DIFERENCIAS ENTRE LA TÉCNICA GRIEGA Y LA TÉCNICA MODERNA SEGÚN
HEIDEGGER
Martin Heidegger fue un filósofo alemán que abordó la cuestión del ser y la técnica desde una
perspectiva ontológica. En su ensayo La pregunta por la técnica, Heidegger sostiene que la técnica
no es solo un conjunto de herramientas, sino un modo de revelar el mundo. Así, cada época tiene una
forma particular de relacionarse con la realidad a través de la técnica.
Heidegger distingue dos modos históricos de técnica: la técnica griega y la técnica moderna. La
técnica griega, artesanal y ligada a la poiesis (un “dejar aparecer”), respetaba el ritmo natural de la
physis (naturaleza), entendida como un proceso autónomo que se autorregula. En cambio, la técnica
moderna es una forma de provocación que exige de la naturaleza una entrega constante de recursos.
La naturaleza deja de ser un proceso autónomo para convertirse en un depósito de materias primas al
servicio de la producción. Los objetos ya no son entidades con sentido propio, sino simples recursos
disponibles (Bestand), para ser explotados y transformados.
Además, el papel del ser humano cambia radicalmente. De ser intérprete y colaborador del ser, pasa a
ser gestor de un sistema técnico que domina y extrae sin contemplación. La técnica moderna genera
una relación agresiva y reductiva con la naturaleza y el ser.
De esta comparación, Heidegger extrae dos conclusiones fundamentales. Por una parte, critica la idea
habitual de que la técnica moderna sea simplemente “superior” a la griega. Si se analizan las cosas
desde parámetros más profundos que la eficacia o el dominio, esa supuesta superioridad se vuelve
discutible. La técnica moderna, aunque más poderosa, implica una relación más agresiva y reductiva
con el mundo. Por otra parte, el filósofo plantea una pregunta esencial: ¿será posible en el futuro una
técnica distinta de la griega, pero que, como ella, conserve una actitud de respeto hacia el entorno
natural? Con esta cuestión abierta concluye su meditación, invitando a pensar un modo de habitar el
mundo en el que la técnica no oculte el ser, sino que lo haga accesible sin violentarlo.
HEIDEGGER: LA ESTRUCTURA ONTOLÓGICA DEL SER-EN-EL-MUNDO
Martin Heidegger, filósofo fundamental del siglo XX, centra su reflexión en la pregunta por el ser,
entendida como el análisis de la existencia humana concreta, a la que llama Dasein (“ser-ahí”). Este
concepto designa la vida humana situada, siempre inserta en un mundo, lo que implica que el ser
humano no es un sujeto aislado ni una conciencia pura, sino que existe siempre en relación con su
entorno.
Para Heidegger, la existencia humana es, en esencia ser-en-el-mundo. Esto significa que no estamos
simplemente dentro del mundo como objetos, sino que el mundo forma parte integral de nuestra
existencia. Esta idea rompe con visiones anteriores, como la cristiana, que considera la vida en el
mundo un tránsito hacia otro plano, o la idealista, que separa sujeto y objeto. En cambio, Heidegger
insiste en que la existencia es radicalmente mundana y que vivimos inmersos en una red de
relaciones y significados.
Esta inmersión se expresa en la preocupación (Sorge), la estructura fundamental del ser-en-el-
mundo, que implica ocuparse del presente, proyectarse hacia el futuro y recordar el pasado. Así, la
temporalidad no es simplemente cronológica, sino la forma misma del ser humano. Esta visión
también redefine el conocimiento: no es una representación neutral de objetos, sino una relación
práctica y activa con el entorno, donde usamos herramientas y participamos del mundo cotidiano.
Heidegger critica la metafísica y la ciencia moderna por olvidar esta condición finita y temporal del
ser humano, al buscar un conocimiento universal y objetivo que desconoce nuestra implicación
existencial. Esa desconexión ha producido una crisis de sentido, donde el hombre pierde el
entendimiento de su modo de existir. Recuperar la comprensión del ser-en-el-mundo supone superar
la separación entre sujeto y objeto, reconociendo la unidad inseparable entre el hombre y el mundo
que habita.
HEIDEGGER: ETAPAS DE LA HISTORIA DE LA METAFÍSICA
Martin Heidegger, filósofo fundamental del siglo XX, centra su reflexión en la pregunta por el ser,
entendida como el análisis de la existencia humana concreta, a la que llama Dasein (“ser-ahí”). Este
concepto designa la vida humana situada, siempre inserta en un mundo, lo que implica que el ser
humano no es un sujeto aislado ni una conciencia pura, sino que existe siempre en relación con su
entorno.
Martin Heidegger sostiene que la metafísica occidental, desde Platón hasta la modernidad, ha
intentado fijar el sentido del ser mediante un fundamento único, una base definitiva para todo lo
existente. Esta metafísica no es solo una teoría sobre los entes, sino una clausura del ser, que lo
reduce a una forma estable de presencia subordinada a ese fundamento supremo. Así, la pregunta por
el ser mismo se olvida y la historia del pensamiento se divide en tres etapas: cosmológica, teológica
y antropológica.
La etapa cosmológica corresponde a la Antigüedad griega, con Platón como su máximo exponente.
Aquí, el fundamento está en un mundo suprasensible de Ideas o Esencias eternas, inmutables y
accesibles mediante la razón, mientras que el mundo sensible se considera mera apariencia. Este
dualismo, ejemplificado en el mito de la caverna, limita la comprensión del ser al identificarlo con un
tipo privilegiado de ente.
La etapa teológica, desde la Edad Media hasta la modernidad temprana, sitúa a Dios como
fundamento supremo: creador y garante del orden moral y cósmico. La metafísica se convierte en
onto-teología, donde el ser queda oculto tras la figura divina.
La última etapa, la antropológica, comienza con Descartes y sitúa al hombre como fundamento
absoluto, un sujeto que domina un mundo reducido a objeto de representación. Esta perspectiva
intensifica el olvido del ser, transformando todo en disponibilidad y dominio. Nietzsche describe el
desenlace de esta etapa en el nihilismo, donde desaparecen los valores trascendentes y sólo queda la
voluntad de poder.
Frente a esta historia, Heidegger propone un nuevo comienzo: recuperar la pregunta por el ser sin
depender de un fundamento único, abriendo la posibilidad a modos distintos de desvelamiento. Así,
se podrá superar la crisis de sentido de la modernidad, marcada por la tecnociencia, el nihilismo y la
reducción funcionalista del mundo.
LA CRÍTICA DE LA METAFÍSICA EN HEIDEGGER
Martin Heidegger es uno de los filósofos más influyentes del siglo XX. Su pensamiento se sitúa
dentro del llamado existencialismo y de la fenomenología, aunque él mismo supera ambos marcos
con una propuesta más radical: una crítica profunda a la tradición filosófica occidental, centrada
especialmente en la metafísica. Su obra más importante es Ser y tiempo (1927), donde plantea una
relectura del problema del ser, olvidado, según él, por toda la filosofía desde Platón.
Para Heidegger, la metafísica tradicional ha cometido un error fundamental: ha centrado su
atención en los entes, es decir, en las cosas concretas, pero ha olvidado el sentido mismo del ser.
Este olvido se repite desde Aristóteles hasta la metafísica moderna, que se ha preocupado por
categorías como sustancia, causa o Dios, sin preguntarse por la diferencia ontológica, es decir, la
diferencia entre el ser (lo que hace que algo sea) y los entes (las cosas que son). Esta confusión es lo
que Heidegger llama el “olvido del ser”.
Además, Heidegger critica que la metafísica haya convertido el ser en un objeto más del
pensamiento, subordinándolo a la lógica, la razón o la técnica. Esta actitud culmina en la
modernidad, donde la metafísica se transforma en una metafísica de la objetividad y de la
dominación, que desemboca en el pensamiento técnico y en la pérdida del sentido auténtico de la
existencia.
Frente a ello, Heidegger propone una destrucción de la metafísica, no como negación, sino como
un camino para recuperar la pregunta por el ser. Esta recuperación debe hacerse desde la
experiencia concreta del ser humano, al que llama Dasein (“ser-ahí”), un ser que se relaciona con el
ser de manera abierta, finita y temporal.
En resumen, la crítica de la metafísica en Heidegger consiste en denunciar que la tradición ha
olvidado la pregunta fundamental: “¿Qué es el ser?”. Y su propuesta es volver a plantearla, no desde
la abstracción conceptual, sino desde la experiencia existencial del ser humano en el mundo.