El 12 de octubre de 2006 moría a los 15 años de edad, por una leucemia fulminante, Carlo Maria
Acutis. Apasionado por el deporte y la informática... y luego, cada día, la misa y el Rosario.
El padre Roberto Gazzaniga, que le tuvo como alumno en el Instituto León XIII de Milán, le recuerda
así: «Era muy bueno, su talento era evidente para todo el mundo, pero sin dar pie a envidias o celos.
Carlo nunca ocultó su fe e incluso en el diálogo-confrontación con sus compañeros de clase siempre
mostraba respeto hacia las ideas de los demás, pero sin renunciar a la transparencia ni a decir y
testimoniar los principios inspiradores de su vida cristiana».
Carlo, aún muy pequeño, al pasar por delante de las iglesias le decía: «Mamá, vamos a entrar a
saludar a Jesús y le rezamos una oración». Luego descubrió que leía la vida de los santos y la Biblia.
La suya era una familia corriente, que no frecuentaba a menudo la iglesia. «Pero ese “trasto” me
hacía muchas preguntas profundas a las que yo no sabía responder. Me quedaba perpleja ante su
devoción. Era tan pequeño como seguro. Entendía que era algo suyo, pero que también me
implicaba a mí. Fue así como empecé mi camino de re-acercamiento a la fe. Le seguí».
la misa diaria porque, decía, «la Eucaristía es mi autopista hacia el Cielo. Somos más afortunados que
los Apóstoles que vivieron con Jesús hace 2000 años: para encontrarnos con Él basta con que
entremos en la iglesia. Jerusalén está al lado de nuestras casas». Al terminar la celebración, se
quedaba para la adoración. Se confesaba con frecuencia porque «igual que para viajar en globo hay
que descargar peso, también el alma para elevarse al Cielo necesita quitarse de encima esos
pequeños pesos que son los pecados veniales».
En el barrio, todos le conocían. Cuando pasaba en bicicleta se paraba a saludar a los porteros,
muchos de ellos extracomunitarios de religión musulmana e hindú.
En su casa trabajaba como asistente doméstico Rajesh, un brahmán hindú. Entre él y Carlo nace una
profunda amistad, hasta el punto de que Rajesh se convirtió y pidió recibir los sacramentos.
Con sus primeros ahorros compró un saco de dormir para el mendigo que veía camino de la misa en
Santa Maria Segreta. También hacía donativos a los capuchinos de viale Piave, que dan de comer a
los sin techo.
El día de su funeral, la iglesia y el cementerio estaban a rebosar de gente. Recuerda su madre:
«Había gente que no conocía de nada. Personas sin hogar, inmigrantes extracomunitarios,
mendigos, niños... Un montón de gente que me hablaba de Carlo. De lo que él había hecho por ellos,
y yo no sabía nada. Me daban testimonio de la vida de mi hijo, y yo me sentía huérfana».
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Un chico normal, con sus defectos y virtudes, que luchó por colocar a Dios en primer lugar y que usó
internet para evangelizar.
Su trabajo de investigación, que comenzó cuando tan solo tenía 11 años, dio como resultado una
obra que explica los hechos milagrosos en torno a la Eucaristía en 20 países, con 160 paneles que
pueden descargarse de Internet en su web [Link] y que han recorrido
más de 10.000 parroquias en todo el mundo.
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Todos los documentos eclesiales califican al beato Carlo Acutis como un adolescente genio de la
informática, a quien le encantaba jugar al fútbol, los videojuegos, la Nutella y los helados, dedicó
buena parte de su vida al catecismo virtual y a la creación de redes cibernéticas para poner en
contacto a más de 10.000 parroquias.
El milagro atribuido a Carlo ocurrió cuando la madre de Matheus, un niño brasileño, oraba por la
cura de una malformación congénita: páncreas anular, que le impedía al pequeño alimentarse
debidamente. Todo lo que comía lo vomitaba, dice su mamá, desde Campo Grande do Sul.
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[Link]
[Link]
beatificado/202028/
José Gregorio Hernández, el "médico de los pobres" de Venezuela al que el papa Francisco hará
beato de la Iglesia católica.
Lo conocían como "el médico de los pobres".
Y ya está un poco más cerca de la santidad.
La Iglesia católica anunció la próxima beatificación del médico, docente y filántropo venezolano.
"La noticia es de alegría para toda Venezuela e incluso en América Latina, que ha despertado una
gran devoción por el Venerable, uno de los laicos más insignes de la Iglesia, ejemplo de las virtudes
cristianas, con una fe inquebrantable", señaló el episcopado en un comunicado.
Es tal la devoción que hay por él, que muchas madres venezolanas les ponen a sus hijos el nombre
de José Gregorio.
José Gregorio, como le conocen cariñosamente sus muchos devotos, según sus biógrafos, destacó
por sus aportaciones al desarrollo de la medicina moderna en Venezuela, la generosidad con la que
atendió a pacientes de bajos recursos y su fe religiosa.
Nacido en la pequeña localidad de Isnotú, en el estado Trujillo, en el centro-oeste de Venezuela, en
1864, pronto destacó en los estudios y fue enviado a Caracas, donde se graduó en Medicina con
excelentes calificaciones en la Universidad Central (UCV).
Completados sus estudios, prefirió regresar a su pueblo natal para atender allí a sus pacientes. Los
médicos rurales como él tenían que lidiar en la Venezuela de finales del XIX y comienzos del XX con
enfermedades como la tuberculosis o el paludismo, muy extendidas entre la población.
Hernández obtuvo una beca para completar sus estudios en París, entonces a la vanguardia de la
ciencia médica. Allí conoció avances que llevaría a su país.
Fundó la cátedra de bacteriología en la Universidad Central de Venezuela y fue uno de los primeros
en introducir el microscopio en el país.
Según el padre jesuita Arturo Sosa, "José Gregorio Hernández integra una excelente formación
científica en su experiencia espiritual que lo lleva a ponerse al servicio de quien lo necesite, con
especial predilección por quienes no se lo pueden retribuir".
El doctor Hernández destacó como docente e investigador, pero lo que le hizo ganar fama entre los
sectores populares fue su labor en la consulta, ya que atendía gratuitamente a los enfermos pobres.
Se le atribuye haber introducido el microscopio y haber sentado las bases de la Bacteriología y otros
campos científicos hasta entonces apenas desarrollados en Venezuela.
El 29 de junio de 1919 murió atropellado en una céntrica calle de Caracas por uno de los pocos
automóviles que circulaban por Venezuela en aquel entonces.
Al poco de morir, José Gregorio Hernández comenzó a convertirse en objeto de devoción para
muchos en Venezuela.
Su imagen puede encontrarse por todas partes en el país, en carteles, murales urbanos. afiches, etc.
También, junto a las camas de los enfermos y las tumbas de los difuntos, para quienes sus seres
queridos reclaman protección.
En muchos hogares venezolanos se adornan figurillas con la imagen del doctor enfundado en un
traje de chaqueta, con el bigote y el sombrero negro que todos en Venezuela reconocen al instante.
los expertos de la Iglesia determinaron que José Gregorio es responsable de la salvación milagrosa
de la niña Yaxuri Solórzano, que recibió un disparo en la cabeza cuando fue asaltada junto a su padre
en un caserío del estado Guárico en 2017.
Pese al pronóstico de los médicos, que le auguraban secuelas permanentes si lograban salvarle la
vida, la niña se recuperó rápida y totalmente.
Su madre declaró haberle rezado a José Gregorio durante su convalecencia y la comisión eclesiástica
que estudió el caso concluyó que el doctor obró la curación desde el cielo.
Ahora, conocido que el Papa ha dado su consentimiento, se requerirá la exhumación de sus restos.
Según los obispos venezolanos, la beatificación debería culminar en el primer trimestre de 2021.
"sus convicciones religiosas le hacían mantener las tesis del creacionismo, lo que a veces le enfrentó
con su amigo Luis Razetti, otro eminente científico venezolano, pero en su libro 'Elementos de
filosofía' acaba admitiendo que, aunque Dios creó al hombre, este luego evolucionó".
El padre Sosa destaca, por encima del carácter de médico milagrero en el que se centra la creencia
popular, que el doctor Hernández "batalló por hacer ciencia en las condiciones poco propicias" de la
Venezuela de su tiempo.
Para Briceño-Iragorry, el camino de José Gregorio fue el de la "santidad dentro de la medicina".
Los pecados contra la fe pueden clasificarse en dos grupos:
El primer grupo comprende los pecados que en cierto sentido podríamos llamar “teóricos”, y que
son una negación directa y clara de una verdad revelada o del conjunto de las verdades que la Iglesia
anuncia.
El segundo grupo comprende los pecados que implican más bien una actitud, una manera de actuar
frente a Dios, que son manifestación de una fe vacilante, débil, mal entendida.
Los pecados contra la fe, pertenecientes al primer grupo son:
1. LA INDIFERENCIA: que es el rechazo o el menosprecio de las verdades reveladas por Dios y que la
Iglesia, con la autoridad que le dio Jesús, proclama y anuncia.
2. LA HEREJÍA: que se entiende como la negación pertinaz, consciente e insistente, después de haber
recibido el Bautismo, de una verdad que como católicos debemos creer.
3. LA APOSTASÍA: que es el rechazo total y absoluto de las verdades de la fe cristiana católica,
después de haber recibido el Bautismo y de haber vivido como Bautizado.
4. EL CISMA: que es el rechazo del respeto y la comunión con el Papa, como cabeza visible de la
Iglesia, o de la comunión con los demás miembros de la Iglesia, sea cual sea el objetivo que se busca
o la razón que se da de ello.
5. EL ATEÍSMO: que se entiendo – en general – como el empeño en negar la existencia de Dios y de
la realidad espiritual, y reducirlo todo a la mera materia, a lo material. Hay muy diversas formas de
ateísmo. Al respecto, el Concilio Vaticano II nos dice:
“La palabra “ateísmo” designa realidades muy diversas. Unos niegan a Dios expresamente. Otros
afirman que nada puede decirse acerca de Dios. Los hay que someten la cuestión teológica a un
análisis metodológico tal, que reputan como inútil el propio planteamiento de la cuestión. Muchos,
rebasando indebidamente los límites de las ciencias positivas, pretenden explicarlo todo sobre esta
base puramente científica, o, por el contrario, rechazan sin excepción toda verdad absoluta. Hay
quienes imaginan un Dios por ellos rechazado, que nada tiene que ver con el Dios del Evangelio.
Otros ni siquiera se plantean la cuestión de la existencia de Dios, porque, al parecer, no sienten
inquietud religiosa alguna, y no perciben el motivo de preocuparse por el hecho religioso. Además, el
ateísmo nace a veces, como violenta protesta contra la existencia del mal en el mundo, o como
adjudicación indebida del carácter absoluto a ciertos bienes humanos que son considerados
prácticamente como sucedáneos de Dios. La misma civilización actual, no en sí misma, pero sí por
sobrecarga de apego a la tierra, puede dificultar en grado notable el acceso a Dios” (Concilio
Vaticano II. Constitución Dogmática sobre la Iglesia en el mundo actual “Gaudium et spes” N. 19)
6. EL AGNOSTICISMO: emparentado con el ateísmo, tiene como éste, diversos tipos y
manifestaciones. En términos generales podemos decir que el agnosticismo equivale a un ateísmo
práctico, porque aunque admite que Dios existe, asegura que es imposible a los seres humanos
conocerlo y relacionarse con Él.
Los pecados contra la fe, correspondientes al segundo grupo son:
1. LA DESESPERACIÓN: que se entiende como la actitud de quien deja de esperar de Dios su
salvación personal, el auxilio divino para llegar a ella, o el perdón de sus pecados.
2. LA PRESUNCIÓN: que puede ser de dos clases:
La primera, que se da cuando el creyente “presume” de sus capacidades, esperando poder salvarse
sin la ayuda de Dios, por sus propias fuerzas y su propio mérito.
La segunda, cuando el creyente “presume” de la omnipotencia de Dios y de su misericordia, y espera
obtener el perdón de sus pecados sin arrepentimiento ni conversión de su parte.
3. LA TIBIEZA: que implica una cierta negligencia para recibir y acoger el amor de Dios, y responderlo
con un amor personal profundo y con una vida conforme a su Voluntad.
4. EL ODIO A DIOS: que tiene su origen en el orgullo, niega la bondad de Dios y lo rechaza porque
condena y castiga el pecado de los seres humanos.
5. LA IDOLATRÍA: que es una perversión del sentimiento religioso y consiste en divinizar – darle culto,
rendirle homenaje – a lo que no es Dios. El Satanismo es una idolatría, lo mismo que la divinización
del poder, del placer, del dinero, de la raza, del estado, etc., tan comunes en nuestro tiempo.
6. LA SUPERSTICIÓN: que también constituye una desviación del sentimiento religioso y de las
prácticas que se derivan de este sentimiento. En general, el hombre y la mujer supersticiosos, dan
más importancia a sus prácticas, a sus acciones de culto, a las que confieren un poder “mágico”, que
a su disposición interior, al amor que tienen a Dios, a su confianza en Él, a su entrega a Él en la
vivencia de los mandamientos.
7. LA ADIVINACIÓN, LA MAGIA Y EL ESPIRITISMO: cualquiera sea su forma de expresión.