Tengan muy buenos días:
Excelentísimo Consejo Directivo; Autoridades de la Universidad Politécnica Territorial del Norte
de Monagas Ludovico Silva de la ciudad de Caripito, estado Monagas; Autoridades de la Aldea
Universitaria Juan Pablo Rojas Paúl del municipio Arismendi; Profesores; Compañeros
graduandos; familiares; señoras y señores:
Quiero comenzar estas palabras haciéndoles una confesión: cuando se me dijo que tendría que
hablar ante todos ustedes y dar unas palabras en nombre de toda mi cohorte, sentí gran peso y
preocupación, pues no es fácil dar unas palabras que transmitan la emoción que pueda sentir cada
uno de nosotros en este momento de nuestras vidas en el que damos un salto definitivo hacia el
futuro, contentos de saber algo más sobre quiénes somos, sobre qué vamos a hacer y qué tenemos
para ofrecerle al mundo en el que crecimos, especialmente al proyecto de país al que responde la
formación académica recibida. Es una inmensa responsabilidad, pero también un honor para
quienes nos hemos preparado durante años.
Por ello, al preparar estas palabras no dejé de recordar nuestro primer día de clases, pues, aunque
algunos de nosotros nos conocíamos, nos mirábamos los unos a los otros, porque siempre es
importante saber a quiénes tenemos a nuestro lado. Eso fue lo que hicimos, un poco extrañados,
de ese momento en que nos estábamos conociendo y no sabíamos cuán cercanos llegaríamos a
ser, cuánto nos conoceríamos los uno a los otros.
Ahora les propongo, compañeros graduandos, que lo hagamos hoy una vez más: miremos a
quiénes tenemos al lado en este momento tan especial, porque todos somos hoy parte de lo mismo,
hoy somos colegas y cada uno lleva consigo una lección de humildad, de pertenencia y de respeto
con que nuestros profesores nos guiaron hacia éste preciso momento.
Por eso, ante todo, quisiera agradecer, en nombre de mis compañeros, la presencia de cada uno
de ustedes el día de hoy en esta ceremonia, pero también a nuestros padres, a nuestra familia, a
todos esos que hoy están a nuestro lado aplaudiéndonos y también a aquellos que hoy no pueden
estar, pero sí estuvieron cuando hizo falta. A todos los que nos hallaron en el camino y nos dieron
ese empujón necesario, nos ayudaron a descubrir cuál era nuestro lugar en el mundo: éste en el
que estamos ahora, ¡Gracias, Profesores! ¡Gracias, padres y madres! ¡Gracias, compañeros! Es
para mí un verdadero honor y una gran responsabilidad, tomar la palabra en representación de
todos los graduandos en esta mañana tan especial, que marca el fin de una etapa muy importante
para unos, para otros el comienzo o la continuación de una etapa más importante aún: nuestra
vida profesional.
Hoy nos embargan sentimientos encontrados; una alegría enorme por haber logrado una meta
personal, pero a la vez mucha expectativa de lo que ocurrirá de ahora en adelante.
En el año 2016 ingresamos a la Aldea Universitaria con una meta, un propósito, estudiar una
carrera y desde entonces no nos hemos desvinculado de ella y junto a nuestro progreso profesional
hemos sido testigos del avance de nuestra casa de estudio, lo cual nos llena de orgullo. Segura
estoy que a todos les pasa lo mismo.
Hemos compartido tantas cosas juntos, que hacen de este grupo de graduandos algo
verdaderamente especial, en el que existe la verdadera amistad, el compañerismo y el respeto;
espero que permanezcamos mucho tiempo más en esta unión y armonía. Atrás quedan muchos
recuerdos; muchos momentos compartidos llenos de cosas pequeñas que hacen un todo, que
impregnan nuestras vidas de lo sencillo, que fue la clave para fortalecer los lazos de unión en el
grupo.
Es tiempo también de agradecer a quienes estuvieron a lo largo de nuestra formación profesional.
En primer lugar, agradecer a Dios: por ser el Creador de la vida y quien nos ha dado la capacidad,
la aptitud, inteligencia y perseverancia para lograr este tan importante título. Finalmente llegó el
día de nuestro acto de grado. Para Dios toda la Honra y la Gloria.
A nuestros familiares, novios, esposos, hijos y amigos por su apoyo constante y su confianza a
pesar de las dificultades, por creer en nosotros siempre y motivarnos a superarnos; por sus
consejos en los momentos de crisis y estar al pendiente de nosotros en cada situación con una
palabra de aliento en el momento preciso y con su sentido del humor.
A la Aldea Universitaria Juan Pablo Rojas Paul por abrir sus puertas incondicionalmente y a la
Universidad Politécnica Territorial del Norte de Monagas Ludovico Silva por otorgarnos este
título, siendo garantes de todos los conocimientos que hemos aprendido, y que hoy en día
ponemos en práctica en nuestra vida laboral. Hemos aprendido a crear soluciones innovadoras, a
trabajar en equipo. Hemos aprendido no sólo conocimientos académicos, sino también a tener
una base sólida para ser líderes íntegros, tomando decisiones basadas en la opción más
conveniente, aplicando modelos o fórmulas basada en valores y en la repercusión que nuestros
actos tendrán en la vida de los demás.
A nuestros profesores por la paciencia y dedicación. Debo confesar que no fuimos un grupo fácil,
pero cada uno de ellos en mayor o menor medida ha dejado lecciones en nosotros que van más
allá de lo que se enseña en un salón de clases. Tenemos la satisfacción de poder dirigirnos a
algunos de ellos con confianza, como amigos. Agradecer también al Coordinador Andrés Viñoles
por la confianza y apoyo en todo momento.
Quedo con los mejores recuerdos de mis profesores, compañeros y del grupo humano que trabaja
en la Universidad. Asimismo, es importante que nos felicitemos a nosotros mismos por haber
logrado el objetivo propuesto hace varios años. Sabemos que fue complicado, en varias ocasiones
muchos pensamos en dar marcha atrás, pues el camino parecía excesivamente duro y el objetivo
trazado demasiado difícil de alcanzar. Sin embargo, seguimos adelante y hoy estamos aquí,
compartiendo la satisfacción de haber cumplido nuest ro sueño.
Finalmente, me gustaría compartir con todos los graduandos una frase de Elbert Hubbard, filósofo
y escritor estadounidense: “El error más grande que puedes cometer es el tener miedo de cometer
un error”. Nunca tengamos miedo de intentar; en este tiempo que sentimos miedo de caer, cada
vez que nos levantábamos, lo hacíamos siendo mas fuertes. Sigamos nuestros sueños,
planteémonos metas ambiciosas, no importa lo grande que en un principio puedan parecer. Las
metas grandes y las metas pequeñas empiezan todas de la misma manera, con un primer paso.
Así que hoy, compañeros graduando, los invito a que demos juntos el primer gran paso.
Muchas gracias…