0% encontró este documento útil (0 votos)
3 vistas6 páginas

Teoría del Populismo en Laclau

En 'La razón populista', Ernesto Laclau desarrolla una teoría sobre la construcción del pueblo como un actor político, enfatizando que el pueblo no preexiste a la acción política, sino que se forma a través de la articulación de demandas diversas en una cadena de equivalencias. Laclau redefine el populismo, argumentando que la identidad popular debe ser construida discursivamente y que es esencial la existencia de un enemigo común para mantener la cohesión del pueblo. Además, destaca la importancia del líder en la unificación de las demandas heterogéneas, sugiriendo que la vacuidad de los significantes es necesaria para la lucha política, aunque también puede ser peligrosa.

Cargado por

Pedro Juan
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
3 vistas6 páginas

Teoría del Populismo en Laclau

En 'La razón populista', Ernesto Laclau desarrolla una teoría sobre la construcción del pueblo como un actor político, enfatizando que el pueblo no preexiste a la acción política, sino que se forma a través de la articulación de demandas diversas en una cadena de equivalencias. Laclau redefine el populismo, argumentando que la identidad popular debe ser construida discursivamente y que es esencial la existencia de un enemigo común para mantener la cohesión del pueblo. Además, destaca la importancia del líder en la unificación de las demandas heterogéneas, sugiriendo que la vacuidad de los significantes es necesaria para la lucha política, aunque también puede ser peligrosa.

Cargado por

Pedro Juan
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

La razón populista

En este libro, Ernesto Laclau ejemplifica la metodología desarrollada en Hegemonía y


Estrategia socialista, pero modificando sustancialmente el proyecto de izquierda democrática
presentado en su anterior libro. Pero, ¿en qué sentido? Ahora la raíz de un proyecto de
transformación social debe ser encarnado por el pueblo en una coyuntura histórica específica.

El propósito de Laclau no es establecer quién o qué encarna el pueblo, sino delinear una teoría
formal que sirva para comprender cómo se produce/gesta el pueblo (encarnación de la
soberanía-poder popular), es decir, es una teoría de las condiciones de posibilidad para la
construcción del pueblo.

En primer lugar, Laclau retoma el significante populismo, que en la teoría política había sido
definido de forma vaga e imprecisa y privado de toda racionalidad-lógica intrínseca, bien por
estar referido-subsumido a otros significantes políticos, o por ser caracterizado como un
fenómeno de transición. Laclau busca rescatar el significante populismo de su posición
marginal en el discurso de las ciencias sociales, el cual había sido visto como un mero apartado
de la psicología de masas (p. 34).

Laclau no aporta una definición sustancial/esencialista (y cerrada) del pueblo: por ejemplo, en
la filosofía de la liberación y el marxismo si hay una definición sustancial del pueblo, el pueblo
son los pobres/desposeídos para Dussel y las masas proletarizadas para Marx. Para Laclau el
pueblo no es algo que preexista a la práctica política de su constitución-construcción: el pueblo
no es algo dado por la estructura (aproximación esencialista-sustancial del pueblo), la
constitución del pueblo combina organización/acción política y acontecimiento, el pueblo
deviene: el pueblo no preexiste a la acción política de hacerse-devenir pueblo. El pueblo de
Laclau es el efecto una articulación política a través de la cual una particularidad reivindica
hegemónicamente la representación de todos (conjunto poblacional de una nación política).
El pueblo es una particularidad que a través del establecimiento de cadenas de equivalencia
reclama ser la voz (autoridad) de la totalidad.

Tres dimensiones estructurales del pueblo:

1. Unificación-Integración de una pluralidad de demandas diversas-heterogéneas en una


cadena equivalencial. Para que haya pueblo es necesaria la constitución de una equivalencia
entre una pluralidad de demandas1.

Por ejemplo, en un barrio surgen problemas de vivienda (malestar) y un grupo de personas


afectadas pide (petición particular) a las autoridades una solución. Si esta petición es
satisfecha por la administración, el problema queda resuelto: una particularidad/grupo
poblacional eleva una petición particular sobre una determinada cuestión que les afecta y es
solucionada. Sin embargo, cuando la petición no es satisfecha, y la gente comienza a percibir
que también hay otras peticiones particulares insatisfechas (problemas de salud, educación,
agua, etc.), es entonces cuando las peticiones se vuelven reclamos/demandas (crisis
orgánica-institucional: el entramado institucional de la nación política fracasa en la
satisfacción de peticiones particulares/diferenciadas ); es decir, ya no se trata de peticiones
particulares que pueden ser satisfechas de manera diferenciada, sino de un paquete de
demandas-reclamos (diversas) articuladas de manera equivalencial. Es aquí cuando, todavía
en un nivel incipiente, ha comenzado a emerger el pueblo como un actor político. Una
demanda no satisfecha se articula en relación equivalencial con otras demandas no
1
El término demand en inglés puede traducirse como petición o reclamo.
satisfechas: el paso de la lógica de la diferencia a la lógica de la equivalencia. Por lo tanto, en
el primer caso, tendremos la afirmación de una particularidad (grupo de vecinos) que levantan
una demanda de naturaleza diferencial, pero sin entablar un agonismo o antagonismo fuerte
frente al Estado/Administración constituida: es una solicitud ante las instituciones estatales
para que se resuelva-repare un menoscabo/injusticia/malestar. En cambio, en el segundo
caso, ya tenemos el trazado de una frontera antagónica (línea divisoria): nosotros (el pueblo)
y ellos (gobierno/élites). En esta situación, cuando una demanda/petición no puede ser
satisfecha diferencialmente, tenemos la lógica de la equivalencia y establecimiento de una
frontera: constitución equivalencial de las demandas (paquete) y división de la sociedad en
dos campos antagónicos. Pero esto requiere un principio de identidad que permita la
cristalización/articulación de las demandas en torno a un denominador común, es decir, la
identificación de todos los eslabones de la cadena con un nosotros (pueblo) que vaya más
allá de cada particularidad.

Podría decirse que pueblo y sujeto político son sinónimos. El sujeto político o pueblo es el
nosotros, denominador común, en torno al cual se aglutina/articula/cristaliza el paquete de
reclamos frente a un enemigo común.

2. Construcción de la identidad popular. No existe una identidad popular previa a la creación-


desarrollo político de una cadena-paquete de equivalencias: no hay sujetos políticos esenciales
(privilegio ontológico-estructural). Ningún nosotros ocupa apriorísticamente el lugar vacío del
pueblo: el sujeto político/pueblo es un vacío por constituir (ni la clase, ni los desposeídos). La
identidad del pueblo debe ser construida políticamente mediante el trazado de una frontera
antagónica que permita concebir la sociedad como dos campos irreductibles estructurados
alrededor de dos cadenas (paquetes de demandas) incompatibles entre sí: nosotros que
defendemos el paquete A, frente a ellos que defienden/conservan el paquete B.

Excursus. Aquí tenemos ya un primer problema. En Hegemonía y Estrategia Socialista, Laclau


y Mouffe habían realizado ya la distinción entre la lógica de la diferencia y la lógica
equivalencia, pero habían remitido estos conceptos a una diferencia entre las luchas
democráticas y las luchas populares. Afirmaban que las luchas populares suponen una
simplificación del espacio político (una frontera antagónica), mientras que las luchas
democráticas suponen una expansión y complejización del espacio político, pues el
antagonismo surge en múltiples puntos (varias fronteras antagónicas) y, por tanto, emergen
múltiples cadenas de equivalencia. En este contexto distinguían entre las sociedades
industriales avanzadas y las sociedades de la periferia capitalista, diciendo que en estas últimas
se dan luchas populares mientras que en aquellas se dan luchas democráticas, que son
impulsadas por los nuevos movimientos sociales (antirracistas, antisexistas, ecologistas, etc.).
En la Razón Populista parece que Laclau cambia su posición en el sentido de privilegiar las
luchas populares por encima de las luchas democráticas, limitando estas últimas al momento
en que el Estado logra responder diferencialmente la particularidad de las peticiones. Ya no se
diferencia entre el centro y la periferia del mundo capitalista: las luchas populares se
convierten en las únicas que pueden desactivar la hegemonía del neoliberalismo tanto en el
centro como en la periferia.
Asimismo, hay un abandono del proyecto republicano de la democracia radical. Estableciendo
una comparación con el dilema del erizo de Schopenhauer 2, afirma que las luchas
democráticas implican la disolución del pueblo, pues si están demasiado lejos las unas de las
otras enfrían la constitución del pueblo, y si están demasiado cerca se lastiman/atropellan
mutuamente (p. 117).

Volvamos a la cuestión de la identidad popular. Para construirla se requiere una operación


discursiva, es necesario dar nombre a esa cadena de equivalencias, con el fin de trazar con
claridad la línea que divide al pueblo de los poderosos/gestores de los recursos sociales
insensibles a las demandas3: entre ambos bandos debe existir una brecha insalvable. Hay que
nombrar al enemigo4 y de manera concomitante al pueblo: es un nombramiento conjunto y
simultáneo: definir un enemigo común para un conjunto-paquete de demandas particulares:
las peticiones particulares tornan equivalentes entre sí porque tienen un enemigo común: el
pueblo, que no es más que el paquete de demandas equivalentes, se constituye en el acto de
nombramiento del enemigo común que condensa las peticiones diferenciadas no
satisfechas. Ese enemigo ya no es diferencial/particular como en las luchas democráticas, es
decir, ya no se lucha contra instituciones concretas (por ejemplo, contra el consejo municipal,
las autoridades sanitarias o universitarias en particular). En las luchas populares hay que
construir un enemigo global/común/abstracto, que está en todos lados, pero no está en
ninguno, es decir, que no puede ser identificado con ninguno de los eslabones-reclamos
particulares de la cadena equivalencial, sino que está relacionado con todos ellos como
conjunto-paquete (pueblo), pero con ninguno como petición particular: estando en todos ellos
no está en ninguno. Es aquí cuando surge la necesidad de construir un significante (del
enemigo común) que no se agote en el significado particular/sectorial de cada reclamo
(significante vacío), significantes privilegiados que tienen el potencial de condensar todo el
campo estratégico de disputas particulares (por ejemplo, el régimen, el sistema, la casta, la
oligarquía, los grupos dominantes, el imperialismo, etc.). Es decir, de un significante vacío,
que no se agota-clausura en cada demanda particular, y con el cual se pueden identificar
todos los eslabones de la cadena de equivalencias. Tal indeterminación no debe ser visto
como un defecto sino como algo necesario a la lucha política misma: no habrá lucha
hegemónica si antes no hay un enemigo común, el cual puede ser identificado como tal por
todos los eslabones/demandantes de la cadena.

Excursus. SCG: Aquí me parece que Laclau comienza a moverse en un terreno peligroso, pues
su estrategia de polarizar la sociedad en dos campos antagónicos, que antes condenaba
2
En un día muy frío, un grupo de erizos que se encuentran cerca sienten simultáneamente una gran
necesidad de calor. Para satisfacer su necesidad, buscan la proximidad corporal de los otros, pero
cuanto más se acercan, más dolor causan las púas del cuerpo del erizo vecino. Sin embargo, debido a
que el alejarse va acompañado de la sensación de frío, se ven obligados a ir cambiando la distancia hasta
que encuentran la separación óptima (la más soportable). La idea que esta parábola quiere transmitir es
que cuanto más cercana sea la relación entre dos seres, más probable será que se puedan hacer daño el
uno al otro, al tiempo que, cuanto más lejana sea su relación, tanto más probable es que sientan la
angustia y el dolor de la soledad.
3
Aquellos que acumulan poder-recursos sociales/gestionan las instituciones sociales estatales y
capitalistas (distribución asimétrica de los recursos sociales) no satisfacen las peticiones particulares
de determinados grupos sociales. En el supuesto de la relación estatal, la distribución asimétrica del
poder-recursos degenera en una patrimonialización de las instituciones estatales para la satisfacción
de los reclamos de la minoría gestora (toda constitución estatal comporta un proceso de integración-
concentración de instituciones y recursos para garantizar de manera más eficaz el cumplimiento de
diversas metas).
4
El Ellos es una exterioridad constitutiva del pueblo (nosotros).
como antidemocrática, en realidad lo es, y tiende a convertirse en la noche donde todos los
gatos son negros. Es la antesala de la construcción de un poder constituido que levanta
pretensiones autoritarias, reclamando actuar en nombre de una identidad abstracta (el
pueblo), de servir como su intérprete verdadero, escuchar sus reclamos, etc. En suma, Laclau
parecía estar dando luz verde filosófica a la emergencia de gobiernos populistas en América
Latina.

Aquí tenemos un problema, porque tal construcción es válida tanto para el populismo de
derechas como el de izquierdas. También el populismo de derechas produce significantes
vacíos (el castro-chavismo, los inmigrantes, los musulmanes, etc.) que polarizan la sociedad
en dos campos antagónicos, definiendo un enemigo común para la cadena de equivalencias
popular/el pueblo. Laclau reconoce la peligrosidad de esta indeterminación: entre el
populismo de izquierdas y de derechas existe una nebulosa tierra de nadie que puede ser
cruzada en muchas direcciones (p. 115). Sin embargo, a pesar de reconocer esto, Laclau
continúa hacia delante, y afirma que esta indeterminación final (enemigo común abstracto) es
necesaria, pues de otro modo se desintegraría el pueblo: su existencia depende el
mantenimiento estricto de los dos campos antagónicos. Si la frontera que los divide se hiciera
borrosa o desapareciera, también desaparecería el pueblo como actor político. Es por ello que
Laclau desconfía de la democracia y el republicanismo: pues si las demandas aisladas tienen
más probabilidad de prosperar, entonces los lazos equivalentes se debilitan y las demandas
populares se disgregan en una pluralidad de peticiones particulares democráticas (dilema del
erizo).

Es por ello que se hace necesaria la existencia discursiva de un enemigo común y, por tanto, la
existencia de una identidad popular unitaria. Sin esta identidad popular claramente definida, lo
único que habría es un vago sentimiento de solidaridad. Por ello la identidad debe
cristalizarse discursivamente apelando a un significante vacío (en este caso, el enemigo
común como significante vacío que articula-condensa las peticiones particulares). Esto quiere
decir que este significante vacío no puede contener en su totalidad ninguna demanda
particular, sino que debe representar la universalidad de la cadena misma: debe despojarse
de contenidos particulares a fin de abarcar demandas heterogéneas entre sí (lógica de la
equivalencia). En este sentido es el que el significante que nombra la cadena debe estar vacío:
el rol semántico de términos generales como justicia social (el pueblo por la justicia social)
no expresa ningún contenido positivo, sino que funciona más bien como una mera
declaración retórica que aglutina/condensa. No es cuestión de abstracción sino de vacuidad:
el carácter vacío de los significantes que dan unidad o coherencia al campo popular (el
pueblo) no es resultado de ningún subdesarrollo ideológico o político, simplemente expresa
el hecho de que toda unificación populista tiene lugar en un terreno social radicalmente
heterogéneo. Es un significante estratégico en tanto que incrementa la eficacia y la unidad-
coherencia de las luchas populares, pero cuanto más heterogéneas sean las demandas que
integran la cadena de equivalencia menor será la capacidad del significante vacío para
referirse a una situación concreta. La vacuidad es, por tanto, necesaria y al mismo tiempo
peligrosa para las luchas populares.

Es aquí cuando se hace indispensable la centralidad del líder popular. Laclau no acomete una
explicación psicológica sino estructural-formal, y se pregunta por la función del liderazgo en la
construcción de una hegemonía. No basta con la nominación, sino que es necesario el afecto.

3. ¿Cómo mantener unidos un conjunto de elementos heterogéneos en una sola cadena de


equivalencias? Laclau dice que no basta con la construcción de significantes vacíos a nivel
discursivo, sino que es preciso complementar la dimensión significante del populismo con
una dimensión afectiva: la identificación (afectiva) de los eslabones de la cadena con la
figura de un líder.

El líder como figura performativa que encarna las demandas populares y con el cual todos se
sienten emocionalmente identificados (por ejemplo, Hugo Chávez o Fidel Castro). El líder
como objeto de investidura catéctica/libidinal, que alimenta de manera permanente la
pulsión-deseo: el líder debe encarnar un reservorio-depósito de sentimientos anti statu quo
puros: su atracción radica precisamente en ello, el líder es como un bandido que surge de la
posición de exterioridad respecto del sistema y lo desafía (Perón es el ejemplo paradigmático,
pero también Hitler o Le Pen, al cumplir las condiciones formales que propone Laclau). Aquí es
donde se revela el peligro la posición antidemocrática de Laclau, ¿en qué quedó aquello de
retomar el proyecto del liberalismo tal y como se anunció en Hegemonía y Estrategia
Socialista?

Ver Notas en WhatsApp sobre la masa.

4. Al radicalizar el antagonismo, Laclau elimina la instancia mediadora de la sociedad civil.


Cuando se polariza la sociedad en dos campos antagónicos y radicalmente exteriores entre sí,
se pierde la dimensión de la sociedad civil, y se coloca al Estado en un campo de exterioridad
(el Estado como una especie de enemigo, como un ente homogéneo/monolítico, liberando de
este modo al Estado de cualquier tipo de responsabilidad democrática.

De otro lado, como consecuencia de esta radicalización binaria, el Estado ya no puede asegurar
el fortalecimiento de un ethos democrático, lo cual abre la puerta a que cualquier contenido
pueda llenar el espacio vacío de la universalidad. Nadie puede garantizar que el fascismo no
tenga la hegemonía. La teoría de Laclau opera perfectamente para el fascismo. Este el
problema de renunciar a los criterios normativos en política.

El populismo no es un nuevo –ismo, es decir, un nuevo marco teórico omnicomprensivo y


totalizante que ofrece una solución social de pleno bienestar que clausura la historia. Sino una
lógica-razón histórica que atraviesa periódicamente el devenir social (momentos calientes de
la historia; Bruce Ackerman).

Al afirmar que el pueblo es el proletariado ya se están limitando las posibilidades abiertas de


constitución del pueblo (nosotros) frente a la encarnación del poder constituido (ellos/élites).
Se identifica el pueblo-sujeto político con el proletariado.

Los sujetos políticos teorizados como sustanciales/cerrados por la teoría (esencialismo: el


sujeto político está dado por la estructura) pueden, como mucho, servir de concepto guía de la
movilización y articulación popular (variable organizativa): a qué aspiramos: cuál queremos
que sea la demanda vertebradora del nosotros y, por tanto, el objetivo de transformación
institucional. Pero puesto que la constitución del pueblo no sólo es organización política sino
acontecimiento contingente (que emerge en una pos-estructura), el margen de maniobra de la
organización siempre se haya limitado por el propio devenir de los acontecimientos (no
podemos elegir los malestares sociales o las peticiones particulares no satisfechas; como
mucho podemos encauzarlos-canalizarlos hacia determinados reclamos: canalizar malestares
hacia demandas). También podemos analizar el orden social y anticiparnos a los malestares
sociales que surgirán.

Determinismo técnico-simbólico: el fracaso/límites de todo orden simbólico para suturar-


dominar plenamente lo real, que siempre nos impacta de nuevo y desgarra nuestros velos
simbólicos. Ante el fracaso de lo simbólico, pueden emerger soluciones políticas
(reformulación del orden simbólico desde el poder: gestión) y lo político (conflicto que se
constituye como contradicción).

También podría gustarte