Dialéctica: Historia y Filosofía
Dialéctica: Historia y Filosofía
Dialéctica
La dialéctica —del griego
διαλεκτική(dialektiké), τέχνη(téchne),
literalmente: técnica de la conversación;
con igual significado, en latín (ars)
dialectica— es una rama de la filosofía cuyo
ámbito y alcance ha variado
significativamente a lo largo de la historia.
El término adquiere un significado no circunscrito al ámbito de la retórica gracias, fundamentalmente, a los escritos
del filósofo alemán G.W.F. Hegel. En la época en que escribe una de sus grandes obras (Fenomenología del espíritu,
1808) el mundo parece haberse puesto en movimiento, transformando de forma visible lo que había durado siglos. Se
trata de los primeros momentos del modo de producción capitalista que, a diferencia de los anteriores, se basa
primordialmente en la circulación de las mercancías y del dinero. Entonces el viejo problema filosófico del cambio
se agudiza: ¿cómo entender racionalmente que una cosa pueda cambiar de apariencia y seguir siendo la misma cosa?
Hegel concibe la realidad como formada por opuestos que, en el conflicto inevitable que surge, engendran nuevos
conceptos que, en contacto con la realidad, entran en contraposición siempre con algo. Este esquema es el que
permite explicar el cambio manteniendo la identidad de cada elemento, a pesar de que el conjunto haya cambiado.
Con el mismo proceder Karl Marx analizará la realidad social y, claramente en sus escritos a partir de 1842, la
entenderá como una realidad conflictiva debido a la contraposición de intereses materiales incompatibles. Así dirá,
en el Manifiesto comunista (1848), que "toda la historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases"; esto es:
la confrontación entre clases sociales es el motor del cambio histórico.
En el siglo XX el filósofo alemán Theodor W. Adorno titulará Dialéctica negativa (1966) una de sus obras capitales.
Esta obra se inicia con una afirmación provocativa: "La formulación dialéctica negativa atenta contra la tradición".
Se refiere Adorno a que en la dialéctica de Platón o en la de Hegel el resultado del movimiento de contraposición es
la afirmación de algo, mientras que lo que él pretende es subrayar el carácter inconcluso de cualquier momento del
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Historia
fundamentalmente, la exposición a la crítica) queda perfilada por él como un procedimiento de investigación. A este
gesto del clásico puede atribuirse el que la filosofía sea hoy un campo de investigación académica, y no una rama de
la mitología o de la literatura fantástica.
Para Aristóteles, la búsqueda de la base filosófica de la ciencia (y de la propia filosofía) requiere un ejercicio
dialéctico. En la Metafísica, Libro Γ (o IV), Cap. 4, Aristóteles explica por qué la búsqueda de una prueba de los
"principios" debe hacerse mediante una demostración refutativa, y en cambio sería imposible dar de ellos una
"demostración" (vg., una prueba positiva de ellos). Aristóteles también trata de la dialéctica en los Tópicos.
Esta clase de justificaciones o pruebas, que la actividad dialéctica permite conseguir según los clásicos, sólo pueden
desarrollarse gracias a la confrontación de puntos de vista opuestos. Sin embargo, a partir de la Ilustración se
difundió ampliamente, aunque al parecer sin discusión de por medio, un juicio contrario, de David Hume, quien en la
Investigación sobre el Entendimiento Humano § 4, afirma sin más que todo razonamiento humano es inductivo (en
sus términos, "probable", o "moral") o deductivo ("demostrativo"); por tanto, no dialéctico sino monoléctico. Es
decir que según Hume, toda prueba científica o filosófica debe ser construíble en su integridad desde un único punto
de vista. Esta idea no ha sido suficientemente discutida, y puede considerarse como una hipótesis, tanto como la idea
contraria.
Además de la propia confrontación de ideas, un par de conceptos o reglas lógicas distinguen a los argumentos
dialécticos de los monolécticos. Son 1) la argumentación ex concessis, según la cual es lícito razonar a partir de los
presupuestos o premisas del antagonista, sin que en suma, haga falta justificarlas (al menos, no de cara a ese mismo
contrario). Y por otra parte 2), la noción de la carga de la prueba, que atribuye a uno de los debatientes en particular,
el deber de iniciar la argumentación, dando un respaldo prima facie razonable a su tesis. Si el interesado lo consigue,
con ello transfiere a su adversario la obligación (o carga) de responder, argumentando en contra suya. Cualquiera de
los debatientes que deje de atender satisfactoriamente esta obligación cuando le corresponde, por ese hecho resulta
derrotado en la polémica. En Occidente, la carga de la prueba inicial corresponde al que propone novedades, y desde
luego a quien cuestiona los usos y las creencias tradicionales o generalmente aceptadas. Una máxima del derecho
romano prescribe: "el que afirma, prueba".
Parece que a los estoicos se debe el uso posterior (concretamente, medieval) del término, con el que 'Dialéctica' pasa
a referirse al conjunto de la lógica, que por lo demás los estoicos cultivaron como estudio del razonamiento
deductivo (por tanto, monoléctico). Junto con la Gramática y la Retórica, la Dialéctica constituye el Trivium
medieval.
este conflicto, se alza un tercero, la síntesis. La síntesis se encuentra más cargada de verdad que los dos anteriores
opuestos. La obra de Hegel se basa en la concepción idealista de una mente universal que, a través de la evolución,
aspira a llegar al más alto límite de autoconciencia y de libertad.
El filósofo alemán Karl Marx aplicaba el concepto de dialéctica a los procesos sociales y económicos. El llamado
materialismo dialéctico de Marx es con frecuencia considerado como una revisión del sistema hegeliano. Este
proponía una solución a un problema generalizado de extremos económicos por medio de los tres conceptos: tesis,
antítesis y síntesis. La primera era la fuente del problema en este la propiedad del capital concentrada en la clase
burguesa. La segunda la clase proletaria creadora del valor con su trabajo y despojada de todo medio de producción.
Estas dos darán como síntesis el comunismo, la propiedad social de los medios de producción.
La dialéctica de Hegel
El acto mismo del conocimiento es la introducción de la contradicción. El principio del tercero excluido, algo o es A
o no es A, es la proposición que quiere rechazar la contradicción y al hacerlo incurre precisamente en contradicción:
A debe ser +A ó -A, con lo cual ya queda introducido el tercer término, A que no es ni + ni - y por lo mismo es +A y
-A. Una cosa es ella misma y no es ella, porque en realidad toda cosa cambia y se transforma ella misma en otra
cosa. Esto significa la superación de la lógica formal y el establecimiento de la lógica dialéctica.
Todas las cosas son contradictorias en sí mismas y ello es profundo y plenamente esencial. La identidad es la
determinación de lo simple inmediato y estático, mientras que la contradicción es la raíz de todo movimiento y
vitalidad, el principio de todo automovimiento y solamente aquello que encierra una contradicción se mueve.
La imaginación corriente capta la identidad, la diferencia y la contradicción, pero no la transición de lo uno a lo otro,
que es lo más importante, cómo lo uno se convierte en lo otro.
Causa y efecto son momentos de la dependencia recíproca universal, de la conexión y concatenación recíproca de los
acontecimientos, eslabones en la cadena del desarrollo de la materia y la sociedad: la misma cosa se presenta primero
como causa y luego como efecto. Es necesario hacer conciencia de la intercausalidad, de las leyes de conexión
universal objetiva, de la lucha y la unidad de los contrarios y de las transiciones y las transformaciones de la
naturaleza y la sociedad. La totalidad, de todos los aspectos del fenómeno, de la realidad, de los fenómenos y de sus
relaciones recíprocas, de eso está compuesta la verdad.
La realidad es la unidad de la esencia y la existencia. La esencia no está detrás o más allá del fenómeno, sino que por
lo mismo que la esencia existe, la esencia se concreta en el fenómeno. La existencia es la unidad inmediata del ser y
la reflexión. Posibilidad y accidentalidad son momentos de la realidad puestos como formas que constituyen la
exterioridad de lo real y por tanto son cuestión que afecta el contenido, porque en la realidad se reúne esta
exterioridad con la interioridad en un movimiento único y se convierte en necesidad y así lo necesario es mediado
por un cúmulo de circunstancias o condiciones.
La cantidad se transforma en cualidad y los cambios se interconectan y provocan los unos con los otros. Las
matemáticas no han logrado justificar estas operaciones que se basan en la transición, porque la transición no es de
naturaleza matemática o formal, sino dialéctica.
Las determinaciones lógicas anteriormente expuestas, las determinaciones del ser y la esencia, no son meras
determinaciones del pensamiento. La lógica del concepto se entiende ordinariamente como ciencia solamente formal,
pero si las formas lógicas del concepto fueran recipientes muertos, pasivos, de representaciones y pensamientos, su
conocimiento sería superfluo; pero en realidad son como formas del concepto, el espíritu vivo de lo real y por tanto
se requiere indagar la verdad de estas formas y su conexión necesaria.
El método del conocimiento no es una forma meramente exterior, sino que es alma y concepto del contenido. Por lo
que se refiere a la naturaleza del concepto el análisis es lo primero, porque debe elevar la materia dada a la forma de
abstracciones universales, las cuales luego mediante el método sintético son puestas como definiciones. El análisis
resuelve el dato concreto, aísla sus diferencias y les da forma de universalidad o, deja lo concreto como fundamento
y por medio de la abstracción de las particularidades que aparentan ser inesenciales, pone de relieve un universal
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concreto o la fuerza y la ley general. Esta universalidad también es determinada mediante la síntesis del concepto en
sus formas, en definiciones.
La actividad humana une lo subjetivo con lo objetivo. El fin subjetivo se vincula con la objetividad exterior a él, a
través de un medio que es la unidad de ambos, esto es la actividad conforme al fin. Así, con sus herramientas el
hombre posee poder sobre la naturaleza exterior, aunque en lo que respecta a sus fines se encuentra con frecuencia
sometido a ella. Hegel llevó este método de razonamiento hasta sus últimas consecuencias en la Fenomenología del
Espíritu y en otras obras suyas que influyeron mucho no sólo en la filosofía posterior a él, sino en la concepción de la
historia y de la política.
Para Hegel toda la realidad tiene un sentido lógico: lo que existe, no existe caprichosamente, sino que responde a una
necesidad interna de todas las cosas, que las hace ir evolucionando –cambiando– según una dialéctica de oposición
de los extremos: Una cosa, una idea, una circunstancia histórica cualquiera, pueden ser tomada como una posición, o
sea como una tesis. Como ninguna cosa ni idea es completa y perfecta, frente a esa posición surge una que se le
opone, la oposición, o sea la antítesis. De la confrontación o el encuentro entre estos dos opuestos surge la
composición, o sea la síntesis, que supera ambas posiciones anteriores y alcanza una nueva más completa y perfecta
que las incluye a las dos, pero que está abierta a su vez a una nueva oposición, con lo que la evolución de la realidad,
del mundo, de la historia, de lo que sea, nunca se detiene.
Un corolario –una consecuencia– de esta evolución lógica es el famoso enunciado "Todo lo real es racional" (todo
tiene una razón lógica para ser real), "y todo lo racional es real". Esto último es mucho más importante en sus
consecuencias, porque significa que todo lo que el intelecto pueda llegar a concebir puede también hacerse real, y en
cierto sentido debe hacerse real, de modo que va a surgir inevitablemente aunque no lo conciba la razón humana,
porque por encima de nuestro espíritu está el Espíritu Absoluto, que se piensa a sí mismo y nos piensa a nosotros y al
mundo. Como consecuencia, la historia no es algo que el hombre pueda modificar, sino que es la manifestación en el
mundo del Espíritu Absoluto, que a través de ella se autoconoce.
Cuando se aplica la dialéctica a las relaciones sociales y personales, aparece otro famoso enunciado de Hegel: "La
dialéctica del amo y del esclavo". Este es otro corolario –consecuencia– del planteo de la realidad como un proceso
de tesis-antítesis-síntesis. En este caso –y aquí aparecen las relaciones de poder que son el tema de su estudio–
significa que en toda organización humana, en toda institución o aún en cada parte de una institución –por ejemplo,
la enfermería dentro de la estructura de un hospital– aparece la tendencia de algunas personas o grupos a afirmarse
como tesis y ejercer el poder sobre los demás, que pasan a ser la antítesis de su posición. Ya sea a través del diálogo
y la colaboración, o de la resistencia y la lucha más o menos solapadas, con todos sus condimentos de
murmuraciones, mentiras, injurias, calumnias, hostilidades, actitudes deshonestas, etc., lo cierto es que un sector
tiene el látigo en sus manos –el amo– y el otro recibe los latigazos –el esclavo–.
Lo más importante es que el hecho de estar sometido al poder –de los jefes, autoridades, superiores– no convierte
necesariamente al esclavo en una buena persona que sólo sufre y despierta nuestra compasión y simpatía, sino que el
individuo o el grupo dominado –la antítesis de la tesis representada por el individuo o el grupo dominante– trata de
encontrar la manera de hacerse a su vez con el poder, con el látigo, no sólo por un comprensible deseo de venganza o
revancha, sino por exigirlo así la dialéctica de los acontecimientos, que no está en manos de los amos ni de los
esclavos, sino que es una consecuencia inevitable de la dialéctica del espíritu absoluto que se piensa a sí mismo a
través de ellos. Esta superposición del esclavo sobre el amo, se logra debido a que el esclavo trabaja, y al trabajar
logra su realización; mientras que el amo cae en una dependencia absoluta de su subyugado. No debe confundirse los
términos amo y esclavo con los términos señor y siervo, pues al hablar de señor y siervo se produce una relación
diléctica diferente a la que produce el amo en oposición al esclavo.
Hasta aquí estamos todavía en el plano de los fundamentos teóricos, pero con esta herramienta conceptual es posible
analizar las circunstancias concretas que se dan, por ejemplo, en la administración y la organización de un servicio
de enfermería constituido por un grupo –que fatalmente se enfrenta con los otros grupos– o las dificultades que debe
enfrentar una enfermera en su relación con los médicos, o incluso con un solo médico –los amos o el único amo–.
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Dialéctica materialista
La más simple e influyente formulación del materialismo dialéctico se halla en Engels, que creyó con ello no
desviarse de Marx o, en todo caso, creyó completar a Marx. La formulación de Engels se ha incorporado al
marxismo. Esto no quiere decir que sólo los marxistas sean materialistas dialécticos. Ello puede ocurrir de varios
modos, entre los cuales sobresalen dos: como un intento de suplementar y sistematizar el marxismo en forma distinta
del conglomerado hoy tradicional «Marx-Engels-Lenin», o «marxismo-leninismo»; o bien como una posibilidad para
el futuro, cuando se haya «absorbido» por completo la razón analítica y positiva que se supone caracteriza aún las
ciencias y éstas puedan constituirse dialécticamente, o materialística-dialécticamente.
Engels desarrolló el materialismo dialéctico en la obra "La transformación de las ciencias por el Sr. Dühring" (Herrn
Dühring Umwälzung der Wissenschaften, 1878; publicada como una serie de artículos en Vorwärts, 1877), conocida
con el nombre de Anti-Dühring, y también en una serie de 2148 manuscritos procedentes de 1873-1883 y publicados
por vez primera en 1925 con el nombre Dialektik der Natur (hay posteriores ediciones, más fidedignas; trad. esp. con
introducción por Manuel Sacristán). Aunque Engels se opuso al idealismo, incluyendo el idealismo de Hegel,
encontró en este autor apoyo para una «filosofía de la Naturaleza» que descartara y superara el materialismo
mecanicista, característico de gran parte de la física (mecánica) moderna y en particular de las interpretaciones
filosóficas de la ciencia moderna que proliferaron en el siglo XIX por obra de Ludwig Büchner y otros autores. Este
materialismo es, según Engels, superficial y no tiene en cuenta que los modelos mecánicos no se aplican a nuevos
desarrollos científicos, tales como los habidos en química y en biología, y especialmente tal como se manifiestan en
la teoría de la evolución de las especies. El materialismo «vulgar» mecanicista no tiene tampoco en cuenta el carácter
práctico del conocimiento y el hecho de que las ciencias no son independientes de las condiciones sociales y de las
posibilidades de revolucionar la sociedad.
Mientras el materialismo mecanicista se apoya en la idea de que el mundo está compuesto de cosas y, en último
término, de partículas materiales que se combinan entre sí de un modo «inerte», el materialismo dialéctico afirma que
los fenómenos materiales son procesos. Hegel tuvo razón en insistir en el carácter global y dialéctico de los cambios
en los procesos naturales, pero erró en hacer de estos cambios manifestaciones del «Espíritu». Hay que «invertir» la
idea hegeliana y colocar en la base la materia en cuanto que se desarrolla dialécticamente. La dialéctica de la
Naturaleza procede según las tres grandes leyes dialécticas:
• ley del paso de la cantidad a la cualidad,
• ley de la interpenetración de los contrarios (u opuestos) y
• ley de la negación de la negación.
Negar que hay contradicciones en la Naturaleza es, según Engels, mantener una posición metafísica; lo cierto es que
el movimiento mismo está lleno de contradicciones. Son contradicciones «objetivas» y también «subjetivas». Sin la
constante lucha de los opuestos no pueden explicarse los cambios.
El carácter de lucha y oposición de contrarios es, según Engels, universal. Se manifiesta no sólo en la sociedad y en
la Naturaleza, sino también en la matemática. La negación de la negación se manifiesta en que de un germen procede
una planta que florece y muere, produciendo otro germen que vuelve a florecer. También se manifiesta en que la
negación de una cantidad negativa da una positiva. El materialismo dialéctico no es, según Engels, contrario a los
resultados de las ciencias; por el contrario, explica, justifica y sintetiza estos resultados.
En la Dialéctica de la Naturaleza, Engels se manifestó en desacuerdo con considerar la necesidad o lo necesario
como lo único interesante desde el punto de vista científico y el azar o lo casual como indiferente para la ciencia,
pues así "cesa toda ciencia, ya que ésta debe precisamente investigar lo que no conocemos". Consideró que la
metafísica está cautiva de la contraposición que media entre casualidad y necesidad y no entiende cómo lo casual es
necesario y lo necesario, al mismo tiempo, casual. "El determinismo, que pasa del materialismo francés a las
ciencias naturales, trata de resolver el problema de lo casual pura y simplemente negándolo. Según esta concepción,
en la naturaleza reina sencillamente la necesidad directa". En cambio, Darwin fundamentó la necesidad de la
evolución, sobre "la más amplia base de casualidad". La naturaleza se ha desenvuelto "más o menos
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accidentalmente, pero con la necesidad que es también inherente a la casualidad". Actualmente podría verse en las
matemáticas de las probabilidades, una confirmación de esta visión dialéctica, en sus especificidades para las
ciencias naturales y para las ciencias sociales.
A despecho del ejemplo citado en la matemática se ha preguntado a menudo hasta qué punto las ciencias formales, y
específicamente la lógica, son dialécticas y están sometidas a las leyes enunciadas por el materialismo dialéctico.
Engels se expresó al respecto de un modo un tanto ambivalente, pues mientras las leyes de referencia tienen, a su
entender, un alcance verdaderamente universal, por otro lado las leyes dialécticas mismas constituyen un elemento
invariable. Puesto que la lógica misma es dialéctica, parece que no cabe preguntar si la propia lógica dialéctica es o
no dialéctica; no parece que se pueda negar la lógica dialéctica por otra lógica no dialéctica. Por otro lado, la
negación de la negación de esta lógica dialéctica daría una lógica dialéctica supuestamente «superior». Son muchas
las discusiones sobre la autonomía o heteronomía de la lógica formal dentro del materialismo dialéctico.
Muchos autores después de Engels han seguido a este autor en el camino del materialismo dialéctico, si bien han
modificado éste de varios modos. Tal sucede con Lenin, con quien se inicia una tradición de materialismo dialéctico
llamada «marxista-leninista». Para él la dialéctica es la doctrina del desarrollo en su forma más completa, profunda
y libre de unilateralidad, la doctrina acerca de lo relativo del conocimiento humano, que nos da un reflejo de la
materia en perpetuo desarrollo.
Lenin insistió inicialmente menos que Engels en la noción de «materia» como realidad sometida a cambios de
acuerdo con un proceso dialéctico, porque le interesaba defender el realismo materialista contra el idealismo y el
fenomenismo de los que seguían a autores como Mach y Avenarius. En Materialismo y empiriocriticismo (1909),
Lenin equiparó la realidad material con la realidad del mundo real «externo», reflejado por la conciencia, la cual
«copia» este mundo mediante las percepciones. Éstas no son símbolos o cifras, sino reflejos de «la realidad (material)
misma». Esto no quiere decir que las percepciones, o las sensaciones, describan el mundo real físico tal como éste es.
El verdadero conocimiento de este mundo es el conocimiento científico, pero la percepción no es incompatible con
este conocimiento. El materialismo dialéctico y la epistemología «realista» y «científica» que lo acompaña es, según
Lenin, la doctrina que debe adoptarse para luchar en favor del comunismo. Esto parece convertir el materialismo
dialéctico en una ideología cuya verdad depende de la situación histórica. El materialismo dialéctico es, en suma,
«partidista». Sin embargo, este partidismo no puede equipararse al de las ideologías no proletarias y no
revolucionarias; si es una ideología, es una que contribuye a traer al mundo la «teoría verdadera», que es la que
corresponde a la sociedad sin clases.
En las discusiones entre los materialistas dialécticos ha surgido con frecuencia el problema de si, y hasta qué punto,
hay que destacar el aspecto materialista o el dialéctico. En escritos posteriores al citado antes, y especialmente en los
Cuadernos filosóficos (1915), Lenin subrayó considerablemente el aspecto dialéctico y, con ello, lo que interpretó
como el verdadero método hegeliano, pero ello no equivale aún a dejar de lado el materialismo, sin el cual se
desembocaría en un idealismo:
La dialéctica como conocimiento vivo, multilateral (con el número de aspectos siempre en aumento), de
innumerables matices en el modo de abordar, de aproximarse a la realidad (con un sistema filosófico qué, de
cada matiz, se desarrolla en un todo): he aquí el contenido inconmensurablemente rico, en comparación con
el materialismo 'metafísico', cuya desgracia principal es la de no ser capaz de aplicar la dialéctica a la
'Teoría de Reflejo', al proceso y desarrollo del conocimiento.
Así, mientras la dialéctica en el materialismo dialéctico pone de relieve aspectos «idealistas» y «hegelianos», el
materialismo en la misma doctrina pone de relieve, o puede terminar por poner excesivamente de relieve, aspectos
puramente «mecanicistas» o «superficiales». El equilibrio entre dialéctica y materialismo en el materialismo
dialéctico es por ello uno de los desiderata de muchos de los autores adheridos a esta tendencia.
En ocasiones se ha procurado resolver el conflicto entre los dos componentes del materialismo dialéctico
acentuándose los aspectos «prácticos». Así sucede, por ejemplo, con el maoísmo y con varías tendencias políticas
más interesadas en la realización de un programa que en discutir las bases filosóficas subyacentes en el mismo. Mao
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escribió en 1937 el ensayo Sobre la Contradicción [1], que además de partir de la universalidad de la contradicción y
las particularidades de cada contradicción, se centra en determinar la contradicción principal y el aspecto principal de
una contradicción, así como el antagonismo, la lucha y la identidad de contrarios, de manera que los militantes
revolucionarios tuvieran un manual de lógica para la solución de los problemas políticos concretos.
"Tengo, pues, que establecer la primera negación de tal modo que la segunda siga siendo o se haga posible.
¿Cómo? Según la naturaleza especial de cada caso particular. Si muelo un grano de cebada o aplasto un
insecto, he realizado ciertamente el primer acto, pero he hecho imposible el segundo. Toda especie de cosas
tiene su modo propio de ser negada de tal modo que se produzca de esa negación su desarrollo, y así también
ocurre con cada tipo de representaciones y conceptos". ([Link], Anti-Dühring , XIII. Dialéctica. Negación
de la negación.)
La ley de negación de la negación completa la anterior, explicando el modo en que se resuelve la contradicción,
dando paso a una realidad nueva que contiene los aspectos positivos de lo negado. El primer momento del
movimiento dialéctico, el de la afirmación, supone la mera existencia de una realidad; el segundo momento, el de la
negación, supone la acción del elemento contrario que, en oposición con el primer momento, lo niega. El tercer
momento, negando al segundo, que era ya, a su vez, la negación del primero, se presenta como el momento de la
reconciliación, de la síntesis, recogiendo lo positivo de los dos momentos anteriores.
Una vez alcanzado este estadio del movimiento nos encontramos ante una nueva realidad que entrará de nuevo en
otro ciclo de transformación dialéctica, dando lugar, así, al desarrollo progresivo de la Naturaleza, de la sociedad
humana y del pensamiento. Un desarrollo que se dirige hacia formas más completas, más perfectas, más
integradoras, de la realidad.
La crítica de Sartre
La Crítica de la razón dialéctica, del filósofo francés Jean-Paul Sartre, fue publicada en 1960 con el título original
de Critique de la raison dialectique (précédé de Questions de méthode). En ella, Sartre se preguntaba cómo
constituir una antropología estructural e histórica, que no sacrifique la concreción del objeto estudiado en un sistema
fijo de conceptos. Subrayaba entonces que sólo la antropología marxista puede servir para tal propósito, pero con la
condición de que ésta se fundamente en la comprensión de lo humano que supone el existencialismo, la dialéctica
fenomenológica del Ser y la Nada. No obstante, si el materialismo histórico de Karl Marx es cierto, entonces la
historia es dialéctica, una totalización: ¿pero hay una razón dialéctica? ¿O bien la racionalidad positivista de las
ciencias es suficiente para estudiar al hombre y a la existencia humana? Estas son las preguntas fundamentales
planteadas por Sartre en Crítica de la razón dialéctica. Aunque el "ejercicio dialéctico" entendido a la manera clásica,
como aquello que pertenece a un debate o controversia, no fue el objeto de su estudio, Sartre fue ante todo un
polemista y un defensor de la importancia de la confrontación de opiniones como condición del conocimiento y de
las transformaciones conscientes de la vida y la sociedad.
Referencias
[1] http:/ / www. marxists. org/ espanol/ mao/ OC37s. html
Bibliografía
• Parménides, Platón
• Teeteto, Platón
• Gorgias, Platón
• Tópicos, Aristóteles
• Crítica de la razón pura, Kant
• Fundamento de la doctrina de la ciencia, Fichte
• Ciencia de la Lógica, G. W. F. Hegel
• Crítica de la razón dialéctica, Jean-Paul Sartre
• Tratado de la argumentación, Chaïm Perelman y L. Olbrechts-Tyteca
• A Systematic Theory of Argumentation, Frans Eemeren y Rob Grootendorst
• The New Dialectic, Douglas Walton
Dialéctica 11
• Détienne, Marcel. Los maestros de verdad en la Grecia arcaica. México: Sexto Piso Ediciones. ISBN
968-5679-21-5
• Détienne, M. "From Practices of Assembly to the Forms of Politics. A Comparative Approach", en Arion,
Invierno 2000.
• Pardo Tovar, Andrés Historia de la Filosofía y Filosofía de la Historia. Bogotá: Ediciones Tercer Mundo, 1970.
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