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Podemos: ¿Renovación o Ruptura Democrática?

La aparición de Podemos ha alterado significativamente la política española, planteando si representa una regeneración democrática o una impugnación del orden establecido. Este análisis examina su discurso en relación con la narrativa de la Transición, destacando cómo el movimiento 15M ha influido en su enfoque hacia la democracia y la crítica a la 'caste' política. A medida que Podemos se ha desarrollado, ha evolucionado de un discurso de confrontación a uno que busca restaurar la democracia, despolitizando el sistema en el proceso.

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Podemos: ¿Renovación o Ruptura Democrática?

La aparición de Podemos ha alterado significativamente la política española, planteando si representa una regeneración democrática o una impugnación del orden establecido. Este análisis examina su discurso en relación con la narrativa de la Transición, destacando cómo el movimiento 15M ha influido en su enfoque hacia la democracia y la crítica a la 'caste' política. A medida que Podemos se ha desarrollado, ha evolucionado de un discurso de confrontación a uno que busca restaurar la democracia, despolitizando el sistema en el proceso.

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Cahiers de civilisation

espagnole contemporaine
De 1808 au temps présent

15 | 2015 :
automne 2015
Études
Dossier « La crise en Espagne : dimensions politique et économique »

Podemos: ¿regeneración
democrática o impugnación del
orden? Transición, frontera
política y democracia
Podemos, régénération démocratique ou contestation de l'ordre établi ? Transition, frontière politique et
démocratie

J F
[Link]

Résumés
Français English Español
L’irruption de Podemos a constitué un choc dans la politique espagnole. Dans ce travail, nous
nous demandons si Podemos représente une régénération démocratique ou bien une contestation
de l’ordre établi. Nous analysons son discours par rapport au récit de la «Transition», qui
légitime l’ordre politique espagnol, en tenant le discours du mouvement du 15M comme son
antécédent inéluctable. Si la «Transition» pensait la démocratie comme un consensus et comme
une forme d’éviter le fratricide, le discours du 15M va dissocier «Transition» et démocratie, pour
évaluer l’ordre existant comme une oligarchie à démocratiser. Podemos s’est inscrit dans le
sillage du 15M, mais s’est aussi organisé pour se battre pour le pouvoir politique et, dans un
premier temps, en se confrontant directement au discours de la «Transition». La «caste» et le
«Régime du 78» verrouillent la démocratie, de sorte qu’un processus constituant est devenu
nécessaire. Dans un deuxième temps, Podemos dissocie «la caste» du cadre institutionnel de
1978 et aura pour objectif de chasser la «caste» pour restaurer la démocratie. La demande d’un
processus constituant disparaît et, avec elle, la frontière politique dressée dans la première étape,
en dépolitisant la démocratie, en tant que système doté de règles du jeu neutres.

Spanish politics has been shaken by the emergence of Podemos. This paper poses the question of
whether Podemos represents a democratic regeneration or a refutation of order. It analyzes their
discourse in relation to the narrative of the Transition, which legitimizes the Spanish political
order, taking the 15M discourse as a historical precedent. While the Transition conceptualized
democracy as consensus and avoidance of fratricide, the 15M discourse disassociates Transition
and democracy by evaluating the existing order as an oligarchy to democratize. Podemos, in the
wake of 15M, was organizing to fight for political power and, in a first stage, was directly
confronting the Transition discourse. "The Caste" and the "Regime of '78" impeded democracy,
thereby requiring a constitutional process. In a second stage, Podemos disassociates "the caste"
from the institutionality of '78 and proposes to "throw out the caste" in order to restore
democracy. The demand for constitutional process vanishes, and along with it, the political
boundary drawn in the first stage, thus depoliticizing democracy as neutral rules of the game.

La política española se ha visto conmovida por la irrupción de Podemos. Este trabajo se pregunta
si Podemos representa una regeneración democrática o una impugnación del orden. Para ello,
analiza su discurso en relación a la narrativa de la Transición, que legitima el orden político
español, tomando el discurso del 15M como antecedente ineludible. Si la Transición pensaba la
democracia como consenso y evitación del fratricidio, el discurso del 15M desvinculará
Transición y democracia, al evaluar el orden existente como una oligarquía a democratizar.
Podemos se inscribió en la estela del 15M, pero organizándose para luchar por el poder político y,
en una primera etapa, confrontando directamente con el discurso de la Transición. «La casta» y
el «Régimen del ’78» impedían la democracia, por lo que se requería un proceso constituyente.
En una segunda etapa, Podemos desvinculará a «la casta» de la institucionalidad del ’78 y se
propondrá «echar a la casta» para recuperar la democracia. La demanda de proceso
constituyente se desvanece y, con ella, la frontera política trazada en la primera etapa,
despolitizando la democracia como reglas del juego neutrales.

Entrées d’index
Mots clés : Podemos, 15M, Transition espagnole, démocratie, frontière politique, politisation,
dépolitisation
Keywords : Podemos, 15-M, Spanish Transition, Democracy, Political *Frontier, Politicization,
Depoliticization
Lieux : Espagne, Spain, España
Périodes : 1975-1982, 1978-

Notes de la rédaction
Cet article date d'août 2015. Certains développements ultérieurs de la politique espagnole ne sont
donc pas pris en compte.

Texte intégral

Introducción: problema, presupuestos y


perspectiva
1 Uno de los rasgos distintivos de la política española desde la Transición hasta la
actualidad ha sido su estabilidad y previsibilidad, las que se han visto conmovidas
especialmente en el último año y medio por el surgimiento de nuevas formaciones
políticas que, como Podemos, han desafiado el sentido establecido durante más de tres
décadas de democracia consensual.
2 La pregunta que busca responder este artículo es si ese nuevo discurso supone una
ruptura o una regeneración respecto del orden hegemónico de la democracia española,
es decir, si traza una frontera política1 respecto de ese sentido estabilizado o no.
3 Partimos de que todo orden político constituye una construcción simbólico-
discursiva, y de que la política es una lucha por el sentido contingente, histórica, que no
se salda a través de ninguna verdad objetiva sino provisionalmente mediante la
hegemonía de un punto de vista irremediablemente particular que logra volverse
general2.
4 Otro presupuesto de nuestro trabajo es que el orden discursivo hegemónico, que
legitima la democracia española actual, es la narrativa de la Transición. No hay un
discurso de la Transición puro, que trascienda los contextos históricos. Por ello ese
discurso se reconstruye a partir de los debates parlamentarios sobre la llamada Ley de
la «Memoria Histórica» y el Estatuto de Cataluña, que fueron momentos de conmoción
de ese relato y por ello determinaron las características particulares que tendría la
narrativa transicional en el momento de aparición de los discursos que la van a desafiar
(15M y Podemos).
5 El criterio para analizar el grado de confrontación entre orden existente y discurso no
se basa en el contenido de éste (el programa concreto o la ideología que lo informa),
sino en la forma en que construye la relación entre sus objetivos políticos –demandas,
valores– y el orden existente. La clave radica en cómo el discurso representa el orden
dado: si éste constituye un obstáculo insalvable para alcanzar los propios objetivos o
no; si ese orden es un otro existencial con el cual no se puede convivir políticamente o si
cabe realizar con él un compromiso, aun cuando sea a condición de cambiar aspectos
relevantes del mismo3.
6 Con este criterio se evita una perspectiva sustancialista sobre lo político –que ha
dominado el análisis de la trayectoria de Podemos–, que suele otorgar a determinadas
propuestas programáticas sobre ciertos ámbitos sociales específicos un peso decisivo
para medir la radicalidad de un discurso, como si hubiera demandas que en sí mismas
portaran elementos rupturistas, más allá de su posición relativa a un contexto
específico.
7 El trabajo se organiza así: presentamos inicialmente el contexto mediato e inmediato
de aparición del discurso de Podemos. Luego se analizarán el discurso de la Transición,
centrándonos en cómo los debates parlamentarios sobre la Memoria y el Estatuto
Catalán determinaron su fisonomía actual, y el del 15M, en tanto antecedente del de
Podemos. Finalmente, se examina el relato de Podemos, en el cual diferenciaremos dos
momentos, uno más de ruptura y otro más de regeneración. Se cierra con unas notas a
modo de conclusión buscando dar respuesta a la pregunta que guía este trabajo.

Contexto

Contexto mediato
8 El contexto mediato del período que estudiamos (enero 2014-mayo 2015) viene
marcado por la creciente dificultad que la democracia española ha encontrado en los
últimos años para sostener los cuatro pilares sobre los que se edificó la Transición:
política cupular, Estado social, Estado de las autonomías y olvido del pasado franquista.
9 La política cupular comenzó a ser amenazada por una notoria e inédita erosión de la
confianza ciudadana en la clase política, que alcanzó desde los partidos a los sindicatos
y la Iglesia, e incluso a la monarquía. La participación protagónica del gobierno de
Aznar en la Guerra de Irak contra la voluntad ampliamente mayoritaria de la
ciudadanía y la gestión que ese mismo gobierno hiciera de la información del atentado
del 11M, representan momentos destacados en la construcción de esa desafección. El
15M fue algo más que un síntoma de este problema.
10 En estos últimos años la corrupción ha dejado de aparecer como consecuencia de
gobiernos largos o con mayorías amplias, como ocurría al final del gobierno de Felipe
González, para ser entendida como resultado de un modelo de país basado en una
economía de especulación inmobiliaria y en una política bipartidista a su servicio. Si el
primer diagnóstico podía resolverse con la promesa de no ser presidente del gobierno
más de dos legislaturas –como hiciera Aznar– y no aspirar a mayorías absolutas, el
segundo exige una solución menos simple. De hecho, hoy se debate si hay corruptos
(«manzanas podridas») o corrupción sistémica («cesto podrido»). La corrupción no ha
sido más que la consecuencia más visible de la política cupular de la Transición.
11 El Estado social comenzó a ser puesto en jaque por la política neoliberal llevada
adelante por el Partido Socialista y por el Partido Popular para afrontar la «crisis»
iniciada en 2008, que ambas formaciones diagnosticaron como consecuencia de
«gastar más de lo que se ingresa», cuando en verdad su origen no fue la deuda pública
sino la deuda privada estatizada. Expresión de esa convergencia entre populares y
socialistas fue la rápida reforma del artículo 135 de la Constitución, realizada en 2011
por acuerdo entre ambos partidos, para poner un límite al gasto público. Otro resultado
no menos importante de este consenso neoliberal es el aumento de la desigualdad en
España como consecuencia de la política de gestión de la crisis4.
12 El Estado de las autonomías comenzó a ser puesto en jaque por la aspiración del
nacionalismo catalán a constituirse como Estado soberano en el marco europeo, a
partir del giro soberanista de Convergencia y Unión en 2012.
13 La no revisión del pasado es el pilar de la Transición que quizá antes comenzó a
resquebrajarse, gracias a la acción de los movimientos pro-Memoria histórica. Un
síntoma de ello fue la aprobación en 2007 de la ley correspondiente por el gobierno de
Zapatero.
14 También en estos últimos años uno de los problemas centrales de la democracia
española contemporánea perdió relieve y modificó así el escenario político: en octubre
de 2011 la organización armada ETA anunció «el cese definitivo de su actividad
armada». Cabe remarcar que en muchos momentos el terrorismo etarra resultó la
primera preocupación para la ciudadanía, compitiendo, según la coyuntura, con el
desempleo.
15 El debilitamiento de estos cuatro pilares amenaza con corroer tanto el contrato entre
representantes y representados, como el contrato social, edificados en la Transición.

Contexto inmediato
16 El contexto inmediato del período estudiado, para su mejor comprensión, puede ser
dividido en dos momentos.
17 El primero, que va de enero de 2014 hasta enero de 2015, se caracteriza por la
aparición y rápido crecimiento de un discurso crítico con la legitimidad sedimentada en
la España actual, encarnado en Podemos. A partir del resultado de las elecciones
europeas del 25 de mayo, primeras a las que concurre Podemos y en las cuales, contra
todo pronóstico, alcanza casi el ocho por ciento de votos en el nivel nacional. Los dos
partidos dominantes (PP y PSOE) no suman juntos por primera vez el cincuenta por
ciento de los sufragios. Esto significa que los votos que uno pierde no van al otro, que
era lo que había asegurado la alternancia en el pasado. El discurso de Podemos pasa
crecientemente a la ofensiva, marcando la agenda política e introduciendo nuevos
términos en el lenguaje político cotidiano (el más representativo, «casta»). El discurso
político y mediático dominante se sitúa a la defensiva, sin capacidad coordinada de
reacción, lo cual se ejemplifica en que no logra nombrar a Podemos en unos términos
favorables a sus intereses hegemónicos: sucesivamente, buscará asociarlo a la
«izquierda radical», al régimen iraní, a ETA, al populismo, al Movimiento Cinco
Estrellas de Beppe Grillo, al Front National de Marine Le Pen y al chavismo. Esta
última será la identificación preferida por ese discurso, en tanto le resultará útil para
cuestionar el carácter auténticamente democrático de la formación emergente y
mostrarla ajena a Europa.
18 Como parte de esta primera reacción, las direcciones de algunos de los principales
actores políticos se ven cuestionadas. En junio, el rey sorpresivamente abdica en favor
de su hijo, y renuncia el secretario general del Partido Socialista, que es reemplazado en
julio.
19 Estos movimientos tienen antecedentes previos a las elecciones europeas. En febrero,
Izquierda Unida –formación directamente afectada por el crecimiento de Podemos–
proclamará a otro joven dirigente candidato a la presidencia del gobierno, gesto
extemporáneo para permitirle un protagonismo que desplaza en la práctica al
coordinador federal de la formación. Del mismo modo, la muerte en marzo del
expresidente del Gobierno, Adolfo Suárez, dará lugar a una revitalización del «espíritu
de la Transición» y de llamadas a una «segunda Transición» por parte de partidos y
medios masivos afines.
20 Entre enero de 2014 y mayo de 2015 se multiplican los casos de corrupción que ven la
luz pública y afectan a los principales actores políticos y sociales. Los casos de esta
primera etapa tendrán un efecto de «confirmación» del marco interpretativo que
Podemos va consolidando en su ofensiva discursiva. El de mayor peso es el de las
llamadas «tarjetas black», destapado en octubre, pues abarca a todo el arco político, se
realiza desde una caja de ahorro que ha sido «rescatada» con dinero público y que, una
vez convertida en banco, será responsable de numerosos desahucios, así como de
presuntas estafas a sus ahorristas con productos financieros (las llamadas
«preferentes»). De este modo, parece venir a confirmar la hipótesis de Podemos de que
el eje arriba-abajo, en lugar del izquierda-derecha, es el que mejor explica la situación
política española5.
21 Entre junio y noviembre, Podemos se organizará como fuerza política en un proceso
largo y escalonado de participación abierta de los ciudadanos, que culminará con la
proclamación de Pablo Iglesias como Secretario General con más del 88% de los votos.
Este proceso formará parte de la irrupción de Podemos, pues atraerá el foco mediático y
dará lugar a una amplia participación que situará a la formación –merced a sus
doscientos mil inscriptos– tercera en número de miembros.
22 Hacia fines de 2014 los medios masivos tradicionales cambiarán parcialmente su
estrategia respecto de Podemos. No habiendo obtenido resultados en el campo de la
identificación político-ideológica, intentarán desgastar a Podemos en el terreno de la
corrupción, denunciando a sus principales dirigentes: Pablo Iglesias, Íñigo Errejón y
Juan Carlos Monedero. El «caso» más resonante y que generará consecuencias para la
formación será el de Monedero, «acusado» –entre otras cosas– de recibir dinero del
gobierno de Venezuela para financiar Podemos.
23 Enero de 2015 resultará un momento de relativo quiebre del panorama político, pues
Podemos alcanzará un hito con su movilización masiva en la Puerta del Sol6, pero a la
vez madurará la reacción del discurso hegemónico. Acusar a Podemos de estar
financiado por Venezuela permite al discurso hegemónico «confirmar» la filiación
chavista de la formación y a la vez ubicarla junto a «la casta». El discurso hegemónico
contraatacará también el terreno político-electoral, presentando al derechista partido
Ciudadanos como alternativa moderada a la necesaria renovación de la clase política.
Esta estrategia logra situar a Podemos por primera vez a la defensiva y le pasará factura
en las encuestas, donde la formación pierde apoyos.
24 En marzo de 2015 Podemos obtiene un buen resultado pero menor a sus expectativas
en las autonómicas andaluzas, situándose en tercer lugar con el 15% de los votos. Este
resultado electoral se inscribe en el marco de un relativo estancamiento de la tendencia
al crecimiento continuo de Podemos. El 30 de abril Juan Carlos Monedero presenta su
renuncia a la dirección de Podemos. La explicación de la dirección no despeja las dudas
respecto de la forma –consensuada, forzada o a iniciativa del renunciante– y los
motivos reales –diferencias estratégicas, perjuicio de su permanencia tras las
«denuncias»– de la misma. A pocos días del inicio de la campaña electoral para las
autonómicas y municipales previas a la nacional de noviembre, Podemos enfrenta su
momento más difícil desde su fundación, el que parece estar en condiciones de sortear
merced a su performance electoral del 24 de mayo.

El discurso de la Transición como


imaginario político
25 El discurso de la Transición es un imaginario o mito político7. Como tal, produce
legitimación proveyendo unos marcos perceptivo-cognitivos que, mezclando juicios de
hecho y juicios de valor, permiten construir explicaciones del pasado y adherir a unos
valores y no a otros. Su fuerza no descansa en la coherencia lógico-racional, sino en la
capacidad de construir una narrativa verosímil, produciendo subjetividad colectiva y
movilizándola en favor de un proyecto político.
26 Si, como dijimos, lo político es la lucha por el sentido, un mito político busca
clausurar esa lucha. Nos interesa ver el modo específico en que el discurso de la
Transición busca cerrar lo político: su lógica interna, cómo construye su legitimidad,
entendida como intento de establecer –a través de determinadas oposiciones y
despolitizaciones8– ese cierre (provisional) de lo político que permita estabilizar la
instancia de la política9. En definitiva, cómo invita a relacionarse a los sujetos con la
posibilidad de construcción de un orden que, por definición, supone una lucha entre
diversas posibilidades10, no saldable por una «verdad» objetiva.
27 Esto resulta especialmente importante en un contexto de «crisis» como el español
actual, pues las dificultades para tramitar demandas por parte del poder político ponen
a prueba la capacidad mítica de todo imaginario para integrar y resignificar nuevas
situaciones y dificultades, a fin de –en última instancia– reproducir la propia
hegemonía.
28 El discurso de la Transición es una construcción política histórica que, en este caso,
tiene lugar fundamentalmente desde mediados de la década de los ’70, a la muerte del
dictador F. Franco, por parte de las fuerzas políticas mayoritarias que ocupan el
gobierno desde entonces: Unión de Centro Democrática/Centro Democrático y Social,
Alianza Popular/Partido Popular y el Partido Socialista Obrero Español. También
contribuyen otras fuerzas que eventualmente pueden integrar el gobierno y, sobre todo,
son fundadoras de la Constitución Española de 1978: Partido Comunista, Partido
Nacionalista Vasco y la catalanista Convergencia y Unión. El discurso de la Transición
es construido y reformulado también por los medios masivos protagonistas de la etapa:
los periódicos Cambio 16, ABC, El País, El Mundo y La Vanguardia se sitúan entre los
principales por su capacidad de producir legitimidad y aglutinar fuerzas sociales e
intelectuales de apoyo al orden político existente.
29 El discurso de la Transición va a atravesar en los últimos años tres momentos de
conmoción, entendidos como cuestionamiento de sus presupuestos y por tanto de su
capacidad de proyectar su potencia significadora hacia el futuro. El primero tiene lugar
a raíz del debate sobre el Estatuto de Cataluña en 2006; el segundo, con ocasión del
debate sobre la llamada Ley de Memoria Histórica (2006-2008); y el último, con la
apertura de una nueva etapa política marcada por el 15M y el surgimiento de nuevos
partidos como Podemos, Ganemos, Partido X, Equo (2011-2015). Los dos primeros
momentos difieren del tercero, pues ellos se producen en el interior de la narrativa de la
Transición, mientras que en el tercero el cuestionamiento proviene de fuera de los
actores principales de ese discurso.

Fisonomía: oposiciones y despolitizaciones


30 El discurso de la Transición opone Transición y Guerra Civil11. Y con ellos Presente y
Pasado, respectivamente. El Presente connota concordia, generosidad, voluntad de
entendimiento, pacto de convivencia, bienestar, modernización, prosperidad,
pluralidad, futuro. El Pasado, por el contrario, discordia, sectarismo, revanchismo,
atraso, autarquía, pobreza, estancamiento.
31 Modernización, bienestar y pluralidad remiten a la cohesión social y territorial, al
reconocimiento de una diversidad identitaria que se opone al centralismo de la
dictadura franquista, al atraso cultural, a la estrechez de miras y al aislamiento
internacional.
32 La cohesión social es central en este discurso. Nunca es explícitamente relegada en
los discursos de los partidos del orden, ni siquiera cuando promueven iniciativas que la
sociedad previsiblemente interpretará como perjudiciales para ella. Por el contrario,
esas propuestas serán justificadas por la necesidad de preservar la cohesión social12.
33 El discurso de la Transición representa el pasado como un todo doloroso y
desgraciado en el cual todos los actores, por querer imponer su perspectiva, finalmente
perdieron. Esa injusticia fue física (violencia, guerra), social (desigualdad y pobreza) e
identitaria (intolerancia de la diversidad pública y privada). En ese pasado, todos
sufrieron las atrocidades de todos.
34 Como el dolor abarca a toda la comunidad, se diluyen las formas específicas y el peso
de cada actor en la producción del daño. Este relato totalizador, «incluyente» e
indiferenciado del pasado confirma que lo único que cabe hacer con esa historia es no
repetirla. De ahí que cuando algún actor intenta desbrozar ese pasado para comprender
sus causas o evaluar responsabilidades es inmediatamente acusado de querer
removerlo y por tanto de hacer posible su repetición.
35 Los significantes emblemáticos de cada polo de la oposición revelan otros rasgos de
este discurso de la Transición.
36 El significante «Guerra civil» disuelve la distinción franquismo y republicanismo,
disociando por una parte república y democracia y por otra franquismo y dictadura. No
diferencia entre golpe de Estado/dictadura y soberanía popular/democracia: todos
forman un conjunto único.
37 Complementariamente, el significante «Transición», al centrarse en el pasaje del
pasado al presente, diluye el modo en que el pasado dictatorial condicionó el presente
democrático, como si este no fuera fruto de un proceso político con una relación de
fuerzas específica, sino resultado de unos cambios subjetivo-privados de la sociedad
española en su conjunto para dejar atrás su etapa cainita.
38 El papel determinante otorgado a un supuesto carácter nacional fratricida acaba
despolitizando los hechos históricos clave del s. XX español (Guerra Civil, Transición).
A la vez, es útil para preservar la noción de aquel pasado como una suerte de Estado de
Naturaleza en el que siempre se puede recaer. Esta posibilidad aparece
recurrentemente en esta narrativa como argumento para impugnar demandas que
supongan una ampliación o profundización de los pactos de 1978. Por eso el consenso
es el requerimiento para aceptar toda demanda.
39 De este modo, paradójicamente, el relato transicional para acreditar su éxito debe
confesar un fracaso: la paz alcanzada es solo un apaciguamiento del carácter cainita, no
su superación.
40 El discurso de la Transición subordina la diferencia dictadura-democracia a la de
Pasado/Guerra Civil-Presente/Transición. Esto determina una valoración de la
democracia más por sus resultados materiales actuales que por sí misma. El principal
argumento para legitimar la Transición democrática es que representa «el período de
mayor libertad, prosperidad y democracia de nuestra historia», como afirmó la
Vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega en el debate sobre la
ley de «Memoria Histórica» 13.
41 Este criterio de resultados es coherente con la asimilación democracia (II República)
y dictadura (franquismo) en un pasado que hay que olvidar. Solo estos pueden
diferenciar el antes y el después de la Transición si este discurso no distingue entre
democracia y dictadura. Si lo hiciera, la periodización no podría tener en 1978 su eje de
partición y debería reconocer antecedentes como, por ejemplo, la II República14.
42 Como identidad política que es, el discurso Transición traza una frontera que define
una amistad y una enemistad políticas. Si Transición/Presente define el campo de la
amistad porque significa la convivencia de las dos Españas con la esperanza de su
disolución, la Guerra Civil/Pasado delimita el de la enemistad porque implica la
reapertura del belicismo cainita. Pero el discurso de la Transición no reconoce la
politicidad de la frontera que traza y define su identidad: la concibe como moral,
racional, humanista, y así la neutraliza al negarla como una decisión sobre valores
contingentes. No asume por tanto que decide quienes son sus enemigos políticos. Por el
contrario, entiende que son estos los que al no compartir su cosmovisión se colocan
ellos mismos en contra de lo universal-humanitario.
43 Ese lugar del Otro lo ocupa ETA, a la que asocia al pasado sectario y violento. En esta
narrativa, ETA condensa todos los anti-valores de la Transición: violencia, terrorismo,
sectarismo, separatismo, anti-modernidad, autoritarismo15. Su accionar se explica otra
vez en términos subjetivo-privados y, en todo caso, nunca políticos. ETA no ha entrado
en el presente de la convivencia e insiste en mantener vivo el pasado16.
44 Con esta construcción de su Otro, el discurso de la Transición reafirma su adscripción
a la moral humano-universal y de paso expulsa de sí cualquier rasgo no dialoguista, de
discordia y sectario.

Dos momentos de conmoción interna del discurso


de la Transición: Estatuto catalán y «Memoria
Histórica»
45 En los últimos años, el primer momento interno de cuestionamiento del discurso de
la Transición fue el debate sobre la llamada «Ley de Memoria Histórica», impulsada
por el gobierno de Rodríguez Zapatero en 2006 y aprobada en 2007.
46 La novedad del proyecto de Zapatero es, precisamente, el concepto de Memoria,
ausente en el discurso de la Transición. Pero como el PSOE no pretende que la noción
de Memoria cuestione el discurso de la Transición, la desvinculará de la revisión del
pasado presentándola como una ampliación de derechos individuales (hablará del
«derecho a la Memoria»), no como un proyecto destinado a la vida colectiva y
promovido por el Estado. Estos derechos representan «asuntos pendientes» de la
Transición, que estaban en su lógica pero simplemente no se habían realizado. En esa
dirección, el PSOE presenta la iniciativa como el cumplimiento de resoluciones del
Parlamento de 2002 y 2004. Para el PSOE la ley completa la labor de la Transición, que
aprobó el primer Decreto de Amnistía de julio de 1976.
47 El Partido Popular y sus medios de comunicación afines acusarán a Zapatero –y ya
no al PSOE, pues rescatan su compromiso con la Transición– de romper los pactos de
la Transición al reabrir viejas heridas y volver al pasado. Para el PP no hay tal voluntad
de resolver tareas pendientes, sino un cuestionamiento de la necesidad de «pasar
página» y de la «generosidad con el pasado». Es la vuelta al sectarismo, a la división de
los españoles entre buenos y malos, y un intento de «imponer» un relato histórico, en
lugar de dejar la Memoria como algo privado y personal, no político.
48 En el caso del Estatuto de Cataluña, el PSOE presentará el proyecto como una
continuación de otras reformas estatutarias ya iniciadas durante el gobierno del PP. La
reforma se justificará como una actualización del Estatuto vigente, de 1979. La reforma
prolonga la descentralización y el autogobierno autonómico garantizados en la
Constitución de 1978, fomentando la integración, el reconocimiento institucional de la
diversidad y la convivencia. Al ser fruto del consenso entre el Parlamento de Cataluña y
el Parlamento nacional, es fiel a la letra y al espíritu de la Constitución. Reformar el
Estatuto es fortalecer por lo tanto la Constitución, especialmente en términos de
cohesión social y territorial, dirá el PSOE.
49 El PP dirá que el proyecto es inconstitucional porque en el preámbulo del nuevo
Estatuto se señala que Cataluña es una nación, mientras la Constitución de 1978 afirma
que la única nación es España. Esto sienta un precedente para la liquidación de España
como nación, pues otros nacionalismos como el vasco lo querrán aprovechar17, dirán los
conservadores. Y es inconstitucional también su espíritu pues el PSOE no ha
consensuado la reforma con el PP18.
50 El nuevo Estatuto es pernicioso para Cataluña y para España en términos de cohesión
territorial, social, de estabilidad jurídica y de prosperidad: liquida el modelo
constitucional de 1978, sostiene el PP. El PSOE afirmará que lo que rompe el espíritu y
la letra de la Constitución de 1978 es la desconfianza del PP en el modelo autonómico,
debido a lo cual nunca ha querido actualizarlo.
51 Estas dos conmociones internas de los últimos años arrojan un resultado
ambivalente. Si por una parte se quiebra momentáneamente la asimilación entre
Transición y democracia, pues aparecen demandas democráticas (Memoria,
Autonomismo) que desbordan el discurso transicional, abriendo así la posibilidad de
construir un discurso democrático que no suscriba al pie de la letra la narrativa
transicional, por otra parte el propio enunciador (el PSOE en ambos casos) despolitiza
ambas iniciativas presentándolas como una mera continuidad jurídico-administrativa
y, al percibir aquel quiebre, se apresura a cerrar filas reincluyendo los proyectos en la
lógica del discurso de la Transición, en la legitimidad vigente.
52 En ese sentido, el relato de la Transición conserva para sus portavoces la capacidad
de proveer legitimidad. Pero, a diferencia del pasado, la aparición de distintas
interpretaciones del mismo pone de manifiesto su carácter de narrativa política.
53 Otro rasgo que se pone de manifiesto gracias a estas conmociones internas es que la
Transición opera –para los dos partidos centrales– como referencia única y excluyente
para acreditar la legitimidad. La democracia, los derechos humanos o el federalismo,
por ejemplo, están subordinados de tal modo a la Transición que no pueden ser
enarbolados sino en referencia a aquélla, al no poseer autonomía legitimadora.
54 Este discurso opera como una ortodoxia –a la manera de los dogmas religiosos o
políticos–: quien se aparte de la consideración de que todo ya está prefigurado en la
Transición y en la Constitución, las niega y, por tanto, no puede ser un actor legítimo.
Esto explica que en ambos debates la oposición sostiene que la ley es «innecesaria»
mientras el oficialismo afirma que la iniciativa no supone ninguna novedad: ambos
están diciendo que no hay nada que cambiar, ni agregar, ni matizar respecto del pacto
fundacional.
55 Este proclamado inmovilismo hace que la legitimidad descanse en una limitación del
relato transicional para abarcar y resignificar nuevos problemas, pues carece de
capacidad de adaptación a ellos. Es una narrativa carente de la plasticidad y flexibilidad
que todo mito político requiere para poder reproducir el orden. Prueba de ello es la
torsión argumental que debe hacer el partido de gobierno para presentar la Memoria
como un derecho individual, o la dificultad para siquiera nombrar el federalismo en el
debate sobre el Estatuto catalán.

El desafío externo al discurso de la


Transición
56 Este tercer momento tiene varios rasgos específicos. Por una parte, proviene de fuera
de los actores legitimados por el orden de la Transición (partidos, medios masivos,
organizaciones empresariales, sindicales y religiosas, etc.). En segundo término, es
encarnado por actores nuevos –que tampoco son los que el orden nombra como
«extraparlamentarios», «radicales» o «antisistema»–, con formas de acción política
novedosas. Por último, su discurso no se sitúa en las coordenadas del sentido
consolidado –ni para protestar, ni para proponer– sino que plantea un relato novedoso.
57 Esta conmoción posee dos momentos: el 15M y la posterior aparición de nuevas
formaciones políticas que se inscriben en su estela, de las cuales Podemos es la de
mayor impacto.

El discurso del 15M


58 Un rasgo clave del discurso del 15M19 es que agrupa demandas en principio disímiles,
vinculadas distintos ámbitos: trabajo (rechazo del paro y de las condiciones laborales);
vivienda (rechazo de los desahucios, crítica de las condiciones y dificultades de acceso
al crédito, ausencia del Estado); derechos y prestaciones sociales (deterioro del Estado
de Bienestar, especialmente en educación, sanidad, pensiones); participación política
(crítica de la desigualdad del derecho de expresión por la conformación específica del
sistema de medios de comunicación); sistema electoral (su inequidad en la adjudicación
de representantes); impuestos (inequidad sistema fiscal); discriminación (por motivos
raciales y de género); defensa de lo público (crítica de su subordinación ante las
privatizaciones); reivindicación del control de los mercados; crítica de la limitación de
la democracia (en favor de la transparencia, de la ausencia de privilegios de los cargos
públicos); defensa del pequeño comercio; defensa del medioambiente; rechazo de la
corrupción; etc.
59 Estas demandas se agrupan porque tienen una misma causa: la contraposición de
poder entre una amplia mayoría y una ínfima minoría, que frustra la voluntad popular.
Esta mayoría es nombrada más como «pueblo» que como «ciudadanía» –el 15M
celebra asambleas «populares», no «ciudadanas»–, y la minoría es identificada más
bien con el orden dado («sistema») y sus roles emblemáticos («políticos»,
«banqueros») que con características específicas de «clase».
60 Así, el discurso del 15M traza explícitamente una frontera política entre un amplio
nosotros y un minoritario ellos. Coherentemente, usa la primera persona del plural en
sus consignas («pidamos», «somos», «pagamos», etc.). El nosotros es remarcado como
mayoría no sólo cuantitativa, sino cualitativa: su medio es la asamblea, la reunión
vecinal, las calles y no los espacios cerrados asociados al secreto y a la minoría
(despachos, antecámaras parlamentarias, salones reservados, instituciones públicas y
privadas). Hay una contraposición entre los lugares del «pueblo» (barrio, casa,
asambleas, plazas, calles) y los de las «minorías» (bancos, instituciones políticas
representativas, oficinas institucionales)20.
61 El lugar de enunciación de su discurso es una suerte de «sentido común
democrático», según el cual las demandas y su diagnóstico son «hechos evidentes»,
innegables: la ausencia de una auténtica democracia en razón de un orden más bien
oligárquico.
62 La consigna que condensa todas las demandas que aglutina el 15M y traza la frontera
en términos democracia/pueblo vs oligarquía/minoría es «lo llaman democracia y no lo
es», junto con «que no nos representan»21.
63 El discurso del 15M se centra en la crítica del presente democrático mostrando una
indiferencia respecto del discurso de la Transición, cuyos argumentos no quiere ni
siquiera rebatir. Estos han sido apartados del debate junto con los «problemas»
legitimados por el relato transicional. Por eso en el discurso del 15M no tienen lugar
cuestiones como el nacionalismo periférico, las consecuencias de la Guerra Civil y del
franquismo, la alternativa monarquía-república, el laicismo, etc. Como parte de esto
hay una nula atención al Otro de la Transición: la cuestión de ETA.
64 El discurso del 15M propone no sólo una nueva agenda en unos nuevos marcos y
términos, sino también en un lenguaje y estilo propios, alejado de la «seriedad» y la
«solemnidad» del discurso de la Transición y de sus sectores contestatarios, en especial
la izquierda clásica. La mordacidad y el ingenio de las consignas, el uso de los juegos de
palabras, del doble sentido y de la ironía, el privilegio de la creatividad artística de los
murales (ya no pancartas ni carteles), que no ocultan la precariedad material de su
confección (que connota asimismo una distancia respecto del propio discurso),
representan una ruptura respecto de los lemas orgánicos y centralizados, siempre
presentados con ánimo de solidez y contundencia, de las manifestaciones y de la
propaganda partidaria tradicionales.
65 La clasificación Pasado/Guerra Civil-Presente/Transición que organiza el discurso de
la Transición ha desaparecido en el discurso del 15M y, con ella, la idea de democracia
como evitación de la guerra civil, lo cual prevenía de los resultados de cualquier
demanda de más democracia.
66 Como en un espejo del discurso de la Transición, el discurso del 15M desanuda
democracia y Transición y, al hacerlo, prescinde de la férrea subordinación de todas las
demás demandas (de participación, económicas, sociales, políticas) al «espíritu de la
Transición». En el discurso del 15M, para ser un actor democrático legítimo no sólo no
hay que estar informado del «espíritu de la Transición», sino que para construir una
auténtica democracia hay que romper con un presente moldeado por esa Transición.
Ahora, el 15M anuda el Presente al Pasado, que abarcará también la etapa democrática.
El Presente se muestra incapaz de construir un Futuro. Es el fin de la democracia como
evitación de la guerra.
67 El discurso del 15M redibuja el campo político. Con la siempre latente posibilidad de
recaer en la lógica cainita de las «Dos Españas», el discurso de la Transición dejaba la
política en manos de una élite –partidaria, pero también mediática y de las
organizaciones corporativas–, los profesionales serios capaces de los más complejos
equilibrios consensuales y de ilustrar a las masas. Reforzaba así la distinción propia de
la representación política entre «profesionales» y «profanos». Pero esta distinción no
es una maniobra de unas elites que tendrían el poder, sino que encarna como
imaginario en la mirada de los propios ciudadanos, que se ven a sí mismos como
«profanos» y, por tanto, como aquellos cuyo lugar «propio» no es el de tomar
decisiones políticas, sino el de seleccionar a aquellos preparados para tomarlas.
68 El discurso del 15M va a cuestionar los presupuestos de la distinción entre
profesionales y profanos. Por eso no se trata de una mera ampliación del campo
político, sino de un rediseño del mismo. La horizontalidad, la igualdad de voz, la
asamblea como forma de deliberación y la libertad en la toma de la palabra suponen un
cambio en la matriz de constitución del campo político en términos de democratización
y ejercicio de la voluntad popular22.
69 El discurso del 15M va a repolitizar aquello que la narrativa transicional
despolitizaba: la fisonomía del orden político de la España contemporánea, que ya no
será mostrado como el «único posible» y como democrático, bajo riesgo de involución,
sino que será representado como no auténticamente democrática y por razones
concretas, políticas, de distribución de poder (nosotros mayoritario vs. ellos
minoritario).
70 El resultado es algo más ambiguo en la representación del propio discurso. Si por una
parte se politiza a consecuencia de explicitar la frontera política entre un nosotros
mayoritario y democrático y un ellos minoritario y oligárquico, por otra se neutraliza al
presentar las demandas del nosotros como «evidentes» y de «sentido común»
democrático, no como una posibilidad entre otras.
71 El discurso del 15M constituye una ruptura potencial del orden político español,
porque la realización de sus demandas requiere la construcción de una nueva
comunidad política, con nuevos actores (una mayoría popular contra una minoría
privilegiada) y una nueva legitimidad (basada en la democracia en sí, no por sus
resultados).
72 El 15M no se plantea organizarse como fuerza política para luchar por sus fines, sino
que constituye más la expresión de un descontento, de un diagnóstico y de una forma
democrática de estar y vivir el espacio público. Por eso podría decirse que no llega a ser
propiamente contrahegemónica, aunque pueda representar un hito en esa dirección. La
ruptura es solo potencial en tanto el elemento negativo es dominante.

El discurso de Podemos
73 En relación al discurso de la Transición, el discurso de Podemos oscila entre dos
posiciones, una de ruptura, en la que traza una frontera política, y otra de regeneración,
en la cual ese linde pierde relieve. Veamos el momento y la fisonomía de cada una de
ellas.
74 Desde su nacimiento en enero de 2014 y hasta fin de ese año –etapa que distinguimos
en el contexto–, en el discurso de Podemos predomina la confrontación con la narrativa
de la Transición, oponiendo a la dicotomía Presente/Transición-Pasado/Guerra Civil
otra apoyada en lo Nuevo/Abajo/Democracia contra lo Viejo/Arriba/Oligarquía23.
75 Esta nueva oposición desarticula la mutua implicación entre democracia y
Transición, para afirmar que la auténtica democracia sólo puede surgir liberándola de
su «secuestro» por el Régimen del ’78. La Constitución, el consenso24, el espíritu de
concordia y la democracia como evitación de la Guerra civil serán resignificados: ahora
aparecerán como política oligárquica alejada de la soberanía popular, resultado de
pactos en lo alto entre las familias del franquismo y las nuevas dirigencias reformistas,
a fin de repartirse el espacio político entre centroizquierda y centroderecha, con el
objeto de asegurarse una suerte de alternancia (también utilizará el nombre
«turnismo», para vincularla a la Restauración Borbónica tras la I República) para no
modificar las bases del orden político y social. La democracia está secuestrada porque a
través del bipartidismo gobiernan aquellos que no han sido elegidos, y lo hacen en
contra de la soberanía popular. La corrupción hace funcionar este sistema, pues
permite a las elites económicas –incapaces y rapiñadoras– utilizar a las elites políticas
para realizar sus intereses. Este orden, más que un sistema político, es un Régimen, en
la medida en que es un sistema cerrado sobre sí, dominado por una casta, que excluye a
las mayorías populares.
76 La Transición por tanto queda principalmente asociada a lo Viejo, al Arriba y a la
Oligarquía. El pasado ya no es el espíritu cainita que en el discurso de la Transición
englobaba II República y dictadura franquista, sino que es resignificado a la luz de la
dicotomía democracia/pueblo-oligarquía/casta. Con este protagonismo otorgado a la
democracia, la periodización del discurso de la Transición queda diluida en otra nueva:
la de la realización de los intereses de los de Abajo o de los de Arriba. Por ello la
Segunda República es rescatada como un momento de protagonismo popular-
democrático, mientras que la Transición se vincula más a la Guerra Civil en tanto
derrota popular y secuestro de la democracia.
77 Esta resignificación de la Segunda República, que articula democracia con
empoderamiento de los de Abajo más que con lo anti-monárquico anuncia otro rasgo
definidor del discurso de Podemos: su desmarque –a la luz del 15M– de la izquierda
clásica española, aferrada a la dicotomía izquierda-derecha y con ella, a los debates
monarquía-república, laicismo-confesionalismo y proletariado-burguesía (lucha de
clases).
78 Podemos considera que esa izquierda está inserta en el tablero diseñado por la
Transición que reparte posiciones a izquierda y a derecha condenando a ciertas
demandas a un papel testimonial, eternamente postergadas por «ruidosas», aunque
incluidas y mostradas para acreditar el «pluralismo» del Régimen, en el marco de una
protesta controlada desde arriba y estéril.
79 La desvinculación de Podemos respecto de la izquierda clásica española se da
también en los símbolos: ni el nombre de la formación, ni su forma de organización
interna, ni sus emblemas o colores responden a esa tradición. Representan más bien lo
que en el campo teórico se definiría como posmarxismo y en el campo de la política
práctica fueron los nuevos movimientos sociales. De ahí el color de la formación, que
remite al histórico del feminismo (y la importancia de autores como Laclau o Mouffe
tienen para sus principales dirigentes).
80 Del mismo modo, el círculo como emblema se aleja de la tradición jacobina o
centralista de los partidos marxistas-leninistas, pero también de los socialdemócratas e
ilustrados, pues el nosotros prima sobre la «vanguardia», el cuerpo sobre la cabeza. El
círculo prioriza el mundo ciudadano sobre el mundo del trabajo, dominante en el
repertorio simbólico de la izquierda clásica, poblado de instrumentos de producción y
también de cultura, pero entendidos como vías de «esclarecimiento» y «elevación».
Con su nombre, Podemos se desliga del partido de representación de intereses
materiales de clase ya presentes en la estructura social, para ir hacia un movimiento
abierto que, al subrayar el significante demos, convoca performativamente a la
construcción de un nuevo sujeto, asumido como contingente y con vocación
hegemónica: el pueblo. Aquí hay también un distanciamiento epistemológico de la
izquierda clásica, derivada del marxismo ortodoxo: el reconocimiento de la acción
política como práctica performativa deja de lado el mecanicismo estructura-
superestructura para reconocer la capacidad constructora de lo político. Podemos
connota también la labor de «saneamiento del ambiente»25.
81 La resignificación de «Patria» y «patriota» ejemplifica cómo Podemos se desmarca
simultáneamente del discurso de la izquierda y de la derecha. Lo nacional general en
España está asociado al franquismo, a su ideario centralista y nacional-católico. Sólo lo
nacional vinculado a las llamadas nacionalidades históricas (País Vasco, Cataluña y
Galicia) ha tenido alguna presencia en los imaginarios de izquierda, pues se oponía a
aquel «españolismo». La resignificación de Podemos comienza por el significante
mismo, pues «patria» y «patriota» no forman parte del lenguaje corriente de la política
española: la izquierda prefiere hablar del «Estado» español o de «país», mientras que la
derecha utiliza «nación». «Patria» remite a las luchas de liberación del Tercer Mundo
de los años ’60 y ’70, y al ideario nacional-popular latinoamericano. Desde allí
sostendrá que España se ha convertido en una colonia de Alemania, para vincular
soberanía popular y soberanía nacional.
82 Podemos afirma no querer dejar el término en manos de la derecha, y por eso lo
resignifica como valoración de lo común, de la voluntad popular, del bienestar general.
La Patria para Podemos cristaliza en la defensa del Estado de Bienestar, de los
hospitales y escuelas públicos, en lo que iguala y mancomuna, no –como para la
derecha– en símbolos conflictivos como la bandera, el idioma castellano o las
tradiciones. El patriotismo de la derecha es hipócrita, sostiene Podemos, pues en lugar
de defender lo público se lo apropia privatizándolo, evadiendo impuestos y atesorando
capital en paraísos fiscales. El nacionalismo españolista se revela así como una excusa
de la derecha para imponer sus preferencias (idioma, cultura, historia) al resto de ese
país de países que es España para Podemos.
83 El eje Nuevo/Abajo/Democracia vs. Viejo/Arriba/Oligarquía busca rediseñar un
universo simbólico que para Podemos comparten la izquierda y la derecha en España
desde la Transición.
84 Este nuevo eje construye una dicotomía nosotros vs. ellos, «el Pueblo» contra «la
Casta». La Casta es el nombre de las elites económicas, políticas y culturales que han
protagonizado la Transición y edificado «el Régimen» de 1978».
85 En esta primera etapa –enero-diciembre 2014–, tanto en el nivel nacional como en el
europeo, el problema no radica exclusivamente en la conducta de las elites, sino
también en el diseño institucional que lo permite. Conducta e institucionalidad están
imbricadas. La Transición es «el Régimen del ‘78», por lo que una de las propuestas
clave de Podemos es la apertura de un proceso constituyente que «rompa el candado»
de la Constitución de 1978 y discuta «todo con todos». Otro tanto ocurre con Europa,
donde se critica a la elite actual, se reivindica el pacto social europeo de la segunda
posguerra y se propone un proceso constituyente que refunde la Unión26.
86 El programa electoral para las europeas de 2014 está organizado distinguiendo entre
aquello a recuperar, a conquistar y a construir. La democracia figura entre aquello a
construir –lo cual presupone que el «secuestro» implica su inexistencia fáctica–,
mientras que la igualdad, la libertad y la soberanía son elementos a conquistar, lo cual
es coherente con la necesidad de construir la democracia, pues son sus pilares. En
cambio, la economía, la tierra y la fraternidad hay que recuperarlas, lo cual supone que
existen pero no de la forma deseada.
87 Este acento en la crítica de raíz a la Transición y a su producto institucional hace que
Podemos trace una frontera política con un Ellos que no se reduce a la conducta de las
élites políticas y económicas, pues ésta es resultado de un andamiaje institucional y, en
definitiva, de un orden político: el Régimen del ’78. La propuesta de un proceso
constituyente constituye su complemento lógico y coherente.
88 En esta primera etapa, entonces, el discurso de Podemos –como el del 15M–
repolitiza lo que el discurso de la Transición despolitizaba: las identidades políticas
tradicionales existentes, la historia de la conformación del orden político español y
europeo general contemporáneo, la «crisis» y su gestión política.
89 Podemos despolitiza parcialmente su propia identidad no por desestimar el eje
izquierda-derecha para sustituirlo por el arriba-abajo, menos presente en la cultura
política española, sino por no explicitar que el arriba-abajo no se entiende fuera del
izquierda-derecha. En efecto, Podemos rechaza el eje izquierda-derecha realmente
existente en el sistema político español, pues como vimos según la formación morada
funciona como dos alas de un mismo partido. Pero, en verdad, el nuevo eje arriba-abajo
que propone, al representar la dicotomía entre democracia como gobierno del pueblo y
democracia como competencia entre elites, no puede comprenderse fuera del eje
izquierda-derecha en general, como tensión entre igualdad y jerarquía, nacido en 1789.
Como Podemos no explicita esto último, contribuye a que lo histórico-particular
arrastre y borre lo histórico-abstracto, lo que genera una despolitización parcial de la
propia identidad, que se complementa bien con su otra despolitización, la de presentar
sus demandas –tal como hacía el 15M– como «sentido común».
90 No obstante, en conjunto, en esta primera etapa, cabe afirmar que el discurso de
Podemos representa más bien una impugnación del orden, pues la realización de sus
demandas es incompatible con la configuración del orden existente, cuestiona la
legitimidad del relato de la Transición y repolitiza la fisonomía de la comunidad política
española. A diferencia del 15M, al momento negativo de crítica y desarticulación de lo
existente le suma el momento positivo de la organización como fuerza política movida
por una voluntad explícita de no constituirse en mera formación testimonial y, por lo
tanto, de luchar por el poder para reconfigurar la comunidad política.

Segundo momento: el desdibujamiento de la


frontera política
91 El acto en la Puerta del Sol, de enero de 2015, puede ser tomado como inicio de un
segundo momento en el discurso de Podemos. La contraposición dominante seguirá
siendo Nuevo/Abajo/Democracia vs. Viejo/Arriba/Oligarquía, pero ahora tenderá a
desvincular «casta» de «Régimen del ’78» y de «Proceso Constituyente». Persistirá así
la representación de un nosotros y un ellos, pero este último será encarnado sobre todo
por la conducta política de la casta, y menos por la estructura institucional derivada de
la Constitución de 1978. Ambas dejan de estar imbricadas. Las élites privilegiadas
aparecerán más bien como usufructuarias de una institucionalidad que debe ser
recuperada por la ciudadanía. Lo cual presupone que esas instituciones son más bien
neutrales, dependientes de su uso, mientras que en la primera etapa aparecían como
radicalmente favorables a las élites, negadoras de la voluntad popular, propiciadoras
del «secuestro» de la democracia. Por lógica consecuencia, la demanda de un proceso
constituyente ya no aparece con la frecuencia que lo hacía en el primer momento, ni
con su condición de requisito para la existencia de una auténtica democracia.
92 La pérdida de peso de la demanda de proceso constituyente se verá acompañada por
la aspiración a recuperar el pacto del ’78, malversado y roto por la conducta de la casta.
Complementariamente, la cronología de la crisis se modifica: su origen ya no es 1978,
sino más bien la gestión de la crisis iniciada en 2008. El problema ya no es la
Transición en sí, sino las políticas abiertamente neoliberales de la crisis27.
93 Otra novedad del discurso de Podemos en este segundo momento es la reivindicación
de la socialdemocracia28, que va del reconocimiento de su papel histórico en la segunda
posguerra europea29 y en la España de la Transición30, a aceptarla como identidad del
propio programa31, pasando por la especial apelación de Pablo Iglesias en la campaña
de las autonómicas y municipales –en el marco de un discurso transversal– a los
«socialistas de corazón», pues «votar socialista hoy es votar Podemos». Esto es
importante no por lo que ello puede suponer en términos de contenido programático,
sino de lugar en el orden político de la Transición, el que precisamente Podemos
interpretaba inicialmente como un tablero con dos posiciones (izquierda y derecha) que
en verdad eran una (bipartidismo). El espacio socialdemócrata es uno de ellos.
94 Esta recuperación del lugar socialdemócrata, la progresiva ausencia –en especial en
los actos políticos públicos– del concepto de «Régimen de 1978», la sustitución de 1978
por 2008 como origen de la crisis y, sobre todo, el eclipse de la demanda de un proceso
constituyente, van todos en la misma dirección: la pérdida de centralidad de la
confrontación con el discurso de la Transición y el desplazamiento del problema del
orden existente en sí a su uso por parte de las élites políticas dominantes. El problema
es que las élites se han puesto por encima de las instituciones, dirá Podemos.
95 El efecto general es el desvanecimiento creciente de la frontera política trazada en el
primer momento discursivo. No hay frontera política con la conducta de una élite,
desligada tal como se presenta del orden en sí. La sola conducta no implica que las
demandas sean incompatibles con el orden, ni un proyecto político con el cual no se
puede convivir, sino la necesidad de reemplazar a la élite para rescatar el orden político
usufructuado por ella. Así concebida, esa élite no puede ser «un otro
institucionalizado»32, sino que se convierte en un Otro desinstitucionalizado: en un no-
otro, en definitiva.
96 Hay un antecedente del énfasis en la conducta de la élite en desmedro del orden
político como tal en el primer momento del discurso de Podemos cuando se habla de
recuperar los derechos sociales, de la pérdida de soberanía o de utilizar el art. 128 de la
Constitución en favor de los intereses populares33. Pero estos elementos no pueden ser
analizados por separado, uno a uno, sino que adquieren sentido conformando un todo
junto con la demanda de un proceso constituyente. En junio de 2014, con ocasión de su
juramento de la Constitución española para asumir el cargo de diputado europeo, el
ahora secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, eligió una fórmula nueva para
poder afirmar «Prometo acatar la Constitución hasta que los ciudadanos de mi país la
cambien para recuperar la soberanía y los derechos sociales", dando por sentado que la
actual no garantizaba esas demandas fundamentales para Podemos.
97 Del mismo modo, en una intervención académica de julio de 2014, Íñigo Errejón
interpretaba la Transición a la luz del concepto gramsciano de revolución pasiva. En
consecuencia, si bien aceptaba que el Régimen del ’78 había supuesto la incorporación
de algunas demandas populares y un avance en general respecto del orden anterior,
sostenía que la Transición –como la Guerra Civil– había supuesto una derrota popular
y que el sistema político estaba agotado para incorporar nuevas demandas. Por lo tanto
–concluía Errejón– el desbloqueo de la situación pasaba o bien por una restauración
desde arriba o bien por un proceso constituyente desde abajo34.
98 Por el contrario, en la segunda etapa no sólo va a perder peso la demanda de una
nueva constituyente, sino que también va a surgir, en el principal documento partidario
de este momento, el programa electoral para las municipales y autonómicas, un hasta
entonces inédito reconocimiento de las instituciones de 1978: «Tenemos instituciones
que contemplamos con orgullo; ya hay mucho camino recorrido. Tenemos las piezas,
pero falta ordenarlas, ajustarlas, equilibrarlas. Aun teniendo materiales de buena
calidad, han caído en manos de gobiernos torpes, cortos de miras y despilfarradores»35.
Asimismo, se habla de que «recuperaremos las instituciones para la democracia»36.
Más adelante, se afirma que esto «podemos hacerlo desde las instituciones: vamos a
ganar esta partida para recuperar la democracia, la soberanía y el sentido último de la
democracia, que no es otro que obedecer a la gente y atender sus necesidades»37. La
demanda de un proceso constituyente, en cambio, no aparece en este documento.
99 Coherentemente con la carga de la prueba desplazada del orden mismo a las elites, la
democracia aparece ya no como algo a construir, sino como algo a recuperar.
100 Finalmente, aparece por primera vez en el discurso de Podemos la apelación a
construir un país «moderno», quizá el significante que opera como aglutinante de todo
el discurso de la Transición y por tanto de la legitimación del orden político actual
español. Otro término emblemático de la Transición, la apelación al «cambio», ya
formaba parte del lenguaje de Podemos.
101 Podría decirse también que el uso del espacio público cambia en la segunda etapa
respecto de la primera. Si el lanzamiento de Podemos se hace en el Teatro del Pueblo,
en el corazón del barrio de Lavapiés de Madrid –caracterizado por ser el barrio
«alternativo», contestatario y de gran presencia inmigrante– y el lanzamiento de la
campaña por las Europeas se realiza en la ciudad de Valencia, símbolo de la corrupción
y de la «casta» debido al caso Camps y la trama Gürtel, el acto de enero de 2015 se lleva
a cabo en la Puerta del Sol, sede por antonomasia del 15M, movimiento que como se ha
visto posee un discurso crítico con el orden político español actual pero sin confrontar
directa y explícitamente con la Transición.

A modo de conclusión
102 La pregunta que nos proponíamos responder es si el nuevo discurso de Podemos
supone una ruptura o una regeneración respecto del orden hegemónico de la
democracia española. Para ello, analizamos su relación con el discurso de la Transición,
que es el que provee legitimidad a la democracia española actual, tomando en cuenta
antecedentes como el discurso del 15M. Sobre estas luchas por el sentido suscitadas
alrededor de la legitimidad de la democracia española actual pueden apuntarse las
siguientes notas a modo de conclusión:
103 La democracia ya no cabe en la Transición. La democracia es algo más que la
Transición. Hay demandas democráticas que exceden la concepción transicional de la
democracia como mera evitación del fratricidio. Se puede ser demócrata sin asumir la
narrativa de la Transición, su explicación del pasado, del presente y, en consecuencia,
de hasta dónde cabe llegar en el futuro. Los marcos interpretativos que proponía la
Transición ya no parecen poder abarcar y definir de qué se puede hablar y de qué no,
qué voces son legítimas y cuáles no, cuáles son los lugares de enunciación aceptables y
cuáles no. Los problemas y el orden del discurso que proponía la Transición ya no son
los de la democracia como tal.
104 A tal punto la democracia ya no cabe en la Transición que quien ocupara el lugar del
Otro para la Transición ya no parece poder seguir siendo, como lo fue durante tantos
años, el Otro de la democracia. La desaparición política de ETA –dato quizá poco tenido
en cuenta en el análisis del presente político español– ha liberado energías e
imaginaciones políticas que antes se veían obligadas, en razón de su preferencia
democrática, a cerrar filas recurrentemente con los partidos de gobierno, lo cual en
buena medida lastraba la posibilidad del trazado de una nueva frontera en relación a
éstos, pues no hay lugar en un orden para dos fronteras. Esto reforzaba a su vez la
noción transicional limitada de la democracia como consenso y como evitación de la
guerra civil. Todo lo que cruzaba ese estrecho terreno era desautorizado –una vez caído
el comunismo– como «radical».
105 Esta insuficiencia de la Transición para contener la democracia significa una
repolitización de la configuración del orden político existente, español pero también
europeo, pues el pasado ya no aparece como neutral ni movido por caracteres privado-
subjetivos, sino por luchas políticas en torno a proyectos diferentes. La democracia ya
no es medida por sus resultados en términos de prosperidad y paz, sino como método,
como fin en sí cuyo cumplimiento cabal asegura un empoderamiento de la ciudadanía –
a través de la igualdad de voz y de capacidad de representación del mundo– y la
legitimidad de las demandas de las mayorías ante las de las minorías.
106 La desvinculación entre democracia y Transición se insinúa en las dos conmociones
internas al discurso de la Transición de los últimos años, se plasma implícitamente
como frontera política en el discurso del 15M y se explicita en la primera etapa del
discurso de Podemos. Como esta trayectoria no es teleológica ni necesaria, sino abierta
a la contingencia, el segundo momento del discurso de Podemos va a significar un
desdibujamiento de esa frontera y, por lo tanto, un cierre de la posibilidad de reenviar
la Transición al pasado de la democracia existente, en tanto ya no resulta necesaria la
ruptura con ella sino con las élites que mal utilizaron las instituciones del ‘78.
107 En el discurso de Podemos, el orden existente pasa de ser un obstáculo insalvable a
un terreno fértil de operaciones para la realización de las demandas democráticas y
populares. Pasar de que es necesario sustituir la Transición para construir la
democracia, a la de que se requiere «echar a la casta» para liberar el potencial
democrático de las instituciones de la Transición, supone una nueva despolitización
pero en otro nivel, bajo otro significado, como resultado de la repolitización previa
hecha por el 15M y por el propio Podemos: ya no el de evitación de la guerra cainita,
sino el de la Transición y la democracia como unas reglas del juego, unas piezas buenas
que hay que encajar bien –tal como afirma el programa autonómico de Podemos de
2015–, que dan lugar a muchos usos.
108 Esta neutralización en un nuevo nivel permite pensar que el discurso de Podemos
tiene un efecto más de regeneración democrática que de impugnación del orden.
Amplía el espacio de operaciones para más y nuevas demandas democráticas, antes
presentadas como impensables, pero para ello necesita a la vez despolitizar su propia
identidad y presentar la democracia como unas reglas del juego neutrales que no
determinan ni la fisonomía de los actores, ni de la lucha política, ni la de las
demandas38. La democracia queda neutralizada al politizar exclusivamente la conducta
política de la casta –o incluso la de los gobiernos habidos– como su problema. Así, por
una parte, se reduce el orden al gobierno y, por otra, lo institucional a la democracia.
109 En su conjunto, este movimiento equivale a una apertura de la política –tal como
existía desde la Transición– por presión de lo político –las demandas y actores
emergentes desde fuera del sistema institucional– para volver a cerrar/estabilizar la
política, una vez incorporadas esas demandas nuevas, merced a una nueva
despolitización, ahora de la democracia como si fuera un orden que puede prescindir de
toda frontera política y, en este sentido, volver superflua la ruptura de lo nuevo con lo
viejo, pues ese marco es capaz de acoger –sin verse afectado– un proceso de cambio de
hegemonía. Esto parece haberse confirmado con las elecciones municipales y
autonómicas de mayo de 2015. El resultado de la relación entre la política y lo político
tras este trastrocamiento de lo que existía está todavía por verse, en tanto proceso
abierto que depende de múltiples factores.

Notes
1 Entendida como expresión de un antagonismo, que representa la incompatibilidad entre
actores políticos para convivir en el seno de una misma comunidad debido a sus diferencias
existenciales. Véanse: Carl S , El concepto de lo político, Madrid, Alianza, 1991 y Ernesto
L , La razón populista, Madrid, Fondo de Cultura Económica, 2005, pp. 97-110.
2 Para una concepción simbólico-discursiva de la política, véanse: Pierre B , Propos sur
le champ politique, Lyon, Presses Universitaires de Lyon, 2000; Pierre B , “Describir y
prescribir: las condiciones de posibilidad y los límites de la eficacia política”, in ¿Qué significa
hablar?, Madrid, Akal, 2001, pp. 96-104; Cornelius C , La institución imaginaria de la
sociedad, Barcelona, Tusquets, 2 vols., 1975. Michel F , El orden del discurso, México,
Gedisa, 1983. Ernesto L y Chantal M , Hegemonía y estrategia socialista, Buenos
Aires, Fondo de Cultura Económica, 1985. Jacques R , “Diez tesis sobre la política”, in
Política, policía, democracia, Santiago de Chile, Ediciones LOM, 2006, pp. 59-79. Jacques
R , “Política, identificación, subjetivación”, in Política, policía, democracia, Santiago de
Chile, Ediciones LOM, 2006, pp. 17-26.
3 Aquí partimos de la relación formal entre demanda y orden que plantea Laclau. Una
posibilidad es que la relación entre ambas sea excluyente, entonces las demandas para realizarse
deben trastocar el orden y predomina la lógica equivalencial. Otra es que la relación sea de
continuidad, entonces las demandas pueden ser satisfechas dentro del orden y predomina la
lógica diferencial. Ernesto L , La razón…, op. cit., pp. 110-122; 163-197.
4 OECD: In it Together: Why Less Inequality Benefits All, Paris, OECD Publishing, 2015.
Disponible en: [Link]
together-why-less-inequality-benefits-all_9789264235120-en#page3. Para un resumen del
informe sobre la situación en España, véase: [Link]
[Link]
5 Merced a las tarjetas “black’, ochenta y seis miembros de la dirección y del Consejo de
Administración de la Caja de Ahorros Caja Madrid (luego Bankia) recibieron entre 1999 y 2012
dinero ―en total, unos quince millones de euros― al margen de sus retribuciones y gastos de
representación. Se llamaron “black” por su opacidad, ya que ni la entidad ni los beneficiarios
declaraban sus gastos a Hacienda. Caja Madrid era una caja de ahorro histórica que debido a su
mala gestión fue fusionada en 2011 con otras cajas bajo la denominación Bankia y “rescatada” con
dinero público, lo cual representó al comienzo de la crisis la liquidación de la práctica totalidad
de las cajas de ahorro, que a diferencia de los bancos, cumplían funciones sociales. Los
beneficiarios de estas tarjetas abarcaban todo el arco político: veintisiete del PP, quince del PSOE,
cinco de IU y once sindicalistas, entre ellos algunos históricos de las luchas antifranquistas.
6 El 31 de enero de 2015, Podemos realiza su primera gran marcha en un espacio abierto. El lugar
elegido es la Puerta del Sol, epicentro del 15M en 2011. La “Marcha del Cambio” no es para
protestar, sino para anunciar que el año del cambio comienza (en mayo hay elecciones
municipales y autonómicas, y previsiblemente en noviembre, generales). Resulta un éxito de
convocatoria, pues acuden más de 100 mil personas que llenan la plaza y las calles aledañas.
Disponible en: [Link]
search_query=marcha+del+cambio+podemos.
7 Agradezco los comentarios de Rosa de la Fuente sobre este apartado. Entendido a la manera de
Sorel, como un conjunto de imágenes que no son ciertas ni falsas, cuya pretensión no es describir
ninguna realidad exterior, sino construir la parte fundamental de la realidad política: la voluntad
de acción, el actor político que, en definitiva, cambiará la realidad. Este actor no preexiste
materialmente en lo social, sino que es creado políticamente al nombrarlo como protagonista de
un horizonte de acción. Véase: Georges S , Consideraciones sobre la violencia, Madrid,
Alianza, 1976, p. 181-187. Véanse también: Cornelius C , “El imaginario social
instituyente”, in Hecho y por hacer. Encrucijadas del laberinto V, Buenos Aires, Eudeba, 1998,
pp. 310-320. Beatriz G P , Usos políticos del lenguaje: un discurso paradójico,
Barcelona, Anthropos, 2014, pp. 10-11; 49-112.
8 Por despolitización, pensando con Schmitt y Weber, entendemos la operación discursiva que
borra el carácter contingente de la lucha política y la imposibilidad de fundamentar
objetivamente las decisiones sobre valores, para presentarla como una verdad necesaria que se
impone desde fuera ―generalmente, desde una fuente trascendente a lo humano―, y que por
tanto no cabe discutir. Véanse: Carl S , “La era de las neutralizaciones y de las
despolitizaciones”, in El concepto…, op. cit., pp. 107-130; Max W , “La ciencia como
profesión”, in La ciencia como profesión. La política como profesión, Madrid, Espasa Calpe,
1992, pp. 51-89; y Max W , “La política como profesión”, in La ciencia como…, op. cit., pp.
93-164.
9 Ernesto L , La razón…, op. cit., p. 150-151; 191-197. Chantal M , Agonística. Pensar
el mundo políticamente, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2014, pp. 22-25.
10 Chantal M , Agonística…, op. cit., p. 22.
11 Para el análisis del discurso de la Transición, véanse: “Propuesta de reforma del Estatuto de
Autonomía de Cataluña. Sesión Plenaria nº 155, 30/3/2006”, in Diario de Sesiones del Congreso
de los Diputados, Madrid, nº 166, VIII Legislatura, año 2006, pp. 8280-8334; “Proyecto de Ley
por el que se reconocen derechos y se establecen medidas en favor de quienes padecieron
persecución o violencia durante la Guerra Civil y la Dictadura. Sesión Plenaria nº 206,
14/12/2006”, in Diario de Sesiones del Congreso de los Diputados, Madrid, nº 222, VIII
Legislatura, año 2006, pp. 11255-11285; “Proyecto de Ley por el que se reconocen derechos y se
establecen medidas en favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la Guerra
Civil y la Dictadura. Sesión Plenaria nº 274, 31/10/2007”, in Diario de Sesiones del Congreso de
los Diputados, Madrid, nº 296, VIII Legislatura, año 2007, pp. 14611-14633.
12 Así ha ocurrido con ocasión de las reformas del mercado laboral, con los diversos recortes del
gasto público y de las prestaciones sociales. Véanse “Ley 35/2010, de 17 de septiembre, de
medidas urgentes para la reforma del mercado de trabajo”, in Boletín Oficial del Estado, Madrid,
nº 227, 18 de septiembre de 2010, esp. pág. 79279 y “Real Decreto-ley 3/2012, de 10 de febrero,
de medidas urgentes para la reforma del mercado laboral”, in Boletín Oficial del Estado, Madrid,
nº 36, 11 de febrero de 2012, esp. pág. 12484. Uno de las críticas centrales del PP al PSOE en la
campaña electoral de 2012 fue el congelamiento de las pensiones y uno de los compromisos
fundamentales de su programa de gobierno fue mantener el poder adquisitivo de las mismas.
Véase: “Programa Electoral Partido Popular 2011”, esp. págs. 106, 115 y 116, disponible en:
[Link]
Este uso es relevante no en virtud de la honestidad o autoimagen de los portavoces de ese
discurso, sino porque muestra que la demanda está arraigada en el imaginario político español
actual, a la par de otras como “lucha contra el terrorismo”, “cohesión territorial”, “democracia”,
“Europa”. Cualquier discurso que no las defendiera, previsiblemente, perdería legitimidad. Esta
autolimitación del actor por su propio discurso es lo que importa aquí, no la sinceridad del que
habla. Lo central es el efecto del discurso, que no es propiedad de su “emisor”, sino que se juega
en la interpretación del “receptor”.
13 “Proyecto de Ley por el que se reconocen derechos y se establecen medidas en favor de quienes
padecieron persecución o violencia durante la Guerra Civil y la Dictadura. Sesión Plenaria nº
206, 14/12/2006”, in Diario de Sesiones del Congreso de los Diputados, Madrid, nº 222, VIII
Legislatura, año 2006, p. 11270.
14 En su portada del 24/3/2014, el diario madrileño El País encabezó la noticia de la muerte de
Suárez denominándolo “el forjador de la democracia”, como si ésta se hubiera iniciado en España
en 1978.
15 Al asociar ETA al nacionalismo, el discurso de la Transición neutraliza y despolitiza el
nacionalismo español, uno de los pilares del relato transicional. El nacionalismo queda entonces
asociado al de las autonomías “periféricas”, mientras que el nacionalismo español queda asociado
neutralmente al constitucionalismo de 1978, borrando su origen castellano. Esto,
paradójicamente, pese a que el art. 2 de la Constitución de 1978 reconoce la existencia de
“nacionalidades” en el seno de la Nación española.
16 Por eso el diputado Eduardo Zaplana, en su intervención como representante del Partido
Popular en la Cámara de Diputados durante el debate de la llamada ley de Memoria Histórica
dirá: “esta ley hace bien poco por las víctimas, pero en cambio se han volcado en atender [refiere
al gobierno del PSOE] a quienes aún hoy ni siquiera respetan la libertad, la dignidad, la
democracia y la Constitución, como son los terroristas. A esos sí que se les permite beneficiarse
de algún tipo de ayudas de las contempladas en esta ley”. Véase “Proyecto de Ley por el que se
reconocen derechos y se establecen medidas en favor de quienes padecieron persecución o
violencia durante la Guerra Civil y la Dictadura. Sesión Plenaria nº 274, 31/10/2007”, in Diario
de Sesiones del Congreso de los Diputados, Madrid, nº 296, VIII Legislatura, año 2007, p.14630.
17 Así lo expresó Mariano Rajoy en el debate parlamentario: “Evidentemente, como se acepte ese
término [Nación] va a ser un termómetro de lo que se podría o no hacer en Euskal Erria. Esto lo
ha dicho el señor [Arnaldo] Otegi, señor presidente del Gobierno, no estamos hablando de un
tema menor”. Véase “Propuesta de reforma del Estatuto de Autonomía de Cataluña. Sesión
Plenaria nº 155, 30/3/2006”, in Diario de Sesiones del Congreso de los Diputados, Madrid, nº
166, VIII Legislatura, año 2006, p. 8319.
18 “Hasta llegar el señor Rodríguez Zapatero al poder no se modificaba ni una baldosa de la
estructura constitucional del Estado […] sin que mediara un acuerdo como mínimo entre los dos
partidos que representan juntos a casi todos los españoles […] Rodríguez Zapatero no ha
entendido […] que el consenso es indispensable”, afirmó Rajoy en el Parlamento. Véase
“Propuesta de reforma del Estatuto de Autonomía de Cataluña. Sesión Plenaria nº 155,
30/3/2006”, in Diario de Sesiones del Congreso de los Diputados, Madrid, nº 166, VIII
Legislatura, año 2006, p. 8288.
19 El análisis del discurso del 15M fue realizado en co-autoría con Íñigo Errejón, a quien
agradezco su autorización para publicarlo en este artículo. Hablar de discurso del 15M obliga a
una aclaración metodológica. En primer lugar, por la posibilidad misma de hablar de un discurso
del 15M, al tratarse de un movimiento no organizado piramidalmente, sin portavoz ni
documentos orgánicos. Por el contrario, el discurso del 15M existe por relaciones espontáneas de
agregación y coexistencia de mensajes. No obstante, hay ciertos rasgos comunes y formas de
interpelación compartidas que definen más un “estilo” y una serie de demandas que un programa
orgánico y una ideología concreta. Al privilegiar esta parte del discurso del 15M, somos
conscientes que queda de lado la producción de los espacios de deliberación y análisis del
movimiento, más elaborados y complejos. No obstante, entendemos que el discurso escogido
puede entenderse como una síntesis no contradictoria ni excluyente con aquella otra producción.
Además, por su carácter “expresivo” y “demostrativo”, fue compartido por más gente y, por tanto,
ha tenido más impacto en la vida política española. En ese sentido, tiene una ventaja respecto de
la otra producción: representa más al 15M hacia fuera del mismo que hacia dentro, el discurso
que llegó a la sociedad en general. Sobre todo teniendo en cuenta que el 15M fue compartido por
sectores mucho más amplios que los grupos o asambleas que lo conformaron organizativamente,
como pudo verse en las convocatorias tanto de 2011 como de 2012.
En este trabajo no se pretende explicar el comportamiento de toda esta gente que se sintió
convocada, sino tan sólo apuntar algunos rasgos centrales del discurso que, siquiera sea de forma
difusa, compartió través de los lemas y las consignas, las pintadas, y los textos de pancartas y
carteles. Por ello, para realizar el análisis se procederá a tomar como representación del discurso
del 15M las consignas y grafitis presentados en las movilizaciones que tuvieron lugar en todo el
país, con epicentro en la Puerta del Sol de Madrid, alrededor del 15 de mayo de 2011, el 15 de
octubre de ese mismo año y el 12-15 de mayo de 2012, tomando estas fechas como hitos de
movilizaciones masivas.
La reconstrucción de las diversas voces y consignas presentes en el 15M está lejos de ser sencilla u
obvia. Nunca lo es la construcción de un objeto de estudio, pero en este caso más si cabe. Para
ello, se han escogido dos vías: los textos que recopilan las consignas de aquellos días y los datos
recogidos por la observación participante de los autores en las principales manifestaciones
públicas pero también espacios de deliberación como asambleas o foros virtuales; y la exposición
que tuvo lugar en el Ateneo de Madrid con motivo del primer aniversario de la acampada en
Puerta del Sol, dedicada fundamentalmente a mostrar las pancartas y carteles de esa
movilización, y por tanto a recopilar así parte de esas consignas.
20 Esta reconstrucción se inspira en el concepto de populismo de Laclau. Véase Ernesto L ,
La razón…, op. cit., pp. 91-130
21 Otras consignas del 15M, también representativas de esta identificación y contraposición,
serían: “vuestra crisis no la pagamos”; “no somos anti-sistema, sino que el sistema es anti-
nosotros”; “el sistema es anti-pueblo del pueblo”; “error en el sistema”; “estamos hartos de que se
rescate a los bancos y no a las familias”; “la casta de políticos al servicio de los bancos”; “somos el
99 % que se niega a padecer las imposiciones del 1%”; “queremos una sociedad en la que el
pueblo esté por encima de los intereses económicos y políticos”; “no somos mercancías en manos
de políticos y banqueros”; “nuestras ideas no caben en vuestras urnas”; “sólo podemos construir
contigo”; “cuando los de abajo se mueven los de arriba se caen”; “abajo el régimen”; “no hay pan
para tanto chorizo”.
22 Para el concepto de campo político y la división profesionales/profanos, véase Pierre
B , Propos sur…, op. cit.
23 Para los rasgos generales del discurso en esta primera etapa véanse: el documento con el que
Podemos se presenta ante la ciudadanía en el Teatro del Pueblo el 16 de enero de 2014, “Mover
ficha: convertir la indignación en cambio político”.
Disponible en: [Link]
ficha-convertir-la-indignacion-en-cambio-politico/); el programa electoral para las europeas de
mayo de 2014 “Documento final del programa colaborativo”. Disponible en:
[Link]
Europeas_6_258334180.html); en el documento “Principios políticos”, aprobado en la Asamblea
fundacional de Vistalegre el 18 y 19 de octubre de 2014. Disponible en:
[Link] en el documento “Un
proyecto económico para la gente” (disponible en:
[Link]
economico-podemos-3728235).
24 Pablo Iglesias dirá que el consenso de la Transición consistía en reuniones de las elites en
reservados de restaurantes para pactar políticas y redactar los artículos de la Constitución. Véase:
Discurso de Pablo Iglesias. Acto Inicio Campaña Elecciones Europeas en Valencia, 9/5/2014.
Disponible en: [Link] Significativamente, cerrará
su primera intervención en la Asamblea de constitución de Podemos diciendo que “el cielo se
toma por asalto, no por consenso”. Véase Discurso de Pablo Iglesias. Acto Asamblea Ciudadana
Podemos en Vistalegre, 18/10/2014; disponible en: [Link]
v=aRUp42NjghE.
25 Juan José M , “Éxito gramatical”, Diario El País, Madrid, 30/5/2014. Disponible en:
[Link]
26 La demanda de un proceso constituyente aparece en los principales documentos de esta
primera etapa. En “Mover ficha…”, op. cit.: “Una candidatura que defienda una democracia
radical donde los referéndums vinculantes y las ILP formen parte destacada de un nuevo
ordenamiento jurídico tras un proceso constituyente” (p. 3). En “Documento final del
programa…”, op. cit.: “Apertura de un proceso constituyente democrático que garantice que los
derechos sociales y culturales tengan el mismo estatuto que los derechos civiles y políticos” (p.
14); “Puesta en marcha (…) gradualmente de una democracia participativa en todos los ámbitos,
con vistas a un proceso constituyente europeo” (p. 23); “… apertura de un proceso que camine
hacia una refundación de las instituciones de la UE a través de una asamblea constituyente” (p.
28). En “Principios políticos…”, op. cit.: “Estamos en un momento en el que las disputas
electorales, lejos de ser mera competición interna del régimen de 1978, suponen hoy la
posibilidad cierta de que su crisis no sea conducida en un sentido oligárquico sino de apertura
popular y constituyente” (p. 5); “Las elecciones municipales (…) [s]on el primer paso en la
estrategia destituyente-constituyente y de ruptura democrática” (p.13). Véanse también:
Entrevista a Pablo Iglesias. Programa El Objetivo. La Sexta. 16/11/2014. Disponible en:
[Link]
el-objetivo-de-la-sexta-re-gimen-de-espan-a-16-de-nov_news; Discurso Pablo Iglesias en
Barcelona, 21/12/2014. Disponible en: [Link]
Intervención Íñigo Errejón. Encuentro con Profesores e Investigadores. Facultad de Ciencias
Sociales, Universidad de Buenos Aires. 30/7/2014; disponible en:
[Link] Intervención Juan Carlos Monedero.
Encuentro con Profesores e Investigadores. Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos
Aires. 30/7/2014; disponible en: [Link]
27 Discurso de Pablo Iglesias en la Marcha del Cambio, Puerta del Sol, 31/1/2015; disponible en:
[Link] Discurso de Íñigo Errejón en la Marcha del
Cambio, Puerta del Sol, 31/1/2015; disponible en: [Link]
v=RP9DE2VGS84. Entrevista a Íñigo Errejón. El Confidencial, 26/4/2015; disponible en:
[Link]
revertir-el-regimen-del-78-sino-hacer-transformaciones-estructurales_782901/
28 Esto comienza a aparecer al final de la primera etapa del discurso de Podemos, en noviembre
de 2014, y se vuelve más recurrente en la segunda etapa.
29 Véase Intervención de Juan Carlos Monedero…, op. cit.
30 Entrevista a Pablo Iglesias, Diario 20 Minutos, 4/11/2014. Disponible en:
[Link]
absoluta/corrupcion-elecciones/
31 Entrevista a Pablo Iglesias, Diario 20 Minutos, op. cit. Entrevista a Pablo Iglesias, Programa
“La noche en 24 horas”, Canal 24 Horas, RTVE, 5/12/2014. Disponible en:
[Link]
general-podemos-noche-24h/2892474/. Entrevista a Pablo Iglesias, Diario El Mundo, 17/5/2015.
Disponible en: [Link]
Pablo Iglesias, “La centralidad no es el centro”, in Pú[Link], 20/4/2015. Disponible en:
[Link]
32 Ernesto L , La razón…, op. cit., p. 151.
33 Discurso de Pablo Iglesias. Acto Inicio Campaña Elecciones Europeas en Valencia, 9/5/2014.
Disponible en: [Link]
34 Intervención de Íñigo Errejón…, op. cit.
35 “El Programa del Cambio. Elecciones autonómicas de 2015”, p. 11. Disponible en:
[Link]
36 “El Programa del Cambio...”, op. cit., p. 13.
37 “El Programa del Cambio...”, op. cit., p. 13.
38 Cornelius C , “La democracia como procedimiento y como régimen”, in El ascenso
de la insignificancia, Madrid, Cátedra, 1998, pp. 218-238.

Pour citer cet article


Référence électronique
Javier Franzé, « Podemos: ¿regeneración democrática o impugnación del orden? Transición,
frontera política y democracia », Cahiers de civilisation espagnole contemporaine [En ligne],
15 | 2015, mis en ligne le 17 janvier 2016, consulté le 17 mars 2021. URL :
[Link] ; DOI : [Link]

Cet article est cité par


Franzé, Javier. (2019) Cercanía programática, lejanía cultural: la relación entre
Podemos y PSOE durante la crisis en España (2014-2018). deSignis. DOI:
10.35659/designis.i31p293-313

Auteur
Javier Franzé
Universidad Complutense de Madrid

Droits d’auteur
© CCEC ; auteurs

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