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Entamoeba histolytica: Parásito y Riesgos

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“Entamoeba histolytica: un

enemigo invisible pero


poderoso”


DOCENTE RESPONSABLE:​
BIOL. JOSE LUIS ROLDAN CHAVEZ​

INTEGRANTES:
1.​ Aparicio Ruiz María de Fátima
2.​ Farfan Lopez María Alexandra
3.​ Guerrero Tineo María Alexandra
4.​ Orozco Choy Thais

ÍNDICE
ÍNDICE..............................................................................................................................1
Introducción.................................................................................................................... 2
¿Qué es Entamoeba histolytica?..................................................................................... 3
¿Dónde se encuentra y cómo se transmite?................................................................... 4
¿Qué síntomas causa?..................................................................................................... 5
¿Cómo vive este parásito en nuestro cuerpo?............................................................... 6
¿Cómo se diagnostica?.................................................................................................... 7
¿Por qué es tan importante hablar de esto?.................................................................. 8
¿Se puede tratar?............................................................................................................ 9

16 de julio de 2025
BIOLOGÍA DE 4.° AÑO

1
Introducción
Las enfermedades parasitarias siguen representando un desafío constante para la
salud pública mundial, especialmente en regiones donde persisten condiciones
sanitarias inadecuadas, el acceso al agua potable es limitado y las prácticas de
higiene son insuficientes. En este contexto, la amebiasis, causada por el protozoo
Entamoeba histolytica, constituye una de las infecciones intestinales más
preocupantes y, a la vez, más subestimadas del mundo.

Este microorganismo, microscópico y por tanto invisible a simple vista, posee un


poder destructivo notable. Aunque en muchos casos la infección puede pasar
desapercibida, en otros puede desencadenar cuadros clínicos severos, como
disentería con sangre, úlceras intestinales y abscesos hepáticos potencialmente
mortales. Su capacidad para invadir tejidos y diseminarse a otros órganos convierte
a este parásito en un verdadero enemigo silencioso que, año tras año, sigue cobrando
miles de vidas, especialmente en poblaciones vulnerables.

A través de esta investigación abordaremos no solo los aspectos biológicos del


parásito como su morfología, ciclo de vida, mecanismos de transmisión y
sintomatología sino también su diagnóstico, tratamiento y, sobre todo, las medidas
preventivas más eficaces para evitar su propagación. Creemos firmemente que la
educación en salud es una herramienta poderosa, y por ello este trabajo también
busca generar conciencia entre nuestros compañeros y familias sobre la importancia
del cuidado personal, la higiene y el consumo seguro de alimentos y agua.

Comprender cómo actúa Entamoeba histolytica y qué podemos hacer para evitar su
impacto no solo fortalece nuestra formación académica como estudiantes de
Biología, sino que también nos compromete con un objetivo mayor: contribuir a una
sociedad más informada, saludable y protegida frente a enfermedades prevenibles.

¿Qué es Entamoeba histolytica?


Entamoeba histolytica es un protozoo parásito unicelular que infecta principalmente el
intestino grueso del ser humano. Su nombre proviene del griego y significa “devoradora
de tejidos” (histo: tejido; lytikos: capaz de disolver), y refleja con precisión su capacidad
de invadir y destruir las paredes del intestino, generando lesiones que pueden derivar en
úlceras o incluso perforaciones.

2
Este organismo es microscópico y forma parte del grupo de los ameboides, ya que se
desplaza mediante seudópodos (extensiones de su citoplasma). Tiene dos formas
principales durante su ciclo de vida:

-​ El quiste, que es resistente y capaz de sobrevivir en el ambiente exterior durante


semanas, permitiendo su transmisión.
-​ El trofozoíto, que es la forma activa que invade los tejidos del cuerpo humano y
causa los síntomas.​

Aunque muchas personas pueden ser portadoras asintomáticas, es decir, tener el


parásito sin presentar ninguna molestia, otras pueden desarrollar amebiasis, una
infección que varía desde casos leves de diarrea hasta cuadros muy graves como:

-​ Colitis hemorrágica (con sangre en las heces)


-​ Abscesos hepáticos (acumulaciones de pus en el hígado)
-​ Peritonitis, si la infección atraviesa el intestino​

Según el portal StatPearls (2024), esta ameba representa un riesgo de salud pública,
especialmente en zonas sin acceso a agua potable o donde el saneamiento es precario, y
puede causar hasta 100,000 muertes al año a nivel mundial si no se trata a tiempo.

¿Dónde se encuentra y cómo se transmite?


Entamoeba histolytica está ampliamente distribuida en zonas tropicales y subtropicales
del mundo, especialmente en regiones donde las condiciones de higiene y saneamiento
básico son deficientes. Se encuentra con mayor frecuencia en países de América Latina,
África y Asia, donde el acceso al agua potable, los sistemas de tratamiento de aguas
residuales y la educación sanitaria son limitados (Fundación IO, 2023).

En el caso del Perú, aún existen comunidades rurales y urbano-marginales donde las
fuentes de agua están contaminadas, y donde los residuos fecales pueden mezclarse con
el entorno, lo que facilita la propagación del parásito. El riesgo es mayor en zonas donde
se utilizan aguas no tratadas para cocinar, beber o lavar alimentos.

La principal vía de transmisión es la fecal–oral, que ocurre cuando una persona ingiere

3
quistes del parásito presentes en agua o alimentos contaminados con heces humanas.
Esta contaminación puede producirse directamente, al manipular alimentos con manos
sucias, o indirectamente, al beber agua que no ha sido tratada correctamente.

También existen otras formas de transmisión, como el contacto directo persona a


persona, especialmente en contextos donde hay poca higiene, y a través de ciertas
prácticas sexuales de tipo oral–anal, donde el parásito puede ingresar fácilmente al
organismo (INSST, 2023).

Lo más preocupante es que muchas personas infectadas pueden no presentar síntomas


(portadores asintomáticos), pero aún así eliminar quistes en sus heces, contribuyendo
silenciosamente a la cadena de contagio sin saberlo (MedlinePlus, 2024). Esto hace que el
control de la enfermedad sea más difícil y que la prevención, basada en el saneamiento y
la educación, sea fundamental para proteger la salud pública.

¿Qué síntomas causa?


Muchos infectados no presentan síntomas. Sin embargo, cuando la infección se
manifiesta, los síntomas más comunes son:

1.​ Diarrea (a veces con sangre o moco)

2.​ Dolor abdominal

3.​ Fiebre

4.​ Pérdida de peso

En casos graves, el parásito puede provocar abscesos hepáticos (acumulaciones de pus en


el hígado) que requieren tratamiento urgente (MedlinePlus, 2024; Fundación IO, 2023).

Casi 50 millones de personas desarrollan síntomas, con aproximadamente 100 000


muertes anuales. Esta actividad revisa la evaluación y el tratamiento de la amebiasis
causada por Entamoeba histolytica y destaca el papel del equipo interprofesional en la
evaluación y el tratamiento de los pacientes con esta afección.

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¿Cómo vive este parásito en nuestro cuerpo?
Entamoeba histolytica tiene un ciclo de vida que incluye dos formas distintas pero
complementarias:

-​ Quiste: es la forma inactiva, de resistencia. Es muy contagiosa porque puede


sobrevivir fuera del cuerpo humano durante largos períodos, especialmente en
ambientes húmedos, agua o alimentos contaminados. Es la forma que se
transmite entre personas.​

-​ Trofozoíto: es la forma activa y patógena. Se libera dentro del intestino delgado


cuando el quiste es ingerido. Este trofozoíto desciende al intestino grueso, donde
puede adherirse a la mucosa intestinal. Si el sistema inmunológico de la persona
no logra controlarlo, el parásito puede invadir los tejidos, destruyendo las células
intestinales.​

Una vez que invade la mucosa, el trofozoíto puede incluso atravesar la pared intestinal y
viajar por el torrente sanguíneo, alcanzando órganos como el hígado, los pulmones o, en
casos muy raros, el cerebro. Es en estos órganos donde puede formar abscesos,
generando cuadros clínicos mucho más graves.

En condiciones normales, el sistema inmunológico y un buen estado nutricional ayudan


a limitar su acción, pero en personas inmunodeprimidas, malnutridas o en niños
pequeños, el daño puede ser severo y rápido (NCBI, 2023).

¿Cómo se diagnostica?
El diagnóstico de la amebiasis se basa principalmente en el análisis de muestras de
heces para identificar los quistes o trofozoítos de Entamoeba histolytica al
microscopio, aunque este método tiene limitaciones porque no siempre permite
diferenciarla de especies no patógenas. Para mayor precisión se utilizan pruebas de
detección de antígenos en heces, que identifican proteínas específicas del parásito y
ofrecen mayor sensibilidad y especificidad. También se emplean pruebas moleculares
como la PCR, que detectan el ADN del parásito y permiten distinguir con certeza E.
histolytica de otras especies. En casos de amebiasis invasiva, se pueden hacer análisis

5
de sangre en busca de anticuerpos, aunque estos no siempre distinguen entre infección
actual y pasada. Además, cuando se sospecha afectación hepática, como un absceso
amebiano, se usan estudios de imagen como ecografía o tomografía para localizar la
lesión y se puede analizar el contenido del absceso si se drena. Así, el diagnóstico suele
combinar métodos de laboratorio, estudios de imagen y la valoración clínica del
paciente.

¿Por qué es tan importante hablar de esto?


Hablar de Entamoeba histolytica y la amebiasis no es solo una cuestión médica, sino
también un tema profundamente social, educativo y de justicia en salud. Esta
enfermedad afecta principalmente a personas en situación de vulnerabilidad, que viven
en contextos donde el acceso al agua potable, al saneamiento básico y a una atención
médica oportuna es limitado o inexistente. Su existencia y propagación reflejan las
desigualdades estructurales que aún persisten en muchas partes del mundo, incluido el
Perú.

La amebiasis es prevenible, pero sigue siendo una de las infecciones intestinales más
comunes en países en desarrollo. Al ser transmitida por la vía fecal–oral, su control está
directamente ligado a hábitos de higiene, infraestructura sanitaria y educación
comunitaria. Por eso, no basta con tratar médicamente: es necesario informar, educar y
generar conciencia sobre cómo prevenirla.

Además, muchas personas infectadas no saben que lo están y pueden seguir propagando
la enfermedad sin presentar síntomas. Esta condición de "portadores asintomáticos"
representa un riesgo silencioso y continuo, especialmente en comunidades densamente
pobladas o con poca vigilancia epidemiológica.

Hablar de la amebiasis también significa empoderar a la población con información


sencilla y útil: desde el lavado de manos hasta la correcta manipulación de alimentos y el
consumo responsable de agua. Conocer esta enfermedad permite actuar a tiempo, evitar
complicaciones graves y proteger especialmente a los más vulnerables: niños, ancianos y
personas inmunocomprometidas.

En resumen, visibilizar la amebiasis es un acto de prevención, de compromiso social y de


promoción de la salud. Es educar para salvar vidas.

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¿Se puede tratar?
Afortunadamente, sí. La amebiasis causada por Entamoeba histolytica tiene tratamiento
efectivo, aunque este debe ser bien dirigido según la fase de la infección. El objetivo es
eliminar tanto las formas activas (trofozoítos) como las resistentes (quistes), y así evitar
recaídas o nuevas transmisiones.

1.​ Fase aguda o invasiva​


Se administra un medicamento antiparasitario como el metronidazol o el
tinidazol, que actúa directamente contra los trofozoítos en los tejidos. Estos
medicamentos son muy eficaces para eliminar el parásito activo, aliviar los
síntomas y detener la progresión de la enfermedad.

2.​ Fase de erradicación intestinal​


Luego del tratamiento inicial, se utiliza un segundo fármaco que actúe en el
intestino, como la paromomicina, el furoato de diloxanida o el yodoquinol, para
eliminar los quistes residuales y prevenir futuras infecciones o contagios a otras
personas.

3.​ En casos complicados​


Si la infección ha producido un absceso hepático (una acumulación de pus en el
hígado), el tratamiento incluye:​

-​ Hospitalización
-​ Administración intravenosa de medicamentos
-​ En casos graves o si no hay mejoría, se puede realizar un drenaje percutáneo
guiado por ecografía para extraer el pus.

Además, se recomienda evitar el uso de antidiarreicos, ya que pueden empeorar el


cuadro al prolongar la permanencia del parásito en el intestino. En niños, personas
mayores o pacientes deshidratados, es fundamental mantener una buena hidratación y
vigilancia médica.

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