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PROLAPSO DE ORGANOS PÉLVICOS
El prolapso de órganos pélvicos (POP) es una condición benigna frecuente
en mujeres, caracterizada por el descenso de estructuras como la pared
vaginal anterior o posterior, el útero o el ápice vaginal, lo que permite la
protrusión de órganos vecinos en el canal vaginal, produciendo cistocele,
rectocele o enterocele. Aunque los descensos leves son comunes y no
siempre patológicos, la enfermedad se considera clínicamente relevante
cuando genera síntomas de presión, abultamiento, disfunción urinaria,
defecatoria o sexual, que deterioran la calidad de vida. La prevalencia del
POP presenta una gran discrepancia entre la identificación clínica en la
exploración (41–50 %) y los síntomas reportados (3–6 %), lo que refleja
que muchas mujeres permanecen asintomáticas. A nivel epidemiológico,
se estima que aproximadamente un 13 % de las mujeres estadounidenses
se someterán a cirugía a lo largo de su vida, con mayor incidencia entre
los 70 y 79 años, y se proyecta que la carga de la enfermedad aumentará
en un 50 % hacia 2050 debido al envejecimiento poblacional.
Los principales factores de riesgo son la multiparidad, el parto vaginal, la
edad avanzada, la obesidad, los trastornos del tejido conectivo, la
menopausia y el estreñimiento crónico, algunos de ellos modificables. No
existe consenso sobre si la histerectomía constituye un factor
predisponente. La historia natural del POP indica que, en ausencia de
tratamiento, la mayoría de los casos se mantienen estables o progresan
lentamente. Para su evaluación, se recomienda una anamnesis completa
que explore síntomas urinarios, intestinales, sexuales y de calidad de
vida, acompañada de una exploración física detallada, incluyendo
maniobras como Valsalva y tos. El sistema POP-Q constituye la
herramienta estandarizada, validada y reproducible para cuantificar la
extensión del prolapso en los compartimentos anterior, apical y posterior,
facilitando tanto el diagnóstico como la comunicación entre especialistas
y la comparación de resultados quirúrgicos. En algunos casos puede
requerirse la medición del residuo posmiccional, pruebas urodinámicas o
estudios de imagen adicionales.
En cuanto al tratamiento, el manejo expectante y la educación son
adecuados en mujeres asintomáticas. En pacientes con síntomas, los
pesarios representan una alternativa no quirúrgica eficaz, especialmente
útil en mujeres jóvenes, con deseo reproductivo o con alto riesgo
quirúrgico. La cirugía se reserva para casos sintomáticos y puede
realizarse mediante reparaciones vaginales con tejido nativo, las cuales
incluyen técnicas como la suspensión uterosacra o sacroespinosa, así
como histerectomía con suspensión apical, que han demostrado eficacia y
seguridad.
La sacrocolpopexia abdominal, tanto abierta como laparoscópica o
robótica, se asocia con mejores resultados anatómicos y menor
recurrencia, aunque conlleva mayor riesgo de complicaciones (erosiones,
íleo, tromboembolismo). Los procedimientos obliterantes, en los que se
cierra parcial o totalmente la cavidad vaginal, son altamente efectivos y
ofrecen gran satisfacción en mujeres sin deseo de mantener función
sexual vaginal, siendo especialmente indicados en aquellas con
comorbilidades significativas.
El uso de malla transvaginal fue restringido por la FDA debido a sus
complicaciones, entre ellas erosión, dolor, contractura y necesidad de
reintervención, y actualmente no se recomienda de manera rutinaria,
limitándose a casos seleccionados y siempre en manos de cirujanos con
formación específica. Su utilidad es limitada en reparaciones posteriores,
donde aumenta la morbilidad sin aportar beneficios, mientras que en la
pared anterior puede mejorar los resultados anatómicos a costa de una
mayor tasa de complicaciones. Adicionalmente, debe considerarse la
posibilidad de recurrencia tras cualquier intervención, con cifras que
oscilan entre el 6 % y el 30 %. En conclusión, el manejo del POP requiere
un abordaje individualizado que combine diagnóstico estandarizado,
evaluación integral de síntomas y factores de riesgo, y una selección
terapéutica basada en la evidencia y las preferencias de cada paciente