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Legados del 15-M y el Errejonismo

El artículo analiza los legados políticos del movimiento 15-M en España, centrándose en su impacto en partidos como Podemos y Más País, y discute la evolución de estos discursos en un contexto político cambiante. Utilizando un marco teórico constructivista basado en la Escuela de Essex, se argumenta que el legado del largo 15-M sigue vigente y ha dado lugar al errejonismo como una nueva alternativa discursiva. Se concluye que, a pesar de la percepción de un cierre de oportunidades en 2019, el largo 15-M continúa ofreciendo posibilidades transformadoras a nivel institucional.

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Legados del 15-M y el Errejonismo

El artículo analiza los legados políticos del movimiento 15-M en España, centrándose en su impacto en partidos como Podemos y Más País, y discute la evolución de estos discursos en un contexto político cambiante. Utilizando un marco teórico constructivista basado en la Escuela de Essex, se argumenta que el legado del largo 15-M sigue vigente y ha dado lugar al errejonismo como una nueva alternativa discursiva. Se concluye que, a pesar de la percepción de un cierre de oportunidades en 2019, el largo 15-M continúa ofreciendo posibilidades transformadoras a nivel institucional.

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Los legados institucionales del largo 15-M. El final del momento populista y la
vía errejonista a la transversalidad

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Daniel Rueda Toledano


King's College London
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Los legados institucionales del largo 15-M.
El final del momento populista y la vía
errejonista a la transversalidad

The institutional legacies of the long 15-M. The end of the populist
moment and the Errejonist way to transversality

Daniel RUEDA
King’s College London, Reino Unido
[Link]@[Link]

BIBLID [ISSN 2174-6753, Vol.19: a1906]


Artículo ubicado en: [Link]
Fecha de recepción: 9 de septiembre de 2019 || Fecha de aceptación: 29 de abril de 2020

RESUMEN: El movimiento 15-M es sin duda uno de los eventos más importantes en la histo­
ria política reciente de España. En este artículo, que se enmarca en un momento político de
enfriamiento y ralentización del tempo para las fuerzas transformadoras, se analizan los diver­
sos legados políticos de dicho movimiento a nivel partidista (haciendo énfasis en Podemos,
Ahora Madrid, Más Madrid y Más País), así como las posibilidades que se abren a partir de la
formación del Segundo Gobierno Sánchez. Para realizar dicho análisis se emplea un marco teó­
rico constructivista a partir de la obra de la Escuela de Essex y de su representante más cono­
cido, Ernesto Laclau. Este trabajo defiende la persistencia de la operatividad de lo que será lla­
mado largo 15-M y apunta a la aparición de un nuevo legado discursivo: el errejonismo.

Palabras clave: discurso, hegemonía, 15-M, populismo, transversalidad.

ENCRUCIJADAS. Revista Crítica de Ciencias Sociales || Vol.19, 2020, a1906 1


Daniel RUEDA
Los legados institucionales del largo 15-M

ABSTRACT: Few can doubt that the 15-M Movement represents one of the most important
events in Spain’s recent political history. This article, which is written against the backdrop of a
context of political slowdown for transformative politics, analyses the different political legacies
of this movement at a party level, focusing on Podemos, Ahora Madrid, Más Madrid and Más
País. It also examines the possibilities opening up from now on, in the context of the Sánchez
II Government. In order to carry out this analysis the article employs a constructivist
theoretical framework based on the work of the Essex School of discourse analysis and its
best-known representative, Ernesto Laclau. This work defends the idea that the legacy of what
we shall call long 15-M still persists and points to the existence of a new discursive product of
such legacy: Errejonism.

Keywords: discourse, hegemony, 15-M, populism, transversality.

DESTACADOS (HIGHLIGHTS):

• El largo 15-M es un punto de fuga de posibilidades transformadoras a nivel institucional.

• Es preciso diferenciar entre el largo 15-M, el ciclo transformador y el momento populista.

• Tras el final del momento populista cristalizan dos alternativas discursivas para Podemos.

• El errejonismo puede entenderse como una alternativa post-populista transversal a la


transformación de Podemos.

ENCRUCIJADAS. Revista Crítica de Ciencias Sociales || Vol.19, 2020, a1906 2


Daniel RUEDA
Los legados institucionales del largo 15-M

1. Introducción
Aunque quienes acamparon en la Puerta del Sol la noche del 15 de mayo de 2011 no
podían sospecharlo, estaban siendo los pioneros de un movimiento social que
resultaría en todo un ciclo no solo de movilizaciones, sino también de transformación
y apertura política a nivel institucional. Aunque sus efectos, como es típico de muchos
movimientos sociales (Della Porta y Diani, 2006), no se hicieron notar
inmediatamente, el 15-M se convertiría en un punto de fuga de ideas, discursos y
estrategias, tanto entre los partidos que aspiran a transformar la sociedad como
aquellos que se vieron obligados a cambiar sus discursos para sortear tales
transformaciones.

En este trabajo se parte de la noción de largo 15-M, que se conceptualizará, siguien­


do la obra de Richard Vinen The Long ‘68: Radical protests and its enemies (2018) y
por tanto haciendo una analogía parcial con los derroteros de Mayo del 68, como un
período que se abre en 2011 pero cuyas consecuencias discursivas y políticas en el
contexto español se han sedimentado, dando pie a una serie de legados y posibilida­
des institucionales que se explorarán en este artículo. Es importante adelantar desde
este momento que se considera aquí que el largo 15-M sigue operando (y no hay se ­
ñales de que vaya a dejar de hacerlo al menos a corto plazo), si bien su cristalización
en estrategias y discursos políticos depende de la voluntad y oportunidad de las fuer­
zas que emanaron de él.

Se distinguirá además entre el largo 15-M (que comienza en 2011 y cuyos efectos si­
guen operativos), el ciclo transformador (que comienza en 2014 y termina en 2019
con la alianza entre el PSOE y Unidas Podemos) y el momento populista (que comien­
za a dibujarse en 2011 y termina definitivamente tras las elecciones de 2016). Se par ­
te entonces de una matización de la idea que defienden algunos autores y comentaris­
tas (Ubasart, 2019; Capilla, 2019; Rodríguez, 2019; Montero, 2019) de que 2019 su ­
pone un cierre de las posibilidades que se abrieron en 2011, pues se entiende que el
largo 15-M sigue ofreciendo viabilidad política. Por otra parte, el cisma que cristaliza a
partir de Vistalegre II (y que tiene que ver con el ya mencionado final del momento
populista) es tan crucial que requiere una distinción, que se conceptualizará aquí me­
diante la distinción entre un Primer Podemos (2014-2016) y un Segundo Podemos
(2016-).

Este artículo tiene como objeto de estudio los diversos discursos y estrategias discur­
sivas que, partiendo del umbral que significó el movimiento 15-M, han ido configuran­
do las fuerzas transformadoras en el nivel institucional desde el año 2014 hasta la ac­
tualidad. Aunque se centra en Podemos (por considerar a dicha formación el origen y
máximo representante de la traducción partidista de las pulsiones del movimiento)
también examina a algunos actores políticos que se desarrollaron en su órbita y, por

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Daniel RUEDA
Los legados institucionales del largo 15-M

supuesto, analiza el clima político español que sirvió de marco histórico en cada mo­
mento. El objetivo es entender cómo el 15-M da origen a una serie de discursos trans­
formadores a nivel partidista y cómo estos evolucionan y compiten entre sí a través
de una coyuntura altamente voluble.

Para realizar dicho estudio se emplea un enfoque constructivista del discurso, par­
tiendo de la base de que la política en las democracias liberales contemporáneas es
fundamentalmente una pugna por el sentido en la que sin duda participan diversos ac­
tores políticos, pero en la cual los protagonistas son fundamentalmente los partidos.
Dicho enfoque partirá de los trabajos desarrollados por la Escuela de Essex desde la
década de los ochenta (que se entienden aquí condensados en la noción de Discourse
Theory), adaptándolos al análisis de la evolución de un legado discursivo (el del 15-M)
y sus derivas en una serie de fuerzas políticas que han mutado sus estrategias y sus
proyectos a lo largo de los últimos seis años en un clima político cambiante.

De especial importancia será el trabajo de Ernesto Laclau, cuyas teorías acerca del
discurso como generador de identidades colectivas y sistemas de disputa permite ana­
lizar un contexto especialmente cambiante para el cual un marco positivista o un aná­
lisis del discurso a nivel meramente pragmático-lingüístico encontrarían serios límites.
Además, su enfoque post-estructuralista, a partir del cual la sociedad nunca puede
‘totalizarse’ (pues en todo orden social se da siempre un exceso de sentido y por ello
posibles puntos de ruptura), es especialmente adecuado para el análisis de momentos
de dislocación política como el que aquí se estudia (Vergalito, 2017: 112-118). Sus
aportaciones teóricas ayudan a entender no solo la construcción de identidades colec­
tivas, sino sus posibles derroteros: desde su estabilización y expansión hasta su fraca­
so articulatorio y la forma en que pueden ser amenazadas por parte de discursos exó­
genos o tensiones internas.

La selección de los estudios de caso (Podemos, Ahora Madrid, Más Madrid, Unidas Po­
demos y Más País) implica centrarse en aquellos discursos que tuvieron, directa o indi­
rectamente, impacto a nivel nacional, y por lo tanto relegar enfoques alternativos a
nivel local o regional. Este artículo pretende así realizar una aportación al debate en
torno a los legados del 15-M que sea tanto un análisis discursivo en profundidad como
una suerte de aggiornamento, en tanto por razones cronológicas evidentes no existe
aún un examen a fondo en forma de literatura académica del ciclo que comienza hacia
2011 y que hoy parece agotarse. Aunque la literatura en torno a Podemos ha sido
muy prolífica (prueba de ello es la multiplicidad de obras citadas en este artículo) no
contamos aún con un trabajo que explore la evolución de los partidos que emanan del
15-M desde 2014.

El artículo está estructurado en cuatro partes. Tras esta introducción se describe el


marco teórico y metodológico que se empleará en este trabajo. A continuación se ana­

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Los legados institucionales del largo 15-M

liza el impacto del 15-M en la formación y en los dos primeros años de vida del partido
Podemos. En la tercera parte se estudia la articulación de un nuevo legado del 15-M a
nivel local por parte de Manuela Carmena y su partido, Ahora Madrid. Finalmente se
examina el surgimiento y contenido de un nuevo legado discursivo del largo 15-M, el
errejonismo, a partir del análisis de Más País y la situación que nace a raíz de la for­
mación del Segundo Gobierno Sánchez a partir de una coalición entre el PSOE y Uni ­
das Podemos.

2. Marco teórico y metodología


2.1. La teoría del discurso de la Escuela de Essex
El marco teórico de este trabajo se basa en las premisas epistemológicas desarrolla ­
das por la Escuela de Essex, que cristalizaron en la llamada Discourse Theory. Enca­
bezada e iniciada por Ernesto Laclau y Chantal Mouffe (que publicaron conjuntamente
en 1985 el influyente libro Hegemonía y estrategia socialista) y desarrollada por auto­
res como David Howarth, Aletta Norval y Yannis Stavrakakis (editores del fundamental
Discourse theory and political analysis: Identities, Hegemonies and Social Change, pu­
blicado en el año 2000), la Escuela de Essex desarrolló un tipo de análisis del discurso
altamente influenciado por el giro lingüístico, el post-estructuralismo y la obra de An­
tonio Gramsci.

Aunque la obra de Ernesto Laclau es conocida principalmente por su análisis del po­
pulismo es evidente que tanto sus escritos como la Discourse Theory en general tras­
cienden con mucho dicho fenómeno político (Howarth, 2013). De hecho el marco teó­
rico que formula la Escuela de Essex desde la década de 1980, lejos de ser una teoría
creada ad hoc para estudiar un determinado hecho social, es toda una caja de herra­
mientas metodológica1. Es por ello que en este trabajo se empleará tanto dicha teoría
del populismo (en tanto se entenderá que el 15-M fue un movimiento de naturaleza
populista y que Podemos fue un partido populista hasta 2016) como el análisis del dis ­
curso desarrollado por la ya mencionada Escuela de Essex, en la medida en que am ­
bas forman parte del mismo enfoque teórico.

El concepto fundamental que se empleará en este trabajo es el de hegemonía. ‘Hege­


monía’ es un término sin duda polisémico que ha sido empleado tanto en el lenguaje
político rutinario como en el especializado con diversas connotaciones (Anderson,
2018). Quizás quien le dio su significado más trascendente dentro del marco que esta­
mos empleando fue Antonio Gramsci (Schwarzmantel, 2015), en tanto el italiano abrió
el camino a una “expansión y determinación de la lógica social” (Laclau y Mouffe,
1 Prueba de ello es que dicho marco ha sido empleado para investigaciones tan diversas como el análisis
de la extrema derecha alemana contemporánea (Kim, 2017), el estudio de la grand strategy de la Unión
Europea (Rogers, 2009), el examen de toda una serie de discursos políticos europeos (Howarth y Torfing,
2005) o la investigación de la importancia del afecto en la práctica social (Thompson y Willmott, 2016).

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1985: 11) que permitió abandonar la rigidez del marxismo clásico. Laclau y Mouffe
(1985) pasaron la noción de hegemonía por el filtro del post-estructuralismo y la defi ­
nieron como una forma de construir lo político en la cual una fuerza articulante consti­
tuye un discurso capaz de agregar (y con ello transformar) una pluralidad de sujetos y
demandas atomizados2. Hegemonía es entonces “un tipo de relación política; una for­
ma, si se quiere, de la política; pero no una localización precisable en el campo de una
topografía de lo social” (Laclau y Mouffe, 1985: 237). Más que un hecho, la hegemo­
nía es pues una práctica política discursiva, una mediante la cual se construyen equi ­
valencias entre demandas haciéndolas partícipes de un mismo proyecto o movimiento,
construcción constantemente amenazada por las diferencias y tensiones entre dichas
demandas (Laclau y Mouffe, 1985: 63). Las formaciones populistas hacen además es­
pecial hincapié en la lógica antagónica, por la cual es necesario identificar a un enemi­
go que será necesariamente tan indeterminado y abstracto como el sujeto popular
(Laclau, 2004: 128).

Es importante señalar que entre los autores de la Escuela de Essex la noción de ‘dis­
curso’ no tiene una dimensión meramente lingüística sino que expresa la relación en ­
tre dicha dimensión y los objetos y prácticas sociales, lo cual habilita además importar
conceptos de la lingüística y los estudios literarios (Howarth, 2000: 5). En este trabajo
cuando se emplea la palabra ‘discurso’ no se hace referencia a una serie de enuncia­
dos ni actos del habla y a sus efectos perlocutorios, sino que por tal entenderemos
construcciones del sentido capaces de generar “sistemas concretos de relaciones so ­
ciales y prácticas que son intrínsecamente políticas, en tanto su formación es un acto
de institución radical que implica la construcción de antagonismos y el trazo de fronte­
ra políticas entre insiders y outsiders” (Howarth, 2000: 9). La impronta de autores
como Jacques Derrida o Michel Foucault es por tanto aquí evidente, y se trata de una
conceptualización apta para el estudio de la praxis política contemporánea pero no ne­
cesariamente exportable a otros ámbitos.

Inseparable del concepto de hegemonía es la idea de articulación, definida como


“toda práctica que establece una relación tal entre elementos, que la identidad de és­
tos resulta modificada como resultado de esa práctica” (Laclau y Mouffe, 1985: 176).
Tanto la idea de hegemonía como la de articulación presuponen un aspecto de lo so­
cial fundamental: su carácter construido y abierto. Esto implica que la identidad de los
sujetos políticos, pero también sus demandas y el espacio social en el que existen, no
2 Para una crítica pertinente de hasta qué punto esta teoría puede pecar de abstracta ver el artículo de
José Luis Villacañas Laclau y Weber. Dos ontologías del populismo disponible en Villacañas (2018: 31-
67). Para Villacañas el enfoque de Laclau presentaría a “sujetos sin lastres históricos” y estaría
demasiado desconectada de realidades concretas, obviando que desde un punto de vista psicoanalítico
las tradiciones y los afectos de una sociedad dada están enraizados y persisten en el tiempo, afectando a
sus sujetos constituyentes. Este defecto teórico estaría ligado a la forma en que la filosofía de la
deconstrucción (tan importante para Laclau) acabaría por perpetrar el universalismo de la Ilustración,
tomando como punto de partida a sujetos abstraídos de su realidad social.

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puede cerrarse de una vez por todas. Implica también cierta precariedad en su ser,
especialmente en momentos de cambio o disrupción del mapa socio-político (como es,
sin duda, el periodo que recorre este trabajo), cuando se da la posibilidad de reorde ­
nar las posiciones y los ejes en los que se mueven los sujetos hegemónicos. Esto es lo
que Laclau y Mouffe denominaron (a partir de la adaptación de un concepto grams­
ciano) crisis orgánicas, momentos históricos “en los cuales se da un debilitamiento ge­
neralizado del sistema relacional que define las identidades dentro de un espacio polí­
tico dado y en los cuales, como resultado, hay una proliferación de elementos flotan­
tes” (Laclau y Mouffe, 1985: 136), generando por ejemplo (en el caso de una demo­
cracia liberal contemporánea) síntomas como una crisis de representatividad, desali­
neamientos partidistas y la aparición de nuevos actores.

En tanto que este trabajo tiene como hilo conductor un ciclo en el cual además de
emerger fuerzas transformadoras proliferaron también (como se verá) discursos ―que
aun permaneciendo dentro del impulso que abrió en términos institucionales Podemos
compiten con dicha formación― es necesario mencionar algunos conceptos que ayu­
den a entender la competición discursiva inter-partidista dentro de nuestro marco teó­
rico. Ernesto Laclau (2004) emplea dos nociones que serán útiles a este respecto. La
primera es la de significante flotante. Se trata de un concepto de inspiración post-es­
tructuralista y lacaniana3 que para Laclau remite a aquellos significantes (aquí, tanto
demandas como significantes en tanto símbolos) que, en tanto entran a ser disputa ­
dos por dos o más proyectos hegemónicos, tienen como característica principal el he­
cho de que “su sentido permanece indeciso entre fronteras equivalenciales alternati­
vas” (Laclau, 2004: 165). La otra noción, íntimamente ligada a la de significante flo­
tante, es la de lucha hegemónica. A partir de Laclau (2004: 242) se puede definir
como la competición que se da entre dos o más fuerzas hegemonizantes por la agre­
gación de una misma serie de identidades políticas y de significantes flotantes.

2.2. Analizando la traducción partidista del largo 15-M


A partir de este marco teórico se analizan una serie de discursos de manera a enten­
der la dialéctica entre los diversos legados institucionales de lo que se ha denominado
largo 15-M. La pregunta evidente es: ¿qué discursos seleccionar? Y por otra parte,
¿cómo analizarlos?

En primer lugar, es evidente que en tanto aquí se realiza un análisis a nivel macro y
se toma como unidad de análisis los partidos políticos serán los discursos que emanen
de estos los que constituyan la fuente de investigación primaria. Por otro lado se parte
de la hipótesis metodológica de que, en tanto estos partidos son actores dentro de

3 El decisivo impacto de algunas de las ideas del pensador francés Jacques Lacan en la obra de Ernesto
Laclau y la Escuela de Essex ha sido estudiado por Yanis Stavrakakis tanto en Lacan y lo político (2007)
como en La izquierda lacaniana. Psicoanálisis, teoría, política (2010).

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Los legados institucionales del largo 15-M

cuyo seno destacan necesariamente una serie de líderes, el discurso de sus dirigentes
debe ser seleccionado de forma prioritaria. Además, dado que se da la circunstancia
de que las formaciones analizadas han acabado teniendo estructuras personalistas y
verticales (hecho quizás criticable desde cierto punto de vista ético, pero provechoso
para el análisis discursivo por la facilidad selectiva que permite), se considera que el
discurso de los dirigentes puede ser especialmente representativo, lo cual justifica to­
marlos como punto de partida. Esto permite un análisis limitado en términos de ex­
tensión pero rico en términos de intensión, más aún teniendo en cuenta las posibilida­
des que brinda la voluntad de dichos dirigentes de exponer públicamente sus ideas y
debates.

En segundo lugar, e hilando con lo referente a la publicidad de buena parte de los de­
bates que se dieron a raíz del 15-M y su traducción a nivel partidista, se sigue que el
analista dispone de una amplia variedad de ‘textos’ disponibles en varios medios y for­
matos. Las y los dirigentes de los partidos analizados, quizás en tanto muchos de ellos
venían ya de ambientes académicos o al menos dados al intercambio público de ideas,
han reflexionado abiertamente en debates disponibles en YouTube, en las redes socia­
les, en artículos, en múltiples entrevistas en profundidad, en ensayos etc. Así, la men­
cionada vertiente intensional puede quedar algo trastocada, y esta indeterminación
solo podrá remediarse con una selección cuidadosa de los actos discursivos que se
consideren pertinentes. Como en tantas otras ocasiones y a falta de un criterio unívo­
co y operacionalizable (y dados los límites de espacio y tiempo), esta selección requie­
re de la habilidad del analista para identificar los elementos discursivos más trascen­
dentes. Partir de una mirada sinóptica y diacrónica del objeto de estudio (en lugar de
optar por una perspectiva bottom-up) es clave para el éxito de dicha identificación,
que se centrará tanto en las intervenciones públicas de los partidos estudiados y sus
líderes como en sus propias reflexiones ‘semi-públicas’ en materia de estrategia y
análisis de la coyuntura.

Finalmente, ¿cómo aplicar el marco teórico previamente descrito al análisis del dis­
curso que pretende realizar este artículo? No cabe duda de que tanto la Escuela de
Essex como el propio Laclau han ido configurando una caja de herramientas teórica
que puede emplearse para diversos fines dentro del amplio espectro que cubre el aná­
lisis del discurso, y por tanto el encaje entre marco teórico y metodología está lejos de
ser axiomático. En este trabajo se considera que son las aportaciones del ya mencio­
nado David Howarth las que deben tomarse como punto de partida a la hora de anali­
zar el discurso de los partidos políticos y sus líderes. En su artículo “Applying Discour­
se Theory: the Method of Articulation”, escrito clave dentro de las problemáticas me­
todológicas de la Discourse Theory, Howarth explica que esta no es una teoría empíri­
ca con una serie de afirmaciones falsificables, sino un paradigma de investigación con

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Los legados institucionales del largo 15-M

axiomas y asunciones ontológicas. Estas serían fundamentalmente las ya menciona­


das: todos los objetos y prácticas significan y todos los significados sociales son con­
textuales, relacionales y contingentes, y por otro lado estos sistemas de significación
dependen de exteriores discursivos que los constituyen, aunque lo hagan de forma
siempre precaria (Howarth, 2005: 317). Tales ‘sistemas de significación’ son, como ya
sabemos, conceptualizados de forma estipulativa como ‘discursos’, siguiendo en buena
medida la estela del post-estructuralismo.

Es por ello que en este artículo el análisis y la selección del discurso no pueden lle ­
varse a cabo del mismo modo que se haría en un trabajo inspirado en los marcos de
pensadores como Theodor van Dijk o Adam Jaworski, como bien señala Howarth, si
bien ambos métodos se solapan en algunos aspectos (2005: 318). En otras palabras,
analizar el discurso de los partidos seleccionados (y de sus líderes) implica aquí tener
en cuenta no solo su discurso a nivel estrictamente pragmático-lingüístico, sino neces­
ariamente prestar atención a la forma en que estos han constituido identidades colec ­
tivas y cómo se han movido dentro de un sistema político concreto que además ha
sido muy voluble desde 2014. Acompañar el análisis discursivo de un seguimiento de­
tallado de los acontecimientos y las prácticas políticas que los acompañaron es por
tanto imprescindible. Es este mirar al ‘afuera’, a las prácticas políticas y sociales en su
relación con el discurso, lo que distingue a la Discourse Theory de buena parte de la
hermenéutica (Howarth, 2005: 319-322), pero también de otras formas de análisis
del discurso.

3. Podemos y el 15-M: de herramienta de traducción al final del


momento populista
Podemos nace en 2014 a partir de una hipótesis fundamental: el 15-M es producto de
una crisis orgánica (término ya definido que los cuadros de Podemos tradujeron como
“crisis de régimen”) y semillero de una serie de elementos discursivos cuya prolifera­
ción es síntoma de la apertura de un momento populista en España. El 15-M fue “una
suerte de expansión horizontal del descontento” (Errejón y Mouffe, 2015: 62) que
abrió la vía a una nueva forma de hacer política transformadora. Podemos, al igual
que el movimiento en que se inspira, tuvo desde el principio vocación metapolítica: no
pretendía solo desarrollar una serie de planteamientos y propuestas sino transformar
la arena política y cuestionar sus principios estructurantes. Para Pablo Iglesias, tal ob­
jetivo requería de un liderazgo mediático fuerte capaz de convertir la indignación en
herramienta partidista y tornarse en significante vacío para una multitud de demandas
(Juliá, 2015). Fruto de esto último fue un tipo de liderazgo poco frecuente en el pano ­
rama español que recuerda al que pueda encontrarse en sistemas semipresidencialis­
tas o presidencialistas como el francés o el venezolano.

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Los legados institucionales del largo 15-M

Quienes impulsaron el partido pertenecen a una generación de activistas (la mayoría


nacidos en los primeros años de democracia) cuyas trayectorias militantes habían es­
tado ligadas al ciclo de protestas 1996-2004, el movimiento anti-globalización y la ins­
piración de la llamada marea rosa en América Latina 4 más que a la tradición comunis­
ta5 del pasado siglo (Ubasart-González y Martí i Puig, 2019). A nivel teórico, la influen­
cia de algunas de las categorías formuladas por Ernesto Laclau, cuyo enfoque hace
aquí de marco teórico y para el Primer Podemos fue un importante ‘marco estratégico’,
fue tal que uno está tentado de referirse a este como ‘partido laclauiano’ 6. Como se
explicará más adelante, el fundador de Podemos que abanderó este enfoque estratégi­
co fue Iñigo Errejón7, aunque otros dirigentes aceptaron parte de dicho enfoque al
menos en un primer momento.

Para los creadores de Podemos, la solución al impasse de que la fuerza movilizadora


del movimiento 15-M no se tradujese en resultados electorales prometedores era re­
chazar el tradicional eje izquierda-derecha (que, se entendía, favorecía a los socialis­
tas) y adoptar un eje de tipo vertical abajo-arriba. Dicho eje se tradujo en la configu­
ración de una oposición entre ‘los de arriba y los de abajo’, ‘la gente y la casta’ o ‘el
pueblo y el poder’, entre otros, para extrañamiento de ciertos sectores de la izquierda
española. El objetivo era impulsar una fuerza capaz de articular toda una serie de de­
mandas derivadas de la crisis de 2008 y aprovechar la sensación de falta de represen­
tación política que recorría el 15-M para intentar crear una nueva formación hegemó ­
nica. Tal y como comenta Carolina Bescansa:
Sabíamos que el espacio discursivo global se había roto. En la segunda ola de la crisis finan­
ciera, el empobrecimiento tan grave de las clases medias y las clases trabajadoras hizo que a
finales de 2012 y principios del 2013 la crisis de legitimidad atravesase prácticamente a to­
das las estructuras sociales y a todas las posiciones de clase. Así que ese año nos juntamos
un equipo de gente que ya nos conocíamos, fundamentalmente del ámbito académico, y con­
seguimos identificar estos espacios de quiebra (Guedán, 2016: 45).

Dichos espacios de quiebra emanaron entonces de una dislocación del mapa social
previa. La crisis económica, aunque no tiene como resultado mecánico ni necesario el
15-M, sí representó una crisis de las expectativas en parte de la sociedad española
que sirvió de des-suturación de lo social. Además, como han mostrado Orriols y Cor­
dero (2016) ya desde las elecciones de 2011 se comenzaba a percibir cierta dinámica

4 Bautizada así por Panizza (2006), quien usa el concepto para referirse a los gobiernos progresistas
latinoamericanos que nacen en torno a principios del siglo XXI en reacción al Consenso de Washington.
5 De hecho, Podemos y otras fuerzas de izquierdas populistas contemporáneas probablemente solo
puedan entenderse como respuesta algo tardía al “agotamiento del breve siglo XX, cerrado con el colapso
soviético”, como deja caer el propio Pablo Iglesias (2007: 27).
6 Un comentario análogo en Moreiras (2018: 96), que cita además a este respecto a Anderson (2018:
95).
7 No puede condensarse tal ‘abanderamiento’ en una sola referencia, pero valga como muestra el sentido
obituario que este le dedicó en el diario Público a raíz de su fallecimiento, en Errejón (2014).

ENCRUCIJADAS. Revista Crítica de Ciencias Sociales || Vol.19, 2020, a1906 10


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de desalineamiento y desencanto entre votantes del PP y del PSOE, que aprovecharía


más adelante también Ciudadanos. Debemos añadir por otra parte, tal y como señala
Donatella della Porta en Masullo y Portos (2015: 7), “la percepción de una traición a
una línea política con largo recorrido” con respecto a la izquierda institucional y su
gestión de la crisis capaz de disparar la volatilidad electoral. Con estos ingredientes (a
los cuales debemos sumar las espectaculares movilizaciones del 15-M) la sensación de
ruptura era tal que los creadores de Podemos apostaron por una proclama difícilmente
igualable en su ambición, ‘asaltar los cielos’ (Riveiro, 2014), sin duda derivada no solo
de la sensación de excepcionalidad que atravesaba el país sino también de un marco
estratégico que gracias al poder que otorga a la retórica puede llevar a posturas vo­
luntaristas.

Los elementos que había sacado a la superficie el 15-M y que podían servir de mate­
ria prima en una articulación hegemónica de tipo populista fueron señalados por el
propio Iñigo Errejón en 2011, tres años antes de la fundación de Podemos. Así, Erre­
jón (2011) apunta a ‘democracia’, ‘dignidad’, ‘ciudadanía’, ‘justicia’ (como significantes
flotantes fundamentales), ‘pueblo’ o ‘gente’ (como identificación aglutinadora) y ‘régi­
men’ (como designación del antagonista, aunque Podemos se decantaría más adelan­
te también por ‘casta’). Ya en el manifiesto pre-fundacional, Mover ficha: convertir la
indignación en cambio político, era clara la voluntad de trazar fronteras entre ‘la ciu­
dadanía’ y ‘el régimen’ o ‘la minoría egoísta’ e identificar y construir equivalencias en­
tre las demandas en torno a la vivienda y los servicios públicos, así como otras ligadas
a las luchas de la izquierda contemporánea (Público, 2014). En una entrevista previa a
las elecciones europeas de 2014 Iglesias subrayó la división entre “la gente humilde”
y “los partidos” haciendo especial énfasis en el PSOE (Kadner, 2014) y en su discurso
post-electoral recalcó su intención de “convertir la indignación en poder político de
ruptura” contra “el régimen bipartidista del PP y del PSOE” (Torregrosa, 2014).

Es con este enfoque discursivo que Podemos se embarca en lo que Aitor Riveiro
(2017) llamó ‘blitzkrieg política’: una irrupción rápida en la arena política en el contex­
to de un ciclo electoral muy denso (con elecciones europeas, autonómicas, municipa­
les y generales entre mayo de 2014 y finales de 2015) con lemas que pretendían
transmitir la sensación de construcción de un nuevo horizonte imaginario 8 como
‘¿Cuándo fue la última vez que votaste con ilusión?’, ‘Empieza el cambio’ o ‘Un país
contigo’. El objetivo: no solo sorpassar al PSOE (a imitación de lo ocurrido en Grecia
con Syriza y el PASOK), sino articular un discurso capaz de crear una formación hege­
mónica amplia y transversal, arrastrar al resto de fuerzas políticas al marco populista

8 Concepto que para Laclau (1990: 40) remite a las esperanzas de futuro (por supuesto, vagas y
heterogéneas) en torno a las cuales puede aglutinarse un sujeto colectivo.

ENCRUCIJADAS. Revista Crítica de Ciencias Sociales || Vol.19, 2020, a1906 11


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y activar el voto de sectores subalternos poco dados a la movilización electoral, como


había ocurrido en algunos países de América Latina9.

Por supuesto, la reconstrucción que realiza Podemos a partir del legado del 15-M no
pretende ser exhaustiva. Al contrario: el partido lleva a cabo un proceso de selección
(y por ende de exclusión) a la hora de integrar elementos que provienen de un movi ­
miento social abierto y plural que difícilmente podría haber sido traducido in totum en
una fuerza política 10. Así, Podemos recorre el largo 15-M de forma asintótica, aproxi­
mándose pero sin llegar a solaparse con el legado discursivo del movimiento, en tanto
es una formación autónoma e independiente, esto es, no un partido-movimiento 11 sino
más bien un partido inspirado por un movimiento 12 que trasciende a este último.

Tras unos resultados notables en alianza con una serie de fuerzas regionales tanto en
2015 (69 diputados) como en 2016 (71 diputados, esta vez en agrupación con Iz ­
quierda Unida bajo la fórmula ‘Unidos Podemos’), ambas disputadas con un discurso
cada vez menos enfático en su dimensión populista y mediante la construcción de una
identidad popular en contraposición a un sistema que se señala como falto de repre­
sentatividad, la formación llega a una encrucijada. Pablo Iglesias decreta el final de la
blitzkrieg y advierte la llegada de un momento de sedimentación de las posiciones y
afianzamiento en las instituciones (Carvajal, 2016).

Aunque los cuadros y dirigentes de Podemos no lo enuncian públicamente así, parece


evidente que 2016 significa para muchos de ellos el final del momento populista. A
partir de este giro de los acontecimientos políticos (con un PSOE que conseguía resis­
tir la embestida populista y un proceso soberanista en marcha en Cataluña que ame­
nazaba con eclipsar la agenda política propuesta por Podemos) se empieza a fraguar
un cisma en el seno del partido. Aunque suela señalarse el segundo congreso del par­
tido (Vistalegre II) como el momento de la fractura, lo cierto es que esta cristaliza ya
a raíz de la alianza entre Podemos e Izquierda Unida en mayo de 2016 para concurrir

9 Como señala José Fernández-Albertos (2019) tal hito no se produjo, y los bloques izquierda-derecha
(tan arraigados en la cultura política española) se han mantenido estables con respecto al número de
votos desde 2015, con Podemos logrando apoyos principalmente entre los sectores desencantados de la
izquierda. Tampoco a nivel de voto por clase se logró atraer a las rentas bajas (Sánchez Jorge, 2019).
10 Prueba de ello es que del 15-M emanaron varias iniciativas que recogieron elementos a los que
Podemos no dio protagonismo en su ejercicio de traducción política, como el Partido X, EnRed,
Movimiento Anti-Crisis 2012 o el efímero Frente Cívico Somos Mayoría. Podemos fue tan sólo una opción
de traducción institucional entre otras, aunque la más exitosa a nivel nacional.
11 Concepto que a partir de Hutter, Kriesi y Lorenzini (2019) podríamos definir como aquellos partidos
que surgen desde el interior de movimientos sociales concretos y recogen sus demandas sin aspirar a
articularlas en un proyecto que las trascienda (los autores ponen como ejemplo la ola de nuevos partidos
verdes europeos en la década de 1980).
12 En este sentido se acerca más al impacto que según explica Daniela Piccio el movimiento ecologista
tuvo en el PdvA (Partido del Trabajo holandés), si no fuese porque el grado de impacto en el caso de
Podemos fue mucho mayor. Ver: The Impact of Social Movements on Political Parties (Piccio, 2015).

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a las elecciones de junio de ese mismo año. Durante los meses previos va quedando
claro que el discurso populista de Iglesias estaba dejando paso a una alineación den­
tro del eje izquierda-derecha, marco que, recordemos, había estado en el punto de
mira del Primer Podemos desde sus inicios por inspiración de la frontera política que
se empezó a fraguar a raíz del 15-M.

Así, mientras en 2015 Iglesias señalaba referentes históricos transversales como los
héroes del 2 de mayo de 1808 (La Marea, 2015), un año más tarde realizaba pública ­
mente un sentido homenaje a Marcos Ana, “un héroe del pueblo, un ejemplar militan­
te comunista” (Infolibre, 2016) a la par que normalizaba la importancia de la Segunda
República para él, un referente histórico de alto valor emocional para la izquierda
transformadora española pero posiblemente poco apto para estrategias transversales.
Otro contraste, este más sintomático de un cambio en el tablero político y en el dis­
curso de Podemos, nos lo brinda su relación con el PP y el PSOE. Tan solo un año an ­
tes, recordemos, ambas fuerzas habían sido identificadas como dos caras de la misma
moneda y adversarios del sujeto ‘pueblo’. En 2016 Iglesias, pese a fomentar una si­
tuación de confrontación con el PSOE 13, le tendió la mano a Pedro Sánchez para
“echar al PP y acabar con los corruptos” (García de Blas, 2016), idea reiterada por sus
aliados Alberto Garzón y Mónica Oltra (Pascual, 2016). El campo antagonista construi­
do en el discurso de 2014 y 2015 quedaba así disuelto al mismo tiempo que la hetero­
geneidad del ‘nosotros’ inicial se reducía escorándose simbólicamente (no necesaria­
mente en términos programáticos) a la izquierda. Difícilmente este giro podría haber
pasado desapercibido para Errejón y quienes defendían su estrategia discursiva, que
hicieron notar su malestar una vez pasadas las elecciones (Europa Press, 2016).

Pero no es un dilema entre populismo e izquierdismo lo que se planteará unos meses


más adelante. Lo que se disputa en Vistalegre II, celebrado en febrero de 2017, es en
realidad la resolución entre dos alternativas post-populistas: cierto retorno pragmático
al eje izquierda-derecha sin renunciar a la voluntad de formar mayorías y la continua­
ción de la transversalidad vía un populismo adaptado a los tiempos. Es fundamental
apuntar que la primera opción, pese a implicar un distanciamiento frente al marco po­
pulista y las aspiraciones iniciales, no significó ni significa renunciar a la herencia del
Primer Podemos, sino más bien una suerte de síntesis entre esta y la asunción de que
en 2016 se abre un nuevo escenario en el cual es necesario operar dentro de las insti­
tuciones y del eje izquierda-derecha. Es también importante señalar que la segunda,
la vía errejonista, no es un retorno a un idílico 2014 sino un intento de adaptar algu ­
nos elementos del marco populista (que se desglosarán más adelante) a un momento
político distinto. Y es que ambas, se considera aquí, solo pueden ser entendidas como

13 El episodio más dramático de dicha confrontación se dio cuando el 2 de marzo de 2016 Iglesias acusó
a Felipe González de tener “el pasado manchado de cal viva” durante un Pleno del Congreso de los
Diputados (Riveiro, 2016).

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salidas post-populistas, contaminadas por su pasado y atravesadas (pese a todos los


cambios discursivos) por el largo 15-M.

El giro a la izquierda (insistamos: discursivo, que no programático) lo representó la


opción ganadora (Podemos Para Todas, 50,78%) encabezada por Pablo Iglesias. La
segunda, no por casualidad llamada Recuperar La Ilusión (una referencia poco velada
a recuperar el impulso aglutinador y ‘verticalista’ del 15-M, que por tanto se considera
se está perdiendo), liderada por Iñigo Errejón, consiguió el 33,68% de los votos. Pese
a que tanto algunos medios generalistas como parte de la izquierda española repre­
sentara el cisma Errejón-Iglesias como un choque de intereses o de egos, en Vistale ­
gre II se jugaba, como se ha señalado, la respuesta al agotamiento del momento po­
pulista en España. El partido que emergió de Vistalegre II era ya cualitativamente dis­
tinto del que nació en 2014. Valga como síntoma del cambio de rumbo respecto al Pri ­
mer Podemos la definitiva integración de Izquierda Unida y de su líder, Alberto Gar­
zón, cuya formación había atravesado momentos problemáticos 14.

Quien se haya representado a Podemos como un partido monolítico que siguió de for­
ma unívoca una estrategia populista puede encontrarse aquí frente a una antinomia.
En efecto, si tan crucial fue dicho enfoque, y si tan claramente era Podemos lo que
aquí se ha denominado sin demasiado afán conceptual un ‘partido laclauiano’, ¿cómo
es posible que de un congreso a otro todo cambiase? En realidad, tal y como apunta
José Manuel Rivas Otero (2019), la influencia de Laclau (y del propio Errejón) nunca
fue total, sino que estuvo siempre en competición con otras visiones estratégicas y no
fue necesariamente compartida con demasiado entusiasmo por miembros fundadores
clave como el propio Iglesias, quien ya en 2015 declaró no identificarse especialmente
con el enfoque (Iglesias, 2015).

Tras meses de tensiones internas y cambio de rumbo discursivo Iñigo Errejón decide
en enero de 2019 presentarse a las elecciones autonómicas de la Comunidad de Ma­
drid en una candidatura paralela a la de la entonces alcaldesa de la capital, Manuela
Carmena. Ese mismo año decide además fundar su propio partido (Más País) para
concurrir a unas nuevas elecciones generales. Pero antes de entrar a analizar este
nuevo proyecto hegemónico, que denominaremos errejonismo, es necesario explorar
brevemente la formación llevada a cabo por Manuela Carmena de un espacio político
que, siendo parte del largo 15-M, difiere del proyecto del Segundo Podemos y hasta
compite con este.

14 No hay aquí espacio para ahondar en dicha relación, pero Elsa García de Blas (2015) hizo un breve
pero ilustrativo artículo al respecto a raíz del rechazo de Pablo Iglesias de formar una coalición con
Izquierda Unida para las elecciones de diciembre de 2015. La relación con el predecesor de Garzón, Cayo
Lara, fue aún más tensa (Eldiario, 2016).

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4. Manuela Carmena y la reconfiguración del espacio hegemónico post-


15M en Madrid
La histórica llegada de Manuela Carmena al Ayuntamiento de Madrid en junio de
2015, tras catorce años de gobierno del Partido Popular, ha sido enmarcada por varios
autores y comentaristas como parte del ciclo que inaugura el 15-M (Cava, 2015; Ló­
pez Morales, 2015; Mora, 2015; Barea, 2019). Carmena llega al poder aupada por
una constelación de fuerzas (unidas bajo la etiqueta Ahora Madrid) fruto de un acuer ­
do entre Ganemos Madrid, Podemos, IU Madrid y Equo, y apoyada por el PSOE madri­
leño tras las elecciones. La victoria se da especialmente en el sur de la ciudad, coinci­
diendo a grandes rasgos con las zonas más desaventajadas en términos económicos
(Graso, López y Muñoz, 2015). El discurso del partido y de su lideresa (que debe en­
tenderse desde su contexto municipalista) recoge el testigo del 15-M y se presenta
como disolución de la separación entre ciudadano y representante: “Queremos gober­
nar escuchando, que nos llamen por nuestro nombre de pila, que nos tuteen, que se­
pan que somos sus servidores” (García Gallo, 2015). Por otro lado, es un discurso que
trata de limar agonismos y es poco dado al trazo de fronteras (e incluso a aceptar la
forma partidista) y que tiende a defender una gestión que suele presentarse desde ca­
tegorías universalizantes como los Derechos Humanos (Cruz, 2015).

No tarda en hacerse evidente que la alianza que conforma Ahora Madrid se había for­
mado mediante la elipsis de una serie de tensiones que la figura de Manuela Carmena,
actuando como significante vacío15, había permitido cohibir. Es especialmente en di­
ciembre de 2017, cuando Ahora Madrid saca adelante unos presupuestos modificados
por las presiones del entonces Ministro de Hacienda Cristóbal Montoro y los concejales
de Izquierda Unida (incluyendo a Sánchez Mato, que sería cesado de la Concejalía de
Economía y Hacienda) así como tres de Ganemos Madrid se ausentaron durante la vo­
tación, que se rompe la equivalencia y dichas tensiones afloran. Tras choques internos
en ámbitos como la continuación de macro-operaciones urbanísticas, la remunicipali­
zación de algunos servicios y la respuesta a las demandas de la Plataforma de Afecta­
dos por la Hipoteca (PAH) era evidente que el frágil bloque hegemónico que se había
presentado a las elecciones en 2015 no existía ya como tal.

¿Qué había ocurrido? El sujeto popular que nació en 2015, fruto de una inscripción
equivalencial que agregó varias y diversas demandas (algunas, fruto del ciclo que
abre el 15-M, otras, demandas clásicas de la izquierda española y madrileña que nun­
ca habían encontrado un canal institucional en el que solventarse), se deshizo fruto de
la tensión entre la autonomía y especificidad de algunas de estas (fundamentalmente,
aquellas representadas por Izquierda Unida y su discurso más agonista) y el proyecto
15 Aunque el concepto de significante vacío se utiliza en diversos sentidos en la obra de Jacques Lacan,
para Ernesto Laclau remite a un tipo de significante que renuncia a su particularidad para ‘universalizarse’
poder representar una cadena equivalencial heterogénea y garantizar su estabilidad (Laclau, 2004: 71).

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de Manuela Carmena y Ahora Madrid (más dado a recoger el lado más armónico del
15-M y evitar la concreción para garantizar la unidad del sujeto popular). Esta tensión
entre demandas y dirección hegemónica “es inherente al establecimiento de toda
frontera política y, de hecho, de toda construcción del ‘pueblo’ como un agente históri­
co” (Laclau, 2004: 163), y aquí fue además síntoma de dos formas discursivas: la iz­
quierdista y la populista (que, como este artículo pretende mostrar, llevan en tensión
desde 2014 e incluso podría decirse que desde 2011).

La consecuencia de esta fractura no fue el final de Ahora Madrid ni mucho menos la


defunción política de su lideresa, Manuela Carmena, sino la reconfiguración del espa­
cio político madrileño que surgió como ramificación del largo 15-M. Esto es, lo que se
produce no es una desestructuración sino una reestructuración, que consiste funda­
mentalmente en desplazar a los elementos que formaban parte del ‘ala izquierda’ del
partido (representados por la figura de Sánchez Mato, que más tarde sería rival elec­
toral de Carmena) y en pasar de una totalización populista a una totalización institu­
cionalista. La diferencia entre ambas formas de construir la universalidad política es
según Laclau (2004) que mientras que la primera apela a la posibilidad de que un
componente parcial de la sociedad (‘el pueblo’) sea percibido como su totalidad (hay
un plebs que aspira a ser populum), la segunda equivale la totalidad con la comunidad
(aquí, es ‘Madrid’ el significante que expresa dicha comunidad, pero también la propia
figura de Carmena) y así pierde su carácter impugnatorio aunque gana en gobernabili­
dad y pragmatismo16. Para muestra, la forma en que la entonces alcaldesa se desliga
ya totalmente de la política de partidos, cuyo discurso considera “infantil y teatral”
(Gómez y Rodríguez-Pina, 2018) y el uso constante del apelativo ‘madrileños’ y las re­
ferencias a ‘Madrid’ y a una ‘ciudadanía’ universal (sin antagonismos) a la que unir en
la campaña de 2019, ya en compañía de Iñigo Errejón (LaSexta, 2019; León, 2019) 17.

Lo que nace entonces es un nuevo legado del 15-M, esta vez en forma más institu­
cionalista que populista (al fin y al cabo, el legado impugnatorio no podía prorrogarse
ad eternum una vez alcanzado el poder), pero sin perder ni su discurso transversal ni
su carácter plebeyo, y dependiente en alto grado de su lideresa, Manuela Carmena,
esta vez sí convertida en significante vacío consistente y agregador de un sustrato
más homogeneizado que el que se articula en 2015. Lo que queda por el camino es no
solo la pérdida de votos a manos de Madrid En Pie (la candidatura liderada por Sán ­
chez Mato), sino quizás también cierta voluntad transformadora (que en todo caso ha­

16 Este tránsito entre ‘totalidades’ bien podría ser, además de la reacción a una crisis interna, un paso
lógico en la sedimentación que supone la victoria de un movimiento populista y su consiguiente entrada
en las instituciones.
17 Contrástese, a nivel de construcción de fronteras, con el discurso populista del Primer Podemos
previamente analizado.

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bía nacido muy condicionada dados los límites competenciales del ámbito municipal) y
la potencial conquista de más apoyos (desmovilizados en 2019) en el sur de Madrid 18.

Lo que ocurre en Madrid a partir de 2017 no permanece limitado a la esfera política


de la capital, sino que se sigue de cerca entre los líderes estatales de Podemos. Esto
porque tales acontecimientos pueden entenderse a la vez como síntoma y como posi­
bilidad. Síntoma de un agotamiento de las configuraciones populistas que se dan en
2014-2015 al calor de la creación de Podemos y el sustrato discursivo que deja el 15-
M (recordemos que en paralelo a la crisis interna de Ahora Madrid se va fraguando el
cisma entre Iglesias y Errejón). Y posibilidad de nuevas reconfiguraciones para un mo­
mento post-populista en el que Podemos (recordemos, un partido político nacido como
proyecto populista y con la premisa de una victoria electoral rápida) tenía aún que en­
contrar su lugar. Además, el mapa político madrileño a nivel de actores y discursos es
fácilmente equiparable al nacional, en contraste con otras localidades en las cuales
fuerzas impulsadas por el 15-M también alcanzaron el poder, como Barcelona o La Co­
ruña.

El escenario madrileño sirve de hecho de cristalización de las tensiones que recorrían


Podemos y que se enmarcan dentro del ya mencionado agotamiento del momento po­
pulista hacia 2016. En mayo de 2019 las dos vías que se han señalado como principa ­
les alternativas tras dicho agotamiento se materializan en dos candidaturas enfrenta­
das: las de Más Madrid (con una alianza entre Carmena y Errejón) por un lado y la de
Podemos (y, en Madrid ciudad, la de Madrid En Pie) por el otro. Es en esta disyuntiva
donde se empieza a dibujar un nuevo legado del largo 15-M, el errejonismo, con una
traducción partidista que nace en septiembre de ese mismo año: Más País.

5. El errejonismo: ¿una salida transversal al final del momento


populista?
2019 fue un año crucial para los partidos que nacieron al calor del 15-M, como se ha
señalado ya. Pero no solo por sus cambios discursivos y el agotamiento del ciclo trans­
formador, sino además por una transformación del sistema de partidos que apuntala­
ría la restauración del eje izquierda-derecha y la llegada de una división entre bloques
impermeables. Las causas principales de dicha transformación no pueden analizarse
aquí en profundidad, pero sí pueden apuntarse: el auge de la extrema derecha (repre ­
sentada por el partido Vox, que sube al 10% en estimación de voto a raíz de las elec­
ciones regionales andaluzas de diciembre de 2018), la necesidad del PSOE de apoyar­
se en Unidas Podemos (en ausencia de un partido centrista que haga de bisagra) y la
voluntad de este de entrar en un gobierno de coalición (en una situación, parafrasean ­
18 Para un análisis de las posibles causas de la derrota de la suma Más Madrid-PSOE en las elecciones
municipales de Mayo de 2019 ver: Por qué ha perdido Carmena (Bécares, Gómez y Lantigua, 2019) y 26-
M, Hic Sunt Dracarys: la omnipotencia y la esperanza (Zapata, 2019).

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do a George Kennan, de ‘unnatural intimacy’ con los socialistas) y aceptar definitiva­


mente una frontera izquierda-derecha con un poder centrípeto casi irresistible 19, que
arrastró también a Ciudadanos.

Es este el contexto en el cual el errejonismo se hace partido, al cual debemos añadir


(una vez más) un tempo político acelerado dada la convocatoria repentina de nuevas
elecciones para noviembre de 2019. ¿Puede hablarse aún de un nuevo legado institu­
cional del 15-M? ¿O por el contrario estamos ya en un momento tan lejano en térmi­
nos de eventos políticos que estaríamos ‘estirando’ en exceso la influencia del movi­
miento? Dado que en la trayectoria personal (y sobre todo discursiva) de Errejón y de
quienes fundarían Más País junto con él hay un continuum con respecto a la fundación
de Podemos en 2014, no parece en absoluto impertinente señalarlo como una nueva
ramificación del largo 15-M. Y si puede existir tal cosa a finales de 2019 es porque
este continuaría operando, premisa de la que parte este artículo.

¿Qué es, entonces, este nuevo legado? No se trata de una ideología en el sentido de
un sistema de ideas e ideales políticos, pero tampoco es una mera visión estratégica o
personal (si así fuera el uso del término ‘errejonismo’ no tendría sentido), aunque sí
que ha dado pie a una formación vertical con un liderazgo prominente similar al de
Podemos, quizás tanto por la premisa compartida de la necesidad de un líder-signifi­
cante vacío como por la ausencia de arraigo y de cuadros intermedios, que puede ha ­
ber conducido a un liderazgo hipertrofiado. Estamos más bien ante un discurso que
supone una nueva ramificación del largo 15-M y una estrategia en dialéctica con el
nuevo contexto político nacional. A grandes rasgos podría definirse como un proyecto
hegemónico basado en una recuperación de la transversalidad, un énfasis en la capa­
cidad de construir consensos y suturar la polarización política española y un enfoque
nacional-populista.

En cuanto a la transversalidad, Errejón insiste en la necesidad de desbordar el marco


izquierda-derecha, en tanto se presupone que éste es ineficiente para el momento de
lo que Laclau (2004: 99) llama “expansión de las cadenas equivalenciales”, como deja
caer en Escolar y Caballero (2019). Hay entonces un intento de dilatar la vertiente
equivalencial mediante la transversalidad, pero la pregunta evidente es: ¿qué pasa
con la lógica diferencial, con la frontera dicotómica? Aquí tenemos un rasgo peculiar
del errejonismo como proyecto post-populista, que de hecho puede explicar la sintonía
con el discurso ‘ciudadanista’ de Carmena durante 2019: es una suerte de populismo
sin antagonismo. Queda entonces la construcción popular deliberadamente vaga (se

19 Dos hechos aparentemente baladíes que pueden considerarse síntomas de este nuevo escoramiento
simbólico a la izquierda: el uso por parte de Iglesias y otros altos cargos de Podemos del triangulo rojo,
signo que antes portaban tan solo políticos de tradición comunista como Alberto Garzón (Público, 2020) y
la aceptación de marcos defendidos por los socialistas como la idea de proponer unos “nuevos Pactos de
la Moncloa” (Balado, 2020).

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usan agregadores como ‘gente’, ‘el país’ o ‘pueblo español’ y se omite todo izquierdis­
mo discursivo), pero no parece tener ningún afuera constitutivo en forma de adver ­
sario. Esto responde en buena medida a la política de bloques que se empieza a ges­
tar en 2018 y al pluripartidismo post-2015, pues si en el contexto del 15-M parecía
apropiado crear un antagonista basado en la equivalencia entre PP y PSOE (fuerzas
que agotaban el lugar del poder desde hacía décadas) ocho años después sería estra­
tégicamente problemático señalar a una ‘casta’ o un ‘régimen’ que sitúe en el mismo
lugar discursivo a todo lo que hay entre Unidas Podemos y Vox, no digamos ya en el
contexto de un gobierno PSOE-Unidas Podemos 20.

El segundo componente de esta formación discursiva, la idea de recomponer el tejido


social y articular consensos, está también presente de forma constante en los discur­
sos de Errejón. La sutura prometida es triple: primero entre la ciudadanía española y
sus representantes (la idea de ruptura deliberada del contrato social fue clave tanto
durante el 15-M como en los inicios de Podemos), segundo en el seno de la propia co ­
munidad (que ha sido fracturada por las desigualdades económicas) y tercero, y esto
ligado al reciente desarrollo del paisaje político español (en el cual la división de los
partidos en dos bloques impermeables y la falta de partidos bisagra ha provocado una
sensación de polarización) entre las principales fuerzas políticas. Es fundamental se­
ñalar que el errejonismo hace aquí hincapié en un elemento que no por conectar con
anhelos contemporáneos es menos antiguo, pues se trata de un rasgo clave en un
país en el cual el imaginario que se origina durante la Transición (1975-1982) le da
una gran primacía al acuerdo y el consenso21.

Y finalmente la apuesta por lo nacional-populista, la premisa de que no hay subjetivi­


dad popular sin apelar a la patria y que por tanto esta debe ser disputada por su alto
valor agregador. La ya señalada influencia de América Latina produce aquí una impor­
tación que quizás sea arriesgada para el contexto europeo. El propio Errejón apunta
además a dos obstáculos fundamentales para una resignificación de la nación españo­
la con fines progresistas: su hegemonización histórica por parte de la derecha nacio­
nalista y el carácter plurinacional y heterogéneo de España (Errejón, 2015). Sea como
sea hacer referencias a ‘la patria’ y darle un barniz nacional a algunas demandas es
algo que comparten otros fundadores de Podemos desde 2014 y que no se ha perdido
en la transición del Primer Podemos a Unidas Podemos. El rasgo diferencial dentro del

20 De hecho Más País se presenta inicialmente como “un antídoto contra la abstención” para ponerse “al
servicio de un gobierno progresista” (Marcos y León, 2019), nada más alejado de la lógica populista del
Primer Podemos. Véase también cómo la atracción de la lógica de bloques es tal que en determinado
momento Errejón tiene que señalar como adversario a “las derechas” (Marcos, 2019).
21 Como bien saben también las fuerzas políticas tradicionales a nivel nacional. Sobre este tema ver: CT
o la cultura de la Transición. Crítica a 35 años de cultura española (Martínez, 2016) y La nación singular.
Fantasías de la normalidad democrática española (1996-2011) (Delgado, 2015).

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errejonismo sería en realidad de grado, pues le da a lo nacional una mayor centralidad


que otros discursos derivados del 15-M.

En este discurso cuyos hilos conductores se han desgranado resuenan sin duda algu­
nos elementos del Podemos de 2014, pero no es difícil percibir que es cualitativamen­
te distinto de este. Esto por un motivo evidente que ya se ha esbozado: opera dentro
de un contexto político muy distinto. Si bien ambos beben del 15-M, el primero recu­
peraba de este un discurso impugnatorio y populista y construía un nuevo horizonte
imaginario, mientras que el segundo, inevitablemente atrapado en lógicas institucio­
nales y en un mapa de dicotomías ideológicas más que sociales, rescata los elementos
que aún puedan apelar a mayorías, como la transversalidad y la unidad ciudadana. Se
trata de un proyecto hegemónico ambicioso, que interpela a una amplia mayoría de la
población y pretende articular múltiples demandas, planes que contrastan con un mo­
mento político de construcción de bloques y pluripartidismo difícilmente asimilable al
contexto de principios de la década de los 2010. Por otra parte, la falta de sedimenta­
ción del marco populista dentro de Podemos y su electorado (debido probablemente
no solo a la existencia de visiones alternativas, sino a una falta de tiempo dada la con­
tinua aceleración de los acontecimientos) sin duda ayuda a entender las limitaciones
de Más País.

6. Conclusiones
El análisis realizado apunta a la notable elasticidad discursiva del impulso que se inicia
con el 15-M y su consiguiente capacidad para transformarse y adaptarse a diversos
contextos. Se ha reivindicado también que dicho impulso continúa operativo, y que
por tanto la sensación de fin de ciclo como sinónimo de enfriamiento debería ser mati­
zada, si bien tal operatividad requiere para su empleo de la capacidad y voluntad de
los actores políticos implicados. Además, tras este estudio queda apuntado un hecho
que puede ser importante para el futuro cercano: la posibilidad de que las diversas ra­
mificaciones partidistas del largo 15-M entren en competición entre sí, una pugna que
incluirá necesariamente (ya pudieron percibirse atisbos en las elecciones madrileñas
de 2019) la lucha por la legítima titularidad de la herencia del movimiento.

Iñigo Errejón compara en Guedán (2016: 177) a Podemos con una bicicleta (“si deja
de andar zozobra y se cae”), empleando dicha analogía para expresar el carácter ne­
cesariamente dinámico de las fuerzas que nacen al calor del 15-M. Su nuevo proyecto,
de momento de éxito muy limitado, puede brindarle una oportunidad de seguir peda­
leando y arrancar de nuevo el tempo político. En todo caso el contexto político en el
que se encuentra España (de cierre del ciclo transformador) invita a las fuerzas anali­
zadas a ser poco optimistas, aunque si algo sacan a la luz tanto el marco teórico aquí
empleado como la breve pero intensa historia del país desde 2011 es que lo político es

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un espacio siempre abierto, imposible de fijar en términos absolutos, y que quien lo


considere cerrado corre el riesgo de quedar a contrapié.

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