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La Iglesia: Comunión y Misión en Cristo

Tema da da segunda semana dos exercícios espirituais de santo inácio

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Temas Reglas de la Iglesia

ESQUEMAS Y RESÚMENES

TEMA 2: ¿QUÉ ES LA IGLESIA? (Esquema)

El Dios del que nos habla Jesús es Padre nuestro, no “mío”. La experiencia de
Dios, para el cristiano, por personal que sea, no puede ser “aislada”. Desde esta
experiencia surge la Iglesia, y no por generación espontánea.

En efecto, Jesús va rodeándose de “discípulos”, a los que llama (Mc 3, 13-19),


que le siguen y a los que mínimamente va “estructurando” (Mt 16, 13-20; Jn 21,
15-19) , no desde la desigualdad (Mt 23, 1-12), sino desde el servicio recíproco
(Mt 20, 24-28; Jn 13, 1-17)

Pero es con el Espíritu del Resucitado como surge la Iglesia para la Misión (Jn
20, 19-23; Hech 1 y 2). Los creyentes forman así un cuerpo en Cristo, en el que
hay muchos miembros con diversidad de funciones, pero con la misma dignidad
(I Cor 12)

Tenemos que estar abiertos a este Espíritu ( I Tes 5,19-23 ) que apunta a la
“comunión”, a “que sean una sola cosa” (Jn 17, 11. 20-23, que recordará lo que
había dicho Jesús (Jn 14, 25-26; 15, 26-27) y lo que dejó de decirnos, hasta
“guiarnos a la verdad completa” (Jn 16, 12-15).

Por último, el Espíritu se nos comunica a través de los Sacramentos,


“incorporándonos” a la Iglesia a través del Bautismo (Rom 6, 1-11; Gal 3, 23-25;
Col 2, 9-13), reconciliándonos entre nosotros y con Dios (Jn 20, 19-23; II Cor
5, 16-21) en el sacramento de la Reconciliación, haciéndonos un solo cuerpo en
la Eucaristía, responsabilizándonos para el servicio de la Misión por el Orden
(Jn 21, 15-17; Mt 16, 13-20; I Tim 4-5), y manifestándose en el Matrimonio el
misterio de unión de Cristo con su Iglesia (Ef 5, 25-33)

Esta es la Iglesia para la que Ignacio escribe estas Reglas, la Iglesia de la


“comunión” y de la “Misión”, no la “ortodoxa”, ni para la “jerarquía” de la Iglesia,
sino para una Iglesia que es jerárquica, que no es lo mismo. A través de ellas
Ignacio va a optar por la comunión en el mismo Espíritu, y porque la misión
llegue al pueblo menudo.

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TEMA 2: ¿QUÉ ES LA IGLESIA? (Resumen)

La Iglesia de Jesús está llamada a hacer posible la unidad entre todos los
hombres como hijos de Dios. Más aún, no podemos llamar a Dios “Padre mío”
como Jesús lo hacía, sino Padrenuestro. De nuevo, el nosotros del que
hablábamos en el tema uno. Sin el nosotros-familia no hubiéramos nacido y
vivido, pues lo mismo con la fe y la relación con Dios: nacemos y crecemos en el
nosotros-Iglesia y, por eso, cuando hablamos con Dios lo llamamos
Padrenuestro. La experiencia de Dios, para el cristiano, por personal que sea, no
puede ser aislada ni privada; la relación con Dios supone una comunión con los
demás. Desde esta experiencia surge la Iglesia, y no por generación espontánea.
Iglesia significa los “llamados” por Jesús y que han respondido a esa llamada.
(Mt 7, 21-27; 25, 31ss; 1 Jn 3, 16; 4, 19-21)

En efecto, Jesús va rodeándose de discípulos, a los que llama (Mc. 3, 13-19). Al


principio, en este grupo no se descubre organización: Jesús era el que mantenía
el grupo. Pero desde el comienzo Jesús empieza a decirles que deben formar
una comunidad como hermanos y por eso a los que le siguen los va mínimamente
“estructurando”: la Iglesia es jerárquica (a Pedro le concede autoridad desde
la debilidad, después de las negaciones: Mt. 16, 13-20; Jn. 21, 15-19).
Ahora bien, Jesús no iba a estar siempre presente y les anuncia que cuando se
vaya les enviará al Espíritu Santo (Jn. 16, 7). Este Espíritu, sin embargo, no lo
va a hacer todo, sino que el grupo debe responsabilizarse de su propia vida (la
Iglesia necesita unos responsables, una autoridad, una jerarquía) (Hech 15, 28),
pero no desde la desigualdad (cita del tema 1: Mt. 23, 1-12), sino desde el
servicio recíproco (cita del tema 1: Mt. 20, 25-28 y Jn. 13, 1-17).

Pero es con el Espíritu del Resucitado como surge la Iglesia (Jn. 20, 19-23) y
la tarea principal de esta Iglesia es la misión (Hech. 1, 8; Hech. 2, 1-4 y
32-39), el servicio apostólico (Hech. 1, 23-26). Más aún, según San Juan,
Jesús antes de morir nos avisó de que esa misión nos desborda, no es nuestra ni
depende de nuestras capacidades (Jn. 14, 25-26, Jn. 15, 26-27 y Jn. 16,
12-15). Es decir, la Iglesia es guiada por el Espíritu, que irá completando la
verdad. La vida va cambiando, surgen nuevos problemas, de los cuales Jesús no
podía decir nada. La Iglesia, su comunidad, guiada por el Espíritu Santo, debe ir
dando respuestas.

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Por eso, tenemos que estar abiertos a este Espíritu (I Tes. 5, 19-22), que
apunta a lo que más le preocupó a Jesús de cara a su Iglesia: la comunión, que
seamos uno, que formemos un solo cuerpo, que nos sintamos y seamos
comunidad (Jn. 17, 11 y 20-23). ¿A qué vino Jesús? A hacer la paz, a que
“seamos una sola cosa” como el Padre en él y él en el Padre. Si en esto
fracasamos, ha fracasado también la misión de Jesús, que es hacer posible que
vivamos en comunión, como hermanos en comunidad.

Los creyentes formamos así un Cuerpo en Cristo; si buscamos cada uno nuestro
interés nunca podremos formar un cuerpo (seríamos como un cáncer que se
come el cuerpo). Por eso, para tener unión entre nosotros tenemos que
sentirnos iguales y estar siempre dispuestos a servir (Mt. 20, 28). Y es que la
unión que debemos vivir no es que todos seamos lo mismo, sino que, conservando
nuestras diferencias y cualidades, lleguemos a formar un cuerpo (I Cor. 12).
Esta imagen sugiere unidad y diversidad, no competitividad. Para que un cuerpo
funcione, dice San Pablo, todo tiene que apuntar al bien común, a que “seamos
una sola cosa”. La unión que debemos vivir es la del cuerpo; en el nosotros-
Iglesia todos tenemos distintas funciones, sin que ninguno se sienta el más
importante, sino desde la igualdad, aunque con distintas responsabilidades. Este
cuerpo funciona cuando ninguno de sus miembros quiere destacar. Esto deber
ser la Iglesia, el Cuerpo de Cristo.

Pero todas estas responsabilidades y cualidades pueden llegar a formar un solo


cuerpo si hay amor (I Cor. 13). Sin amor de nada sirven ni cualidades ni
responsabilidades de cara a formar un cuerpo. En esta manera de relacionarnos
en el cuerpo, tiene que haber unas reglas de juego, unas normas de
comportamiento: pero tenemos que relacionarnos desde el amor (Gal 5, 13).

Por último, el Espíritu se nos comunica a través de los Sacramentos,


“incorporándonos” a la Iglesia a través del Bautismo (Rom. 6, 1-11; Gal. 3, 23-
27; Col. 2, 9-13), reconciliándonos entre nosotros y con Dios (una cita
anteriormente dada: Jn. 20, 19-23; II Cor. 5, 16-21) en el sacramento de la
Reconciliación, haciéndonos un solo cuerpo en la Eucaristía (I Cor. 10, 14-22),
responsabilizándonos para el servicio de la Misión por el Orden (una cita
anteriormente dada: Mt. 16, 13-20; I Tim. 3, 1-7; I Ped 5), y manifestándose en
el Matrimonio el misterio de unión de Cristo con su Iglesia (Ef. 5, 25-33).

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Esta es la Iglesia para la que Ignacio escribe estas Reglas, la Iglesia de la
Comunión y de la Misión, no la ortodoxa (decir y pensar todos lo mismo), ni para
la jerarquía de la Iglesia, sino para una Iglesia que es jerárquica, que no es lo
mismo. A través de ellas, Ignacio va a optar por la comunión en el mismo
Espíritu y porque la misión llegue al pueblo menudo.
De cara a la praxis, Ignacio va más allá en el concepto de Iglesia con respecto a
lo que había en su tiempo. El no gasta un minuto en discusiones, teorías,
eclesiologías... El va al sentido verdadero que hay que tener en la práctica.
Justo lo contrario de lo que nos ocurre a nosotros: nos encanta teorizar, pero
nuestra praxis es un desastre.

Ignacio fue sacerdote los 16 últimos años de su vida ya que antes fue seglar:
pues tan Iglesia se sintió de laico como de sacerdote. Para San Ignacio, de cara
a la praxis, Iglesia es Comunión y posibilitar la Misión. En las Constituciones,
dispuso que la Compañía de Jesús fuese un instrumento disponible al Papa en
relación a la tarea principal de la Iglesia, que es la Misión.

TEXTOS PARA LA ORACIÓN:


I Juan 3, 16; 4, 19-21
Mateo 7, 21-27; 25, 31ss
Mateo 16, 13-20 y Juan 21, 15-19
Juan 16, 7
Juan 13, 1-17
Juan 20, 19-23
Hechos 1, 8; Hechos 2, 1-4 y 32-39
Hechos 1, 23-26
Hechos 15, 28
Juan 14, 25-26, Juan 15, 26-27 y Juan 16, 12-15
I Tesalonicenses 5, 19-22
Juan 17, 11 y 20-23
I Corintios 12 y 13
Gálatas 5, 13
I Timoteo 3, 1-7
I Pedro 5

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