El Ratón Pérez
Había una vez un ratoncito valiente y diminuto llamado Pérez. Vivía en una caja de
galletas en una ciudad con su familia. Lo que hacía especial a Pérez era su trabajo
muy importante: era el Recolector de Dientes.
Cada vez que un niño en la ciudad perdía un diente, lo colocaba debajo de su
almohada antes de irse a dormir. Era entonces cuando Pérez entraba en acción. Era
tan pequeño y silencioso que podía visitar las habitaciones de los niños sin que nadie
lo notara.
Pérez no era un ratón cualquiera; era muy ordenado y educado. Siempre llevaba un
sombrerito y cargaba una pequeña mochila para los dientes. Cuando un niño ponía
su diente perdido bajo la almohada, Pérez hábilmente lo reemplazaba por un
pequeño regalo o una moneda brillante mientras dormían.
Los niños amaban a Pérez porque hacía que perder un diente fuera emocionante.
Sabían que si cuidaban bien de sus dientes, Pérez sería extra generoso.
Una noche, una niña llamada Lucía perdió su primer diente. Estaba un poco asustada,
pero recordó lo que sus padres le habían contado sobre Pérez. Así que, colocó su
diente bajo la almohada e intentó mantenerse despierta para conocerlo. Pero Pérez
era muy astuto; esperó hasta que Lucía estuviera profundamente dormida. Entonces,
intercambió silenciosamente su diente por una hermosa moneda brillante.
A la mañana siguiente, Lucía encontró la moneda y estaba muy feliz. Sabía que Pérez
la había visitado. Desde entonces, todos los niños de la ciudad esperaban con ansias
perder sus dientes, sabiendo que el valiente y amable Pérez vendría con una
sorpresa.
Y así, El Ratón Pérez se convirtió en un querido amigo de todos los niños,
recordándoles siempre que debían cuidar bien de sus dientes y creer en un poquito
de magia.