Legados del 15-M y el Errejonismo
Legados del 15-M y el Errejonismo
net/publication/341911496
Los legados institucionales del largo 15-M. El final del momento populista y la
vía errejonista a la transversalidad
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The institutional legacies of the long 15-M. The end of the populist
moment and the Errejonist way to transversality
Daniel RUEDA
King’s College London, Reino Unido
[Link]@[Link]
RESUMEN: El movimiento 15-M es sin duda uno de los eventos más importantes en la histo
ria política reciente de España. En este artículo, que se enmarca en un momento político de
enfriamiento y ralentización del tempo para las fuerzas transformadoras, se analizan los diver
sos legados políticos de dicho movimiento a nivel partidista (haciendo énfasis en Podemos,
Ahora Madrid, Más Madrid y Más País), así como las posibilidades que se abren a partir de la
formación del Segundo Gobierno Sánchez. Para realizar dicho análisis se emplea un marco teó
rico constructivista a partir de la obra de la Escuela de Essex y de su representante más cono
cido, Ernesto Laclau. Este trabajo defiende la persistencia de la operatividad de lo que será lla
mado largo 15-M y apunta a la aparición de un nuevo legado discursivo: el errejonismo.
ABSTRACT: Few can doubt that the 15-M Movement represents one of the most important
events in Spain’s recent political history. This article, which is written against the backdrop of a
context of political slowdown for transformative politics, analyses the different political legacies
of this movement at a party level, focusing on Podemos, Ahora Madrid, Más Madrid and Más
País. It also examines the possibilities opening up from now on, in the context of the Sánchez
II Government. In order to carry out this analysis the article employs a constructivist
theoretical framework based on the work of the Essex School of discourse analysis and its
best-known representative, Ernesto Laclau. This work defends the idea that the legacy of what
we shall call long 15-M still persists and points to the existence of a new discursive product of
such legacy: Errejonism.
DESTACADOS (HIGHLIGHTS):
• Tras el final del momento populista cristalizan dos alternativas discursivas para Podemos.
1. Introducción
Aunque quienes acamparon en la Puerta del Sol la noche del 15 de mayo de 2011 no
podían sospecharlo, estaban siendo los pioneros de un movimiento social que
resultaría en todo un ciclo no solo de movilizaciones, sino también de transformación
y apertura política a nivel institucional. Aunque sus efectos, como es típico de muchos
movimientos sociales (Della Porta y Diani, 2006), no se hicieron notar
inmediatamente, el 15-M se convertiría en un punto de fuga de ideas, discursos y
estrategias, tanto entre los partidos que aspiran a transformar la sociedad como
aquellos que se vieron obligados a cambiar sus discursos para sortear tales
transformaciones.
Se distinguirá además entre el largo 15-M (que comienza en 2011 y cuyos efectos si
guen operativos), el ciclo transformador (que comienza en 2014 y termina en 2019
con la alianza entre el PSOE y Unidas Podemos) y el momento populista (que comien
za a dibujarse en 2011 y termina definitivamente tras las elecciones de 2016). Se par
te entonces de una matización de la idea que defienden algunos autores y comentaris
tas (Ubasart, 2019; Capilla, 2019; Rodríguez, 2019; Montero, 2019) de que 2019 su
pone un cierre de las posibilidades que se abrieron en 2011, pues se entiende que el
largo 15-M sigue ofreciendo viabilidad política. Por otra parte, el cisma que cristaliza a
partir de Vistalegre II (y que tiene que ver con el ya mencionado final del momento
populista) es tan crucial que requiere una distinción, que se conceptualizará aquí me
diante la distinción entre un Primer Podemos (2014-2016) y un Segundo Podemos
(2016-).
Este artículo tiene como objeto de estudio los diversos discursos y estrategias discur
sivas que, partiendo del umbral que significó el movimiento 15-M, han ido configuran
do las fuerzas transformadoras en el nivel institucional desde el año 2014 hasta la ac
tualidad. Aunque se centra en Podemos (por considerar a dicha formación el origen y
máximo representante de la traducción partidista de las pulsiones del movimiento)
también examina a algunos actores políticos que se desarrollaron en su órbita y, por
supuesto, analiza el clima político español que sirvió de marco histórico en cada mo
mento. El objetivo es entender cómo el 15-M da origen a una serie de discursos trans
formadores a nivel partidista y cómo estos evolucionan y compiten entre sí a través
de una coyuntura altamente voluble.
Para realizar dicho estudio se emplea un enfoque constructivista del discurso, par
tiendo de la base de que la política en las democracias liberales contemporáneas es
fundamentalmente una pugna por el sentido en la que sin duda participan diversos ac
tores políticos, pero en la cual los protagonistas son fundamentalmente los partidos.
Dicho enfoque partirá de los trabajos desarrollados por la Escuela de Essex desde la
década de los ochenta (que se entienden aquí condensados en la noción de Discourse
Theory), adaptándolos al análisis de la evolución de un legado discursivo (el del 15-M)
y sus derivas en una serie de fuerzas políticas que han mutado sus estrategias y sus
proyectos a lo largo de los últimos seis años en un clima político cambiante.
De especial importancia será el trabajo de Ernesto Laclau, cuyas teorías acerca del
discurso como generador de identidades colectivas y sistemas de disputa permite ana
lizar un contexto especialmente cambiante para el cual un marco positivista o un aná
lisis del discurso a nivel meramente pragmático-lingüístico encontrarían serios límites.
Además, su enfoque post-estructuralista, a partir del cual la sociedad nunca puede
‘totalizarse’ (pues en todo orden social se da siempre un exceso de sentido y por ello
posibles puntos de ruptura), es especialmente adecuado para el análisis de momentos
de dislocación política como el que aquí se estudia (Vergalito, 2017: 112-118). Sus
aportaciones teóricas ayudan a entender no solo la construcción de identidades colec
tivas, sino sus posibles derroteros: desde su estabilización y expansión hasta su fraca
so articulatorio y la forma en que pueden ser amenazadas por parte de discursos exó
genos o tensiones internas.
La selección de los estudios de caso (Podemos, Ahora Madrid, Más Madrid, Unidas Po
demos y Más País) implica centrarse en aquellos discursos que tuvieron, directa o indi
rectamente, impacto a nivel nacional, y por lo tanto relegar enfoques alternativos a
nivel local o regional. Este artículo pretende así realizar una aportación al debate en
torno a los legados del 15-M que sea tanto un análisis discursivo en profundidad como
una suerte de aggiornamento, en tanto por razones cronológicas evidentes no existe
aún un examen a fondo en forma de literatura académica del ciclo que comienza hacia
2011 y que hoy parece agotarse. Aunque la literatura en torno a Podemos ha sido
muy prolífica (prueba de ello es la multiplicidad de obras citadas en este artículo) no
contamos aún con un trabajo que explore la evolución de los partidos que emanan del
15-M desde 2014.
liza el impacto del 15-M en la formación y en los dos primeros años de vida del partido
Podemos. En la tercera parte se estudia la articulación de un nuevo legado del 15-M a
nivel local por parte de Manuela Carmena y su partido, Ahora Madrid. Finalmente se
examina el surgimiento y contenido de un nuevo legado discursivo del largo 15-M, el
errejonismo, a partir del análisis de Más País y la situación que nace a raíz de la for
mación del Segundo Gobierno Sánchez a partir de una coalición entre el PSOE y Uni
das Podemos.
Aunque la obra de Ernesto Laclau es conocida principalmente por su análisis del po
pulismo es evidente que tanto sus escritos como la Discourse Theory en general tras
cienden con mucho dicho fenómeno político (Howarth, 2013). De hecho el marco teó
rico que formula la Escuela de Essex desde la década de 1980, lejos de ser una teoría
creada ad hoc para estudiar un determinado hecho social, es toda una caja de herra
mientas metodológica1. Es por ello que en este trabajo se empleará tanto dicha teoría
del populismo (en tanto se entenderá que el 15-M fue un movimiento de naturaleza
populista y que Podemos fue un partido populista hasta 2016) como el análisis del dis
curso desarrollado por la ya mencionada Escuela de Essex, en la medida en que am
bas forman parte del mismo enfoque teórico.
1985: 11) que permitió abandonar la rigidez del marxismo clásico. Laclau y Mouffe
(1985) pasaron la noción de hegemonía por el filtro del post-estructuralismo y la defi
nieron como una forma de construir lo político en la cual una fuerza articulante consti
tuye un discurso capaz de agregar (y con ello transformar) una pluralidad de sujetos y
demandas atomizados2. Hegemonía es entonces “un tipo de relación política; una for
ma, si se quiere, de la política; pero no una localización precisable en el campo de una
topografía de lo social” (Laclau y Mouffe, 1985: 237). Más que un hecho, la hegemo
nía es pues una práctica política discursiva, una mediante la cual se construyen equi
valencias entre demandas haciéndolas partícipes de un mismo proyecto o movimiento,
construcción constantemente amenazada por las diferencias y tensiones entre dichas
demandas (Laclau y Mouffe, 1985: 63). Las formaciones populistas hacen además es
pecial hincapié en la lógica antagónica, por la cual es necesario identificar a un enemi
go que será necesariamente tan indeterminado y abstracto como el sujeto popular
(Laclau, 2004: 128).
Es importante señalar que entre los autores de la Escuela de Essex la noción de ‘dis
curso’ no tiene una dimensión meramente lingüística sino que expresa la relación en
tre dicha dimensión y los objetos y prácticas sociales, lo cual habilita además importar
conceptos de la lingüística y los estudios literarios (Howarth, 2000: 5). En este trabajo
cuando se emplea la palabra ‘discurso’ no se hace referencia a una serie de enuncia
dos ni actos del habla y a sus efectos perlocutorios, sino que por tal entenderemos
construcciones del sentido capaces de generar “sistemas concretos de relaciones so
ciales y prácticas que son intrínsecamente políticas, en tanto su formación es un acto
de institución radical que implica la construcción de antagonismos y el trazo de fronte
ra políticas entre insiders y outsiders” (Howarth, 2000: 9). La impronta de autores
como Jacques Derrida o Michel Foucault es por tanto aquí evidente, y se trata de una
conceptualización apta para el estudio de la praxis política contemporánea pero no ne
cesariamente exportable a otros ámbitos.
puede cerrarse de una vez por todas. Implica también cierta precariedad en su ser,
especialmente en momentos de cambio o disrupción del mapa socio-político (como es,
sin duda, el periodo que recorre este trabajo), cuando se da la posibilidad de reorde
nar las posiciones y los ejes en los que se mueven los sujetos hegemónicos. Esto es lo
que Laclau y Mouffe denominaron (a partir de la adaptación de un concepto grams
ciano) crisis orgánicas, momentos históricos “en los cuales se da un debilitamiento ge
neralizado del sistema relacional que define las identidades dentro de un espacio polí
tico dado y en los cuales, como resultado, hay una proliferación de elementos flotan
tes” (Laclau y Mouffe, 1985: 136), generando por ejemplo (en el caso de una demo
cracia liberal contemporánea) síntomas como una crisis de representatividad, desali
neamientos partidistas y la aparición de nuevos actores.
En tanto que este trabajo tiene como hilo conductor un ciclo en el cual además de
emerger fuerzas transformadoras proliferaron también (como se verá) discursos ―que
aun permaneciendo dentro del impulso que abrió en términos institucionales Podemos
compiten con dicha formación― es necesario mencionar algunos conceptos que ayu
den a entender la competición discursiva inter-partidista dentro de nuestro marco teó
rico. Ernesto Laclau (2004) emplea dos nociones que serán útiles a este respecto. La
primera es la de significante flotante. Se trata de un concepto de inspiración post-es
tructuralista y lacaniana3 que para Laclau remite a aquellos significantes (aquí, tanto
demandas como significantes en tanto símbolos) que, en tanto entran a ser disputa
dos por dos o más proyectos hegemónicos, tienen como característica principal el he
cho de que “su sentido permanece indeciso entre fronteras equivalenciales alternati
vas” (Laclau, 2004: 165). La otra noción, íntimamente ligada a la de significante flo
tante, es la de lucha hegemónica. A partir de Laclau (2004: 242) se puede definir
como la competición que se da entre dos o más fuerzas hegemonizantes por la agre
gación de una misma serie de identidades políticas y de significantes flotantes.
En primer lugar, es evidente que en tanto aquí se realiza un análisis a nivel macro y
se toma como unidad de análisis los partidos políticos serán los discursos que emanen
de estos los que constituyan la fuente de investigación primaria. Por otro lado se parte
de la hipótesis metodológica de que, en tanto estos partidos son actores dentro de
3 El decisivo impacto de algunas de las ideas del pensador francés Jacques Lacan en la obra de Ernesto
Laclau y la Escuela de Essex ha sido estudiado por Yanis Stavrakakis tanto en Lacan y lo político (2007)
como en La izquierda lacaniana. Psicoanálisis, teoría, política (2010).
cuyo seno destacan necesariamente una serie de líderes, el discurso de sus dirigentes
debe ser seleccionado de forma prioritaria. Además, dado que se da la circunstancia
de que las formaciones analizadas han acabado teniendo estructuras personalistas y
verticales (hecho quizás criticable desde cierto punto de vista ético, pero provechoso
para el análisis discursivo por la facilidad selectiva que permite), se considera que el
discurso de los dirigentes puede ser especialmente representativo, lo cual justifica to
marlos como punto de partida. Esto permite un análisis limitado en términos de ex
tensión pero rico en términos de intensión, más aún teniendo en cuenta las posibilida
des que brinda la voluntad de dichos dirigentes de exponer públicamente sus ideas y
debates.
En segundo lugar, e hilando con lo referente a la publicidad de buena parte de los de
bates que se dieron a raíz del 15-M y su traducción a nivel partidista, se sigue que el
analista dispone de una amplia variedad de ‘textos’ disponibles en varios medios y for
matos. Las y los dirigentes de los partidos analizados, quizás en tanto muchos de ellos
venían ya de ambientes académicos o al menos dados al intercambio público de ideas,
han reflexionado abiertamente en debates disponibles en YouTube, en las redes socia
les, en artículos, en múltiples entrevistas en profundidad, en ensayos etc. Así, la men
cionada vertiente intensional puede quedar algo trastocada, y esta indeterminación
solo podrá remediarse con una selección cuidadosa de los actos discursivos que se
consideren pertinentes. Como en tantas otras ocasiones y a falta de un criterio unívo
co y operacionalizable (y dados los límites de espacio y tiempo), esta selección requie
re de la habilidad del analista para identificar los elementos discursivos más trascen
dentes. Partir de una mirada sinóptica y diacrónica del objeto de estudio (en lugar de
optar por una perspectiva bottom-up) es clave para el éxito de dicha identificación,
que se centrará tanto en las intervenciones públicas de los partidos estudiados y sus
líderes como en sus propias reflexiones ‘semi-públicas’ en materia de estrategia y
análisis de la coyuntura.
Finalmente, ¿cómo aplicar el marco teórico previamente descrito al análisis del dis
curso que pretende realizar este artículo? No cabe duda de que tanto la Escuela de
Essex como el propio Laclau han ido configurando una caja de herramientas teórica
que puede emplearse para diversos fines dentro del amplio espectro que cubre el aná
lisis del discurso, y por tanto el encaje entre marco teórico y metodología está lejos de
ser axiomático. En este trabajo se considera que son las aportaciones del ya mencio
nado David Howarth las que deben tomarse como punto de partida a la hora de anali
zar el discurso de los partidos políticos y sus líderes. En su artículo “Applying Discour
se Theory: the Method of Articulation”, escrito clave dentro de las problemáticas me
todológicas de la Discourse Theory, Howarth explica que esta no es una teoría empíri
ca con una serie de afirmaciones falsificables, sino un paradigma de investigación con
Es por ello que en este artículo el análisis y la selección del discurso no pueden lle
varse a cabo del mismo modo que se haría en un trabajo inspirado en los marcos de
pensadores como Theodor van Dijk o Adam Jaworski, como bien señala Howarth, si
bien ambos métodos se solapan en algunos aspectos (2005: 318). En otras palabras,
analizar el discurso de los partidos seleccionados (y de sus líderes) implica aquí tener
en cuenta no solo su discurso a nivel estrictamente pragmático-lingüístico, sino neces
ariamente prestar atención a la forma en que estos han constituido identidades colec
tivas y cómo se han movido dentro de un sistema político concreto que además ha
sido muy voluble desde 2014. Acompañar el análisis discursivo de un seguimiento de
tallado de los acontecimientos y las prácticas políticas que los acompañaron es por
tanto imprescindible. Es este mirar al ‘afuera’, a las prácticas políticas y sociales en su
relación con el discurso, lo que distingue a la Discourse Theory de buena parte de la
hermenéutica (Howarth, 2005: 319-322), pero también de otras formas de análisis
del discurso.
Dichos espacios de quiebra emanaron entonces de una dislocación del mapa social
previa. La crisis económica, aunque no tiene como resultado mecánico ni necesario el
15-M, sí representó una crisis de las expectativas en parte de la sociedad española
que sirvió de des-suturación de lo social. Además, como han mostrado Orriols y Cor
dero (2016) ya desde las elecciones de 2011 se comenzaba a percibir cierta dinámica
4 Bautizada así por Panizza (2006), quien usa el concepto para referirse a los gobiernos progresistas
latinoamericanos que nacen en torno a principios del siglo XXI en reacción al Consenso de Washington.
5 De hecho, Podemos y otras fuerzas de izquierdas populistas contemporáneas probablemente solo
puedan entenderse como respuesta algo tardía al “agotamiento del breve siglo XX, cerrado con el colapso
soviético”, como deja caer el propio Pablo Iglesias (2007: 27).
6 Un comentario análogo en Moreiras (2018: 96), que cita además a este respecto a Anderson (2018:
95).
7 No puede condensarse tal ‘abanderamiento’ en una sola referencia, pero valga como muestra el sentido
obituario que este le dedicó en el diario Público a raíz de su fallecimiento, en Errejón (2014).
Los elementos que había sacado a la superficie el 15-M y que podían servir de mate
ria prima en una articulación hegemónica de tipo populista fueron señalados por el
propio Iñigo Errejón en 2011, tres años antes de la fundación de Podemos. Así, Erre
jón (2011) apunta a ‘democracia’, ‘dignidad’, ‘ciudadanía’, ‘justicia’ (como significantes
flotantes fundamentales), ‘pueblo’ o ‘gente’ (como identificación aglutinadora) y ‘régi
men’ (como designación del antagonista, aunque Podemos se decantaría más adelan
te también por ‘casta’). Ya en el manifiesto pre-fundacional, Mover ficha: convertir la
indignación en cambio político, era clara la voluntad de trazar fronteras entre ‘la ciu
dadanía’ y ‘el régimen’ o ‘la minoría egoísta’ e identificar y construir equivalencias en
tre las demandas en torno a la vivienda y los servicios públicos, así como otras ligadas
a las luchas de la izquierda contemporánea (Público, 2014). En una entrevista previa a
las elecciones europeas de 2014 Iglesias subrayó la división entre “la gente humilde”
y “los partidos” haciendo especial énfasis en el PSOE (Kadner, 2014) y en su discurso
post-electoral recalcó su intención de “convertir la indignación en poder político de
ruptura” contra “el régimen bipartidista del PP y del PSOE” (Torregrosa, 2014).
Es con este enfoque discursivo que Podemos se embarca en lo que Aitor Riveiro
(2017) llamó ‘blitzkrieg política’: una irrupción rápida en la arena política en el contex
to de un ciclo electoral muy denso (con elecciones europeas, autonómicas, municipa
les y generales entre mayo de 2014 y finales de 2015) con lemas que pretendían
transmitir la sensación de construcción de un nuevo horizonte imaginario 8 como
‘¿Cuándo fue la última vez que votaste con ilusión?’, ‘Empieza el cambio’ o ‘Un país
contigo’. El objetivo: no solo sorpassar al PSOE (a imitación de lo ocurrido en Grecia
con Syriza y el PASOK), sino articular un discurso capaz de crear una formación hege
mónica amplia y transversal, arrastrar al resto de fuerzas políticas al marco populista
8 Concepto que para Laclau (1990: 40) remite a las esperanzas de futuro (por supuesto, vagas y
heterogéneas) en torno a las cuales puede aglutinarse un sujeto colectivo.
Por supuesto, la reconstrucción que realiza Podemos a partir del legado del 15-M no
pretende ser exhaustiva. Al contrario: el partido lleva a cabo un proceso de selección
(y por ende de exclusión) a la hora de integrar elementos que provienen de un movi
miento social abierto y plural que difícilmente podría haber sido traducido in totum en
una fuerza política 10. Así, Podemos recorre el largo 15-M de forma asintótica, aproxi
mándose pero sin llegar a solaparse con el legado discursivo del movimiento, en tanto
es una formación autónoma e independiente, esto es, no un partido-movimiento 11 sino
más bien un partido inspirado por un movimiento 12 que trasciende a este último.
Tras unos resultados notables en alianza con una serie de fuerzas regionales tanto en
2015 (69 diputados) como en 2016 (71 diputados, esta vez en agrupación con Iz
quierda Unida bajo la fórmula ‘Unidos Podemos’), ambas disputadas con un discurso
cada vez menos enfático en su dimensión populista y mediante la construcción de una
identidad popular en contraposición a un sistema que se señala como falto de repre
sentatividad, la formación llega a una encrucijada. Pablo Iglesias decreta el final de la
blitzkrieg y advierte la llegada de un momento de sedimentación de las posiciones y
afianzamiento en las instituciones (Carvajal, 2016).
9 Como señala José Fernández-Albertos (2019) tal hito no se produjo, y los bloques izquierda-derecha
(tan arraigados en la cultura política española) se han mantenido estables con respecto al número de
votos desde 2015, con Podemos logrando apoyos principalmente entre los sectores desencantados de la
izquierda. Tampoco a nivel de voto por clase se logró atraer a las rentas bajas (Sánchez Jorge, 2019).
10 Prueba de ello es que del 15-M emanaron varias iniciativas que recogieron elementos a los que
Podemos no dio protagonismo en su ejercicio de traducción política, como el Partido X, EnRed,
Movimiento Anti-Crisis 2012 o el efímero Frente Cívico Somos Mayoría. Podemos fue tan sólo una opción
de traducción institucional entre otras, aunque la más exitosa a nivel nacional.
11 Concepto que a partir de Hutter, Kriesi y Lorenzini (2019) podríamos definir como aquellos partidos
que surgen desde el interior de movimientos sociales concretos y recogen sus demandas sin aspirar a
articularlas en un proyecto que las trascienda (los autores ponen como ejemplo la ola de nuevos partidos
verdes europeos en la década de 1980).
12 En este sentido se acerca más al impacto que según explica Daniela Piccio el movimiento ecologista
tuvo en el PdvA (Partido del Trabajo holandés), si no fuese porque el grado de impacto en el caso de
Podemos fue mucho mayor. Ver: The Impact of Social Movements on Political Parties (Piccio, 2015).
a las elecciones de junio de ese mismo año. Durante los meses previos va quedando
claro que el discurso populista de Iglesias estaba dejando paso a una alineación den
tro del eje izquierda-derecha, marco que, recordemos, había estado en el punto de
mira del Primer Podemos desde sus inicios por inspiración de la frontera política que
se empezó a fraguar a raíz del 15-M.
Así, mientras en 2015 Iglesias señalaba referentes históricos transversales como los
héroes del 2 de mayo de 1808 (La Marea, 2015), un año más tarde realizaba pública
mente un sentido homenaje a Marcos Ana, “un héroe del pueblo, un ejemplar militan
te comunista” (Infolibre, 2016) a la par que normalizaba la importancia de la Segunda
República para él, un referente histórico de alto valor emocional para la izquierda
transformadora española pero posiblemente poco apto para estrategias transversales.
Otro contraste, este más sintomático de un cambio en el tablero político y en el dis
curso de Podemos, nos lo brinda su relación con el PP y el PSOE. Tan solo un año an
tes, recordemos, ambas fuerzas habían sido identificadas como dos caras de la misma
moneda y adversarios del sujeto ‘pueblo’. En 2016 Iglesias, pese a fomentar una si
tuación de confrontación con el PSOE 13, le tendió la mano a Pedro Sánchez para
“echar al PP y acabar con los corruptos” (García de Blas, 2016), idea reiterada por sus
aliados Alberto Garzón y Mónica Oltra (Pascual, 2016). El campo antagonista construi
do en el discurso de 2014 y 2015 quedaba así disuelto al mismo tiempo que la hetero
geneidad del ‘nosotros’ inicial se reducía escorándose simbólicamente (no necesaria
mente en términos programáticos) a la izquierda. Difícilmente este giro podría haber
pasado desapercibido para Errejón y quienes defendían su estrategia discursiva, que
hicieron notar su malestar una vez pasadas las elecciones (Europa Press, 2016).
13 El episodio más dramático de dicha confrontación se dio cuando el 2 de marzo de 2016 Iglesias acusó
a Felipe González de tener “el pasado manchado de cal viva” durante un Pleno del Congreso de los
Diputados (Riveiro, 2016).
Quien se haya representado a Podemos como un partido monolítico que siguió de for
ma unívoca una estrategia populista puede encontrarse aquí frente a una antinomia.
En efecto, si tan crucial fue dicho enfoque, y si tan claramente era Podemos lo que
aquí se ha denominado sin demasiado afán conceptual un ‘partido laclauiano’, ¿cómo
es posible que de un congreso a otro todo cambiase? En realidad, tal y como apunta
José Manuel Rivas Otero (2019), la influencia de Laclau (y del propio Errejón) nunca
fue total, sino que estuvo siempre en competición con otras visiones estratégicas y no
fue necesariamente compartida con demasiado entusiasmo por miembros fundadores
clave como el propio Iglesias, quien ya en 2015 declaró no identificarse especialmente
con el enfoque (Iglesias, 2015).
Tras meses de tensiones internas y cambio de rumbo discursivo Iñigo Errejón decide
en enero de 2019 presentarse a las elecciones autonómicas de la Comunidad de Ma
drid en una candidatura paralela a la de la entonces alcaldesa de la capital, Manuela
Carmena. Ese mismo año decide además fundar su propio partido (Más País) para
concurrir a unas nuevas elecciones generales. Pero antes de entrar a analizar este
nuevo proyecto hegemónico, que denominaremos errejonismo, es necesario explorar
brevemente la formación llevada a cabo por Manuela Carmena de un espacio político
que, siendo parte del largo 15-M, difiere del proyecto del Segundo Podemos y hasta
compite con este.
14 No hay aquí espacio para ahondar en dicha relación, pero Elsa García de Blas (2015) hizo un breve
pero ilustrativo artículo al respecto a raíz del rechazo de Pablo Iglesias de formar una coalición con
Izquierda Unida para las elecciones de diciembre de 2015. La relación con el predecesor de Garzón, Cayo
Lara, fue aún más tensa (Eldiario, 2016).
No tarda en hacerse evidente que la alianza que conforma Ahora Madrid se había for
mado mediante la elipsis de una serie de tensiones que la figura de Manuela Carmena,
actuando como significante vacío15, había permitido cohibir. Es especialmente en di
ciembre de 2017, cuando Ahora Madrid saca adelante unos presupuestos modificados
por las presiones del entonces Ministro de Hacienda Cristóbal Montoro y los concejales
de Izquierda Unida (incluyendo a Sánchez Mato, que sería cesado de la Concejalía de
Economía y Hacienda) así como tres de Ganemos Madrid se ausentaron durante la vo
tación, que se rompe la equivalencia y dichas tensiones afloran. Tras choques internos
en ámbitos como la continuación de macro-operaciones urbanísticas, la remunicipali
zación de algunos servicios y la respuesta a las demandas de la Plataforma de Afecta
dos por la Hipoteca (PAH) era evidente que el frágil bloque hegemónico que se había
presentado a las elecciones en 2015 no existía ya como tal.
¿Qué había ocurrido? El sujeto popular que nació en 2015, fruto de una inscripción
equivalencial que agregó varias y diversas demandas (algunas, fruto del ciclo que
abre el 15-M, otras, demandas clásicas de la izquierda española y madrileña que nun
ca habían encontrado un canal institucional en el que solventarse), se deshizo fruto de
la tensión entre la autonomía y especificidad de algunas de estas (fundamentalmente,
aquellas representadas por Izquierda Unida y su discurso más agonista) y el proyecto
15 Aunque el concepto de significante vacío se utiliza en diversos sentidos en la obra de Jacques Lacan,
para Ernesto Laclau remite a un tipo de significante que renuncia a su particularidad para ‘universalizarse’
poder representar una cadena equivalencial heterogénea y garantizar su estabilidad (Laclau, 2004: 71).
de Manuela Carmena y Ahora Madrid (más dado a recoger el lado más armónico del
15-M y evitar la concreción para garantizar la unidad del sujeto popular). Esta tensión
entre demandas y dirección hegemónica “es inherente al establecimiento de toda
frontera política y, de hecho, de toda construcción del ‘pueblo’ como un agente históri
co” (Laclau, 2004: 163), y aquí fue además síntoma de dos formas discursivas: la iz
quierdista y la populista (que, como este artículo pretende mostrar, llevan en tensión
desde 2014 e incluso podría decirse que desde 2011).
Lo que nace entonces es un nuevo legado del 15-M, esta vez en forma más institu
cionalista que populista (al fin y al cabo, el legado impugnatorio no podía prorrogarse
ad eternum una vez alcanzado el poder), pero sin perder ni su discurso transversal ni
su carácter plebeyo, y dependiente en alto grado de su lideresa, Manuela Carmena,
esta vez sí convertida en significante vacío consistente y agregador de un sustrato
más homogeneizado que el que se articula en 2015. Lo que queda por el camino es no
solo la pérdida de votos a manos de Madrid En Pie (la candidatura liderada por Sán
chez Mato), sino quizás también cierta voluntad transformadora (que en todo caso ha
16 Este tránsito entre ‘totalidades’ bien podría ser, además de la reacción a una crisis interna, un paso
lógico en la sedimentación que supone la victoria de un movimiento populista y su consiguiente entrada
en las instituciones.
17 Contrástese, a nivel de construcción de fronteras, con el discurso populista del Primer Podemos
previamente analizado.
bía nacido muy condicionada dados los límites competenciales del ámbito municipal) y
la potencial conquista de más apoyos (desmovilizados en 2019) en el sur de Madrid 18.
¿Qué es, entonces, este nuevo legado? No se trata de una ideología en el sentido de
un sistema de ideas e ideales políticos, pero tampoco es una mera visión estratégica o
personal (si así fuera el uso del término ‘errejonismo’ no tendría sentido), aunque sí
que ha dado pie a una formación vertical con un liderazgo prominente similar al de
Podemos, quizás tanto por la premisa compartida de la necesidad de un líder-signifi
cante vacío como por la ausencia de arraigo y de cuadros intermedios, que puede ha
ber conducido a un liderazgo hipertrofiado. Estamos más bien ante un discurso que
supone una nueva ramificación del largo 15-M y una estrategia en dialéctica con el
nuevo contexto político nacional. A grandes rasgos podría definirse como un proyecto
hegemónico basado en una recuperación de la transversalidad, un énfasis en la capa
cidad de construir consensos y suturar la polarización política española y un enfoque
nacional-populista.
19 Dos hechos aparentemente baladíes que pueden considerarse síntomas de este nuevo escoramiento
simbólico a la izquierda: el uso por parte de Iglesias y otros altos cargos de Podemos del triangulo rojo,
signo que antes portaban tan solo políticos de tradición comunista como Alberto Garzón (Público, 2020) y
la aceptación de marcos defendidos por los socialistas como la idea de proponer unos “nuevos Pactos de
la Moncloa” (Balado, 2020).
usan agregadores como ‘gente’, ‘el país’ o ‘pueblo español’ y se omite todo izquierdis
mo discursivo), pero no parece tener ningún afuera constitutivo en forma de adver
sario. Esto responde en buena medida a la política de bloques que se empieza a ges
tar en 2018 y al pluripartidismo post-2015, pues si en el contexto del 15-M parecía
apropiado crear un antagonista basado en la equivalencia entre PP y PSOE (fuerzas
que agotaban el lugar del poder desde hacía décadas) ocho años después sería estra
tégicamente problemático señalar a una ‘casta’ o un ‘régimen’ que sitúe en el mismo
lugar discursivo a todo lo que hay entre Unidas Podemos y Vox, no digamos ya en el
contexto de un gobierno PSOE-Unidas Podemos 20.
20 De hecho Más País se presenta inicialmente como “un antídoto contra la abstención” para ponerse “al
servicio de un gobierno progresista” (Marcos y León, 2019), nada más alejado de la lógica populista del
Primer Podemos. Véase también cómo la atracción de la lógica de bloques es tal que en determinado
momento Errejón tiene que señalar como adversario a “las derechas” (Marcos, 2019).
21 Como bien saben también las fuerzas políticas tradicionales a nivel nacional. Sobre este tema ver: CT
o la cultura de la Transición. Crítica a 35 años de cultura española (Martínez, 2016) y La nación singular.
Fantasías de la normalidad democrática española (1996-2011) (Delgado, 2015).
En este discurso cuyos hilos conductores se han desgranado resuenan sin duda algu
nos elementos del Podemos de 2014, pero no es difícil percibir que es cualitativamen
te distinto de este. Esto por un motivo evidente que ya se ha esbozado: opera dentro
de un contexto político muy distinto. Si bien ambos beben del 15-M, el primero recu
peraba de este un discurso impugnatorio y populista y construía un nuevo horizonte
imaginario, mientras que el segundo, inevitablemente atrapado en lógicas institucio
nales y en un mapa de dicotomías ideológicas más que sociales, rescata los elementos
que aún puedan apelar a mayorías, como la transversalidad y la unidad ciudadana. Se
trata de un proyecto hegemónico ambicioso, que interpela a una amplia mayoría de la
población y pretende articular múltiples demandas, planes que contrastan con un mo
mento político de construcción de bloques y pluripartidismo difícilmente asimilable al
contexto de principios de la década de los 2010. Por otra parte, la falta de sedimenta
ción del marco populista dentro de Podemos y su electorado (debido probablemente
no solo a la existencia de visiones alternativas, sino a una falta de tiempo dada la con
tinua aceleración de los acontecimientos) sin duda ayuda a entender las limitaciones
de Más País.
6. Conclusiones
El análisis realizado apunta a la notable elasticidad discursiva del impulso que se inicia
con el 15-M y su consiguiente capacidad para transformarse y adaptarse a diversos
contextos. Se ha reivindicado también que dicho impulso continúa operativo, y que
por tanto la sensación de fin de ciclo como sinónimo de enfriamiento debería ser mati
zada, si bien tal operatividad requiere para su empleo de la capacidad y voluntad de
los actores políticos implicados. Además, tras este estudio queda apuntado un hecho
que puede ser importante para el futuro cercano: la posibilidad de que las diversas ra
mificaciones partidistas del largo 15-M entren en competición entre sí, una pugna que
incluirá necesariamente (ya pudieron percibirse atisbos en las elecciones madrileñas
de 2019) la lucha por la legítima titularidad de la herencia del movimiento.
Iñigo Errejón compara en Guedán (2016: 177) a Podemos con una bicicleta (“si deja
de andar zozobra y se cae”), empleando dicha analogía para expresar el carácter ne
cesariamente dinámico de las fuerzas que nacen al calor del 15-M. Su nuevo proyecto,
de momento de éxito muy limitado, puede brindarle una oportunidad de seguir peda
leando y arrancar de nuevo el tempo político. En todo caso el contexto político en el
que se encuentra España (de cierre del ciclo transformador) invita a las fuerzas anali
zadas a ser poco optimistas, aunque si algo sacan a la luz tanto el marco teórico aquí
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