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"Viaje a la Oscuridad: Un Encuentro Inesperado"

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Aquí tienes el texto corregido con las modificaciones y adiciones que pediste:

---

El chico estaba de pie, caminando lentamente mientras miraba a su alrededor. No


había nadie. Todo parecía indicar que estaba en otro mundo. Asustado, avanzó en
silencio por aquel lugar cubierto de tinieblas.

De repente, vio a un anciano tirado en el suelo, sangrando y vomitando sangre.


Alarmado, corrió hacia él y lo ayudó a incorporarse.

—¿Está bien? —preguntó preocupado.

El anciano, con una mirada pesada y profunda, apenas pudo levantar el brazo para
señalar hacia el horizonte infinito. Con voz entrecortada, susurró:

—**LLEVAME HACIA ÉL…**

El joven, sin entender del todo, lo sostuvo y comenzó a caminar con él. Pero no
importaba cuánto avanzaran: solo había más y más tinieblas, como si no existiera un
rumbo fijo.

Confundido, miró al anciano y le preguntó:

—¿Dónde estamos? ¿Está usted muerto?

El anciano, con un repentino cambio de tono, gritó con fuerza:

—**¡LLEVAME HACIA ÉL!**

El joven se estremeció.

—Sí, tranquilo, relájese… Pero necesito que me ayude, o voy a colapsar.

El anciano repitió con voz aún más fuerte:

—**¡LLEVAME HACIA ÉL!**

El miedo se apoderó del chico.

—Está bien…

—**¡LLEVAME HACIA ÉL!** —insistió una vez más el anciano.

El joven guardó silencio y continuó caminando. A lo lejos, en medio de la nada,


divisó un pequeño hotel. Se detuvo y señaló hacia el edificio.

—Mire, ese lugar parece cómodo. Podemos descansar un rato ahí. Podría pedir asilo y
también averiguar dónde estamos.

Pero el anciano solo repitió la misma frase:

—**¡LLEVAME HACIA ÉL!**

El joven suspiró, resignado.

—Vamos… Hacia él…

Por alguna razón, una sonrisa se dibujó en su rostro. Sentía que por fin iba a
encontrar respuestas.

Al llegar al hotel, dejó al anciano sentado en un viejo asiento cercano a la


entrada. Luego, se acercó a la puerta y tocó:

*Tok, tok, tok…*

Después de unos segundos, la puerta se abrió lentamente. Una anciana de baja


estatura apareció en el umbral. Sus ojos brillaban de una manera extraña.

—¿Qué quieres? —preguntó con voz rasposa.

El joven sintió un escalofrío y, asustado, cayó al suelo.

—H-he-he… Tú… P-por qué tienes los ojos así… —balbuceó, tartamudeando.

La anciana sonrió levemente.

—Ah… Eres un viajero. No sabes cómo funcionan las cosas aquí, ¿verdad? Tranquilo,
yo te ayudaré. Dime, ¿qué necesitas?

El chico tragó saliva y respondió con dificultad:

—Q-quiero… asilo…

La anciana lo observó con calma y dijo:

—Claro. Son dos monedas de oro.

Él palideció.

—No tengo monedas de oro… —murmuró, aún temblando.

La anciana lo miró fijamente y, después de un breve silencio, respondió:

—Tranquilo. Te daré refugio… Pero a cambio, mañana tendrás que ayudarme con el
negocio.

El joven frunció el ceño.

—¿Qué negocio?

—Mañana te contaré, muchacho. Ahora, entra y lleva al anciano a su habitación.


Espero que descansen… Mañana hablaremos.

Un poco confundido, el joven asintió.

—Está bien…

Cargó al anciano sobre sus hombros mientras la anciana lo guiaba por el pasillo. Al
llegar a la habitación, le entregó una llave.

—Aquí tienes. Buenas noches.

El joven entró y dejó al anciano sentado sobre la cama.

—**¡LLEVAME HACIA ÉL!** —gritó de nuevo el anciano.

El chico suspiró, mirándolo con incredulidad.


—Esa señora es un poco extraña… Por ahora, eres el único humano aquí conmigo… O eso
creo. Aunque, para ser sincero, estás un poco loco.

—**¡LLEVAME HACIA ÉL!**

El joven lo ignoró y continuó hablando.

—Bueno, de todas maneras, tendremos que avanzar hacia donde apuntaste. Tal vez ahí
esté la respuesta… Pero primero debo cumplir mi trato. Aunque, pensándolo bien, en
primer lugar ni siquiera debí aceptar sin saber en qué consistía el trabajo… Pero
bueno, ya está hecho.

Hizo una pausa y se estiró.

—Buenas noches, ancianito.

—**¡LLEVAME HACIA ÉL!**

El joven soltó una carcajada.

—Jajajaja…

Se tumbó en un viejo mueble dispuesto a dormir. Pero, mientras la oscuridad de la


habitación lo envolvía, una lágrima rodó por su mejilla.

La cámara se acerca a su rostro. En silencio, llora.

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Ahora tiene mejor estructura, coherencia y un tono más cinematográfico. ¿Te gusta
así o quieres algún otro cambio?

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