
oportunidades que existen dentro de las crisis. No le encuentran sentido a lo que
hacen. No saben como ponerse en acción... y a similitud del viejo violín se "subastan
baratamente" a la multitud siguiendo el viaje de la vida como un juego que no requiere
pensar.... Pero un día cuando están preparados el maestro aparece.
La gente no comprende cómo él puede encontrar tanto valor en algo que ellos no
pueden. El secreto del Maestro es mirar más allá de las apariencias y conectarse
con la verdad del alma de las cosas.
“La diferencia entre lo que hacemos y lo que somos capaces de hacer resolvería los
problemas más grandes que hay en el mundo.”
EL VUELO DEL HALCÓN
Un rey recibió como obsequio dos pequeños halcones y los entregó al maestro
de cetrería para que los entrenara.
Unos meses después, el maestro le informó al rey que uno de los halcones
estaba perfectamente pero que al otro no sabía qué le sucedía pues no se había
movido de la rama donde lo dejó desde el día en que llegó.
El rey mandó llamar a curanderos y sanadores para que vieran al halcón, pero
nadie pudo hacer volar al ave.
Encargó entonces la misión a miembros de la corte, pero nada sucedió. Al día
siguiente, por la ventana, el monarca pudo observar que el ave aún continuaba
inmóvil. Entonces decidió comunicar a su pueblo que ofrecería una recompensa
a la persona que hiciera volar al halcón
A la mañana siguiente, vio al ave volando ágilmente por los jardines. El rey,
sorprendido, pidió a su corte que le trajeran al autor de ese milagro. De esa
manera, trajeron frente al monarca a un humilde campesino.
El rey le preguntó:
– ¿Tú hiciste al halcón volar? ¿Cómo lo hiciste? ¿Eres mago?
Intimidado, el campesino le dijo al rey:
– Fue fácil mi rey, sólo corté la rama y el halcón voló, se dio cuenta que tenía
alas y se fue a volar.
¿Sabes que tienes alas? ¿Sabes que puedes volar? ¿A qué te estas
agarrando? ¿De qué no te puedes soltar? ¿Qué estas esperando para volar?
No puedes descubrir nuevos mares… a menos que tengas el coraje de volar.
Vivimos dentro de una zona de comodidad donde nos movemos, y creemos que
eso es lo único que existe.
Dentro de esa zona está todo lo que sabemos, y todo lo que creemos. Viven
nuestros valores, nuestros miedos y nuestras limitaciones. En esa zona reina
nuestro pasado y nuestra historia. Todo lo conocido, cotidiano y fácil.
Un verdadero líder tiene seguridad en sí mismo para permanecer solo; coraje,
para tomar decisiones difíciles; audacia, para transitar hacia lo nuevo con
pasión, y ternura suficiente para escuchar las necesidades de los demás.
El hombre no busca ser un líder. Se convierte en líder por la calidad de sus
acciones y la integridad de sus intentos. Los líderes son como las águilas: no
vuelan en bandadas… Los encuentras cada tanto y volando solos. Nadie vendrá
a rescatarte, nadie cortará tu rama. Tú eres el mago.
Tu futuro está en tus manos. Solo necesitas comenzar...
EMPUJE LA VAQUITA
Un maestro de la sabiduría paseaba por un bosque con su fiel discípulo, cuando vio a lo lejos un
sitio de apariencia pobre, y decidió hacer una breve visita al lugar.
Durante la caminata le comentó al aprendiz sobre la importancia de las visitas; también de conocer
personas y las oportunidades de aprendizaje que tenemos de estas experiencias.
Llegando al lugar, constataron la pobreza del sitio, los habitantes -una pareja y tres hijos-, tenían una
humilde casa de madera y estaban vestidos con ropas sucias, rasgadas y sin calzado. Entonces se
aproximó el Maestro al padre de familia y le preguntó:
– En este lugar no existen posibilidades de trabajo, ni tampoco puntos de comercio. ¿Cómo hacen
usted y su familia para sobrevivir aquí?
El señor, calmadamente, respondió:
– Amigo mío, nosotros tenemos una vaquita que nos da varios litros de leche todos los días. Una
parte del producto la vendemos o la cambiamos por otros alimentos en la ciudad vecina, y con la
otra producimos queso, cuajada, etc., para nuestro consumo, y así es como vamos sobreviviendo.
El sabio agradeció la información, contempló el lugar por un momento, luego se despidió y se fue.
En el medio del camino, volteó hacia su fiel discípulo y le ordenó:
– Busca la vaquita, llévatela al precipicio de allí enfrente y empújala al barranco.
El joven, espantado, miró al Maestro y le cuestionó sobre el hecho de que la vaquita era el medio de
subsistencia de aquella familia. Más como percibió el silencio absoluto del Maestro, fue a cumplir la
orden. Así que empujó la vaquita por el precipicio y la vio morir...
Aquella escena quedó grabada en la memoria del joven durante años y nunca pudo sacarse un
terrible cargo de conciencia por el crimen cometido a instancias de su Maestro. Tanto impactó esto
en su espíritu que abandonó al Maestro y prosiguió solo su camino.
Años después, el joven aprendiz debía pasar cerca de la casa y tomó la decisión de regresar al
lugar, contarle todo a la familia, obtener su perdón y, de ser ello posible, repararles el daño causado.
Así lo hizo, y a medida que se aproximaba al lugar veía todo muy bonito, con árboles floridos, una
huerta arreglada, una bella casa, niños saludables y adecuadamente vestidos y calzados. El joven
se sintió más triste y desesperado aún, imaginando que aquella humilde familia hubiese tenido que
vender el terreno para sobrevivir.
Aceleró su paso y al llegar a la casa fue recibido por un hombre muy agradable y tranquilo. El joven
preguntó por la familia que vivió allí hacía unos cuantos años, pero el hombre le respondió que ellos
vivían allí de toda su vida.
Sorprendido, el joven revisó los rostros y descubrió que, efectivamente, se trataba de la misma
familia y sólo atinó a preguntar:
– Yo pasé años atrás y éste era un lugar pobre... ¿Cómo logró esta prosperidad?
Y el hombre, entusiasmado contestó:
– Mire joven... Años atrás nosotros teníamos una vaquita, pero no sabemos cómo, se cayó a un
precipicio y murió. Al principio creíamos que sería nuestra ruina. Sin embargo, obligados por las
circunstancias debimos desarrollar otras habilidades y esfuerzos que ignorábamos que fuésemos
capaces de lograr. Y así alcanzamos el éxito que usted observa ahora...
MORALEJA:
Todos tenemos una vaquita que nos proporciona alguna cosa básica para nuestra supervivencia, la
cual es una convivencia con la rutina, nos hace dependientes, y el mundo se reduce a lo que la
vaquita nos brinda.
¡Descubre cuál es tu vaquita y empújala por el precipicio!
EN EL ANDÉN DE LA VIDA
Cuando aquella tarde llegó a la vieja estación le informaron que el tren en que ella
viajaría se retrasaría aproximadamente una hora. La elegante señora, un poco
fastidiada, compró una revista, un paquete de galletas y una botella de agua para
pasar el tiempo.
Buscó un banco en el andén central y se sentó preparada para la espera. Mientras
hojeaba su revista, un joven se sentó a su lado y comenzó a leer un diario.
Imprevistamente, la señora observó cómo aquel muchacho, sin decir una sola
palabra, estiraba la mano, agarraba el paquete de galletas, lo abría y
comenzaba a comerlas, una a una, despreocupadamente.
La mujer se molestó por esto, no quería ser grosera, pero tampoco dejar pasar
aquella situación o hacer de cuenta que nada había pasado. Así que, con un gesto
exagerado, tomó el paquete y sacó una galleta, la exhibió frente al joven y se la comió
mirándolo fijamente a los ojos.
Como respuesta, el joven tomó otra galleta y mirándola la puso en su boca y sonrió.
La señora ya enojada, tomó una nueva galleta y, con ostensibles señales de fastidio,
volvió a comer otra, manteniendo de nuevo la mirada en el muchacho. El diálogo de
miradas y sonrisas continuó entre galleta y galleta. La señora cada vez más irritada, y
el muchacho cada vez más sonriente.
Finalmente, la señora se dio cuenta de que en el paquete sólo quedaba la última
galleta. "No podrá ser tan caradura", pensó mientras miraba alternativamente al joven
y al paquete de galletas.
Con calma el joven alargó la mano, tomó la última galleta, y con mucha suavidad, la
partió exactamente por la mitad. Así, con un gesto amoroso, ofreció la mitad de la
última galleta a su compañera de banco.
– ¡Gracias! -dijo la mujer tomando con rudeza aquella mitad.
– De nada -contestó el joven sonriendo suavemente mientras comía su mitad.
Entonces el tren anunció su partida...
La señora se levantó furiosa del banco y subió a su coche. Al arrancar, desde la
ventanilla de su asiento vio al muchacho todavía sentado en el andén y pensó: “¡Qué
insolente, qué mal educado, qué será de nuestro mundo!”
13Sin dejar de mirar con resentimiento al joven, sintió la boca reseca por el disgusto
que aquella situación le había provocado. Abrió su bolso para sacar la botella de agua
y se quedó totalmente sorprendida cuando encontró, dentro de su cartera, su
paquete de galletas intacto.
Cuántas veces nuestros prejuicios, hacen valorar erróneamente a las personas;
cuántas veces la desconfianza ya instalada en nosotros hace que juzguemos
injustamente perdiendo la gracia natural de compartir y enfrentar situaciones.
Cuenta tu jardín por las flores, no por las hojas caídas. Cuenta tus días por las horas
doradas, y olvida las penas habidas. Cuenta tus noches por estrellas, no por sombras.
Cuenta tu Vida por sonrisas, no por lágrimas... y para tu gozo en esta Vida, cuenta tu
edad por AMIGOS, no por años.
EQUIPO DE LA SELVA
Cuentan que en cierta ocasión el león, el rey de la selva, se encontraba muy preocupado por
la cantidad de cazadores que perseguían a las fieras y decidió hacer un ejército con el que pudieran
defenderse. Para ello salió a reclutar animales.

El primero que encontró a su paso fue al enorme y pesado elefante.

– Buenos días rey de la selva -saluda cordialmente el mastodonte.

– Buenos días mi querido elefante. ¿Quieres formar parte de mi ejército? -le preguntó el león.

– Por supuesto, majestad, por supuesto. Tú serás nuestra mayor defensa.

Los dos caminaron juntos en busca de nuevos reclutas. No tardaron en encontrarse con un lobo.
Este se inclinó en signo de sumisión y saludó respetuosamente.

– Buenos días, majestad.

– Muy buenos días, lobo feroz. Estoy reuniendo un valiente ejército para defendernos de los
cazadores. ¿Te unirás a nosotros?

El elefante miró al león y preguntó:

– ¿Para qué te servirá un animal tan pequeño, comparado conmigo?

El rey de la selva, sin hacer caso a las alusiones del paquidermo, se dirigió de nuevo al lobo y le dijo:

– Tú podrías ser un soldado muy fiero.

Por supuesto el lobo aceptó y los tres caminaron en busca de nuevos reclutas. Dieron entonces con
un mono chillón y el león lo invitó también a formar parte de sus huestes.

– ¿Para qué lo quieres? No creo que sirva para nada -preguntó el lobo.

– Siempre sería bueno distraer al enemigo -sentenció el león- Nadie mejor que él para eso.

Caminaron entonces los cuatro. Ya sentía el león que el ejército se formaba. De pronto, ante ellos
apareció una asustadiza liebre y un pobre burro que apenas podía caminar.

El elefante y el lobo feroz se miraron, extrañados de que el león se dirigiera a esos dos animales.

– No querrá reclutarlos ¿verdad? -se preguntaron el lobo y el elefante al mismo tiempo.

– ¡Claro que quiero reclutarlos! -rugió el león.

– ¿Para qué? -preguntó el lobo-. ¿No te das cuenta que la liebre es un animal siempre asustado,
que huye con rapidez hasta su madriguera?... Y ese pobre burro, está tan viejo que no tiene ya
fuerza ni para cargar con su propio peso. ¡Estos dos si que no ayudarán en nada!

Pero el león los reclutó.


Y el día de la batalla el burro, sentado en un punto de avanzada, rebuznó bien fuerte, y su rebuzno
alertó a todos de la proximidad del enemigo. La liebre corrió aprovechando su rapidez, llevando
mensajes de uno a otro. El mono chillón distrajo a los cazadores brincando de un árbol a otro,
gritando como solo él sabía hacerlo.

En tanto que el elefante apareció como una tromba, con su majestuoso tamaño, resoplando y
emitiendo sonidos agudos, y tras él apareció por un lado, el lobo con el lomo erizado y los colmillos
amenazantes, y por el otro el mismísimo león, rugiendo mientras sacudía la melena.

Ante todo ello, los aterrorizados cazadores no tuvieron otra opción que huir, abandonando sus
armas y jurándose no regresar jamás por aquella selva.

Por supuesto no es más que un cuento infantil, sacado del libro de fábulas. Pero la lección es clara.
El león fue un verdadero líder porque supo trabajar con las fortalezas de los miembros de su equipo,
a pesar de que algunos de ellos se concentraban en las debilidades de los demás. El elefante veía
muy pequeño al lobo, comparado con él. Y ambos, elefante y lobo, no le veían utilidad alguna al
mono chillón y menos aún a la huidiza liebre y al burro viejo.

Si pudiéramos concentrarnos más en las cualidades y menos en los defectos de aquellos que nos
rodean, llevaríamos una vida más agradable. Pero lo contrario es lo más usual, por desgracia hay
demasiada gente concentrada tan solo en los aspectos más desagradables de los otros. El resultado
es que llenan sus cabezas con la crítica y la condena y acaban amargándose a sí mismos, y por
supuesto amargando a aquellos que critican. Los padres respecto de sus hijos, los gerentes y
supervisores respecto de sus subordinados, los maestros respecto de sus alumnos, los compañeros
de trabajo unos respecto de otros, todos deberíamos aprovechar la experiencia del león formando su
ejército.

Y si por casualidad no encontráramos cualidades en los demás, debemos preocuparnos, pero no por
ellos que seguramente las tienen, sino por nosotros que posiblemente nos habremos vuelto tan
negativos que ya no somos capaces de percibir lo bueno de ellos.

LO NEGATIVO: No ver más que defectos y puntos débiles en aquellos con quien nos toca vivir o
trabajar.

LO POSITIVO: Darnos cuenta que aprovechando las cualidades y los puntos fuertes de los demás y
enfocándolos a logros extraordinarios, es como contaremos con gente extraordinaria.
EQUIVOCACIONES
El error más grande lo cometes cuando, por temor a equivocarte,
te equivocas dejando de arriesgar en el viaje hacia tus objetivos.
No se equivoca el río cuando, al encontrar una montaña en su
camino, retrocede para seguir avanzando hacia el mar... Se
equivoca el agua que por temor a equivocarse, se estanca y se
pudre en la laguna.
No se equivoca la semilla cuando muere en el surco para hacerse
planta... Se equivoca la que por no morir bajo la tierra, renuncia a
la vida.
No se equivoca el hombre que ensaya por distintos caminos para
alcanzar sus metas... Se equivoca aquel que por temor a
equivocarse no acciona.
No se equivoca el pájaro que ensayando el primer vuelo cae al
suelo... Se equivoca aquel que por temor a caerse renuncia a volar
permaneciendo en el nido.
Pienso que se equivocan aquellos que no aceptan que ser hombre
es buscarse a sí mismo cada día... sin encontrarse nunca
plenamente.
Creo que al final del camino no te premiarán por lo que encuentres
sino por aquello que hayas buscado honestamente.
FRACASAS CUANDO ELIGES NO SEGUIR PROBANDO
ALTERNATIVAS.
GRACIAS.
Eres feliz?...
En cierta ocasión, durante una elegante recepción de bienvenida al nuevo
Director de Marketing de una importante compañía londinense, algunas de
las esposas de los otros directores, que querían conocer a la esposa del
festejado, le preguntaron con cierto morbo: Te hace feliz tu esposo,
verdaderamente te hace feliz?

El esposo, quien estaba en ese momento no estaba su lado, pero sí lo


suficientemente cerca para escuchar la pregunta, prestó atención a la
conversación e incorporó ligeramente su postura, en señal de seguridad, y
hasta hinchó un poco el pecho, orgullosamente, pues sabía que su esposa
diría que sí, ya que ella jamás se había quejado durante su matrimonio.

Sin embargo, para sorpresa suya y de los demás, la esposa respondió con un
rotundo

- No, no me hace feliz.

En la sala se hizo un incómodo silencio como si todos los presentes hubieran


escuchado la respuesta de la mujer.

El marido estaba petrificado.

No podía dar crédito a lo que su esposa decía, y menos en un momento tan


importante para él.

Ante el asombro del marido y de todos, ella simplemente se acomodó


enigmáticamente sobre su cabeza su elegante chalina de seda negra y
continuó:

- No, él no me hace feliz... Yo soy feliz....!

El hecho de que yo sea feliz o no, no depende de él, sino de mí.

- Yo soy la única persona de quien depende mi felicidad.

Yo determino ser feliz en cada situación y en cada momento de mi vida, pues si


mi felicidad dependiera de otra persona, de otra cosa o circunstancia sobre la
faz de la tierra, estaría en serios problemas.
- Todo lo que existe en esta vida cambia continuamente: el ser humano, las
riquezas, mi cuerpo, el clima, los placeres, etc.

Y así podrían decir una lista interminable.

- A través de toda mi vida, he aprendido algo:

- Yo decido ser feliz y lo demás son "experiencias o circunstancias", lo amo y el


me ama, muy a pesar de sus circunstancias y de las mías.

- Él cambia, yo cambio, el entorno cambia, todo cambia; habiendo amor y


perdón verdadero, y observando esos cambios, (los cuales tal vez puedan ser
fuertes o no, pero existen), hay que enfrentarlos con el amor que hay en cada
uno de nosotros, si los dos nos amamos y nos perdonamos; los cambios serán
sólo "experiencias o circunstancias" que nos enriquece y que nos darán
fortaleza, de lo contrario, solo habremos sido parejas de "paso".

- Para algunos divorciarse es la única solución; (... en realidad es la más fácil...)

El amar verdaderamente, es difícil, es dar amor y perdonar incondicionalmente,


vivir, tomar las "experiencias o circunstancias" como son, enfrentarlas juntos y
ser feliz por convencimiento.

Hay gente que dice:

- No puedo ser feliz porque estoy enfermo, porque no tengo dinero, porque hace
mucho calor, porque me insultaron, porque alguien ha dejado de amarme,
porque alguien no me valoró!

Pero lo que no sabes es que puedes ser feliz aunque estés enfermo, aunque
haga calor, tengas o no dinero, aunque alguien te haya insultado, o alguien no te
amó o no te haya valorado.

Ser feliz es una actitud ante la vida y cada uno decide!...

Ser feliz... depende de ti!


¿EXCELENCIA O SUFICIENCIA?
Juan trabajaba en una empresa hacía dos años. Siempre fue muy serio,
dedicado y cumplidor de sus obligaciones. Llegaba puntual y estaba orgulloso de que
en dos años nunca recibió una amonestación. Cierto día buscó al Gerente para
hacerle un reclamo:
– Señor, trabajo en la empresa hace dos años con bastante esmero y estoy a gusto
con mi puesto, pero siento que he sido postergado. Mire, Fernando ingresó a un
puesto igual al mío hace sólo seis meses y ya ha sido promovido a Supervisor.
– iUhm! -reflexiona mostrando preocupación-. Mientras analizamos esto, quisiera
pedirte que me ayudes a resolver un problema. Quiero dar fruta al personal para la
sobremesa del almuerzo de hoy. En la bodega de la esquina venden frutas. Por favor,
averigua si tienen naranjas.
Juan se esmeró por cumplir con el encargo y en 5 minutos estaba de regreso.
– Bueno Juan, ¿qué averiguaste?
– Señor, tienen naranjas para la venta.
– ¿Y cuánto cuestan?
– ¡Ah!… No pregunté por eso.
– OK, ¿pero viste si tenían suficientes naranjas para todo el personal? (preguntaba
serio).
–Tampoco pregunté por eso señor.
– ¿Hay alguna fruta que pueda sustituir la naranja?
– No sé señor, pero creo...
– Bueno, siéntate un momento.
El Gerente tomó el teléfono y mandó llamar a Fernando.
Cuando se presentó, le dio las mismas instrucciones que le diera a Juan y en 10
minutos estaba de vuelta.
Cuando retornó el Gerente pregunta:
– Bien Fernando, ¿qué noticias me tienes?
– Señor, tienen naranjas, lo suficiente para atender a todo el personal, y si prefiere
también tienen plátano, papaya, melón y mango. La naranja está a 1,5 pesos el kilo, el
plátano a 2,2 la mano, el mango a 0,9 el kilo, la papaya y el melón a 2,8 pesos el kilo.
Me dicen que si la compra es por cantidad, nos darán un descuento de 8%. He dejado
separada la naranja, pero si usted escoge otra fruta debo regresar para confirmar el
pedido.
– Muchas gracias Fernando, pero espera un momento.
Se dirige a Juan, que aún seguía esperando estupefacto y le dice:
– Juan, ¿qué me decías?
Nada señor, eso es todo, muchísimas gracias, con su permiso.
¿Y tú?... ¿Haz hecho hoy tu mejor esfuerzo?
Por eso, haz tu mejor esfuerzo, aún con las tareas más sencillas, ya que de otra forma
nadie nos confiará tareas de mayor importancia. Todas las veces que empleas
correctamente la información, tienes la oportunidad de imprimir tu marca personal.
¿EXISTE EL MAL?
Un profesor universitario retó a sus alumnos con esta pregunta: -
¿Dios creó todo lo que existe?

Un estudiante contestó valiente: -Sí, lo hizo. - ¿Dios creó todo? -Sí


señor, respondió el joven.

El profesor contestó: -Si Dios creó todo, entonces Dios hizo al mal,
pues el mal existe, y bajo el precepto de que nuestras obras son un
reflejo de nosotros mismos, entonces Dios es malo.

El estudiante se quedó callado ante tal respuesta y el profesor, feliz, se


jactaba de haber probado una vez más que la fe Cristiana era un mito.

Otro estudiante levantó su mano y dijo: - ¿Puedo hacer una pregunta,


profesor?

-Por supuesto, respondió el profesor.

El joven se puso de pie y preguntó: -¿Profesor, existe el frío?

- ¿Qué pregunta es esa? Por supuesto que existe, ¿acaso usted no ha


tenido frío?

El muchacho respondió: -De hecho, señor, el frío no existe. Según las


leyes de la Física, lo que consideramos frío, en realidad es ausencia
de calor. Todo cuerpo u objeto es susceptible de estudio cuando tiene
o transmite energía, el calor es lo que hace que dicho cuerpo tenga o
transmita energía. El cero absoluto es la ausencia total y absoluta de
calor, todos los cuerpos se vuelven inertes, incapaces de reaccionar,
pero el frío no existe. Hemos creado ese término para describir cómo
nos sentimos si no tenemos calor.

-Y, ¿existe la oscuridad?” continuó el estudiante.


El profesor respondió: -Por supuesto.

El estudiante contestó: -Nuevamente se equivoca, señor. La oscuridad


tampoco existe. La oscuridad es en realidad ausencia de luz. La luz se
puede estudiar, la oscuridad no; incluso existe el prisma de Nichols
para descomponer la luz blanca en los varios colores en que está
compuesta, con sus diferentes longitudes de onda. La oscuridad no.
Un simple rayo de luz rasga las tinieblas e ilumina la superficie donde
termina el haz de luz. ¿Cómo puede saber cuan oscuro está un
espacio determinado? Con base en la cantidad de luz presente en ese
espacio, ¿no es así? Oscuridad es un término que el hombre ha
desarrollado para describir lo que sucede cuando no hay luz presente.

Finalmente, el joven preguntó al profesor: -Señor: ¿existe el mal?

El profesor respondió: -Por supuesto que existe. Como lo mencioné al


principio, vemos violaciones, crímenes y violencia en todo el mundo,
esas cosas son del mal.

A lo que el estudiante respondió: - El mal no existe, señor… o al


menos no existe por si mismo.

-El mal es simplemente la ausencia de Dios… es, al igual que en los


casos anteriores un término que el hombre ha creado para describir
esa ausencia de Dios. Dios…. no creó el mal. No es como la fe o el
amor, que existen, como existe el calor y la luz. El mal es el resultado
de que la humanidad no tenga a Dios presente en sus corazones. Es
como resulta el frío cuando no hay calor, o la oscuridad cuando no hay
luz.

Entonces el profesor, después de asentar con la cabeza, se quedó


callado.

EL JOVEN SE LLAMABA ALBERT EINSTEIN


FÁCIL O DIFÍCIL
Hemos sido programados para ver la vida en dos tonos. Por lo
general las cosas son buenas o malas, bonitas o feas, oscuras o
claras, razón por la cual la mayoría de las veces nos cuesta ser
felices y alcanzar el éxito. La primera vez que leí la frase “El
camino fácil, es el camino más difícil” escrita por Vicenta M. Roazzi
en su libro “La Espiritualidad del Éxito” me costó comprender a que
se refería. Desde niño creí que para tener dinero debía hacer
sacrificios, luego cambié el paradigma y me convencí que no era
necesario sacrificarse, la vida había que disfrutarla y buscar ser
triunfador de una manera cómoda y sencilla.
Tras meditar en sus palabras, comprendí que de cualquier modo
estaba equivocado y lejos de ser un triunfador. La vida es poli-
cromática, existen millones de colores, no sólo el blanco y el negro,
las únicas opciones no son fáciles o difíciles, hay otras opciones,
otros caminos… Si deseamos ser personas prósperas, es decir,
disfrutar de éxito personal, profesional, familiar, espiritual y
económico, debemos dejar las ideas de sacrificio, pues esto se
asocia al dolor y en consecuencia al sufrimiento y la resistencia,
pero también abandonar el facilismo: esperar que el éxito y la
estabilidad lleguen sorpresivamente.
Hagamos lo que hagamos el facilismo y el sacrificio no son buenos
compañeros, ambos conducen a la infelicidad. Agreguemos un
nuevo concepto que se equilibra entre el dolor y el placer,
estimulando ambos hemisferios cerebrales: “La vida en bendición y
abundancia son producto de trabajar sabia y productivamente”. No
seamos mártires, mucho menos idealistas vagos y fantasiosos,
convirtámonos en seres productivos y la prosperidad nos abrazará.
Roazzi dice: “No busque trabajar de la manera fácil, la que da
menos trabajo. En lugar de eso, concéntrese en trabajar de la
manera más productiva”.
FRASE DE MOTIVACIÓN: ¡ERES UN LUCHADOR Y
TRIUNFARÁS!

Alberto despertó y resultó que estaba en medio de un


coliseo, subido en una tarima, escuchaba el barullo de las
personas pero no podía reconocer a nadie. Llevaba un short
blanco y un cinturón apretado a su cintura, quiso pellizcarse
para asegurarse de que no se trataba de un mal sueño,
pero notó que en sus manos tenía dos enormes guantes
azules.
No tuvo mucho tiempo para pensar en la situación en la que
se encontraba, porque tan pronto como escuchó el timbre
agudo de una campana, empezó a sentir algunos golpes.
Yo me bajo, pensó Alberto enfadado con la ridícula
situación. Pero en cuanto pasó un pie entre las cuerdas,
escuchó una fuerte risa burlona y una voz desde el centro
del ring que le decía: “perdedor”, escuchó también a la
mayor parte del coliseo abuchearlo y vio a unos pequeños
sentados en primera fila que le decían: “no te rindas,
nosotros confiamos en ti”.
Algo muy especial había en la mirada de esos niños, algo
que parecía propio de Alberto, como si esos pequeños
tuvieran una parte de él. Y ya no quiso bajarse, no quiso
defraudar a los pequeños, ni quiso que se burlaran sus
detractores de él. Así que regresó al centro del cuadrilátero
convencido. Él no lo había buscado, no entendía cómo
había llegado a esa situación, no distinguía quién era su
oponente, pero estaba decidido a vencerlo y acabar con
eso, a ponerle punto final a la escena.
Tú eres como Alberto, sí, la vida te va a plantear diversos y
difíciles retos, pruebas y problemas que harán que te
sientas como golpeado por un contrincante desconocido.
Pero eres un luchador, tienes todo lo necesario para
enfrentar la adversidad y superarla. Solo tienes que ponerle
coraje, no intentes bajarte del cuadrilátero porque aquellos
que te quieren y admiran se sentirán muy defraudados, y
eso solo te producirá más dolor.
Tampoco te resignes a que la vida es difícil y tenemos que
soportar sus golpes duros. No se trata de resignación, no
vinimos a estar en un perpetuo sufrimiento, se trata de
asumir que vivir es un reto y afrontarlo, vencer cada una de
las pruebas y hacernos fuertes para no sentir más dolor,
para perseguir y alcanzar nuestra felicidad.
FRASE DE MOTIVACIÓN: ¡TODOS LOS PROBLEMAS DEBEN SER
ENFRENTADOS!

Para vencer los problemas hay que tener valor, hacerles frente y encontrar la manera de vencerlos,
eso es algo en lo que estamos sin duda de acuerdo. Sin embargo, lo peor es cuando los problemas
implican poner punto final a algo a lo que nos hemos acostumbrado.

El gran maestro y el guardián dividían la admiración de toda la comunidad. Un día el guardián murió
y fue preciso sustituirlo. El gran maestro reunió entonces, a todos los discípulos para escoger quién
tendría el honor de trabajar directamente a su lado.

-Voy a plantearles un problema -les dijo-, y aquel que lo resuelva primero será el nuevo guardián de
la zawiya. Terminado su corto discurso, colocó un taburete en medio de la sala. Encima había un
florero de finísima porcelana de gran valor, con una hermosa rosa roja en su interior.

-Este es el problema -dijo el gran maestro.


Los discípulos contemplaron perplejos y extasiados lo que veían; los diseños sofisticados y raros de
la porcelana, la frescura y elegancia de la flor, su belleza y olor. Pero, ¿qué representaba todo
aquello?, ¿qué hacer?, ¿cuál sería el enigma?, ¿y su solución?

Después de algunos largos minutos, un discípulo se levantó, miró al maestro, miró luego a sus
colegas y caminando hacia el florero lo levantó entre sus manos y lanzándolo hacia el suelo lo
destruyó haciéndolo pedazos.

-Usted es el nuevo guardián -dijo el maestro.


Al volver el alumno a su lugar, el gran maestro explicó:
-Yo fui claro, dije que ustedes estaban delante de un problema y un problema es un problema; aún si
toma la forma de un florero maravilloso, de una porcelana exquisita y de mucho valor, igualmente un
lindo amor que ya no tiene sentido o un camino que precisa ser abandonado pero que insistimos en
recorrerlo porque nos da algún tipo de confort. No importa cuan bello y fascinante sea un problema,
solo hay una forma de lidiar con él: atacándolo de frente.

Dejar de fumar, dejar de beber, dejar cualquier tipo de adicción es una tarea sumamente
complicada, pero necesaria, es indispensable lidiar con ellas. Tienen apariencia de agradables, nos
producen algún placer al principio, pero es indiscutible que ocultan un velo nefasto que puede llegar
a vaciar nuestras vidas. Sé fuerte, cualquiera que sea el problema debes enfrentarlo con
perseverancia y coraje.
Frase de motivación: ¡Vence la tristeza!
Cuando las penas nos agobian, la depresión bloquea nuestra capacidad de
automotivación, nos hace perder el apetito, hecho que nos debilita, nos
hace perder el sueño de manera que estamos con ojeras y agotados al día
siguiente, nos impide estar físicamente bien para hacer razonamientos
lúcidos.

El control mental, imponer nuestro pensamiento a esa terrible y profunda


sensación de tristeza, es todo un reto, pero es una de las maneras que
tenemos para poder superar la depresión:

Un estudiante se quejaba de que no podía meditar: sus pensamientos no


se lo permitían.
Habló de esto con su maestro diciéndole:
- Maestro, los pensamientos y las imágenes mentales no me dejan meditar;
cuando se van unos segundos, luego vuelven con más fuerza. No puedo
meditar. No me dejan en paz.
El maestro le dijo que esto dependía de él mismo y que dejara de cavilar.
No obstante, el estudiante seguía lamentándose de que los pensamientos
no le dejaban en paz y que su mente estaba confusa.

Cada vez que intentaba concentrarse, todo un tren de pensamientos y


reflexiones, a menudos inútiles y triviales, irrumpían en su cabeza. El
maestro entonces le dijo:
- Bien. Aferra esa cuchara y tenla en tu mano. Ahora siéntate y medita.
El discípulo obedeció. Al cabo de un rato el maestro le ordenó:

- ¡Deja la cuchara!

El alumno lo hizo y la cuchara cayó obviamente al suelo. Miró a su maestro


con estupor y éste le preguntó:

- Entonces, ahora dime ¿quién agarraba a quién, tú a la cuchara, o la


cuchara a ti?
Recuerda que eres tú quien gobierna tu vida, no dejes que la desesperanza
te manipule, que te lleve a la anulación de tu voluntad y te impida continuar
tu lucha por tu dicha. Si estás decidido a ser feliz, tienes que lograr
imponerte a la depresión.
HACER CON LO QUE TENEMOS.
En noviembre 18 de 1995, el violinista Itzhatk Perlman, subió al
escenario para dar un concierto en el salón Avery Fisher del Lincoln
Center en la ciudad de Nueva York, pero subir al escenario no es un
logro pequeño para él.
Él fue afligido de polio cuando era niño, tiene abrazaderas en ambas
piernas y camina con la ayuda de muletas. Verlo caminar sobre el
escenario de un lado al otro, paso a paso, lenta y penosamente, es
una escena impresionante. Él camina penosa pero majestuosamente,
hasta que alcanza su silla.
Después se sienta y lentamente pone las muletas sobre el piso, abre
los broches de las abrazaderas en sus piernas, recoge un pie y
extiende el otro hacia adelante. Después se inclina y recoge el violín,
lo pone bajo su barbilla, hace seña al Director y procede a tocar.
Hasta ahora, la audiencia ya estaba acostumbrada a este
ritual. Permanecían silenciosamente sentados mientras él
caminaba por el escenario hasta su silla, respetuosamente en
silencio hasta que él estuviera listo para tocar; pero esta vez, algo
ocurrió. Justo cuando él terminaba de tocar sus primeras barras, una
cuerda de su violín se rompió. Uno podía oír el estallido.
Salió disparada como bala por el salón. No había duda de lo que ese
sonido significaba. No había duda de lo que él tendría que hacer.
Los que estaban ahí esa noche tal vez pensaron: Para esta, él va a
tener que ponerse de pie, abrocharse las abrazaderas, recoger las
muletas, y cojear hasta fuera del escenario para encontrar otro violín u
otra cuerda.
Pero no fue así. En su lugar, él esperó un momento, cerró sus ojos y
después hizo seña al Director para empezar a tocar. La orquesta
empezó y él tocó desde donde había parado. El tocó con tanta pasión,
con tanto poder y con una claridad que nunca antes nadie habían
escuchado.
Claro, cualquiera sabe que es imposible tocar una obra sinfónica con
solo tres cuerdas. Lo sé yo y lo sabe usted, pero esa noche Itzhatk
Perlman se rehusó a saberlo. Uno podía observar cómo modulaba,
cambiaba y recomponía esa pieza en su cabeza. En una instancia,
sonaba como que él estuviera desentonando las cuerdas para obtener
sonidos que ellas habían hecho.
Cuando él terminó, había un silencio impresionante en el salón.
Después la gente se levantó y lo aclamó. Había una explosión de
aplausos desde cada rincón del auditorio. Todos estábamos de pie,
gritando y aclamando, haciendo todo lo posible para mostrar cuánto
apreciábamos lo que él había hecho.
Él sonrió, se secó el sudor de sus cejas, alzó su arco para callamos, y
después dijo, no presumidamente, pero en un tono tranquilo,
pensativo, y reverente:
«Ustedes saben, algunas veces la tarea del artista es la de
averiguar cuánta música podemos producir con lo que nos queda».
¡Qué renglón tan poderoso! Se ha quedado en mi mente desde que lo
oí. ¿Y quién sabe? Tal vez esa sea la definición de la vida, no solo
para las artistas sino para todos nosotros. He aquí un hombre que se
ha preparado por toda su vida para producir música con un violín de
cuatro cuerdas, quien se encuentra de repente en medio de un
concierto con solo tres cuerdas; y entonces produce música con tres
cuerdas, y la música que él produjo esa noche con sólo tres cuerdas
era más bonita y más memorable que cualquier otra que él haya
producido con cuatro cuerdas.
Entonces, tal vez nuestra tarea en este mundo inestable, cambiante, y
perplejo en el que vivimos es la de producir música, primero con lo que
tenemos, y después, cuando esto ya no sea posible, producir música
con lo que nos queda.
HONESTIDAD
Hubo una vez un emperador que convocó a todos los solteros del reino pues era
tiempo de buscar pareja a su hija.

Todos los jóvenes asistieron y el rey les dijo:

– Os voy a dar una semilla diferente a cada uno de vosotros; al cabo de seis
meses deberán traerme en una maceta la planta que haya crecido, y la planta
más bella ganará la mano de mi hija, y por ende el reino.

Así se hizo, pero había un joven que plantó su semilla pero no germinaba.
Mientras tanto, todos los demás jóvenes del reino no paraban de hablar y
mostrar las hermosas plantas y flores que habían sembrado en sus macetas.

Llegaron los seis meses y todos los jóvenes desfilaban hacia el castillo con
hermosas y bellas plantas.

49El joven estaba demasiado triste pues su semilla nunca germinó, ni siquiera
quería ir al palacio, pero su madre insistía en que debía ir pues era un
participante y debía estar allí. Con la cabeza baja y muy avergonzada, desfiló el
último hacia el palacio con su maceta vacía.

Todos los jóvenes hablaban de sus plantas, y al ver a nuestro amigo lo colmaron
de risas y burlas.

En ese momento el alboroto fue interrumpido por la entrada del rey; todos
hicieron su respectiva reverencia mientras el rey se paseaba entre todas las
macetas admirando las plantas. Finalizada la inspección hizo llamar a su hija, y
llamó de entre todos al joven que llevó su maceta vacía. Atónitos, todos
esperaban la explicación de aquella acción.

El rey dijo entonces:

– Este es el nuevo heredero del trono y se casará con mi hija, pues a todos
ustedes se les dio una semilla infértil, y todos trataron de engañarme plantando
otras plantas, pero este joven tuvo el valor de presentarse y mostrar su maceta
vacía, siendo sincero, real y valiente, cualidades que un futuro rey debe tener y
que mi hija merece.

Moraleja: "La honestidad será por siempre una virtud".

LA BOTELLA
Un hombre estaba perdido en el desierto, destinado a morir de sed.
Por su buena ventura, llegó a una cabaña vieja, desmoronada, sin
ventanas, sin techos. El hombre anduvo por ahí y se encontró con una
pequeña sombra donde acomodarse para huir del calor y del sol
desértico. Mirando a su alrededor, vio una vieja bomba de agua, toda
oxidada, se arrastró hacia allí, tomó de la manivela y comenzó a
bombear, a bombear y a bombear sin parar, pero nada sucedía.
Desilusionado, cayó postrado hacia atrás, notó que a su lado había
una botella vieja, la miró, la limpió de todo el polvo que la rodeaba, y
pudo leer un mensaje que decía:
«Usted necesita primero preparar la bomba con toda el agua que
contiene esta botella, mi amigo, después, por favor tenga la gentileza
de llenarla nuevamente antes de marchar.»
El hombre desenroscó la tapa de la botella, y en realidad, ahí estaba el
agua. ¡La botella estaba llena de agua! De repente, él se vio en un
dilema, si bebiese aquella agua, podría sobrevivir, pero si la vertía en
esa bomba vieja y oxidada, tal vez obtendría agua fresca, bien fría, del
fondo del pozo, y podría tomar toda el agua que él quisiese, o tal vez
no, tal vez, la bomba no funcionaría… ¡Y el agua de la botella sería
desperdiciada! ¿Qué debería hacer? ¿Derramar el agua en la bomba y
esperar a que saliese agua o beber el agua vieja de la botella e ignorar
el mensaje? ¿Debería perder toda aquella agua en la esperanza de
aquellas instrucciones poco confiables, escritas no se sabe cuánto
tiempo atrás? Con grandes dudas, el hombre derramó toda el agua en
la bomba, enseguida agarró la manivela y comenzó a bombear y la
bomba empezó a rechinar sin parar. ¡Nada pasaba! La bomba
continuaba con sus ruidos. Y entonces, surgió un hilo de agua,
después un pequeño flujo y finalmente, el agua corrió con abundancia,
agua fresca, cristalina. Él llenó la botella y bebió ansiosamente, la llenó
otra vez y ¡tomó aún más de su contenido refrescante!
Enseguida, la llenó de nuevo para el próximo viajante la llenó hasta la
boca, tomó la Pequeña nota y aumentó la frase: «Créame que
funciona, usted tiene que dar toda el agua antes de obtenerla
nuevamente».
Hay varias lecciones preciosas que podemos extraer de esta
historia. ¿Cuántas veces tenemos miedo de iniciar un nuevo proyecto
pues este demandará de una enorme inversión de tiempo, recursos,
preparación y conocimiento? ¿Cuántos se han quedado parados
satisfaciéndose con los resultados mediocres, cuando podrían
conquistar victorias significativas?
Muchas veces tenemos oportunidades bellísimas que se nos
presentan en la vida, y que pueden ayudarnos a ser mejores personas
o pueden abrirnos puertas nuevas, que nos conducen a un mundo
mejor. Pero siempre tememos, nunca nos entregamos ni confiamos
demasiado, y es por eso que, ante caminos nuevos, nuestras
dudas y nuestras inseguridades nos paralizan y tomamos lo justo y
necesario sin arriesgarnos ni un poquito más, por miedo o temor.
Si tenemos en cuenta aquella frase "La vida es un desafío", ¿por qué
no nos arriesgamos? ¿Por qué no creemos? Alguien dijo alguna vez
que: "El tren pasa algunas veces por nuestra vida cargado de cosas
bellas, y está en nosotros arriesgarnos y subir, o dejarlo pasar".
¿Y si no vuelve? ¿Y si esa oportunidad que hoy dejamos pasar no se
repite?
Entonces tomemos la botella y no dudemos, derramemos el agua
en la bomba y obtendremos un manantial de agua fresca y cristalina
en la que nos veremos reflejados y triunfadores. Y al fin
comprenderemos que:
"Todo es posible si nos arriesgamos. Si no dudamos, todo es posible".
LA CANASTA VACÍA
La esposa del Faraón de Egipto había perdido muchos hijos en su vientre... Este parto, seguramente, era su última oportunidad para

darle un heredero al Faraón.

Rodeada de médicos y sirvientas, el dolor de su vientre fue en aumento hasta que explotó en un grito de dolor liberador y,

simultáneamente a su muerte, dio un parto de cinco hijos, cuatro de ellos varones y una niña.

El Faraón crió con amor y dedicación a sus hijos, dándoles la educación de futuros gobernantes a los varones y de princesa a

la hija.

Pasados los años y crecidos sus hijos, el Faraón se enfrentó al dilema de escoger a su sucesor. Dado que todos habían nacido en el

mismo parto, no había un primogénito a quién el derecho le correspondiese naturalmente.

Consultó con el Consejo de Ancianos:

– ¡Qué debo hacer? ¿Cómo elegir a mi sucesor? ¿Quizás deba dividir el Imperio en cuatro reinos para ser justo con todos ellos?

Los sabios respondieron:

– No, su majestad, dividir el Imperio implica debilitarlo y ello acarreará su destrucción, además, usted tuvo cinco hijos y sería injusto

con su hija. Lo mejor es hacer un Concurso entre ellos y el que traiga el Proyecto que más beneficie a Egipto, ese sea el escogido.

Satisfecho con la sabiduría del consejo recibido, el Faraón citó a sus hijos, incluida la hija, y les dijo:

– Tienen seis meses para plantear el Proyecto más beneficioso para Egipto y quién así lo haga será elegido mi sucesor.

En ese mismo instante los cuatro varones se miraron suspicaces, surgiendo por primera vez entre ellos el recelo, el temor y quizás,

hasta el odio mismo.

Seis meses después los cinco hijos se congregaron en el Salón del Faraón portando los varones gran cantidad de maquetas y planos

y la hija una canasta vacía.

El Faraón escuchó por turno los Proyectos... Cada cual superaba al anterior: Que un Sistema de Caminos para el Reino, que un

Sistema de Canales de Riego, que un Sistema de Silos para las Cosechas, que un Sistema de Puertos para el comercio... Era difícil
pensar en uno que superase en beneficios al otro. La discusión para analizar el valor de cada uno, sin duda sería ardua, problemática

y difícil.

Sin embargo, al llegar el turno a la hija esta mostró su canasta vacía y dijo:

– Padre, yo traigo una canasta vacía que hoy vale tanto como las maquetas que has visto. Nadie puede decir qué obra es la mejor

hasta no verla hecha y, para ese entonces el contenido de mi canasta podría superar en valor a cualquiera de ellos.

Todos quedaron sorprendidos por el enunciado, pero el Faraón y el Consejo de Sabios estuvieron de acuerdo en que discutir el valor

de los Proyectos no tenía más sentido que discutir el valor del contenido de una canasta vacía.

Entonces la solución fue obvia: los recursos del reino se afectarían al desarrollo de los Proyectos durante dos años y, al cabo de ese

tiempo se analizaría el beneficio real de cada obra para el Reino.

Pasaron los dos años de febril actividad y llegó el momento de presentarse al Salón del Trono.

Cada uno de los hijos venía orgulloso con gran cantidad de documentos y asesores para demostrar que su obra había sida la más

beneficiosa al Reino... y la hija llegó con su canasta vacía...

A su turno cada hijo expuso el valor de las obras hechas: de cómo ahora el sistema de riego había aumentado las cosechas, de cómo

ahora el sistema de caminos permitían que esas cosechas llegasen hasta el último rincón del Reino, de cómo ahora el sistema de

silos permitía almacenarlas de modo limpio y seguro, de cómo ahora los nuevos puertos eran fuente de comercio y prosperidad.

Al llegar el turno de la hija, esta señaló su canasta y dijo:

– Padre, tal como lo anuncié, el tiempo me permitiría dar valor al contenido de esta canasta... Ahora lo ves, gracias a mi canasta vacía

el Reino tiene canales, caminos, silos y puertos...

Sin ella sólo hubiésemos tenido Proyectos y una larga discusión para ver cuál era el mejor sin que nunca ocurriese nada... Los

cuatro hermanos se dieron vuelta sorprendidos y azorados y, tras un momento de vacilación se arrodillaron frente a su hermana...

... Y así Egipto tuvo su primera Emperatriz...

Adaptación libre y resumida del Cuento "La Canasta

Vacía", escrito por la Dra. Ana Aguado, ganadora del

Concurso de Cuentos 1998 del Colegio Público de Abogados de

Buenos Aires y publicado en la

Revista del Colegio de Abogados de la Capital (Buenos Aires,


Argentina)

Noviembre de 1998.

LA CASA DE LOS MIL ESPEJOS


Se dice que hace tiempo, en un pequeño y lejano pueblo, había una casa
abandonada. Cierto día, un perrito buscando refugio del sol, logró
introducirse por un agujero de una de las puertas de dicha casa.
El perrito subió lentamente las viejas escaleras de madera.
Al terminar de subir las escaleras se topó con una puerta semiabierta y
lentamente se adentró en el cuarto.
Para su sorpresa se dio cuenta que dentro de ese cuarto habían mil
perritos más observándolo tan fijamente como él los observaba a ellos.
El perrito comenzó a mover la cola y a levantar sus orejas poco a poco.
Los mil perritos hicieron lo mismo.
Posteriormente sonrió y le ladró alegremente a uno de ellos.
El perrito se queda sorprendido al ver que ¡los mil perritos le ladraban a él!
Cuando el perrito salió del cuarto se quedó pensando para sí mismo:
“¡Qué lugar tan agradable! Voy a venir más seguido a visitarlo”.
Tiempo después, otro perrito callejero entró al mismo sitio y al mismo
cuarto.
Pero a diferencia del primero, este perrito, al ver a los otros mil perritos del
cuarto, se sintió amenazado ya que lo estaban mirando de una manera
agresiva.
Posteriormente comenzó a gruñir, y obviamente vio cómo los otros mil
perritos le gruñían también a él. Comenzó a ladrarles ferozmente y los
otros mil perritos le ladraron también.
Cuando este perrito salió del cuarto pensó: “¡Qué lugar tan horrible es este!
Nunca más volveré a entrar allí”.
En el frente de dicha casa se encontraba un viejo letrero que decía: "La
casa de los mil espejos".
Todos los rostros del mundo son espejos. Decide cuál rostro llevarás por
dentro y ese será el que mostrarás.
El reflejo de tus gestos y tus acciones es lo que proyectas ante los demás.
Las cosas más bellas del mundo no se ven ni se tocan... Sólo se sienten en
el corazón.

LA CUERDA DE LA VIDA
Cuentan que un alpinista desesperado por conquistar el
Aconcagua inició su travesía después de años de preparación,
pero quería la gloria para él solo, por lo tanto subió sin
compañeros.
Empezó a subir y se le fue haciendo tarde, y más tarde, y no se
preparó para acampar, sino que decidió seguir subiendo, decidido
a llegar a la cima.
Oscureció. La noche cayó con gran pesadez en la altura de la
montaña, ya no se podía ver absolutamente nada, todo era negro,
cero visibilidades, no había luna y las estrellas eran cubiertas por
las nubes.
Subiendo por un acantilado, a solo 100 metros de la cima, se
resbaló y se desplomó por los aires... caía a una velocidad
vertiginosa, sólo podía ver veloces manchas más oscuras que
pasaban en la misma oscuridad y la terrible sensación de ser
succionado por la gravedad.
Seguía cayendo... y en esos angustiantes momentos, le pasaron
por su mente todos sus gratos y no tan gratos momentos de la
vida, él pensaba que iba a morir, sin embargo, de repente sintió
un tirón muy fuerte que casi lo parte en dos... Sí, como todo
alpinista experimentado, había clavado estacas de seguridad con
candados a una larguísima soga que lo amarraba de la cintura.
En esos momentos de quietud, suspendido por los aires, no hizo
más que gritar pidiendo ayuda, aferrándose cada vez más a la
cuerda.
Cuenta el equipo de rescate que al otro día encontraron colgado a
un alpinista congelado, muerto, agarrado con fuerza, con las
manos, a una cuerda... A dos metros del suelo...
¿Y tú? ¿Qué tan confiado estás de tu cuerda? ¿Por qué no la
sueltas?

LA FELICIDAD Y LOS DUENDES


Un día cualquiera, varios duendes decidieron hacer una travesura.
Uno de ellos dijo: Debemos quitarle algo a los hombres, ¿pero qué
le quitamos?
Después de mucho pensar uno de ellos dijo:
– ¡Ya sé!, vamos a quitarles la felicidad, pero el problema va a ser
dónde la escondemos para que no la encuentren -propuso el
primero-. Vamos a esconderla en la cima del monte más alto del
mundo, -a lo que inmediatamente repuso otro:
– No, recuerda que tienen fuerza, alguna vez alguien puede subir y
encontrarla, y si uno la encuentra, ya todos sabrán donde está.
Luego propuso otro:
– Entonces vamos a esconderla en el fondo del mar, -y otro
contestó:
– No recuerda que tienen curiosidad, alguna vez alguien construirá
un aparato para poder bajar y entonces la encontrará.
Uno más dijo:
– Escondámosla en un planeta lejano a la Tierra, -y otro agregó:
– No, recuerda que tienen inteligencia, y algún día alguien va a
construir una nave en la que puedan viajar a otros planetas y la va
a descubrir, entonces todos tendrán felicidad.
El último de ellos era un duende que había permanecido en
silencio escuchando atentamente a cada uno de los demás
duendes.
Analizó y dijo:
– Creo saber dónde ponerla para que realmente nunca la
encuentren.
Todos voltearon asombrados y preguntaron al unísono:
«¿Dónde?» Y el duende respondió: – La esconderemos dentro de
ellos mismos, estarán tan ocupados buscándola fuera, que nunca
la encontraran.
Todos estuvieron de acuerdo y desde entonces ha sido así: El
hombre se pasa la vida buscando felicidad sin saber que la
trae consigo.
LA FLOR
Había una joven muy rica, que tenía de todo, un marido maravilloso, hijos
perfectos, un empleo que le daba muchísimo bien, una familia unida. Lo
extraño es que ella no conseguía conciliar todo eso, el trabajo y los
quehaceres le ocupaban todo el tiempo y su vida siempre estaba deficitaria
en alguna área.
Si el trabajo le consumía mucho tiempo, ella lo quitaba de los hijos, si
surgían problemas, ella dejaba de lado al marido. Y así, las personas que
ella amaba eran siempre dejadas para después.
Hasta que un día, su padre, un hombre muy sabio, le dio un regalo: Una
flor rarísima y rarísima, de la cual solo había un ejemplar en todo el mundo
y le dijo: Hija, esta flor te va a ayudar mucho, ¡más de lo que te imaginas!
Tan solo tendrás que regarla y podarla de vez en cuando, y a veces
conversar un poco con ella, y ella te dará a cambio ese perfume
maravilloso y esas maravillosas flores.
La, joven quedó muy emocionada, a fin de cuentas, la flor era de una
belleza sin igual.
Pero el tiempo fue pasando, los problemas surgieron, el trabajo consumía
todo su tiempo, y su vida, que continuaba confusa, no le permitía cuidar la
flor.
Ella llegaba a casa, miraba la flor y las flores todavía estaban allá, no
mostraba señal de flaqueza o muerte, apenas estaban allá, lindas,
perfumadas.
Entonces ella pasaba de largo.
Hasta que un día, sin más ni menos, la flor murió. Ella llegó a casa y se
llevó un susto. Estaba completamente muerta, su raíz estaba reseca, sus
flores caídas y sus hojas amarillas.
La joven lloró mucho, y contó a su padre lo que había ocurrido. Su padre
entonces respondió: «Yo ya me imaginaba que esto ocurriría, y no te puedo
dar otra flor, porque no existe otra flor igual a esa, ella era única, al igual
que tus hijos, tu marido y tu familia. Todos son bendiciones que la vida te
dio, pero tú tienes que aprender a regarlos, podarlos y darles atención,
pues al igual que la flor, los sentimientos también mueren. Te
acostumbraste a ver la flor siempre allí, siempre florida, siempre
perfumada, y te olvidaste de cuidarla».
¡Cuida a las personas que amas!

LA HISTORIA DEL BURRO


Un día, el burro de un campesino se cayó en un pozo. El animal lloró
fuertemente por horas, mientras el campesino trataba de buscar algo que
hacer. Finalmente, decidió que el burro ya estaba viejo y el pozo ya
estaba seco y necesitaba ser tapado de todas formas; que realmente
no valía la pena sacar al burro del pozo.
Invitó a todos sus vecinos para que vinieran a ayudarle. Cada uno
agarró una pala y empezaron a echarle tierra al pozo. El burro se dio
cuenta de lo que estaba pasando y lloró horriblemente. Luego, para
sorpresa de todos, se aquietó después de unas cuantas paladas de tierra.
El campesino finalmente miró al fondo del pozo y se sorprendió de lo que
vio... con cada palada de tierra, el burro estaba haciendo algo increíble: se
sacudía la tierra y daba un paso encima de la tierra.
Muy pronto todo el mundo vio sorprendido cómo el burro llegó hasta la
boca del pozo, pasó por encima del borde y salió trotando...
La vida va a echarte tierra, todo tipo de tierra... El truco para salir del pozo
es sacudírsela y usarla para dar un paso hacia arriba. Cada uno de
nuestros problemas es un escalón hacia arriba. Podemos salir de los más
profundos huecos sino nos damos por vencidos... Usa la tierra que te
echan para salir adelante.
Recuerda las cinco reglas para ser feliz:
1 – Libera tu corazón del odio.
2 – Libera tu mente de las preocupaciones.
3 – Simplifica tu vida.
4 – Da más y espera menos.
5 – Ama más y... sacúdete la tierra porque en esta vida hay que ser
solución, no problema.

LA JOYA ÚNICA
Cruzando el desierto, un viajero inglés vio a un árabe muy pensativo,
sentado al pie de una palmera. Apoca distancia reposaban sus camellos,
pesadamente cargados, por lo que el viajero comprendió que se trataba de
un mercader de objetos de valor, que iba a vender sus joyas, perfumes y
tápices a alguna ciudad vecina.
Como hacía mucho tiempo que no conversaba con alguien, se
aproximó al pensativo mercader diciéndole:
– Buen amigo, ¡salud! Parecéis muy preocupado. ¿Puedo ayudaros en
algo?
– ¡Ay!, respondió el árabe con tristeza, estoy muy afligido porque acabo de
perder la más preciosa de las joyas.
– ¡Bah!, respondió el inglés, la pérdida de una joya no debe ser gran cosa
para vos que lleváis tesoros sobre vuestros camellos, y os será fácil
reponerla.
– ¡¿Reponerla?! ¡¿Reponerla decís?! -exclamó el árabe-. Bien sé que no
conocéis el valor de mi pérdida.
– ¿Qué joya es, pues?, -preguntó el viajero.
– Era una joya, -le respondió el mercader- como no volverá a hacerse otra.
Estaba tallada en un pedazo de piedra de la Vida y había sido hecha en el
taller del Tiempo. Adornabanla veinticuatro brillantes, alrededor de los
cuales se agrupaban sesenta más pequeños. Ya veis que tengo razón al
decir que joya igual no podrá reproducirse jamás.
– A fe mía, dijo el inglés, vuestra joya debía ser preciosa. Pero, ¿no creéis
que con mucho dinero pueda hacerse otra igual?
– La joya perdida, -respondió el árabe, volviendo a quedar pensativo- era
un día, y un día que se pierde no vuelve a encontrarse.

LA LEYENDA DEL VERDADERO AMIGO


Dice una linda leyenda árabe que dos amigos viajaban por el desierto y en
un determinado punto del viaje discutieron.
El otro, ofendido, sin nada que decir, escribió en la arena:

HOY, MI MEJOR AMIGO ME PEGÓ UNA BOFETADA EN EL ROSTRO.

Siguieron adelante y llegaron a un oasis donde resolvieron bañarse.

El que había sido abofeteado y lastimado comenzó a ahogarse, siendo


salvado por el amigo.

Al recuperarse tomó un estilete y escribió en una piedra:

HOY, MI MEJOR AMIGO ME SALVÓ LA VIDA.

Intrigado, el amigo preguntó:

¿Por qué después que te lastimé, escribiste en la arena y ahora escribes


en una piedra?

Sonriendo, el otro amigo respondió:

Cuando un gran amigo nos ofende, deberemos escribir en la arena donde


el viento del olvido y el perdón se encargarán de borrarlo y apagarlo; por
otro lado cuando nos pase algo grandioso, deberemos grabarlo en la piedra
de la memoria del corazón donde viento ninguno en todo el mundo podrá
borrarlo.
¡Qué hermoso sería sí todos ilumináramos los caminos de los demás!

LA MARIPOSA
Un hombre encontró un capullo de una mariposa y se lo llevó a casa para poder ver a
la mariposa cuando saliera del capullo. Un día vio que había un pequeño orificio y
entonces se sentó a observar por varias horas, viendo que la mariposa luchaba por
abrirlo más grande y poder salir.
El hombre vio que la mariposa forcejeaba duramente para poder pasar su cuerpo a
través del pequeño agujero, hasta que llegó un momento en el que pareció haber
cesado de forcejear, pues aparentemente no progresaba en su intento.
Parecía que se había atascado. Entonces el hombre, en su bondad, decidió ayudar a
la mariposa y con una pequeña tijera cortó al lado del agujero para hacerlo más
grande y ahí fue que por fin la mariposa pudo salir del capullo. Sin embargo, al salir la
mariposa tenía un cuerpo muy hinchado y unas alas pequeñas y dobladas.
El hombre continuó observando, pues esperaba que en cualquier instante las
alas se desdoblarían y crecerían lo suficiente para soportar al cuerpo, el cual se
contraería al reducir lo hinchado que estaba.
Ninguna de las dos situaciones sucedieron y la mariposa solamente podía arrastrarse
en círculos con su cuerpecito hinchado y sus alas dobladas. Nunca pudo llegar a
volar.
Lo que el hombre en su bondad y apuro no entendió, fue que la restricción de la
apertura del capullo y la lucha requerida por la mariposa para salir por el diminuto
agujero, era la forma en que la naturaleza forzaba fluidos del cuerpo de la
mariposa hacia sus alas, para que estuviesen grandes y fuertes y luego pudiese
volar.
La libertad y el volar solamente podían llegar luego de la lucha. Al privar a la mariposa
de la lucha, también le fue privada su salud.
Algunas veces las luchas son lo que necesitamos en la vida. Si la naturaleza nos
permitiese progresar por nuestras vidas sin obstáculos, nos convertiría en inválidos.
No podríamos crecer y ser tan fuertes como podríamos haberlo sido.
¡Cuánta verdad hay en esto! Cuántas veces hemos querido tomar el camino corto
para salir de dificultades, tomando esas tijeras y recortando el esfuerzo para poder ser
libres.
Necesitamos recordar que nunca recibimos más de lo que podemos soportar y que a
través de nuestros esfuerzos y caídas, somos fortalecidos así como el oro es refinado
con el fuego.
Nunca permitamos que las cosas que no podemos tener, o que no tenemos, o que no
debamos tener, interrumpan nuestro gozo de las cosas que tenemos y podemos
tener.

LA MEJOR MAESTRA
El primer día de clases la profesora López, maestra de 5to grado de primaria,
les dijo a sus nuevos alumnos que a todos los quería por igual. Pero eso era una
mentira, porque en la fila de adelante se encontraba hundido en su asiento
Pedro González, a quien la profesora López conocía desde el año anterior y
había observado que él era un niño que no jugaba bien con los otros niños, que
sus ropas estaban desaliñadas y constantemente necesitaba un baño. Con el
paso del tiempo, la relación entre la profesora y Pedro se volvió desagradable, a
tal punto que esta sentía mucho gusto al marcar sus tareas con grandes
tachaduras en color rojo.
Un día la escuela le pidió a la Sra. López revisar los expedientes anteriores de
cada niño de su clase y ella puso el de Pedro al final. Sin embargo, cuando
revisó su archivo, se llevó una gran sorpresa. La maestra de primer grado de
Pedro escribió: “Pedro es un niño brillante con una sonrisa espontánea. Hace
sus deberes limpiamente y tiene buenos modales; es un deleite tenerlo cerca”.
Su maestra de segundo grado escribió: “Pedro es un excelente alumno,
apreciado por sus compañeros pero tiene problemas debido a que su madre
tiene una enfermedad incurable y su vida en casa debe ser una constante
lucha”.
Su maestra de tercer grado escribió: “La muerte de su madre ha sido dura para
él. Trató de hacer su máximo esfuerzo pero su padre no muestra mucho interés
y su vida en casa le afectará pronto si no se toman algunas acciones”.
Su maestra de cuarto escribió: “Pedro es descuidado y no muestra mucho
interés en la escuela. No tiene muchos amigos y en ocasiones se duerme en
clase”.
En este momento la Sra. López se dio cuenta del problema y se sintió apenada.
Se sintió todavía peor cuando al llegar la Navidad, todos los alumnos le llevaron
sus regalos envueltos cada uno de ellos en papeles brillantes y preciosos
listones, excepto el de Pedro. Su regalo estaba torpemente envuelto en el
pesado papel café que tomó de una bolsa del mercado. Algunos niños
comenzaron a reír cuando ella encontró dentro de ese papel un brazalete de
piedras al que le faltaban algunas y la cuarta parte de un frasco de perfume.
Pero ella minimizó las risas de los niños cuando exclamó:
– ¡Qué brazalete tan bonito!, poniéndoselo y rociando un poco de perfume en su
muñeca. Pedro González se quedó ese día después de clases solo para decir:
– Sra. López, hoy usted olió como mi mamá solía hacerlo.
52Después de que los niños se fueron, ella lloró por lo menos durante una hora.
Desde ese día renunció a enseñar solo lectura, escritura y aritmética. En su
lugar, comenzó a enseñar valores, sentimientos y principios a los niños. La
señora López le tomó especial atención a Pedro. A medida que trabajaba con él,
su mente parecía volver a la vida. Mientras más lo motivaba, más rápido
respondía. Al final del año, Pedro se había convertido en uno de los niños más
listos de la clase y a pesar de su mentira de que ella quería a todos los niños por
igual, Pedro se volvió uno de sus consentidos.
Un año después, encontró una nota de Pedro debajo de la puerta del salón,
diciéndole que ella era la mejor maestra que había tenido en su vida. Pasaron
seis años antes de que recibiera otra nota de Pedro. Él entonces le escribió que
ya había terminado la preparatoria, había obtenido el tercer lugar en su clase, y
que ella todavía era la mejor maestra que había tenido en su vida.
Cuatro años después, recibió otra carta, diciéndole que sin importar que en
ocasiones las cosas hubieran estado duras, él había permanecido en la escuela
y pronto se graduaría en la Universidad con los máximos honores. Y le aseguró
a la Sra. López que ella era aún la mejor maestra que él había tenido en toda su
vida. Luego pasaron otros cuatro años, y llegó otra carta. Esta vez le explicó que
después de haber recibido su título universitario, él decidió ir un poco más allá.
Y le volvió a reiterar que ella era aún la mejor maestra que él había tenido en
toda su vida. Solo que ahora su nombre era más largo y la carta estaba firmada
por el Dr. Pedro González, MSc.
El tiempo siguió su marcha y en una carta posterior Pedro le decía que había
conocido a una chica y que se iba a casar. Le explicó que su padre había
muerto hacía dos años, le preguntó si accedía a sentarse en el lugar que
normalmente está reservado para la mamá del novio. Por supuesto que ella
accedió. Para el día de la boda usó aquel brazalete con varias piedras faltantes
se aseguró de usar el mismo perfume que le recordó a Pedro a su mamá la
última Navidad.
Ellos se abrazaron y el Dr. González susurró al oído de la Sra. López:
– Gracias Sra. López por creer en mí. Muchas gracias por hacerme sentir
importante y por enseñarme que yo podía hacer la diferencia.
La Sra. López, con lágrimas en sus ojos, le susurró de vuelta diciéndole:
– Pedro, tú estás equivocado. Tú fuiste el que me enseñó que yo podría hacer la
diferencia. No sabía como enseñar hasta que te conocí.
Las experiencias que tenemos a lo largo de nuestras vidas (gratas y
desagradables) marcan lo que somos en la actualidad, no juzgues a las
personas sin saber qué hay detrás de ellas, dales siempre una oportunidad de
cambiar tu vida.

LA OPORTUNIDAD
1.- Ya no eres niña o niño -lo siento-, ese tiempo ya pasó, eres
adolescentes y puedes hacer más y mejores cosas. Ten conciencia
de ello y ten cuidado con lo que haces, pues a tu edad es fácil
perderse.
2.- Esta es una nueva etapa en tu destino, es una oportunidad que
la vida te dio para que seas mejor. No hay mañana para empezar,
es hoy.
3.- Considera que en este momento estás exactamente igual que
tus demás compañeros de grupo, no eres mejor ni peor, al inicio
de cada etapa de la educación nadie se distingue por nada. Tienes
un 10 de calificación, consérvalo siempre.
4.- La vida te puso aquí por alguna razón, y aquí mismo tienes que
demostrar que eres mejor que los demás.
5.- A la escuela viniste a estudiar y a aprender cosas positivas, no
lo olvides.
6.- No hay materias imposibles de pasar, todas están hechas para
la capacidad que hoy tienes.
7.- ¿Qué tanto quieres progresar en la vida? Disciplina es orden y
orden es progreso.
8.- Respeta a los demás y exige el respeto de todos. Ocúpate de
tus cosas y deja que los demás se ocupen de las suyas, y si acaso
no lo hicieren es asunto de ellos.
9.- En ocasiones tendrás que ayudar a los demás y otras veces
recibirás ayuda. Pero entiende y aplica bien la palabra ayuda,
pues es fácil crear vicios de tanto “ayudar” o caer en ellos de
tanto recibir “ayuda”.
10.- Administra bien tú tiempo. Todo se puede hacer, pero tienes
que asignar un momento para cada cosa. Dale mayor importancia
y tiempo a las cosas que te traerán beneficios. El tiempo es como
el dinero: debe invertirse no gastarse, y no debe utilizarse para
comprar lo que quieras sino lo que necesites.
11.- Si algo debe quedar bien claro en tu cerebro es que no hay
imposibles. Puedes ser lo que quieras, grande o pequeño como
quieras. Todo empieza en la imaginación, imagina que eres el
mejor y lo serás, imagina que puedes y podrás. Pero tienes que
acompañar tu pensamiento con la acción, de lo contrario no
pasarás de ser un soñador.
Tienes un horizonte lleno de posibilidades, no desaproveches esta
nueva oportunidad que la vida te dio.

LA ORUGA
En pequeño gusanito caminaba un día en dirección al sol. Muy cerca del camino se
encontraba un saltamontes:
– ¿Hacia dónde te diriges? -le preguntó.
Sin dejar de caminar, la oruga contestó:
– Tuve un sueño anoche; soñé que desde la punta de la gran montaña yo miraba todo
el valle. Me gustó lo que vi en mi sueño y he decidido realizarlo.
Sorprendido, el saltamontes le dijo, mientras su amigo se alejaba:
– ¡Debes estar loco! ¿Cómo podrías llegar hasta aquel lugar? ¡Tú, una simple oruga!
Una piedra será para ti una montaña, un pequeño charco un mar y cualquier tronco
una barrera infranqueable.
Pero el gusanito ya estaba lejos y no lo escuchó. Sus diminutos pies no dejaron de
moverse. La oruga continuó su camino, habiendo avanzado ya unos cuantos
centímetros.
Del mismo modo, la araña, el topo, la rana y la flor aconsejaron a nuestro amigo a
desistir de su sueño. «¡No lo lograrás jamás!» le dijeron, pero en su interior había un
impulso que lo obligaba a seguir.
Ya agotado, sin fuerzas y a punto de morir, decidió parar a descansar y construir con
su último esfuerzo un lugar donde pernoctar:
– Estaré mejor -fue lo último que dijo, y murió.
Todos los animales del valle por días fueron a mirar sus restos. Ahí estaba el animal
más loco del pueblo. Había construido como su tumba un monumento a la insensatez.
Ahí estaba un duro refugio, digno de uno que murió por querer realizar un sueño
irrealizable.
Una mañana en la que el sol brillaba de una manera especial, todos los animales
se congregaron en torno a aquello que se había convertido en una advertencia
para los atrevidos. De pronto quedaron atónitos.
Aquella concha dura comenzó a quebrarse y con asombro vieron unos ojos y una
antena que no podía ser la de la oruga que creían muerta. Poco a poco, como para
darles tiempo de reponerse del impacto, fueron saliendo las hermosas alas, arco iris
de aquel impresionante ser que tenían frente a ellos: UNA MARIPOSA.
No hubo nada que decir, todos sabían lo que haría:
Se iría volando hasta la gran montaña y realizaría su sueño; el sueño por el que había
vivido, por el que había muerto y por el que había vuelto a vivir.
"Todos se habían equivocado".
Si tienes un sueño, vive por él, intenta alcanzarlo, pon la vida en ello y si te das cuenta
que no puedes, quizás necesites hacer un alto en el camino y experimentar un cambio
radical en tu vida y entonces, con otro aspecto, con otras posibilidades y
circunstancias distintas: ¡LO LOGRARÁS!

LA PAZ PERFECTA
Te cuento que…
Había una vez un rey que ofreció un gran premio a aquel artista
que pudiera captar en una pintura la paz perfecta. Muchos artistas
lo intentaron.
El rey observó y admiró todas las pinturas, personalmente hubo
dos que realmente le gustaron y tuvo que escoger entre ellas.
La primera era un lago muy tranquilo. Este lago era un espejo
perfecto donde se reflejaban unas plácidas montañas que lo
rodeaban. Sobre estas se encontraba un cielo muy azul con tenues
nubes blancas. Todos los que miraron esta pintura quedaron que
esta reflejaba la paz perfecta.
La segunda pintura también tenía montañas. Pero eran escabrosas
y descubiertas. Sobre ellas había un cielo furioso del cual caía un
impetuoso aguacero con rayos y truenos. Montaña abajo parecía
retumbar un espumoso torrente de agua. Todo esto no se
revelaba para nada pacífico.
Pero cuando el rey observó cuidadosamente, vio tras la cascada
un delicado arbusto creciendo en una grieta de la roca. En este
arbusto se encontraba un nido. Allí, en medio del rugir de la
violenta caída de agua, estaba sentado plácidamente un pajarito
en medio de su nido... la paz perfecta.
¿Cuál crees que fue la pintura ganadora?
El rey escogió la segunda. ¿Sabes por qué?
Porque, explicaba el rey: “Paz no significa estar en un lugar sin
ruidos, sin problemas, sin trabajo duro o sin dolor. Paz significa
que a pesar de estar en medio de todas estas cosas,
permanezcamos calmados dentro de nuestro corazón.
Este es el verdadero significado de la paz.

LA PUERTA NEGRA
Érase una vez en el país de las mil y una noches.
En este país había un rey que era muy polémico por sus acciones, tomaba prisioneros de guerra y
los llevaba a una enorme sala. Los prisioneros eran colocados en grandes hileras en el centro de la
sala y el gritaba diciéndoles:
– ¡Les voy a dar una oportunidad! Miren el rincón del lado derecho de la sala...
Al hacer esto, los prisioneros veían a algunos soldados armados con arcos y flechas, listos para
cualquier acción.
– Ahora, -continuaba el rey- miren hacia el rincón del lado izquierdo...
Al hacer esto, todos los prisioneros notaban que había una horrible y grotesca puerta negra, de
aspecto dantesco. Cráneos humanos servían como decoración y el picaporte para abrirla
era la mano de un cadáver.....
En verdad, algo verdaderamente horrible solo de imaginar, mucho más para ver.
El rey se colocaba en el centro de la sala y gritaba:
– Ahora escojan, ¿qué es lo que ustedes quieren? ¿Morir clavados por flechas o abrir rápidamente
aquella puerta negra mientras los dejo encerrados allí? Ahora decidan, tienen libre albedrío,
escojan...
Todos los prisioneros tenían el mismo comportamiento: a la hora de tomar la decisión, ellos llegaban
cerca de la horrorosa puerta negra de más de cuatro metros de altura, miraban los cadáveres, la
sangre humana y los esqueletos con leyendas escritas del tipo: "viva la muerte" y decidían:
– Prefiero morir flechado...
Uno a uno, todos actuaban de la misma forma, miraban la puerta negra y a los arqueros de la
muerte y decían al rey:
– Prefiero ser atravesado por flechas a abrir esa puerta y quedarme encerrado.
Millares optaron por lo que estaban viendo: la muerte por las flechas.
Un día, la guerra terminó y pasado el tiempo, uno de los soldados del "pelotón de flechas" estaba
barriendo la enorme sala cuando apareció el rey.
El soldado con toda reverencia y un poco temeroso, preguntó:
–Sabe, gran rey, yo siempre tuve una curiosidad, no se enfade con mi pregunta, pero... ¿qué es lo
que hay detrás de aquella puerta negra?
El rey respondió...
– ¿Recuerdas que a los prisioneros siempre les di la opción de escoger? Pues bien... ve y abre esa
puerta negra.
El soldado, temeroso, abrió cautelosamente la puerta y sintió un rayo puro de sol besar el suelo de
la enorme sala, abrió un poco más la puerta y más luz y un delicioso aroma a verde llenó del lugar.
El soldado notó que la puerta negra daba a un campo que apuntaba a un gran camino.
Fue ahí que el soldado se dio cuenta de que la puerta negra llevaba hacia la Libertad... Todos
tenemos una puerta negra dentro de nuestra mente.
Para algunos, la puerta negra es el miedo a lo desconocido, para otros, es una persona difícil, tal
vez para otros es una frustración, ya sea miedo a relacionarse o miedo a ser rechazado, miedo a
innovar o miedo a cambiar, miedo a volar más alto...
Para algunos la puerta negra es la inseguridad porque la falta de preparación lo atemoriza, o una
traba imaginaria que la inseguridad de la vida fabricó durante su educación o su crianza. Pero si tú
puedes perder, también puedes vencer. Si das un paso más allá del miedo, vas a encontrar un rayo
de sol entrando en tu vida...
¡Abre esa puerta negra y deja que el sol te inunde!

LA ROSA ROJA Y EL SAPO


Había una vez una rosa roja muy bella que se sentía de maravilla al saber
que era la rosa más bella del jardín.
Sin embargo, se daba cuenta de que la gente la admiraba de lejos ya que
al lado de ella siempre había un sapo grande y oscuro, y que era por eso
que nadie se acercaba a mirarla de cerca. Indignada ante lo descubierto
le ordenó al sapo que se fuera de inmediato; el sapo, muy obediente,
dijo:
– Está bien, si así lo quieres...
Poco tiempo después el sapo pasó por donde estaba la rosa y se
sorprendió al verla totalmente marchita, sin hojas y sin pétalos. Le dijo
entonces:
– Vaya que te ves mal ¿Qué te pasó?
La rosa contestó:
–Es que desde que te fuiste las hormigas me han comido día a día, y
nunca pude volver a ser igual.
El sapo sólo contestó:
– Pues claro, cuando yo estaba aquí me comía a esas hormigas y por eso
siempre eras la más bella del jardín.
Muchas veces desprecios a los demás por creer que somos más que
ellos, más bellos o simplemente que no nos "sirven" para nada.

LA RUEDA
Narra la historia de una rueda a la que le faltaba un pedazo, pues habían cortado de
ella un trozo triangular. La rueda quería estar completa, sin que le faltara nada, así
que se fue a buscar la pieza que había perdido. Pero como estaba incompleta y solo
podía rodar muy despacio, reparó en las bellas flores que había en el camino, charló
con los gusanos y disfrutó de los rayos del sol. Encontró montones de piezas, pero
ninguna era la que le faltaba, las hizo a un lado y prosiguió su búsqueda. Un día halló
una pieza que le venía perfectamente. Entonces se puso muy contenta, pues ya
estaba completa, sin que nada le faltara. Se colocó el fragmento en el cuerpo y
empezó a rodar...

Volvió a ser una rueda perfecta que podía rodar con mucha rapidez... Tan
rápidamente, que no veía las flores ni charlaba con los gusanos. Cuando se dio
cuenta de lo diferente que le parecía el mundo cuando rodaba tan de prisa, se detuvo,
dejo en la orilla del camino el pedazo que había encontrado y se alejó rodando
lentamente.

La moraleja de este cuento es que, por alguna razón, nos sentimos más completos
cuando nos falta algo. El hombre que lo tiene todo es un hombre pobre en ciertos
aspectos: «Nunca sabrá qué se siente al anhelar, tener esperanzas, nutrir el alma con
el sueño de algo mejor, ni tampoco conocerá la experiencia de recibir de quien lo ama
lo que siempre había deseado y no tenía. Hay integridad en la persona que acepta
sus limitaciones y tiene el suficiente coraje para renunciar a sus sueños inalcanzables
sin considerar que por eso ha fracasado.

Hay entereza en quien ha aprendido que es lo bastante fuerte para sufrir una tragedia
y sobrevivir, que puede perder a un ser querido y aún así sentirse completo
pues ha atravesado por la peor experiencia y ha salido indemne. Cuando
aceptemos que la imperfección es parte de la condición humana y sigamos rodando
por la vida sin renunciar a disputarla, habremos alcanzado una integridad a la que
otros solo aspiran. No significa ser perfectos ni nunca cometer errores sino ser
íntegros…Y, finalmente si tenemos suficiente valor para amar, compasión para
perdonar, generosidad para alegrarnos con la felicidad ajena y sabiduría para
reconocer que hay AMOR de sobra para todo el mundo, entonces podremos alcanzar
una satisfacción que nunca otra criatura alcanzó.

LA SABIDURÍA DEL ÁGUILA


El águila es el ave con mayor longevidad de esas especies. Llega a
vivir 70 años, pero para llegar a esa edad, a los 40, debe tomar una
seria y difícil decisión.
A los 40 años, sus uñas están apretadas y flexibles y no consigue
tomar a sus presas de las cuales se alimenta. Su pico largo y
puntiagudo, se curva, apuntando contra el pecho. Sus alas están
envejecidas y pesadas y sus plumas gruesas.
¡Volar se hace ya tan difícil! Entonces, el águila tiene solamente dos
alternativas: morir o enfrentar un doloroso proceso de renovación que
durará 150 días.
12Ese proceso consiste en volar hacia lo alto de una montaña y
quedarse ahí, en un nido cercano a un paredón, en donde no tenga la
necesidad de volar.
Después de encontrar ese lugar, el águila comienza a golpear su pico
en la pared hasta conseguir arrancarlo. Luego debe esperar el
crecimiento de uno nuevo con el que desprenderá una a una sus
uñas.
Cuando las nuevas uñas comienzan a nacer, comenzará a desplumar
sus plumas viejas. Después de cinco meses, sale para su vuelo de
renovación y a vivir 30 años más. En nuestras vidas, muchas veces
tenemos que resguardamos por algún tiempo y comenzar un proceso
de renovación para continuar un vuelo de victoria, debemos
desprendernos de costumbres, tradiciones y recuerdos que nos
causaron dolor.
Solamente libres del peso del pasado podremos aprovechar el
resultado valioso que una renovación siempre trae.

LA SEGUNDA OPORTUNIDAD
Si alguna vez en la historia hubo un hombre que de verdad
perdonó a alguien, fue Tomás Edison, él inventor de la
bombilla eléctrica, también conocido como el foco. Tras
mucho experimentar, por fin había producido el foco
perfecto, resultado final de cientos de pruebas. Era el primer
foco eléctrico que se había hecho jamás, y Edison se sentía
sumamente orgulloso y feliz. Durante años había soñado
con aquel momento.
Jimmy, llévalo arriba, por favor, dijo, entregándoselo a su
asistente, Jimmy Price. De pronto se escuchó que algo se
rompía y al volverse, Edison vio su preciado foco hecho
trizas en el suelo. ¡A Jimmy se le había resbalado de los
dedos!
80Edison no dijo palabra, pero es de imaginarse lo que
pensaría. Regresó a su mesa de trabajo y se puso a hacer
otro foco. Pasaron varios días hasta que por fin estuvo listo
el segundo foco. Allí estaba sobre la mesa frente a su
invento, totalmente terminado.
Entonces Edison hizo algo muy importante en señal de que
había perdonado a su aprendiz por haber roto su primer
foco. Con una sonrisa, le entregó el foco a Jimmy.
«Ten cuidado», le dijo. Le dio al muchacho otra oportunidad.
Jimmy no rompió aquel foco, y así es que ahora tenemos
miles de millones de ellos en el mundo.
LA ÚLTIMA CENA DE LEONARDO DA VINCI
Existe una anécdota del gran pintor, escultor e inventor Leonardo Da Vinci, acerca de su
pintura “La Última Cena”, una de sus obras más copiadas y vendidas en la actualidad.

Tardó 20 años en hacerla debido a que era muy exigente con las personas que servirían de
los.

Tuvo problemas en iniciar la pintura porque no encontraba al modelo para representar a


Jesús, quien tenía que reflejar en su rostro pureza, nobleza los más bellos sentimientos... así
mismo debía poseer una extraordinaria belleza varonil.

Por fin, encontró a un joven con esas características, y fue el primero que pintó.

Después fue localizando a los 11 apóstoles, a quienes pintó juntos, dejando pendiente a
Judas Iscariote, pues no daba con el modelo adecuado.

Éste debía ser una persona de edad madura y mostrar en el rostro las huellas de la traición y
la avaricia, por lo que el cuadro quedó inconcluso por largo tiempo, hasta que le hablaron de
un terrible criminal que habían apresado.
Fue a verlo y era exactamente el Judas que él quería para terminar su obra, por lo que
solicitó al alcalde le permitiera al reo que posara para él. El alcalde, conociendo la fama del
maestro Da Vinci, aceptó gustoso y llevaron al reo custodiado por dos guardias y
encadenado al estudio del pintor. Durante todo el tiempo el reo no dio muestra de emoción
alguna por haber sido elegido para modelo, mostrándose demasiado callado y distante.

Al final Da Vinci, satisfecho del resultado, llamó al reo y le mostró la obra. Cuando el reo la
vio, cayó de rodillas sumamente impresionado, llorando.

Da Vinci, extrañado, le preguntó el por qué de su actitud, a lo que el preso respondió:


“Maestro Da Vinci, ¿es que acaso no me recuerda?”. Da Vinci observándolo le contestó: “No,
nunca antes lo había visto”.

Llorando y pidiendo perdón a Dios el reo le dijo: “Maestro, yo soy aquel joven que hace 19
años usted escogió para representar a Jesús en este mismo cuadro”.

MORALEJA:

Por más belleza física que se posea, es la belleza interna la que al fin sale a relucir a través
del tiempo. Si se lleva una vida de malos sentimientos, éstos quedarán marcados en las
arrugas de nuestro rostro.

LA VENTANA DEL HOSPITAL


Dos hombres, seriamente enfermos, ocupaban la misma habitación en el hospital. A
uno de ellos se le permitía estar sentado una hora todas las tardes para que los
pulmones drenaran sus fluidos. Su cama daba a la única ventana de la habitación.

El otro hombre tenía que estar tumbado todo el tiempo. Los dos se hablaban mucho.
De sus mujeres y familiares, de sus casas, trabajos, el servicio militar, dónde habían
estado de vacaciones.

Y todas las tardes el hombre que se podía sentar frente a la ventana, se pasaba el
tiempo describiendo a su compañero lo qué veía por la ventana. Éste, solamente vivía
para esos momentos donde su mundo se expandía por toda la actividad y color del
mundo exterior.

La ventana daba a un parque con un bonito lago. Patos y cisnes jugaban en el agua
mientras los niños capitaneaban sus barcos teledirigidos. Jóvenes amantes andaban
cogidos de la mano entre flores de cada color del arco iris. Grandes y ancestros
árboles embellecían el paisaje, y una fina línea del cielo sobre la ciudad se podía ver
en la lejanía.

Mientras el hombre de la ventana describía todo esto con exquisito detalle, el hombre
al otro lado de la habitación cerraba sus ojos e imaginaba la pictórica escena.

Una cálida tarde el hombre de la ventana describió un desfile en la calle. Aunque el


otro hombre no podía oír la banda de música- se la imaginaba conforme el otro le iba
narrando todo con pelos y señales. Los días y las semanas pasaron.

Una mañana, la enfermera entró para encontrase el cuerpo sin vida del hombre al
lado de la ventana, el cual había muerto tranquilamente mientras dormía. Se puso
muy triste y llamó al doctor para que se llevaran el cuerpo. Tan pronto como consideró
apropiado, el otro hombre preguntó si se podía trasladar al lado de la ventana. La
enfermera aceptó gustosamente, y después de asegurarse de que el hombre estaba
cómodo, le dejó solo.

Lentamente, dolorosamente, se apoyó sobre un codo para echar su primer vistazo


fuera de la ventana. Finalmente tendría la posibilidad de verlo todo con sus propios
ojos.

Se retorció lentamente para mirar fuera de la ventana que estaba al lado de la cama.
Daba a un enorme muro blanco. El hombre preguntó a la enfermera qué había
pretendido el difunto compañero contándole aquel maravilloso mundo exterior.

Y ella dijo: - Quizás sólo quería animarle.


LAS CUATRO ESPOSAS
Había una vez un rey que tenía cuatro esposas. Él amaba a su cuarta esposa más que a las demás
y la adornaba con ricas vestiduras y la complacía con las delicadezas más finas. Sólo le daba lo
mejor.
También amaba mucho a su tercera esposa y siempre la exhibía en los reinos vecinos. Sin embargo
temía que algún día ella se fuera con otro.
También amaba a su segunda esposa. Ella era su confidente y siempre se mostraba
bondadosa considerada y paciente con él. Cada vez que el rey tenía un problema confiaba en ella
para ayudarlo a salir de los tiempos difíciles.
La primera esposa del rey era una compañera muy leal y había hecho grandes
contribuciones para mantener tanto las riquezas como el reino del monarca. Sin embargo el no
amaba a su primera esposa y aunque ella lo amaba profundamente apenas él se fiaba en ella.
Un día el rey enfermó y se dio cuenta que le quedaba poco tiempo. Pensó acerca de su vida de lujo,
y caviló: “Ahora tengo cuatro esposas conmigo pero cuando muera, estaré solo”. Así que le preguntó
a su cuarta esposa:
– Te he amado más que a las demás, te he dotado con las mejores vestimentas y te he cuidado con
esmero. Ahora que estoy muriendo, ¿estarías dispuesta a seguirme y ser mi compañía?
– ¡Ni pensarlo! -contestó la cuarta esposa y se alejó sin decir más palabras... Su respuesta penetró
en su corazón como un cuchillo filoso
El entristecido monarca le preguntó a su tercera esposa:
– Te he amado toda mi vida y ahora que estoy muriendo… ¿Estarías dispuesta a seguirme y ser mi
compañía?
– ¡No! Contestó su tercera esposa. ¡La vida es demasiado buena! ¡Cuando mueras, pienso volverme
a casar!...
Su corazón experimentó una fuerte sacudida y se puso frío. Entonces preguntó a su segunda
esposa: – Siempre he venido a ti por ayuda y siempre has estado allí para mí. Cuando muera,
¿estarías dispuesta a seguirme y ser mi compañía?
– ¡Lo siento, no puedo ayudarte esta vez! Contestó la segunda esposa. Lo más que puedo hacer por
ti es enterrarte!
Su respuesta vino como un relámpago estruendoso que devastó al rey. Entonces escuchó una voz:
– Me iré contigo y te seguiré doquiera tú vayas... 17El rey dirigió la mirada en dirección de la voz y
allí estaba su primera esposa. Se veía tan delgaducha, sufría de desnutrición. Profundamente
afectado, el monarca dijo: ¡Debí haberte atendido mejor cuando tuve la oportunidad de hacerlo!
MORALEJA
En realidad, todos tenemos cuatro esposas en nuestras vidas:
Nuestra cuarta esposa es nuestro cuerpo... no importa cuánto tiempo y esfuerzo invirtamos en
hacerlo lucir bien, nos dejará cuando muramos.
Nuestra tercera esposa son nuestras posiciones, condición social y riqueza… cuando
muramos, irán a parar a otros
Nuestra segunda esta es nuestra familia y amigos... no importa cuánto nos hayan sido de apoyo a
nosotros aquí, lo más que podrán hacer es acompañarnos basta el sepulcro.
Y nuestra primera esposa es nuestra alma, frecuentemente ignorada en la búsqueda de la fortuna, el
poder y los placeres del ego. Sin embargo, nuestra alma es la única que nos acompañará adonde
quiera que vayamos
¡Así que cultívala, fortalécela y cuídala ahora! Es el más grande regalo que puedes ofrecerle al
mundo.

LAS DUDAS
Un pobre hombre que vivía en la miseria y mendigaba de
puerta en puerta, observó un carro de oro que entraba en el
pueblo llevando a un rey sonriente y radiante.
El pobre se dijo de inmediato: “Se ha acabado mi sufrimiento,
se ha acabado mi vida de pobre. Este rey de rostro dorado ha
venido aquí por mí, lo sé. Me cubrirá de migajas de su riqueza
y viviré tranquilo".
En efecto, el rey, como si hubiese venido para ver al pobre
hombre, hizo detener el carro a su lado.
El mendigo, que se había postrado en el suelo, se levantó y
miró al rey, convencido de que había llegado la hora de su
suerte.
Entonces, de repente, el rey extendió la mano hacia el pobre y
le dijo:
– ¿Qué tienes para darme? -y el pobre, muy sorprendido y muy
desilusionado, no supo que decir.
“¿Es un juego -se preguntó- lo que el rey me propone? ¿Se
burla de mí? ¿Es un nuevo pesar?"
Entonces, al ver la persistente sonrisa del rey, su luminosa
mirada y su mano tendida, el pobre metió la mano en su alforja,
que contenía unos puñados de arroz.
Cogió un grano de arroz, y se lo dio al rey, que le dio las
gracias y se fue enseguida llevado por unos caballos
sorprendentemente rápidos.
Al final del día, al vaciar su alforja, el pobre encontró un grano
de oro.
Entonces se puso a llorar diciendo:
– ¿Por qué no le habré dado todo mi arroz?

LAS SIETE MARAVILLAS


Un grupo de estudiantes de geografía, estudiaban las Siete Maravillas del Mundo. Al
término de la clase, se les pidió hacer una lista de las que ellos consideraban
deberían ser actualmente las Siete Maravillas del Mundo.

A pesar de algunos desacuerdos, la mayoría votó por lo siguiente:

Las Pirámides de Egipto.


El Taj Mahal.
El Gran Cañón.
El Canal de Panamá.
El Empire State.
La Basílica de San Pedro.
La Muralla China.

Mientras se hacía la votación el maestro notó, que una estudiante permanecía callada
y no había entregado aún su lista. Así que le preguntó si tenía problema para terminar
de hacer su elección.

La muchacha tímidamente respondió. -Si, un poco. No podía decidirme pues son


tantas las maravillas.

El maestro dijo: -Bueno, dinos lo que has escrito y tal vez podamos ayudarte.

La muchacha titubeo, y después leyó, Creo que las Siete Maravillas del Mundo son:

Poder tocar.
Poder saborear.
Poder ver.
Poder escuchar.
Titubeando un poco continúo:
Poder sentir.
Poder reír.
Y… Poder amar.
Al terminar de leerlas el salón de clase quedó en un silencio absoluto.

Es muy sencillo para nosotros poder ver muchas de las hazañas del hombre y
referirnos a ellas como maravillas, cuando a veces pasan desapercibidas las
maravillas que Dios hizo por nosotros y que son sencillamente “comunes”.

¡Que hoy te acuerdes de aquellas cosas que son realmente Maravillosas!


¿Las 7 Maravillas? Quizá hay otras "menos comunes"...

LAS TRES PIPAS


Una vez un miembro de la tribu se presentó furioso ante su jefe para informarle
que estaba decidido a tomar venganza de un enemigo que lo había ofendido
gravemente: ¡Quería ir inmediatamente y matarlo sin piedad!
El jefe lo escuchó atentamente y luego le propuso que fuera a hacer lo que tenía
pensado, pero antes de hacerlo llenara su pipa de tabaco y la fumara con calma
al pie del árbol sagrado del pueblo. El hombre cargó su pipa y fue a sentarse
bajo la copa del gran árbol.
Tardó una hora en terminar la pipa. Luego sacudió las cenizas y decidió volver a
hablar con el jefe para decirle que lo había pensado mejor, que era excesivo
matar a su enemigo pero que sí le daría una paliza memorable para que nunca
se olvidara de la ofensa.
Nuevamente el anciano lo escuchó y aprobó su decisión, pero le ordenó que ya
que había cambiado de parecer, llenara otra vez la pipa y fuera a fumarla al
mismo lugar. También esta vez el hombre cumplió su encargo y gastó media
hora meditando.
Después regresó a donde estaba el cacique y le dijo que consideraba excesivo
castigar físicamente a su enemigo, pero que iría a echarle en cara su mala
acción y le haría pasar vergüenza delante de todos.
Como siempre, fue escuchado con bondad pero el anciano volvió a ordenarle
que repitiera su meditación como lo había hecho las veces anteriores.
El hombre, medio molesto pero ya mucho más sereno, se dirigió al árbol
centenario y allí sentado fue convirtiendo en humo su tabaco y su bronca.
Cuando terminó, volvió al jefe y le dijo: Pensándolo mejor veo que la cosa no es
para tanto. Iré donde me espera mi agresor para darle un abrazo. Así
recuperaré un amigo que seguramente se arrepentirá de lo que ha hecho.
El jefe le regaló dos cargas de tabaco para que fueran a fumar juntos al pie del
árbol, diciéndole: «Eso es precisamente lo que tenía que pedirte, pero no podía
decírtelo yo; era necesario darte tiempo para que lo descubrieras tú mismo».

LECCIÓN DE LA VIDA
Hubo una vez un rey que dijo a los sabios de la corte:
– Me estoy fabricando un precioso anillo. He conseguido uno de los
mejores diamantes posibles. Quiero guardar oculto dentro del anillo algún
mensaje que pueda ayudarme en momentos de desesperación total, y que
ayude a mis herederos, y a los herederos de mis herederos, para siempre.
Tiene que ser un mensaje pequeño, de manera que quepa debajo del
diamante del anillo.
Todos quienes escucharon eran sabios, grandes eruditos; podrían haber
escrito grandes tratados, pero darle un mensaje de no más de dos o tres
palabras que le pudieran ayudar en momentos de desesperación total...
Pensaron, buscaron en sus libros, pero no podían encontrar nada.
El rey tenía un anciano sirviente que también había sido sirviente de su
padre. La madre del rey murió pronto y este sirviente cuidó de él, por tanto,
lo trataba como si fuera de la familia. EI rey sentía un inmenso respeto por
el anciano, de modo que también lo consultó. Y este le dijo:
– No soy un sabio, ni un erudito, ni un académico, pero conozco el
mensaje. Durante mi larga vida en palacio, me he encontrado con todo tipo
de gente, y en una ocasión me encontré con un místico. Era invitado de tu
padre y yo estuve a su servicio. Cuando se iba, como gesto de
agradecimiento, me dio este mensaje.
El anciano lo escribió en un diminuto papel, lo dobló y se lo dio al rey.
– Pero no lo leas -agregó-, mantenlo escondido en el anillo. Ábrelo sólo
cuando todo lo demás haya fracasado, cuando no encuentres salida a la
situación.
Ese momento no tardó en llegar. EI país fue invadido y el rey perdió el
reino. Estaba huyendo en su caballo para salvar su vida y sus
enemigos lo perseguían. Estaba solo y los perseguidores eran
numerosos.
Llegó a un lugar donde el camino se acababa, no había salida: enfrente
había un precipicio y un profundo valle; caer por él sería el fin. Y no podía
volver porque el enemigo le cerraba el camino. Ya podía escuchar el trotar
de los caballos. No podía seguir hacia adelante y no había ningún otro
camino...
De repente, se acordó del anillo. Lo abrió, sacó el papel y allí encontró un
pequeño mensaje tremendamente valioso:
Simplemente decía "ESTO TAMBIÉN PASARÁ". Mientras leía sintió que se
cernía sobre él un gran silencio. Los enemigos que le perseguían debían
haberse perdido en el bosque, o debían haberse equivocado de camino,
pero lo cierto es que poco a poco dejó de escuchar el trote de los caballos.
El rey se sentía profundamente agradecido al sirviente y al místico
desconocido. Aquellas palabras habían resultado milagrosas.
Dobló el papel, volvió a ponerlo en el anillo, reunió a sus ejércitos y
reconquistó el reino.
Y el día que entraba de nuevo victorioso en la capital hubo una gran
celebración con música, bailes... y él se sentía muy orgulloso de sí mismo.
El anciano estaba a su lado en el carro y le dijo:
– Este momento también es adecuado: vuelve a mirar el mensaje.
– ¿Qué quieres decir? preguntó el rey. Ahora estoy victorioso, la gente
celebra mi vuelta, no estoy desesperado, no me encuentro en una situación
sin salida.
– Escucha, -dijo el anciano- este mensaje no es solo para
situaciones desesperadas; también es para situaciones placenteras. No es
solo para cuando estás derrotado; también es para cuando te sientes
victorioso. No es solo para cuando eres el último; también es para cuando
eres el primero.
El rey abrió el anillo y leyó el mensaje: "Esto también pasará", y
nuevamente sintió la misma paz, el mismo silencio en medio de la
muchedumbre que celebraba y bailaba, pero el orgullo y el egoísmo habían
desaparecido.
El rey pudo terminar de comprender el mensaje. Se había iluminado.
Entonces el anciano le dijo:
– RECUERDA QUE TODO PASA
Ninguna cosa ni ninguna emoción son permanentes.
Como el día y la noche, hay momentos de alegría momentos de tristeza.
Acéptalos como parte de la dualidad de la naturaleza porque son la
naturaleza misma de las cosas.

LEYENDA DE UNA MUJER.


Cuenta la leyenda que una mujer pobre con un niño en los brazos, pasando
delante de una caverna escuchó una voz misteriosa que allá adentro le
decía: -”Entra y toma todo lo que desees, pero no te olvides de lo principal.
Pero recuerda algo: después que salgas, la puerta se cerrará para siempre.
Por lo tanto, aprovecha la oportunidad, pero no te olvides de lo principal…”

La mujer entró en la caverna y encontró muchas riquezas. Fascinada por el


oro y por las joyas, puso al niño en el piso y empezó a juntar,
ansiosamente, todo lo que podía en su delantal. La voz misteriosa habló
nuevamente. -“Tienes solo ocho minutos…”

Agotados los ocho minutos, la mujer cargada de oro y piedras preciosas,


corrió hacia fuera de la caverna y la puerta se cerró…..Recordó, entonces,
que el niño quedó adentro y la puerta estaba cerrada para siempre. La
riqueza duró poco y la desesperación… ¡para el resto de su vida!.

Lo mismo ocurre, a veces, con nosotros. Tenemos unos 80 años para vivir
en este mundo y una voz siempre nos advierte: “Y No te olvides de lo
principal!”

Y lo principal son los valores espirituales, la oración, la vigilancia, la


responsabilidad, la familia, los amigos y la vida. Pero la ganancia, la
riqueza, los placeres materiales nos fascinan tanto que lo principal siempre
se queda a un lado….

Así agotamos nuestro tiempo aquí, y dejamos a un lado lo esencial” Los


tesoros del alma!”. Que jamás nos olvidemos que la vida en este mundo,
pasa rápido y que la muerte llega inesperadamente.

Y que cuando la puerta de esta vida se cierra para nosotros, de nada


valdrán las lamentaciones.

Ahora….piensa por un momento que es lo principal en tu vida……

“Que cosa extraña es el hombre: Nacer no pide, Vivir no sabe, Morir


no quiere”
LIBERTAD PARA ELEGIR
Era un profesor comprometido y estricto, conocido también por sus
alumnos como hombre justo y comprensivo...
Al terminar la clase ese día de verano, mientras el maestro organizaba
unos documentos encima de su escritorio, se le acercó uno de sus
alumnos y en forma desafiance le dijo:
– Profesor, lo que me alegra de haber terminado la clase es que no
tendré que escuchar más sus tonterías y podré descansar de verle esa
cara aburridora.
El alumno estaba erguido, con semblante arrogante, en espera
de que el maestro reaccionara ofendido y descontrolado.
El profesor miró al alumno por un instante y en forma muy tranquila le
preguntó:
– Cuándo alguien te ofrece algo que no quieres, ¿lo recibes?
El alumno quedó desconcertado por la calidez de la sorpresiva
pregunta.
– Por supuesto que no, contestó de nuevo en tono despectivo el
muchacho.
– Bueno, -prosiguió el profesor- cuando alguien intenta ofenderme
o me dice algo desagradable, me está ofreciendo algo, en este caso
una emoción de rabia y rencor, que puedo decidir no aceptar.
– No entiendo a qué se refiere -dijo el alumno, confundido.
– Muy sencillo, -replicó el profesor-. Tú me estás ofreciendo rabia y
desprecio y si yo me siento ofendido o me pongo furioso, estaré
aceptando tú regalo, y yo, mi amigo, en verdad, prefiero obsequiarme
mi propia serenidad. Muchacho, -concluyó el profesor en tono gentil- tu
rabia pasará, pero no trates de dejarla conmigo, porque no me
interesa. Yo no puedo controlar lo que tú llevas en tu corazón pero de
mí depende lo que yo cargo en el mío.
Cada día, en todo momento, tú puedes escoger qué emociones o
sentimientos quieres poner en tu corazón y lo que elijas lo tendrás
hasta que decidas cambiarlo.
Es tan grande la libertad que nos da la vida que hasta tenemos la
opción de amargarnos o ser felices.

LO POBRE QUE SOMOS


Una vez, un padre de una familia acaudalada llevó a su hijo a un
viaje por el campo con el firme propósito de que su hijo viera
cuán pobres eran las gentes del campo.
Estuvieron por espacio de un día y una noche completos en una
granja de una familia campesina muy humilde.
Al concluir el viaje y de regreso a casa el padre le pregunta a su
hijo:
– ¿Qué te pareció el viaje?
– ¡Muy bonito papá!
– ¿Viste que tan pobre puede ser la gente?
– ¡Sí!
– ¿Y qué aprendiste?
– Vi que nosotros tenemos un perro en casa, ellos tienen cuatro.
Nosotros tenemos un estanque que llega de una barda a la mitad
del jardín, ellos tienen un arroyo que no tiene fin. Nosotros
tenemos unas lámparas importadas en el patio, ellos tienen las
estrellas. El patio llega hasta la barda de la casa, ellos tienen todo
un horizonte de patio.
Al terminar el relato, el padre se quedó mudo... y su hijo agregó:
– ¡Gracias Papá por enseñarme lo pobre que somos!

LOS DIENTES DEL SULTÁN


En un país muy lejano, al oriente del gran desierto vivía un viejo Sultán,
dueño de una inmensa fortuna.
El Sultán era un hombre muy temperamental además de supersticioso. Una
noche soñó que había perdido todos los dientes. Inmediatamente después
de despertar, mandó llamar a uno de los sabios de su corte para pedirle
urgentemente que interpretase su sueño.
– ¡Qué desgracia mi Señor! -Exclamó el Sabio-. Cada diente caído
representa la pérdida de un pariente de Vuestra Majestad.
– ¡Qué insolencia! -gritó el Sultán enfurecido-. ¿Cómo te atreves a decirme
semejante cosa? ¡Fuera de aquí!
Llamó a su guardia y ordenó que le dieran cien latigazos, por ser un pájaro
de mal agüero. Más tarde, ordenó que le trajesen a otro Sabio y le contó lo
que había soñado. Este, después de escuchar al Sultán con atención, le
dijo:
– ¡Excelso Señor! Gran felicidad os ha sido reservada. El sueño significa
que vuestra merced tendrá una larga vida y sobrevivirá a todos sus
parientes.
Se iluminó el semblante del Sultán con una gran sonrisa y ordenó que
le dieran cien monedas de oro. Cuando este salía del Palacio, uno de
los consejeros reales le dijo admirado:
– ¡No es posible! La interpretación que habéis hecho de los sueños del
Sultán es la misma que la del primer Sabio. No entiendo porqué al primero
le castigó con cien azotes, mientras que a vos con cien monedas de oro.
– Recuerda bien amigo mío, -respondió el segundo Sabio- que todo
depende de la forma en que se dicen las cosas... La verdad puede
compararse con una piedra preciosa. Si la lanzamos contra el rostro de
alguien, puede herir, pero si la enchapamos en un delicado embalaje y la
ofrecemos con ternura, ciertamente será aceptada con agrado... No olvides
mi querido amigo, -continuó el sabio- que puedes comunicar una misma
verdad de dos formas: la pesimista, que sólo recalcará el lado negativo de
esa verdad, o la optimista, que sabrá encontrarle siempre el lado positivo a
la misma verdad.
De "Las Mil y una noches" (Literatura Popular Árabe)

LOS DOS AMIGOS


Cuenta una historia que dos amigos iban caminando por el
desierto. En algún punto del viaje comenzaron a discutir, y
un amigo le dio una bofetada al otro.
Lastimado, pero sin decir nada, escribió en la arena:
Mi mejor amigo me dio hoy una bofetada.
Siguieron caminando hasta que encontraron un oasis,
donde decidieron bañarse. El amigo que había sido
abofeteado comenzó a ahogarse, pero su amigo lo salvó.
Después de recuperarse, escribió en una piedra:
Mi mejor amigo hoy salvó mi vida.
El amigo que había abofeteado y salvado a su mejor amigo
preguntó:
– Cuando te lastimé escribiste en la arena y ahora lo haces
en una piedra. ¿Por qué?
El otro amigo le respondió que cuando alguien nos lastima
debemos escribirlo en la arena donde los vientos del perdón
puedan borrarlo. Pero cuando alguien hace algo bueno por
nosotros, debemos grabarlo en piedra donde ningún viento
pueda borrarlo.
Aprende a escribir tus heridas en la arena y grabar en
piedra tus venturas.
Dicen que toma un minuto encontrar a una persona
especial, una hora para apreciarla, un día para amarla, pero
una vida entera para olvidarla.

LOS DOS SACOS


Hay una antigua leyenda acerca de tres hombres, cada uno de los cuales,
cargaba dos sacos, sujetos a sus cuellos, uno al frente y el otro a sus
espaldas.

Cuando al primero de ellos le preguntaron que había en sus sacos, el dijo: -


Todo cuanto de bueno me han dado mis amigos se halla en el saco de
atrás, ahí fuera de la vista, y al poco tiempo olvidado. El saco de enfrente
contiene todas las cosas desagradables que me han acontecido y, en mi
andar, me detengo con frecuencia, saco esas cosas y las examino desde
todos los ángulos posibles. Me concentro en ellas y las estudio. Y dirijo
todos mis sentimientos y pensamientos hacia ellas.

En consecuencia, como el primer hombre siempre se estaba deteniendo


para reflexionar sobre las cosas desafortunadas que le habían sucedido en
el pasado, lo que lograba avanzar era muy poco.

Cuando al segundo hombre le preguntaron qué era lo que llevaba en sus


dos sacos, el respondió: -En el saco de enfrente están todas las buenas
acciones que he hecho. Las llevo delante de mí y continuamente las saco y
las exhibo para que todo mundo las vea. Mientras que el saco que llevo
atrás, contiene todos mis errores. Los llevo consigo a dondequiera que voy.
Es mucho lo que pesan y no me permiten avanzar con rapidez, pero por
alguna razón, no puedo desprenderme de ellos.

Al preguntarle al tercer hombre sobre sus sacos, él contestó: -El saco que
llevo al frente, está lleno de maravillosos pensamientos acerca de la gente,
los actos bondadosos que han realizado y todo cuanto de bueno he tenido
en mi vida. Es un saco muy grande y está lleno, pero no pesa mucho. Su
peso es como las velas de un barco “lejos de ser una carga” me ayudan a
avanzar. Por su parte, el saco que llevo a mis espaldas está vacío, pues le
he hecho un gran orificio en el fondo. En ese saco, puse todo lo malo que
escuché de los demás así como todo lo malo que a veces pienso acerca de
mí mismo. Esas cosas se fueron saliendo por el agujero y se perdieron
para siempre, de modo que ya no hay peso que me haga más penoso el
trayecto.
LOS GANSOS
Cuando veas a los gansos emigrar, dirigiéndose hacia un lugar más cálido
para pasar el invierno fíjate que vuelan en forma de V.
Tal vez te interese saber por qué lo hacen en esa forma:
Al batir sus alas, cada pájaro produce un movimiento en el aire que ayuda
al pájaro que va detrás de él.
Volando en V la bandada de gansos incrementa su poder de vuelo en un
71% en comparación con un pájaro que vuela solo.
Las personas que comparten una dirección común y tienen sentido de
comunidad, pueden llegar a cumplir sus objetivos más fácil y rápidamente,
porque ayudándonos entre nosotros los logros son mayores.
Cada vez que un ganso sale de la formación siente inmediatamente la
resistencia del aire, se da cuenta de la dificultad de hacerlo solo y
rápidamente vuelve a la formación para beneficiarse del compañero que va
adelante.
Si nos unimos y nos mantenemos junto a aquellos que van en nuestra
misma dirección, el esfuerzo será menor, será más sencillo y más
placentero alcanzar las metas.
Cuando el líder de los gansos se cansa, se pasa a uno de los lugares de
atrás, y otro ganso toma su lugar.
Los hombres obtenemos mejores resultados si nos apoyamos en los
momentos duros, si nos respetamos compartiendo los problemas y los
trabajos más difíciles.
Los gansos que van atrás graznan para alentar a los que van adelante a
mantener la velocidad.
Una palabra de aliento a tiempo, ayuda, da fuerza, motiva, produce el
mejor de los beneficios.
Finalmente, cuando un ganso se enferma o cae herido por un disparo,
otros dos gansos salen de la formación y lo siguen para apoyarlo y
protegerlo.
Si nos mantenemos uno al lado del otro apoyándonos y acompañándonos,
si hacemos realidad el espíritu de equipo, si pese a las diferencias
podemos conformar un grupo humano para afrontar todo tipo de
situaciones, si entendemos el verdadero valor de la AMISTAD, si somos
conscientes del sentimiento de COMPARTIR, la vida será más simple y el
vuelo de los años más placentero.

LOS PAVOS NO VUELAN


Cuentan de un paisano de Catamarca que se encontró en el campo un
huevo muy grande. Nunca había visto nada igual. Decidió llevarlo a su
casa.
– ¿Será de avestruz? -preguntó su mujer.
– No, es demasiado abultado -dijo el abuelo.
– ¿Y si lo rompemos? -propuso el ahijado.
– Es una lástima. Perderíamos una hermosa curiosidad
-respondió cuidadosamente la abuela.
– Miren, por la duda, se lo voy a colocar a la pava que está calentando
los huevos. Tal vez con el tiempo nazca algo -afirmó el paisano. Y así
lo hizo.
Cuenta la historia que a los quince días nació un pavito oscuro,
grande, nervioso, que con mucha avidez comió todo el alimento que
encontró a su alrededor. Luego miró a la madre con vivacidad y le dijo
entusiasta: “Bueno, ahora vamos a volar”. La pava se sorprendió
muchísimo de la proposición de su flamante crío, y le explicó: “Mira,
los pavos no vuelan. A ti te hace mal comer apurado”.
Entonces todos trataron de que el pavito comiera más despacio, el
mejor alimento y en la medida justa. Pero el pavito terminaba su
almuerzo o su cena, su desayuno o merienda y les decía a sus
hermanos: “Vamos muchachos, ¡a volar!”. Todos los pavos le
explicaban nuevamente: “Los pavos no vuelan. A ti te hace mal la
comida”.
El pavito fue hablando más de comer y menos de volar. Y creció y
murió en la pavada general. ¡Pero era un cóndor! Había nacido para
volar hasta los 7000 metros, pero, como nadie volaba...
El riesgo de morir en la pavada general es muy grande. ¡Como nadie
vuela!
Muchas puertas están abiertas porque nadie las cierra, y otras
puertas están cerradas porque nadie las abre. El miedo al hondazo
es terrible, pero la verdadera protección está en las alturas.
Especialmente cuando hay hambre de elevación y buenas alas.

LOS TRES CONSEJOS


Una pareja de recién casados era muy pobre y vivía de los favores de un pueblecito del interior. Un
día el marido le hizo la siguiente propuesta a su esposa:

- “Querida, yo voy a salir de la casa, voy a viajar bien lejos, buscar empleo y trabajar hasta tener
condiciones para regresar y darte una vida mas cómoda y digna. No sé cuánto tiempo voy a estar
lejos, sólo te pido una cosa: que me esperes y, mientras yo esté lejos, me seas fiel, pues yo te seré
fiel a ti.”

Así, siendo joven aún, caminó muchos días a pie, hasta encontrar un hacendado que estaba
necesitando de alguien para ayudarlo en su hacienda. El joven llegó y se ofreció para trabajar y fue
aceptado.

Pidió hacer un trato con su jefe, el cual fue aceptado también. El pacto fue el siguiente:

- “Déjeme trabajar por el tiempo que yo quiera y cuando yo encuentre que debo irme, el señor me
libera de mis obligaciones: Yo no quiero recibir mi salario. Le pido al señor que lo coloque en una
cuenta de ahorro hasta el día en que me vaya. El día que yo salga, usted me dará el dinero que yo
haya ganado."

Estando ambos de acuerdo. Aquel joven trabajo durante 20 años, sin vacaciones y sin descanso.

Después de veinte años se acerco a su patrón y le dijo:

- “Patrón, yo quiero mi dinero, pues quiero regresar a mi casa.”

El patrón le respondió:

- “Muy bien, hicimos un pacto y voy a cumplirlo, sólo que antes quiero hacerte una propuesta, está
bien?. Yo te doy tu dinero y tú te vas, o te doy tres consejos y no te doy el dinero y te vas. Si yo te
doy el dinero, no te doy los consejos y viceversa. Vete a tu cuarto, piénsalo y después me das la
respuesta.”

El pensó durante dos días, buscó al patrón y le dijo: “QUIERO LOS TRES CONSEJOS”

El patrón le recordó: “Si te doy los consejos, no te doy el dinero.”

Y el empleado respondió: “Quiero los consejos.”

El patrón entonces le aconsejó:

- “NUNCA TOMES ATAJOS EN TU VIDA. Caminos mas cortos y desconocidos te pueden costar la
vida.

- NUNCA SEAS CURIOSO DE AQUELLO QUE REPRESENTE EL MAL. Pues la curiosidad por el
mal puede ser fatal.

- NUNCA TOMES DECISIONES EN MOMENTOS DE ODIO Y DOLOR. Pues puedes arrepentirte


demasiado tarde."

Después de darle los consejos, el patrón le dijo al joven, que ya no era tan joven, así:

- “Aquí tienes tres panes, dos para comer durante el viaje y el tercero es para comer con tu esposa
cuando llegues a tu casa.”

El hombre entonces, siguió su camino de vuelta, de veinte años lejos de su casa y de su esposa que
el tanto amaba. Después del primer día de viaje, encontró una persona que lo saludo y le pregunto:
- “Para dónde vas?”

Él le respondió:

- “Voy para un camino muy distante que queda a más de veinte días de caminata por esta carretera.”

La persona le dijo entonces:

- “Joven, este camino es muy largo, yo conozco un atajo con el cual llegarás en pocos días”.
El joven contento, comenzó a caminar por el atajo, cuando se acordó del primer consejo, “NUNCA
TOMES ATAJOS EN TU VIDA. CAMINOS MAS CORTOS Y DESCONOCIDOS TE PUEDEN
COSTAR LA VIDA”. Entonces se alejó de aquel atajo y volvió a seguir por el camino normal. Dos
días después se enteró de otro viajero que había tomado el atajo, y lo asaltaron, lo golpearon, y le
robaron toda su ropa. Ese atajo llevaba a una emboscada.
Después de algunos días de viaje, y cansado al extremo, encontró una pensión a la vera de la
carretera. Era muy tarde en la noche y parecía que todos dormían, pero una mujer malencarada le
abrió la puerta y lo atendió Como estaba tan cansado, tan solo le pagó la tarifa del día sin preguntar
nada, y después de tomar un baño se acostó a dormir.

De madrugada se levantó asustado al escuchar un grito aterrador. Se puso de pié de un salto y se


dirigió hasta la puerta para ir hacia donde escuchó el grito. Cuando estaba abriendo la puerta, se
acordó del segundo consejo. “NUNCA SEAS CURIOSO DE AQUELLO QUE REPRESENTE EL MAL
PUES LA CURIOSIDAD POR EL MAL PUEDE SER FATAL” Regresó y se acostó a dormir. Al
amanecer, después de tomar café, el dueño de la posada le pregunto si no había escuchado un grito
y el le contesto que sí lo había escuchado.

El dueño de la posada de preguntó:

- "¿Y no sintió curiosidad?"

Él le contesto que no. A lo que el dueño les respondió:

- "Usted ha tenido suerte en salir vivo de aquí, pues en las noches nos acecha una mujer maleante
con crisis de locura, que grita horriblemente y cuando el huésped sale a enterarse de qué está
pasando, lo mata, lo entierra en el quintal, y luego se esfuma."

El joven siguió su larga jornada, ansioso por llegar a su casa. Después de muchos días y noches de
caminata, ya al atardecer, vio entre los árboles humo saliendo de la chimenea de su pequeña casa,
caminó y vio entre los arbustos la silueta de su esposa. Estaba anocheciendo, pero alcanzó a ver
que ella no estaba sola.

Anduvo un poco mas y vio que ella tenía en sus piernas, un hombre al que estaba acariciando los
cabellos. Cuando vio aquella escena, su corazón se llenó de odio y amargura y decidió correr al
encuentro de los dos y matarlos sin piedad. Respiró profundo, apresuro sus pasos, cuando recordó
el tercer consejo. “NUNCA TOMES DECISIONES EN MOMENTOS DE ODIO Y DOLOR, PUES
PUEDES ARREPENTIRTE DEMASIADO TARDE”
Entonces se paró y reflexionó, decidió dormir ahí mismo aquella noche y al día siguiente tomar una
decisión.

Al amanecer ya con la cabeza fría, él dijo:


- “No voy a matar a mi esposa. Voy a volver con mi patrón y a pedirle que me acepte de vuelta. Solo
que antes, quiero decirle a mi esposa que siempre le fui fiel a ella.”

Se dirigió a la puerta de la casa y tocó. Cuando la esposa le abre la puerta y lo reconoce, se cuelga
de su cuello y lo abraza afectuosamente. Él trata de quitársela de arriba, pero no lo consigue.

Entonces con lágrimas en los ojos le dice:

- “Yo te fui fiel y tú me traicionaste."

Ella espantada le responde:

- “¿Cómo?... Yo nunca te traicioné. Te esperé durante veinte años."

El entonces le preguntó:

- “Y quién era ese hombre que acariciabas ayer por la tarde?"

Y ella le contestó:

- “Aquel hombre es nuestro hijo. Cuando te fuiste, descubrí que estaba embarazada. Hoy él tiene
veinte años de edad."

Entonces el marido entró, conoció, abrazó a su hijo y les contó toda su historia, en cuanto su esposa
preparaba la cena. Se sentaron a comer el último pan juntos. Después, con lágrimas de emoción,
partió el pan, y al abrirlo, se encontró todo su dinero, el pago de sus veinte años de dedicación.

LLENANDO EL CÁNTARO
Cuentan que una vez un hombre envió a su joven hijo a
llenar un cántaro al río, y le dijo que volviera lo antes
posible; el joven obedeció y fue hacia el río mientras su
padre le observaba de lejos. Entonces el hombre vio a su
hijo poniendo el cántaro debajo una cascada, y la fuerza del
agua era tal y la cantidad tan grande que no entraba el agua
al cántaro, pues era de cuello delgado.
Cuando el hijo regresó con el cántaro había roto el cuello
del mismo por el constante golpear y la fuerza del agua,
esto además provocó que el agua llegara turbia y sucia. El
padre preguntó entonces:
– ¿Por qué no simplemente sumergiste el cántaro en el río?
¿No veías que el agua de la cascada era demasiada para el
cuello del cántaro?
El hijo contestó:
– Sí, pero es que quería llenarlo lo más rápido posible.
Muchas veces en nuestras vidas tratamos de "llenarnos" a
nuestro tiempo en un mundo acelerado y convulsionado.
Por eso logramos las cosas a medias y el agua que
conseguimos no es pura ni cristalina, sino turbia. Queremos
tener todo "ya" y en el proceso muchas veces nos
lastimamos por no sumergirnos poco a poco en la corriente
calmada del río.
Aprende a conocer tu capacidad, no quieras hacer las cosas
en tu momento, y espera a llenar tu cántaro hasta el tope,
pero en SU momento y según TU capacidad y preparación.

MAESTRA… ¿QUÉ ES EL AMOR?


En una de las salas de un colegio había varios niños. Uno de ellos preguntó:
“Maestra... ¿qué es el amor?”.
La maestra sintió que la criatura merecía una respuesta que estuviese a la altura
de la pregunta inteligente que había formulado. Como ya estaban en hora de
recreo, pidió a sus alumnos que dieran una vuelta por el patio de la escuela y
trajesen lo que más despertase en ellos el sentimiento del amor.
Los chicos salieron apresurados y, cuando volvieron, la maestra les dijo:
– Quiero que cada uno muestre lo que trajo consigo.
El primer alumno respondió:
– Yo traje esta flor ¿no es linda?
Cuando llegó su turno, el segundo alumno dijo:
– Yo traje esta mariposa. Vea el colorido de sus alas: la voy a colocar en mi
colección.
El tercer alumno completó:
– Yo traje este pichón de pajarito que se cayó del nido. ¿No es gracioso?
Y así los chicos, uno a uno, fueron colocando lo que habían recogido en el patio.
Terminada la exposición, la maestra notó que una de las niñas no había traído
nada y que había permanecido quieta durante todo el tiempo. Se sentía como
avergonzada por no haber traído nada.
La maestra se dirigió a ella y le preguntó:
– Muy bien, ¿y tú? ¿No has encontrado nada?
La criatura, tímidamente, respondió:
– Disculpe, maestra. Vi la flor y sentí su perfume y pensé en arrancarla pero
preferí dejarla para que exhalase su aroma por más tiempo. Vi también la
mariposa, suave, colorida, pero parecía tan feliz que no tuve el coraje de
aprisionarla. Vi también el pichoncito caído entre las hojas, pero... al subir al
árbol, noté la mirada triste de su madre y preferí devolverlo al nido. Por lo tanto,
maestra, traigo conmigo el perfume de la flor, la sensación de libertad de la
mariposa y la gratitud que observé en los ojos de la madre del pajarito. ¿Cómo
puedo mostrar lo que traje?
La maestra agradeció a la alumna y le dio la nota máxima, considerando que
había sido la única que logró percibir que sólo podemos traer el amor en el
corazón.

MANEJO DE LA TENSIÓN
Un conferencista hablaba sobre el manejo de la tensión.
Levantó un vaso con agua y preguntó al auditorio:
-¿Cuánto creen ustedes que pesa este vaso con agua?

Las respuestas variaron entre 20 y 500 gramos. Entonces el


conferencista comentó:

-No importa el peso absoluto. Depende de cuánto TIEMPO voy


a sostenerlo. Si lo sostengo por un minuto, no pasa nada. Si lo
sostengo durante una hora, tendré DOLOR en mi brazo. Si lo
sostengo durante un día completo, tendrán que llamar una
ambulancia. Pero es exactamente el MISMO peso, pero entre
más tiempo paso sosteniéndolo, más pesado se va volviendo.

Y concluyó:

-Si cargamos nuestros PESARES todo el tiempo, luego, más


temprano o más tarde, ya no seremos capaces de continuar, la
carga se irá volviendo cada vez MAS PESADA. Lo que tienes
que hacer es DEJAR el vaso en algún lugar y descansar un
poco antes de sostenerlo nuevamente. Tienes que dejar la
carga de lado periódicamente, ¡de la forma que sea!

-Es reconfortante y te vuelve capaz de continuar. Entonces,


antes de que vuelvas esta noche a tu casa, deja afuera el
pesar, en un rincón. No lo lleves a tu casa. Mañana podrás
recogerlo otra vez, al salir.

-La vida es corta… ¡Aprovéchala!

MANOS
Durante el siglo XV, en pequeña aldea cercana a Nuremberg, vivía una
familia con 18 niños. Para poder poner pan en la mesa para tal prole,
el padre y jefe de familia trabajaba casi 18 horas diarias en las minas
de oro, y en cualquier otra cosa que se presentara.
A pesar de las condiciones tan pobres en que vivían, dos de los hijos
de Albrecht Durer tenía un sueño. Ambos querían desarrollar su
talento para el arte, pero bien sabían que su padre jamás podría enviar
a ninguno de ellos a estudiar a la Academia.
Después de muchas noches de conversaciones calladas entre los
dos, llegaron a un acuerdo. Lanzarían al aire una moneda. El
perdedor trabajaría en las minas para pagar los estudios al que
ganara. Al terminar sus estudios, el ganador pagaría entonces los
estudios al que quedara en casa, con las ventas de sus obras, o como
fuera necesario.
Lanzaron al aire la moneda un domingo al salir de la Iglesia.
Albrecht Durer ganó y se fue a estudiar a Nuremberg.
Albert comenzó entonces el peligroso trabajo en las minas,
donde permaneció por los próximos cuatro años para sufragar los
estudios de su hermano, que desde el primer momento fue toda
una sensación en la Academia.
Los grabados de Albrecht, sus tallados y sus óleos llegaron a ser
mucho mejores que los de muchos de sus profesores, y para el
momento de su graduación, ya había comenzado a ganar
considerables sumas con las ventas de su arte. Cuando el joven artista
regresó a su aldea, la familia Durer se reunió para dar una cena festiva
en su honor. Al finalizar la memorable velada, Albrecht se puso de pie
en su lugar de honor en la mesa, y propuso un brindis por su hermano
querido, que tanto se había sacrificado para hacer sus estudios una
realidad.
Sus palabras finales fueron:
– Ahora, Albert hermano mío, es tu turno. Ahora puedes ir tú a
Nuremberg a perseguir tus sueños, que yo me haré cargo de ti. -
Todos los ojos se volvieron llenos de expectativa hacia el rincón de la
mesa que ocupaba Albert, quien tenía el rostro empapado en lágrimas,
y movía de lado a lado la cabeza mientras murmuraba una y otra vez:
“No... No... No...” Finalmente, Albert se puso de pie y secó sus
lágrimas. Miró por un momento a cada uno de aquellos seres queridos
y se dirigió a su hermano, y poniendo su mano en la mejilla de aquel le
dijo suavemente:
– No, hermano, no puedo ir a Nuremberg. Es muy tarde para mí. Mira
lo que cuatro años de trabajo en las minas han hecho a mis manos.
Cada hueso de mis manos se ha roto al menos una vez, y
últimamente la artritis en mi mano derecha ha avanzado tanto que
hasta me costó trabajo levantar la copa durante tu brindis... Mucho
menos podría trabajar con delicadas líneas el compás o el pergamino y
no podría manejar la pluma ni el pincel. No hermano... para mí ya es
tarde.
Más de 450 años han pasado desde ese día. Hoy en día los grabados,
óleos, acuarelas, tallas y demás obras de Albrecht Durer pueden ser
vistos en museos alrededor de todo el mundo. Pero seguramente
usted, como la mayoría de las personas, solo recuerde uno.
Lo que es más, seguramente hasta tenga uno en su oficina o en su
casa.
Un día, para rendir homenaje al sacrificio de su hermano Albert,
Albrecht Durer dibujó las manos maltratadas de su hermano, con las
palmas unidas y los dedos apuntando al cielo. Llamó a esta poderosa
obra simplemente "Manos", pero el mundo entero abrió de inmediato
su corazón a su obra de arte y se le cambió el nombre a la obra por el
de "Manos que oran". La próxima vez que veas una copia de esta
creación, mírala bien. Permite que sirva de recordatorio, si es que lo
necesitas, de que nadie, nunca triunfa solo.

NO FUE ASÍ
El otro día te miré y sonreí,
pensé que me verías, pero no fue así.

Dije: “te amo” y esperé tu respuesta,

pensé que me escucharías, pero no fue así.

Te pedí que salieras a jugar a la pelota conmigo,

pensé que me seguirías, pero no lo hiciste.

Hice un dibujo solo para que lo vieras,

pensé que lo guardarías, pero no fue así.

Construí un fuerte para nosotros en el bosque,

pensé que acamparías conmigo, pero no lo hiciste.

Encontré algunos gusanos para que pescáramos, si podíamos,

pensé que querrías ir, pero no fue así.

Solo te necesitaba para charlar, para compartir mis pensamientos,

pensé que desearías hacerlo, pero no lo hiciste.

Te hable sobre el partido, con la esperanza de que estuvieras presente,

pensé que seguramente irías, pero no fue así.

Te pedí que compartieras conmigo mi juventud,

pensé que desearías hacerlo, pero no lo hiciste.

Mi país me llamo a la guerra, me pediste que regresara sano y salvo,

pero no fue así.

NO HAY QUE TEMER


Temía estar solo, hasta que aprendí a quererme a mi mismo.
Temía fracasar, hasta que me di cuenta que únicamente fracaso si no lo
intento.

Temía lo que la gente opinara de mí, hasta que me di cuenta de que de


todos modos opinarían de mí.

Temía que me rechazaran, hasta que entendí que debía tener fe en mi


mismo.

Temía al dolor, hasta que aprendí que éste es necesario para crecer.

Temía a la verdad, hasta que descubrí la fealdad de las mentiras.

Temía a la muerte, hasta que aprendí que no es el final, sino más bien el
comienzo.
Temía al odio, hasta que me di cuenta que no es otra cosa más que
ignorancia.

Temía al ridículo, hasta que aprendí a reírme de mi mismo.

Temía hacerme viejo, hasta que comprendí que ganaba sabiduría día a
día.

Temía al pasado, hasta que comprendí que no podía herirme más.


Temía a la oscuridad, hasta que vi la belleza de la luz de una estrella.

Temía al cambio, hasta que vi que aún, la mariposa más hermosa


necesitaba pasar por una metamorfosis antes de volar.

Hagamos que nuestras vidas cada día tengan más vida y si nos sentimos
desfallecer no olvidemos que al final siempre hay algo.

NO LO DEJES PARA MAÑANA


Había una vez un chico que nació enfermo. Una enfermedad que no tenía cura. Tenía
17 años y podría morir en cualquier momento.
Siempre vivió en su casa, bajo el cuidado de su madre. Ya estaba harto y decidió salir
solo por una vez. Le pidió permiso a su madre y ella aceptó.
Caminando por su cuadra vio muchas tiendas.
Al pasar por una tienda de música y ver el aparador, notó la presencia de una niña
muy tierna y de su edad.
Fue amor a primera vista. Abrió la puerta y entró sin mirar nada que no fuera ella.
Acercándose poco a poco, llegó al mostrador donde se encontraba ella.
Ella lo miró y le dijo sonriente: «¿Te puedo ayudar en algo?» Mientras él pensaba que
era la sonrisa más hermosa que había visto en toda su vida. Sintió deseos de besarla
en ese mismo instante. Tartamudeando le dijo: «Si, eh… Me gustaría comprar un
CD».
Sin pensar, tomó el primero que vio y le dio el dinero.
«¿Quieres que te lo envuelva?», preguntó la niña sonriendo de nuevo.
Él respondió que sí, moviendo la cabeza; y ella fue al almacén para volver con el
paquete envuelto y entregárselo. Él lo tomó y salió de la tienda.
Se fue a su casa, y desde ese día en adelante visitó la tienda todos los días para
comprar un CD.
Siempre se los envolvía la niña para luego llevárselos a su casa y guardarlos en su
closet. Él era muy tímido para invitarla a salir y aunque trataba, no podía.
Su mamá se enteró de esto e intentó animarlo a que se aventara, así que al siguiente
día se armó de coraje y se dirigió a la tienda.
Como todos los días compró otra vez un CD y, como siempre, ella se fue atrás para
envolverlo. Él tomo el CD; y mientras ella no estaba viendo, rápidamente dejó su
teléfono en el mostrador y salió corriendo de la tienda...
¡Ring! Su mamá contestó: «¿Bueno?», era la niña, preguntó por su hijo; y la
madre desconsolada, comenzó a llorar mientras decía: «¿Qué, no sabes?... murió
ayer».
Hubo un silencio prolongado, excepto los lamentos de su madre.
Más tarde, la mamá entró en el cuarto de su hijo para recordarlo. Decidió empezar por
ver su ropa, así que abrió su closet. Para su sorpresa se topó con montones de CD
envueltos; ni uno estaba abierto.
Le causó curiosidad ver tantos y no se resistió. Tomó uno y se sentó sobre la cama
para verlo. Al hacer esto, un pequeño pedazo de papel salió de la cajita plástica. Lo
recogió para leerlo y decía:
“¡Hola! Estás súper guapo. ¿Quieres salir conmigo?. TQM, Sofía”.
De tanta emoción, la madre abrió otro y otro, encontrando pedazos de papel en varios
CD; y estos decían lo mismo....
Moraleja:
Así es la vida, no esperes demasiado para decirle a ese alguien especial lo que
sientes. Díselo hoy. Mañana puede ser muy tarde.
NO TE OLVIDES DE LO PRINCIPAL
Cuenta la leyenda que una mujer pobre con un niño en brazos,
pasando delante de una caverna escuchó una voz misteriosa
que allá adentro le decía: «Entra y toma todo lo que desees,
pero no te olvides de lo principal. Recuerda algo: después que
salgas, la puerta se cerrará para siempre. Por lo tanto,
aprovecha la oportunidad, pero no te olvides de lo principal».
La mujer entró en la caverna y encontró muchas riquezas.
Fascinada por el oro y por las joyas, puso al niño en el piso y
empezó a juntar, ansiosamente, todo lo que podía en su
delantal.
La voz misteriosa habló nuevamente. «Tienes solo ocho
minutos».
Agotados los ocho minutos, la mujer cargada de oro y piedras
preciosas, corrió hacía afuera de la caverna y la puerta se
cerró... Recordó, entonces, que el niño quedo allá y la puerta
estaba cerrada para siempre. La riqueza duró poco y la
desesperación, siempre.
Lo mismo ocurre, a veces, con nosotros mismos. Tenemos 80
años para vivir en este mundo, y una voz siempre nos advierte:
¡No te olvides de lo principal!
Y lo principal son los valores espirituales, la familia, los amigos,
la vida. Pero la ganancia, la riqueza y los placeres materiales
nos fascinan tanto que lo principal siempre se queda a un lado.
Así agotamos nuestro tiempo y dejamos a un lado lo esencial:
¡Los tesoros del Alma!
Jamás nos olvidemos que la vida en este mundo pasa rápido y
que la muerte llega de inesperado. Y que cuando la puerta de
esta vida se cierra para nosotros, de nada valdrán las
lamentaciones.

OBSTÁCULOS EN EL CAMINO
Hace mucho tiempo, un rey colocó una gran roca
obstaculizando un camino. Luego se escondió y miró
para ver si alguien quitaba la tremenda piedra.
Algunos simplemente la rodearon. Muchos culparon a
la autoridad por no mantener los caminos despejados,
pero ninguno de ellos hizo nada para sacar la piedra
del camino.
Un vecino del pueblo que vivía en el sitio más
descampado, pasaba por allí exhausto con un fardo de
leña sobre sus hombros y la vio.
Se detuvo, luego se aproximó a ella, puso su carga en
el piso trabajosamente y trató de mover la roca a un
lado del camino.
Después de empujar y empujar hasta llegar a fatigarse
mucho, con gran esfuerzo, lo logró. Mientras recogía
su fardo de leña, vio una pequeña bolsita en el suelo,
justamente donde antes había estado la roca. La
bolsita contenía muchas monedas de oro y una nota
para la persona que removiera la roca como
recompensa por despejar el camino.
El campesino aprendió ese día que cada obstáculo
puede estar disfrazando una oportunidad tanto para
ayudar a los demás como para ayudarse a si mismo.

PAGADO CON UN VASO DE LECHE


Un joven que pagaba sus estudios trabajando de vendedor ambulante, sentía hambre
pero no tenía dinero para almorzar. Decidió vencer la vergüenza que le daba
mendigar y pedir algo de comer en la próxima puerta que tocase. No obstante, perdió
su nervio cuando una hermosa joven le abrió la puerta. En lugar de pedir comida pidió
solo un vaso de agua.

Ella, sin embargo, se apiadó de el y le trajo un vaso de leche. El se lo tomó


tímidamente y preguntó, -¿Cuanto le debo?

-No me debe nada, respondió ella. -Mi madre nos enseñó a nunca aceptar pago por
hacer un favor.

-Entonces le agradezco de corazón, respondió el joven.

Aquel joven llamado Howard Kelly se fue de aquella casa, no solo sintiéndose
fortalecido en su cuerpo sino también en su fe en Dios y en la humanidad. Antes del
incidente estaba pensando en rendirse y renunciar.

Muchos años mas tarde aquella joven, ya mayor, se enfermo gravemente. Los
doctores locales estaban muy preocupados. Finalmente la enviaron al hospital de una
gran ciudad donde practicaba un famoso especialista en aquella enfermedad.

Cuando el médico se dio cuenta del nombre de su nueva paciente y del pueblo de
procedencia, inmediatamente se levantó y fue a verla. La reconoció inmediatamente.
Volvió a su oficina resuelto a hacer todo lo posible para salvar su vida. La lucha fue
larga pero la señora se salvó.

Por su parte la señora andaba muy preocupada sabiendo que el precio de su estancia
en el hospital sería astronómico. Sin que ella supiese, el doctor envió órdenes que le
pasaran a el la cuenta final. Después de examinarla escribió un mensaje al pie de la
cuenta antes de que fuese enviada a la señora.

Ella abrió aquella cuenta con gran temor, pensando que pasaría el resto de sus días
pagándola. Finalmente miró y cual fue su asombró cuando leyó al pie de la lista de
enormes cifras:

Todo Pagado por completo con un vaso de leche.


Firmado: Dr. Howard Kelly.

PARA TI ALUMNO QUE SIEMPRE TE QUEJAS DE TODO.


1.- La vida no es fácil, acostúmbrate a ello.
2.- El mundo no está preocupado en tu autoestima. El mundo espera que hagas algo
útil por él, antes de que te sientas bien contigo mismo.
3.- Tú no ganarás 3,000 dólares por mes al salir de la escuela o universidad. No serás
vicepresidente de una empresa con auto y teléfono a tu disposición. Debes ganártelo
con tu propio esfuerzo.
4.- Si crees que tu profesor es duro, espera hasta tener un jefe. Él no tendrá pena de
ti.
5.- Si crees que vender periódicos o trabajar durante las vacaciones no están de
acuerdo a tus expectativas o lo rechazas. Créeme, tus abuelos tienen una palabra
distinta para esto y lo llaman oportunidad.
6.- Si fracasas, no es culpa de tus padres. No culpes a nadie por tus errores, porque
el único responsable eres tú. No te arrepientas de tus errores, aprende de ellos.
7.- Antes de nacer, tus padres no eran tan críticos como ahora. Mira ellos pagan tus
cuentas, lavan tu ropa y tienen que escucharte decir que son “ridículos” o
“anticuados”. Entonces, antes de salvar al planeta para la próxima generación,
primero intenta ordenar tu propio cuarto.
8.- En tu escuela pueden haber eliminado perder el año dándote muchas
oportunidades para que apruebes, pero la vida no es así. Esto no se parece a
absolutamente nada en la vida real. Si cometes un error en la empresa, estas
despedido… estás en la calle!!! No tendrás más oportunidad!!
9.- La vida no se divide en semestres. No tendrás siempre vacaciones más de un mes
y es poco probable que otros empleados o compañeros de trabajo te ayuden a cumplir
con tus tareas al final de cada periodo.
10.- La televisión no es la vida real. En la vida real, las personas tienen que dejar la
comodidad e ir a trabajar.
11.- Se legal, no copies ni critiques a tus compañeros que se esfuerzan. Hay una gran
probabilidad de que tú estarás trabajando para uno de ellos.
PARA PENSARLO.
Hoy tenemos edificios más altos y autopistas más anchas, pero temperamentos más cortos y puntos
de vista más estrechos.

Gastamos más, pero disfrutamos menos.

Tenemos casas más grandes, pero familias más chicas.

Tenemos más compromisos, pero menos tiempo.

Tenemos más conocimientos, pero menos criterio.

Tenemos más medicinas, pero menos salud.

Hemos multiplicado nuestras posesiones, pero hemos reducido nuestros valores.

Hablamos mucho, amamos poco y odiamos demasiado.

Hemos llegado a la Luna y regresamos, pero tenemos problemas para cruzar la calle y conocer a
nuestro vecino.

Hemos conquistado el espacio exterior pero no el interior.

Tenemos mayores ingresos, pero menos moral.

Estos son tiempos con más libertad, pero menos alegría.

Con más comida, pero menos nutrición.

Son días que llegan dos sueldos a casa, pero aumentan los divorcios.

Son tiempo de casas más lindas, pero más hogares rotos.

Por todo esto, propongo que de hoy en adelante, no guardes nada “Para una ocasión especial”,
porque cada día que vivas es una ocasión especial.

Busca a Dios, aprende a conocerle, lee más, siéntate en la terraza y admira la vista sin fijarte en las
malas hierbas.

Pasa más tiempo con tu familia y con tus amigos, come tu comida referida, visita los sitios que
ames.
La vida es una sucesión de momentos para disfrutar, no es solo para sobrevivir.
Usa tus copas de cristal, no guardes tu mejor perfume, úsalo cada vez que te den ganas de hacerlo.
Las frases “Uno de estos días”, “Algún día”, quítalas de tu vocabulario. Escribamos aquella carta que
pensábamos escribir, “Uno de estos días”.
Digamos hoy a nuestros familiares y amigos, cuanto los queremos.
Por eso, no retardes nada que agregaría risa y alegría a tu vida.
Cada día, hora, y minuto son especiales… y no sabes si pudiera ser el último…
¿QUÉ ES LA RIQUEZA?
¿Qué es la riqueza?
A dos grupos de personas se les hizo la siguiente pregunta:

¿Qué es la riqueza?

El primer grupo contestó de la siguiente manera:

Arquitecto: tener proyectos que me permitan ganar mucho dinero.

Ingeniero: desarrollar sistemas que sean útiles y muy bien pagados.

Abogado: tener muchos casos que dejen buenas ganancias y tener un BMW.

Médico: tener muchos pacientes y poder comprar una casa grande y bonita.

Gerente: tener la empresa en niveles de ganancia altos y crecientes.

Atleta: ganar fama y reconocimiento mundial, para estar bien pagado.

El segundo grupo contestó lo siguiente:

Preso de por vida: caminar libre por las calles.

Ciego: ver la luz del sol y a la gente que quiero.

Sordo: escuchar el sonido del viento y cuando me hablan.

Mudo: poder decir a las personas cuánto las amo.

Inválido: correr en una mañana soleada.

Persona con una enfermedad terminal: Poder vivir un día más.

Huérfano: Poder tener a mi mamá, mi papá, mis hermanos, y mi Familia.

“No midas tu riqueza por el dinero que tienes, mide tu riqueza por aquellas cosas que
no cambiarías por dinero”
QUEMAR LAS NAVES
Antes del año 335 A C., al llegar a la costa de fenicia, Alejandro Magno
debió enfrentar una de sus más grandes batallas.
Al desembarcar, comprendió que los soldados enemigos superaban en
cantidad, tres veces mayor, a su gran ejército.
Sus hombres estaban atemorizados y no encontraban motivación para
enfrentar la lucha; habían perdido la fe y se daban por derrotados. El temor
había acabado con aquellos guerreros invencibles.
Cuando Alejandro Magno hubo desembarcado a todos sus hombres en la
costa enemiga, dio la orden de que fueran quemadas todas sus naves.
Mientras los barcos se consumían en las llamas y se hundían en el mar,
reunió a sus hombres y les dijo: «Observen cómo se queman los barcos...
Esa es la única razón por la que debemos vencer, ya que si no ganamos,
no podremos volver a nuestros hogares y ninguno de nosotros podrá
reunirse con su familia nuevamente, ni podrá abandonar esta tierra que hoy
despreciamos. Debemos salir victoriosos en esta batalla, ya que solo hay
un camino de vuelta y es por mar. Caballeros, cuando regresemos a casa;
lo haremos de la única forma posible, en los barcos de nuestros
enemigos».
Cuántas veces la falta de fe, el temor y la inseguridad, el estar atado a lo
seguro nos priva de conseguir nuevos éxitos, nos hace renunciar a los
cambios, nos hace renunciar a los sueños, nos hace negar los anhelos y
las metas que están grabadas en lo más profundo de nuestros corazones.
Cuántas veces la seguridad de poseer algo nos hace renunciar a la
posibilidad de conseguir mucho más; cuántas veces lo que tenemos
fácilmente a nuestro alcance nos impide crecer, haciendo que la seguridad
se convierta en mediocridad, en fracaso y monotonía.
Debemos saber que perseverando todo puede lograrse.
Que el amor y la fe nos dan la fuerza necesaria para obrar milagros en
nuestras vidas, si así lo deseamos. Que las personas perseverantes inician
su éxito donde otras acaban por fracasar. Que ningún camino es
demasiado para un hombre que avanza decidido y sin prisas, teniendo
claro sus objetivos.
El ejército de Alejandro Magno venció en aquella batalla, regresando a su
tierra a bordo de los barcos conquistados al enemigo.
Los mejores hombres no son aquellos que han esperado las
oportunidades, sino quienes las han buscado y las han aprovechado a
tiempo; quienes han asediado a la oportunidad, quienes la han
conquistado.
La conquista puede ser un amor, conocimientos, trabajo, riquezas
materiales o espirituales. Todo está a tu alcance. Tú puedes plantearte las
metas y los objetivos que deseas.
Las condiciones para lograr éxitos no son siempre fáciles. No hay otro
método que trabajar duro, ser tenaz, soportar, tener fe, luchar, creer
siempre, no rendirse y jamás volver la espalda.
QUE RAZÓN TENÍAS PAPÁ.
Qué razón tenias papá,
Cuando me dijiste que a mi edad
Aun no estaba preparado para controlar mi vida,
Que era yo muy joven,
Que esperara un poco más de tiempo
Y luego tú mismo me ayudarías a independizarme.
Y, sin embargo… preferí no escucharte…
Te dejé con la palabra en la boca,
Y me fui de la casa,
Según yo, a comerme al mundo a rebanadas.

Repetiste una y otra vez que tú y mi mamá sólo querían lo mejor para mí,
Y que sus regaños no eran por desamor…
Trataste de explicarme que la comprensión
No era darme siempre la razón;
Pero, a pesar de ello,
En muchas ocasiones preferiste ceder, y callar;
Con esa actitud tan conciliadora que adoptaba,
Con tal de que yo no cumpliera mis constantes amenazas,
Mientras yo los acusaba de ser los peores padres.

Qué razón tenias papá,


Cuando te acercaste a mí,
Y me suplicaste que viviera conforme a mi edad,
Porque la juventud es como un suspiro del alma,
Y cuando nos damos cuenta,
Los años nos llevan ventaja;
Me suplicaste que no abandonara la escuela
Porque de ello dependería gran parte de mi vida en el futuro;
"no cometas el mismo error que yo, hijo",
Me dijiste en aquella ocasión,
Y sin embargo mi respuesta fue:
"tú que sabes de eso?
Lo que pasa es que tú ya estás viejo…
No se como no te cansas de estarme dando zermones"…
Fue por eso que, solo llegué hasta la secundaria…

Recuerdo que mi madre me sentó cariñosamente en sus piernas,


Y me habló de las mujeres,
Me explico que una relación de pareja va más allá de la atracción fisica,
Y la pasión;
Platicó cómo se conocieron y la manera en que la conquistaste,
De la forma en que se ama a los hijos,
Del respeto hacia la esposa,
Y el cariño con el que se le debe tratar,
Y ya ves, papá,
Apenas cumplí la mayoría de la edad y me tuve que casar,
Por esa falta de responsabilidad…

Qué razón tenías papá,


Que antes de marcharme de la casa,
Intentaste detenerme,
Y con lágrimas en los ojos me aclaraste:
"algún día tú también serás papá,
Y podrás entenderme, hijo",
Y en pago a eso te miré fijamente a los ojos y te dije:
"yo sí seré un buen padre,
A mis hijos, no los estaré fastidiando tanto,
Dejaré que sean los que ellos quieran,
Y que sean felices",
Y en un tono más soverbio repetí:
"yo voy a ser mejor que ustedes".
Me aconsejaste que, pasara lo que pasara,
Viviera como viviera, nunca me humillara ante los demás,
Porque la dignidad no se vende, no se pierde,
Y hasta la libertad tiene sus límites,
Y apenas me sentí libre,
Aproveché para emborracharme con mis amigos hasta desfallecer,
Y desperté tirado en una calle, sucio, maloliente;
Me atreví a pedir limosna
Y ante la desesperación se me hizo fácil robar,
Aunque me advertiste que mi enemigo no estaba en la casa,
Sino en las calles,
Disfrazado de falsos amigos,
Absurdos placeres y dinero manchado…

Qué razón tenías papá,


Cuando me adelantaste que si abandonaba el hogar,
Mi madre moriría de pena y tristeza,
Y yo qué hice… me burlé de ti,
Te aclaré que si eso sucedía sería por tu culpa,
Por la vida tan estricta que nos dabas,
Por las exigencias y por tu concepto de la disciplina y la responsabilidad,
Porque cuando llegabas a la casa hacías llorar a mi madre con tus ridículos
obsequios,
Cuánto tiempo me tardé en comprender que esas lágrimas,
Eran de alegría, y no de dolor o tristeza…

Un día, me tomaste entre tus brazos y me dijiste muy quedito al oído


Esas cosas que aún guardo en mi corazón:
"ojalá nunca crecieras, hijo mío,
Ojalá siempre fueras mi pequeñito y yo siguiera siendo tu héroe para toda la vida,
Imaginar, que siempre tendrás 6 años",
Pero ya ves, papá,
Hoy me arrepiento de todas esas palabras contra tí,
De mis actos que tanto te dañaron,
De tantas noches que te tuve a tí y a mi mamá en vela por no llegar de la fiesta,
De las mentiras malarmadas que inventaba con tal de no escuchar tus sabios
consejos,
De recordar cómo te humillaste varias veces frente a mí,
Con tal de yo tuviera esa falsa razón;
De pisotear tu dignidad con mis gritos y reclamos,
Y cientos y cientos de reproches en contra de ese cariño incondicional…

Mírame ahora, papá,


Sentado en una sala de hospital,
Lleno de angustia,
Esperando noticias sobre la salud de mi hijo,
Ese… al que yo iba a educar…
Mejor que tú a mi,
Sí… también él se sintió grande,
A pesar de mis consejos decidió no escucharme y,
Hacer su propia vida como lo hice yo,
Le pido a dios que me ayude,
Y a ti, mi gran héroe de siempre,
Que ojalá me hayas perdonado… todo….
Me costó mucho tiempo, dolor, y sufrimiento,
Pero después de tantos años,
Logre entender que por fin te amé, papá,
Más de lo que yo creía…
Qué razón tenías, papá…
RIQUEZA, ÉXITO Y AMOR
Una mujer salía de su casa y vio a tres ancianos de larga y blanca barba
sentados al frente de su casa. No los reconoció y dijo:

– No creo conocerlos, pero deben tener hambre. Por favor pasen y acepten
alguna cosa para comer.

– ¿Se encuentra el hombre de la casa?, -preguntaron.

– No, -dijo ella-. El salió

– Entonces no podemos pasar, -contestaron.

En la tarde cuando su esposo llegó a casa, le dijo lo que había pasado.

– Ve a decirles que estoy en casa e invítalos a pasar.

La mujer salió e invitó a los hombres a que pasaran.

– No pasamos a una casa juntos, -respondieron.

– ¿Por qué es así?, -quiso saber ella.

Uno de los ancianos le explicó, apuntando a uno de sus amigos:

– Su nombre es Riqueza, -y apuntando al otro dijo:- Él es Éxito, y yo soy Amor, -


después agregó:- Ahora ve y discute con tu esposo a cuál de nosotros deseas
en tu casa.

La mujer entró y le dijo a su esposo lo que se había dicho. Su esposo se


regocijó.
– ¡Qué bueno!, -dijo-. Dado que este es el caso, invitemos a Riqueza. ¡Dejemos
que venga y llene nuestra casa de riquezas!

Su esposa no estuvo de acuerdo:

– Querido mío, ¿por qué no invitamos a Éxito?

La hija estaba escuchando desde el lado opuesto de la casa. Saltó con su


propia sugerencia: – ¿No será mejor invitar a Amor? ¡Nuestra casa estará
entonces llena de amor!

– Hagamos caso del consejo de nuestra hija, -dijo el esposo a su esposa-. Sal e
invita a Amor a será nuestro huésped.

La mujer salió y les preguntó a los tres ancianos:

– ¿Cuál de ustedes es Amor? Por favor pase y sea nuestro huésped.

Amor se puso de pie y empezó a caminar hacia la casa. Los otros dos también
se pusieron de pie y lo siguieron. Sorprendida, la señora les preguntó a Riqueza
y a Éxito:

– Solamente invité a Amor. ¿Por qué están pasando ustedes? Los ancianos
respondieron:

– Si usted hubiera invitado a Riqueza o a Éxito, los otros dos nos hubiéramos
quedado afuera, pero como usted invitó a Amor, dondequiera que él va,
nosotros lo acompañamos. Dondequiera que haya amor, también hay riqueza y
éxito.
¿SABES CUÁNTO VALES?
Alfredo, con el rostro abatido de pesar, se reúne con su amiga Marisa en un bar a
tomar un café. Deprimido, descargó en ella sus angustias. Que el trabajo… Que el
dinero… Que la relación con su pareja… Que su vocación... Todo parecía estar mal
en su vida.

Marisa introdujo la mano en su cartera, sacó un billete de 100 pesos y le dijo:

– Alfredo, ¿quieres este billete?

Él, un poco confundido al principio, inmediatamente le dijo:

– Claro Marisa... son 100 pesos, ¿quién no los querría?

Entonces Marisa tomó el billete en uno de sus puños y lo arrugó hasta hacerlo un
pequeño rollo. Mostrando la estrujada pelotita verde a Alfredo volvió a preguntarle:

– Y ahora… ¿Igual lo quieres?

– Marisa, no sé qué pretendes con esto, pero siguen siendo 100 pesos… ¡Claro que
los tomaré si me los entregas!

Entonces Marisa desdobló el arrugado billete, lo tiró al piso y lo restregó con su pie en
el suelo, levantándolo luego sucio y marcado.

– ¿Lo sigues queriendo?

– Mira Marisa, sigo sin entender qué pretendes, pero ese es un billete de 100 pesos y
mientras no lo rompas conserva su valor...

– Entonces, Alfredo, debes saber que aunque a veces algo no salga como quieres,
aunque la vida te arrugue o pisotee SIGUES siendo tan valioso como siempre lo has
sido... lo que debes preguntarte es CUÁNTO VALES en realidad y no lo golpeado que
puedas estar en un momento determinado.

Alfredo quedó mirando a Marisa sin atinar con palabra alguna mientras el
impacto del mensaje penetraba profundamente en su cerebro.

Marisa puso el arrugado billete de su lado en la mesa y con una sonrisa cómplice
agregó:

– Toma, guárdalo para que te acuerdes de esto cuando te sientas mal... Pero me
debes un billete NUEVO de 100 pesos para poder usar con el próximo que lo
necesite.

Le dio un beso en la mejilla a Alfredo, quien aún no había pronunciado


palabra, y levantándose de su silla se alejó con rumbo a la puerta.

Alfredo volvió a mirar el billete, sondó, lo guardó en su billetera y dotado de una


renovada energía llamó al camarero para pagar la cuenta...

¿Cuántas veces dudamos de nuestro propio valor, de que realmente MERECEMOS


MÁS y que PODEMOS CONSEGUIRLO si nos lo proponemos?

Claro que el mero propósito no alcanza... Se requiere de la ACCIÓN para


logro los beneficios.
¡SACÚDETE Y SUBE!
Se cuenta de cierto campesino que tenía una mula ya vieja. En un
lamentable descuido, la mula cayó en un pozo que había en la finca. El
campesino oyó los bramidos del animal, y corrió para ver lo qué ocurría.
Le dio pena ver a su fiel servidora en esa condición, pero después de
analizar cuidadosamente la situación, creyó que no había modo de salvar
al pobre animal, y que más valía sepultarla en el mismo pozo.
El campesino llamó a sus vecinos y les contó lo que estaba ocurriendo y
los enlisto para que le ayudaran a enterrar la mula en el pozo para que no
continuara sufriendo.
Al principio la mula se puso histérica. Pero a medida que el campesino y
sus vecinos continuaban paleando tierra sobre sus lomos, una idea vino a
su mente. A la mula se le ocurrió que cada vez que una pala de tierra
cayera sobre sus lomos...
¡ELLA DEBÍA SACUDIRSE Y SUBIR SOBRE LA TIERRA!
Esto hizo la mula palazo tras palazo. "¡Sacúdete y sube... sacúdete y
sube... sacúdete y sube!". Repetía la mula para alentarse a sí misma. No
importaba cuan dolorosos fueran los golpes de la tierra y las piedras sobre
su lomo, o lo tormentoso de la situación, la mula luchó contra el pánico y
continuó SACUDIÉNDOSE Y SUBIENDO.
A sus pies se fue elevando de nivel el piso. Los hombres sorprendidos
captaron la estrategia de la mula, y eso los alentó a continuar paleando.
Poco a poco se pudo llegar hasta el punto en que la mula cansada y
abatida pudo salir de un brinco de las paredes de aquel pozo. La tierra que
parecía que la enterraría, se convirtió en su bendición, todo por la manera
en la que ella enfrentó la adversidad.
¡ASI ES LA VIDA!
Si enfrentamos nuestros problemas y respondemos positivamente, y
rehusamos dar lugar al pánico, a la amargura, y las lamentaciones de
nuestra baja autoestima, las adversidades, que vienen a nuestra vida a
tratar de enterrarnos, nos darán el potencial para poder salir adelante
beneficiados y bendecidos!!
Recordemos que EL PERDÓN, LA FE, EL AMOR, LA ORACIÓN, LA
ALABANZA Y LA ESPERANZA son las principales formas por las que
podemos "SACUDIRNOS Y SEGUIR SUBIENDO" fuera del pozo que nos
encontramos.
SE VENDEN CACHORROS.
El dueño de una tienda estaba colocando un anuncio en la puerta que
decía: “Cachorritos en venta”. Esa clase de anuncios siempre atraen a los niños,
y pronto un niñito apareció en la tienda preguntando: «¿Cuál es el precio de los
perritos?» El dueño contestó: «Entre $30 y $50». El niñito metió la mano en su
bolsillo y sacó unas monedas: «Solo tengo $2.35... ¿Puedo verlos?» .
El hombre sonrió y silbó. De la trastienda salió su perra corriendo seguida
por cinco perritos. Uno de los perritos estaba quedándose considerablemente
atrás. El niñito inmediatamente señaló al perrito rezagado que cojeaba.
«¿Qué le pasa a ese perrito?», preguntó.
El hombre le explicó que cuando el perrito nació, el veterinario le dijo que
tenía una cadera defectuosa y que cojearía por el resto de su vida. El niñito se
emocionó mucho y exclamó: «¡Ese es el perrito que yo quiero comprar!». Y el
hombre replicó: «No, tú no vas a comprar ese cachorro, si tú realmente lo
quieres, yo te lo regalo». El niñito se disgustó, mirando directo a los ojos del
hombre le dijo: «Yo no quiero que Ud. me lo regale, él vale tanto como los otros
perritos y yo le pagaré el precio completo. De hecho, le voy a dar mis $2.35
ahora y 50 centavos cada mes hasta que lo haya pagado completo».
El hombre contestó: «Tú de verdad no querrás comprar ese perrito, hijo. El
nunca será capaz de correr, saltar y jugar como los otros perritos».
El niñito se agachó y se levantó la pierna de su pantalón para mostrar su
pierna izquierda, cruelmente retorcida e inutilizada, soportada por un gran
aparato de metal. Miró de nuevo al hombre y le dijo: «Bueno yo no puedo correr
muy bien tampoco, y el perrito necesitará a alguien que lo entienda».
El hombre estaba ahora mordiéndose el labio, y sus ojos se llenaron de
lágrimas… sonrió y dijo: «Hijo, sólo espero y rezo para que cada uno de estos
cachorritos tenga un dueño como tú».
En la vida no importa quién eres, sino que alguien te aprecie por lo que
eres, y te acepte y te ame incondicionalmente.
Un verdadero amigo es aquel que llega cuando el resto del mundo se ha
ido.
SER MAESTRO
Es una de las profesiones más difíciles porque significa la responsabilidad de saber guiar a
quienes empiezan su formación académica, pero también es la mejor que pude haber
elegido, porque ser maestro implica un continuo aprendizaje: el trato hacia los alumnos, las
dinámicas, la técnica, el manejo de situaciones (se requiere de una amplia experiencia para
saber qué hacer en cada una).

Sí, cada grupo nos deja algo (una nueva enseñanza), no importa las sensaciones que
transmitan: rechazo, hostilidad, hermetismo, apatía, atención, respeto, afecto, quizás
también admiración...

Yo he aprendido que cada grupo es diferente, incluso de un curso (semestre) a otro habrá
cambios en cada uno. Cada grupo tiene su individualidad, así como cada alumno la tiene, y
por eso no se deben hacer comparaciones entre grupos o estudiantes.

He aprendido la diferencia entre las palabras “alumno” y “estudiante”; que la dinámica de una
clase nunca será la misma, ni aún impartiendo el mismo tema; los comentarios, las dudas,
las observaciones, cada uno de estos detalles hará cada sesión única y especial...

También he aprendido que es posible reprender con severidad, pero con un tono amable en
la voz, que se obtiene una mejor respuesta de los alumnos con una sonrisa y un trato cálido
y humano, que después de un error lo mejor es una palabra de aliento y que sus aciertos
son un buen motivo para un pequeño reconocimiento. Que después de una llamada de
atención, una sonrisa espontánea y una mirada dulce son imposibles ante la expresión de
gusto por ver su avance en una materia que generalmente les era difícil o no grata.

Pero no se debe olvidar que los estudiantes no son solamente números en una lista de
asistencia, así como el ser maestro no es terminar la clase, cerrar la mochila y dejar la
vocación tras una puerta; ser maestro es tener siempre la necesidad de transmitir un
conocimiento, planear con detenimiento la próxima sesión y si es necesario, ensayarla para
que sea perfecta.

Así mismo se debe tener presente que somos seres humanos y que no es malo reconocer
que se desconoce algo que el estudiante pregunta, el defecto de ello radica en dar
respuestas erróneas por no saber ser humilde. Incluso sin que los estudiantes lo noten, el
maestro va adquiriendo nuevos conocimientos a la vez que los transmite.

Hay ocasiones en que no se quiere llegar ante un grupo, sin embargo, debe hacerse como si
fuera el primer día; pero también hay grupos con los que la cátedra es tan agradable, que se
espera con gusto la siguiente clase.
A lo largo de 18 años he aprendido, me he desesperado, he estado a punto del llanto (a
veces de alegría y satisfacción, y muchas otras de decepción e impotencia), pero también he
disfrutado la experiencia de dejar cada día en alguien un nuevo conocimiento.
SER POSITIVOS
¿Qué puede hacer para volverse una persona positiva?
1. Búsquele el lado bueno a todas las personas, situaciones y cosas.
2. Hable bien de usted mismo y de los demás.
3. Nunca se queje; evite hacer el papel de víctima.
4. Trate a las otras personas como le gustaría que lo trataran a usted.
5. Trátese usted mismo con cariño, respeto y tolerancia.
6. Limpie su mente de temores y prejuicios.
7. No se sienta mal por sus errores; aprenda de ellos.
8. Dedique más tiempo a pensar en sus bendiciones que en sus desgracias.
9. Evite escuchar canciones tristes y negativas.
10. Cuando se sienta triste, sonría y actúe como si estuviera feliz.
11. No pierda su tiempo escuchando o leyendo noticias sangrientas o
mortificantes.
12. Evite discretamente la compañía de personas pesimistas y quejumbrosas.
13. Rodéese de gente positiva y alegre.
14. Dedique un pensamiento amable a cada persona que lo ofenda o fastidie.
15. Practique diariamente la relajación muscular.
16. Lea con frecuencia libros de superación personal.
17. Dedíquese a lo que más le guste hacer, aunque no parezca muy rentable.
18. Fíjese objetivos claros de lo que le gustaría ser, hacer, tener y aprender.
19. Escriba sus objetivos y léalos con frecuencia.
20. Cultive el hábito de pasar pronto de la idea a la acción.
SIETE FRASES PARA MEJORAR LA
COMUNICACIÓN CON LA FAMILIA
1.- Te Amo
Ningún ser humano puede sentirse realmente feliz hasta escuchar que alguien
le diga: “te amo”. Atrévete a decirlo a la otra persona, a tu cónyuge, a tus
padres, a tus hermanos, a tus hijos, si es que nunca lo has hecho, haz la prueba
y verás el resultado.

2.- Te Admiro
En la familia, cada miembro tiene alguna cualidad o habilidad que merece
reconocimiento: Todos, en algún momento, sentimos la necesidad de que se
nos reconozca algún logro o meta alcanzada… ¿Cuándo fue la última vez que le
dijiste esto a alguien?

3.- ¡Gracias!
Una necesidad básica del ser humano es la de ser apreciado. No hay mejor
forma de decir a una persona que es importante lo que hace por nosotros, que
expresarle un ¡gracias!, no en forma mecánica, sino con pleno calor humano.

4.- Perdóname, me equivoqué


Decir esto no es tan fácil, sin embargo, cuando cometas un error que ofenda o
perjudique a otras personas, aprende a decir con madurez: “perdóname, me
equivoqué”.

5.- Ayúdame, te necesito


Cuando no podemos o no queremos admitir o expresar nuestra fragilidad o
necesidad de otros, estamos en un grave problema. No te reprimas. ¡Pide
ayuda! Que también son muy importantes las palabras.

6.- ¡Te escucho…háblame de tí!


¿Cuántas veces le has dicho a algún miembro de tu familia: “A ver, háblame,
qué te pasa?”. Tal vez muchos problemas y mal entendidos se resolverían si tan
sólo escuchásemos lo Que nos tratan de decir.

7.- ¡Eres especial!


Es importante hacerles saber a tus seres queridos cuanto ellos significan para ti.
SIN PERCEPCIÓN CORRECTA, NO HAY JUICIO CORRECTO
Un jinete vio que un escorpión venenoso se introducía por la garganta de un
hombre que dormía tumbado en el camino

El jinete bajó de su cabalgadura y con el látigo despertó al hombre dormido a la


vez que le obligaba a comer unos excrementos que había en el suelo. Mientras,
el hombre chillaba de dolor y asco:

– ¿Por qué me haces esto? ¿Qué te he hecho yo?

El jinete continuaba azotándolo y obligándole a comer los excrementos.


Instantes después, aquel hombre vomitó arrojando el contenido del
estómago con el escorpión incluido. Comprendiendo lo ocurrido, agradeció al
jinete el haberle salvado la vida, y después de besarle la mano insistió en
entregarle una humilde sortija como muestra de gratitud. Al despedirse le
preguntó:

– Pero ¿por qué sencillamente no me despertaste? ¿Por qué razón tuviste que
usar el látigo? – Había que actuar rápidamente -respondió el jinete-. Si sólo te
hubiera despertado, no me habrías creído, te habrías paralizado por el miedo o
habrías escapado. Además, de modo alguno hubieses tomado los
excrementos, y el dolor de los azotes provocaba que te convulsionases,
evitando que el escorpión te picara.

Dicho lo cual, partió al galope hacia su destino.

No lejos de allí, dos hombres de una aldea vecina habían sido testigos del
episodio. Cuando regresaron junto a sus paisanos, narraron lo siguiente:

– Amigos, hemos sido testigos de unos hechos muy tristes que revelan la
maldad de algunos hombres. Un pobre labrador dormía plácidamente la siesta a
la vera de un camino cuando un orgulloso jinete entendió que obstaculizaba su
paso. Se bajó de su caballo y con el látigo comenzó a azotarlo por tan mínima
falta. No contento con eso, le obligó comer excrementos hasta que vomitara, le
exigió que le besara la mano y además le robó una sortija. Pero os preocupéis,
a la vuelta de un recodo hemos esperado al arrogante jinete y le hemos
propinado una buena paliza por su deplorable acción.
¡TODOS LOS PROBLEMAS DEBEN SER ENFRENTADOS!
Para vencer los problemas hay que tener valor, hacerles frente y encontrar la manera de vencerlos,
eso es algo en lo que estamos sin duda de acuerdo. Sin embargo, lo peor es cuando los problemas
implican poner punto final a algo a lo que nos hemos acostumbrado.

El gran maestro y el guardián dividían la admiración de toda la comunidad. Un día el guardián murió
y fue preciso sustituirlo. El gran maestro reunió entonces, a todos los discípulos para escoger quién
tendría el honor de trabajar directamente a su lado.

-Voy a plantearles un problema -les dijo-, y aquel que lo resuelva primero será el nuevo guardián de
la zawiya. Terminado su corto discurso, colocó un taburete en medio de la sala. Encima había un
florero de finísima porcelana de gran valor, con una hermosa rosa roja en su interior.

-Este es el problema -dijo el gran maestro.

Los discípulos contemplaron perplejos y extasiados lo que veían; los diseños sofisticados y raros de
la porcelana, la frescura y elegancia de la flor, su belleza y olor. Pero, ¿qué representaba todo
aquello?, ¿qué hacer?, ¿cuál sería el enigma?, ¿y su solución?

Después de algunos largos minutos, un discípulo se levantó, miró al maestro, miró luego a sus
colegas y caminando hacia el florero lo levantó entre sus manos y lanzándolo hacia el suelo lo
destruyó haciéndolo pedazos.

-Usted es el nuevo guardián -dijo el maestro.


Al volver el alumno a su lugar, el gran maestro explicó:
-Yo fui claro, dije que ustedes estaban delante de un problema y un problema es un problema; aún si
toma la forma de un florero maravilloso, de una porcelana exquisita y de mucho valor, igualmente un
lindo amor que ya no tiene sentido o un camino que precisa ser abandonado pero que insistimos en
recorrerlo porque nos da algún tipo de confort.

No importa cuan bello y fascinante sea un problema, solo hay una forma de lidiar con él: atacándolo
de frente.

Dejar de fumar, dejar de beber, dejar cualquier tipo de adicción es una tarea sumamente
complicada, pero necesaria, es indispensable lidiar con ellas. Tienen apariencia de agradables, nos
producen algún placer al principio, pero es indiscutible que ocultan un velo nefasto que puede llegar
a vaciar nuestras vidas. Sé fuerte, cualquiera que sea el problema debes enfrentarlo con
perseverancia y coraje.
TREN DE LA VIDA
La vida no es más que un viaje por tren: repleto de embarques y desembarques,
salpicado de accidentes, sorpresas agradables en algunos embarques, y profundas
tristezas en otros. Al nacer, nos subimos al tren y nos encontramos con algunas
personas las cuales creemos que siempre estarán con nosotros en este viaje:
nuestros padres.
Lamentablemente la verdad es otra. Ellos se bajarán en alguna estación
dejándonos huérfanos de su cariño, amistad y su compañía irreemplazable. No
obstante, esto no impide que se suban otras personas que nos serán muy especiales.
Llegan nuestros hermanos, nuestros amigos y nuestros maravillosos amores.
De las personas que toman este tren, habrá los que lo hagan como un simple paseo,
otros que encontrarán solamente tristeza en el viaje, y habrá otros que, circulando por
el tren, estarán siempre para ayudar a quien lo necesite.
Es curioso constatar que algunos pasajeros, quienes nos son más queridos, se
acomodan en vagones distintos al nuestro. Por lo tanto, se nos obliga a hacer el
trayecto separados de ellos.
Desde luego, no se nos impide que durante el viaje recorramos con dificultad nuestro
vagón y lleguemos a ellos... pero lamentablemente, ya no podremos sentarnos a su
lado pues habrá otra persona ocupando el asiento.
No importa… El viaje se hace de este modo; lleno de desafíos, sueños, fantasías,
esperas y despedidas... pero jamás regresos. Entonces, hagamos este viaje de
la mejor manera posible.
Tratemos de relacionarnos bien con todos los pasajeros, buscando en cada uno lo
que mejor tengan. Recordemos siempre que en algún momento del trayecto, ellos
podrán titubear y probablemente precisaremos entenderlo ya que nosotros
también muchas veces titubearemos, y habrá alguien que nos comprenda.
El gran misterio, al fin, es que no sabremos jamás en qué estación bajaremos, mucho
menos dónde bajarán nuestros compañeros, ni siquiera el que está sentado en el
asiento de al lado. Me quedo pensando si cuando baje del tren sentiré nostalgia...
Creo que sí. Separarme de algunos amigos de los que hice en el viaje será doloroso.
Dejar que mis hijos sigan solitos, será muy triste.
Lo que me hará feliz será pensar que colaboré con que el equipaje creciera y se
hiciera valioso.
Amigos, hagamos que nuestra estadía en este tren sea tranquila, que haya valido la
pena. Hagamos tanto para que cuando llegue el momento de desembarcar, nuestro
asiento vacío deje añoranza y lindos recuerdos a los que en el viaje permanezcan.
TÚ PUEDES LLEGAR
¿A dónde quieres llegar? Tú tienes la decisión, en nadie más;
porque no hay sueño que no pueda realizarse, sólo depende de tú
decisión, decídete a caminar, deja atrás el no puedo, el camino
sólo tú lo eliges. No hay nada que pueda alejar aquello que solo tú
quieres. Vamos, tú puedes realizar aquello que siempre has
anhelado. No dejes que tu vida sea una imposición o imitación de
otros.
No dejes de aprovechar las oportunidades que el señor te
brinda, porque es un buen día para comenzar ese cambio que
tanto soñamos, dejar atrás todas esas dudas e inseguridades,
comienza un nuevo día más positivo, con nueva hambre de ser
mejor que ayer.
Puedes vivir según tus deseos, deja los problemas de ayer en
el olvido, porque ya no existen, comienza un nuevo día y reactiva
ese sueño que cada día a día te reclama su realización. Quizás
parezca difícil o imposible pero no es así, porque no existe nada
que pueda impedirte alcanzar el éxito; porque el éxito eres tú.
Adonde quieres llegar no te pongas límites, sé fuerte y sé
terco, jamás te rindas, pues tú eres un luchador, un revolucionario
que sueña en cambios. Recuerda no esperes que otros comiencen
lo que debes comenzar tú. Vamos, no tengas miedo, intenta llegar
a dónde quieres.
TODOS TENEMOS GRIETAS
Un cargador de agua de la India tenía dos grandes vasijas que colgaba a los
extremos de un palo y que llevaba encima de los hombros. Una de las vasijas
tenía varias grietas, mientras que la otra era perfecta y conservaba toda el agua.
Al final del largo camino a pie, desde el arroyo hasta la casa de su patrón,
cuando llegaba, la vasija rota sólo tenía la mitad del agua. Durante dos años
completos esto fue así diariamente. Desde luego la vasija perfecta estaba muy
orgullosa de sus logros, pues se sabía perfecta para los fines para los que fue
creada.

Pero la pobre vasija agrietada estaba muy avergonzada de su propia


imperfección y se sentía miserable porque sólo podía hacer la mitad de todo lo
que se suponía que era su obligación.

Después de dos años, la tinaja quebrada le habla al aguador diciéndole:

– Estoy avergonzada y me quiero disculpar contigo porque debido a mis grietas


sólo puedes entregar la mitad de mi carga y sólo obtienes la mitad del valor que
deberías recibir.

El aguador, le dijo compasivamente:

– Cuando regresemos a la casa quiero que notes las bellísimas flores que
crecen a lo largo del camino.

Así lo hizo la tinaja. Y en efecto vio muchas flores hermosas a lo largo, pero de
todos modos se sintió apenada porque al final, sólo quedaba dentro de ella la
mitad del agua que debía llevar.

EI aguador le dijo entonces:

– ¿Te diste cuenta de que las flores sólo crecen en tu lado del camino? Siempre
he sabido de tus grietas y quise sacar el lado positivo de ello. Sembré semillas
de flores a todo lo largo del camino por donde vas y todos los días las has
regado y por dos años yo he podido recoger estas flores.

Si no fueras exactamente como eres, con todo y tus defectos, no hubiera sido
posible crear esta belleza.

Cada uno de nosotros tiene sus propias grietas. Todos somos vasijas
agrietadas, pero debemos saber que siempre existe la posibilidad de aprovechar
las grietas para obtener buenos resultados.
TU PROPIO JUCIO
A un oasis llega un joven, toma agua, se asea y pregunta a un anciano que se
encuentra descansando:

– ¿Qué clase de personas viven aquí?

El anciano le pregunta:

– ¿Qué clase de gente había en el lugar de donde tú vienes?

– Un montón de gente egoísta y mal intencionada -replicó el joven-. Estoy


encantado de haberme ido de allí.

A lo cual el anciano comentó:

– Lo mismo habrás de encontrar aquí.

Ese mismo día otro joven se acercó a beber agua al oasis y viendo al anciano
preguntó:

– ¿Qué clase de personas viven en este lugar?

El viejo respondió con la misma pregunta:

– ¿Qué clase de personas viven en el lugar de donde tú vienes?

– Un magnífico grupo de personas, honestas, amigables, hospitalarias; me


duele mucho haberlos dejado.

– Lo mismo encontrarás aquí, -respondió el anciano.

Un hombre que había escuchado ambas conversaciones le preguntó al viejo:

– ¿Cómo es posible dar dos respuestas tan diferentes a la misma pregunta?

A lo cual el viejo contestó:

– Cada uno de nosotros sólo puede ver lo que lleva en su corazón. Aquel que no
encuentra nada bueno en los lugares donde estuvo no podrá encontrar otra
cosa aquí ni en ninguna otra parte.

Si te sientes dolorido por alguna causa externa, no es eso lo que te perturba,


sino tu propio juicio sobre ella.
UNA HISTORIA DE AMOR
Dos hermosos jóvenes se pusieron de novios cuando ella tenía trece y él
dieciocho. Vivían en un pueblito de leñadores situado al lado de una montaña. Él
era alto, esbelto y musculoso, dado que había aprendido a ser leñador desde la
infancia. Ella era rubia, de pelo muy largo, tanto que le llegaba hasta la cintura;
tenía los ojos celestes, hermosos y maravillosos.

La historia cuenta que habían noviado con la complicidad de todo el pueblo.


Hasta que un día, cuando ella tuvo dieciocho y él veintitrés, el pueblo entero se
puso de acuerdo para ayudar a que ambos se casaran. Les regalaron una
cabaña, con una parcela de árboles para que él pudiera trabajar como leñador.
Después de casarse se fueron a vivir allí para la alegría de todos, de ellos, de su
familia y del pueblo, que tanto había ayudado en esa relación. Y vivieron allí
durante todos los días de un invierno, un verano, una primavera y un otoño,
disfrutando mucho de estar juntos. Cuando el día del primer aniversario se
acercaba, ella sintió que debía hacer algo para demostrarle a él su profundo
amor.

Pensó hacerle un regalo. Un hacha nueva relacionaría todo con el trabajo; un


pulóver tejido tampoco la convencía, pues ya le había tejido pulóveres en otras
oportunidad; una comida no era suficiente agasajo...

Decidió bajar al pueblo para ver qué podía encontrar allí y empezó a caminar
por las calles, sin embargo, por mucho que caminara no encontraba nada que
fuera tan importante y que ella pudiera comprar con las monedas que, semanas
antes, había ido guardando de los vueltos de las compras pensando que se
acercaba la fecha del aniversario.

Al pasar por una joyería, la única del pueblo, vio una hermosa cadena de oro
expuesta en la vidriera. Entonces recordó que había un solo objeto material que
él adoraba verdaderamente, que él consideraba valioso. Sé trataba de un reloj
de oro que su abuelo le había regalado antes de morir. Desde chico, él
guardaba ese reloj en un estuche de gamuza, que dejaba siempre al lado de su
cama. Todas las noches abría la mesita de luz, sacaba del sobre de gamuza
aquel reloj, lo lustraba, le daba un poquito de cuerda, se quedaba escuchándolo
hasta que la cuerda se terminaba, lo volvía a lustrar, lo acariciaba un rato y lo
guardaba nuevamente en el estuche.

Ella pensó: «¡Qué maravilloso regalo sería esta cadena de oro para aquel reloj!»
Entró a preguntar cuánto valía y, ante la respuesta, una angustia la tomó por
sorpresa. Era mucho más dinero del que ella había imaginado, mucho más de lo
que ella había podido juntar. Hubiera tenido que esperar tres aniversarios más
para poder comprárselo. Pero ella no podía esperar tanto.

Salió del pueblo un poco triste, pensando qué hacer para conseguir el dinero
necesario para esto. Entonces pensó en trabajar, pero no sabía cómo; y pensó y
pensó, hasta que, al pasar por la única peluquería del pueblo, se encontró con
un cartel que decía: “Se compra pelo natural”. Y como ella tenía ese pelo rubio,
que no se había cortado desde que tenía diez años, no tardó en entrar a
preguntar.

El dinero que le ofrecían alcanzaba para comprar la cadena de oro y todavía


sobraba para una caja donde guardar la cadena y el reloj. No dudó. Le dijo a la
peluquera:

– Si dentro de tres días regreso para venderle mi pelo, usted me lo compraría.

– Seguro, -fue la respuesta.

– Entonces en tres días estaré aquí.

Regresó a la joyería, dejó reservada la cadena y volvió a su casa. No dijo nada.

El día del aniversario, ellos dos se abrazaron un poquito más fuerte que de
costumbre. Luego, él se fue a trabajar y ella bajó al pueblo.

Se hizo cortar el pelo bien corto y, luego de tomar el dinero, se dirigió a la


joyería. Compró allí la cadena de oro y la caja de madera. Cuando llegó a su
casa, cocinó y esperó que se hiciera la tarde, momento en que él solía regresar.

A diferencia de otras veces, que iluminaba la casa cuando él llegaba, esta vez
ella bajó las luces, puso solo dos velas y se colocó un pañuelo en la cabeza.
Porque él también amaba su pelo y ella no quería que él se diera cuenta de que
se lo había cortado. Ya habría tiempo después para explicárselo.

Él llegó. Se abrazaron muy fuerte y se dijeron lo mucho que se querían.


Entonces, ella sacó de debajo de la mesa la caja de madera que contenía la
cadena de oro para el reloj. Y él fue hasta el ropero y extrajo de allí una caja
muy grande que le había traído mientras ella no estaba. La caja contenía
sendas bellas peinetas que él había comprado vendiendo el reloj de oro del
abuelo.
UNA HISTORIA DE SÓCRATES
Se cuenta que alguien le dijo una vez a Sócrates, ese gran filósofo
de la antigua Grecia:
– Escucha Sócrates, lo que tengo para contarte…
– Espera un momento... -le dice Sócrates- ¿Hiciste pasar lo que
me quieres decir por los tres coladores?
– ¿Tres coladores?
– Si, amigo. ¡Tres coladores! Déjame ver si lo que me quieres
contar pasa por los tres coladores. El primer colador es la Verdad
¿Comprobaste si todo lo que me quieres contar es verdad?
– No lo comprobé, pero la gente lo dice y...
11– ¡Anjá! Pero seguro que lo comprobaste con el segundo
colador, que es la Bondad. Lo que me quieres contar, ya que no
está comprobado como verdad, por lo menos ¿es bueno?
– Bueno no, eso no, al contrario...
– Entonces, vamos a emplear todavía el tercer colador. Ya que lo
que me quieres contar no sabes si es verdad y además no es
bueno, dime si es absolutamente necesario que me cuentes eso
que te pone tan alterado.
– No, no es justamente necesario.
– Entonces, le dice Sócrates: si lo que me quieres contar no
cumple las tres condiciones de ser Verdad, ser Bueno y de ser
Necesario entiérralo y no lo conviertas en un peso ni para ti ni para
mí.
VALOR DE LA RESPONSABILIDAD
DEFINICIÓN
Es cumplir con el deber de asumir las consecuencias de nuestros actos.
Tema
Ser responsable también es tratar de que todos nuestros actos sean realizados de
acuerdo con una noción de justicia y de cumplimiento del deber en todos los sentidos.
Los valores son la base de nuestra convivencia social y personal. La responsabilidad
es un valor, porque de ella depende la estabilidad de las relaciones personales. La
responsabilidad es valiosa, porque es difícil de alcanzar.
El primer paso para poseer la responsabilidad es percatarnos de que todo lo que
hagamos, todo compromiso, tiene una consecuencia, depende de nosotros mismos,
porque nosotros somos quienes decidimos.
El segundo paso es lograr de manera estable, que nuestros actos correspondan a
nuestras promesas; si prometemos “hacer lo correcto” y no lo hacemos, entonces no
tenemos responsabilidad.
El tercer paso es educar la responsabilidad e ir corrigiendo lo que no hacemos bien y
volver a empezar.
Sin embargo, estar conscientes de qué es la responsabilidad no es algo sencillo
debemos de revisar cada uno de nuestros actos para ver si cumplimos con nuestros
deberes o tareas día a día. La responsabilidad es la obligación de cumplir con lo que
se ha prometido.
La responsabilidad es un signo de madurez, pues el cumplir una obligación de
cualquier tipo no es generalmente agradable, pues implica esfuerzo.
¿Por qué es un valor la responsabilidad? Porque gracias a ella podemos convivir
pacíficamente en la familia, escuela y sociedad. La responsabilidad empieza contigo
mismo, con lo que haces, con lo que crees, con lo que piensas, con los compromisos
y metas que nos marcamos; cumplir o no con éstos nos permite aprender que hay
cosas y situaciones que sólo dependen de nosotros.
Si actuamos responsablemente, somos capaces de invertir el tiempo libre en
actividades que fortalecen nuestro cuerpo y nos ayudan a gozar de buena salud,
como es el practicar algún deporte o algunas actividades artísticas como la música,
dibujo, canto, etc.
VERDADERO AMIGO.....
"No hay amor más grande que dar la vida por los
amigos".
Un amigo es quien...
Te ayudara en el momento de una enfermedad.
Te prestara dinero sin acumular intereses.
Te ayudara a subir cuando vas resbalando.
Te defenderá cuando otros hablen mal de ti.
Creerá en tu inocencia hasta que admitas tu
culpabilidad.
Dirá detrás de ti lo que dice enfrente de ti.
Te saludara en donde te encuentre aunque vayas
desarreglado.
Hará todo esto sin esperar nada a cambio.
Hacer un amigo... es un don
Tener un amigo... es una gracia
Conservar un amigo... es una virtud

Gracias

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