Poder Judicial de la Nación
CAMARA CIVIL - SALA B
EXPTE. N° 45.973/2021.
RODRIGUEZ, BRUNO C/ NAVARRETE, IGOR DANIEL S/ DAÑOS Y
PERJUICIOS (ACC. TRAN. C/LES. O MUERTE)
///nos Aires, Capital de la República Argentina, a los días del mes de julio de dos mil
veinticinco, reunidos en Acuerdo los Señores Jueces y la Señora Jueza de la Excma.
Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil, Sala “B”, para conocer en el recurso
interpuesto en los autos caratulados: “Rodríguez, Bruno c/ Navarrete, Igor Daniel s/
Daños y Perjuicios” (Expte. N° 45.973/2021) respecto de la sentencia de fecha
28.06.2024, el Tribunal estableció la siguiente cuestión a resolver:
¿Es ajustada a derecho la sentencia apelada?
Practicado el sorteo resultó que la votación debía efectuarse en el siguiente
orden: señores jueces y señora jueza, DR. CLAUDIO RAMOS FEIJÓO - DR. ROBERTO
PARRILLI - DRA. LORENA FERNANDA MAGGIO.
A la cuestión planteada el Dr. Claudio Ramos Feijóo, dijo:
I. La sentencia de fecha 28/06/2024 resolvió: hacer lugar a la
demanda deducida por el Sr. Bruno Rodríguez. En consecuencia, condenó -en forma
concurrente- al demandado Igor Patricio Daniel Navarrete junto con la citada en garantía
“Orbis Compañía Argentina De Seguros S.A. (en la medida del seguro y en los términos
del art. 118 de la ley 17.418) a abonarle al actor la suma de $9.170.000 (pesos nueve
millones ciento setenta mil) con más sus respectivos intereses y costas del juicio.
II. Contra el referido pronunciamiento apelaron tanto la parte actora
como el demandado y la empresa aseguradora; recursos que fueron concedidos
libremente.
III. El accionante fundó sus críticas con fecha 29/10/2024, mientras que
las emplazadas hicieron lo propio con fecha 14/11/2024; siendo sendas presentaciones
recíprocamente replicadas por las partes mediante sus piezas de fechas 03/03/2025 y
13/03/2025.
III. a. Mediante la fundamentación de su recurso, el actor criticó la cuantía
indemnizatoria fijada a la hora de justipreciar las partidas otorgadas por “incapacidad
sobreviniente”, “daño extrapatrimonial” y “tratamiento psicológico”. Hizo hincapié en los
porcentajes de incapacidad establecidos en el dictamen pericial, su edad a la fecha del
siniestro y propuso que se tenga en consideración la fórmula matemática “Méndez”.
Luego, ad eventum de que se mantenga el criterio de la instancia de grado
respecto de la aplicación del plenario “Samudio”, efectúo hincapié en el incremento de la
inflación desde el dictado del mismo hasta la actualidad, pidió que se aplique por analogía
Fecha de firma: 03/07/2025
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Firmado por: CLAUDIO RAMOS FEIJOO, JUEZ DE CAMARA
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el fallo “Barrios” dictado por la SCBA y destacó que “…los fallos que se dictan como
consecuencias de una deuda por un accidente de tránsito no trata de obligaciones
dinerarias, son deudas de valor que terminan convirtiéndose en deudas dinerarias
posteriormente…”.
Asimismo, para el supuesto que se considerara que esta sentencia fuera
una deuda dineraria -en vez de una deuda de valor- planteó “…la inconstitucionalidad de
la ley 23.928 y reglamentarias y concordantes como así toda otra norma que impida la
repotenciación y/o actualización de las deudas…”, pidiendo se tengan por reproducidos lo
fundamentos brindados en el voto del Dr. Soria en el fallo referido.
Por último, en subsidio de que los montos no sean actualizados, peticionó
que se aplique “…la tasa pasiva que mensualmente publica el Banco Central de la
República Argentina desde la fecha del hecho hasta su efectivo pago…”.
III. b. De su lado, la citada en garantía y el demandado cuestionaron la
cuantía establecida respecto de los rubros denominados como “incapacidad
sobreviniente” y “daño moral”, como así también lo decidido en cuanto a la tasa de
interés.
En este sentido, solicitaron que se modifique el fallo recurrido reduciendo
los montos indemnizatorios a sus justos límites, contemplándose las impugnaciones
formuladas frente a los dictámenes periciales (con apoyo en los consultores técnicos) y la
jurisprudencia citada, en la cual se hace énfasis a la incidencia negativa que la
incapacidad origina en el desenvolvimiento de la víctima y en sus condiciones particulares
(edad, sexo, condición social; situación familiar, profesión u oficio, ingresos obtenidos en
su desempeño, regularidad de las entradas, posibilidades de progreso e ingresos
frustrados, estudios que cursa, etc.).
En cuanto a los accesorios fijados respecto del capital de condena,
esbozaron que “…la tasa en cuestión (tasa activa) no debe aplicarse desde la mora del
deudor cuando se trata de obligaciones de valor. Ello así por cuanto los jueces fijan el
monto de la indemnización teniendo en cuenta los valores de reposición al momento de la
sentencia, contemplando la desvalorización de la moneda…”. Y, en función de ello,
pidieron que “…se deje sin efecto la aplicación de la tasa activa desde la fecha del hecho,
se determine la aplicación la misma desde la fecha de la sentencia en adelante, fijándose
desde la fecha del hecho hasta la resolución de primera instancia una tasa con un
porcentaje anual del 8%...”.
IV. Pasaré a examinar los agravios expresados, en la inteligencia que
en su estudio y análisis corresponde seguir el rumbo de la Corte Federal y de la doctrina
interpretativa. En tal sentido, ante la inconsistencia de numerosos capítulos de la
expresión de agravios, conviene recordar que los jueces no estamos obligados a analizar
todas y cada una de las argumentaciones de las partes, sino tan sólo aquéllas que sean
conducentes y posean relevancia para decidir el caso (ver CSJN: 258:304; 262:222;
265:301; 272:225; Fassi Yañez, Código Procesal Civil y Comercial de la Nación,
Comentado, Anotado y Concordado, T° I, pág. 825; Fenocchieto Arazi, Código Procesal
Fecha de firma: 03/07/2025
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Civil y Comercial de la Nación. Comentado y Anotado, T 1, pág. 620). Asimismo, tampoco
es obligación de los juzgadores ponderar todas las pruebas agregadas, sino únicamente
las que estimen apropiadas para resolver el conflicto (art. 386, in fine, del ritual; CSJN:
274:113; 280:3201; 144:611).
Es en este marco, pues, que ahondaremos en la cuestión de fondo del
caso sub examine.
V. No encontrándose discutida la responsabilidad objeto de las
presentes actuaciones, pasaré en primer término a analizar las quejas esbozadas por
ambos recurrentes en torno a la cuantificación de las distintas partidas indemnizatorias.
VI. Indemnización.
Incapacidad Sobreviniente. Tratamiento psicológico.
El Magistrado que me precedió, tomando en consideración la entidad de las
lesiones sufridas, sus secuelas resultantes, los porcentajes de incapacidad determinados,
el tratamiento indicado, edad del actor y sus restantes condiciones personales, consideró
adecuado justipreciar las partidas indemnizatorias reclamadas por: a) “incapacidad
permanente” y “daño psicológico” en la suma global de $6.000.000 (pesos seis millones
de pesos); y, b) “daño emergente: gastos futuros” en la cantidad de $120.000 (pesos
ciento veinte mil).
Como adelanté, dicha decisión trajo aparejadas críticas por parte de todos
los recurrentes. El pretensor se vio agraviado por la cuantía establecida a la hora de
valorar la incapacidad sobreviniente y el tratamiento indicado; mientras que, por su lado,
las encartadas si bien también cuestionaron el quantum indemnizatorio (únicamente
respecto de la incapacidad psicofísica), reiteraron las impugnaciones efectuadas ante los
dictámenes periciales y señalaron que su valoración influye en forma directa sobre el
monto otorgado.
Veamos.
Cabe recordar que la incapacidad sobreviniente implica la inhabilidad o
impedimento, o bien la dificultad apreciable en algún grado, para el ejercicio de las
funciones vitales (Zavala de González, Matilde: Resarcimiento de Daños, t. II, p. 281). Ella
comprende toda disminución psíquica y física que afecte tanto la capacidad productiva del
individuo como aquella que se traduce en un menoscabo en cualquier tipo de actividad
que desarrolle con la debida amplitud y libertad.
A la hora de su valoración, una de las pruebas por antonomasia es la
pericial. En autos, la misma fue llevada a cabo por un médico y por una licenciada en
psicología.
Con relación a la esfera psíquica, se encuentra agregado con fecha
24/08/2022 el informe confeccionado por la licenciada Foronda. Indicó que: “…el hecho de
autos puede ser calificado como un suceso externo que ejerció una acción inesperada y
Fecha de firma: 03/07/2025 sorpresiva, y alcanzó para la subjetividad del actor el rango de traumático, por haber
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aportado a su aparato psíquico un caudal de energía importante que no pudo ser
asimilado adecuadamente por su subjetividad, excediendo la capacidad de respuesta
defensiva de su aparato psíquico. Indicadores de esto se evidencian en las distintas áreas
de despliegue vital del Sr. Rodríguez. Tiene alteradas las esferas volitiva y afectiva de su
personalidad, que redundan en una disminución de su capacidad de goce en las áreas de
despliegue vital individual, familiar, de las relaciones interpersonales, laboral y recreativa.
El actor ha visto afectados sus proyectos a futuro, ha experimentado cambios en su
personalidad, ya que se ha vuelto una persona irritable y ansiosa, lo que le impide
funcionar adecuadamente, como lo hacía antes del evento de autos, en los diversos
ámbitos de su vida…”
Determinó que, como consecuencia del accidente, el accionante posee un
trastorno adaptativo con ansiedad mixta y estado de ánimo deprimido que le genera –de
acuerdo al baremo para daño neurológico y psíquico de Castex & Silva– una incapacidad
del 10% (el cual aclaró que no existía antes de la ocurrencia de este evento). Recomendó
la realización de un tratamiento psicológico individual con el propósito de evitar un posible
agravamiento del cuadro reactivo que presenta. En este sentido, detalló que suele ser
difícil establecer la duración del mismo (ya que depende de la reacción de cada sujeto a la
psicoterapia), pudiendo estimar como adecuado que tenga una extensión de, al menos,
un año con una frecuencia de una vez por semana, cuyo costo promedio por sesión en el
ámbito privado indicó que era –en ese momento– de $2.500.
En lo que hace a la faz física, el experto concluyó que “…el actor presenta
las siguientes secuelas con sus correspondientes grados de incapacidad asignados según
el baremo general para el fuero civil (Altube – Rinaldi): -Cervicalgia con contractura
muscular dolorosa persistente, pérdida de la lordosis en Rx y reducción del rango de
movilidad: 8% de incapacidad. -Síndrome meniscal interno de rodilla izquierda no operado
con signos objetivos (hidrartrosis, atrofia y maniobras) y estudios complementarios que
certifiquen el diagnóstico: 12% de incapacidad. Incapacidad física parcial y permanente:
20%. Las lesiones y secuelas presentes en el examinado guarda relación de causalidad
con la mecánica accidental referida...”.
Ahora bien, tal como se extrae del resumen de agravios, la demandada y la
citada en garantía –con apoyo de sus consultores técnicos– solicitaron aclaraciones
respecto de ambos dictámenes periciales. En efecto, mientras que la presentación de
fecha 28/09/2022 se limitó a solicitar que se “…manifieste si a través de la realización de
dicho tratamiento, el actor podría desempeñarse de manera aceptable en sus diferentes
áreas de despliegue vital, tramitando las secuelas disfuncionales informadas en la
pericia…”, por medio de la pieza de fecha 17/02/2023 se peticionó que el perito actuante
determinara “…la existencia de coincidencia etiológica, topográfica y cronológica entre las
secuelas actuales y las lesiones provocadas por el accidente…” y se efectuó hincapié en
torno al tiempo transcurrido desde el evento dañoso hasta la realización de los estudios
complementarios.
Corridos que fueron los respectivos traslados de rigor, las mismas fueron
respondidas por ambos idóneos (ver aquí y aquí). Respecto de la primera, la licenciada
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señaló que “…la sugerencia de tratamiento tiene por un lado, la finalidad de que la
patología descripta, novedosa en la biografía del Sr. Rodríguez, no se agrave y produzca
mayores mermas en su vida…” y explicó que “…la psicología no es una ciencia exacta, y
que cada sujeto transita el espacio terapéutico de manera diferente, el tiempo de
tratamiento sugerido es solo una estimación…”. En cuanto a la segunda, el idóneo resultó
contundente al reiterar que: “…las lesiones y secuelas presentes en el examinado
guardan relación de causalidad con la mecánica accidental referida…” y que, “…el
mecanismo referido parecería ser idóneo para la lesión que menciona haber presentado
el requirente y para las secuelas que se hallan al momento del examen físico…”.
Habiendo reproducido las explicaciones pertinentes, advierto que si bien no
soslayo que la única atención médica acreditada a lo largo de las actuaciones se limita a
la recibida el día del infortunio en el Hospital General de Pacheco - Magdalena V. de
Martínez -ver aquí- (tal como lo reconoce el propio perito en su dictamen primigenio);
destaco que, en este caso particular, no puede perderse de vista lo denunciado por el
propio pretensor en sede represiva frente a la comunicación telefónica con el Oficial
Subayudante Bustos. Consta en el acta labrada que, a diecinueve días de haberse
producido el hecho, el actor todavía “…se encuentra realizando reposo y que por el
momento no se puede trasladar a ningún lado…” (v. f° 14).
Lo anterior, sumado al mecanismo de producción de este particular
accidente, me lleva a la convicción de que resulta acertada la decisión por parte del
anterior sentenciador en cuanto decidió acoger las conclusiones de los informes periciales
(arts. 386 y 477 CPCCN), por lo que no cabe más que descartar los agravios esbozados
sobre este aspecto.
Con base en las constancias descriptas, es dable afirmar que las
experticias con su asesoramiento técnico han ilustrado al organismo jurisdiccional,
brindando conclusiones que aparecen fundadas. Cuando los peritajes aparecen fundados
en principios técnicos y no existe prueba que lo desvirtúe, la sana crítica aconseja, frente
a la imposibilidad de oponer argumentos científicos de mayor valor, aceptar las
conclusiones de aquellos.
En este orden de ideas, y en lo que respecta a la cuantificación de esta
partida indemnizatoria, resulta bueno recordar que no desconozco que existen diversas
fórmulas de cálculo con variantes (vgr. “Vuotto”, “Méndez” “Marshall”, “Las Heras-
Requena”, etc.) para obtener el valor presente de una renta constante no perpetua, o en
su caso, en forma más justa, con una fórmula de valor presente de rentas variables -y
probables- (v. Acciarri, Hugo - Testa, Matías I., “La utilidad, significado y componentes de
las fórmulas para cuantificar indemnizaciones por incapacidad y muertes”, La Ley del
9/2/2011, pág. 2; y, “Sobre el cómputo de rentas variables para cuantificar
indemnizaciones por incapacidad”, RCCyC 2016 – noviembre 17/11/2016).
Sin embargo, lo cierto es que el juzgador no tiene por qué atarse
férreamente a ellas, sino que llevan únicamente a una primera aproximación, o sea, una
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base, a partir del cual el juez puede y debe realizar las correcciones necesarias
atendiendo a las particularidades del caso concreto (Pizarro-Vallespinos, op. cit., T 4, pág.
318; Zavala de González, op. cit., T 2a, pág. 504).
Aunque, vale destacarlo, a la hora de establecer la aproximación de la
incapacidad sufrida, resulta improcedente intentar sumar linealmente porcentajes de
incapacidad física y psíquica para plasmarlos en una fórmula matemática dejando de lado
el método de la capacidad restante o residual; se alcanzaría –así- a cifras que pudieran
superar el 100% de la capacidad vital. En otras palabras, estimo que resultaría más
acertado que, cuando las diversas incapacidades parciales que se padecen afectan a
diferentes órganos o aspectos de la salud psicofísica del individuo, aquellas no se sumen
lineal y aritméticamente sino que se vayan restando sucesivamente de la capacidad
preexistente, evitando que las distintas sumatorias sobrepasen el porcentaje del 100%
(Altube, José Luis y Rinaldi, Carlos Alfredo, ‘Baremo general para el fuero civil’, Ed.
García Alonso, 2° edición, 2013, p. 315/317).
Sumo a ello que, el cálculo que el apelante dice acompañar “en documento
adjunto” no consta agregado en las presentes como así tampoco se encuentra acreditado
el salario actualizado que utiliza el quejoso para efectuar su guarismo. Tampoco se tiene
en cuenta que, el anterior sentenciador, fijó –desde la fecha del infortunio– una tasa de
interés que contempla entre otras variables, una compensación por desvalorización de la
moneda (ver plenario “Samudio”), por lo que la aplicación de este tipo de tasas sobre un
salario actual alteraría el significado económico del capital que corresponde reconocer al
acreedor y provocaría el enriquecimiento de una de las partes en detrimento de la otra.
De allí que en materia civil y a los fines de su valoración, no puedan
establecerse pautas fijas por cuanto habrá de atenderse a circunstancias de hecho
variables en cada caso en particular. Al tratarse de una reparación integral, para que la
indemnización sea justa y equitativa deben apreciarse diversos elementos y
circunstancias de la víctima, tales como su edad, sexo, formación educativa, ocupación
laboral y condición socioeconómica (CNCiv., sala H, in re “Cabrera, Oscar Alejandro c/
Cergneaux, Elvio Omar y otros s/ daños y perjuicios”, R. 539.455, 19/03/2010; íd., in re
"Echazu, César Oscar c/ Rebori, Tomás Esteban y otro s/ daños y perjuicios (acc. trán. c/
les. o muerte)", R. 544.834, del 30/03/2010).
Dicho de otro modo, los cálculos actuariales son un marco de suma utilidad
para aquello que debe considerarse “razonable” y la prudencia aconseja no desecharlos,
pero no dejan de ser una pauta más para evaluar la cuantía del resarcimiento junto con
las circunstancias personales de las víctimas, la gravedad de las secuelas y los efectos
que éstas puedan tener en su vida laboral y de relación (Fallos: 320:1361; 325:1156).
Considerando lo expuesto, determinadas la índole de las lesiones sufridas
a consecuencia del accidente -relación de causalidad-, así como las secuelas resultantes
de las mismas - daño, el tratamiento sugerido, los porcentajes de incapacidad
establecidos –los cuales tomó solo a modo de referencia– y ponderando las
circunstancias personales de la víctima (25 años al momento del hecho, trabajaba como
repartidor
Fecha de firma: 03/07/2025 realizando servicios de flete –ver facturas documentales acompañadas- y luego
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del accidente se desempeñó como peón especializado –repartidor– en una empresa
dedicada a la distribución de alimentos) como así también la fecha de este evento
dañoso, considero que la suma establecida a fin de justipreciar la incapacidad
sobreviniente resulta algo elevada para enjugar el daño producido, en tanto la apuntada
para hacer frente al tratamiento psicológico deviene reducida.
En virtud de lo anterior, propondré al Acuerdo que los montos
indemnizatorios otorgados en concepto de “incapacidad sobreviniente” y “tratamiento
psicológico” sean fijados en las sumas de pesos tres millones setecientos cincuenta mil
($3.750.000) y pesos doscientos cincuenta mil ($250.000), respectivamente.
Daño Moral.
El anterior sentenciador, luego de contemplar que “…como consecuencia
del hecho, se advierte que el actor ha sufrido un accidente que le ocasionó secuelas
físicas y psíquicas…”, consideró que es indudable que todo ello debió provocarle
sentimientos de dolor, angustia, desazón que han producido que se vea alterado en su
paz, tranquilidad de espíritu y ritmo normal de vida. Por ello, decidió hacer lugar a lo
reclamado por este concepto fijándolo en la cifra de $3.000.000.
Sendos recurrentes cuestionaron lo resuelto a la hora de valorar lo
reclamado por este acápite. El pretensor objetó el monto indemnizatorio otorgado,
argumentando que el mismo no compensa la índole de los daños padecidos; por su lado,
las emplazadas impugnaron la cuantía establecida por considerar que resulta a todas
luces arbitraria con base en los argumentos traídos a la hora de cuestionar las lesiones
psicofísicas.
A los efectos de dar respuesta a los agravios, es preciso comenzar
recordando que el daño moral es el conjunto de sinsabores, angustias, pesares,
sufrimientos, etcétera, que el injusto provocó en el damnificado; más allá de las secuelas
de orden psíquico que el episodio pueda o no dejar en la víctima, según su peculiar
sensibilidad y circunstancias personales (ver Cammarota, Antonio, “Responsabilidad
extracontractual. Hechos y actos ilícitos”, ed. Depalma, Buenos Aires, 1947, p. 102;
Zavala de González, Matilde, "Resarcimiento de daños, T. 2b, pág. 593 y ss.; Zannoni,
Eduardo A., “El daño en la responsabilidad civil”, Ed. Astrea, p. 287; CNCiv, Sala C, 22-
12-2005, “Vega Rubilan, Soria de las Mercedes c/ Transporte Automotor General Las
Heras SRL”, LL, online; íd., Sala E, 26/05/2006, “Montalbetti, Carlos F. y otros c/
Microómnibus Sur SAC y otros”).
No puede discutirse que recae en el lado íntimo de la personalidad, y en
este sentido es verdad que nadie puede indagar el espíritu de otro tan profundamente
como para poder afirmar con certeza la existencia, y en su caso la intensidad, del
padecimiento y angustia que se invoca. Es que se trata de un sentimiento que, como
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decía Kant, representa un estado que “no contiene más que lo subjetivo puro” (ver
Principios metafísicos del Derecho”, p. 13, Imprenta de José María Pérez, Madrid, 1873).
No obstante lo expuesto, la circunstancia de que nos hallemos ante
supuestos de alteraciones emocionales profundamente subjetivas e inescrutables no ha
de impedir la evaluación del juez, la que -necesariamente- tendrá que ser objetiva y
abstracta; para lo cual se considerará cuál pudo ser hipotéticamente el estado de ánimo
de una persona común, colocada en las mismas condiciones concretas en que se
encontró la víctima del acto lesivo (ver Bustamante Alsina, Jorge, “Teoría General de la
Responsabilidad civil”, p. 247, 9 edición, Abeledo Perrot, 1997).
Desde esta óptica, no parecería un requisito necesario la demostración por
las accionantes de la existencia en sí del daño moral; a tal punto que se ha sostenido que
dicha prueba -de producirse- sería irrelevante para el derecho, pues lo que hay que tener
en cuenta es el dolor o sufrimiento moral que el hecho en cuestión produce normalmente
en los sujetos, dado que se estaría ante un efecto “previsto de antemano por la norma”
(ver Brebbia, Roberto H., “El daño moral”, p. 86, Ed. Orbir, 2 edición, Rosario, 1967).
Cuando concurren ilicitud y lesiones, aun siendo transitorias, el daño moral se configura in
re ipsa, no siendo exigible una prueba directa (cfr. art. 163 inc. 5° del CPCCN y 1741 del
CCyCN).
En lo que hace a la magnitud y el alcance del daño moral, es verdad que
podrá ser presumido por el juez por vía indirecta, tras la prueba por la víctima de
determinadas situaciones por las que ella transita a raíz del injusto (ver Zavala de
González, Matilde, “Resarcimiento de daños”, T. 2b, p. 593 y ss.).
Cabe precisar que la indemnización del daño moral no requiere guardar
proporción con la del perjuicio material, pues responden a razones de índole diferente.
Para meritar este rubro debe ponderarse la vinculación entre la gravedad objetiva de las
lesiones y las implicancias espirituales que correlativamente suponen para la/s persona/s
damnificada/s.
Así, no puedo pasar por alto la dificultad que representa en cualquier caso
cuantificar el daño moral ya que están en juego vivencias personales de la víctima. No es
fácil traducir en una suma de dinero la valoración del mencionados sufrimiento o temor
padecido por la víctima. Sólo esta puede saber cuánto sufrió.
La lectura de las presentes actuaciones permite advertir las circunstancias
vividas por el pretensor, cuyo ritmo de vida se vio alterado a raíz de las secuelas sufridas.
En particular, como ya dije, consta en las presentes que el actor debió ser trasladado en
ambulancia, sufrió secuelas de carácter permanente y debió guardar reposo por –al
menos– casi tres semanas.
En función de lo expuesto, atendiendo a las particularidades del presente
evento dañoso, considero que la cantidad otorgada en la anterior instancia como
compensación sustitutiva resulta algo elevada para enjugar el daño reclamado en este
acápite, por lo que propiciaré que la misma sea modificada a la cifra de pesos dos
millones ($2.000.000; cfr. art. 1741 CCyC).
Fecha de firma: 03/07/2025
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VII. Intereses. Planteo de inconstitucionalidad,
Ad eventum de que no prosperaran las críticas efectuadas en torno a la
indemnización, la parte actora cuestionó lo decidido en materia de intereses planteando la
“inconstitucionalidad de la ley 23.928 y reglamentarias y concordantes como así toda otra
norma que impida la repotenciación y/o actualización de las deudas”, bajo los
fundamentos del “voto del Dr. Soria en el fallo Barrios”; y, concluyó su presentación
peticionando se “aplique la tasa pasiva que mensualmente publica el Banco Central de la
República Argentina desde la fecha del hecho hasta su efectivo pago”.
Por su parte, las encartadas postularon que no corresponde la aplicación
de la tasa activa fijada en la instancia de grado desde la fecha del infortunio (con
excepción de los gastos futuros, cuyo cómputo expresamente consintieron), en tanto
consideraron que la sentencia fija los montos indemnizatorios a valores actuales. Por ello,
solicitaron que se deje sin efecto el punto de partida establecido para la aplicación de la
misma y propusieron que se disponga “desde la fecha del hecho hasta la resolución de
primera instancia, una tasa con un porcentaje anual del 8%”.
Veamos.
Advierto –en primer término– que, el planteo de inconstitucionalidad
efectuado en forma subsidiaria, no ha sido expresa y formalmente propuesto a la decisión
del Sr. Juez de grado, por lo que al haber sido introducido el mismo ante esta Alzada, su
estudio se halla vedado en tanto resulta inoportuno (cfr. arts. 271 y 277 del CPCCN).
Dicho ello, en lo que hace a la tasa de interés dispuesta en la instancia de
grado, vengo sosteniendo que la tasa fijada en la doctrina del plenario “Samudio”, no se
aparta de lo dispuesto por el artículo 768, inc. “c”, del Código Civil y Comercial de la
Nación.
Sin embargo, es cierto que la aplicación de la tasa de interés allí prevista
no resulta un asunto estático (ver lo sostenido por la CSJN con fecha 15/10/2024 en el
expte. n° 28577/2008/1/RH1, fallo “Barrientos”). El apuntado criterio no es trasladable a
todos los supuestos y el propio plenario dejó abierta la posibilidad de apartarse si el
resultado provoca una situación inequitativa al superponer el valor actual con una tasa de
interés que contempla la desvalorización monetaria (ver, esta Sala, voto del Dr. Parrilli en
los autos “Ruiz Paula Ludmila y otro c/Pacheco Ezequiel Hernán y otros s/daños y
perjuicios (acc. tran. c/lesiones o muerte”-ordinario-, expte. n° 58.889/2020, fecha
12/03/2025).
A mi juicio, en el presente caso, no obran en la causa constancias que
certifiquen que, con la aplicación de la tasa activa y la modificación propuesta, se
configuraría el denominado “enriquecimiento indebido”, como tampoco existen elementos
que siquiera lo hagan presumir; situación que -para que pueda tener lugar- debe ser
Fecha de firma: 03/07/2025
Firmado por: ROBERTO PARRILLI, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: CLAUDIO RAMOS FEIJOO, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: LORENA FERNANDA MAGGIO, JUEZA DE CAMARA
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acreditada fehacientemente y sin el menor asomo de duda en el marco del proceso (art.
377 CPCCN).
A la hora de fijar la indemnización, lo que corresponde analizar en cada
caso es que, con la aplicación de la tasa de interés fijada (sea cual fuere dentro de las
bancarias vigentes; ver, fallo “García”, Fallos 346:143), el resultado global de la
indemnización cumpla con el principio de la reparación integral/plena (cfr. Fallos: 314:729,
cons. 4°; 316:1949, cons. 4°, y 340:1038; entre otros; y art. 1740 CCyCN); todo lo cual
debe ser contemplado al momento de fijarse los distintos montos indemnizatorios.
Entonces, sin perjuicio de destacar que no comparto lo alegado en cuanto a
la temporalidad en que fueron establecidos los montos indemnizatorios (sobre los que –
incluso- propicio su modificación), lo cierto es que históricos o actuales, se debe
contemplar, a la hora de fijar las indemnizaciones, que –en muchas ocasiones– la tasa
activa no logra suplir la pérdida del valor producto del fenómeno inflacionario, por más
que, en teoría, su cálculo contemple -entre otras variables- un componente por la
depreciación monetaria (ver, en este sentido, CNCiv. Sala C, expte. n° 2324/2019, “D. D.
T., O. c/ L.s S. s/ ds y ps”, junio 2025).
Por ello, la circunstancia de que, en este caso, la obligación a cargo del
demandado y su aseguradora consista en una deuda de valor, que el juez traduce en una
suma de dinero al momento de dictar sentencia –como compensación por el perjuicio
sufrido– no puede llevar a pensar que no hubiese resultado exigible en el momento mismo
del ilícito (ver doctrina del plenario del fuero in re “Gómez Esteban c/ Empresa Nacional
de Transporte s/ daños y perjuicios” del 16-12-195pe8) y tampoco permite sostener que
ese quantum así determinado contenga mecanismos de actualización o cualquier otro que
configure una repotenciación o indexación de deuda, como ocurría en un contexto de
hiperinflación donde si resultaba acertado hablar de un interés puro del 6 % u 8% sobre
las sumas así “actualizadas” o “indexadas”.
Tampoco obsta a lo decidido, el hecho de que el 17/09/2024 el BCRA
hubiere diseñado una calculadora para estimar la tasa de interés en un período
determinado mediante la aplicación de la serie estadística de la Tasa de interés para uso
de la Justicia establecida por el Comunicado P 14290 vigente. En efecto, comparto la
opinión de quienes sostienen que se trata sólo de un comunicado referido a una
herramienta para el cálculo de intereses conforme pautas que, ya regían desde el año
1991 y no de una “reglamentación” en los términos del art. 768 inc. c) del CCyC; cuya
interpretación, vale aclararlo, de ningún modo puede entenderse como una presunta
delegación legislativa al BCRA.
Por el contrario, se mantiene incólume el criterio que, cuando los intereses
moratorios no estén fijados por las partes o por una ley especial, los jueces tienen
facultades discrecionales para fijar la tasa, siempre y cuando adopten alguna de las tasas
bancarias vigentes en el mercado -que, huelga decirlo, se presumen conformes a las
reglamentaciones del Banco Central- (ver fundamentos expuestos en CNCiv. Sala L,
expte. n° 9629/2023, “R. F, G. E y Otros s/ K, A R s/ Ds. y Ps.” y en CNCiv., Sala A, expte.
37.508/2018,
Fecha de firma: 03/07/2025 “B, P c/ Soler 6093 SA y Otro s/ ds. y ps”, junio de 2025).
Firmado por: ROBERTO PARRILLI, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: CLAUDIO RAMOS FEIJOO, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: LORENA FERNANDA MAGGIO, JUEZA DE CAMARA
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Poder Judicial de la Nación
CAMARA CIVIL - SALA B
En su mérito, habré de proponer al Acuerdo que se desestimen las quejas
esbozadas sobre este punto y se confirme lo establecido en la sentencia de grado.
VIII. Por las consideraciones desplegadas a lo largo del presente voto,
propongo al Acuerdo: i) modificar el pronunciamiento de grado en lo que hace a la
cuantificación de las partidas indemnizatorias otorgadas en concepto de “incapacidad
psicofísica sobreviniente”, “daño emergente: tratamiento psicológico” y “daño moral”,
fijándolas en las sumas de pesos tres millones setecientos cincuenta mil ($3.750.000),
pesos doscientos cincuenta mil ($250.000) y pesos dos millones ($2.000.000),
respectivamente; y, ii) confirmar el fallo de la anterior instancia en todo lo demás que se
decide y fue materia de agravios. Las costas de Alzada se imponen por su orden, en
atención a la existencia de vencimientos mutuos (conf. arts. 68, 71, 163 inc. 8, 164 y 279
del CPCCN). Así lo voto.-
El Dr. Parrilli y la Dra. Maggio, por análogas razones a las aducidas por el
Dr. Ramos Feijóo, votaron en el mismo sentido a la cuestión propuesta.
Con lo que terminó el acto: DR. CLAUDIO RAMOS FEIJOO –- DR.
ROBERTO PARRILLI – DRA. LORENA FERNANDA MAGGIO.
Es fiel del Acuerdo. -
Buenos Aires, julio de 2025.-
Y VISTOS: Por lo que resulta de la votación que instruye el Acuerdo que
antecede, SE RESUELVE: i) modificar el pronunciamiento de grado en lo que hace a la
cuantificación de las partidas indemnizatorias otorgadas en concepto de “incapacidad
psicofísica sobreviniente”, “daño emergente: tratamiento psicológico” y “daño moral”,
fijándolas en las sumas de pesos tres millones setecientos cincuenta mil ($3.750.000),
pesos doscientos cincuenta mil ($250.000) y pesos dos millones ($2.000.000),
respectivamente; y, ii) confirmar el fallo de la anterior instancia en todo lo demás que se
decide y fue materia de agravios. Las costas de Alzada se imponen por su orden, en
atención a la existencia de vencimientos mutuos.
Teniendo en cuenta como se decide en esta instancia, difiérase la
adecuación dispuesta por el art. 279 del Código Procesal respecto de las regulaciones
practicadas en la anterior instancia, así como la determinación de los honorarios
correspondientes a la tarea desplegada en la Alzada, hasta tanto exista liquidación
definitiva aprobada.
Regístrese, protocolícese, notifíquese a las partes y, oportunamente,
publíquese (conf. Acordada 24/2013 de la CSJN).
Fecha de firma: 03/07/2025
Firmado por: ROBERTO PARRILLI, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: CLAUDIO RAMOS FEIJOO, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: LORENA FERNANDA MAGGIO, JUEZA DE CAMARA
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Fecho, devuélvase.
CLAUDIO RAMOS FEIJOO
ROBERTO PARRILLI
LORENA FERNANDA MAGGIO
Fecha de firma: 03/07/2025
Firmado por: ROBERTO PARRILLI, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: CLAUDIO RAMOS FEIJOO, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: LORENA FERNANDA MAGGIO, JUEZA DE CAMARA
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