Para otros usos de este término, véase Profecía (desambiguación).
Representación del Profeta Jeremías hecha
por Miguel Ángel.
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Una profecía (del latín prophetīa, y este del griego προφητεία, o quizá del
griego φαινος, aparición) es, en la primera acepción del Diccionario de la lengua
española de la Real Academia Española, un «don sobrenatural que consiste en
conocer por inspiración divina las cosas distantes o futuras».
Podría considerarse la existencia de diferencias entre los
términos profecía y predicción. El Diccionario de la lengua española de la Real
Academia Española no marca límites tan precisos en el sentido de la
palabra predicción, al señalar que predecir significa «anunciar por revelación,
ciencia o conjetura algo que ha de suceder». Por lo tanto, la predicción puede
involucrar un don sobrenatural, un proceso lógico-racional, o un juicio más o menos
subjetivo basado en indicios u observaciones. Por el contrario, la mayoría de las
acepciones del citado diccionario referidas a la palabra profecía señalan que se
trataría de un «don sobrenatural», es decir, que sería «inspirada por Dios». Así, se
sitúa a las profecías mayormente en el ámbito de la fe, sin ligarlas necesariamente
a un razonamiento en la previsión del resultado predicho.
En grados diversos y formas variables, las religiones de la antigüedad hicieron
referencia a hombres «inspirados» que afirmaban hablar en nombre de su dios.
En las grandes religiones monoteístas (judaísmo, cristianismo, islam), las
manifestaciones extraordinarias nunca constituyen lo esencial en los profetas, que
se distinguen por tener simplemente carácter de mensajeros. Las profecías eran,
pues, consideradas simples indicadores del designio divino. Hasta la fecha, más allá
de las evidencias científicas que puedan o no resultar suficientes para unos u otros,
muchos seguidores de estas grandes religiones afirman que, en buena medida, las
profecías de sus libros sagrados se han cumplido.
Etimología
El sustantivo inglés "prophecy", en el sentido de "función de un profeta" apareció
alrededor de 1225, del francés antiguo profecie (siglo XII), y
de prophetia, griego propheteia "don de interpretar la voluntad de Dios", del
griego prophetes (véase profeta). El significado relacionado, cosa hablada o escrita
por un profeta, data de c. 1300, mientras que el verbo "profetizar" se registra hacia
1377.[1]
Definiciones
La revolución de 1831. Como profetizó el sabio
astrólogo General Ikey Wether-Bridge
Maimónides sugirió que "la profecía es, en verdad y en realidad, una
emanación enviada por Ser divino a través del medio del Intelecto activo, en
primera instancia a la facultad racional del hombre, y luego a su facultad
imaginativa".[2]
Los puntos de vista de Maimónides se relacionan estrechamente con la
definición de Al-Fârâbî, que desarrolló la teoría de la profecía en el Islam. [3]
Gran parte de la actividad de los profetas del Antiguo Testamento implicaba
advertencias condicionales en lugar de futuros inmutables. [4] Un resumen de
una fórmula profética estándar del Antiguo Testamento podría ser
Arrepiéntete del pecado X y vuélvete a la justicia, de lo contrario se producirá
la consecuencia Y.
San Pablo destaca la edificación, la exhortación y el consuelo en una
definición de la profecía.[5]
La Enciclopedia Católica define una concepción cristiana de la profecía como
"entendida en su sentido estricto, significa la previsión de acontecimientos
futuros, aunque a veces puede aplicarse a acontecimientos pasados de los
que no hay memoria, y a cosas presentes ocultas que no pueden ser
conocidas por la luz natural de la razón". [6]
Según la esoterista occidental Rosemary Guiley, la clarividencia se ha
utilizado como complemento de la "adivinación, la profecía y la magia". [7]
Desde un punto de vista escéptico, existe una máxima latina: "profecía
escrita después del hecho" (vaticinium ex eventu).[8]
La Torá judía ya trata el tema del falso profeta (Deuteronomio 13:2-6, 18:20-22).[9]
En Israel