Tema 3. Platón.
TEMA 3. PLATÓN.
La Academia de Platón.
ÍNDICE
0. BIOGRAFÍA.
1. METAFÍSICA Y EPISTEMOLOGÍA.
1.1. Metafísica u ontología: Teoría de las Ideas.
1.1.1. El origen de la teoría de las Ideas.
1.1.2. El mito de la caverna: los dos mundos y la jerarquía de los seres.
1.1.3. Relación entre los mundos sensible e inteligible.
1.1. Epistemología: Grados de conocimiento.
1.2.1. Alegoría de la línea dividida.
1.2.2. Racionalismo platónico: conocer es “recordar”.
2. ÉTICA Y POLÍTICA.
1.1. Ética: el alma tripartita y las virtudes.
1.2. La política: la ciudad justa.
1.2.1. Relación entre ética, política y educación.
1.2.2. La república ideal. Las clases sociales y el bien común.
1.2.3. Las distintas formas de gobierno.
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RESUMEN DE PLATÓN:
METAFÍSICA Idealismo
U ONTOLOGÍA (dualista)
EPISTEMOLOGÍA Racionalismo
Ética de la virtud
ÉTICA (como equilibrio del alma)
POLÍTICA Aristocracia
-Idealismo: postura metafísica que afirma que el mundo o realidad que percibimos no es real o
auténtico, sino que solo las ideas son reales. Para Platón, las Ideas (un tipo de entes espirituales o
inmateriales) son la realidad auténtica, de la que los objetos materiales son meras copias o reflejos. Sin
embargo, tales Ideas son extramentales u objetivas, es decir, existen fuera de la mente humana (por
eso, el idealismo de Platón se suele caracterizar como un idealismo objetivo).
Platón defiende asimismo un idealismo dualista, ya que sostiene que hay dos mundos (sensible e
inteligible) y que el ser humano está dividido en dos partes o sustancias distintas (cuerpo y alma).
-Racionalismo: postura epistemológica que afirma que: (a) la razón, el pensamiento puro, es la fuente u
origen de todo conocimiento, y (b) los seres humanos poseen numerosos conocimientos innatos, es
decir, saben muchas cosas desde el momento en que nacen.
Para Platón, nuestras almas habitaron el Mundo de las Ideas al inicio de los tiempos y allí
conocieron todas las Ideas. Cuando más tarde se encarnaron en un cuerpo mortal, nuestras almas
olvidaron esas Ideas, aunque en el fondo nunca dejaron de conocerlas. Por eso, “aprender es recordar”.
-Ética de la virtud: postura ética que afirma que: (a) la conducta buena es la conducta virtuosa, y (b) la
virtud es una característica del alma o de la personalidad que lleva a hacer lo correcto o conveniente
para uno mismo guiándose por la razón.
Para Platón, la virtud consiste en el equilibrio armónico entre las tres partes del alma: la racional
(el intelecto), la irascible (la fuerza de voluntad) y la apetitiva (los instintos).
-Aristocracia: gobierno de una élite o grupo de personas consideradas especiales.
Platón defiende una aristocracia intelectual (no una aristocracia de sangre ni de riqueza): deben
gobernar los más sabios, los reyes-filósofos.
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Platón con algunos discípulos.
0. BIOGRAFÍA.
Platón (c. 428 - c. 347 a.C.), filósofo griego, es uno de los pensadores más originales e
influyentes en toda la historia de la filosofía. Según Alfred North Whitehead, “toda la filosofía
occidental no es más que una serie de notas al pie a los textos de Platón”.
Platón no conoció la esplendorosa Atenas democrática de Pericles, sino la de las guerras
del Peloponeso, la de la dictadura de los Treinta Tiranos, y la de la restauración de una
democracia liderada por oradores demagogos que condujeron de nuevo a la ciudad a los
desastres de la guerra: era la Atenas que con su sistema democrático de justicia acabó
condenando a muerte al “más justo de los hombres de su tiempo” –Sócrates. Aunque de cuna
aristocrática (era pariente por parte de madre de Critias y Cármides, miembros destacados del
gobierno de los Treinta Tiranos), no participó en los excesos políticos del gobierno de los
oligarcas; pero la democracia recién restaurada cayó, igualmente, en excesos e injusticias
(como la condena a muerte de Sócrates).
La vida y obra de Platón manifiestan una clara vocación política: su ideal de establecer
un Estado racional y justo, apoyado en la educación de los ciudadanos y en la ciencia (o
conocimiento de la realidad auténtica). Este ideal no sólo está presente en diálogos como La
República o Las Leyes: inspira sus viajes a Siracusa, donde intenta sin éxito implantar una
república gobernada por sabios; en su primer viaje es bien acogido por Dión, cuñado de
Dionisio I, tirano de Siracusa, pero a Dionisio no le gustan mucho las ideas políticas de Platón y
acaba vendiéndolo como esclavo. El anhelo de un Estado verdaderamente justo --que él nunca
conoció-- también le inspira la fundación de la Academia al regreso de su primer viaje, con el
fin de formar a sabios. Su conclusión de que sólo habrá paz y justicia en el mundo cuando
gobiernen los hombres y las mujeres más sabios parte de la idea socrática de que el mal
procede de la ignorancia, y que es incompatible conocer el bien y actuar injustamente.
Refiriéndose a la injusta condena a Sócrates por un tribunal popular en la Atenas
democrática, afirma en su “autobiográfica” Carta VII: “…entonces me comenzó todo a dar
vueltas con vértigo de náuseas y llegué a la convicción de que todas las actuales constituciones de
los pueblos son malas. Y me vi impelido a cultivar la auténtica filosofía, pues a ella hacía yo el
honor de creerla fuente del saber para todo, maestra de lo que es bueno y justo tanto en la vida
pública como privada. Nunca se verá la humanidad libre de los males que la aquejan, así pensaba
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yo, mientras que no se hagan cargo de los negocios públicos los representantes de la verdadera y
auténtica filosofía” (Carta VII, 324b.).
No debemos perder de vista, por tanto, esa clara intencionalidad política de la obra de
Platón. Para comprender por qué en una obra esencialmente política como La República
encontramos también desarrolladas su metafísica u ontología (concepción de la realidad) y su
epistemología (teoría del conocimiento), debemos analizar los principios socráticos de los que
partió.
La democracia directa ateniense exigía la virtud (areté) de la palabra, es decir, ser
buen orador. Los sofistas eran hombres instruidos que acudieron a Atenas atraídos por su vida
cultural, pero también por la demanda de maestros por parte de nobles y burgueses
enriquecidos que querían que sus hijos fueran educados en las tan necesarias artes retóricas,
muy importantes para las carreras de la abogacía y la política. Muchos sofistas defendieron
posturas escépticas y relativistas, cuestionando valores y creencias tradicionales y fomentando
los discursos demagógicos en la Asamblea de Atenas. No es de extrañar que, en las horas bajas
de la democracia ateniense, algunos relacionaran estas doctrinas “disolventes” de las
costumbres tradicionales con la crisis y decadencia de la ciudad.
En este contexto Sócrates, maestro de Platón, pensaba que la única forma de poner
orden en el caos relativista y de frenar la desintegración moral y social de Atenas era encontrar
un “terreno firme”, unos valores morales objetivos, es decir, válidos para todos. De ahí su
búsqueda del “concepto” o “definición universal” de valores morales básicos como el “bien” o
la “justicia”. No es cierto --dice Sócrates-- que nuestras opiniones sobre el “bien” o la “justicia”
sean particulares y diferentes en cada persona, sino que hay aspectos en los que todos
coincidimos. Debemos buscar esa “definición común” que nos libere del peligroso relativismo.
Las obras que se conservan de Platón están escritas en forma de bellos “Diálogos”: los
hay de juventud, de madurez y de vejez. El diálogo era el método preferido por el maestro
Sócrates para llegar a definir el concepto universal. Platón elevará este método a la categoría
de método científico: es la dialéctica en su segundo significado o acepción, entendida como
una argumentación que se lleva a cabo mediante la oposición de razones o argumentos
contrarios. A través de la dialéctica, Platón pretende alcanzar la “esencia” de las cosas, la
realidad objetiva de la verdad, el bien y la belleza. En todas las reflexiones de Platón vemos
influencias de los grandes pensadores y corrientes de pensamiento que le precedieron:
a) De Pitágoras: la creencia en la inmortalidad del alma y en la reencarnación,
fundamentales en la epistemología platónica, y la consideración de las matemáticas como la
ciencia que nos aproxima al conocimiento más elevado y que purifica el alma (pues solo el sabio
es bueno o virtuoso). Se dice que en la Academia había una inscripción en la entrada que decía:
"Que nadie entre aquí sin saber geometría".
b) De Heráclito: la concepción de la naturaleza o physis, el mundo sensible que
percibimos con nuestros sentidos, como algo sometido a un continuo cambio o devenir; y la
dialéctica: las cosas adquieren sentido únicamente gracias a sus contrarios: mundo inteligible
versus mundo sensible, razón versus sentidos, conocimiento (episteme) versus opinión (doxa),
alma versus cuerpo, etc…
c) De los sofistas: la idea de que el mundo sensible (la physis) es un mundo de
apariencias del que sólo puede haber opiniones y nunca un conocimiento científico riguroso.
d) De Parménides: el racionalismo, el menosprecio de los sentidos, la distinción entre
apariencia/realidad y ciencia/opinión, el cierto carácter de irrealidad que atribuye al mundo
cambiante que nos muestran los sentidos, frente al carácter real del mundo eterno e invariable
que alcanzamos con la razón.
e) De todos los filósofos precedentes: la necesidad de encontrar algo que no cambie,
algo que permanezca fijo y estable como base imprescindible para que se dé un saber objetivo,
una auténtica ciencia (porque, si todo cambia continuamente, no hay ciencia posible). Pero
Platón no encontró ese algo invariable en la physis o naturaleza: por eso, igual que Parménides,
negó la existencia de un arjé.
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1. METAFÍSICA Y EPISTEMOLOGÍA.
1.1. Metafísica u ontología: Teoría de las Ideas.
1.1.1. El origen de la teoría de las Ideas.
El origen de la teoría de las Ideas de Platón debe buscarse en el intento de superar el
subjetivismo y el relativismo (epistemológico, ético, etc.) de los sofistas, siguiendo la senda de
su maestro Sócrates. Si existe “algo objetivo” más allá de las apariencias, percepciones u
opiniones subjetivas, la ciencia (episteme) es posible; pero si no es así, el relativismo sofista es
incontestable. Si existen realmente valores objetivos, una “justicia en sí” y un “bien en sí”,
podrá haber una ciencia de la moral y una moral verdadera, objetiva y universal, basada en
principios válidos para todos los hombres y, por tanto, también unas leyes justas e
incuestionables en el plano político. No debemos olvidar la intención política en la vida y obra
de Platón: la construcción de un Estado ideal, de una República perfecta, debe apoyarse en el
conocimiento de esos valores objetivos y en la creación de unas leyes que permitan su
desarrollo y el logro del bien común.
Las meras “definiciones universales” socráticas, cuya búsqueda observamos en los
diálogos platónicos de juventud, no le bastaron a Platón para creer que había logrado superar
el relativismo: esos conceptos universales podían interpretarse como convenciones surgidas
del diálogo, como “opiniones compartidas”. Ello pudo llevar a Platón a proponer la
originalísima teoría de que los conceptos universales son entidades reales en sí mismas,
existentes no sólo en la mente sino también fuera de la mente, en el mundo real, aunque este
no es el mundo material y sensible que percibimos con nuestros sentidos. La concepción
platónica de las Ideas fue desarrollándose a lo largo de sus diálogos: ya se perfila en algún
diálogo de juventud, como el Eutifrón, pero se consolida en diálogos de madurez como el
Fedón o la República.
1.1.2. El mito de la caverna: los dos mundos y la jerarquía de los seres.
Al comienzo del libro VII de la República, uno de los diálogos platónicos de madurez,
encontramos el famoso Mito de la Caverna. Es un relato alegórico cargado de simbolismo, en
el que Platón nos introduce magistralmente en los temas más relevantes de su filosofía (su
concepción de la realidad, del conocimiento, del ser humano, de la moral y de la política). El
Mito de la Caverna es, sin duda, uno de los relatos más famosos no solo de la historia de la
filosofía sino también del pensamiento humano.
Veamos de qué trata:
Imagina a unos hombres que están encadenados desde su nacimiento a un muro de
piedra, en el fondo de una oscura caverna; sus cuellos están sujetos al muro con argollas de
hierro, de modo que no pueden girar la cabeza y sólo pueden ver unas sombras en la pared que
hay delante de ellos. Varios personajes pasan continuamente por detrás del muro,
transportando sobre sus cabezas diversos objetos de tal modo que estos sobresalen por encima
del muro. Los hombres encadenados no pueden ver a esos personajes, sino sólo las sombras de
los objetos que llevan en alto. En el centro de la caverna, sobre un promontorio, hay un fuego
que proyecta las sombras de los objetos sobre la pared del fondo. Los prisioneros creen que las
sombras que ven delante de ellos sobre la pared son objetos reales, e ignoran que en realidad
están esclavizados en el fondo de una tenebrosa caverna. A menudo discuten entre ellos sobre
la naturaleza y las características de las sombras, y consideran más sabio a quien puede
distinguir unas sombras de otras y ponerles los nombres más llamativos.
Un día, un hombre misterioso llegado del exterior libera a uno de los prisioneros de sus
cadenas y lo conduce fuera de la caverna. El ascenso al exterior de la caverna es muy
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dificultoso, y el prisionero debe aferrarse a las rocas y trepar trabajosamente. Al fin, tras un
considerable esfuerzo, el prisionero sale al exterior de la caverna. Al principio se siente
desorientado y confuso, los ojos le duelen sobremanera y no puede mirar directamente los
objetos del mundo exterior, por culpa de la oscuridad en la que ha vivido durante los largos
años de su cautiverio. Únicamente puede mirar las sombras de los objetos y sus reflejos en ríos
y lagos, ya que la luz del sol le resulta insoportable. Al final, tras ir acostumbrándose poco a
poco a la luz, es capaz de contemplar el mundo durante la noche y más tarde en pleno día;
entonces es capaz de ver los árboles, lagos, bosques, montañas y otras maravillas. Por último,
es capaz de mirar directamente al Sol y entiende que este es la Idea de Bien, de la que todo lo
existente proviene.
Un día, tras pasar un tiempo en el mundo real, el prisionero regresa a la oscura caverna
para contarles todo lo que ha visto a sus compañeros, pero éstos le rechazan y le toman por
loco. Se niegan a que les libere de sus cadenas, le insultan y le amenazan de muerte. De hecho,
si no estuvieran atados, no dudarían en asesinarlo.
En este mito Platón nos presenta, metafóricamente, la existencia de dos mundos
(postura que se conoce como dualismo metafísico):
-a) Un mundo físico, material o natural, el mundo sensible, que es el que percibimos a
través de los sentidos, y que está formado por seres o entes sensibles, que son imperfectos,
temporales, particulares y concretos; es la naturaleza o physis, el mundo en el que vivimos. Los
seres sensibles (“sensibles” porque se perciben a través de los sentidos corporales) son copias,
materiales e imperfectas, de las ideas; al ser materiales, están sometidos a un continuo cambio
y degeneración. El mundo sensible es apariencia, menos real que el mundo inteligible, y está
representado por la caverna en el mito.
-b) Un mundo inmaterial, el mundo inteligible, donde se encuentran las Ideas o Formas
(“eidos” en griego), seres o entes perfectos, inmateriales, eternos, universales e inextensos
(están fuera del espacio y del tiempo), que son las esencias o modelos originales de las cosas
del mundo sensible. Las Ideas de Platón son extramentales, es decir, existen fuera de la
mente. El mundo inteligible es la verdadera realidad, el mundo auténticamente real, y está
representado por el mundo exterior en el mito de la caverna: esta postura, según la cual las
ideas son la auténtica realidad, se conoce como idealismo.
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Existe un orden jerárquico de los seres o entes tanto del mundo sensible como del
inteligible, que va desde los seres menos perfectos, que son los menos reales, hasta los más
perfectos, que serían los más reales.
Pirámide de los seres o entes
-a) Las imágenes pertenecen al mundo sensible y son los entes menos perfectos y
menos reales, hasta el punto de que ni siquiera se les puede considerar cosas u objetos
sensibles sino meras copias de los objetos sensibles. Ejemplos de imágenes: las sombras, los
reflejos, las representaciones gráficas o dibujos y también las imágenes mentales (como los
recuerdos y los sueños).
-b) Los objetos sensibles también pertenecen al mundo sensible, como su propio
nombre indica, pero son más reales que las imágenes ya que éstas solo son una copia de
aquellos. Para Platón, el original siempre es más real que la copia. Los objetos sensibles son
corpóreos, al contrario que las imágenes. Los objetos sensibles pueden ser naturales (plantas,
animales, seres humanos, minerales) o artificiales (objetos fabricados por los seres humanos).
-c) Los objetos matemáticos son las formas matemáticas, tales como los números y las
formas geométricas. Pertenecen al mundo inteligible porque, al igual que las Ideas, los objetos
matemáticos son perfectos, inmateriales y eternos, y no podemos percibirlos a través de los
sentidos (no podremos ver nunca al “número 7” caminando por la calle). Pero no son Ideas en
sentido pleno porque existen dentro de nuestra mente. Para Platón, los objetos matemáticos
están a medio camino entre los objetos sensibles y las Ideas (de ahí que siga llamándolos
“objetos”); asimismo, son copias de las Ideas.
-d) Las Ideas o Formas pertenecen plenamente al mundo inteligible, y son seres o entes
perfectos, inmateriales y eternos; por tanto, también son inextensos, es decir, no tienen
dimensiones espaciales sino que se encuentran fuera del espacio y del tiempo. Las Ideas son
los seres auténticamente reales, que no necesitan de otros para existir (son “seres en sí”). Hay
tres tipos de Ideas: las Ideas éticas (como las de bien o justicia), las Ideas estéticas (como la de
belleza) y las Ideas de cosas naturales (como las de caballo o ser humano). Tanto los objetos
matemáticos como los objetos sensibles son copias de las Ideas.
-e) En lo más alto de la “pirámide de los seres”, en el mundo inteligible, se encuentra la
Idea de Bien, perfección absoluta que es la causa y el origen de todos los seres y del
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Tema 3. Platón.
conocimiento humano, y que da unidad y armonía a toda la realidad (la Idea de Bien está
representada por el sol del mundo exterior en el mito de la caverna). Al igual que el sol es la
causa de la vida y de los procesos naturales en el mundo sensible (o physis) y permite la visión
(conocimiento imperfecto) de las cosas, la Idea de Bien es la causa de toda realidad y de todo
conocimiento. La idea de Bien incluye a su vez otras tres ideas: la de Justicia (el bien ético y
político), la de Verdad y la de Belleza, tres ideas que para Platón son inseparables.
La concepción metafísica de Platón es una forma de idealismo, pues considera que las
Ideas son la auténtica realidad y que los objetos materiales son una mera copia de aquellas.
Asimismo es un idealismo dualista, pues divide la realidad en dos mundos antagónicos.
1.1.3. Relación entre el mundo sensible y el mundo inteligible.
Respecto a la relación entre ambos mundos, el propio Platón apunta dos formas de
relación: la mímesis y la méthesis. Por una parte, nos propone que los seres sensibles son
copias o reflejos materiales de las Ideas (mímesis). Pero Platón también habló de méthesis –
participación–, en el sentido de que los seres sensibles “participan” de las Ideas, es decir, que
las Ideas están presentes en los seres sensibles. No obstante, esta segunda postura se ajusta
peor a la concepción de las Ideas como entes distintos y separados de los seres sensibles.
El Platón más dogmático de los diálogos de madurez parece defender la postura de que
el mundo inteligible no sólo es más perfecto que el sensible sino que es el verdadero mundo
real, pues el mundo sensible lo componen “copias efímeras”, seres corruptibles que aparecen
y desaparecen como pompas de jabón o como sueños, mientras que las Ideas son eternas e
inmutables y, además, son el modelo original de aquellas copias. Para Platón lo eterno y
perfecto es más real que lo perecedero e imperfecto (al igual que el dibujo de un paisaje es
“menos real” que el “paisaje en sí”). Por esta misma razón, la auténtica ciencia sólo puede
versar sobre el mundo de las Ideas y no sobre el mundo sensible, no siendo posible una ciencia
de la naturaleza.
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Entonces, según Platón, ¿cuál es la relación entre las Ideas y los objetos del mundo
sensible? Platón dice que, al principio de los tiempos, por un lado existía el mundo inteligible,
habitado por las Ideas y también por las almas humanas (las cuales, al igual que las Ideas, son
inmateriales y eternas). Por otro lado existía el Caos, que era una materia sin forma a la que
Platón denomina “materia primordial”. Pues bien, el Demiurgo, una especie de inteligencia
organizadora o Nous, dio forma al Caos o materia primordial tomando como modelo las Ideas:
como si fuera un artesano, modeló la arcilla amorfa de la materia primordial y produjo
innumerables objetos, copiándolos a partir de las Ideas. El demiurgo no era Dios, ya que no
creó las Ideas ni la material primordial, ni tampoco las almas humanas, que ya existían desde
siempre; lo único que hizo el demiurgo fue usar la materia primordial para hacer objetos a
imagen y semejanza de las Ideas. En ese mismo momento, las almas humanas sufrieron una
“caída” desde el mundo inteligible al mundo sensible recién formado, y se encarnaron en
cuerpos humanos.
En conclusión, la concepción de las Ideas como entidades con una realidad
“extramental” e independiente de las cosas concretas, que se consolida en los diálogos de
madurez y aparece explícita en la República, se debilita en los diálogos de vejez, en los que
Platón revisa críticamente sus doctrinas. No debemos olvidar que Platón expuso su teoría de
los dos mundos en el mito de la caverna y, por tanto, de manera metafórica: de ahí que haya
suscitado (y siga suscitando) diversas interpretaciones en la historia de la filosofía. ¿Hasta qué
punto Platón creyó realmente en la existencia de un “mundo aparte”, habitado desde la
eternidad por esas entidades inmateriales llamadas “Ideas” o “Formas”? No está nada claro.
En sus diálogos de vejez, Platón fue abandonando la teoría de que los seres sensibles son
copias de las Ideas, y adoptando la teoría alternativa de que los seres sensibles “participan” de
las Ideas (por ejemplo, Pedro, Juan y María “participan” de la Idea de Hombre, porque esta
idea está presente en cada uno de ellos)… Lo que sí parece obvio es que con la teoría de las
Ideas Platón pretendió superar el relativismo y, de paso, denunciar el estado de ignorancia del
pueblo, habitualmente distraído con sombras o apariencias que ocultan la auténtica realidad.
1.2. Epistemología: Grados de conocimiento.
1.2.1. Alegoría de la línea dividida.
En la alegoría de la línea dividida, Platón propone distintos grados de conocimiento en
función de los distintos tipos de seres existentes: a los seres menos perfectos les corresponden
unos niveles inferiores de conocimiento. Platón nos habla de dos tipos de conocimiento
(postura conocida como dualismo epistemológico).
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Tema 3. Platón.
El primer segmento de la línea corresponde al conocimiento propio del mundo
sensible, la mera doxa u opinión. Esta, a su vez, se subdivide en dos tipos de opinión:
-a) La eikasía o imaginación es el saber más imperfecto, ya que se refiere a los seres
menos perfectos: las imágenes (representadas por las sombras de la caverna);
-b) La pistis o creencia es un conocimiento superior al anterior pero que aún no puede
considerarse ciencia auténtica, porque sus objetos de conocimiento son los seres u objetos
sensibles (representados por los objetos que portan los personajes del Mito de la Caverna).
El segmento superior de la línea corresponde a la episteme o ciencia, que sólo es
posible acerca de las Ideas. A su vez se subdivide en dos tipos de ciencia:
-a) La dianoia o razonamiento es un saber cuyo objeto son los objetos matemáticos
(representados por las sombras del mundo exterior de la caverna), que son copias de las Ideas.
La dianoia es ya un saber científico, un razonamiento discursivo o deductivo propio de las
matemáticas, pero de inferior grado que la noésis.
-b) La noésis o inteligencia es el conocimiento científico superior, cuyo objeto son las
Ideas, que son la auténtica realidad y la esencia de las cosas. El método para alcanzar este nivel
de conocimiento superior es la dialéctica, entendida como una ascensión intelectual y como
una búsqueda en el interior (dentro del alma) de las Ideas. La dialéctica es un proceso a través
del cual el alma humana deja atrás el mundo sensible y asciende hacia el mundo de las Ideas, y
que culmina en la contemplación de la Idea de Bien; se trata de un proceso arduo y penoso,
que Platón describe de forma metafórica en el Mito de la Caverna como la ascensión del
prisionero liberado hacia el mundo exterior.
Relación entre el Mito de la Caverna y la Línea Dividida.
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1.2.2. Racionalismo platónico: conocer es “recordar”.
En última instancia, para Platón conocer es “recordar”. En el ser humano se distinguen
dos sustancias, una material y mortal, el cuerpo, y otra inmaterial e inmortal, el alma –esto se
conoce como dualismo antropológico. En diálogos como Menón y Fedón, Platón plantea
abiertamente su concepción de un alma inmortal que ya posee la verdad en su interior, pues
antes de su primera encarnación en un cuerpo habitó y contempló el mundo de las Ideas. Por
tanto, el conocimiento no consiste en aprender lo que no poseemos, sino en recordar
(reminiscencia o anámnesis) lo que ya está en nuestra alma. Los seres sensibles, que son
copias de las Ideas, nos ayudan a “recordar”, pero el sabio debe apartarse de los sentidos y
atender a su razón si quiere alcanzar la verdad. La ascensión del prisionero es un viaje hacia el
interior del alma, y sus cadenas son las cadenas del cuerpo y de este mundo físico de
apariencias e irrealidades.
Esta postura epistemológica defendida por Platón se conoce como racionalismo, el cual
afirma que: (a) la razón o el pensamiento puro (y no la experiencia) es la fuente u origen de
todo conocimiento, y (b) los seres humanos poseen numerosos conocimientos innatos, es
decir, saben muchas cosas desde el momento en el que nacen. Para los racionalistas, la
experiencia tiene un papel muy secundario en la adquisición de conocimientos: a lo sumo,
sirve como recordatorio de los conocimientos que ya poseemos en el interior de nuestra alma
o de nuestra mente. Por ello, la búsqueda del conocimiento es ante todo una búsqueda en el
interior de nosotros mismos para hallar aquí la verdad, es decir, todos los inmensos
conocimientos innatos que guardamos en nuestra alma desde el momento mismo de nuestro
nacimiento e incluso antes. Platón cree que, al morir nuestro cuerpo, nuestras almas
inmortales y eternas se reencarnan en otro cuerpo, llevando consigo todos los conocimientos
del mundo inteligible y de nuestras vidas anteriores. Por eso, “aprender es recordar”: cada vez
que aprendemos algo nuevo (un teorema matemático, una ley física, un hecho histórico, etc.),
en realidad no estamos adquiriendo un nuevo contenido, sino recordando un conocimiento
que ya teníamos dentro de nosotros pero que habíamos olvidado.
2. ÉTICA Y POLÍTICA.
2.1. Ética: el alma tripartita y las virtudes.
Se ha insistido en la finalidad o intención política de la vida y las obras platónicas,
vocación reconocida por el mismo Platón en la autobiográfica Carta VII. En la filosofía platónica
todos los temas se interrelacionan: su epistemología (teoría del conocimiento) es inseparable
de la teoría metafísica de las Ideas, pero ambas también conectan con la antropología, la ética
y la política, formando un todo. Esta interrelación puede verse en el mito de la caverna, donde
junto a la concepción de los dos mundos y del proceso de conocimiento del alma,
encontramos la obligación moral y política del sabio de instruir al pueblo ignorante. Para
Platón, al igual que para su maestro Sócrates, el mal procede de la ignorancia: es imposible
conocer el bien y actuar mal. Esta doctrina, que se conoce como “intelectualismo moral”, es
fundamental para entender no sólo los planteamientos éticos de Platón sino también su
política, y el estrecho vínculo de ambas con la teoría del conocimiento (epistemología) y la
concepción del ser humano (antropología).
Ya hemos visto que, para Platón, en el ser humano se distinguen dos sustancias: (a) el
cuerpo, que es material, mortal y corruptible, y (b) el alma, que es inmaterial, inmortal e
incorruptible; esta postura se conoce como dualismo antropológico. En el diálogo Fedro nos
encontramos otra famosa alegoría platónica en la que se describe la naturaleza del alma
humana: el mito del auriga o de los caballos alados. De nuevo, Platón emplea la metáfora
para exponer su antropología o concepción del ser humano: este mito representa el alma
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Tema 3. Platón.
como un carro guiado por un cochero (o auriga) y arrastrado por dos caballos. Pues bien, las
partes del alma serían:
-1) El alma racional, la razón o inteligencia, representada por el cochero o auriga.
-2) El alma irascible, la fuerza de voluntad, representada por el caballo blanco.
-3) El alma apetitiva o concupiscible, la parte más apegada a los apetitos o instintos
del cuerpo, representada por el caballo negro.
Evidentemente, la parte más importante es “el cochero que dirige el carro”, la parte
racional del alma. El hombre sabio es aquél que sabe controlar y dirigir bien las otras dos
partes de su alma, más apegadas al cuerpo y al mundo sensible, para encaminar su vida hacia
el mundo de donde procede el alma, el mundo de las Ideas.
Teoría tripartita del alma.
Puesto que el alma ya habitó hace mucho tiempo en el mundo inteligible y allí
contempló todas las Ideas, los sabios son los que han logrado recuperar ese conocimiento; el
conocimiento es reminiscencia, es decir, conocer es recordar. Tras caer del mundo de las Ideas
al mundo sensible y encarnarse en cuerpos materiales, nuestras almas olvidaron el
conocimiento de las Ideas e iniciaron un ciclo de sucesivas reencarnaciones; pero dicho
conocimiento permanece en el fondo de nuestras almas y es posible recuperarlo a través de la
educación y el estudio. Por tanto, los sabios conocen el camino correcto, el camino de
purificación del alma que consiste en huir de las cosas materiales a las que nos inclina el
cuerpo y salir del ciclo de las reencarnaciones, con el fin de volver a vivir eternamente en el
mundo inteligible. Cualquier debilidad humana (como la adicción al sexo, el alcohol, el dinero o
el poder) es perjudicial para este fin. Por ello, no es posible ser sabio y malvado a la vez, pues
sería como actuar contra uno mismo; esta doctrina fue defendida por Sócrates y se conoce
como “intelectualismo moral”: el mal procede de la ignorancia, y el sabio es necesariamente
bueno o virtuoso. El proceso de conocimiento en Platón es, a la vez, un proceso de purificación
individual del alma y de búsqueda de una sociedad justa. La antropología nos conduce a la
ética, y la ética a la política.
El concepto de “virtud” o excelencia (areté) se refiere a una característica del alma o
de la personalidad que lleva a hacer lo correcto o conveniente para uno mismo guiándose por
la razón. Esa virtud era el diálogo en Sócrates, mientras que en Platón es el equilibrio entre las
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Tema 3. Platón.
partes del alma. El hombre bueno o virtuoso es aquél capaz de conseguir la armonía entre las
tres partes de su alma: esto se consigue cuando la parte racional del alma domina, controla y
dirige por el buen camino a la parte irascible (voluntad) y a la parte apetitiva o concupiscible.
Cuando cada una de estas partes del alma cumple su función, el ser humano actúa de forma
virtuosa o ética. De ahí que Platón distinga cuatro virtudes principales:
-1) La prudencia o sabiduría (conocimiento del Bien y de las Ideas) es la virtud propia
de la parte racional del alma.
-2) La valentía o fortaleza (fuerza de voluntad, que incluye el honor o voluntad de
respetar las promesas) es la virtud de la parte irascible.
-3) La moderación o templanza (evitación de los excesos y disfrute sereno de los
placeres carnales) es la virtud del alma apetitiva.
-4) La justicia, la cuarta virtud, es la armonía entre las tres partes del alma. El hombre
justo se identifica con el sabio: su conocimiento de la verdad le permite mantener la armonía
entre las partes del alma, favoreciendo el proceso de purificación que le llevará a la salvación
de su alma. De este modo, el sabio alcanza la perfección.
Virtudes del alma.
La vida buena o virtuosa consiste, por tanto, en satisfacer de forma moderada las
necesidades materiales y buscar la purificación del alma a través de la sabiduría. No se observa
en los diálogos de vejez de Platón ese menosprecio o rechazo absoluto de lo corporal que
vemos en el Fedón, pero, en definitiva, la perfección sólo se alcanza a través de la sabiduría
propia de los sabios. Sólo los hombres y mujeres sabios/as son los verdaderamente buenos o
virtuosos, y sólo ellos/as pueden ser los gobernantes legítimos del Estado. Por eso, el
personaje de Sócrates insiste en el Fedón en que el sabio no teme a la muerte, pues toda su
vida se ha preparado para ella: la plena sabiduría se alcanza con la separación del alma y del
cuerpo en la muerte, pues entonces el alma podrá volver a contemplar las Ideas. Por otra
parte, la conducta moral debe tener una repercusión social, pues el bien de todos –el bien
común– está por encima del bien individual.
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Tema 3. Platón.
2.2. La política: la ciudad justa.
2.2.1. Relación entre ética, política y educación.
Debemos partir de dos tesis éticas para entender la política:
-a) El fin del Estado es la consecución del bien común: el bien de todos está por encima
del bien individual, y el individuo se subordina al Estado.
-b) El mal procede de la ignorancia, y los hombres sabios son buenos y justos. Se
deduce de aquí la enorme importancia que concede Platón a la educación en su República
ideal: primero, porque cuanto más alto sea el nivel de educación de los ciudadanos, el Estado
será mejor y más justo; segundo, porque el puesto o función que desempeñe cada cual en la
sociedad platónica ideal depende del grado de educación –o paideia– y de sabiduría alcanzado
por la persona. Corresponderá a los más sabios las funciones de gobierno, como reyes-
filósofos. Platón propone un sistema aristocrático, pero no de “sangre” (linaje) o riqueza, sino
de sabiduría.
La educación o paideia es la auténtica columna vertebral del Estado platónico. La
educación es descrita en el Libro VII de la República como un proceso bien programado pero
doloroso, que sólo las almas más capacitadas podrán culminar, y que está simbolizado por la
ascensión del prisionero hacia el exterior de la caverna. En el mismo Libro VII se especifica
dicho programa formativo: gimnasia y música en los niños pequeños, continuando con
astronomía, geometría y aritmética en la segunda infancia y en la adolescencia, y culminando
con la dialéctica en la edad adulta. Esta educación debe ser recibida por todos los niños y niñas
del Estado, aspecto completamente revolucionario para una época que relega a la mujer a un
segundo plano y le niega la consideración de “ciudadano”. Asimismo, Platón defiende que
hombres y mujeres no solo deben recibir la misma educación, sino que deben tener las mismas
oportunidades.
La educación estaría a cargo de los sabios gobernantes, y duraría toda la vida para sus
sucesores en el gobierno. El gobierno del Estado y la educación de los ciudadanos y futuros
gobernantes son funciones de los reyes-filósofos: estos deben orientar correctamente al
pueblo por el camino de la purificación individual y del bien general, lo que permitirá
conseguir, finalmente, un Estado perfecto en el que reine la justicia.
2.2.2. La república ideal. Las clases sociales y el bien común.
Platón describe un Estado ideal constituido por tres clases sociales: los productores, los
guardianes o guerreros y los sabios gobernantes. Esta división en clases no es arbitraria ni
depende de la riqueza o el linaje, sino que está en función de la capacidad de cada cual y, en
virtud de ésta, corresponderá a la persona desempeñar unas u otras tareas en la ciudad o
polis. La división de la sociedad en tres clases está estrechamente vinculada a la concepción
antropológica del alma tripartita. En los individuos de cada clase social domina una parte o
aspecto del alma:
-a) Los gobernantes serán los filósofos o sabios, aquéllos en los que predomine la parte
racional del alma.
-b) Los guardianes o guerreros (auxiliares de los gobernantes con funciones policiales y
militares) serán aquéllos en los que predomine la parte irascible;
-c) Los productores (artesanos y labradores) serán aquéllos en los que domine la parte
apetitiva o concupiscible.
Vemos aquí la mencionada correlación entre antropología, ética y política. El Estado
justo es aquél en el que reina el equilibrio entre las tres clases sociales:
-a) Los filósofos o sabios, los que gobiernan, poseen la virtud de la sabiduría o
prudencia;
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Tema 3. Platón.
-b) Los guardianes, los que vigilan el cumplimiento de las leyes, poseen la virtud de la
valentía o fortaleza;
-c) Los productores (artesanos y labradores), los que se encargan de las labores
productivas, gracias al buen gobierno satisfacen sus necesidades con la virtud de la
moderación o templanza.
Al igual que el hombre justo alcanza su perfección cuando logra el equilibrio entre las
tres partes de su alma gracias a las virtudes de la sabiduría, la valentía y la moderación, el
Estado justo es el que alcanza ese mismo equilibrio o armonía entre las tres clases sociales,
equilibrio que se produce cuando en cada una de ellas reinan sus virtudes correspondientes.
Clases sociales.
En definitiva, el Estado ideal de Platón estaría gobernado por reyes-filósofos, que
pueden ser tanto hombres como mujeres. Los sabios asumen el gobierno por obligación moral
hacia sus conciudadanos, no por codicia ni por prestigio personal. El prisionero liberado del
mito de la caverna vuelve al interior por un deber moral, y no por codiciar ninguno de los
bienes “de allí abajo”. No debemos olvidar que para Platón el bien común está por encima del
individual: el bien del Estado y el bienestar general es superior al bienestar de cada individuo.
Por ello, tanto los sabios como el resto de ciudadanos deben asumir la función que sea más
favorable para el Estado y para el bien común, renunciando a intereses o gustos personales y
obedeciendo de forma estricta y rigurosa las leyes y el mandato de los más sabios, tanto en
cuestiones públicas como en asuntos privados. Esta falta de libertad y esta obediencia absoluta
a los sabios confiere al Estado platónico el aspecto de una utopía totalitaria, tal como señala el
filósofo Karl Popper en su obra La sociedad abierta y sus enemigos.
Para evitar cualquier egoísmo o interés personal que pudiera distraer a los
gobernantes de trabajar para el bien común, Platón propone un comunismo de bienes y
familiar en las dos clases que detentan las funciones de gobierno: los guardianes y los
filósofos-reyes no pueden tener propiedad privada ni tampoco familia (podrán tener hijos,
pero estos serán cuidados y educados por el Estado). Así, nadie se sentirá atraído por unos
cargos de gobierno que no le van a suponer ningún beneficio personal sino, al contrario, una
vida de austeridad absoluta y la renuncia personal a tener una familia.
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Tema 3. Platón.
2.2.3. Las distintas formas de gobierno.
Desde el punto de vista de su Estado ideal, Platón condena el resto de formas de gobierno
conocidas y plantea una evolución degenerativa “lógica” de éstas, que iría desde la más perfecta
hasta la más imperfecta:
-a) La aristocracia es la forma más perfecta de gobierno: el gobierno de los mejores, los
sabios o reyes-filósofos.
-b) La timocracia es el gobierno de los guardianes o guerreros, quienes imponen una
dictadura militar que tarde o temprano termina corrompiéndose.
-c) La oligarquía es el gobierno de los productores ricos, de los artesanos o comerciantes
más pudientes, que imponen una dictadura económica. Los ricos buscan su bien personal antes
que el de la comunidad, por lo que la oligarquía ya nace corrupta.
-d) La democracia es el gobierno del “pueblo”, es decir, de la masa de los medianos y
pequeños productores (artesanos y labradores), y se alza contra los excesos de los dos sistemas
corruptos de la timocracia y la oligarquía. Según Platón, la democracia “parece la forma ideal de
la vida política, pero no reconoce orden ni deber moral alguno, sino que vive al día según su
gusto y humor”. La democracia siempre trae consigo desórdenes, conflictos, corrupción, falta de
valores y relativismo moral, por lo que es un sistema decadente.
-e) La tiranía es el gobierno de una única persona, un dictador con poderes absolutos. Es
la consecuencia natural de la democracia, cuando el pueblo elige a un demagogo y líder
carismático para que resuelva los conflictos internos: entonces encumbra a un tirano, quien
suele instaurar un sistema personalista despótico y corrupto hasta la médula, el peor de todos
los sistemas.
La República ideal de Platón.
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