Este artículo es copia fiel del publicado en la revista Nueva Sociedad No 280,
marzo-abril de 2019, ISSN: 0251-3552, <[Link]>.
Dios y rock & roll Los itinerarios del rock en contextos
evangélicos latinoamericanos
Cómo el evangelismo
dan cuenta de una de las facetas
transformó el rock
culturales más innovadoras del
evangelismo. Considerado inicialmente
como algo satánico, el rock evangélico
se fue transformando desde la
década de 1960 en un género
musical que viabilizó el desarrollo
del evangelismo pentecostal entre
los sectores juveniles. Un recorrido
por el rock evangélico ilumina las
complejas dinámicas de innovación
y estandarización del mundo
evangélico e incluso su vinculación
Mariela Mosqueira con la industria discográfica.
■■Introducción
¿Cómo fue posible la amalgama entre rock y dios? ¿Cómo fue posible la sin-
cretización de una estética mundana y una cultura religiosa? ¿Cómo una mis-
ma actividad musical pasó de ser considerada satánica a convertirse en un
canal de comunión con lo sagrado y en una herramienta de evangelización?
¿Cómo se fusionaron las figuras del rockero y el evangélico? ¿Cómo fueron
posibles el desarrollo y la transnacionalización de toda una industria cultural
dirigida a las juventudes evangélicas?
El rock cristiano, como todo objeto artístico, es un fenómeno social e históri-
co. Sus formas y contenidos son resultado del despliegue de redes recurrentes
de actividad colectiva que, a lo largo del tiempo, han sedimentado circuitos
Mariela Mosqueira: es socióloga y doctora en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos
Aires (uba). Es investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Co-
nicet) con sede en el programa Sociedad, Cultura y Religión del Centro de Estudios e Investiga-
ciones Laborales (ceil). Es docente de grado y posgrado de la uba y de la Universidad Nacional
de la Matanza (unlam).
Palabras claves: evangelismo, heavy metal, pentecostalismo, religión, rock.
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Mariela Mosqueira
de producción, distribución y consumo, consensos estéticos y jerarquías. De
modo que, desde una perspectiva interaccionista1, el mundo social del rock
cristiano supone un conjunto –numeroso– de personas que actúan juntas de
modo recurrente y coordinado en la producción de una amplia serie de even-
tos y objetos que le son característicos. La rutinización de la actividad colec-
tiva, entonces, habilita la emergencia y difusión de una serie de convenciones
que facilitan la coordinación de las distintas líneas de acción por tratarse de
acuerdos compartidos acerca de cómo hacer las cosas.
¿Cuáles son las convenciones estético-religiosas que dan cuenta de la activi-
dad rock en contextos cristianos? Dentro del universo evangélico, los grupos
de rock se conciben como «ministerios» destinados a la evangelización de los
sectores juveniles. Por ello, en tanto «ministros», los músicos deben dar mues-
tras a la comunidad religiosa a través de «señales», «pruebas» y «frutos». Las
señales son confirmaciones que Dios emite a los artistas, en diversos formatos
que van desde la certeza interior hasta la apertura de espacios y la obtención de
recursos para desplegar el ministerio rockero. Las pruebas son los obstáculos
que los artistas deben superar y los frutos son los resultados espirituales de la
actividad musical, que suelen traducirse en conversiones, reafiliaciones, éxito
de ventas del material discográfico, capacidad de convocatoria o frecuencia de
shows, entre otros.
En este contexto de creencia, los rockeros evangélicos deben dar testimonio de
un estilo de vida ajustado a los principios cristianos, lo que supone la cons-
trucción de una persona artística sincrética que conjuga la estética propia del
músico de rock secular con la ética religiosa. Esta misma lógica orienta la pro-
ducción del objeto artístico, que en su forma mantiene el ritmo de rock, pero en
su contenido lírico comunica la marca religiosa. Así, el rock, para ser cristiano,
debe sujetarse a la orden divina de evangelizar. El rock debe despojarse de todo
vestigio profano para devenir sagrado. Y como rock consagrado, debe cumplir
su comisión de «ir y predicar a toda criatura» puertas afuera de las iglesias.
Desde sus inicios, el rock cristiano funciona como un marcador inter- e in-
trageneracional en las comunidades creyentes y se convirtió en un objeto
artístico-religioso a partir del cual se vivencia la fe desde la condición etaria
y, a la vez, se transita la experiencia juvenil desde la identidad religiosa. Así,
el rock cristiano, en términos prácticos, opera también como un objeto de
entretenimiento y consumo propio de las juventudes evangélicas y como ob-
jeto juvenil de mediación con lo sagrado.
1. Howard S. Becker: Los mundos del arte, Editorial de la Universidad Nacional de Quilmes, Bernal, 2008.
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Dios y rock & roll. Cómo el evangelismo transformó el rock
© Nueva Sociedad / Martín Eito 2019
Martín Eito (Argentina, 1965) estudió dibujo con Óswal y Sábat. Obtuvo importantes premios
en distintas bienales de arte joven. Trabajó para editoriales y medios argentinos y extranjeros.
Publicó dos libros de su autoría y numerosos más como ilustrador. También realizó animaciones
para internet y tv. Página web: <[Link]>.
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De este modo, el rock, que obtuvo cierta legitimidad en el espacio social
evangélico al configurarse explícitamente como una herramienta de evange-
lización de las juventudes seculares, en términos concretos opera más bien
como un mundo artístico-religioso que tiende a concentrar sus redes de pro-
ducción, distribución y consumo en el medio evangélico y es, principalmente,
un objeto de consumo-devoción-entretenimiento propio de la feligresía ju-
venil. Así, el binomio entretenimiento-evangelización se constituyó en una
tensión permanentemente actualizada en toda la historia del rock cristiano.
A la luz de estas coordenadas, la propuesta de este artículo es reconstruir
históricamente la emergencia, consolidación y expansión del rock en contex-
tos cristianos latinoamericanos. Así, daremos cuenta de sus redes de pro-
ducción, difusión y consumo desde la década de 1970 hasta la actualidad y
pondremos de relieve el despliegue de una cartografía del mundo del rock
cristiano organizada en torno de la distinción entre el circuito mainstream y
la escena underground. Finalmente, este itinerario nos permitirá comprender
las complejas dinámicas del mundo evangélico y el lugar de las industrias
culturales cristianas en la innovación y la estandarización del creer.
■■Entre el mainstream y underground: albores y devenires
del rock cristiano
El rock cristiano tiene su origen en Estados Unidos en la década de 1960, de la
mano de lo que se denominó Movimiento de Jesús (Jesus Movement), que fue
una corriente contracultural cristiana conformada por jóvenes hippies con-
versos al Evangelio que planteaban un «retorno» al cristianismo primitivo
mediante la fusión de los principios religio-
El Movimiento de Jesús
sos con estéticas y sensibilidades éticas pro-
fue una corriente pias del movimiento hippie (comunitarismo,
contracultural cristiana vida sencilla, pacifismo, autenticidad, etc.).
conformada por jóvenes Siguiendo estos preceptos, se conformó la
llamada «música de Jesús» (Jesus Music), que
hippies conversos
supuso la fusión de ritmos propios de las
al Evangelio n culturas juveniles de los años 60 con men-
sajes cristianos2. Estos nuevos estilos musicales habilitaron poco a poco la
conformación de un mercado juvenil cristiano, que contó con producciones
fonográficas, festivales y la apertura de locales cristiano-juveniles (cafés,
pubs, bares).
2. Entre los solistas y bandas más destacados del movimiento se encontraban Larry Norman,
Mind Garage, Sons of Thunder, Barry McGuire, Resurrection Band, Petra, Keith Green y Andraé
Edward Crouch.
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Dios y rock & roll. Cómo el evangelismo transformó el rock
La popularización del Movimiento de Jesús implicó un reverdecer espiritual en
las juventudes cristianas estadounidenses y dio paso a una reforma en los cul-
tos y tradiciones religiosas. El énfasis del movimiento en la conversión confi-
guró nuevas formas de comunicar el evangelio a los sectores juveniles a través
de revistas alternativas, programas de radio y emprendimientos artístico-reli-
giosos novedosos (teatro, pintura, danzas, caricaturas). Con el correr de las dé-
cadas, estas nuevas sonoridades y estéticas se diversificaron, profesionalizaron
y extendieron geográficamente, lo que dio lugar a una industria cultural de
escala global en torno de la categoría «música cristiana contemporánea».
Dentro de la trayectoria del rock evangélico estadounidense, es preciso des-
tacar el metal cristiano o metal blanco (white metal). Staint, Messiah Prophet
y Stryper son consideradas las bandas fundadoras del género en eeuu a fines
de la década de 1970. Su objetivo manifiesto fue la evangelización de la cre-
ciente escena heavy metal de aquel entonces. En términos estilísticos, el me-
tal cristiano es similar a su par secular; la única diferencia entre uno y otro
es el contenido lírico. Las letras del metal blanco, como todas las formas de
rock cristiano, tienen como tema central la predicación de Jesucristo. De los
grupos pioneros de metal cristiano estadounidense, el más destacado y exi-
toso hasta hoy es Stryper. Conocidos por su estilo glamoroso y su práctica de
arrojar Biblias al público, lograron compartir escenarios con las bandas más
importantes del heavy metal internacional, grabar con sellos seculares impor-
tantes y ganar prestigiosos premios a lo largo de su carrera.
Además del trabajo evangélico de las bandas, otra de las instancias impor-
tantes para la expansión del heavy metal cristiano en eeuu fue la creación –en
1984– del movimiento Sanctuary [Santuario] (también llamado The Rock and
Roll Refuge). Esta primera «iglesia del metal», establecida en California por Bob
Beeman, operó como una comunidad de fe «alternativa» orientada a aquellos
conversos procedentes de la escena metálica que eran abiertamente rechaza-
dos por las iglesias evangélicas convencionales de la época. Sanctuary no solo
animó a sus jóvenes feligreses a conservar sus vestimentas negras, sus tatuajes
y cabellos largos, sino que también incorporó la musicalidad y las prácticas
dancísticas típicas del metal (pogo y sacudidas de cabeza) a sus cultos.
Hacia fines de la década de 1980, el metal cristiano comenzó a diversificarse
y expandirse geográficamente. En su dimensión estilística, comenzó a transi-
tar sonoridades y estéticas más extremas, primero con el thrash metal de gru-
pos como Deliverance, Believer y Tourniquet; luego, con el death metal de
Mortification y Deuteronomium y, más recientemente, con el desarrollo del
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black metal (también llamado unblack metal o holy unblack metal) de bandas como
Horde y Antestor. En términos geográficos, la escena heavy metal cristiana –que
siempre se desarrolló por fuera de los circuitos comerciales de música cristia-
na– se expandió hacia el norte de Europa y, con menor vigor, hacia Australia y
América del Sur. Esta expansión mediante canales de comunicación informa-
les y redes propias (fanzines, pequeños sellos discográficos, sitios de internet y
programas radiales) terminó configurando una escena transnacional de metal
cristiano en la que se articulan y trascienden las diversas escenas locales.
En sintonía con estas tendencias, el rock cristiano comenzó su derrotero en
América Latina hacia la década de 1970, de la mano de jóvenes cristianos
inconformistas con las tradiciones heredadas del modelo misionero deno-
minacional imperante en la región, que por la época tomaron contacto con
las estéticas y éticas difundidas por el Mo-
El rock cristiano comenzó vimiento de Jesús. Las primeras innova-
su derrotero en América ciones juveniles en el terreno musical se
caracterizaron por incluir elementos armó-
Latina hacia la década
nicos y rítmicos del pop y del rock en anti-
de 1970, de la mano guos coros, o directamente optaron por la
de jóvenes cristianos ejecución de covers en español de éxitos de
bandas cristianas norteamericanas en cul-
inconformistas n
tos o festivales evangélicos. Los pioneros
en el escenario local fueron Profecías, Antioquía y Pueblo de Dios en Argen-
tina; La Tierra Prometida y Generación de Jesús en México; y Vencedores por
Cristo, Palavra da Vida y Comunidade s8 en Brasil.
Durante esta primera etapa, la actividad del rock se desplegó en los márgenes
del medio cristiano debido a la intensa oposición que recibió de parte de pas-
tores y líderes. En efecto, a medida que las nuevas sonoridades se extendían
entre los jóvenes evangélicos, se desplegaba toda una serie de prédicas, notas
periodísticas, libros, cursos y especialistas que se dedicaban a demostrar el
supuesto origen demoníaco del rock. Esta marginalidad del incipiente rock
cristiano gestó redes cooperativas dislocadas de las jerarquías religiosas y
caracterizadas por el amateurismo. Sin una clara división del trabajo, la pro-
ducción y distribución de fonogramas fue escasa y errática. Pero hacia 1980, la
música joven fue abriéndose un lugar en el interior de las iglesias latinas con
vocación reformista y se configuró como una herramienta de evangelización
juvenil. Así, algunas bandas y solistas comenzaron a grabar sus primeras
placas en pequeñas productoras discográficas cristianas, lo que les permitió
ganar difusión y renombre en las comunidades evangélicas latinas.
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Dios y rock & roll. Cómo el evangelismo transformó el rock
Como consecuencia de este impulso, alrededor de estas figuras artísticas se
articuló todo un circuito de sociabilidades que fueron exclusivamente juve-
niles. Los grupos musicales y los solistas daban conciertos, portando una vi-
sible estética juvenil, en iglesias de diversas denominaciones, al aire libre,
en pequeños teatros, en pubs y en campañas evangélicas, y convocaban a
una gran cantidad de jóvenes que se transformaron en sus seguidores. Es-
tos espacios de ocio, consumo y entretenimiento fueron tierra fértil para la
emergencia de modos novedosos de vivir y expresar la fe desde la condición
etaria que difundieron un estilo joven de ser cristiano que proponía un modo
«auténtico», «intenso» y «personal» de relacionarse con Dios. Fue así como
la movida del rock latinoamericano avanzó estimulada por una incipiente
industria cultural cristiana, que fue generando circuitos de sociabilidad que
operaron como: a) espacios de consumo y entretenimiento para la feligresía
juvenil, b) estrategias de evangelización para las juventudes inconversas y c)
marcadores etarios para disputar un nuevo tipo de experiencia religiosa.
La década de 1990 es considerada como la «época dorada» del rock cristiano
en América Latina debido a la proliferación de nuevas bandas, la facilidad
técnica para grabar, la frecuencia de conciertos y la mayor difusión del rock
en los medios de comunicación confesionales. Este impulso fue posible en
el marco de renovación, crecimiento y apertura cultural desplegado en el
campo evangélico regional durante esos años. Es así como en un contexto
de mayor tolerancia, el rock cristiano pudo ampliar sus circuitos, movilizar
recursos e iniciar un itinerario de profesionalización artística. Entre los gru-
pos de rock que se consagraron en la época se destacan Kyosko y Rescate
en Argentina; Rojo y Strike 3 en México, y Rebanhão Oficina g3, Catedral y
Fruto Sagrado en Brasil. Es preciso destacar que durante esta década y la si-
guiente comenzó a desplegarse también un proceso de jerarquización de la
actividad rockera cristiana en América Latina, que progresivamente colocó a
ciertos grupos y estilos de rock en un lugar hegemónico, mientras que otros
quedaron en uno subalterno. Se fueron conformando así un mainstream y un
underground del rock cristiano regional, donde se actualizará una y otra vez la
tensión entretenimiento/evangelización. De este modo, aquellas variantes de
rock cristiano sincretizadas con las estéticas más contestatarias de la cultura
juvenil –como el heavy metal, el punk y demás estilos asociados– tendieron a
ser marginadas del circuito juvenil-cristiano, mientras que aquellas variantes
más conformistas, como el rock fusionado con el pop, la balada o el ska, fueron
integradas. En el caso argentino, por ejemplo, bandas como Rescate, Alas de
Fuego, Puerto Seguro o Kyosko se consagraron como bandas del mainstream
juvenil-cristiano porque contaron con el apoyo de las jerarquías religiosas y
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con la fidelidad de un amplio público. Por ese motivo, sus temas inundaron
las radios cristianas y las bandas fueron continuamente invitadas a tocar en
congresos, iglesias o campamentos, mientras que otras estéticamente más
disruptivas como Boanerges, Nuevo Pacto, Lázaro, Extrema Unción y Mike
& Desafiados desarrollaron su actividad artístico-evangelizadora de modo
autónomo en circuitos «mundanos». Sin contar con el patrocinio de ninguna
iglesia o productor cristiano y con una cantidad modesta de público juvenil
evangélico, las bandas tuvieron que hacerse un lugar en el under secular a
partir de las conexiones que ellas mismas iban gestando.
Esta distribución desigual de los apoyos y recursos del mundo del rock cris-
tiano, con el correr del tiempo, tendió a alejar la actividad rockera under de
los circuitos cristianos convencionales. Por lo tanto, durante la década de 1990
y la siguiente, el rock cristiano mainstream se concentró y estabilizó dentro
de las iglesias. Aunque de manera explícita la actividad rockera convencional
siguió sosteniendo su voluntad evangelizadora, en la práctica la producción,
la distribución, la difusión, los conciertos y los públicos se emplazaron en te-
rritorio cristiano y constituyeron el rock en un objeto artístico-religioso des-
tinado al consumo y al entretenimiento de la feligresía juvenil.
Ciertas experiencias musicales gestadas por las juventudes evangélicas ini-
ciaron un proceso de institucionalización en el marco de la industria cultu-
ral que ellas mismas ayudaron a construir y consolidar, mientras que otras
–aquellas más disruptivas– fueron relegadas hacia la periferia y se convir-
tieron en núcleos aglutinadores de sociabilidades juveniles evangélicas hete-
rodoxas, que en algunos casos devinieron en comunidades estético-juveniles
«alternativas» a las iglesias, inspiradas en la experiencia estadounidense de
Sanctuary. Entre los precursores regionales podemos mencionar a la Comu-
nidad Zadoque (actualmente Crash Church Underground Ministery) en
Brasil, el Movimiento Despreciados y Desechados en Chile, la Comunidad Ca-
verna en Bolivia, la Iglesia Alcance Subterráneo en México, la Comunidad
Pantokrator en Colombia, el Ministerio Cristiano Metalero Teocracia en Para-
guay y Comunidad Cultura Alternativa (también llamada Iglesia del Under-
ground) en Argentina.
Finalmente, avanzado el nuevo milenio, el rock mainstream latinoamericano
se insertó en redes transnacionales de música gospel; un proceso que debe
comprenderse en el marco de la expansión y la dinamización de la indus-
tria musical cristiana en los países latinos y en eeuu, marcado por el pulso
globalizador de las agencias evangélicas. Adicionalmente, el desarrollo de
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Dios y rock & roll. Cómo el evangelismo transformó el rock
las nuevas tecnologías en materia de co- Esta dinamización y
municación, como internet, favoreció la consolidación del mundo
interconexión de los mundos musicales
del rock cristiano en
cristianos y abrió pasarelas para la difu-
sión y translocalización de los sonidos la escena global
consagrados del rock latino. Esta dina- captó la atención de
mización y consolidación del mundo del las multinacionales
rock cristiano en la escena global captó
discográficas n
la atención de los medios de comuni-
cación seculares y de las multinacionales discográficas, lo que habilitó el
crossover al mercado comercial secular de algunas bandas de rock cristiano
latinas. Aunque las bandas cristianas patrocinadas por disqueras seculares
no sumaron nuevos públicos fuera de las iglesias, este hecho significó para
los empresarios fonográficos la incorporación de una nueva categoría de
consumidores: las juventudes cristianas.
■■Industrias culturales evangélicas: innovar y estandarizar el creer
El recorrido trazado por el rock en contextos evangélicos sedimentó una
cartografía compleja que concentra un núcleo denso de redes convenciona-
les de cooperación que se emplazan en el espacio juvenil-cristiano transna-
cionalizado que denominamos circuito mainstream, y una constelación de
redes no convencionales, autónomas y complejamente hilvanadas que se
sitúan en los márgenes del medio juvenil-evangélico y constituye una esce-
na underground. Siguiendo el planteo de Howard Becker, es posible afirmar
que estos circuitos configuran dos formas de orientación dentro del mundo
del rock cristiano respecto de los patrones convencionales que organizan
la actividad musical: mientras en el mainstream se condensan las formas re-
currentes y rutinarias de impulsar el rock cristiano, en el underground re-
verberan formas innovadoras, inconformistas o no convencionales. De este
modo, los artistas mainstream conocen y aceptan las convenciones, limitan
sus trabajos a ella y, por ello, gozan de una red aceitada de cooperación
para la producción, la distribución y el consumo de sus objetos artístico-
religiosos. Por su parte, los artistas underground son aquellos que conocien-
do las convenciones deciden renunciar a ellas –de modo total o parcial– y
se abocan a la innovación artística. Aunque logran mayor libertad creativa
al correrse de las pautas convencionales, no cuentan con el apoyo de las re-
des de producción y distribución habituales y tienen que crearlas de modo
personal o autónomo, lo que vuelve la actividad musical más costosa. No
obstante, la sola existencia de estos modos no convencionales de hacer las
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cosas habilita la posibilidad de que algunas de esas innovaciones pue-
dan ser eventualmente incorporadas o institucionalizadas, y esto abre
brechas hacia cambios sutiles o revolucionarios dentro del mundo del
rock cristiano. Por otra parte, las fronteras no son infranqueables. Por el
contrario, las redes cooperativas, a pesar de sus tramos dislocados, pre-
sentan pasajes, y también las posiciones diferenciadas jerárquicamente
dan cuenta de un escenario de disputas donde lo que se pone en cuestión
no son solo los objetivos o las formas de llevar a cabo la actividad del
rock desde la marca evangélica, sino fundamentalmente el modelo de
«juventud evangélica conformista» que el propio mundo del rock cris-
tiano ha contribuido a institucionalizar y difundir, modelo que eyecta
hacia la periferia las variantes más contestatarias de la síntesis cultura
evangélica/cultura juvenil.
Por lo tanto, el itinerario del rock cristiano, con sus variaciones en el tiempo
y su cartografía actual de condensación y dispersión, nos permite reflexio-
nar sobre la importancia de las industrias culturales en las configuraciones
y dinámicas propias del mundo evangélico latinoamericano. En efecto, si
trazamos una mirada panorámica, podríamos decir que, en sus primeras
etapas (1970-1990), el rock cristiano se constituyó en un elemento suma-
mente innovador y disruptivo que dinamizó la heterogeneización de la
experiencia evangélica, habilitó nuevas formas de vivir el Evangelio desde
la condición juvenil y dio paso a formas de evangelización y liderazgo re-
ligioso más sincréticas. Luego, como vimos, esta efervescencia dio paso
a un ciclo de homogeneización e institucionalización del rock cristiano
que contribuyó a estabilizar todo un mundo de sociabilidades, consumos
y experiencias de fe exclusivamente juveniles en el medio evangélico,
que permitieron retener a las nuevas generaciones de creyentes dentro
de las iglesias. De modo que aquello que en un momento fue apertura,
innovación y pluralización de las formas del creer evangélico en el ciclo
siguiente se configuró como densificación, estandarización y hasta encap-
sulamiento sociocultural.
En efecto, una reciente encuesta realizada entre jóvenes evangélicos de Ar-
gentina arrojó algunos datos interesantes que dan cuenta de las dinámicas
de estabilización que venimos refiriendo. En cuanto a las sociabilidades,
70% de los jóvenes encuestados se identifica como «evangélico de cuna» y
75% afirma que sus amigos más cercanos pertenecen a la iglesia. La abru-
madora mayoría (90%) declara asistir al templo por lo menos una vez por
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Dios y rock & roll. Cómo el evangelismo transformó el rock
semana. De manera contundente, la vida social de los jóvenes evangélicos
transita casi exclusivamente en la órbita de su comunidad de fe3.
Respecto de la relación con Dios y con la autoridad religiosa, el desarrollo de un
mundo evangélico orientado a los jóvenes redundó en la intensificación de for-
matos íntimos y emocionales de vinculación con lo sagrado y con el liderazgo.
En efecto, los jóvenes encuestados afirman relacionarse con Dios en primer
lugar por medio de la oración personal (53%) y en segundo lugar, por medio
de la música (31,3%). Solo 10% declara hacerlo a través de la lectura bíblica.
Estos datos ponen de manifiesto la suma importancia que adquirió la indus-
tria fonográfica en el medio evangélico y cómo sus objetos artístico-religiosos
formatean y sensorializan la conexión con lo divino.
Una tendencia similar se observa en los modos de relacionamiento juvenil con
la autoridad religiosa. 47,7% de los jóvenes encuestados manifestó que su víncu-
lo de comunión más importante es con su líder juvenil; solo 7,1% manifestó
tenerlo con el pastor general. Asimismo, 86,3% afirmó que su líder de célula
es una persona cercana, que le ofrece contención y cuidado. De este modo, la
consolidación de liderazgos religiosos específicos para cada categoría de edad y
la difusión del estilo de organización eclesial por grupos pequeños (células) su-
pusieron el ascenso de la figura del líder intermedio y el declive de la autoridad
pastoral tradicional. Esta dinámica podría sugerir que, entre las nuevas genera-
ciones de evangélicos, se está optando por formas de pastoreo más sensibles e
íntimas tendientes a priorizar el relacionamiento cara a cara y la reciprocidad.
Para finalizar, y a partir de lo que venimos argumentando en este artículo, las
industrias culturales en el medio evangélico han operado desde sus inicios
hasta la actualidad como polos dinamizadores de ciclos de innovación y ciclos
de estandarización del creer. En este sentido se constituyen, tomando prestada
la metáfora de Pablo Semán4, en una fuerza motriz que a la vez que densifica
tradiciones, también pluraliza y diversifica las experiencias, prácticas y subje-
tividades religiosas.
3. La primera encuesta a jóvenes evangélicos de Argentina se realizó el 21 de agosto de 2017 du-
rante la Convención Nacional de Jóvenes «Sobrenatural», organizada por Catedral de la Fe, una de
las megaiglesias más importantes de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Se trata de un estudio
descriptivo con muestreo intencional no probabilístico realizado a partir de encuestas personales
en modalidad coincidental (438 casos). Esta encuesta se ejecutó en el marco de dos proyectos de in-
vestigación en curso financiados por el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas
(Conicet, pip 112-201501-00375) y la Agencia Fondo para la Investigación Científica y Tecnológica
(foncyt, pict-2016-2223), en colaboración con el Instituto Creer.
4. P. Semán: «Las industrias culturales y la transformación del campo religioso: procesos y con-
ceptos» en Joaquín Algranti (dir.): La industria del creer. Sociología de las mercancías religiosas, Biblos,
Buenos Aires, 2013.