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Supervivencia Campesina en Andes Altos

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C o m i s i ó n E c o n ó m i c a p a r a A m é r i c a ' L a t i n a (CEPAL)

P r o g r a m a die las N a c i o n e s U n i d a s p a r a el M e d i o A m L i é n í e ( P N U M A ^ '

SOBREVIVENCIA
CAMPESINA
EN ECOSISTEMAS
DE ALTURA
VOL. I

PNUMA

WÊWJ
NACIONES UNIDAS
Comisión Económica para América Latina (CEPAL)
Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente ( P N U M A )

SOBREVIVENCIA CAMPESINA EN
ECOSISTEMAS DE ALTURA

NACIONES UNIDAS PNUMA

SANTIAGO Di; CHILI:, 198 3


E/CEP AL/G.1267
Diciembre de 1983

Los estudios aquí presentados corresponden a una selección realizada en forma conjunta en el
Proyecto CEPAL/PNUMA sobre "Cooperación horizontal en América Latina en materia de estilos
de desarrollo y medio ambiente", adscrito a la Unidad Conjunta CEPAL/PNUMA de Desarrollo y
Medio Ambiente de la CEPAL, y en el Proyecto Gobierno de Holanda/CEP AL "Agricultura
campesina en el desarrollo de los países andinos", adscrito a la División Agrícola Conjunta
CEPAL/FAO.
Las versiones preliminares de estos estudios se presentaron al "Seminario regional sobre
políticas agrarias y sobrevivencia campesina en ecosistemas de altura", organizado por la Comisión
Económica para América Latina (CEPAL), el Programa de las Naciones Unidas para el Medio
Ambiente (PNUMA) y la Secretaría de Desarrollo Rural Integral de la Presidencia de la República
del Ecuador, con la colaboración del Ministerio de Agricultura y Ganadería de Ecuador. El seminario
se efectuó en Quito entre el 23 y 26 de marzo de 1982.

PUBLICACION DE LAS NACIONES UNIDAS

N Q de venta: [Link].G.31, Vol. I


INDICE

P á g i n a

LA PROBLEMATICA CAMPESINA DE ALTURA

LA COMPLEJIDAD CAMPESINA EN ECOSISTEMAS ANDINOS


DE ALTURA: BASES PARA POLITICAS DE DESARROLLO,
Nicolo Gligo 3
LA EXPERIENCIA LATINOAMERICANA Y EL DESAFIO
CAMPESINO, Emiliano Ortega 21
ANTECEDENTES GENERALES SOBRE LA AGRICULTURA DE
LOS PAISES ANDINOS, Pedro Tejo 69
COMUNIDADES CAMPESINAS ANDINAS Y
PROCESOS DEMOGRAFICOS

COMUNIDAD ANDINA, GESTION DE RECURSOS Y DIFE-


RENCIACION SOCIAL, John Durston.... 91
ECONOMIAS CAMPESINAS Y ECONOMIA REGIONAL,
Efraín Gonzales de Olarte 139
ECONOMIA Y COMUNIDADES ANDINAS ECUATORIANAS:
ENFOQUES CONCEPTUALES, Galo Ramón Valarezo 175
PROCESOS DEMOGRAFICOS Y ECONOMIA CAMPESINA:
EL CASO BOLIVIANO, Gerardo González 199
GESTION AMBIENTAL Y MODELOS TECNOLOGICOS

MANEJO DE FAUNA Y DESARROLLO DE LA GANADERIA DE


VICUÑA EN LA ECORREGION ANDINA,
Alejandro Colomés 259
LA INVESTIGACION CON ENFOQUE DE SISTEMAS EN LA
AGRICULTURA CAMPESINA ECUATORIANA,
Rómulo Soliz 303
TEMAS SOBRE EL DESARROLLO DE TECNOLOGIAS PARA
PEQUEÑOS PRODUCTORES CAMPESINOS,
Martin Piñeiro, James Chapman y Eduardo Trigo. 3^7

I
LA PROBLEMATICA CAMPESINA DE ALTURA
LA [Link] EN ECOSISTEMAS ANDINOS
DE ALTURA: BASES PARA POLITICAS
DE DESARROLLO

Este estudio fue realizado por Nicolo Gligo, experto


de la Unidad Conjunta CEPAL/PNUMA de Desarrollo y Medio
Ambiente de CEPAL.
INTRODUCCION

Los ecosistemas 'andinos de altura han sido, en su gran


mayoría, afectados en tal grado por la acción antrópica
que muchos de ellos se encuentran en francos procesos de
deterioro. Las condicionantes físicas, climáticas, como
precipitación, distribución pluviométrica, temperaturas,
amplitudes térmicas, heladas, vientos, etc., unidas a
elementos pedológicos, como material de origen de los
suelos, geomorfología, etc., han contribuido a configurar
ecosistemas de baja biomasa, fácilmente vulnerables frente
a disturbios, en especial antrópicos, con un bajo soporte
y además con un tipo de fauna exclusiva y de difícil con-
servación.
Existen numerosos estudios sobre áreas de altura en
el mundo, pero la mayoría de ellos están orientados a la
prevención del deterioro físico de las cuencas altas para
evitar que éstas cumplan sus funciones en las partes bajas.
En general, estos estudios tienden a proponer medidas ceri
tradas preferentemente en la conservación del recurso del
suelo y de la vegetación con el objeto de que éstos influ_
yafi en la capacidad de retención hídrica y se evite la
erosión y la excesiva sedimentación de los cauces de agua.
En là mayoría de los casos de otras regiones del mundo,
las cuencas altas están despobladas o tienen escasa poblja
ción, lo que incide en analizar sólo la acción del hombre
sobre el medio físico más que la situación social y pro-
ductiva de las poblaciones residentes. En el área andina
el problema se centra en la necesidad de sobrevivencia y
posibilidad de desarrollo de las comunidades que la habí
tan. Estas, adaptadas desde antiguo a las particulares
condiciones, tienen que manejarse en un ambiente frágil
muy vulnerable, en que las transformaciones sociales,
económicas y culturales sufridas desde la época colonial,
se han traducido en complejas readecuaciones de las for_
mas de usar y manejar los recursos naturales, con los dis
turbios consiguientes.
Al analizar la cantidad de población asentada en
los ecosistemas de altura, se deduce que éstos constituyen
las áreas altas pobladas más importantes del mundo. La
cantidad de habitantes de Ecuador, Perú y Bolivia sobre
costas de 2 500 mt, fluctúa alrededor de 10 millones. No

5
existen estadísticas diferenciadas por cotas, pero el aná^
lisis parcializado de la información desagregada por uni-
dades político-administrativas puede dar una buéna aproxi-
mación.
En Ecuador, la marcada diferencia ecológica entre
la sierra y la costa distingue fácilmente los ecosistemas
y sus poblaciones. En Bolivia, el avance al este es rela
tivamente reciente y las poblaciones asentadas en el bajo,
sean éstas de Yungas, Llanos de Mamoré, Chaco, etc., son
notoriamente minoritarias.
En Perú, el problema es más complejo, por ello se
ha creído necesario ilustrarlo. _1/ Si se analizan los
antecedentes de la concentración de la población rural
por pisos altitudinales de este país, se aprecia que entre
los 2 000 y 4 000 mt está concentrado el 60.8$ de la pobla
ción rural nacional (según datos de 1972); la costa tiene
17$ y las yungas un 10$. Es evidente que cuando se hace
un análisis con la población total, estas cifras cambian
por la importancia de los centros poblados costeros, en
especial en Lima. Pese a ello, la costa no alcanza a su-
perar el 50%, ya que en 1972 tenía 43.8$. Las regiones
ecológicas por sobre los 2 000 mt (Quechua, Suni y Puna)
tenían el 31-3$ de la población total.
De la población rural el componente más importante
lo constituyen las familias comuneras. En' Perú, según
datos del Ministerio de Agricultura, en 1980 existían
3 030 comunidades campesinas que representaban el 39$ de
la población rural total del país, y el 58$ de las econo-
mías campesinas. 2/ En este informe, en 1980, se señalaba
que del total de tierras de posesión de las comunidades
(19 023 39b ha), el 84$ estaban ubicadas en la sierra.
En consecuencia, una densidad poblacional relativa^
mente alta presiona por el uso de recursos frágiles y
escasos. Se crea una especie de círculo vicioso en la
medida que se sobreutilizan los recursos se van deterio-
rando y, en consecuencia, hay menos disponibilidad de
productos, ya sea para el autoconsumo como para el mer-
cado, lo que obliga a una mayor sobreexplotación.
1. Los ecosistemas de altura ocupados por el
campesino andino de Ecuador, Perú y Bolivia

Cada país ha dividido sus grandes ecosistemas según sus


propias escuelas internas. Así, Bolivia confeccionó su
mapa ecológico con una profusa división de ecosistemas.
En Perú, varios estudios han dividido el país por
regiones ecológicas. Javier Pulgar Vidal, 4/ define las
regiones: Quechua (2 000-3 500 msnm), Suni (3 500-4 000 mt)
y Puna (4 000-4 500 mt).
En Ecuador, el mapa ecológico realizado por el Minijs
terio de Agricultura y Ganadería utiliza la clasificación
'ai «bridge.
6
Previo a detallar alguna de las características ecja
sistémicas y de establecer la relación de la organización
social con su medio ambiente, se hace necesario definir
lo que se entiende por ecosistemas de altura para los
fines de este estudio.
Dentro de la clasificación usual de los grandes ec¿
sistemas sudamericanos, existen cuatro de ellos que están
ubicados en cotas superiores a los 2 300-2 800 msnm. El
ecosistema alto andino, ubicado desde el norte de Sud-
américa hasta la región meridional de la cordillera de
los Andes, está subdividido en dos áreas de estudio; de¿
de el punto de vista de disponibilidad hídrica: el central
casi sin déficit, y el del sur con períodos anuales de
aridez. El ecosistema páramo que está sobre el alto andi_
no, en la parte más elevada y se extiende desde Venezuela
hasta el norte del Perú, pasando por Colombia y Ecuador.
La puna, el amplio y conocido ecosistema que abarca la
meseta altiplánica y valles internos del sur del Perú,
este y sur de Bolivia, noreste chileno y noroeste argen-
tino. La prepuna que es el ecosistema que bordea la puna
en la región sur y sureste de ella.
El funcionamiento de estos cuatro grandes ecosistemas
está claramente condicionado a las particulares condicio-
nes de presión atmosférica, a las notables amplitudes
térmicas -en especial diarias-, a la geomorfología, pedol¿
gía y a la variada disponibilidad hídrica, (véase gráfico
1). Como la pluviometría, en términos generales, tiende

Gráfico 1

GRANDES ECOSISTEMAS DE A L T U R A

Altitud
(mts.

Límite
agricul-
» Titicaca VLa Paz
J V" "»n"
Cuzco Límite
inferior
ecosistemas
íe al tura

1° 2° 3° 4° 5° 6° 7° 8 o 9 o 10° 11° 12° 13° 14° 15° 16° 17° 18° La««»d

Sobre bases de Carl Troll: Las culturas superiores andinas y el medio geográfica En Allpanchts
N° 15, 1980, Cuzco, Perú,fig. 8.

7
a no ser limitante hacia el norte de Ecuador y hacia el
sur del Norte Chico chileno, para los fines del análisis
del proceso de sobrevivencia campesina, se ha limitado el
área de estudio a las poblaciones que habitan'estos eco-
sistemas en Ecuador, Perú y Bolivia. No obstante, y dado
que en la mayoría de los casos, la información se genera
de divisiones político-administrativas que nada tienen
que ver con los límites de los grandes ecosistemas, nece-
sariamente algunos trabajos aportarán estadísticas que
mezclan áreas de altura con áreas más bajas.
El ecosistema alto andino en Ecuador tiene un clima
húmedo, pero presenta numerosos valles interandinos con
condiciones subhúmedas y semiáridas. Entre los dos cor-
dones principales de la cordillera de los Andes se encuei.
tra un altiplano de aproximadamente 2 500 msnm. En Perú,
en particular, las estribaciones montañosas son mucho más
complejas y ya en el sur y el sureste este sistema
forma el perímetro de la prepuna y la puna. No obstante,
existen algunas depresiones en la puna que corresponden
al ecosistema alto andino. La vegetación dominante del
ecosistema climax era el del característico bosque suban-
dino. 6/
Este ecosistema puede diferenciarse en una región
sin notorio déficit hídrico, alrededor de la línea del
Ecuador, y la región sur, que en la medida que avanza la
latitud aumenta la periodicidad de las lluvias y la dura-
ción de la estación seca.
En los andes centrales, a partir de 3 ^00 mt, apro-
ximadamente, se encuentra el ecosistema del páramo. Dadas
las condiciones pluviométricas y la evapotranspiración, el
ambiente es muy húmedo. La temperatura, bastante más
baja que el ecosistema alto andino, obviamente es el fac-
tor limitante. Es un bioma donde abundan los líquenes
con vegetación de pastizales y elementos de bosques en
las cañadas. Sobre los 3 900-4 000 mt (en el superpáramo)
el clima es más frío y húmedo con vientos muy frecuentes.
Aproximadamente en los mismos rangos de altura, pero
al sur del paralelo 10:S aparece el ecosistema puna que
tiene un clima en general seco y frío. Llueve solamente
en el período estival; salvo la parte norte. Este
sistema tiene 4 y 10 meses no húmedos, 2/ presenta no sólo
limitantes de temperatura, sino de disponibilidad hídrica,
pues la mayoría de los meses tiene déficit que lo clasi-
fican como seco. Fluctúa altitudinalmente entre 3 200 y
4 400 mt con bolsones que se ubican dentro del ecosistema
alto andino. La vegetación predominante es de estepa
arbustiva con matas, teniendo una muy baja cobertura de
follaje (20-30%). Su biomasa por-unidad de superficie es
menor que la del ecosistema alto andino y, por ende, su
soportabilidad de fauna también.

8
La prepuna es un ecosistema de transición que fluc-
tua entre los 2 900 y 3 200 mt. Es de características
menos acentuadas que la puna en su déficit de agua y tem-
peratura.
En resumen, a medida que se asciende en altura y
que se va hacia el sur hay mayores limitantes de clima
y de suelo.
Una serie de características ecológicas hacen que
estos espacios sean muy frágiles y vulnerables a la
acción antrópica. Todas las zonas de altura son áreas
de extracción del substrato, por lo que estas zonas son
naturalmente subsidiarias de las que están más abajo,
produciéndose transporte de materiales. Es lógico afirmar
que si hay arrastre de materiales en forma natural, cual-
quier factor que deteriore el área repercuta en la acele-
ración de este transporte. Por otra parte, la calidad
del substrato es mala, pues no hay posibilidad de deposi-
tación y hay descomposición lenta. Tal como se explici-
to, la vegetación es reducida, variando desde el bosque
decidido, en las áreas más bajas, hasta la pradera
altomontaña e incluso al suelo desnudo. La fitomasa en
pie es muy baja y, en consecuencia, hay alta entropía,
pues existen limitadas maquinarias biológicas para fijar
la energía. La fauna está limitada a especies muy exclii
sivas y esta condición determina su interés comercial y,
en consecuencia, su sobreexplotación. La diversidad
natural es baja, lo que determina una baja estabilidad
natural. Las posibilidades de artificialización son más
limitadas que en regiones más bajas.
Dado que las grandes limitantes son climáticas,
la artificialización debe dirigirse al manejo de la gan¿
dería y de la fauna silvestre y a la adaptación y mejora_
miento fitogenético. Casi todos estos territorios son
de secano, ya que el riego tiene grandes limitacio-
nes debido a su costo alternativo, puesto que siempre se
prefieren las áreas bajas con climas de alta aptitud
agrícola y, además, por las limitantes naturales del sue
lo y de la pendiente. Dado que no se puede alterar el
clima, la posibilidad de incidir modificando las grandes
limitantes -agua, temperatura y energía- es baja. Por
esta razón, la artificialización, salvo en las pocas
áreas regadas, tiene mucha restricción y, en general, si
se hace con sentido conservacionista no debería modificar
atributos fundamentales del ecosistema (véanse gráficos
2 y 3)-
2. La estructura socioambiental campesina

La dramática situación del campesinado andino de altura


ha preocupado permanentemente a gobernantes, dentistas
sociales y planificadores. No obstante algunas políticas
que los han beneficiado parcialmente, la situación global
9
Gráfico 2
LIMITES CLIMATICOS—ECOLOGICOS EN CORTE DEL
LADO OCCIDENTAL DE LOS ANDES
Altitud

— • Límite superior de aridez.

— — — Límite inferior de nieves perpetuas.

Limite superior de bosque leñoso sólo en los Andes tropicales.

Límite superior de bosque nebuloso(cepa de montaña) en


los Andes tropicales.

~~ — — Límite superior de la agricultura.

mmmmm^mmmm Límite inferior de los ecosistemas de alturas.

Sobre la base Cari Troll, op. cip.

no ha mejorado y en algunas áreas se ha agravado. El des^


arrollo de las economías de cada país y, en particular,
las soluciones para los sectores agrícolas, no han reper_
cutido en la forma que se hubiera deseado.
La principal causa hay que buscarla en las estrate
gias de desarrollo basadas en los clásicos patrones de
modernización agrícola-rural que fueron acompañando la
penetración del desarrollo capitalista del campo.
Las reformas estructurales efectuadas a comienzos
del decenio del 50 en Bolivia, y en el decenio del 70 en
Perú, rompieron la complementariedad estructural de las

10
economías campesinas con los otros sistemas de tenencia
existentes: las haciendas y las formas modernizantes de
ellas. Antes de estas reformas, las distintas formas
de tenencia se complementaban entre sí en relación al
empleo.
La ruptura se tradujo en una mayor integración de
estas economías en los mercados de bienes y de fuerza de

Gráfico 3

PERFILES DE UBICACION DE LOS ANDES TROPICALES

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MAPA - CLAVE
(pMfcMn M k» partUn I -I I

11
trabajo, desplazándose definitivamente los lazos con los
dueños de las haciendas. 8/ No obstante, la subordinación
creciente a las reglas de la economía mercantil capitalis
ta en un proceso de integración progresiva, las economías
campesinas no se incorporan al desarrollo capitalista de
la producción agropecuaria propiamente tal. Sus formas
de producción se pueden clasificar como no-capitalistas
mercantiles. Su articulación con la economia capitalista
se hace a través de la circulación mercantil.
Esta situación, descrita en términos generales, pr_e
senta diversas variantes de inserción según el ambiente
ocupado, la organización de los mercados, la infraestruc-
tura de comunicación, acopio y distribución, etc. Pese a
los diversos grados de interacción las economías campesi-
nas, en particular, constituyen "formas específicas de
subsistencia de la familia campesina" en los ecosistemas
de altura.
Pero, ¿cómo el estilo de desarrollo predominante en
América Latina ha influido en el campesinado de altura en
los últimos años?
Hay varios elementos histórico-estructurales que no
es necesario profundizar y que son todos conocidos, como
el problema de acceso a la tierra, la relación trabajo-
tierra, las políticas de precios para el abastecimiento
urbano y los sistemas de comercialización. 10/ Pero en rea,
lidad, lo que más ha influido es la inducción del estilo
de desarrollo predominante para que las agriculturas de
los países andinos se incorporen a la estructura interna-
cional de producción y mercado.
El análisis de las políticas agrarias, precios de
los productos, importación de alimentos, ausencia de
barreras proteccionistas para la producción local, etc.,
ponen en evidencia un estilo de desarrollo en que no se
prioriza el incremento de la producción interna de ali-
mentos.
El desarrollo de la agroindustria podría conside-
rarse como un proceso importante para la modernización
del agro de los países andinos, en particular, en rela-
ción a los productos exportables y a los que constituyen
insumos básicos de ella, pero este desarrollo ha incenti_
vado muy pocos productos. Muchos de los alimentos bási-
cos han estado estancados en su crecimiento, o, incluso,
han disminuido. Después de la Segunda Guerra Mundial los
países andinos en el área de estudio (Ecuador, Perú y
Bolivia) han evolucionado a una posición alimentaria más
dependiente, siendo cada vez mayor la importancia del
alimento importado. El cambio de los patrones de consumo
incidió en un incremento del consumo per cápita de varios
productos, entre ellos: trigo, oleaginosas, arroz y
lácteos, disminuyendo el consumo de otros (en Perú, carnes
rojas y cebada). En Perú, por ejemplo, la carne de ave,

12
que se basa en la producción de maíz, ha sustituido parte
del consumo de carne de vacuno. En muchas regiones el
consumo de pan de trigo ha venido acompañado de la dismi-
nución del consumo de yuca, plátano, papa y cebada, que
hasta hace algunos años constituían una importante cuota
del consumo popular.
En consecuencia, lo que podría aparecer como un
elemento incentivador del desarrollo agrícola, cual es la
agroindustrialización, sólo tiene esta función en relación
a muy pocos productos. En la mayoría de los casos, frente
al escaso dinamismo de las producciones nacionales, y a
la creciente demanda, urbana y rural, la industria recurre
al insumo importado. Este hecho le permite además regular
los precios nacionales. Se produce de esta forma, un pro
ceso de causación circular. La dependencia alimentaria
externa causa el estancamiento de la producción y ésta,
a su vez, es causa de la primera.
Este estilo de crecimiento agroindustrial es cohe-
rente con las dinámicas impuestas por el estilo a los
otros sectores de la economía. Parece ser que el sector
agrícola, disfuncional, estructuralmente, ha recibido más
perjuicios que beneficios. Sólo algunos rubros han res-
pondido con dinamismo; la mayoría ha fluctuado entre el
decrecimiento y tasas muy reducidas de crecimiento.
El segundo aspecto de importancia que debe tomarse
en cuenta para analizar la situación del campesinado de
altura es su ubicación física y su estructuración en
comunas, microrregiones y regiones que lo coloca en un
contexto de relaciones con las economías centrales.
La base de la organización social del campesino de
altura es la comunidad cuyas principales relaciones son
las familiares, las comunales y las salariales. Las pri_
meras, dadas en el seno de la explotación familiar; las
segundas, en base a obligaciones recíprocas y colectivas
(mingajos, faenas); y las ;terceras, salarios en dinero y
especies como complemento del ingreso sin que necesaria-
mente, por su importancia relativa, signifique proleta-
rización.
El ingreso de las distintas familias que constituyen
la comunidad no es homogéneo, dada la diversa disponibi-
lidad de recursos que poseen. En efecto, -cuestión central
de este análisis- el territorio comunal no sólo abarca un
sólo piso ecológico, sino que se mueve en sentido altitu-
dinal. Las parcelas familiares se ubican en distintos
niveles y además cada familia puede criar sus propios
animales. Las formas de explotación en consecuencia,
tienden a ser de tres tipos: a) explotación familiar de
las parcelas; b) aparcerías entre familias de una misma
comunidad o de diferentes; y e ) explotación comunitaria
que, en general, es ganadería que utiliza las praderas

13
de las partes más altas. La diversa dotación de recursos
de las [Link] cada comunidad hace que se originen las
distintas formas de relaciones de producción. Pero, el
hecho fundamental, es que las distintas familias campesi-
nas están organizadas en comunas en un territorio dado, y
que sus relaciones nacen de las necesidades de integración
laboral y de intercambio de productos.
La relativa autonomía y la desigual condición de
las distintas comunidades permite la integración de las
comunidades a nivel de microrregión. De esta forma se
produce un segundo nivel de integración en donde no es
tan importante el aspecto ambiental, sirio que prima el
criterio de integración del espacio mercantil y la nece-
sidad de confluir hacia las estructuras politico-adminis
trativas del Estado.
La situación que lleva a integrar las comunidades
en microrregiones es la necesidad de tener un mercado
donde se intercambien y se obtengan los productos indus-
triales y donde se logre un canal común para relacionarse
con el resto de la región. El intercambio entre miembros
de comunidades, aunque es importante, no justifica por
sí mismo la existencia de este nivel ya que las economías
comunales al estar integradas en pisos ecológicos son
casi autosuficientes y ofrecen productos similares.
El intercambio de la microrregión se produce nor-
malmente en los pueblos en los que periódicamente se rea
liza una feria. A estas ferias fluyen los comerciantes,
transportistas, cooperativas, medianos agricultores y
las instituciones que manejan el capital financiero. Las
autoridades gubernamentales garantizan la presencia del
Estado.
Tanto en Perú, Bolivia y Ecuador, existen regiones
donde predomina el sector comunal y donde existen micro-
regiones que participan a nivel regional. Los centros
ejes de las regiones los constituyen ciudades o polos
urbanos que cumplen la función de intercambio y servicios
para las distintas microrregiones. Es generalmente a
este nivel donde se imponen las prioridades de inversiones
infraestructurales que tanto repercuten en los cambios en
la intensidad y orientación del desarrollo agrícola, y
que, con frecuencia, se deciden a nivel central.

3. Los disturbios del estilo de desarrollo en


las áreas campesinas de altura

Los antecedentes hasta aquí planteados muestran la comple


ja dialéctica que debe necesariamente existir entre la
comunidad campesina y su ambiente. ¿Cómo está siendo
afectada esta relación dialéctica por los cambios socio-
económicos y cómo se readecúan las relaciones sociales?

14
El ascenso del estilo de desarrollo predominante
tiene efectos muy claros sobre las economías regionales y
microrregionales, afectando, en particular, todo lo que
gira en torno al mercado de productos. Por un lado, la
diferente valoración de la producción agropecuaria, la
falta de incentivos y el deterioro relativo de los precios
repercute en menores ingresos monetarios para el sector
campesino. Además, la creación de infraestructura vial y
la entrada en escena de las agroindustrias corrientemente
se traducen en tramas comerciales más complejas en donde
se produce apropiación de excedentes en sus variadas
etapas. Por otra parte, la subvaloración de las produc-
ciones locales impide llevar al mercado productos que
hasta hace poco formaban parte importante de la dieta po_
pular, debido a que el precio de estos productos es [Link]
o prácticamente no existe.
La alteración de las relaciones mercantiles produ_
ce>en consecuencia, marcadas diferenciaciones entre micro
regiones. Pero es a nivel de relaciones de intercambio
entre los miembros de las comunidades donde se producen
los mayores problemas. No cabe duda que, en función de
los niveles relativos de especialización productiva, las
modificaciones económicas producen notorios procesos de
diferenciación campesina.
Y aquí entra el medio ambiente como un determinante
fundamental. La integración comunal y el intercambio
entre distintos pisos altitudinales se hacía anteriormeri
te en función de cierto "equilibrio de autoconsumo" de
las comunidades. La introducción de poderes compradores
que sobrevaloran algunos productos (en relación a situa-
ciones anteriores) y la influencia de la subvalorización
de otros hacen que este equilibrio de autoconsumo se
rompa con los consiguientes transtornos. Algunos campe-
sinos elevan sus ingresos, otros los disminuyen y deben
vender su fuerza de trabajo a otras comunidades de la
microrregión o incluso a otras microrregiones.
Sin embargo, el problema no se limita al señalado.
El cambio de hábitos de consumos y la presión por deter-
minados insumos productivos exigen al campesino tratar
de obtener más ingresos monetarios, por lo que recurre
a especializarse un poco más, mermando su capacidad dentro
de la comunidad propia. De esta manera, comienza el pro-
ceso de desintegración de la comunidad acompañado de cla-
ros procesos de diferenciación y de proletarización. 11/
El medio ambiente físico sufre los intentos de
readecuación social, a través de varios procesos. Primero,
hay intentos de aumentar las áreas de cultivos; éstos pro
vocan la ampliación de la agricultura a pisos altitudina-
les superiores con los riesgos de heladas y, sobre todo,
con la posibilidad de afectar sectores más frágiles.

15
Segundo, hay tendencia a sobreutilizar el suelo, situación
bastante generalizada en las comunidades campesinas y que
ha producido graves procesos de erosión. Tercero, el cam
pesino trata, dentro de sus medios de intensificar sus
cultivos, de adoptar algunas innovaciones tecnológicas
(fertilización, uso de plaguicidas).
Es evidente que aunque las comunidades campesinas
han sentido el peso del ascenso del estilo, las condici^o
nantes ambientales y la secular organización social han
frenado su influencia. El proceso de desintegración, por
ende, se da en forma muy variada dependiendo de varios
factores : el ambiente en que se encuentra, solidez y fun-
cionalidad de la organización social, influencia de los
centros urbanos, especialización, cultura, etc. 12/
Especial mención merece el rol de los estados. Con
diferentes matices se puede afirmar que en el decenio del
70 los estados apoyaron la expansión del desarrollo capi-
talista. Hubo políticas contradictorias, pero los secto-
res agrícolas sintieron el peso de la influencia del auge
mundial de la modernización tipo Revolución Verde. Esto
influyó notablemente en hacer penetrar el modelo a nivel
central y produjo serios desajustes en economías regio-
nales basadas en economías campesinas.
La presencia del Estado se ha hecho sentir a nivel
regional y microrregional a través de las infraestructuras
y los bienes y servicios sociales que han servido como
factores de redistribución del ingreso regional. No obs
tante, por las características impuestas por el estilo,
muchas de estas infraestructuras han repercutido en ahon-
dar las diferencias regionales e intrarregionales.
La investigación agropecuaria se há dirigido al mejo_
ramiento de los cultivos de altos rédito/s, que generalmente
son los cultivos de exportación y los componentes a áreas
de riego. Sin embargo, en el último quinquenio, la plani_
ficación estatal con contradicciones ha tratado de oponer
se a la expansión del capitalismo dependiente. Esto ha
llevado a acciones claras que valorizan la situación cam-
pesina, entendiendo su funcionamiento y creando políticas
de apoyo para este sector tanto económicas, sociales o
de investigación. 1^3/

4. La sobrevivencia campesina futura

El principal desafío de las economías campesinas de altura


es su sobrevivencia. El efecto de la penetración del es-
tilo de desarrollo ha alterado las diversas relaciones
entre el campesinado y entre las comunidades. Los esfuer_
zos desplegados por los estados en los últimos años no han
permeado hasta el nivel familiar y, si lo han hecho, en

16
muchas ocasiones, no han tenido los frutos esperados debí
do a las desarticulaciones de sus políticas.
El esfuerzo por sobrevivir ha inducido a sobreex-
plotar los ecosistemas de altura y a romper la complemeri
tariedad ecológica de los distintos pisos altitudinales.
Las comunidades campesinas se han readecuado a los
cambios diseñando estrategias espontáneas de sobrevivencia.
Por un lado, han tratado de aferrarse a su organización
social y a su integración comunal y micorregional. Por
otro lado, han entrado a la economía mercantil, pese a
que el escaso desarrollo de sus fuerzas productivas las
hace competir en desventaja con los productos foráneos.
La supeditación al esquema mercantil y el retroceso
de sus formas de subsistencia incidirán indiscutiblemente
en acelerar el deterioro de los ecosistemas que ocupan.
La condicionante ambiental, en el caso de las economías
campesinas de altura, es un factor fundamental en el
diseño de estrategias de desarrollo para este sector como
se han impulsado últimamente en los países. Por estas
razones es que el problema fundamental consiste en la nece_
sidad de definir estrategias reales de desarrollo campe-
sino, evitando la penetración del estilo dominante en el
resto de la economía en los últimos años. Para perfec-
cionar estas estrategias se debe respetar aun más la pro
pia identidad, perfeccionando la actual economía basada
en formas semimercantiles y apoyando el desarrollo de
las organizaciones sociales. Además, se deben privilegiar
las relaciones sociales que repercutan en la absorción de
la fuerza de trabajo y, por ende, en la reproducción de
la población.
Hay ciertas definiciones globales que han hecho los
países andinos donde hay importantes poblaciones en eco-
sistemas de altura, que muestran la intención de los go-
bernantes por esta opción, pero los resultados prácticos
indican que aún deben superarse muchas contradicciones
en las políticas de desarrollo y que deben definirse
políticas que lleguen hasta los niveles comunales. Por
ello que se hace necesario coordinar, complementar e im-
pulsar las siguientes políticas:
1. Políticas de potenciación y de participación de las
comunidades en las decisiones de políticas de desarrollo,
a todos los niveles, utilizando las organizaciones polí_
tico-administrativas formales, y regularizando las info^
males y creando, en forma pragmática, nuevos canales de
incorporación.
2. Valoración de los elementos culturales propios de
las regiones y comunidades, privilegiando los que tengan
relación con la organización del trabajo comunal, el intejr
cambio de productos y las tecnologías adecuadas.

17
3. Refuerzo de los niveles comunales y micorregionales,
en relación a los procesos de comercialización de produc
tos. •
4. Fijación de poderes compradores por parte del Estado
para los productos campesinos regionales con políticas de
precios de sostén.
5. Fijación de poderes reguladores de insumos, concor-
dantes con un modelo de adopción, generación y difusión
tecnológica para el sector andino.
6. [Link] de la investigación social y agrope-
cuaria que analice los distintos niveles (predial, comunal
y microrregional) como parte fundamental del sistema de
vida donde la producción juega el rol principal de abas-
tecedor de alimentos para el desarrollo familiar.
7. Fomento a cultivos de altura (maíz, quinoa, tarwi,
oca* yuca, papa, etc.) y explotación ganadera de camélidos,
con especial énfasis en la recuperación de la vicuña. Para
ello, se hace necesario reforzar los programas de inves-
tigación, tanto de producción, como de tratamiento, mane
jo y conservación de los productos. 14/
8. Políticas de salud basadas en un diagnóstico acabado
de la adaptación natural del campesinado a la altura, de
sus hábitos de trabajo, y requerimientos y hábitos alimeii
tarios ambientales.
9. Políticas de educación basadas en las identidades
étnicas y regionales, revalorizando idiomas y tradicio-
nes que repercutan en posiciones propias regionales y
microrregionales que permitan una mayor capacidad de nego
ciación con los centros.

Notas

2/ Un completo estudio de población por regiones


ecológicas : Adolfo Figueroa, La economía campesina de-
la sierra del Perú, U.C., Lima, 1 9 8 1 . "
2/ • Perú, Ministerio de Agricultura, Comunidades
campesinas del Perú, Lima, 1980.
Bolivia, Mapa ecológico 1978.
4/ Javier Pulgar Vidal, "Las ocho regiones natura-
les del Perú", Geografía del Perú, Ed. Universo, Lima.
5/ Ecuador, Ministerio de Agricultura y Ganadería,
Mapa ecológico, PROMAREG, Inst. Geográfico Militar, -1'978.
6/ OEA, Informe final de la reunión s'obre conser-
vación de ecosistemas terrestres de mayor significación
en el hemisferio occidental, FAO, MAB/UNESCO, San José,
Costa Rica, 10-14 de abril de 1978.
7/ Jorge Morello, Perfil ecológico de Sudamérica,
CIFCA, Madrid, 1983.
8/ Efraín Gonzales de Olarte, "Economías'campe-
sinas y economías regionales", E/CEPAL/PROY.6/R.46, 20 de
18
marzo de 1982.
2/ Efraín Gonzales de Olarte, "Economias campesinas
... ", op. cit.
1 0 / J o s é Maria Caballero, "La situación del campesi-
nado andino y las decisiones de política económica", en
Allpanchis,("La agricultura andina I"), vol. 14, 1979i
Cusco.
11/ Existen numerosos trabajos al respecto; véase
por ejemplo: Barsky et al, "Ecuador: Cambios en el agro
serrano", FLACSO-CEPLAES, Quito, I98O.
12/ Véase John Durston, "Gestión de recursos y di fe
renciación social en la comunidad andina de altura: Impli
cancias para el desarrollo rural", E/CEPAL/PROY.6/E.42,
16 de marzo de 1982.
13/ Ecuador, por ejemplo, está realizando un esfuer_
zo notable a través de la Secretaría de Desarrollo Rural
Integral. Por otra parte, el Instituto de Investigación
Agropecuaria ha otorgado primera prioridad a los cultivos
alto andinos. En Perú, existen programas de investigación
de cultivos andinos con los del convenio OEA-Universidades
de Cusco, Puna y Arequipa. Existen además experiencias
notables como las llevadas a cabo en la Universidad Tecno
lógica de Cajamarca. Programas como IVITAS, han apoyado
la investigación del desarrollo de camélidos. Bolivia
enfrenta hoy día una revisión completa en sus políticas
agrarias.
14/ Para más detalle véase Francisco Rhon, Jaime
Borja y Galo Ramón, "Alternativas endógenas de producción
agropecuaria", en Comunidad andina: Alternativas políti-
cas de desarrollo. Centro de Arte y Acción Popular" (CAAP),
Quito, 1981, pp. 143-194.

19
LA EXPERIENCIA LATINOAMERICANA Y
EL DESAFIO CAMPESINO

Este estudio fue realizado por Emiliano Ortega, experto


de la División Agrícola Conjunta CEPAL/FAO.
Introducción

En América Latina en los últimos años aumentó el interés


por la suerte de las economías campesinas y del campesi-
nado en general. Esta actualización del tema ocurrió si_
multáneamente con la iniciación de nuevas formulaciones
programáticas en torno a la modernización tecnológica y
el desarrollo rural y a un relativo "enfriamiento" de los
programas de reforma agraria. Varias parecen ser las
razones que estarían determinando esta revisión de la
cuestión campesina. Una de ellas es la duda respecto a
los vaticinios que esperaban que el problema campesino se
diluyera en la vorágine de la urbanización-industrializa^
ción y en general en el proceso de crecimiento económico
y de modernización agrícola. Las limitaciones de los
estilos de desarrollo han evidenciado que no hay espacio
económico y a veces físico para las poblaciones urbanas
en las propias ciudades en las cuales se registran las
más radicales desigualdades. Por otro lado, las pobla-
ciones campesinas persisten a veces en condiciones infrja
humanas. Ello parece estar provocando un cuestionamiento
sobre las perspectivas de las poblaciones rurales, sobre
los efectos y derivaciones de la penetración tecnológica
y de la modernización empresarial en la agricultura,
además de un serio cuestionamiento en relación a los e¿
tilos de desarrollo que se han venido dando en los países
latinoamericanos.
Otra razón que sin ser ajena a la anterior está
presente en este renovado interés por el campesinado se
ubica en el plano ideológico y se interroga sobre el corn
portamiento y las conductas campesinas; sobre las nuevas
condiciones en que se desenvuelve como entidad social;
sobre la transición que experimenta a consecuencia de la
modernización agrícola, de la reestructuración de los
mercados, de la internacionalización de las economías o
de la mayor dependencia externa. Se vuelve a discutir
en torno a las posibilidades de transformaci ones estruc
turales y sobre la capacidad de movilización y de cambio
del propio campesinado, al igual que sobre el rol que
pudiera jugar la agricultura de base familiar y comunitja
ria con estilos de desarrollo alternativos.

23
En este documento se dan algunos elementos sobre .la
experiencia latinoamericana vista desde un punto de vista
global y sectorial. En este segundo ámbito, se revisan
rápidamente algunos antecedentes sobre la modernización
de la agricultura, para detenerse con más atención en las
tendencias que experimenta el campesinado. Por último,
se realizan algunas consideraciones sobre el desafío que
significa la persistencia de las formas campesinas de
realizar agricultura y se proponen algunos componentes
posibles de incorporar a estrategias que consideren al
campesinado como sujeto social. Se termina el documento
haciendo algunos comentarios sobre las áreas donde pare-
cieran definirse los conflictos que afectan más directa-
mente a la vida campesina.
El documento pretende aprovechar el seminario para
compartir inquietudes en torno al futuro del campesinado.
Es una invitación a un análisis que mire hacia adelante.
Si como escribe Shanin _1/ "hay algo divertido, si
no grotesco, en la incapacidad de los académicos para
llegar todavía a un acuerdo general sobre la existencia
misma del campesinado como un concepto válido", con mayor
razón resulta casi una insolencia pensar en las tendencias
que lo envolverán en el futuro, y mucho más aún, intentar
interferir dichos caminos para diseñar nuevas perspectivas.

24
I. LA EXPERIENCIA LATINOAMERICANA

1. Una mirada global: ambivalencia fundamental

Enrique Iglesias 2/ traza una visión retrospectiva que nos


permite evaluar el desenvolvimiento económico y social de
la región en el marco de una perspectiva histórica a largo
plazo, subrayando la ambivalencia fundamental de este
proceso.
"En el período de postguerra, y en especial durante
el decenio pasado (de los sesenta) y los años iniciales
del actual (setenta), la región en su conjunto-y con excep-
ciones que no corresponde analizar en esta oportunidad-
logró un vigoroso desarrollo de sus fuerzas productivas."
Sus rasgos esenciales habrían sido: "En primer
lugar, la sostenida expansión de la economía latinoameri-
cana que hizo que, en 1975, el producto conjunto de la
región cuadruplicara su nivel de 1950; en segundo término,
el crecimiento y di versificación de las exportaciones
latinoamericanas, proceso que se mantuvo aun durante la
reciente fase recesiva de la economía mundial (1975), y,
finalmente, el mejoramiento de la capacidad de gestión de
la política económica observable en nuestros países lati-
noamericanos" .
"Sin embargo ese avance material, sustancial, e
indudable, no logró resolver algunos de los más graves y
agudos problemas sociales de América Latina. La moderni-
zación y el progreso beneficiaron, evidentemente, sólo a
ciertos estratos de la sociedad. Otros, y en especial
las grandes mayorías, permanecieron apartados de ese
progreso o recibieron sus beneficios sólo marginalmente.
Debido a este rasgo fundamental del estilo de desarrollo
que tendió a prevalecer en la mayoría de las economías de
la región, la población afectada por la pobreza crítica
continuó siendo intolerablemente alta, la desocupación,
y, sobre todo, la subocupación no se redujeron en forma
significativa; además, algunos otros indicadores sociales
mejoraron, lentamente o, incluso, mostraron síntomas de
deterioro
El d-esarrollo de los últimos treinta años estuvo
marcado de esta manera por una ambivalencia fundamental.

25
De una parte, demostró la capacidad de la región para
expandir su producción material a un ritmo bastante alto;
de otra, reflejó una notoria incapacidad para distribuir
en forma equitativa los frutos de ese avance material ace-
lerado. Es esa ambivalencia esencial del estilo de des-
arrollo lo que explica el contraste entre las conclusiones
optimistas que pueden desprenderse de la evolución de
algunos indicadores económicos convencionales, y las
conclusiones a veces desalentadoras que se desprenden de
ciertos indicadores sociales que muestran que persisten
en muchos países de la región agudos problemas de desnu-
trición, pobreza, analfabetismo y subocupación, los cuales,
en ciertos casos, tienden a resolverse con desesperante
lentitud, y en otros, marcan aun lamentables retrocesos.

2. Esperanzas frustradas

El florecimiento de la temática campesina de una u otra


forma se ha debido a las preocupaciones surgidas de la
experiencia latinoamericana en los últimos treinta años
(sin estar ajena a la experiencia universal) y que se
expresa en el debate de distintos temas. El análisis de
los estilos de desarrollo en los años setenta, se origina
e n
según Aníbal Pinto I a creciente conciencia de los
problemas que plantea a los paises en desarrollo, "el
proseguir la marcha hacia donde han llegado sus congé-
neres avanzados, y a sufrir los efectos de ese proceso".
"Dicho de otra forma, la preocupación universal
por el 'estilo de desarrollo1 proviene de los que están
saciados y hastiados con la 'sociedad opulenta'; de los
que se hallan a medio camino (como los países latinoame-
ricanos) y critican la supuesta deseabilidad de esa meta,
y, en último término, de quienes no quieren y tienen poca
o ninguna posibilidad de reproducir el modelo rechazado.
Esta perspectiva constituye según el mismo autor, un
cambio profundo de perspectiva con respecto a los hábitos
del pasado. En general, al irse creando una economía y
una sociedad internacionales, prevaleció el criterio de
que eran las comunidades adelantadas y dominantes las que
establecían las pautas para la evolución y el progreso de
todas las naciones. Esto es, tendían a transformar el
mundo a su 'imagen' y semejanza'."
"En las economías o agrupaciones sociales subdes-
arrolladas, los problemas se acercan más a la cuestión
elemental de la supervivencia, tanto en sistemas capita-
listas como en socialistas. Sin embargo, en ambas reali-
dades hay también un aspecto común ya señalado: la
convicción de algunos de que la continuación o reproducción
del modelo 'industrial desarrollado' es no deseable o no
viable, o ambas cosas a la vez."

26
Prebisch bj por su parte sostiene que "dos grandes
esperanzas de hace algunos decenios se han visto frustra-
das en el curso ulterior del capitalismo periférico.
Creíase que, librado éste a su propia dinámica, la
penetración de la técnica de los centros industriales iría
difundiendo sus frutos en todos los estratos de la socie-
dad, y que por ello contribuiría al avance y consolidación
del proceso democrático".
"Los hechos no permiten seguir alentando esas ilu-
siones. El desarrollo tiende a excluir a una parte impor-
tante de la población. Se circunscribe primordialmente al
ámbito de los estratos superiores de ingreso, en donde se
imitan de más en más los hábitos de consumo de aquellos
centros. La sociedad de consumo se ha instalado así en
la periferia y los estratos de ingresos intermedios,
seducidos por sus atractivos, se esfuerzan por participar
en ella y lo están logrando. Todo esto en vivo y notorio
contraste con la sociedad de infraconsumó en que se debaten
los estratos inferiores de la estructura social."
"La sociedad de consumo tiene un ingente costo
social y político: el costo social de la inequidad y el
costo político de disipar aquellas esperanzas. En verdad
el progresivo desenvolvimiento de la sociedad de consumo
parecería volverse incompatible a la larga con el avance
democrático, pues tiende a crear entre el proceso econó-
mico y el proceso político una disparidad cada vez mayor
que se trata de corregir mediante el freno regresivo de
este último, antes que por la transformación del primero."
Tratando de evaluar, esa "sociedad de infraconsumo"
de que habla Prebisch, Molina 5/ concluye que alrededor
de I97O, "el 19$ de la población latinoamericana vivía en
condiciones de indigencia,6/ y el b0% en condiciones de
pobreza, lo que expresado en. valores absolutos significa
que existían millones de indigentes y 113 millones de
pobres". Los resultados del estudio muestran además que
"la pobreza afecta en mayor proporción a los hogares
rurales que a los urbanos. El 62% de los primeros y el
26% de los segundos corresponden a hogares pobres".
"América Latina tuvo éxito en su empeño de acelerar
su crecimiento económico. Sin embargo, agrega Molina,
esta notable evolución no rindió todos los frutos que de
ella se esperaban en el sentido que se reduciría la exten-
sión de la pobreza, disminuirían las desigualdades exce-
sivas y se eliminaría el desempleo. Esta experiencia de
América Latina, en particular, y del mundo en desarrollo,
en general, originó un profundo escepticismo frente a la
creencia tradicional que el crecimiento económico traería
aparejadas, en un período razonable, mayores oportunidades
de empleo y de vida para todos."

27
II. MODERNIZACION AGRICOLA Y EMPRESARIADO
CAPITALISTA

1. La agricultura, un obstáculo estructural


al desarrollo

En el decenio de los cincuenta, tanto CEPAL como FAO


consideraban que el sector agrícola se había convertido
en un obstáculo estructural al desarrollo latinoamericano.
El lento desarrollo productivo de la agricultura consti-
tuía "el punto de estrangulamiento interno más pertinaz
en el desarrollo latinoamericano".7/ Las tasas de inver-
sión se estimaban incompatibles con el desarrollo agrícola
y se destacaba la existencia de "grandes fraccionas de
agricultura de mera subsistencia de las que muy difícil-
mente pueden esperarse aportes importantes al esfuerzo
general de inversión".8/ Entre los efectos generados por
el problema agrícola estaba "la marginación de ujfia enorme
masa de población del circuito económico, hecho que cons-
tituye un obstáculo evidente para la expansión 4e la
industria".9/ En síntesis, se sostenía que la Agricultura
invertía poco, producía poco y consumía poco, çonvirtién-
dose así en el estrangulamiento interno más pertinaz en el
desarrollo. Se esperaba que la agricultura creciera más
aceleradamente, que se convirtiera en mercado/efectivo
para la industria y que aportara fuerza de trabajo para el
desarrollo de otros sectores.

2. Cambios de conducta sectorial

En el ámbito de los mercados, las relaciones de intercam-


bio en que estaba involucrada la agricultura han experimen-
tado modificaciones profundas. En cuanto a la demanda mone
taria interna que se expresaba en los mercados de productos
agrícolas, ella se ha ampliado considerablemente, tanto por
el crecimiento de la población y del ingreso como por las
tendencias registradas en su distribución y por los cambio-s
habidos en las proporciones entre población agrícola y no
agrícola. Los 65 millones de latinoamericanos de 1900,
suman ya 380 millones. La población de las ciudades, que
en 1920 alcanzaba aproximadamente a 12.7 millones, es
ahora de 215 millones de habitantes; es decir, 17 veces mayor,
en tanto la población rural ha pasado de 7b millones en

29
en 1920 a 128 millones en 1978, no alcanzado a duplicarse.
Por ello, ha venido ocurriendo un cambio radical en los
niveles de integración de la agricultura con los mercados
internos. En 1920 había en América Latina seis habitantes
rurales por cada habitante urbano, y en el presente hay un
habitante rural por oada dos urbanos. En cuanto al ingreso
per cápita anual por habitante latinoamericano entre 1950
y I979 se ha más que duplicado, pasando de 436 a 925
dólares.10/
Con respecto a los mercados externos para los pro-
ductos agrícolas regionales, aunque su significación en
el conjunto de la actividad agrícola pudiera ser menor que
en el pasado, no es menos cierto que en la actualidad el
17% de la producción agrícola total se destina a la expor-
tación ._1_l/
De esta forma, la expansión constante de la demanda
por productos agrícolas ha venido creando lazos más
estrechos y extensos de la agricultura con los mercados,
proceso que al mismo tiempo que transformaba y dinamizaba
la economía sectorial, la fue articulando en forma pro-
gresiva a la economía nacional e internacional.
La vinculación de la agricultura a los mercados se
ha venido intensificando además por el lado de la adqui-
sición de insumos o factores de producción de origen no
agrícola. La incorporación de productos químicos (ferti-
lizantes, pesticidas y otros) se ha venido incrementando
en los últimos decenios a tasas promedios superiores al
10% anual.
Aunque no se dispone de datos agregados a nivel de
América Latina o a nivel nacional, las adquisiciones de
bienes de consumo corriente o durable se habrían expandido
significativamente. Algunos estudios de caso muestran
cambios en los hábitos y aspiraciones de las poblaciones
campesinas y rurales en general. El consumo de prendas de
vestir no artesanales, de algunos alimentos industrializa-
dos y ciertos bienes de uso doméstico, se hace cada vez
más frecuente.
Como se indicó más arriba, se esperaba también que
el estrangulamiento provocado por el sector agrícola
desapareciera por la vía del crecimiento productivo. Como
lo ha reconocido recientemente la propia FAQ,12/ el creci-
miento de la producción agrícola de América Latina en los
últimos decenios ha respondido a la demanda efectiva. En
otros términos, la oferta interna se ha mostrado relati-
vamente flexible, en un marco de modernización progresiva
del sector.
Durante el período I95O-I98O, el producto interno
agrícola de América Latina creció a una tasa media del
orden de 3«5# anual, es decir, a un ritmo elevado compa-
rado con la experiencia universal del período. La dimensión
de la economía agraria ha registrado una expansión de casi

30
tres veces en relación a la magnitud del año 1950 en tanto
que la población ligada a la agricultura sólo se ha incre-
mentado 1.5 veces.13/ El nivel de ingreso promedio de
cada habitante "agrícola" latinoamericano entre 1950-1952
y I978-I98O se elevó de 155 dólares a 260 dólares anuales,
manteniéndose en estos tres decenios las grandes diferen-
cias entre el producto interno bruto agrícola y no agrí-
cola por habitante; la relación entre ambos pasó de 21.6$
en I95O-I952 a 2k% en I978-I98O. Los ingresos medios de
la población agrícola se acercan a la cuarta parte del
ingreso de un habitante no agrícola.
Con respecto a la fuerza de trabajo, otro de los
aportes que se espera de la agricultura, al proceso de
industrialización y de crecimiento en general no vale la
pena detenerse mayormente. Las tasas medias anuales de
urbanización han sido del orden del en tanto que las
poblaciones rurales también han venido creciendo en torno
al 1$ por año y lo continuarían haciendo hacia el año
2000 a una tasa esperada del 0.6$ anual.
En síntesis, en relación a los criterios para juzgar
el desempeño de la agricultura y los requisitos que de ella
se esperaban para que cooperara al crecimiento económico
parecieran haber sido satisfechos.

3. Heterogeneidad agraria

Si hay una realidad característica y decisiva en el fun-


cionamiento de la agricultura latinoamericana, es su
heterogeneidad.14/ Las profundas diferenciaciones al
interior del sector condicionan su marcha y le dan una
cierta pluralidad a los procesos económico-sociales y
políticos en la agricultura. En su origen, dicha hete-
rogeneidad estructural se gesta muy tempranamente en el
curso de la penetración occidental a través de los pro-
cesos de conquista y colonización. En la actualidad,
dicha heterogeneidad se manifiesta en la vigencia de
varios sistemas entre los que destacan la agricultura
hacendal, la agricultura empresarial y la agricultura
campesina.
La agricultura empresarial o el moderno capitalismo
agrario representado por el empresariado agrícola centra
su actividad en la búsqueda de las mejores oportunidades
de rentabilidad, dándose a la vez una organización y una
gestión compatible con altas densidades de capital. Su
vinculación con los flujos financieros y tecnológicos es
estrecha, cuando no constituye una suerte de prolongación
de la banca y la industria al interior del sector. Su
viabilidad, en el caso de América Latina es coherente con
la naturaleza del estilo de desarrollo general, encontran-
do en el ámbito agrícola el espacio que le va cediendo la
hacienda. En la agricultura empresarial se presentan

31
diferenciaciones en uno de cuyos extremos se ubica el
"agronegocio", que une a la producción agrícola propia-
mente tal, verticalmente, procesos de transformación
industrial y la distribución comercial de sus productos.
Estas empresas, por sus dimensiones, generalmente están
ligadas a grupos económicos nacionales o transnacionales.

4. La modernización en la agricultura

El concepto de modernización se utiliza aquí en los tér-


minos propuestos por Gomes y Pérez,1g/ es decir, en un
sentido amplio ya que comprende el conjunto de transfor-
maciones en las estructuras y relaciones socioeconómicas
de la agricultura, que tiende a profundizar el carácter
capitalista del régimen de producción agrícola.
Según los mismos autores, durante las últimas
décadas se han producido transformaciones importantes en
el agro latinoamericano, como la creciente utilización de
insumos tecnológicos y equipos modernos; la difusión de
nuevas formas empresariales de carácter netamente mercan-
til a que se aludía anteriormente; el aumento del trabajo
asalariado dentro del total de la fuerza de trabajo agrí-
cola, la monetarización generalizada de las relaciones
económicas y el aumento y la diversificación de la pro-
ducción comercializada. Todo ello revela la presencia
de un proceso de expansión del capitalismo, aunque de
intensidad variable, en casi todos los países de laregión.
¿Qué ha dado viabilidad a la penetración capitalis-
ta en la agricultura expresada en las formas empresaria-
les antes anotadas?
En primer lugar, la naturaleza oligárquica de las
sociedades latinoamericanas. En segundo lugar, la posi-
ción de dependencia con respecto a los centros industria-
lizados que hace que los países de la periferia tiendan,
como afirma Prebisch, a seguir lo que se hace y se piensa
en los centros. El capitalismo periférico es esencial-
mente imitativo. En tercer lugar, ha influido la inter-
nacionalización de las economías bajo nuevas modalidades,
en especial por la presencia de las empresas transnacio-
nales que han determinado la intensidad y modalidad del
proceso de modernización de la agricultura por diversos
canales. En cuarto lugar, la viabilidad de la moderna
empresa agrícola ha estado dada por la preexistencia de
unidades medianas y grandes que bajo su influjo transfor-
maron su organización productiva y sus criterios econó-
micos y sociales. En quinto lugar, por las políticas
públicas que facilitan la modernización empresarial por
la vía de la protección, las transferencias de recursos
públicos, los subsidios, las exenciones tributarias, las
inversiones en infraestructura y otros varios mecanismos.

32
Sin estas políticas la viabilidad de la empresa capita-
lista hubiera sido amenazada. En sexto lugar, por la
naturaleza y el origen de la oferta tecnológica que se
reduce a patrones tecnológicos adecuados a unidades de
mediana a grandes dimensiones económicas; arquetipos que
en el mejor de los casos sólo son "probados" por los
centros de experimentación local, olvidando todo criterio
de evaluación social y desconociendo entre otros elementos
la abundancia relativa de fuerza de trabajo y la escasez
relativa de otros factores.
El impulso a la modernización se ha originado
también en la reordenación de los mercados por la sofis-
ticación y especialización provocada por la industriali-
zación de los productos y la diversificación de la oferta
de bienes de origen agrícola de consumo final. El mercado
por el lado de la demanda ha sido más y más exigente y al
mismo tiempo opera en forma dirigida por la vía de con-
tratos de producción. Los requerimientos de un mercado
que opera en tales condiciones han podido ser más opor-
tuna y rápidamente satisfechos por las unidades produc-
tivas de mayores dimensiones.
La modernización de carácter empresarial ha encon-
trado viabilidad en la abundancia de mano de obra, lo que
le ha permitido disponer a discreción de la fuerza de
trabajo de poblaciones rurales paupérrimas, que deambulan
en busca de ocupación en labores temporales.

5- Las tendencias de la modernización empresarial


a) Tiende a radicarse en los espacios que ofrecen las
grandes unidades latifundiarias del pasado; a ocupar
nuevos espacios en las áreas de frontera y en algunas
ocasiones a absorber a medianas y modestas unidades produc-
tivas. En síntesis mantiene y quizás amplía la concen-
tración tradicional de recursos; en especial aquéllos de
mayores potencialidades.
b) Tiende a absorber o a controlar una alta proporción
de las inversiones directas e indirectamente productivas
que se realizan en el sector, al igual que los insumos
tecnológicos que la modernización agrícola adopta. Tiende
a beneficiarse cuando no a controlar la inversión pública.
c) Tiende a desarraigar las poblaciones campesinas que
bajo diversas formas cultivaban y laboraban la tierra en
el pasado, las cuales se encontraban asentadas al interior
de las medianas y grandes unidades. La expulsión se hace
extensiva a otras categorías de trabajadores permanentes.
Tiende a disminuir el trabajo permanente, manteniendo sólo
asalariados permanentes relativamente especializados y
contratando jornaleros temporales para las labores que la
mecanización no realiza. Tiende asi a una fuerte "prole-
tarización del tiempo de trabajo".16/

33
d) Tiende a articularse con los mercados internos y
externos por la vía del control o de la vinculación
estrecha con los establecimientos agroindustriales o en
general de comercialización aprovechando la reestructu-
ración de la demanda interna de productos agrícolas, cuyo
componente monetizado tiende a crecer rápidamente.
e) En numerosos países, tiende a controlar los cultivos
o ganaderías de "renta", provocando un verdadero divorcio
entre su producción agrícola y la producción de alimentos
básicos, aumentando asi la dependencia alimentaria de
numerosos paises con el exterior. En los rubros seleccio-
nados por la agricultura empresarial se registran, en
ciertas condiciones, fuertes incrementos de producción.

34
III. EL CAMPESINADO LATINOAMERICANO

1. Dimensiones

Teodor Shanin definió al campesinado como una "entidad


social con cuatro facetas esenciales e interrelacionadas:
la explotación agrícola familiar como unidad básica
multifuncional de organización áecial, la labranza de la
tierra y la crianza de ganado como el principal medio de
vida, una cultura tradicional específica, íntimamente
ligada a la forma de vida de pequeñas comunidades rurales
y la subordinación a la dirección de poderosos agentes
externos".17/
Desde el punto de vista de la tenencia de la tierra,
la agricultura campesiha reúne desde propietarios de
pequeñas extensiones, arrendatarios, aparceros, asigna-
tarios beneficiados por los procesos de reforma agraria,
colonos en tierras fronterizas y ocupantes sin título de
dominio.
La población directamente ligada a la agricultura
campesina y que está conformada por las familias que
manejan y trabajan unidades independientes en las condi-
ciones de tenencia antes mencionadas, a mediados de los
años setenta, era del orden de los 65 millones de
personas.
Por otra parte, aunque no se ha podido estimar,
existe aún en América Latina formas de producción basadas
en el trabajo de la familia campesina constituyendo verda-
deras unidades de producción, al interior de explotaciones
mayores como haciendas y medianas explotaciones agrícolas.
Los residuos del peonaje, huasipungaje, colonaje, inqui-
linaje, forma parte del campesinado latinoamericano.
En resumen se puede estimar que las poblaciones
campesinas representan entre un quinto y un cuarto de la
población latinoamericana. En la subregión andina 18/
lçt importancia relativa de las poblaciones involucradas
en la agricultura campesina es aún mayor. Así, de una
población total de 63*7 millones, a mediados de los años
setenta, cerca de 27 millones eran habitantes rurales, de
los cuales, las dos terceras partes eran campesinos.

35
Se ha estimado en 13-5 millones el número de uni-
dades familiares, sin incluir el peonaje, huasipungaje,
colonaje e inquilinaje. Estas unidades reunirían unos
1^5 millones de hectáreas.19/
Respecto al tamaño físico, 4.9 millones de unidades
familiares, disponen de menos de dos hectáreas.

2. La agricultura campesina

El campesinado produce principalmente alimentos, siendo


predominante su participación en este tipo de productos.
En Brasil un estudio muy documentado 20/ muestra
que las explotaciones menores dç 100 hectáreas que repre-
sentaban más del S0% de las explotaciones totales según
las estadísticas catastrales de.1976, y que disponían de
menos de un quinto de la superficie censada (17-5%) dan
cuenta de más de la mitad del área cosechada de los
productos básicos de alimentación, de los productos de
transformación industrial y de los hortofrutales.
El mismo documento al estudiar el origen de la
producción, adoptando como criterio el tipo de mano de
obra utilizada en las unidades productivas, elementos de
enorme valor en la distinción de lo que es la agricultura
campesina con respecto a otros sistemas, concluye que
"la mayor parte del área cosechada de productos básicos
para la alimentación, de productos a ser transformados
industrialmente y de hortalizas [Link] provienen de las
unidades sin asalariados permanentes". En especial
afirma textualmente, "se destaca la producción de alimen-
tos básicos: cerca de 80% del área cosechada está én
unidades de producción sin asalariados permanentes".
En México y Centroamérica la contribución de la
arricultura campesina es también predominante en la
producción de alimentos básicos.21/
En los países del Grupo Andino, las unidades menores
de cinco hectáreas "producen entre el 50 y 60% de los
bienes agrícolas de consumo final" .22/
La agricultura de base familiar también realiza
algunos cultivos de productos de exportación, como café,
cacao, algodón.
En cuanto a ganadería, los campesinos poseen entre
el 20 y 30% del ganado bovino, con la excepción del Perú
donde esa proporción es bastante mayor. En cerdos,
caprinos y aves dicha proporción también es mayor. El
ganado cumple un importante papel como fuerza de tracción,
como fuente de ingresos monetarios periódicos, y como
forma de ahorro y garantía frente a contingencias futuras.

36
3. Las economías campesinas

Son abundantes los estudios de^casos o de áreas sobre las


fuentes del ingreso campesino, pero su sistematización es
difícil. El único estudio representativo de la situación
general de un país que estuvo disponible, fue uno reali-
zado en Ecuador 23/ en el cual se constatan varias situa-
ciones de interés:
a) En las unidades de la Sierra menores de una hectárea,
sólo el 19$ del ingreso familiar se genera en la produc-
ción agrícola obtenida en el predio. En la Costa dicho
ingreso en unidades similares representa una proporción
mayor, 3 1 -9$. Tanto en la Sierra como en la Cos'ta, más
de la mitad del ingreso familiar se origina—en la venta
de fuerza de trabajo ya sea en la agricultura o en acti-
vidades no agrícolas, y el resto en venta de artesanía,
actividades comerciales, etc.
b) Sólo en las unidades correspondientes al estrato
de 2 a 5 hectáreas el ingreso originado en la producción
agrícola del predio resulta superior al originado en otras
fuentes (62.5$ en la Sierra y 66.9$ en la Costa).
En el caso de Paraguay "más del 38$ del ingreso neto
familiar en las unidades con menos de Cinco hectáreas
proviene del empleo extrapredial".24/
Estos antecedentes, más algunos relativos a otros
países sugieren que para profundizar el conocimiento del
campesinado y de sus estrategias para sobrevivir, se debe
poner especial atención en las familias que disponen de
menos de dos hectáreas, y en el funcionamiento de los
mercados de trabajo. De los antecedentes que entrega la
encuesta realizada en Ecuador se puede intuir la existen-
cia de estrategias distintas entre los campesinos de la
Sierra con menos de una hectárea y los de la Costa. Los
primeros obtienen un 33-6$ de sus ingresos por salarios
recibidos fuera de la agricultura, en tanto que en la
Costa sólo el '7.4$ del ingreso proviene de salarios que
se consiguieron fuera del sector. En la Sierra, al parecer
la fuerza de trabajo campesina, se integra más a los mer-
cados urbanos : er. tanto en la Costa quizá por los problemas
de en:pleo or. las ciudades, los campesinos acuden menos »
trabajar a ellos.

37
IV. TENDENCIAS Y PERSISTENCIA DEL CAMPESINADO
LATINOAMERICANO

1. Tendenci as

a) Los limites del campesinado


Esta es un área del análisis que presenta las
mayores dificultades debido a varias razones. Entre ellas
a la imprecisión en los límites del campesinado tanto
teórica como prácticamente. ¿Cuándo una familia campesina
pierde esta condición? ¿Cuándo se convierten en jorna-
leros? Arturo Warman sostiene que la mayor parte de los
jornaleros retienen su calidad de campesinos independien-
temente de su situación en materia de tenencia, en virtud
de su vinculación con la comunidad rural, que sigue siendo
determinante de su forma de existencia social.
En el otro lado de las alternativas de transición
campesina ¿deja su condición campesina quien experimenta
un cierto proceso de acumulación y destina su unidad a
realizar agricultura comercial? No está claro. Es
posible que continúe trabajando su tierra en forma directa
con auxilio de la fuerza de trabajo familiar.
Es difícil establecer límites y no parece que sea
esta la ocasión de enfrascarse en discusiones interminables.
b) Población rural y campesinado
La población rural ha venido creciendo y lo conti-
nuará haciendo en los próximos decenios. De 122 millones
de habitantes rurales en 1975 se llegaría a 141 millones
en el año 2000.25/ ¿Cuál ha sido o cuál será la actividad
de esta población y la naturaleza de las relaciones de
producción a la cual se ha vinculado o se vinculará en el
f uturo ?
En Brasil, en base a los censos agrícolas de i960 y
I97O 26/ se procedió a comparar separadamente los antece-
dentes sobre el personal permanentemente ligado a la explo-
tación, es decir a los responsables y miembros activos de
la familia no remunerados y a los trabajadores permanentes.
Esa comparación revela que: i) en las unidades más
representativas de la agricultura campesina, aumentó el
personal ocupado en forma permanente, en un k0.k% y ii)
que en las unidades de mayor extensión, éste disminuyó
en 2.8%.

39
En Mexico, los antecedentes censales muestran un
acelerado crecimiento de población activa en la agricul-
tura, de k.J> millones en i960 a 7.8 millones en 1970.
De dicho aumento de 3.5 millones de personas, 2 . 2 millones
corresponden a "productores agrícolas y sus familias".
Estos antecedentes están sugiriendo que al interior
de la agricultura campesina se está cobijando una parte
importante y creciente de la población activa y de la
población rural en general. Las dimensiones demográficas
del campesinado se estarían ampliando.
c) Campesinado y unidades familiares de producción
Continúa el proceso de multiplicación del número
de explotaciones o unidades productivas. En ocho paises,
entre mediados de los sesenta y mediados de los setenta,
las unidades más representativas de la agricultura de
base familiar, se incrementaron en 38.5$»
La multiplicación se origina comúnmente por subdi-
visión a raíz de los procesos de sucesión y herencia.
Por otra parte los procesos de reforma agraria que han
afectado a la hacienda o a la empresa agrícola, se han
encaminado en la misma dirección. Por último, en el caso
latinoamericano ha sido significativo el avance de la
frontera (140 millones de hectáreas incorporadas entre
1950 y 1970) en donde se configura la conocida heteroge-
neidad agraria uno de cuyos componentes es la agricultura
campesina.
d) El tamaño de las unidades
Una tercera tendencia de orden estructural es la
progresiva disminución del tamaño medio de las unidades
productivas. En todos los países donde es posible rea-
lizar comparaciones al menos entre dos "momentos agrí-
colas" se comprueba que las explotaciones más pequeñas
se multiplican aceleradamente.
e) Venta de fuerza de trabajo: semiproletarización
El fenómeno anterior que merece un estudio más
profundo se estima que puede presentarse acompañado de
una mayor venta de fuerza de trabajo familiar en labores
agrícolas u otras fuera de los límites del predio a
objeto de complementar los ingresos obtenidos en él.
Podría asi estarse ampliando la semiproletarización en
los términos tradicionales de la agricultura campesina.
En el Altiplano boliviano 1 . 2 personas por familia
campesina, generalmente el jefe del hogar, migran tempo-
ralmente en busca de trabajo.27/ Antecedentes similares
existen para otros paises.
Este fenómeno de semiproletarización podría llegar
a ser predominante en el futuro dado el posible aumento
en términos absolutos de la población rural y campesina
y dada la insuficiente absorción dé la fuerza de trabajo
tanto en la agricultura como fuera de ella. Esto da a la
agricultura un carácter de refugio de fuèrza de trabajo

40
la cual entra y sale del mercado laboral según las condi-
ciones del mismo. Los movimientos migratorios masivos en
algunas épocas que cruzan incluso las fronteras de los
países son un fiel testimonio del drama que significa
complementar el ingreso de los campesinos pobres.
f) Campesinización y descampesinización
Si bien los indicadores generales para la región
permiten afirmar que el campesinado se amplía tanto desde
el punto de vista poblacional como en el número de uni-
dades de producción, simultáneamente se observa un fenó-
meno de descampesinización. Existen zonas donde el
campesinado se reduce, otras en que aumenta y otras en
que se reinstala y reproduce iniciando actividades agrí-
colas donde antes no las había. Resultaría así una
especie de mosaico en que tanto la campesinización como
la descampesinización están presentes. De todas formas,
parece discutible la hipótesis que postula la descompo-
sición o la desaparición de las formas campesinas de
producción por lo menos en un horizonte de tiempo previ-
sible.
g) Proletarización parcial a nivel familiar
Observando los procesos migratorios se comprueba
que es entre la población joven donde se da con mayor
frecuencia este fenómeno. Podría por ello hablarse de
una descampesinización relativa si se toma como unidad
básica a la familia, ya que algunos de sus miembros dejan
la agricultura permaneciendo en ella un núcleo más redu-
cido que conserva y trabaja la unidad de explotación.
Está suficientemente comprobado que la migración es selec-
tiva por edad y sexo, encontrándose las tasas más altas
en la población joven de 15 a 30 años con un predominio
de migrantes mujeres hacia las ciudades.28/
h) Minifundización y descampesinización
En ciertas condiciones económicas, cabe preguntarse
sobre la naturaleza de la actividad agrícola cuando ella
constituye sólo una base mínima que garantiza una estra-
tégia de sobrevivencia que acude en forma predominante a
otras actividades económicas como fuente principal de
ingresos. Este fenómeno que para algunos constituye una
forma de descampesinización ha sido profundamente tratado
en el caso de ^a Región Central del Perú (Valle del
Mantaro) 29/ donde la minifundización es creciente y el
comunero abandona por algunos años su comunidad para ir
a trabajar a las minas pero sus intereses económicos y
sociales siguen centrados en su lugar de origen donde
mantiene su familia, tierras y ganado.50/ Los ahorros y
la inversión pueden dirigirse en algunos casos a las comu-
nidades donde se inician actividades terciarias o pequeñas
manufacturas, convirtiendo a tales comunidades en estruc-
tura paralela al sistema urbano, por cuanto tienden a
di versi ficar sus actividades (comere io, transporte, arte-

41
sanias y pequeñas manufacturas). En otros casos, el
trabajo en las minas los permite preparar su traslado a
la ciudad pero una vez que se convierten en migrantes
urbanos no pierden sus vínculos sociales y económicos con
su comunidad, en donde mantienen recursos que son explo-
tados por familiares o peones.
i) Los mercados y los cambios en la agricultura
campesina
Respecto a los mercados, los antecedentes recogidos
reafirman el supuesto de una creciente articulación de la
agricultura campesina por la vía de los mercados. La
supuesta marginalidad, en este sentido, no parece tener
validez. Más aún estimamos que la agricultura campesina
resulta funcional al conjunto del sistema económico en la
medida en que participa en los mercados de productos agri-
colas ofreciendo alimentos de primera necesidad a bajos
precios, además de la ya mencionada participación de los
agricultores campesinos en los mercados de mano de obra.
Hay autores 31/ que con razón siguen proponiendo
la distinción entre "campesinos ricos" y "campesinos
pobres" dado que los primeros tendrían posibilidad de una
conexión más estrecha con los mercados. Sin embargo, la
participación en los mercados de productos no se limita
a quienes disponen de excedentes en sentido estricto sino
que ella es impulsada por la necesidad de obtener dinero,
fenómeno que alcanza a una alta proporción de los produc-
tores. La estructura de producción en ocasiones obliga
a la venta de ]a mayor parte de la misma; es el caso de
las hortalizas, frutas, café, cacao, etc. Para concluir
puede decirse que no obstante la diversidad de situaciones,
el influjo de los mercados alcanza a la agricultura campe-
sina. A su vez la fracción mercantil de la economía
campesina no es independiente del aspecto o fracción no
mercantil de la misma.
j) Cambio en las necesidades básicas y el comporta-
miento económico
Constituye casi un lugar común la relación que se
hace entre la actividad productiva de la familia campesina
y la satisfacción de sus necesidades. La unidad productiva
y la unidad de consumo tenderían a confundirse en la
realidad. Dada esta situación de interdependencia entre
ambos fenómenos hay que poner especial atención al cambio
en los valores, aspiraciones y necesidades. Si las pobla-
ciones campesinas evolucionan proyectándose tales cambios
sobre la actividad económica que ellas realizan, los
cambioB culturales y sociales que tienden a modificar
costumbres y hábitos tradicionales también dan origen a
comportamientos diferentes. "El 'capullo del hábito' que,
según algunos antropólogos, envolvía a los campesinos
casi siempre ha resultado ser notablemente débil."32/

42
Por ello es que el desarrollo de la agricultura
campesina debe ser examinado tanto a la luz de los efectos
que las presiones demográficas generan como desde el punto
de vista de los cambios en el nivel de necesidades. Esta-
mos postulando con ello a que el fenómeno, frecuentemente
ligado a la agricultura campesina, de reproducción simple,
no se expresa de manera uniforme o constante a lo largo
del tiempo. Suponemos que los umbrales de los mínimos
vitales se van elevando y, por lo tanto, que son dinámicos.
No creemos que puedan entenderse sólo en una perspectiva
biológica sino más bien desde un punto de vista cultural.
En este plano la población rural ha experimentado
el influjo de:
i) La extensión de los programas educativos. Las
matrículas en la educación primaria en áreas rurales de
América Latina se han elevado de 8.8 millones en 1957
a 19.O millones en 1975 según datos de la UNESCO,¿V y el
personal docente dedicado a la enseñanza primaria es tres
veces mayor entre ambos años.
i i) El desarrollo de los medios de comunicación.
Baste decir que la variedad de mensajes que alcanzan a la
población rural a través de los medios de comunicación,
especialmente de la radio, es enorme y las distancias cul-
turales en cuanto al nivel de información se han acortado
considerablemente. En una encuesta realizada entre las
familias campesinas del Valle de Cochabamba en Bolivia J>k/
se estableció que el 30% de ellas disponía de un aparato
de radio.
iii) La extensión de la infraestructura de transporte.
El desplazamiento de las poblaciones campesinas se ha hecho
progresivamente más expedito. La longitud de las carrete-
ras pavimentadas de 59 000 kilómetros en 1959 se extendió
a 270 000 en 1977- La longitud total de carreteras se
habría ampliado de 96k 000 kilómetros a 2.k millones de
kilómetros en igual periodo.35/
iv) Los contactos urbano-rurales. Junto a los cambios
anotados se ha venido produciendo un relacionamiento pro-
gresivo de las poblaciones campesinas con las urbanas. El
crecimiento urbano, las migraciones desde las áreas rurales,
la intensificación de las relaciones de intercambio, las
facilidades de transporte y de comunicación recién anotadas
han multiplicado las oportunidades de contacto entre ambos
sectores contribuyendo a generar el cambio de actitudes,
valores y hábitos tradicionales en las poblaciones rurales.
Estos y muchos otros factores se han ido conjugando
en un largo proceso de elevación de la noción de necesi-
dades elementales entre las poblaciones campesinas, fenó-
meno que viene a agregarse al del aumento de las mismas,
y a condicionar el comportamiento económico de la agricul-
tura campesina.

43
k) La intensificación en el uso del suelo
Las presiones demográficas según E. Boserup 36/
provocan un cambio en el uso de la tierra disponible, que
se manifiesta en la frecuencia con que la tierra se
cultiva. Al aumentar la presión poblacional puede llegar-
se a realizar un cultivo tras otro tendiendo a desaparecer
los barbechos o terrenos en descanso.
Algunos antecedentes parecen confirmar esta forma
de intensificación y desarrollo de la producción. Tanto
en el Brasil como en el Perú, al igual que en Ecuador se
ha tendido a aumentar en las unidades pequeñas la propor-
ción cultivada con relación a la extensión total bajo
cultivo en la agricultura en general.
En el Perú en las unidades inferiores a 20 hectá-
reas se cultivaba en 1961 el 54.8$ del total cultivado, y
en 1972, esa proporción se elevó al 69$.
El análisis del uso del suelo en cada estrato de
tamaño revela claramente que en la medida en que las
dimensiones de las unidades productivas disminuyen se
produce una intensificación en el uso del suelo. En el
caso de Brasil mientras las unidades de 2 a 5 hectáreas
cultivan el 72.8$ de su superficie total, las de 50 a 100
hectáreas de tamaño cultivan sólo un 16.9$.
En otras palabras, a mayor presión demográfica, la
tierra tiende a ser cultivada con una intensidad mayor,
que se traduce en la mayor frecuencia del cultivo (como
por ejemplo dos o más cosechas al año) y en la utilización
de tierras anteriormente consideradas improductivas
(Boserup, 1965).
En Brasil, analizando este fenómeno desde el punto
de vista de la renta bruta, Graciano da Silva 37/ con-
cluye que su distribución entre las unidades productivas
presenta un grado de concentración inferior al de la
propiedad de la tierra, deduciendo de esto que las peque-
ñas propiedades poseen una producción más intensiva por
unidad de superficie, lo cual no sería resultado en la
mayoría de los casos de una real capitalización de la
unidad sino más bien de una extensión de la jornada de
trabajo del productor y su familia.
En Bolivia en las zonas de agricultura secular y
donde la reforma agraria dio origen a una agricultura
campesina predominante, los incrementos de población agrí-
cola (más de 35$ desde 1950 hasta 1976) han estado acompa-
ñados de una mayor intensidad en el cultivo del suelo
mediante el acortamiento de la rotación cultural. La
tierra se cultiva con mayor frecuencia disminuyendo los
períodos de descanso. La superficie cosechada anualmente
en esta zona de clima frío-templado aumentó en un 59$
entre 1950 y el trienio de 1974-1976.38/

44
1) Inversión, en fuerza de trabajo
El tipo de inversion más importante en la agricul-
tura campesina se relaciona con la transformación y ade-
cuación del medio a fin de habilitarlo para el cultivo o
para intensificar la agricultura. Las labores destinadas
a habilitar tierras boscosas constituyeron \en el pasado
esfuerzos gigantescos que se dieron en medió de conflictos
[Link] el control del recurso en que los propios campesinos
o grupos indígenas sacaron la peor parte.
Algunas formas precarias de tenencia, como la apare-
cida al interior de la hacienda, frecuentemente han tenido
como propósito el aprovechar el trabajo campesino para
limpia o destronque u otras labores de habilitación de
tierras.
En ciertas condiciones, obras de drenaje, de pro-
tección contra inundaciones en tierras bajas y construc-
ción de la infraestructura para el regadío han sido reali-
zadas por comunidades campesinas.
Presiones demográficas extremas sobre tierras de
montaña han conducido a uno de los cambios más radicales
del paisaje mediante la construcción de terrazas. La
experiencia andina es rica en ejemplos.
Junto a la transformación del medio, hay inversio-
nes en algunos cultivos que no son despreciables. Es el
caso de los cultivos permanentes en que se han realizado
plantaciones importantes por parte de los campesinos. Los
ejemplos del café, del cacao y de la viña son bien
conocidos.
En síntesis, la experiencia latinoamericana es rica
en antecedentes de inversión de fuerza de trabajo en
intervenciones conducentes a hacer posible la agricultura
o a intensificar la misma en determinadas condiciones,
m) Insumos tecnológicos y campesinado
Urioste 39/ refiriéndose al Altiplano boliviano
sostiene que las encuestas confirman los postulados teó-
ricos generales: a menor superficie, mayor intensidad
en los cultivos, mientras que, cuando la superficie va
en aumento, el capital (tecnología químico-biológica) y
la mano de obra, disminuyen su participación en la
producción por hefctárea. El autor resume las conclusiones
de sus investigaciones en el Altiplano boliviano en los
siguientes términos: "El campesino adopta tecnología
(semilla mejorada, fertilizantes químicos ...) no para
mejorar sus ingresos monetarios, sino principalmente para
compensar el recurso escaso -tierra-, mejorar sus rendi-
mientos y de ese modo asegurar su nivel 'normal' de
subsistencia".5Õ7
Moncayo y Rojas 41/ sostienen para la experiencia
colombiana una tesis similar, en los términos siguientes:
la variación de las condiciones de productividad impuesta
por la necesidad de mantener su nivel mínimo de subsis-

45
tencia, liga en forma estrecha al productor con el mercado
de los productos de origen industrial que intervienen como
insumos de una producción más tecnificada. Los precios de
los insumos industriales entran así a jugar papel central,
independientemente del nivel de los precios de los bienes
agrícolas ofrecidos por la producción parcelaria, en la
limitación del ingreso parcelario y a operar como mecanis-
mos que evita igualmente el proceso de descomposición
campesina y de constitución paralela de nuevos empresarios
capitalistas.
Numerosos estudios de casos confirman que se están
provocando algunos cambios y se está acudiendo progresi-
vamente al empleo de semillas mejoradas (especialmente
papa, maíz, arroz), que se están modificando ciertas
prácticas culturales en cuanto a la densidad de siembra
en papa, yuca, maíz, caña para panela; que se están emple-
ando algunos pesticidas en cultivos hortícolas (cebollas
y tomates).

2. Persistencia

La existencia y persistencia del campesinado en América


Latina es una realidad social, en general aceptada, aunque
se discuta muy acaloradamente a veces su futuro. Sin
embargo, como lo advierte Wolf,42/ la persistencia al
igual que el cambio, no es una causa, sino un efecto.
Por ello, interrogarse sobre la persistencia del campesi-
nado es buscar las razones de su existencia. Con seguridad
en cada tema expuesto en esta reunión dedicada a estudiar
la sobrevivencia campesina en ecosistemas de altura, se
encuentran numerosas respuestas.
A continuación se ha preparado una lista de lo que
nos parecen ser algunas circunstancias y características
de la vida campesina que podrían ayudar a explicar su
permanencia.
Hay una causa histórica en la persistencia del cam-
pesinado, en paises cuyas sociedades han sido predominan-
temente agrarias. Hay entonces una causal de continuidad,
con lo cual queremos reafirmar la idea de su persistencia
en el sentido de que no es una forma cultural o social
nueva.
Hay numerosas causales en el orden económico, entre
otras, las ventajas -frente a otras alternativas de pro-
ducción- de aplicar alta intensidad de fuerza de trabajo y
de cuidado en rubros exigentes en ambos sentidos (horta-
lizas, algunos frutales).
Como lo destaca Schejtman kj>/ una de las peculiari-
dades de la unidad campesina es el aprovechamiento de la
fuerza de trabajo que no estaría en condiciones de valori-
zarse (o sea, de crear valores) en otros contextos produc-
tivos. Nos referimos tanto al trabajo de los niños,

46
ancianos y mujeres, como al empleo asistemático del tiempo
sobrante del jefe de familia y de sus hijos adultos en
edad activa. Aquí radica entre otras fuentes, la capacidad
de la unidad familiar de entregar al mercado productos a
precios sensiblemente inferiores a los requeridos para
inducir la producción empresarial. El carácter intrans-
ferible de una parte del trabajo familiar es un elemento
importante de resistencia y de permanencia de la vida
campesina.
Esta capacidad de valorizar la fuerza de trabajo
marginal (es decir, de transformar en productos), puede
extenderse también a la tierra en el sentido que áreas
marginales para la agricultura empresarial por su bají-
simo potencial productivo -es decir, áreas que ni siquiera
son consideradas como recurso por la agricultura empre-
sarial- constituyen, sin embargo, fuentes de sustento de
la familia campesina pues, para ella, todo elemento capaz
de contribuir al incremento neto de su ingreso familiar,
es percibido como recurso hasta tanto sus requerimientos
de reproducción no hayan quedado satisfechos y exista un
margen de intensificación productiva de su fuerza de
[Link]/
El campesinado en muchas formas se encuentra arti-
culado a la vida social y económica, resultando en varios
sentidos funcional en la estructuración socioeconómica y
para muchos autores también resultaría funcional en el
ámbito político al dar una cierta estabilidad a ciertos
esquemas o sistemas.
En el orden familiar, la unidad productiva permite
la integración y ordenación de la vida familiar por la
forma de decidir, por la forma de organizar la producción,
por la distribución de labores, por la formación de una
estrategia colectiva de consumo y sobrevivencia.
Por la prematura socialización desde la infancia con
la naturaleza que da a la vida campesina una identidad en
un sentido ecológico con el medio ambiente creando un
arraigamiento que atrae y fija. A su vez permite la
transmisión del conocimiento del medio, sus caracteristicas
dificultades y potencialidades al mismo tiempo que las más
variadas tecnologías.
En la agricultura de base familiar, como sucede en
general con las economías llamadas artesanales, existe un
mecanismo de reproducción que pasa de generación en gene-
ración llamado autorreclutamiento. Este proceso permite
que los campesinos sean en general hijos de campesinos, es
decir, que los campesinos sean formados al interior de la
propia familia, asegurando así la sucesión de las unidades
productivas y frecuentemente la multiplicación de los
mismos.

47
V. CONSIDERACIONES EN TORNO AL DESAFIO CAMPESINO

1. El punto de partida

El punto de partida es un hecho sustantivo: el campesi-


nado es una realidad cuva característica fundamental
radica en su forma colectiva de existencia social.4^/
Puesto el tema en una perspectiva universal, no podría
dejar de discutirse seriamente el desafío que representa
el campesinado sin incurrir en una omisión que afectaría
a cerca de la mitad de la humanidad. En su análisis de la
agricultura mundial hacia el año 2 000, la FAO 46/ afir-
ma que "debe elevarse la productividad de los campesinos
pobres, los pequeños agricultores y los trabajadores
carentes de tierra y éstos deben aportar una gran parte de
esa producción acrecentada ... han de contribuir sustan-
cialmente a aumentar la producción agrícola para satis-
facer sus propias necesidades y las de las generaciones
venideras; deben tener un mayor acceso a la tierra y al
agua, a todos los insumos sin los cuales las plantas no
crecerán o no rendirán lo suficiente a los servicios sin
los cuales no pueden obtener dichos insumos, y a un siste-
ma de distribución que les otorgue una retribución justa
de su propio trabajo". Advierte que en el año 2000, "las
tendencias demográficas, junto con los sistemas actuales
de distribución de las tierras, darían lugar a que haya
unos 220 millones de pequeños agricultores y familias
sin tierra frente a los 167 millones calculados en I98O".
En la perspectiva latinoamericana, aparentemente su
significación relativa es menor ya que el campesinado
representa sólo algo más de un cuarto de la población
regional, aun cuando, como sucede con los países andinos,
en numerosas sociedades nacionales, su presencia es
predominante.47/
Como lo señala Astori,48/ la persistencia de la
agricultura campesina ha sido una de las connotaciones
peculiares y al mismo tiempo fundamentales que asumió la
expansión del capitalismo agrario en América Latina.
Dicha persistencia es algo más que un resabio del pasado,
de aquellos que sólo interesa a ciertas escuelas antropo-
lógicas.49/ Por ello participamos de la posición de
Shanin 5ÕJ quien propone entender al campesinado como un

49
proceso, como una entidad histórica en el marco más amplio
de la sociedad, aunque con estructura, consistencia y
momentos propios.
Esteva,51/ al discutir la perspectiva de una opción
campesina, sugiere que se trata de "ante todo descubrir
vías para conquistar posibilidades de supervivencia y
desarrollo para los campesinos".
Es en esta línea de pensamiento que se ubica este
capítulo. Pensamos con Thiesenhusen ¿2/ que "existen
cada vez menos excusas para que los países menos des-
arrollados excluyan a los pequeños agricultores de sus
estrategias de desarrollo". El mismo autor agrega que
"varios siglos de historia en los países desarrollados
están del lado de los campesinos en los países menos
desarrollados contemporáneos".

2. Las dificultades del tema

La primera dificultad se presenta en torno a generaliza-


ciones respecto a países con rasgos comunes o similares
pero también con marcadas diferencias en su experiencia
agraria.
Sin embargo, las dificultades mayores se presentan
en el ámbito ideológico en torno a la valoración que se
tenga del campesino, de su conducta socio-política, de la
dirección en que se mueven sus intereses y sus posibles
alianzas. En este mismo ámbito, existen predicciones en
torno a la suerte del campesinado y a su inminente prole-
tarización o desaparición. Feder 53/ lleva este debate
al extremo en el supuesto de una irremisible "condenación"
del campesinado. '
Muchas críticas se ubican en el plano de las alter-
nativas que se presentan ante el campesinado, tendiendo a
pensar que en presencia del capitalismo dominante la
mayor parte de los esfuerzos que se realicen, dada su
articulación y subordinación, terminarán reintegrando y
funcionalizando al campesinado en la línea del proceso de
acumulación capitalista dominante.
Por ello intentar abordar este tema de las estra-
tegias relativas al campesinado no resulta fácil. Es más
cómodo quedarse sólo con el análisis del campesinado como
tema de especulación académica. Quien se atreva a hacerlo
puede ser motivo de sospecha ya que hay quienes sostienen
que "el cúmulo reciente de políticas relativas a los
pequeños agricultores cobra sentido cuando se le vincula
con la intención de reestructurar el sector agrícola
tradicional para alcanzar la producción de alimentos y la
estabilidad política necesarias para que la acumulación
prosiga en forma más o menos constante". Tales políticas
se basarían "en el antiguo principio de que en general es
probable que un campesino con su pequeña parcela de tierra
y sus medios básicos de subsistencia resulte una fuerza
conservadora, responda a los intereses de los grupos prin-
cipales, y constituya un elemento importante en las consi-
deraciones de política externa de los países capitalistas
pobres y de los más adelantados."5 V
No cabe duda que ciertas politicas o programas pueden
terminar por profundizar los problemas que afectan a los
campesinos más pobres. Es verdad que hay políticas e
instrumentos de muy limitado alcance como para cifrar
mayores esperanzas, so pena de sembrar la frustración.
Sin embargo, nada de ello podría conducir a inhibir la
búsqueda de vías que respondan efectivamente a las aspi-
raciones y demandas del campesinado.

3- El desafio campesino

El desafio campesino nace de la realidad, no es una inven-


ción. Nace de esa forma colectiva de existencia social
llamada campesinado, que es una realidad concreta en cada
sociedad nacional. En este sentido no es sino parte de
un desafío global de desarrollo con estilo, estructuras
y estrategias que respondan a las propias demandas
campesinas y a sus tendencias. En general, los estilos
de desarrollo vigentes ¿5/ han evidenciado serias difi-
cultades para recoger lo que genéricamente denominamos
desafío campesino. Es posible que sus estrategias hayan
excluido la discusión de roles o alternativas para el
campesinado o que hayan confiado en que indirectamente
las poblaciones rurales recibirían los efectos benefi-
ciosos de tales estrategias. Tampoco ha sido frecuente
que se evalúen los efectos de aquellas políticas globales
que inciden sobre el medio rural, la agricultura y el
campesinado. Parece haberse confiado en la continuación
del anunciado proceso de extinción como salida al problema
agrario.
En el marco de la experiencia descrita, se diluye la
esperanza en el crecimiento de la economía urbana como
vía de superación de la cuestión agraria. La expansión
urbana ha sido acelerada, congestionándose con los más
diversos problemas y conflictos. La agricultura se ha
tecnificado, se ha modernizado y alberga una enorme can-
tidad de campesinos pobres, no obstante expulsar 1.5
a 2 millones de personas por año. La población rural
continuará creciendo y hay muchos que se preguntan cuál
será su destino. El tema campesino se hace ineludible.
Barraclough sostiene que "el campesinado podrá
continuar disminuyendo relativamente en importancia pero
no en forma absoluta. Ya no existe lugar adonde los
campesinos puedan dirigirse. No existen nuevas fuentes

51
de empleo urbano en gran escala, hay pocas tierras dispo-
nibles para colonizar, no existen posibilidades para una
migración masiva ... como las del campesinado de Europa
Occidental".$6/
Para Esteva, "los campesinos están ahí. No se des-
vanecen en el nuevo mapa social. Son cada día más y
muestran creciente vigor para resitir el intento de ser
extinguidos. Se diría que mantenerse como campesinos les
resulta la única forma viable de evitar la extinción
física, en cuyo borde se encuentran. De alguna manera
perciben que su transf ormac i ón, la que modifica económica
y políticamente la situación del campo, no lleva ya a
otra tierra prometida; no es un camino de ascenso econó-
mico y social que ofrezca mejores perspectivas de justicia
y bienestar".57/
Entidades religiosas han subrayado el fenómeno de
la fuga masiva del campo a la ciudad, "desgraciadamente
hacia condiciones de vida todavía más deshumanizadoras".¿8/
4. Dos perspectivas

Astori 59/ con mucha razón hace una distinción de gran


relevancia: "En términos generales puede afirmarse que
los autores que con mayor intensidad asimilan teórica-
mente el proceso latinoamericano al del capitalismo maduro
o clásico son quienes entienden que la descomposición o
extinción de la agricultura campesina es irreversible a
largo plazo. Por el contrario, quienes jerarquizan las
peculiaridades periféricas -y particularmente las de la
región latinoamericana en su conjunto así como las reali-
dades específicas que observan- han venido sosteniendo
que la resistencia campesina a la disolución no sólo
explica su persistencia a través de un largo período,
sino que también cuestiona seriamente el carácter nece-
sario de su disolución. Naturalmente, esta discusión
reproduce -en gran medida- el debate a propósito de la
diferenciación campesina y la proletarización".
En esta segunda posición se inscribe la preocupa-
ción que se ha querido expresar a través del presente
documento y de la discusión en torno al desafío campesino.

5• El reconocimiento de la existencia
del campesinado
En lo esencial, el desafío campesino se expresa en el
ámbito cultural como un reconocimiento de la existencia
del campesinado.
Warman 60/ cuenta'; "no sé cuando descubrí, fue hace
mucho tiempo, que la mayoría de los mexicanos eran campe-
sinos. Realmente fue un descubrimiento porque hay una

52
verdadera conspiración para acallar esa verdad obvia y
evidente, grande como el mismo país. Me di cuenta de que
un mexicano pueda hacer como que vive en un país que no
existe, que es producto de ficción, si no llega al mismo
conocimiento". Algo similar se puede decir que ha sucedido
en toda América Latina, se viene dando este proceso de
descubrir al campesinado; poniéndose fin a la ficción de
un continente sin campesinos o sociedades sin campesinos
incluso en países donde ellos son numéricamente mayori-
tarios. La temática campesina no obstante su apariencia
casi primitiva, ha entrado rápidamente en escena en los
últimos años.
Este reconocimiento, sin embargo, no siempre
resulta objetivo. Un recuento de los atributos más fre-
cuentes relativos al minifundio, a los pequeños producto-
res, comuneros; a la agricultura campesina o al campesinado
en general, es muy ilustrativo: subordinados, atrasados,
tradicionalistas, conservadores, marginales, desocupados,
subocupados, en descomposición. Ciertos desequilibrios en
la interpretación de los procesos agrarios se originan en
una simplificación excesiva o en prejuicios.
Es verdad que los agricultores campesinos están
subordinados, en una red de relaciones de explotación.
Sin embargo, no es menos cierto que resisten a la llamada
descomposición, es decir,luchan por sobrevivir y por
reproducirse y mantener su unidad. Ello no es signo de
pasividad. Es signo en el peor de los casos de prudencia.
Se afirma que en el marco de esta existencia sub-
ordinada ocurre la llamada autoexplotación de la fuerza de
trabajo familiar donde si se estima el valor equivalente
en términos de salarios por esa enorme actividad desple-
gada por el [Link], su mujer y sus hijos, resultarían
cifras insignificantes. Sin embargo, también es impor-
tante ver el reverso de la medalla y llamar por su nombre
a esta voluntad por sobrevivir, capacidad de trabajo que
orientada en un sentido de realización colectiva como
grupo social local o nacional puede hacer enormes progre-
sos y contribuciones.
Se destaca al campesinado por su comportamiento
tradicional y conservador. Hay demasiado material acusa-
torio en este sentido. No vale la pena agregar ningún
antecedente adicional. Sin embargo, lo que nos debiéramos
preguntar es qué le ofrece la modernidad para aliviar la
tarea diaria, o qué le aporta para elevar su producción y
sus ingresos.
No se trata de cambiar el signo negativo de los
atributos sino de discutirlos, de explicarlos y muy espe-
cialmente de disminuir la especulación y aumentar la obje-
tividad, es posible que junto a sus deficiencias aparezcan
algunas capacidades. De otra forma no resulta posible
visualizar al campesinado como sujeto social.

53
Por otra parte se discute el camino futuro del
campesinado, si se va a dar la vía kulak, la vía junker,
la vía farmer, etc., quizá se podría hacer un esfuerzo
más intenso para que en cada realidad nacional o local
se identifiquen los procesos que afectan al campesinado
y sus derivaciones futuras, como una base cierta para
responder a los desafíos campesinos por vías propias y
sobre todo efectivas.

6. Un espacio de negociación

Pareciera ser universal la experiencia de subordinación


de la vida campesina más allá de los regímenes políticos.
El problema más serio para el campesinado es disponer de
un cierto espacio cultural, socioeconómico y político
donde se dé algún grado de presencia, participación y
sobre todo de negociación al interior de la sociedad. El
campesinado es el eslabón más débil en cualquier estructu-
ración social. Crear ese espacio de participación no es
fácil. Pasa por variadas opciones de organización, de
representación y de movilización y por una cierta articu-
lación de sus reivindicaciones o de sus demandas.
Las definiciones del campesinado en general coin-
ciden en subrayar su situación de subordinación. En la
definición de Shanin 61/ se anota "la subordinación a la
dirección de poderosos agentes externos". Wolf,62/ por
su parte, esta misma noción la expresa diciendo que los
"excedentes (de los campesinos) son transferidos a un
grupo dominante...". Esta condición de debilidad plantea
exigencias en dos direcciones: a) el fortalecimiento de
los elementos integradores, de sus relaciones comunitarias
y de las instancias donde se manifiesten sus expresiones
familiares, o societarias en general. El estimulo a una
movilización organizada donde se expresen sus demandas y
se canalice su capacidad de participación y negociación;
b) la segunda dirección necesaria, si se dan las condi-
ciones, corresponde a la esfera del poder, es decir, del
Estado, tanto en lo que se refiere a sus estrategias,
programas o políticas como en su rol fundamental de
arbitrar la asignación de recursos. A su vez los servi-
cios públicos c/omo instrumental de la acción del Estado
no parecen adecuarse fácilmente a las exigencias dirigi-
das desde el campesinado.
Varias sociedades nacionales de paises andinos son
marcadamente campesinas, con proporciones elevadas de
población rural. Como lo indica Esteva para México, se
podría afirmar que "no hay consenso social posible si se
parte de la exclusión o subordinación de un grupo que
representa casi la mitad de la población. Admitir o
excluir a los campesinos del Estado y de su poder público
representa necesariamente un desgarramiento".63/

54
7. Algunos componentes de una estrategia

En forma muy modesta, estimo que entre los componentes


que podrían integrar una estrategia que visualice la
realidad y las demandas campesinas, podrían mencionarse
tres: a) elevar los niveles de seguridad en que se desen-
vuelve la vida campesina; b) reajustar las condiciones
estructurales en que se reproducen las comunidades campe-
sinas; c) fortalecer las economías campesinas. Estos
componentes pueden ser asumidos desde la base campesina
propiamente tal, desde las organizaciones representativas
del campesinado, desde las instituciones de apoyo y desde
el Estado.
a) Elevar los niveles de seguridad en que se desen-
vuelve la vida campesina. Quizá el desarrollo de la vida
campesina empieza por su defensa. Su fragilidad la expone
a sufrir los más diversos riesgos. Cooperar en su lucha
constante por evitarlos o disminuirlos es una perspectiva
que responde a las demandas campesinas más apremiantes.
Las esferas en que se manifiestan algunas de las amenazas
son muy variadas, sólo mencionaremos algunas:
i) La inseguridad en la tenencia. Algunas estima-
ciones muestran que en los países andinos, entre el 4-5
y 60% de las unidades campesinas están en situación de
tenencia precaria que es como vivir y trabajar sobre algo
propio y ajeno a la vez. La tierra es para los campesinos
la base de su existencia. Quizá por ello su precio sea
más elevado que en áreas de agricultura empresarial. En
el medio rural deambulan verdaderos traficantes de tierras.
ii) Los riesgos climáticos. En las estrategias de
sobrevivencia campesina llama la atención la complejidad
y, a veces, las sutiles formas de previsión para evitar
las consecuencias de alteraciones climáticas extremas,
como heladas y otras. Posiblemente en la mayor parte de
la Sierra, donde predominan condiciones semiáridas, pocos
elementos pueden tener mayor relevancia que el manejo y
provisión de agua y en las áreas donde ya existe, el
mejoramiento de la "seguridad de riego". Los conflictos
por el agua en condiciones de escasez son motivo de
división y de violencia.
iii) La defensa de las cosechas y del ganado. En su
esfuerzo productivo las familias y las comunidades campe-
sinas participan en una dura competencia biológica con
plantas y animales. Existen posibilidades genéticas, bio-
lógicas, mecánicas y químicas que pueden ayudarles en esa
competencia. Evitar que pierdan sus cultivos o ganados es
básico para su sobrevivencia. Posiblemente para el campe-
sino está primero defenderse de plagas y pestes que cam-
biar sus cultivos o sistemas de producción.

55
iv) El riesgo de enfermedad. Entre los pobres la
enfermedad es una desgracia que puede distorsionar todo su
trabajo y su precaria economía. Los obliga a abandonar
su unidad productiva y frecuentemente a liquidar sus es-
casas reservas o su ganado y muchas veces deben endeudarse.
El desarrollo de formas primarias de salud pública o de
atención médica es aún muy limitado en las áreas rurales.
En muchas áreas los pobres enferman y sanan solos, si es
que no mueren mientras los especialistas en salud no
encuentran plazas de trabajo en las ciudades.
v) El riesgo de degradación humana. Existen formas
de degradación que pueden ser aprehendidas bajo un prisma
moral. Sin embargo, también tienen un extenso alcance
social. Existe una intensa explotación, digamos de
extracción, bajo formas de ceremonial o de recreación
donde se endeudan o dejan sus limitados ingresos con toda
la secuela para la vida familiar y comunitaria. . En el
medio rural existe un círculo de envilecimiento y explo-
tación que no se puede desconocer.
Pienso que debe ser difícil para las familias
campesinas entender que se les ofrezca mejorar su economía,
tecnificarse, aumentar sus ingresos, en definitiva progre-
sar, antes que se les dé alguna oportunidad de defenderse
en lo que para ellos constituye su lucha cotidiana. En
esta línea, el campo es muy vasto y las posibilidades de
organización y movilización campesina también,
b) Reajustar las condiciones estructurales en que
reproducen las unidades campesinas. Las economías campe-
sinas sufren de desequilibrios estructurales bien conocidos
y en algunas áreas experimentan tendencias a la agudización
de tales desequilibrios. El proponerse en las políticas
agrarias la búsqueda de formas de reproducción de las
unidades campesinas en condiciones económicas más adecua-
das y socialmente más justas puede contribuir a evitar
males mayores y quizá corregirlos.
i) La desigual distribución de recursos. Esta
situación está en la raíz de la estrechez y debilidad de
las economías campesinas. ilo siempre las [Link]
estructurales en el agro se han orientado a corregir estos
desequilibrios, limitándose a otorgar acceso a la tierra a
quienes vivían y trabajaban en forma permanente en las
grandes explotaciones.
i i) La ocupación anárquica de nuevas tierras. La
reiteración en áreas de frontera, de los desequilibrios
propios de las estructuras agrarias tradicionales, provoca
la reproducción en dichas áreas de las restricciones que
afectan en sus fundamentos las economías campesinas.
iii) La precariedad jurídica de las unidades campe-
sinas . La frecuente ausencia de la titulación del dominio
no sólo es un elemento de inseguridad, sino un factor que
inhibe la reestructuración de las unidades en forma más

56
racional. Todo acuerdo o negociación se dificulta al igual
que las condiciones elementales para una cierta acumulación
primaria.
iv) La concentración de los beneficios de la inversión
pública. Las inversiones públicas o privadas con finan-
ciamiento estatal, que alteran significativamente la capa-
cidad productiva de la tierra (riego, drenaje, habilita-
ción en general), normalmente muy limitada, puede consti-
tuir una buena ocasión para una cierta reordenación en
beneficio del campesinado, oportunidad que no es suficien-
temente aprovechada en esa dirección. Una vez ejecutadas
las obras suele conservar la antigua distribución de los
recursos.
v) El deterioro de los recursos. En general, los
campesinos disponen de las tierras más difíciles, en las
que los riesgos son más elevados y más baja la producti-
vidad por unidad de superficie. Es decir, son tierras en
las cuales la frontera de los rendimientos decrecientes
para el trabajo está más cercana.64/ Por ello, la defensa
de la tierra y de su fertilidad es condición indispensable
a la reproducción de la unidad productiva.
vi) La oferta tecnológica. La inadecuación de ésta
en relación a los requerimientos de las unidades campe-
sinas está limitando las posibilidades que las unidades
minifundiárias tendrían para modificar sus dimensiones
económicas por esta vía.
vii) Formación y capacitación. Algo similar a lo
anterior sucede por la ausencia prácticamente total de
instrumentos que cooperen en la formación de los jóvenes
que permanecen en el medio rural.
c) Fortalecer las economías campesinas. Los objetivos
de la unidad campesina son principalmente de orden familiar
tanto en la orientación del trabajo, de la producción, como
del consumo. El esfuerzo productivo está estrechamente
vinculado al sostenimiento de la familia, a la conserva-
ción o mejoramiento de su vivienda y a la mantención de
su unidad productiva, asiento de la vida familiar. También
existen objetivos a nivel de la comunidad.
La actividad económica orientada a la familia pro-
duce para el autoconsumo y también para el mercado. Pro-
gresivamente, una proporción de los insumos como de los
consumos son comprados en el mercado, de manera que la
actividad económica de una u otra forma se va ligando al
mercado de productos o de mano de obra. En síntesis, el
objetivo familiar de la unidad campesina se realiza tam-
bién por la intermediación del mercado.65/ La extensa
discusión en torno a la naturaleza de la inserción mercan-
til de las economías campesinas no ha alcanzado conclu-
siones claras. Faltan elementos empíricos. Para algunos
se realiza a partir de su condición productora de valor de
uso y para otros también de mercancías. Lo importante

57
para los efectos de discutir los componentes de las estra-
tegias es la doble connotación que puede revertir el
propósito de fortalecer las economías campesinas por la
vía de apoyar o impulsar su actividad económica. De una
parte puede contribuir a elevar los niveles de vida de
las poblaciones campesinas, contribuyendo al mismo tiempo
a aumentar la oferta de productos en los mercados agrícolas.
El fortalecimiento de la economía campesina no es
ajeno a los otros componentes de defensa o reestructura-
ción antes mencionado. El acento en una estrategia de
fortalecimiento requiere una clara visión de lo que son
los agentes extractores de excedentes al mismo tiempo que
la identificación de los factores que pudieran contribuir
a un crecimiento de la economía campesina.
En el análisis de este componente estratégico se
dan grandes posibilidades que se pongan en consonancia
las necesidades de los campesinos con los de la sociedad
global. Por ejemplo, e" una estrategia de mayor seguridad
alimentaria.

8. Desafío y conflictos

El razonamiento de que los pobres son pobres por haber


sido olvidados por el proceso de desarrollo, como quien
dice porque aún no les llega su turno, no conduce muy
lejos. Pensar que el. sector "atrasado" es un estado normal
y anterior al sector "adelantado" tampoco ha dado buenos
resultados. Si así fuera la solución sería relativamente
fácil mediante la extensión de las opciones y beneficios
del desarrollo en una especie de visión lineal que indica
"el" camino por donde unos pasan primero y seguidamente
pasará el resto. Hay realidades objetivas que son exclu-
yentes porque son concentradoras, porque son acumuladoras
por un lado y pauperizantes por otro, porque son domina-
doras como única fórmula para mantener o continuar dicha
concentración o acumulación y el patrón de distribución
del ingreso que está detrás,.
El desafío campesino, por el lado que se lo quiera
abordar, provoca dificultades, roces, conflictos porque
de una u otra forma afecta intereses.
FAQ,66/ haciéndose eco de la Declaración de Prin-
cipios y Programa de la Conferencia Mundial de Reforma
Agraria y Desarrollo Rural, propone que "una estrategia
nacional para erradicar la pobreza rural requiere lo
siguiente :
a) La promoción de las instituciones rurales y las
organizaciones populares;
b) reformas estructurales;
c) una mayor asignación de recursos".
Ninguno de estos requerimientos es neutral, indo-
loro, tienen una marcada connotación política. Si nos
58
atenemos a las metas de políticas formuladas por la
Conferencia Mundial aludida, se puede comprobar otro
tanto :
"a) garantizar un acceso equitativo, especialmente
a los pequeños agricultores y los trabajadores sin tierra,
a los recursos de tierras y aguas, y a otros recursos
naturales ;
b) aumentar las posibilidades de empleo con un
salario equitativo, especialmente a los trabajadores sin
tierra que no pueden adquirir ésta;
c) aumentar la productividad de los pequeños agri-
cultores, los trabajadores forestales, los pescadores,
los artesanos .. • *,
d) eliminar rápidamente las condiciones de malnu-
trición aguda ...;
e) lograr la seguridad alimentaria para los
sectores pobres ... ;
f) satisfacer las necesidades de los pobres de las
zonas rurales en lo tocante a la vivienda, la leña y el
combustible por medios que sean compatibles con la conser-
vación y la renovación de los recursos;
g) prestar a las zonas rurales un nivel mínimo de
servicios públicos;
h) apoyar la participación de la mujer ...;
i) reducir la disparidad de ingresos entre la
población rural y urbana y entre los diferentes distritos
dentro de las zonas rurales".
Más allá de la coherencia de cada uno de estos
enunciados, su consecusión implica decisiones que afectan
a grupos, intereses urbanos, estructuras, presupuestos,
mentalidades.

9. Complejidad del desafio

Aceptar el desafío campesino no cabe duda que es. entrar


en medio de un conflicto. Para demostrarlo bastaría pensar
lo que ocurriría con los institutos de investigación agrí-
cola si su orientación central fuera el proporcionar
tecnologías a los productores campesinos. Quizá más de
alguno se sentiría herido en su estimación científica. Se
dirá que esta suposición es un prejuicio, pero la verdad
es que existe un enorme vacío tecnológico que no está
siendo cubierto y que afecta a veces a la mitad de la
población de un país y a extensas áreas geográficas.
Podría pensarse además lo que significaría que los
servicios públicos agrícolas trabajaran en el campo y no
en las ciudades, que abandonaran las capitales y se iden-
tificaran más con las reivindicaciones campesinas.
¿Qué sucedería si las políticas agrícolas se eva-
luaran desde el punto de vista de sus efectos sobre el
empleo de la fuerza de trabajo campesina? ¿Valdría la
59
pena proteger de la competencia externa, o subsidiar las
inversiones o estimular en las más variadas formas la
"ganaderización" de las tierras más fértiles y con mejores
condiciones para realizar cultivos altamente empleadores
de mano de obra?
Ningún factor es tan determinante en la vida
campesina como la tierra. Es la base esencial que da
sostén a la propia existencia del campesino. Este es el
ámbito donde tradicionalmente se han dado los conflictos
más intensos que afectan con mayor pertinencia a la estruc-
turación agraria, y en donde los campesinos han sacado
secularmente la peor parte. Campesinado sin tierra o con
muy escasos recursos es sinónimo de miseria rural. El
acceso a la tierra es un requisito indispensable para
aprovechar la capacidad y habilidad propia de las pobla-
ciones campesinas y una manera además de expandir el
empleo productivo. Sin embargo, con ser fundamental no
es el único. Aceptar el desafío campesino es empezar a
romper no sólo intereses económicos sino esquemas cultu-
rales. Es buscar nuevos estilos de desarrollo donde el
campesinado cumpla un rol y tenga un lugar.
10. Campesinado, producción y mercado de alimentos

En el ámbito estrictamente productivo, las estrategias de


desarrollo no pueden escapar a la consideración de la
heterogeneidad estructural en la agricultura. En forma
generalizada, el fomento de la producción y el crecimiento
de la agricultura de una u otra forma se confia preferen-
temente a agentes no campesinos, llámense hacendados,
empresarios o agricultores. Del campesinado se espera
que rutinariamente siga entregando lo que tradicionalmente
ofrece en los mercados. América Latina ha optado reitera-
damente por un crecimiento agrícola de carácter empresarial.
¿Qué sucedería si se intentara una estrategia que
confiara o se apoyara más francamente en el campesinado
con el propósito de lograr un alto nivel de autoabaste-
cimiento alimentario? No será demencial imaginarlo desde
el momento que existen economías agrarias donde el campe-
sinado participa con una proporción elevada de la oferta
alimentaria. Una opción de esta naturaleza tiene variadas
implicancias. Quizá la más importante está relacionada
con los espacios que en los mercados pueden ser llenados
con oferta propia de la agricultura campesina. En el
ámbito del mercado se da una de las luchas más arduas por
la sobrevivencia campesina en los niveles actuales de
aspiraciones que, como se dijo, son superiores a las del
pasado. Los factores restrictivos para la colocación de
las producciones campesinas sin duda afectan sus ingresos
monetarios. Llama la atención en este sentido la sensi-
bilidad con que se escuchan o acogen las demandas urbanas

60
por alimentos baratos y la falta de sentido común para
apreciar el efecto que se deriva sobre los ingresos
campesinos de políticas que limitan el mercado para sus
productos básicos y que tienden a deprimir precios e
ingresos.
Figueroa 67/ intentando dilucidar "el conflicto
campo-ciudad, uno de los más dramáticos en los países
desarrollados", ha realizado una de las mayores contri-
buciones al análisis de las perspectivas de la agricul-
tura campesina en América Latina. Después de un complejo
y minucioso estudio sobre el Perú, concluye: "Es obvio
que existe un conflicto campo-ciudad originado por el
consumo de alimentos. El grado de este conflicto no
parece, sin embargo, ser de una magnitud importante. El
'costo en factores de producción del campo' para la
producción de alimentos sólo representa entre el 13$ y
18$ del presupuesto familiar urbano, dependiendo de los
estratos de ingreso. En términos estáticos, el valor de
este coeficiente deja lugar para mejoras sustanciales en
el ingreso rural. Así, se podría duplicar el ingreso
agropecuario, doblando los precios de alimentos al productor,
y reducir con ello el ingreso real urbano sólo en 18$ y
esto al grupo más pobre de las ciudades. Por le tanto,
precios de alimentos, ingresos rurales e ingresos urbanos
no son equivalentes en el sentido de que cambios en uno no
implica cambios proporcionales en el otro".
Por otra parte, es de temer por las economías campe-
sinas en las fases de ingresos fiscales y balanzas de pagos
favorables. No es raro que se abran las puertas a las
importaciones subsidiadas por los países exportadores, y
que adicionalmente se establezcan subsidios al consumo
interno de ciertos productos. Se provoca así toda clase
de distorsiones en los precios relativos exacerbándose
el consumo de producciones importadas y, sin duda, res-
tringiéndose los espacios para las producciones locales.
Se afecta no sólo el mercado interno correspondiente al
producto importado, sino a toda una gama de productos
complementarios o sustitutos.
En Bolivia, en veinte afios el aporte del trigo al
consumo calórico diario por habitante ha pasado de 20$ en
I960 a 33$ en 1980. Un tercio de las calorías consumidas
es aportado por un cereal cuyo cultivo viene reduciéndose
y que en su mayor parte es importado.
Los efectos de estas políticas pueden ocasionar
modificaciones radicales en los hábitos de consumo, incor-
porando en la canasta popular alimentos no tradicionales,
creando así conductas permanentes que alteran estructural-
mente el funcionamiento de los mercados de alimentos
básicos, muchas de los cuales se convierten en bienes infe-
riores. En algunos países estas alteraciones aumentan la
dependencia externa por alimentos ya que se incorporan al

61
consumo de productos para los cuales existen limitantes
de recursos para desarrollar la producción interna. En
definitiva se crean ligazones difíciles de romper no sólo
en consideración de las poblaciones consumidoras, sino por
los intereses creados tanto de los países exportadores
como de las empresas exportadoras; de los importadores y
de toda la red que de alguna u otra manera se beneficia
con estos flujos comerciales.
Un seminario 68/ sobre agricultura y alimentación
en el Perú concluía que:
"En la base del problema alimentario actual está
el mecanismo del mercado y su escala internacional. Es
así que consumimos principalmente productos alimenticios
que son ofertados por las empresas multinacionales, que
dominan el sistema mundial de alimentos. Más aún, esta
situación que beneficia ante todo a tales empresas, es
apoyada por la política económica del Estado a través de
medidas cambiarias, crediticias y de subsidios directos.
La tecnología de estas empresas se ha especializado
en cereales, productos para los que el país no tiene dema-
siadas condiciones. La presencia masiva de estos alimen-
tos, en especial en las ciudades, ha contribuido a fomen-
tar ciertos hábitos de consumo que tienden a perpetuar tal
situación, y desalientan el desarrollo de la agricultura
nacional. Se ha venido conformando así, una dieta promedio
con alto contenido de materias primas importadas.
El hecho de reducir la política alimentaria a una
política de abastecimiento urbano, dejando de lado el
fomento de la agricultura nacional, lleva en el largo
plazo no sólo al deterioro de esta producción y de los
ingresos reales de los campesinos sino también a acrecen-
tar el problema del abastecimiento mismo, al quedar éste
enteramente dependiente de la fluctuación de los precios
en el mercado mundial".

11. Consideración final

Varias otras consideraciones podrían haber sido recogidas


en este documento. Sin embargo, sólo quisiéramos hacer
una última observación que pudiera orientar el debate y
que ,se relaciona con el alcance de los instrumentos
comúnmente utilizados para impulsar el desarrollo de las
economías campesinas. La mayor parte de ellos se orienta
a transferir por distintas vías recursos del sector indus-
trial principalmente mecánicos y químicos. Se busca
agregar a las economías campesinas nuevos recursos ante-
riormente no integrados al proceso productivo.
Sin embargo, para el campesinado desde el punto de
vista medio ambiental también es necesario la valorización
de sus propios recursos. Esta proposición nos parece
particularmente válida en ecosistemas de montarla donde

62
reforzar el uso de tales recursos ha sido y es un desafío
gigantesco. Las culturas de montaña muestran la magnitud
del esfuerzo humano, transformador del medio y aprovecha-
dOr de las más precarias opciones de sobrevivencia.
Esta es una realidad que sólo se aprecia cuando
las poblaciones campesinas abandonan el espacio ocupado
secularmente y el deterioro medio ambiental es evidente.
La conservación de ese medio transformado a lo largo de
siglos depende de la presencia constante del hombre.
La valorización de los propios recursos tiene como
punto de partida el propio conocimiento acumulado y reunido
en unas tecnologías calificadas de tradicionales. Es más
fácil colocar insumos que adentrarse en toda una compli-
cada forma de hacer las cosas. La verdad es que tal valo-
rización no puede sino ser endógena, es decir, que se
inicie a partir del interior de esa forma de vida, buscan-
do todas las opciones que se vayan preparando y haciendo
compatibles con el medio.
Ello supone una discusión sobre los instrumentos o
servicios generalmente utilizados para llegar a la extensa
masa campesina, la mayor parte de los cuales tienen sólo
un alcance limitado.

Notas

2/ Teodor Shanin, Campesinos y sociedades campe-


sinas , Fondo de Cultura Económica, Traducción,México, 1979.
2/ Enrique Iglesias, "América Latina en el umbral
de los años ochenta". En Revista de la CEPAL, Santiago de
Chile, diciembre de 1979, pp. 15 y ss.
3/ Aníbal Pinto, "Notas sobre estilos de desarrollo
en América Latina". En Revista de la CEPAL, NQ 1,Santiago
de Chile, Primer semestre de 1976.
k/ Raúl Prebisch, "Crítica al capitalismo peri-
férico". Revista de la CEPAL, NQ 1, Santiago de Chile,
Primer semestre de 1976, pp 7 y 8.
Sergio Molina, "La pobreza en América Latina:
situación, evolución y orientaciones de políticas",
en Proyecto de Pobreza Crítica, CEPAL/PNUD, ¿Se puede
superar la pobreza?, Naciones Unidas, Santiago de Chile,
1980, p. 20.
6/ Se consideran indigentes las familias que aun-
que gastaran la totalidad de su ingreso en alimentación,
no lograrían satisfacer sus necesidades nutricionales. Y
se consideran pobres las familias que dado su ingreso y el
porcentaje de éste que destinan a su alimentación no logran
satisfacer tales necesidades.
7/ Raúl Prebisch, "Hacia una dinámica del des-
arrollo latinoamericano", CEPAL, E/CN.12/680, Santiago de
Chile, 1963, p. 6.

63
8/ CEPAL/FAO, "La expansión selectiva de la pro-
ducción agropecuaria en la América Latina", E/CN.12/378/
Rev.1, México, 1957, p. 3-
9/ CEPAL, Estudio Económico de América Latina,
Santiago de Chile, 1966, p. 3^.
10/ CEPAL, "América Latina y el Caribe: producto
interno bruto global e industrial y estructura del sector
manufacturero desde 1950 hasta finales de la década de
1970", E/CEPAL/L.236, Santiago de Chile, 19?1.
1"/ CEPAL/FAO, 25 años de la agricultura de América
Latina: rasgos principales, Cuadernos de la CEPAL, NO 21,
Santiago de Chile, 1978.
12/ FAO, La agricultura hacia el año 2000. Problemas
y opciones de América Latina, Organización de las Naciones
Unidas para la Agricultura y la Alimentación, Roma,
febrero de 1981, pp 7 y ss.
"3/ Ver CEPAL/FAO, 25 años ..., [Link].. p. 8. Ver
también, CEPAL, Estrategias de desarrollo sectorial para
los años ochenta: industria y agricultura, Estudios e
informes de la CEPAL, NQ 9, Santiago de Chile, 1981, p. 59-
14/ Emiliano Ortega, "Heterogeneidad y funcionali-
dad: elementos para interpretar los procesos agrícolas de
América Latina". En Revista Interamericana de Planifica-
ción, Vol. XV, NQ 58, junio de 198I.
15/ Gerson Gomes y Antonio Pérez, "El proceso de
modernización de la agricultura latinoamericana",
Revista de la CEPAL, NQ 8, Santiago de Chile, agosto, 1979.
16/ Ver Danilo Astori, "Campesinado y expansión
capitalista en la agricultura latinoamericana". En
Comercio Exterior, Vol. 31, NQ 12, México, diciembre de
I98I, p. 1 358.
17/ Teodor Shanin, Naturaleza y lógica de la eco-
nomía campesina, Editorial Anagrama, Barcelona, 1976,
PP- 8 y 9.
18/ Incluye Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y
Venezuela.
19/ Incluye tierras cultivables, tierras con
cultivos permanentes, praderas y pastos, bosques y tierras
sin aptitud para aprovechamientos agrícolas en general.
20/ J. F. Graciano da Silva y otros, Estructura
agraria e produção de subsistencia na agricultura brasi-
leira, Editora Hucitec, São Paulo, 1978, pp. 160 a 167.
21/ Ver Emiliano Ortega, "La agricultura campesina
en América Latina. Situaciones y tendencias". En Revista
de la CEPAL NQ 16, Santiago de Chile, abril de 1982,
pp. 80 y ss.
22/ JUNAC, "Programa Andino de Desarrollo Tecnoló-
gico para el Medio Rural. Resumen", J/G.T/99, Lima, 10
de febrero de 1981.

64
23/ Ministerio de Agricultura y Ganadería, Progra-
ma Nacional de Regionalización, O.R.S.T.O.,'-!., "Diagnós-
tico socioeconómico del medio rural ecuatoriano: ingresos",
Documento NQ 7, Quito, noviembre de 1978, información
elaborada por el autor.
2bj Santos Pérez, "Información acerca de los bene-
ficiarios y sistema rural de extensión en Paraguay",
FAO, RLAT/70/037, mayo-junio de I98O, p. 4.
25/ CELADE, Boletín Demográfico "2 23, Santiago de
Chile, enero de 1979.
26/ Instituto Brasilero de Geografía y Estadística,
Censo Agrícola de i960 y Censo Agropecuario de 1970.
Publicados en I967 y 1975, respectivamente.
27/ Miguel Urioste, "La economía del campesino
altiplánico en 1976", Documento de Trabajo NQ 02/77,
Universidad Católica Boliviana, La Paz, 1977.
28/ Raúl Urzúa, "Estructura agraria y dinámica po-
blacional", CELADE, Documento de Trabajo ÍJQ 7, Santiago de
Chile, mayo de 1978, p. 49.
29/ P. Campaña y R. Rivera, "El proceso de descam-
pesinización en la Sierra Central del Perú". En Estudios
Rurales Latinoamericanos, Vol. 1, HQ 2, mayo-agosto,1978,
pp. 78 a 80.
30/ Bryan Roberts, denomina a este proceso como
migración de mano de obra para distinguirla de la migración
temporal o de la migración urbana. En Revista Ethnica
NQ 6, Barcelona, 1973.
31/ Ver, por ejemplo, P. Vilar, "La economía cam-
pesina", en Revista Historia y Sociedad, Segunda época,
NQ 15, México, I975.
32/ W. Thiesenhusen, "Los años ochenta ¿década
del campesino?". En Estudios Rurales Latinoamericanos,
Vol. 2, NQ 2, p. 224, mayo-agosto, 1979-
33/ UNESCO, Oficina Regional de Educación para
América Latina y El Caribe, Informaciones estadísticas,
Santiago de Chile, octubre de 1976.
34/ F.J. Dorsey, A Case Study of the Lower Cocha-
bamba Valley, University of Wisconsin, Land Tenure Center,
Madison, junio de 1970, p. 68.
35/ International Road Federation, Highway expendi-
tures road and motors vehicle statistics, 1959- 1969,
Washington, D.C. y CEPAL, Anuario Estadístico de América
Latina, 1978, Naciones Unidas, Santiago de Chile, p. 428.
36/ Ester Boserup, Las condiciones del desarrollo
en la agricultura, Editorial Tecnos, Madrid, 1967, p. 35.
37/ F. J. Graciano da Silva y otros, [Link].242.
38/ División Agrícola Conjunta CEPAL/FAO, "La
agricultura y las relaciones intersectoriales: el caso•
de Bolivia", E/CEPAL/R.205, Santiago de Chile, septiembre
de 1979.

65
39/ M» Urioste, Conducta económica del campesino e
incorporación de tecnologia moderna en el proceso produc-
tivo: el cultivo de la papa en el Altiplano Paceño,
Universidad Católica Boliviana, Documento de Trabajo
NO 06/75, La Paz, 1975. mimeografiado, pp. 62 a 65.
40/ Ibidem, p. 75.
5l/ V. Moncayo y R. Rojas, Producción y capitalismo,
Centro de Investigación y Educación Popular (CINEP),
Bogotá, Colombia, 1979, PP- 146 y 147.
42/ Eric Wolf, Los campesinos, Editorial Labor,
Madrid, 1971, p. 2.
43/ Alexander Schejtman, 'Economía campesina:
lógica interna, articulación y persistencia". En Revista
de la CEPAL NO 11, Santiago de Chile, agosto de I9BÕT
557 Ibidem, p. 130.
45/ Teodor Shanin, Naturaleza y lógica de la eco-
nomía campesina, Editorial Anagrama, Barcelona, 1976,
pp. 8 y 9-
46/ FAO, Agricultura: Horizonte 2000. Organización
de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimen-
tación, Roma, 1981.
47/ Emiliano Ortega, "La agricultura campesina en
América Latina. Situaciones y tendencias". En Revista
de la CEPAL NO 16, Santiago de Chile, abril de 1982, p. 78.
48/ Danilo Astori, "Campesinado y...", [Link].
P. 1358.
49/ Klaus Heynig, "Principales enfoques sobre la
economía campesina". Documento presentado en este seminario.
50/ Teodor Shanin, Naturaleza y lógica... [Link].,
pág. 23.
51/ Gustavo Esteva, "¿Y si los campesinos existen?".
En Comercio Exterior, Vol. 28, NQ 6, México, junio de 1978,
p. 713.
52/ W. Thiesenhusen, "Los años ochenta: ¿década del
campesino?". En Estudios Rurales Latinoamericanos, Vol. 2,
NO 2, Bogotá, mayo-agosto de 1979»
53/ Ernest Feder, "Campesinistasydescampesinistas",
Primera parte. En Comercio Exterior , Vol. 27, NO 12,
México, diciembre de 1977, pp. 1439-1446. Segunda parte,
en Comercio Exterior, Vol. 28, NQ 1, México, enero de 1978,
pp. 42-51.
54/ David Dunham, "Historia y economía política
de las políticas relativas a los pequeños agricultores",
mimeo, 1982.
55/ El término "estilos de desarrollo" lo entende-
mos en el sentido propuesto por A. Pinto: Estilo es la
modalidad concreta y dinámica de desarrollo de una socie-
dad en un momento histórico determinado, dentro del con-
texto establecido por el sistema y la estructura existen-
te y que corresponde a los intereses y decisiones de las
66
fuerzas sociales predominantes. Desde un áhgulo económico
estricto podría entenderse por estilos de desarrollo la
manera en que dentro de un determinado sistema se organi-
zan y asignan los recursos humanos y materiales con el
objeto de resolver las interrogantes sobre qué, para
quiénes y cómo producir los bienes y servicios.
56/ Solon Barraclough, "Perspectivas de la crisis
agrícola en América Latina" en Narxhi Nandhá, Revista de
Economía Campesina, NQ 1, México, marzo de 1977, p« 24.
TI Gustavo Esteva, "¿Y silos ..[Link]., p. 700.
K/ Juan Pablo II. Carta Encíclica Laborem
Exercens. Castelgandolfo, 14 de septiembre de 1981, p. 83.
39/ Danilo Astori, "Campesinado y ...", [Link].,
pp. 13SÍ-1365.
60/ Arturo Warman, Ensayos sobre el campesinado en
México, Editorial Nueva Imagen, México, 1980, p. 216.
61/ Teodor Shanin, Naturaleza y ..., [Link].,
p. 8.
62/ Eric Wolf, Los campesinos, Editorial Labor,
Madrid, 1971, p. 12.
63/ Gustavo Esteva, "¿Qué hay detrás de la crisis
rural?". En Comercio Exterior, Vol. 30, NQ ?, México,
junio de 1980, p. 677-
64/ Arturo Warman, "¿Política agraria o política
agrícola?". En Comercio Exterior, Vol. 28, NQ 6, México,
junio de 1978, p. 686.
65/ Ver para Bolivia, Miguel Urioste, "Conducta
económica del campesino e incorporación de tecnología
moderna en el proceso productivo: el cultivo de la papa
en el Altiplano paceño". Documento de Trabajo NQ 06/75»
Universidad Católica Boliviana, La Paz, 1975, mimeogra-
fiado. Miguel Urioste, "La economía del campesino alti-
plánico en 1976", Documento de Trabajo NQ 02/77, Univer-
sidad Católica Boliviana, La Paz, 1977, mimeografiado.
R. Clark, "Reforma, agraria e integración campesina en la
economía boliviana", Land Tenure Center, Reprint NQ 107,
University of Wisconsin, Madison, noviembre de 1973-
F.J. Dorsey, "A Case Study ex-Hacienda Toralapa in the
Tiraque Region of the Upper Valley", Land Tenure Center,
A Research Paper NQ 64, University of Wisconsin, Madison,
junio de 1975»
66/ FAO, Principios básicos para las directrices
operacionales para la ejecución del programa de acción
de la CKRADR, Organización de las Naciones Unidas para
la Agricultura y la Alimentación, Roma, 11 de diciembre
de I98O, p. 1.
67/ Adolfo Figueroa, "Política de precios agrope-
cuarios e ingresos rurales en el Perú". En Allpanchis,
Vol. XIII, NQ 14, Instituto de Pastoral Andina, 1979,
Cuzco, Perú, pp. 25 y 47.

67
68/ Conclusiones del Primer Seminario sobre
agricultura y alimentación, realizado entre el 10 y 13
de octubre de 1979 en Chancayo, con el auspicio de la
Fundación Friedrich Ebert y de la Fundación para el
Desarrollo Nacional Proyecto SINEA, el Programa Académico
de Ciencias de la Pontificia Universidad Católica del
Perú. En Allpanchis, Vol. XIII, N<2 14, Cuzco, 1979-

68
ANTECEDENTES GENERALES SOBRE LA AGRICULTURA
DE LOS PAISES ANDINOS

Este estudio fue realizado por Pedro Tejo, experto de la


División Agrícola Conjunta CEPAL/FAO.
I. POBLACION

La importancia del grupo de paises que conforman el área


andina queda de manifiesto al considerar la población que
ellos abarcan. Para 1980, se estima que la población de
América Latina alcanzó a 364 millones de habitantes, de
los cuales los países andinos representarían cerca de 73
millones, es decir, aproximadamente el 20$ de la población
total de la región.
La población que habita en las áreas rurales de
estos países alcanzaba en 1980 a 26 millones de habitan-
tes. Empleando estimaciones de tamaño medio de hogares,
se puede afirmar que el número de familias rurales llega-
ría a 4.7 millones de hogares.
Si bien la población rural de estos países ha aumen-
tado en términos absolutos, su participación en la
población total es cada vez menor. En 1970 la población
rural representaba un 42$ del total y en 1980 sólo el
36$. Al excluir Venezuela con una población rural pro-
porcionalmente menor dentro del total, la población rural
en Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú pasa de un 46$ en
I97O a un 40$ de la población total en 1980.
Esta disminución relativa de la población que vive
en el medio rural, pone de manifiesto que en los sectores
rurales continúan los procesos migratorios del campo a
la ciudad iniciados décadas pasadas y trasluce la mayor
urbanización de los poblados rurales.
Los avances en infraestructura, ampliación de
caminos, irrigación, electrificación, etc., asi como la
tendencia al aumento de los gastos gubernamentales desti-
nados a los sectores rurales, han hecho surgir los
poblados rurales y mejorar en general las condiciones de
vida de esos sectores. A pesar de tales esfuerzos, la
realidad social y económica de vastos sectores de la
población rural de estos paises es aún precaria, cuando se
considera que cerca de l8 millones de personas, esto es,
el 70$ de la población rural vivirían en condiciones de
subsistencia o aún por debajo de este nivel.1/
Las difíciles condiciones de empleo de la población
agrícola, reflejadas en un generalizado subempleo,2/ están
entre los principales factores determinantes de esta
situación.

71
Cuadro 1
AREA ANDINA: POBLACION TOTAL Y POBLACION RURAL.
1970, 1975, 1980
(En miles)

1970 1975 1980

Rural Total Rural Total Rural Total

Bolivia 2 673 4 325 2 873 4 894 3 081 5 570


Colombia 8 1+76 20 803 8 625 23 177 8 686 25 794
Ecuador 3 600 5 958 3 992 6 891 4 432 8 021
Perfi 5 648 13 461 6 045 15 397 6 448 17 625
Venezuela 3 059 10 962 3 390 13 109 3 714 15 620

Area Andina 23 456 55 509 24 925 63 468 26 361 72 630


América Latina 116 205 283 471 123 332 321 840 129 423 363 679

Fuente : CELADE, Boletín Demográfico N* 28, julio de 1981.

Los mecanismos de salarios mínimos han mejorado


las remuneraciones de los trabajadores permanentes, pero
por otra parte los cambios en el uso del suelo, la
mecanización o la utilización de nuevas tecnologías han
afectado la disponibilidad de puestos para este tipo de
trabajadores.
La fuerza de trabajo que no logra ubicarse dentro
del trabajo asalariado emigra a la ciudad, busca trabajo
entre las actividades rurales o agrícolas, o bien,
permanece ligado a la tierra como propietario o arrenda-
tario de explotaciones de tipo familiar por lo general
de una gran densidad hombre-tierra.

72
Cuadro
AREA ANDINA: OSO DE LA TIERRA. 1970, 1980
(En millones de hectáreas)

1970 1980

Superficie total 472 472


Superficie terrestre 456 456
Tierras arables y cultivos permanentes 18 20
Tierras arables (15) (17)
Cultivos permanentes (3) (3)
Praderas y pastos permanentes 88 91
Terrenos forestales y montes abiertos 275 270
Otras tiernas 75 75

Fuanteg: FAO. Anuariode Producción, 1980. FAO, "Boletines mensuales de


estadísticas", 1981.

II. RECURSOS: USO DE LA TIERRA

Los países de la región disponían en 1980 de 20 millones


de hectáreas de'tierras arables o bajo cultivo permanente,
casi un 2% más que en 1970. De este total, las tierras
arables son las que han tenido una mayor expansión, en
tanto qué las tierras dedicadas a cultivos permanentes
han crecido lentamente.
Las praderas y pastos permanentes ocupaban 91
millones de hectáreas, muy poco más que hace diez años.
El resto de la superficie, corresponde en una elevada
proporción a terrenos forestales y montes abiertos que
ocupan aproximadamente 270 millones de hectáreas y sopor-
tan la expansión de la frontera agrícola y la tala de
bosques no siempre seguida de una adecuada reforestación.
Dentro de la superficie arable y de cultivos perma-
nentes, las áreas de cosechas anuales se han conservado
casi invariables. En 1970, ésta se estimaba en alrededor
de 8.6 millones de hectáreas y en 19^0 en 9*7 millones*

73
Cuadro

AREA ANDINA: SUPERFICIE COSECHADA. 1970, 1980


(En miles de hectáreas)

1970 a/ 1980

Bolivia 708 912


Colombia 3 053 4 012
Ecuador 1 454 1 298
Peril 1 788 1 646
Venezuela 1 600 1 874
Area Andina 8 603 9 742

Fuente : FAO, Anuario de ProducciSn, 1980.


£/ Corresponde al promedio 1969-1971.

Pot* otra parte, la intensidad de cultivo dela tierra,


esto es, la tierra cosechada respecto a la tierra bajo
cultivo, se ha mantenido en una proporción de alrededor
de 55%' Bolivia, Perú, Venezuela y Ecuador han registra-
do una intensidad de uso próxima a esta relación, en tanto
que Colombia presenta una intensidad de uso mayor, lo que
permite suponer que en este país existe un mejor manejo
tecnológico y conocimiento de las condiciones de los
suelos, así como de los cambios en la combinación y
rotación de los cultivos.

En cuanto a la tierra destinada a la ganadería, ella


se ubica en general dentro de las praderas naturales, com-
pitiendo en su uso con la producción agrícola, especial-
mente en aquellas áreas donde se ubican centros consumido-
res. Las praderas cultivadas ocupan extensiones reducidas
respecto a las posibilidades que se estiman para las
mismas.

74
III. MAGNITUD, PARTICIPACION Y CRECIMIENTO
DEL PRODUCTO AGROPECUARIO k/

Hacia 1980 el resultado de la actividad agropecuaria del


conjunto de estos paises, alcanzaba a 9 millones de
dólares expresados en dólares de 1970, lo que significa
más del doble del producto obtenido en i960.
La tendencia general de la agricultura ha sido,
sin embargo, una evolución a un ritmo decreciente. La
tasa de crecimiento del sector durante el decenio I96O-
I97O fue próxima al b-,0% promedio anual, en tanto que
la misma tasa durante 1970-1980 cayó a 3-5$, con la sal-
vedad de Colombia y Ecuador, que registran un dinamismo
creciente en su agricultura a tasas por sobre estas
tendencias. Venezuela tuvo un importante crecimiento
entre i960 y 1970 pero decayó levemente en el período
siguiente. Por otra parte, Bolivia registra un estado
casi estacionario, en tanto que Perú es el país con la
evolución más desfavorable en su agricultura.
La actividad de los sectores económicos no agro-
pecuarios de estos países, registran una evolución dife-
rente. Las tasas de crecimiento de estas actividades
fueron del orden del promedio anual, tanto para el
período 1960-1970 como para el período 1970-1980.
Las diferencias en los ritmos de crecimiento entre
el sector agropecuario y las otras actividades económicas,
se ha traducido además en una participación relativa cada
vez menor de la agricultura en la actividad económica
general de estos países. En i960 el sector agropecuario
representaba el 20% del producto bruto total, en 1970 el
18$ y en 1980 había descendido al 16$. Venezuela sería
el único país de este grupo donde la participación del
sector agropecuario en la generación del PIB se ha mante-
nido invariable a través del tiempo, con un porcentaje
de participación del orden del 7.0% en el total.
Aun cuando la evolución del sector agropecuario ha
sido a tasas decrecientes y su participación en el PIB
es cadá vez menor, no se puede concluir que la falta
de dinamismo del sector es absoluta, si se considera que
el crecimiento ha sido de más del 3«5$ promedio anual
durante los últimos 20 años, ritmo no despreciable com-
parado con las tasas internacionales de crecimiento de la
agricultura.

75
Cuadro 4
AREA ANDINA: PRODUCTO INTERNO BRUTO AGROPECUARIO Y PRODUCTO INTERNO TOTAL
1960, 1970, 1980
(En millones de dólares de 1970)

1960 1970 1980


PIB agro- PIB PIB agro- PIB PIB agro-. PIB
pecuario total pecuario total pecuario total
Bolivia 179.8 741.5 247.3 1 267.3 339.8 1 990.8
Colombia 2 215.7 6 704.2 3 206.4 11 216.9 5 051.9 '19 844.8
Ecuador 522.5 1 349.0 667.0 2 243.8 993.6 4 -703.2
Perú 942.9 5 090.4 1 418.3 8 119.7 1 347.6 11 258.0
Venezuela 566.6 7 553.6 949.5 12 492.9 1 381.1 19 808.8
Area Andina 4 427.5 21 438.7 6 488.5 35 340.6 9 114.0 57 655.6
América Latina 17 372.2 102 156.0 24 292.4 174 165.3 34 538.2 311 540.9

Fuente : CEPAL, DivisiSn de Estadísticas, "Producto interno bruto por ramas de actividad económica".
IV. ESTRUCTURA DE LA PRODUCCION

La producción agropecuaria de los países andinos tiene su


origen principalmente en los cultivos. El valor de la
producción, según estimaciones del año 1975, indican que
el subsector cultivos aportaba con el 66% de la producción
y el subsector pecuario con el 3b% restante.
La tendencia del sector agropecuario, observando la
producción física de los dos últimos decenios, indica, en
todo caso, que la producción pecuaria, en especial la
carne bovina y leche, realiza un aporte cada vez más
significativo. 6/
Venezuela presenta una especialización diferente a
esta situación general. En este país, el valor de la
producción pecuaria representa más del 55$ del total
agropecuario, destacando la producción de carne vacuna y
leche.
En los restantes países predomina en general la
producción de arroz, maíz y papa. En Bolivia y Perú la
producción de papa y maíz tienen una incidencia signifi-
cativa dentro del total de la actividad agropecuaria.
En Ecuador, además de la producción de arroz, maíz y
papa ya mencionada, se agrega el cacao y el banano; y en
Colombia, el café y la carne vacuna.
Hay países, en consecuencia, con una producción
bastante diversificada como Colombia, Venezuela y Ecudor,
y otros como Bolivia y Perú que presentan una actividad
agropecuaria muy concentrada en algunos pocos productos.
Por otra parte, dentro de la producción agrícola,
hay una diversificación en la producción, traducida en
la incorporación creciente de nuevos cultivos, tales como
el sorgo, la soja y la palma africana. La incorporación
de estos tres cultivos, ha adquirido mayor importancia
en Colombia, además, la palma africana lo ha hecho en
Ecuador y el sorgo en Venezuela.
En este mismo sentido se ubica la producción de
arroz, que sin ser un nuevo cultivo, ha evolucionado de
manera considerable en prácticamente todos los países
del Grupo Andino desde niveles bastante bajos de produc-
ción. En I960 la producción de este cereal se estimaba
en 1.2 millones de toneladas y en 1980 en J.k millones de
toneladas.

77
Cuadro
AREA ANDINA: EVOLUCION DE LA PRODUCCION DE LOS PRINCIPALES
PRODUCTOS AGROPECUARIOS. 1960, 1970 y 1980
(En miles de toneladas métricas)

1960 1970 1980

Trigo 324.0 304.8 214.5


Arroz 1 252.0 1 746.1 3 405.9
Maíz 2 208.0 2 756.5 2 583.1
Sorgo 35.0 136.7 1 059.8
Soja 33.0 134.4 246.3
Palma africana - 255.0 629.8
Papas 3 290.0 4 164.4 4 463.3
Cacao 81.0 94.4 146.5
Algodón 227.0 648.7 751.2
Banano 4 300.0 5 280.1 5 123.4
Caña de azúcar 33 239.0 23 270.0 29 917.8
Cafe 625.0 778.9 967.0
Carne de bovino 666.0 771.7 1 276.0
Carne de porcino 172.0 212.0 296.0
Carne de ovino 43.0 46.0 49.9
Carne de ave 102,6 178.4 512.8
Huevos 142.7 144.2 311.1
Leche 3 324.0 4 713.6 5 598.4

Fuente: FAO, Anuario de Producción

Hay productos como el trigo, y en menor grado, la


caña de azúcar, que han sido desplazados en la estructura
de producción. Con la excepción de Venezuela, todos los
otros paises alcanzaban en la década de I960 e incluso
antes, producciones importantes de trigo, las que han
venido sistemáticamente decayendo desde ésos años.
Desde el punto de vista del destino de la producción,
los países andinos participan con parte importante de su
producción agropecuaria en el comercio internacional. En
1980, el valor total de las exportaciones de estos produc_
tos alcanzaba a 4 1^3 millones de dólares, de loé cuales
el café constituyó un 61$ de este total, el banano un 8$,
el azúcar un 7$» el cacao un 3$» el algodón un 5$» y otras
exportaciones variadas el 10$ restante. Estos productos

78
forman parte de las exportaciones tradicionales de estos
países, que desde principio de los años cincuenta y los
comienzos del actual decenio, han crecido a una tasa cer-
cana al 3% anual.
Otra parte de la producción agropecuaria ha estado
orientada últimamente al consumo agroindustrial, con pro-
ductos tales como: el maíz duro, el sorgo, la soja y la
palma africana. La demanda por estos productos ha indu-
ci o en el último quinquenio un dinamismo extraordinario
a estas producciones, estimándose su crecimiento en alre-
dedor de un k.7% promedio anual.
Finalmente, está la producción destinada al consumo
interno, compuesta principalmente por: arroz, papa, carne
de bovino, huevos, leche, carne de ave y carne de porcino,
con un crecimiento entre 1970-1980 de alrededor de un 2%
anual.
Las áreas cultivadas de estos países se distribuyen
geográficamente entre la región andina, donde se ubican
lop- principales cultivos para el consumo interno, la
région costera, donde se han desarrollado tradicionalmente
los principales cultivos de exportación y más reciente-
mente la producción de arroz y papa, y la región oriental
y subtropical que ha experimentado la mayor expansión de
la frontera agrícola y donde la actividad ganadera ha lo-
grado asentarse con muy buenos resultados.

79
V. RELACION CON LOS MERCADOS EXTERNOS Y
ABASTECIMIENTO INTERNO

Durante la década 1970-1980, el volumen de las exporta-


ciones agropecuarias se mantuvo casi constante, contras-
tando con los volúmenes importados, que aumentaron a más
del doble.
Los índices de precios de las exportaciones e
importaciones confirman, por otra parte, el tradicional
comportamiento de los precios del comercio exterior de
este tipo de países. Los precios de las exportaciones
durante 1970-1980 sufrieron grandes fluctuaciones y los
precios de las importaciones han mantenido una tendencia
creciente al alza.
El limitado crecimiento de las exportaciones agro-
pecuarias de 'estos países, obedece a causas que han
llegado a transformarse a través del tiempo en crónicas.
En primer lugar, sus exportaciones han sido afectadas
por las contracciones de la demanda internacional de
muchos productos básicos agropecuarios, fenómeno que
se suma a la incorporación progresiva de producciones
competitivas que vienen efectuando países de otras áreas.
Por otra parte, estos países han debido soportar barreras
arancelarias inamovibles aplicadas a las importaciones po
los países desarrollados en protección a sus propias
producciones.
Las producciones de café y banano son las que
presentan un mayor dinamismo y que se pueden considerar
por sobre el volumen del resto de las exportaciones de lo
países andinos. Otros productos como el azúcar cruda
verifican dentro del período una clara disminución, aun
cuando hay niveles crecientes pero pequeños de exporta-
ciones de azúcar refinada, especialmente con el ingreso
al mercado internacional de la producción boliviana.
La producción de algodón en fibra, ha perdido impor
tancia por la sustitución en los países consumidores de
esta fibra por la sintética. Similar situación presenta
la exportación de cacao, tan importante en el pasado
para países como Ecuador, cuando constituía una de sus
principales exportaciones.

81
Cuadro

AREA ANDINA: EVOLUCION DE LAS EXPORTACIONES


E IMPORTACIONES AGRICOLAS. 1970, 1975, 1980

1970 1975 1980

Exportaciones agrícolas (miles de T.M.) 2 834.7 3 224.2 3 236.8


Importaciones agrícolas (miles de T.M.) 2 140.4 3 332.5 4 911.1

Indice de Precio Exportaciones Agrícolas 100.0 166.8 369*3


Indice de Precio Importaciones Agrícolas 100.0 267-2 303.7

Fuente: FAO, Anuario de Comercio Exterior, 1976 y 1980. FAO, "Boletín


mensual de estadísticas", 1981.

La producción de café se concentra en Colombia, y


la de banano en Ecuador. La incidencia sin contrapeso
de las exportaciones de estos productos en el total, ha
hecho que Colombia y Ecuador sean los países con una
mayor integración al mercado mundial.
Cuadro 7

AREA ANDINA: PRINCIPALES EXPORTACIONES AGROPECUARIAS


(En miles de dólares)

1970 1975 1980

Café 577 994 813 727 2 531 394


Banano 102 827 182 519 346 426
Azúcar a/ 93 758 414 962 293 460
Algodón fibra 87 278 158 916 195 530
Cacao b/ 31 957 83 920 116 718
Total 893 814 1 654 044 3 483 528

Fuente : FAO, Anuario de Comercio, 1980, 1976.


a/ Incluye: azGcar equivalente en bruto
b/ Incluye: grano, polvo, pasta y manteca.
En cuanto a las importaciones de origen agropecuario,
su efecto se refleja en un aumento progresivo de importa-
ciones de productos considerados básicos, como es el trigo,
el aceite y la leche. Esta creciente dependencia se tras-
lada también a los requerimientos de la actividad agroin-
dustrial, cubierta cada vez por mayores volúmenes de
importaciones, tales como el maíz y el sorgo.

82
Cuadro

AREA ANDINA: PRINCIPALES IMPORTACIONES AGROPECUARIAS


(En miles de dólares)

1970 1975 1980

Trigo a/ 117 096 331 220 593 043


Leche b/ 26 011 90 512 167 637
Aceites cj 23 591 145 857 180 746
Sorgo 9 169 70 113 119 840
Maíz 8 059 64 110 376 857

Total 183 926 701 812 1 438 123

Fuente: FAO, Anuario de Comercio, 1980, 1976.


a/ Incluye: trigo y harina de trigo en equivalente de trigo.
b/ Incluye: leche fresca, condensada y en polvo.
cj Incluye: aceite de soja, algodón, maní, oliva, palma, linaza,
copra y ricino.

Al tomar el conjunto de países, el saldo de la


balanza comercial agropecuaria ha sido para todos los
años comprendidos entre 1970 y 1980 de carácter favorable.
Sin embargo, podría en el futuro pasar a ser abiertamente
desfavorable, si se considera la evolución reciente que
registra el comercio exterior agropecuario de cada uno
de estos países, traducido en un lento crecimiento de
las exportaciones y un crecimiento sostenido de las
importaciones.
Colombia, y en menor grado Ecuador, son los países
que exhiben un saldo favorable en el comercio exterior
agropecuario, no obstante los problemas que vienen afron-
tando en su expansión cafetalera y bananera. Venezuela
y Bolivia registran importaciones agropecuarias por un
valor cada vez mayor que el de sus exportaciones. Hasta
I9791 Perú mantenía saldos favorables, pero durante los
últimos años su balanza se ha vuelto desfavorable.
Los efectos del comportamiento de las exportaciones
y principalmente de las importaciones se manifiestan
también en las condiciones cada vez más adversas del
abastecimiento interno, si se considera como desfavorable
la creciente incidencia de las importaciones.

83
Cuadro

AREA ANDINA: IMPORTACIONES Y EXPORTACIONES DE PRODUCTOS


AGROPECUARIOS. 1970, 1975, 1980
(En millones de dólares)

Exportaciones Importaciones

1970 1975 1980 1970 1975 1980

Bolivia 8. 1 63,,2 103,,4 34.7 80,,7 136,,7


Colombia 587,.4 1 090,,8 3 028,,3 81.1 151,,8 454,,2
Ecuador 175,.8 322,,7 654,,3 19.4 83,,5 202,,6
Perü 177,,5 434,,6 293,,2 125.5 390,,1 578,,2
Venezuela 43,,3 64,,9 63,,3 200.8 698,.7 1 616,.5

Total 1 002,,1 1 976,,2 4 142,.5 461.5 1 404,.8 2 988,.2

Fuente: FAO, Anuario de Comercio, 1980, 1976.

Los antecedentes indican que la producción agrícola


nacional ha sido durante estas últimas décadas él compo-
nente principal del abastecimiento de alimentos y materias
primas agrícolas, pero que tomada en términos per cápita,
ésta resulta apenas suficiente.
Es así como durante este período, la contribución
de los productos agrícolas importados para atender los
déficit crónicos o coyunturales del abastecimiento total
de estos países, ha variado de 3 a 6$. Al mismo tiempo,
la producción agrícola destinada a la exportación ha
disminuido desde un 13 a un 11$.

84
VI. MODERNIZACION Y CONDICIONES DE LA TECNOLOGIA

La agricultura de los países andinos no es la misma que


hace dos décadas. Su evolución queda registrada en los
volúmenes de producción alcanzado, pero además se mani-
fiesta en el cambio significativo de las bases de su
crecimiento.
Han habido notables avances en materia de uso de
fertilizantes y pesticidas, semillas mejoradas, utiliza-
ción de maquinarias, y desarrollo de nuevas formas de
producción más eficientes con la participación de un
reducido pero importante sector de productores de tipo
empresarial. El carácter de la participación del Estado
en el sector agropecuario se suma también a estas grandes
diferencias, no sólo por sus aportes en recursos sino
además por la tendencia creciente a participar en el
acopio, la exportación o importación de insumos y produc-
tos básicos.
Los antecedentes y cuantificaciones correspondientes,
señalan, sin embargo, que aún son múltiples los problemas
pendientes. Todo indica que los esfuerzos en materia de
utilización de insumos e innovaciones tecnológicas son
todavía insuficientes.
En el caso de los fertilizantes, se concluye que
alrededor de un 75$ de la tierra cultivada presenta
niveles medios de fertilización por debajo de 50 kg. de
nitrógeno, fósforo y potasio, siendo los estándares para
países con más desarrollo de 300 kg. por hectárea. Los
países del área tienen ía materia prima para la producción
de estos fertilizantes, con la excepción del potasio, no
obstante, el nivel alcanzado por la oferta interna es aún
limitado.
Las semillas mejoradas y plantas seleccionadas, han
aumentado en su utilización, pero se producen en canti-
dades insuficientes y su distribución no ha resultado la
más adecuada, generando concentración en los sectores más
modernos de la agricultura.
La información respecto al uso de maquinaria de
estos países, es considerada incompleta, pero las estima-
ciones indican que han tenido un incremento igualmente
inadecuado para el nivel de las necesidades correspon-
dientes.

85
Cuadro 10

AREA ANDINA: MEDIOS DE PRODUCCION AGRICOLAS

Trilladoras Fertilizantes aj
Tractores Consumo por ha
Cosechadoras
(unidades) arable (kilSgramos)
(unidades)
1970 1979 1970 1979 1970 1978

Bolivia 355 750 143 211 0.8 1.3


Colombia 22 780 27 500 1 400 2 050 24.0 48.7
Ecuador 3 133 5 650 397 650 5.6 26.9
Perú 10 902 13 600 - - 40.0 37.4
Venezuela 19 200 37 000 1 300 3 000 4.9 36.7

Fuente: FAO, Anuario de Producción, 1980.


a/ Incluye: fertilizantes nitrogenados, fosfatados y potásicos.

86
VII. CONCLUSIONES

El área andina compuesta por los países de Bolivia,


Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela representa el 20%
de la población total de América Latina, de la cual el
36$ corresponde a población rural.
Esta población rural sigue sometida a fuertes
presiones migratorias desde el campo a la ciudad, acen-
tuando el proceso masivo iniciado en décadas pasadas.
Amplios sectores rurales de villorrios y poblados han
sido urbanizados y elevadas las condiciones sociales
del agro, sin embargo, subsisten condiciones de extrema
pobreza y generalizado desempleo.
La actividad agropecuaria se desenvuelve dentro de
una proporción de tierra arable que varía muy poco en
extensión y las tierras para cultivo permanentes se
mantienen casi estacionarias. La frontera agrícola se
ha ampliado sobre terrenos forestales y montes abiertos
no siempre seguida de una adecuada reforestación. La
tierra destinada a la ganadería se ubica dentro de las
praderas naturales y compite en su uso con la producción
agrícola.
Los resultados en términos de producción se tradu-
cen en un crecimiento promedio de durante los últimos
veinte años, que no resulta insatisfactorio pero sí
inestable en ciclos muy marcados por las condiciones
generales de la economía interna y del mercado interna-
cional.
La producción agropecuaria es principalmente de
origen agrícola, con la ex-cepción de Venezuela que tiene
una importante producción pecuaria. La producción es muy
concentrada y se centra fundamentalmente en arroz, maíz
y papa, con una diversificación de mayor envergadura en
países como en Ecuador que además tiene gran producción
de banano y cacao, y en Colombia de café y carne vacuna.
La producción agropecuaria está dirigida al consumo
interno y de modo importante al comercio internacional.
En períodos recientes también se ha destinado a la
actividad agroindustrial.

87
Estos paises del área andina son grandes exportado-
res de productos agropecuarios, en especial café y banano.
Hay, por otra parte, un importante abastecimiento interno
cubierto con importaciones de alimentos básicos tales como
trigo, aceite y leche.» Ambos movimientos concluyen en una
balanza comercial de productos agropecuarios favorables
para los países del área, pero sus importaciones y expor-
taciones registran tendencias que la hacen cada vez metios
propicia.
El desarrollo de la actividad agropecuaria no ha
sido impermeable a las nuevas formas de producción, al
uso de tecnologías .y a los aportes estatales y deben
gran parte de sus resultados a estofe aportes e innovacio-
nes.
En suma, la región andina está compuesta por una
población que ha participado activamente en la producción
agropecuaria, a pesar de los graves problemas pendientes
con origen muchos de ellos más allá del propio sector
pero a su vez de enormes potencialidades.

Notas

2/ Estimaciones empleando como base estudios sobre


Pobreza Crítica realizados por CEPAL, para los años
alrededor de 1970.
2/ Reconociendo las dificultades metodológicas de
tal medición, PREALC estima que para 1980 el 70% de la
PEA agrícola de estos países, estaría subempleada.
Estimaciones según estadísticas de la FAO,
Anuario de producción, 1980.
kj Según estadísticas elaboradas por CEPAL, de
acuerdo a fuentes oficiales.
5/ Según estimaciones de JUNAC.
0/ FAO, Anuario de producción, 1980.

88
COMUNIDADES CAMPESINAS ANDINAS Y
PROCESOS DEMOGRAFICOS
COMUNIDAD ANDINA, GESTION DE RECURSOS Y
DIFERENCIACION SOCIAL

Este estudio fue realizado por John Durston, experto de


la División de Desarrollo Social de CEPAL.
I. LA COMUNIDAD ANDINA COMO RECURSO INSTITUCIONAL
PARA EL ECODESARROLLO EQUITATIVO

El planificador o el científico social sin experiencia


directa de la realidad andina escucha con escepticismo
las discusiones sobre la sociedad y la cultura indígenas
-las relaciones de parentesco en el allyu, la ideología
quechua, etc. ¿No se tratará simplemente de un "indi-
genismo" romántico que existe sólo en la imaginación de
algunos intelectuales, o de un "presente etnográfico"
recopilado por antropólogos de los cuentos de viejos
informantes que recuerdan algo ya destruido? Pero la
más breve observación directa de la realidad andina
sugiere, y la investigación empírica rigurosa confirma,
que "lo indígena" es un fenómeno real, actual y vigente
en cuanto al funcionamiento de sistemas sociales, econó-
micos y culturales propios.
Por otra parte, a un nivel más general de análisis,
parece cada vez más seguro que "a estas alturas del
desarrollo capitalista en el mundo, no es posible suponer
la existencia real de modos precapitalistas de producción
articulados con el capitalista" (Esteva 1978:703). Es
decir, los campesinos de América Latina, incluidos los
de las comunidades indígenas de las zonas altas andinas,
ya están integrados corno campesinos (adaptados y reade-
cuados) en la economía mundial moderna.
Pero las comunidades andinas representan una forma
muy particular de campesinado, que vive en un ecosistema
también particular por lo difícil y precario. ¿Por
cuánto tiempo más puede mantenerse la comunidad andina
de altura como sistema íntegro y coherente, con qué
estrategias adaptativas y con qué costos?
El argumento central de este trabajo es que las
variantes de la organización andina autóctona constituyen
un estilo válido (no una "tradición" rígida o anticuada)
de gestión de recursos e s c a s o s . E n primer lugar, la
organización andina de la producción agrícola basada en
la coordinación a nivel comunal del manejo de varios pisos
ecológicos de altura, es eficiente en el uso de la fuerza
de trabajo humano, económica en el uso de energía y capi-
tal, y equitativa en su sistema de distribución entre la
población actual y entre ésta y las generaciones futuras.

93
En años recientes, por otra parte, la transformación
de las formas de integración de las comunidades andinas de
altura con el sistema social más amplio se ha acelerado
bruscamente. Algunos aspectos de la organización andina
prometen contribuir a que esta transformación inevitable
sea dirigida para crear términos más justos de intercambio
con los sectores sociales favorecidos por la modernización
capitalista, para frenar la concentración de los bene-
ficios del desarrollo en manos de una pequeña fracción
del campesinado, y para conservar o recuperar los ele-
mentos fundamentales de la cultura autóctona que, adapta-
dos a las nuevas condiciones y a los nuevos recursos no-
agrícolas, pueden ayudar a asegurar que las economías
campesinas andinas contribuyan a y participen en un
proceso de desarrollo nacional equitativo y responsable
a largo plazo.
Nuestro interés se concentra en los grupos humanos
que habitan los dos o tres pisos ecológicos más altos de
ocupación productiva en la zona andina: el de los pasti-
zales altos de puna o páramo, con rebaños de llamas,
ovejas, etc.; más abajo, la franja donde predomina la
papa, acompañada por oca, olluco, mashua, melloco, quinoa,
tarwi, etc.; seguido (alrededor de los 3 000 metros) por
cebada, habas, ganado vacuno, animales de corral, y los
comienzos de las zonas de maíz y hortalizas. Queremos
analizar estas comunidades de altura, en particular, por
la gravedad de su pobreza (en cuanto a la baja produc-
tividad de sus recursos y de los ingresos que logran);
por la crisis en que ha entrado el ecosistema humano en
muchas de ellas; y, por otro lado, porque su relativo ais
lamiento ha ayudado a conservar los elementos fundamen-
tales de la organización andina de la agricultura. Enfo-
car el problema del desarrollo social andino desde la
perspectiva de los campesinos indígenas de altura no
significa, sin embargo, excluir de consideración a las
comunidades de los fértiles pisos de valle, dedicadas
al cultivo de maíz, hortalizas con riego, ganadería
intensiva, frutales, comercio, etc. Al contrario, las
relaciones de intercambio entre los dos grupos constitu-
yen un elemento esencial del cuadro que analizamos. Lo
que es más, la ruptura o distorsión actual de sus rela-
ciones complementarias está al centro del problema de
diferenciación y extracción que tipifica el estilo de
modernización rural predominante en la zona, el cual a
su vez ha determinado la crisis de la organización andina
de recursos agrícolas.
. En los últimos años se ha puesto algo de moda el
enfatizar el faccionalismo y familismo que dividen al
campesinado andino, y el desmistificar el grupo local
indígena en cuanto-a sus hipotéticos aspectos comunita-
rios o colectivos. Por esto mismo, en este trabajo hemos
94
querido concentrarnos en distinguir y analizar aquellos
elementos genuinamente comunitarios del campesinado de
altura, que son específicos a la organización socio-
cultural andina, y que pueden servir de recurso para el
ecodesarrollo equitativo en estas zonas.

95
II. LA GESTION SOCIAL DE RECURSOS Y EL IDEAL ANDINO
DE ORGANIZACION

1. La gestión social de recursos

Entendemos por este término el manejo planificado de los


elementos utilizados en la producción económica en un
marco más amplio que el de la familia nuclear -es decir,
por un conjunto social, sea éste un grupo de parientes,
una comunidad, o un gobierno. Utilizamos la palabra
"recursos" en el sentido amplio de cualquier cosa mane-
jable para propósitos de producción económica, incluyendo
no solamente los recursos naturales sino también los
seres humanos como fuerza física y como gestores, los
instrumentos manufacturados, la tecnología y la informa-
ción, la culuura como ideología y principio de organiza-
ción social y el capital en la forma específica de dinero
o crédito. (Cf. Valero 1978, Colomés 1981).
En el estilo de gestión social actualmente vigente
en la mayoría de las comunidades andinas de altura,
mantienen una importancia sorprendente los principios de
organización desarrollados en los períodos pre-incaico
e incaico. Estos han mantenido su validez adaptando y
recombinando sus diversos elementos esenciales y formales,
a través de la colonia, del auge de hacienda, y de la
expansión de la economía de mercado. Este hecho de la
persistencia de los principios fundamentales de la orga-
nización andina nos obliga a adoptar aquí una visión
dinámica de la cultura, no como un sistema que exige un
equilibrio sino como una estrategia dialéctica de super-
vivencia. Los grupos humanos seleccionan experimental-
mente valores y formas institucionales de su propia
herencia, combinándolas con elementos nuevos o introduci-
dos. Logran así la flexibilidad necesaria para seguir
sus objetivos y principios fundamentales frente a condi-
ciones objetivas en constante cambio (Cf. Muratorio
1981:55 y 57).
En la comunidad andina, un objetivo primordial
perseguido por la estrategia cultural de la organización
andina es el de asegurar la supervivencia a través del
aprovechamiento máximo del tiempo de trabajo disponible

97
durante el año agrícola, planificando y coordinando su
utilización en los ciclos traslapados de varios cultivos.
Esto se hace factible en contextos de "microverticalidad"
donde hay varios pisos ecológicos en proximidad cercana,
controlados por un mismo grupo humano (ver Golte 1980).
En el aspecto socio-cultural, esta coordinación en la
gestión de recursos naturales y humanos se logra a través
de los principios centrales de solidaridad y reciprocidad,
basados en los lazos de parentesco en la pequeña comuni-
dad y en el sistema de valores, creencias y prestigio
compartidos por los integrantes de una misma cultura.
Lo fundamental de la organización andina, entonces,
consiste en una relación hombre-naturaleza y un estilo
de organización socio-cultural muy particulares, altamen-
te adaptado al ecosistema local, y que permite una mayor
coordinación y una mayor productividad de lo que podrían
lograr familias campesinas trabajando en forma individual
en las mismas circunstancias. En cuanto al primer aspec-
to, la gestión de los recursos naturales, se ha señalado
(Golte 1980:27) que no se trata, como en los estilos de
desarrollo agrícola europeo, norteamericano o de otras
culturas campesinas, de transformar artificialmente a la
naturaleza actuando sobre ella y aplicándole una tecno-
logía basada en herramientas y fuentes de energía no
humanos. Bajo el estilo agrícola andino, más bien, el
hombre interactua con la naturaleza, logrando la trans-
formación simultánea de la organización social y del
medio a través de un conjunto de técnicas de domesticación
de plantas y animales, ubicando las numerosas especies
nativas en distintos hábitat locales, transformándose
éstos últimos a la par con las técnicas de cultivo adap-
tadas a las condiciones específicas del caso. Este
estilo de organización productiva suele ser ahorrativo
en energía, relativamente eficiente en cuanto al rendi-
miento de los insumos utilizados, y seguro en cuanto a la
resistencia de las especies empleadas frente a los
riesgos del clima y de predatores naturales (Brush 1980).
La organización andina permite un aprovechamiento
del tiempo de trabajo disponible sin el cual muchas
partes de las zonas altas andinas no permitirían la sub-
sistencia humana. Así, se ha estimado que el monocultivo
de papa aprovecharía en el año solamente un 33% del
tiempo total de la mano de obra de los trabajadores
requeridos en el período peak de cosecha, y para el
monocultivo de maíz (en el piso ecológico contiguo) el
aprovechamiento de las jornadas disponibles en el año
sería de un k-9%. Pero como los ciclos de tareas de
estos dos cultivos no son•idéntico s, su manejo combinado
permite aumentar el aprovechamiento del tiempo de trabajo

98
a más del 57%» en el caso empírico de la provincia de
Antapampa en el sur del Perú (Golte 1980:39)• La impor-
tancia real de la organización social andina en el uso
de la fuerza de trabajo se puede apreciar mejor teniendo
en cuenta dos aspectos adicionales: primero, que los
ciclos de cultivos combinados en una comunidad no son
sólo dos sino en algunos casos hasta 18; por otra parte,
en el caso hipotético de un control coordinado de toda la
tierra de una microrregión (situación a la cual se acer-
caba en el período preconquista), la combinación óptima
de terrenos dedicados al maíz y a la papa permitiría
aumentar el aprovechamiento del tiempo de trabajo anual
a un 73.3% (Golte 1980: 41 y ^5).

¿. Comunidad, parentesco y gestión

Tanto la planificación del uso de la tierra en distintos


pisos para múltiples cultivos como la coordinación del
trabajo de distinta^ familias claramente requieren de
una organización social compleja.
Resumiendo, generalizando y simplificando la reali-
dad compleja para los propósitos de nuestro análisis, se
puede decir que la organización de las comunidades andinas
de altura se basa todavía (sea en forma intacta o bas-
tante transformada) en el allyu de la pre-conquista,
siendo utilizado el término hasta el presente por los
habitantes mismos en muchos casos. El allyu (o grupo de
parentesco como la llacta o "pueblo") es esencialmente
un grupo social local de raíces preincaicas organizado
en base a principios de descendencia. Es un conjunto de
instituciones que conforman, en la comunidad tradicional,
un "todo" coherente cuya organización y cuyos principios
de parentesco, de reciprocidad, de ideología y de pres-
tigio entran en juego en la mantención de un cierto grado
de equilibrio del ecosistema.
Es el grupo de descendencia local, de los que se
identifican como hijos de los pobladores originales del
lugar, el que define los límites entre los miembros
legítimos de la comunidad y los "foresteros". Ella con-
fiere derechos y responsabilidades sobre el uso de la
tierra, del agua, y del trabajo comunales y sobre la
participación en la gestión social de estos recursos.
Muchos recursos manejados actualmente en forma
asociativa son esenciales para la supervivencia del
allyu en conjunto y de cada empresa familiar campesina
individual. Abarcan, de un lado, zonas de pastoreo en
los pajonales de altura, sistema de riego, andenes y
terrazas en los cerros; y, de otro lado, formas coordi-
nadas de cultivo, rotación y barbecho de los predios
usufructuados tanto en forma colectiva como particular.2/

99
La gestion de estos recursos comunales -el acceso de
rebaños particulares de ovejas y alpacas a los pastizales,
el suministro de agua a distintos usuarios, la mantención
de los andenes, la planificación anual de la rotación de
cultivos- es llevada a cabo actualmente a través del
trabajo comunal (Mink'a, minga) regido por instituciones
culturales de origen tradicional que, a su vez, operan
según principios de descendencia y de prestigio.
La mayoría de las comunidades actuales tienen nume-
rosas generaciones de existencia con los mismos grupos
familiares, descendientes de los fundadores. Además, en
la práctica, los fundadores de un grupo local suelen estar
emparentados entre sí, teniendo generalmente un ancestro
cercano común. La mayor parte de los casamientos se
realizan entre familias de la misma comunidad, y hay
varios casos de personas que enviudan y se casan de nuevo
(ligando a tres o más familias en vez de dos). En conse-
cuencia, hay dos aspectos fundamentales de la descendencia
en el allyu: primero, que cada individuo de la población
actual desciende directamente de varios de los pobladores
originales; y, segundo, que todos los individuos de las
generaciones actuales son parientes (en algún grado)
entre sí. El primer aspecto, el de la descendencia
cognática o "omnilineal" (Casaverde 1978) define la per-
tenencia al grupo local y confiere derechos (y deberes)
a participar en la toma de decisiones y en la gestión,
usufructo y herencia de los recursos comunales. El
segundo aspecto, el de los lazos de parentesco que unen
a todos los miembros de una comunidad en una clase de
"familia" difusa, es una de las bases de su solidaridad
frente a otras comunidades y a otras capas de la sociedad,
y por encima de los conflictos particulares de intereses
entre sus propias familias componentes.
Examinemos más en detalle la relación entre descen-
dencia y gestión de recursos que opera en la mayoría
de las comunidades andinas de altura. Los principios de
descendencia en estas comunidades constituyen reglas
flexibles, que llevan a tendencias estadísticas en el
grupo más que a modelos rígidos. Esta flexibilidad hace
posible la supervivencia de la comunidad. Asi, el
derecho a los recursos comunales es transmitidos prefe-
rentemente por descendencia patrilineal, pero un comunero
con sólo hijas a veces puede transferir sus derechos,
a través de ellas, a sus yernos.
Estos principios o preferencias tienden a ser
interrelacionados en forma coherente. Así, por ejemplo,
una comunidad grande y con muchos recursos podría combi-
nar la herencia igualitaria entre hijos e hijas con endo-
gamia para mantener los recursos "en la familia", mientras
que una comunidad pequeña se vería obligada a tender a la

100
exogamia para conseguir esposas de edad a d e c u a d a , y
tendería a la herencia patrilineal para mantener el
control de sus recursos comunales e individuales.
En una comunidad andina típica, los hijos varones
de comuneros llegan a ser también comuneros, rëemplazando
a sus padres en la asamblea comunal cuando éstos mueren.
Este ingreso es un proceso gradual, empezando cuando el
hijo se casa (y frecuentemente hereda anticipadamente
parte de la tierra patrimonial) y paga un derecho, en
dinero o en licor, para una fiesta comunal. En adelante,
deberá participar en las faenas comunales y mink'as para^
mantener, administrar y mejorar los recursos comunales
y asistir a las asambleas de todos los jefes de familias
de la comunidad. Sólo alcanza el status de comunero
"pleno" después de haber desempeñado cargos civiles y
religiosos de mayor importancia. En algunas comunidades,
cumplidas estas etapas, se entrega al comunero, en
"dádiva", un terreno que no puede ser enajenado pero que
puede ser dejado en herencia a su hijo varón (o, en su
ausencia, a un yerno de la misma comunidad) (Casaverde,
1978). En otras palabras, el acceso a más tierra "parti-
cular" se logra no a través de la acumulación empresarial
sino en reconocimiento del servicio rendido por el indi-
viduo a la comunidad.

3. Afinidad y la organización del trabajo

La pertenencia a una red de parientes que constituye la


base de las relaciones de trabajo recíproco (conocido
como ayni, maqui, mañachi, randimpac, nunti, etc., según
la forma específica de organización y el dialecto local)
se basa en un principio de parentesco muy particular.
Para empezar, está centrado no es un ancestro común sino
en cada individuo (ego) de la población actual (para
nuestros propósitos, en cada jefe de familia nuclear).
Cada uno, entonces, tiene su parentela (kindred: todos
los parientes vivos reconocidos por ego). Lo único que
tienen en común los integrantes de este grupo es su paren-
tesco con ego; y cada individuo pertenece a las parentelas
de varios jefes de familia. La totalidad de parentelas de
los jefes de familia de un grupo local, entonces, puede
visualizarse como redes en forma de telaraña, con un jefe
de familia al centro de cada una, y que se traslapan y se
interpenetran. Este principio de parentesco evidente-
mente tiene un potencial integrador y movilizador, espe-
cialmente desde la perspectiva de la familia nuclear
individual.

101
De su parentela y de la de su cónyuge cada jefe de
familia recluta anualmente su "grupo de trabajo ampliado"
(CONADE 1981), o "grupo de afinidad" (Ramón 198la:97).
Los integrantes especificos de este grupo de trabajo serán
seleccionados de las dos parentelas conyugales de acuerdo
a consideraciones prácticas (cercanias de residencias o
terrenos, necesidades complementarias, amistad, etc.).
En contraste con la mink'a comunal, son arreglos de ayuda
mutua para labores agropecuarias que no puede cumplir la
familia nuclear sola (siembra, cosecha, esquila de ovejas,
etc.), pero que guardan relación con su producción indi-
vidual. Estos grupos suelen estabilizarse a través de los
años, ya que la relación diádica entre ego y cada miembro
de su grupo de trabajo se refuerza con cada intercambio
recíproco difuso -cada vez que le "devuelve la mano" a su
pariente o le entrega parte de su cosecha- y se solidifica
a través del parentesco ficticio o ceremonial que es el
compadrazgo.
El principio de reciprocidad se manifiesta princi-
palmente en el intercambio de mano de obra en la agricul-
tura y de productos alimenticios. El valor de los ele-
mentos intercambiados no se calcula con precisión, sino
en forma difusa y no inmediata. Tiende a haber una redis-
tribución de un valor adicional compensatorio a las fami-
lias jóvenes y pobres, a los ancianos que años atrás
sacrificaron parte de su propia producción para el bien
estar de sus hijos, y para las familias nucleares que
sufren alguna calamidad (muerte adulta, enfermedad pro-
longada, mala cosecha, etc.) (CONADE 1981).
El parentesco, entonces, subyace en la comunidad
andina en dos principios organizativos. La descendencia
da una identidad común al grupo local que promueve la
solidaridad en el uso de recursos comunes y la base de
una autoridad jerárquica organizadora de la gestión fun-
damental de tierra, agua, ganado y fuerza de trabajo y
redistributiva de sus frutos. La red ego-centrada de
lazos interpersonales hace posible la reciprocidad en el
trabajo, permitiendo realizar tareas productivas de la
unidad doméstica que trascienden su capacidad,propia, y
también contribuye a la organización de la redistribución
de alimentos y ayuda a nivel de familias e individuos.
Como señala Golte (1980:53-56), hay tres formas
posibles de ampliar estos principios de estructura comu-
nal a la organización del cultivo multicíclico: l) la
organización colectiva de trabajo y distribución a nivel
del grupo social local; 2) la organización por unidades
domésticas individuales, cada una con varias pequeñas
parcelas en los diferentes pisos altitudinales; y 3) una
forma intermedia en que varias unidades domésticas
cercanas combinan para formar "subconjuntos sociales"

102
dentro los cuales se adscribe la organización del culti-
vo en cada piso a una familia o grupo de familias y hay
un intercambio de producto y de trabajo entre las unida-
des dèl subconjunto y entre éstos, basado en principios
de reciprocidad. Cada una de estas formas tiene ventajas
y desventajas frente a las exigencias específicas (a
veces contradictorias) de planificación eficiente, pro-
ductividad del trabajo, distribución equitativa, etc.,
que se presentan en distintos contextos reales. Sin
embargo, toda comunidad actual de organización andina
combina en distinta medida, principios e instituciones
de las tres formas. En algunas comunidades hay una fuerte
presencia de organización del grupo social total, con
trabajo comunal en tierras comunes o planificación y
dirección del cultivo, de la rotación, etc., en las tierras
familiares. En estos casos el poder de decisión, delega-
gación y redistribución tiende a ser concentrado o bien
en cargos rotativos como el varayoc (poseedor de la
"vara") o alcalde de la comunidad, o bien en la forma más
permanente de un cacique. La conducción por unidades
domésticas individuales es la forma predominante (aunque
no exclusiva) de organización en algunas de las comuni-
dades andina^ que se han integrado más a la economía de
mercado y al régimen de propiedad privada, asemejándose
a economías tampesinas en otras partes. En una propor-
ción muy alta de comunidades andinas son los subconjuntos
sociales o grupos de trabajo ampliado, basados en las
parentelas de los jefes de familia de mayor prestigio,
los que juegan un papel predominante, tanto en el inter-
cambio de trabajo y productos entre unidades domésticas
como en la conducción de la gestión comunal:
"El agrupamiento de las familias nucleares para
conformar un grupo de afinidad natural generalmente
se produce alrededor de una familia 'acomodada'
que constituye el tronco. La familia 'tronco'
es la que concentra una mayor capacidad de deci-
sión, reconociéndose, sin embargo, una alta
democratización que aumenta cuando más pobre
es el grupo... La estrategia de supervivencia,
si bien descansa -y por eso la alta democrati-
zación- en cada familia nuclear, tiene su
complementariedad y reciprocidad en todos los
miembros del grupo... La comuna se conforma,
entonces, de varios núcleos de afinidad... la
dirección comunal se estructura con el consenso
de todos sus grupos, y las diferencias insupera-
bles traen como consecuencia la formación de otra
comuna. Generalmente, la dirección comunal es
ostentada por el grupo de afinidad más consoli-
dado..." (Rhon y otros 1981:1^9-150).

103
k. Cultura y gestión

Para que la productividad alcance niveles adecuados, en


las duras condiciones andinas, ha sido necesario imponer
un alto grado de organización comunal a los intereses de
las unidades domésticas individuales. No obstante,
siempre están latentes varios conflictos potenciales entre
familias nucleares. Las diferencias de productividad
entre los pisos altitudinales adscritos a una y otra
familia, diferencias en salud, edad, número de trabaja-
dores activos, etc., llevan a que algunas familias deseen
ejercer mayor control sobre su propio producto, y también
estimulan diferentes preferencias en la opción entre
diversas estrategias policíclicas posibles. Aunque la
organización andina beneficia a todos, potenciando su
capacidad productiva al planificar y coordinar los recur-
sos disponibles, hay también importantes elementos cultu-
rales que cohesionan a la comunidad, reforzando las
estructuras y relaciones productivas en contra de las
tendencias de ruptura y de "familismo amoral". Se ha
señalado, por ejemplo, "el carácter ritual del trabajo
colectivo" y del intercambio; "la deificación de la
unidad entre pobladores y naturaleza... la acentuación
de la comunidad como algo que se antepone al individuo
y... la referencia continua de un origen y antepasados
comunes" (Golte 1980:8l). Sobre todo, es transmitida
de una generación a otra una ética'de responsabilidad
del individuo hacia su grupo de descendencia comunal, la
cual es reforzada a su vez por elementos ideológicos y
de prestigio.
Para la mayoría de los grupos sociales la visión
del mundo compartido por sus integrantes incluye un
elemento religioso, con entes o fuerzas sobrenaturales,
que dirigen los asuntos del universo según su propia
lógica, y que generalmente son accesibles al hombre a
través de conductas especiales de comportamiento y comu-
Hcación. Los campesinos andinos obviamente están ubi-
caaos dentro de esta tendencia general. Parte de su
estrategia de minimizar el riesgo en su producción agrí-
cola, por ejemplo, involucra acciones para lograr la
intercesión favorable de las fuerzas sobrenaturales que,
ellos creen, controlan a la naturaleza y a los hombres.
En el allyu como en otras comunidades campesinas
de América Latina, el acceso del individuo a las fuerzas
sobrenaturales es controlado, en la religión sincrética
Católico-folk, por un sistema de cargos oficiales ocupa-
dos temporal y cíclicamente por los hombres mayores de la
comunidad. La jerarquía de cargos (de menor a mayor
importancia y poder) es el principal indicador de la escala
de prestigio en la comunidad, por el conjunto de elementos

104
de éxito que simboliza: el contacto directo con las
fuerzas sobrenaturales de que gozan; el éxito económico
necesario para los gastos ceremoniales involucrados; la
aceptación social detrás de la nominación de un "buen
vecino" para ocupar un cargo; y la contribución realizada
al bienestar del grupo a través de la gestión responsable
de recursos asociados con el desempeño de los cargos.
El prestigio es un importante factor de motivación
en la comunidad andina, basado en una combinación equili-
brada de poder y de cumplimiento de las normas de conduc-
ta establecidas en la ideología social del grupo. Son
estas normas las que hacen que ocupar un cargo, lejos de
ser una competencia entre individuos ambiciosos de poder
y prestigio, sea más bien el cumplimiento de una respon-
sabilidad profundamente sentida y sancionada positiva y
negativamente por el grupo social. El joven que emigra
temporalmente a la ciudad, y que no desempeña la secuen-
cia normal de cargos de responsabilidad creciente, no
sólo debilita sus derechos de usufructo de recursos comu-
nales y de la tierra adscrita a su familia, sino también
sufre el ostracismo de sus pares por haber "abandonado"
sus obligaciones para con su comunidad (Casaverde 19?8:28).
Para el nombramiento anual del varayoc, por ejemplo, no
se postulan "candidatos", sino más bien la asamblea de
los jefes de familia de la Ilacta (pueblo de nacimiento)
determina quienes reúnen las condiciones económicas, de
edad y de experiencia para que se les exija correr con la
responsabilidad y el gasto de tiempo y de dinero que
significa desempeñarse como varayoc durante un año. Sólo
después de este servicio puede considerarse un hombre como
"ciudadano pleno" de su llacta. De este modo, gran parte
del prestigio asociado a los cargos de mayor responsabi-
lidad se debe a que esos individuos han cumplido exito-
samente con la pesada y difícil tarea de manejar los
recursos y organizar el trabajo y las relaciones sociales
para beneficio de la comunidad.
Así, todos los hombres de la comunidad llegan a
considerarse taitas respetados en sus años maduros, en
parte por haber entregado una proporción importante de
los frutos de su trabajo durante muchos años a los inte-
grantes de las generaciones más jóvenes. Pero algunos
son más taitas que otros; y los hombres de mayor presti-
gio tradicional suelen ser los patriarcas de familias
grandes y prósperas.
Es un lugar común groseramente simplificado el que
los campesinos quieren muchos hijos sólo por motivos de
prestigio machista y para mantenerlo en su vejez (Durston
1982). En primer lugar, un padre que combina su fuerza
de trabajo con la de sus hijos adolescentes y adultos
puede lograr ahorros que le permitan acumular más capital

105
(tierra, ganado, implementos). También, el prestigio
de patriarca no reside en tener muchos hijos, sino en
tener muchos hijos bien criados: que son "buenos hijos",
buenos maridos y padres, buenos vecinos, buenos agricul-
tores, buenos comuneros, etc. El hombre de mayor pres-
tigo, entonces, es jefe de esta clase de familia; es un
buen empresario con muchos recursos, pero que consume
moderadamente, ayudando a aquellos miembros de su paren-
tela que no logran cubrir las necesidades de su consumo;
desempeña cargos comunales costeando fiestas y dedicando
su tiempo y sus habilidades al bien común, mediante el
buen manejo de los recursos comunales y de las relaciones
con el sector dominante y con las entidades sobrenatura-
les. Estas relaciones y esta autoridad son usadas sólo
en forma mínima para su propio beneficio individual. Un
jefe de familiar que reúne estas cualidades y comporta-
mientos puede convertirse en un cacique de la comunidad;
si hay más de uno en la misma generación, puede llevar a
la creación de facciones, a la división de la comunidad
en dos mitades o, en combinación con otros factores como
la presión demográfica, a la segmentación y la creación
de un nuevo allyu.
Especialmente en las comunidades de altura, estos
principios de parentesco, ideología y prestigio han
persistido hasta la actual generación como las bases de
la gestión de recursos y de la organización social y
productiva. El aislamiento físico y la dureza del medio
contribuyen a esta perduración institucional y cultural.
En las alturas, la economía campesina suele tener un
carácter más comunal, privilegiando la garantía de auto-
consumo para todos en su estrategia productiva. Esto
parece guardar relación con los altos riesgos que encierra
la producción en este ecosistema (Ramón 198lb, p. 51 )•
Basta imaginar como la conciencia entre los campesinos
de la región del Titicaca de que la cosecha suele perderse,
por heladas o sequías, aproximadamente cada siete años,
(Browman 1980:151) debe influir en su opción de maxi-
mizar el control individual de la producción o de buscar
la seguridad de la subsistencia gestionada en forma
comunal. El poco interés que han tenido sus magros
recursos para el sector dominante, y el hecho de que el
manejo de rebaños trashumantes y la administración de
sistemas de riego y de otros recursos escasos imponen
cierto grado de organización y coordinación comunal,
también contribuyen a que se haya mantenido la gestión
social en base al grupo de descendencia y en la parentela.
La hacienda tradicional aprovechaba esta organización
para extraer excedentes a la vez que la encubría: los
campesinos indígenas ligados a la hacienda fueron asig-
nados- el status de huacchillero, huasipunguero, etc., de

106
de acuerdo a su relación productiva con aquélla, pero a
la vez organizaban su propia producción y consumo inter-
namente según sus lazos de parentesco, conformando comu-
nidades que resurgieron con la desaparición de la hacien-
da tradicional a raíz de la modernización capitalista y
con la reforma agraria.

5- Diferenciación en el modelo andino

En el modelo andino de gestión de recursos y de organi-


zación productiva, hay pocas posibilidades de fuertes
diferencias en cuanto a niveles de vida y relaciones
explotativas. La propiedad comunal de muchos recursos y
la organización social que dirige recursos familiares y
trabajo a beneficio general del grupo local, tienden a
evitar tanto la acumulación privada de medios productivos
como el desposeimiento de familias víctimas de una mala
fortuna. Por lo demás, la ética del grupo local de
descendencia que subyace la organización andina ayuda a
impedir que tal diferenciación ocurra: los valores de la
responsabilidad de todo individuo hacia el grupo y de
reciprocidad en la circulación de bienes y de trabajo,
constituyen fuertes sanciones en contra de intentos de
aprovechar cualquier ventaja relativa en el control de
recursos para establecer alguna relación explotativa al
interior del grupo.
Esto no significa, sin embargo, que una situación
de estratificación (de grados de diferencia) social y de
ingreso(Stavenhagen 1969:20) no pueda existir en el
modelo de organización andina. Además, desde épocas
precoloniales ha habido una transferencia de parte de la
cosecha a curacas y caciques locales. Pero éstos, al
igual que los varayoc y caciques actuales, derivaban sus
privilegios no de la posesión privada de medios produc-
tivos sino de la responsabilidad de sus puestos, de la
obligación de dedicarse a aumentar la productividad,
asegurar el bienestar futuro, y de redistribuir los
frutos del trabajo común en forma equitativa. Aun en
variantes actuales del modelo que contemplan la posesión
y acumulación de tierra arable por los jefes de familia,
el mecanismo de asignar tierras en usufructo a todos los
jefes jóvenes recién casados suaviza los posibles extre-
mos en la distribución. Por otra parte, donde la tierra
puede ser acumulada en forma privada por los taita de
mayor prestigio y habilidad a través de sus vidas, la
obligación de trabajarla solamente con mano de obra
familiar y ayuda recíproca en vez de una cantidad ili-
mitada de mano de obra asalariada, significa que la acu-
mulación tenga un limite.

107
Con raras excepciones, esta limitación práctica a
la cantidad de tierra que se puede cultivar en forma
privada significa que la acumulación se dispersa nueva-
mente- con la muerte del dueño. Esta diferenciación demo-
gráfica (Chayanov 1966) evita la formación de clases anta-
gónicas de terratenientes y desposeídos en la comunidad,
porque, como la acumulación se logra en gran parte gracias
al trabajo de numerosos hijos, el patrimonio se divide en
pequeñas partes a través de la herencia y del casamiento
de algunos de los hijos con hijas de familias menos
acomodadas.
Aunque los principios de responsabilidad, recipro-
cidad y redistribución aseguran que las diferencias de
bienestar en la comunidad andina sean relativamente peque-
ñas y no-permanentes, no debe perderse de vista el hecho
que la comunidad andina campesina se encuentra inserta,
desde tiempos pre-incaicos, en un sistema socio-económico
más amplio. En este sistema mayor (regional y nacional)
la comunidad se ha encontrado casi siempre relacionada
con grupos sociales más poderosos, y esta desigualdad ha
significado un proceso de extracción de recursos qye en
varias situaciones ha constituido una sobre-explotación.
La diferenciación más fuerte y de mayor duración,
entonces, es la que existe entre la comunidad andina de
altura y estos grupos dominantes. Si volvemos al con-
cepto de la organización andina como estrategia o estilo
de supervivencia, éste se ha visto en un proceso cons-
tante de readaptación, de realineamiento de sus formas
institucionales y principios culturales en respuesta a
cambios en las posibilidades y exigencias que el medio le
ha presentado en distintos momentos.

108
III. MODERNIZACION Y TENDENCIAS ACTUALES DE
DIFERENCIACION SOCIAL

1. Transformaciones seculares de la
organización andina

En la constante transformación y evolución del modelo de


organización andina, cambia también la importancia rela-
tiva de los tres principios formales de gestión de
recursos (colectividad, unidad doméstica y sub-conjuntos)
de acuerdo con las condiciones del momento y de la loca-
lidad. En la época pre-incaica, por ejemplo, predomina-
ban en muchas zonas pequeñas "señorías" micro-regionales,
en que desde ya se aprovechaba la complementariedad
natural entre los productos de las zonas altas, medias
y pisos de valle. Las principales autoridades políticas
tendían a asentarse en los pisos de valle donde contro-
laban las mejores cosechas de maíz, cuya importancia
primordial, tanto alimentaria como ritual, daba a estos
personajes cierto rango de privilegia. Sin embargo, el
principio organizador que primaba era la reciprocidad
entre unidades relativamente autónomas: "... el reclamo
de los "caciques" para movilizar a toda la llacta a
producir maíz, y su obligación de ofrecerles maíz proce-
sado, era una señal de rango sólo en el sentido de que
su red de relaciones personales abarcaba toda la pobla-
ción". (Solomon 1980:13^.) En las relaciones interregio-
nales también "varias llactakena... estaban vinculadas
por un tejido de alianzas simétricas y no jerárquicas",
reforzadas por la exogamia y varias formas de intercambio
ritual (Ibidem 212). Con el Incanato,obviamente, el
principio de autoridad jerarquizada del imperio compene-
traba la llacta local y primaba en las tareas de gestión,
organización del trabajo y redistribución. En la época
colonial, este principio de producción y redistribución
de productos es distorsionado por "su utilización como
mecanismo de apropiación para el grupo conquistador" a
través del aprovechamiento del trabajo comunal a favor de
la encomienda (Golte 1980:58-61). En los siglos siguien-
tes las comunidades evolucionaron formas compuestas de
manejo, en respuesta a la "cosecha" extractiva y

109
explotativa de su fuerza de trabajo y tierra por las
haciendas, adaptando sus ciclos de cultivo a las exigen-
cias de ésta (Ibidem;63). En algunos contextos los hacen-
dados lograban atomizar la comunidad en unidades domésti-
cas, clientes individuales de aquéllos; en otros, la
relación hacienda-minifundio pasaba por una estructura
comunal basada en los subconjuntos sociales conformados,
por ejemplo, por huasipungueros y sus familiares "arri-
mados".
En el último cuarto de siglo, sin embargo, los
procesos seculares de expansión de la economía capitalista,
del crecimiento demográfico, y de la penetración estatal se
han acelerado enormemente en la zona andina. Para la
comunidad andina, estos cambios han sido de signo mixto.
El ocaso de la hacienda tradicional, y algunas medidas
de reforma agraria, por ejemplo, han permitido el resur-
gimiento del principio comunal de gestión. En cambio, el
estilo de desarrollo rural capitalista y las políticas que
lo fomentan no sólo exigen una extrema flexibilidad a la
organización andina, sino que han puesto a prueba su
viabilidad misma.

2. Acumulación privada de recursos y diferenciación


[Link] en las comunidades andinas

Sea a través de la hacienda, sea a través del bodeguero-


prestamista de pueblo en el caso de los campesinos semi-
independientes, las comunidades campesinas andinas han
estado articuladas a la economía monetaria y mercantil
durante varias generaciones. Las exigencias que plan-
teaban estos vínculos para aumentar la entrega de cultivos
comercializables, y las posibilidades de mejorar el
consumo y/o la acumulación de capital familiar mediante
participación en el mercado, entre otras causas, aumen-
taron las presiones para privatizar los recursos comu-
nales, la tierra arable en particular.
En varias comunidades andinas las presiones asocia-
das con la integración a la economía mercantil llevaron
a que se vendiera tierra comunal a miembros individuales
de la comunidad misma, desde fines del siglo pasado
(Casaverde 1978; Golte 1980:71).
Los cambios actuales son, por un lado, resultado
de una aceleración de este proceso de privatización yj por
otro» del surgimiento de formas cualitativamente nuevas de
transferencia de excedente a los sectores dominantes. De
hecho, ambos procesos están íntimamente ligados. Eñ un
estilo de desarrollo que se puede calificar de neo-colo-
nialismo interno, los estratos urbanos favorecidos
promueven relaciones y mecanismos para obligar al campesi-
nado a proveerlos con alimentos a costos extremadamente

110
bajos. A través del sistema de mercados se organiza
esta transferencia extractiva cada vez más en base a la
actividad empresarial y la especialización comercial.
El mecanismo de precios estimula la actividad empresarial
a nivel de la unidad domestica campesina, y por consi-
guiente, la privatización de los recursos.
La incorporación de la comunidad andina al sistema
del mercado bajo el mecanismo de precios significa un
cambio en la valorización de sus productos comerciales.
En la organización andina para el autoabastecimiento, el
valor del producto se determina esencialmente por su
valor calórico, en relación al número de jornales que
requiere su producción, y por su complementariedad para
la organización óptima de varios ciclos agrícolas en
pisos ecológicos cercanos. El sistema de precios, en
cambio, asigna valores monetarios determinados fuera del
contexto local, en relación a la demanda efectiva ejer-
cida por grupos sociales urbanos diversos y a la oferta
nacional e internacional en un momento dado, que para
algunos productos pueden llegar a ser mucho más altas
que sus equivalentes calóricos. Inevitablemente los
precios diferenciales llevan también a unarevalorización
de los medios de producción, en especial de la tierra.
En la organización andina, diferencias en la produc-
tividad entre distintos pisos ecológicos o entre predios
de secano y los de riego, hacen que se requiera de toda
una superestructura cultural y una organización social
para equilibrar los intereses particulares de las dis-
tintas familias de una comunidad o microrregión. El
desequilibrio introducido por el mecanismo de precios
"... deja aflorar estas contradicciones" (Golte 1980:82),
ya que presenta un fuerte incentivo a la unidad doméstica
que puede ganar el control exclusivo sobre tierras de
aptitud comercial, para dedicarse al monocultivo de
productos, ya no para autoconsumo ni intercambio recí-
proco, sino para su venta. En los casos de los pisos
ecológicos más rentables, esta mercantilización ha signi-
ficado la pérdida para las comunidades indígenas de
parte de sus recursos de tierra y agua a los sectores
hispanoparlantes: en muchas zonas los pastizales aptos
para ovejas, las tierras de riego para hortalizas, y los
pisos de valle para ganadería lechera y frutales, han
sido retirados del circuito de intercambio campesino
recíproco y micro-vertical. Aun en los casos en que
parte de estas tierras haya sido recuperada por grupos
campesinos, son manejados como empresas separadas y no
se han reconstituido los sistemas verticales que bene-
ficiaban a todas las comunidades de una micro-región.

111
El crecimiento lento pero constante de la población
andina también ha tenido impactos directos y fuertes en
la gestión social de recursos. La presión creciente por
parte de algunos comuneros para la división y privatiza-
ción de recursos comunales se debe, en parte, a la per-
cepción y conciencia del aumento numérico de las nuevas
generaciones jóvenes; para un padre, la propiedad privada
es la única forma de garantizar a sus hijos un acceso
adecuado a los recursos cada vez menos abundantes. Del
punto de vista de los jóvenes mismos, la competencia por
los recursos se vuelve más aguda en todos los niveles.
Al mayor tamaño de su cohorte de edad se suma, en muchos
casos, una mayor esperanza de vida de los hombres
viejos. Los jóvenes inician su empresa familiar a aproxi-
madamente la misma edad que sus padres, pero su expecta-
tiva de una herencia definitiva se prolonga más; el
costo de la tierra privada local sufre una inflación con
los ahorros de numerosos migrantes que desean "recam-
pesinizarse"; y los cargos de prestigio y de responsabi-
lidad en el manejo de los recursos se hacen menos acce-
sibles por esta combinación de la mayor competencia entre
cohortes con la mayor longevidad de los viejos. Esta
falta de expectativas locales, mucho más que la atracción
de mayores ingresos en el empleo urbano y/o tropical, es
lo que lleva a algunas comunidades de altura a conver-
tirse en "verdaderos pueblos dormitorios" (CENCIRA 1980:13)
de campesinos semi-proletarios.
Otro aspecto de la integración al sistema "moderno"
urbano-industrial, algo más difícil de evaluar, es el
impacto de la cultura dominante. La mayor movilidad
geográfica de las nuevas generaciones de las comunidades
de altura, la expansión del sistema de comunicaciones; la
educación formal y la penetración del "marketing" y la
propaganda comercial en el medio rural conlleva a
la transmisión de un sistema de valores fundamentalmente
diferentes. Se transmite una imagen de superioridad de
estilos de vida no-indígenas, no-rurales y no-nacionales,
con el consumo como principal critero de prestigio,
seguido por el nivel de educación formal. El efecto neto
a largo plazo de este asedio no está claro todavía. Por
un lado, en muchas comunidades el afán de poseer bienes
de consumo "modernos" significa un fuerte desvío de
recursos que ya no contribuyen a la satisfacción de nece-
sidades básicas. » Además, los gastos individuales en
consumo o "esparcimiento" comunal (gastos en alcohol,
comida y música asociados con los cargos religiosos)
disminuyen o desaparecen en algunas localidades. En
principio, esto puede tener un lado positivo, liberando
estos ahorros para la inversión productiva; pero al debi-
litar la estructura tradicional de prestigio debilita la

112
ética de responsabilidad comunal y toda la gestión social
de recursos, siendo ésta reemplazada por la acumulación
individualista de bienes productivo y de consumo, al
igual que en la sociedad más amplia.
La integración de la comunidad andina al mercado y
su articulación con la estructura nacional de clases,
entonces, premia la iniciativa privada y el "familismo
amoral" a costas de la solidaridad y la responsabilidad
comunales. Las unidades domésticas favorecidas en el
momento histórico de la integración moderna con la priva-
tización de mayores extensiones de tierra de valor comer-
cial, empiezan un proceso cíclico y sostenido de acumula-
ción de recursos. Las con menos suerte o menos iniciativa
individualista tienden a endeudarse y perder recursos
privados convirtiéndose en semi-proletarias. Con esta
división en dos o más sectores jerarquizados, con inte-
reses antagónicos y relaciones explotativas, se da un
proceso de diferenciación social -es decir, se diferen-
cian dos o diás clases sociales al interior del grupo
local. En la comunidad andina, sin embargo, la persis-
tencia de las instituciones y los valores anteriores hace
que esta diferenciación no tome una forma polarizada,
sino que se dé un proceso de creación de fracciones de
clase dentro del campesinado, en que se combinan formas
tradicionales de producción y de interrelación social
con algunos elementos de las relaciones entre clases
(extracción, concentración de recursos, patronazgo, etc.).
Las familias exitosas llegan a ser una mezcla de pequeña
burguesía rural con "campesinado rico"; en la práctica,
parecen más campesinos que nunca, ya que suelen parti-
cipar plenamente en la estructura local de cargos de
prestigio y en el manejo comunal de recursos, y activan
al máximo la red recíproca de su parentela. Se puede
decir que la organización andina, en estos casos, sub-
venciona la acumulación de recursos para estas familias
más integradas a la estructura de clases y al mercado,
y que su prosperidad tiene en cierto sentido un carácter
"parasitario" (Golte 1980:87).
Como han señalado varios autores (Orlove 1979;
Ramón 198lb; Gangotena 1981, etc.),las instituciones y
los sistemas de valores que antes servían para asegurar
el autoconsumo de todo el grupo comunal y mantener el
homeostasis a través de las generaciones, ahora son uti-
lizados para la acumulación individual. El campesino
exitoso tiene más recursos privados (tierra arable y
ganado) y sus derechos a los recursos comunales (agua y
territorio de pastoreo) son también mayores, ya que son
proporcionales a sus necesidades, a su capacidad de
absorción. Por lo demás, como hombre de prestigio, tiende
a ocupar cargos de responsabilidad y de manejo de los

113
recursos, lo que le permite influir en las decisiones
sobre trabajo comunal y sobre la utilización de estos
recursos, en su propio beneficio.
Aún más importante en la estrategia del campesino
rico es la intensificación y ampliación de su red tradi-
cional de reciprocidad. Contribuyen al proceso de acumu-
lación de capital privado, en el contexto "moderno", las
dos características fundamentales de una relación recí-
proca (véase Mauss 1966). Una es la de ser una prestación
total, en que se combinan el intercambio de trabajo, de
productos, de mujeres en matrimonio, de usufructo o
herencia de tierra, de amistad y de agasajo, de apoyo
político, de intercesión ante autoridades superiores,
del compromiso de ayudar frente a cualquier calamidad,
etc. La otra característica básica es que cualquier
acto de ayuda o donativo específico no tiene que ser
devuelto en su totalidad de inmediato ni con equivalencia
exacta de valor. La manifestación más importante de estos
principios, en este contexto, es que la mano de obra
"recíproca" puede ser más barata que la asalariada k/ ya
que se supone que se "devolverá" en forma múltiple y
difusa a través de años o incluso de generaciones (ademá.s
de la transferencia inmediata de parte de la cosecha, de
los animales nacidos, de la lana esquilada, etc.). La
utilización de esta mano de obra barata (pagada en parte
en intercambios no-económicos o postergados) permite al
campesino rico, que logra distorsionar el principio que
le obligaría a "devolver la mano" y recluta un grupo de
trabajo recíproco grande, realizar una extracción que es
la base de su acumulación. Esta transferencia de exce-
dente constituye uno de los motores de la diferenciación
social, de la cristalización de fracciones de clase en
el interior de la comunidad campesina.
Otro elemento de este proceso que no puede dejarse
de mencionar es el hecho de que la red recíproca ego-
centrada del campesino rico no es, usualmente, como una
telaraña continua, sin interrupciones ni barreras. Al
contrario, su parentela inmediata suele participar en
medida importante de su propiedad; son socios menores
en una empresa que requiere de un personal administrativo
ampliado. Todo el grupo ampliado integra la fracción de
clase de campesinos ricos, manteniendo relaciones de
patrón-cliente con los campesinos pauperizados y semipro-
letarios. Una comunidad diferenciada puede tener o una
sola parentela próspera, o bien varias rivales, cada una
con su clientela pobre respectiva.
Por otra parte, el contraste hecho entre intercambio
horizontal (recíproco) y vertical (desigual) es una simpli-
ficación útil para propósitos analíticos pero, como toda
simplificación, parcialmente falso. En primer lugar,

114
desde los inicios mismos de la teorización sobre la
reciprocidad, ha estado claro que ésta no se limita a los
intercambios equilibrados, horizontales. Al contrario,
las prestaciones recíprocas individuales son generalmente
desiguales, y uno de sus principales aspectos es el esta-
blecimiento y la activación de sistemas jerárquicos de
prestigio y de poder (Mauss 1966:72). Ya hemos descrito
cómo, en la comunidad andina tradicional, las relaciones
recíprocas (en conjunto con el carácter de grupo de
descendencia de la comunidad local)llevan a la diferencia-
ción demográfica de los taitas más prósperos y presti-
giosos. En realidad, no se trata estrictamente de rela-
ciones horizontales, de parentelas visualizables como un
conjunto de telarañas bidimensionales en un plano.
Concebido en términos topológicos, las líneas de recipro-
cidad en la comunidad tradicional conforman más bien un
campo de pequeñas colinas, con un jefe de familia de
alto prestigio y alto ingreso manejando sus líneas desde
la punta de cada colina.

Diferenciación inter-comunal y extracción

Pero hay otra forma de diferenciación social, poco ana-


lizada, que es más común que la intracomunal y que afecta
hasta a las comunidades aparentemente no diferenciadas:
la diferenciación inter-comunal, entre comunidades de
campesinos pobres y otras de campesinos "ricos".
Por las diversas razones ya señaladas, muchas
comunidades de altura conservan en una u otra medida la
gestión social de recursos que frena la diferenciación
interna en forma directa. Pero al desintegrarse la
reciprocidad co-gestionada y múltiple entre pisos ecoló-
gicos, y con la desaparición o transformación de la
hacienda tradicional, los allyus que quedaron con la
propiedad de la tierra de altura se quedaron, en su mayo-
ría, como comunidades pobres en recursos. El intercambio
de productos entre pisos ecológicos no desapareció, pero
se transformó la segmentación complementaria entre "la
mitad de abajo" y "la mitad de arriba" en una dependencia
cada vez más aguda, con la progresiva integración de los
pisos de valle en los sistemas económicos y políticos
dominantes más amplios, y especialmente en consecuencia
de los imperativos del monocultivo comercial y del con-
sumo de bienes comprados a través de los campesinos del
piso de valle y de los pueblerinos. Se dan, por cierto,
fuertes procesos de pauperización, semiproletarización y
migración en las comunidades pobres de altura, pero
generalmente "por parejo" entre sus integrantes; la dife-
renciación y la cristalización de relaciones de clase
se dan entre la pequeña comunidad de altura y los grupos
más favorecidos en el piso de valle.

115
Esta vision ampliada (en el sentido espacial) de la
diferenciación campesina nos obliga a recordar otro
aspecto del cambio socio-económico, sin referencia al
cual no es posible analizar adecuadamente la diferencia-
ción misma: eso es, la evolución del sistema nacional de
clases en función del desarrollo de nuevos mecanismos de
extracción. Si bien la diferenciación social es el
resultado del crecimiento de la economía capitalista
moderna, también forma parte de este proceso. Los mini-
fundistas exitosos que se convierten en campesinos "ricos",
burguesía agraria, comerciantes o caciques políticos,
logran hacerlo porque operan como elementos-nexos (véase
por ejemplo, Schejtman 1980:138) que ayudan a canalizar
la extracción del producto campesino hacia los sectores
dominantes a nivel nacional. Nuestro análisis sugiere
que, además de "hombres-nexos", se puede hablar también
de "comunidades-nexos" que prosperan en parte porque
ayudan a canalizar la extracción de excedentes de las
comunidades pobres, a los sectores dominantes y a los
centros urbanos.
El cambio en las relaciones extractivas que signi-
ficó la casi desaparición del trabajo servil y semi-feudal
de la hacienda tradicional, y su reemplazo por el mercado
de trabajo asalariado, ha sido ampliamente analizado.
Pero a pesar de la importancia de este proceso de prole-
tarización (o semi-proletarización, para los asalariados
ocasionales y estacionales), hay evidencias de que la
extracción de excedente vía el mercado de trabajo ya
estaría encontrando ciertos límites (Klein 1981:15-16).
Cobrarían mayor importancia, entonces, otros mecanismos
de extracción relacionados con la creciente subsunción
o integración subordinada de un campesinado "readecuado".
Estos tienen que ver principalmente con relaciones de
financiamiento y de comercialización (y en menor grado
de impuestos). La mayoría de los campesinos modernos no
sólo venden una proporción mayor de su producto sino que
también tienen una mayor productividad aparente por el
uso de insumos y técnicas modernas y por el sobre-usó de
sus suelos. Pero no son más prósperos porque no retienen
parte importante de su producto o del valor de éste al
no controlar los aspectos extraprediales y extra-comuni-
tarios de sus relaciones económicas.
La secuencia tipica de esta subsunción moderna empieza
con la exigencia por parte de sectores dominantes de pagos
monetarios, sea por impuesto, crédito, gastos médicos,
consumo comercial, etc., que excede la capacidad de
multicultivo equilibrado. El campesino de altura debe
aumentar sus siembras de mayor valor comercial, comprando
diversos insumos químicos y sustituyendo estiércol animal
por fertilizantes manufacturados. Su endeudamiento

116
aumenta, y su dependencia de sus proveedores y comprado-
res crece y se hace aparentemente irreversible. En
algunos casos, comunidades pobres de altura llegan a
vender casi todas sus ovejas o alpacas para pagar deudas,
perdiendo su reserva de ahorro e inversión potencial,
llegando a roturar los pastizales de altura para sembrar
papas o a pastar cabras en las laderas.
Se desata así un proceso difícilmente reversible,
de empobrecimiento de recursos con secuelas de mayor
dependencia de los insumos manufacturados, del crédito y
del mercado pueblerino, y de diferenciación social espe-
cialmente entre comunidades pobres de altura y los del
piso de valle, beneficiarios éstos de su posición de
"nexo" en la cadena extractiva de la estructura nacional
de clases.

117
IV. IMPLICACIONES PARA EL DESARROLLO RURAL

1• El desarrollo rural y la transformación de


la comunidad andina

¿Qué relevancia puede tener, entonces, la organización


andina para el desafio inmediato del desarrollo rural de
eliminar, al corto plazo y al largo, la pobreza rural y
la baja productividad agrícola? Aun si son reconocidas
las virtudes para el desarrollo de la organización andina
policíclica, coordinada social y culturalmente por la
gestión responsable, la redistribución y la reciprocidad
a nivel comunal, muchos la consideran una causa perdida,
condenada a desaparecer por su incompatibilidad con la
modernización y el sistema de mercado y por los procesos
de diferenciación social e integración de la comunidad
andina en el sistema nacional. Sin embargo, en las comu-
nidades más pobres de altura, a pesar de una privatización
parcial de recursos y de una mercantilización parcial de
la producción, la organización andina de agricultura
campesina permanece relativamente intacta. Allí, la
posibilidad de diferenciación social es limitada, preci-
samente porque la usurpación de recursos y la extracción
de "excedente" por la expansión de la economía capitalis-
ta hacen más precaria la producción y aumentan las posi-
bilidades de años agrícolas calamitosos (ver Pollit: 1981).
Por un lado, es poco factible la acumulación de recursos
privados en forma sostenida; por otro, no se desarrolla
un mercado de trabajo local basado en el pago de jornales,
ya que la extrema dificultad de la condición campesina en
estas zonas exige una estrategia de supervivencia que
involucra la coordinación y reciprocidad que ofrece la
organización andina -que "es el optimum en condiciones
adversas" (Golte 198l:ll8).
Pero algunos estudiosos, partiendo de esta visión
de la estrategia policíclica como una forma de supervi-
vencia y de la observación de que las comunidades más
prósperas son, en general, menos "andinas" y menos demo-
cráticamente comunales (Ramón 1981), llegan a la conclusión
de que la organización andina es antitética con el des-
arrollo y la productividad. Según Golte, por ejemplo, la
"productividad exigua" de las zonas altas sería la "razón

119
de ser de la organización andina" ( 198.1:93)• Las condi-
ciones necesarias para la organización andina existirían
sólo donde las limitaciones del suelo, terreno, clima,
etc., "impiden o dificultan la introducción de una agri-
cultura muy productiva". Según esta visión, la organiza-
ción andina sobreviviría sólo en nichos de baja produc-
tividad (p. 118); dejaría de existir como tal "cuando no
se tiene que recurrir al manejo simultáneo de varios
ciclos agropecuarios y a la cooperación necesaria para
su manejo" (p. 93).
Si bien la estrategia de organización andina repre-
senta la única posibilidad de supervivencia de las comu-
nidades más desposeídas, y si bien es probable que las
limitaciones del medio hayan contribuido a la necesidad
de su "invención" original, esto no implica que las ven-
tajas de eficiencia de la organización policíclica se
esfumen en condiciones de mayor productividad. Vale la
pena recordar que en el período preconquista las comuni-
dades andinas lograban un nivel de productividad que,
además de asegurar su propia nutrición adecuada, permitía
almacenar reservas para años malos, y transferir exce-
dentes a otros sectores (ejército, personal eclesiástico
y nobleza, burócratas, artesanos) y para intercambio con
otras regiones. Aunque el régimen de propiedad privada
y el mercado, y la cultura europea que los subyace, tienen
muchos elementos ajenos a la lógica interna de la estra-
tegia andina, también es cierto que éstn ha podido adap-
tarse a través de los siglos de penetración y extracción,
acomodándose a la vez que resiste su extinción y mantiene
vigentes sus objetivos fundamentales.
También hay otros aspectos de la situación actual
que hacen pensar que la modernización no llevaría nece-
sariamente a la absorción total de las comunidades andi-
nas por el sistema dominante. Hasta lar- formas "para-
sitarias" -los elementos-nexos, campesinos ricos, bur-
guesía indígena,etc.- tienen un interés básico en la
perduración de la organización andina que las subvenciona.
Es también por esta dependencia que el mismo procoso de
concentración de capital por la via "campesino rico"
parece tener, en la práctica real, límites absolutos
(Lehman 1981:32). La empresa basada en la mantención
permanente de una red social no puede extenderse y crecer
indefinidamente; incluso el comerciante urbano que basa
su empresa en la reciprocidad desigual con su parentela
tiene que mantener vigentes sus múltiples relaciones en
su comunidad de origen. En algún punto de su trayec-
toria exitosa tiene que tomar una decisión fundamental,: o
bien seguir la estrategia de una empresa familiar campe-
sina, con prosperidad asegurada pero con .Limitada perspec-
tiva de crecimiento, o bien introducir progresivamente
120
principios impersonales de administración de una sociedad
anónima. Pocos empresarios de origen campesino tienen
los conocimientos, los contactos, el acceso al capital
financiero y la motivación para realizar esta transfor-
mación. Generaciones futuras, con otra formación, pueden
o no realizar el cambio, pero el campesino rico de hoy
está consciente de que le conviene personalmente ayudar
a mantener vigentes las formas de gestión social de
recursos, de reciprocidad en el proceso productivo y de
redistribución que tipifican a la comunidad andina.
Por otra parte la comunidad andina misma, lejos de
observar pasivamente la destrucción del sistema socio-
cultural que permite su supervivencia, se moviliza para
frenarla. Por ejemplo, a pesar de que parte de la tierra
pasó a ser propiedad particular, heredada en forma indi-
vidual, sigue siendo considerada "tierra de la comunidad",
y los intentos de enajenarla mediante venta a forasteros
son obstaculizados por las sanciones de la opinión públi-
ca de los comuneros (Casaverde 1978). Hay también muchos
ejemplos de individuos y grupos plenamente expuestos a los
mensajes del consumismo que, sin embargo, rechazan estos
valores, como características de grupos sociales adver-
sarios en profundo conflicto con los valores internali-
zados en sus hogares de socialización y,en sus comuni-
dades de origen. De todas maneras, está lejos de ser
evidente la inevitabilidad de la destrucción de la cultu-
ra que sostiene la gestión social de recursos, por lo
menos por esta via de choque directo de valores. Aun
el prestigio derivado del consumo de bienes "improducti-
vos" como bicicletas, detergentes, discos, etc. (Gonzá-
lez 198l:70) no necesariamente reemplaza la escala de
prestigio establecida, basada en la gestión responsable
de los recursos del grupo local. La cultura tradicional
andina se ha mostrado sumamente resistente y adaptable,
y su perduración parece ligada más bien a las posibili-
dades objetivas de mantener un contexto productivo dentro
del cual puede ser viable.
Lo cierto es que los siglos de adaptación de la
estrategia andina a los cambios -ahora acelerados- en las
exigencias del sector dominante, han llevado a una pro-
gresiva evolución de formas sincréticas en la organización
social de la comunidad andina. Estos cambios de forma
han llevado, en algunos casos, a la progresiva distorsión
de su contenido cultural y de sus objetivos fundamentales.
Este es el caso, por ejemplo, de los grupos de afinidad
que, de ser garantía de la reciprocidad equilibrada, han
pasado en algunos casos a ser mecanismos de extracción y
acumulación individual.

121
Hay muchos ejemplos como éste en que la forma super-
ficial de la organización andina se mantiene relativamente
intacta pero la penetración de "mensajos" individualizan-
tes desvirtúa su contenido real. Sin embargo, hay también
muchos otros casos en que una forma institucional intro-
ducida o impuesta es adaptada en forma sincrética por la
comunidad andina, siendo utilizada por ésta para mantener
e incluso para fortalecer los objetivos y valores funda-
mentales de su estrategia. Un ejemplo extremo de esto es
la utilización por algunas comunidades hasta de algunas
formas del protestantismo -cuyo contenido social anti-
colectivo y antiautóctono es conocido- para fortalecer la
identidad y autoimagen indígenas, la organización comunal
y la reciprocidad (Muratorio 1980).
En resumen, las relaciones causales entre cambios
socio-económieos y cambios culturales son complejas y
difíciles de predecir. Dependen de un conjunto de fac-
tores históricos, ambientales y aleatorios; hay tenden-
cias generales determinadas por el estilo de desarrollo
predominante, pero no todas estas tendencias apuntan en
la misma dirección. En la confrontación actual entre la
estrategia andina y el estilo de desarrollo del capita-
lismo dependiente, las políticas estatales juegan un papel
crucial en la determinación de la evolución futura de la
situación. Su colaboración irrestricta en la expansión de
este estilo claramente significará la inoperancia de la
estrategia andina excepto en los nichos de más baja pro-
ductividad; pero el Estado también puede crear las con-
diciones mínimas para aprovechar la existencia de este
recurso institucional y cultural para un desarrollo rural
equitativo y ecológicamente responsable.

2. Estilos de desarrollo rural y la organización


andina

Desde la conquista, las comunidades de altura han visto


afectada su gestión económica por la presencia de un
Estado manejado por sectores hispano-parlantes, empezando
con la reducción de asentamientos dispersos de distintos
pisos ecológicos, y el otorgamiento de encomien das cobre
poblaciones y territorios agrícolas. Er. esto siglo, las
acciones estatales destinadas a administrar, regular y
extender los sistemas comerciales, de comunicaciones, de
impuestos y de control político y militar, se han visto
complementadas, en menor o mayor grado, por servicios y
reformas destinadas a mejorar los niveles de producción
y de ingreso de los sectores campesinos, y a promover su
integración al sistema económico y político nacional.
Estas acciones ostensiblemente "[Link]" incluyen
servicios educacionales y de saluda y reformas agrarias,

122
sindicales y electorales. Ultimamente, este tipo de
acción estatal ha tomado la forma de programas relativa-
mente ambiciosos de desarrollo rural, que combinan inver-
sión en infraestructura, crédito y capacitación dirigida
hacia los pequeños productores rurales -es decir, las
familias y comunidades campesinas.
Los impactos recientes de estas reformas y progra-
mas en la gestión social de recursos en las comunidades
campesinas de la zona andina son extremadamente variados
y complejos. La más importante, la reforma agraria, ha
contribuido a la cuasi-desparición de la hacienda tradi-
cional (a la cual se vinculaban estrechamente muchas de las
comunidades en cuestión) y con ella de ciertas formas de
extracción junto con el acceso a ciertos recursos. Se
ha creado un mosaico compuesto de algunas comunidades
o grupos campesinos que aumentaron sus recursos de tierra,
al lado de otros que, al contrario, vieron disminuidos
sus recursos por sobre-uso y herencia, y otros más que
hasta perdieron el acceso que les daba la hacienda a
recursos de riego, pastoreo, etc. Algunos -los menos-
participan en servicios de crédito, extensión y capaci-
tación que empiezan y se cortan con los cambios de
gobierno.
Uno de los pocos elementos constantes en acciones
estatales es el de estimular una comercialización cre-
ciente de productos alimentarios por parte del sector
campesino andino. En el estilo de libre mercado, esta
presión viene de la falta de acceso a recursos comple-
mentarios que obligan a la familia individual a vender
más para no tener que vender su propiedad y proletari-
zarse, para pagar el predio asignado en la reforma agra-
ria, el crédito suministrado por el Estado, y los insumos
químicos y mecánicos comprados precisamente para aumen-
tar marginalmente su producción comercializable.
Por lo general, las acciones del Estado han estimu-
lado las tendencias de privatización y concentración,
contribuyendo así a una gestión extractiva y voraz de
la producción y de los recursos de los más pobres, y a
una distribución poco equitativa en la creación de nuevo
capital y de sus frutos. La diferenciación interna de
comunidades campesinas, para los gobiernos comprometidos
con un estilo de desarrollo basado en la empresa privada,
no se percibe como un problema sino como un signo de
progreso, que se puede medir en una mayor productividad
del sector en general y la comercialización de mayores
cantidades de alimentos, y en el control más eficiente
de los grupos más pobres, los focos de descontento rural
(Dunham 1982). Como es conocido, el desarrollo agrícola
moderno en el espacio andino empieza con la modernización
de la hacienda y su conversión en empresas agrícolas
capitalizadas, mecanizadas y de mayor productividad,
123
expulsando fuerza de trabajo servil que pasaba a aumentar
las filas de los minifundistas. Las distintas reformas
agrarias inconclusas rectificaron parcialmente esta si-
tuación, pero su limitada envergadura, y las formas que
tomaron los limitados servicios de apoyo, dejaron a las
mayorías campesinas andinas todavía en la extrema pobreza.
Durante la última década, aproximadamente, la polí-
tica predominante de desarrollo campesino andino ha sido
de realizar el potencial productivo de los campesinos
"viables" pero faltos de crédito, asesoría, riego, capa-
citación, etc. Predominante también ha sido el suminis-
tro de estos servicios en forma individualizada, apo-
yando en forma casi exclusiva a la empresa familiar con la
asignación privada o el usufructo individual de parcelas,
y con préstamos a título individual, a veces coordinados
a través de cooperativas. Esta orientación de políticas
rurales refleja una combinación de criterios: que la
competencia es buena, que los esfuerzos colectivos fra-
casan por un supuesto individualismo innato de los mismos
campesinos, y que la organización colectiva general de
campesinos pobres puede ser peligrosa (Dunham 1982).
Esta política de individualización de los recursos
nuevos inyectados en la comunidad campesina, en un con-
texto en que la reciprocidad se estructura naturalmente
alrededor de las familias más prósperas, generalmente
contribuye, por las vías que analizamos anteriormente,
a la diferenciación de las familias más "eficientes" o
con mayores recursos iniciales. Aunque hay un poco de
"trickle-down" o filtración hacia abajo de los beneficios
de este estilo de desarrollo, ella se limita a las paren-
telas directas de los campesinos ricos, llevando a la
partición de la comunidad en parentelas ricas y parente-
las pobres, abriendo así la puerta a la cristalización
de relaciones de clase entre los dos sectores. Como los
sub-conjuntos ricos pueden absorber más insumos y avalar
préstamos más grandes, el proceso de diferenciación-depen-
dencia se acelera, y las consecuencias para la estructura
de poder local son evidentes: los campesinos más ricos
movilizan sus grandes pirámides de reciprocidad, para
hacerse presidentes de las cooperativas; dirigen a los
cabildos o asambleas que regulan recursos de pastizales,
trabajo colectivo, riego, etc., extendiendo así su domi-
nación al nivel comunal.
El problema central, entonces, es cómo se realizará
la integración del campesinado andino y la transformación
de sus estrategias, con qué costos y qué beneficios para
los habitantes de las comunidades de altura. No cabe
duda de que los campesinos andinos usarán y adaptarán
sus formas comunales de gestión de recursos y sus redes
de organización productiva basadas en parentelas en un

124
esfuerzo para mantener una homeostasis que pueda sustentar
a futuras generaciones, para garantizar una equidad de
consumo que asegure la supervivencia de todos los inte-
grantes de la comunidad y para minimizar la extracción
por sectores dominantes. Las comunidades campesinas que,
contando todavía con estos elementos institucionales y
culturales propios, logran aumentar o potenciar sus recur-
sos, y además mantienen su control sobre la utilización,
disposición y destino de los frutos de estos recursos,
enfrentarán con éxito el proceso de modernización en el
sistema nacional de clases. Pero en la medida en que este
estilo de desarrollo basado en la "modernización" de las
relaciones extractivas del sistema de clases es apoyado
y alentado por el Estado, pocas serán las comunidades
andinas de altura que lograrán, contra viento y marea,
reunir las condiciones mencionadas para defenderse con
éxito. Hay muchos indicios, sin embargo, que este mismo
estilo de desarrollo ha desatado procesos económicos,
demográficos y culturales que ya escapan parcialmente del
control de los sectores dominantes, lo que dificulta
tremendamente su proyecto de subsunción ordenado del campe-
sinado a las nuevas formas productivas y extractivas.
Hay además una conciencia creciente entre los pla-
nificadores de que la promoción de formas comunitarias
y asociativas de participación popular, y de autogestión
de recursos y de organización productiva y distributiva,
es la clave para contrarrestar las presiones permanentes
hacia la concentración de los beneficios del crecimiento
en manos de una minoría y hacia el manejo extractivo y
destructivo de los recursos -aunque sólo excepcionalmente
se ha logrado ponerlo plenamente en práctica hasta ahora.
Hay otra convicción, ampliamente compartida también, de
que la experiencia acumulada de realizaciones y fracasos
en este campo muestra que la autogestión de recursos y
la participación popular en el control del proceso de
desarrollo tienen que basarse en formas endógenas de
organización (Rhon et al, 1981).
Aunque en muchas comunidades andinas la estructura
colectiva del grupo local de descendencia (el allyu, la
llacta o la comuna) perdura sólo en forma latente, ella
resurge en situaciones de conflictos sobre tierras con
hacendados con otras comunidades vecinas (Casaverde
1978:17). Cuando el Estado apoya esta lucha con reforma
agraria y con créditos para la producción colectiva, la
gestión comunal de los recursos puede revivir en forma
sólida y madura (Gangotena 1981:162-16*0.
De las tres formas andinas de organización de la
gestión de recursos, dos (la unidad doméstica y el grupo
ampliado basado en la parentela) son altamente compatibles
con el crecimiento de relaciones extractivas a través de

125
la estructura de clases. La otra (la gestion comunal y
colectiva) no lo es en forma directa; por eso la penetra-
ción de esta relación mediante la privatización y la dife-
renciación social fortalece aquellas formas a expensas de
ésta. Corregir esta distorsión, entonces, significa
restaurar el equilibrio entre las tres y asegurar la via-
bilidad de la estrategia de organización andina.

3. Los nuevos recursos y el resurgimiento de la


organización andina

Los principios de la organización andina equilibrada se


han probado eficientes y equitativos a través de los siglos
para la gestión de muchas combinaciones distintas de
recursos y propósitos. Prometen ser aprovechables también
para la gestión de nuevos recursos y para los nuevos
objetivos del ecodesarrollo equitativo. Los actuales
cambios en él contexto socio-económico y la redefinición
por la cual está pasando el concepto de desarrollo impli-
can una redefinición de los elementos considerados
"recursos", de la valorización de éstos, y de las posi-
bles formas de potenciarlos. Superada la miopía de la
Revolución Verde, la estrategia andina recobra valor como
enfoque: su optimización del recurso abundante (trabajo
humano) y de la variedad de los microclimas y cultivos
disponibles, su conservación de una enorme reserva de
germoplasma,¿/ su redistribución del producto y "solida-
ridad diacrónica con la posteridad" (Sachs 1980), se
vuelven altamente relevantes. Es posible, incluso, que
el retorno a la seguridad de recibir tierras comunales
en usufructo, y al prestigio del servicio comunal,
reduzcan la presión en las unidades domésticas para
sobrevivir mediante la autoexplotación de familias
grandes, contribuyendo así al objetivo de frenar el
crecimiento demográfico excesivo.
Estas redefiniciones, sin embargo, han estimulado
en la práctica una adaptación de la estrategia andina
misma. El manejo de rebaños de ovejas, llamas y alpacas
y de pastizales én los pisos altos, por ejemplo, pasa de
ser un mecanismo de ahorro contra posibles años malos, a
constituir una importante fuente de ingreso monetario
mediante la venta de sus productos, siendo el pastoralis-
mo particularmente compatible con la gestión colectiva
(Vassberg 1980). El reemplazo del principio de autosu-
ficiencia por el de la producción de un excedente para
el intercambio significa que el control de los canales
de crédito y de comercialización se convierte en un
recurso clave. La posesión de un camión de cayga por la
comunidad puede ser una defensa eficaz contra la extracción.

126
En forma similar, la necesidad de incursionar en terri-
torio de los sectores urbanos dominantes significa que la
información sobre este medio, y las herramientas analí-
ticas para planificar nuevas estrategias, se convierten "en
recursos imprescindibles para la comunidad andina. Paradóji-
camente, ésta compenetración del mundo campesino andino
con el sistema urbano moderno ha llevado en muchos casos
no a la destrucción de la organización andina, sino a la
revitalización de ciertos elementos de ella. Por ejem-
plo, el comerciante campesino mayorista que maneja una
red de compraventa y de empleo, el profesor o burócrata
andino, o el líder político indígena controla recursos
escasos de información y de acceso a instituciones eco-
nómicas y políticas que hoy en día son tan importantes
como los recursos agrícolas. Estos actores también
necesitan de su clientela comunitaria y reactivan los
mecanismos tradicionales de gestión y prestigio, forta-
leciendo así los principios andinos de reciprocidad
jerarquizada, de autoridad y de redistribución.
La exigencia de adaptabilidad que presenta a la
organización andina la participación comunitaria en
la economía nacional, encierra también el desafío de
combatir los nuevos procesos de diferenciación social y
los nuevos mecanismos de extracción. La pre-eminencia de
los grupos basados en parentelas, en particular, consti-
tuye un arma de doble filo. Una vez que se constituye
un grupo rico, con empleo permanente de peones o la
propiedad privada de un camión o de un fondo de crédito,
la gestión social de recursos comunales se pone vulne-
rable y difícil. La práctica formal de rotación de cargos
directivos simplemente hace del jpfe de una pirámide de
relaciones recíprocas un cacique ^e facto en vez de un
cacique de jure. Sin embargo, los mismos grupos pueden
constituirse en un mecanismo de control para evitar la
extracción y acumulación privada de recursos. Combinadas
con la ética de prestigio vía la contribución responsable
al bienestar común, y el sistema de información y sanción
constituido por la red de "copucheo", o "cuchicheo" comu-
nal, las alianzas de parentelas en las asambleas comuna-
les ofrecen la posibilidad de arrestar procesos de con-
centración de poder en pocas manos, o por lo menos de
exigir el reconocimiento del principio de redistribución
equitativa, en la medida en que todos los grupos cuentan
con algún personal hábil y capacitado.
En este respecto es importante considerar el rápido
surgimiento de una próspera "burguesía indígena" en muchas
zonas andinas que, lejos de disimular su identidad étnica,
defienden y fomentan la cultura andina y combaten activa-
mente la discriminación racial. En muchos casos, llega a
contribuir a la formación de una élite intelectual y

127
Desarrollo regional y movilización intercomunal

Para que se cumpla el objetivo de aumentar el control de


la comunidad sobre el uso y el destino de sus recursos,
deben cumplirse por lo menos dos condiciones esenciales.
Primero, en cualquier plan de desarrollo regional -y
todo programa de desarrollo rural tiene que operar en el
marco del sistema social regional o micro-regional- la
prioridad absoluta de inversión debe ir a los sectores
más pobres (en los Andes, las comunidades de altura).
A pesar de ser la inversión más costosa y difícil y menos
rentable, a pesar de la "mentalidad banquera" y la nece-
sidad política y burocrática de poder mostrar campesinos
exitosos a corto plazo, esta preferencia es necesaria si
se quiere eliminar la pobreza en vez de alimentar los
mecanismos de extracción existentes en los pisos de valle
y centros urbanos andinos (Cf. CENCIRA 1981). Los "polos
de desarrollo" suelen beneficiar también a los habitantes
de su zona de influencia; pero nunca se ha visto que las
comunidades más aisladas y pobres prosperen más, por las
fuerzas impersonales del mercado, que los grupos que
controlan los polos mismos.
A pesar de la insuficiencia de la tierra disponible
en la mayoría de zonas campesinas andinas para poder
generar, a los niveles actuales de productividad, un
nivel de vida cómodo para todas las comunidades, la actual
redefinición de los recursos relevantes hace posible un
optimismo cauteloso en este respecto. Si bien la infor-
mación, las habilidades gestionarías, las instituciones
de crédito y comercialización y la influencia política
han estado vedadas a las comunidades andinas pobres,
también es cierto que estos "recursos" son más difíciles
de monopolizar que la tierra y el agua. Pueden ser
creados y renovados, y son conquistables, en el contexto
actual de cambio rápido, en la medida en que el campesi-
nado andino logra unirse y movilizarse más allá de la
comunidad local.
La segunda condición para el éxito de la gestión
autónoma en alturas, entonces, es la articulación y movi-
lización de las comunidades altas de quebrada y puna
entre sí. Esto presenta varias dificultades: la falta
de conocimiento que aumenta la dependencia objetiva hacia
las comunidades más "modernas" y las barreras físicas
entre las diversas comunidades de altura, que tienden
naturalmente a integrarse (por las formaciones geográfi-
cas que canalizan la comunicación verticalmente y por
intercambio entre pisos ecológicos) con las comunidades
de valle en forma separada (CENCIRA 1981).

128
política, indígena e indigenista. Cabe destacar, sin
embargo, que el interés fundamental de este grupo no es
combatir la extracción a través de la estructura de clase,
sino simplemente desligar la identidad indígena de la
pertenencia a una clase desposeída. Como elementos-nexos,
desean mantener la organización andina que les subvencio-
na, pero a la vez que logren entrar en una clsyse social
dominante (Walter 1981). Como tal, no constituyen una
fuerza capaz de dirigir una movilización autónoma para
transformar las estructuras fundamentales en las cuales
tienen intereses directos.
En cualquier situación concreta, es evidènte' que, si
la asamblea de todos los jefes de familia no controla a
todas sus unidades domésticas y grupos de afinidad, uno
de éstos llegará a dominar todas las relaciones económicas
locales, tanto comunales como reciprocas. Se requiere,
entonces, un análisis diagnóstico de cada realidad local
para determinar la factibilidad de una gestióft comunal y
la mejor forma de lograrla. Cargos rotativos de tódo
jefe de familia, que parecen cumplir estas tareas en muchas
llactas del sur del Perú, podrían sustituirse! por alianzas
de grupos de parentelas, equilibradas y capacitadas, en
la sierra central del Ecuador; o por "caciques de redis-
tribución y gestión responsable", etc. Donde hay ele-
mentos-nexos fuertemente arraigados, por o$rá parte, la
gestión, los recursos y el crédito comunal constituyen
una posibilidad de la mayoría para competir y combatir
con aquéllos.
El diagnóstico evaluativo, sin embargo;, no debe
convertirse en base de un tutelaje por los aigéntes del
desarrollo. La generación endógena de formas de gestión,
con errores y tropiezos, es la única forma viable de
movilización, a través de un esfuerzo común. La alter-
nativa es un clientelismo burocrático y politico pasivo,
basado en la bondad de los cuadros directivos y en la
beneficencia de los sectores dominantes. Por eso es
esencial la concienti^ación del planificador y del agente
de desarrollo rural j/ntegral acerca de la necesidad de
limitarse a una "modesta acción exterior, en colaborar
en la comprensión critic^ y generación de alternativas"
por parte^ de la comunidad misma (Rhon y otros 1981:1^8),
y, después de capacitar a campesinos de distintos grupos
de parentela en la autogestión, de "hacerse inútil" e
innecesario al plazo más corto posible (CENCIRA 1981).

129
Pero un elemento integrador de estas mismas comu-
nidades es la necesidad, en grupos locales tan pequeños,
de mantener relaciones de exogamia con otros grupos simi-
lares; es decir, de mantener un intercambio informal de
maridos y esposas de edad conveniente entre distintas
comunidades cercanas. En la medida en que las comunidades
de valle prosperan y se diferencian, el intercambio ver-
tical de cónyuges les parece cada vez menos atractivo o
aceptable. Entre distintas comunidades de altura, en
cambio, hay igualdad de status social y utilización de
los mismos procesos productivos. Como hemos visto, el
matrimonio es una de las bases principales de todo inter-
cambio recíproco. Estos lazos matrimoniales (y por
extensión,de parentesco y de parentelas) a veces se
extienden en forma "rizomática" (Field 1981:120) entre-
lazando comunidades de altura aparentemente aisladas.
Ya que la herencia de la tierra pasa por hijos de ambos
sexos, un matrimonio intercomunal frecuentemente posee
y cultiva parcelas en ambas localidades, con las rela-
ciones de reciprocidad en el trabajo que esto implica.
Los lazos de parentesco entre comunidades de altura
son détectables sólo por el observador cuidadoso y per-
sistente, pero forman el tejido de solidaridad potencial
que estas comunidades pueden movilizar para confrontar
los esfuerzos de los grupos dominantes de valle para
desviar, por ejemplo, la inversión pública en su propio
beneficio.
A nivel microrregional y regional, contribuye a la
mantención de los lazos intercomunales la concurrencia
dominical de todos los grupos locales a los lugares
centrales de mayor importancia comercial, religiosa,
política y ceremonial.

5. Política estatal y movimiento político

Es obvio que un cambio fundamental de estilo de desarrollo


requiere de un nuevo compromiso por parte del Estado para
eliminar la pobreza, y para canalizar inversiones suficien-
tes de manera que las mayorías rurales participen mayori-
tariamente en su usufructo. Programas de crédito que
llegan a un campesino de diez obviamente no son adecuados;
y el mejor programa local o regional no puede tener éxito
si no cuenta con el apoyo de un proceso nacional de movi-
lización popular participativa para transformar las
estructuras de clase, tanto tradicionales como modernas,
de concentración y extracción (CENCIRA 1981). Para las
comunidades andinas de altura, concretamente, se necesitan
inversión y también el acceso directo a los frutos de los
mejores recursos de su micro-región, completándose las
reformas agrarias inconclusas para devolver la complemen-
tariedad simétrica entre pisos ecológicos (Rhon y otros
130
l9ol:1o2) y, sobre todo, nuevos mecanismos que les
otorguen un mayor grado de control sobre los canales de
comercialización, eliminando la extracción de excedente
por los términos desfavorables de intercambio.
Pero es igualmente obvio que tales condiciones de
sustento a un proceso de desarrollo campesino endógeno
no existirán mientras los gobiernos sigan percibiendo al
campesinado como una mezcla de problema explosivo y
recurso subutilizado (Durston 1982:167)» Si el problema
fundamental del desarrollo andino está en otro nivel, en
el de la relación entre el Estado y la estructura de
clases, ¿no estaría equivocada toda la atención puesta
aquí en la realidad interna de la pequeña comunidad
campesina de altura, y la gestión social de sus recursos
basada en principios de parentesco? Pero la importancia
real de los lazos de descendencia y parentela, y su uti-
lización en las relaciones sociales de organización pro-
ductiva recíproca y comunitaria analizadas aquí, reside
en gran parte en su potencial como base de una conciencia
y un comportamiento solidarios entre el campesinado
andino. Se trata no solamente de la "solidaridad diacró-
nica con la posteridad" que motiva al campesino a intentar
una práctica "etnoecológica" de integrar las potencialida.
des del medio natural con las del medio cultural (Sachs
1980:718); es también la base de una solidaridad inmediata
pero latente con los mismos vecinos y parientes con los
cuales compite día a día. Aquí se aprecia una vez más la
mezcla paradójica de confrontación y solidaridad, a dis-
tintos niveles de organización, que refleja el carácter
segmentario de las relaciones sociales andinas.
El puente entre la solidaridad intercomunal a nivel
de segmentos subregionales, y la de acción-política na-
cional, en cambio, está constituido por la conciencia de
una identidad étnica regional, generalmente basada en una
real subcultura propia y distinta entre una zona provin-
cial y otra. Esta conciencia florece precisamente por
la nueva compenetración de los mundos rural y urbano, por
la reconquista de fragmentos de espacio urbano, por
migrantes campesinos que buscan la satisfacción de sus
necesidades de comunicación y organización diarias en
esta solidaridad étnica-regional (América Indígena 1981:9).
Pero el parentesco sigue siendo, en último término, la
fuerza integradora de esta solidaridad más amplia. Los
numerosos migrantes que ya actúan plenamente en ambos
mundos, el de la comunidad campesina y el de la gran
ciudad, pueden dejar de ser campesinos, por lo menos en
algún grado; pero nunca dejarán de ser parientes, y por
ende, integrantes del grupo local que es la pequeña comu-
nidad campesina.

131
Las acciones de agencias de desarrollo rural, aunque
se realicen principalmente a nivel comunal y micro-regional,
pueden tener un impacto importante en esta activación del
potencial solidario. La percepción de una necesidad de
organizarse comunalmente por parte de un grupo local, para
poder aumentar o mejorar sus recursos, crea una institu-
ción real de lo que había sido sólo un principio latente.
Esta estructura institucional puede ser movilizada cuando
es necesario, aunque parezca por momentos que sólo sirve
para exacerbar las peleas entre parentelas dentro de la
comunidad. Además, el éxito de la organización de algunas
comunidades crea un efecto de demostración y de emulación
hasta en aquellas comunidades que han abandonado la orga-
nización andina hace tiempo. La proliferación de comunas
organizadas puede llevar espontáneamente a la unión, en
función de problemas y necesidades comunes ([Link]
I98I; Rhon y otros 198l;6l) a nivel regional. En la medida
en que esta movilización solidaria basada en la organi-
zación andina se muestra más eficaz que los mecanismos
de patrón-cliente asociados con la jerarquía de clases
sociales, se tiene una buena base para la participación
popular regional y, por extensión, nacional.
Si efectivamente estamos presenciando el despertar
de una conciencia campesina andina en estos procesos que
podría significar que ésta sea la "década del campesino"
(Thiesenhusen 1980), entonces la articulación y movili-
zación de comunidades andinas auto-gestionarias serán
quizás decisivas de la composición de gobiernos de sus
respectivos países (Cf. Rhon y otros 1981:173). El
gobierno o grupo político que logra demostrar al campesi-
no andino que la alianza con otros sectores solidarios
puede llevar, sin tutela, a la realización de su proyecto
emancipador, contará con la fuerza suficiente para
cumplir con la promesa del desarrollo andino autogestio-
nario, ecológicamente responsable y socialmente equitativo.

Notas

1/ "Although no Human System is Perfectly Adapted


or Homeostatic, Andean Agriculture Appears to be Adaptive,
Flexible and Environmentally Sound" (Brush 1980:163).
2/ Nos referimos especialmente al complejo sistema
de laymi en la sierra peruana austral.
Según Heillassoux (1978) se necesitan bastante
más de 100 familias nucleares en una comunidad para hacer
practicable la endogamia. Las comunidades andinas de
altura suelen ser más pequeñas, lo que, en conjunto con
la necesidad de intercambios complementarios entre pisos
ecológicos, los lleva a establecer relaciones de inter-
cambio matrimonial con otras comunidades de la microrre-
gién.

132
kj Orlove calcula que, en la región de Sicuani
(sierra sur del Perú), la mano de obra recíproca puede
costar al dueño del predio entre 15$ y 30% de su cosecha,
dependiendo de la intensidad de la relación y el tamaño de
la cosecha; una cosecha realizada por peones puede cos-
tarle hasta el 50% del valor total. En la mediería la
parte entregada oscila alrededor del 50% de la cosecha,
mientras que en el arriendo, cuando el dueño del predio
ejerce menos control empresarial, la parte qué él deja
al usuario puede ser un 85% de la cosecha (Orlove 1977:12Ò).
Brush (1980:170) propone que el multicultivo
in situ de especies nativas por las comunidades andinas
sea subvencionado por las agroindustrias multinacionales,
en compensación por las ganancias que éstas han realizado
de semillas patentadas, derivadas de germoplasma recolec-
tado de estos mismos agricultores campesinos.

133
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137
ECONOMIAS CAMPESINAS Y ECONOMIA REGIONAL

Este estudio fue realizado por Efraín Gonzales de Olarte,


en calidad de consultor, quien trabaja en el Instituto
de Estudios Peruanos.
Introducción

Una de las principales características del desarrollo del


capitalismo en el Perú es su desigualdad regional. Esto
ha dado lugar a que se acepte, de manera a priori la
existencia de varias economías regionales desigualmente
vinculadas en lugar de una economía nacional totalmente
integrada.
Para aceptar la existencia real de economías regio-
nales es necesario que converjan de manera precisa ciertos
elementos: a) un espacio geográfico, b) cierta organiza-
ción social de la producción y la circulación de mercan-
cías dentro de ese espacio y e ) una cierta dinámica propia
del espacio geográfico-social respecto de otras regiones. 1/
En este sentido, uno de los actores más importantes en
la existencia de las regiones son las economías campesi-
nas que, por sus características muy ligadas al espacio
geográfico, permiten definir de manera específica cierto
tipo de economía regional.
El objeto de este trabajo es analizar, a la luz de
la experiencia peruana, el papel que cumplen las economías
campesinas en la formación de economías regionales y las
reglas, bajo las cuales, se integran o son integradas en
la formación social capitalista. Para tal fin, vamos a
tratar de explicar cómo se han establecido las economías
campesinas en determinado espacio geográfico, cómo uti-
lizan el territorio, bajo qué tipo de relaciones sociales
transforma la naturaleza y la geografía, cómo a partir
de los bienes producidos se relacionan con otras unidades
económicas, en función de cierta división social del
trabajo, y cómo estas relaciones definen un espacio
regional.
Utilizaremos como ejemplo ilustrativo las economías
campesinas que forman parte de la región del Cusco.

141
I. GEOGRAFIA Y ECONOMIA CAMPESINA EN EL PERU

El Perú es un país con "vocación regional" en virtud de


su peculiar geomorfología que se puede sintetizar de la
siguiente manera:
1. La extensión territorial es de 1 285 215 km2, está
dividido en tres regiones: la costa, que representa el
10$ del territorio, la sierra 2b%, y la selva el 66%.2/
2. El territorio nacional contiene 84 de las 103 zonas
de vida clasificadas por L. Holdrige,3/ con diferentes
temperaturas, altitudes (que oscilan entre 0 y 6 800
m.s.n.m.), humedades, y por consiguiente flora y fauna
diversa.
3. La orografía está compuesta en dos grandes sectores:
el ande que se extiende desde la plataforma continental
hasta los pongos, y la amazonia que es una dilatada
llanura cubierta de bosques.
4. Existe una red de carreteras de aproximadamente
58 000 kms., desigualmente distribuidos dentro del terri-
torio y de diferentes calidades, que no llegan a conectar
totalmente las diferentes regiones y centros poblados.
Es dentro de este espacio geográfico que las
economías campesinas se han establecido, sin embargo, no
lo han hecho de manera libre ni espontánea, sino subordina-
damente a las haciendas o por acción del Estado. Por esta
razón las economías campesinas, cuya forma específica
peruana más importante es la economía familiar comunera,
han sido relegadas a las tierras menos productivas de,
sobre todo, la sierra preponderantemente en las regiones:
Quechua, Suni y Puna.
Figueroa ha estimado que: "las familias campesinas
constituyen el 67% del total de familias rurales y el 36%
del total de familias del Perú. Las familias campesinas
de la sierra conforman, entonces, cerca del 60% de las
familias rurales y 3°% del total de familias del Perú.
La presencia campesina en la población peruana es, por
ello, muy importante".4/ De otra parte, el 62.5$ de la
población rural del Perú está establecida en las regiones
Quechua, Suni y Puna, es decir, habitan en valles inter-
andinos, mesetas, altiplanos y punas que se encuentran
entre 2 000 y 4 500 m.s.n.m., tal como se aprecia en el
cuadro 1. De esta población el componente más importante

143
son las familias comuneras agrupadas en 3 030 comunidades
campesinas, que representan el 39% de la población rural
y el 58$ de las economías campesinas, y que en nuestro
concepto es la forma específica de la economía campesina
en el Perú.
Las comunidades campesinas son grupos'de familias
que se asentaron en las zonas periféricas de las hacien-
das en territorios comunales limitados históricamente
por su relación con las mismas, cuyas tierras y ganado
están individual y desigualmente distribuidos entre las
familias comuneras, lo cual posibilita el estableci-
miento de relaciones de producción y distribución entre
comuneros de manera específica, creándose un espacio
social que está a la base de la conformación de cierto
tipo de economías regionales.6/
Es necesario señalar que la reforma agraria al
afectar las haciendas, sin beneficiar sustancialmente
a las comunidades, terminó de romper las ligazones que
tenían los comuneros con sus "patrones" hacendados, por
lo cual los efectos de la reforma sobre las comunidades
han sido, sobre todo, indirectos y se han traducido en
una mayor integración de las economías campesino-comuneras
en los mercados de bienes y de fuerza de trabajo.
Cuadro 1

PERU: POBLACION TOTAL Y RURAL POR REGIONES ECOLOGICAS, 1972

REGIONES ALTITUD POBLACION TOTAL POBLACION RURAL


m.s.n.m.
% %
miles miles

1. Costa menos de
500 5,929 43.8 1,208 17.0
2. Yunga 500 - 2000 926 6.9 725 10.2

3. Quechua 2000- 3000 4,073 30.1 3,215 45. 3

4. Suni 3500- 4000 1,325 9.8 1,101 15.5

S. Puna 4000- 4500 192 1.4 124 1.7

6. Cordillera 4500 y más 13 0.1 9 0.1

7. Selva alta 500- 1000 371 2.7 280 3.9

8. Selva baja monos 500 7 09 5.2 444 6.3

13,538 100. 0 7,106 100. 0

Fuente : Tomado de: Adolfo Figueroa: LA ECONOMIA CAMPESINA DE LA


SIERRA DEL PERU, P.U.C. , Lima 1981, pp.. 27

144
El asentamiento territorial de los comuneros, la
forma de utilización del espacio geográfico han estado y
están en función de un sistema social dentro del cual los
campesinos son subordinados -económica y extraeconómica-
mente- a grupos de poder en el ámbito rural, dentro y
sobre todo fuera de la comunidad; antes de la reforma
agraria: los hacendados, actualmente las cooperativas.
Además de una creciente subordinación a las reglas de
la economía mercantil capitalista, a la cual se han ido
integrando.
En este sentido las economías campesinas no hacen
parte de un desarrollo capitalista de la producción agro-
pecuaria y artesanal que las integre, sino son formas de
producción no-capitalistas mercantiles, que se articulan,
a través de la circulación mercantil, a la economía capi-
talista. Esto se explica en gran parte porque la calidad
y cantidad de recursos naturales y los creados por acción
de los campesinos, por estar relegados a las "peores
tierras", no permiten la obtención de productividades
que atraigan al capital-productivo; y esto a pesar de la
acción del estado por "capitalizar el campo". Por ello,
las economías campesinas están estructuralmente sujetas
a servir parcialmente de reserva de fuerza de trabajo y
de mercado restringido para productos industriales, pues,
el desarrollo de las fuerzas productivas del capitalismo
en el Perú es incapaz de absorber a los campesinos. En
vista de ello, la economía campesina en general y la
economía comunera en particular, constituyen formas espe-
cíficas de subsistencia de las familias campesinas de la
sierra del Perú.
Dentro de este panorama notamos un parámetro condi-
cionante, existente desde hace mucho tiempo: el espacio
geográfico, cuya transformación y utilización ha perma-
necido en manos de los campesinos, y últimamente del
Estado. Sin embargo, esta transformación ha sido muy
lenta, de tal suerte que este espacio físico sólo ha
asegurado la existencia de economías de subsistencia para
la mayoría de los campesinos.2/
Este espacio físico con las limitaciones que veremos
más adelante, constituye el escenario en el cual se han
establecido las economías campesinas para producir bajo
determinadas relaciones sociales, las que en su acción
sobre la naturaleza han utilizado este espacio en función
del tipo específico de relaciones de producción que las
concernía, es decir, ha sido diferente la utilización y
transformación del espacio físico en función de: rela-
ciones serviles con la hacienda, de relaciones asalaria-
das con medianos capitalistas o cooperativas, o de
relaciones familiares y comuneras en las comunidades
campesinas. El conjunto de relaciones sociales de
145
producción, circulación y distribución, que se establecen
en cierto territorio define el tipo de economia regional.
En este sentido, dada la importancia de las economías
campesinas en la sierra peruana, la existencia de las
economías regionales son inexplicables sin ellas.

146
II. COMPLEMENTARIDAD ECOLOGICA, DIVISION DEL TRABAJO
Y ECONOMIA COMUNAL

Las comunidades se encuentran ubicadas en las regiones


de Quechua, Suni y Puna. Un gran porcentaje de comuni-
dades tiene acceso a tierras y pastos ubicados en varios
pisos ecológicos,8/ con lo cual se ha conformado un
sistema social que utiliza varios pisos ecológicos con
cierta racionalidad, con fines de subsistencia.
Las economias campesinas de las comunidades han
ocupado y utilizan su territorio en función de dos
aspectos que se combinan: 1) el control de varios pisos
ecológicos con diferentes microclimas, y 2) una desigual
distribución de la tierra al interior de la comunidad.

Control de pisos ecológicos

Las comunidades campesinas de la región del Cusco -que


tomaremos como ejemplo ilustrativo- están asentadas
mayormente entre 2 400 a 4 500 m.s.n.m., en cinco dife-
rentes pisos ecológicos, tal como se observa en el cuadro
2. En cada piso, ubicado entre determinadas altitudes,
es posible la producción de ciertos bienes agrícolas y
la crianza de algunos animales. La papa y el ganado
ovino son los únicos productos que se han aclimatado en
todos los pisos ecológicos, aunque sus rèndimientos en
cada uno de ellos estén en relación inversa con la alti-
tud. Los otros productos agrícolas se cultivan, grosso
modo, en los pisos señalados, y de manera general existe
una relativa especialización agrícola hasta el piso
suni bajo, y una especialización pecuaria en suni alto
y puna. En otras palabras, las tierras de valle y que-
brada son básicamente utilizadas para la agricultura, y
las tierras de altura -pastos naturales en su mayoría-
son utilizados para el pastoreo.
Dada la orografía e hidrografía de la región, el
territorio se ha organizado en microrregiones, que físi-
camente son extensiones considerables en las cuales se
combinan diferentes pisos ecológicos en torno a una cuenca
hidrográfica: uno o varios ríos o lagunas. En cada una
de estas microrregiones existen un número variable de
comunidades asentadas en diferentes pisos ecológicos y

147
controlando productivamente cierto número de ellos. En
tres microrregiones del Cusco -ver cuadro 3- las comuni-
dades se han asentado con un cierto patrón: l) están
ubicadas mayormente entre 3 000 y 3 700 m.s.n.m., en los
pisos ecológicos quechua alto y suni bajo; 2) la mayor
parte de comunidades tienen acceso a dos pisos ecológicos,
sólo las menos controlan un solo piso o más de dos.
Todo esto significa que bajo cierto tipo de orga-
nización social cada microrregión puede permitir cubrir
gran parte de las necesidades alimenticias y de vestido,
en vista de la diversidad de la producción y del control
le pisos ecológicos por cada comunidad.

Cuadro 2

CARACTERISTICAS DE LOS PISOS ECOLOGICOS EN LA REGION DEL CUSCO

Pisos eoolCgicxjs Altitud Productos agrícolas* Ganado* Paisaje


m.s.n.m. principales

1. Quechua-Bajo 2400-3000 Maíz, aeréales, fru vacuno, porci Valle, auebrada


tales, papa. no, caprino,
ovino.

2. Quechua-Alto 300C 3500 Papa, oebada, maíz, vacuno, porci Quebrada.


habas. no, ovino

3. Suni Bajo 3500-3700 Papa, pastos natu- Ovino, vacuno, Quebrada, al ti


rales, quinua. atquSnicb. plano.

4. Suni Alto 3700-4000 Quinua, lizas, pas Auquénicb, ovi Altiplano.


tos naturales, papa. no.

5. Puna 4000-5000 Pastos naturales Augu&iido Altiplano, mon


taña.

Fuente: PHCEERM, Diagnósticos micro-regionales de Paruro (1981), itocmayo (1982) , Canas


(1982), Cusoo.

*En orxten de inportancia.

2. Desigual distribución de tierras en


las comunidades

Ya es reconocido que las comunidades campesinas se carac-


terizan por: l) la pobreza en la cantidad y calidad de
los recursos comuneros, 2) gran parte de las tierras
dentro de la comunidad pertenecen a las familias indivi-
dualmente, 3) los principales recursos -tierra y ganado-
están desigualmente distribuidos, k) que es sobre todo
la organización colectiva del trabajo la que le imprime
el sello "comunal".9/
La individualización y la desigualdad en la repar-
tición de tierras, dentro del espacio físico descrito
anteriormente, ha dado lugar a la existencia de un sistema
parcelario de tierras ubicadas en diferentes pisos ecoló-

148
gicos, que además se explica en virtud -de la aversion al
riesgo de una economía campesina, que tiene que minimizar
pérdidas debido a factores climatológicos o económicos
(precios). Sobre la base de este sistema ecológico-social
se establecen varios tipos de relaciones de producción que
tienen dos objetivos primordiales: l) alcanzar niveles
adecuados para la reproducción física y social de la
fuerza de trabajo, 2) permitir ia reproducción de la
comunidad campesina con las desigualdades entre campesi-
nos que la sustentan.
Cuadro 3

DISTRIBUCION DE LAS COMUNIDADES CAMPESINAS SEGUN PISOS


ECOLOGICOS EN LA REGION DEL CUSCO (PERU)

Micro- N° de Pabla- Pisos ecológicos donde N° de pisos que con


regiones comuni ciín están ubicadas las ccnru trolan las conunida
dades comunal nidades* des

1 2 más de 2

(% ) (S )

Paruro 34 20,512 18 74 8| 7 73 20

Aocntayo 35 23,263 20 54 26 11 83

Canas 55 30,624 j 7 I 84 | 9Î n.d.

Fuente; PRODEHM, Diagnósticos micro-regionales de Paruro (1981), Accmayo (1982), Canas


(1982), Cusco.

*1. Quechua bajo


2. Quechua Alto
3. Suni Bajo
4. Suni Alto
5. Puna

Las principales relaciones de producción existentes


en las comunidades son: a) familiares, que ocupan la
mayor parte de la fuerza de trabajo, b) comunales, consti-
tuidas por relaciones recíprocas (ayni, minka) y rela-
ciones colectivas (faenas), c) salariales, que implican
el pago de un salario en dinero yespecies, pero que no
significan necesariamente proletarización.
Es en base a estas relaciones de producción que se
utiliza y organiza el territorio, bajo tres modalidades:
l) producción sobre recursos familiares propios, traba-
jándose las distintas parcelas familiares ubicadas en
diferentes pisos ecológicos o criando individualmente
el ganado, 2) producción en aparcería (en compañía, al
partir), que permite acceder, a los comuneros con menores

149
tierras, a otras tierras -en muchos casos ubicadas en
diferentes pisos ecológicos- para completar la producción
de subsistencia, a cambio de una renta en productos que
entregan a los propietarios de las tierras recibidas y
3) producción comunal, que se realiza en tierras comunales
constituidas en gran parte por pastos naturales ubicados
en'los pisos suni y puna, y donde la principal actividad
productiva es el pastoreo.
De esta manera la complementariedad ecológica se
presenta bajo la forma de una organización social encar-'
nada en la comunidad campesina.
3. División del trabajo, intercambio y
economía comunera
Existen dos formas de división del trabajo: l) por las
tareas realizadas por los miembros de la familia, en las
cuales no existe una división precisa «ya sea por sexo o
edad, todos los miembros participan con diferentes inten-
sidades en todas las tareas agropecuarias, a excepción de
algunas: a) .la preparación del terreno está a cargo de
hombres adultos, b) la preparación de la comida está a
cargo de las mujeres, y c) en gran parte, el pastoreo
del ganado es encomendado a los menores; y 2) por los
bienes producidos, no existen -salvo contadas excepciones-
familias comuneras o comunidades especializadas en la
producción de ;un solo bien. Prácticamente todas las
familias producen una variedad no muy grande de los
mismos bienes,10/ según los pisos ecológicos y parcelas
que conducen.
Como se aprecia,la división del trabajo dentro de
la familia comunera y/ dentro de la comunidad es muy res-
tringida, además gran parte de la producción está desti-
nada al autoconsumo, 1j1/ por ello el intercambio de
productos entre familias de una misma comunidad es
limitado.
Lo importante en el intercambio dentro de la comu-
nidad está constituido por la utilización de fuerza de
trabajo de cada familia comunera en relación a su dispo-
nibilidad y requerimientos definidos por el tamaño de la
familia y por la cantidad de recursos familiares. Dada
la desigual distribución de recursos (tierra y ganado)
existen familias ofertoras netas de fuerza de trabajo,
que son las que tienen relativamente menos recursos en
relación a su fuerza de trabajo, y las demandantes netas
-en general "campesinos ricos" que tiene una relación
inversa.
Es en base* a la relación recursos/fuerza de trabajo
que se van conformando las relaciones de producción de los
diferentes tipos descritos anteriormente, conformándose
un espacio social sustentado por el espacio físico ya
señalado.
150
El volumen de producción e ingresos, que se pueden
generar dentro del espacio comunal, es variable para cada
familia comunera. Existen una serie de familias "pobres"
y "medias" que, con lo producido dentro de la comunidad,
no alcanzan al nivel de subsistencia, por lo cual se ven
obligadas a vender en determinadas épocas su fuerza de
trabajo fuera de la comunidad, ya sea dentro de la micro-
región o fuera de ella para lo cual migran temporalmente.12/
Otras familias, las "ricas", sí llegan a obtener más allá
de lo necesario para su subsistencia. Sin embargo, todas
las familias, cualquiera que sea su grado de "riqueza"
generan ingresos monetarios -por venta de productos o de
fuerza de trabajo- que son utilizados para comprar bienes
industriales 13/ que sirven para completar su canasta de
consumo, cada vez más creciente. Es a través de estos
mecanismos de mercado que se integran en la economía
regional, en menor medida a la nacional e internacional,
haciendo parte de un grado de la división de trabajo
regional, ofreciendo productos agropecuarios y artesanales,
y fuerza de trabajo en los mercados regionales, a cambio
de otros productos y servicios no producidos por ellos.

15
III. ECONOMIA CAMPESINA, ECONOMIA COMUNAL
Y MICRORREGION

1. Economía campesina y economía comunera

Ahora que tenemos descritas las principales característi-


cas de las familias comuneras y comunidades, veamos cómo
su organización se integra en la economía regional,
imprimiéndole características específicas.
La economía campesina comunera difiere de la econo
mía campesina convencional, por el hecho de que los coirm
ñeros están asociados y organizados dentro de un territo
rio comunal, de tal manera que se establecen entre ellos
relaciones de "producción comunales" 14/ y no simplemente
familiares como es el caso de las economías campesinas
individuales.
Las relaciones de producción entre familias comu-
neras se establecen por intermedio de un elemento exterior
que es la tierra. En el gráfico 1 hemos sintetizado las
diferentes formas de relaciones de producción que esta-
blecen las familias, l) Relaciones familiares: la fami-
lia D que trabaja en su propia parcela (D) ubicada en
el piso ecológico quechua alto. 2) Relaciones comunales
recíprocas: la familia A que trabaja en la parcela de
la familia B (suni alto), y recíprocamente la familia B
que trabaja en la parcela de la familia A (quechua bajo).
3) Relaciones comunales no recíprocas: la familia C (pobre
que trabaja en la parcela de la familia B, sin esperar
otra retribución que una en especies. 4) Relaciones
salariales: la familia C que trabaja en la parcela de la
familia A, y recibe un salario como retribución. En las
comunidades de Antapampa 15/ hemos encontrado que la
mayor parte de la fuerza de trabajo es utilizada fami-
liarmente, en las relaciones comunales cada familia uti-
liza un promedio de 20 días/hombre al año, y en relaciones
salariales utiliza sólo 9 días/hombre al año.
Este conjunto de relaciones de producción son las
que crean el espacio social comunal, como una combinación
de la utilización del espacio físico bajo un conjunto de
relaciones sociales relativamente variadas; con un obje-
tivo común: reproducir las familias dentro de la comunidad
es decir, reproducir la comunidad. Es en este sentido
que el espacio comunal tiene relativa autonomía.

15
Gráfico 1

ESPACIO SOCIO-GEOGRAFICO DE LA COMUNIDAD CAMPESINA

FAMILIA
B

FAMILIA
D

TERRITORIO COMUNAL

TF : Trabajo familiar
TR : Trabajo recíproco
TW : Trabajo asalariado
TNR: Trabajo no recíproco

Las comunidades, sin embargo, no son idénticas,


difieren globalmente entre ellas, algunas tienen más
recursos que otras. Y dentro de cada comunidad existen
también diferencias entre las familias comuneras, en
recursos, producción, ingresos y gastos. Esto significa
también que el grado de integración en la economía mercan-
til regional es variable de comunidad a comunidad, y de
familia comunera a familia comunera.

154
2. La economía comunal

Para comprender sistemáticamente las relaciones internas


entre comuneros, y las externas de éstos con la economía
regional, hemos elaborado el gráfico 2 de la estructura
de la economía de la comunidad campesina.
En cada comunidad campesina existen (n) familias
comuneras que al utilizar su fuerza de trabajo obtienen
cierta producción agropecuaria o artesanal. Así la
familia (l) al utilizar su fuerza de trabajo sobre sus
propios medios de producción obtiene para sí una cantidad
(q^-^) por unidad de trabajo. La misma familia (l) entre-
ga a la familia (2) y recibe en reciprocidad (ayni,
minka) una cantidad (q,^). La familia (2) vende asala-
riadamente su fuerza de trabajo a la familia (3) por cuyo
concepto recibe (q^). De esta manera es posible ver el
conjunto de relaciones que se establecen entre las dife-
rentes familias comuneras de manera cuantificada, medidas
en unidades de trabajo. La diagonal principal de la
matriz de relaciones interfamiliares representa la fuerza
de trabajo familiar utilizada en las tierras de las
mismas familias.
Con este conjunto de relaciones de producción cada
familia obtiene una producción (Qn)» de la cual autocon-
sume (A ), la diferencia (Q - A ) es -por las razones
n n n
vistas en la sección precedente- intercambiada fuera de
la comunidad, en una cantidad (X ). Este intercambio se
n
materializa vendiendo o trocando en la feria semanal de
la microrregión, vendiendo a los comerciantes o llevando
los productos hasta la ciudad. A partir de aquí las
familias comuneras comienzan a integrarse mercántilmente.
En vista de que para una gran parte de las familias
comuneras sus producciones (Q n ) s o n insuficientes para
cubrir sus necesidades, buscan, fuera de la comunidad,
complementos en ingresos monetarios de tres fuentes
principales: l) los ingresos por transferencias (T n ) que
envían miembros de la familia que migraron definitivamen-
te, o cobros por renta de la tierra, 2) ingresos percibi-
dos por venta de fuerza de trabajo (W^) en los diferentes
mercados de trabajo, en la microrregión, en la región o
por migraciones temporales a otras regiones, y 3) los
ingresos recibidos por los servicios que proporciona el
Estado (E ) a los comuneros -educación, electricidad,
n
agua potable, asistencia técnica- a precios imputados.

15
Gráfico NQ 2

ESTRUCTURA DE LA ECONOMIA DE LA COMUNIDAD CAMPESINA

Familias comuneras Entradas


1 2 3 m Q X T W E y

1 q q 0 0 Q, X T E Y.
l1 12 1 1 1
2 q q q Q2 X T w2 E Y.
21 22 q
23 m 2 2 2
3 0 0 0 w3 Y.
q
33 S X
3 T
3 E
3

E

u
n q 0 0 q
n1
nm

Q Q2 s ••• ^m
A A A A 3 ...
1 2 m
M M M 3 ... M
w 1 M
2 m
•H R H E R 3 ...
rH 1 2 m
(ti
CO H H 3 ...
H H
1 2 m
G G G G 3 ... G
1 2 m
S S s 3 ...
1 S
2 m
Producción por unidad de trabajo.
q = Producción total (agropecuaria + artesanal) familia (n)
Producción intercambiada por la familia (n) = Q
Fuerza de trabajo vendida por la familia (n).
Servicios prestados por el Estado (educación, agua potable, elec_
tricidad) recibidos por la familia E .
Ingreso monetario total percibido por la familia (n) = X +W +E +T
Transferencias recibidas por las familias n (dinero enviado por
migrantes) y renta de la tierra.
Autoconsumo familiar, familia (m).
Compras de bienes y servicios de fuera de la comunidad de la fami_
lia (m).
Transferencias pagadas por las familias.
Gasto total de la familia (m).
Impuestos cobrados por el Estado.
Ahorro de la familia (m).

15
Así las familias comuneras reciben un ingreso mone-
tario compuesto por: Y = X + T + E + W .
n n n n n
Luego las familias comuneras tienen egresos por los
siguientes conceptos: por compra de medios de consumo, de
medios para la producción, de servicios, en una cantidad
(M ) por familia y por pagos de renta de la tierra y
envío de dinero a migrantes definitivos de cada familia
(R^). Lo cual hace un total de gastos monetarios de:
G = M + R .
n n n
De esta manera cada familia establece un balance
entre ingresos y gastos, que en general es: Y^ = G n «
Eventualmente puede presentarse un diferencia positiva
(S n ) que resultaría un ahorro, esto les ocurre a las
familias "ricas".
Un aspecto importante es la integración interna de
la comunidad, cuyas características pueden observarse
a partir del timpo de relaciones ( l n m ) lue se establecen
entre las familias comuneras.
Los términos de la integración de la familia
comunera en la economía mercantil regional y nacional
están dados por las siguientes relaciones:

Xn . Importancia relativa de la producción mercantil sobre


Qn ' la producción total.

Xn . Importancia relativa del ingreso por venta de


Yn ' productos sobre el ingreso monetario.

Tn-Rn . Importancia relativa del ingreso por transferen-


Yn ' cia neta sobre el ingreso monetario.

Wn . Importancia relativa del ingreso salarial sobre el


Yn ' ingreso monetario.

En . Importancia relativa del ingreso imputado por los


Yn ' servicios recibidos del Estado sobre el ingreso mo-
netario.

— : Términos de intercambio.
Mn

Tn . Grado de transferencia de ingresos monetarios de la


Rn ' comunidad a la región o a otras regiones.

Mn . Importancia relativa del gasto en compra de bienes y


Gm ' servicios sobre el gasto total.

15
(E - H ) : Participación
r neta del Estado,
n n
Las diferencias de estos indicadores de familia a
familia campesina dan una aproximación del grado de inte-
gración de cada familia en la economía regional. De la
misma manera, los mismos indicadores, agregados para toda
la comunidad, señalan el grado de integración de la comu-
nidad, en su conjunto, a la economía de la microrregión y
de la región. Así encontramos que existen comunidades
más integradas al mercado que otras, y lo que es más
importante, las tendencias de integración mercantil son
también diferentes en intensidad según microrregiones.
Resumiendo, las familias comuneras y las comunidades
están integradas en la economía regional, principalmente
a partir de su producción mercantil de carácter simple y
de la venta de fuerza de trabajo, a la circulación general
del capital, de la manera siguiente:

circulación del capital


M -I D - M. - D 1 I
I M
circulación simple

Los campesinos venden en los diferentes mercados


productos agropecuarios o artesanales y fuerza de trabajo
(M^), obtienen una cantidad de dinero (D), para luego
adquirir una serie de productos y servicios que no produ-
cen (M^). El proceso de circulación simple para los
comuneros termina con la adquisición de (fO. Sin embargo,
los comerciantes que compran sus productos hacen parte
del proceso de circulación mercantil del capital y por
tanto, obtienen una ganancia (D1 - D),16/ esta ganancia
se sustenta en la diferencia entre M. y M , en términos
i c
de valor M. > M .
i c
De esta manera, para cada familia comunera se esta-
blece un precio relativo ( M c ) > lue hace parte del sistema
M.
x
de precios en la microrregión, tal como veremos más
adelante.
De otra parte, la integración de comuneros y comu-
nidades se completa con la participación económica y
política del Estado en cada comunidad. Las característi-
cas y repercusiones de dicha presencia aún no han sido
estudiados.

15
3. Comuneros, comunidades y microrregión
Las familias comuneras integradas en un primer nivel de
organización social: la comunidad, también se integran en
un espacio más amplio que es la microrregión, aunque de
manera cualitativamente diferentes. Su participación en
la microrregión se da a dos niveles: a nivel económico,
haciendo parte del espacio mercantil o mercado microrre-
gional y regional y a nivel político, haciendo parte de
la estructura administrât iva del Estado y de las organi-
zaciones campesinas, gremiales y políticas.
La microrregión es un espacio social creado sobre
un espacio físico con las características que hemos
descrito que, por la agreste geomorfología, la altitud,
la poca integración vial y pobre desarrollo de las
fuerzas productivas, condicionan las características del
espacio social, que son las siguientes: a) por la presen-
cia de un importante número de economías campesinas comu-
neras semimercantiles, sólo parte de la producción es
intercambiada mercantilmente, por lo cual se forma un
espacio mercantil restringido a sólo parte de la produc-
ción, b) la producción capitalista es muy limitada en
base a: algunas cooperativas y medianos agricultores;
por consiguiente, la forma de capital dominante sobre las
otras formas, es el capital comercial, c) tiene un centro
microrregional, un pueblo que en general es capital de
provincia, y un hinterland compuesto básicamente por
comunidades campesinas, y d) el grupo de poder está com-
puesto por autoridades gubernamentales, comerciantes,
transportistas y pequeños capitalistas rurales.
En el gráfico 3 hemos sintetizado las característi-
cas comunes a cinco microrregiones -Paruro, Antapampa,
Canas, Acomayo y Canchis- de la región del Cusco, que
hemos estudiado, que son las siguientes:
a) El espacio físico es un continuo territorio consti-
tuido por un valle, una cuenca o un altiplano con varios
pisos ecológicos, atravesado por algún río o con una
laguna. Está integrado vialmente por una carretera prin-
cipal a la ciudad-eje regional (Cusco), y se integra
dificultosamente a través de carreteras secundarias,
trochas carrozables, y caminos de herradura.
b) El espacio mercantil está definido por el conjunto
de relaciones de intercambio realizadas por los habitantes
de la microrregión, de las cuales las comuneras son numé-
ricamente más importantes. El intercambio (X) y (M) de
productos se efectúa, por lo general, en la feria perió-
dica (semanal) que se lleva a cabo en el "pueblo", donde
convergen campesinos, comerciantes, vecinos del pueblo,
otros productores. Una de las características más impor-
tantes a este nivel es que el intercambio entre miembros

15
GrSfico N° 3

ESPACIO MICRO REGIONAL O MICRO REGION

CIUDAD- EJE GRUPOS EE


REGIONAL ESTREO POCËR
FEGI0NAL
OTRAS
PRINCIPAL MERCADO
EEGICNES

de comunidades distintas se da a través de aquella feria


y no directamente. Estos triángulos sin base 17/ se deben
fundamentalmente a dos razones: i) las distancias entre
comunidades no justifican el "viaje" para comprar algunos
pocos productos, es más razonable ir a la feria y tener
acceso a productos agropecuarios e industriales, ii) la
similitud de la producción de cada familia comunera, tal
como vimos, restringe la posibilidad del intercambio,
esto debido a que la mayoría de las comunidades controlan
varios pisos ecológicos y a la escasa división social del
trabajo.

10
La venta de fuerza de trabajo dentro de la micro-
región es efectuada por campesinos, comuneros y peones,
los cuales son contratados directamente por las cooperati-
vas, pequeños y medianos agricultores, quienes reciben
un salario (W).
Estos dos tipos de intercambio están a la base de
la existencia de un mercado restringido microrregional.
c) La organización institucional y administrativa de
la microrregión está dirigida por los organismos del
Estado (gubernatura, alcaldía, sub-prefectura, puesto
policial, escuelas, postas médicas, parroquias, juzgado)
y sus respectivos funcionarios, que hacen parte de una
organización jerárquica y centralizada dirigida desde la
capital del Perú. De esta manera la integración admi-
nistrativa de la microrregión y sus componentes a la
economía regional y nacional completa el carácter sub-
ordinado de la microrregión.
La microrregión es la combinación de los tres aspec-
tos anteriores, donde lo condicionante es el espacio fí-
sico y lo determinante es el espacio social fruto de un
conjunto de relaciones sociales básicamente no capitalis-
tas, que limitan su total integración al modo de produc-
ción capitalista. Por ello las microrregiones constituyen
espacio sociogeográficos con relativa dinámica de fun-
cionamiento y reproducción, que se articulan subordinada-
mente a la economía regional, a través de los mecanismos
de circulación mercantil y de la organización político-
administrativa del Estado, sin que los efectos de dicha
articulación alteren sustancialmente las relaciones de
producción que definen la microrregión. Es decir, tiene
sentido afirmar la existencia de una microrregión en la
medida en que las principales unidades de producción
-en nuestro caso las economías comuneras- no vean alte-
radas las relaciones de producción en las cuales se
sustentan; pero, si se comienzan a provocar cambios, con
tendencia persistente, es muy probable que dejen de
existir las microrregiones, para dar paso a una economía
regional o nacional integrada.
Dentro de este contexto, las economías comuneras
constituyen mayoritariamente la periferia de la micro-
región, tanto por su ubicación geográfica como por su
posición económica subordinada. Además es una periferia
compuesta por comunidades cuyos vínculos económicos son
débiles. Los cambios que se han operado en estas econo-
mías no han alterado básicamente las relaciones de
producción comuneras, de allí la persistencia de la micro-
región.

1
k. Microrregión y sistema de precios

Queremos profundizar uno de los aspectos económicos más


importantes que definen una microrregión. Hemos afirmado
que la microrregión es, entre otras cosas, un espacio
mercantil con relativa dinámica propia; esto significa
que existe un sistema de precios microrregionales rela-
tivamente independiente del de otras microrregiones, por
lo cual resulta paralelo y, eventualmente, diferente.
Esto se basa en las siguientes razones:
a) Existen dos tipos de productos que se irítercambian
en la microrregión: i) productos campesinos (M q ) y ii)
productos no campesinos dentro de los cuales los
más importantes son industriales. El número de productos
campesinos es sustancialmente menor que los productos no
campesinos.18/ Además la productividad de los campesinos
es netamente inferior a la productividad de los sectores
industriales.
b) Los campesinos son "precio aceptantes", por lo cual
no existe relación directa entre sus costos de producción
y los precios de mercado.
c) En la formación del precio de productos no campe-
sinos se suman dos costos adicionales al precio de fábri-
ca: el costo de transporte y las ganancias de los comer-
ciantes.
d) De esto se desprende que se forma un precio relati-
vo por producto para los campesinos: (M c ) , precio que
M~
depende de la productividad individual por producto de
cada familia comunera, del precio que le fije el comer-
ciante o transportista comprador, dé los precios de los
productos no campesinos vendidos en la microrregión.
e) Sobre esta base se forma un sistema de precios
relativos en la microrregión, que corresponde a la
siguiente matriz:

1
PRODUCTOS INDUSTRIALES
1 2 3 •••••• n
p 1 P P P P
R 11 12 13 ''' ln
0
D
ü 2 P P P P
21 22 23 2n
C
T
0 3 P P
S 31 32 33 3n
c
A
M


• • • . «

P • • • •

E •
• •
S •

I • • • •

N m P , P ^ P , P
0 mi m2 m3 mn
S

donde : m < n

Este sistema de precios microrregionales resulta


independiente de otros sistemas de precios de otras micro-
regiones, porque, dadas las producciones campesinas
similares, no se produce un intercambio generalizado de
productos campesinos entre campesinos de diferentes
microrregiones, salvo para algunos productos provenientes
de microrregiones con diferente composición en los pisos
ecológicos. La existencia del mercado microrregional se
basa en este sistema de precios de sobre todo, bienes,
donde la fuerza de trabajo sólo tiene un precio esporá-
dico, que corresponde a un mercado de trabajo en ciernes.

1
IV. MICRORREGIONES Y REGION

Cierto tipo de regiones, con fuerte componente microrre-


gional y, por ende, con un importante segmento no capi-
talista encarnados por los comuneros y sus comunidades,
las hemos tipificado como espacios mercantiles regiona-
les. 22/ Este es el caso de la región del Cusco, que nos
sirve de ejemplo ilustrativo.
Los habitantes de las microrregiones, especialmente
los campesinos, hacen parte de un espacio sociogeográfico
más amplio en la medida de relaciones con otras unidades
económicas (empresas, productores individuales, bancos,
comerciantes) ubicados en otros lugares (otras microrre-
giones, la ciudad-eje, u otras regiones). Estas rela-
ciones están íntimamente ligadas a la producción y
circulación del capital.
Este tipo de región -el espacio mercantil- se
presenta como un espacio físico más amplio, compuesto por
una ciudad-eje (Cusco) a la cual se relacionan los
habitantes de las microrregiones a través de: a) el
intercambio de bienes, b) la venta de fuerza de trabajo,
c) el crédito obtenido de los intermediarios financieros *
d) la administración estatal y e) los organismos gre-
miales y políticos. Todo ello gracias a un sistema de
comunicación que converge en la ciudad-eje.
En el gráfico 4 hemos esquematizado, con fines de
exposición, el espacio mercantil regional del Cusco,20/
que tiene las siguientes características:
1. Contiene 7 de las 8 regiones naturales descritas
por Pulgar Vidal, con una extensión aproximada de 175
mil kilómetros cuadrados, una población estimada para
1981 de 1 187 785 habitantes, de la cual el 37.3% es
urbana y el 62.7$ es rural.21/ El 15-3$ de la población
(181 6o4 hab.) habita en la ciudad-eje Cusco, y el 8 4 . 6 $
está distribuida en las 15 microrregiones consideradas
o reconocidas como tales. Existiendo además 4 ciudades-
eje secundarias: Abancay, Maldonado, Quillabamba y Sicuani.
2. La tasa de migración dentro de la región es de
2.2% mientras que la tasa de migración extrarregionales
es negativa -19-43$, e s decir, que es una región expul-
sora de población.

15
•39.

Gráfico N° 4

ESPACIO MERCANTIL REGIONAL


o ciclcfc|c le le I c
c MICRO REGION
c_ II
(ANTAPAMPA)

c le l ele le bCle
\x MICRO REGION c_
u M III c
r (Valle Sagrado)p
c lefc|c 1 c|c(cc

OTRAS REGIONES
AREQUIPA ICA PUNO

3. Las diferentes microrregiones y sus habitantes


están vinculados directamente con la ciudad-eje (caso de
Paruro) o indirectamente, a través de una ciudad-eje
secundaria (caso de Canas), bajo las formas de relaciones
arriba descritas. Esto significa que las relaciones
entre pobladores de distintas microrregiones tienen dos
variantes: a) sólo se vinculan entre si por intermedio
de las ciudades —eje, sin existir vinculación directa,
este es el caso de Paruro y Canas -ver gráfico k. El

166
triángulo sin base aparece nuevamente, b) están en proce-
so de vinculación (caso de Antapampa con el Valle Sagrado),
o están vinculadas en la base (caso de la microrregión de
Canchis y el Valle Sagrado).

1. Espacio mercantil regional

Entiéndase bien que el espacio mercantil regional no es


la simple aglutinación de microrregiones en torno a ejes
regionales, es bastante más que eso. Es ante todo la
forma mercantil como se vinculan los diferentes pobla-
dores de las microrregiones, que en virtud de las carac-
terísticas de la producción mercantil han condicionado
el espacio físico. Si el grueso de la producción mer-
cantil -en valores y cantidades- proviene de fuera del
espacio mercantil regional, como es el caso del Cusco,
es explicable porque los medios de comunicación que
vinculan la ciudad-eje con otras regiones y con la región
de Lima, están más desarrollados que los que vinculan a
la ciudad-eje con los comuneros de las diferentes micro-
regiones, cuyas producciones mercantiles son restrin-
gidas a partes de sus producciones totales.
En este sentido, la característica más importante
de los espacios mercantiles regionales es el predominio
de las formas del capital comercial y financiero, sobre
la forma capital-productivo. Tanto por el tipo de
producción interna, donde la economía semimercantil
comunera es un segmento importante, como porque una
buena parte de los productos industriales son producidos
fuera del espacio regional, y son vendidos por los comer-
ciantes dentro de la región. Por lo cual la contradicción
más importante en el espacio mercantil regional no se da
entre el capital y el trabajo, sino entre los segmentos
del capital -comercial y financiero- con formas de
producción no capitalista, en nuestro caso con las eco-
nomías campesinas (comuneras y no comuneras) y con otros
tipos de producciones mercantiles simples. Es claro que
han existido una serie de factores que emanan del des-
arrollo capitalista en el Perú, y que no han permitido
el desarrollo del capital-productivo en estos espacios
mercantiles regionales, con la intensidad que se dio en
otras regiones, especialmente en la región central de
Lima.
De otra parte, en los espacios mercantiles regio-
nales el mercado de fuerza de trabajo es también más
reducido que en regiones capitalistas 22/ y se concentran
en los lugares donde el capital-productivo se ha des-
arrollado mayormente. En el caso del Cusco, los princi-
pales mercados de trabajo se encuentran en las ciudades
(Cusco, Sicuani, Quillabamba, Abancay, Maldonado), en las

1
plantaciones de ceja de selva, y en los centros mineros.
En estos mercados de trabajo parte de la oferta de fuerza
de trabajo proviene de los campesinos quienes en parte
migran definitivamente de sus comunidades y otra parte
migra temporalmente, aprovechando la existencia de cierta
complementariedad ecológica y obligados por necesidades
de ingresos suplementarios. Así, en los espacios mercan-
tiles regionales se han ido constituyendo mercados de
trabajo restringidos, tanto por el poco desarrollo de
fuerzas productivas asociadas al capital productivo, como
por las limitaciones de la oferta de fuerza de trabajo,
proveniente en buena medida de las economías campesinas,
las cuales tienen dos restricciones: su escasa califi-
cación para tareas no agropecuarias, y la estacionalidad
de su producción familiar y comunera que en ciertas épo-
cas del año utiliza plenamente su fuerza de trabajo y no
puede ofrecerse en los mercados de fuerza de trabajo al
salario corrientemente pagado.23/

2. Presencia del Estado

La creciente participación del Estado en la economía


regional es un aspecto crucial para la comprensión de las
tendencias en el desarrollo regional del Perú. En este
sentido en los espacios mercantiles regionales su presen-
cia se da a varios niveles: provee de una infraestructura
física -edificios, calles, carreteras, centrales eléc-
tricas, etc.- que no puede [Link] en base a los
recursos regionales. En este sentido el Estado centrali-
za y redistribuye sus ingresos en favor de ciertos
sectores, ciertas microrregiones, y ciertas capas de la
población. La mayor integración de los comuneros, tal
como hemos visto antes, se da en parte, en función de la
capacidad que tiene el Estado de ofrecer una serie de
bienes y servicios, que a menudo no tienen precio de
mercado, por lo cual no hacen parte directa del sistema
de precios regional.
Administra regional y nacionalmente dos importantes
mercancías: el dinero y la fuerza de trabajo. El dinero,
a través de una gestión estatal del dinero de curso
forzoso, y la fuerza de trabajo, a través de la regulación
de salarios, contratos colectivos y servicios de seguri-
dad social de los trabajadores. Las reglas generales con
las cuales administra estas dos mercancías involucra a
los campesinos comuneros en una economía monetaria cuyo
funcionamiento se regula por medio de políticas monetarias
y no solamente por reglas de mercado.
El Estado ha tenido y tiene políticas regionales
específicas, en muchos casos políticas microrregionales y
políticas que atañen directamente a las comunidades campe-
sinas.
168
Este conjunto de intervenciones del Estado no seria
posible si, previa o paralelamente, no se hubiera creado
una organización administrativa e institucional jerarqui-
zada: nacional, departamental, provincial y distrital.
A través de la cual se implementan las acciones del
Estado.
De este conjunto general de características taxonó-
micas de la participación del Estado a nivel regional y
microrregional, emergen dos elementos explicativos de la
racionalidad de la participación del Estado en un país
regionalizado como el Perú: el Estado es unificador, tanto
a nivel físico (vías de comunicación) y como a nivel
social (consolidación y crecimiento de los mercados
regionales); y, el Estado es redistribuidor de recursos
en favor de regiones y sectores de la población que no
logran acumular, para lo cual sustituye a algunos mecanis-
mos de mercado. Ambas características parecen tener un
objetivo común: la creación de condiciones para un
desarrollo capitalista generalizado.
El Estado aún no ha logrado este objetivo, sobre
todo a nivel de las economías comuneras y de las micro-
regiones. Pero sí permite que parte de los recursos con
que cuentan actualmente comuneros, microrregiones y
regiones no dependan solamente de sus productividades,
ingresos, capacidad de acumulación, ni de mecanismos de
mercado. Sin embargo, el nivel de la intervención del
Estado ha sido, hasta ahora, relativamente modesta,
sobre todo en lo concerniente a las economías campesinas
comuneras, no habiendo alterado en lo fundamental las
relaciones de producción y habiendo favorecido lentamente
al desarrollo de las fuerzas productivas. Además, la
modalidad en general no mercantil de la intervención del
Estado es un factor importante en esta lenta transforma-
ción de las economías campesinas y microrregionales.

1
V. A MANERA DE BALANCE

Volviendo a la pregunta inicial sobre el papel que juegan


las economías campesinas en la conformación de cierto
tipo de regiones, trataremos de analizar sucintamente
la racionalidad que sustenta la presencia y persistencia
de las economías comuneras dentro de las economías
regionales.
En primer lugar, hemos demostrado que existe un
espacio físico condicionante en la organización de cierto
tipo de relaciones de producción no capitalistas, y que
no permite, por el momento, la generalización de rela-
ciones de producción capitalistas. Sin embargo, existe
una integración, cada vez más creciente, mercantil y
sociopolítica de los comuneros y comunidades, primero
en espacios mercantiles restringidos, que hemos llamado
microrregiones y luego en un espacio regional y nacional
más amplio. Las reglas de dicha integración están dadas
por las reglas generales de la producción mercantil capi-
talista y por la intervención estatal.
Las economías campesinas comuneras se encuentran,
en este contexto, entre dos límites que las obligan a
diseñar estrategias de sobrevivencia: de una parte, el
desarrollo de sus fuerzas productivas es relativamente
menor que en otras unidades productivas y en otros
sectores, lo cual se traduce en rendimientos y producti-
vidades muy bajas, y de otra parte, se ven confrontadas,
a través del consumo, a una economía mercantil que les
ofrece cada vez más productos a precios relativos desfa-
vorables con respecto a sus productividades. Ante tales
limitaciones, los comuneros responden con una organiza-
ción comunal de la producción y del proceso de trabajo,
aprovechando adecuadamente el pobre espacio físico, que
un largo proceso de dominación les ha fijado, con recursos
cuya utilización se hace con el objetivo de reproducir
socialmente la fuerza de trabajo en el corto y largo
plazo. En este sentido la complementariedad ecológica
asociada a una organización comunal de las relaciones de
producción, se presentan como una estrategia -quizás la
única- capaz de asegurar y adecuar la sobrevivencia de
los campesinos comuneros de la sierra peruana.

1
El efecto de esta organización comunal, con predo-
minancia de economías semimercantiles, da lugar a la for-
mación de espacios mercantiles restringidos que son las
microrregiones -donde los comuneros constituyen el grueso
de la población-, las cuales a su vez hacen parte de un
espacio mercantil regional más amplio, en el cual las
economías campesinas y comuneras pueden lograr completar
sus ingresos monetarios, a través de la venta de produc-
tos y de fuerza de trabajo, en virtud de lo cual su
estrategia de sobrevivencia se amplía más allá del
contexto comunal, integrándose paulatinamente a la
economía regional y nacional.
Finalmente, la integración de comuneros y comuni-
dades se consolida y se completa, a través de la inter-
vención del Estado, quién al ofrecer bienes y servicios
contribuye a mejorar los ingresos, y al mismo tiempo
que regula las formas de integración de estos sectores
en la economía regional y nacional.

Notas

1/ Efraín Gonzales de Olarte, Economías regionales


en el Perú, I.E.P., Lima, 1982, Parte II.
2/ Emilio Romero, Perú, una nueva geografía,
Librería Studium, Lima, s/f.
Joseph Tosi Jr., Zonas de vida natural en el
Perú, memoria explicativa del Mapa Ecológico del Perú,
Lima I960.
hj A. Figueroa, La economía campesina de la sierra
del Perú, P.U.C., Lima 1981, pp. 27.
j|7 El Ministerio de Agricultura en "Comunidades
campesinas del Perú", información básica, Lima, 1980,
señala que el total de tierras en posesión de las comuni-
dades es de 19 023 394 has., de las cuales el se
hallan ubicadas en la sierra.
6/ Ver, E. Gonzales, op. cit., parte III.
7/ Es necesario señalar que en cada comunidad exis-
ten "campesinos ricos" que tienen producciones e ingresos
superiores a los de subsistencia y a los promedios
comunales.
8/ Ver John V. Murra, Formaciones económicas y polí-
ticas del mundo andino, I.E.P., Lima 1975) ver ensayo
NQ 3", Jurgen Golte, La racionalidad de la organización
andina, I.E.P. 1980.
2/ E. Gonzales, Diferenciación en las comunidades
campesinas del Perú, P.U.C., Jornadas de balance de la
investigación social sobre la cuestión rural en el Perú,
Lima, I98I.
10/ En la microrregión de Antapampa hemos encontrado
que el 68% de las tierras cultivadas por los comuneros
estaban destinadas a la producción de 5 productos básicos:
papa, maíz, cebada, trigo y habas. Ver Efraín Gonzales,
"La economía familiar comunera" en Bevista de Economía,
Vol. Ill, NQ 5, 1980, p. 42.
11/ También en Antapampa, el 63.5$ de la producción
de papa, el 66.2% de maíz, el 77.8% de trigo y el 81.7%
estaban destinadas al autoconsumo, op. cit., p. 4-3.
12/ Ver A. Figueroa, op. cit., cap. V; E. Gonzales
"La economía familiar...", op. cit.
13/ En Antapampa hemos estimado que el 67% del gasto
monetario estaba destinado a la compra de bienes indus-
triales.
1b/ Las relaciones de producción comunales se
presentan, muy a menudo, asociadas a relaciones de paren-
tesco entre familias comuneras.
15/ E. Gonzales, "La economía familiar...", op. cit.
p.33.
16/ E. Gonzales, Economías regionales en el Perú,
op. cit. , parte II.
17/ Ver Julio Cotler, "Pautas de cambio en la
sociedad rural", en Dominación y cambios en el Perú rural.
IEP, Lima, 1969.
18/ En las microrregiones del Cusco, los principales
productos campesinos por microrregión oscilan entre 10 a
15, mientras que los productos no campesinos (industriales
en general) oscilan entre 30 y 50.
19/ E. Gonzales, Economías regionales en el Perú,
op. cit., parte III.
20/ Hemos tomado solamente cinco de las quince
microrregiones que compondrían la región del Cusco.
21/ Instituto Nacional de Estadística, Censos
Nacionales VIII de población - III de Vivienda, 12 de
julio de 1981, Lima, septiembre de 1981.
22/ En E. Gonzales, Economías regionales del Perú,
op. cit., hacemos una distinción tipológica entre espacio
mercantil regional y región capitalista. La gran dife-
rencia es que ésta última existe en función de un proceso
de acumulación regional del capital, mientras que los
espacios mercantiles existen en función de la circulación
del capital.
23/ Ver E. Gonzales, Empleo en las comunidades
campesinas del Perú, PREALC-OIT, Secretaría Nacional de
Trabajo, México, 1981.

1
ECONOMIA Y COMUNIDADES ANDINAS ECUATORIANAS:
ENFOQUES CONCEPTUALES

Este estudio fue realizado como una contribución del


Centro de Arte y Acción Popular (CAAP), de Ecuador, por
Galo Ramón Valarezo.
Introducción

El peso económico, político y cultural que presentan las


comunidades andinas en nuestro país, constituye una espe-
cial motivación para esforzarnos por comprender su lógica
de reproducción, sus prácticas tecnológicas, la organi-
zación del poder, sus concepciones culturales, su articu-
lación con la sociedad mayor y su destino histórico.
Pretendemos contribuir a este proceso de esclare-
cimiento, organizando una serie de elementos conceptuales
y metodológicos para abordar esa realidad; al mismo tiempo,
proponiendo algunas alternativas de trabajo y acción.
Para organizar la exposición de los elementos
conceptuales y metodológicos desarrollados, revisemos los
temas y preocupaciones que hacen parte del debate actual.
Estos temas debatidos, pueden ordenarse en los siguientes
aspectos:
1. La discusión sobre los orígenes históricos de la
comunidad.
2. La organización interna de las comunidades y
economías campesinas: la racionalidad productiva, los
sistemas de parentesco y afinidad, la ritualidad, la
cultura y la organización del poder.
3. La articulación de la comunidad y economías
campesinas con la sociedad mayor: con el mercado, el
Estado y la estructura de clases.
k. El movimiento campesino y la lucha por la tierra:
clase, etnia y Estado.
5. Las alternativas en la producción, la organiza-
ción, la educación y las prácticas sanitarias.

1
I. LA DISCUSION ACTUAL SOBRE COMUNIDAD ANDINA Y
ECONOMIAS CAMPESINAS EN EL ECUADOR

1. Los orígenes históricos de la comunidad

La discusión sobre los orígenes históricos de la comu-


nidad, es uno de los más fecundos filones del debate
actual. Los puntos de vista más lúcidos y sugerentes
son aportados por la etnohistoria. Los esfuerzos rea-
lizados sobre todo en el Perú y Bolivia por Murra, Mayer,
Golte, Troll, Alberti, etc.,_1/ precisan con sus investi-
gaciones las formas económicas y organizativas, la lógica
de ocupación y utilización del espacio vital que des-
arrollaron cacicazgos, señoríos y reinos del mundo andino,
antes de la conquista española. Se reconoce entonces el
control vertical de los pisos ecológicos, la ocupación de
distantes islas productivas a través de las colonias, la
lógica organizativa basada en las dos mitades (hanan y
hurin) y la subdivisión de cada una en dos mitades idén-
ticas; la fuerza de las relaciones de reciprocidad,
complementariedad y redistribución, los logros tecnoló-
gicos para desarrollar una altísima cultura andina de
cultivo (agricultura de laboreo), la cultura de riego,
las obras de infraestructura, etc., y las nuevas carac-
terísticas que adquiere ese control de pisos ecológicos
verticales con el surgimiento de los grandes reinos, que
van perfilando una organización estructural de centrali-
zación y autonomía.
Este esfuerzo de comprensión desarrollado en los
Andes de Puna, fue tremendamente esclarecedor y permitió
el estudio específico de los Andes Parameros ecuatorianos,
apareciendo trabajos muy sugerentes aportados por F.
Salomon, Udo Oberem, Horacio Larraín, Segundo Moreno,
etc.,2/ que han logrado evidenciar esa especificidad:
la utilización microvertical de pisos ecológicos en
distancias muy cortas; el surgimiento de importantes
cacicazgos sobre la base del acceso y control de regiones
o enclaves productores de maíz y tubérculos; la impor-
tancia del comercio a distancia para proveerse de
artículos tropicales como el ají, el algodón, la coca,
a través del grupo especializado Midalaa; la fuerte
presencia de la Plaza de Trueque, Tiánguez, para

1
intercambios entre unidades domésticas y a menor distan-
cia; la relativa autonomía cacical en la nueva articula-
ción centralizadora desarrollada por el Incario; la
naturaleza y características de la redistribución, reci-
procidad y complementariedad; y, las contradicciones-
luchas surgidas con la centralización-autonomía de la
dinámica de articulación panandina en proceso de cris-
talización con el Incanato.
Esta información clave aportada por la etnohistoria,
nos permite evaluar con cierta rigurosidad los cambios
operados en la organización andina con el proceso colonial,
con el sistema de hacienda, y con la nueva articulación
al capital comercial e industrial luego de la ruptura con
la hacienda. Esta visión, supera aquella tesis que
mantenía que las comunidades andinas no han cambiado en
absoluto con relación a los ayllus precolombinos y que al
decir de los "sostenedores de esta tesis" como que se
habían anclado en pleno siglo XV; y también nos permite
precisar el planteamiento que sostenía que la comunidad
es una simbiosis histórica entre la organización andina y
la organización impuesta por el modelo de comunas de
España.
Es claro que la comunidad andina no ha permanecido
inmutable, que ya no es lo mismo que el desaparecido
ayllu precolombino, que las reducciones, las mitas y las
encomiendas, las entradas de conquista, las pestes; luego
ia hacienda y por último los procesos de desarrollo de la
agricultura comercial, la articulación como fuerza de
trabajo a todas las fracciones del capital, el papel
articulador de las políticas estatales, etc., han dejado
una profunda huella en las comunidades, cambios que es
necesario analizarlos con objetividad desentrañando las
formas de resistencia/integración en su historicidad.
En la base de la discusión sobre los orígenes his-
tóricos de las comunidades se encuentra el problema de la
relación entre organización social, espacio vital y
circunstancias ecológicas.
El debate criticó y superó aquella concepción que
dejaba entrever cierto determinismo geográfico insinuada
especialmente por Troll en "Las Culturas Andinas Supe-
riores y el Medio Geográfico", que trazaba una corres-
pondencia mecánica entre medio ecológico y organización
social. En el trabajo de Olivier Dollfus "El Reto del
Espacio Andino" y en los trabajos de Salomon, "Los
Señores Etnicos de Quito en la Epoca de los Incas" se
advierte ya una precisión teórica necesaria para situar
al medio ecológico como las precondiciones objetivas de
la producción y de los asentamientos en general, pero se
relieva con mucha fuerza la dinámica organizacional que
actúa sobre esas precondiciones para aprovecharse de ellas
y desarrollar así procesos organizativos y de ocupación
180
del espacio en los que la dinámica social, sus conflictos,
determinan los principales avances en el dominio de la
naturaleza y los grandes saltos cualitativos organiza-
cionales.
Evaluar con rigor las precondiciones de la produc-
ción y de los asentamientos, es sin duda una necesidad,
pero, el centro del debate es aquel que analiza la diná-
mica organizativa que aprovecha y transforma las precon-
diciones ecológicas. Por esta razón, analizar la agricul-
tura en el mundo andino, es situarse precisamente en ese
centro básico, en el que la organización social va mol-
deando, transformando y aprovechando la ecología en
función de la producción. La agricultura se convierte
así en la clave de la organización social, de la cultura
y la ritualidad.

2. La organización interna de comunidades y


economías campesinas

En 1974, Eduardo Archetti, presenta el libro de Chayanov


"La Organización de la Unidad Económica Campesina" para
reclamar análisis específicos de los sectores sociales,
que permitan superar la ausencia de una teoría general
sobre el capitalismo dependiente que marcaba las discu-
siones de ese entonces, trasladando la discusión a
problemas particulares. Al introducir la noción de
Economía Campesina en el debate latinoamericano, adquieren
un nuevo contenido las discusiones sobre el viejo problema
de la caracterización de nuestras formaciones sociales;
el problema de la articulación de diversos modos de
producción; el cómo abordar modos de producción no capi-
talistas y el problema de la transición de las formas
productivas no capitalistas; es decir, el debate buscaba
ubicar y desarrollar una teoría sobre el campesinado, su
relación con la sociedad mayor, su organización interna y
sus tendencias históricas.
El debate así planteado, pretendía asimilar los
aportes que Chayanov había desarrollado a la comprensión
de la organización interna de las Economías Campesinas y
a la vez superar los límites teóricos de este autor, en
un esfuerzo por adecuar las categorías de capital, sala-
rio, interés y ganancia a la comprensión de formas produc-
tivas no capitalistas pero subsumidas ya al capital. En
este esfuerzo se ubican los trabajos de Bartra (La Teoría
del Valor y la Economía Campesina: Invitación a la Lectura
de Chayanov); de Bengoa (Economía Campesina y Acumulación
Capitalista); de A. Schejtman (Elementos para una Teoría
de la Economía Campesina: Pequeños Propietarios y Campe-
sinos de Hacienda), y en Ecuador los investigadores de
FLACSO, CEPLAES, BRETHREM, CIESE, en los trabajos: (Ecua-
dor: Cambios en el Agro Serrano); (Ecuador: Tecnología
1
Agropecuaria y Economía Campesina), etc., de autores como
Barsky, Barril, Salamea, Sáenz, Burche, Morandi, Pachano,
Dubly y Cárdenas.
Estos trabajos ubican la noción de Economía Campe-
sina no como un modo de producción, sino que analizan a
la familia como unidad de producción y consumo, en condi-
ciones de articulación y funcionalización a la dinámica
del capital, concluyendo que sus posibilidades de pervi-
vencia residen en el carácter funcional a la dinámica del
capital y debido a la organización interna de las Economías
Campesinas que les permite funcionar con exiguos recursos,
basándose en la autoexplotación de la fuerza de trabajo.
Esta concepción, superó y aclaró la vieja percepción
que mantenía la noción de campesinos ricos, medios y
pobres, que a partir de la lectura del desarrollo del
capitalismo en Rusia, concluían que el destino histórico
al que conducía la diferenciación social de las Economías
Campesinas era la cristalización rápida de las clases en
el campo. Por otro lado, al analizar la Economía Campe-
sina en el contexto de la dinámica del capital, se supe-
raban los enfoques culturalistas que conducían a plantea-
mientos populistas, al centrar el estudio en la Economía
Campesina y la Comunidad Andina como entes aislados del
contexto nacional.
Sin embargo, esta noción de Economía Campesina que
para zonas de agricultura comercial, mostraba con claridad
su naturaleza, en cambio, para economías campesinas que
funcionan al interior de comunidades de altura presentaba
dos sesgos muy serios: su carácter economicista y la
sobrevaloración de la dinámica del capital industrial en
el país, que según esta versión, finalmente rompería la
estructura del capital comercial y funcionalizaría defi-
nitivamente a las formas productivas no capitalistas.
El carácter economicista llevó otra vez a los inves-
tigadores a generalizar las concepciones sobre Economía
Campesina como si fueran válidas para todas las regiones
del mundo (de aquellos países con fuerte presencia campe-
sina) y a "olvidar", para decirlo con suavidad que en las
comunidades andinas existen importantes componentes que
hacen relación a las instituciones comunitarias (reci-
procidad, complementariedad y redistribución), la fuerza
del parentesco y la afinidad, la utilización del espacio
geográfico según la lógica de ocupación norandina, los
aspectos culturales y rituales que cruzan profundamente
la organización interna, y que en su conjunto confieren
especificidad a la Economía Campesina de la zona andina
del país, a la que hemos denominado Economía Campesina
Comunera (ECC).

1
La crítica al análisis economicista sobre la Econo-
mía Campesina Comunera no es un puro ejercicio académico,
sino que apunta a evaluar las conclusiones políticas que
de ella derivaron. Conclusiones políticas en el orden de
las propuestas de desarrollo que para las comunidades se
hicieron, signadas por el deseo de "llevar" la modernidad
tecnológica, [Link]édito, los servicios y hasta las formas
organizativas desde la racionalidad capitalista, para
hacer menos conflictiva la funcionalización de estas
economías al capital; conclusiones que sin considerar la
especificidad andina, jamás problematizaron los procesos
sociales y culturales, como la diferenciación campesina,
el reprocesamiento cultural, las formas de colaboración,
y la tradición comunitaria, básicos para cualquier pro-
yecto político y de desarrollo.
Aquí situamos precisamente una propuesta teórica
para superar el enfoque economicista: la necesidad de
analizar a la Economía Campesina Comunera y a las Comuni-
dades Andinas, como formas de reproducción social en las
que aparecen una racionalidad productiva, una lógica de
organización y utilización del espacio vital, formas de
ayuda y reciprocidad, en las que encontramos cambios,
degradaciones y nuevas dinámicas impuestas por el des-
arrollo del capital, que han transformado en una lógica
de resistencia-integración, al viejo ideal norandino de
organización. Metodológicamente, parece necesario
recrear ese ideal andino, para evaluarlo en el proceso de
la colonia, la hacienda y en la nueva situación del
desarrollo del capital comercial e industrial.
En estos últimos tiempos, las nuevas perspectivas
de análisis permiten entender la racionalidad productiva
de las comunidades en artículos como "La racionalidad del
espacio andino" de Jurgen Golte, en "Espacio comunal
andino y la organización del poder" del CAAP, artículos
que evidencian los límites y precisan la utilidad de
categorías como capital, salario, interés, ganancia;
puesto que, estas categorías y aquellas aportadas por la
racionalidad interna de las Economías Campesinas Comuneras
(reciprocidad, complementariedad, redistribución), permiten
analizar la especificidad de estas Economías Campesinas
Comuneras y al mismo tiempo ubicar los cambios operados en
la organización interna con la articulación a la sociedad
mayor, cuyo análisis es aportado por las categorías de
capital, salario, etc.

1
3. La articulación de las economías y la comunidad
con la sociedad mayor

La necesidad del análisis de las Economías Campesinas en


su relación con la sociedad mayor, planteada en el país
por los mismos investigadores que sostenían la necesidad
de adecuar las categorías de análisis del capital a la
Economía Campesina habían analizado esta vinculación en
dos aspectos: la relación de las Economías Campesinas
con el mercado y con el Estado,
a) Vinculación con el mercado
Se sostenía que las Economías Campesinas se vincu-
laban funcionalmente al capital a través del mercado de
fuerza de trabajo y de bienes salarios. Se argumentaba
que la fuerza de trabajo abundante formada en el campo
y vendida en cantidad y a precio muy barato en la ciudad,
así como la oferta de productos alimenticios baratos para
los pobladores de la ciudad, servía al desarrollo de las
fracciones más dinámicas del capital industrial, porque
les permitía mayores márgenes de acumulación, puesto que
podían mantener salarios bajos y trabajadores eventuales,
contenían al mismo tiempo la conflictividad social al
ofrecer alimentos relativamente bajos y trabajadores con
escasa posibilidad de organización.
Este tipo de análisis es parcialmente correcto, pero
presenta algunas limitaciones: considera que el mercado
es el único vínculo o momento de relación entre las
Economías Campesinas con el capital, no especifica el tipo
de mercado que se trata, sobrevalorando al capital indus-
trial, y no descubre la dinámica y estructura del capital
comercial especialmente en los pueblos rurales.
En efecto, la relación con el mercado no hace refe-
rencia a ese único momento de vinculación a través de la
venta de la mano de obra y productos agropecuarios y/o
artesanales, sino, a la compleja red social, económica y
política que se desarrolló sostenidamente a partir de la
ruptura de la hacienda como eje regional y que va confi-
gurando una estructura económica y de poder a través del
capital comercial.
El estudio del mercado interno, exige una compren-
sión del funcionamiento de la sociedad en su conjunto,
para luego analizar las distintas modalidades que puede
adoptar el capital comercial en determinada región.
Los grupós de poder local, desarrollados sobre la
base del capital comercial, conforman una tupida estruc-
tura que incluye también a los campesinos más diferen-
ciados. Es una estructura que debe repartir sus ganan-
cias a demasiados socios, dependen del mercado urbano,
son por tanto circuitos relativamente cerrados, competi-
tivos y de gran debilidad. El aparecimiento de nuevos
circuitos comerciales en determinada región crea
1
irreconciliables disputas y severas crisis. Sin embargo,
es este capital comercial el que mantiene un contacto per-
manente e intenso con las comunidades andinas y comienza
a determinar la dinámica de la diferenciación, la ruptura
y reacomodo de las instituciones comunitarias; modifica
las culturas de cultivo, nutrición, las prácticas sani-
tarias; redefine la organización del poder comunal y va
creando nuevos referentes de organicidad social. Propo-
nemos entonces, una investigación de la conformación del
mercado interno y más concretamente los procesos de moder-
nización de los grupos de poder pueblerinos, que parecen
evolucionar a una pequeña burguesia rural,
b) Vinculación a la sociedad mayor, via el Estado
A la acción estatal se la ha analizado en una doble
perspectiva: primero, como el proceso de integración
nacional que el Estado viene desarrollando para institu-
cionalizar las formas comunitarias de expresión político-
cultural-ideológicas, que resultan disfuncionales a la
lógica y razón del Estado burgués moderno que asume la
gestión de toda forma de expresión social, y segundo, la
acción estatal en función del modelo de acumulación (muy
determinado por la dinámica del capital multinacional)
que, sin embargo, debe moverse entre dos extremos posibles:
la acción estatal para pretender un desarrollo "armonioso"
del capital a través de una fuerte intervención en la
economía y por otro lado, dejar al libre juego del capital,
para constituir Estados neoliberales que "desaten" la
iniciativa de las empresas privadas multinacionales. La
posibilidad de moverse hacia uno u otro extremo depende
de circunstancias muy precisas de la lucha de clases, de
los soportes económico-financieros, de la eficacia-negli-
gencia del aparato burocrático, que en su conjunto van
determinando las formas de reproducción del capital.
La primera perspectiva del análisis -el problema de
la integración nacional- pone al orden del día la proble-
mática étnico-cultural, la gestión autónoma del ser
comunitario, el ejercicio del poder y de la ideología en
variados campos de la actividad humana: la salud, la
educación, la práctica tecnológica, etc.
La integración nacional, se presenta de una parte,
como la institucionalización de una serie de aspectos de
la reproducción vital: salud, educación, tecnología,
etc., para proponerlas a las comunidades en forma de
servicios, pero que a la vez portan concepciones cientí-
ficas, políticas e ideológicas que están encaminadas a
ejercer nuevas formas del dominio. Por otro lado, la
integración que plantea el Estado y los partidos políticos
es en la coyuntura un ofrecimiento a la participación en
la democracia representativa, que aparentemente reconoce
las diferencias étnico-culturales, pe'ro que en los hechos
hace tabla rasa de esas diferencias porque parte de la
15
cultura nacional monoétnica (occidental) que plantea las
formas de integración.
Los organismos estatales entonces, comienzan a pro-
poner servicios y los partidos políticos comienzan a
"tomarse" los poderes locales (tenencia política, regis-
tro civil, viejos oligarcas pueblerinos, jefes comunales)
para ofrecerse como mediadores frente al Estado, para
"hacer cumplir" la dotación de esos servicios a las
comunidades. En el fondo el proyecto de integración es
el mismo, lo único que se disputa es el control de
espacios de poder para usufructo eleccionario.
Sin embargo, esos servicios que ofrece el Estado y
que los partidos políticos se declaran intermediarios, no
se encuentran con una masa indígena uniforme y dispuesta
a someterse a la forma de integración que se ofrece; sino
que se registran a su interior distintas y complejas
respuestas, resistencias y formas beligerantes que se
pueden constituir en formas de lucha. Si bien parece
que la necesidad de servicios es reivindicada con mucha
fuerza por las comunidades (basta mirar que las comuni-
dades han reorganizado su poder formal, insertando en él
a personas "experimentadas", "conocedoras" de las manio-
bras, del lenguaje de los muñequeos para relacionarse con
las instituciones estatales y los partidos políticos);
sin embargo, hay distintas formas de percibir la utilidad
y el destino de esos servicios, cuestión que pone al orden
del día, la necesidad de indagar los diferentes "proyec-
tos de integración" o resistencia que se discuten.
El segundo aspecto del análisis -el problema de la
acción estatal para el desarrollo- pone en cuestión el
papel que el proyecto de acumulación capitalista asigna
a las comunidades.
Para analizar las formas de integración que propone
el Estado, partamos de las modalidades de articulación
económica de las comunidades a la sociedad mayor: a) el
grueso de comunidades de altura, se articulan como pro-
veedores de alimentos para las zonas urbanas, cuestión
que para el gobierno actual es muy clara, puesto que
conocen que un 6k% de los alimentos son producidos por
unidades que poseen menos de 5 hectáreas. Esta produc-
ción llega al consumidor a través del capital comercial,
que a través de su fuerte red social controla esa produc-
ción. Para este tipo de comunidades, el Estado escogería
como ejes de articulación dos políticas: lanzar programas
a través de los dueños del capital comercial pueblerino,
para constituirlos en una pequeña burguesía rural que
llegue a las comunidades a través de su red social y una
política directa a las comunidades a través de las insti-
tuciones estatales como el MAG, INERHI, etc.; b) en pisos
ecológicos bajos, de comunidades productoras de maíz y/o
artesanías, que acusan un proceso de diferenciación muy,
186
fuerte, con presencia de indígenas más o menos proletari-
zados y en contrapartida existen pequeños sectores que han
logrado acumular; el Estado en este caso ha escogido
programas integracionistas: la alfabetización bilingüe,
captando a los principales cuadros dirigentes como emple-
ados del Estado, aspirando así a tener una masa de ele-
mentos prestigiosos y controlados que lideren los procesos
de desarrollo rural.
La política de desarrollo rural integral y aquella
de convertir en empleados públicos a los cuadros diri-
gentes, son acciones costosas y se ensayarán sólo en zonas
muy conflictivas o de alta potencialidad económica;
mientras que las políticas seccionales de las institucio-
nes MAG, INERHI, etc., en función de los grupos de poder
local -los dueños del capital comercial- prevalecerán.
Esta nueva pequeña burguesía rural que surge, impone al
Estado de alguna manera, este tipo de articulación. La
dinámica propia que poseen sobre todo cuando han logrado
a acceder a tierras, los convierte en los sectores con
mejores posibilidades de aprovechar e incluso reclamar
política de desarrollo del Estado.
En estas condiciones, el Estado tiene escasas posi-
bilidades de alterar el modelo de articulación, a lo sumo,
plantear muy limitadamente acciones de planeamiento para
matizar la lógica del capital.

k. El movimiento campesino y la lucha por la tierra:


clase, etnia y Estado

Roberto Santana en el artículo "El caso de Ecuarunari"


pone al debate, la confrontación suscitada en la Sierra
Ecuatoriana entre dos versiones políticas: "de un lado
una política de clase de larga tradición, y de otro, una
política étnica que aparece recién por los años 70 y que
busca definirse".kj
En el análisis de Santana, las organizaciones sindi-
cales y políticas llamadas de clase por sus concepciones
y por el tipo de línea política de dirección implementado,
producen un vacío de conducción entre las masas indígenas,
puesto que prefirieron un trabajo con los huasipungueros
y trabajadores sin tierra, dejando de lado al grueso de
comunidades.
La dinámica de las organizaciones sindicales se
desarrollaría, según esta hipótesis, hasta los años 70,
que correspondería al auge de la reivindicación de la
tierra desarrollado por huasipungueros y trabajadores sin
tierra. La llamada "desmovilización política" no sería
otra cosa que el límite de este tipo de política para
ceder paso a una política étnica que comienza a perfilarse
y que aún no ha logrado definirse.

1
Sin embargo, esta política étnica encontraría un
proceso de diferenciación al interior de la masa indígenas
economías con capacidad de acumulación a partir de pro-
ductos agrícolas rentables y artesanías; economías campe-
sinas comuneras que lanzan toda una estrategia de revalo-
rización de las prácticas comunitarias, apoyándose también
en los salarios en la ciudad para sobrevivir muy ligados
a la dinámica comunal, y una masa de proletarios indígenas
que se reproducen fundamentalmente a partir del salario,
pero que mantiene fuertes relaciones con sus comunidades
de origen.
En esta diversidad de situaciones económico-sociales,
la política étnica necesita reconocer esas diferencias
sustanciales para lograr articular un proyecto, y la
dificultad para su real concreción parece ser corolario
del no entendimiento de esta diversidad.
En efecto, la necesidad de reivindicar lo étnico no
puede de ningún modo olvidar que las clases también se
están constituyendo en el campo, que inclusive aquellas
economias comuneras que han revalorizado las prácticas
comunitarias viven a su interior el problema de la
constitución de clases.
Para profundizar en el análisis de lo étnico y el
problema de la clase, escojamos tres ejemplos: una econo-
mía comunera que se reproduce fundamentalmente a partir
de lo agropecuario; una unidad artesanal con capacidades
de acumulación y por último, la situación de un prole-
tario agrícola.
a) La reproducción de una Economía Campesina Comunera
(indígena)
Tomamos un ejemplo de una Economía Campesina
Comunera situada en Cangahua. Comencemos haciéndonos una
pregunta: ¿de dónde una familia saca el dinero y los
productos que requiere para vivir? Esta pregunta
podemos contestarla de manera muy general: la familia
para componer su fondo de sobrevivencia utiliza los ali-
mentos que produce su parcela o parcelas, las "raciones"
que por concepto de chucchir recibe de dinero que recibe
por la venta de productos agrícolas o pecuarios, de dinero
que recibe como asalariado fuera y dentro de su comunidad
y finalmente podría recibir dinero por venta de artesanías
y productos por concepto de trueque.
Seguidamente, precisamos el peso real que en porcen-
taje tienen los diferentes tipos de ingreso en la compo-
sición del fondo de supervivencia. Así, para ejemplificar,
una familia ubicada en la parte alta de Cangahua (3 500
m.s.n.m.) puede componer su fondo de la siguiente manera:
con un kO% de productos de sus parcelas; con un 20% por
concepto de chucchir o ración; por un 15% de dinero por
concepto de la venta de productos agrícolas y pecuarios,
y por un 5% por productos obtenidos por trueque.

1
Una vez estudiados los porcentajes de cada rubro
para componer el fondo de supervivencia, estudiamos las
relaciones sociales de producción que la familia entabló
para producir cada uno de esos ingresos, es decir, ave-
riguar qué produjo y cómo produjo.
Para continuar nuestro ejemplo, pensemos que el k0%
asignado a la producción propia de sus parcelas, era de
papas, cebada, habas, cebollas y chochos. Averiguamos
entonces el volumen de cada uno de estos productos para
determinar su importancia. Para nuestro caso, asumamos
que la producción de papas, cebada, habas fue la priori-
taria y la producción secundaria fue la de cebollas y
chochos. La pregunta que debemos hacernos es ¿cómo
produjeron estos 5 alimentos descritos?, toda vez que esta
familia pudo producirlos via distintos modelos: modelo de
reciprocidad simétrica, modelo comunitario asimétrico,
relación con el capital comercial, modelo empresarial.
Para la producción de papas, cebada y habas en el
piso ecológico que hemos tomado el ejemplo, la familia
utilizó las relaciones sociales de reciprocidad, obte-
niendo la colaboración de unas 6 familias vecinas, mien-
tras que la cebolla fue producida mediante una relación
de "al partir" con algún mestizo dueño de cierto capital
comercial, y los chochos fueron producidos por el esfuerzo
exclusivo de su familia, es decir, aquí no tuvo necesidad
del concurso de los vecinos ni del capital comercial.
Para analizar pormenorizadamente la producción de
papas, habas y cebada, es necesario preguntarnos: ¿cómo
accedió a la tierra?; ¿cómo accedió a distintas herra-
mientas de trabajo, especialmente la yunta?; ¿cómo accedió
al abono químico u orgánico?; ¿el cómo accedió al riego,
si hubo riego?; ¿cómo accedió al dinero para la chicha,
trago y cariucho que se acostumbra insoslayablemente en
estas ocasiones?, etc.
Luego de responder a estas preguntas, estamos en
condiciones de conocer qué tipo de relaciones sociales
estableció, y si se combinaron diversos tipos de posibles
relaciones podríamos determinar cuál fue la fundamental:
si fue una relación social de reciprocidad simétrica ope-
rada entre Economías Campesinas Comuneras homogéneas; si
fue una relación comunitaria asimétrica operada entre dos
Economías Campesinas diferenciadas; si fue una relación
de subordinación con extracción de renta por parte del
capital usurero y comercial; si fue una relación simple-
mente salarial en la que la familia contrató la mano de
obra, arrendó las parcelas, invirtió en abonos, etc.,
o si fue producida únicamente con el concurso de la fuerza
de trabajo exclusivamente familiar, o cualquier otra
modalidad o combinación de modalidades posibles.

1
Para nuestro ejemplo, la producción de papas, cebada
y habas que fueron los rubros fundamentales, se desarrolla-
ron relaciones simétricas de reciprocidad, redistribución
y complementariedad con unas 6 familias vecinas a la par-
cela, combinándose recursos materiales y vitales de la
familia con los de sus vecinos de manera recíproca.
¡Comenzamos a sospechar de que estas 6 familias vecinas
constituyen un núcleo de afinidad simétrico ...! Pero
recién hemos comenzado el análisis. Y no sólo que recién
es un dato sobre el 40% del fondo de supervivencia, sino
que aparecen ya algunas tendencias cuestionadoras del
núcleo de afinidad: la producción de cebolla en nuestro
caso realizada con relaciones que implican extracción de
renta por parte del capital comercial -relación que puede
extraer renta a todo el núcleo de afinidad si la- familia
se apoyó en sus vecinos y recibió solamente dinero del
capital comercial- por su rentabilidad y por la baja de-
manda de la mano de obra, la familia ordinariamente la
trabaja sin apoyo de sus vecinos para evitar así la redis_
[Link]ón costosa. Esta tendencia, que abandona por no
rentable el apoyo comunitario, comienza a romper la rela- •
ción entre la familia y su núcleo, tendencia preocupante
por ser muy actual. Por otro lado, contamos en el ejem-
plo, una producción manejada exclusivamente por la familia
nuclear, manejó que también cuestiona al núcleo, puesto
que aviva la noción de propiedad privada, resta fuerza al
núcleo cuando esta tendencia se generaliza y a veces des-
gaja de la Comunidad a las familias. La relación entre
familia y núcleo si por un lado es de reciprocidad, com-
plementariedad y redistribución, [Link] manifiesta
cierta tensión por la propiedad familiar de los recursos.
La resolución armoniosa de esta tensión no hace relación
únicamente a la identidad étnica, sino a las estrategias
productivas que compatibilizan la colaboración y por tanto
realimentan la identificación, la etnicidad.
En nuestro ejemplo, hemos anotado que un 20% del
ingreso se produjo por concepto de chucchir o raciones
entregadas a la familia por parte de sus vecinos o afines.
El chucchir se produce en las cosechas y consiste en
la "labor" de recoger parte de la cosecha que ha quedado
en el terreno luego de que los cosechadores -hombres-
pasaron sacando la papa, cortando la cebada o recogiendo
el haba.
El chucchir ordinariamente es realizado por las
mujeres, que recogen 1.2 o más "maletas" del producto, de
acuerdo al grado de afinidad, a la intensidad de la ayuda
aportada y a la bondad del año agrícola, en una relación
de acuerdo tácito y ceremoniado con el dueño.

10
Habíamos asumido que otro 20% del fondo de supervi-
vencia estaba constituido por salarios recibidos en o
fuera de su comunidad, especialmente como migrante ocasio-
nal o permanente en la ciudad (siempre y cuando ese mi-
grante permanente envíe, como suele ser costumbre, dinero
a su familia).
La relación salarial como todos conocemos, es radi-
calmente distinta a las relaciones de reciprocidad, por
tanto la producción de ese 20% del fondo se realiza bajo
relaciones sociales claramente capitalistas, cuestión que
en principio nada tiene que ver con los grupos de afinidad,
sino más bien va definiendo las clases. Decimos en prin-
cipio, porque en buena medida el dinero generado por los
migrantes se dirige a sostener los núcleos e incluso
permitir la recampesinización, es decir, a realimentar
la reconstitución de núcleos débiles.
Para profundizar en el análisis, deberíamos carac-
terizar las diversas formas de trabajo asalariado, según
la zona, la rama productiva, las modalidades que asume el
capital, las características del trabajo y del salario.
Interesa analizar la modalidad del salario en la propia
región y también las formas de trabajo asalariado que van
apareciendo en la comunidad.
Cuando hemos visto asalariados en la comunidad
éstos ordinariamente son arrimados, huachos e indi-
viduos con algún problema patológico congénito; personas
que desempeñan labores a cambio de un salario relativa-
mente bajo, que se compensa con comida, trago y la entrega
de otros servicios. En otros casos hemos visto que
algunos comuneros trabajan en parcelas de Economías
Campesinas diferenciadas por bajos salarios para acceder
a yuntas, préstamos o a algún "partido". Esta situación
es necesaria describirla, puesto que el trabajo asalariado
no se presenta -especialmente en la misma región- como
una pura y llana relación capitalista, sino que está atra-
vesada por elementos de afinidad, reciprocidad y unidad
étnica.
La venta de productos agrícolas y pecuarios -según
nuestro ejemplo- constituía un 15% del fondo de supervi-
vencia. Para analizar este dato, debemos preguntarnos
dos cuestiones: una, cómo se produjo lo agrícola y
pecuario que se pone a la venta, y dos, bajo qué sistema
de comercialización se pusieron los productos al tipo de
mercado que se trate.
En el caso que los productos que se venden fueran
papa, cebada y haba, producidos en nuestro ejemplo bajo
relaciones de reciprocidad, este 15% nos habla de una
producción comunitaria puesta al mercado que nos ayuda a
confirmar la existencia de núcleos de afinidad y de
Economías Campesinas Comuneras. En cambio, si las papas,
cebada y habas no se venden, sino que se guardan para la

1
autosubsistencia, como ordinariamente suele suceder, y lo
que se vende es cebolla producida bajo formas de relación
con el capital comercial, este 15% del fondo no confirma,
sino cuestiona la existencia de núcleos de afinidad, refor-
zando más bien la noción de propiedad privada, refuerza la
separación y las tensiones entre familia y comunidad, vale
decir el surgimiento de las clases es posible sobre la
base de familias diferenciadas con capacidad de abandonar
lo comunitario, dando paso a la acumulación familiar a
expensas de asalariados.
Analizamos luego el sistema de comercialización y.
el tipo de mercado utilizado para la venta de ese 15%. El
control del mercado, generalmente lo ejercen los dueños
del capital comercial que cumplen el papel de intermedia-
ción entre los mercados grandes de consumo, la agroindus-
tria, la exportación y los campesinos. El análisis del
capital comercial es necesario no sólo para apreciar la
renta que extraen al campesinado indígena, sino también
para analizar la configuración del poder regional, ana-
lizar las tendencias del desarrollo capitalista en la
región, evaluar la actividad del Estado con relación a
este capital y sobre todo, comprender la dinámica de las
transformaciones al interior de las comunidades con la
penetración del capital comercial.
Finalmente, habíamos planteado que el 5% restante
del fondo de supervivencia era producto del trueque a
distancia. Esta es una vieja modalidad practicada por
los Cacicazgos para dotarse de productos a distancia como
el ají, la coca, la sal y la miel. De este abastecimien-
to a distancia se encargaba el grupo Mindalaa y a nivel
más restringido lo hacían los ayllus a través de la plaza
de trueque o Tiánguez. Para fines del siglo pasado desa-
parecieron los Midalaa y el Tiánguez por la fuerza adqui-
rida por el capital comercial, las vías de comunicación
que brindaban un modelo más ágil para dotar de productos
a las más apartadas aldeas. Hoy en día, sin embargo, el
trueque se sigue realizando entre indígenas que producen
artículos distintos y se intercambian maiz por tubérculos,
tejidos por borregos, etc. Este recurso del trueque es
beneficioso para ambas partes, porque elimina las redes
de intercambio del capital comercial que encarecen los
productos siempre en perjuicio del consumidor. El trueque
es verdadéramente "penoso" en el sentido del trabajo que
supone el desplazamiento, por ejemplo, de indígenas otava-
leños a las alturas de Pambamarca, pero permite intercam-
bios de información, recrear la unidad étnica, recrear la
ritualidad y la cultura en estos ceremoniosos intercambios
en los que se bebe, se trabaja, se regatea y hasta se
hacen compadres.

1
Sintetizando podríamos sacar algunas conclusiones.
El peso de la producción comunitaria para el ejemplo sigue
siendo vigente, y por ello nos permite confirmar la exis-
tencia de núcleos de afinidad, la presencia comunal,
mantenidos y reproducidos por las relaciones sociales
comunitarias concretas.
El modelo comunitario se transforma y reprocesa el
desarrollo del capital, en la medida que puede durante una
fase rearticularse para hacer uso de salarios del capital
comercial, en función de la reproducción dinámica del
modelo.
Hemos podido analizar las tendencias internas en el
propio modelo productivo.
Hemos visto las tendencias hacia la conformación de
clases diferenciadas bajo la propia utilización de formas
comunitarias asimétricas y más aún, cuando se abandonan
esas formas comunitarias para optar por formas asalariadas.
Así, entonces, nos enfrentamos a una vigencia étnica
dada por la fuerza de las prácticas comunitarias de pro-
ducción y reproducción y nos lanzamos la gran pregunta:
¿esa vigencia de unidad étnica subsiste en condiciones de
diferenciación y de consolidación de las clases al inte-
rior del mundo indígena? Y si subsiste, ¿de qué modo se
presenta para los diferenciados? y ¿de qué modo se pre-
senta para la masa?
Para este tipo de Economías Campesinas Comuneras el
problema de la identidad étnica está muy ligado a la
supervivencia, se mueve en los limites comunales y puede
asumir reivindicaciones de tierra, servicios, tecnología,
etc., en función de la reproducción del modelo comunitario,
b) El caso de la unidad artesanal
Tomemos el ejemplo de una unidad artesanal situada
en Peguche, en San Pablo, para una descripción muy somera,
pero válida para nuestra argumentación.
Se trataría de una unidad artesanal que tiene una
larga tradición artesanal, surgida de la disolución del
obraje-hacienda de Peguche. Esta relación con el obraje
disminuyó notablemente el contacto con la tierra, habiendo
más bien una identificación comunal en términos de terri-
torio.
En la actualidad utiliza tecnología moderna, telares
mecánicos y eléctricos, trabaja con orlón y excepcional-
mente con lana de borrego y utiliza peones asalariados
que son indígenas de las comunidades vecinas. Su ideolo-
gía es claramente empresarial, pero tiene dos particula-
ridades: a) para obtener la mano de obra barata y abun-
dante utiliza de manera asimétrica algunos de los elemen-
tos de reciprocidad y complementariedad. Utiliza el com-
padrazgo, concede determinados préstamos, socorre con
algún favor pecuniario; b) pero por otro lado, instrumen-
ta el discurso ideológico de la identificación étnica

1
necesario para disputarse en condiciones favorables el
mercado con el capital industrial -es importante seguir
vistiéndose de indio para vender artesanías en Europa.
En este caso, la "identificación étnica" está en
función de la explotación a la masa indígena y como recur-
so para disputarse el mercado con el capital industrial,
se mueve a nivel más general y se trataría de un naciona-
lismo de la naciente burguesía,
c) El caso de los proletarios indígenas
En las zonas de fuerte diferenciación social, espe-
cialmente en Otavalo, a la par que el surgimiento de
pequeños industriales indígenas, va surgiendo también una
masa de proletarios indígenas que logran su reproducción
social a partir de los salarios, por las dificultades que
tienen como artesanos y porque la relación con la tierra
y las formas comunitarias que pueden desarrollarse hace
mucho tiempo se perdieron.
Surge al mismo tiempo un considerable número de
intelectuales indígenas, sobre todo de Otavalo, Saraguro,
Salasacas, que como sectores sociales pertenecen a uni-
dades campesinas o artesanales con capacidad de acumula-
ción, pero que algunos se perfilan identificados con un
nacionalismo de clase, a pesar de que el proyecto es aún
muy ambiguo y más bien tiene la forma de un proyecto de
integración que enfatiza algunos elementos étnico-cultu-
rales de autonomías.
Lo interesante de este proletariado y de la inte-
lectualidad indígena, es la de haber superado el carácter
estrechamente comunal que aparece más o menos nítido en el
primer caso para desarrollar una percepción más nacional
que apunta a discutir un modelo de integración.
De los tres ejemplos conviene destacar la diversidad
de la problemática étnica y de clase. El proyecto de la
intelectualidad indígena debe tomar en cuenta el carácter
que asume la relación con el Estado y la revalorización
de las formas comunitarias que en el caso de las Economías
Campesinas Comuneras asume el problema de la lucha como
etnia y como clase campesina; por otro lado, debe tomar
en cuenta la distinta situación de proletarios y de arte-
sanos independientes, así como debe analizar la situación
de la naciente burguesía indígena que también se juega su
propio proyecto.

1
5• Los proyectos alternativos

Si ubicamos los análisis de la comunidad andina en un


ámbito económico y poder regional, podemos constatar,
generalizando algunos aspectos: la transformación y de-
gradación del ideal andino de organización operada en esa
región; la presencia de una profunda crisis del espacio
andino caracterizada por la pérdida de nichos ecológicos
complementarios, por la crisis de las formas de respues-
tas que reprocesan la dominación; la explotación desde la
tradición andina que trata de responder a la nueva situa-
ción que impone la acción del capital come'rcial e indus-
trial y las políticas integracionistas del Estado que
quieren barrer o subordinar las formas autonomistas comu-
nitarias, así como las políticas estatales dirigidas a
modernizar la estructura del capital comercial o ligarlos
a la agroindustrial.
Enfatizamos que las alternativas políticas y progra-
máticas nacen de la tradición andina y que necesariamente
para responder a la nueva situación histórica tienen que
proyectar la cultura, las formas organizativas, la utili-
zación del espacio para tomar la iniciativa frente al
proceso dinamizado por el Estado y el capital. ¿Qué
impide que los anhelos y formas de resistencia espontá-
neos se conviertan en propuestas programáticas claras?
En principio, la presencia de fuertes tensiones entre
propiedad familiar y comunidad, vale decir tensiones entre
¡iiversas estrategias de reproducción que no encuentran
consenso en la comunidad; segundo, una serie de conflictos
intercomunitarios generados porque la lógica de supervi-
vencia se asienta en una buena medida en los límites comu-
nales que impiden ver las reales ligazones regionales con
el capital comercial y la posibilidad de conversión en
clase campesina nacional; tercero, por una ausencia teó-
rica y política de los organismos populares para reflexio-
nar la tradición andina, sus contradicciones, sus alter-
nativas germinales para proponer un programa estratégico,
puesto que están atrapadas en el movimiento voluntarista
o en el más craso desarrollismo. Por estas razones, no
hay políticas claras para analizar los conflictos comuni-
tarios e intracomunitários, los programas reivindican
tierras, servicios, etc., en función del robustecimiento
del capital comercial y de la integración-subordinación a
las políticas estatales; como tampoco hay una estrategia
que una a los sectores mestizos no vinculados a la cúspi-
de de los poderes locales para ir armando un bloque uni-
tario de base que lo hemos propuesto como un poder
popular regional.

15
Las estrategias alternativas parecen tomar dos
rumbos: la propuesta de autonomía comunal y la propuesta
del poder regional.
La primera propuesta, la de la autonomía comunal,
nos parece totalmente no viable: primero, no viable en lo
económico, porque ninguna comunidad es autárquica, las
estrategias de sobrevivencia y reproducción de las uni-
dades familiares y de los grupos de afinidad dependen de
su relación con otras comunidades de la región, de su
relación con el capital comercial y de su venta de fuerza
de trabajo y N de productos fuera de su comuna; por otra
parte, no reconoce que los actuales procesos de diferen-
ciación permiten la utilización asimétrica de las formas
comunitarias de colaboración, por tanto, plantear una
autonomía económica es plantear la acumulación de los más
diferenciados; segundo,es no viable la autonomía política
porque los procesos de institucionalización estatal
tienden a controlar esas formas autonomistas; la actual
dirección comunal por lo general está unida al capital
comercial y la autonomía política significaría validación
de esa estructura de poder, y para ser más contundentes,
las masas campesinas tienden á reconocerse como ciudadanos
que reclaman del Estado los servicios que éste debe otor-
garles; tercero,es no viable una autonomía cultural porque
no puede haber autonomía cultural sin autonomía material,
politica y económica, como tampoco lo cultural puede con-
cebirse como ese producto primigenio, acabado e inmutable
que tienen las comunidades andinas, todo lo contrario, la
cultura es un hecho histórico que se crea, es en este caso
la forma como los dominados van redefiniendo, procesando
y recreando permanentemente su tradición para enfrentarse
y supervivir en las nuevas condiciones que impone el
capital, es decir, es el sentido de identidad expresada o
no, producida en su proceso histórico que ahora puede
permitir una identificación más amplia para oponerse al
capital.
La propuesta del poder regional se basa en la nece-
sidad de superar las trabas impuestas por los conflictos
intracomunitários e intercomunitarios para lograr una base
más amplia para la reproducción (posibilitaría un mayor
control de recursos, controlaría y desarrollaría las
fuerzas productivas, potenciaría con formas organizativas
Sus conocimientos tecnológicos). A nivel regional plan-
tearía la ruptura del capital comercial, el control del
poder local y hacia el Estado se disputaría en el proceso
de institucionalizar su control, es decir, imponer sus
programas alternativos en los terrenos de la producción,
la educación y las prácticas sanitarias.

1
Notas

2/ Para fines de profundización sobre el tema, cori


súltese la siguiente bibliografía: Alberti, Giorgio y
Enrique Mayer (compiladores): "Reciprocidad e intercambio
en los andes peruanos", IEEP, Lima, 197^; Golte, Jurgen:
"La racionalidad de la organización andina", IEP, Lima,
1979; Mayer, Enrique: "Patrones andinos del uso de la
tierra: Ecología y agricultura en el Valle del Mantaro,
Perú", (mecanografiado), Lima, agosto de 1978; Murra,
John: "Formaciones económicas y políticas del mundo
andino", IEP, Lima, 1975» "La organización económica del
estado inca", Siglo XXI, Ed., México, 1978; Troll, C.:
"Las culturas andinas superiores y el medio geográfico",
UNMSM, Lima, 1958; "Los fundamentos geográficos de las
civilizaciones andinas y el imperio incásico", Revista
U. Arequipa, 1935-
2/ De los autores mencionados, podemos citar la
siguiente bibliografía: Larraín Barros, Horacio: "Demo-
grafía y asentamientos indígenas en la sierra norte del
Ecuador en el siglo XVI", Colección Pendoneros, Otavalo,
1980 ; Oberem, Udo :, "El acceso a recursos naturales de
diferentes ecologías en la sierra ecuatoriana", Siglo XXI
mimeo, 1976; Salomon, Frank: "Los señores étnicos de Quit
en la época de los incas", Colección Pendoneros, Otavalo,
IOA, I98O; Moreno, Segundo (compilador): "Pichincha. Mon
grafía histórica de la región nuclear ecuatoriana", Conse
jo Provincial, Quito, 1981.
3/ Ver "Debate sobre la cultura andina", en la
Revista Nariz del Diablo, números k, 5 y 6, Quito, 1981.
bj Roberto Santana: "El caso de ecuarunari", comu-
nicación presentada en la II Semana Latinoamericana reali
zada en la Universidad de Toulousse, entre el 3 y 7 de
marzo de 1980.

1
PROCESOS DEMOGRAFICOS Y ECONOMIA CAMPESINA:
EL CASO BOLIVIANO

Este estudio fue realizado por Gerardo González, experto


del Centro Latinoamericano de Demografía (CELADE).
Introducción

Entre los países andinos de América Latina, Bolivia es


el que cuenta con una mayor proporción de población campe-
sina. Si bien diversos estudios de carácter económico,
sociológico y antropológico habían permitido conocer
relativamente bien la organización social y económica de
los campesinos, sólo recientemente, gracias al Censo de
Población y Vivienda realizado en 1976, ha sido posible
disponer de estimaciones confiables para un diagnóstico
sociodemográfico de ese sector poblacional.
La información que será objeto de análisis en las
páginas que siguen se basa principalmente en el repro-
cesamiento del Censo de 1976 llevado a cabo por el
Programa de Políticas de Población en el Marco de la
Planificación del Desarrollo. Este programa, que ha
venido realizándose en el Ministerio de Planeamiento
y Coordinación de Bolivia, con apoyo financiero del Fondo
para Actividades de Población de las Naciones Unidas y
con la asesoría del CELADE, incluyó en su primera fase
dos tareas esenciales para la formulación de políticas
en ese campo: i) un diagnóstico sociodemográfico que
captara debidamente la heterogeneidad social y espacial
del país y ii) ejercicios de prognosis que permitieran
definir y dimensionar los aspectos más centrales de la
problemática población-desarrollo en una perspectiva
de largo plazo. El resultado de ambos esfuerzos será
utilizado aquí para analizar la situación reciente y las
perspectivas de la población campesina en Bolivia, aten-
diendo en especial a los procesos demográficos.
Antes de entrar en materia es necesario explicar
brevemente la forma como se ha desagregado la información
censal en el análisis, permitiendo aislar la población
campesina. Los criterios principales de desagregación
son el estrato ecológico, el contexto socioespacial de
residencia y la inserción social.
Se distinguieron tres estratos ecológicos -que
llamaremos normalmente regiones- Altiplano, Valles y
Llanos, compuestos por conjuntos de provincias que según
la clasificación del Ministerio de Agricultura muestran
mayor homogeneidad interna. Se trata de una reagrupación
de provincias que modifica la regionalización por
agregación de departamentos usada habitualmente (ver mapa
1)-
Al interior de cada estrato ecológico se han dis-
tinguido cinco tipos de contexto en el continuo urbano-
rural: la ciudad principal de cada estrato ecológico.
(La Paz, Cochabamba y Santa Cruz); las ciudades secun-
darias (20 mil habitantes o más); el "resto urbano"
(localidades de entre 2 mil y 20 mil habitantes); el
contexto de ruralidad media (población relativamente
más expuesta a la influencia urbana); y el contexto de
ruralidad alta (población rural relativamente menos
expuesta a la influencia urbana).
Se distinguió por último al interior de la pobla-
ción de cada contexto cinco sectores sociales que resul-
tan de combinar criterios de estratificación social y
forma de inserción en la estructura productiva. Se
dividió primeramente la población en un estrato medio-alto
y un estrato bajo, atendiendo principalmente a la ocupación
del jefe del hogar y -secundariamente- a su nivel de edu-
cación. Luego, el estrato bajo se dividió en cuatro
sectores según si el jefe del hogar estuviera o no ocupado
en la agricultura y según su condición de asalariado o de
trabajador independiente.
Esta clasificación de sectores puede representarse
en el siguiente esquema:

Alto y
I
medio
Estrato
social \ Asala-
II IV riado Catego-
130 ría ocu-
Indepen- pacional
III V
diente

No agrícola Agrícola/
v- ;
Sector económico

Como se ha indicado, los sectores están formados


por un conjunto de familias u hogares censales clasifi-
cados según la inserción social del jefe del hogar o su
equivalente. El sector V es el campesino, que se define
operacionalmente como el conjunto de miembros de hogares
cuyos jefes (o equivalentes) aparecen en el censo como
trabajadores, independientes en la agricultura. El sector
campesino contiene, en consecuencia, a todos los miembros
económicamente activos que forman parte de esas familias
Mapa 1
DISTRIBUCION PORCENTUAL

DEL TERRITORIO Y DE LA POBLACION POR REGIONES

1976

DE TERRITORIO
! DE LA POBLACION

Ministerio de Planeamiento, 1982:4'+)


Fuente: Censo 1976
sin ser su jefe, incluso a aquellos que no trabajan en la
agricultura o que trabajan como asalariados agrícolas._l/
El análisis que sigue se inicia con la ubicación
de la población campesina en las regiones y contextos en
que se ha desagregado al pais y su caracterización en
aspectos tales como educación e idioma hablado; se pasa
luego a describir su situación y tendencias recientes en
cuanto a mortalidad, fecundidad y migraciones internas,
y se concluye con una discusión sobre las perspectivas de
crecimiento y redistribución espacial de la población
campesina en estrategias alternativas de desarrollo.
I. LA POBLACION CAMPESINA EN LA ESTRUCTURA
SOCIOESPACIAL DE LA POBLACION
BOLIVIANA

1. Distribución en regiones y contextos

De acuerdo a la información generada por el último censo


(1976), que da una buena aproximación a la situación
actual, la población campesina representaba cerca de la
mitad de la población nacional y estaba concentrada
en la regiones de poblamiento antiguo, esto es, los
Valles ( % % ) y el Altiplano (30%). En la primera, la más
poblada y relativamente menos urbanizada, la población
campesina representaba el 63% de la población de la
región. En la segunda, en cambio, donde se ubica la
ciudad de La Paz, principal centro urbano del país, la
población campesina era sólo el 37% de la población
regional. En ambas regiones la población campesina
incluía a más del 95% de la población agrícola, con un
peso abrumador frente al apenas emergente sector asala-
riado agrícola.
Si bien nuestra atención se centrará en el campe-
sinado que habita en los pisos ecológicos de altura, la
consideración de la región de los Llanos resulta indis-
pensable para entender los procesos demográficos en las
otras regiones y para discutir las perspectivas futuras
de los sectores campesinos en Bolivia.
En efecto, hasta la Revolución de 1952 la población
boliviana estaba radicada en su casi totalidad en el
Altiplano y los Valles, áreas en donde estaba asentada
la población indígena desde el Incario y que luego se
convertirán la primera en sede de la producción minera
y la segunda en la abastecedora de alimentos y fuerza de
trabajo para dicha actividad. Así, se estima que hacia
I9OO la ciudad de Santa Cruz, principal centro urbano
del Oriente y actualmente segunda concentración urbana
del pair,, no llegaba a los 20 mil habitantes. Si bien
a fines del siglo XIX se inicia con la explotación del
caucho un movimiento poblacional hacia la zona norte de
los Llanos y más tarde, en la segunda década del presente
siglo, la explotación petrolera contribuye a la formación
de asentamientos en el Oriente, ninguno de estos dos

205
procesos tuvo un impacto poblacional significativo. Es
recién a partir de los cambios estructurales y de la
nueva estrategia de desarrollo nacional introducidos
con la Revolución de 1952 que se dinamiza el poblamiento
de los Llanos. Dos hechos son considerados como crucia-
les (Castro, 1980:28): por un lado, la Reforma Agraria
liberó al campesino de la sujeción a la tierra y le
permitió migrar; por otro, el Estado sustentó una clara
política de apertura de la frontera agrícola, para lo
que se invirtió capital en el desarrollo de la agroin-
dustria en Santa Cruz, se abrieron vías de penetración
al Oriente y se promovió la colonización dirigida y
espontánea de campesinos provenientes principalmente de
los Valles.
El efecto de las nuevas condiciones creadas por
estas políticas fue tal que entre 1950 y 1976 -años de
los dos últimos censos- la tasa media anual de crecimien-
to de la población fue de 4.19% para los Llanos frente a
tasas de 1.98 en el Altiplano y de 1.45 en los Valles.
En las áreas rurales, asiento de la población campesina,
el contraste es aún mayor, ya que mientras en el Altipla-
no y en los Valles su crecimiento fue de aproximadamente
1% anual, en los Llanos lo fue de cerca del 3%, lo que
pone en evidencia la importancia de los flujos migratorios
desde las áreas tradicionales a las áreas de frontera
agrícola (Torres, 1980a:8).
Este dinámico proceso, que continúa en la actualidad,
ha producido una marcada diferenciación entre la región
de los Llanos y el resto del país, especialmente en loque
se refiere a la composición y características de la
población rural. Es así como hacia 1976 esta región, con
el 60% del territorio y a pesar de su rápido crecimiento
demográfico, contenía apenas el 20% de la población
nacional, la mitad de la cual (49%) estaba integrada por
sectores agrícolas. Como resultado del desarrollo expe-
rimentado por la agricultura empresarial se ha llegado
a formar un importante sector agrícola asalariado que,
con base en la información censal, se estima para 1976 en
un tercio de la población agrícola. Los otros dos tercios
estaban constituidos por un sector campesino vinculado
en su mayoría a los procesos de colonización, principal-
mente espontánea. A este respecto el Instituto Nacional
de Colonización- (INC) estimó para 1974 en 57 mil las
familia;; en áreas de colonización (SERES, 1980a:l8). Si
se supone un tamaño medio por familia de cinco miembros,
la población campesina en colonias sería para ese año
del orden de 285 mil personas, lo que representaría el
59% de la población agrícola estimada para los Llanos
dos años más tarde y el 90% de su sector campesino (ver
cuadro l). Sin entrar aquí a discutir la validez de estas
cifras, la conclusión cierta es que gran parte de la

206
Cuadro N°1

BOLIVIA: Tamaño y distribución relativa de la población agrícola según con-


texto y sector social, por regiones, 1976.

SECTOR SOCIAL TOTAL AGRICOLA AG. ASALARIADO CAMPESINO


REGION
CONTEXTO N° .a/ % b/ N°.a/ % N°.a/ 7.
100%
Total 2.545 (52) 245 (5) 2.300 (47)100
Urbano 255 50 (2) 205 (10) 9
PAIS
Intermedio 1.017 (78) 117 (9) 900 (69) 39
Rural
Alto 1.237 (83) 78 (5) 1.195 (78) 52
30%
Total 20 685 (37)100
Urbano 34 ( 3) 5
ALTIPLANO
Intermedio 269 (73) 39
Rural
Alto 382 (80) 56

56%
Total 59 1.297 (63)100

Urbano 88 (17) 7
VALLES
Intermedio 499 (76) 38
Kural
Alto 710 (82) 55

14%
Total 166 (17)100 318 (32)100
Urban o 34 ( 7) 20 83 (16) 26
LLANOS
Intermedio 83 (29) 50 132 (46) 42
Rural
Alto 49 (26) 30 103 (55) 31

Fuente: Censo 1.976. Tabulaciones especiales, proyecto BOL/78/P01

a/ en miles
b/ ( ): porcentaje respecto a población en el contexto
Población total: 4.9 millones.

población campesina en los Llanos tiene el status de


colono. Por otra parte, la distribución que hemos hecho
entre campesinos y asalariados agrícolas debe considerar-
se con cautela ya que se basa como vimos en la declaración
censal de la categoría ocupacional de los jefes de hogar
que trabajan en la agricultura. La condición de "asala-
riado agrícola" así detectada no implica necesariamente
207
la de "proletario", entendiendo por tal al trabajador
agrícola sin tierra que obtiene ingresos sólo por su
salario, pudiendo tratarse en muchos casos más bien de
una condición de campesino semiproletarizado que combina
el carácter de asalariado con la posesión de tierra en
explotación familiar. Es muy probable por esto que en
los Llanos, donde existe un activo mercado de fuerza de
trabajo agrícola, con fuertes oscilaciones estacionales,
parte del sector identificado como "campesino" y sobre
todo parte del clasificado como "agrícola asalariado"
esté integrado por la condición intermedia de campesinos
semiproletarizados.
Una de las múltiples diferencias del sector campe-
sino de los Llanos con respecto al campesinado del Alti-
plano y los Valles es la mayor disponibilidad de tierra
En efecto, de acuerdo a las estimaciones del INC recién
mencionadas, el promedio de tierra por familia en las
áreas de colonización sería de 16 ha, en las áreas
tradicionales, en cambio, se ha estimado para 1973 un
promedio de 2.9 ha (Ortega, 1976:46).
Un último aspecto de la localización espacial de
los asentamientos campesinos que interesa analizar aquí
es su ubicación con relación a los centros urbanos.
Como se aprecia en el cuadro 1, apenas un 6% de la pobla-
ción campesina en las áreas tradicionales vive en
contextos clasificados como urbanos; un 38% está radicada
en áreas de ruralidad intermedia, lo que implica cierto
grado de accesibilidad a las ciudades, y la mayoría (55%)
está ubicada en áreas definidas como de alta ruralidad,
cuyo acceso a las ciudades es difícil. En la región de
los Llanos, en cambio, el porcentaje de población campe-
sina ubicada en áreas definidas como urbanas es consi-
derablemente mayor (26%) y de la población que habita en
el medio rural, la mayoría (58%) está localizada en el
contexto de ruralidad media.

2. Algunas características de la población


campesina

El censo ofrece información útil para caracterizar a la


población campesina boliviana en aspectos tales como
calidad de la vivienda, nivel de instrucción e idioma
hablado que, además de su significación en sí, pueden
ser considerados como indicadores de dimensiones sociales
más complejas, como ser el nivel de vida, la pertenencia
etnocultural y el grado de integración en el proceso
de desarrollo del país,
a) Calidad de la vivienda
La calidad de los materiales usados en la vivienda,
más que la disponibilidad de electricidad o agua potable

208
-servicios que dependen principalmente del grado de
urbanización del área de residencia- sirve de indicador
para estimar el nivel de vida de la población campesina.
Como se aprecia en el cuadro 2, en 1976 sólo una ínfima
parte de las familias campesinas de las áreas tradicio-
nales (5.7%) disponía de casa con techo de buena calidad
y piso cubierto con algún material. La situación era un
poco mejor para los campesinos de los Llanos. No obstan-
te, en las tres regiones las condiciones materiales
de vida -a juzgar por este indicador- eran mucho peores
en los sectores agrícolas en general y en el sector
campesino en particular, que en el estrato bajo no agrí-
cola.

Cuadro N°2

BOLÍVIA: Porcentaje de poblaciSn que vive en viviendas de


relativa buena calidad aj por sectores sociales
y regiones. 1976.

Sectores sociales del estrato bajo País Altip. Valles Llanos

- Sector no agrícola 53 54 49 56
- Sectores agrícolas:
asalariado 14 12 15 14
campesino 7 5 6 16

Fuente: Censo 1976. Tabulaciones especiales, proyecto B0L/78/P0.1.


a/ Vivienda con techo de teja, calamina o loza y piso cubierto con algfin
material.

b) Nivel de educación
La creciente disponibilidad y accesibilidad social
de los servicios de educación que resultan normalmente
del proceso de desarrollo hace que por esta sola causa
las generaciones tengan un más alto nivel educativo
mientras más jóvenes son. Este fenómeno se ha producido
con particular intensidad en Bolivia debido a los grandes
esfuerzos realizados por el Estado en el campo de la
educación a partir de la Revolución de 1952. Dada esta
situación, es recomendable controlar la edad al comparar
diversas poblaciones según su nivel medio de instrucción.
Para este análisis hemos elegido el tramo 20-29 años de
edad que corresponde a la población adulta joven.
La información contenida en el cuadro 3 permite
concluir que, en general, el nivel educativo prevalente
en los sectores agrícolas de Bolivia es muy bajo e inferior
en poco más de un año de instrucción al del estrato bajo no

209
A. BOLIVIA: Promedio de años de estudio en la población de 20 a 29 años de
edad, por sectores sociales y regiones. 1976.

Sectores sociales del estrato bajo País Altip. Valle Llanos

Ruralidad media
- Sector no agrícola 3.6 3.4 3.5 4.1
- Sectores agrícolas:
asalariado 2.6 2.6 2.3 2.7
campesino 2.3 2.5 2.1 3.1

Ruralidad alta
- Sector no agrícola 3.4 3.6 3.2 3.8
- Sectores agrícolas:
asalariado 2.4 1.8 1.7 2.9
campesino 2.0 2.5 1.7 2.7

B. BOLIVIA: Promedio de años de estudio en la población campesina de 20 a 29!


años, según sexo, por regiones y contextos. ;

Región Altiplano Valles !


Llanos j
Sexo H M H M H M 1
Contexto

Ruralidad media 3.7 1.4 3.0 1.2 3.6 2.6


Ruralidad alta 3.7 1.4 2.5 0.9 3.3 2.1

agrícola de las áreas rurales. Se comprueba en segundo


lugar que, con pocas excepciones, el nivel medio de edu-
cación es más bajo en los contextos de ruralidad alta
-asiento de la mayoría de la población campesina en las
áreas tradicionales- que en los de ruralidad media. Se
verifica, por último, al interior de los sectores campe-
sinos que el nivel de educación más bajo se encuentra
en los Valles seguido por el Altiplano y por los Llanos.
Hasta aquí hemos considerado la población adulta
joven en su conjunto. Al distinguir por sexo se hace
patente un fenómeno de gran significación para entender
los comportamientos demográficos de estas poblaciones,
que es la fuerte discriminación que afecta a la mujer
campesina. En efecto, en las áreas rurales tradicionales

210
el nivel educativo medio de las mujeres en el tramo de
edad considerado es menos del del de los hombres.
La peor situación se encuentra en los Valles, región que
concentra como vimos el 53% de la población campesina
nacional, donde el nivel medio de educación de las mujeres
adultas jóvenes es inferior a un año, lo que permite
pensar que una muy alta proporción de esa categoría de
mujeres son analfabetas funcionales.
La mayor propensión a migrar hacia las ciudades de
las mujeres con más alto nivel educativo es sin duda un
factor que contribuye a esta situación. Pareciera no
obstante que este fenómeno encuentra su origen principal-
mente en resistencias de orden cultural a enviar las
niñas a la escuela, lo que tiene que ver con el sistema
de roles imperante en las comunidades quechuas y aymarás.
Esta explicación es consistente con el hecho de que en
los Llanos, donde la influencia de las culturas quechua
y aymará es mínima, la brecha en el nivel educativo de
hombres y mujeres es considerablemente menor,
c) El idioma
El idioma hablado adquiere significación para el
análisis en la medida en que se lo considere como indi-
cador de dimensiones culturales y sociales que trascien-
den la lengua misma. Una de estas dimensiones es la per-
tenencia a un grupo etnocultural. Se asume desde esta
perspectiva que las personas que hablan sólo quechua o
aymará han sido socializadas en esas culturas y no han
estado expuestas de manera directa a la influencia de
la cultura de raíz hispana. Algo semejante puede soste-
nerse de las personas que hablan sólo castellano, siendo
en este caso mínima la influencia directa de las culturas
de raíz indígena. Las personas bilingües se encontrarían
en una situación intermedia, ya que habrían experimentado
una socialización temprana de contenido cultural indígena,
pero habrían estado expuestas luego a una influencia cul-
tural directa hispano-criolla.
Una segunda dimensión, más amplia que la anterior,
se refiere a la estructura social de dominación. El
castellano entró a Bolivia con el conquistador y desde
entonces es la lengua de los estratos y grupos sociales
dominantes tanto en la esfera económica como en la polí-
tica. Los grupos hispano-parlantes fundan las ciudades
y se asientan predominantemente en ëllas. Los idiomas
se asocian así a una estructura socioespacial marcada-
mente heterogénea, apareciendo en un extremo el castella-
no vinculado a los estratos dominantes y a las áreas
urbanas y de mayor desarrollo relativo y, en el otro,
las lenguas indígenas vinculadas a los estratos dominados
y a las áreas rurales y de menor desarrollo relativo
(González y Ramírez, 1981:131).

211
La localización de los grupos etnoculturales en el
espacio boliviano es el resultado del proceso histórico
de poblamiento. Asi, ya a la llegada de los españoles
las áreas del actual territorio boliviano controladas
por el Incario se limitaban al Altiplano y Valles, el
primero ocupado principalmente por los aymarás y el
segundo, por los quechuas. En los Llanos orientales
habitaban numerosos grupos étnicos nómades y seminómades
que, a pesar de su bajo grado de desarrollo social, teníai
la suficiente capacidad bélica como para obligar al
imperio inca a fortificar su frontera (Castro, 1980:13).
El mapa de áreas lingüísticas de Bolivia preparado
por Albo, con base en el censo de 1976 (Albó, 1980:105)
da una visión de la situación actual.
El análisis que sigue se basará en el grupo etario
de 20 a 39 años, distinguiendo por sexo ya que la condi-
ción de las mujeres de ese tramo de edad reviste parti-
cular importancia para entender los comportamientos
demográficos, en particular la fecundidad y la mortalidad
de la niñez.
Al considerar esta población femenina mediante la
información censal se aprecia con toda claridad la gran
diferencia existente entre las áreas de poblamiento
antiguo y los Llanos orientales en cuanto a la composició;
etnocultural de su población. En efecto, mientras en las
áreas rurales de los Llanos la gran mayoría de ellas (73%
eran en 1976 castellano parlantes monolingues y apenas
un 4% hablaba sólo un idioma indígena, en las áreas
rurales del Altiplano y los Valles cerca de la mitad de
esta categoría de mujeres hablaba sólo quechua o aymará,
siendo muy bajo el porcentaje de las que hablaban sólo
castellano (Torres, 1980a:34).
El cuadro 4 ha sido confeccionado con el propósito
de analizar con más profundidad las dimensiones asociadas
al idioma hablado en los sectores campesinos de las áreas
tradicionales. Su examen permite concluir en primer
lugar que en las cuatro áreas rurales consideradas los
adultos jóvenes que hablan sólo una lengua indígena, sea
ésta aymará o quechua, se concentran en muy alto porcen-
taje en el sector campesino. Así, por ejemplo, en el
contexto de ruralidad alta de los Valles, la población
agrícola en las áreas consideradas que constituye el 82%
del total en esas áreas, incluye al 94% de los que hablan
sólo una lengua autóctona.
Una segunda conclusión de carácter general es que
el monolingüismo quechua o aymará aparece con mucho más
frecuencia en las mujeres que en los hombres. Este
hallazgo es consistente con el menor nivel educativo de
las mujeres, ya que en estas poblaciones el castellano
es la segunda lengua y su aprendizaje y manejo depende

212
Cuadro 4: BOLIVIA: Distribución porcentual por idioma hablado de la población rural de 20 a 39 años de edad,
se^ün grado de ruralidad del contexto y sector social, por sexo. 1976.

Altiplano Valles
N Sâlo cas- Aymará Que- N Solo cas- Bilingue Aymará Que-
(%) tellano Bilingue chua (%) tellano chua

Ruralidad media Estrato medio alto H 2411 V) 13 87 0 0 3594 (5) 24 74 0 2


M 2101 (6) 16 73 9 2 3272 (5) 31 63 0 6
Estrato Sectores no H 8537 (25) 4 92 1 3 11258 (17) 13 80 0 7
bajo agrícolas M 8369 (23) 2 66 18 14 11197 (16) 13 59 1 27
Sectores H 23434 (68) 1 83 7 9 52458 (78) 14 oO 1 25
agrícolas M 25266 (71) 1 45 36 18 53750 (79) 14 31 3 52

Ruralidad alta Estrato medio alto H 3577 (8) 11 89 0 0 4731 (5) 25 74 0 1


M 2749 (6) 12 78 8 2 3580 (4) 31 62 3 4
Estrato Sectores no H 7714 (17) 3 93 1 3 12349 (14) 13 79 2 6
bajo agrícolas M 7786 (17) 2 68 19 11 11302 (13) 15 55 12 18
Sectores H 32797 (74) 1 75 5 19 72246 (81) 16 55 5 24
agrícolas H 35187 (77) 1 43 27 29 72849 (83) 16 22 17 45

Fuente: Bolivia, Proyecto BOL/78/PO.1 Tabulaciones especiales. Cuadro 7.


la vinculación a través del trabajo o del comercio con
las áreas urbanas. A este respecto el nivel más alto de
monolingüismo indígena se encuentra en las mujeres del
contexto de ruralidad alta de los Valles (62%), quienes
tienen también -como vimos- el nivel medio de educación
más bajo de todos los sectores campesinos.
Si consideramos el porcentaje de monolingues indí-
genas como indicador de marginación del proceso de des-
arrollo boliviano, según lo que señaláramos al inicio de
esta sección, el grado mayor de marginación se daría en
el sector campesino del contexto de ruralidad alta en los
Valles y el menor, lo tendría el contexto de ruralidad
media del Altiplano, quedando los otros dos contextos en
una situación intermedia, muy semejante entre sí.
El idioma indígena hablado por los monolingües
confirma la localización espacial de los dos principales
grupos etnoculturales. Según este indicador la población
aymará sería predominante sólo en el contexto de ruralida
media del Altiplano. En las áreas rurales de los Valles
se da el predominio quechua y también, aunque en menor
grado, en las áreas de ruralidad alta del Altiplano.
En la población total de Bolivia se ha estimado
que en 1976 sabían hablar aymará 1 156 000 personas y
sabían hablar quechua 1 59^ 000 personas. Así, la
relación entre un grupo y otro era de 1:1.38 (Albo,
1980:9,15)' La situación es bien diferente cuando se
considera el monolingüismo en las áreas rurales tradicio-
nales ya que, como se aprecia en el cuadro la rela-
ción entre los adultos jóvenes que hablan sólo aymará
y que hablan sólo quechua es de 1:3.

214
II. PROCESOS DEMOGRAFICOS EN LA POBLACION
CAMPESINA

1. Tendencias recientes del crecimiento


de la población

No existe información que permita establecer de manera


directa el crecimiento de la población campesina. El
crecimiento de la población rural es, no obstante, un
indicador aceptable si se tiene en cuenta que de acuerdo
al último censo, el 79% de ella era población campesina
en las áreas tradicionales.
Como se señaló anteriormente, el crecimiento de
la población rural -y presumiblemente también el de la
población campesina- en estas áreas durante el período
I95O-I976 fue de apenas un 1% anual. La explicación
para esta tasa tan lenta de crecimiento, que analizaremos
luego con mayor detenimiento, tiene dos vertientes
complementarias. En primer lugar, el crecimiento natural
de la población campesina ha sido lento debido a que la
relativamente alta fecundidad que la caracteriza se ha
visto en gran medida neutralizada por una mortalidad aún
alta y que ha descendido al parecer muy lentamente. En
segundo lugar, la población campesina de las áreas tradi-
cionales se ha visto mermada por dos corrientes migra-
torias de distinto destino: por una parte, la migración
predominantemente femenina hacia las áreas urbanas de
la misma región, y por otra, los desplazamientos predo-
minantemente masculinos hacia la frontera agrícola
oriental (Gutiérrez, 1981:31). En esta última corriente
migratoria han participado principalmente campesinos de
la región de los Valles y sólo marginalmente los del
Altiplano (Casanovas, 1981:72-73).

2. La mortalidad

En el contexto latinoamericano, Bolivia es el país que


menos ganancias ha tenido en la esperanza de vida al
nacer y que mostraba para el período 1975-1980 los niveles
más bajo.

215
En efecto, de acuerdo a las estimaciones del CELADE,
en un lapso de 10 años que va desde el período 1965-1970
al 1975-1980, Bolivia habría visto elevarse la esperanza
de vida al nacer de su población en apenas 3»6 años. En
el mismo lapso, Haití, que es el país más cercano a
Bolivia en lo que a mortalidad se refiere, habría expe-
rimentado una ganancia de 4.4 años. En cuanto al nivel
de esperanza de vida estimado para el período 1975-1980,
Bolivia, con sólo 48.6 años, es superada por Honduras
-uno de los países de menor desarrollo relativo de la
región- por 8.5 años y debería elevar en 21 años la espe-
ranza de vida de su población para alcanzar la situación
prevalente en uno de los países de mayor desarrollo
social de América Latina como es Costa Rica (CELADE, 1981).
Como suele ocurrir en países internamente tan
heterogéneos, es en las áreas rurales y en el sector
campesino donde prevalecen los niveles más altos de morta-
lidad. El análisis que sigue se centra en la mortalidad
de la niñez y se basa en estimaciones de la probabilidad
de morir entre el nacimiento y los dos años de vida,
según características de la madre, para alrededor de 1975i
hechas a partir de la información censal (Torres, 1980b).
El cuadro 5 permite apreciar la dramática situación
de los sectores campesinos de las áreas rurales tradi-
cionales con relación a la de los otros sectores sociales
o de los propios campesinos de la región de los Llanos.
La mortalidad de la niñez más elevada se encuentra en el
sector cuantitativamente más importante, los campesinos
de las áreas rurales de los Valles, entre los que 3 de
cada 10 niños que nacen mueren antes de cumplir 2 años
de vida. Este nivel de mortalidad es 3.4 veces el
estimado para los niños del estrato medio alto y casi
dos veces el estimado para los niños de estratos bajos
de Cochabamba, ciudad principal de esa región.
La mortalidad de la niñez es un poco menos alta
entre los campesinos del Altiplano (261 por mil) y
eignificativamente menor entre los campesinos de los
Llanos (190 por mil).
Las diferencias que acabamos de señalar muestran
tres pistas para indagar sobre los factores que las expli-
can: en primer lugar, la polaridad urbano rural, aunque
debe notarse que al interior de cada región no se
observan diferencias sistemáticas entre los contextos
de ruralidad alta, ruralidad media y "resto urbano".
En segundo lugar, la inserción social al interior de
cada contexto; debe destacarse a este respecto que las
diferencias importantes se verifican entre el estrato
medio-alto y el estrato bajo, siendo el nivel de la
mortalidad de la niñez de los campesinos no muy distinto
del de los otros sectores que conforman este estrato.

216
Cuadro N°

BOLIVIA: PROBABILIDAD DE MORIR POR CADA MIL NACIDOS VIVOS


ENTRE EL NACIMIENTO Y LOS DOS AROS DE VIDA, POR
REGIONES, CONTEXTOS Y ESTRATOS SOCIALES. 1975

Contextos y Estratos Sociales Altiplano Valles Llanos

Ciudades Principales

- Medio Alto 129 86 80


- No Agrícola Asalariado 197 165 140
- No Agrícola No Asalariado 215 169 156
- Agrícola Asalariado (**) 156* 158*
- Campesino 230 181 104

Ciudades Secundarias

- Medio Alto 151 61 68


- No Agrícola Asalariado 280 167 166
- No Agrícola No Asalariado 250 143 140
- Agrícola Asalariado (**) (**) 142
- Campesino 257 149* 115*

. Resto Urbano

-Medio Alto 174 149 98


- No Agrícola Asalariado 244 242 147
- No Agrícola No Asalariado 250 223 154
- Agrícola Asalariado (**) 194 154
- Campesino 238* 218 199

Rural Intermedio

- Medio Alto 185 173 129


- No Agrícola Asalariado 281 264 169
- No Agrícola No; Asalariado 220 218 156
- Agrícola Asalariado 256* 246 190
- Campesino 256 286 181

Rural Alto

- Medio Alto 182 163 123


- No Agrícola Asalariado 273 286 200
- No Agrícola No Asalariado 244 258 144
- Agrícola Asalariado 270* 262 192
- Campesino 264 291 201

* Estimaciones poco fiables


** No estimadas por tratarse de poblaciones muy pequeñas
Fuente: Censo 1976. Tabulaciones especiales, proyecto BOL/78/POl

217
Por último, la polaridad interregional, con niveles siste-
máticamente menores en los Llanos que en las regiones de
poblamiento antiguo.
Asociados a las dos primeras dimensiones parecen
estar factores tales como la disponibilidad de servicios
básicos (agua potable, eliminación de excretas), disponi-
bilidad y acceso efectivo a los servicios de salud y
también de educación, y nivel de ingresos.
Atendiendo al efecto de uno de estos factores, cual
es el nivel de educación de las madres, la primera sección
del cuadro 6 muestra la fuerte relación inversa existente
entre este nivel y la probabilidad que tienen sus hijos
de morir en los dos primeros años de vida. Esta relación
expresa por una parte la influencia que la educación en
cuanto tal tiene sobre actitudes y comportamientos de las
madres en relación con aspectos tales como la atención,
cuidado, alimentación de sus hijos y el recurso a la
medicina moderna, y por otra -considerando el nivel
educativo como indicador de nivel socioeconómico- expresa
también la influencia de múltiples factores asociados
a la educación y que actúan conjuntamente con ella.
Las diferencias de mortalidad entre los Llanos y
las otras dos regiones encuentra al parecer en parte su
explicación en los factores señalados anteriormente, ya
que, como se pudo apreciar al comentar los indicadores
del cuadro 2, el sector campesino de los Llanos aparecía
con mejores condiciones de vivienda y con niveles un
poco más altos de educación. Debe tenerse en cuenta,
sin embargo, que -como se aprecia en el cuadro 6- a
iguales niveles de educación de l'as madres, la mortalidad
de la niñez es sustancialmente más baja en los sectores
agrícolas de los Llanos que en los Valles y en el Alti-
plano. Puede pensarse por esto que hay factores distintos
a la educación y que no están estrechamente asociados
con ella, que inciden decisivamente en las diferencias
de mortalidad existentes entre esas regiones. Uno de
estos factores parece ser la disponibilidad de tierra por
familia que es considerablemente inferior en las sobre-
pobladas áreas tradicionales que en las de frontera agrí-
cola, como se vió. Esta mayor disponibilidad de tierra
puede incidir sobre la mortalidad en los primeros años
de vida por la vía de una mejor alimentación y nutrición
y en general por un mayor ingreso familiar.
Otro factor complementario de explicación parece
ser la diferente composición etnocultural de la población
de las diferentes regiones. En efecto, como se vio, esta
composición, estimada a través del o de los idiomas
hablados corrientemente por las personas', difiere marca-
damente entre las tres regiones. La más distinta como se
recordará, es los Llanos, con un alto predominio de mono-
lingues castellano parlantes, lo que reflejaría su

218
Cuadro N°

BOLIVIA: PROBABILIDAD DE MORIR ENTRE EL NACIMIENTO Y LOS DOS


AfiOS DE VIDA EN LOS SECTORES AGRICOLAS SEGUN NIVEL
DE INSTRUCCION E IDIOMA HABLADO POR LAS MADRES. 1975

Altiplano Valles Llanos

A. Afios de instrucción

0-2 281 301 216

3-5 218 237 167

6 y más 190 180 112

B. Idioma hablado

- Castellano (*) 220 174

- Castellano y otro 233 269 247

- Aymara 2 57 269 (*)

- Quechua 326 338 2 36

socialización en la cultura hispano criolla. En los


Valles y Altiplano en cambio hay una fuerte influencia
de las culturas indígenas con un predominio quechua en
la primera y aymará en parte de la segunda. Como se
aprecia en la parte B del cuadro 6, se ha detectado una
clara asociación en los sectores agrícolas entre idioma
hablado por la madre y probabilidad de morir de sus
hijos en los primeros años de vida, siendo menor esta
probabilidad en las que hablan sólo castellano, más alta
en las que hablan sólo aymará y considerablemente mayor
en las monolingues quechuas. Esta sobremortalidad del
orden del 26% de los quechuas respecto a los aymarás se
verifica con la misma magnitud en los Valles y en el
Altiplano y da pié para pensar que la mortalidad de la
niñez en los sectores campesinos estaría condicionada
de manera importante por factores de índole netamente
cultural que dicen relación con creencias y costumbres
sobre las enfermedades y la medicina, la atención del
parto, el amamantamiento, la alimentación, higiene y

219
cuidado de los niños.2/ En este sentido cabe pensar,
por ejemplo, que la medicina tradicional -que forma
parte y se apoya en la concepción del mundo, de la vida,
de la enfermedad y de la muerte de las culturas indígenas
y que constituye un instrumento de poder al interior de
las comunidades campesinas- produce resistencias y
barreras para un adecuado uso de los recursos de salud
disponibles.
En síntesis, los muy altos niveles de mortalidad
de la niñez que prevalecen en la población campesina
boliviana, especialmente en las áreas tradicionales,
parecen resultar de la acción combinada de por una parte
la persistencia de creencias y costumbres, expresión de
las culturas autóctonas, y, por otra, de la posición
marginal en que se halla el campesinado tanto en términos
de su participación en los procesos económicos y políti-
cos como de su participación en la distribución de los
beneficios del desarrollo.

3. La fecundidad

La alta valoración de la prole numerosa parece ser una


constante de las sociedades campesinas coiji modo de pro-
ducción familiar (Caldwell, 1978). Esto no significa,
sin embargo, que en todas ellas la fecundidad sea
homogeneamente alta y que no pueda experimentar varia-
ciones importantes en el tiempo.
Como es bien sabido, el nivel de fecundidad de una
población depende de lo que ocurra con sus determinantes
próximos, entre los que cabe destacar por su importancia
i) la nupcialidad (proporción de mujeres en edad fértil
que mantienen relaciones sexuales estables y edad media
en que las iniciaron); ii) la duración del período
anovulatorio post parto producida por la lactancia
materna y iii) el recurso a métodos de control tendientes
a evitar los nacimientos ya sea mediante la prevención
de los embarazos (anticoncepción), ya sea mediante su
interrupción (aborto).
En sociedades campesinas el patrón de comportamiento
reproductivo se suele caracterizar por nupcialidad alta
y temprana, ausencia de prácticas voluntarias de control
y lactancia materna prolongada. Mientras los dos primeros
factores conducen a una fecundidad alta, el último actúa
como moderador, al producir un espaciamiento natural
entre los embarazos. Si bien cambios en la nupcialidad
o en la duración de la lactancia dan cuenta en ciertos
casos de los cambios o diferencias en el nivel de fecun-
didad de ciertas poblaciones campesinas, los niveles más
bajos y los cambios más importantes observados parecen
haberse debido a un cuarto factor que es la esterilidad

220
patogénica asociada a la prevalencia de ciertas enferme-
dades venéreas. En efecto, ésta parece haber sido la
principal causa de niveles relativamente bajos de fecun-
didad en diversas sociedades campesinas africanas (Sala-
Diakanda, 198l) en las que la fecundidad era potencial-
mente alta por razón de los otros factores (González,
1981).
El cuadro que ofrece la fecundidad en los sectores
campesinos en Bolivia se ajusta a lo que acabamos de
señalar para las sociedades campesinas en general. El
análisis de la información censal conduce a tres conclu-
siones importantes: en primer lugar los niveles de
fecundidad de todos los sectores agrícolas, tanto campe-
sinos como asalariados, eran alrededor de 1975 considera-
blemente altos. En segundo lugar, la tendencia en los
10 años anteriores parece haber sido en todos ellos de
elevación de la fecundidad. Y en tercer lugar, la
fecundidad hacia 1975 era más alta en los sectores agrí-
colas de los Llanos que en los de las áreas tradicionales.
En efecto, como se aprecia en el cuadro 7i la tasa
global de fecundidad (TGF)¿/ de los sectores agrícolas
de Altiplano y Valles a mediados de la década del 70
fluctuaba entre 7 y 8.2 hijos por mujer. En los Llanos
la fecundidad era más alta en alrededor de 1 hijo,
fluctuando entre 8.2 y 9'8 hijos, niveles éstos extraor-
dinariamente elevados. Es interesante notar que la fecun-
didad de los sectores campesinos en el Altiplano y Valles
era muy semejante a la de los sectores no agrícolas del
estrato bajo residentes en las mismas áreas rurales.
Sólo las mujeres del estrato medio alto de esas áreas
-pocas en número y presumiblemente originarias de o al
menos educadas en su mayoría en áreas urbanas- mostraban
una fecundidad moderada. Se puede concluir así que la
fecundidad alta era en 1975 una característica de la
población rural de Bolivia en general -compartida incluso
por los sectores del estrato bajo residentes en locali-
dades urbanas menores (resto urbano)- y no una caracterís-
tica específica del sector campesino.
Cabe notar, por otra parte, que la fecundidad de los
sectores campesinos duplicaba la del estrato medio alto
radicado en las ciudades principales y secundarias, lo
que pone de manifiesto en los aspectos demográficos la
heterogeneidad social existente en el país.
A pesar de tener el sector campesino una media de
educación muy baja y tener en consecuencia esta variable
una reducida capacidad de discriminación, creemos que es
el mejor indicador disponible para captar la estratifi-
cación social qué pueda existir al interior de los
sectores campesinos. Por otra parte, su consideración
en el análisis hace posible comparar la fecundidad de los
sectores campesinos con la de otros sectores sociales,
221
Cuadro No8

BOLIVIA: TASA GLOBAL DE FECUNDIDAD POR ESTRATOS


ECOLOGICOS Y SECTORES SOCIALES, SEGUN NIVEL DE
INSTRUCCION DE LA MUJER (ALREDEDOR DE 1975) a)
Estrato No agtfcola Agrícola
Total medio Asala- No asa- Asala- No
alto Viado lañado riado asala-
riado

ALTIPLANO
Total 6,0 4.0 6,6 6¿_ 7.7
Sin instrucción 7.4 6.7
5,8
1
6,8
1 TO TZ S
1 - 2 años 6.7 Tf
3 - 5 años 6.3 M 6.3 6.0
6 • 8 años 5.1 M 6.8
rfj
© ©
9 y más 3.1
VALLES
Total 7,0 4.5 Li 7.9
Sin instrucción 7,6 7,0 8,0 7,9 8,1
1 • 2 años 7.3 6,5 7,7 7,1 7,4 8.1
5 - 5 años 6.8 6J 6j 6.7
6 - 8 años 5.1 (4,7) M 5.4 5.5
9 y más 3.5 © ©
(S)
©
/./..-IMAS
Total 6.8 4.5 6.6 6.4 8.7 9.0
Sin instrucción 8.4 7.5 7.4 9.1 9,0
1 - 2 años 8,0 7,2 7,0 9,0 9,5
3 - 5 años 7.0 6,G 6,2 8,5 8,7
6-8 años 5.4 5,8 5,1 7,2 8,0
9 y más 3.5 5.7 5.0

Fuente: Censo de Bolivia 1976, Tabulaciones especiales Proyecto B0L/78/P0.1.


Tomado de González y Ramírez, 1981.
a] lastimada según el método de Brass.
Menos de 100 nacimientos.

y entre los tres primeros tramos de educación, donde se


encuentra la gran mayoría de las mujeres campesinas en
edad fértil, las diferencias son mínimas. Esta afirmación
es válida en el caso de los Llanos, incluso para las
mujeres con 6 a 8 años de instrucción.

222
- 31 -

Cuadro N°7

BOLIVIA: TASA GLOBAL DE FECUNDIDAD POR ESTRATOS


ECOLOGICOS, CONTEXTOS Y SECTORES SOCIALES,
ALREDEDOR DE 1975 a]
Ciudad Ciudad Rural
Total princi- secun- Resto inter- Rural
pal daria urbano medio alto

ALTIPLANO
Total 6,0 4,4 6 s,» 7,3 7,4
1
Medio-alto 4,0 m 5,8 5,3 6,1
No J Asalariado
Agrícola .No-asalariado
6,6
6,5
5,3
5,7
17,6 1 8,1
6,8 6,6
m
m
mm
I"Asalariado 7,4 - —
8,21 j 7,0
Agrícola < _No asalariado 7,7 5,3
- ED us ra
VALLES
T
°ul 7
,0 V V 6.3 7.4 7.4
Medio-alto 4.5 (fe 5,2 5,1 5,3
No "Asalariado 7,3 5,4 6,2 7,8. 7¿
<
\LL
Agrícola _No asalariado 6,8 6,1 5,4 6,7 V
Asalariado 7,5 - LLi 7,2 8,2
Agrícola <1
.No-asalariado 7,9 6,8 8,1 7,9

LLANOS
Total 6,8 50 5,6 6.5 8.1 8.7
Medio-alto 4,5 C4¿) (53> <Í9> 5,8 6,4
No j"Asalariado 6,6 5.8 6,4 17,2 1 17,8 1 18,3 1
Agrícola ¡ .No-asalariados 6,4 5,8 6,5 6,7 LLU LMJ
"Asalariado 8,7 6,3 iMl |8,2 1 |_9¿J
Agrícola «J
_No-asalariado 9,0 5,7 6,9 & n fîj] G O ]

Fuente: Censo de Bolivia, 1976. Tabulaciones especiales Proyecto BOL/78/


PO.l. Tomado de González y Ramírez, 1981.
a) Estimada mediante el método de Brass-.
- Menos de 100 nacimientos.
controlando la educación y, por esta vía, en cierto grado,
también los demás factores que le están asociados.
Si bien se ha constatado para 1975 una relación
inversa entre nivel educativo de las mujeres y fecundidad
en los sectores campesinos, su variación no es monótona

223
Si comparamos ahora al sector campesino con los
demás sectores sociales controlando el nivel de educación,
podemos concluir que su fecundidad no difiere mayormente
del sector agrícola asalariado, pero que sí es sistemáti-
camente mayor que la de los sectores no agrícolas del
estrato bajo y, mucho mayor que la del estrato medio
alto. Así, por ejemplo, en las mujeres con 6 a 8 años
de instrucción de los Llanos, la fecundidad varía desde
4.8 hijos en el estrato medio alto hasta 8 hijos en el
sector campesino. Estos hallazgos son consistentes con
la hipótesis de que los factores que condicionan la
mantención de un patrón de fecundidad elevada en los
sectores campesinos son relativamente independientes de
la educación y dan base para esperar que cambios menores
en los niveles de instrucción de la población campesina
probablemente no serán seguidos por una reducción de la
fecundidad a menos que simultáneamente se modifiquen otros
factores, de carácter estructural, relacionados con la
economía campesina y su vinculación con el mercado, tema
que discutiremos más adelante.
Atendamos ahora a las tendencias de la fecundidad
campesina en el marco de las tendencias observadas en el
país. Un estudio realizado recientemente con base en la
información censal y en la encuesta demográfica realizada
en 1975 concluye que entre I960 y 1972 la fecundidad de
Bolivia a nivel nacional se habría mantenido estable,
oscilando alrededor de una tasa global de fecundidad de
6.5 hijos (Soliz et al., 1980). La estimación de las
tendencias del cambio de la fecundidad por sectores
sociales realizada en el marco del proyecto Políticas de
Población, principal fuente de nuestro análisis, permite
concluir que esta estabilidad sería el resultado de dos
tendencias de sentido contrario que se han estado neu-
tralizando: por una parte, la declinación de la fecundidad
urbana -producida principalmente por la importante
reducción de la fecundidad de las mujeres de estrato medio
alto y de las con mayor educación- y, por otra, la ele-
vación de la fecundidad rural, particularmente de los
sectores agrícolas (González y Ramírez, 1980).
La magnitud del incremento de la fecundiad detectado
en el período 1963-1972 es muy semejante en todos los
sectores campesinos, lo que pone en evidencia que la mayor
fecundidad del campesinado de los Llanos es un fenómeno de
antigua data (ver gráfico l). Esta elevación de la fe-
cundidad -fenómeno observado también en otras sociedades
(MoniNaq, 1980)- podría haberse debido a factores tales
como el posible aumento en la nupcialidad, la reducción
de la lactancia materna, la reducción de la prevalencia
de esterilidad patogénica y la disminución de la

224
Gráfico 1

BOLIVIA: TENDENCIA DE LA FECUNDIDAD GENERAL^/ DEL SECTOR CAMPESINO EN


LAS AREAS RURALES, POR REGION Y GRADO DE RURALIDAD DEL
CONTEXTO 1963-1972

Areas de ruralidad intermedia 10 Areas de ruralidad alta

U^L.
1963 1965 1967 1969 1971 1963 1965 1967 1969 1971
V TGF estimada a partir del método de "Hijos Propios".
Fuente: Censo de Población y Vivienda de Bolivia, 1976. Tabulaciones especiales Proyecto Políticas de Población
(B0L/78/P0.1).
Altiplano
Valles
—.—.—.—• Llanos
proporción de viudas en edad fértil como resultado de una
menor mortalidad adulta masculina. Desgraciadamente no
existe información seriada en el tiempo sobre el compor-
tamiento de estos determinantes próximos de la fecundidad,
por lo que no es posible explorar con base empírica sólida
las causas de su elevación.
No ocurre lo mismo para el tercer hallazgo que
destacamos anteriormente, esto es, la mayor fecundidad
general de los campesinos de los Llanos con respecto al
campesinado de las áreas tradicionales, para lo que sí
hay una explicación con sólido fundamento objetivo. A
pesar de las importantes diferencias culturales y econó-
micas existentes entre estos contextos, la explicación
no parece pasar por la vía de los valores y normas res-
pecto al comportamiento reproductivo, sino principal
o exclusivamente por la vía de los condicionamientos
demográficos de la fecundidad. En efecto, la fecundidad
marital es muy semejante en todos los sectores campesinos,
lo que permite concluir que las diferencias en la fecun-
didad general se originan principalmente en un distinto
comportamiento de la nupcialidad (González y Ramírez,
1981). Como se aprecia en el gráfico 2, las mujeres de
los sectores agrícolas de los Llanos se casan más temprano
y en más alta proporción que las del campesinado del
Altiplano y Valles. Así, mientras en el sector campe-
sino de los Llanos a los 20 años ya están en unión marital
estable el 66% de las mujeres, en los sectores campesinos
del Altiplano y Valles sólo el k"\% y kk% respectivamente.
Cabe preguntarse a qué se deben estas tan marcadas
diferencias en la formación de las uniones. Como es bien
sabido, los patrones de nupcialidad dependen no sólo de
factores sociales y culturales que afectan la motivación
para unirse, sino también de factores demográficos, como
la relación entre las poblaciones femenina y masculina
susceptibles de casarse. Cabe plantear así la hipótesis
de que -ceteris paribus- mientras mayor sea la proporción
de hombres en relación a las mujeres, más alta y temprana
será la nupcialidad. El cuadro 9 permite discutir esta
hipótesis mediante la comparación de los índices de mas-
culinidad, -número de hombres por cada cien mujeres- en
la población de 15 a años de edad, distinguiendo por
condición de migración. Se constata ahí que hacia 1976
la razón de masculinidad era sensiblemente inferior a 100
en la población en las áreas rurales tradicionales, espe-
cialmente en el Altiplano. Por el contrario, en las áreas
rurales de los Llanos la razón era de 117, lo que implica,
usando una imagen económica, que había una fuerte demanda
por mujeres en el "mercado matrimonial", lo que constitu-
ye por sí sólo una condición muy favorable para una nup-
cialidad alta.

226
Gráfico 2
BOLIVIA : PORCENTAJE DE CASADAS Y CONVIVIENTES POR
EDAD DE LAS MUJERES DE 12 A 49 AÑOS EN LOS SECTORES
AGRICOLAS, POR REGIONES. 1976

— Sector campesino Altiplano


— Sector campesino Valles
Sector campesino Llanos
— — Sector agrícola asalariado Llanos

°/o casadas y convivientes

Tomado de : González y Ramírez, 1981

fuCTiw.-Censo de Población y Vivienda de BolMa, 1976. Tabulaciones


especiales Proyecto Políticas de Población (BOL/78/[Link]).

227
Cuadro
INDICE DE MASCULINIDAD DE LA POBLACION DE 15 A 34
AÑOS, POR CONDICION DE MIGRACION, POR ESTRATOS
ECOLOGICOS Y CONTEXTOS, 1976
Región y Condición de migración
contexto No migrantes Antiguos Recientes Total
PAIS 89 93 105 92
ALTIPLANO 89 88 90 89
Ciudad principal 92 90 85 90
Ciudad secundaria 93 89 97 92
Resto urbano 92 83 91 90
Rural intermedio 86 76 103 86
Rural alto 86 69 99 86
VALLES 88 9b 110 91
Ciudad principal 87 84 88 84
Ciudad secundaria 87 82 93 87
Resto urbano 82 89 100 87
Rural intermedio 85 109 132 90
Rural alto 91 97 136 94
LLANOS 92 100 116 100
Ciudad principal 85 90 96 89
Ciudad secundaria 84 84 88 85
Resto urbano 80 82 103 85
Rural intermedio 106 117 149 118
Rural alto 102 125 152 116

Fuente : Censo de Bolivia, 1976, Tabulaciones especiales


Proyecto BOL/78/PO.I.
Tomado de: González y Ramírez 1981:167
La razón de masculinidad entre 15 y 34 años, por
su parte, depende en gran medida de la migración selectiva
por sexo y edad. La columna de "migrantes recientes"
indica razones de masculinidad del orden de 150 en las
áreas rurales de los Llanos y de menos de 100 en las
áreas urbanas, lo que pone en evidencia que es el gran
predominio de los hombres en la migración hacia las áreas
rurales y de las mujeres hacia las urbanas, lo que expli-
ca la muy alta razón de masculinidad de este contexto.
En los Valles, la migración reciente hacia las áreas
rurales, tiene también un predominio masculino, pero en
ese caso la inmigración masculina no alcanza a neutrali-
zar el efecto de la emigración masculina sobre la estruc-
tura por sexo de esa población rural, por lo que el
balance de sexos sigue siendo desfavorable a los hombres.
En síntesis, el sentido y composición por sexo de
las migraciones internas parece ser en el caso de Bolivia
un factor que ha influido de manera significativa sobre
la fecundidad diferencial por contextos socioespaciales
y en particular en la fecundidad diferencial entre los
228
sectores campesinos tradicionales y los que se ubican en
las áreas de frontera agrícola (González y Ramírez, 1981).

La migración

Hasta I952 el sistema económico y el régimen sociojurídi-


co imperante en la agricultura, basado en la hacienda, al
establecer relaciones de servidumbre entre los campesinos
y los hacendados que ataban al campesino a la tierra,
constituyen una barrera estructural a su movilidad social
por la vía de la migración en busca de nuevas fuentes de
trabajo e ingreso. Es por esto, como ya señaláramos, que
la reforma agraria iniciada en 1953i al modificiar el
status jurídico y la inserción económica del campesino y
convertirlo en propietario y trabajador libre, crea las
condiciones para la iniciación de importantes procesos
migratorios.
Antes de analizar el papel que han estado jugando
las migraciones en la estrategia de sobrevivencia fami-
liar y en la movilidad social de los sectores campesinos,
es conveniente situar las migraciones de campesinos en el
marco de las principales corrientes migratorias del país.
Usaremos como fuentes los estudios realizados en el
Programa de Políticas de Población con base tanto en el
censo de 1976 (García, 1980 y Gutiérrez, 1981), como en
encuestas (CERES, 1980a y CERES, 1980b) y las encuestas
realizadas por el Proyecto de Migraciones Laborales
llevado a cabo por la Dirección General de Empleo (Esco-
bar y Maletta, 1981 y Vilar, 1982).
El análisis de las principales corrientes de migra-
ción interna permanente y las características de los
migrantes (García, 1980 y Gutiérrez, 1981) permite concluir
que a principios de la década del setenta -y presumible-
mente también antes y después de ese período- existían
tres tipos principales de corriente migratoria en Bolivia,
a saber:
- Una corriente interurbana que se mueve en ambos
sentidos sobre el eje de las tres ciudades principales
-La Paz, Cochabamba y Santa Cruz. Al parecer esta
corriente está conformada principalmente por adultos
jóvenes relativamente educados y pertenecientes al estrato
medio [Link] Se trata presumiblemente de una migración
que sirve a propósitos de movilidad social y responde a
la dinámica espacial del mercado de trabajo del sector
formal. Los campesinos, como es obvio, no juegan ningún
papel en esta corriente migratoria.
- Una corriente rural urbana que opera principal-
mente al interior de cada piso ecológico y que tiene por
principales lugares de destino las ciudades de La Paz,
Santa Cruz y Cochabamba. El papel del sector campesino
es aquí sin duda importante.

229
- Una corriente rural-rural de composición básica-
mente campesina que se dirige de las áreas tradicionales
de poblamiento antiguo hacia las áreas de frontera agrí-
cola ubicadas principalmente en la región de los Llanos
y secundariamente en parte del piso ecológico de Valles,
como es el caso de Los Yungas y el Chapare.
Es prácticamente imposible estimar con precisión
la magnitud de la participación de los campesinos en
estas corrientes migratorias ya que la principal fuente
de información, el censo, no registra la condición social
de los migrantes en su lugar de procedencia y ni siquiera
permite conocer si ese lugar era urbano o rural al pro-
ducirse la migración. No obstante, es posible formarse
una idea aproximada de esa magnitud por vía indirecta.
Así, en cuanto a las corrientes con destino rural,
se ha podido establecer para la población mayor de cuatro
años de edad que en las áreas rurales del Altiplano apenas
un 0.8% de la poblacion campesina estaba compuesta por
personas que migraron desde otra provincia en los últimos
cinco años antes del censo. En los Valles rural, aunque
el número absoluto de esos migrantes era importante
(18.7 mil), eran también una fracción pequeña de la pobla-
ción campesina de esa región (2%); en los Llanos, en
cambio, los migrantes recientes constituían una fracción
mucho mayor tanto en el caso de la población campesina
(10.4%) como en el del sector agrícola asalariado (17.8$).
Se ha podida establecer así que en 1976 había en los
sectores agrícolas de los Llanos aproximadamente 36.5 mil
personas mayores de 4 años que habían migrado desde una
provincia distinta a la de residencia en los últimos
cinco años. Cerca de la mitad de ellos se ubicaba en el
sector agrícola asalariado (48.8$) y el resto (51.2$) en
el sector campesino. La información censal tal cual ha
sido procesada no permite precisar qué fracción de estos
migrantes procedía de la propia región de los Llanos y
qué de las áreas agrícolas tradicionales.
En cuanto a la migración rural urbana, la corriente
más importante parece ser la que se dirige desde áreas
rurales del propio Altiplano hacia la ciudad de La Paz.
A este respecto se estimó en I98O que de los migrantes
de 10 años y más a la ciudad de La Paz, el 62% provenía
del área rural y de éstos, 9 de cada 10 eran originarios
del propio departamento de La Paz (Escobar y Maletta,
198l:2l). Puede suponerse que un alto porcentaje de estos
migrantes de origen rural eran campesinos. En esta
corriente migratoria predominan las mujeres jóvenes, las
que se insertan preferentemente en el sector asalariado
como servicio doméstico (Gutiérrez, 1981:31).
Como es bien sabido, la migración permanente consti-
tuye sólo un tipo de movimiento migratorio de la familia
campesina o de alguno de sus miembros que, en el caso de
230
la migración a la ciudad modifica drásticamente su
inserción social y que, en el caso de la migración hacia
otras áreas rurales, suele transformarla ya sea en campe-
sino-colono, en asalariado agrícola o en campesino semi-
proletarizado. Otros movimientos migratorios de impor-
tancia son las migraciones estacionales con ocasión prin-
cipalmente de la cosecha del algodón y de la zafra de la
caña, la migración pendular catnpo-ciudad, la migración
rural-rural estaciona] de fuerza de trabajo familiar
entre pisos ecológicos y, por último, la llamada agricul-
tura migrante en los Llanos.
La cosecha del algodón y la zafra de la caña son las
principales causas de la migración estacional hacia las
áreas rurales de la agricultura empresarial que se concen-
tran en el departamento de Santa Cruz. La fuerza de
trabajo temporal que participa en estas actividades
proviene en un 49$ de las áreas rurales del Altiplano y
Valles (l8.7$ y 30.3$ respectivamente) y el resto proviene
en su gran mayoría de los propios Llanos de Santa Cruz.
En el caso de la cosecha de algodón se ha estimado para
1980 que la mitad de los cosechadores eran campesinos y
que 9 de cada 10 de entre ellos habían migrado desde otro
departamento. En el caso de los zafreros la participación
de campesinos-asalariados era un poco inferior, aunque
siempre muy importante (42$) y también entre ellos la
gran mayoría (69$) había migrado desde otros departamentos
(Vilar, 1982:103).
Esta migración estacional es selectiva tanto en
términos de las características personales de los traba-
jadores que migran, como del medio social de donde proce-
den. A este respecto los estudios realizados por el
Ministerio del Trabajo concluyen que "los trabajadores
temporales que fluyen a Santa Cruz provienen de estratos
de mayor diferenciación social de sus lugares de origen.
Gran parte de ellos son jóvenes, solteros y con grado
de educación relativamente alto, por lo que se constituyen
en candidatos fáciles para la migración definitiva"
(Vilar, 1982:145). Estos estudios concluyen por otra
parte que "las áreas de procedencia de los trabajadores
permanentes son fundamentalmente regiones en las que se
produjeron mayores cambios en la estructura económica y
social, sobre todo, en la economía campesina, como resul-
tado de ciertas políticas estatales, como en la educación,
que creó mayores aspiraciones a la población; la creación
de infraestructura, servicios y un sistema de comunica-
ciones que'interrelaciona a estas regiones con los centros
de mayor desarrollo económico" (Vilar, 1982:39). Resulta
así que la migración estacional ha estado sirviendo de
puente o fase preparatoria para una migración definitiva
en la que las áreas tradicionales, en especial las de

231
mayor desarrollo relativo, van perdiendo sus mejores
recursos humanos.
El mismo efecto lo tienen también las migraciones
rural-urbanas, ya que, si bien son los campesinos más
pobres los que parecen tener una evaluación más negativa
de la situación y expectativas en el campo, son los rela-
tivamente mejor ubicados en la escala social y los más
educados los que muestran de hecho una mayor propensión
a migrar hacia las ciudades (CERES, 1980b). Como en el
caso de los movimientos hacia las áreas de frontera agrí-
cola, la migración campo-ciudad -concluye una investiga-
ción reciente- "no es realizada de una sola vez sino por
etapas y de manera selectiva. En primer término, viajan
los jóvenes quienes luego de sucesivos retornos a la
zona de origen y una vez instalados en la ciudad, inician
el traslado del resto de la familia, proceso que puede
prolongarse hasta por ocho años". Este proceso migratorio
se ve facilitado, especialmente en las ciudades princi-
pales del Altiplano y Valles,-por la existencia de
estructuras de acogida generadas por los migrantes proce-
dentes. Se ha comprobado así que un factor crucial en
la migración pendular y luego en la decisión de migrar
definitivamente lo constituyen los familiares y amigos
que ya se han asentado en la ciudad y que contribuyen
decisivamente a resolver los problemas de alojamiento,
empleo e integración social del migrante. El campesino
que llega a la ciudad -esto ha sido verificado al menos
en La Paz- no experimenta necesariamente un choque cul-
tural, ya que el punto inicial de inserción en la urbe
lo encuentra normalmente en comunidades de antiguos
migrantes que han ido desarrollando una "cultura aymará
urbana" en la que se reproducen prácticas, símbolos y
valores propios de las zonas de origen (CERES, I980b:102-
104). Por otra parte, la nueva residencia urbana del
migrante no implica en absoluto una desconexión con su
lugar de origen, ya que, especialmente en el caso del
migrante joven cuya familia de origen no ha migrado,
éste suele regresar en períodos de siembra y de cosecha
en los que la unidad familiar de producción requiere
de su fuerza de trabajo.
Los comportamientos migratorios aparecen así fuerte-
mente ligados a las estrategias de sobrevivencia de las
familias campesinas y difícilmente pueden ser comprendidos
si se los analiza a un nivel puramente individual. Los
procesos de fragmentación de la propiedad con la conse-
cuente minifundización en las áreas tradicionales, resul-
tante en gran medida del crecimiento demográfico, junto
con la creciente vinculación con el mercado urbano, han
conducido a la adopción de estrategias de sobrevivencia
que tienden a la diversificación flexible de la economía

232
familiar. En una primera fase, la migración pendular de
miembros de la familia ya sea hacia áreas de agricultura
empresarial en los Llanos, ya sea hacia la ciudad, permite
la obtención de ingresos complementarios y la reducción
del margen de autoconsumo de la producción familiar. Se
consigue de esta manera una mejor utilización de la fuerza
de trabajo familiar con una diversificación de las fuentes
de ingreso. Pareciera asi que la inclusión de actividades
extra-agrícolas o ajenas a la unidad familiar de produc-
ción más que romper, refuerza la racionalidad de minimizar
riesgos que se ha postulado como un elemento central del
comportamiento económico del campesino b o l i v i a n o . E n
una segunda fase, la migración permanente de la familia
o la constitución de una nueva familia en el lugar de
destino implicará ya sea la pérdida de la condición de
campesino, ya sea su transformación al insertarse en una
economía de colonización o como asalariado en una agricul-
tura empresarial -como quizás ocurre las más de las veces-
en la situación mixta de campesino semiproletarizado.
En todos estos casos, a pesar de la situación de pobreza
en que se encuentra la gran mayoría de los migrantes en
sus lugares de destino, la migración parece producir un'
mejoramiento relativo de sus condiciones de vida y ser
funcional al objetivo de sobrevivencia familiar e incluso
de movilidad social. De esta manera la sobrevivencia
de la familia campesina se logra en muchos casos por su
descampesinización.

233
III» PERSPECTIVAS DEMOGRAFICAS DE LA POBLACION
CAMPESINA EN BOLIVIA

Loe antecedentes entregados en las secciones precedentes


permiten formarse una idea de la dinámica demográfica de
la población campesina en el pasado reciente y ponen de
manifiesto la importancia de este sector en la estructura
social boliviana y en los procesos de cambio que ha esta-
do experimentando, en particular a partir de 1952. Surge
ahora el interrogante sobre el destino del campesinado
boliviano en la evolución futura del pais y el papel que
podría jugar en su proceso de desarrollo económico y
social. Nos concentraremos en las páginas que siguen
en las perspectivas demográficas, las que dependen por
cierto en alto grado de la modalidad que asuma el proce-
so de desarrollo. Para evitar una complicación excesiva
en el análisis haremos como si el saldo neto de las
migraciones internacionales fuera cero.
Los principales rasgos de la situación demográfica
de la población campesina hacia 1975 son su crecimiento
natural moderado como resultado de una mortalidad y fecun-
didad elevadas, y 1» existencia de corrientes migratorias
rural urbanas y rural rurales que dan por resultado un
crecimiento neto lento de la población campesina en las
¿reas tradicionales y más rápido en las áreas de frontera
agrícola.
Mirando hacia el futuro, parece razonable esperar
que la fecundidad no siga elevándose y que tienda más
bien a descender. Las interrogantes aquí son cuándo se
iniciará la declinación transicional de la fecundidad en
los sectores campesinos, en cuáles de ellos se iniciará
antes y en cuáles sólo más tardíamente, y cuán rápida
será esta declinación.
En cuanto a la mortalidad, es por cierto esperable
un descenso. La interrogante que se plantea es cuál será
la trayectoria de ese descenso. Por tener aún la pobla-
ción campesina una esperanza de vida muy baja, pueden
ocurrir desde progresos muy lentos hasta ganancias espec-
taculares en períodos breves de tiempo, dependiendo esto
de las políticas de desarrollo social, y en particular,
de salud, que jse implementen.

235
Lo más probable es que la mortalidad descienda antes
y más rápido que la fecundidad, lo que permite esperar
que el crecimiento natural de la población campesina se
acelere en el futuro próximo para reducirse sólo en un
futuro lejano. Respecto a las migraciones y su impacto
sobre el tamaño y estructura de los sectores campesinos,
cabe esperar que las áreas tradicionales sigan perdiendo
población y que las áreas de colonización sigan ganando.
Es muy posible además que la migración con destino rural
continúe siendo predominantemente masculina y que la
con destino urbano tenga un importante componente feme-
nino, con los consecuentes efectos sobre la composición
por sexo, la nupcialidad y la fecundidad diferencial entre
áreas tradicionales y de frontera agrícola que hemos
constatado para el pasado reciente. Las interrogantes
son aquí cuál será la magnitud de la migración desde las
áreas tradicionales, cómo se distribuirá ségún destino
urbano y según destino rural, y -en este último caso- en
qué medida los migrantes permanecerán como campesinos
-colonos o se proletarizarán. Cabe preguntarse también
por la capacidad de retención de migrantes campesinos
en las áreas de colonización y por la magnitud que tendrá
la migración rural-urbana en los Llanos. Estamos supo-
niendo aquí por cierto que no se producirán cambios radi-
cales en las áreas tradicionales en cuanto a tenencia de
la tierra y organización de la actividad productiva y que
en la ocupación del Oriente se mantendrán las condiciones
que posibilitan la reproducción de una economía campesina
en las áreas de colonización.
Las interrogantes que acabamos de plantear responden
a una preocupación predictiva: ¿qué es probable que
ocurra? Si se adopta una perspectiva de política, las
preguntas que surgen son diferentes: ¿qué sería deseable
que ocurriera con la fecundidad de los sectores campe-
sinos y con su tasa de crecimiento natural en función
[Link] su propio bienestar como del desarrollo socio-
económico del país? ¿Cómo manejar la migración campesina
desde las áreas rurales del Altiplano y Valles a fin de
frenar o al menos atenuar el incremento de la presión
demográfica sobre la tierra en las áreas agrícolas
tradicionales y contribuir a elevar los niveles de vida
de su población campesina y ocupar los espacios con
vocación agrícola en los Llanos, integrándolos como factor
dinámico a la economía nacional, evitando al mismo tiempo
generar presiones críticas sobre la infraestructura y el
empleo urbanos? Para discutir posibles respuestas a las
interrogantes tanto de índole predictiva como de índole
política es necesario abordar el tema de los factores
determinantes y condicionantes de los comportamientos
demográficos en las poblaciones campesinas y de la forma

236
en que diversas políticas podrían afectar la dinámica
demográfica a través de esos factores.

1. Condiciones para el cambio en los factores


del crecimiento natural

Concluíamos en una sección anterior que los muy altos


niveles de mortalidad -en particular de la niñez- que
prevalecen en la población campesina boliviana, sobre
todo en las áreas tradicionales, parecen resultar de la
posición marginal en que se halla el campesinado, fenó-
meno que es reforzado por la persistencia de creencias
y costumbres, expresión de las culturas autóctonas.
Fluye de este diagnóstico que cambios globales que con-
duzcan a una creciente participación del campesinado en
los beneficios del desarrollo deberían producir una
sostenida declinación de la mortalidad. Debe tenerse
en cuenta, no obstante, que -dada la estructura de causas
de muerte (principalmente enfermedades infecto-conta-
giosas que afectan a los aparatos digestivo y respirato-
rio)- sería posible conseguir una importante reducción
en los actuales niveles de mortalidad mediante la
implementación de programas específicos de salud en las
áreas de medicina preventiva, provisión de agua potable
y de sistemas adecuados de eliminación de excretas y
educación en salud para las madres. Sería posible, en
consecuencia, conseguir avances importantes en cuanto a
la elevación de la esperanza de vida sin pasar necesaria-
mente por cambios más globales y profundos que impliquen
una elevación sustancial de los niveles de educación y
de ingreso de la población campesina.
El problema se plantea de manera diferente con
relación a la fecundidad. Su reducción sostenida hasta
alcanzar niveles relativamente bajos no resultará de
cambios en la nupcialidad o en la duración de la lactan-
cia -aunque éstos pueden ocurrir-, ni por cierto de un
aumento de la esterilidad involuntaria, sino que básica-
mente de la adopción de comportamientos de control
(aborto o anticoncepción) lo que no se producirá a menos
que cambie la orientación del comportamiento reproductivo
desde una alta valoración de la fecundidad y de la familia
numerosa hacia un énfasis en la "calidad" de los hijos y
la preferencia por una familia de tamaño mediano o
pequeño.
Cabe preguntarse a este respecto cuál ha sido y
sigue siendo el soporte objetivo de la alta valoración de
la fecundidad y del conjunto de normas que regulan un
comportamiento reproductivo orientado hacia la familia
numerosa.

237
Un primer elemento de juicio que debe ser tenido
en cuenta para buscar una respuesta a esta interrogante
es la alta mortalidad. Si, en efecto, mueren en los dos
primeros años de vida cerca de un tercio de los nacidos
vivos, con una fecundidad del orden de 8 hijos por mujer
los hijos sobrevivientes hasta la edad de trabajar serán
del orden de cinco, lo que da como resultado una familia
final de tamaño moderado. La sola reducción de la morta-
lidad, sin cambio de la fecundidad, provoca automática-
mente un incremento en el tamaño medio de las familias,
lo que con el tiempo y bajo ciertas circunstancias podría
contribuir a un cambio en el patrón de comportamiento
reproductivo.
Independientemente de lo anterior, se ha sostenido
que la alta valoración de la fecundidad en las sociedades
campesinas encuentra soporte en la organización de la
actividad productiva y de consumo de la familia campesina
y en los roles que en ellas cumplen los hijos.
Desde el punto de vista del consumo y en una pers-
pectiva más amplia, de los costos de reproducción, éstos
son bajos debido a que los bienes y servicios requeridos
son poco diversificados y en gran medida provistos por
el trabajo del propio grupo familiar, a lo que se agrega
que el costo de oportunidad que implica la actividad
reproductiva para la madre es mínimo o inexistente, debido
a la fácil compatibilización de los roles de madre y de
trabajadora en la unidad familiar.
Desde el punto de vista de la contribución económica
de los hijos, se ha sostenido que ésta depende directa-
mente de la edad en que el hijo o hija comienzan a
contribuir al hogar tanto medianté actividades de manten-
ción como de actividades directamente productivas; de la
edad en que se independizan económicamente de la familia
de origen, y de la productividad de niños y jóvenes en
relación con la productividad de los miembros adultos de
la familia (González, 1982). Bajo condiciones como las
que prevalecen en la mayoría de las sociedades agrícolas
tradicionales, mientras más baja sea la productividad de
los adultos, más próxima a la de éstos será la de los
niños y, en consecuencia, mayor su contribución -en
términos relativos- a la economía familiar. La tecnología
es ciertamente un factor crucial en esta perspectiva
teórica. Cuando la tecnología empleada tanto en las
actividades de mantenimiento (provisión de agua, combus-
tible, preparación de alimentos, etc.) y en las activida-
des directamente productivas es relativamente simple
(no requiere de mayor calificación) e intensiva en fuerza
de trabajo, existirían condiciones favorables para una
participación temprana de los niños en la actividad
económica, alcanzando rápidamente niveles de productividad

238
cercanos a los de los adultos. Por el contrario, en la
medida en que se va introduciendo tecnología intensiva
en capital y que requiere un creciente grado de califi-
cación, puede pensarse que la utilidad del trabajo
infantil disminuye.
Desde esta perspectiva, si la actividad económica de
los campesinos se circunscribiera a la producción agro-
pecuaria familiar, la fuerza de trabajo requerida sería
función principalmente del tamaño de la explotación fami-
liar y de la tecnología utilizada. Suponiendo constante la
tecnología y nula la migración, el proceso de fracciona-
miento de las propiedades familiares, con progresiva
disminución del tamaño medio de las explotaciones podría
por sí solo conducir a una situación en la que el patrón
de fecundidad no controlada condujera a una "sobre pobla-
ción relativa" a nivel familiar que, a su vez, podría
dar pie para la adopción gradual de un comportamiento
reproductivo controlado.
En el caso del campesinado en las áreas tradiciona-
les de Bolivia la respuesta a la minifundización no ha
sido ésta, sino, como vimos, la adopción de estrategias
de sobrevivencia que implican la diversificación de la
actividad productiva familiar, agregando a la actividad
agropecuaria tradicional la producción artesanal, acti-
vidades de comercio y el trabajo temporal asalariado,
tanto en actividades agrícolas como no agrícolas (CERES,
1980c). En esta estrategia, orientada por una raciona-
lidad de minimización de riesgos, la fecundidad no
controlada sigue siendo funcional, aun cuando el tamaño
medio de la explotación familiar alcance niveles de
minifundio.
Cabe pensar que esta estrategia de sobrevivencia
familiar tiene tres condicionantes básicos: por una parte,
empleo de una tecnología intensiva en fuerza de trabajo
no calificada tanto en las actividades de mantenimiento
como en las productivas; en segundo lugar, un relativa-
mente bajo grado de integración al mercado, lo que
implica por una parte producción agropecuaria diversifi-
cada destinada en parte importante al autoconsumo y, por
otra, patrón de consumo poco diversificado con un redu-
cido componente de bienes de origen industrial en la
canasta de consumo; y por último, limitado acceso a los
servicios de educación. Si esta interpretación es
correcta, cabe esperar que no ocurrirá un cambio genera-
lizado del comportamiento reproductivo que implique una
caída sostenida de la fecundidad en la población campe-
sina a menos que se produzca en forma combinada: i), una
elevación del nivel tecnológico; ii) una mayor integración
al mercado urbano con especialización de la producción
doméstica, reducción del autoconsumo y creciente incorpo-
ración de bienes de origen industrial en la canasta

239
familiar, y iii) elevación del nivel de educación. Debe
tenerse en cuenta a este respecto que estas tres dimen-
siones interactúan, ya que, por ejemplo, puede esperarse
que la elevación del nivel tecnológico al aumentar la
productividad media en el grupo familiar libere fuerza
de trabajo infantil, lo que redundaría en menor ausentis-
mo y deserción escolar y en una elevación del grado de
instrucción.
Cambios en estas tres dimensiones, sumados a un
descenso de la mortalidad, podrían conducir a la progresi-
va adopción en las generaciones nuevas de una estrategia
orientada a conseguir la movilidad social por la vía de
la calificación de los hijos y en la que el conflicto
entre cantidad y calidad se resuelve por la vía de la
limitación de los nacimientos. Un proceso de esta natu-
raleza parece ser el que ha estado a la base de la impor-
tante reducción de la fecundidad observada en el campesi-
nado costarricense desde fines de la década del sesenta
(González et al., 1980).6/
Por otra parte, la producción de estos cambios a
nivel de la familia campesina dependen ciertamente de
cambios más globales en la sociedad, como es por ejemplo
el desarrollo urbano y la penetración del mercado urbano
en las áreas rurales -proceso ya bastante avanzado en
Bolivia- y de la implementación de políticas tanto para
la provisión de servicios sociales, en particular educa-
ción, como de apoyo a la economía campesina a través de
crédito, capacitación, asistencia técnica, y sistemas de
acopio y de comercialización.

2. Análisis prospectivo del posible crecimiento


y alternativas de redistribución espacial
de la población campesina

Las consideraciones precedentes llevan a la conclusión


de que las perspectivas demográficas de la población
campesina dependen en alto grado de las estrategias de
desarrollo que se adopten y de la forma como su imple-
mentación afecte aspectos tan básicos como el nivel
tecnológico de la economía campesina, su articulación
con el mercado urbano y el acceso efectivo de este
sector a los servicios sociales.
En el supuesto de que no se producirán, al menos
en las áreas tradicionales, cambios en las formas de
tenencia y organización de la producción agrícola que
supriman las condiciones estructurales de la economía
campesina, el crecimiento de ese sector depende de lo
que ocurra con los factores de su crecimiento natural
-mortalidad y natalidad- y con la movilidad social que
resulte de un desplazamiento hacia actividades no agrí-
colas o de su transformación en asalariado agrícola.

240
Las proyecciones que examinaremos a continuación tienen
en cuenta estos tres componentes y en algunas de ellas
se contrastan dos escenarios simulados que corresponden
a estrategias alternativas de desarrollo en las que el
campesinado cumple funciones diferentes.
Examinaremos primero las perspectivas del crecimien-
to, para centrar luego la atención en el papel del campe-
sinado en una posible estrategia que contempla objetivos
de redistribución espacial y confiere gran importancia a
la política migratoria y de asentamientos humanos,
a) Estimaciones del crecimiento
En el Programa de Políticas de Población que nos
ha proporcionado la mayoría de los insumos en el análisis,
se efectuaron ejercicios de prognosis desagregando a la
población ya en sectores sociales, ya de acuerdo a una
matriz socioespacial que combina la dicotomía urbano-rural
con la división regional en áreas tradicionales de
poblamiento antiguo (Altiplano y Valles) y áreas de
poblamiento reciente y frontera agrícola (Llanos).
En la proyección por sectores sociales se ha traba-
jado con el conjunto de los sectores agrícolas. El
crecimiento del sector campesino depende en esta proyec-
ción de la importancia que vaya adquiriendo el sector
agrícola asalariado y de la magnitud que llegue a tener
la migración rural-rural desde áreas tradicionales hacia
los Llanos. La proyección "sin movilidad social" -que
se ha hecho sólo con fines de comparación, ya que no
es plausible- corresponde al crecimiento natural que
experimentarían los sectores agrícolas a lo largo del
período considerado, suponiendo que la esperanza de vida
al nacer se elevara gradualmente desde alrededor de 44
años en el quinquenio 1975-1980 hasta 67 años en el
quinquenio 2020-2025 y la fecundidad descendiera al
principio lentamente y luego más rápidamente, desde una
tasa global de fecundidad cercana a 8 hijos hasta una
cercana a 3«
Como se aprecia en el cuadro 10, sin movilidad
social -y en consecuencia sin migración- la población
agrícola crecería más rápidamente que la población nacio-
nal llegando en el año 2025 a incluir a cerca de 12
millones de personas que representarían casi 2/3 de la
población nacional.
Cuanto menor sea en efecto el crecimiento de la
población agrícola dependerá fundamentalmente de la erosión
que experimente por causa de la movilidad social, resul-
tante principalmente de la migración rural-urbana. Las
hipótesis adoptadas para la proyección con movilidad
social suponen una transferencia hacia otros sectores
sociales suficiente como para que el sector agrícola, que
en 1975 representaba el 51«3$ de la población total,

241
Cuadro N°10

BOLIVIA: Proyecciones de la población agrícola bajo distintos supuestos.


1975-2025

1975 2000' 2025


Na/ %b/ Na/ %b/ Na/ %b/

1. Proyección por sectores


sociales
1.1 Sin movilidad social 2.511 51.3 5.132 52.6 11.707 64.6
1.2 Con movilidad social 2.511 51.3 3.041 31.9 4.229 25.7

2. Modelo LRPM2
2.1 Estrategia A cj 2.511 51.3 4.085 41.0 6.186 35.1
2.1.1 Altiplano y Valles 2.106 43.0 2.214 22.2 2.214 12.6
2.1.2 Llanos 405 8.3 1.871 18.8 3.972 22.5
2.2 Estrategia B el 2.511 51.3 3.458 35.5 4.488 26.4
2.2.1 Altiplano y Valles 2.106 43.0 2.640 .27.1 2.937 17.3
2.2.2 Llanos 405 8.3 818 8.4 1.551 9.1

Fuente; Ministerio de Planeamiento y Coordinación. Proyecto Políticas de Pobla-


ción, "Bolivia: Bases para la definición de una política poblacional",
La Paz, 1982, Cuadros 17 y 30.
a/ En miles de personas.
b/ Porcentaje de la población total del país.
c/ Población agrícola igual a .88 de la población rural estimada en la
proyección.

pierda peso relativo llegando a ser 32$ en el año 2000 y


26$ al término de la proyección. A pesar de esa erosión,
la población agrícola -y presumiblemente la población
campesina junto con ella- seguiría creciendo en términos
absolutos, llegando a tener más de 4 millones hacia el
año 2025, lo que implica una tasa anual media de creci-
miento de 1.04$, semejante a la estimada para la población
campesina de las áreas tradicionales en el período
I95O-I975.
La presentación de los resultados de las otras dos
proyecciones requiere de una breve explicación de los
ejercicios de prognosis hechos con el Modelo de Planifi-
cación de Largo Plazo NQ 2 del Bureau del Censo de los
Estados Unidos (LRPM2). Mediante este modelo, al que fue
necesario introducirle modificaciones para simular flujos
de migración entre regiones, se intentó contrastar en
cuanto a sus implicaciones sociodemográficas dos estrate-
gias alternativas de desarrollo, una con énfasis en el
desarrollo social (designada como A) y otra con énfasis
en el crecimiento económico (designada como B).7/

242
En estas proyecciones se trabajó con una matriz
socioespacial cíe cuatro celdas en la que se distinguen
dos regiones -Altiplano y Valles por una parte y Llanos,
por la otra- y en su interior la población rural y la
urbana.
Los flujos de población entre las celdas de la matriz
son de la siguiente naturaleza. Los movimientos entre
regiones son migraciones. Los cambios entre celdas de
una misma región son transferencias rural-urbanas que
incluyen por una parte la transformación por crecimiento
de localidades rurales en urbanas y, por otra, los saldos
netos migratorios de los flujos rural-urbanos.
Si bien esta matriz no permite proyectar la pobla-
ción campesina en forma aislada, la población rural del
Altiplano y Valles nos da una buena aproximación a la
población campesina de las áreas tradicionales y, en la
de los Llanos, a los sectores campesino y asalariado
agrícola en conjunto. Las proyecciones efectuadas en
este ejercicio cubren el periodo 1975-2025.
Se ha supuesto en estas proyecciones que en las
áreas rurales la estrategia A produciría ganancias más
rápidas y mayores en la esperanza de vida que la estra-
tegia B. El descenso de la fecundidad se iniciaría antes
y alcanzaría niveles más bajos al final del período en
la alternativa A que en la B. Hay que tener en cuenta
que, dada la fecundidad y mortalidad diferenciales por
regiones constatada para 1975» la población rural de los
Llanos tiene desde los inicios de la proyección una
mortalidad más baja y una fecundidad más alta que la de
la población ruraldel Altiplano y Valles.
La mayor diferencia en los aspectos demográficos
asociados a ambas estrategias se encuentra en la migración
interna. Se han introducido para este efecto hipótesis
de política -sobre las que volveremos en la sección
siguiente- que implicarían en la estrategia B una manten-
ción de la tendencia histórica en cuanto a magnitud y
destino de las migraciones proveniente; de las áreas
rurales tradicionales y en la estrategia A un importante
incremento en la migración hacia los Llanos, especialmente
hacia sus áreas rurales, en detrimento del crecimiento
de la población rural de esas áreas tradicionales y de
los flujos rural-urbanos al interior del Altiplano y
Valles. La estrategia A, con énfasis en el desarrollo
social, contiene por tanto una política de población que
persigue un proceso moderado de urbanización y una impor-
tante redistribución regional de la población.
Con estos antecedentes examinaremos las proyecciones
de los sectores agrícolas correspondientes a ambas estra-
tegias, en las que se ha supuesto que la población agríco-
la permanece a lo largo del tiempo como una fracción

243
constante (.88) de la población rural estimada. El grá-
fico 3 presenta las proyecciones de la población rural y
la segunda parte del cuadro 10 entrega los valores para
la población agrícola en tres momentos de las proyecciones.
En la estrategia B se llega al final del período
a una población agrícola cercana a los 4 y medio millones
que representaría un poco más de una cuarta parte de la
población nacional, fracción muy semejante a la que se
alcanza en la proyección por sectores sociales con movi-
lidad social. La tasa media anual de crecimiento en los
cincuenta años sería 1.16$, un poco más alta en la prime-
ra mitad (1.3) que en la segunda (l.O). La población
agrícola en las áreas tradicionales, que podemos suponer
básicamente campesina, crecería acercándose a los 3
millones; la de los Llanos, en cambio, aunque con creci-
miento más rápido (2.7%), alcanzaría a tener sólo 1 millón
y medio de personas, manteniéndose incluso después de
cinco décadas un claro predominio de la población agrícola
delAltiplano y Valles.
El ejercicio de simulación realizado en el escena-
rio correspondiente a la estrategia con énfasis en el
desarrollo social conduce a resultados muy diferentes.
El peso relativo de los sectores agrícolas en la población
total se reduciría más lentamente que en la otra alter-
nativa, llegando a tener 4 millones en el año 2000 y poco
más de 6 millones al final del período. La tasa neta de
crecimiento sería por cierto más alta (1.8$) como efecto
combinado de un crecimiento prácticamente cero en las
áreas tradicionales -objetivo perseguido por esta estra-
tegia- y de un crecimiento bastante rápido en los Llanos
(4.6$) especialmente en los primeros 25 años, período
en el que con una base poblacional pequeña y un flujo
migratorio rural-rural grande se alcanzaría una tasa
media de crecimiento neto de los sectores agrícolas del
orden del 6$ anual. El efecto redistributivo sería nota-
ble, siendo al final del período la población agrícola
de los Llanos casi el doble (1.8 veces) la población
agrícola de las áreas tradicionales.
Parece razonable pensar que un efecto redistributivo
de esa magnitud requiere de una estrategia global de
largo plazo y de un conjunto de políticas coherentes con
ese objetivó.

244
Gráfico 3
BOLIVIA: PROYECCIONES DE LA POBLACION RURAL POR REGIONES PARA
ESTRATEGIAS ALTERNATIVAS GON ENFASIS EN DESARROLLO
SOCIAL (A) Y CON ENFASIS EN CRECIMIENTO
ECONOMICO (B) 1975-2025

5.000 •

• Altiplano y
Valles
Llanos

1575 1985 1995 2005 2015 2025

Sin transferencia rural urbana.


Fuente: Ministerio de Planeamiento y Coordinación, Programa de Políticas de
Población. Modelo LRPM2.

245
b) Estrategias de desarrollo y el futuro de la población
campesina
Analizaremos aquí brevemente la forma como se ha
abordado la problemática campesina en el ejercicio de simia
lación de una estrategia con énfasis en el desarrollo so-
cial (A), el papel que jugarían en esa estrategia los sec-
tores campesinos y los requerimientos que ella plantearía
a una política migratoria. Nuestra atención seguirá cen-
trada en los aspectos demográficos, sin pretender elaborar
los aspectos económicos, sociales y políticos de la estra-
tegia, ni discutir su factibilidad.
Hay consenso que uno de los más graves problemas de
Bolivia en el ámbito llamado de "lo social" es la pobreza
del sector mayoritario de su población: el campesinado
de las áreas tradicionales. En la estrategia con énfasis
en el desarrollo social se ha planteado como un objetivo
prioritario elevar los niveles de vida de ese sector.
Para lograrlo, se proponen dos vías complementarias de
acción: por una parte un conjunto de políticas -[Link]
viene al caso detallar aquí- destinadas a mejorar el
acceso a los servicios, elevar la productividad tanto de
la tierra como del trabajo y mejorar las condiciones de
comercialización. Por otra, una política migratoria
destinada a reducir si fuera posible o al menos evitar el
crecimiento de la población campesina en las áreas tradi-
cionales a fin de que la mayor productividad de la tierra
pueda traducirse en una elevación real del ingreso fami-
liar.
La primera pregunta que surge al plantear este
objetivo es cuántas personas deberían ir saliendo del
sector agrícola en las áreas tradicionales para conseguir
que ese sector se mantuviera de un tamaño estable. El
ejercicio hecho con el modelo LRPM2 permite concluir que
para alcanzar ese objetivo a partir del quinquenio 198O-
1985 deberían dejar el sector agrícola de las áreas
tradicionales por migración hacia otras áreas o por movi-
lidad social durante el período considerado en la proyec-
ción alrededor de 3 millones de personas con un promedio
anual del orden de 60 mil personas que, de acuerdo a las
hipótesis adoptadas, alcanzaría su máximo en el quinquenio
2000-2005, con 70 mil personas por año, para luego irse
reduciendo lentamente a medida que se hace más lento el
crecimiento natural de esa población campesina.8/
Cabe notar que el ejercicio realizado para la estra-
tegia con énfasis en el crecimiento económico (B), que
en lo demográfico se acerca a una extrapolación de ten-
dencias, conduce a un total del mismo orden, aunque con
una diversa distribución en el tiempo, ya que en esa
proyección el número de personas que anualmente iría
saliendo del área rural -y correlativamente del sector

246
campesino- va creciendo a través del tiempo desde aproxi-
madamente mil personas por año al principio del período
hasta 100 mil por año en el quinquenio 2020-2025» En esa
época se alcanzaría -según la hipótesis adoptada para la
estrategia B- un crecimiento cero de la población rural
en las áreas tradicionales con aproximadamente 3 millones
300 mil personas. Este incremento implicaría el creci-
miento de la población agrícola en las áreas tradicionales
en 800 mil personas. Suponiendo' constante la superficie
explotada, este crecimiento conduciría a una reducción del
28% de la superficie de tierra per cápita con el conse-
cuente aumento del minifundio. Si en 1973) como vimos,
el tamaño medio de las comunidades se estimaba en 2.9 ha,
25 años más tarde, según la alternativa B se habría redu-
cido a apenas 2.3 ha.
Volviendo ahora a la estrategia A, la interrogante
que surge es qué destino sería deseable que tuviera
la población que deberla salir de las áreas rurales
tradicionales y principalmente del sector campesino que
reside en ellas para conseguir el crecimiento cero en
esas áreas. La respuesta ensayada en el modelo busca
compatibilizar los siguientes objetivos:
a) propendei a una ocupación y organización más adecua-
da del espacio nacional y a una mejor utilización de sus
recursos naturales mediante el desarrollo regional -rural
y urbano- del Oriente;
b) propender a un proceso de urbanización de ritmo
moderado en el país a fin de evitar presiones críticas
sobre la infraestructura urbana y sobre el empleo urbano.9/
Para esto se ha fijado en el ejercicio como metas
para el año 2025 llegar a una distribución regional de la
población cercana a la distribución regional del terri-
torio -que, como vimos, es de en Altiplano y Valles y
60% en Llanos- y a un 60% de población urbana (la extra-
población de la proyección vigente preparada por el INE
conduce a aproximadamente un 70% de población urbana).
Estas metas podrían lograrse con la siguiente combinación
de migración interregional y transferencia rural-urbana
al interior de las [Link] consideradas en la matriz
socioespacial: de la población que sale de las áreas
rurales tradicionales un 60% migraria hacia el área
rural de los Llanos, un 20% migraria hacia áreas urbanas
de los Llanos y el 20% restante se transfiere al área
urbana del Altiplano y Valles. La transferencia neta
rural-urbana al interior de la región de los Llanos
correspondería a una tasa quinquenal constante de ó.75#«
Esta combinación de migraciones y transferencia,
conjuntamente con la evolución supuesta para la fecundidad
y la mortalidad en las poblaciones de las distintas celdas
de la matriz socioespacial, conduciría al final del
periodo a una distribución como la que se aprecia en el
-et-
Cuadro Hû'll

BOLIVIA: Distribución regional y urbano-rural proyectada al año 2025 para


dos estrategias de desarrollo alternativas (población en millones)

Rural Urbano Total

2.39 1.50 3.90


Altiplano
(49) (31) (80)
Valles

0.46 0.53 0.99


1975 Llanos
(9) (11) (20)

2.85 2.04 4.89


Total
(58) (42) (100)

2025

Estrategia A Estrategia B

Rural Urbano Total Rural Urbano Total

Altiplano 2.5 5.2 7.7 Altiplano 3.3 7.1 10.4


Valles (14) (30) (44) Valle (20) (42) (62)

4.5 5.4 9.9 1.8 4.8 6.6


Llanos Llanos (38)
(26) (30) (56) (10) (28)

7.0 10.6 17.6 5.1 11.9 17.0


Total Total
(40) (60) (1,00) (30) (70) (100)

Fuente : Ministerio de Planeamiento y Coordinación, Proyecto Políticas de


Población, Modelo LRPM2.
cuadro 11. Por construcción se ha llegado a un 60$ de
población urbana que se distribuye en forma equilibrada
entre Altiplano y Valles por uça parte y Llanos por otra.
La población rural, en cambio, de 7 millones de personas,
se ubicaría preferentemente (64$) en los Llanos. Por
esto, las áreas de poblamiento antiguo tendrían un mayor
grado de urbanización (68$) que la región oriental (55$)
en la que el crecimiento urbano habría ido a la par del
crecimiento rural.
En esta alternativa la población campesina de las
áreas tradicionales se mantendría relativamente estable
y entre 35 y 40 mil personas de esa población migrarían
anualmente hacia las áreas rurales de los Llanos. Si se
mantuviera en esa región la proporción entre sector
campesino y sector asalariado agrícola, que en 1975 era
de 1:0,56, el año 2000 la población campesina de los

248
Llanos sería del orden de 1 millón 200 mil personas y en
el año 2025 habría alcanzado a 2 millones 500 mil personas,
sobrepasando en número a la población campesina de las
áreas tradicionales.
Aun llegando a un tamaño de población total parecido
(17 ó 17.6 millones) la distribución regional y social de
la población sería muy diferente si ocurriera lo simulado
con la estrategia B que, como hemos dicho, se aproxima
a una extrapolación de tendencias. Aunque con menos pes"
que en 1975» 50 años más tarde la población nacional
seguiría concentrada en Altiplano y Valles (6l%). El
grado de urbanización alcanzado tanto por esas regiones
como por los Llanos oscilaría en torno a 70%. La
población rural por su parte, 1.9 millones menor que en la
alternativa A, seguiría concentrada en las áreas tradi-
cionales (.66%). La población campesina de los Llanos,
si se cumplieran los mismos supuestos adoptados al analizar
la estrategia A, llegaría sólo a un millón de personas,
esto es, apenas un k0% del tamaño que tendría en esa otra
estrategia, debido a que una parte importante del campe-
sinado habría pasado a insertarse en los estratos bajos
urbanos. El desplazamiento de los pobres del campo hacia
la ciudad agudizaría los problemas de empleo urbano. A
este respecto la proyección de fuerza de trabajo hecha
con el submodelo de empleo arroja para la estrategia B
una tasa media de crecimiento anual de la fuerza de tra-
bajo no agrícola de para el período 1980-2000. En
la estrategia A, en cambio, en la que la fuerza de trabajo
campesina migrante se desplazaría preferentemente hacia
las áreas de frontera agrícola, esa tasa sería de 5«08#
(Ministerio de Planeamiento, 1982:153).
El cuadro demográfico al que conduce la estrategia
aparece en muchos aspectos más deseable que el que resul-
taría de la estrategia B, ya que junto con detener el
creciente sobrepoblamiento de las áreas rurales tradicio-
nales, canalizaría el excedente de población hacia las
áreas donde esa fuerza de trabajo se convierte de problema
en recurso productivo útil tanto para elevar su propio
nivel de vida como para contribuir al desarrollo nacional.
Si bien esta alternativa representa un principio
de solución al problema de la pobreza campesina y la
incorporación dinámica de este sector al proceso de
desarollo, surge la interrogante de su factibilidad. El
ejercicio de simulación ha permitido comparar estrategias
tipo que son contrastantes entre sí. El análisis de su
factibilidad puede llevar a optar por alternativas inter-
medias, según sean las respuestas a interrogantes tales
como: ¿cuántos recursos sería necesario destinar a infra-
estructura, servicios, créditos, asistencia técnica, etc.,
para generar y mantener un flujo rural-rural desde las

249
áreas tradicionales hacia la frontera agrícola de 8 a 10
mil familias por año, creando condiciones adecuadas para
su arraigo? ¿Qué base institucional se requerirla para
implementar una política migratoria y de formación de
nuevos asentamientos humanos de esa magnitud? ¿Cuántos
recursos sería necesario invertir para desarrollar nuevos
centros urbanos en las áreas que se vayan ocupando?
Estas son algunas de las cuestiones en las que se
está trabajando a fin de ir dando forma a una estrategia
ambiciosa pero realista en la que el sector campesino
pueda jugar un rol protagónico.

Notas

1/ Para una descripción detallada de los aspectos


metodológicos ver: González y Ramirez, 1981:169-174.
Anexo I, Construcc ion de estratos ecologicos, contextos
socioespaciales y sectores sociales.
2/ Estos aspectos serán estudiados en el proyecto
de investigación "Dimensiones socioculturales de la fecun-
didad y la mortalidad en Bolivia",'que con el apoyo del
CIID está siendo ejecutado por el Departamento de Población
de la Dirección de Planificación Social del Ministerio de
Planeamiento y Coordinación de Bolivia.
La TGF es una estimación del número medio de
hijos nacidos vivos que tendría una determinada categoría
de mujeres durante toda su vida fértil, teniendo a lo
largo de ella la fecundidad que han tenido en el año o
período de referencia las mujeres de las edades compren-
didas entre 15 y 49 años.
4/ Así, por ejemplo, de los que migraron a la
ciudad de Santa Cruz en los cinco años anteriores al
censo, de edades entre 15 y 44 años, provenientes de
provincias con alto grado de urbanización, el 38.2$ tenía
9 o más años de instrucción y el pertenecía al
estrato medio alto.
Ver Urioste, M.,"Conducta económica del campe-
sino e incorporación de tecnología moderna en el proceso
productivo: el cultivo de la papa en el Altiplano pacieño",
Universidad Católica Boliviana, 1975» citado por Ortega,
1980:109.
6/ Procesos de características muy distintas pueden,
por cierto, producir una caída de la fecundidad en secto-
res campesinos. Sirva de ejemplo el caso de China
(Parish y Vhyte, 1978).
7/ Una reseña de los aspectos metodológicos y de
las hipótesis de mortalidad, fecundidad y migración
usadas en estas proyecciones puede verse en Ministerio de
Planeamiento, 1982.

250
8/ En el modelo se trabajó con la población rural.
En estas estimaciones se supone que la población agrícola
permanece a través del tiempo como una fracción constante
(.88) de la población rural y que la población agrícola
en las áreas tradicionales mantiene su composición secto-
rial con un muy alto componente campesino.
2/ En un estudio realizado por el PREALC para el
Proyecto de Desarrollo Sural Integrado de Bolivia se
hace una interesante discusión de las implicaciones
económicas de la colonización versus el empleo no agrícola
como vias alternativas para la absorción del excedente
poblacional generado en las áreas agrícolas tradicionales
(PREALC, 1979:^9-78).

251
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255
GESIIOi; AMBIENTAL Y MODELOS TECNOLOGICOS
MANEJO DE FAUNA Y DESARROLLO DE LA GANADERIA
DE VICUÑA EN LA ECORREGION ANDINA

Este estudio fue realizado por Alejandro Colomés, de la


Unidad Conjunta CEPAL/PNUMA de Desarrollo y Medio Ambien
te.
Introducción

Al pensar en la complejidad organizada del ecosistema


natural y naturalizado, donde el hombre andino desarrolla
ans actividades, resalta el hecho de que las relaciones
de flujos de materiales, energía e información, en
términos de ingresos y egresos a la ecorregión, no guardan
un adecuado balance que permita su reproducción y creci-
miento (desarrollo) en niveles satisfactorios.
El aporte de la ecorregión andina a las economías
nacionales, en términos de alimentos, energía, agua,
turismo y mano de obra es reconocidamente importante.
También es reconocido que el retorno económico, en
términos de inversiones fiscales en infraestructura,
investigación, promoción de la inversión privada, crédi-
tos, etc., e^ marcadamente insuficiente.
La identificación especifica de relaciones funcio-
nales físicas entre la ecorregión andina y las regiones
mis desarrolladas de los respectivos paises debería
traducirse en politicas de apoyo a la voluntad redistri-
butiva del centro a la región citada de los gobiernos
involucrados, con el fin de aprovechar, a su vez, los
atributos funcionales al interior de la ecorregión
andina en beneficio local y nacional.
En el caso del sector pecuario los instrumentos
de cambio utilizados a la fecha, reforma agraria y
cambio tecnológico, no han dado el resultado global
esperado. No se ha podido reducir el minifundio y no se
han podido transferir las tecnologías "modernas", las que
iban a incrementar la productividad y producción agrope-
cuaria, y que, a su vez, iban a elevar el nivel de vida
del poblador andino.
La generación de tecnologías se ha realizado, en
general, en estaciones experimentales, en condiciones
ajenas a las de los agricultores usuarios, sin partici-
pación de éstos y aislados del contacto socioeconómico
campesino. Además, se ha descuidado la producción de
bienes de capital e intermedios, de manejo postcosecha
y de transformación agroindustrial, orientando la
investigación casi exclusivamente hacia tecnologías
puntuales de producción agropecuaria, con escasa

261
repercusión social, con financiamiento precario prove-
niente del s e c t o r , y aisladas de un contexto regional
y nacional.
Este estudio intenta desarrollar uno de los temas,
a nuestro juicio, más representativo de la especificidad
ecológica de la ecorregión; se pretende reflexionar en
torno a la actividad pecuaria, con especial mención a las
especies nativas altoandinas y al caso de la vicuña, su
impacto social, económico y ecológico, en un contexto
de desarrollo integrado.

262
I. LA ECORHEGION ANDINA: ATRIBUTOS Y PROBLEMATICA
REGIONAL

1. Atributos de la ecorregión andina

La presente descripción de atributos responde a una visión


somera de relaciones fundamentalmente físicas y que dan
origen a un determinado grado de intercambio entre la
ecorregión y el resto de los espacios y economías nacio-
nales; el análisis se encuadra en el tema "gestión am-
biental" como factor de desarrollo e integración y no
guarda relación de magnitud ni prioridades.
a) Gran diversidad ecológica local
Incluye conjuntamente el medio físico, la fito y
zoocenosis y el sistema social. Dentro de los primeros,
las características principales son: alta irradiación
solar, variación latitudinal y altitudinal, la existencia
de especies naturales exclusivas y naturalizadas (criollas)
y la existencia de definidas y arraigadas costumbres
culturales. Lo anterior se traduce físicamente en la
producción de alimentos baratos para consumo local-nacio-
nal y la subutilización de la potencialidad, de los eco-
sistemas naturales.
Todo el conjunto conforma sistemas de producción
definidos por los atributos físicos del medio, la fito
y zoocenosis y la organización social para la producción
con clara identidad específica.
b) Gran potencial minero
Tradicionalmente las zonas altas de América han
sido proveedoras de minerales a las economias nacionales.
Estos minerales son normalmente exportados de la región
andina y tanto su comercialización como procesamiento
e ingresos derivados, benefician a las regiones bajas
industrializadas y al Estado en modo general. La
expresión tradicional de "enclave" refleja exactamente
esta situación. Por otro lado la pequeña y mediana
minería se comporta de modo semejante respecto al des-
arrollo regional, aunque a un nivel de resolución menor.

263
c) La producción de agua
Ecológicamente es el factor más significativo y
evidente, pero su gestión es básicamente asunto de la
parte baja de la cuenca, lo mismo que la percepción de
beneficios. El uso del agua en consumo humano, riego y
generación de energía, principalmente no considera que
ésta es producida en las zonas altas, a un determinado
costo. El grado de seguridad de abastecimiento es un
indicador de los cambios en los factores que afectan su
producción. Es evidente, desde un punto de vista global,
que determinado grado de mejoramiento, en la seguridad
de abastecimiento de agua, por ejemplo, puede ser alcanza-
do por medio del empleo de determinadas técnicas de manejo
pecuario, agrícola, de asentamiento, etc.; lo claro es
que en el financiamiento de este factor no se compromete
el aporte de los usuarios aguas abajo. La redistribución
regional de los ingresos percibidos por el Estado no
responden a análisis físicos de flujos y relaciones de
producción.
d) Turismo
La transformación del medio natural por el hombre
nativo en los Andes americanos atrae por sus dimensiones
física e ingenio, como por las sugerencias de equilibrio
y desarrollo que suscitan. La afluencia turística a
Machu-Pichu, por ejemplo, simboliza el potencial de
ingresos que la explotación turística moderna promueve.
Lo tradicional es que estos ingresos sean percibidos por
compañías y agentes ajenos al medio alto andino y el
retorno económico sea exiguo, aun para obras de mantención.
Los ingresos locales derivados son básicamente en servi-
cios ajenos también al desarrollo regional. El efecto
integral sobre la población andina es mínimo, aunque ésta
participa como sujeto de intereses turísticos.

2. La ganadería en una estrategia de desarrollo


regional

El conocimiento técnico disponible para intentar un des-


arrollo sostenido del sector agropecuario requiere de
una serie de acciones integradas y sistemáticas tendien-
tes a su desarrollo, divulgación, capacitación, así como
el consiguiente apoyo crediticio de mercado, etc.
Respecto a la generación de tecnologías específicas y el
conocimiento científico, pese a los esfuerzos desarrolla-
dos en torno a la papa, auquénidos, sistemas de riego,
etc., las potencialidades y necesidades los sobrepasan
ampliamente.

264
Ninguno de los aspectos científico-tecnológicos
anotados alcanza la masa critica necesaria para promover
el desarrollo del sector agropecuario ni menos asignarle
a él la responsabilidad del desarrollo global de ia
ecorregión andina.
Puede decirse que sucede algo semejante en cada uno
de los sectores descritos de la ecorregión. Tal vez uno
de los factores más limitantes para iniciar un proceso
que exprese adecuadamente la potencialidad dé la ecorre-
gión alto andina, es el balance negativo, sea entre
flujos económicos, sea entre productos físicos que se
producen entre estas regiones y los polos centrales de
las economías de cada país.
Una negociación adecuada puede ser entendida que
posea suficiente fuerza, persistencia e interés estra-
tégicos que permita sobrepasar un determinado nivel
crítico e iniciar un proceso autosubsistente, en un grado
adecuado y permanente, en la medida de la satisfacción
de etapas de objetivos de desarrollo.
Es razonable pensar que las áreas más críticas en
torno a la negociación sean la producción animal, la
producción vegetal, la producción minera y energética,
la producción industrial intermedia, los asentamientos
humanos y los servicios de infraestructuras básicas.
Una estrategia de negociación centro-región 'Sebe
estar orientada en torno a un eje de desarrollo que
implique relevar las relaciones físicas funcionales entre
la ecorregión y el medio nacional en términos de adecua-
das compensaciones económicas, que tiendan a su vez a
expresar las potencialidades intrínsecas al interior de
la ecorregión andina. Los mecanismos básicos para un
adecuado nivel de desarrollo serian la capitalización y
creación de infraestructura productiva, la investigación,
los créditos de producción y la comercialización.
Los agentes de negociación de la operación serían
los retornos monetarios de los principales "productos"
salidos de la región, los presupuestos nacionales ordi-
narios y los créditos y ayudas de organismos y agencias
internacionales. Pero principalmente habría que centrar
la estrategia en la posibilidad de obtención e incremento
de capital de explotación, como es por ejemplo, la
ganadería.
La explotación de los exclusivos atributos de la
ecorregión alto andina, los ecosistemas, sistemas de
producción y animales que implican que la región tenga la
exclusividad mundial de la lana de vicuña, es un ejemplo
de elemento exclusivo, mediante el cual se puede forma-
lizar intercambios comerciales por productos industria-
lizados y otros difíciles de obtener actualmente en la
ecorregión.

265
La gran importancia económica y social de una per-
cepción integral del funcionamiento de la ecorregión, así
como un plan de desarrollo regional basado en sus atri-
butos, se refleja en la gran población, superficie y
diversidad de recursos involucrados.
Una de las características especiales de la ecorre-
gión andina es su gran diversidad de ambientes, la cual
se presta admirablemente para un desarrollo integrado de
microrregiones. Esta estrategia significa -a largo plazo-
la maximización de las capacidades y potencialidades en
la producción alimentaria, la transformación intermedia
de productos exclusivos y la facilitación del intercambio,
con sus consiguientes beneficios sociales. Y en este
contexto la ganadería puede cumplir un rol fundamental
ya que por sus particulares características puede contri-
buir notablemente a retener excedentes físicos en la
región y de esta forma servir como base de acumulación
regional.
Las propuestas sobre desarrollo ganadero y especí-
ficamente sobre vicuña, deben encuadrarse dentro de los
siguientes objetivos generales:
i) Mostrar a los planificadores y tomadores de
decisión, una perspectiva ambiental de análisis de la
ecorregión, a la vez que resaltar la necesidad de recono-
cer sus atributos específicos y su integración a la eco-
nomia nacional.
ii) Reforzar la voluntad política de redistribución
por parte de los estados nacionales en la ecorregión,
con una base física de análisis.
iii) Lograr un nivel de integración en la gestión del
medio físico de la ecorregión alto andina que equivalga
o compense, en la práctica, a la racionalización de la
tenencia de la tierra, sin perjuicio de acciones especí-
ficas. (Se indica éste por ser uno de los factores
físico-sociales más limitantes.)
Estos tres planteamientos pueden desagregarse en
los siguientes objetivos específicos que son los que
propone la Junta del Acuerdo de Cartagena adoptados por
el autor:
i) Ampliar y diversificar la economía campesina y
urbana a partir de los recursos humanos y naturales
disponibles.
ii) Generar sistemas tecnológicos que integren la
producción de bienes de capital e intermedios con produc-
tos básicos derivados de la producción agropecuaria,
minera, de agua y energía, incluyendo almacenamiento,
conservación y transporte.
iii) Permitir la articulación integral, espacial,
multisectorial e institucional que posibilite un cambio

266
en los circuitos y relaciones de intercambio con el resto
de la comunidad y economía nacional y la acumulación de
excedentes a nivel local, rural y urbano*
iv) Lograr una participación efectiva de la población
de la ecorregión en los procesos de desarrollo tecnológico,
toma de decisiones, ampliación y diversificación económica.
v) Organizar un sistema de planificación y gestión
multisectorial de desarrollo rural y urbano* de la ecorre*
gión que integre y articule la estrategia nacional con
las regionales y microrregionales.

267
II. LA PRODUCCION PECUARIA EN LA ECORREGION ANDINA

1. El marco político-económico agropecuario


internacional actual

Se püede caracterizar sintéticamente el marco interna-


cional de /las políticas agropecuario-alimentarias de
América Latina codío "... de recesión económica y de altos
precios agrícolas internacionales", con lo que "el flujo
de la inversión en la industria agroalimentaria en América
Latina ha sido considerablemente alto debido a las más
altas tasas de ganancia. Una gran parte de estas inver-
siones son de origen externo y se han destinado no hacia
la producción de alimentos básicos, sino fundamentalmente
hacia la producción de bienes de consumo para los estra-
tos de altos ingresos o para la exportación".2/
Las políticas agrarias de los Estados favorecen la
transformación de la agricultura y de la agroindustria
-modernización y capitalización- que implica, simultánea-
mente, modificaciones importantes en el sector capitalis-
ta de la agricultura y un estancamiento del sector dedi-
cado a la producción de alimentos básicos. Dado que
esta estrategia está basada en los precios internacionales
y a la protección y variación que éstos sufren fuera del
ámbito de los países latinoamericanos, la consecuencia
fundamental es una "reducción significativa de la seguri-
dad alimentaria nacional",fuera de otros factores
ecológicos, energéticos, sociales y, tecnológicos, algunos
de los cuales serán analizados a continuación.

2. Características de la producción pecuaria campesina


en la ecorregión andina

a) Una visión general k/


Al revisar la situación histórica del desarrollo
de las diversas formas de producción pecuaria en la
ecorregión andina, resalta el hecho de la transformación
y cambios de objetivos que han venido sucediéndose. De
una producción pecuaria básicamente desarrollada en las
zonas altas, en base al manejo de los camélidos nativos,
la conquista española del siglo XVI y los diferentes
acontecimientos en los siglos posteriores hasta fines del

269
siglo pasado lograron paulatinamente consolidar un sistema
de producción animal que ocupa gran parte de las tierras
de pastizales, básicamente en valles intraandinos. La
formación de grandes haciendas en Perú y Bolivia a fines
del siglo pasado, con capitales europeos -ingleses bási-
camente- introducen masivamente la ganadería ovina a las
zonas de la Puna, alcanzando relativo éxito en la Puna
húmeda. Hasta el advenimiento de los procesos de reforma
agraria de mediados del presente siglo en Perú, Bolivia
y Ecuador coexistió este sistema de producción pecuaria
con el de los nativos, basado fundamentalmente en la
explotación de la alpaca.
Después de la segunda guerra mundial se concreta
un cambio regresivo fundamental en la demanda del mercado
por lana de ovinos, aumentando en cambio la de alpacas,
llamas y vicuñas.
La organización social original para la producción
en base a camélidos, entra en un período que aún no
termina, de competencia con la producción ovina y recibe
un gran impulso en esta nueva orientación del mercado.
Los volúmenes de lana de ovinos 'comercializados no crecen
tanto como los de lana de alpaca. Los valores pagados
por uno y otro producto ponen en manifiesto desmedro la
producción ovina. La productividad ovina, por ésta y
otras razones, decrece fuertemente.
En la actualidad algunas decisiones sobre política
agropecuaria han intentado revitalizar la ganadería
ovina con programas de importación de reproductores
(Perú, desde Australia) y el mejoramiento de sistemas de
pastoreo y genético, llevado a cabo en algunas estaciones
experimentales y cooperativas; en tanto que la producción
de alpaca continúa desarrollándose sin apoyo, en manos de
los campesinos y comunidades indígenas.
En las áreas de gran densidad poblacional rural,
con su desarrollo básico en torno a la agricultura, no
se presentan variaciones tan competitivas en lo que
respecta a la producción pecuaria. La tradicional pro-
ducción de cuyes alcanza hasta hoy una significativa
importancia en la actividad y dieta de la población
r u r a l . L a introducción de animales menores, como las
aves y cerdos, fue seguida de una gran adaptación ecoló-
gica y cultural en la economía campesina, especialmente
respecto de estos últimos. Mo existe, eso sí, en la
economía campesina sistemas específicos de manejo que
tiendan a una producción pecuaria doméstica excedentaria
con la excepción del cuye.
La introducción de la cabra y el bovino adquiere
especiales connotaciones: mientras el primero es intro-
ducido y manejado marginalmente, el segundo acapara las
mejores tierras. La diferenciación es básicamente a

270
causa de la demanda del mercado moderno. En la genera-
lidad de las situaciones conocidas por el autor (ej.,
zonas norte del Perú y Chile), el manejo de la cabra ha
llevado a interesantes observaciones en relación a su
capacidad transformadora de la producción primaria.
Parece pertinente recomendar comparaciones entre
los caprinos y los bovinos, como animales de economia
doméstica (campesina), transformadores de alimentos
rústicos y subproductos de la producción agrícola fami-
liar y de pastoreo marginal, como una forma de raciona-
lizar un circuito de producción que se desarrolla con
limitadas dotaciones de energía y espacio.
Una observación aparte merecen los esfuerzos actua-
les en la ecorregión andina por revitalizar el manejo
productivo de los camélidos americanos silvestres y otras
especies de la fauna andina. Existen satisfactorias evi-
dencias del potencial productivo de estas especies endé-
micas y exclusivas, constatadas en múltiples e interesan-
tes experiencias, algunas de las cuales serán objeto del
capítulo siguiente.
b) Las principales formas de organización y el destino
de la producción pecuaria en la ecorregión andina
Las principales formas de producción en la región
andina del 3erú han sido diferenciadas por Giles 6/ en
las siguientes:
i) lafe comunidades y los campesinos de la Sierra;
ii) las haciendas serranas;
iii) los latifundios de la Sierra;
iv) lafe empresas ganaderas.
Dado el enfoque de este trabajo, nos ocuparemos
sólo de la primera.
Las comunidades y campesinos de la Sierra aún repre-
sentan la más importante base productiva de alimentos del
Perú. En Bolivia este sector orienta casi toda su pro-
ducción al mercado 7/ en detrimento de sus condiciones
de vida, reflejadas en una dieta no superior a 1 800
cal/día. Tanto comuneros como campesinos de la Sierra no
utilizan insumos modernos y el arado es de tracción animal
o manual; el principal factor que define esta situación
es la combinación de falta de tierras, falta de conser-
vación de las mismas, abundante fuerza de trabajo desem-
pleada y subempleada y producción alimentaria en un 65 a
8056 para la venta en el mercado, con precios bajísimos
controlados por el gobierno para evitar la inflación y
favorecer el abastecimiento de las ciudades.8/ En opinión
de Giles, estos factores son los que mantienen relegadas
y "marginalizadas" a las comunidades en la Sierra peruana.
Los productos pecuarios son fundamentalmente para
el mercado; en la zona lacustre del Altiplano de Bolivia
la familia campesina tiene un promedio de 9»4 ovejas

271
mientras que en zonas alejadas del lago el promedio es de
16.5» De estas ovejas la familia campesina obtiene lana
para algunos de sus tejidos y leche para hacer queso.
Rara vez come su carne, la que generalmente vende antes
de consumirla. Cada familia del Altiplano Norte boli-
viano posee 2.7 vacunos; sin embargo, hay mucha variación
según distintas unidades económicas campesinas. Podrán
tener además una vaca lechera que dará 3 0 4 litros por
día y un burro como animal de carga. En las zonas aleja-
das del lago, los pocos campesinos que poseen llamas
tienen un rebaño de 15 a 20 cabezas.
En Kuyo Chico, Cuzco, el autor observó la tenencia
de vacunos en zonas altas asociadas a un mercado del
valle interandino, en donde estaba ubicada una lechería
comercial y un mercado o feria de intercambio. Solamente
unas pocas familias disponían de vacas en número de uno a
dos y con una producción de leche no superior a los 4
litros por día, la que era vendida a la empresa lechera
del valle. Las vacas y vacunos de crianza pastoreaban
rastrojos de cultivos y tierras públicas (caminos y
canales); estacionalmente eran llevadas a pastorear a
terrenos sobre los 4 000 m aproximadamente.10/
Otras comunidades, dependiendo de factores ecoló-
gicos, especializan su producción ganadera en base a
ovinos 11/ o alpacas. Estos últimos se relacionan prin-
cipalmente con los mercados nacionales e internacionales
de venta de lanas a través de las grandes empresas explo-
tadoras que monopolizan el comercio de fibras finas pro-
cedentes de las zonas altas de Perú y Bolivia. La
tenencia de alpacas en Perú se puede apreciar en el
siguiente cuadro.

Cuadro 1

DISTRIBUCION DE ALPACAS SEGUN TIPOS DE


EXPLOTACION EN EL PERU

Tipo de explotación Número de cabezas %


Empresas asociativas 219 000 9
Medianos y pequeños ganaderos 170 8OO 7
Comunidades y parcialidades 2 049 6OO 84

Fuente : Plan de desarrollo pecuario, 1977/80, citado


por C. Novoa en FAO/PNUMA, Recursos genéticos...,
op. cit., p. 124.

272
Uno de los aspectos más restrictivos en el desarrollo
agropecuario de la ecorregión andina ha sido la "constante
estrechez de la demanda y de los mercados para sus pro-
ductos"._12/ La dimensión de la demanda interna ha estado
limitada por una población relativamente reducida (5*6
millones para Bolivia en 1980; 8 .0 millones para Ecuador;
17.7 millones para Perú) y por su condición esencialmente
rural (2.8 millones y 50$ de la poblacion activa en la
producción agrícola para Bolivia; 3-5 millones y kk.5% de
la población activa en la producciónagrícola para Ecuador;
7.0 millones y 37-3$ de la población activa ocupada
en la agricultura en Perú).13/ La situación es agravada
por un bajo índice de ingresos per cápita (US$ 550 para
Bolivia; US$ 1 050 para Ecuador y US$ 730 para Perú,
cifras para 1979).1V
c) La presencia de las razas criollas de ganado en la
ecorregión andina
La referencia de las razas criollas se hace nece-
saria en razón de la competencia que ejercen con la gana-
dería tradicional de camélidos.
Como consecuencia de una creciente necesidad de
eficiencia productiva pecuaria en la empresa capitalista,
el mejoramiento genético y ambiental de la población
animal y vegetal involucrada en el proceso, se ha tradu-
cido en una marginalización también creciente de los
sectores campesinos respecto a formas modernas de pro-
ducción.
Desde un punto de vista campesino, el manejo de
especies animales mejoradas implica una permanente e
ineludible demanda de condiciones ambientales adecuadas
para poder expresar adecuadamente el potencial genético
animal; es el caso de los bovinos de carne y leche en que
sólo marginalmente pueden ser alcanzados sus potenciales
genéticos en el medio campesino andino.
El ganado criollo (aclimatado a las condiciones
locales por varios siglos, en algunos casos) 15/ si bien
requiere de condiciones menos sofisticadas que el mejo-
rado, no es menos cierto que su rendimiento es también
considerablemente menor.
En el caso de los ovinos en Perú, el 75$ de las
ovejas pertenecen a población indígena o a pequeños
agricultores y las razas nativas constituyen la mayor
parte de la población; el promedio de producción de lana
limpia de oveja es inferior a 0.5 kg. En Bolivia, más
del 75$ de la población ovina es criolla del Altiplano;
la industria lanera tiene una función totalmente secun-
daria, ya que las ovejas constituyen apenas una forma de
subsistencia. La producción promedio es de sólo 800 gr
de lana y 8 kg de carne en canal por cabezas/año, cifra
comparable al rendimiento peruano considerado en
aproximadamente de rendimiento al lavado.16/
273
Con los escasos rendimientos ovinos indicados, la
producción industrial de lana y carne no puede, eviden-
temente, ser basada en razas criollas. El mejoramiento
genético que se ha experimentado en algunas partes del
Perú y Bolivia, principalmente en estaciones experimenta-
les, no es generalizado y requiere, por otra parte, mayo-
res exigencias de capital, pastizales, manejo y adminis-
tración.
Respecto a la situación del ganado caprino criollo,
quizás la más interesante población se encuentre en el
Departamento de Piura, en Perú, donde llegaron en 1536
con los conquistadores. Una proporción semejante a la
que allí se encuentra está dispersa por la Sierra princi-
palmente, complementado los 2 millones de cabezas exis-
tentes en Perú.17/ La base genética de estas razas son
animales provenientes de España (raza Qranada, Murcia y
Málaga) e influenciadas últimamente por la raza Anglo-
Nubia. La producción de leche en el norte del Perú es de
1-1.5 lts/día durante un período de 2 a 3 meses. La pro-
ducción de carne deriva de los cabritos de leche de 6 a
8 semanas de edad o de animales de rechazo.
Con todo, la gran cualidad de los ovinos y caprinos
nacionales es que están bien adaptados a las condiciones
de un ambiente difícil, semiárido, montañoso y a condi-
ciones de manejo extensivas y de mínima tecnología. En
general, son también resistentes a las enfermedades
comunes y a los déficit alimentarios.
Aunque con rendimientos escasos, los ovinos y capri-
nos criollos representan una fuente importante de alimen-
tos y subproductos (cuero, leche, etc.) para la población
campesina andina. El mejoramiento de los rendimientos
implica iniciar sistemas de mejoramiento genético y de
manejo que privilegien las razas y condiciones criollas
de manejo, de forma de no perder la adaptabilidad incor-
porada al patrimonio genético del ganada.
Quizás una posible recomendación global pueda ser
hecha en torno al cambio de énfasis en el manejo caprino
fundamentalmente, de modo tal que se minimice el pastoreo
extensivo, sin discriminar ambientes adecuados y donde
no se controlan adecuadamente las cargas animales dadas
determinadas condiciones (variables en el tiempo) de sus-
tentabilidad de la pradera; el cambio debería tender al
uso más intensivo de la cabra a nivel doméstico, como
transformador más eficiente de los subproductos domésticos
de la pequeña agricultura de la ecorregión andina, los que
constituyen alimentos rústicos de bajo valor nutricional
para el ganado.

274
El ganado bovino de la ecorregión andina (excluidos
los valles interandinos) está constituido fundamentalmente
por especies criollas más adaptadas a las condiciones de
altura y manejo alimentario y reproductivo típico de la
región. Las características de rusticidad propias del
bovino de leche y carne criollo, hacen difíciles las posi-
bilidades de mejoramiento genético por selección y el
cruzamiento con toros de otras razas criollas y/o mejora-
das es muy limitado, dada la existencia de barreras sani-
tarias entre paises y regiones, básicamente como medida
de prevención contra la fiebre aftosa, enfermedad amplia-
mente difundida en América Latina.
Otro factor limitante para el mejoramiento de las
razas criollas es la limitada investigación específica
que se realiza en la ecorregión andina y en América Latina,
en general.18/
En síntesis, el alto valor de los ovinos, caprinos
y bovinos criollos reside en su capacidad de adaptación
a las condiciones del ambiente de la ecorregión y su
significado social en la economía campesina. La obser-
vación más pertinente en torno a los animales criollos
se refiere a la posibilidad de combinar dicha capacidad
adaptativa con los requerimientos de producción y rendi-
mientos del mercado moderno, mejorando así los ingresos
de la economía campesina. El mejoramiento de las razas
criollas, aprovechando sus características de adaptabi-
lidad, longevidad, rusticidad y fertilidad, debería ser
hecho en función del intercambio de material genético
entre las razas criollas puras identificadas en cada
región y la introducción de factores genéticos externos
provenientes de razas seleccionadas. Básicamente, se
trata de aprovechar la condición de adaptabilidad especí-
fica a diferentes ambientes lograda por el ganado criollo
en el paso de los siglos transcurridos desde su intro-
ducción en la ecorregión andina por los conquistadores
españoles.
Es evidente que existen regiones y sistemas produc-
tivos que permiten una gran variabilidad de los bajos
rendimientos del ganado criollo. En este sentido, una
segunda recomendación general debería estar dirigida a
identificar -además de las razas criollas y sus posibi-
lidades de mejoramiento- los ecosistemas y microcondi-
ciones en que se exprese mejor la potencialidad genética
de dichos animales. La consecuencia de una evaluación
comparativa con especies nativas como los camélidos, por
ejemplo, significará tender a maximizar la utilización
de los diversos ecosistemas que componen la ecorregión
andina.

275
d) Especies nativas de la ecorregión andina
La consideración amplia de las especies animales
nativas de la ecorregión andina puede inscribirse global-
mente en el contexto de las perspectivas y técnicas gene-
rales del manejo de la fauna.19/ En las especies nativas
se diferencian dos grupos, desde el punto de vista de su
factibilidad de manejo; éstos son: i) las especies nativas
y silvestres de importancia zootécnica y económica; y ii)
las especies silvestres de importancia genética, ecológica
y económica a largo plazo.
Dentro del primer grupo, en la ecorregión andina se
encuentran la llama (Lama glama, L.), la alpaca (Lama
pacos, M. ) , la vicuña (Lama vicugna, S.), el cuy o cuye
(Caria porcellus, L.), y la chinchilla (Chinchilla chin-
chilla, M. ).
Su aparición es anterior a la del hombre en América.
Los restos paleontológicos revelan que varias de estas
especies fueron domesticadas por el hombre hace mucho
tiempo, tal es el caso de las llamas, alpacas y cuyes.
La chinchilla, animal silvestre, fue explotada después
de la llegada de los españoles,20/ actualmente su explo-
tación es exclusivamente al estado doméstico.
En la economía actual de numerosas comunidades indí-
genas de las zonas altas de América, la llama, alpaca y
cuy constituyen la forma predominante de producción
animal.
i) Especies nativas y silvestres de importancia
económica. Los camélidos: en la época precolombina,
la población de auquénidos sobrepasaba ampliamente a la
dotación actual de la ecorregión andina, gracias al
dominio que el hombre americano alcanzó sobre estos ani-
males; imperios como el de los incas pudieron asentarse
y expandirse prácticamente por todos los territorios
montañosos y valles desde Quito al río Maule, y desde el
Pacífico a la ceja de selva en el Oriente. El área de
influencia del imperio es quizás mayor, básicamente defi-
nida por el punto hasta donde alcanzaron las llamas de
carga, como la Isla de Chiloé en Chile, unos 1 000 km
más al Sur del río Maule.
La distribución actual de llamas y alpacas es esti-
mada 21/ entre el Parque de Neusa, en las proximidades
de Bogotá (Colombia) hasta el Norte de Chile y Argentina,
aunque su significación económica se inicia en la Provin-
cia de Bolívar (Ecuador) y alcanza su máximo en Perú y
Bolivia. Las poblaciones del Norte de Chile y Argentina
carecen de importancia en la economía nacional, pero sí
la tienen en relación a la magra economía del campesinado
nortino de esos países.

276
La población de vicuñas, en los últimos años ha
aumentado significativamente en áreas de reserva y manejo
controlado en Perú, Bolivia y Chile. También se encuentran
pequeñas poblaciones en Argentina y se estudia una reintro-
ducción significativa en Ecuador. El capítulo que sigue
estará destinado a mostrar la situación de la vicuña en
la ecorregión andina, su importancia económica, ecológica
y social refiriéndose al caso del Plan Nacional de la
Vicuña, en el Perú.
El guanaco (Lama güanicoe, S.) es en realidad una
especie si]vestre cuyo status ecológico ha sido levantado
este último tiempo por acciones de protección y manejo de
los gobiernos. Las principales poblaciones se encuentran
en la Patagonia argentina y chilena, además de animales
aislados en la Cordillera Norte de Argentina (San Juan)
y Chile (San Fernando), Perú y Bolivia. Aunque no tiene
las expectativas de manejo inmediato de la vicuña, el
guanaco se ha beneficiado del progreso en el manejo y co-
nocimiento del género.
La población de auquénidos y su comparación con la
población de bovinos y ovinos en la ecorregión andina
puede estimarse como se muestra en el cuadro 2.
La producción actual de llamas y alpacas se reduce
a transporte en la primera y lana o pelo en ambas. En
vicuñas se tiende a un programa de uso integrado de forma
que se aproveche además cueros y otros para el mercado.
El guanaco está en estudio, ya que puede ser utilizado
ampliamente.22/ En las economías campesinas la utiliza-
ción del pelo, cuero, carne y subproductos, constituye
una fuente muy importante de ingresos.23/

277
La producción comparada de los auquénidos aparece
en el cuadro 3-

Cuadro 3
PRODUCCION COMPARADA DE CAMELIDOS EN LA ECORREGION ANDINA

Rubro Llama Alpaca Vicufia Guanaco

Pelo (kg) 1.5-3.5 a/ 1.5-5.0 a/ 0.18-0.32 a/ 1-2 a/


Finura (u) 21-22 b/ 22-28 b/ 11-12 0/ Intermedia
Largo (cm) 8-10.2"V 8-15 F/ 3.7c/-5.2 F/
Rendimiento (%) 60 b7 70 F/ 87.7c/
Carne
Peso vivo (machos
2 afios/kg) 80 50 32-38 b/ 90-110 d/
Rendimiento (%) 65 60 70 c/apTOX.

Fuente; a/ E.R.W. Spedding, Ecología de loa sistemas agrícolas, H. Blum Ed., 1979,
p. 20t.
b/ FAO/PNUMA, Recwsos genéticos op. cit., pp. 114, 121 y 125.
c/ Plan Nacional VicuBa, PerO,"1.980, pp. 24-25.
d/ Herngn Verscheure, UtillzaciSn del guanaco, tesis, Escuela de Agronomia,
~ Universidad de Chile, 1980.

La producción total de lana del género auquénidos


fue estimada en k 535 toneladas anuales en 1970.24/ Las
posibilidades de incremento de la producción son sustan-
tivas, considerando sólo la potencialidad de vicuñas,
estimada en 225 toneladas anuales en el Proyecto Nacional
de Utilización Racional de la Vicuña en el Perú.
La situación actual de los camélidos se discute en
el capítulo siguiente.
El cuy es un roedor originario de los Andes. Desde
tiempos remotos constituye parte de la dieta, las cos-
tumbres y la cultura de los pueblos andinos.25/
La producción actual alcanza, en el Perú, a unas
15 000 toneladas métricas anuales de carne. También se
cría con objetivos domésticos básicamente en Ecuador,
Bolivia y Colombia; últimamente se ha intensificado la
crianza con el objeto de abastecer pequeños mercados.
Existen pequeñas poblaciones en'los Andes de Argentina
y Chile.
La explotación individual del cuy está muy ligada
a la producción agrícola familiar, ya que utiliza como
alimento subproductos agrícolas. La producción industrial
se ha desarrollado en algunas regiones del Perú; la
población de cuyes en Perú es de 18 905 700 individuos,
de los cuales más de un 95$ se encuentran en las áreas
indígenas andinas.26/ Se estima una producción de 500
gramos de carne limpia por animal.27/ El mejoramiento

278
genético y las técnicas de manejo pueden ser sustantiva-
mente mejoradas como se ha demostrado en Perú y Ecuador.
En Bolivia no se ha prestado suficiente atención a este
recurso.
La chinchilla.28/ No existen evidencias históricas
sobre la utilización de la chinchilla por los pueblos
primitivos de los Andes. Durante la época colonial y
aun después, se hizo poco esfuerzo pára explotar y con-
servar esta especie peletera. Las poblaciones de chin-
chilla laniger y brevicaudata han disminuido alarmante-
mente. En Chile, la Corporación Nacional Forestal ha
iniciado programas de conservación y manejo en reserva-
ción de fauna y con la cooperación con comunidades campe-
sinas del Norte Chico. Históricamente las reservas de
chinchilla de Chile abastecieron de material genético y
pieles al mercado mundial, especialmente a Estados Unidos,
Europa y Japón.
La importancia de la chinchilla ha decaído por dos
razones principales: la producción de su piel no contri-
buye al mejoramiento económico del campesino y la demanda
es restringida, variable y monopolizada por terceros,
de forma que no alcanza directamente al campesinado.
Aunque no se ha estimado su producción, los Gobiernos de
Bolivia y Perú mantienen pequeños criaderos oficiales con
fines de conservación.29/
i i) Especies silvestres de importancia genética,
ecológica y económica a largo plazo. Seria largo discu-
tir las posibilidades de manejo y producción de cada
especie endémica de la ecorregión, por lo que sólo ce
entregará un listado y algunas notas de los animales más
interesantes :
El huemul chileno (Hippocamelus bisulcus) y la
taruca (Hippocamelus antisiensis) son quizás los animales
silvestres de mayor potencialidad productiva. Estos
cérvidos (aparentemente subespecies), habitan lac regio-
nes montañosas de América desde el Estrecho de Magallanes
por el sur hasta el meridiano 40 en Chile y Argentina
para el huemul, y desde el meridiano l8 (Putre-Chile)
hasta el Ecuador la taruca.
Las poblaciones actuales están muy diezmadas y
diseminadas en pequeños microambientes dispersos en las
regiones montañosas. El autor ha encontrado poblaciones
relictas de huemul en las zonas centro-sur y austral
de Chile.¿0/
Los hábitos alimentarios ramoneadores permiten que
la especie ocupe sectores de laderas expuestas donde
dominan los arbustos, tales como rnaitén (Maitenun boaria
y disticha), robles enanos (liothofagus spT; hierba." de
primavera.31/ La taruca, al Morte de Chile, se encuentra
aproximadamente en los 3 500 metros sobre el nivel del

279
mar y aparentemente basa su âieta en la alfalfa, cultivo
que invade durante la noche.
Existe en el Perú algún esfuerzo para el estudio de
la taruca tal como el efectuado en el Centro Nacional de
Camélidos Sudamericanos de la Raya, Cuzco, sobre ecologia
y comportamiento.
Los estiudios referentes al manejo en semicautividad
han demostrado la factibilidad de sustituir dietas natu-
rales, con lo que se da un importante paso hacia el
estudio fisiológico imprescindible para orientar los
planes de manejo productivo.32/
Aparentemente las mejores condiciones ambientales
para su reproducción estarían dadas en zonas montañosas,
con vegetación disclimax arbustiva. Al no presentar
diferencias sustanciales con otros ciervos es razonable
pensar en la posibilidad de recuperar su población para
obtener los volúmenes adecuados para repoblar sus ambien-
tes originales.
El aporte a la economía campesina estaría dado por
el aprovechamiento de la carne (un ejemplar adulto de
huemul alcanza a los ?0-80 kg con una altura a la cruz
de un metro), cuero, cuernos, ingresos por caza, etc.
iii) Otras especies. Se enumerarán las eépecies
susceptibles de manejo:
- Perdiz serrana (Perdicaria auriculata), la cual
constituye un actual y excelente recurso sinegético en
la ecorregión andina.
- Vizcacha (Lagidium peruanum), apta para caza,
pieles y carne.
- Zorro Colorado (Dusicyon culpaeus), un recurso
sinegético importante por el valor de su piel.
- Varias especies de aves, principalmente anatidaes
que pueden proveer de plumas y huevos con un manejo ade-
cuado del agua, tal como se hizo en el pasado prehispánico
en la ecorregión andina.
- Peces, ranas y camarones, tanto nativos como
introducidos, pueden ser manejados con notables beneficios,
asociados también al manejo del agua.
Es evidente que el manejo y mejoramiento de la
fauna nativa, como parte de un plan integrado de desarrollo
de la ecorregión no excluye el mejoramiento y desarrollo
de las especies animales naturalizadas (criollas) o intro-
ducidas; por el contrario, el manejo de la fauna es una
auténtica alternativa productiva complementaria.

280
III. EL MANEJO DE LA FAUNA: UNA ALTERNATIVA
FACTIBLE Y CONCRETA DE USO INTEGRAL
DE RECURSOS

Con el objeto de ilustrar las posibilidades y el alcance


del manejo racional de la fauna en los ecosistemas semi-
áridos de alturas, como una buena alternativa a la pro-
ducción pecuaria tradicional, ovina y bovina principal-
mente, se ha escogido analizar el "Plan nacional para la
utilización racional de la vicuña (Vicugna vicugna) en el
Perú".33/ El Plan fue propuesto para el período 1965-2013,
fecha de plena operación.
La perspectiva propuesta en el Plan implica el
estudio de la biología y ecología de la especie, de su
hábitat natural y los efectos sociales derivados de su
manejo. Es decir, todos los elementos que hacen que el
proyecto se diferencie de otros netamente bioecológicos
con perspectivas exclusivamente conservacionistas. Esto
es posible gracias a que el hábitat natural de la vicuña
corresponde a tierras ocupadas en producción pecuaria,
fundamentalmente de propiedad de comunidades indígenas y
en ese contexto se ha diseñado el plan de manejo. Lo
anterior no excluye acciones especificas en parques y
reservas de fauna ni excluye a la especie de los controles
legales a que está afecta. El esfuerzo desplegado en
torno a la vicuña ha favorecido a otras especies de la
fauna autóctona, especialmente camélidos y a los ecosis-
temas que han quedado incluidos en parques y reservas.

1. Importancia de la vicuña en la ecorregión


alto andina

a) El ecosistema y el ámbito de influencia del Plan


Las vicuñas se encuentran distribuidas en el Perú,
en la región de la Sierra en los departamenteos del norte,
centro y sur, cuyas características geológicas comunes
presentan relieves abruptos con pendientes pronunciadas,
pudiéndose distinguir además formaciones de planicies
y pequeñas pampas.
Desde el punto de vista ecológico, las vicuñas
prefieren los pisos altitudinales siguientes: el piso
altitudinal montano, comprendido entre los 3 812 y k 100

281
metros sobre el nivel del nsr; el piso altitudinal subal—
pino, entre los 4 100 y 4 600 metros sobre el nivel del
mar, el piso altitudinal alpino, entre los 4 600 y 4 800
metros sobre el nivel del mar, y el piso altitudinal nival,
situado por encima de los 4 800 metros sobre el nivel del
mar.34/
La vegetación altoandina nativa, entre los 3 800 y
b 327 metros sobre el nivel del mar, está compuesta predo-
minantemente de gramíneas; Stipa brachyphylla, Festuca
loricata, Stipa ichu, Stipa obtusa. Festuca rigescens; de
compuestas: Baccharis tricuneata, Senecio spinosus; de
las cariophylláceas: Pycnophyllum molle, Pycnophyllum
brioides; la umbeliflora: Azorella diapensioides; la
ciperácea: Scirpus rigidus, entre otras.35/ En la Puna
se encuentran: Festuca Delichophylla, Polylepis subquin-
quelobia (queñua), Buddleria coriacea (quiftuar), Paras-
trephia lepidophylla (tola), Azorella diapensoides
(yareta).3¿>/
La capacidad de carga media de los ecosistemas
descritos se ha calculado en una unidad de vicuña por
cada 5 hectáreas.
La climatología que caracteriza dichos lugares es
variada, ya que es templada en los valles interandinos,
seca y fría en la Jalea y muy fría en la Puna, llegando
incluso a climas nivales en la parte alta de la cordille-
ra -las lluvias son estacionales desde septiembre-abril,
alcanzando los 450 mm por ejemplo en Pampa Galeras.3?/
Las temperaturas varían entre +15QC y -I50C en diferentes
lugares y épocas del año.
Para complemento de la descripción de ambientes
véase el mapa 1, tomado del Plan Nacional ya citado.
La vicuña comparte su hábitat con animales domés-
ticos como los ovinos, bovinos, equinos, llamas y alpa-
cas; la cadena alimentaria natural iniciada por los
productores primarios indicados (plantas) es completada
con herbívoros nativos como Hippocamelus antisiensis
("taruca"), Lama güanicoe ("guanaco"), Nothoprocta ornata
("perdiz"), Lagidium punanum ("vizcacha"), Lophoheta
specularioides ("pato cordillerano"), y carnívoros, tales
como Feliz concolor ("puma"), Dusicyon culpaeus ("zorro
colorado"), Feliz colocolo ("osjo"), Correpatus rex
("zorrino"), Palcobaenus albogularis ("china linda") y
Vultus gryphus ("cóndor").
Del total de la superficie del Perú (128 521 560 ha),
el Plan prevé realizar acciones de manejo racional de la
vicuña en aproximadamente 15 779 000 ha, es decir, un
12.3$, distribuidas en un 6.4$ en la región de planifi-
cación norte; 35.8$ en la región centro y 57«7$ en la
región sur (véase mapa 2).

282
Mapa 1
TIERRAS APTAS PARA EL REPOBLAMIENTO CON VICUÑA EN EL PERU

Nota: E l hecho de que en este mapa figuren determinadas fronteras no significa que sean
sancionadas ni aceptadas por las Naciones Unidas.

283
Mapa 2
AREA DE MANEJO DE LA VICUÑA EN EL PERU
De acuerdo con la carga animal óptima estimada (l
vicuña por cada 5 ha), el Plan Nacional de Manejo de la
Vicuña prevé una población potencial de 3 000 000 de vicuñas.
En base a la reproducción de la población actual de
vicuñas y a una inversión adecuada, se pretende cubrir
el 50$ de dicho potencial para el año 2007.¿8/
b) Impacto social
La población humana del Perú, según censo de 1972,
llegó a la cifra de 13 528 208 habitantes, distribuidos
en la región norte un 29$, centro un 45$; sur un 18$ y
oriente un 7$, de donde se deduce que el 63$ de la pobla-
ción se encuentra en las regiones centro y sur del país.
En estas mismas regiones se concentran las pobla-
ciones de menores recursos, que es el grupo dominante en
la estratificación económica y formada principalmente
por pastores, asentados en forma de comunidades y empresas
campesinas en áreas marginales. La población situada
sobre los 3 800 metros sobre el nivel del mar enfrenta
especiales dificultades para el desarrollo de la activi-
dad agrícola y pecuaria. La cría de animales exóticos
introducidos (ovino, vacuno y equino) se torna difícil
por factores ecológicos adversos, lo que ha derivado en
el establecimiento de razas rústicas de bajo rendimiento,
en la modificación de la composición florística de las
praderas y el empobrecimiento de sus habitantes.
El repoblamiento de la vicuña, propuesto por el
Plan, involucra el mejoramiento económico de aproximada-
mente 1 054 comunidades campesinas en l6 departamentos,
con 52 700 familias y aproximadamente 263 500 personas.
Esto representa el 41.22$ del total de comunidades
campesinas reconocidas en el Perú al 3 de diciembre de
1975.^2/
c) Impacto económico
La vicuña ofrece una verdadera alternativa económi-
ca para el poblador de la Puna, en particular, y de la
Sierra en general, utilizada integralmente para ampliar
áreas de territorio no aptas para la agricultura y que
ofrecen serios problemas para la ganadería en base a
especies introducidas.
Se ha calculado la producción de carne en 20 kg
por animal. Esta es de excelentes propiedades organo-
lépticas, muy magra (lo que favorece su conservación),
excelente constitución por su suavidad, apta para consumo
en fresco, en cecinas, en charqui, etc.
El valor por kg de carne fue estimado en aproxima-
damente US$ 1.15 de 1980. La producción total anual del
proyecto es de 12 000 toneladas métricas, es decir,
US$ 13 846 (de I97O). El factor de extracción de masa es
del 17$.

285
La lana de vicuña está catalogada como una de las
fibras animales más finas del mundo, después de la seda
natural y comparable sólo a la del conejo angora; mide
unas 12 mieras de diámetro.
La fibra de la vicuña, junto a la alpaca y llama,
pertenece al grupo denominado "fibras especiales peruanas".
(El Perú posee el 8 2 . d e la población mundial de vicu-
ñas . )
El valor por kilo de fibra de vicuña es estimado en
el Plan en US$ 500 (de 1980) equivalentes a 130 000
soles, sustancialmente superior al de oveja y alpaca. Se
estima que este valor irá en aumento en relación a la
mayor demanda de fibras naturales esperada para los
próximos años.
La oferta mínima del proyecto alcanza al año 2013
a 225 toneladas, con un valor anual de US$ 11 250 000
(de I98O).
Este valor potencial puede ser aumentado con la
adición de valor agregado en el procesó de transformación
tales como tejidos que serán objeto de exportación no
tradicional.
La producción de pieles de vicuña es un rubro fac-
tible de explotar. En el proyecto se estima la produc-
ción de unas 600 000 unidades al año 2013 que a un
precio unitario de US$ 153.8 aproximadamente da un valor
total de US$ 92 280 000.
El alto valor de la piel deberá ser incrementado
luego de un proceso de transformación para su uso en el
rubro cueros y pieles, lo que será también un producto
de exportación.
El cuero de vicuña, producto derivado de la esquila
de pieles, es también posible de utilizar; se estima su
valor unitario en US$ 9.6 de 1980.40/ Un abrigo de piel
alcanza en la actualidad a US$ 10 000.
El costo del Proyecto desde el ingreso a la etapa
de operación plena (año 2013) asciende a US$ 62 290 000
del año 1980. En el período de ejecución (1965-1992) se
pretende establecer e implementar la infraestructura
básica a nivel nacional. El financiamiento de las etapas
de operación y ejecución es de origen interno y externo.
El financiamiento interno constituido por el tesoro
público e ingresos propios hasta la etapa de operación
(1965-2013) asciende a unos US$ 59 886 153. El financia
miento externo proviene en parte dé endeudamiento, en
1979 unos US$214 615; y en parte de transferencias, a
1980, unos US$ 2 196 153, resultado de donaciones de en ti
dades extranjeras y cooperación técnica de la República
Federal de Alemania.

286
El Proyecto especial de utilización racional de la
vicuña presenta los siguientes indicadores económicos!
- Relación beneficio-costo: 1.4 (TA = 36$)
- Tasa internar de retorno: 36.06$
- Período de maduración: 14 años (1978-1992)
- Período de recuperación
del capital: 39 años
El cuadro,4, extraído del Plan Nacional para la
Utilización de la Vicuña, cuadro 27, muestra los costos
y beneficios del proyecto que llevan a las cifras
indicadas.
Los beneficios derivados del manejo de la vicuña
serán percibidos por los propietarios de las tierras en
que habitan las vicuñas y por el Estado en la medida de
sus costos de operación. Por Decreto Ley NQ 22.964 del
26 de marzo de 1970 se compensará en dinero a las comuni-
dades campesinas y demás propietarios de los terrenos
donde habitan las vicuñas sujetas al manejo del Proyecto
especial ya mencionado,
d) Impacto ecológico
La vicuña, así como la alpaca, la llama y el guana-
co son animales nativos perfectamente adaptados a las
condiciones ecológicas locales. La vicuña subsiste aun
en las condiciones más extremas de las alturas andinas,
dado que el clima y los pastos duros no permiten el
desarrollo de ninguna otra ganadería de la importancia
potencial de la vicuña. El manejo de la vicuña silvestre
permite la recuperación de otras especies nativas, como
la perdiz, la taruca y aves acuáticas, importantes como
base de formas de producción futura basada en esas
especies; también es importante por la recuperación
natural del ecosistema y del equilibrio trófico conse-
cuente .
Resulta de suma importancia la investigación compa-
rada respecto a hábitos alimentarios de camélidos, vacu-
nos y equinos, ya que existen evidencias claras de un
mejor uso de los pastos naturales por parte de los camé-
lidos.
El caso del ovino es particularmente interesante,
ya que para obtener altos rendimientos, necesita de una
selección y adaptación especial, así como del mejoramiento
o alteración de los pastos naturales; lo que no ocurre
respecto a la fauna nativa, al menos en el mismo grado.
El manejo extensivo en libertad de vicuñas no
requiere de mucha intervención humana, con lo cual los
costos de operación tienden a ser menores que los de
ovinos y bovinos.
La existencia de extensas zonas marginales para el
aprovechamiento pecuario tradicional de la Puna, así
como la existencia de comunidades y empresas campesinas

287
Cuadro 4

COSTOS Y BENEFICIOS DEL PROYECTO ESPECIAL UTILIZACION


RACIONAL DE LA VICUÑA
(Miles de soles)

Aflo Costo total Beneficio total Beneficio neto

1965-1977 342 000 288 -341 712


1978 111 800 1 120 -110 680
1979 202 300 8-400 -193 900
1980 505 000 30 000 -475 000
1981 800 000 48 000 -752 000
1982 900 000 60 000 -840 000
1983 1 100 000 3 689 392 2 589 392
1984 1 300 000 1 415 360 115 360
1985 1 400 000 1 586 960 186 960
1986 900 000 1 801 460 901 460
1987 500 000 2 069 650 1 569 650
1988 400 000 2 525 560 2 125 560
1989 400 000 3 004 400 2 604 400
1990 400 óoo 4 675 750 4 275 750
1991 336 100 4 414 200 4 078 100
1992 300 000 5 061 500 4 761 500
1993 300 000 5 765 350 5 465 350
1994 300 000 6 537 450 6 237 450
1995 300 000 7 397 300 7 097 300
1996 300 000 8 545 650 8 245 650
1997 300 000 9 770 050 9 470 050
1998 300 000 11 088 050 10 788 050
1999 300 000 12 522 140 12 222 140
2000 300 000 14 102 350 13 802 350
2001 300 000 16 228 360 15 928 360
2002 300 000 18 459 800 18 159 800
2003 300 000 20 824 750 20 524 750
2004 300 000 23 356 360 23 056 360
2005 300 000 26 094 800 25 794 800
2006 300 000 30 182 040 29 882 040
2007 300 000 34 227 160 33 927 160
2008 300 000 38 221 840 37 921 840
2009 300 000 42 152 040 41 852 040
2010 300 000 46 003 200 45 703 200
2011 300 000 49 754 000 49 454 000
2012 300 000 53 380 000 53 080 000
2013 300 000 56 850 000 56 550 000
16 197 200 561 854 730 545 658 070

Fuente; Plan Nacional Vicufia. Perú.


1 USS = 260 soles.
T.I.R. s 36%.

en estas tierras son dos factores fundamentales sobre los


cuales se apoya el Plan Nacional para la Utilización de
la Vicuña.
Otro aspecto ecológico importante se refiere a la
producción de agua de las cuencas de origen andino, la
que se ve muy afectada por el tipo de manejo que se haga
en las partes altas, especialmente de bofedales y zonas
anegadas y de escurrimiento que dan origen a los drenajes
mayores.

288
El manejo adecuado del agua, por otra parte, en el
Altiplano y Puna ejerce una decisiva influencia sobre la
viabilidad del manejo de la fauna y de vicuñas especifi-
camente, con lo que esta acción debe ser explícitamente
integrada en los planes de manejo de la fauna y agua de
las partes altas de América.
e) Impacto como factor de desarrollo e integración
i) A nivel internacional:el proyecto ha concitado
la atención de la opinión pública internacional, intere-
sada en el aprovechamiento integral de la naturaleza y
en la protección de especies en peligro de extinción.
Esto se ha traducido en aporte económico y de todo orden
de parte de organizaciones tales como el Programa de las
Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación
(FAO), World Wildlife Fund (WWF), Unión Internacional
para la Conservación de la Naturaleza (UICN), la Sociedad
Zoológica de Frankfurt, la Universidad Agraria de La
Molina (Perú), el Gobierno de la República Federal de
Alemania, etc.4l/
ii) A nivel subregional:42/ la vicuña y el Plan
Nacional, así como los resultados obtenidos en su
principal cerítro experimental Pampa Galeras, han influido
determinantenjente para establecer un tipo de relaciones
internacionales, basado en los recursos naturales como
factor de integración subregional.
En 196^ se firmó en La Paz (Bolivia) el Convenio
para la conservación de la vicuña, inicialmente entre
Perú y Bolivia y posteriormente adhirieron Argentina
(I97I) y Chile (1972). El Convenio expiró el 20 de
diciembre de 1979» El Convenio estaba dirigido a crear
las condiciones legales que permitieran la protección,
estudio, divulgación y acrecentamiento de la población
de vicuñas.
En 1973 se firmó en Washington la Convención sobre
el comercio internacional de especies amenazadas de fauna
y flora silvestres (CITIES).Esta Convención incluye en
una de sus partes lo pertinente a vicuñas.
En diciembre de 1979 se firmó el Convenio para la
conservación y manejo de la vicuña entre Bolivia, Chile,
Ecuador y Perú, abierto a la suscripción de Argentina.
Este Convenio sustituye al de La Paz (1969) e
introduce cambios sustanciales en lo referente al manejo
de la vicuña, tales como: se reconoce en la vicuña una
alternativa de producción con beneficios económicos para
el poblador andino. Se permite el aprovechamiento, trans-
formación y uso de subproductos de vicuñas, aunque bajo
control estatal. Se permite la exportación de vicuñas
fértiles entre los países signatarios. Se crea una comi-
sión técnico-administrativa del Convenio que deberá
reunirse anualmente.

289
La acción coordinada de los paises de la subregión
andina promueve una serie de reuniones internacionales
especializadas en vicuñas, así como la cooperación en
torno al tema de los "camélidos americanos" en general.
Se logra atraer la atención de los Gobiernos de Ecuador
y Argentina, con lo que se completa el ámbito ecológico
de influencia de la vicuña y camélidos en general.
A la Primera reunión de técnicos para el estudio y
protección de la vicuña, realizada en Arequipa, entre el
10 y 12 de diciembre de 1964, asisten técnicos de Perú,
Bolivia y Argentina. Se promueven iniciativas en torno
a la protección, siendo quizás la de mayor interés para
este análisis la proposición de creación de "parques
internacionales para la protección de la vicuña".
En abril de 1968, en San Carlos de Bariloche,
Argentina, se realiza la Conferencia latinoamericana
regional de la unión internacional de conservación de la
naturaleza (UICN), la que se inicia con una propuesta de
acción conjunta de los Gobiernos de Perú, Bolivia, Chile
y Argentina en torno a la vicuña.
En noviembre de 1968 se realiza la II Reunión Téc-
nica sobre Camélidos Sudamericanos, en La Paz, Bolivia,
donde adquiere mayor concreción la idea de un convenio
internacional.
En diciembre de 1971 se reúne la Primera Conferencia
Técnica Internacional sobre Conservación de la Vicuña,
en Lima y Nazca, Perú.
Durante 1979 se realizaron la I y II Reunión de los
Países Signatarios del Convenio para la Conservación de
la Vicuña,en La Paz y Lima (octubre) y Lima (diciembre),
respectivamente.
En febrero de 1980 se reunió en Tacna y Arica el
Grupo de Especialistas en Camélidos Sudamericanos, el que
integra al guanaco a los planes de conservación y manejo
ya propuestos.
En mayor de 1980, en Lima, se realiza la I Reunión
Ordinaria de la Comisión Técnico-Administrativa del
Convenio para la Conservación y Manejo de la Vicuña, que
propone integrar a Argentina al Convenio. Asistieron a
la reunión Perú, Bolivia, Chile, Ecuador y Argentina en
calidad de observador. Cabe hacer notar que las discre-
pancias argentinas son a causa del carácter de aprovecha-
miento integral de la vicuña y su ecosistema explícito en
el Convenio, ya que ellos abogan por acciones netamente
de protección y conservación.43/
Es notable también, el esfuerzo de las autoridades
ecuatorianas en torno a la adopción de un "programa de
reintroducción y repoblamiento de la vicuña en el Ecuador".
Da a conocer estudios realizados en los páramos de
Chimborazo.44/
290
Finalmente, se realizó en noviembre de 1981 la
IV Convención Internacional sobre Camélidos Sudamericanos,
en Punta Arenas, Chile, con una amplia participación en
trabajos técnicos respecto a vicuñas, alpaca, guanaco,
llamas, praderas, ecosistemas, etnohistoria, paleontolo-
gía, estaciones experimentales de altura y desarrollo
económico y social de comunidades.
iii) A nivel nacional: la acción internacional coordi-
nada ha dado a nivel nacional notables frutos en términos
de protección y conocimiento de la vicuña, así como de
otras especies de camélidos y de la fauna y flora autóc-
tonos.
En el Perú, la creación de "Reserva Pampa Galeras",
en 1966, y el éxito alcanzado en la reproducción, cono-
cimientos y manejo de vicuñas despertó gran interés y
asegura la factibilidad técnica y económica del manejo
de la vicuña. La primera cuestión notable es que Pampa
Galeras se trata de un convenio suscrito entre la Direc-
ción Nacional Forestal y Fauna del Ministerio de
Agricultura del Perú y la comunidad de indígenas de
Lucanas, lo que se traduce en que los beneficios de la
empresa serían percibidos, descontando aspectos operacio-
nales, enteramente por la comunidad propietaria legal de
las tierras; las vicuñas son patrimonio del Estado por
lo cual se compensa a la comunidad.
La segunda cuestión notable es el incremento de la
masa de vicuña y de la superficie bajo el Plan en Pampa
Galeras de 1 000 ejemplares en 1979 y un aumento de la
superficie a 506 250 ha. Evidentemente el aumento de
número no está relacionado exclusivamente con el aumento
vegetativo de la población en estas cifras.45/ A nivel
nacional el incremento en ese período fue de 5 000 a
65 000 cabezas.46/
En 1980 el Plan Nacional se amplía de las 512 000 ha
existentes a 1 075 000 ha y el establecimiento de
nuevos subproyectos. El crecimiento poblacional compara-
do I979/I98O para el sector de Pampa Galeras y Aledaños,
da una cifra de 19.04$ mayor que la tasa registrada
entre 1970-1979 y un 71.1$mayor respecto de 1979.
Con el incremento poblacional en Pampa Galeras las
migraciones de otros sectores, la competencia con ganado
vacuno, ovino y equino y otros auquénidos ha provocado
una gran presión de pastoreo de reproducción de la misma
así como el éxito del manejo de vicuñas en dichas áreas.
En consecuencia, estudios agrostológicos 47/ indican que
existe una sobrecarga animal de 0.032 uv/ha/año ya que el
máximo de capacidad de carga es de 30 871 vicuñas (0.398
uv/ha/año) existiendo 33 348 unidades de vicuñas
(O.43O uv/ha/año).

291
En la zona de influencia de Pampa Galeras de 447 000 ha
existe una sobrecarga de 0.92 uv/ha/año equivalente a
9 000 ejemplares.
Todo esto se traduce en la necesidad de extraer
población dejando una adecuada estructura de sexo y
edades en la población. Por lo tanto, se hace necesario
extraer 9 000 animales de la zona de Pampa Galeras y su
área de influencia a-fin de que queden 13 000 en 1981—1982.
Los fondos asignados al proyecto alcanzan para trasladar
1 800 ha en costo de US$ 100 la unidad y a distancias
medias de 500 km y el sacrificio de 7 200 ejemplares,
a no ser que se obtengan fondos para su traslado o sean
vendidos a otras comunidades o países migratorios de la
convención de vicuñas. En todo caso, por tratarse de
animales de extracción forzada es difícil que éstos cons-
tituyan grupos de clases de edades y sexos compatibles
con una adecuada eficiencia reproductiva, ya que en ellos
prevalecen los machos.
Los programas de saca, necesarios por lo expuesto,
han tenido sin embargo, efectos negativos en la opinión
pública conservacionista mundial limitándose a efectuar
"las más injustas críticas" 48/ a la operación. Se
cuentan [Link] ellos el PRODENA (WWF del Perú) y el IFAW
(International Fund for Animal Welfare) y la prensa
nacional y extranjera.
El programa de saca se cumplió de la siguiente
forma siendo interrumpido en 1980. En 1977 fueron tras-
ladados y sacrificados 225 ejemplares; en 1978, 410; en
1979, 1 448 y en 1980: trasladadas, 1 104 y sacrificadas
3 265 vicuñas.
Otras experiencias importantes se realizaron en el
Perú en diversos lugares, siendo uno de ellos el Centro
Regional de Conservación de Camélidos Sudamericanos y
de Cala-Cala (Puno).

2. Situación del recurso vicuña en otros países


sudamericanos

La vicuña como riqueza natural específica de los Andes


compete exclusivamente a los países del área andina.
La población de vicuñas es estimada en 79 000 distribui-
da de acuerdo al cuadro basado en los datos del año
1979.

292
DATOS DEL AftO 1979

Pals M° de vi cufias Porcentaje

Argentina 4 500 5.7


Bolivia 3 384 4.3
Chile 6 124 7.8
Perú 65 000 82.3
Total 79 008 100.0

Fuente : Documentos finales de pafses en las reuniones técnicas, citados en


Plan Nacional..., op. cit., p. 57.

Argentina
En Argentina existe la [Link] San Guillermo, al
norte de la provincia de San Juan, con una superficie
aproximada de 1 000 000 ha entre las cotas 3 200 y 4 000.
La población de vicuñas se estima en 4 000 a 4 500 ejem-
plares en 1979. La Reserva de la Rioja, próxima a la
anterior, tiene unas 200 000 ha. La Reserva de Laguna
Brava, en Belen, Catamarca, tiene una superficie de
50 000 ha en el núcleo y unas 600 000 ha en el área de
influencia. En todos los casos la fauna más representa-
tiva es: vicuña, llama, ñandú, cóndor, chinchilla, etc.
Ecuador
Actualmente, la Facultad de Ingeniería Zootécnica
de la Escuela Superior Politécnica de Chimborazo, Rio-
bamba, Ecuador, estudia la situación de la llama en cuanto
a distribución ecológica, diferenciación de ecotipos,
características zootécnicas y de manejo. Se estima que
estos datos pueden ayudar a definir la factibilidad de
introducir vicuñas en el Chimborazo. De acuerdo a apre-
ciaciones técnicas verbales obtenidas en la IV Convención
de Camélidos de Magallanes, Chile, se estima como muy
factible la reintroducción de vicuñas a los territorios
altos del Ecuador, particularmente en el sector de
Chimborazo.49/
Chile
En Chile las acciones de conservación se iniciaron
en 1970, en el Parque Nacional del Lauca. En 1973, el
proyecto de conservación de la vicuña cubría 484 000 ha
en manos de la Corporación Nacional Forestal y su Depar-
tamento de Fauna Silvestre y Parques Nacionales. La
dotación de vicuñas aumentó de 1 093 ejemplares en 1913

293
a 6 124 en 1978. Actualmente se estima en unas 10 000
vicuñas (noviembre 198l) 30/ la dotación total del país.
Toda acción nacional respecto a vicuñas ha fortale-
cido el estudio y protección de otras especies de la
fauna autóctona, así como generado una legislación de
control.
Bolivia
— Posibilidades de desarrollo e impacto social de
un programa de vicuñas.
Para completar una visión global del potencial
socioeconómico y ecológico del manejo de la fauna silves-
tre en las zonas alto andinas de América Latina, y espe-
cialmente de vicuñas, se entregana continuación algunos
datos básicos de lo que podría significar tal acción en
Bolivia que, junto a Perú, representan las mayores super-
ficies pobladas y hábitat potenciales de los países
andinos.
De acuerdo con los datos básicos obtenidos en Perú,
puede estimarse como hábitat potencial de vicuñas en
Bolivia entre un 17 y 20$ de la superficie nacional; es
decir, las áreas rurales comprendidas a alturas .superiores
a los 3 6OO m. Si bien la altura óptima indicada para
Perú es de 3 800 m, la información disponible sobre zonas
ecológicas de Bolivia es la que se utiliza en el diseño
de los planes nacionales de desarrollo y por tanto no es
específica para vicuña.¿1/
En opinión de la Misión Británica de Agricultura
Tropical, la zona de la cordillera occidental, el
Altiplano y Puna, y la cordillera oriental de Bolivia,
en su mayor parte situada a más de 3 800 metros sobre
el nivel del mar sólo tienen un potencial pecuario posible
basado en el desarrollo y explotación de auquénidos
(llamas, vicuña, alpaca y guanaco) y de ovejas muy bien
adaptadas.52/ (Véase el mapa 3)-
Estas regiones correspondientes a la meseta alti-
plánica, están situadas al oeste del país y limitadas
por dos cadenas cordilleranas: cordillera oriental y
cordillera occidental; ambas componentes de la Cordillera
de los Andes. Todo el conjunto tiene una superficie de
aproximadamente 230 000 km2, es decir, el 21$ del
territorio nacional.
La meseta altiplánica propiamente tal cubre unos
70 000 km2 entre los 3 600 y 4 000 metros sobre el nivel
del mar.
Las altas montañas, cuya mayoría tiene nieves
eternas, ocupan unos 70 000 km2 con alturas comprendidas
entre los 4 500 a casi los 7 000 metros sobre el nivel
del mar. Su importancia económica radica en su fuente
de recursos hídricos y mineralógicos, principalmente loca-
lizados en la cordillera oriental.

294
Mapa 3

UNIDADES FISIOGRAFICAS DE BOLIVIA

A - Cordillera Occidental.
B- El Altiplano y Puna.
C - El Bloque Paleozoico.
D - Las faldas Sub-Andinas.
E - La Planicie Chaco-BenL
F - La Planicie de Pando.
G - Las Cordilleras Chiquitanas.
H - El Escudo Brasileño.

Fuente: El potencial agrícola del uso de la tierra. Un mapa de sistemas de tierra, del Dr.
Thomas T. Cochrane, Ministerio de Agricultura, Bolivia, 1973. Se indican en negro
las zonas altas sobre 3 800 msnm.
Nota: El hecho de que en este mapa figuren determinadas fronteras no significa que sean
sancionadas ni aceptadas por las Naciones Unidas.

295
Las estribaciones de las montañas hacia el alti-
plano entre los 4 000 y 4 500 metros sobre el nivel del
mar, cubren unos J>0 000 km2 y son utilizadas en ganadería
extensi va aunque presentan partes naturales muy limitadas
duda BU particular ecología.
Por otra parte, la población rural del Altiplano
fue establecida en 1975 en aproximadamente 1 800 000
habitantes, creciendo a una tasa anual de
Con estos elementos se puede obtener una visión
preliminar de la potencialidad del medio natural y del
impacto social que tendría el programa de explotación
de auquénidos, incluida la vicuña, en Bolivia.

296
IV. CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES
1. En relación a la ganadería

Considerando:
a) Las condiciones de una tendencia internacional
a las inversiones en el sector exportador-moderno de las
economías agropecuarias de la ecorregión andina y de la
consiguiente marginalización de formas campesinas de
producción ;
b) el patrimonio cultural existente expresado en
forma de organización social y sistemas de producción
pecuaria ;
c) la existencia de razas criollas de ganado adap-
tada a determinadas condiciones ecológicas y a las posi-
bilidades de su reubicación ecológica-espacial y mejora-
miento genético;
d) la presión por la introducción de animales
domésticos de gran potencial genético que demandan consi-
guientes capacidades de sustentación de la pradera y
manejo (ovinos, bovinos), con resultados inciertos en
adaptabilidad, impacto ecológico, económico y social, y
que tienden a desplazar la producción local (auquénidos);
e) la existencia de especies nativas animales
exclusivas, como los auquénidos de excepcionales condi-
ciones competitivas en el mercado mundial de lanas,
principalmente, la gran potencialidad de la fauna nativa
de la ecorregión andina y el mínimo costo de inicio y
operación de estas explotaciones;
CABE RECOMENDAR las siguientes acciones de política
en el sector pecuario, considerándolas en el contexto de
una estrategia integrada de desarrollo de la ecorregión
andina :
a) asegurar formas de compensación para la inversión
pecuaria a nivel campesino, frente al desequilibrio
planteado por la dinámica de la inversión en el sector
moderno ;
b) reforzar la organización social básica para la
producción tradicional como factor dinamizador de la
economía agropecuaria, a niveles espaciales definidos, en
una estrategia integrada (multisectorial) de desarrollo;

297
c) potencializar los estudios específicos de razas
criollas y formas de manejo, así como propiciar la reubi-
cación ecológica espacial, a fin de maximizar el uso de
recursos naturales y humanos existentes y el mejoramiento
genético, de manejo alimentario y sanitario y el uso y
comercialización de los productos derivados. Promover y
racionalizar la producción pecuaria en la pequeña economía
agrícola;
d) reestudiar la tendencia a concebir la ecorregión
como una posibilidad de expansión de las formas de pro-
ducción pecuaria de los países líderes en el rubro;
e) reforzar las propuestas tendientes a establecer
(reestablecer) formas de producción pecuaria exclusivas,
con óptimas condiciones de competencia internacional, como
es la producción de lana de auquénidos y otros productos
y animales locales mejor adaptados a las condiciones
ecológicas, económicas y sociales de la ecorregión andina.

2. En relación al desarrollo de la ganadería


de vicuñas

Considerando :
a) La vicuña como factor de desarrollo e integración
en la ecorregión andina
i) A nivel internacional: la factibilidad de la
explotación comercial de la vicuña, como una forma de uso
[Link] ecológico y social de recursos ha atraído la
atención internacional. Esta atención se ha traducido
en la asignación de recursos económicos por parte de
organizaciones internacionales y nacionales de conserva-
ción, principalmente el proyecto de desarrollo de la
vicuña en el Perú y el reconocimiento internacional a los
esfuerzos subregionales por la conservación y explotación
racional de las vicuñas.
ii) A nivel subregional: la vicuña ha constituido
un efectivo ejemplo de cooperación subregional relativo
a la gestión de recursos naturales compartidos. Desde
1969 en que se firmó el Convenio para la conservación de
la vicuña, la subregión ha experimentado una considerable
actividad de intercambio científico-técnico y legal,
alcanzando un elevado grado de consenso en cuestiones
estratégicas.
iii) A nivel nacional: es notable la movilización de
recursos nacionales en torno a acuerdos emanados de la
cooperación subregional. Lo principal se refiere al
status jurídico y ecológico de la vicuña y a la búsqueda
de beneficios económicos y sociales para las poblaciones
humanas locales implicadas. Es ïelevante también la
formulación de planes nacionales y proyectos de estudio y
reintroducción de la especie.

298
b) La vicuña en el desarrollo nacional
i) El potencial económico y social derivado de un
adecuado manejo de la vicuña queda de manifiesto en el
Plan Nacional para la Utilización de la Vicuña en el Perú»
Este Plan implica la ocupación de un 13% del territorio
nacional sobre los 3 800 metros sobre el nivel del mar y
afecta al k2% de las comunidades indígenas del pais, unas
250 000 personas;
ii) aunque no aclarado explícitamente, se estima
para Bolivia la factibilidad de puesta en uso en el
Proyecto Vicuña de un 1795 como mínimo de la superficie
nacional, sobre los 3 800 metros sobre el nivel del mar*
La población implicada sobrepasa los 2 000 000 de habi-
tantes;
iii) los avances logrados en Chile y Argentina, y las
expectativas de reintroducción en Ecuador, aunque no
constituyen un impacto de la magnitud del Perú y Bolivia,
representan importantes soluciones para microrregiones
y minorías nacionales;
iv) se remarca la exclusividad de los ecosistemas
y de los auquénidos a nivel mundial, apoyada en una nueva
expectativa de precios para los productos derivados;
v) los esfuerzos en torno a la vicuña y alpaca han
favorecido otras especies de auquénidos (guanaco) y en
general el conocimiento de la ecología de la región y a
vislumbrar una alternativa de bajo costo y buena renta
para mejorar la condición de vida del poblador andino.
Estas conclusiones recomiendan:
- a los organismos internacionales que operan en la
región, la inclusión sistemática de acciones de coopera-
ción en torno a recursos naturales compartidos;
- a CEPAL, FAO y otros organismos técnicos inter-
nacionales el apoyo y coordinación de las acciones nacio-
nales espontáneas tendientes a la cooperación en la
subregión andina en torno al tema de los recursos gené-
ticos naturales y naturalizados (criollos), apoyando
particularmente el esfuerzo en torno a la vicuña;
- a los gobiernos de la subregión la necesidad de
enfoques de desarrollo integrado de recursos, sólo con lo
cual los esfuerzos en torno a camélidos silvestres ameri-
canos tendrán un adecuado impacto social, económico y
ecológico ;
- a los paises miembros de la ecorregión andinâ la
utilización racional e integrada de la vicuña dado su
carácter exclusivo, adaptado y altamente rentable.

299
Notas

2/ Acuerdo de Cartagena: Propuesta de la Junta para


un programa andino de- desarrollo tecnológico para el medio
:
rural, 1981, p. 5.
2/ Gonzalo Arroyo et al., "Empresas transnacionales
y agricultura en América Latina", en Estudios del Tercer
Mundo, junio de 1980, vol. 3, pp. 199-201.
3/ Ibid.
4/ Basado en FAO/PNUMA: diversos trabajos sobre
Recursos genéticos animales en América Latina, Roma, 1981.
5/ Censo estadístico agropecuario, Perú, 1976.
6/ Antonio Giles, Breve análisis de la agricultura
y la reforma agraria peruanas, octubre 1980, p. 24.
7/ FAQ, Bolivia, El desarrollo agrícola de post-
reforma, CEPAL/FAO, 198O, p. 48.
8/ Antonio Giles, El desarrollo..., op.. cit., p. 24.
2/ FAO, Bolivia, El desarrollo agrícola..., op. cit.
p. 54.
10/ Alejandro Colomés, La comunidad indígena de
Kuyo Chico, Escuela de Agronomía, Depto. de Producción
Animal, Universidad de Chile, Seminario 1971»
11/ Se refiere básicamente al Ecuador.
12/ FAO, Bolivia, El desarrollo..., op. cit.. p. 13»
13/ FAO, Production Yearbook, vol. 34, 1980, pp.
66-67.
14/ Banco Mundial, Informe sobre el desarrollo
mundial, 1981, p. 160, cuadro 1.
15/ FAO/PNUMA, Recursos genéticos animales en Amé-
rica Latina: ganado criollo y especies de altura, Roma,
I98I, p. 5-
16/ FAO/PNUMA, "Razas indígenas de ovinos y capri-
nos en América Latina", en Recursos genéticos... op. cit.,
p. 133.
17/ FAO, Anuario de producción, 1980, NQ 34, p. 206.
Te/ FAO/PNUMA, "Producción de leche por vacas
criollas puras", V. Bodisco y 0. Abreu, en Recursos gené-
ticos. .., op. cit., p. 31.
19/ Para una consideración más profunda de técnicas
de manejo de la fauna, consultar: Wildlife Management
Techniques, Wildlife Society, Gyles, R.U., Ed. 1971.
20/ FAO/PNUMA, "Especies zootécnicas nativas de los
Andes Altos", A. Cardoso, en Recursos genéticos.... [Link].,
p. 103.
21/ FAO/PNUMA, "Especies zootécnicas...", op. cit..
p. 115.
22/ Hernán Verscheure, Utilización del guanaco,
tesis, Escuela de Agronomía, Universidad de Chile, 1980.
23/ FAO/PNUMA, Recursos genéticos..., op. cit.,
p. 115.

300
24/ Spedding, C.R.W., Ecología de los sistemas...,
op. cit.. p. 138, con datos del Secretariado de la
Commonwealth (19?0).
25/ FAO/PNUMA, Recursos genéticos..., op. cit.,
p . 116.
26/ Censo Agropecuario del Perú, 1976.
27/ FAO/PNUMA, Recursos genéticos ..., op. cit.,
p . 117.
28/ CONAF, "Situación actual de la chinchilla en
Chile", folletos divulgativos.
29/ FAO/PNUMA, Recursos genéticos..., op. cit.
30/ Alejandro Colomés, Biología y ecología del
Huemul chileno (Hippocamelus bisulcus), estudio de sus
hábitos alimentarios, teáis de grado, Escuela de Agronomía,
Universidad de Chile, 1978, pp. 21-41.
¿1/ Ibid., p. 59.
32/ Alejandro Colomés, "Dieta de un Huemul en cauti-
vidad", Boletín Técnico NQ 14 CONAF, Chile, 1977.
33/ "Plan Nacional para la Utilización Nacional de
la Vicuña en el Perú", 1965-2013, Ministerio de Agricul-
tura y Alimentación, Proyecto especial, Perú, 1980.
34/ "Pilan Nacional...", op. cit., p. 12.
35/ Justo Sotelo Huamán, "Situación de las pasturas
en Pampa Galetas y zonas aledañas", en Situación actual de
la vicuña en el Pérú, año 1981, Ministerio de Agricultura
y Alimentación, Perú, 1981.
36/ "Plan Nacional... ", QP4 cit., cuadro 8.
37/ Justo Sotelo H., "Situación de las pasturas...",
op. cit., p. 11.
38/ "Plan Nacional ...", op. cit., cuadros 1 y 3,
pp. 20-21.
32/ Ibid, p. 22.
40/ Datos del "Plan Nacional... ", op. cit., pp.
15-19.
41/ Justo Sotelo, Situación actual..., op. cit.,
pp. 2-3.
42/ Antonio Brack, "La conservación de la vicuña en
el Perú", Ministerio de Agricultura, 1980, Perú.
43/ "Plan Nacional...", op. cit., p. "2"1.
W Ibid.
¥5/ "Plan Nacional...", op. cit., pp. 35-36 y
cuadro 2.
46/ Justo Sotelo, "Situación de las pasturas ...
op. cit., p. 4.
£7/ Ibid., p. 34.
58/ Justo Sotelo, "Situación de las pasturas...
op. cit., pp. 8-9.
4*9/ Jlîrgen Rottman, Depto. Fauna, Corporación
Naci^ajil Forestal, comunicación personal, [Link] de 1982.
¿0/ Ibid.

301
5 V Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social,
1976-lWo, tomo IV, Ministerio de Planeamiento y Coordi-
nación de la Presidencia de la República, La Paz, Bolivia,
pp.. 6-7.
52/ Thomas Cochrane, El potencial agrícola del uso
de la tierra en Bolivia, Misión Británica de Agricultura
Tropical, Ministerio de Agricultura, Bolivia, 1973,
pp. 40-172.

302
LA INVESTIGACION CON ENFOQUE DE SISTEMAS EN LA
AGRICULTURA CAMPESINA ECUATORIANA

Este estudio fue realizado por Rómulo Soliz, en calidad


de consultor.
Introducción

En el Ecuador se conduce un esfuerzo por institucionali-


zar una estrategia de investigación con enfoque de siste
mas de producción, al interior del Instituto Nacional de
Investigaciones Agropecuarias, INIAP, organismo oficial
responsable de la generación de nuevas tecnologías agrí-
colas, que por veinte años ha ejecutado su trabajo utili
zando el modelo clásico de investigación por productos
y disciplinas.
El enfoque de investigación en sistemas de produc-
ción constituye una estrategia orientada a privilegiar
la agricultura campesina, cuya instrumentación, involucra
una fisolofía, conceptos y metodología específicos, que
difieren de los que fundamentan el enfoque por productos
y disciplinas, cuya orientación es la productividad de
los cultivos en general.
El presente estudio trata sobre la experiencia
ecuatoriana en la institucionalización de la indicada
estrategia, el progreso obtenido y las dificultades encori
tradas, en el marco de un esquema por el cual el enfoque
de sistemas de producción, instrumentado a través del
Programa de Investigación en Producción, PIP, se articula
como complemento del enfoque clásico de investigación,
ejecutado a través de las Estaciones Experimentales del
INIAP. El estudio presenta el marco de las políticas,
organización institucional y enfoque de la investigación
orientada a la agricultura campesina, caracteriza al
agricultor campesino y su demanda tecnológica y describe
el Programa de Investigación en Producción, PIP.

305
I. LA INVESTIGACION ORIENTADA A LA AGRICULTURA
CAMPESINA

1. Políticas y estrategias para la generación


de tecnologias

El Plan Nacional de Desarrollo, PND (1980-1984) del


Ecuador, dicta políticas, estrategias y objetivos para
la generación y transferencia de nuevas tecnologías
agropecuarias en dos capítulos, en el de Políticas y
Programas de Desarrollo Rural (PND, 2da. Parte, Tomo II,
p. 12) y en el de Política de Desarrollo Científico y
Tecnológico (PND, 2da. Parte, Tomo I, p. 129).
El organismo oficial y principal responsable de la
instrumentación del plan sobre investigación agropecuaria
en el país es el Instituto Nacional de Investigaciones
Agropecuarias, INIAP.
En el ámbito de la generación de tecnología para el
subsector campesino, el PND instruye que "... la investi-
gación se acondicionará a los objetivos prioritarios de
la política agropecuaria, a la urgencia de soluciones
prácticas y a las condiciones socioeconómicas de los
varios estratos de agricultores, especialmente del amplio
sector de campesinos de escasos recursos". (PND, 2da.
Parte, Tomo II, p. 31.)
Entre los elementos de estrategia, una de las líneas
fundamentales de investigación que se "reforzarán y
ampliarán" es el "mejoramiento de los sistemas autóctonos
de producción utilizados por los pequeños agricultores".
(PND, 2da. Parte, Tomo II, p. 32.)
En el PND, la investigación agropecuaria, junto con
un grupo diverso de acciones coordinadas del sector
público, como las actividades de provisión de insumos y
crédito, integra un subprograma de apoyo para el cumpli-
miento de las metas planteadas en el Programa Agrícola
y sus proyectos. En este contexto, la fase de investi-
gación tenderá a: "Elevar los rendimientos y calidad
nutricional de los productos básicos para la alimentación
de la población ecuatoriana, así como los rubros desti-
nados a la industria y exportación". "Determinar alter-
nativas para diversificar la producción agrícola destinada
a mejorar las fuentes nutritivas de la población y elevar

307
el nivel de ingreso del pequeño y mediano productor".
"Realizar investigaciones económico-sociales que permitan
que los resultados de la investigación agropecuaria con-
tribuyan a mejorar el nivel de ingreso de los productores"
(PND, 2da. Parte, Tomo II, p. 82.)
De otra parte, la política de desarrollo científico
y tecnológico afirma que "... la acción del Gobierno
privilegiará la investigación y desarrollo que se vincule
directamente a la búsqueda de soluciones para los proble-
mas de los grupos sociales más amplios y postergados".
(PND, 2da. Parte, Tomo I, p. 59). "Se pondrá especial
énfasis en las técnicas de gestión comunitaria, en las
técnicas de cultivo y en el rescate de tecnologías tradi-
cionales". (PND, 2da. Parte, Tomo I, p. 56.)
"La labor del INIAP será ampliamente respaldada,
tanto para el desarrollo de tecnología apropiada y varie-
dades genéticas más adecuadas a las características del
país, cuanto para perfeccionar técnicas de extensión que
aseguren la efectiva absorción de nuevas tecnologías a
nivel de usuarios. Una parte importante de los recursos
del INIAP será destinada a la investigación y atención de
las necesidades tecnológicas del pequeño campesino y sus
organizaciones de base (asentamientos, cooperativas, etc.)
de forma que los resultados de la gestión del INIAP no
sólo beneficien a unidades agrícolas empresariales".
(PND, 2da. Parte, Tomo I, p. 57.)
Complementariamente, el PND instruye sobre las
políticas y estrategias aplicables a la generación tec-
nológica para la agricultura comercial.

2. Estructura institucional de la investigación

En el Ecuador, el organismo oficial ejecutor de la gene-


ración de nuevas tecnologías agropecuarias es el Insti-
tuto Nacional de Investigaciones Agropecuarias, INIAP,
cuya responsabilidad es de cobertura nacional, tanto en
la dimensión geográfica como en la de cultivos y tipos de
clientela, centrando sus esfuerzos en las áreas, cultivos
y clientes estratégicos y prioritarios del país-
Adicionalmente, en el mismo sector público existen
diversas entidades de desarrollo que actúan en el sector
rural y universidades y colegios agropecuarios que poseen
unidades de investigación que realizan algunas activida-
des de investigación, atendiendo cultivos y problemas
según su ubicación y razón social.
De otra parte, en el sector privado también existen
organizaciones que ejecutan investigación agropecuaria,
unas con énfasis en aspectos socioeconómicos y otras en
los agronómicos, como la Central Ecuatoriana de Servicios
Agrícolas, CESA, institución que entre sus actividades

308
ejecuta investigación agropecuaria vinculada a los grupos
campesinos de áreas deprimidas. Además, algunas empresas
de producción de cultivos y de distribución de agroquími-
cos y semillas también realizan algunos trabajos de inves-
tigación, aunque con diferente orientación, buscando
responder a sus necesidades propias.

3. Organización y orientación de la investigación

Para describir y analizar estos aspectos se toma como


referencia la organización institucional y la orientación
de la investigación existente en el INIAP, fuente prin-
cipal de tecnologia disponible para los agricultores.
Esta institución fue creada en 1959 e inició sus labores
en 1962, con el mandato de "mejorar la producción de
cultivos y productos alimenticios, cultivos de exportación
y agroindustriat contribuir a la diversificación de la
producción y a la difusión de los resultados de la inves-
tigación; y a preparar personal para la investigación
agropecuaria".
El presupuesto del INIAP se nutre principalmente
con fondos del Estado asignados a través del Ministerio
de Agricultura, MAG, que en los últimos años ha sido
aproximadamente el 10% de su presupuesto total. Este
presupuesto se incrementa con fondos propios generados
por la venta de semillas y por préstamos y donaciones
de varios organismos financieros del exterior.
En lo administrativo, el INIAP es gobernado por un
Consejo de Administración presidido por el Ministro de
Agricultura e integrado por delegados de varios organis-
mos de desarrollo y representantes de los agricultores,
además de su Director General, el cual es nombrado por
el Consejo. La administración central del INIAP se
conduce desde sus oficinas en Quito, sede del Director
General. La administración de la Sierra (región andina)
y el Oriente (región amazónica) también tiene sede en
Quito, mientras que la del Litoral (costa y zonas bajas)
tiene su sede en Guayaquil.
El INIAP cumple sus responsabilidades básicamente
a través de siete estaciones experimentales distribuidas
estratégicamente en áreas de zonas agroecológicas re-
presentativas, cuatro en el Litoral, dos en la Sierra y
una en el Oriente. La investigación en las estaciones
se divide entre los programas, que son fundamentalmente
de mejoramiento genético de los cultivos y actividades
pecuarias (i.e., maíz, cereales, ganadería bovina) y los
departamentos de apoyo, que buscan generar tecnologías
de manejo de las explotaciones (i.e., suelos, entomología,
multiplicación de semillas), todos distribuidos según la
producción y problemática de cada zona de influencia de
las estaciones experimentales. (Véase cuadro 1.)

309
COMBO H* 1 CTIAP» B8TOCICWB8 EXPERIMENTALES (1982)
W
O
UBICACION TAMftfiO HWflOO AflO P B W H U M DB CULTIVOS DEPARTAMENTOS IS APOYO

-Mais -Pastos y -Sualos -Producción


Teoplada 18 k w . 8«. 950 Bas. 110 Oereales Ganadaria
Santa Catalina fría da Quito. -Nutrición da semillas
-Papa y -Porcinos -Fitopatología -Ingeniarla
Hortalitas -Avicultura -Entomología agrícola.
-Leguminosas -Hematología
-Frótalas -Control de

Tropical 14 n u . s.B. 1200 Bas. 64 1963 -Cacao -Pastos y -Suelos -Ingeniería


Plchilingue Bûaada ds Quevedo -Caf< Ganadaria -Fitopatología agrícola.
-Mais -Bntcsologia
-Oleaginosas -Control de
-Toca aalesas
-Banano -Producción de
seaillas.
Tropical 26 Ras. E. 200 Bas. 58 1969 -Arros -Frutales -Suelos -Producción
Boliche da Guayaquil -Algodón -Porcinos -Fitopatología de semillas.
Oleaginosa a -Entomología
-Leguminoaaa -Control da
-Banano «alesas
-Bortalisas
12 KM. B.O. 240 Bas. 36 1962 -Algodón -Pastos y -Suelos -Producción
Tropical da Portoviejo -Mais Ganadaria -Fitopatología ds semillas'
Portoviejo Seca Oleaginosas -Frutales -Entomología
-Leguminosas -Bortalisas -Control da
•atesas:
Subtropical 38 KM. 0. 327 Bas. 28 1963 -Palma africada -Suelos -Laboratorio
de Sto. Bearing0 -Pastos y Gana- -Fitopatología calidad de
Santo Demingo daria -Entomología aceitas
-Porcinos. -Control ds
maleta».

Tropical Entre Lago Á- 980 J -Pastos y


gris y Coca Ganadaria
(Orianta) •Cacao
-Producción da
Cultivos.

TWplada 18tas.M.O. -Cereales


fría da Cuenca •Maíz
Centro Experimental
del "Austro"
-Leguainosaa
-Pastos y Ganadería
Desde su creación, la investigación del INIAP ha
estado orientada por el modelo clásico de investigación
por productos y disciplinas, que mantiene como objetivo
primario el mejoramiento de la productividad del cultivo
o animal. La experimentación se lleva a cabo tanto en
las estaciones experimentales como en los campos de
agricultores, esta última en menor escala a través de
ensayos regionales que fundamentalmente buscan conocer
el potencial de rendimiento de las tecnologias ensayadas
bajo diferentes suelos y climas.
La investigación disciplinaria, característica del
modelo clásico, deriva la generación de paquetes tecno-
lógicos para los diferentes cultivos y actividades de
producción animal, apoyándose en el supuesto de que en
la vecindad de la alternativa tecnológica de mayor
producción los factores controlables (tratamientos expe-
rimentales) se comportan como si fueran aditivos, es
decir, que no interaccionan entre sí en su efecto sobre
el comportamiento y respuesta de la especie investigada
(cultivo o animal), contrario a lo reconocido de que la
respuesta de la especie a los cambios en los niveles de
los factores de producción (controlables e incontrolables)
es de tipo inaditivo, o sea que dichos factores inter-
accionan entre sí. Bajo el indicado supuesto, el espe-
cialista en suelos, por ejemplo, se centra en el problema
de fertilización y mantiene constantes los demás factores
de producción controlables, como el riego, en niveles
agronómicamente óptimos proporcionados por los especia-
listas de otras disciplinas. Así, la investigación
disciplinaria culmina con una lista de alternativas
tecnológicas óptimas parciales que luego se juntan para
integrar un paquete tecnológico óptimo.
La aplicación del modelo clásico en el INIAP ha
tenido éxito en algunos cultivos como Palma Africana y
Soja, entre otros, que ha privilegiado cierta clientela
de agricultores, particularmente los de la agricultura
comercial que practican el cultivo especializado. No ha
ocurrido igual con la agricultura campesina, que agrupa
a la mayoría de agricultores, que practican sistemas de
producción complejos y bajo condiciones de escasez de
recursos. Este subsector de agricultores posee circuns-
tancias y limitaciones agrosocioeconómicas propias que
hacen que el agricultor adopte prácticas tecnológicas
individuales y no paquetes tecnológicos (normalmente de
alto riesgo y costo), lo cual termina desvirtuando el
supuesto de aditividad de la investigación disciplinaria.
Como consecuencia, el agricultor campesino no obtiene los
resultados previstos en la recomendación del paquete
tecnológico.

311
El modelo clásico, adicionalmente, reconoce el
supuesto de que una alternativa tecnológica que prueba
ser superior a otras bajo condiciones de control y manejo
óptimas, como las que persisten en la estación experimen-
tal (buen manejo de la fertilidad del suelo, precisión
en la aplicación de los tratamientos, niveles óptimos
en las demás variables controlables), será igualmente
superior a otras alternativas bajo condiciones no óptimas,
como las que existen bajo las circunstancias del agricul-
tor y sus fincas. Este supuesto ha sido igualmente
desvirtuado en la práctica, cuando las recomendaciones
de los paquetes tecnológicos no han probado ser signi-
ficativamente superiores a las prácticas testigo del
agricultor.

El enfoque de investigación en sistemas


de producción

Experiencias recientes han permitido verificar que mucha


de la tecnología innovada generada por las estaciones ex-
perimentales no es adoptada por el pequeño agricultor,
pero que sí lo es por el agricultor comercial. Esta
conducta diferencial de adopción tecnológica se ha
intentado explicar por diferencias en el acceso a los
servicios de extensión y crédito, en la disponibilidad
de insumos y tamaño de finca, en la reacción a las polí-
ticas de mercadeo y precios, entre otros aspectos; claro
está que medidas como la adecuación de los servicios de
extensión y crédito para el campesino, precios de garantía
y programas de mercadeo, etc., pueden elevar en general
el grado de adopción tecnológica. Sin embargo, se acevera
con evidencias que los pequeños agricultores no adoptan
ciertas tecnologías porque el beneficio adicional espe-
rado de la aplicación de la tecnología es relativamente
insuficiente, debido mayormente a la incompatibilidad
entre ciertos factores agroclimáticos y socioeconómicos
del agricultor y su sistema de producción y los requeri-
mientos de la tecnología propuesta, o dicho de otra
manera, los pequeños agricultores no adoptan las reco-
mendaciones que no son apropiadas a sus circunstancias
y limitaciones.
Este antecedente, y la premisa de que la investi-
gación es útil si y sólo si prueba ser útil al agricultor,
condujo al INIAP a instrumentar una estrategia de inves-
tigación que genere tecnologías que funcionen adecuada-
mente en los sistemas de producción de los campesinos,
aumentando la eficiencia del sistema y los ingresos del
productor. En tal estrategia, denominada de investigación
en producción, las restricciones y posibilidades de mejo-
ramiento vía investigación de los sistemas de producción

312
representativos constituyen la base del diseño de la
experimentación y las circunstancias agrosocioeconómicas
y su medio ambiente juegan un papel central tanto en el
desarrollo como en la evaluación de las alternativas
tecnológicas disponibles.
En este contexto, un sistema de producción agrícola
se constituye por un conjunto de actividades de produc-
ción agropecuaria relacionadas entre sí, que interactúan
de manera compleja a través de diversos factores agro-
biológicos y socioeconómicos al interior y fuera de la
finca, teniendo como elemento central al agricultor y su
familia, cuyas decisiones determinan el funcionamiento
del sistema.
En el proceso de identificación y análisis de los
sistemas de producción y las circunstancias del agricul-
tor se requiere de la participación activa del mismo,
la que no se produce de manera espontánea debido a que
existen barreras en forma de instituciones, actitudes y
políticas, insuficiencias de organización y poder econó-
mico, que impiden que el agricultor exprese su demanda
por nuevas tecnologías y pueda influir en la definición
de las prioridades de investigación. Por lo mismo, el
enfoque de investigación en producción articula al
investigador con el agricultor, dándole voz para opinar
sobre su problemática y requerimientos tecnológicos. Así,
la participación activa del agricultor incorpora su
experiencia y torna realista la investigación, aumentando
las probabilidades de que las tecnologías sean aplicables
de manera estable a nivel de finca. Con su intervención,
el agricultor analiza las restricciones que sus circuns-
tancias imponen al sistema de producción y contribuye a
la identificación de hipótesis de investigación, ayuda en
la ejecución de ensayos a nivel de finca y colabora en
la validación económica y desarrollo de soluciones.
La estrategia de investigación en sistemas condicio-
na la participación del agricultor en colaboración con
el equipo investigador, como mecanismo que instrumenta el
enfoque de investigación "de abajo hacia arriba", que
incorpora sistemáticamente en su diseño las metas y
circunstancias del agricultor. Este enfoque utiliza los
resultados de la investigación con iniciativa "desde
arriba" que se obtienen en las estaciones experimentales
a través de su trabajo por producto y disciplina. En
consecuencia, la investigación en producción en fincas
de agricultores no es sustituto sino complemento de la
investigación en las estaciones experimentales del INIAP.
La idea del enfoque de investigación en producción
es aumentar los ingresos netos del agricultor mediante
el mejoramiento de algunos de los componentes más rele-
vantes del sistema, a través de la remoción de ciertas
barreras a la productividad que permit an resultados dentro
313
del corto plazo y una alta tasa de retorno esperado,
tomando simultáneamente en cuenta las interacciones y
consecuencias sobíe el resto de componentes del sistema.
Los cuellos de botella del sistema, traducidos en priori-
dades del agricultor, y la oferta disponible de componen-
tes tecnológicos, determinan las líneas de investigación
y el diseño del trabajo de mejoramiento del sistema.
Como resultado, se logra no un nuevo sistema sino uno
mejorado, a través de cambios más bien menores de bajo
costo y riesgo.
En la práctica, el trabajo de investigación en
producción se instrumenta con una secuencia de acciones
que se inicia con una etapa de descripción y análisis
(diagnóstico) ejecutada a través de encuestas explora-
torias y formales para identificar las circunstancias
agrosocioeconómicas de los agricultores, las limitaciones
de los sistemas agropecuarios y su flexibilidad; continúa
con una definición de hipótesis de investigación y una
preselección de componentes tecnológicos a la luz de las
circunstancias definidas; prosigue con un conjunto de
experimentos en las propias parcelas de agricultores
representativos, para validar agronómicamente la adapta-
bilidad de los componentes tecnológicos disponibles
seleccionados; al final, un conjunto de acciones de ela-
boración de recomendaciones, difusión y evaluación de
resultados, con la participación adicional de extensio-
nistas, pues la investigación en producción se concibe
como un proceso de generación -transferencia de nuevas
tecnologías, que por tener lugar en las fincas de agri-
cultores, con su participación activa, la transferencia
tecnológica se inicia cuando la generación en sí aún no
ha concluido.
Para el análisis y comprensión de las interacciones
entre los diversos elementos técnicos y humanos y facto-
res agrobiológicos y socioeconómicos del sistema, se
requiere de un equipo multidisciplinario de profesionales
de las estaciones, bajo la coordinación de un especia-
lista en sistemas de producción. En el grupo es impres-
cindibíe la participacíuén de un economista agrícola que
desempeñe un rol ex-ante, contribuyendo en el diseño y
ejecución de las indicadas etapas en la investigación.
Un elemento fundamental en la invest i gft/gjítón con
enfoque de sistemas de producción es definir el o los
dominios de recomendación, es decir, identificar la
clientela de agricultores en grupos representativos, con
sistemas y circunstancias similares, cuyos problemas
pueden ser agrupados y cuyo potencial de adopción de reco-
mendaciones y de desarrollo sea homogéneo, es decir, un
grupo de agricultores para quienes se puede elaborar
las mismas recomendaciones para sus problemas. La
importancia de este paso se origina en la tesis de que
"los agricultores que son homogéneos en cuanto a sus
sistemas de producción se han ido seleccionando por medio
de un largo proceso natural y responden de una manera
parecida a los factores limitantes más importantes que
enfrentan y que les son comunes".
El enfoque de investigación en producción, así
conceptualizado y caracterizado, contribuye al desarrollo
tecnológico y económico del campesino, privilegiando un
desarrollo rural equilibrado, orientado a cerrar la
brecha tecnológica existente entre la agricultura campe-
sina y la comercial.

315
II. EL PROGRAMA DE INVESTIGACION EN PRODUCCION

1. Desarrollo y creación del programa

La estrategia de investigación en producción inicia su


desarrollo en el INIAP a mediados de 1977» con el pro-
pósito de atender la demanda por nuevas tecnologías de
la agricultura campesina y subsanar de esta manera las
dificultades señaladas del modelo clásico de investi-
gación por productos y disciplinas.
Para entonces, el enfoque de investigación en
sistemas de producción había probado ser útil en otras
latitudes. Él INIAP tenía muy poca experiencia en
trabajos bajo condiciones de agricultores y mantenía
su preocupación por desarrollar una investigación capaz
de alcanzar a los pequeños agricultores de una manera
eficiente.
Con el apoyo del Centro Internacional de Mejora-
miento de Maíz y Trigo, CIMMYT, que había logrado un buen
desarrollo conceptual y metodológico y acumulado expe-
riencia en investigación en fincas de agricultores, el
Departamento de Economía Agrícola y el Programa del
Maíz del INIAP iniciaron los trabajos de investigación
con enfoque de sistemas, sin que para ello existiera
una organización institucional específica.
La investigación se inició con un estudio agroso-
cioeconómico de las circunstancias y restricciones de
los sistemas de producción de la agricultura campesina
en la provincia de Imbabura de la Sierra ecuatoriana.
El estudio identificó la demanda por nuevas tecnologías
alrededor de la asociación maíz-frejol, el componente
de producción más relevante de los sistemas estudiados.
Con el Departamento de Economía Agrícola jugando un papel
decisivo en la compilación y manejo de la información, la
experimentación comenzó en el ciclo agrícola 1977-78 y
continuó en el siguiente, bajo dependencia del Programa
de Maíz, con un conjunto de ensayos diseñados con base
en la oferta tecnológica disponible en la Estación
Experimental Santa Catalina.

317
Al final del segundo año de intentar instrumentar
el nuevo enfoque de investigación, se evidenciaron algunas
dificultades que surgían como insuficiencias que imponía
la organización institucional para el funcionamiento del
modelo clásico de investigación. El trabajo con enfoque
de sistemas implicaba circunstancias y líneas de inves-
tigación que iban más allá de la formación profesional
y del mandato del Programa de Maíz e involucraba una
organización y un método diferentes a los aplicados en
la Estación Experimental.
Este antecedente, junto al hecho de que la inves-
tigación en producción ya se había expandido a otras
áreas de concentración campesina, impulsaron la nécesidad
de desarrollar una organización institucional adecuada
que respondiera de manera integral y estable a los
requerimientos del nuevo enfoque de investigación, tanto
en la naturaleza y cobertura de la problemática agrícola
que había de enfrentar como en el método de trabajo y
formación profesional específicos.
Con base en la opinión de técnicos tanto del INIAP
como de otras instituciones, respecto del futuro de la
investigación en producción, con su papel de atender la
demanda tecnológica del pequeño productor y articular la
investigación con la asistencia técnica, se decidió sobre
la conveniencia de establecer una unidad de investigación
con organización propia, administrativamente similar a
la de otros programas y departamentos del INIAP, pero
con ubicación en las zonas de trabajo y con profesionales
formados para el nuevo enfoque de investigación.
La nueva unidad de investigación se organizaba como
una Programa de la División Agropecuaria de las Estaciones
Experimentales, articulado en la fase de generación tec-
nológica con los programas y departamentos de las
Estaciones, y en la fase de transferencia tecnológica con
los organismos de asistencia técnica que laboran en el
medio rural del país. (Ver Diagrama 1. ) Junto con la
decisión de crear el nuevo programa se aprobaron sus
objetivos y metodología de trabajo, que se habían des-
arrollado con base en la experiencia de años anteriores
y considerando las necesidades y posibilidades de la
Institución.

2. Definición y estrategia

El Programa de Investigación en Producción, PIP, se define


como un "programa de transferencia de tecnología, a tra-
vés de la expansión de la investigación en producción en
parcelas de agricultores, enfocado hacia sistemas de
producción".

318
DIAGRAMA 1

INIAP: ESTRUCTURA DE LA DIVISION AGROPECUARIA Y FUNCIONAMIENTO DEL NUEVO PROGRAMA


DE INVESTIGACION EN PRODUCCION

•j ESTACION EXPERIMENTAL -

DEPARTAMENTC )S DE APOYO

- Trigo Suelos
- Maíz Control Malezas
- Papa Nutrición
- Leguminosas Entomología
- Eto. Econ. Agrícola
Etc.

PROG. INVESTIGACION
EN PRODUCCION
Entre loe elementos de estrategia que incorpora el
programa se cuentan los siguientes:
a) Experimentación y transferencia tecnológica a nivel
de fincas de agricultores como dos fases de un solo
proceso.
b) Investigación tecnológica de los componentes y
elementos más relevantes de los sistemas de producción,
desarrollando no un nuevo sistema sino uno mejorado.
c) Participación activa y responsable del agricultor
beneficiario, el pequeño productor.
d) Validación agronómica y económica de los resultados
de investigación disponibles a nivel de estaciones expe-
rimentales.
e) Desarrollo en el corto plazo de tecnologías apro-
piadas.

3. Objetivos

a) Seleccionar y probar en campos de agricultores los


componentes tecnológicos que van siendo generados por
los programas y departamentos de las estaciones experi-
mentales, para su inmediata adaptación o ajuste a las
circunstancias agroclimáticas y sistemas de producción
preponderantes en una región.
b) Proveer información de retroalimentación que oriente
a la investigación que se lleva a cabo en las estaciones
experimentales hacia el desarrollo de nuevos componentes
tecnológicos, como respuesta a las oportunidades y limi-
taciones que se van detectando en los sistemas de pro-
ducción a nivel de los agricultores de una región.
c) Formular alternativas tecnológicas sujetas a una
validación económica, que puedan estar disponible para su
verificación y posterior difusión por parte de los
servicios de extensión y crédito agrícolas.

4. Metodología

La metodología se ilustra idealmente en el Diagrama 2


que expresa el esquema de trabajo que sigue el PIP. En
términos de etapas, la metodología PIP sigue la siguiente
secuencia:
a) Identificación de áreas de trabajo en términos de
"dominios de recomendación", definidos como grupos más o
menos homogéneos de agricultores, con circunstancias
agroéconómicas similares, para cuyos problemas se pueden
elaborar iguales recomendaciones. Esta etapa utiliza
información de fuente secundaria y de una pre-encuesta
que se conduce en el área de trabajo.

320
DIAGRAMA 2 INIAP; ESQUEMA DH TRABAJO DEL PROGRAMA DB INVESTIGACION EN' PRODUCCION

->-1. CONOCIMIENTO DE PRACTICAS DE QUE CULTIVAN


PRODUCCION Y CIRCUNSTANCIAS - COM3 LO CULTIVAN
DE LOS AGRICULTORES - DONDE LO [Link]
PORQUE

II. INVESTIGACION AGRICOLA

DESARROLLO DE NUEVA COMPONENTES •INVESTIGACION EN PRODUC-


TECNOLOGIA "TECNOLOGICOS CION EN PARCELAS DE ACRI
- VARIEDADES CULTORES
- AGROQUIMICOS - EXPERIMENTOS SI 0 NO
- EQUIPOS, MAQUINARIAS RETROALIMENTACION - . EXPERIMENTOS ¿Qué can
(Usualmente bajo con PARA tidad?
dicioncs experimenta - REORIENTAR LA - ENSAYOS PE VERIFICACION
les) INVESTIGACION

III. FORMULACION DE RECOMENDACIONES


BASADAS EN PRUEBAS DE CAMPO

IV. DIFUSION DE LA. TECNOLOGIA

I
V. EVALUACION DE LA REACCION Y ADOPCION DE TECNOLOGIA
POR LOS AGRICULTORES
b) Estudio a través de encuesta de una muestra alea-
toria de pequeños agricultores dentro de los dominios de
recomendación, para analizar sus sistemas de producción,
sus circunstancias agroeconómicas e identificar las
restricciones relevantes a la productividad agrícola.
c) Uso de la información proporcionada por la muestra
(y en años posteriores por los ensayos) para identificar
los componentes tecnológicos prioritarios que presentan
potencial para incrementar la productividad y que son
consistentes con el ámbito de circunstancias del agricul-
tor en los dominios de recomendación.
d) Ejecución de ensayos en parcelas de agricultores
para obtener datos sobre rendimientos y otra información
importante de los componentes tecnológicos seleccionados.
Básicamente los experimentos son de tres tipos: 1) ensayos
multifactorials, para medir las interacciones relevantes
e identificar los factores mas importantes 5 2) ensayos de
niveles, para medir la respuesta a varias dosis de un
insumo; 3) ensayos de verificación, para comparar las
prácticas tecnológicas recomendadas con las prácticas
del agricultor.
e) Simultáneamente con los ensayos en parcelas de
agricultores se realizan estudios sobre las característi-
cas del mercado de agroquímicos, capital, mano de obra y
productos agrícolas, principalmente para determinar
posibles efectos sobre el diseño y adopción de las tecno-
logías ' alternativas.
f) Evaluación económica de las tecnologías alternativas,
analizando combinadamente la información proveniente de
los ensayos, las encuestas y los estudios de mercado
realizados.
El enfoque de sistemas de producción se concreta al
dar consideración explícita a interacciones críticas en
el sistema entre diferentes componentes de cultivos,
actividades pecuarias y labores no agrícolas o entre
diferentes elementos en forma de factores de producción,
que influencian la selección de una tecnología alterna-
tiva dada. La estrategia es comenzar elevando la produc-
tividad y rentabilidad de un cultivo o asociación de
cultivos y después, sobre esta base, incorporar a la
investigación otras actividades y restricciones del
sistema.

5. Organización y funcionamiento

Como quedó señalado, después de dos años de evolución y


desarrollo del enfoque de investigación en producción se
crea el Programa respectivo, PIP, como una unidad inde-
pendiente articulada administrativa y técnicamente a las
Estaciones Experimentales del INIAP, según su cobertura

322
geográfica y con orientación de trabajo hacia el des-
arrollo tecnológico campesino.
El PIP se organizó a nivel nacional, cubriendo a
la fecha once áreas de concentración (cuadro 2), corres-
pondiendo cinco de ellas a áreas de desarrollo rural
integral _1/ con proyectos en ejecución actual. Cada área
PIP cuenta con un equipo técnico pequeño, con un ingeniero
agrónomo como líder responsable y con uno o dos asisten-
tes de investigación, sean estos ingenieros agrónomos,
agrónomos de formación media o egresados de una Facultad
de Agronomía que realizan sus tesis de grado con base
en los experimentos de campo. En total, el PIP cuenta
con l8 técnicos trabajando y residiendo en las diferentes
áreas, provistos de vehículos y equipo necesario, pero
varios de ellos sin oficinas y otros con oficinas faci-
litadas por el Ministerio de Agricultura, MAG.
Durante el primer año de funcionamiento, el PIP
laboró sin una jefatura central, bajo la coordinación
técnica del economista regional del CIMMYT. A partir del
segundo año, el Jefe del Departamento de Economía Agrí-
cola, con sede en Quito, fue nombrado Coordinador Nacional
del PIP, continuando el programa estrechamente vinculado
a la unidad de economía agrícola.
En lo financiero, el PIP no dispone de un presupues-
to específico dentro del INIAP. Sus actividades se fi-
nancian a través del presupuesto de las estaciones expe-
rimentales y principalmente con fondos de un préstamo
del BID, hasta 1982, que financia los salarios de algunos
técnicos, operación de los vehículos, vivienda de los
técnicos que residen en las zonas de trabajo y varios
materiales de campo. Entre 1978 y 1980, además, se
utilizaron US$ 100 000 donados por el Gobierno Suizo, a
través del CIMMYT, para transferencia tecnológica en maíz.
Desde fines de 1981, por medio de un Convenio firmado con
el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, CONACYT,
dentro del Proyecto "Sistema de Transferencia de Tecno-
logía Rural, STTR", el PIP contará con US$ 1 500 000 para
un período de cuatro años, con US$ 700 000 como contra-
parte de la AID, para ejecutar el proyecto "Investigación
y Desarrollo Adaptados al Pequeño Agricultor, IDAPA", que
prevee el reforzamiento de cuatro áreas PIP, tres de
ellas en zonas DRI.
En virtud de que el personal del PIP requiere de
capacitación especializada para el cumplimiento de los
objetivos y aplicación de la metodología, éste posee
entrenamiento teórico-práctico en investigación en pro-
ducción, proporcionado por el programa a través de cursos
diseñados para el efecto.

323
CÜADRO N» 2 PROGRAMA DE INVESTIGACION EN PRODUCCION - ZONAS

NOMBRE Y PROVINCIA AflO CREACION CULTIVOS BASE ESTACION EXPERIMENTAL PARTE PROYECTO
DE BASE 1/ DRi y

1. Imbabura 1977 Maíz, Fréjol Santa Catalina

2. Cayambe (Pichincha) 1977 Trigo Santa Catalina

3. Sur de Loja (Loja ) 1978 Maíz, Yuca, Maní Boliche, Pichilingue X

4. Balsar (Guayas) 1978 Maíz, Yuca pichilingue

5. Samborondõn (Guayas) 1978 Arroz Boliche

6. Quimiag - Penipe 1979 Maíz, Fréjol, Papas Santa Catalina X


(Chimborazo)

7. Carchi 1979 Papas Santa Catalina

8. Manabí 1979 Maíz, Higuerilla, Portoviejò


Zapallo

9. Puerto lia -Chone 1980 Café, Cacao, Maíz Pichilingue , X


(Manabí) Portoviejo

10. Quinindé (Esmeraldas) 1980 Café, Cacao, Maíz Pichilingue X

11. Salcedo (Tungurahua) 1981 Maíz, Fréjol, Cebada Santa Catalina X

1/ En los PXP articulados a dos estaciones, con la segunda existe dependencia técnica unicamente.
2/ Desarrollo Rural Integral.
De los l8 técnicos, 15 son ingenieros agrónomos y
tres son agrónomos con títulos de colegios de agricultura.
Nueve ingenieros pertenecieron a otros programas 'del INIAP
antes de ser transferidos al PIP. Todos los técnicos son
jóvenes con poca experiencia profesional, lo cual, junto
a la relativa poca supervisión de su trabajo de campo,
provocó la preocupación de los técnicos de las estaciones
experimentales y terminó con la creación de mecanismos
de supervisión desde las estaciones, como la presentación
de informes mensuales de cumplimiento y programación de
actividades.
Las responsabilidades centrales de los técnicos
PIP son la recolección y análisis de la información sobre
las circunstancias relevantes de los agricultores y sus
sistemas de producción, la formulación de programas
anuales de experimentación con base en resultados dispo-
nibles a nivel de estaciones, la conducción de los ensa-
yos en los diferentes dominios de recomendación y el
posterior análisis d|B resultados, todo junto a actividades
de retroalimentación. a los programas de cultivos y sus
departamentos de apoyo, elaboración de recomendaciones
y su posterior difusión entre los agricultores benefi-
ciarios. Todas estas actividades, particularmente las
de formulación de experimentos y análisis de resultados,
se llevan a cabo con la participación de los técnicos
de las estaciones.
En cuanto a estas funciones se mantiene un dilema
no resuelto, fundamental para el papel futuro del PIP
dentro del INIAP, que se refiere a la relación entre el
PIP y los demás programas y departamentos de las estacio-
nes. El dilema surge en la delimitación de funciones:
los programas y departamentos mantendrían su trabajo
orientado por cultivos y disciplinas, conducido princi-
palmente en las estaciones experimentales y manteniendo
los ensayos regionales de campo como una primera aproxi-
mación a la variabilidad de suelos y climas; el diseño
de su trabajo sería alimentado con información de retro-
alimentación del PIP. El nuevo programa PIP tendría
como función la continuación de la generación tecnológica
en los campos de los agricultores, bajo sus circunstancias,
a través de la validación agronómica y económica de las
alternativas tecnológicas disponibles en las estaciones
y potencialmente aplicables a los problemas de los campe-
sinos, y la aplicación de la fase de transferencia
tecnológica vía mecanismos de extensión del MAG.
Este esquema de funciones otorga al PIP responsa-
bilidad crucial en la elaboración de las recomendaciones
tecnológicas del INIAP y en su posterior difusión. Los
programas y departamentos de las estaciones han cuestio-
nado este esquema y, a la luz de una serie de argumentos,

325
opinan que el papel del PIP debe ser apoyar el trabajo de
los programas y departamentos de las estaciones y actuar
más como un colaborador que como un innovador tecnológico
definido.
No obstante la incertidumbre en la delimitación de
funciones y la consecuente dificultad en el funcionamiento
del PIP, éste logra con su trabajo resultados que están
probando ser útiles a los pequeños agricultores. Vale
destacar, sin embargo, que para no desvirtuar el enfoque
de investigación en sistemas de producción en fincas de
agricultores, su filosofía, conceptos y metodología
deberán ser cuidadosamente estudiados en su relación con
el modelo clásico de investigación y su organización
institucional asociada.

326
III. EL CAMPESINO: CARACTERIZACION Y DEMANDA
TECNOLOGICA AGROPECUARIA

1. La agricultura campesina

El sector agropecuario del país opera en el marco de una


dualidad estructural de su economía, expresada por la
coexistencia de, por un lado, una agricultura comercial-
empresarial con altos niveles de productividad e ingresos
de capital y, por otro lado, una agricultura campesina,
mayormente de subsistencia, que enfrenta bajos niveles
de productividad e ingresos de capital y que no participa
del progreso socioeconómico del resto de la economía.
No requiere mayor argumentación aceverar que la
agricultura campesina funciona con tecnologías altamente
tradicionales, con poco acceso a tecnologías modernas,
capital y servicios y que, frente a la prevalencia de
inadecuadas relaciones de precios entre sus recursos y
productos que consume y con políticas inconsistentes con
su realidad, convive con un crónico estancamiento tecno-
lógico y marcada situación de pobreza.
De cifras disponibles para maíz y trigo, por
ejemplo, se estima que los rendimientos en la agricultura
campesina son del orden del 30$ de los logrados por la
agricultura comercial, diferencia que se explica por la
amplia brecha tecnológica existente entre estos dos tipos
de agricultura y que tiene su origen en varias causas,
reconociéndose como fundamentales las diferencias de
acceso a capital y servicios agropecuarios y las insufi-
ciencias de la oferta tecnológica que no se ajusta a las
características de la demanda tecnológica del pequeño
agricultor.
La agricultura campesina, de otra parte, enfrenta
el problema de la irregular estructura de la tenencia
de la tierra, por lo cual se encuentra totalmente concen-
trada en el minifundio. Aproximadamente el 28% de las
familias rurales poseen menos dé una hectárea y el 39$
tiene de una a cinco hectáreas; y estas dos categorías,
que constituyen el 67% de las unidades agrícolas del país,
poseen en total menos del 7% de toda la tierra agrícola.
En contraste, las fincas de más de 50 hectáreas controlan
alrededor del 66% de la tierra, aunque constituyen apenas
el 6.5% del total de las unidades agrícolas.

327
La situación anterior está asociada a una serie de
características y problemas: la mayoría campesina está
localizada en tierras marginales de baja fertilidad, sin
infraestructura productiva y de difícil acceso, con barre
ras culturales, de organización y de poder económico,
entre otras dificultades, lo cual en conjunto hace que la
búsqueda de soluciones a sus restricciones sea completa.
Como consecuencia, su escasa producción individual es
mayormente de subsistencia, con pocos excedentes para el
mercado y su ingreso agrícola es insuficiente e inestable
lo cual ultimadamente forza al campesino a complementar
sus ingresos transfiriendo su mano de obra a actividades
no agrícolas, mayormente migrando a las ciudades en donde
su problema de marginalidad tampoco es resuelto.
En general, los problemas del campesino, sea éste
pequeño agricultor o trabajador agrícola sin tierras,
son complejos, altamente interrelacionados y su solución
no se limita únicamente a la dimensión del desarrollo
tecnológico agropecuario. Por esta razón, el Gobierno
del Ecuador a través de su Plan Nacional de Desarrollo,
instruye un enfoque global de acciones definidas en la
estrategia de Desarrollo Sural Integral, DRI, de la que
la investigación agropecuaria es uno de sus componentes
fundamentales.

2. Caracterización del pequeño agricultor

En la orientación y diseño del desarrollo tecnológico


campesino es fundamental identificar, por lo menos intui-
tivamente, al pequeño agricultor, cliente importante del
esfuerzo de generación y transferencia de nuevas tecnolo-
gias agropecuarias. Entre las características relevantes
comúnmente compartidas por este mayoritario subsector
de agricultores se encuentran las siguientes:
a) Escasa disponibilidad de recursos, principalmente
de tierra (calidad y cantidad) y capital. Mano de obra
familiar también se estima limitada en el sentido de un
costo de oportunidad alto.
Esta circunstancia deriva ingresos insuficientes
que conducen al wampesino a incursionar en actividades
extrafinca, ya sea como asalariado rural o urbano o
ampliando su capacidad de producción a través de formas
de tenencia precaria de la tierra, como la producción
"al partir" y aparcerías.
b) Acceso limitado a recursos productivos, como
capital en forma de crédito agrícola e insumos básicos
en forma de semillas certificadas y agroquímicos, y a
servicios institucionales como capacitación agropecuaria
y asistencia técnica. Esta limitación se origina princi-
palmente en su escala de producción pequeña, en sus

328
sistemas de producción complejos, en sus insuficiencias
de organización, asociación y educación y en la falta de
infraestructura para la producción y comercialización.
La disponibilidad de tecnologías apropiadas para el
campesino constituye condición necesaria pero no suficien-
te, en la medida que el desarrollo tecnológico requiere
que la barrera de acceso a los recursos y servicios seña-
lados sea removida.
c) Producción agrícola mayormente de subsistencia, con
reducidos excedentes para el mercado. Aumentos en la
producción pueden ser capitalizados vía mayor autoconsumo
o ventas al mercado, sin embargo, debido a la naturaleza
inelástica de la demanda de productos agrícolas, una mayor
oferta de productos se traduce en menores precios e
ingresos para el agricultor. De otra parte, mejores
precios y condiciones de mercado, sin aumentos en la
productividad, son medidas que benefician muy poco al
pequeño agricultor por su escasa producción para el
mercado.
d) Alta racionalidad y eficiencia económica en la
asignación de sus recursos escasos y funcionamiento de su
relativamente complejo sistema de producción (cultivo de
varios productos que requieren diversos arreglos de los
factores de producción en relación con cada producto).
Usualmente, las relaciones factor-factor y factor-
producto que utilizan los pequeños agricultores se encuen-
tran en la vecindad de los óptimos económicos, dada su
disponibilidad limitada de recursos y escala pequeña de
producción que ellos poseen. Consecuentemente, son limi-
tadas las oportunidades de mejorar la eficiencia econó-
mica de sus sistemas de producción vía un rearreglo de
sus recursos disponibles. La alternativa que se presenta
para la investigación agronómica es generar tecnologías
de sustitución, como una nueva variedad, y tecnologías
de inversión baja, como un nuevo método de bajo costo
para controlar una plaga.
e) Una demanda latente por tecnologías para mejorar
sus sistemas de producción, que no se autoexpresa como
consecuencia de su falta de poder económico y político
y que requiere de procedimientos adecuados para su
identificación.
Esta característica explica la observada desarticu-
lación, en la dimensión de la agricultura campesina,
entre la oferta tecnológica, es decir, las tecnologías
generadas por la investigación, y la demanda tecnológica,
es decir las tecnologías requeridas por el agricultor.

329
3. La demanda por nuevas tecnologias: el caso de la
zona de Imbabura del Ecuador

La naturaleza latente de la demanda por nuevas tecnolo-


gías que posee el pequeño agricultor requiere de proce-
dimientos sistemáticos para su correcta identificación.
Este tipo de procedimientos se incorpora en el enfoque de
investigación en sistemas de producción, cuya estrategia
"de abajo hacia arriba" permite determinar y analizar,
con la participación del pequeño agricultor, sus reque-
rimientos tecnológicos y plantear hipótesis de investi-
gación que orientan el subsecuente diseño y generación
de nuevas tecnologías.
El caso de la zona de Imbabura, un área agricola-
mente antigua y con alta concentración campesina, permite
ilustrar la identificación de la demanda tecnológica de
los pequeños agricultores, en forma de oportunidades de
desarrollo e- investigación.
En la zona se realizó una encuesta en 19771 utili-
zando una muestra aleatoria de agricultores pequeños,
con la participación del Programa de Maíz y del Departa-
mento de Economía Agrícola del INIAP y del Programa de
Economía del CIMMYT, cuyos resultados se reportaron en
un informe sobre las prácticas de producción y perfil
socioeconómico de los pequeños agricultores, señalándose
las oportunidades y limitaciones de los sistemas de
producción tanto para la investigación a nivel de finca
como para orientar la investigación a nivel de estaciones
experimentales hacia los requerimientos del agricultor
representativo.
El análisis de los sistemas de producción represen-
tativos indicó que el 92% de los agricultores cultivaba
maíz asociado con fréjol, de manera continuada, en ciclo
de ocho meses. Otros cultivos como habas, arvejas,
trigo, cebada, entre otros, eran menores o eventuales.
Las siembras ocurrían en terrenos relativamente planos,
preparados con yunta de bueyes, fertilizados en muchos
casos con abono orgánico y un buen número con acceso a
riego. La mayoría autoconsumía su producción, almace-
nando el maíz en mazorca (80#), sin previo secado y
enfrentando pérdidas. Sus ingresos provenían de las
ventas de algo de su producción agrícola y de animales
menores, complementando con trabajo asalariado agrícola
y no agrícola.
En general, dada la escasez relativa de capital y
tierra, la tecnología a generarse debía ser simultánea-
mente ahorradora de capital de operación y ahorradora
de tierra (aumento de la productividad por unidad de
superficie); tales alternativas enfatizan la necesidad
de tecnologías de sustitución, ésto es nuevas variedades
330
y prácticas agronómicas mejoradas, y tecnologias de baja
inversion adicional, como métodos de bajo costo para
control de plagas y enfermedades. Si bien la mano de
obra era un recurso menos escaso (k0% reportó escasez
en la época de control manual de malezas), la tecnología
debía ser intensiva en mano de obra, suficientemente
rentable, en consistencia con su relativamente alto costo
de oportunidad y usos alternativos.
El principal requerimiento tecnológico identificado
(80% de agricultores) fue por variedades precoces de maíz,
que maduren por lo menos un mes más temprano, con miras
a lograr dos cosechas al año: la asociación maíz-frejol
seguida de arveja u otro cultivo de ciclo corto. Esta
información no coincidía con la creencia previa de que la
preferencia por precocidad se asociaba a la venta de
"choclo" (maíz tierno en mazorca), lo que era así para
ciertos agricultores no necesariamente representativos.
De los agricultores que requerían precocidad, un 60%
sacrificaría rendimiento actual a cambio de un ciclo
reducido en semanas. Esta información fue incorpora-
da como criterio de selección de las variedades precoces
a prueba, considerando a aquellas con la precocidad seña-
lada y con hasta un 20% de reducción en rendimiento
frente a las variedades criollas.
Consistentemente, otro requerimiento tecnológico
implícito era la necesidad de variedades de fréjol precoz,
que hagan posible el cultivo asociado y que posean las
características de tamaño y color que demanda el campesi-
no. Más tarde se vería que este requerimiento involu-
craba ciertas características de hábito de crecimiento
y follaje compatibles con la arquitectura de planta de
las variedades de maíz precoz.
Para hacer posible la rotación requerida, el culti-
vo de arveja surgía como factible y deseado por los agri-
cultores. Nacía entonces la demanda por una variedad y
prácticas de cultivo adecuadas a la nueva circunstancia,
toda vez que en la zona la experiencia con arveja era en
monocultivo.
Otro requerimiento tecnológico surgió del problema
de incidencia de malezas en el cultivo de maíz-frejol,
que era controlado manualmente, derivando problemas de
escasez estacional de mano de obra. Las tecnologías
disponibles de control químico no eran una alternativa,
debido a que las malezas son utilizadas para alimentación
animal (70% de casos). De modo que el requerimiento era
por tecnologías que reduzcan el uso de mano de obra ya
sea sin destruir las malezas alimento o proveyendo un
sustituto de alimento como las hojas de la misma planta
de maíz, lo cual requiere de tecnologías de uso integral
de la planta.

331
La mayoría de agricult res (92%) reportó daños
"menores" por ataque del insecto "cogollero" y muy pocos
(5%) realizaban algún control químico. Sin embargo, la
evidencia de pérdidas de hasta un 15% determinaba una opor_
tunidad de mejorar el rendimiento en hasta 220 kg, con una
tecnólogía de control cuyo costo equivalente podía ser de
175 kg o menos de grano.
Otros requerimientos tecnológicos fueron identifi-
cados con relación a los siguientes aspectos: métodos de
preparación del suelo, los agricultures lo hacen en un
50% con yunta de bueyes alquilada, lo que crea dificulta
des con la fecha de siembra y sugiere el desarrollo de
tecnologías alternativas, como siembra sin labranza del
suelo, método que tendría una ventaja adicional sobre la
conservación del suelo. Métodos de almacenamiento: la
mayoría de los agricultores almacena el maíz en mazorca
y alrededor del 70% reporta pérdidas. Tecnologías de
fertilización: el 60% de los agricultores fertiliza el
suelo mayormente con abonos orgánicos, pero persiste el
problema de baja fertilidad; se requiere tecnología de
fertilización química complementaria que eleve eficiente
mente los rendimientos.
Los requerimientos tecnológicos señalados refle-
jan en buena medida el tipo de demanda del pequeño agri-
cultor por nuevas tecnologías, cuya identificación se
logró con el enfoque de análisis de sistemas de producción.

332
IV. INVESTIGACION EN PRODUCCION: EXPERIMENTACION
Y RESULTADOS EN LA ZONA DE IMBABURA
DEL ECUADOR

El propósito de la investigación en producción del PIP en


Imbabura ha sido generar una oferta tecnológica consisten-
te con la demanda por nuevas tecnologías del pequeño
agricultor, identificada a través del análisis de sus
circunstancias y sistemas de producción, principalmente
a través de la validación económica y agronómica a nivel
de finca de las tecnologías disponibles en la Estación
Experimental "Santa Catalina".
Los ensayos se iniciaron en el ciclo agrícola 1977-
78, con experimentación orientada a tres dominios de
recomendación, denominados Ibarra, Otavalo y Cotacachi.
El equipo del PIP que ha trabajado en la zona lo integran
dos ingeniemos agrónomos y un asistente agrónomo. Los
técnicos de la Estación han visitado los ensayos para
observar las respuestas a los tratamientos y las reaccio-
nes de los agricultores; igualmente han participado en el
análisis de resultados y diseño de la programación de
ensayos.
En algunos años las condiciones del clima fueron
desastrozas para la investigación en fincas de agricul-
tores. La sequía en particular, junto con otros factores
como la destrucción por animales, causaron la pérdida
total de numerosos ensayos, lo cual, ultimadamente consti-
tuyen circunstancias del agricultor que dificultan la
obtención de soluciones para sus problemas.
La experiencia de la investigación en producción
en la zona de Imbabura es más abundante que en las otras
zonas, razón que sugiere narrar su caso y que se logra
bien al hacerlo a través de dos de sus seis áreas
relevantes de investigación.

1. Variedades precoces en la asociación maíz-frejol

En el ciclo 1977-78 se iniciaron los experimentos con


tres materiales precoces del Programa de Maíz, los que
bajo condiciones del agricultor redujeron el ciclo de
cultivo en ^5-55 días en promedio, aunque con rendimientos
un 15$ por debajo de la variedad local, lo cual estaba

333
dentro de lo previsto. El tipo y textura del grano,
tanto en blanco como en amarillo, fueron aceptados por
parte del agricultor. Las variedades de fréjol criollas
con las que se asoció el maíz fueron demasiado agresivas
para la arquitectura de planta de los materiales preco-
ces, con consecuencias de vuelco y pérdida de rendimiento
para el maíz.
Estos resultados permitieron retroalimentar la inves-
tigación de la Estación Experimental. Al Programa de
Maíz se recomendó fortalecer la arquitectura de planta de
los materiales precoces para que soportaran la asociación
con frejoles locales, brindando así mayor flexibilidad
en el uso de las nuevas variedades. Al Programa de
Leguminosas se recomendó desarrollar materiales precoces
de fréjol con hábito de crecimiento más bajo, sobre lo
cual el programa no había trabajado todavía.
En el ciclo siguiente el PIP continuó probando las
líneas precoces de maíz, incorporando un material semi-
precoz amarillo con mejor [Link] planta para la
asociación con fréjol, manteniendo el objetivo de la
doble cosecha. Este material semiprecoz tuvo buen com-
portamiento, excepto por su gran variabilidad en la
maduración, por lo que fue enviado a la Estación para que
vía mejoramiento se eliminara esta dificultad. Simultá-
neamente se probaron cuatro líneas de fréjol de ciclo
corto, menos agresivas que las variedades locales, pro-
vistas por el Programa de Leguminosas y el CIAT. La
sequía afectó los ensayos, sin embargo, se logró observar
cierta bondad de dos de las líneas de fréjol probadas.
Se recomendó a la Estación enfatizar el trabajo sobre
variedades precoces de fréjol en busca de mayor número de
líneas disponibles, de baja agresividad y resistentes a
enfermedades.
Al final del segundo ciclo las variedades precoces
de maíz continuaron mostrando un comportamiento promi-
sorio. No obstante, el material precoz amarillo suave
("compuesto amarillo harinoso") presentó gran variabi-
lidad al interior de las parcelas y fue enviado a la
Estación para proseguir el trabajo de fitomejoramiento.
El material blanco suave (INIAP 101), a pesar de requerir
un poco más de tiempo en cocción que el maíz local y de
mostrar cierta susceptibilidad al ataque de plagas
durante el almacenamiento, fue aceptado con entusiasmo
por los agricultores colaboradores. Lo anterior sugirió
repartir la variedad a un grupo de agricultores para que
la sembraran y manejaran a su manera. Esta etapa, entre
investigación y difusión, perseguía estudiar con una
muestra más grande las reacciones de los agricultores a
la variedad y evaluar mejor las dificultades señaladas
anteriormente.
334
En cuanto a los dominios de recomendación, las
variedades tenían un comportamiento diferencial. La
variedad "INIAP 101" había reafirmado buena respuesta en
el dominio Otavalo, por lo que en el ciclo 1979-80 se
probó en parcelas de verificación conjuntamente con otros
componentes tecnológicos, frente a la variedad y prácticas
locales. En esta etapa final, la variedad "INIAP 101" con
la fertilización 80 kg nitrógeno-40 kg fósforo, dio
buenos resultados y se realizaron días de campo para
comenzar la difusión de esta recomendación.
En el ciclo I98O-8I se continuaron los ensayos de
variedades, con énfasis en los dominios de Ibarra y
Cotacachi. Simultáneamente se probaron nuevos materiales
precoces de fréjol proporcionados por el Programa de
Leguminosas, que para entonces, por recomendación del
PIP, ya había iniciado los trabajos con arveja para la
rotación maíz-frejol/arveja. En el dominio Ibarra la
variedad "INIAP 101" logró resultados buenos en compara-
ción con los años anteriores, obteniendo el mismo rendi-
miento que la variedad local, bajo diferentes niveles de
fertilización, pero permitiendo la ganancia neta de la
precocidad, lo cual hacía factible la obtención de una
segunda cosecha con arveja.
Los estudios de variedades precoces para la asocia-
ción maíz y fréjol continuaron en el ciclo 1981-82,
cambiando el énfasis a fréjol del que se incorporaron
nuevos materiales dentro de un esquema de evaluación más
sistemático, previendo la siembra de arveja como cultivo
de rotación. En este ciclo se inició la distribución
promocional y seguimiento de la variedad "INIAP 101" para
evaluar extensivamente su comportamiento y, sobre todo,
observar cómo el agricultor aprovechaba la deseada preco-
cidad de la variedad dentro de sus sistemas de producción.
Utilizando un registro de seguimiento, el PIP mantiene
contacto con una muestra representativa de 30 agricultores
en los tres dominios estudiados. Si bien el trabajo
experimental se orientó a la rotación maíz-frejol/arveja,
se conoce que algunos agricultores rotan el maíz "INIAP
101" con papa o trigo, y que otros ensayan más con la
fecha de siembra. Bajo la coordinación del PIP, la
Empresa Mixta de Semillas procesó la variedad en fundas
de 10 kg la cual fue distribuida a través de las
oficinas del Ministerio de Agricultura.

335
2. Fertilización química

El propósito era buscar niveles de fertilización económicos


y de bajo riesgo, pues hasta entonces las recomendaciones
se formulaban mayormente con base en análisis de suelos,
que resultaban muchas veces en tecnologías de alto costo
y riesgo, no consistentes con las circunstancias del pe-
queño agricultor.
La investigación en fertilización comenzó probando
varios niveles de nitrógeno y fósforo, con los demás fac_
tores al nivel de manejo del agricultor, considerando que
un alto porcentaje de agricultores aplicaba abono orgánico
al suelo.
En el primer ciclo no hubo respuesta a los trata-
mientos, mayormente debido a la sequía, que afectó con
más fuerza los dominios de Ibarra y Cotacachi.
En el siguiente ciclo 1978-79» con sugerencias del
Departamento de Suelos de. la Estación, se diseñaron dos
tipos de ensayos, uno de fertilización básica en arreglo
k
factorial 2 , con nitrógeno (N), fósforo (P^O^), manganeso
y zinc como factores, y otro de fertilización fraccionada,
que consisto en dividir la recomendación provista por el
análisis de suelos en 1/^, 1/2 y 3/b. Del tipo factorial
se condujo un solo ensayo en el dominio Otavalo, en el que
f u e
la interacción N x marcada, así como el
retorno económico del tratamiento 80 kgr N y kO Kgr ^O,.;
la contribución de los microelementos fue muy marginal.
En el mismo dominio Otavalo se condujeron dos ensayos de
fertilización fraccionada, en los que el tratamiento
20 kgr N y 20 kgr PjO^, m ® s a ^ o n o orgánico, fue el único
que superó desde el punto de vista económico al testigo
con abono orgánico. Considerando la contribución de
nutrientes del abono orgánico, se estimó que los niveles
de fertilización económicamente factibles se encontrarían
en los intervalos 50-80kgr para N y 20-^0 kgr para
Con base en estos resultados, la recomendación 80kgr N y
ifOkgr P_0,_ sería la fertilización a utilizarse en los
2 5
ensayos de verificación tecnológica en el dominio Otavalo.
En el ciclo 1979-80 el tratamiento de fertilización
80 kgr N-40kgr P_0C reafirmó su bondad en el dominio
2 5
Otavalo. En el mismo dominio, en los ensayos de verifica-
ción tecnológica, este tratamiento de fertilización junto
con la variedad "INIAP 101" dieron buenos resultados y
generaron una recomendación, cuya difusión se inició

336
de inmediato a través de días de campo y, posteriormente,
a través del servicio de extension del Ministerio de
Agricultura.
En los otros dos dominios los resultados promisorios
fueron escasos debido a la pérdida de ensayos; sin embar-
go, en el dominio Cotacachi el tratamiento de nitrógeno
solo en los ensayos de niveles mostró buen comportamiento.
La falta de buenos resultados en los dominios Ibarra y
Cotacachi hizo que en el ciclo 198O-81 se examinara sis-
temáticamente la información generada hasta ese momento,
utilizando en el diseño la matriz Plan Puebla II. Con la
variedad "INIAP 101" en cultivo, se definieron los lími-
tes superior e inferior de fertilización con base en la
información de ciclos anteriores, determinando un espacio
cu
de exploración para N y ^ r í a l a s combinaciones
de tratamientos más apropiados. El tratamiento 30 kg
N y 28 kg -^2^5 P r e s e n ^ ° I a tasa de retorno más alta,
reflejando claramente la contribución marginal del fósforo
en ambos dominios. Otros tratamientos fueron también
rentables.
Los ensayos de fertilización continúan en el ciclo
1981-82 con la matriz Plan Puebla II, con el propósito
de evaluar mejor algunos resultados promisorios del ciclo
anterior en las relaciones N-P^O^ para los dominios de
Ibarra y Cotacachi. Estos ensayos preveen evaluar de
manera sistemática el cultivo de arveja después de la
cosecha de maíz-frejol, en las mismas parcelas, lo que
permitirá examinar la respuesta a la fertilidad residual
para los mismos tratamientos. El objetivo es generar una
recomendación de fertilifei&«4ón apropiada para la rotación
maíz-frejol/arveja.

337
V. PROGRESO Y DIFICULTADES EN LA INSTITUCIONALIZACION
DE LA ESTRATEGIA
1. Dimension del progreso

Durante los cuatro años de evolución del desarrollo e


institucionalización de la estrategia de investigación
en producción se han obtenido importantes logros que,
en lo fundamental, se resumen en lo siguiente:
a) La creación oficial del Programa de Investigación
en Producción, PIP, constituye el hito decisivo en la
institucionalización de la estrategia de generación de
tecnologías agropecuarias con enfoque de sistemas, hecho
que, como quedó señalado, tuvo lugar después de trans-
currir una etapa de prueba y entendimiento institucional
de la orientación, conceptos y metodología involucrados
en el nuevo modelo de investigación.
Al interior del INIAP, el PIP ha sido aceptado como
un mecanismo institucional complementario al trabajo de
las estaciones experimentales, destinado a solucionar
las insuficiencias y dificultades identificadas en el
modelo clásico de investigación por productos y discipli-
nas, particularmente para validar agronómica y económi-
camente bajo circunstancias de los agricultores las
tecnologías disponibles en las estaciones, para propor-
cionar información sobre los agricultores y sus problemas
a los investigadores de las estaciones, y sobre todo, para
establecer una presencia del INIAP en las áreas de con-
centración campesina. Mas, la estrategia se proyecta
como una bien definida contribución para una nueva di-
rección de la investigación agropecuaria, que mantiene
como orientación al agricultor y que evalúa su éxito en
función de la utilidad de sus resultados para el agricul-
tor beneficiario.
Gradualmente el PIP mejora su articulación con el
funcionamiento de los programas y departamentos de las
estaciones, procurando cada vez mejorar la participación
interdisciplinaria en el diseño y aprobación de sus
programas de trabajo y logrando una relativamente lenta
pero creciente asignación adicional de recursos para
expandir y fortalecer su cobertura.

339
b) La consistencia de las acciones del PIP con las
políticas de desarrollo tecnológico dirigidas al subsector
campesino ha derivado un creciente estímulo, respaldo y
demanda de trabajo colaborativo por parte de las institu-
ciones de desarrollo rural del país, particularmente de la
Secretaría de Desarrollo Rural Integral, SEDRI, y del
Ministerio de Agricultura y Ganadería, MAG. Como quedó
indicado, el PIP está adecuadamente articulado, aunque
todavía con cobertura insuficiente, al Sistema de Trans-
ferencia de Tecnología Rural, a través del Proyecto del
mismo nombre, STTR, y al servicio de extensión del MAG,
por medio de diversas actividades colaborativas a nivel
de campos de agricultores.
c) La difusión de la filosofía y estrategia del PIP
ha logrado resultados importantes a través de los cursos
de investigación en producción, dirigidos a capacitar a
técnicos de campo de los organismos de investigación y
desarrollo rural del país, con la finalidad de expandir
y fortalecer la capacidad del trabajo colaborativo entre
estos técnicos y los del PIP, en sus diferentes zonas de
accióíi. En este aspecto, el PIP ha adiestrado 75 técnicos
en tres cursos teórico-prácticos, diseñados por etapas
que cubren las diferentes fases de la metodología y del
cultivo. Así, las relaciones de trabajo a nivel de campo
han sido mejoradas con diversas instituciones, como el
MAG, el Programa Nacional de Cereales, la SEDRI, el
Programa Regional para el Desarrollo del Sur del Ecuador,
PREDESUR, la Central Ecuatoriana de Servicios Agrícolas,
CESA y el mismo INIAP, a través de sus estaciones expe-
rimentales.
d) El PIP, además, ha logrado captar el interés, estí-
mulo y apoyo de varios organismos internacionales de
financiamiento e investigación.
Como quedó señalado en la sección II-5» el BID, a
través del segundo .préstamos de fortalecimiento institu-
cional al INIAP, apoyó fuertemente el desarrollo inicial
del programa, habiéndose previsto la incorporación de 40
técnicos, junto con el financiamiento de varios rubros de
inversión y operación; mas, debido mayormente a la falta
de fondos de contraparte, esta meta sólo se cumplió en un
25%. La AID igualmente, con fondos no reembolsables y a
través del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología,
CONACYT, está apoyando hasta 1985 el fortalecimiento y
expansión del PIP en varias zonas campesinas prioritarias.
Adicionalmente, varios organismos internacionales
de investigación han concretado trabajos colaborativos
con el PIP, principalmente el CIMMYT, que además de su
aporte ya señalado al desarrollo metodológico, ha apoyado
fuertemente las actividades de investigación y capacitación
y el CIP, que ha colaborado en el PIP de la zona de Carchi

340
con actividades de entrenamiento técnico y apoyo a las
acciones de investigación.
En realidad, el progreso logrado en la institucio-
nalización de la estrategia PIP puede resumirse como
bueno, pues ha generado una demanda por sus servicios que
va más allá de su capacidad de ejecución.

2. Dimensión de las dificultades

Desde un principio se reconocia la dificultad de institu-


cionalizar el nuevo enfoque de investigación en el INIAP,
pues se trataba de desarrollar y articular una unidad de
investigación con orientación y fundamentos metodológicos
muy discímiles a los establecidos en la institución, que
aplica el modelo clásico de investigación y que no podia
ser modificada, dada la magnitud de su infraestructura,
recursos y organización afines.
Transcurridos cuatro años de evolución del PIP, aún
persiste un buen número de dificultades al interior
del INIAP, cuya solución es fundamental para el futuro
del programa y que al momento se traducen en una falta de
compromiso y apoyo definidos, que reducen la agilidad y
eficiencia de ejecución de ciertas instancias de funcio-
namiento del programa.
Entre las dificultades se encuentran las siguientes
a) Para que la investigación con enfoque de sistemas
de producción, con orientación hacia el agricultor, opere
articuladamente con la investigación con enfoque por
productos y disciplinas, con su orientación hacia la pro-
ductividad, se requiere tanto de una concertación en la
instancia filosófica como de un acuerdo en los aspectos
metodológicos y de funcionamiento. En la práctica esto
no se ha logrado adecuadamente, persistiendo la rigidez
del modelo clásico de investigación, con el enfoque de
sistemas en actitud de ajuste y convivencia con las difi-
cultades que se derivan de las inconsistencias entre los
dos enfoques.
b) Comunicación entre el PIP y las unidades de inves-
tigación de las estaciones experimentales. A la circuns-
tancia de que el diseño de la investigación en el PIP es
"de abajo hacia arriba", por el cual la información del
agricultor es la que decide qué investigar, que se opone
al diseño "de arriba hacia abajo" aplicando en las esta-
ciones, por el cual el técnico decide lo qie es bueno y
necesario para el agricultor con base en su reducido
ámbito de información sobre el producto o disciplina, se
agrega el hecho de que no existe definido un mecanismo
adecuado de comunicación y trabajo interdisciplinarios
para las fases de diseño y evaluación de la investigación
en campo de agricultores. Si bien se ha procurado supe-
rar esta dificultad por medio de intercambio de reportes,
reuniones de revisión de los planes de trabajo y entrevis-
tas personales que procuran los técnicos del PIP, el
problema de comunicación continúa sin solución, y esta
dificultad persiste aun al interior de las estaciones,
donde se evidencia poca colaboración entre los programas
y departamentos; por ejemplo, las recomendaciones tecno-
lógicas son desarrolladas separadamente por cada programa
y departamento, y la ejecución de proyectos individuales
de investigación no dispone de un mecanismo adecuado que
permita una participación interdisciplinaria sistemática.
c) Evaluación de tecnologias y elaboración de recomen-
daciones. En este aspecto la dificultad es en dos
sentidos. En el primero, la evaluación bajo el manejo y
circunstancias del agricultor de las tecnologías disponi-
bles en las estaciones muchas veces concluye en el rechazo
de las tecnologías propuestas, lo cual genera un desencan-
to y el argumento de que al insistir en pruebas bajo esas
condiciones, las tecnologías no reciben la oportunidad de
mostrar su potencial real y que, consecuentemente, el
agricultor no puede observar la bondad de las innovaciones
tecnológicas. En el segundo, el PIP considera que por
conducir la validación y ajuste final de las tecnologías
disponibles, su responsabilidad debe incluir la elabora-
ción de recomendaciones, lo cual no es aceptado por los
técnicos de las estaciones. Según los procedimientos del
INIAP, las recomendaciones propuestas por lor programas
y departamentos de las estaciones son aprobadas por un
comité técnico y difundidas por el mismo programa o de-
partamento a través de publicaciones, días de campo y
cursos. El PIP argumenta que esas recomendaciones son
producidas con base en información parcial y sin adecuada
validación económica. El dilema es quién debe ser el
autor de la recomendación, sobre el cual surgen tres
posibilidades: una, que sea el PIP el que cumpla esta
responsabilidad; otra, que sean los programas y departa-
mentos de la estación los que elaboren las recomendaciones
utilizando para ello la información que genere el PIP; y
por último, que sea un comité técnico especial el que
asuma la responsabilidad, considerando toda la información
disponible.
d) Capacitación de los técnicos del PIP. Dada la
juventud del programa y la circunstancia de que sus téc-
nicos son de una especialización nueva, todo su equipo
está integrado por profesionales jóvenes, con relativa
poca experiencia y sin capacitación formal de post-grado,
la que circunstancialmente no existe disponible en esta
especialidad. Por lo anterior, para algunos, los técnicos
del PIP no poseen la información y experiencia adecuadas
para asumir decisiones importantes sobre generación tecno-
lógica, en comparación a los técnicos de las estaciones

342
que en promedio no enfrentan esta insuficiencia. Según
un criterio importante del INIAP, las oportunidades de
entrenamiento de post-grado de largo plazo corresponden
a los técnicos más antiguos, lo que ha contribuido a que
todavía ningún técnico PIP haya iniciado estudios de
maestría.
e) Participación de economistas agrícolas. Como quedó
señalado en capítulos anteriores, la estrategia PIP fue
gestada y desarrollada por los economistas agrícolas del
INIAP, quienes con esta oportunidad iniciaron el desem-
peño de un papel ex-ante en la generación de nuevas
tecnologías, con una participación de tal magnitud, que
en los primeros años algunos pensaban que la estrategia
era una extensión del Departamento de Economía Agrícola.
Esta circunstancia, junto al hecho de que los cientistas
biológicos de las estaciones asignaban al economista
agrícola el tradicional papel ex-post de analista económico
de resultados de investigación agronómica, generó dudas
en los técnicos de las estaciones sobre la eficiencia de
trabajo del PIP, pues se mantenía la duda de que el
cientista social pueda hacer una contribución efectiva
en el diseño y ejecución de la investigación agronómica.
En razón de que el economista agrícola sigue jugando un
papel importante con su trabajo interdisciplinario en el
equipo PIP, la indicada duda se mantiene, aunque en magni-
tud decreciente, en la medida en que su participación
está evidenciando ser útil.
f) Apoyo insuficiente al interior del INIAP. Los
directivos del INIAP están de acuerdo en que las acciones
del PIP son prioritarias para la institución y expresan,
consistentemente, su decisión de fortalecer y expandir
el programa, y asi lo hacen en la medida de las oportuni-
dades que se presentan desde afuera (caso del proyecto
IDAPA con fondos CONACYT-AID o de expansión del trabajo
colaborativo con la SEDRI). Sin embargo, en el desen-
volvimiento interno del programa se han dado circunstan-
cias que evidencias ciertas insuficiencias en el apoyo
institucional al programa; por ejemplo, el PIP operó un
año sin jefe, o coordinador, posteriormente el primer
coordinador renunció al poco tiempo de ejercer tales
funciones, en parte debido a desacuerdos sobre el apoyo
que debía darse y requería el programa; adicionalmente,
los técnicos PIP en general mantienen inconformidad por
la reducción de una bonificación que reciben por trabajar
bajo mayores condiciones de riesgo y con menores facili-
dades que en las estaciones experimentales, en donde los
técnicos se benefician del acceso inmediato a laboratorios,
biblioteca, servicios subsidiados de médico y comedor,
entre otras ventajas. Además los materiales, equipos y
servicios de apoyo para su trabajo el PIP los recibe de
343
las estaciones experimentales, en donde se aplican ciertos
criterios de prioridad por los cuales el PIP no es aten-
dido con la urgencia que sus circunstancias demandan,
g) Otras dificultades:
i) No existe suficiente supervisión del personal de
campo, lo que eventualmente podría generar insuficiencias
en su trabajo. En efecto, el técnico que coordina el
PIP además dirige el Departamento de Economía Agrícola,
por lo cual difícilmente podría supervisar adecuadamente
a diez equipos técnicos diseminados en el territorio del
país. La necesidad de una supervisión regional comple-
mentaria es evidente, mas enfrenta la dificultad de los
costos adicionales.
ii) La experimentación en fincas de agricultores
arroja, en términos relativos, una baja significancia
estadística entre tratamientos de los ensayos, debido
a que los coeficientes de variación respectivos son altos.
Esto ha sido motivo de preocupación de los técnicos de
las estaciones, frente a lo cual el PIP argumenta que en
la formulación de recomendaciones lo importante es que
las tecnologías alternativas incrementen los beneficios
netos en forma significativa, manteniendo niveles de
riesgo aceptables para los agricultores.
iii) En la experimentación a nivel de fincas las
pérdidas de ensayos son considerables, debido a varias
causas como las sequías, la destrucción por animales y
por robo de la producción, lo cual, aparte de reducir la
cantidad de información y demorar la obtención de reco-
mendaciones, eleva considerablemente los costos de la
investigación. Este aspecto ha sido igualmente objeto
de preocupación por parte de los técnicos, mas es poco
lo que se puede hacer para reducir las pérdidas indicadas,
pues éstas, últimamente, son parte de las circunstancias
del agricultor. Estas pérdidas, así consideradas,
representan parte del costo que hay que enfrentar para
lograr resultados válidos que reflejen el comportamiento
real de las tecnologías en los campos de los agricultores.

3. Apreciación final

Es evidente que el enfoque PIP ha logrado un progreso


sustancial en su institucionalización y que dada la racio-
nalidad de su orientación y funciones merece un apoyo
sostenido que impulse su expansión y desarrollo. Sin
embargo, la dimensión y,naturaleza de las dificultades
son tales que todavía la estrategia podría ser desvirtua-
da y canalizada en un proceso reversivo, para consti-
tuirse al final en una simple extensión del enfoque
clásico de investigación por productos y disciplinas.

344
Consecuentemente, la filosofía, conceptos y meto-
dología del enfoque PIP deben ser analizados sistemática-
mente en su relación con el enfoque clásico y su funcio-
namiento institucional, en procura de remover en el
menor plazo posible las dificultades fundamentales y
consolidar así su institucionalización irreversible, que
garantice la existencia de un enfoque de investigación
diseñado para privilegiar la agricultura campesina, a
través de un esquema de funcionamiento que optimice el
uso de las ventajas comparativas que ofrece el modelo
clásico de investigación con su infraestructura y orga-
nización existentes.
Mas el quehacer no se vislumbra fácil, pues de por
medio está el doble mandato del INIAP de responder a las
necesidades tecnológicas tanto de la agricultura campe-
sina como de la agricultura comercial, surgiendo así el
dilema de la definición de prioridades y la subsecuente
asignación de recursos. En este contexto,¿qué clase de
arreglos serán suficientes para superar las dificultades
señaladas?, ¿será el PIP capaz de generar el suficiente
respaldo al interior del INIAP para lograr su requerido
fortalecimiento, dadas las restricciones anotadas? Queda
claro que la naturaleza del problema global abarca las
instancias de política, organización y funcionamiento
institucional, y que el esfuerzo por hacerse deberá
otorgar una cobertura consistentemente adecuada.

Notas

1/ El Plan Nacional de Desarrollo 1980-84 contem-


pla la ejecución de l8 Proyectos de Desarrollo Rural
Integral, PDRI, orientados al desarrollo de áreas rurales
marginadas.

345
TEMAS SOBRE EL DESARROLLO DE TECNOLOGIAS PARA
PEQUEÑOS PRODUCTORES CAMPESINOS

Este estudio fue realizado como una contribución del Pro


yecto Cooperativo de Investigación sobre Tecnología
Agropecuaria en América Latina (PROTAAL), del Instituto
Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA/
OEA) , porMartin Piñeiro, James Chapman y Eduardo Trigo.

347
Introducción

El problema de la generación y transferencia de tecnolo-


gía para los pequeños productores campesinos es un tema
que ha recibido bastante atención, tanto por parte de los
investigadores como de los medios políticos. Sin embargo,
a pesar de esta preocupación, el tema aún hoy genera
agudas polémicas y discrepancias en torno a cuatro aspec-
tos principales. El primero se refiere a la importancia
relativa de las economías campesinas en el sector agrario
de América Latina. El segundo está vinculado a la
discusión sobre si los campesinos aumentan en número e
importancia relativa o si, por el contrario, hay una clara
tendencia a su rápida desaparición como consecuencia de
la propia expansión de la agricultura comercial. El
tercero, se refiere a los determinantes de la innovación
tecnológica y su impacto en el proceso de persistencia o
transformación de las economías campesinas. Finalmente
el cuarto aspecto es la discusión sobre el concepto de
tecnología apropiada a las condiciones de producción
campesina y el problema de la organización de la investi-
gación para estos fines.
En relación a los primeros dos aspectos, la dis-
cusión ha sido hasta ahora confusa porque la escasez de
información disponible no permite analizar la cuestión
con rigurosidad. En general los datos existentes muestran
que las economías campesinas son importantes numéricamente
y que no hay una tendencia clara respecto a su desaparición
en el futuro inmediato.
En relación al tercer aspecto, sacrificando un
poco la rigurosidad, es posible agrupar las distintas
opiniones en dos grandes corrientes. Una de ellas está
representada por autores como Schultz, Cummings, Mosher,
Wortman, Harwood y otros, quienes han argumentado que la
tecnología es el instrumento más eficiente para transfor-
mar las economías campesinas, aumentando su eficiencia,
nivel de producción y bienestar. En contraposición a
este punto de vista, otros autores tales como Griffin y
Feder, han denunciado a la tecnología como un instrumento
para la destrucción de las economías campesinas y la
consecuente proletarización de sus familias.

349
En este breve trabajo tomaremos una posición ecléc-
tica entre ambas posiciones, analizando algunas de las
condiciones particulares que deben estar presentes para
que el cambio técnico sea posible y que, además, deter-
minan en cada caso concreto su significado real desde el
punto de vista de la unidad familiar. También argumenta-
remos que los procesos de cambio técnico están inevitable-
mente vinculados a procesos de transformación más amplios
que llevan a que la unidad productiva pierda sus carac-
terísticas campesinas y se integre al mercado, convirtién-
dose en una unidad' de producción comercial.
El resto del documento está organizado en cuatro
secciones. La primera, analiza la importancia relativa
de las economías campesinas en el sector agrario. La
segunda sección presenta algunos elementos conceptuales
útiles para analizar el funcionamiento de las economías
campesinas y el papel de la tecnología como instrumento
para el aumento de la producción y la capitalización de
dichas unidades. La tercera sección analiza las condi-
ciones generales que usualmente influyen sobre los sis-
temas de producción campesina y la forma en que éstas
deben considerarse en el proceso de generación de tecno-
logía apropiada. Finalmente, la última sección examina
varias estrategias alternativas para el desarrollo de
tecnología apropiada y plantea algunas de las limitaciones
y consecuencias negativas que resultan de la imposición
de límites a la acción de la investigación.

350
I. LA IMPORTANCIA DE LA AGRICULTURA CAMPESINA

Cualquier intento de cuantificar la importancia de la


agricultura campesina en el sector agrario se enfrenta
con dos dificultades metodológicas. La primera es
encontrar una definición conceptualmente satisfactoria
y empíricamente útil del sujeto de análisis. La segunda
es la pobreza de la información descriptiva disponible.
Con respecto al primer punto, en este trabajo
definiremos como unidades campesinas aquellas que produ-
cen en base a la mano de obra familiar con el uso de
medios rústicos de producción. Es decir, aquellas en las
cuales el proceso productivo se desarrolla básicamente
en función de la combinación de tierra y trabajo familiar.
Una definición conceptualmente simple como ésta tiende
a agravar el segundo problema, ya que la mayoría de las
estadísticas disponibles están definidas en términos del
tamaño de las unidades medido por la cantidad de tierra
utilizada. Consecuentemente la discusión que se presen-
ta en esta sección será en base a datos en los cuales el
carácter campesino de las unidades dé producción está
asociado a la cantidad de tierra en explotación.
El cuadro 1 presenta una estimación del número de
unidades campesinas como porcentaje del total y el por-
centaje del área total que representan. Las cifras indi-
can que estas unidades representan una proporción impor-
tante del número total de unidades en un número de países
del continente, y que dicha importancia ha variado sus-
tancialmente entre períodos censales en algunos países
pero no en otros. En todos los casos, los productores
campesinos controlan un área menor del 20% del área
agropecuaria total en explotación. A su vez el cuadro 2
complementa esta información presentando estimaciones
relativas a las variaciones ocurridas entre 19^0 y 1970
en relación al número de unidades agropecuarias, su
tamaño medio y el área que representan para un número de
países. Las cifras también sugieren la ausencia de una
tendencia definida del número de empresas y su tamaño
nedio.

351
CUADRO 1. KSTIMACION DHL NUMERO DE UNIDADES CAMPESINAS COMO PORCENTAJE DEL TOTAL Y EL PORCENTAJE DEL
AREA TOTAL QUE REPRESENTAN, EN PAISES SELECCIONADOS DE AMERICA (1950-1970)

UNIDA D ES CAMPE SINAS


Unidades Porcentaje Porcentaje Diferencia
PAIS Y ASO Consideradas Numero del número to del area to- Tamaño porcentual
"Campesinas" tal de [Link]- tal en Expío Promedio en el tamaño
des agropecua tación Agro- promedio
rías pecuaria
Hectáreas Miles Porcentaie Hectáreas Porcentaie
Mexico (privado)
1950 ¿10 1 366 73 6 1 3 2.1
1970 <10 522 -19
52 4 1 3 1.7
Cosca Rica
1950 < 5.6 12 27 9 I 1 1.7
1973 < 5 35 0
45 5 18 1.7
El Salvador
1950 <10 141 81 0 17 1 1.1
1970 <10 237 86 9 19 6 1.2 9
Guatemala
" "1950 "" í 7 266 76 2 9 0 1.3
1964 í 7 313 75 1 11 6 1.3 0
Honduras
1950 ¿4 89 57 0 8 1 2.3
1966 i <> 120 67 4 12 4 2.5 9
Venezuela
1950 1-5 112 50 7 12 2.4
1970 1-5 70 0
31 6 2 9 2.4
Colombia
1950 i 5 919 54 9 3 1 1.8
1970 í. 5 1. 176 59 5 3 7 1.6
Brasil
1950 < 5 459 22 2 0 5 2.5
1970 <5 1 801 36 6 1.3 2.2 -1 2
Chile
1955 <10 56 37 1 0 3 1.4
1965 < 10 123 48 6 21
0 7 1.7
Estados Unidos
1950 i4 484 9 0 0 2 2.0
-30
1969 <4 162 5 9 0 05 1.4

FUENTE: De Janvrv y Crouch, pp. 9-10.


CUADRO 2. CAMBIOS EN EL NUMERO Y AREA TOTAL DE TODAS LAS UNIDADES AGROPECUARIAS Y TAMARO PROMEDIO
(1940 - 1971)

U N I D A D E S A C- R 0 P E C U A R I A S
PAIS PERIODO Número Area Area Promedio
(período base=100) (período base=100) (período base= 100)

México (privada) 1940-1970 82 86 92


Rep. Dominicana 1950-1970 92 117 127
Costa Rica 1950-1973 94 172 184
El Salvador 1950-1971 156 97 63
Guatemala 1950-1964 120 93 78
Honduras 1956-1966 114 96 84
Nicaragua 1952-1971 204 209 104
Panamá 1950-1971 106 174 164
Venezuela 1937-1961 144 111
Chile 1936-1965 125 111 88
Colombia 1954-1971 128 112 87
Ecuador 1954-1968 184 116 63
Perú 1961-1971 162 119 73
Brasil 1940-1950 259 149 57
Argentina 1952-1969 101 103 102
Uruguay 1951-1970 91 97 108
Estados Unidos 1950-1969 44 86 197

Nota: ai No están disponibles


W
OI
CO Fuente: De Janvry y Crouch, p.4.
Estas cifras contrastan con lo acontecido en
Estados Unidos donde el proceso de concentración de la
propiedad agraria es un hecho manifiesto. El cuadro 3
presenta las cifras para este país en forma comparativa
a un número de países de América Latina para los cuales
hay datos. Es importante notar que, en estos últimos, nc
pareciera haber una tendencia definida en cuanto a la
concentración de la propiedad agraria, lo cual también
estaría indicando un proceso de expansión de la producción
capitalista más lento.
Esta evidencia un tanto confusa parece estar
corroborada por los datos sobre el número (en términos
absolutos) de las unidades de ^producción que pueden ser
consideradas como campesinas (cuadro 1). Puede verse que
hay considerable variabilidad en lo acontecido en dife-
rentes paises y ausencia de una tendencia definida que
permita inferir si las unidades campesinas ganan o pierden
importancia- Relativa en el sector agropecuario del con-
junto del continente.
Es interesante notar que datos similares, aún más
detallados, para Brasil y para el estado de San Pablo
(cuadro k) tienden a mostrar una débil pero definida
tendencia hacia la concentración de la propiedad agraria
a partir de 1965»
Estos datos, sin embargo, no deben oscurece^el
hecho de que el número de pequeñas explotaciones ha x
tendido a aumeñtar durante el mismo período (cuadro 5).
Este proceso es aún más notable en otras regiones de
Brasil en las cuales las pequeñas éxplotaciones agrarias
han aumentado tanto en número como en la superficie que
explotan. El cuadro 6 presenta datos referentes al
nordeste del Brasil que ilustran claramente este hecho.
El conjunto de la información presentada tiende
a indicar que la pequeña unidad agraria es importante
en el conjunto de América Latina desde el punto de vista
del número de explotaciones y consecuentemente, del
número de personas que derivan su ingreso de ellas. Por
otra parte, la importancia de las unidades campesinas en
relación a la cantidad de tierra ocupada varía entre
países. En general es bastante importante en Centroamé-
rica y poco importante en los países de América del Sur.
Más aún, la información no permite extraer conclu-
siones definitivas sobre la tendencia reciente en cuanto
al aumento o disminución de esta importancia relativa.
Si bien la información disponible es incompleta, parecería
indicar que los procesos de concentración de la propiedad
agraria son bastante desiguales en distintas regiones del
continente. Esta evidencia sería coherente con la exis-
tencia de procesos de modernización agraria concentrados

354
CUADRO 3. NUMERO DE UNIDADES Y TAMAÑO PROMEDIO

País y Años Numero de Unidades Tamaño Promedio


Miles Hectáreas
Estados Unidos
1950 5 388 117 4
1959 3 708 157 3
1969 2 390 230 7
México
1950 1 366 78 1
1960 1 346 86 1
1970 994 75 7
Costa Rica
1950 82 22 0
1963 64 41 3
1973 79 40 5
Chile
1936 202 136 8
1955 151 183 6
1965 253 120 9
Colombia
1954 919 30 2
1960 1 209 22 6
1971 1 176 26 3
Brasil
1950 2 064 112 5
1960 3 337 74.9
1970 4 932 59.4
Argentina
1952 564 366.2
1960 457 383. 1
1969 549 374. 1

Nota: No incluye unidades orientadas directamente a la producción


para autoconsumo
FUENTE: De Janvry y Crouch, p.6.

CUADRO 4. CONCENTRACION DE LA PROPIEDAD AGRARIA EN BRASIL Y EL


ESTADO DE SAN PABLO. INDICE DE GINI CORREGIDOS

1965 1967 1972 1976

San Pablo 0. 746 0.765 0.760 0.773


Brasil 0.820 0.836 0.837 0.849

FUENTE: José Graziano da Silva, p. 187.

355
CUADRO 5. EVOLUCION DE. LOS INMUEBLES DE MENOS DE 10 HA.
EN EL ESTADO DE SAN .PABLO

Año de referencia Número de inmuebles Hectáreas comprendidas


(miles) (miles)

1965 73.8 351.5

1967 89.1 393. 1

1972 82.5 397.0

1976 101.9 451. 1

FUENTE: José Graziano da Silva, p. 167.

en ciertas situaciones de producción con características


particulares en cuanto a la naturaleza del producto a
ciertas dimensiones de la estructura agraria.1/
Cuadro N°3
CUADRO 6. NUMERO Y PORCENTAJE DE UNIDADES Y SU AREA TOTAL POR ESTRATOS DE TAMAÑO. NORDESTE DE BRASIL
(1940-1970)
1.- Número
Estratos de tamaño(ha) Nume ro de unidades (millones ) Area total (millones de ha)
1940 1950 1960 1970 1940 1950 1960 1970

Menos de 10 369 450 873 1 504 1 441 1 644 2 082 4 OMO


10 a menos de 100 289 230 421 562 9 443 10 031 1 3 744 17 894
100 a menos de 1000 74 90 105 130 19.093 23 647 27 544 32 osq
1000 a menos de 10000 5 8 7 8 12 909 16 896 15 364 17 260
10000 y más - 0.3 0.2 0.1 - 6 103 3 592 2 508
TOTAL 737 847 1 407 2 201 42 816 58 326 62 326 73 81 1

2.- Porcentaje

Estratos de tamaño(ha) Porcentaje de unidades Porcentaje del aréa total


1940 1950 1960 1970 1940 1950 1960 1970

Menos de 10 50.6 53.1 62.0 68.4 3.4 2.8 3.3 5.5


10 a menos de 100 39.3 35.4 30.0 25.5 22.1 17.2 22.0 24.4
100 a menos de 1000 10.0 10.6 7.5 5.7 44.5 40.5 44.2 43.5
1000 a menos de 10000 0.01 0.9 0.5 0.4 30.0 29.0 24.7 23.4
10000 y más 0.0 0.0 0.0 0.0 0 10.5 5.8 3.4

TOTAL 100 100 100 100 100 100 100 100

FUENTE: Raúl Florentino, p. 6a.


II. LA TECNOLOGIA COMO INSTRUMENTO DE DESARROLLO
DE LA UNIDAD CAMPESINA

La sección I presenta información estadística que destaca


la importancia de las unidades campesinas en el total de
las unidades de producción agropecuaria de América Latina,
y la falta de evidencia que indique, de manera inequívoca,
una tendencia hacia su desaparición.
Esta situación pone de manifiesto la importancia
de encontrar medios mediante los cuales sea posible aumen-
tar la producción y el bienestar de este importante
sector de la población agropecuaria y, en especial, el
papel que el cambio técnico puede desempeñar en este
proceso.
Sin embargo, antes de evaluar el papel del cambio
técnico y, consecuentemente, el de la organización de la
investigación, es necesario establecer el marco general
de análisis dentro del cual esta evaluación debe ser
desarrollada.
El punto central de este marco es el reconocimiento
de que los procesos de adopción (cambio técnico) están
contenidos en procesos de transformación social y econó-
micos de carácter más amplio que las simples modifica-
ciones del patrón tecnológico utilizado en la producción
agrícola.2/
Es por esto que, en el caso particular de las
economías campesinas, la tecnología debe ser evaluada e
interpretada dentro de los procesos de diferenciación
que puedan experimentar las unidadê« de producción.

1. El modelo de aftáligis propuesto

El proceso de diferenciación campesina es equivalente -en


su dimensión económica- al proceso -de acumulación (o
pérdida) de capital y de crecimiento, típico de las uni-
dades de producción capitalistas.^/ En este sentido, el
proceso de diferenciación social, en la mayoría de los
casos, engloba o contiene al proceso innovativo. Asimismo,
la diferenciación de las unidades productivas, como
descriptor de las transformaciones del conjunto de la
unidad productiva, es un nexo natural y eficiente de las

359
relaciones de ésta con el conjunto de los procesos socia-
les que determinan el contexto externo a ella. Por esta
razón es necesario suponer que algunas de las variables
que explican y determinan el cambio técnico, lo hacen en
forma indirecta a través de su efecto sobre los procesos
de diferenciación.
En una investigación sobre la relación tecnología-
unidad campesina debe tomarse en cuenta variables de tres
niveles que influyen sobre tal relación.
a) Nivel "micro"
Este conjunto de variables engloba, principalmente,
dos aspectos de la estructura y funcionamiento de la
unidad productiva. En primer lugar, el relacionado a la
descripción y caracterización del proceso de consumo,
producción y reproducción de la unidad familiar produc-
tiva. Dentro de éste, el punto central del análisis es
la identificación de los flujos de medios de producción
y utilización del trabajo familiar y los mecanismos de
distribución del producto producido entre la unidad pro-
ductiva y los agentes sociales externos a la misma. El
segundo aspecto de importancia es la caracterización de
la dinámica que lleva a la persistencia, diferenciación
o descomposición de las unidades productivas y las carac-
terísticas cualitativas de estas transformaciones.
b) Nivel "regional"
Bajo este rubro se incluyen elementos de carácter
regional que describen los nexos entre la unidad campe-
sina y los actores sociales que la afectan, tales como
las relaciones con otras unidades agrícolas; vinculaciones
con el capital comercial, industrial y financiero; rela-
ciones comunales de prestación de mano de obra familiar;
etc., y
c) Nivel "macro"
Aquí se incluyen los determinantes de carácter
macroeconómico representados, principalmente, por las
políticas públicas.
A los efectos de sistematizar el tratamiento de
estas variables y su relación con el cambio técnico,
hemos tomado como base el gráfico desarrollado por Deere
y Janvry (PROTAAL, p. k2) para caracterizar la estructura
y funcionamiento de la economía campesina, ampliándolo en
una serie de sentidos.
Proponemos que, en la mayoría de los casos, cual-
quier "shock" al sistema descrito en el gráfico 1 (por
ejemplo, la modificación de la política de precios) podría
impulsar un proceso de diferenciación de uno de estos
tres tipos:
i) Fuertemente dirigido hacia arriba, en este caso
la unidad familiar campesina bien puede transformarse en
terrateniente, o puede capitalizarse, convirtiéndose en

360
Gráfico
UN MODELO CONCEPTUAL PARA EL ANALISIS EMPIRICO DE ECONOMIAS CAMPESINAS
un "family farm", o incorporar mano de obra asalariada e
inclusive invertir en otras actividades productivas
convirtiéndose en una unidad capitalista.
ii) Fuertemente dirigido hacia abajo, donde los
campesinos gradualmente pierden el control de los recursos
productivos, convirtiéndose en semiproletarios, precaris-
tas o proletarios sin acceso directo a la tierra.
iii) Débilmente dirigido hacia arriba o hacia abajo,
donde los campesinos mantienen sus rasgos anteriores,
pero con un ligero progreso o involución socioeconómico.
En el marco de este sistema, que incluye los nive-
les micro, regional y macro, creemos que es posible
precisar el análisis del cambio técnico y las condiciones
generales necesarias para que el mismo sea un instrumento
de desarrollo y bienestar de las unidades campesinas.

2. Algunas hipótesis con respecto a los determinantes


del cambio técnico

El principio básico que queremos establecer es que existen


dos tipos principales de procesos tecnológicos en las
economías campesinas.
Un primer tipo está representado por los procesos
de innovación tecnológica que aparecen dinamizados o
corporizados en procesos de capitalización y crecimiento
de la unidad productiva, a su vez generados por altera-
ciones en el marco de las relaciones que las unidades
campesinas mantienen con el resto del sistema económico.
Un caso particular, pero importante, para el análisis es
una modificación de la política económica tal como el
nivel de precios, situación que se ilustra en el gráfi-
co. Puede observarse que si partimos de una unidad campe-
sina en equilibrio, el inicio de un proceso de diferen-
ciación requiere alguna modificación de los procesos que
determinan la generación y captación de excedentes por
parte de la unidad familiar. Esta modificación puede
provenir ya sea de una alteración de los términos de
intercambio, o de una modificación de los mecanismos
institucionales o de mercado, por medio de los cuales
el excedente se distribuye entre la unidad familiar y
otros sectores sociales. Un proceso de diferenciación
hacia arriba también podría iniciarse por una inyección
de crédito o un aumento de las contribuciones remitidas
por otros miembros de la unidad familiar que están fuera
de esta unidad productiva.
El punto central que queremos enfatizar es que
estos procesos de diferenciación acarrearán modificaciones
en el patrón tecnológico (instrumentos y/o técnicas)
utilizado como consecuencia de la incorporación de nuevos
medios de producción. Por lo tanto, estos procesos

362
tecnológicos -aunque condicionados por la existencia
de tecnología apropiada a las condiciones de las unidades
de producción estudiadas- serán procesos iniciados e
impulsados por una nueva demanda de tecnología por parte
de la unidad productiva.
De acuerdo a este razonamiento, se destaca un pri-
mer tipo de relación entre las variables estructurales y
el cambio técnico. Las variables estructurales indicadas
en el gráfico son los principales elementos quel deter-
minan la magnitud del ingreso generado por la unidad
productiva, la forma de su distribución y, consecuente-
mente, las posibilidades de diferenciac ion. Es a través
de este proceso que se determinan, indirectamente, la
iniciación y características de ciertos procesos tecno-
lógicos.
El segundo tipo de proceso de cambio técnico -posi-
ble en las economías campesinas- es aquel en el cual, la
aparición de una tecnología revolucionaria (revolución
verde), o de nuevos y efectivos programas de extensión
son el elemento dinamizador. En este caso, las innova-
ciones tecnológicas ofrecidas serán adoptadas únicamente
si son congruentes con la condición de la unidad produc-
tiva (factibles biológicamente; contribuyen a las nece-
sidades familiares de mayor producción de alimentos o
mayores ingresos netos; no presentan altos riesgos -poca
probabilidad de pérdidas desastrosas- y no requieren
recursos fuera del alcance de la unidad familiar). Estas
técnicas generarán un excedente adicional que será dis-
tribuido según las condiciones impuestas por ios mercados
de insumos y factores y el marco institucional respectivo.
Bajo ciertas condiciones de contexto, en las cuales no
se han activado los mecanismos de apropiación de exceden-
tes por otros sectores sociales, la unidad familiar cam-
pesina podrá apropiarse del excedente generado por la
adopción tecnológica, abriéndose así la posibilidad de
un proceso de diferenciación hacia arriba y su transfor-
mación en empresas comerciales.
La discusión previa apunta a dos aspectos. Por un
lado caracteriza dos tipos de procesos de modernización y
cambio técnico de las unidades campesinas en los cuales
la innovación tecnológica desempeña papeles distintos.
Segundo, establece con claridad que en ambos tipos de
proceso, el cambio técnico determinará una acumulación
de capital y mejoramiento en las condiciones de vida de
la unidad familiar si las condiciones de contexto (rela-
ciones con otras unidades de producción, política econó-
mica, comercialización) son adecuadas y permiten que la
unidad familiar se apropie de una parte del excedente
económico generado por el cambio técnico.

363
Este análisis establece ciertos límites a la tecno-
logía como instrumento de desarrollo, en el sentido que
otras condiciones deben estar presentes para que el
desarrollo sea posible. De especial importancia es el
resto de las políticas públicas que regulan la forma en
que el excedente se distribuye entre distintos sectores
sociales.

364
III. FACTORES QUE CONDICIONAN EL DESARROLLO DE
TECNOLOGIA APROPIADA PARA LAS
UNIDADES CAMPESINAS

1. El concepto de tecnología apropiada

Uno de los temas que recientemente ha generado gran dis-


cusión es la pregunta de si hay o debe haber ^tecnologías
especialmente diseñadas para la adopción por unidades
campesinas de producción.
La discusión fue probablemente iniciada o al menos
precisada y ampliada por la conocida obra de Schumacher,
donde se argumenta sobre la necesidad de modificar radi-
calmente el patrón de desarrollo seguido por las economías
de mercado del mundo occidental, revalorizando la pro-
ducción familiar campesina y su bajo uso de insumos
industriales. *
La evidencia empírica disponible sugiere ^ue esta
discusión tiene sentido solamente dentro de un cierto
rango de alternativas, ya que por la propia naturaleza
de la innovación tecnológica, buena parte de las tecno-
logías vienen incorporadas en insumos y bienes de pro-
ducción. Por lo tanto^ el limitar las innovaciones
tecnológicas solamente a aquellas que no significan un
mayor uso de insumos industriales o bienes de producción
restringiría, de manera dramática, el ámbito de las
tecnologías disponibles y sacrificaría las contribuciones
que la tecnología ya disponible pueda hacer al desarrollo.
Sin embargo, en un sentido más limitado, el con-
cepto de "tecnología apropiada" tiene un significado de
utilidad práctica. Este significado surge del hecho de
que para que la tecnología sea adoptada por la unidad
productiva debe ser coherente con sus condiciones de
producción. Consecuentemente, en la medida en que las
unidades campesinas tengan ciertas características dife-
renciales, el esfuerzo de investigación debe estar
organizado de manera que se adecúe, en lo posible, a estas
condiciones. De acuerdo a esto, en el punto siguiente
analizaremos algunas condiciones que parecen estar espe-
cialmente asociadas con la producción campesina.

365
2. Las condiciones de producción campesina

Es indudable que no todas las unidades campesinas son


iguales en cuanto a sus condiciones de producción. Por
ejemplo, ciertas características, tales como las condi-
ciones de acceso a la tierra, varían considerablemente
entre distintas economías campesinas.6/ Sin embargo,
hay un número de rasgos comunes tales como el uso de mano
de obra principalmente familiar y la escasez de insumos
industriales de producción que son parte de la defini-
ción de las unidades campesinas.
Consecuentemente de la selección de prioridades
desde el punto de vista de la organización de la investi-
gación agropecuaria, las siguientes condiciones parecen
ser las de mayor importancia a los efectos de determinar
el tipo de investigación que debe desarrollarse.
a) Las condiciones ecológicas
Una observación de las principales regiones donde
se concentran las economías campesinas tiende a sugerir
que las mismas están en general asociadas a condiciones
ecológicas adversas. Ejemplo de esto es la zona andina
donde las unidades campesinas tienden a concentarse en
las laderas, mientras los valles más fértiles están ocu-
pados por empresas de carácter comercial. Por lo tanto,
si la investigación es desarrollada en función de las
condiciones ecológicas de los valles más fértiles sus
resultados no serán de utilidad para los pequeños produc-
tores campesinos. Un ejemplo de esta situación es la
investigación sobre el arroz desarrollada en Colombia
por el ICA y el CIAT que tuvo un indudable impacto sobre
la agricultura comercial y provocó un desplazamiento
de la agricultura campesina.
b) La selección del producto
Si bien [Link] parte de los cultivos son produ-
cidos tanto por empresas comerciales como por unidades
campesinas, algunos de éstos tienen, en cada país, una
particular importancia para estas unidades. Ejemplos de
lo anterior son: la yuca en casi toda Latinoamérica, el
frijol y el maíz en América Central y Colombia, entre
otros. El cuadro 7 presenta un número de ejemplos, para
ün número de países.
c) La complejidad de los sistemas productivos
Una de las características que más diferencia"las
unidades campesinas de la agricultura comercial, especial-
mente en la zona tropical, es la tendencia hacia la poli-
cultura. La utilización de varios cultivos en rotación
y en siembras intercaladas responde a las necesidades de
autoconsumo y a la importancia de protegerse de los riesgos
climáticos. Esta práctica cultural tiene importantes
efectos en la organización de la investigación, ya que las

366
CUADRO 7. PRODUCTOS PRODUCIDOS PRINCIPALMENTE POR UNIDADES CAMPESINAS EN

PAISES SELECCIONADOS DE AMERICA LATINA

País Producto

Colombia Yuca
Ecuador Papa
Paraguay Maíz
Perú Papa
Uruguay Leche
Venezuela Yuca
Guatemala Maíz
Honduras Arroz
México Maíz
Argentina Algodón
Bolivia Papa
Brasil Frijoles
Costa Rica Frijoles
Rep. Dominicana Frijoles
El Salvador Maíz
Nicaragua Maíz
Panamá Yuca

FUENTE: Elaboración propia.

condiciones deseables de una planta determinada varían


sustancialmente si ésta es cultivada en monocultivo o en
asociación con otras especies. Un ejemplo clásico de este
problema es la investigación genética en frijoles, cuando
se realiza con miras en la agricultura campesina que cul-
tiva los frijoles en asociación con el maíz. En este caso
el frijol debe tener características que le permitan
treparse alrededor del maíz. Estas selecciones obviamen-
te no se adaptan al monocultivo característico de las
empresas comerciales que usan frijoles de tipo arbustivo
con un mayor rendimiento por hectárea.

367
d) Los recursos disponibles
Una de las condiciones más comunes de las economías
campesinas es el estar inmersas en un círculo vicioso de
baja capacidad de acumulación de capital y baja integración
al mercado.
Esta doble condición determina una serie de limi-
taciones en cuanto a los recursos disponibles. Por un
lado, las unidades campesinas operan en base al trabajo
familiar. De esta forma, la disponibilidad de mano de
obra a lo largo del año es relativamente constante y con
pocas posibilidades de adaptarse a las necesidades varia-
bles que generalmente acompañan a la agricultura de mono-
cultivo y a los patrones tecnológicos de la agricultura
comercial. De esta forma la adecuación de las necesidades
de mano de obra a la disponibilidad de trabajo familiar
debe ser un objetivo central de la investigación.
Un segundo problema está vinculado a las limita-
ciones de capital lo cual se traduce en un bajo nivel de
medios de producción y una inhibición en el uso de insumos
de origen industrial. Esta incapacidad en cuanto a la
incorporación de insumos y bienes industriales se agrava
por la tradicional inaccesibilidad al crédito de las
unidades campesinas.
Esta inflexibilidad en el uso de recursos condicio-
na de manera sustantiva el tipo de tecnología "apropiada"
y por lo tanto establece límites al tipo de investigación
que debe realizarse.

368
IV. HACIA UNA ESTRATEGIA PARA EL DESARROLLO TECNOLOGICO
DE LOS PEQUEÑOS PRODUCTORES CAMPESINOS:
PERSPECTIVAS Y LIMITACIONES

Tomando en cuenta los argumentos presentados en las dos


últimas secciones, surgen dos estrategias de acción
alternativas para el desarrollo tecnológico campesino
junto con una tercera que seria una combinación de las
primeras dos.

1. Adecuación del contexto socioeconómico

Una primera alternativa es la implementación de políticas


públicas (fácil acceso de créditos, sustentación de
precios pagados a unidades campesinas por sus productos,
subsidios a los insumos tecnológicos, etc.) que permiti-
rían un aumento de los ingresos disponibles para adqui-
sición de bienes de producción. Consecuentemente, el
rango de tipos de tecnología apropiada se expandiría
incluyendo tecnologías ya disponibles las cuales bajo
otras condiciones menos favorables no son realmente
viables.

2. Adecuación de la tecnología

Una segunda alternativa es suponer que las condiciones


campesinas descritas anteriormente son barreras inamo-
vibles y consecuentemente intentamos desarrollar tecno-
logías adecuadas a estas condiciones. Bajo estas condi-
ciones, el ámbito de acción de la investigación es
bastante reducido y los requerimientos de información
que describe con exactitud las condiciones campesinas,
bastante exigentes. Las tecnologías así desarrolladas
son específicas a cada situación campesina y probable-
mente no podrían ser aprovechadas por el sector
comercial.

369
3. Adecuación de la tecnología y del contexto
socioeconomico

Esta alternativa representa una posición intermedia de las


dos previamente expuestas y significa algún mejoramiento
en las relaciones socioeconómicas que favorece a la econo
mía campesina junto con el desarrollo de tecnologías apr£
piadas a la nueva condición.
En teoría, cualquiera de las tres estrategias meneio
nadas podría inducir al desarrollo tecnológico del sector
campesino. Ejemplos de la primera estrategia son ciertos
programas especiales que emergieron con la revolución
verde. La observación de que en muchos casos las nuevas
tecnologías no estaban siendo adoptadas por el sector cam
pesino, motivó que organismos nacionales e internaciona-
les de desarrollo agrícola iniciaran proyectos y progyamaç
"piloto" que, aunque exitosos, no pudieron ser aplicados
a gran escala por su complejidad y costo.
Por el contrario, el concepto de "desarrollo rural
integrado" es representativo de la tercera estrategia en
la cual se combinan instrumentos de política económica y
el intento de generar tecnología específica. Si bien la
mayor parte de los programas DRI están todavía en marcha
y no pueden ser juzgados aún, su impacto parecería ser
limitado debido a las dificultades encontradas en lograr
los cambios institucionales y económicos necesarios y la
inexistencia de tecnología apropiada.
La segunda estrategia, es decir, la generación de
tecnología apropiada, ha recibido apoyo creciente de algu
nos centros internacionales, centros regionales y progr¿
mas nacionales de investigación agropecuaria. Este apoyo
se ha traducido en la creación de programas especiales con
el objetivo de desarrollar tecnología en base a una meto-
dología de investigación centrada en los sistemas de pro?-
ducción prevalecientes en unidades campesinas (CGIAR,
CATIE, TAC: Norman)«2/
Los resultados logrados por parte de estos progra-
mas son todavía limitados lo cual ilustra las dificulta-
des de este tipo de investigación. Sin embargo, parece
innegable que la implementación de una estrategia de in-
vestigación adecuada aumentaría sustancialmente las posjl
bilidades de adopción de tecnología por parte de los
productores campesinos.8/ Sin embargo, es importante
enfatizar que, de acuerdo con la discusión presentada en
la sección III, los efectos resultantes de una estrategia
de desarrollo basada en el concepto de tecnología apro-
piada dependerán básicamente de las relaciones existentes
entre el sector campesino y los demás sectores sociales
que componen la economía nacional. En otras palabras, si
no existen las condiciones sociales y económicas bajo las
cuales el sector campesino puede disfrutar de los
370
beneficios económicos provenientes de un cambio tecnoló-
gico que incrementa su productividad o que disminuye sus
costos, la tecnología apropiada per se no es un instrumeri
to eficaz para el desarrollo de la economía campesina.
Por otra parte, la adopción de una estrategia para
producir tecnología apropiada implica un reordenamiento
de las prioridades de las instituciones de investigación
agropecuaria. La investigación basada en sistemas de pro
ducción facilita la generación de tecnología más especi-
fica y el proceso de transferencia. Sin embargo, debido
a su alta especificidad, se limita la clientela interesada
en los resultados de la investigación. Esto a su vez tiene
consecuencias sobre el costo relativo de la generación de
tecnología. El resultado es que, dado el nivel limitado
de los recursos para la investigación agropecuaria, el
número de usuarios potenciales puede reducirse drástica-
mente. Una consecuencia probable de esto es que el apoyo
político necesario para mantener un flujo adecuado de re-
cursos hacia las entidades de investigación se vea también
reducido. Esto es especialmente importante cuando los
recursos para la investigación son aportados por el Estado
a través del presupuesto nacional, y por lo tanto, depen-
den de procesos políticos en los cuales el apoyo de los
productores que componen el sector agropecuario es funda
mental.^/
Finalmente, la investigación organizada para generar
tecnología para sistemas de producción específicos implica
una planificación cuidadosa de la investigación y decisio-
nes sobre cuáles son los sistemas de más alta prioridad.
Esto significa la necesidad de usar un alto porcentaje de
la capacidad científica de la institución en la recolec-
ción de información y análisis de los varios sistemas y
el diseño y ejecución de experimentos para resolver tecno
lógicamente los problemas encontrados en cada sistema.
Consecuentemente, habría menos tiempo y recursos
para la investigación de tipo exploratorio, en la cual los
resultados esperados no son conocidos de antemano. De esta
forma se reducirán las posibilidades de encontrar, através
de la investigación altamente creativa, descubrimientos
tecnológicos que eventualmente podrían tener un mayor
efecto sobre la producción de alimentos a nivel nacional
y mundial.

371
Notas

2/ Para una discusión de esto, ver Piñeiro et al.,


Gomes y Pérez.
2/ Para una discusión más amplia de este tema
ver, por ejemplo, Piñeiro y Trigo.
Por diferenciación entendemos el proceso por el
cual ciertas unidades de producción se modifican perdien-
do sus características estrictamente campesinas ya sea
por capitalización y progresiva conversión en unidades
capitalistas o por deterioro de su capacidad productiva
y consecuente proletarización de la mano de obra familiar.
hj Se establece esta similitud con la intención
de resaltar algunos de los conceptos más desarrollados
en la literatura que vinculan tecnología con acumulación
de capital.
Una de las ampliaciones se refiere a la inclu-
sión explícita de distintos tipos de diferenciación
sugeridos por Murmis, 1980.
6/ Para una discusión de este tema y una tipolo-
gia de economías campesinas, ver PROTAAL.
7/ Para una discusión de las ventajas y desven-
tajas de este enfoque, en comparación con el enfoque
tradicional de investigación por producto, ver Trigo,
Piñeiro y Chapman.
8/ Una discusión de este punto, junto con ejemplos
y análisis de tecnología apropiada para productores
campesinos, está contenida en Chapman.
2/ Para una discusión ampliada de este tema, ver,
Trigo, Piñeiro y Chapman.

372
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