UNIVERSIDAD TECNOLÓGICA DEL PERÚ
PARTICIPACIÓN EN CLASE 2
Ensayo del oncenio de Leguía (PA)
INTEGRANTES:
1. Flores Aguilar Juan Manuel Cod. U22222222
Lima, 01 de setiembre del 2025
Introducción
El Oncenio de Leguía fue uno de los periodos más relevantes en la historia del Perú.
Augusto B. Leguía asumió la presidencia desde 1919 hasta 1930, dejando una
marcada influencia en la política y la sociedad peruana. Durante estos once años en
el poder, Leguía logró dos reelecciones consecutivas, de ahí que este periodo
reciba el nombre de “Oncenio de Leguía”. Su primer ascenso a la presidencia en
1908 fue gracias al apoyo del Partido Civil, aunque luego se distanció de esta
agrupación debido a conflictos internos. En su regreso al poder en 1919, su elección
estuvo rodeada de controversia y fue precedida por un golpe de Estado contra el
presidente José Pardo, lo que provocó un cambio abrupto en la estructura política
del país. La República Aristocrática que le antecedió estaba dominada por familias
adineradas que controlaban la economía y el Estado; Leguía, al asumir, propuso la
“Patria Nueva”, buscando modificar esta dinámica, aunque sus acciones posteriores
parecían favorecer sus propios intereses (Contreras & Cueto, 2013; Klarén, 2012).
Durante el Oncenio, Leguía implementó una serie de reformas políticas y
económicas que transformaron significativamente al país. Una de las medidas más
importantes fue la promulgación de la Constitución de 1920, la cual le otorgó
mayores facultades al poder ejecutivo y facilitó su reelección (Basadre, 2005).
Asimismo, se promovió un plan de modernización del Perú mediante obras públicas
financiadas en gran parte por préstamos extranjeros, especialmente de capital
estadounidense. Este financiamiento permitió construir carreteras, puentes, edificios
gubernamentales y otras infraestructuras clave, además de preparar la celebración
del Centenario de la Independencia en 1921 (Klarén, 2012). En el ámbito político,
Leguía consolidó un gobierno autoritario, suprimió la oposición y promovió un
liderazgo centralizado. Esto generó críticas sobre la concentración de poder en la
figura presidencial y limitó la autonomía de otras instituciones democráticas
(Contreras & Cueto, 2013). Por otro lado, el crecimiento económico y las inversiones
extranjeras, especialmente de empresas norteamericanas en sectores estratégicos
como la minería y el petróleo, evidenciaron la creciente dependencia del capital
extranjero, lo que tuvo implicancias significativas en la economía y soberanía
nacional (Basadre, 2005).
Desarrollo
Esto causó descontento entre sus seguidores y una creciente disolución de la
relación entre Leguía y la sociedad. Ante este contexto surge la siguiente pregunta
controversial: ¿Fue autoritario el Oncenio de Leguía? Desde nuestro punto de vista,
el Oncenio de Leguía fue un período autoritario. El gobierno del presidente peruano
Augusto Leguía durante el Oncenio se caracterizó por la implementación de dos
mecanismos principales. En primer lugar, se utilizó una gran cantidad de préstamos
extranjeros para financiar el desarrollo de la infraestructura del país; estos
préstamos, principalmente de bancos internacionales y de capital estadounidense,
exigían condiciones estrictas y requerían información detallada sobre la política
económica del gobierno (Pease & Romero, 2014, pp. 59-73). Además, se estableció
el Banco Central de Reserva en 1922, como parte de las condiciones impuestas por
los prestamistas extranjeros, lo que consolidó un control financiero centralizado que
limitaba la autonomía económica del Estado (Contreras, 2018, pp. 45-50). Este
endeudamiento masivo permitió la construcción de carreteras, puentes, ferrocarriles,
obras de saneamiento y edificios públicos, pero generó una dependencia del capital
externo y aumentó la vulnerabilidad económica del país ante crisis internacionales.
En segundo lugar, se promulgó la Ley de Conscripción Vial en 1920, que obligaba a
los varones entre 18 y 60 años a trabajar en la construcción y reparación de
carreteras; aquellos que no podían pagar un abono en efectivo para ser redimidos
de esta obligación eran principalmente las masas indígenas, quienes además
sufrían condiciones de trabajo duras y mal remuneradas (Pease & Romero, 2014,
pp. 59-73). Esta medida evidenció una desigualdad social profunda y la utilización
del Estado como mecanismo de control de la población más vulnerable. A pesar de
la gran inversión estatal realizada durante el Oncenio, la mayoría de la población no
experimentó una mejora significativa en su calidad de vida; los beneficios de las
obras públicas se concentraron en las élites urbanas y en zonas con interés
económico para inversionistas extranjeros (Pease & Romero, 2014, pp. 59-73;
Contreras, 2018, pp. 45-50).
Además, Leguía consolidó un gobierno autoritario al suprimir la oposición política
mediante censura de prensa, vigilancia de partidos rivales y control de elecciones,
limitando la participación democrática y la autonomía de instituciones legislativas y
judiciales (Klarén, 2012). Su régimen también fomentó el clientelismo político, al
premiar a aliados y perseguir a críticos, generando un sistema político centralizado y
personalista. Por otro lado, la modernización económica promovida durante su
mandato, como la industrialización de ciertos sectores y la inversión en minería y
petróleo, evidenció una creciente dependencia de empresas extranjeras,
especialmente norteamericanas, lo que afectó la soberanía económica del país y la
capacidad de las autoridades locales de controlar recursos estratégicos (Basadre,
2005).
Cierre
En conclusión, el Oncenio de Leguía fue autoritario porque fue evidente que su
gobierno estuvo marcado por acciones y políticas que, en última instancia,
perjudicaron más que beneficiaron al Perú. A pesar de sus pretensiones de
modernización y desarrollo, Leguía no logró abordar de manera equitativa los
problemas nacionales y no lideró el país hacia una verdadera transformación
positiva. Tras el establecimiento de su dictadura, el país sufrió un retroceso en
cuanto a los avances democráticos, con una ciudadanía limitada en sus derechos
políticos y sociales. La gran deuda externa generada dejó al país en una situación
económica frágil, con efectos impredecibles y consecuencias sociales profundas
(Pease & Romero, 2014, pp. 59-73; Contreras, 2018, pp. 45-50). Por ello, las
políticas que no consideran las necesidades de la mayoría pueden tener graves
repercusiones a largo plazo, afectando tanto la estabilidad política como el bienestar
social.
Referencias
Basadre, J. (2005). Historia de la República del Perú (1822-1933) (Vol. 11). Editorial
Universitaria.
Contreras, C., & Cueto, M. (2013). Historia del Perú contemporáneo. Instituto de Estudios
Peruanos.
Klarén, P. (2012). Nación y sociedad en la historia del Perú. Instituto de Estudios Peruanos