“LA VOZ ENTRE LOS SUSURROS DEL VIENTO “
Capítulo 1 – Cuando el miedo habla
Cuando el miedo habla,
me pierdo en mí.
Cuando el miedo habla,
no sé ni quién soy.
Cuando el miedo habla,
el temor se vuelve más fuerte.
La oscuridad aumenta
y las voces se sienten.
Cuando el miedo habla,
no sé qué es más fuerte:
si el amor que tengo
hacia las personas que quiero,
que me rodean,
o el miedo a que me abandonen.
Cuando el miedo habla,
me trae otro ser,
otro recuerdo que se bien cuál es,
y me transformo
en alguien que no sé cómo ser.
Cuando el miedo habla,
pierdo la consciencia
y no me encuentro.
Es la peor sensación que siento.
Cuando el miedo habla,
no sé ni siquiera
por qué camino seguir.
Me confundo al tomar
decisiones difíciles.
En fin,
cuando el miedo habla,
todo se vuelve distinto.
Todo gira 360.
Cuando el miedo habla,
te desconecta…
y te hace perder.
Capítulo 2 – Cuando empiezo a volver a mí
Cuando empiezo a volver a mí,
Es un momento en el que vuelvo a confiar en mí.
Cuando empiezo a volver a mí,
Es una sensación genuina y única
Que es difícil explicar
En el momento en que la sientes.
Cuando empiezo a volver a mí,
Es la genialidad del ser humano
Que hace sentir.
Cuando empiezo a volver a mí,
Empiezo a sentir
Que todo está acomodándose.
Cuando empiezo a volver a mí,
Es cuando siento que mi yo de chica,
Mi yo de la infancia,
Me está diciendo que estoy haciendo las cosas bien.
Y que es hora de seguir,
De avanzar,
Para construir algo mejor en el futuro
Y seguir… hasta el fin.
Por así decirlo,
Cuando empiezo a volver a mí,
Todo me hace creer
Que puedo confiar en mí.
Capitulo 3 – Lo que anhelo en silencio
Anhelo que,
Así sea una persona del mundo,
Me mire y me entienda
Sin juzgarme.
Anhelo,
Desde el fondo de mi corazón,
Que la gente me entienda.
Que entiendan mis razones,
por las cuales
Soy así.
Anhelo de todo corazón
Que la gente…
Y que yo misma
Pueda creer en mí.
Anhelo poder cumplir
Los objetivos que tengo en mente.
Anhelo poder seguir diciéndome:
“vamos, vamos a poder”,
Seguir motivándome,
Seguir sintiendo esa chispa de alegría
Cuando logro eso que tanto deseaba.
Anhelo en silencio.
Anhelo sin expresar lo que siento,
Para que nadie me diga que está mal.
Anhelo en silencio
Para poder seguir conociéndome,
Y construyéndome
Desde lo más interior de mí.
Capítulo 4 – Cuando me siento perdida
Un día como hoy,
Nunca me había sentido tan perdida.
Un día como hoy,
No había sentido qué es estar viva…
Y no encendida.
Un día como hoy,
No sabía qué era estar perdida
Sin saber que lo estaba.
Estar perdida
Es muy difícil de explicar.
Es una sensación que pesa,
Que confunde,
Que grita sin hacer ruido.
Estar perdida
Es algo que todos necesitamos,
Pero a la vez no deseamos.
Estar perdida te enseña,
Pero también te descontrola.
Estar perdida
Es una palabra
Que puede significar lo todo.
Es un desorden suave,
Un nudo en la garganta,
Una caída silenciosa.
Estar perdida
Es un descontrol
En la mente,
En el corazón…
Y en la gente.
Capítulo 5 – Cómo me vuelvo a encontrar
¿Cómo me vuelvo a encontrar?
Para empezar,
Hay muchas formas de volverse a encontrar.
Pero hay una sola
Que te hace… pensar.
¿Cómo me vuelvo a encontrar?
Puede ser a través de libros,
Cartas, escritura,
Dibujos…
Y muchísimas más actividades.
Pero, ¿cómo me vuelvo a encontrar?
Es la verdadera pregunta
Que todos nos hacemos.
Más que nada ahora,
En la adolescencia,
Que es cuando más paso el tiempo
Preguntándome:
¿cómo me encuentro?
Es decir,
¿cómo puedo hacer para volver a ser yo?
Para volver a ser esa persona
Que todos conocen
Y que yo conozco.
No ser esa cosa extraña
Dentro de mí
Que no reconozco.
¿Cómo me vuelvo a encontrar?
Yo me vuelvo a encontrar
A través de contar,
Tratar,
Y experimentar cosas nuevas.
Cosas que me motiven,
Que me ayuden a seguir.
Cosas que me desenfoquen del ruido,
De la tecnología,
Del Internet.
Yo me vuelvo a encontrar leyendo,
Distanciándome,
Escuchando,
Aconsejando,
Y sobre todo…
Entendiendo.
¿Cómo me vuelvo a encontrar?
Mil veces me he hecho esa pregunta.
Pero hoy puedo decir
Que yo me encontré.
Y que todos podemos lograrlo.
Porque en el fondo más profundo
De nuestro corazón,
Hay una pequeña esperanza
De volvernos a encontrar.
Capítulo 6 : El mejor viernes gris
Hoy, un viernes gris.
El cielo apagado, la calle en silencio.
Pero mi corazón —
Mi corazón canta.
Mi ser se estira como un girasol
Que no necesita al sol para florecer.
Hoy, un viernes gris.
Dicen que son los peores días,
Pero para mí,
Es una fiesta sin ruido,
Una alegría que no pide permiso.
Hoy, un viernes gris.
La tristeza se nota,
En los charcos,
En las ventanas empañadas,
Pero la alegría me desborda
Como si al fin,
Hubiera aprendido a bailar bajo la lluvia.
Hoy, un viernes gris.
Y no sé cómo explicarlo,
Pero reí.
Reí con el alma limpia,
Con el pecho abierto,
Como quien se perdona algo,
Como quien vuelve a casa.
El mejor viernes
De un 11 de abril.
Y no fue por el sol.
Fue por mí.
Capítulo 7: Volví a respirar
Hoy puedo decir que respiro.
Pero días atrás…
Largué suspiros.
Suspiros pesados,
Llenos de todo lo que no decía.
Hoy puedo decir que volví.
Volví a ser yo.
Me encontré entre mis propias ruinas
Y me abracé.
Pude decir lo que soy,
Quién soy,
Sin miedo.
Hoy respiro con el alma limpia,
Positiva,
Y sobre todo… realista.
Aprendí a soltar.
Empiezo a mirar distinto,
A ver quién en verdad
Vale la pena esperar.
El descanso del alma
Es esto:
Respirar.
Respirar aire bueno,
Limpio,
Sano,
Saludable.
Eso es descansar de verdad.
Muchos lo buscan.
Yo hoy puedo decir:
Yo puedo.
Yo lo logré.
Después de tanta espera,
Respirar volvió a significar algo más.
No es solo vivir.
Es disfrutar,
Convivir,
Ser parte.
Sea bueno o malo el día,
Igual hay que respirar…
Pero hacerlo para vivir,
No solo para sobrevivir.
Respirar.
Respirar.
Respirar.
Tiene tantos sentidos,
Tantas formas de mirar la vida…
Pero al final,
Respirar es esto:
Aprender a soltar,
Y aprender a decir —
Estoy viva.
Volví a respirar.
Me volví a encontrar.
Capítulo 8: Aún así, florecí
Florecí entre pastizales,
Donde no llegan los ideales,
Donde no entran máscaras ni disfraces,
Donde el alma se desnuda
Y sólo florece lo real.
Donde nadie puede encontrar el alma,
Excepto esa persona que más quise,
Pero que nunca estuvo,
Que nunca fue,
Que nunca supo ser.
Y aun así,
Tiene su lugar en mi ser.
Aunque ya haya florecido,
Sigue ahí adentro,
Como esa flor que nunca murió,
Como esa esperanza que no se apagó.
La esperanza de que vuelva,
De que aparezca,
De que tal vez un día… comprenda.
Pero aún así,
Espero.
Espero y espero.
Y aunque haya florecido,
Esa persona no se borra de mi mente,
Ni de mi corazón,
Ni mucho menos de mi alma ardiente.
No sé por qué,
Pero sigue.
Como todo lo que marca fuerte,
Como lo que duele y enseña,
Como lo que florece entre espinas
Y aún así,
Vale la pena.
El despedir… ¡ay!
Sí que fue despedida.
Sí que fue soltar.
Y por más que no quisiera,
Lo hice.
Me dolió,
Pero fue parte del amor,
De la vida,
De crecer,
De sentir,
De experimentar…
Aunque no queramos.
Y aún así,
Florecí, florecí y florecí..
Cambié.
Ahora soy un ser nuevo,
Un ser con luz.
Esa luz que nunca nos abandona,
Aunque pensemos que se va.
No.
Ahí en el fondo está,
Cubriéndonos,
Protegiéndonos,
Dándonos esperanza
Para seguir la andanza.
Esa andanza que nos lleva
Por los caminos que elegimos,
Esos que enfrentamos con valentía,
Con entrega.
Esa entrega no es solo para nosotros,
Es también por los que amamos.
Ellos a veces no lo notan,
Solo lo sabré
Cuando por fin decida mirarme.
No sé cuál será mi destino,
Pero sé que será uno de los elegidos.
Sé que no todo es fácil,
Aunque a veces,
La facilidad también nos guía
Hacia una forma simple de felicidad.
Una felicidad que no siempre es amar,
Sino dar.
Una felicidad que trae problemas,
Con sus dilemas,
Y aun así los abrazo,
Porque también me cuentan quién soy.
Y así seguiría,
Tratando de contar
Todo mi pensamiento de felicidad.
Pero por fin decidí mirarme,
Y volver a encontrarme
En el reflejo de mi sonrisa—
Esa que acaricia
Como si el alma supiera
Que aún estoy aquí.
Pero pasamos por mucho
Al elegir,
Al transitar,
Al resistir.
¿Quién sabe?
No somos perfectos.
Claro que no.
Pero al florecer,
Todo parece tener sentido.
Hasta el miedo.
Hasta los errores.
Hasta un bicho pequeño
Que se posa en la flor.
Todo es parte.
Todo es perfecto,
Porque florecí.
Porque florecí en el arte.
Capítulo 9:
Hay noches en que no soy nadie,
Solo un pensamiento suspendido
Entre lo que fui
Y lo que aún no me atrevo a ser.
El tiempo no me persigue,
Pero me observa de lejos,
Como si supiera
Que sigo buscando una verdad
Que tal vez no exista.
¿Y si el sentido no está en llegar,
Sino en seguir caminando
Con los pies llenos de dudas
Y el corazón abierto al viento?
Si solo tratara de lograr
En vez de despertar,
De ese sueño en el que todo es tan perfecto
Y no hay pretextos,
De los cuales creo textos
Que me ayudan a encaminar
Ese mirar del despegar.
Solo sé que perderme en esos sueños podemos,
Y encontrarnos quizás…
En el eco de lo que no vemos.
Capítulo 10:“ invisible pero presente”
No sé cómo superarte.
Es como si te esperara
En cada semáforo en rojo,
En cada sorbo de café,
En cada silencio que no sabe callar.
No sé cómo hacer para no extrañarte,
Para no nombrarte en mi mente
Como si fueras plegaria
O castigo.
A veces intento imaginar que sos invisible,
Que el tiempo te borró,
Que el viento te llevó lejos.
Pero hay algo en vos que es posible,
Y eso—eso es irresistible.
Te extraño como si el tiempo no existiera,
Te extraño como si no pudiera pensar
Que el tiempo es tan fugaz,
Como si el reloj estuviera detenido
En el instante en que te fuiste.
Te extraño como nunca antes a nadie…
Y eso es lo que más duele.
Porque en el fondo,
No sos tan respetable.
Y sin embargo,
Te extraño.
Capítulo 11:Tan rota como presente
Tenía trece, y un mundo nuevo me caía encima como un cielo lleno de
dudas, como una tormenta que aún no sabía cómo nombrar.
Empecé el secundario con la mochila más llena de miedos que de libros,
pero con el corazón… ese corazón inmenso que no sabía ponerse límites
a la hora de dar.
Aprendí mucho. Aprendí que no todo lo que uno da vuelve. Aprendí que
a veces duele, que equivocarse es parte del trato y que frustrarse
también. Que hay días donde mi reflejo se parece más a la palabra
“insuficiente” que a la palabra “yo”.
Sí, me frustro. Sí, me equivoco. Sí, me siento inútil cuando no puedo
ayudar. Pero también aprendí que hay un fuego en mí que no se apaga,
aunque el viento sople en contra.
Porque aunque me sienta rota, aunque esté cayendo por dentro, voy a
estar. Voy a estar por los demás aunque nadie me mire. Porque así soy.
Porque decir “no” me cuesta más que quedarme en pedazos con tal de
sostener a alguien más.
Y no, no es que no me importe estar bien. Al contrario. Entendí que
cuando alguien sonríe y yo tuve algo que ver con eso, mi alma respira,
mi corazón cicatriza.
Desde los trece hasta los quince cambié. Crecí. Lloré en silencio y
también me abracé. Me aprendí de nuevo, sin manuales. Estoy lejos de
ser perfecta, pero más cerca que nunca de ser yo.
Y eso… eso también es un logro.