0% encontró este documento útil (0 votos)
12 vistas5 páginas

Aventuras de Don Quijote y Sancho Panza

donquijote(primera parte)
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
12 vistas5 páginas

Aventuras de Don Quijote y Sancho Panza

donquijote(primera parte)
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Un hidalgo cuyo nombre exacto se desconoce, de aproximadamente cincuenta

años, oriundo de algún lugar de la Mancha, enloquece a causa de la lectura de


libros de caballerías y decide salir al mundo en busca de aventuras como un
caballero andante. Para eso, acondiciona las viejas armas de sus bisabuelos, elige
un nombre para su caballo, “Rocinante", se rebautiza con el nombre de “don
Quijote de la Mancha”, y elige una dama de quien enamorarse, Aldonza Lorenzo, a
la que le da el nombre de “Dulcinea del Toboso”.
Sin que nadie lo vea, emprende su primera salida, y le pide al dueño de una venta,
que él cree que es un castillo, que lo arme caballero. El hombre y otras mujeres que
trabajan allí celebran una falsa ceremonia para tener algo de qué reírse. Don
Quijote sale al camino convencido de la veracidad de su investidura y pronto
encuentra a un labrador azotando a su criado, Andrés. El hidalgo defiende a este
último, amenaza al labrador y retoma su camino. Allí se encuentra con mercaderes
toledanos a quienes desafía y obliga a confesar que Dulcinea es la doncella más
hermosa. Uno de los mercaderes se burla de él y desata su furia, pero cuando el
hidalgo se lanza a atacarlo, Rocinante tropieza y ambos caen al suelo. Un mozo de
mulas golpea a don Quijote. Éste se queda solo y herido gravemente, y un labrador
vecino suyo, Pedro Alonso, lo encuentra y lo lleva de regreso a su casa.
Allí se encuentran la sobrina y el ama que viven en la casa del hidalgo, y el cura y el
barbero del pueblo, que son sus amigos. Todos están preocupados y culpan a los
libros de caballerías por la locura de don Quijote, y por eso deciden quemar varios
de sus libros. Al día siguiente, el cura hace un escrutinio y manda a arrojar al fuego
a muchos de ellos. Además, se decide tapiar la habitación de la biblioteca y decirle
al hidalgo que un encantador la hizo desaparecer.

Don Quijote pasa quince días en su casa y luego le pide a un labrador vecino suyo,
Sancho Panza, que sea su escudero. A cambio le promete que si gana una “ínsula”
lo hará gobernador de ella. El labrador acepta. A la noche ambos salen sin que
nadie los vea.

Por el camino ven unos molinos de viento que el hidalgo confunde con gigantes y se
lanza a atacarlos sin prestar atención a las advertencias de su escudero. Don
Quijote se cae y se rompe su lanza, entonces Sancho va a socorrerlo. Luego siguen
su viaje y se cruzan por el camino con dos frailes acompañados por dos mozos de
mulas, y una mujer vizcaína que se dirige a Sevilla acompañada por algunos
escuderos. Don Quijote cree que los hombres llevan cautiva a la mujer y se enfrenta
a los frailes para socorrerla. Luego le dice a la mujer que en pago por la libertad que
le ha dado se presente ante Dulcinea del Toboso y le cuente su hazaña. Uno de los
escuderos que la acompaña se enfrenta al hidalgo.

El autor de la historia no encuentra los escritos que cuenten el final de esta batalla
hasta que un día un vendedor le ofrece unos cartapacios con caracteres arábigos
que contienen la historia de don Quijote, escrita por el historiador arábigo Cide
Hamete Benengeli. El autor consigue un traductor y transcribe la historia que
aquellos cartapacios contienen.
El hidalgo sale del enfrentamiento con una herida en el hombro y pierde parte de su
oreja. Además, se le rompe su celada, por lo que se propone conseguir una nueva.
A la noche él y su escudero se juntan con unos cabreros que les cuentan la historia
de Grisóstomo, un pastor que murió de amor por Marcela. Al día siguiente don
Quijote y Sancho acompañan a los cabreros al entierro de Grisóstomo. Allí se
presenta Marcela, desmiente su responsabilidad en la muerte de su enamorado,
reivindica su autonomía y se aleja por el monte. El hidalgo y su escudero siguen su
camino y, sin encontrarla, se detienen a descansar junto a un arrollo. Rocinante
quiere refocilarse con las yeguas de unos arrieros yangüeses y éstos lo golpean.
Luego golpean al hidalgo y a su escudero cuando salen en defensa del animal,
dejándolos muy doloridos.
Don Quijote y Sancho llegan a una venta y comparten una habitación con un
arriero, quien espera tener un encuentro íntimo con Maritornes, una de las
venteras. Cuando ella llega a la habitación el hidalgo la confunde con una doncella
enamorada de él y se produce un gran enredo del que todos salen golpeados. Don
Quijote cree que todo es culpa de un moro encantador y prepara un bálsamo para
sanar sus heridas y las de su escudero. El bálsamo lo hace vomitar y dormir muchas
horas. Al despertarse reanimado, el hidalgo cree que el bálsamo es efectivo. Sancho
lo toma también pero a él le provoca una descompostura tan fuerte que cree que va
a morirse. Don Quijote quiere emprender su viaje nuevamente y cuando sale de la
venta se niega a pagar su estadía porque cree que a los caballeros andantes no les
corresponde hacerlo. Sancho Panza lo imita, pero unos huéspedes con ánimos de
burlarse de él lo ponen en una manta y lo lanzan repetidas veces por el aire, hasta
que finalmente dejan que se vaya.
El hidalgo y su escudero continúan su viaje y ven dos polvaredas que se levantan a
lo lejos. Don Quijote las confunde con ejércitos enemigos y se dispone a enfrentarse
a uno de ellos, pero resultan ser manadas de ovejas. Los pastores comienzan a
arrojarle piedras para que se detenga y luego, creyéndolo muerto, huyen.

Al anochecer, don Quijote y Sancho ven por el camino a unos sacerdotes que llevan
un féretro. Don Quijote los enfrenta creyendo que tiene que vengar la muerte de
algún caballero y deja herido a uno de los sacerdotes. Más tarde, el hidalgo y su
escudero avanzan a tientas en la oscuridad hacia un arrollo y escuchan fuertes
ruidos que los atemorizan. Al día siguiente descubren que los ruidos provienen de
una máquina que golpea mazos de madera en el agua. Cuando retoman el camino
comienza a llover y se cruzan con un barbero que se cubre la cabeza con una bacía.
Don Quijote cree que el legendario yelmo de Mambrino, ataca al barbero y se lo
quita. A continuación se acercan por el camino un grupo de galeotes encadenados.
Don Quijote interroga los motivos por los que están condenados y resuelve que es
justo liberarlos. Así lo hace y les pide que a cambio se presenten ante Dulcinea y le
cuenten su hazaña. Uno de los galeotes se niega y así comienza una nueva batalla.

Don Quijote y Sancho, heridos, toman el camino de Sierra Morena, huyendo de las
posibles sanciones de la Santa Hermandad, que podría castigarlos por haber
liberado a los galeotes. Allí conocen a Cardenio, un joven que pierde la cordura por
momentos y vive en estado semisalvaje a causa de un desengaño amoroso.
Cardenio les cuenta que estaba profundamente enamorado de Luscinda y se iba a
casar con ella. Luego se había hecho amigo de Fernando, el hijo menor de un
duque. Él se había enamorado de una labradora a la quien le había dado su palabra
de ser su esposo y luego la había abandonado. Cardenio le habla a Fernando de
Luscinda y deja que él la vea y lea la correspondencia que mantiene con ella.
Cardenio cuenta que Luscinda le había pedido un libro de caballerías y entonces
don Quijote interrumpe su relato. Cardenio se enoja, se pelea con sus oyentes y se
oculta en el monte.
Don Quijote quiere hacer una penitencia amorosa, imitando a Cardenio y a los
protagonistas de los libros de caballerías, entonces envía a Sancho a entregarle una
carta a Dulcinea mientras él se queda en el monte fingiendo estar loco. En el
camino hacia Toboso, Sancho encuentra al cura y al barbero, y les cuenta la
situación en que se encuentra el hidalgo. Entonces ellos diseñan un plan para
llevarlo de regreso a su aldea.
Al llegar a Sierra Morena, el cura y el barbero encuentran a Cardenio y él les cuenta
su historia hasta el final. Fernando lo había traicionado y se había casado con
Luscinda. Luego escuchan unos lamentos y descubren a una joven que resulta ser
la mujer a la que Fernando engañó y abandonó, Dorotea. Ella les ofrece su ayuda al
cura y al barbero para llevar a don Quijote a su aldea. Así, se viste con ropas lujosas
y fingiendo llamarse princesa Micomicona le pide a don Quijote que la ayude a
matar a un gigante que invadió su reino. Él acepta y todos emprenden el camino de
regreso a la aldea del hidalgo. Por el camino encuentran a Andrés, el joven al que
don Quijote había ayudado en su primera salida. Él le dice al hidalgo que el
resultado de su intervención fue completamente desfavorable, lo insulta y se va.
Luego don Quijote y los que están con él van a la venta en la que Sancho había sido
manteado. Allí el cura lee un manuscrito que conservaba el ventero, la novela
del Curioso impertinente. Se trata de dos amigos, Anselmo y Lotario, uno de los
cuales quiere poner a prueba la honradez de su esposa y su acción conduce a un
desenlace fatal.
El hidalgo, sonámbulo, rompe unos cueros de vino del ventero, creyendo que está
luchando con el gigante enemigo de la princesa Micomicona. Luego llegan a la
venta Fernando y Luscinda y se reencuentran con sus antiguas parejas. Fernando
se queda con su prometida, Dorotea, y Cardenio con Luscinda. Más tarde, llega a la
venta un cautivo de las tierras de los moros y una mujer que habla árabe. Él les
cuenta la historia de su cautiverio y de su huida. Luego llega a la venta un juez, que
resulta ser hermano del cautivo, y se reencuentra con él después de muchos años.

A la mañana siguiente el barbero al que don Quijote le había quitado su bacía se


encuentra con Sancho en la venta y reclama sus pertenencias. Luego de una
discusión, el cura, a escondidas, le paga la bacía y él queda satisfecho.

Unos cuadrilleros de la Santa Hermandad tienen una orden de arresto contra don
Quijote, por haber liberado a los galeotes. El cura los convence de que no lo
arresten argumentando que el hidalgo está loco. Luego él y el barbero llevan a don
Quijote de regreso a su casa encerrado en una jaula, haciéndolo creer que está
encantado. Por el camino se cruzan con un canónigo con quien el cura y el hidalgo
debaten acerca de los libros de caballerías. El cura decide liberar por un rato a don
Quijote, a pedido de Sancho, y se detienen a comer. Un cabrero les cuenta la
historia de una hermosa mujer de la que estaba enamorado, y termina peleándose
con el hidalgo. Luego don Quijote enfrenta a unos disciplinantes que caminan en
procesión, creyendo que llevan por la fuerza a una señora. Uno de ellos lo deja
herido y huye. El cura habla con otro cura que estaba en procesión y todos quedan
sosegados.

Don Quijote llega enjaulado a su aldea seis días después. La sobrina y el ama lo
reciben, lo acuestan en su cama y se quedan temerosas de que vuelva a huir.
Finalmente el autor de la historia dice que el hidalgo hizo una tercera salida, que la
continuación de su historia fue hallada en una caja de plomo en los cimientos
derribados de una eremita, y que tiene la esperanza de sacarla a luz en el futuro

Huaraz querido
Los abuelitos me cuentan su historia,

y cada palabra se guarda en mi voz,

me dejan siempre su dulce memoria,

como un tesoro que viene de Dios.

Sus ojos brillan con tiempos pasados,

ventanas puras de un gran corazón,

me muestran siempre caminos sagrados,

como luceros que alumbran mi canción.

En los caminos despierta el Wakanku,

orquídea hermosa de tierno color,

como mi pueblo resiste en lo arduo,

llenando el valle de vida y de flor.

El cielo abraza los cerros tranquilos,

tan grandes, parecen quererme cuidar,

me siento libre al seguir sus caminos,

como un ave que aprende a volar.

Las calles se llenan de ritmo y colores,


en carnavales que alegran el lugar,

la risa se une a cantos y tambores,

y la alegría hace al corazón vibrar.

En las iglesias se guarda la calma,

procesiones llenan de fe la ciudad,

el Señor de la Soledad nos abraza,

y en cada paso renace la paz.

Brilla el barro de Taricá en mis manos,

como espejos que saben reflejar,

sus figuras guardan siglos y años,

y en su belleza me enseñan a amar.

En esta tierra mi alma despierta,

Huaraz querido que siempre amaré,

con sus costumbres mi vida se conecta,

y en sus raíces mi alegría hallaré.

Autora: Miley Norabuena

También podría gustarte