Alumbrando el Camino de los Demás
Alumbrando el Camino de los Demás
Había una vez, en una ciudad de Oriente, un hombre que caminaba por las
calles llevando encendida una lámpara de aceite. La ciudad era muy
oscura en las noches sin luna como aquella. En determinado momento se
encuentra con un amigo. Este lo mira y de pronto lo reconoce. Se da
cuenta de que es Guno, el ciego del pueblo y le dice:
– Conozco esa medicina -contestó Buda-. Pero para prepararla necesito ciertos
ingredientes. – ¿Qué ingredientes? -preguntó la mujer, aliviada.
La mujer le prometió que se las procuraría, pero antes de que se marchase, Buda
añadió:
– Necesito que las semillas de mostaza procedan de un hogar donde no haya muerto
ningún niño, cónyuge, padre o sirviente.
– Creíste que solo tú habías perdido un hijo; la ley de la muerte es que no hay
permanencia entre las criaturas vivas.
Esa comprensión no eliminó el sufrimiento inevitable que comporta toda pérdida, pero
redujo el que deriva de luchar contra ese triste hecho, y por sobretodo le permitió
reponerse y ser feliz.
ALÉGRATE SIEMPRE
Si eres pequeño, alégrate, porque tu pequeñez sirve de contraste a
otros en el universo; porque esa pequeñez constituye la razón
esencial de su grandeza; porque para ellos ser grandes han
necesitado que tú seas pequeño, como la montaña para culminar
necesita alzarse entre las colinas, lomas y cerros.
Si eres grande, alégrate, porque lo invisible se manifestó en ti de
manera más excelente; porque eres un éxito del Artista eterno.
Si eres sano, alégrate, porque en ti las fuerzas de la naturaleza
han llegado a la ponderación y a la armonía.
Si eres enfermo, alégrate, porque luchan en tu organismo fuerzas
contrarias que acaso buscan una resultante de belleza; porque en
ti se ensaya ese divino alquimista que se llama el dolor.
Si eres rico, alégrate, por toda la fuerza que el destino ha puesto
en tus manos, para que la derrames.
Si eres pobre, alégrate, porque tus alas serán más ligeras; porque
la vida te sujetará menos; porque el Padre realizará en ti más
directamente que en el rico el amable prodigio periódico del pan
cotidiano.
Alégrate si amas, porque eres más semejante a Dios que los otros.
Alégrate si eres amado, porque hay en esto una predestinación
maravillosa.
Alégrate si eres pequeño; alégrate si eres grande; alégrate si
tienes salud; alégrate si la has perdido; alégrate si eres rico, si eres
pobre, alégrate; alégrate si te aman; si amas, alégrate; alégrate
siempre, siempre, siempre.
ALGO CAMBIÓ
Un amigo nuestro iba caminando al atardecer por una playa
desértica. Mientras caminaba, divisó a otro hombre a lo
lejos. Al acercarse, notó que el lugareño se agachaba
constantemente, recogía algo y lo arrojaba al agua. Una y
otra vez lanzaba cosas al océano.
Cuando nuestro amigo se acercó más todavía, vio que el
hombre recogía estrellas de mar que se habían clavado en
la playa y una por vez, las iba devolviendo al agua.
Nuestro amigo se sintió confundido. Se acercó y dijo:
– Buenas noches, amigo. Me pregunto qué está haciendo.
– Devuelvo estas estrellas de mar al océano. Ve, en este
momento, la marea está baja y todas estas estrellas
quedaron en la costa. Si no las echo nuevamente al mar, se
mueren aquí por falta de oxígeno.
– Ya entiendo -respondió mi amigo- pero ha debe de haber
miles de estrellas de mar en esta playa. Es imposible
tomarlas a todas. Son demasiadas. Además, seguramente
esto pasa en cientos de playas a lo largo de toda la costa.
¿No se da cuenta que no cambia nada?
El lugareño sonrió, se agachó, levantó otra estrella de mar
para arrojarla de nuevo al mar y respondió:
– ¡Para esta, sí cambió algo!
AMA SIN CONDICIÓN
Una historia que fue contada por un soldado que pudo regresar a casa
después de haber peleado en la guerra de Vietnam.
– Mamá, papá. Voy de regreso a casa, pero les tengo que pedir un favor.
Traigo a un amigo que me gustaría que se quedara con nosotros.
– Hay algo que deben de saber, -siguió diciendo el hijo- él fue herido en la
guerra. Pisó en una mina de tierra y perdió un brazo y una pierna. Él no
tiene a dónde ir, y quiero que se venga a vivir con nosotros a casa.
– Hijo, le dijo el padre, tú no sabes lo que estás pidiendo. Alguien que esté
tan limitado físicamente puede ser un gran peso para nosotros. Tenemos
nuestras propias vidas que vivir, y no podemos dejar que algo como esto
interfiera con nuestras vidas. Yo pienso que tú deberías de regresar a casa
y olvidarte de esta persona. Él encontrará una manera en la que pueda vivir
él solo.
Sin dudar, sacó del bolsillo de su ropa un pañuelo todo atadito y fue deshaciendo los nudos. Los
colocó sobre el mostrador y dijo feliz:
– ¿Esto alcanza?
88– ¿Sabe?, quiero dar este regalo a mi hermana mayor. Desde que murió nuestra madre, ella
cuida de nosotros y no tiene tiempo para ella. Es su cumpleaños y estoy segura que quedará feliz
con el collar que es del color de sus ojos.
El hombre fue para la trastienda, colocó el collar en un estuche, envolvió con un vistoso papel rojo e
hizo un trabajado lazo con una cinta verde.
Ella salió feliz, corriendo y saltando calle abajo. Aún no acababa el día cuando una linda joven entró
en el negocio, colocó sobre el mostrador el ya conocido envoltorio deshecho e indagó:
– Ah!, -habló el dueño del negocio-. El precio de cualquier producto de mi tienda es siempre un
asunto confidencial entre el vendedor y el cliente.
La joven exclamó:
– Pero mi hermana tenía solamente algunas monedas. El collar es verdadero, ¿no? Ella no tendría
dinero para pagarlo.
El hombre tomó el estuche, rehizo el envoltorio con extremo cariño, colocó la cinta, se lo devolvió a
la joven y le dijo:
– Ella pagó el precio más alto que cualquier persona puede pagar, ella dio todo lo que tenía. El
silencio llenó la pequeña tienda y dos lágrimas rodaron por la faz emocionada de la joven cuando
sus manos tomaban el pequeño envoltorio.
La verdadera donación es darse por entero, sin restricciones. La gratitud de quien ama no conoce
límites para los gestos de ternura. Agradece siempre, pero no esperes el reconocimiento de
nadie. Gratitud con amor no sólo reanima a quien la recibe, reconforta a quien la ofrece.
ANÉCDOTAS DE UNA TAZA
Se cuenta que una vez, en Inglaterra, existía una pareja que gustaba de visitar las pequeñas
tiendas del centro de Londres. Una de sus tiendas favoritas era una en donde vendían
vajillas antiguas. En una de sus visitas a la tienda vieron una hermosa tacita.
– ¿Me permite ver esa taza? -preguntó la Señora-. Nunca he visto nada tan fino como eso!
En cuanto tuvo en sus manos la taza, escuchó que la tacita comenzó a hablar y le comentó:
– Usted no entiende. Yo no siempre he sido esta taza que usted está sosteniendo. Hace
mucho tiempo yo solo era un montón de barro amorfo. Mi creador me tomó entre sus manos
y me golpeó y me amoldó cariñosamente. Llegó un momento en que me desesperé y le
grité: “¡Por favor, ya déjame en Paz!”, pero solo me sonrió y me dijo: “Aguanta un poco más,
todavía no es tiempo”. Después me puso en un horno. ¡Yo nunca había sentido tanto calor!
Me pregunté por qué mi creador quería quemarme, así que toqué la puerta del horno. A
través de la ventana del horno pude leer los labios de mi creador que me decían: “Aguanta
un poco más, todavía no es tiempo”. Finalmente se abría la puerta. Mi creador me tomó y me
puso en una repisa para que me enfriara. “Así está mucho mejor”, me dije a mí misma, pero
apenas me había refrescado cuando mi creador ya me estaba cepillándome y pintándome.
¡El olor de la pintura era horrible! Sentía que me ahogaría. “¡Por favor detente!” le gritaba yo
a mi creador, pero él solo movía la cabeza haciendo un gesto negativo y decía: “Aguanta un
poco más, todavía no es tiempo”. Al fin dejó de pintarme; pero esta vez me tomó y me metió
nuevamente a otro horno. No era un horno como el primero, sino que era mucho más
caliente. ¡Ahora si estaba segura que me sofocaría! Le rogué y le imploré que me sacara.
Grité, lloré, pero mi creador solo me miraba diciendo "Aguanta un poco más, todavía no es
tiempo". En ese momento me di cuenta que no había esperanza. ¡Nunca lograría sobrevivir a
ese horno! Justo cuando estaba a punto de darme por vencida se abrió la puerta y mi
creador me tomó cariñosamente y me puso en una repisa que era aún más alta que la
primera. Allí me dejó un momento para que me refrescara. Después de una hora de haber
salido del segundo horno, me dio un espejo y me dijo: “¡Mírate! Esta eres tú”. ¡Yo no podía
creerlo! ¡Esa no podía ser yo! Lo que veía era hermoso. Mi creador nuevamente me dijo:
“Yo sé que te dolió haber sido golpeada y amoldada por mis manos, pero si te hubiera
dejado como estabas, te hubieras secado. Sé que te causó mucho calor y dolor estar en el
primer horno, pero de no haberte puesto allí, seguramente te hubieras estrellado. También
sé que los gases de la pintura te provocaron muchas molestias, pero de no haberte pintado
tu vida no tendría color. Y si yo no te hubiera puesto en ese segundo horno, no hubieras
sobrevivido mucho tiempo, porque tu dureza no habría sido la suficiente para que
subsistieras. ¡Ahora tú eres un producto terminado! ¡Eres lo que yo tenía en mente cuando te
comencé a formar!” Igual pasa con nosotros. No hay situación que no podamos soportar. Las
adversidades son el artesano y nosotros somos el barro. Las dificultades están allí para
amoldarnos y nos dan forma para que lleguemos a ser una pieza perfecta.
APRENDE CUÁNDO TRIUNFARÁS
Cierta vez un hombre decidió consultar a un sabio sobre sus problemas. Luego de un largo
viaje hasta el paraje donde aquel Maestro vivía, el hombre finalmente pudo dar con él:
– Maestro, vengo a usted porque estoy desesperado, todo me sale mal y no sé qué más
hacer para salir adelante.
El sabio le dijo:
Un poco confundido, el hombre contestó que sí. Entonces el maestro lo llevó hasta el borde
de un lago, juntos subieron a un bote y el hombre empezó a remar hacia el centro a pedido
del maestro.
– ¿Va a explicarme ahora cómo mejorar mi vida? -dijo el hombre advirtiendo que el anciano
gozaba del viaje sin más preocupaciones.
– Sigue, sigue -dijo este, que debemos llegar al centro mismo del lago.
El hombre pasó casi todo su cuerpo por encima de la borda del pequeño bote y tratando de
no perder el equilibrio acercó su rostro todo lo que pudo al agua aunque sin entender mucho
para qué estaba haciendo esto.
De repente, el anciano lo empujó y el hombre cayó al agua. Al intentar salir, aquel tomó su
cabeza con ambas manos e impidió que el hombre llegara a la superficie. Desesperado, el
hombre manoteó, pataleó, gritó inútilmente bajo el agua hasta que casi a punto de morir
ahogado el sabio lo soltó y le permitió subir a la superficie y luego al bote.
–Cuándo estabas abajo del agua… ¿En qué pensabas? ¿Qué era lo qué más deseabas en
ese momento?
– Bien, cuando pienses en triunfar, con las mismas ganas con la que pensabas en respirar,
en ese momento y no antes estarás preparado para triunfar...
ASAMBLEA DE HERRAMIENTAS
Cuentan que las herramientas, un buen día, se reunieron en asamblea plenaria
con la finalidad de arreglar sus diferencias. El martillo ejerció la presidencia,
pero la asamblea le notificó que tenía que renunciar. ¿La Causa? Hacía
demasiado ruido y además se pasaba el tiempo golpeando. El martillo aceptó su
culpa, pero pidió que el cepillo fuera expulsado también debido a que siempre
hacía su trabajo en la superficie, y no tenía profundidad alguna. El cepillo aceptó
a su vez, pero pidió la expulsión del tornillo. Adujo que había que darle muchas
vueltas para que sirviera para algo.
Ante el ataque el tornillo aceptó también. Pero a su vez pidió la expulsión del
papel de lija. Hizo ver que era muy áspero en su trato y siempre tenía fricciones
con los demás. Y el papel de lija aceptó, con la condición de que fuera
expulsado el metro, que siempre se pasaba midiendo a los demás, con su
medida como si este fuera perfecto. En eso entró el carpintero, se puso el
delantal y comenzó su trabajo. Utilizó el martillo, el cepillo, el papel de lija, el
metro y el tornillo.
Finalmente de la madera trabajada, salió un lindo mueble. Cuando las
herramientas quedaron solas, se reanudó la deliberación. Fue entonces cuando
tomó la palabra el serrucho y dijo: Señores, ha quedado demostrado que
tenemos muchos defectos, pero el carpintero trabaja con nuestras cualidades.
Eso es lo que nos hace valiosos e importantes. Así que no pensemos en
nuestras debilidades sino concentrémonos en nuestras fortalezas y aspectos
positivos. La asamblea encontró entonces que el martillo era fuerte, contundente
y el cepillo suave y eficaz. Se dieron cuenta de que el tornillo tenía la habilidad
de unir y dar fuerza, y el papel de lija era especial para afinar y limar asperezas.
También observaron que el metro era preciso y exacto. Se sintieron entonces un
equipo orgulloso capaz de servir y producir diversos artículos y muebles de
calidad.
¿Ocurre lo mismo con nosotros los seres humanos? Observe a su alrededor y lo
comprobará. Cuando en un hogar, empresa, institución u organización sus
miembros gastan su tiempo y esfuerzo en buscar los defectos de los demás, la
situación se vuelve tensa, negativa y rumbo al caos y la posible desaparición.
Una vez más el valiente niño tomó una decisión. No sería un inválido.
Empezó a hacer lo mismo todos los días hasta que hizo una pequeña
huella junto al cerco. Nada quería más que darle vida a esas dos
piernas.
– No lo escuches, - exigía el rosal. - Es más sencillo tener rosas y ¿Ves que bellas son?
Y el árbol desesperado, intentaba todo lo que le sugerían y como no lograba ser como los demás, se
sentía cada vez más frustrado. Un día llegó hasta el jardín el búho, la más sabia de las aves, y al ver
la desesperación del árbol, exclamó:
¡No te preocupes, tu problema no es tan grave, es el mismo de muchísimos seres sobre la tierra! Es
tu enfoque lo que te hace sufrir. “No dediques tu vida a ser como los demás quieren que seas. Sé tú
mismo. Conócete a ti mismo y para lograrlo, escucha tu voz interior.”
“¿Mi voz interior…? ¿Ser yo mismo…? ¿Conocerme…? ¡Si yo supiera quién soy …! – “Se
preguntaba el árbol desesperado, cuando de pronto comprendió…
Cerró los ojos y dejó de oír los sonidos de alrededor y sus propios pensamientos y, por fin, pudo
escuchar:
“Tú nunca en la vida darás manzanas porque no eres un manzano. Tampoco florecerás cada
primavera porque no eres un rosal. Tú eres un roble Dios te construyó para que crezcas grande y
majestuoso. Tu destino es crecer grande y majestuoso, dar nido a las aves, sombra a los viajeros, y
belleza al paisaje. Esta es la misión que Él te dio. Para eso estás en este mundo. Cúmplelo.
… Y el árbol se sintió fuerte y seguro de sí mismo se dispuso a ser todo aquello para lo que había
sido creado. Así, comenzó a reconocer quién estaba siendo en este mundo: una oferta valiosa.
Siendo quien era lo admiraron y respetaron todos. Y sólo entonces el roble comenzó a conocer La
posibilidad de convivir en bienestar.
Pienso todo esto al comprender que con la educación de los humanos pasa
algo parecido. ¿Han pensado ustedes alguna vez que la palabra "educar"
viene del latín "edúcere", que quiere decir exactamente: sacar de dentro?
¿Han pensado que la verdadera genialidad del educador no consiste en
"añadirle" al niño las cosas que le faltan, sino en descubrir lo que cada
pequeño tiene ya dentro al nacer y saber sacarlo a la luz?
El Jefe lamentaba que su buen empleado dejara la compañía y le pidió si podía construir una sola
casa más, como un favor personal. El carpintero accedió, pero era notorio que no estaba poniendo
el corazón en su trabajo. Utilizaba materiales de inferior calidad y el trabajo era deficiente. Era una
desafortunada manera de terminar su carrera.
Cuando el carpintero terminó su trabajo y su Jefe fue a inspeccionar la casa, el Jefe le extendió al
carpintero las llaves de la puerta principal.
¡Qué tragedia! ¡Qué pena! Si solamente el carpintero hubiera sabido que estaba
construyendo su propia casa, la hubiera hecho de manera totalmente diferente. Ahora tendría que
vivir en la casa que construyó "no muy bien" que digamos.
Piensen como si fueran el carpintero. Piensen en su casa. Cada día clavamos un clavo, levantamos
una pared o edificamos un techo. Construyan con sabiduría. Es la única vida que podrán construir.
Inclusive si sólo la viven por un día más, ese día merece ser vivido con gracia y dignidad.
Una placa en la pared debería decir: «La Vida es un Proyecto de “Hágalo-usted-mismo”». ¿Quién
podría decirlo más claramente? Su vida, ahora, es el resultado de sus actitudes y elecciones del
pasado.
– ¿Estoy perdonados?
Un creativo de publicidad que pasaba frente a él, se detuvo y observó unas pocas monedas
en la gorra.
Sin pedirle permiso tomó el cartel, le dio vuelta, tomó una tiza y escribió otro anuncio.
Volvió a poner el pedazo de madera sobre los pies del ciego y se fue.
Por la tarde el creativo volvió a pasar frente al ciego que pedía limosna, su gorra estaba llena
de billetes y monedas.
El ciego reconoció sus pasos y le preguntó si había sido él, el que re escribió su cartel y
sobre todo, qué había escrito.
El publicista le contestó:
"Nada que no sea tan cierto como tu anuncio, pero con otras palabras".
Cambiemos de estrategia cuando no nos sale algo, y verán que puede que resulte mejor de
esa manera.
Te deseo un Feliz Día... y ten en mente que todo cambio, renueva día a día tu vida...
Decía Einstein:
"Si hace lo que siempre ha hecho, obtendrá los resultados que siempre ha obtenido"
Decidió presentarse:
– ¿Qué es esto?
Todos somos alumnos en esta gran escuela que es la vida, y sin embargo
usamos poco la imaginación, entonces vivimos a medias, buscando
estímulos en cosas o lugares que solo nos ayudan a perder el tiempo pero
que pocas veces nos hacen crecer o nos iluminan... Entonces cuando
sentimos hastío y estamos cansados o deprimidos nos aferramos a las
excusas: que no tengo dinero, que no me da el tiempo, que no sé qué
hacer, que... y de excusa en excusa seguimos dormidos esperando que
alguien cree la fórmula mágica que nos haga sentir, que nos estimule, que
nos encienda...
La vida nos regala todos los días pequeños instantes en donde somos sus
grandes artistas, sin embargo muchos sólo se quejan, se aburren, o sólo
esperan que otros den sentido a sus días...
Sin embargo, la estaca era solo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos
centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa, parecía obvio que ese animal
era capaz de arrancar con facilidad la estaca y huir.
El misterio era evidente: ¿Por qué no huía si aquello que lo sujetaba era tan débil comparado con su
fuerza?
Cuando tenía cinco o seis años, pregunté a varias personas por el misterio del elefante y alguien me
explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado.
Hice entonces la pregunta obvia: “Si está amaestrado ¿por qué lo encadenan?”
Hace algunos años descubrí a alguien lo bastante sabio como para encontrar la respuesta: “El
elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy
pequeño”.
Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y a
pesar de todo su esfuerzo no pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para él. Juraría que se
durmió agotado y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al que seguía... hasta que
un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino.
Él tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que se siente poco después de
nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro. Jamás... jamás...
intentó poner a prueba su fuerza otra vez.
Cada uno de nosotros somos un poco como ese elefante: vamos por el mundo atados a cientos de
estacas que nos restan libertad. Vivimos creyendo que no podemos hacer un montón de cosas
simplemente porque alguna vez probamos y no pudimos.
Grabamos en nuestro recuerdo el “no puedo... no puedo y nunca podré”, perdiendo una de las
mayores bendiciones con que puede contar un ser humano: la fe.
La única manera de saber es intentar de nuevo poniendo en el intento TODO NUESTRO CORAZÓN
y todo nuestro esfuerzo como si todo dependiera de nosotros.
EL CUERPO HUMANO DESPUES DE LA MUERTE
3 días después de la muerte, las uñas empiezan a despegarse de los
dedos; 4 días después de la muerte, los cabellos se despegan del cráneo y
todos los vellos del cuerpo caen; 5 días después, el cerebro comienza a
podrirse, la carne se seca y empieza a descomponerse, los insectos te
invaden los genitales, las nalgas y los senos desaparecen por completos.
6 días después, la piel se pone negra y se despega gradualmente de los
huesos; 60 días después de la muerte, todo el cuerpo se reduce a nada,
salvo el hueso del esqueleto. Así que…
Demasiado orgullo, demasiado egoísmo, demasiado odio, demasiada
maldad, demasiada envidia, demasiada rivalidad negativa, ¿Por qué todo
eso?
Porque no somos humildes el uno hacia el otro, y así vivir mejor la corta
vida que nos toca vivir.
¿Por qué no somos más tolerantes el uno hacia el otro?
¿Por qué tantas guerras?
Si al final todos somos iguales nadie se salva de la muerte,
Ella no respeta jóvenes, viejos, feos, bonitos, gordos, flacos, ricos, pobres,
importantes, insignificantes, rubios o morenos,
Ella se lleva parejo sin escoger, no tiene preferencia, no importa quien
seas, nadie se salva.
De nada sirve presumir tanta vanidad, tanto orgullo y egoísmo, si nada te
vas a llevar, porque así como al mundo llegaste sin nada, de la misma
forma te vas a ir.
Amemos a nuestro prójimo, seamos más generosos, seamos el cambio
que queremos ver y vivir en el mundo, seamos viajeros del mismo desierto.
Piénsalo.
EL ECO DE LA VIDA
Un espeleólogo, hombre aficionado a explorar las
grutas y cavernas, llevaba a su pequeño hijo de cuatro
años a conocer por primera vez una cueva, en la cual
el pequeño descubrió el “eco” arrojando una
piedrecilla.
El chico sorprendido gritó: “Horrible” y el eco le
regresó el grito. Gritó entonces: “Espantosamente” y
el eco devolvió nuevamente el sonido.
El chico tembló de miedo ante lo desconocido y le
preguntó a su padre sobre esa resonancia. El padre
inteligentemente lo tomó en sus brazos y le dijo: «Hijo
mío, escucha nuevamente…» y gritó:
"Maravillosamente" y el eco le devolvió en sus
diversas voces gritos de "bello, espléndido,
extraordinario, excelente", con iguales resultados.
El niño sonrió y le volvió a preguntar: «¿Qué es
papá?» y él le respondió: «ES LA VIDA HIJO MÍO.
Como le llamas, te contesta. Pídele lo mejor y te dará
lo mejor. Pídele lo peor y te dará lo peor».
EL ENEMIGO INVENSIBLE
Érase una vez un castillo abandonado. Antigua morada de grandes y generosos reyes.
Estaba casi derruido, la humedad hacía que las piedras de los muros brillaran ante la tenue
luz de algunas antorchas. En una parte recóndita de aquella fortificación prácticamente
arruinada, estaba la habitación del príncipe, asegurada dentro de la roca misma de la
montaña que le servía de cimientos. Y ahí estaba él, mordisqueando sus furias y
resentimientos. El rostro que alguna vez había sido bello estaba lleno de cicatrices, y la
crueldad de aquellos ojos era rivalizada únicamente por una sonrisa que le daba ese aspecto
tan feroz como nocturno.
El soberano esperaba impaciente la llegada del prisionero. Había sido una larga cacería.
Toda la astucia del príncipe (que no era poca) fue necesaria para atrapar a su odiado
disidente. Las frenéticas tropas habían acosado a su objetivo desde tiempos que ya no
podía ni siquiera recordar. Sin embargo su adversario parecía invencible. De todos los
obstáculos que hábilmente le había colocado salía siempre librado misteriosamente.
Mientras el guerrero del martillo daba vueltas por la habitación del príncipe, otro mercenario
más temible observaba sus manos, perfectamente cuidadas. Nadie podría creer que era un
guerrero, y en eso estaba fuerza. Su rostro femenino, las maneras dóciles, un lenguaje sutil
y penetrante eran suficientes para que sus contrincantes quedaran rendidos a sus
perfumados encantos. Sin embargo, aquel rostro bello y atrayente había un corazón
podrido.
Había muchos otros servidores y combatientes que también habían intentado destruir al
enemigo del príncipe.
Estaba el gigante de piedra que aplastaba cualquier cosa a su paso, la mujer de hielo que
congelaba cuanto tocaba, la mendigante que robaba todos los recursos materiales de sus
enemigos y los dejaba sin medios para combatir. También estaba la peste, que a
los corazones curtidos acababa haciéndolos caer en la desesperación.
Y a pesar de tan feroces adversarios, el enemigo del príncipe siempre había salido airoso de
todos los combates. Maltrecho, herido, lastimado en lo más profundo, pero vivo, y es que
bastaba con que quedara un pequeñísimo aliento vida para que volviera a crecer y, peor
aún, a fortalecerse.
Todos los intentos habían sido vanos, hasta que llegó un nuevo mercenario de una región
alejada. Cuando lo vieron entrar a la corte del príncipe todos se burlaron de él. Su aspecto
no tenía nada temible. Parecía un campesino común y corriente. Pasaba desapercibido por
donde merodeaba.
Aquel aspecto ordinario era su escudo, más efectivo que uno de hierro forjado. Cuando se
presentó al príncipe prometiendo que mataría al enemigo todos rieron con excéntricas
carcajadas. Sin embargo, nadie rió cuando extendió su mano y mostró unos pequeñísimos
alfileres. El guante que protegía las manos de aquel mercenario de aspecto vulgar contenía
miles de millones de diminutos alfileres. Al instante los arrojó hacia uno de los soldados de la
corte. Nadie vio aquellas insignificantes agujas volar por el aire. Ninguno vio tampoco cómo
penetraron la armadura del soldado. Ni siquiera la víctima sintió cómo se clavaron aquellas
puntas afiladas en su carne. El personaje dijo al príncipe: No tengo prisa. Puedo matar a tu
enemigo como ya he matado a tu soldado. Lo ves de pie, y no siente nada. Volveré en seis
meses y me dirás si crees que puedo aniquilar a tu adversario.
El soldado comenzó a sangrar a las pocas semanas. Eran gotas imperceptibles. Las puntas
de los alfileres se habían clavado en su carne creando millones de heridas imperceptibles,
tan menudas que era imposible verlas y por tanto, curarlas. El soldado sufrió una agonía,
aunque indolora. Simplemente moría un poco cada segundo. Hasta que un día, sin que
nadie pudiera evitarlo, el soldado cayó muerto ante el irremediable mal que el mercenario
había arrojado sobre él.
El príncipe, con mueca maligna, esperaba ansioso la llegada del cautivo. Su perenne
enemigo había caído en su trampa, creyendo que aún estando preso nada podrían contra él.
Muy equivocado meditó el príncipe.
Las horas de espera fueron largas y llenas de agitación. El mismo aire escapaba de los
pulmones del soberano que esperaba ansioso la llegada del cautivo.
De pronto, se abrieron las puertas del recinto y los soldados arrojaron al centro de la piara
una figura de deslumbrante belleza. Ni siquiera los golpes brutales habían podido empañar
aquel rostro resplandeciente. No era esa belleza lo que enervaba al príncipe, era aquel
poder que tenía de rejuvenecer a quien tocara, de llenar de esperanza el corazón que
acariciara. El soberano del castillo detestaba profundamente el brillo que aquel enemigo
imprimía en aquellos a los que se acercaban.
El príncipe se puso de pie y se acercó al prisionero macilento. Sin tocarlo (no podría
soportarlo) le habló muy cerca del oído.
– Te has burlado de mí. Me has humillado, has hecho lo que has querido en lo que me
pertenece. Has resistido todos mis ataques. El Mal Carácter, con su martillo te debilitó, pero
seguiste en pie. La Ambición con su belleza sensual te arrebató pero no te mató. Y lo mismo
ocurrió con la Enfermedad, la Pobreza, y con todos mis aliados.
– Creíste que todo lo podías... Mmm... Amor... Amor... -repitió el príncipe diciendo aquel
nombre casi con asco- ¿Quién te crees tú que eres? ¿De dónde has salido? ¿Por qué osas
meterte en mis dominios? ¿No sabes que tengo poder en toda la tierra? ¿No sabes que soy
más astuto, más viejo, más inteligente y más poderoso que tus seres humanos, a los que
tanto cuidas? Amor... Qué nombre tan repugnante. "Nada puede contra el amor" -dijo el
príncipe con expresión burlona- "El amor lo puede todo, el amor rompe barreras". iBasura! -la
expresión del príncipe se volvió rabiosa y atroz y mientras hablaba sus manos temblaban de
la ansiedad con las que las pronunciaba. Este es mi tiempo, mi momento, mi mundo...
Las órdenes fueron cumplidas de inmediato, y ahí apareció la ordinaria figura del interesado.
Caminó hasta donde estaba el amor. Con rostro flemático le observó.
El príncipe dijo entonces: ¡Hazlo! El guerrero de aspecto normal metió su mano enguantada
en una bolsa y extrajo una miríada de sus artefactos mortales. Hizo el ademán necesario
para arrojarlo cuando el príncipe interrumpió la ejecución.
– La rutina.
"EL ERROR MÁS GRANDE"
El error más grande lo cometes cuando, por temor a
equivocarte, te equivocas dejando de arriesgar en el viaje
hacia tus objetivos.
De repente se encontró con una revista en donde venía el mapa del mundo
¡Justo lo que precisaba!. Con unas tijeras recortó el mapa en varios
pedazos y junto con un rollo de cinta se lo entregó a su hijo diciendo:
-“Como te gustan los rompecabezas, te voy a dar el mundo todo roto, para
que lo repares sin ayuda de nadie”.
Al principio el padre no dio crédito a las palabras del niño. Pensó que sería
imposible que, a su edad, hubiera conseguido recomponer un mapa que
jamás había visto antes. Desconfiado, el científico levantó la vista de sus
anotaciones con la certeza de que vería el trabajo digno de un niño.
Más he aquí que este viejo ocupaba su vida sembrando árboles en todas
partes donde pudiera, sembraba semillas de las cuales nunca vería ni las
flores ni el fruto, y nadie le pagaba por ello y nadie se lo agradecía, nadie lo
alentaba, por el contrario, era objeto de burla ante los demás.
Y así pasaba su vida, poniendo semillas, plantando arbolitos ante la burla
de los demás. Y he aquí que ese ser era un gran Espíritu de Luz, que
poniendo la muestra de como se deben hacer las cosas, sembrando,
siempre sembrando sin esperar a ver el fruto, sin esperar a saborearlo.
Reflexión:
Este cuento sirve para ilustrarnos lo que muchos seres hacen en este
mundo, pero callados, sin esperar recompensa y he aquí que se requieren
muchos locos en el mundo, seres que repartan la Luz, que den la
enseñanza, que sean guías en este mundo tan hambriento de la
enseñanza espiritual.
EL MÁS PODEROSO
El sol y el viento discutían para ver quién era
el más fuerte.
El viento decía: «¿Ves aquel anciano envuelto
en una capa? Te apuesto a que le haré quitar
la capa más rápido que tú».
Se ocultó tras una nube y comenzó a soplar el
viento, cada vez con más fuerza, hasta ser
casi un ciclón, pero cuanto más soplaba tanto
más se envolvía el hombre en la capa.
Por fin el viento se calmó y declaró vencido. Y
entonces salió el sol y sonrió benignamente
sobre el anciano. No pasó mucho tiempo
hasta que el anciano, acalorado por la tibieza
del sol, se quitó la capa.
El sol demostró entonces al viento que la
suavidad y el amor de los abrazos son más
poderosos que la furia y la fuerza.
EL MUNDO ES UN ESPEJO
Un día, cuando los empleados llegaron a trabajar, encontraron en la
recepción un enorme letrero en el que estaba escrito:
"Ayer falleció la persona que impedía el crecimiento de usted en ésta
empresa.
Está invitado al velorio, en el área de deportes".
Al comienzo, todos se entristecieron por la muerte de uno de sus
compañeros, pero después comenzaron a sentir curiosidad por
saber quién era el que estaba impidiendo el crecimiento de sus
compañeros y la empresa.
La agitación en el área deportiva era tan grande que fue necesario
llamar a los de seguridad para organizar la fila en el velorio.
Conforme las personas iban acercándose al ataúd, la excitación
aumentaba:
- ¿Quién será que estaba impidiendo mi progreso?
- ¡Qué bueno que el infeliz murió!
Uno a uno, los empleados agitados se aproximaban al ataúd, miraban
al difunto y tragaban seco. Se quedaban unos minutos en el más
absoluto silencio, como si les hubieran tocado lo más profundo del
alma.
Pues bien, en el fondo del ataúd había un espejo.
Cada uno se veía a sí mismo.
Con el siguiente letrero:
"Sólo existe una persona capaz de limitar tu crecimiento: ¡TU MISMO!”
Tú eres la única persona que puede hacer una revolución en tu vida.
Tú eres la única persona que puede perjudicar tu vida, y tú eres la
única persona que se puede ayudar a sí mismo.
Tu vida no cambia cuando cambia tu jefe, cuando tus amigos cambian,
cuando tus padres cambian, cuando tu pareja cambia.
Tu vida cambia, cuando tú cambias, eres el único responsable de ella.
"Examínate. Y no te dejes vencer" "El mundo es como un espejo, que
devuelve a cada persona, el reflejo de sus propios pensamientos. La
manera cómo tú encaras la vida es lo que hace la diferencia”.
EL PAQUETE DE GALLETAS
Cuando aquella tarde llegó a la vieja estación le informaron que el tren
en el que ella viajaría se retrasaría aproximadamente una hora.
Sin dejar de mirar con resentimiento al joven, sintió la boca reseca por
el disgusto que aquella situación le había provocado.
El pescador dijo, "duermo hasta tarde, pesco un poco, juego con mis hijos,
hago siesta con mi señora María, caigo todas las noches al pueblo donde
tomo vino y toco guitarra con mis amigos. Tengo una vida "placentera y
ocupada".
MORALEJA:
Cuántas vidas desperdiciadas buscando lograr una felicidad que ya se
tiene pero que muchas veces no vemos.
La verdadera felicidad consiste en amar lo que tenemos y no sentirnos mal
por aquello que no tenemos.
"Si lloras por haber perdido el Sol, las lágrimas no te dejarán ver las
estrellas"
¡LA FELICIDAD ES UN TRAYECTO, NO UN DESTINO!
EL PESCADOR Y EL SAMURAI
Durante la ocupación Satsuma de Okinawa, un Samurai que le había prestado dinero a un
pescador, hizo un viaje para cobrarlo a la provincia Itoman, donde vivía el pescador.
No siéndole posible pagar, el pobre pescador huyó y trató de esconderse del Samurai, que
era famoso por su mal genio. El Samurai fue a su hogar y al no encontrarlo ahí, lo buscó por
todo el pueblo. A medida que se daba cuenta de que se estaba escondiendo se iba
enfureciendo.
Finalmente, al atardecer, lo encontró bajo un barranco que lo protegía de la vista. En su
enojo, desenvainó su espada y le gritó:
– ¿Qué tienes para decirme?
El pescador replicó:
– Antes de que me mate, me gustaría decir algo. Humildemente le pido esa posibilidad.
– ¡Ingrato! Te presto dinero cuando lo necesitas y te doy un año para pagarme, y me
retribuyes de esta manera. Habla antes de que cambie de parecer.
– Lo siento -dijo el pescador-, sólo que cabo de comenzar el aprendizaje del arte de la mano
vacía y la primera cosa que he aprendido es el precepto: Si alzas tu mano, restringe tu
temperamento; si tu temperamento se alza, restringe tu mano.
El Samurai quedó anonadado al escuchar esto de los labios de un simple pescador. Envainó
su espada y dijo:
– Bueno, tienes razón. Pero acuérdate de esto: volveré en un año a partir de hoy, y será
mejor que tengas el dinero. -Y se fue.
Había anochecido cuando el Samurai llegó a su casa y, como era costumbre, estaba a punto
de anunciar su regreso, cuando se vio sorprendido por un haz de luz que provenía de su
habitación, a través de la puerta entreabierta.
Agudizó su vista y pudo ver a su esposa tendida durmiendo y, el contorno impreciso de
alguien que dormía a su lado. Muy sorprendido y explotando de ira se dio cuenta de que era
un samurai.
Sacó su espada y sigilosamente se acercó a la puerta de la habitación. Levantó su espada
preparándose para atacar a través de la puerta, cuando se acordó de las palabras del
pescador: Si tu mano se alza, restringe tu temperamento; si tu temperamento se alza
restringe tu mano.
Volvió a la entrada y dijo en voz alta.
– ¡He vuelto!
Su esposa se levantó y abriendo la puerta, salió junto con la madre del Samurai para
saludarlo, la madre, vestida con ropas de él. Se había puesto ropas de Samurai para
ahuyentar intrusos durante su ausencia.
El año pasó rápidamente y el día del cobro llegó. El Samurai hizo nuevamente el largo viaje.
El pescador lo estaba esperando. Apenas vio al Samurai, salió corriendo y le dijo:
– He tenido un buen año. Aquí está lo que le debo y además los intereses. ¡No sé cómo
darle las gracias!
El Samurai puso su mano sobre el hombro del pescador y dijo:
– Quédate con tu dinero. No me debes nada. Soy yo el endeudado.
EL PICADOR DE PIEDRAS
Cuenta la leyenda que un humilde picador de piedras vivía resignado en su
pobreza, aunque siempre anhelaba con deseo convertirse en un hombre
rico y poderoso. Un buen día expresó en voz alta su deseo y cuál fue su
sorpresa cuando vio que este se había hecho realidad: se había convertido
en un rico mercader.
Esto le hizo muy feliz hasta el día que conoció a un hombre aún más rico y
poderoso que él. Entonces pidió de nuevo ser así y su deseo le fue también
concedido. Al poco tiempo se cercioró de que debido a su condición se
había creado muchos enemigos y sintió miedo.
Cuando vio cómo un feroz samurai resolvía las divergencias con sus
enemigos, pensó que el manejo magistral de un arte de combate le
garantizaría la paz y la indestructibilidad. Así que quiso convertirse en un
respetado samurai y así fue.
Sin embargo, aún siendo un temido guerrero, sus enemigos habían
aumentado en número y peligrosidad. Un día se sorprendió mirando al sol
desde la seguridad de la ventana de su casa y pensó: él si que es superior,
ya que nadie puede hacerle daño y siempre está por encima de todas las
cosas. “¡Quiero ser el sol!”.
Cuando logró su propósito, tuvo la mala suerte de que una nube se
interpusiera en su camino entorpeciendo su visión y pensó que la nube era
realmente poderosa y así era como realmente le gustaría ser.
Así, se convirtió en nube, pero al ver cómo el viento le arrastraba con su
fuerza, la desilusión fue insoportable. Entonces decidió que quería ser
viento. Cuando fue viento, observó que aunque soplaba con gran fuerza a
una roca, ésta no se movía y pensó: “¡Ella sí que es realmente fuerte;
quiero ser una roca!” Al convertirse en roca se sintió invencible porque
creía que no existía nada más fuerte que él en todo el universo.
Pero cuál fue su sorpresa al ver que apareció un picador de piedras que
tallaba la roca y empezaba a darle la forma que quería pese a su contraria
voluntad. Esto le hizo reflexionar y le llevó a pensar que, en definitiva, su
condición inicial no era tan mala y que deseaba de nuevo volver a ser el
picador de piedras que era en un principio.
EL RÁTON Y LA RATONERA
Un ratón, mirando por un agujero de la pared, ve al paje y a su mujer
abriendo un paquete. Rápidamente pensó: «¿Qué tipo de comida podrá
haber allí?» Quedó aterrorizado cuando descubrió que era una ratonera.
Fue al patio de la casa a advertir a todos: «¡Hay una ratonera en la casa…!
¡Una ratonera!» La gallina que estaba buscando sus lombrices en la tierra,
cacareó y le dijo: «Discúlpeme Sr. Ratón; entiendo que sea un gran
problema para usted, pero a mí no me perjudica en nada, ni me molesta!»
El ratón se llegó hasta el cordero y le dijo: «¡Hay una ratonera en la casa!».
«Discúlpeme, Sr. Ratón, pero no veo nada que pueda hacer, a no ser orar.
¡Quédese tranquilo, usted está en mis oraciones!».
El ratón se fue hasta donde estaba la vaca, y ella le dijo: «¿Qué me dice
Sr. Ratón, una ratonera? ¿Estoy en peligro por casualidad?... Creo que
no...» Entonces el ratón se volvió a la casa, cabizbajo y abatido, para
encarar solo la ratonera del paje. Aquella misma noche se escuchó un
ruido, como el de una ratonera agarrando a su víctima. La mujer del
estanciero corrió a ver qué había en la ratonera. Pero, en la oscuridad, no
vio que la trampa había agarrado la cola de una víbora venenosa. La víbora
la mordió. El paje la llevó corriendo al hospital. La mujer volvió con fiebre.
Todo el mundo sabe que para alimentar a alguien que tiene fiebre, nada
mejor que un buen caldo de gallina. El hombre entonces tomó un cuchillo y
fue a buscar el principal ingrediente: la gallina. Como la enfermedad de la
mujer continuaba, amigos y vecinos vinieron a verla. Para alimentarlos,
hubo que matar al cordero. Pero la mujer no resistió, y acabó falleciendo.
Muchas personas vinieron al funeral. El pobre hombre, muy triste y
agradecido por la solidaridad, resolvió matar a la vaca para darle de
comer a todos.
La próxima vez que oigas decir que alguien está delante de un problema,
recuerda que cuando hay una ratonera en la casa… ¡toda la granja corre
peligro! ¿Se dieron cuenta quien se salvó?
Si no hay solidaridad, si sólo palabras ficticias se dicen ante el reclamo de
un temor, de una necesidad, de una ayuda, ¿quién puede ser tan diferente
que se jacte de estar en mejor situación sin hacer nada por los demás con
la seguridad de que nunca le llegará la hora de tener que vérselas con lo
que alguna vez considera ajeno con indiferencia y despreocupación?
EL REY SIN OFICIO
Había una vez un rey sin oficio. Había nacido en cuna real, ya que su padre
y su abuelo, y su bisabuelo habían sido, sucesivamente, reyes de aquel
reino. Creció entre lujos, lisonjas y comodidades. Y aunque sus sabios
asesores le aconsejaron cuando asumió el reino que hiciera un esfuerzo
mayor incluso que el que habían hecho sus antepasados, trabajando por el
reino, él no se dejó impresionar y sencillamente se dedicó a disfrutar su
vida. Heredó de su padre la fama de ser justo y popular, así que sus
súbditos lo querían y él se sentía feliz con aquel cariño. Sus consejeros
manejaban las cuestiones, de Estado y todo marchaba, si no del todo bien,
tampoco del todo mal. Los años pasaron y con ellos el rey creció en edad.
En cierta ocasión, viajando de paseo con su hija por una de las lejanas
provincias del reino, se vio envuelto en una tormenta que separó su barco
de los de su escolta. Y ante el embate del viento huracanado y las olas
embravecidas, naufragó. Cuando la tempestad se apaciguó, el rey se
percató que él y su hija eran los únicos supervivientes. Asidos de un
madero y después de muchas horas de haber sido arrastrados por las
corrientes del mar, fueron arrojados a una playa totalmente desconocida,
Vivían en el lugar un grupo de pescadores muy pobres. Su jornal diario
apenas les alcanzaba para mal vivir con sus familias. Jamás habían
escuchado acerca del rey ni del reino. Incluso los cobradores de impuestos
ni siquiera los habían visitado dada su condición económica paupérrima.
Sin embargo lo recibieron bien y trataron de ayudarles.
Pero se percataron de que los extraños náufragos a la hora de comer eran
los primeros en sentarse a la mesa y exigían que se les sirviera, y a la hora
de acostarse esperaban hasta que les pusieran las cobijas. Además, no
hacían otra cosa que mandar, ordenar, quejarse y criticar. Pero eran
incapaces de ayudar en lo más mínimo en el duro trabajo diario con que
apenas sobrevivían aquellos pescadores.
El más viejo del lugar habló con los forasteros, y les pidió que se
marcharan tierra adentro en busca de ayuda ya que ellos eran demasiado
pobres para alimentar dos bocas más.
Ante estas palabras el rey se enfureció cómo se atrevía este hombre que
era quizás el último de sus súbditos a hablarle así. ¡A él, que había nacido
noble y rico! Se acostó sin cenar, la plática del viejo le había quitado el
hambre. Se durmió profundamente, y en sueños escuchó una voz que le
decía: “Sólo puede ser considerado de tu propiedad aquello que pudo
sobrevivir a tu naufragio”... ¿Sobrevivido? ¿Acaso habían sobrevivido sus
riquezas y su nobleza? ¡No! ¡Sólo habían sobrevivido él y su hija!
Comprendió entonces, él era ahora el responsable tanto por el sustento de
su hija como por el de él mismo, y se lamentó de no haber aprendido a ser
útil mediante el trabajo.
Al día siguiente se despidió de aquella buena gente y avergonzado se
internó con su hija tierra adentro. Encontró un granjero que aunque se
sorprendió de que no supieran hacer nada, se dispuso a enseñarles el
oficio de cuidar ovejas. Y el viejo rey tuvo por primera vez en su vida un
oficio. Y pasaron cinco años en los que él cumplió fielmente con su patrón.
Su hija creció en ese tiempo y se convirtió en una mujer
extraordinariamente bella.
En esos cinco años la fama de la belleza de esa joven se esparció por
aquellos parajes. Y gracias a ello, en palacio llegaron a pensar que se
trataba de la princesa, y que podía haber otros sobrevivientes del
naufragio. Salieron en su búsqueda. El granjero se sorprendió al saber que
aquel excelente empleado que tuvo todo ese tiempo, era nada menos que
¡el rey!
Una vez instalado nuevamente en el trono, cuentan que llegaron muchos
emisarios de reinos vecinos a pedir la mano de su hija. El monarca
averiguaba en primer lugar que tan útiles y trabajadores eran aquellos
pretendientes. Y ese fue el primer criterio que siguió para escoger el
consorte de su hija, aquel que un día gobernaría a su pueblo. Tomó
medidas para que todo súbdito se capacitara para el trabajo. Y cuentan que
trabajando todos, el reino prosperó y se enriqueció, dando una vida mucho
mejor a su habitantes.
LO NEGATIVO: No sentir la necesidad de capacitarnos para trabajar
productiva y eficazmente.
LO POSITIVO: Comprender que ningún ser humano vale más que otro, a
menos que sea capaz de hacer más, hacerlo mejor, más rápida y utilizando
menos recursos.
EL ROBLE
Nuestro cuerpo siempre nos da el primer aviso. Hemos llegado al límite. La presión, el
cansancio, el estado de ánimo, la confusión, el agotamiento y la falta de claridad indican que
se están agotando todas nuestras fuerzas. Es tiempo de actuar. Llegó el momento que
decidimos dar un ataque frontal contra todos los asuntos que nos abruman.
Tenemos la esperanza de triunfar, de terminar de una vez por todas con los problemas que
nos agobian. No debemos engañarnos, el objetivo de terminar de un solo golpe con nuestras
preocupaciones es difícil de lograr.
En la plaza central del pueblo debían quitar un gran roble que con el paso de los años se
había convertido en un símbolo del lugar. Hasta en el escudo del pueblo se dibujaba su
silueta. El roble se había enfermado de un extraño virus. Corría el riesgo de caerse y de
contagiar a los árboles más cercanos. Ya se había hecho todo lo posible por salvarlo y la
triste determinación de derribarlo provocaba en los vecinos una profunda sensación de
impotencia.
No es fácil determinar la causa de un problema y no es el camino más agradable tomar la
decisión de solucionarlo.
Los leñadores llegaron una mañana con sierras automáticas y hachas. Los vecinos se
reunieron en la plaza para presenciar su caída. Esperaban oír el estrépito producido por el
choque del inmenso árbol contra el suelo.
Suponían que los hombres empezarían a cortarlo por el tronco principal en un lugar lo más
pegado a la tierra. Pero los hombres colocaron escaleras y comenzaron a podar las ramas
más altas.
En ese orden de arriba hacia abajo cortan desde las más pequeñas hasta las más grandes.
Así, cuando terminaron con la copa del árbol, sólo quedaba el tronco central, y en poco
tiempo más aquel poderoso roble yacía cuidadosamente cortado en el suelo.
El sol ahora cubría el centro del parque, su sombra ya no existía, era como si no hubiera
tardado medio siglo en crecer, como si nunca hubiera estado allí. Los vecinos preguntaron
por qué los hombres se habían tomado tanto tiempo y trabajo para derribarlo. El más
experimentado leñador explicó:
– Cortando el árbol cerca del suelo, antes de quitar las ramas, se vuelve inconsolable y en
su caída, puede quebrar los árboles más cercanos o producir otros destrozos. Es más fácil
manejar un árbol cuando más pequeño se le hace.
El inmenso árbol de la preocupación, que tantos años ha crecido en cada uno de nosotros,
puede manejarse mejor si se lo hace lo más pequeño posible. Para lograrlo, es aconsejable
podar, en principio, los pequeños obstáculos que nos impiden el disfrutar de cada día y así ir
quitando el temor de que en el intento de librarnos de estos y mejorar, todo se derrumbe.
En ese orden, quitando del comienzo los pequeños problemas, podemos, gradualmente, ir
llegando al tronco principal de nuestras preocupaciones. Para cambiar hay que realizar una
tarea a la vez, quitar las ramas de la preocupación de una en una, ocuparnos y no
preocuparnos. Tal como indica la palabra. Reconocer nuestros errores y tener el valor para
enfrentarlos, establecer las prioridades y los objetivos en la vida y mantener una verdadera
determinación para librarnos poco a poco de todo el peso que nos impide trabajar, crecer,
disfrutar y vivir, transformando nuestras ansiedades, miedos y preocupaciones en coraje,
esperanza y fe.
EL SACO DE PLUMAS
Había una vez un hombre que calumnió grandemente a un amigo suyo,
todo por la envidia que le tuvo al ver el éxito que este había alcanzado.
Tiempo después se arrepintió de la ruina que trajo con sus calumnias a ese
amigo, y visitó a un hombre muy sabio a quien le dijo:
El hombre muy contento por aquello tan fácil tomó el saco lleno de plumas
y al cabo de un día las había soltado todas.
Ahora debes volver a llenar el saco con las mismas plumas que soltaste.
El hombre se sintió muy triste, pues sabía lo que eso significaba y no pudo
juntar casi ninguna.
"Así como no pudiste juntar de nuevo las plumas que volaron con el viento,
así mismo el mal que hiciste voló de boca en boca y el daño ya está hecho.
Lo único que puedes hacer es pedirle perdón a tu amigo, pues no hay
forma de revertir lo que hiciste".
La discusión fue larga, porque ninguno de los dos quería ceder. Viendo que
por el camino avanzaba un hombre, acordaron en probar sus fuerzas
desarrollándolas contra él.
-Vas a ver – dijo el viento - como con sólo echarme sobre ese hombre,
desgarro sus vestiduras.
-Ya ves - le dijo el Sol al Viento - como con la bondad se consigue más que
con la violencia.
-Tenemos que hacer algo con el abuelo, dijo el hijo. -Ya he tenido
suficiente. Derrama la leche, hace ruido al comer y tira la comida al
suelo.
Los niños son altamente perceptivos. Sus ojos observan, sus oídos
siempre escuchan y sus mentes procesan los mensajes que
absorben. Si ven que con paciencia proveemos un hogar feliz para
todos los miembros de la familia, ellos imitarán esa actitud por el
resto de sus vidas. Los padres y madres inteligentes se percatan
que cada día colocan los bloques con los que construyen el futuro
de su hijo. Seamos instructores sabios y modelos a seguir.
El mejor regalo de amor no son los diamantes ni las rosas ni los dulces. Es brindar tu
concentración. El amor se concentra tanto en otra persona que por un instante uno se
olvida quien es. La atención dice:
“TU TIEMPO”
EL VALOR DEL TIEMPO
Imagínate que existe un banco, que cada mañana acredita en tu cuenta la suma de 86,400 y no arrastra tu
saldo día a día, ya que cada noche borra cualquier cantidad de tu saldo que no usaste durante el día.
Cada uno de nosotros tiene ese banco. Su nombre es tiempo. Cada mañana, este banco te acredita 86,400
segundos. Cada noche, este banco, borra y da como pérdida cualquier cantidad de ese crédito que no has
invertido en un buen propósito. Este banco no arrastra saldos, ni permite sobregiros. Cada día te abre una
nueva cuenta. Cada noche elimina los saldos del día. Si no usas tus depósitos del día, la pérdida es tuya. No
se puede dar marcha atrás. No existen los giros a cuenta del depósito de mañana.
Debes vivir en el presente con los depósitos de hoy. Invierte de tal manera, que puedas conseguir lo mejor en
salud, felicidad y éxito. El reloj sigue su marcha. Consigue lo máximo en el día.
Atesora cada momento que tengas, y atesóralo más si lo compartiste con alguien especial, lo suficientemente
especial como para dedicarle tu tiempo.
Y recuerda que el tiempo no espera por nadie. Ayer es historia. Mañana es misterio. Hoy es una dádiva, por
eso es que se le llama el presente.
EL VENDEDOR DE GLOBOS
Una vez había una gran fiesta en un pueblo. Toda la gente había dejado sus trabajos
y ocupaciones de cada día para reunirse en la plaza principal, en donde estaban los
juegos y los puestos de venta de cuanta cosa linda uno pudiera imaginarse. Los niños
eran quienes gozaban con aquellos festejos populares.
Había venido de lejos todo un circo, con payasos y equilibristas, con animales
amaestrados y domadores que les hacían hacer pruebas y cabriolas. También se
habían acercado hasta el pueblo toda clase de vendedores que ofrecían golosinas,
alimentos y juguetes para que los chicos gastaran allí el dinero que sus padres o
padrinos les habían regalado con objeto de sus cumpleaños, o pagándoles trabajitos
extras.
Entre todas estas personas había un vendedor de globos. Los tenía de todos los
colores y formas.
Había algunos que se distinguían por su tamaño. Otros eran bonitos porque imitaban
a algún animal conocido, o extraño. Grandes, chicos, vistosos o raros, todos los
globos eran originales y ninguno se parecía al otro. Sin embargo, eran pocas las
personas que se acercaban a mirarlos, y menos aún los que pedían para comprar
algunos.
Pero se trataba de un gran vendedor. Por eso, en un momento en que toda la gente
estaba ocupada en curiosear y detenerse, hizo algo extraño. Tomó uno de sus
mejores globos y lo soltó. Como estaba lleno de aire muy liviano, el globo comenzó a
elevarse rápidamente y pronto estuvo por encima de todo lo que había en la plaza. El
cielo estaba clarito, y el sol radiante de la mañana iluminaba aquel globo que trepaba
y trepaba, rumbo hacia el cielo, empujado lentamente hacia el oeste por el viento
quieto de aquella hora.
El primer niño gritó: «¡Mira mamá, un globo!». Inmediatamente fueron varios más que
lo vieron y lo señalaron a sus chicos o a sus más cercanos. Para entonces, el
vendedor, ya había soltado un nuevo globo de otro color y tamaño mucho más
grande. Esto hizo que prácticamente todo el mundo dejara de mirar lo que
estaba haciendo, y se pusiera a contemplar aquel sencillo y magnífico espectáculo
de ver cómo un globo perseguía al otro en su subida al cielo. Para completar la cosa,
el vendedor soltó dos globos con los mejores colores que tenía, pero atados juntos.
Con esto consiguió que una tropilla de niños pequeños lo rodeara, y pidieran a gritos
que sus padres le compraran globos como aquellos que estaban subiendo y subiendo.
Al gastar gratuitamente algunos de sus mejores globos, consiguió que la gente le
valorara todos los que aún le quedaban, y que eran muchos ya que realmente tenía
globos de todas formas, tamaños y colores. En poco tiempo ya eran muchísimos los
niños que se paseaban con ellos, y hasta había alguno que imitando lo que viera,
había dejado que el suyo trepara en libertad por el aire.
Había allí cerca un niño negro, que con dos lagrimones en los ojos, miraba con
tristeza todo aquello. Parecía como si una honda angustia se hubiera apoderado de
él. El vendedor, que era un buen hombre, se dio cuenta de ello y llamándole le ofreció
un globo. El pequeño movió la cabeza negativamente, y se rehusó a tomarlo.
–Te lo regalo, pequeño -le dijo el hombre con cariño, insistiéndole para que lo tomara.
Pero el niño negro, de pelo corto y ensortijado, con dos grandes ojos tristes, hizo
nuevamente un ademán negativo rehusando aceptar lo que se le estaba ofreciendo.
– Señor, si usted suelta ese globo negro que tiene ahí ¿Será que sube tan alto como
los otros globos de colores?
Entonces el vendedor entendió. Tomó un hermoso globo negro, que nadie había
comprado, y desatándolo se lo entregó al pequeño, mientras le decía:
– Haz tú mismo la prueba. Soltadlo y verás como también tu globo sube igual que
todos los demás.
Con ansiedad y esperanza, el negrito soltó lo que había recibido, y su alegría fue
inmensa al ver que también el suyo trepaba velozmente lo mismo que habían hecho
los demás globos. Se puso a bailar, a palmotear, a reírse de pura alegría y felicidad.
– Mira pequeño, lo que hace subir a los globos no es la forma ni el color, sino lo que
tiene adentro.
EL VIOLÍN
El subastador pensó que perdía su tiempo mostrando ese viejo violín estropeado y
arañado, pero aún así, lo mostró.
– ¿Cuánto ofrecen, buena gente? -gritó.
– ¿Quién hará la primera oferta?
– ¡Un dólar, un dólar! -entonces...
– ¡Dos! ¿Sólo dos?
– ¡Dos dólares!
– ¿Hay alguien que de tres?
– ¡Tres dólares! ...
– ¡Tres dólares a la una! ¡Tres dólares...a las dos! Que se va por tres... pero…
–¡No!
Un hombre canoso se puso de pie, llegó adelante y tomó en sus manos el arco.
Limpiando el polvo del viejo violín armonizó sus cuerdas y tocó una melodía muy
tierna. Al cesar la música el subastador dijo, en voz muy baja y más bien para sí:
– ¡Cuánto daría yo por tener este viejo violín! -y tomándolo con más cariño lo volvió a
levantar:
– ¡Cien dólares!
– ¿Y quién da doscientos?
– ¡Doscientos!
– ¿Y quién da trescientos?
– ¡Trescientos!
– ¡Trescientos, a la una! ¡Trescientos a las dos! ¡Y se va y se fue! -exclamó.
Algunos lloraban y los demás aplaudían...
“No podemos comprender”, se decían, “¿Qué cambió su valor?” Alguien dijo por allí
que fue el toque de la mano de un maestro. Muchas personas sienten que sus vidas
están fuera de tono. No saben cómo aprovechar todos los recursos y talentos de que
disponen. No saben cómo convertir sus excusas en razones. No pueden ver las
oportunidades que existen dentro de las crisis. No le encuentran sentido a lo que
hacen. No saben como ponerse en acción... y a similitud del viejo violín se "subastan
baratamente" a la multitud siguiendo el viaje de la vida como un juego que no requiere
pensar.... Pero un día cuando están preparados el maestro aparece.
La gente no comprende cómo él puede encontrar tanto valor en algo que ellos no
pueden. El secreto del Maestro es mirar más allá de las apariencias y conectarse
con la verdad del alma de las cosas.
“La diferencia entre lo que hacemos y lo que somos capaces de hacer resolvería los
problemas más grandes que hay en el mundo.”
EL VUELO DEL HALCÓN
Un rey recibió como obsequio dos pequeños halcones y los entregó al maestro
de cetrería para que los entrenara.
Unos meses después, el maestro le informó al rey que uno de los halcones
estaba perfectamente pero que al otro no sabía qué le sucedía pues no se había
movido de la rama donde lo dejó desde el día en que llegó.
El rey mandó llamar a curanderos y sanadores para que vieran al halcón, pero
nadie pudo hacer volar al ave.
Encargó entonces la misión a miembros de la corte, pero nada sucedió. Al día
siguiente, por la ventana, el monarca pudo observar que el ave aún continuaba
inmóvil. Entonces decidió comunicar a su pueblo que ofrecería una recompensa
a la persona que hiciera volar al halcón
A la mañana siguiente, vio al ave volando ágilmente por los jardines. El rey,
sorprendido, pidió a su corte que le trajeran al autor de ese milagro. De esa
manera, trajeron frente al monarca a un humilde campesino.
El rey le preguntó:
– ¿Tú hiciste al halcón volar? ¿Cómo lo hiciste? ¿Eres mago?
Intimidado, el campesino le dijo al rey:
– Fue fácil mi rey, sólo corté la rama y el halcón voló, se dio cuenta que tenía
alas y se fue a volar.
¿Sabes que tienes alas? ¿Sabes que puedes volar? ¿A qué te estas
agarrando? ¿De qué no te puedes soltar? ¿Qué estas esperando para volar?
No puedes descubrir nuevos mares… a menos que tengas el coraje de volar.
Vivimos dentro de una zona de comodidad donde nos movemos, y creemos que
eso es lo único que existe.
Dentro de esa zona está todo lo que sabemos, y todo lo que creemos. Viven
nuestros valores, nuestros miedos y nuestras limitaciones. En esa zona reina
nuestro pasado y nuestra historia. Todo lo conocido, cotidiano y fácil.
Un verdadero líder tiene seguridad en sí mismo para permanecer solo; coraje,
para tomar decisiones difíciles; audacia, para transitar hacia lo nuevo con
pasión, y ternura suficiente para escuchar las necesidades de los demás.
El hombre no busca ser un líder. Se convierte en líder por la calidad de sus
acciones y la integridad de sus intentos. Los líderes son como las águilas: no
vuelan en bandadas… Los encuentras cada tanto y volando solos. Nadie vendrá
a rescatarte, nadie cortará tu rama. Tú eres el mago.
Tu futuro está en tus manos. Solo necesitas comenzar...
EMPUJE LA VAQUITA
Un maestro de la sabiduría paseaba por un bosque con su fiel discípulo, cuando vio a lo lejos un
sitio de apariencia pobre, y decidió hacer una breve visita al lugar.
Durante la caminata le comentó al aprendiz sobre la importancia de las visitas; también de conocer
personas y las oportunidades de aprendizaje que tenemos de estas experiencias.
Llegando al lugar, constataron la pobreza del sitio, los habitantes -una pareja y tres hijos-, tenían una
humilde casa de madera y estaban vestidos con ropas sucias, rasgadas y sin calzado. Entonces se
aproximó el Maestro al padre de familia y le preguntó:
– En este lugar no existen posibilidades de trabajo, ni tampoco puntos de comercio. ¿Cómo hacen
usted y su familia para sobrevivir aquí?
El señor, calmadamente, respondió:
– Amigo mío, nosotros tenemos una vaquita que nos da varios litros de leche todos los días. Una
parte del producto la vendemos o la cambiamos por otros alimentos en la ciudad vecina, y con la
otra producimos queso, cuajada, etc., para nuestro consumo, y así es como vamos sobreviviendo.
El sabio agradeció la información, contempló el lugar por un momento, luego se despidió y se fue.
En el medio del camino, volteó hacia su fiel discípulo y le ordenó:
– Busca la vaquita, llévatela al precipicio de allí enfrente y empújala al barranco.
El joven, espantado, miró al Maestro y le cuestionó sobre el hecho de que la vaquita era el medio de
subsistencia de aquella familia. Más como percibió el silencio absoluto del Maestro, fue a cumplir la
orden. Así que empujó la vaquita por el precipicio y la vio morir...
Aquella escena quedó grabada en la memoria del joven durante años y nunca pudo sacarse un
terrible cargo de conciencia por el crimen cometido a instancias de su Maestro. Tanto impactó esto
en su espíritu que abandonó al Maestro y prosiguió solo su camino.
Años después, el joven aprendiz debía pasar cerca de la casa y tomó la decisión de regresar al
lugar, contarle todo a la familia, obtener su perdón y, de ser ello posible, repararles el daño causado.
Así lo hizo, y a medida que se aproximaba al lugar veía todo muy bonito, con árboles floridos, una
huerta arreglada, una bella casa, niños saludables y adecuadamente vestidos y calzados. El joven
se sintió más triste y desesperado aún, imaginando que aquella humilde familia hubiese tenido que
vender el terreno para sobrevivir.
Aceleró su paso y al llegar a la casa fue recibido por un hombre muy agradable y tranquilo. El joven
preguntó por la familia que vivió allí hacía unos cuantos años, pero el hombre le respondió que ellos
vivían allí de toda su vida.
Sorprendido, el joven revisó los rostros y descubrió que, efectivamente, se trataba de la misma
familia y sólo atinó a preguntar:
– Yo pasé años atrás y éste era un lugar pobre... ¿Cómo logró esta prosperidad?
Y el hombre, entusiasmado contestó:
– Mire joven... Años atrás nosotros teníamos una vaquita, pero no sabemos cómo, se cayó a un
precipicio y murió. Al principio creíamos que sería nuestra ruina. Sin embargo, obligados por las
circunstancias debimos desarrollar otras habilidades y esfuerzos que ignorábamos que fuésemos
capaces de lograr. Y así alcanzamos el éxito que usted observa ahora...
MORALEJA:
Todos tenemos una vaquita que nos proporciona alguna cosa básica para nuestra supervivencia, la
cual es una convivencia con la rutina, nos hace dependientes, y el mundo se reduce a lo que la
vaquita nos brinda.
¡Descubre cuál es tu vaquita y empújala por el precipicio!
EN EL ANDÉN DE LA VIDA
Cuando aquella tarde llegó a la vieja estación le informaron que el tren en que ella
viajaría se retrasaría aproximadamente una hora. La elegante señora, un poco
fastidiada, compró una revista, un paquete de galletas y una botella de agua para
pasar el tiempo.
Buscó un banco en el andén central y se sentó preparada para la espera. Mientras
hojeaba su revista, un joven se sentó a su lado y comenzó a leer un diario.
Imprevistamente, la señora observó cómo aquel muchacho, sin decir una sola
palabra, estiraba la mano, agarraba el paquete de galletas, lo abría y
comenzaba a comerlas, una a una, despreocupadamente.
La mujer se molestó por esto, no quería ser grosera, pero tampoco dejar pasar
aquella situación o hacer de cuenta que nada había pasado. Así que, con un gesto
exagerado, tomó el paquete y sacó una galleta, la exhibió frente al joven y se la comió
mirándolo fijamente a los ojos.
Como respuesta, el joven tomó otra galleta y mirándola la puso en su boca y sonrió.
La señora ya enojada, tomó una nueva galleta y, con ostensibles señales de fastidio,
volvió a comer otra, manteniendo de nuevo la mirada en el muchacho. El diálogo de
miradas y sonrisas continuó entre galleta y galleta. La señora cada vez más irritada, y
el muchacho cada vez más sonriente.
Finalmente, la señora se dio cuenta de que en el paquete sólo quedaba la última
galleta. "No podrá ser tan caradura", pensó mientras miraba alternativamente al joven
y al paquete de galletas.
Con calma el joven alargó la mano, tomó la última galleta, y con mucha suavidad, la
partió exactamente por la mitad. Así, con un gesto amoroso, ofreció la mitad de la
última galleta a su compañera de banco.
– ¡Gracias! -dijo la mujer tomando con rudeza aquella mitad.
– De nada -contestó el joven sonriendo suavemente mientras comía su mitad.
Entonces el tren anunció su partida...
La señora se levantó furiosa del banco y subió a su coche. Al arrancar, desde la
ventanilla de su asiento vio al muchacho todavía sentado en el andén y pensó: “¡Qué
insolente, qué mal educado, qué será de nuestro mundo!”
13Sin dejar de mirar con resentimiento al joven, sintió la boca reseca por el disgusto
que aquella situación le había provocado. Abrió su bolso para sacar la botella de agua
y se quedó totalmente sorprendida cuando encontró, dentro de su cartera, su
paquete de galletas intacto.
Cuántas veces nuestros prejuicios, hacen valorar erróneamente a las personas;
cuántas veces la desconfianza ya instalada en nosotros hace que juzguemos
injustamente perdiendo la gracia natural de compartir y enfrentar situaciones.
Cuenta tu jardín por las flores, no por las hojas caídas. Cuenta tus días por las horas
doradas, y olvida las penas habidas. Cuenta tus noches por estrellas, no por sombras.
Cuenta tu Vida por sonrisas, no por lágrimas... y para tu gozo en esta Vida, cuenta tu
edad por AMIGOS, no por años.
EQUIPO DE LA SELVA
Cuentan que en cierta ocasión el león, el rey de la selva, se encontraba muy preocupado por
la cantidad de cazadores que perseguían a las fieras y decidió hacer un ejército con el que pudieran
defenderse. Para ello salió a reclutar animales.
– Buenos días mi querido elefante. ¿Quieres formar parte de mi ejército? -le preguntó el león.
Los dos caminaron juntos en busca de nuevos reclutas. No tardaron en encontrarse con un lobo.
Este se inclinó en signo de sumisión y saludó respetuosamente.
– Muy buenos días, lobo feroz. Estoy reuniendo un valiente ejército para defendernos de los
cazadores. ¿Te unirás a nosotros?
El rey de la selva, sin hacer caso a las alusiones del paquidermo, se dirigió de nuevo al lobo y le dijo:
Por supuesto el lobo aceptó y los tres caminaron en busca de nuevos reclutas. Dieron entonces con
un mono chillón y el león lo invitó también a formar parte de sus huestes.
– ¿Para qué lo quieres? No creo que sirva para nada -preguntó el lobo.
– Siempre sería bueno distraer al enemigo -sentenció el león- Nadie mejor que él para eso.
Caminaron entonces los cuatro. Ya sentía el león que el ejército se formaba. De pronto, ante ellos
apareció una asustadiza liebre y un pobre burro que apenas podía caminar.
El elefante y el lobo feroz se miraron, extrañados de que el león se dirigiera a esos dos animales.
– ¿Para qué? -preguntó el lobo-. ¿No te das cuenta que la liebre es un animal siempre asustado,
que huye con rapidez hasta su madriguera?... Y ese pobre burro, está tan viejo que no tiene ya
fuerza ni para cargar con su propio peso. ¡Estos dos si que no ayudarán en nada!
En tanto que el elefante apareció como una tromba, con su majestuoso tamaño, resoplando y
emitiendo sonidos agudos, y tras él apareció por un lado, el lobo con el lomo erizado y los colmillos
amenazantes, y por el otro el mismísimo león, rugiendo mientras sacudía la melena.
Ante todo ello, los aterrorizados cazadores no tuvieron otra opción que huir, abandonando sus
armas y jurándose no regresar jamás por aquella selva.
Por supuesto no es más que un cuento infantil, sacado del libro de fábulas. Pero la lección es clara.
El león fue un verdadero líder porque supo trabajar con las fortalezas de los miembros de su equipo,
a pesar de que algunos de ellos se concentraban en las debilidades de los demás. El elefante veía
muy pequeño al lobo, comparado con él. Y ambos, elefante y lobo, no le veían utilidad alguna al
mono chillón y menos aún a la huidiza liebre y al burro viejo.
Si pudiéramos concentrarnos más en las cualidades y menos en los defectos de aquellos que nos
rodean, llevaríamos una vida más agradable. Pero lo contrario es lo más usual, por desgracia hay
demasiada gente concentrada tan solo en los aspectos más desagradables de los otros. El resultado
es que llenan sus cabezas con la crítica y la condena y acaban amargándose a sí mismos, y por
supuesto amargando a aquellos que critican. Los padres respecto de sus hijos, los gerentes y
supervisores respecto de sus subordinados, los maestros respecto de sus alumnos, los compañeros
de trabajo unos respecto de otros, todos deberíamos aprovechar la experiencia del león formando su
ejército.
Y si por casualidad no encontráramos cualidades en los demás, debemos preocuparnos, pero no por
ellos que seguramente las tienen, sino por nosotros que posiblemente nos habremos vuelto tan
negativos que ya no somos capaces de percibir lo bueno de ellos.
LO NEGATIVO: No ver más que defectos y puntos débiles en aquellos con quien nos toca vivir o
trabajar.
LO POSITIVO: Darnos cuenta que aprovechando las cualidades y los puntos fuertes de los demás y
enfocándolos a logros extraordinarios, es como contaremos con gente extraordinaria.
EQUIVOCACIONES
El error más grande lo cometes cuando, por temor a equivocarte,
te equivocas dejando de arriesgar en el viaje hacia tus objetivos.
No se equivoca el río cuando, al encontrar una montaña en su
camino, retrocede para seguir avanzando hacia el mar... Se
equivoca el agua que por temor a equivocarse, se estanca y se
pudre en la laguna.
No se equivoca la semilla cuando muere en el surco para hacerse
planta... Se equivoca la que por no morir bajo la tierra, renuncia a
la vida.
No se equivoca el hombre que ensaya por distintos caminos para
alcanzar sus metas... Se equivoca aquel que por temor a
equivocarse no acciona.
No se equivoca el pájaro que ensayando el primer vuelo cae al
suelo... Se equivoca aquel que por temor a caerse renuncia a volar
permaneciendo en el nido.
Pienso que se equivocan aquellos que no aceptan que ser hombre
es buscarse a sí mismo cada día... sin encontrarse nunca
plenamente.
Creo que al final del camino no te premiarán por lo que encuentres
sino por aquello que hayas buscado honestamente.
FRACASAS CUANDO ELIGES NO SEGUIR PROBANDO
ALTERNATIVAS.
GRACIAS.
Eres feliz?...
En cierta ocasión, durante una elegante recepción de bienvenida al nuevo
Director de Marketing de una importante compañía londinense, algunas de
las esposas de los otros directores, que querían conocer a la esposa del
festejado, le preguntaron con cierto morbo: Te hace feliz tu esposo,
verdaderamente te hace feliz?
Sin embargo, para sorpresa suya y de los demás, la esposa respondió con un
rotundo
- No puedo ser feliz porque estoy enfermo, porque no tengo dinero, porque hace
mucho calor, porque me insultaron, porque alguien ha dejado de amarme,
porque alguien no me valoró!
Pero lo que no sabes es que puedes ser feliz aunque estés enfermo, aunque
haga calor, tengas o no dinero, aunque alguien te haya insultado, o alguien no te
amó o no te haya valorado.
El profesor contestó: -Si Dios creó todo, entonces Dios hizo al mal,
pues el mal existe, y bajo el precepto de que nuestras obras son un
reflejo de nosotros mismos, entonces Dios es malo.
Para vencer los problemas hay que tener valor, hacerles frente y encontrar la manera de vencerlos,
eso es algo en lo que estamos sin duda de acuerdo. Sin embargo, lo peor es cuando los problemas
implican poner punto final a algo a lo que nos hemos acostumbrado.
El gran maestro y el guardián dividían la admiración de toda la comunidad. Un día el guardián murió
y fue preciso sustituirlo. El gran maestro reunió entonces, a todos los discípulos para escoger quién
tendría el honor de trabajar directamente a su lado.
-Voy a plantearles un problema -les dijo-, y aquel que lo resuelva primero será el nuevo guardián de
la zawiya. Terminado su corto discurso, colocó un taburete en medio de la sala. Encima había un
florero de finísima porcelana de gran valor, con una hermosa rosa roja en su interior.
Después de algunos largos minutos, un discípulo se levantó, miró al maestro, miró luego a sus
colegas y caminando hacia el florero lo levantó entre sus manos y lanzándolo hacia el suelo lo
destruyó haciéndolo pedazos.
Dejar de fumar, dejar de beber, dejar cualquier tipo de adicción es una tarea sumamente
complicada, pero necesaria, es indispensable lidiar con ellas. Tienen apariencia de agradables, nos
producen algún placer al principio, pero es indiscutible que ocultan un velo nefasto que puede llegar
a vaciar nuestras vidas. Sé fuerte, cualquiera que sea el problema debes enfrentarlo con
perseverancia y coraje.
Frase de motivación: ¡Vence la tristeza!
Cuando las penas nos agobian, la depresión bloquea nuestra capacidad de
automotivación, nos hace perder el apetito, hecho que nos debilita, nos
hace perder el sueño de manera que estamos con ojeras y agotados al día
siguiente, nos impide estar físicamente bien para hacer razonamientos
lúcidos.
- ¡Deja la cuchara!
– Os voy a dar una semilla diferente a cada uno de vosotros; al cabo de seis
meses deberán traerme en una maceta la planta que haya crecido, y la planta
más bella ganará la mano de mi hija, y por ende el reino.
Así se hizo, pero había un joven que plantó su semilla pero no germinaba.
Mientras tanto, todos los demás jóvenes del reino no paraban de hablar y
mostrar las hermosas plantas y flores que habían sembrado en sus macetas.
Llegaron los seis meses y todos los jóvenes desfilaban hacia el castillo con
hermosas y bellas plantas.
49El joven estaba demasiado triste pues su semilla nunca germinó, ni siquiera
quería ir al palacio, pero su madre insistía en que debía ir pues era un
participante y debía estar allí. Con la cabeza baja y muy avergonzada, desfiló el
último hacia el palacio con su maceta vacía.
Todos los jóvenes hablaban de sus plantas, y al ver a nuestro amigo lo colmaron
de risas y burlas.
En ese momento el alboroto fue interrumpido por la entrada del rey; todos
hicieron su respectiva reverencia mientras el rey se paseaba entre todas las
macetas admirando las plantas. Finalizada la inspección hizo llamar a su hija, y
llamó de entre todos al joven que llevó su maceta vacía. Atónitos, todos
esperaban la explicación de aquella acción.
– Este es el nuevo heredero del trono y se casará con mi hija, pues a todos
ustedes se les dio una semilla infértil, y todos trataron de engañarme plantando
otras plantas, pero este joven tuvo el valor de presentarse y mostrar su maceta
vacía, siendo sincero, real y valiente, cualidades que un futuro rey debe tener y
que mi hija merece.
LA BOTELLA
Un hombre estaba perdido en el desierto, destinado a morir de sed.
Por su buena ventura, llegó a una cabaña vieja, desmoronada, sin
ventanas, sin techos. El hombre anduvo por ahí y se encontró con una
pequeña sombra donde acomodarse para huir del calor y del sol
desértico. Mirando a su alrededor, vio una vieja bomba de agua, toda
oxidada, se arrastró hacia allí, tomó de la manivela y comenzó a
bombear, a bombear y a bombear sin parar, pero nada sucedía.
Desilusionado, cayó postrado hacia atrás, notó que a su lado había
una botella vieja, la miró, la limpió de todo el polvo que la rodeaba, y
pudo leer un mensaje que decía:
«Usted necesita primero preparar la bomba con toda el agua que
contiene esta botella, mi amigo, después, por favor tenga la gentileza
de llenarla nuevamente antes de marchar.»
El hombre desenroscó la tapa de la botella, y en realidad, ahí estaba el
agua. ¡La botella estaba llena de agua! De repente, él se vio en un
dilema, si bebiese aquella agua, podría sobrevivir, pero si la vertía en
esa bomba vieja y oxidada, tal vez obtendría agua fresca, bien fría, del
fondo del pozo, y podría tomar toda el agua que él quisiese, o tal vez
no, tal vez, la bomba no funcionaría… ¡Y el agua de la botella sería
desperdiciada! ¿Qué debería hacer? ¿Derramar el agua en la bomba y
esperar a que saliese agua o beber el agua vieja de la botella e ignorar
el mensaje? ¿Debería perder toda aquella agua en la esperanza de
aquellas instrucciones poco confiables, escritas no se sabe cuánto
tiempo atrás? Con grandes dudas, el hombre derramó toda el agua en
la bomba, enseguida agarró la manivela y comenzó a bombear y la
bomba empezó a rechinar sin parar. ¡Nada pasaba! La bomba
continuaba con sus ruidos. Y entonces, surgió un hilo de agua,
después un pequeño flujo y finalmente, el agua corrió con abundancia,
agua fresca, cristalina. Él llenó la botella y bebió ansiosamente, la llenó
otra vez y ¡tomó aún más de su contenido refrescante!
Enseguida, la llenó de nuevo para el próximo viajante la llenó hasta la
boca, tomó la Pequeña nota y aumentó la frase: «Créame que
funciona, usted tiene que dar toda el agua antes de obtenerla
nuevamente».
Hay varias lecciones preciosas que podemos extraer de esta
historia. ¿Cuántas veces tenemos miedo de iniciar un nuevo proyecto
pues este demandará de una enorme inversión de tiempo, recursos,
preparación y conocimiento? ¿Cuántos se han quedado parados
satisfaciéndose con los resultados mediocres, cuando podrían
conquistar victorias significativas?
Muchas veces tenemos oportunidades bellísimas que se nos
presentan en la vida, y que pueden ayudarnos a ser mejores personas
o pueden abrirnos puertas nuevas, que nos conducen a un mundo
mejor. Pero siempre tememos, nunca nos entregamos ni confiamos
demasiado, y es por eso que, ante caminos nuevos, nuestras
dudas y nuestras inseguridades nos paralizan y tomamos lo justo y
necesario sin arriesgarnos ni un poquito más, por miedo o temor.
Si tenemos en cuenta aquella frase "La vida es un desafío", ¿por qué
no nos arriesgamos? ¿Por qué no creemos? Alguien dijo alguna vez
que: "El tren pasa algunas veces por nuestra vida cargado de cosas
bellas, y está en nosotros arriesgarnos y subir, o dejarlo pasar".
¿Y si no vuelve? ¿Y si esa oportunidad que hoy dejamos pasar no se
repite?
Entonces tomemos la botella y no dudemos, derramemos el agua
en la bomba y obtendremos un manantial de agua fresca y cristalina
en la que nos veremos reflejados y triunfadores. Y al fin
comprenderemos que:
"Todo es posible si nos arriesgamos. Si no dudamos, todo es posible".
LA CANASTA VACÍA
La esposa del Faraón de Egipto había perdido muchos hijos en su vientre... Este parto, seguramente, era su última oportunidad para
Rodeada de médicos y sirvientas, el dolor de su vientre fue en aumento hasta que explotó en un grito de dolor liberador y,
simultáneamente a su muerte, dio un parto de cinco hijos, cuatro de ellos varones y una niña.
El Faraón crió con amor y dedicación a sus hijos, dándoles la educación de futuros gobernantes a los varones y de princesa a
la hija.
Pasados los años y crecidos sus hijos, el Faraón se enfrentó al dilema de escoger a su sucesor. Dado que todos habían nacido en el
– ¡Qué debo hacer? ¿Cómo elegir a mi sucesor? ¿Quizás deba dividir el Imperio en cuatro reinos para ser justo con todos ellos?
– No, su majestad, dividir el Imperio implica debilitarlo y ello acarreará su destrucción, además, usted tuvo cinco hijos y sería injusto
con su hija. Lo mejor es hacer un Concurso entre ellos y el que traiga el Proyecto que más beneficie a Egipto, ese sea el escogido.
Satisfecho con la sabiduría del consejo recibido, el Faraón citó a sus hijos, incluida la hija, y les dijo:
– Tienen seis meses para plantear el Proyecto más beneficioso para Egipto y quién así lo haga será elegido mi sucesor.
En ese mismo instante los cuatro varones se miraron suspicaces, surgiendo por primera vez entre ellos el recelo, el temor y quizás,
Seis meses después los cinco hijos se congregaron en el Salón del Faraón portando los varones gran cantidad de maquetas y planos
El Faraón escuchó por turno los Proyectos... Cada cual superaba al anterior: Que un Sistema de Caminos para el Reino, que un
Sistema de Canales de Riego, que un Sistema de Silos para las Cosechas, que un Sistema de Puertos para el comercio... Era difícil
pensar en uno que superase en beneficios al otro. La discusión para analizar el valor de cada uno, sin duda sería ardua, problemática
y difícil.
Sin embargo, al llegar el turno a la hija esta mostró su canasta vacía y dijo:
– Padre, yo traigo una canasta vacía que hoy vale tanto como las maquetas que has visto. Nadie puede decir qué obra es la mejor
hasta no verla hecha y, para ese entonces el contenido de mi canasta podría superar en valor a cualquiera de ellos.
Todos quedaron sorprendidos por el enunciado, pero el Faraón y el Consejo de Sabios estuvieron de acuerdo en que discutir el valor
de los Proyectos no tenía más sentido que discutir el valor del contenido de una canasta vacía.
Entonces la solución fue obvia: los recursos del reino se afectarían al desarrollo de los Proyectos durante dos años y, al cabo de ese
Pasaron los dos años de febril actividad y llegó el momento de presentarse al Salón del Trono.
Cada uno de los hijos venía orgulloso con gran cantidad de documentos y asesores para demostrar que su obra había sida la más
A su turno cada hijo expuso el valor de las obras hechas: de cómo ahora el sistema de riego había aumentado las cosechas, de cómo
ahora el sistema de caminos permitían que esas cosechas llegasen hasta el último rincón del Reino, de cómo ahora el sistema de
silos permitía almacenarlas de modo limpio y seguro, de cómo ahora los nuevos puertos eran fuente de comercio y prosperidad.
– Padre, tal como lo anuncié, el tiempo me permitiría dar valor al contenido de esta canasta... Ahora lo ves, gracias a mi canasta vacía
Sin ella sólo hubiésemos tenido Proyectos y una larga discusión para ver cuál era el mejor sin que nunca ocurriese nada... Los
cuatro hermanos se dieron vuelta sorprendidos y azorados y, tras un momento de vacilación se arrodillaron frente a su hermana...
Noviembre de 1998.
LA CUERDA DE LA VIDA
Cuentan que un alpinista desesperado por conquistar el
Aconcagua inició su travesía después de años de preparación,
pero quería la gloria para él solo, por lo tanto subió sin
compañeros.
Empezó a subir y se le fue haciendo tarde, y más tarde, y no se
preparó para acampar, sino que decidió seguir subiendo, decidido
a llegar a la cima.
Oscureció. La noche cayó con gran pesadez en la altura de la
montaña, ya no se podía ver absolutamente nada, todo era negro,
cero visibilidades, no había luna y las estrellas eran cubiertas por
las nubes.
Subiendo por un acantilado, a solo 100 metros de la cima, se
resbaló y se desplomó por los aires... caía a una velocidad
vertiginosa, sólo podía ver veloces manchas más oscuras que
pasaban en la misma oscuridad y la terrible sensación de ser
succionado por la gravedad.
Seguía cayendo... y en esos angustiantes momentos, le pasaron
por su mente todos sus gratos y no tan gratos momentos de la
vida, él pensaba que iba a morir, sin embargo, de repente sintió
un tirón muy fuerte que casi lo parte en dos... Sí, como todo
alpinista experimentado, había clavado estacas de seguridad con
candados a una larguísima soga que lo amarraba de la cintura.
En esos momentos de quietud, suspendido por los aires, no hizo
más que gritar pidiendo ayuda, aferrándose cada vez más a la
cuerda.
Cuenta el equipo de rescate que al otro día encontraron colgado a
un alpinista congelado, muerto, agarrado con fuerza, con las
manos, a una cuerda... A dos metros del suelo...
¿Y tú? ¿Qué tan confiado estás de tu cuerda? ¿Por qué no la
sueltas?
LA JOYA ÚNICA
Cruzando el desierto, un viajero inglés vio a un árabe muy pensativo,
sentado al pie de una palmera. Apoca distancia reposaban sus camellos,
pesadamente cargados, por lo que el viajero comprendió que se trataba de
un mercader de objetos de valor, que iba a vender sus joyas, perfumes y
tápices a alguna ciudad vecina.
Como hacía mucho tiempo que no conversaba con alguien, se
aproximó al pensativo mercader diciéndole:
– Buen amigo, ¡salud! Parecéis muy preocupado. ¿Puedo ayudaros en
algo?
– ¡Ay!, respondió el árabe con tristeza, estoy muy afligido porque acabo de
perder la más preciosa de las joyas.
– ¡Bah!, respondió el inglés, la pérdida de una joya no debe ser gran cosa
para vos que lleváis tesoros sobre vuestros camellos, y os será fácil
reponerla.
– ¡¿Reponerla?! ¡¿Reponerla decís?! -exclamó el árabe-. Bien sé que no
conocéis el valor de mi pérdida.
– ¿Qué joya es, pues?, -preguntó el viajero.
– Era una joya, -le respondió el mercader- como no volverá a hacerse otra.
Estaba tallada en un pedazo de piedra de la Vida y había sido hecha en el
taller del Tiempo. Adornabanla veinticuatro brillantes, alrededor de los
cuales se agrupaban sesenta más pequeños. Ya veis que tengo razón al
decir que joya igual no podrá reproducirse jamás.
– A fe mía, dijo el inglés, vuestra joya debía ser preciosa. Pero, ¿no creéis
que con mucho dinero pueda hacerse otra igual?
– La joya perdida, -respondió el árabe, volviendo a quedar pensativo- era
un día, y un día que se pierde no vuelve a encontrarse.
LA MARIPOSA
Un hombre encontró un capullo de una mariposa y se lo llevó a casa para poder ver a
la mariposa cuando saliera del capullo. Un día vio que había un pequeño orificio y
entonces se sentó a observar por varias horas, viendo que la mariposa luchaba por
abrirlo más grande y poder salir.
El hombre vio que la mariposa forcejeaba duramente para poder pasar su cuerpo a
través del pequeño agujero, hasta que llegó un momento en el que pareció haber
cesado de forcejear, pues aparentemente no progresaba en su intento.
Parecía que se había atascado. Entonces el hombre, en su bondad, decidió ayudar a
la mariposa y con una pequeña tijera cortó al lado del agujero para hacerlo más
grande y ahí fue que por fin la mariposa pudo salir del capullo. Sin embargo, al salir la
mariposa tenía un cuerpo muy hinchado y unas alas pequeñas y dobladas.
El hombre continuó observando, pues esperaba que en cualquier instante las
alas se desdoblarían y crecerían lo suficiente para soportar al cuerpo, el cual se
contraería al reducir lo hinchado que estaba.
Ninguna de las dos situaciones sucedieron y la mariposa solamente podía arrastrarse
en círculos con su cuerpecito hinchado y sus alas dobladas. Nunca pudo llegar a
volar.
Lo que el hombre en su bondad y apuro no entendió, fue que la restricción de la
apertura del capullo y la lucha requerida por la mariposa para salir por el diminuto
agujero, era la forma en que la naturaleza forzaba fluidos del cuerpo de la
mariposa hacia sus alas, para que estuviesen grandes y fuertes y luego pudiese
volar.
La libertad y el volar solamente podían llegar luego de la lucha. Al privar a la mariposa
de la lucha, también le fue privada su salud.
Algunas veces las luchas son lo que necesitamos en la vida. Si la naturaleza nos
permitiese progresar por nuestras vidas sin obstáculos, nos convertiría en inválidos.
No podríamos crecer y ser tan fuertes como podríamos haberlo sido.
¡Cuánta verdad hay en esto! Cuántas veces hemos querido tomar el camino corto
para salir de dificultades, tomando esas tijeras y recortando el esfuerzo para poder ser
libres.
Necesitamos recordar que nunca recibimos más de lo que podemos soportar y que a
través de nuestros esfuerzos y caídas, somos fortalecidos así como el oro es refinado
con el fuego.
Nunca permitamos que las cosas que no podemos tener, o que no tenemos, o que no
debamos tener, interrumpan nuestro gozo de las cosas que tenemos y podemos
tener.
LA MEJOR MAESTRA
El primer día de clases la profesora López, maestra de 5to grado de primaria,
les dijo a sus nuevos alumnos que a todos los quería por igual. Pero eso era una
mentira, porque en la fila de adelante se encontraba hundido en su asiento
Pedro González, a quien la profesora López conocía desde el año anterior y
había observado que él era un niño que no jugaba bien con los otros niños, que
sus ropas estaban desaliñadas y constantemente necesitaba un baño. Con el
paso del tiempo, la relación entre la profesora y Pedro se volvió desagradable, a
tal punto que esta sentía mucho gusto al marcar sus tareas con grandes
tachaduras en color rojo.
Un día la escuela le pidió a la Sra. López revisar los expedientes anteriores de
cada niño de su clase y ella puso el de Pedro al final. Sin embargo, cuando
revisó su archivo, se llevó una gran sorpresa. La maestra de primer grado de
Pedro escribió: “Pedro es un niño brillante con una sonrisa espontánea. Hace
sus deberes limpiamente y tiene buenos modales; es un deleite tenerlo cerca”.
Su maestra de segundo grado escribió: “Pedro es un excelente alumno,
apreciado por sus compañeros pero tiene problemas debido a que su madre
tiene una enfermedad incurable y su vida en casa debe ser una constante
lucha”.
Su maestra de tercer grado escribió: “La muerte de su madre ha sido dura para
él. Trató de hacer su máximo esfuerzo pero su padre no muestra mucho interés
y su vida en casa le afectará pronto si no se toman algunas acciones”.
Su maestra de cuarto escribió: “Pedro es descuidado y no muestra mucho
interés en la escuela. No tiene muchos amigos y en ocasiones se duerme en
clase”.
En este momento la Sra. López se dio cuenta del problema y se sintió apenada.
Se sintió todavía peor cuando al llegar la Navidad, todos los alumnos le llevaron
sus regalos envueltos cada uno de ellos en papeles brillantes y preciosos
listones, excepto el de Pedro. Su regalo estaba torpemente envuelto en el
pesado papel café que tomó de una bolsa del mercado. Algunos niños
comenzaron a reír cuando ella encontró dentro de ese papel un brazalete de
piedras al que le faltaban algunas y la cuarta parte de un frasco de perfume.
Pero ella minimizó las risas de los niños cuando exclamó:
– ¡Qué brazalete tan bonito!, poniéndoselo y rociando un poco de perfume en su
muñeca. Pedro González se quedó ese día después de clases solo para decir:
– Sra. López, hoy usted olió como mi mamá solía hacerlo.
52Después de que los niños se fueron, ella lloró por lo menos durante una hora.
Desde ese día renunció a enseñar solo lectura, escritura y aritmética. En su
lugar, comenzó a enseñar valores, sentimientos y principios a los niños. La
señora López le tomó especial atención a Pedro. A medida que trabajaba con él,
su mente parecía volver a la vida. Mientras más lo motivaba, más rápido
respondía. Al final del año, Pedro se había convertido en uno de los niños más
listos de la clase y a pesar de su mentira de que ella quería a todos los niños por
igual, Pedro se volvió uno de sus consentidos.
Un año después, encontró una nota de Pedro debajo de la puerta del salón,
diciéndole que ella era la mejor maestra que había tenido en su vida. Pasaron
seis años antes de que recibiera otra nota de Pedro. Él entonces le escribió que
ya había terminado la preparatoria, había obtenido el tercer lugar en su clase, y
que ella todavía era la mejor maestra que había tenido en su vida.
Cuatro años después, recibió otra carta, diciéndole que sin importar que en
ocasiones las cosas hubieran estado duras, él había permanecido en la escuela
y pronto se graduaría en la Universidad con los máximos honores. Y le aseguró
a la Sra. López que ella era aún la mejor maestra que él había tenido en toda su
vida. Luego pasaron otros cuatro años, y llegó otra carta. Esta vez le explicó que
después de haber recibido su título universitario, él decidió ir un poco más allá.
Y le volvió a reiterar que ella era aún la mejor maestra que él había tenido en
toda su vida. Solo que ahora su nombre era más largo y la carta estaba firmada
por el Dr. Pedro González, MSc.
El tiempo siguió su marcha y en una carta posterior Pedro le decía que había
conocido a una chica y que se iba a casar. Le explicó que su padre había
muerto hacía dos años, le preguntó si accedía a sentarse en el lugar que
normalmente está reservado para la mamá del novio. Por supuesto que ella
accedió. Para el día de la boda usó aquel brazalete con varias piedras faltantes
se aseguró de usar el mismo perfume que le recordó a Pedro a su mamá la
última Navidad.
Ellos se abrazaron y el Dr. González susurró al oído de la Sra. López:
– Gracias Sra. López por creer en mí. Muchas gracias por hacerme sentir
importante y por enseñarme que yo podía hacer la diferencia.
La Sra. López, con lágrimas en sus ojos, le susurró de vuelta diciéndole:
– Pedro, tú estás equivocado. Tú fuiste el que me enseñó que yo podría hacer la
diferencia. No sabía como enseñar hasta que te conocí.
Las experiencias que tenemos a lo largo de nuestras vidas (gratas y
desagradables) marcan lo que somos en la actualidad, no juzgues a las
personas sin saber qué hay detrás de ellas, dales siempre una oportunidad de
cambiar tu vida.
LA OPORTUNIDAD
1.- Ya no eres niña o niño -lo siento-, ese tiempo ya pasó, eres
adolescentes y puedes hacer más y mejores cosas. Ten conciencia
de ello y ten cuidado con lo que haces, pues a tu edad es fácil
perderse.
2.- Esta es una nueva etapa en tu destino, es una oportunidad que
la vida te dio para que seas mejor. No hay mañana para empezar,
es hoy.
3.- Considera que en este momento estás exactamente igual que
tus demás compañeros de grupo, no eres mejor ni peor, al inicio
de cada etapa de la educación nadie se distingue por nada. Tienes
un 10 de calificación, consérvalo siempre.
4.- La vida te puso aquí por alguna razón, y aquí mismo tienes que
demostrar que eres mejor que los demás.
5.- A la escuela viniste a estudiar y a aprender cosas positivas, no
lo olvides.
6.- No hay materias imposibles de pasar, todas están hechas para
la capacidad que hoy tienes.
7.- ¿Qué tanto quieres progresar en la vida? Disciplina es orden y
orden es progreso.
8.- Respeta a los demás y exige el respeto de todos. Ocúpate de
tus cosas y deja que los demás se ocupen de las suyas, y si acaso
no lo hicieren es asunto de ellos.
9.- En ocasiones tendrás que ayudar a los demás y otras veces
recibirás ayuda. Pero entiende y aplica bien la palabra ayuda,
pues es fácil crear vicios de tanto “ayudar” o caer en ellos de
tanto recibir “ayuda”.
10.- Administra bien tú tiempo. Todo se puede hacer, pero tienes
que asignar un momento para cada cosa. Dale mayor importancia
y tiempo a las cosas que te traerán beneficios. El tiempo es como
el dinero: debe invertirse no gastarse, y no debe utilizarse para
comprar lo que quieras sino lo que necesites.
11.- Si algo debe quedar bien claro en tu cerebro es que no hay
imposibles. Puedes ser lo que quieras, grande o pequeño como
quieras. Todo empieza en la imaginación, imagina que eres el
mejor y lo serás, imagina que puedes y podrás. Pero tienes que
acompañar tu pensamiento con la acción, de lo contrario no
pasarás de ser un soñador.
Tienes un horizonte lleno de posibilidades, no desaproveches esta
nueva oportunidad que la vida te dio.
LA ORUGA
En pequeño gusanito caminaba un día en dirección al sol. Muy cerca del camino se
encontraba un saltamontes:
– ¿Hacia dónde te diriges? -le preguntó.
Sin dejar de caminar, la oruga contestó:
– Tuve un sueño anoche; soñé que desde la punta de la gran montaña yo miraba todo
el valle. Me gustó lo que vi en mi sueño y he decidido realizarlo.
Sorprendido, el saltamontes le dijo, mientras su amigo se alejaba:
– ¡Debes estar loco! ¿Cómo podrías llegar hasta aquel lugar? ¡Tú, una simple oruga!
Una piedra será para ti una montaña, un pequeño charco un mar y cualquier tronco
una barrera infranqueable.
Pero el gusanito ya estaba lejos y no lo escuchó. Sus diminutos pies no dejaron de
moverse. La oruga continuó su camino, habiendo avanzado ya unos cuantos
centímetros.
Del mismo modo, la araña, el topo, la rana y la flor aconsejaron a nuestro amigo a
desistir de su sueño. «¡No lo lograrás jamás!» le dijeron, pero en su interior había un
impulso que lo obligaba a seguir.
Ya agotado, sin fuerzas y a punto de morir, decidió parar a descansar y construir con
su último esfuerzo un lugar donde pernoctar:
– Estaré mejor -fue lo último que dijo, y murió.
Todos los animales del valle por días fueron a mirar sus restos. Ahí estaba el animal
más loco del pueblo. Había construido como su tumba un monumento a la insensatez.
Ahí estaba un duro refugio, digno de uno que murió por querer realizar un sueño
irrealizable.
Una mañana en la que el sol brillaba de una manera especial, todos los animales
se congregaron en torno a aquello que se había convertido en una advertencia
para los atrevidos. De pronto quedaron atónitos.
Aquella concha dura comenzó a quebrarse y con asombro vieron unos ojos y una
antena que no podía ser la de la oruga que creían muerta. Poco a poco, como para
darles tiempo de reponerse del impacto, fueron saliendo las hermosas alas, arco iris
de aquel impresionante ser que tenían frente a ellos: UNA MARIPOSA.
No hubo nada que decir, todos sabían lo que haría:
Se iría volando hasta la gran montaña y realizaría su sueño; el sueño por el que había
vivido, por el que había muerto y por el que había vuelto a vivir.
"Todos se habían equivocado".
Si tienes un sueño, vive por él, intenta alcanzarlo, pon la vida en ello y si te das cuenta
que no puedes, quizás necesites hacer un alto en el camino y experimentar un cambio
radical en tu vida y entonces, con otro aspecto, con otras posibilidades y
circunstancias distintas: ¡LO LOGRARÁS!
LA PAZ PERFECTA
Te cuento que…
Había una vez un rey que ofreció un gran premio a aquel artista
que pudiera captar en una pintura la paz perfecta. Muchos artistas
lo intentaron.
El rey observó y admiró todas las pinturas, personalmente hubo
dos que realmente le gustaron y tuvo que escoger entre ellas.
La primera era un lago muy tranquilo. Este lago era un espejo
perfecto donde se reflejaban unas plácidas montañas que lo
rodeaban. Sobre estas se encontraba un cielo muy azul con tenues
nubes blancas. Todos los que miraron esta pintura quedaron que
esta reflejaba la paz perfecta.
La segunda pintura también tenía montañas. Pero eran escabrosas
y descubiertas. Sobre ellas había un cielo furioso del cual caía un
impetuoso aguacero con rayos y truenos. Montaña abajo parecía
retumbar un espumoso torrente de agua. Todo esto no se
revelaba para nada pacífico.
Pero cuando el rey observó cuidadosamente, vio tras la cascada
un delicado arbusto creciendo en una grieta de la roca. En este
arbusto se encontraba un nido. Allí, en medio del rugir de la
violenta caída de agua, estaba sentado plácidamente un pajarito
en medio de su nido... la paz perfecta.
¿Cuál crees que fue la pintura ganadora?
El rey escogió la segunda. ¿Sabes por qué?
Porque, explicaba el rey: “Paz no significa estar en un lugar sin
ruidos, sin problemas, sin trabajo duro o sin dolor. Paz significa
que a pesar de estar en medio de todas estas cosas,
permanezcamos calmados dentro de nuestro corazón.
Este es el verdadero significado de la paz.
LA PUERTA NEGRA
Érase una vez en el país de las mil y una noches.
En este país había un rey que era muy polémico por sus acciones, tomaba prisioneros de guerra y
los llevaba a una enorme sala. Los prisioneros eran colocados en grandes hileras en el centro de la
sala y el gritaba diciéndoles:
– ¡Les voy a dar una oportunidad! Miren el rincón del lado derecho de la sala...
Al hacer esto, los prisioneros veían a algunos soldados armados con arcos y flechas, listos para
cualquier acción.
– Ahora, -continuaba el rey- miren hacia el rincón del lado izquierdo...
Al hacer esto, todos los prisioneros notaban que había una horrible y grotesca puerta negra, de
aspecto dantesco. Cráneos humanos servían como decoración y el picaporte para abrirla
era la mano de un cadáver.....
En verdad, algo verdaderamente horrible solo de imaginar, mucho más para ver.
El rey se colocaba en el centro de la sala y gritaba:
– Ahora escojan, ¿qué es lo que ustedes quieren? ¿Morir clavados por flechas o abrir rápidamente
aquella puerta negra mientras los dejo encerrados allí? Ahora decidan, tienen libre albedrío,
escojan...
Todos los prisioneros tenían el mismo comportamiento: a la hora de tomar la decisión, ellos llegaban
cerca de la horrorosa puerta negra de más de cuatro metros de altura, miraban los cadáveres, la
sangre humana y los esqueletos con leyendas escritas del tipo: "viva la muerte" y decidían:
– Prefiero morir flechado...
Uno a uno, todos actuaban de la misma forma, miraban la puerta negra y a los arqueros de la
muerte y decían al rey:
– Prefiero ser atravesado por flechas a abrir esa puerta y quedarme encerrado.
Millares optaron por lo que estaban viendo: la muerte por las flechas.
Un día, la guerra terminó y pasado el tiempo, uno de los soldados del "pelotón de flechas" estaba
barriendo la enorme sala cuando apareció el rey.
El soldado con toda reverencia y un poco temeroso, preguntó:
–Sabe, gran rey, yo siempre tuve una curiosidad, no se enfade con mi pregunta, pero... ¿qué es lo
que hay detrás de aquella puerta negra?
El rey respondió...
– ¿Recuerdas que a los prisioneros siempre les di la opción de escoger? Pues bien... ve y abre esa
puerta negra.
El soldado, temeroso, abrió cautelosamente la puerta y sintió un rayo puro de sol besar el suelo de
la enorme sala, abrió un poco más la puerta y más luz y un delicioso aroma a verde llenó del lugar.
El soldado notó que la puerta negra daba a un campo que apuntaba a un gran camino.
Fue ahí que el soldado se dio cuenta de que la puerta negra llevaba hacia la Libertad... Todos
tenemos una puerta negra dentro de nuestra mente.
Para algunos, la puerta negra es el miedo a lo desconocido, para otros, es una persona difícil, tal
vez para otros es una frustración, ya sea miedo a relacionarse o miedo a ser rechazado, miedo a
innovar o miedo a cambiar, miedo a volar más alto...
Para algunos la puerta negra es la inseguridad porque la falta de preparación lo atemoriza, o una
traba imaginaria que la inseguridad de la vida fabricó durante su educación o su crianza. Pero si tú
puedes perder, también puedes vencer. Si das un paso más allá del miedo, vas a encontrar un rayo
de sol entrando en tu vida...
¡Abre esa puerta negra y deja que el sol te inunde!
LA RUEDA
Narra la historia de una rueda a la que le faltaba un pedazo, pues habían cortado de
ella un trozo triangular. La rueda quería estar completa, sin que le faltara nada, así
que se fue a buscar la pieza que había perdido. Pero como estaba incompleta y solo
podía rodar muy despacio, reparó en las bellas flores que había en el camino, charló
con los gusanos y disfrutó de los rayos del sol. Encontró montones de piezas, pero
ninguna era la que le faltaba, las hizo a un lado y prosiguió su búsqueda. Un día halló
una pieza que le venía perfectamente. Entonces se puso muy contenta, pues ya
estaba completa, sin que nada le faltara. Se colocó el fragmento en el cuerpo y
empezó a rodar...
Volvió a ser una rueda perfecta que podía rodar con mucha rapidez... Tan
rápidamente, que no veía las flores ni charlaba con los gusanos. Cuando se dio
cuenta de lo diferente que le parecía el mundo cuando rodaba tan de prisa, se detuvo,
dejo en la orilla del camino el pedazo que había encontrado y se alejó rodando
lentamente.
La moraleja de este cuento es que, por alguna razón, nos sentimos más completos
cuando nos falta algo. El hombre que lo tiene todo es un hombre pobre en ciertos
aspectos: «Nunca sabrá qué se siente al anhelar, tener esperanzas, nutrir el alma con
el sueño de algo mejor, ni tampoco conocerá la experiencia de recibir de quien lo ama
lo que siempre había deseado y no tenía. Hay integridad en la persona que acepta
sus limitaciones y tiene el suficiente coraje para renunciar a sus sueños inalcanzables
sin considerar que por eso ha fracasado.
Hay entereza en quien ha aprendido que es lo bastante fuerte para sufrir una tragedia
y sobrevivir, que puede perder a un ser querido y aún así sentirse completo
pues ha atravesado por la peor experiencia y ha salido indemne. Cuando
aceptemos que la imperfección es parte de la condición humana y sigamos rodando
por la vida sin renunciar a disputarla, habremos alcanzado una integridad a la que
otros solo aspiran. No significa ser perfectos ni nunca cometer errores sino ser
íntegros…Y, finalmente si tenemos suficiente valor para amar, compasión para
perdonar, generosidad para alegrarnos con la felicidad ajena y sabiduría para
reconocer que hay AMOR de sobra para todo el mundo, entonces podremos alcanzar
una satisfacción que nunca otra criatura alcanzó.
LA SEGUNDA OPORTUNIDAD
Si alguna vez en la historia hubo un hombre que de verdad
perdonó a alguien, fue Tomás Edison, él inventor de la
bombilla eléctrica, también conocido como el foco. Tras
mucho experimentar, por fin había producido el foco
perfecto, resultado final de cientos de pruebas. Era el primer
foco eléctrico que se había hecho jamás, y Edison se sentía
sumamente orgulloso y feliz. Durante años había soñado
con aquel momento.
Jimmy, llévalo arriba, por favor, dijo, entregándoselo a su
asistente, Jimmy Price. De pronto se escuchó que algo se
rompía y al volverse, Edison vio su preciado foco hecho
trizas en el suelo. ¡A Jimmy se le había resbalado de los
dedos!
80Edison no dijo palabra, pero es de imaginarse lo que
pensaría. Regresó a su mesa de trabajo y se puso a hacer
otro foco. Pasaron varios días hasta que por fin estuvo listo
el segundo foco. Allí estaba sobre la mesa frente a su
invento, totalmente terminado.
Entonces Edison hizo algo muy importante en señal de que
había perdonado a su aprendiz por haber roto su primer
foco. Con una sonrisa, le entregó el foco a Jimmy.
«Ten cuidado», le dijo. Le dio al muchacho otra oportunidad.
Jimmy no rompió aquel foco, y así es que ahora tenemos
miles de millones de ellos en el mundo.
LA ÚLTIMA CENA DE LEONARDO DA VINCI
Existe una anécdota del gran pintor, escultor e inventor Leonardo Da Vinci, acerca de su
pintura “La Última Cena”, una de sus obras más copiadas y vendidas en la actualidad.
Tardó 20 años en hacerla debido a que era muy exigente con las personas que servirían de
los.
Por fin, encontró a un joven con esas características, y fue el primero que pintó.
Después fue localizando a los 11 apóstoles, a quienes pintó juntos, dejando pendiente a
Judas Iscariote, pues no daba con el modelo adecuado.
Éste debía ser una persona de edad madura y mostrar en el rostro las huellas de la traición y
la avaricia, por lo que el cuadro quedó inconcluso por largo tiempo, hasta que le hablaron de
un terrible criminal que habían apresado.
Fue a verlo y era exactamente el Judas que él quería para terminar su obra, por lo que
solicitó al alcalde le permitiera al reo que posara para él. El alcalde, conociendo la fama del
maestro Da Vinci, aceptó gustoso y llevaron al reo custodiado por dos guardias y
encadenado al estudio del pintor. Durante todo el tiempo el reo no dio muestra de emoción
alguna por haber sido elegido para modelo, mostrándose demasiado callado y distante.
Al final Da Vinci, satisfecho del resultado, llamó al reo y le mostró la obra. Cuando el reo la
vio, cayó de rodillas sumamente impresionado, llorando.
Llorando y pidiendo perdón a Dios el reo le dijo: “Maestro, yo soy aquel joven que hace 19
años usted escogió para representar a Jesús en este mismo cuadro”.
MORALEJA:
Por más belleza física que se posea, es la belleza interna la que al fin sale a relucir a través
del tiempo. Si se lleva una vida de malos sentimientos, éstos quedarán marcados en las
arrugas de nuestro rostro.
El otro hombre tenía que estar tumbado todo el tiempo. Los dos se hablaban mucho.
De sus mujeres y familiares, de sus casas, trabajos, el servicio militar, dónde habían
estado de vacaciones.
Y todas las tardes el hombre que se podía sentar frente a la ventana, se pasaba el
tiempo describiendo a su compañero lo qué veía por la ventana. Éste, solamente vivía
para esos momentos donde su mundo se expandía por toda la actividad y color del
mundo exterior.
La ventana daba a un parque con un bonito lago. Patos y cisnes jugaban en el agua
mientras los niños capitaneaban sus barcos teledirigidos. Jóvenes amantes andaban
cogidos de la mano entre flores de cada color del arco iris. Grandes y ancestros
árboles embellecían el paisaje, y una fina línea del cielo sobre la ciudad se podía ver
en la lejanía.
Mientras el hombre de la ventana describía todo esto con exquisito detalle, el hombre
al otro lado de la habitación cerraba sus ojos e imaginaba la pictórica escena.
Una mañana, la enfermera entró para encontrase el cuerpo sin vida del hombre al
lado de la ventana, el cual había muerto tranquilamente mientras dormía. Se puso
muy triste y llamó al doctor para que se llevaran el cuerpo. Tan pronto como consideró
apropiado, el otro hombre preguntó si se podía trasladar al lado de la ventana. La
enfermera aceptó gustosamente, y después de asegurarse de que el hombre estaba
cómodo, le dejó solo.
Se retorció lentamente para mirar fuera de la ventana que estaba al lado de la cama.
Daba a un enorme muro blanco. El hombre preguntó a la enfermera qué había
pretendido el difunto compañero contándole aquel maravilloso mundo exterior.
LAS DUDAS
Un pobre hombre que vivía en la miseria y mendigaba de
puerta en puerta, observó un carro de oro que entraba en el
pueblo llevando a un rey sonriente y radiante.
El pobre se dijo de inmediato: “Se ha acabado mi sufrimiento,
se ha acabado mi vida de pobre. Este rey de rostro dorado ha
venido aquí por mí, lo sé. Me cubrirá de migajas de su riqueza
y viviré tranquilo".
En efecto, el rey, como si hubiese venido para ver al pobre
hombre, hizo detener el carro a su lado.
El mendigo, que se había postrado en el suelo, se levantó y
miró al rey, convencido de que había llegado la hora de su
suerte.
Entonces, de repente, el rey extendió la mano hacia el pobre y
le dijo:
– ¿Qué tienes para darme? -y el pobre, muy sorprendido y muy
desilusionado, no supo que decir.
“¿Es un juego -se preguntó- lo que el rey me propone? ¿Se
burla de mí? ¿Es un nuevo pesar?"
Entonces, al ver la persistente sonrisa del rey, su luminosa
mirada y su mano tendida, el pobre metió la mano en su alforja,
que contenía unos puñados de arroz.
Cogió un grano de arroz, y se lo dio al rey, que le dio las
gracias y se fue enseguida llevado por unos caballos
sorprendentemente rápidos.
Al final del día, al vaciar su alforja, el pobre encontró un grano
de oro.
Entonces se puso a llorar diciendo:
– ¿Por qué no le habré dado todo mi arroz?
Mientras se hacía la votación el maestro notó, que una estudiante permanecía callada
y no había entregado aún su lista. Así que le preguntó si tenía problema para terminar
de hacer su elección.
El maestro dijo: -Bueno, dinos lo que has escrito y tal vez podamos ayudarte.
La muchacha titubeo, y después leyó, Creo que las Siete Maravillas del Mundo son:
Poder tocar.
Poder saborear.
Poder ver.
Poder escuchar.
Titubeando un poco continúo:
Poder sentir.
Poder reír.
Y… Poder amar.
Al terminar de leerlas el salón de clase quedó en un silencio absoluto.
Es muy sencillo para nosotros poder ver muchas de las hazañas del hombre y
referirnos a ellas como maravillas, cuando a veces pasan desapercibidas las
maravillas que Dios hizo por nosotros y que son sencillamente “comunes”.
LECCIÓN DE LA VIDA
Hubo una vez un rey que dijo a los sabios de la corte:
– Me estoy fabricando un precioso anillo. He conseguido uno de los
mejores diamantes posibles. Quiero guardar oculto dentro del anillo algún
mensaje que pueda ayudarme en momentos de desesperación total, y que
ayude a mis herederos, y a los herederos de mis herederos, para siempre.
Tiene que ser un mensaje pequeño, de manera que quepa debajo del
diamante del anillo.
Todos quienes escucharon eran sabios, grandes eruditos; podrían haber
escrito grandes tratados, pero darle un mensaje de no más de dos o tres
palabras que le pudieran ayudar en momentos de desesperación total...
Pensaron, buscaron en sus libros, pero no podían encontrar nada.
El rey tenía un anciano sirviente que también había sido sirviente de su
padre. La madre del rey murió pronto y este sirviente cuidó de él, por tanto,
lo trataba como si fuera de la familia. EI rey sentía un inmenso respeto por
el anciano, de modo que también lo consultó. Y este le dijo:
– No soy un sabio, ni un erudito, ni un académico, pero conozco el
mensaje. Durante mi larga vida en palacio, me he encontrado con todo tipo
de gente, y en una ocasión me encontré con un místico. Era invitado de tu
padre y yo estuve a su servicio. Cuando se iba, como gesto de
agradecimiento, me dio este mensaje.
El anciano lo escribió en un diminuto papel, lo dobló y se lo dio al rey.
– Pero no lo leas -agregó-, mantenlo escondido en el anillo. Ábrelo sólo
cuando todo lo demás haya fracasado, cuando no encuentres salida a la
situación.
Ese momento no tardó en llegar. EI país fue invadido y el rey perdió el
reino. Estaba huyendo en su caballo para salvar su vida y sus
enemigos lo perseguían. Estaba solo y los perseguidores eran
numerosos.
Llegó a un lugar donde el camino se acababa, no había salida: enfrente
había un precipicio y un profundo valle; caer por él sería el fin. Y no podía
volver porque el enemigo le cerraba el camino. Ya podía escuchar el trotar
de los caballos. No podía seguir hacia adelante y no había ningún otro
camino...
De repente, se acordó del anillo. Lo abrió, sacó el papel y allí encontró un
pequeño mensaje tremendamente valioso:
Simplemente decía "ESTO TAMBIÉN PASARÁ". Mientras leía sintió que se
cernía sobre él un gran silencio. Los enemigos que le perseguían debían
haberse perdido en el bosque, o debían haberse equivocado de camino,
pero lo cierto es que poco a poco dejó de escuchar el trote de los caballos.
El rey se sentía profundamente agradecido al sirviente y al místico
desconocido. Aquellas palabras habían resultado milagrosas.
Dobló el papel, volvió a ponerlo en el anillo, reunió a sus ejércitos y
reconquistó el reino.
Y el día que entraba de nuevo victorioso en la capital hubo una gran
celebración con música, bailes... y él se sentía muy orgulloso de sí mismo.
El anciano estaba a su lado en el carro y le dijo:
– Este momento también es adecuado: vuelve a mirar el mensaje.
– ¿Qué quieres decir? preguntó el rey. Ahora estoy victorioso, la gente
celebra mi vuelta, no estoy desesperado, no me encuentro en una situación
sin salida.
– Escucha, -dijo el anciano- este mensaje no es solo para
situaciones desesperadas; también es para situaciones placenteras. No es
solo para cuando estás derrotado; también es para cuando te sientes
victorioso. No es solo para cuando eres el último; también es para cuando
eres el primero.
El rey abrió el anillo y leyó el mensaje: "Esto también pasará", y
nuevamente sintió la misma paz, el mismo silencio en medio de la
muchedumbre que celebraba y bailaba, pero el orgullo y el egoísmo habían
desaparecido.
El rey pudo terminar de comprender el mensaje. Se había iluminado.
Entonces el anciano le dijo:
– RECUERDA QUE TODO PASA
Ninguna cosa ni ninguna emoción son permanentes.
Como el día y la noche, hay momentos de alegría momentos de tristeza.
Acéptalos como parte de la dualidad de la naturaleza porque son la
naturaleza misma de las cosas.
Lo mismo ocurre, a veces, con nosotros. Tenemos unos 80 años para vivir
en este mundo y una voz siempre nos advierte: “Y No te olvides de lo
principal!”
Al preguntarle al tercer hombre sobre sus sacos, él contestó: -El saco que
llevo al frente, está lleno de maravillosos pensamientos acerca de la gente,
los actos bondadosos que han realizado y todo cuanto de bueno he tenido
en mi vida. Es un saco muy grande y está lleno, pero no pesa mucho. Su
peso es como las velas de un barco “lejos de ser una carga” me ayudan a
avanzar. Por su parte, el saco que llevo a mis espaldas está vacío, pues le
he hecho un gran orificio en el fondo. En ese saco, puse todo lo malo que
escuché de los demás así como todo lo malo que a veces pienso acerca de
mí mismo. Esas cosas se fueron saliendo por el agujero y se perdieron
para siempre, de modo que ya no hay peso que me haga más penoso el
trayecto.
LOS GANSOS
Cuando veas a los gansos emigrar, dirigiéndose hacia un lugar más cálido
para pasar el invierno fíjate que vuelan en forma de V.
Tal vez te interese saber por qué lo hacen en esa forma:
Al batir sus alas, cada pájaro produce un movimiento en el aire que ayuda
al pájaro que va detrás de él.
Volando en V la bandada de gansos incrementa su poder de vuelo en un
71% en comparación con un pájaro que vuela solo.
Las personas que comparten una dirección común y tienen sentido de
comunidad, pueden llegar a cumplir sus objetivos más fácil y rápidamente,
porque ayudándonos entre nosotros los logros son mayores.
Cada vez que un ganso sale de la formación siente inmediatamente la
resistencia del aire, se da cuenta de la dificultad de hacerlo solo y
rápidamente vuelve a la formación para beneficiarse del compañero que va
adelante.
Si nos unimos y nos mantenemos junto a aquellos que van en nuestra
misma dirección, el esfuerzo será menor, será más sencillo y más
placentero alcanzar las metas.
Cuando el líder de los gansos se cansa, se pasa a uno de los lugares de
atrás, y otro ganso toma su lugar.
Los hombres obtenemos mejores resultados si nos apoyamos en los
momentos duros, si nos respetamos compartiendo los problemas y los
trabajos más difíciles.
Los gansos que van atrás graznan para alentar a los que van adelante a
mantener la velocidad.
Una palabra de aliento a tiempo, ayuda, da fuerza, motiva, produce el
mejor de los beneficios.
Finalmente, cuando un ganso se enferma o cae herido por un disparo,
otros dos gansos salen de la formación y lo siguen para apoyarlo y
protegerlo.
Si nos mantenemos uno al lado del otro apoyándonos y acompañándonos,
si hacemos realidad el espíritu de equipo, si pese a las diferencias
podemos conformar un grupo humano para afrontar todo tipo de
situaciones, si entendemos el verdadero valor de la AMISTAD, si somos
conscientes del sentimiento de COMPARTIR, la vida será más simple y el
vuelo de los años más placentero.
- “Querida, yo voy a salir de la casa, voy a viajar bien lejos, buscar empleo y trabajar hasta tener
condiciones para regresar y darte una vida mas cómoda y digna. No sé cuánto tiempo voy a estar
lejos, sólo te pido una cosa: que me esperes y, mientras yo esté lejos, me seas fiel, pues yo te seré
fiel a ti.”
Así, siendo joven aún, caminó muchos días a pie, hasta encontrar un hacendado que estaba
necesitando de alguien para ayudarlo en su hacienda. El joven llegó y se ofreció para trabajar y fue
aceptado.
Pidió hacer un trato con su jefe, el cual fue aceptado también. El pacto fue el siguiente:
- “Déjeme trabajar por el tiempo que yo quiera y cuando yo encuentre que debo irme, el señor me
libera de mis obligaciones: Yo no quiero recibir mi salario. Le pido al señor que lo coloque en una
cuenta de ahorro hasta el día en que me vaya. El día que yo salga, usted me dará el dinero que yo
haya ganado."
Estando ambos de acuerdo. Aquel joven trabajo durante 20 años, sin vacaciones y sin descanso.
El patrón le respondió:
- “Muy bien, hicimos un pacto y voy a cumplirlo, sólo que antes quiero hacerte una propuesta, está
bien?. Yo te doy tu dinero y tú te vas, o te doy tres consejos y no te doy el dinero y te vas. Si yo te
doy el dinero, no te doy los consejos y viceversa. Vete a tu cuarto, piénsalo y después me das la
respuesta.”
El pensó durante dos días, buscó al patrón y le dijo: “QUIERO LOS TRES CONSEJOS”
- “NUNCA TOMES ATAJOS EN TU VIDA. Caminos mas cortos y desconocidos te pueden costar la
vida.
- NUNCA SEAS CURIOSO DE AQUELLO QUE REPRESENTE EL MAL. Pues la curiosidad por el
mal puede ser fatal.
Después de darle los consejos, el patrón le dijo al joven, que ya no era tan joven, así:
- “Aquí tienes tres panes, dos para comer durante el viaje y el tercero es para comer con tu esposa
cuando llegues a tu casa.”
El hombre entonces, siguió su camino de vuelta, de veinte años lejos de su casa y de su esposa que
el tanto amaba. Después del primer día de viaje, encontró una persona que lo saludo y le pregunto:
- “Para dónde vas?”
Él le respondió:
- “Voy para un camino muy distante que queda a más de veinte días de caminata por esta carretera.”
- “Joven, este camino es muy largo, yo conozco un atajo con el cual llegarás en pocos días”.
El joven contento, comenzó a caminar por el atajo, cuando se acordó del primer consejo, “NUNCA
TOMES ATAJOS EN TU VIDA. CAMINOS MAS CORTOS Y DESCONOCIDOS TE PUEDEN
COSTAR LA VIDA”. Entonces se alejó de aquel atajo y volvió a seguir por el camino normal. Dos
días después se enteró de otro viajero que había tomado el atajo, y lo asaltaron, lo golpearon, y le
robaron toda su ropa. Ese atajo llevaba a una emboscada.
Después de algunos días de viaje, y cansado al extremo, encontró una pensión a la vera de la
carretera. Era muy tarde en la noche y parecía que todos dormían, pero una mujer malencarada le
abrió la puerta y lo atendió Como estaba tan cansado, tan solo le pagó la tarifa del día sin preguntar
nada, y después de tomar un baño se acostó a dormir.
- "Usted ha tenido suerte en salir vivo de aquí, pues en las noches nos acecha una mujer maleante
con crisis de locura, que grita horriblemente y cuando el huésped sale a enterarse de qué está
pasando, lo mata, lo entierra en el quintal, y luego se esfuma."
El joven siguió su larga jornada, ansioso por llegar a su casa. Después de muchos días y noches de
caminata, ya al atardecer, vio entre los árboles humo saliendo de la chimenea de su pequeña casa,
caminó y vio entre los arbustos la silueta de su esposa. Estaba anocheciendo, pero alcanzó a ver
que ella no estaba sola.
Anduvo un poco mas y vio que ella tenía en sus piernas, un hombre al que estaba acariciando los
cabellos. Cuando vio aquella escena, su corazón se llenó de odio y amargura y decidió correr al
encuentro de los dos y matarlos sin piedad. Respiró profundo, apresuro sus pasos, cuando recordó
el tercer consejo. “NUNCA TOMES DECISIONES EN MOMENTOS DE ODIO Y DOLOR, PUES
PUEDES ARREPENTIRTE DEMASIADO TARDE”
Entonces se paró y reflexionó, decidió dormir ahí mismo aquella noche y al día siguiente tomar una
decisión.
Se dirigió a la puerta de la casa y tocó. Cuando la esposa le abre la puerta y lo reconoce, se cuelga
de su cuello y lo abraza afectuosamente. Él trata de quitársela de arriba, pero no lo consigue.
El entonces le preguntó:
Y ella le contestó:
- “Aquel hombre es nuestro hijo. Cuando te fuiste, descubrí que estaba embarazada. Hoy él tiene
veinte años de edad."
Entonces el marido entró, conoció, abrazó a su hijo y les contó toda su historia, en cuanto su esposa
preparaba la cena. Se sentaron a comer el último pan juntos. Después, con lágrimas de emoción,
partió el pan, y al abrirlo, se encontró todo su dinero, el pago de sus veinte años de dedicación.
LLENANDO EL CÁNTARO
Cuentan que una vez un hombre envió a su joven hijo a
llenar un cántaro al río, y le dijo que volviera lo antes
posible; el joven obedeció y fue hacia el río mientras su
padre le observaba de lejos. Entonces el hombre vio a su
hijo poniendo el cántaro debajo una cascada, y la fuerza del
agua era tal y la cantidad tan grande que no entraba el agua
al cántaro, pues era de cuello delgado.
Cuando el hijo regresó con el cántaro había roto el cuello
del mismo por el constante golpear y la fuerza del agua,
esto además provocó que el agua llegara turbia y sucia. El
padre preguntó entonces:
– ¿Por qué no simplemente sumergiste el cántaro en el río?
¿No veías que el agua de la cascada era demasiada para el
cuello del cántaro?
El hijo contestó:
– Sí, pero es que quería llenarlo lo más rápido posible.
Muchas veces en nuestras vidas tratamos de "llenarnos" a
nuestro tiempo en un mundo acelerado y convulsionado.
Por eso logramos las cosas a medias y el agua que
conseguimos no es pura ni cristalina, sino turbia. Queremos
tener todo "ya" y en el proceso muchas veces nos
lastimamos por no sumergirnos poco a poco en la corriente
calmada del río.
Aprende a conocer tu capacidad, no quieras hacer las cosas
en tu momento, y espera a llenar tu cántaro hasta el tope,
pero en SU momento y según TU capacidad y preparación.
MANEJO DE LA TENSIÓN
Un conferencista hablaba sobre el manejo de la tensión.
Levantó un vaso con agua y preguntó al auditorio:
-¿Cuánto creen ustedes que pesa este vaso con agua?
Y concluyó:
MANOS
Durante el siglo XV, en pequeña aldea cercana a Nuremberg, vivía una
familia con 18 niños. Para poder poner pan en la mesa para tal prole,
el padre y jefe de familia trabajaba casi 18 horas diarias en las minas
de oro, y en cualquier otra cosa que se presentara.
A pesar de las condiciones tan pobres en que vivían, dos de los hijos
de Albrecht Durer tenía un sueño. Ambos querían desarrollar su
talento para el arte, pero bien sabían que su padre jamás podría enviar
a ninguno de ellos a estudiar a la Academia.
Después de muchas noches de conversaciones calladas entre los
dos, llegaron a un acuerdo. Lanzarían al aire una moneda. El
perdedor trabajaría en las minas para pagar los estudios al que
ganara. Al terminar sus estudios, el ganador pagaría entonces los
estudios al que quedara en casa, con las ventas de sus obras, o como
fuera necesario.
Lanzaron al aire la moneda un domingo al salir de la Iglesia.
Albrecht Durer ganó y se fue a estudiar a Nuremberg.
Albert comenzó entonces el peligroso trabajo en las minas,
donde permaneció por los próximos cuatro años para sufragar los
estudios de su hermano, que desde el primer momento fue toda
una sensación en la Academia.
Los grabados de Albrecht, sus tallados y sus óleos llegaron a ser
mucho mejores que los de muchos de sus profesores, y para el
momento de su graduación, ya había comenzado a ganar
considerables sumas con las ventas de su arte. Cuando el joven artista
regresó a su aldea, la familia Durer se reunió para dar una cena festiva
en su honor. Al finalizar la memorable velada, Albrecht se puso de pie
en su lugar de honor en la mesa, y propuso un brindis por su hermano
querido, que tanto se había sacrificado para hacer sus estudios una
realidad.
Sus palabras finales fueron:
– Ahora, Albert hermano mío, es tu turno. Ahora puedes ir tú a
Nuremberg a perseguir tus sueños, que yo me haré cargo de ti. -
Todos los ojos se volvieron llenos de expectativa hacia el rincón de la
mesa que ocupaba Albert, quien tenía el rostro empapado en lágrimas,
y movía de lado a lado la cabeza mientras murmuraba una y otra vez:
“No... No... No...” Finalmente, Albert se puso de pie y secó sus
lágrimas. Miró por un momento a cada uno de aquellos seres queridos
y se dirigió a su hermano, y poniendo su mano en la mejilla de aquel le
dijo suavemente:
– No, hermano, no puedo ir a Nuremberg. Es muy tarde para mí. Mira
lo que cuatro años de trabajo en las minas han hecho a mis manos.
Cada hueso de mis manos se ha roto al menos una vez, y
últimamente la artritis en mi mano derecha ha avanzado tanto que
hasta me costó trabajo levantar la copa durante tu brindis... Mucho
menos podría trabajar con delicadas líneas el compás o el pergamino y
no podría manejar la pluma ni el pincel. No hermano... para mí ya es
tarde.
Más de 450 años han pasado desde ese día. Hoy en día los grabados,
óleos, acuarelas, tallas y demás obras de Albrecht Durer pueden ser
vistos en museos alrededor de todo el mundo. Pero seguramente
usted, como la mayoría de las personas, solo recuerde uno.
Lo que es más, seguramente hasta tenga uno en su oficina o en su
casa.
Un día, para rendir homenaje al sacrificio de su hermano Albert,
Albrecht Durer dibujó las manos maltratadas de su hermano, con las
palmas unidas y los dedos apuntando al cielo. Llamó a esta poderosa
obra simplemente "Manos", pero el mundo entero abrió de inmediato
su corazón a su obra de arte y se le cambió el nombre a la obra por el
de "Manos que oran". La próxima vez que veas una copia de esta
creación, mírala bien. Permite que sirva de recordatorio, si es que lo
necesitas, de que nadie, nunca triunfa solo.
NO FUE ASÍ
El otro día te miré y sonreí,
pensé que me verías, pero no fue así.
Temía al dolor, hasta que aprendí que éste es necesario para crecer.
Temía a la muerte, hasta que aprendí que no es el final, sino más bien el
comienzo.
Temía al odio, hasta que me di cuenta que no es otra cosa más que
ignorancia.
Temía hacerme viejo, hasta que comprendí que ganaba sabiduría día a
día.
Hagamos que nuestras vidas cada día tengan más vida y si nos sentimos
desfallecer no olvidemos que al final siempre hay algo.
OBSTÁCULOS EN EL CAMINO
Hace mucho tiempo, un rey colocó una gran roca
obstaculizando un camino. Luego se escondió y miró
para ver si alguien quitaba la tremenda piedra.
Algunos simplemente la rodearon. Muchos culparon a
la autoridad por no mantener los caminos despejados,
pero ninguno de ellos hizo nada para sacar la piedra
del camino.
Un vecino del pueblo que vivía en el sitio más
descampado, pasaba por allí exhausto con un fardo de
leña sobre sus hombros y la vio.
Se detuvo, luego se aproximó a ella, puso su carga en
el piso trabajosamente y trató de mover la roca a un
lado del camino.
Después de empujar y empujar hasta llegar a fatigarse
mucho, con gran esfuerzo, lo logró. Mientras recogía
su fardo de leña, vio una pequeña bolsita en el suelo,
justamente donde antes había estado la roca. La
bolsita contenía muchas monedas de oro y una nota
para la persona que removiera la roca como
recompensa por despejar el camino.
El campesino aprendió ese día que cada obstáculo
puede estar disfrazando una oportunidad tanto para
ayudar a los demás como para ayudarse a si mismo.
-No me debe nada, respondió ella. -Mi madre nos enseñó a nunca aceptar pago por
hacer un favor.
Aquel joven llamado Howard Kelly se fue de aquella casa, no solo sintiéndose
fortalecido en su cuerpo sino también en su fe en Dios y en la humanidad. Antes del
incidente estaba pensando en rendirse y renunciar.
Muchos años mas tarde aquella joven, ya mayor, se enfermo gravemente. Los
doctores locales estaban muy preocupados. Finalmente la enviaron al hospital de una
gran ciudad donde practicaba un famoso especialista en aquella enfermedad.
Cuando el médico se dio cuenta del nombre de su nueva paciente y del pueblo de
procedencia, inmediatamente se levantó y fue a verla. La reconoció inmediatamente.
Volvió a su oficina resuelto a hacer todo lo posible para salvar su vida. La lucha fue
larga pero la señora se salvó.
Por su parte la señora andaba muy preocupada sabiendo que el precio de su estancia
en el hospital sería astronómico. Sin que ella supiese, el doctor envió órdenes que le
pasaran a el la cuenta final. Después de examinarla escribió un mensaje al pie de la
cuenta antes de que fuese enviada a la señora.
Ella abrió aquella cuenta con gran temor, pensando que pasaría el resto de sus días
pagándola. Finalmente miró y cual fue su asombró cuando leyó al pie de la lista de
enormes cifras:
Hemos llegado a la Luna y regresamos, pero tenemos problemas para cruzar la calle y conocer a
nuestro vecino.
Son días que llegan dos sueldos a casa, pero aumentan los divorcios.
Por todo esto, propongo que de hoy en adelante, no guardes nada “Para una ocasión especial”,
porque cada día que vivas es una ocasión especial.
Busca a Dios, aprende a conocerle, lee más, siéntate en la terraza y admira la vista sin fijarte en las
malas hierbas.
Pasa más tiempo con tu familia y con tus amigos, come tu comida referida, visita los sitios que
ames.
La vida es una sucesión de momentos para disfrutar, no es solo para sobrevivir.
Usa tus copas de cristal, no guardes tu mejor perfume, úsalo cada vez que te den ganas de hacerlo.
Las frases “Uno de estos días”, “Algún día”, quítalas de tu vocabulario. Escribamos aquella carta que
pensábamos escribir, “Uno de estos días”.
Digamos hoy a nuestros familiares y amigos, cuanto los queremos.
Por eso, no retardes nada que agregaría risa y alegría a tu vida.
Cada día, hora, y minuto son especiales… y no sabes si pudiera ser el último…
¿QUÉ ES LA RIQUEZA?
¿Qué es la riqueza?
A dos grupos de personas se les hizo la siguiente pregunta:
¿Qué es la riqueza?
Abogado: tener muchos casos que dejen buenas ganancias y tener un BMW.
Médico: tener muchos pacientes y poder comprar una casa grande y bonita.
“No midas tu riqueza por el dinero que tienes, mide tu riqueza por aquellas cosas que
no cambiarías por dinero”
QUEMAR LAS NAVES
Antes del año 335 A C., al llegar a la costa de fenicia, Alejandro Magno
debió enfrentar una de sus más grandes batallas.
Al desembarcar, comprendió que los soldados enemigos superaban en
cantidad, tres veces mayor, a su gran ejército.
Sus hombres estaban atemorizados y no encontraban motivación para
enfrentar la lucha; habían perdido la fe y se daban por derrotados. El temor
había acabado con aquellos guerreros invencibles.
Cuando Alejandro Magno hubo desembarcado a todos sus hombres en la
costa enemiga, dio la orden de que fueran quemadas todas sus naves.
Mientras los barcos se consumían en las llamas y se hundían en el mar,
reunió a sus hombres y les dijo: «Observen cómo se queman los barcos...
Esa es la única razón por la que debemos vencer, ya que si no ganamos,
no podremos volver a nuestros hogares y ninguno de nosotros podrá
reunirse con su familia nuevamente, ni podrá abandonar esta tierra que hoy
despreciamos. Debemos salir victoriosos en esta batalla, ya que solo hay
un camino de vuelta y es por mar. Caballeros, cuando regresemos a casa;
lo haremos de la única forma posible, en los barcos de nuestros
enemigos».
Cuántas veces la falta de fe, el temor y la inseguridad, el estar atado a lo
seguro nos priva de conseguir nuevos éxitos, nos hace renunciar a los
cambios, nos hace renunciar a los sueños, nos hace negar los anhelos y
las metas que están grabadas en lo más profundo de nuestros corazones.
Cuántas veces la seguridad de poseer algo nos hace renunciar a la
posibilidad de conseguir mucho más; cuántas veces lo que tenemos
fácilmente a nuestro alcance nos impide crecer, haciendo que la seguridad
se convierta en mediocridad, en fracaso y monotonía.
Debemos saber que perseverando todo puede lograrse.
Que el amor y la fe nos dan la fuerza necesaria para obrar milagros en
nuestras vidas, si así lo deseamos. Que las personas perseverantes inician
su éxito donde otras acaban por fracasar. Que ningún camino es
demasiado para un hombre que avanza decidido y sin prisas, teniendo
claro sus objetivos.
El ejército de Alejandro Magno venció en aquella batalla, regresando a su
tierra a bordo de los barcos conquistados al enemigo.
Los mejores hombres no son aquellos que han esperado las
oportunidades, sino quienes las han buscado y las han aprovechado a
tiempo; quienes han asediado a la oportunidad, quienes la han
conquistado.
La conquista puede ser un amor, conocimientos, trabajo, riquezas
materiales o espirituales. Todo está a tu alcance. Tú puedes plantearte las
metas y los objetivos que deseas.
Las condiciones para lograr éxitos no son siempre fáciles. No hay otro
método que trabajar duro, ser tenaz, soportar, tener fe, luchar, creer
siempre, no rendirse y jamás volver la espalda.
QUE RAZÓN TENÍAS PAPÁ.
Qué razón tenias papá,
Cuando me dijiste que a mi edad
Aun no estaba preparado para controlar mi vida,
Que era yo muy joven,
Que esperara un poco más de tiempo
Y luego tú mismo me ayudarías a independizarme.
Y, sin embargo… preferí no escucharte…
Te dejé con la palabra en la boca,
Y me fui de la casa,
Según yo, a comerme al mundo a rebanadas.
Repetiste una y otra vez que tú y mi mamá sólo querían lo mejor para mí,
Y que sus regaños no eran por desamor…
Trataste de explicarme que la comprensión
No era darme siempre la razón;
Pero, a pesar de ello,
En muchas ocasiones preferiste ceder, y callar;
Con esa actitud tan conciliadora que adoptaba,
Con tal de que yo no cumpliera mis constantes amenazas,
Mientras yo los acusaba de ser los peores padres.
– No creo conocerlos, pero deben tener hambre. Por favor pasen y acepten
alguna cosa para comer.
– Hagamos caso del consejo de nuestra hija, -dijo el esposo a su esposa-. Sal e
invita a Amor a será nuestro huésped.
Amor se puso de pie y empezó a caminar hacia la casa. Los otros dos también
se pusieron de pie y lo siguieron. Sorprendida, la señora les preguntó a Riqueza
y a Éxito:
– Solamente invité a Amor. ¿Por qué están pasando ustedes? Los ancianos
respondieron:
– Si usted hubiera invitado a Riqueza o a Éxito, los otros dos nos hubiéramos
quedado afuera, pero como usted invitó a Amor, dondequiera que él va,
nosotros lo acompañamos. Dondequiera que haya amor, también hay riqueza y
éxito.
¿SABES CUÁNTO VALES?
Alfredo, con el rostro abatido de pesar, se reúne con su amiga Marisa en un bar a
tomar un café. Deprimido, descargó en ella sus angustias. Que el trabajo… Que el
dinero… Que la relación con su pareja… Que su vocación... Todo parecía estar mal
en su vida.
Entonces Marisa tomó el billete en uno de sus puños y lo arrugó hasta hacerlo un
pequeño rollo. Mostrando la estrujada pelotita verde a Alfredo volvió a preguntarle:
– Marisa, no sé qué pretendes con esto, pero siguen siendo 100 pesos… ¡Claro que
los tomaré si me los entregas!
Entonces Marisa desdobló el arrugado billete, lo tiró al piso y lo restregó con su pie en
el suelo, levantándolo luego sucio y marcado.
– Mira Marisa, sigo sin entender qué pretendes, pero ese es un billete de 100 pesos y
mientras no lo rompas conserva su valor...
– Entonces, Alfredo, debes saber que aunque a veces algo no salga como quieres,
aunque la vida te arrugue o pisotee SIGUES siendo tan valioso como siempre lo has
sido... lo que debes preguntarte es CUÁNTO VALES en realidad y no lo golpeado que
puedas estar en un momento determinado.
Alfredo quedó mirando a Marisa sin atinar con palabra alguna mientras el
impacto del mensaje penetraba profundamente en su cerebro.
Marisa puso el arrugado billete de su lado en la mesa y con una sonrisa cómplice
agregó:
– Toma, guárdalo para que te acuerdes de esto cuando te sientas mal... Pero me
debes un billete NUEVO de 100 pesos para poder usar con el próximo que lo
necesite.
Sí, cada grupo nos deja algo (una nueva enseñanza), no importa las sensaciones que
transmitan: rechazo, hostilidad, hermetismo, apatía, atención, respeto, afecto, quizás
también admiración...
Yo he aprendido que cada grupo es diferente, incluso de un curso (semestre) a otro habrá
cambios en cada uno. Cada grupo tiene su individualidad, así como cada alumno la tiene, y
por eso no se deben hacer comparaciones entre grupos o estudiantes.
He aprendido la diferencia entre las palabras “alumno” y “estudiante”; que la dinámica de una
clase nunca será la misma, ni aún impartiendo el mismo tema; los comentarios, las dudas,
las observaciones, cada uno de estos detalles hará cada sesión única y especial...
También he aprendido que es posible reprender con severidad, pero con un tono amable en
la voz, que se obtiene una mejor respuesta de los alumnos con una sonrisa y un trato cálido
y humano, que después de un error lo mejor es una palabra de aliento y que sus aciertos
son un buen motivo para un pequeño reconocimiento. Que después de una llamada de
atención, una sonrisa espontánea y una mirada dulce son imposibles ante la expresión de
gusto por ver su avance en una materia que generalmente les era difícil o no grata.
Pero no se debe olvidar que los estudiantes no son solamente números en una lista de
asistencia, así como el ser maestro no es terminar la clase, cerrar la mochila y dejar la
vocación tras una puerta; ser maestro es tener siempre la necesidad de transmitir un
conocimiento, planear con detenimiento la próxima sesión y si es necesario, ensayarla para
que sea perfecta.
Así mismo se debe tener presente que somos seres humanos y que no es malo reconocer
que se desconoce algo que el estudiante pregunta, el defecto de ello radica en dar
respuestas erróneas por no saber ser humilde. Incluso sin que los estudiantes lo noten, el
maestro va adquiriendo nuevos conocimientos a la vez que los transmite.
Hay ocasiones en que no se quiere llegar ante un grupo, sin embargo, debe hacerse como si
fuera el primer día; pero también hay grupos con los que la cátedra es tan agradable, que se
espera con gusto la siguiente clase.
A lo largo de 18 años he aprendido, me he desesperado, he estado a punto del llanto (a
veces de alegría y satisfacción, y muchas otras de decepción e impotencia), pero también he
disfrutado la experiencia de dejar cada día en alguien un nuevo conocimiento.
SER POSITIVOS
¿Qué puede hacer para volverse una persona positiva?
1. Búsquele el lado bueno a todas las personas, situaciones y cosas.
2. Hable bien de usted mismo y de los demás.
3. Nunca se queje; evite hacer el papel de víctima.
4. Trate a las otras personas como le gustaría que lo trataran a usted.
5. Trátese usted mismo con cariño, respeto y tolerancia.
6. Limpie su mente de temores y prejuicios.
7. No se sienta mal por sus errores; aprenda de ellos.
8. Dedique más tiempo a pensar en sus bendiciones que en sus desgracias.
9. Evite escuchar canciones tristes y negativas.
10. Cuando se sienta triste, sonría y actúe como si estuviera feliz.
11. No pierda su tiempo escuchando o leyendo noticias sangrientas o
mortificantes.
12. Evite discretamente la compañía de personas pesimistas y quejumbrosas.
13. Rodéese de gente positiva y alegre.
14. Dedique un pensamiento amable a cada persona que lo ofenda o fastidie.
15. Practique diariamente la relajación muscular.
16. Lea con frecuencia libros de superación personal.
17. Dedíquese a lo que más le guste hacer, aunque no parezca muy rentable.
18. Fíjese objetivos claros de lo que le gustaría ser, hacer, tener y aprender.
19. Escriba sus objetivos y léalos con frecuencia.
20. Cultive el hábito de pasar pronto de la idea a la acción.
SIETE FRASES PARA MEJORAR LA
COMUNICACIÓN CON LA FAMILIA
1.- Te Amo
Ningún ser humano puede sentirse realmente feliz hasta escuchar que alguien
le diga: “te amo”. Atrévete a decirlo a la otra persona, a tu cónyuge, a tus
padres, a tus hermanos, a tus hijos, si es que nunca lo has hecho, haz la prueba
y verás el resultado.
2.- Te Admiro
En la familia, cada miembro tiene alguna cualidad o habilidad que merece
reconocimiento: Todos, en algún momento, sentimos la necesidad de que se
nos reconozca algún logro o meta alcanzada… ¿Cuándo fue la última vez que le
dijiste esto a alguien?
3.- ¡Gracias!
Una necesidad básica del ser humano es la de ser apreciado. No hay mejor
forma de decir a una persona que es importante lo que hace por nosotros, que
expresarle un ¡gracias!, no en forma mecánica, sino con pleno calor humano.
– Pero ¿por qué sencillamente no me despertaste? ¿Por qué razón tuviste que
usar el látigo? – Había que actuar rápidamente -respondió el jinete-. Si sólo te
hubiera despertado, no me habrías creído, te habrías paralizado por el miedo o
habrías escapado. Además, de modo alguno hubieses tomado los
excrementos, y el dolor de los azotes provocaba que te convulsionases,
evitando que el escorpión te picara.
No lejos de allí, dos hombres de una aldea vecina habían sido testigos del
episodio. Cuando regresaron junto a sus paisanos, narraron lo siguiente:
– Amigos, hemos sido testigos de unos hechos muy tristes que revelan la
maldad de algunos hombres. Un pobre labrador dormía plácidamente la siesta a
la vera de un camino cuando un orgulloso jinete entendió que obstaculizaba su
paso. Se bajó de su caballo y con el látigo comenzó a azotarlo por tan mínima
falta. No contento con eso, le obligó comer excrementos hasta que vomitara, le
exigió que le besara la mano y además le robó una sortija. Pero os preocupéis,
a la vuelta de un recodo hemos esperado al arrogante jinete y le hemos
propinado una buena paliza por su deplorable acción.
¡TODOS LOS PROBLEMAS DEBEN SER ENFRENTADOS!
Para vencer los problemas hay que tener valor, hacerles frente y encontrar la manera de vencerlos,
eso es algo en lo que estamos sin duda de acuerdo. Sin embargo, lo peor es cuando los problemas
implican poner punto final a algo a lo que nos hemos acostumbrado.
El gran maestro y el guardián dividían la admiración de toda la comunidad. Un día el guardián murió
y fue preciso sustituirlo. El gran maestro reunió entonces, a todos los discípulos para escoger quién
tendría el honor de trabajar directamente a su lado.
-Voy a plantearles un problema -les dijo-, y aquel que lo resuelva primero será el nuevo guardián de
la zawiya. Terminado su corto discurso, colocó un taburete en medio de la sala. Encima había un
florero de finísima porcelana de gran valor, con una hermosa rosa roja en su interior.
Los discípulos contemplaron perplejos y extasiados lo que veían; los diseños sofisticados y raros de
la porcelana, la frescura y elegancia de la flor, su belleza y olor. Pero, ¿qué representaba todo
aquello?, ¿qué hacer?, ¿cuál sería el enigma?, ¿y su solución?
Después de algunos largos minutos, un discípulo se levantó, miró al maestro, miró luego a sus
colegas y caminando hacia el florero lo levantó entre sus manos y lanzándolo hacia el suelo lo
destruyó haciéndolo pedazos.
No importa cuan bello y fascinante sea un problema, solo hay una forma de lidiar con él: atacándolo
de frente.
Dejar de fumar, dejar de beber, dejar cualquier tipo de adicción es una tarea sumamente
complicada, pero necesaria, es indispensable lidiar con ellas. Tienen apariencia de agradables, nos
producen algún placer al principio, pero es indiscutible que ocultan un velo nefasto que puede llegar
a vaciar nuestras vidas. Sé fuerte, cualquiera que sea el problema debes enfrentarlo con
perseverancia y coraje.
TREN DE LA VIDA
La vida no es más que un viaje por tren: repleto de embarques y desembarques,
salpicado de accidentes, sorpresas agradables en algunos embarques, y profundas
tristezas en otros. Al nacer, nos subimos al tren y nos encontramos con algunas
personas las cuales creemos que siempre estarán con nosotros en este viaje:
nuestros padres.
Lamentablemente la verdad es otra. Ellos se bajarán en alguna estación
dejándonos huérfanos de su cariño, amistad y su compañía irreemplazable. No
obstante, esto no impide que se suban otras personas que nos serán muy especiales.
Llegan nuestros hermanos, nuestros amigos y nuestros maravillosos amores.
De las personas que toman este tren, habrá los que lo hagan como un simple paseo,
otros que encontrarán solamente tristeza en el viaje, y habrá otros que, circulando por
el tren, estarán siempre para ayudar a quien lo necesite.
Es curioso constatar que algunos pasajeros, quienes nos son más queridos, se
acomodan en vagones distintos al nuestro. Por lo tanto, se nos obliga a hacer el
trayecto separados de ellos.
Desde luego, no se nos impide que durante el viaje recorramos con dificultad nuestro
vagón y lleguemos a ellos... pero lamentablemente, ya no podremos sentarnos a su
lado pues habrá otra persona ocupando el asiento.
No importa… El viaje se hace de este modo; lleno de desafíos, sueños, fantasías,
esperas y despedidas... pero jamás regresos. Entonces, hagamos este viaje de
la mejor manera posible.
Tratemos de relacionarnos bien con todos los pasajeros, buscando en cada uno lo
que mejor tengan. Recordemos siempre que en algún momento del trayecto, ellos
podrán titubear y probablemente precisaremos entenderlo ya que nosotros
también muchas veces titubearemos, y habrá alguien que nos comprenda.
El gran misterio, al fin, es que no sabremos jamás en qué estación bajaremos, mucho
menos dónde bajarán nuestros compañeros, ni siquiera el que está sentado en el
asiento de al lado. Me quedo pensando si cuando baje del tren sentiré nostalgia...
Creo que sí. Separarme de algunos amigos de los que hice en el viaje será doloroso.
Dejar que mis hijos sigan solitos, será muy triste.
Lo que me hará feliz será pensar que colaboré con que el equipaje creciera y se
hiciera valioso.
Amigos, hagamos que nuestra estadía en este tren sea tranquila, que haya valido la
pena. Hagamos tanto para que cuando llegue el momento de desembarcar, nuestro
asiento vacío deje añoranza y lindos recuerdos a los que en el viaje permanezcan.
TÚ PUEDES LLEGAR
¿A dónde quieres llegar? Tú tienes la decisión, en nadie más;
porque no hay sueño que no pueda realizarse, sólo depende de tú
decisión, decídete a caminar, deja atrás el no puedo, el camino
sólo tú lo eliges. No hay nada que pueda alejar aquello que solo tú
quieres. Vamos, tú puedes realizar aquello que siempre has
anhelado. No dejes que tu vida sea una imposición o imitación de
otros.
No dejes de aprovechar las oportunidades que el señor te
brinda, porque es un buen día para comenzar ese cambio que
tanto soñamos, dejar atrás todas esas dudas e inseguridades,
comienza un nuevo día más positivo, con nueva hambre de ser
mejor que ayer.
Puedes vivir según tus deseos, deja los problemas de ayer en
el olvido, porque ya no existen, comienza un nuevo día y reactiva
ese sueño que cada día a día te reclama su realización. Quizás
parezca difícil o imposible pero no es así, porque no existe nada
que pueda impedirte alcanzar el éxito; porque el éxito eres tú.
Adonde quieres llegar no te pongas límites, sé fuerte y sé
terco, jamás te rindas, pues tú eres un luchador, un revolucionario
que sueña en cambios. Recuerda no esperes que otros comiencen
lo que debes comenzar tú. Vamos, no tengas miedo, intenta llegar
a dónde quieres.
TODOS TENEMOS GRIETAS
Un cargador de agua de la India tenía dos grandes vasijas que colgaba a los
extremos de un palo y que llevaba encima de los hombros. Una de las vasijas
tenía varias grietas, mientras que la otra era perfecta y conservaba toda el agua.
Al final del largo camino a pie, desde el arroyo hasta la casa de su patrón,
cuando llegaba, la vasija rota sólo tenía la mitad del agua. Durante dos años
completos esto fue así diariamente. Desde luego la vasija perfecta estaba muy
orgullosa de sus logros, pues se sabía perfecta para los fines para los que fue
creada.
– Cuando regresemos a la casa quiero que notes las bellísimas flores que
crecen a lo largo del camino.
Así lo hizo la tinaja. Y en efecto vio muchas flores hermosas a lo largo, pero de
todos modos se sintió apenada porque al final, sólo quedaba dentro de ella la
mitad del agua que debía llevar.
– ¿Te diste cuenta de que las flores sólo crecen en tu lado del camino? Siempre
he sabido de tus grietas y quise sacar el lado positivo de ello. Sembré semillas
de flores a todo lo largo del camino por donde vas y todos los días las has
regado y por dos años yo he podido recoger estas flores.
Si no fueras exactamente como eres, con todo y tus defectos, no hubiera sido
posible crear esta belleza.
Cada uno de nosotros tiene sus propias grietas. Todos somos vasijas
agrietadas, pero debemos saber que siempre existe la posibilidad de aprovechar
las grietas para obtener buenos resultados.
TU PROPIO JUCIO
A un oasis llega un joven, toma agua, se asea y pregunta a un anciano que se
encuentra descansando:
El anciano le pregunta:
Ese mismo día otro joven se acercó a beber agua al oasis y viendo al anciano
preguntó:
– Cada uno de nosotros sólo puede ver lo que lleva en su corazón. Aquel que no
encuentra nada bueno en los lugares donde estuvo no podrá encontrar otra
cosa aquí ni en ninguna otra parte.
Decidió bajar al pueblo para ver qué podía encontrar allí y empezó a caminar
por las calles, sin embargo, por mucho que caminara no encontraba nada que
fuera tan importante y que ella pudiera comprar con las monedas que, semanas
antes, había ido guardando de los vueltos de las compras pensando que se
acercaba la fecha del aniversario.
Al pasar por una joyería, la única del pueblo, vio una hermosa cadena de oro
expuesta en la vidriera. Entonces recordó que había un solo objeto material que
él adoraba verdaderamente, que él consideraba valioso. Sé trataba de un reloj
de oro que su abuelo le había regalado antes de morir. Desde chico, él
guardaba ese reloj en un estuche de gamuza, que dejaba siempre al lado de su
cama. Todas las noches abría la mesita de luz, sacaba del sobre de gamuza
aquel reloj, lo lustraba, le daba un poquito de cuerda, se quedaba escuchándolo
hasta que la cuerda se terminaba, lo volvía a lustrar, lo acariciaba un rato y lo
guardaba nuevamente en el estuche.
Ella pensó: «¡Qué maravilloso regalo sería esta cadena de oro para aquel reloj!»
Entró a preguntar cuánto valía y, ante la respuesta, una angustia la tomó por
sorpresa. Era mucho más dinero del que ella había imaginado, mucho más de lo
que ella había podido juntar. Hubiera tenido que esperar tres aniversarios más
para poder comprárselo. Pero ella no podía esperar tanto.
Salió del pueblo un poco triste, pensando qué hacer para conseguir el dinero
necesario para esto. Entonces pensó en trabajar, pero no sabía cómo; y pensó y
pensó, hasta que, al pasar por la única peluquería del pueblo, se encontró con
un cartel que decía: “Se compra pelo natural”. Y como ella tenía ese pelo rubio,
que no se había cortado desde que tenía diez años, no tardó en entrar a
preguntar.
El día del aniversario, ellos dos se abrazaron un poquito más fuerte que de
costumbre. Luego, él se fue a trabajar y ella bajó al pueblo.
A diferencia de otras veces, que iluminaba la casa cuando él llegaba, esta vez
ella bajó las luces, puso solo dos velas y se colocó un pañuelo en la cabeza.
Porque él también amaba su pelo y ella no quería que él se diera cuenta de que
se lo había cortado. Ya habría tiempo después para explicárselo.
Gracias