7mo semestre A María Fernanda Ortiz Vicenttín
7mo semestre A María Fernanda Ortiz Vicenttín
Equilibrio ácido-base.
El equilibrio ácido-base constituye un eje central en la homeostasis fisiológica del organismo,
dado que la mínima variación en la concentración de hidrogeniones ([H+]) condiciona
alteraciones en la actividad enzimática, la síntesis de ADN y las funciones celulares esenciales.
Durante mi formación médica he aprendido que, en los pacientes críticos, los trastornos ácido-
base no solo son frecuentes, sino que además representan un reto diagnóstico y terapéutico.
Comprender la teoría de Henderson-Hasselbalch me permite integrar los principios
fisicoquímicos con el abordaje clínico del paciente, reconociendo la complejidad de los
mecanismos compensadores y sus limitaciones.
De manera clásica, la ecuación de Henderson-Hasselbalch relaciona el pH sanguíneo con la
concentración de bicarbonato ([HCO3-]) y la presión parcial de dióxido de carbono (PaCO2).
Esta fórmula, aunque aparentemente sencilla, representa la interacción dinámica entre los
sistemas respiratorio y renal. En el contexto clínico, se utiliza como punto de partida para
diferenciar si la alteración tiene origen respiratorio (cuando la PaCO2 se encuentra alterada),
metabólico (cuando la [HCO3-] es anormal) o si existe un trastorno mixto.
Complementariamente, parámetros como el exceso de base y la brecha aniónica se convierten
en herramientas indispensables para caracterizar la magnitud y etiología del trastorno.
El exceso de base (EB) cuantifica la cantidad de ácido o base que debe añadirse a la sangre
para restablecer el pH fisiológico (7.40) bajo condiciones estandarizadas. Su valor cobra
relevancia porque permite identificar alteraciones metabólicas subyacentes, aunque presenta
limitaciones, especialmente en escenarios con hipoalbuminemia o hiperfosfatemia. La brecha
aniónica (BA), calculada habitualmente como Na+ - (Cl- + HCO3-), representa la suma de
aniones no medidos como lactato, fosfatos o proteínas. Un incremento en la BA orienta hacia
acidosis metabólicas orgánicas, como la secundaria a cetoacidosis diabética, acidosis láctica o
intoxicación por etilenglicol, mientras que una BA normal sugiere pérdidas de bicarbonato por
diarrea o acidosis tubular renal.
Desde la perspectiva fisiopatológica, los sistemas amortiguadores —principalmente el
bicarbonato, la hemoglobina y las proteínas plasmáticas— actúan de manera inmediata. Sin
embargo, el verdadero control a largo plazo recae en el riñón, el cual regula la reabsorción de
bicarbonato, la excreción de protones como amonio y la acidez titulable. Por su parte, el
sistema respiratorio responde en cuestión de minutos mediante modificaciones de la ventilación
alveolar, aunque su capacidad compensadora es limitada frente a alteraciones metabólicas
sostenidas. El concepto de compensación es crucial: en una acidosis metabólica, la
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hiperventilación reduce la PaCO2; en una alcalosis metabólica, la hipoventilación incrementa la
retención de CO2. Sin embargo, ningún mecanismo compensador logra normalizar por
completo el pH, lo que obliga a interpretar los valores dentro de los rangos esperados según el
trastorno primario.
El análisis de los trastornos ácido-base no se limita a la gasometría arterial. La correlación
clínica es fundamental, ya que patologías como sepsis, insuficiencia renal aguda,
intoxicaciones o enfermedades pulmonares obstructivas crónicas suelen cursar con
alteraciones mixtas que desafían los algoritmos tradicionales. Por ello, algunos autores han
propuesto modelos alternativos como el de Stewart, basado en la diferencia de iones fuertes, o
la relación cloro/sodio de Durward. Si bien aportan una visión más integral, su complejidad
limita la aplicación cotidiana, motivo por el cual la ecuación de Henderson-Hasselbalch sigue
siendo la herramienta más utilizada en la práctica clínica.
En cuanto al abordaje terapéutico, la corrección debe enfocarse en la causa subyacente y no
exclusivamente en la alteración del pH. El uso de bicarbonato de sodio, aunque tentador, no ha
demostrado reducir la mortalidad y puede generar complicaciones como sobrecarga de sodio,
hipocalcemia y arritmias. En la acidosis respiratoria, el pilar es restaurar una ventilación
alveolar efectiva, mientras que en la alcalosis metabólica es prioritario identificar si es sensible
o resistente al cloro para seleccionar el tratamiento adecuado. En todos los casos, el manejo
debe ser individualizado, considerando la gravedad del trastorno, la reserva fisiológica del
paciente y la coexistencia de comorbilidades.
Conclusión: El estudio de los trastornos ácido-base a través de la ecuación de Henderson-
Hasselbalch representa un fundamento indispensable en la medicina clínica. A pesar de sus
limitaciones para explicar trastornos mixtos, sigue siendo la herramienta de referencia por su
aplicabilidad y sencillez. La incorporación de parámetros complementarios, como la brecha
aniónica y el exceso de base, enriquece el análisis e incrementa la precisión diagnóstica.
Considero que el dominio de estas herramientas no solo fortalece mi capacidad como futura
médica, sino que también me permite comprender el impacto fisiopatológico de estas
alteraciones en órganos vitales. En última instancia, el éxito terapéutico no depende de corregir
un número en la gasometría, sino de identificar y tratar la etiología primaria que condiciona el
desequilibrio. Este enfoque integral constituye la base de una atención médica crítica, oportuna
y eficaz.
Referencias bibliográficas:
• Sánchez-Díaz JS, Moguel KG, Méndez-Rubio LI. Equilibrio ácido-base. Puesta al día. Teoría
de Henderson-Hasselbalch. Med Int Méx. 2016;32(6):646-660.