Este estudio busca encontrar correlación entre la calidad del sueño de
las personas y sus diferentes hábitos y actividades diarias, siendo la
población estudiada, en su gran mayoría, hombres y mujeres adultos.
Los resultados demuestran diferencias entre la calidad del sueño en
hombres y mujeres.
El 65.4% de los sujetos estudiados, sin diferenciar sexos, muestra una
pobre calidad del sueño (PSQI total > 5), siendo esta incidencia mayor
en mujeres (66.3%) que hombres (62.5%).
Un 27% de los participantes reconoció tener una mala o muy mala
calidad del sueño, con una prevalencia significativamente mayor en
mujeres (40%) que en hombres (27.1%).
La población estudiada evidencia claras dificultades para conciliar
el sueño. Tanto los sujetos de estudio masculinos como femeninos
presentan una latencia mayor a 15 minutos en el 81.3%.
El 58.7% duerme menos de 7 horas, siendo las mujeres quienes
tienden a tener menos horas de sueño en comparación a los
hombres.
Con resultados similares a la dificultad para conciliar el sueño, el
57.2% de las personas presenta una eficiencia del sueño menor al
85%, con resultados similares en ambos sexos.
Un pequeño porcentaje de la población estudiada (15.9%) refiere
perturbaciones del sueño, siendo de ese porcentaje, en su
mayoría, mujeres.
El 27.4% refiere haber consumido alguna vez medicación hipnótica
para conciliar el sueño, pero es más común en hombres que en
mujeres.
El 66.3% de los participantes experimenta disfunción diurna,
viéndose mas afectadas las mujeres que los hombres, con un 5%
mas.
Estos datos indicarían que la mayoría de la población convive
diariamente con alteraciones en el sueño, lo que dificulta su
desempeño en el resto de sus actividades diarias, siendo las mujeres
las mas afectadas.
Si bien las estadísticas muestran mayor afección de este sexo, los
hombres suelen estar más vinculados al consumo de fármacos
hipnóticos para solucionar el problema.
Si bien la investigación utiliza el Indice de Calidad del Sueño de
Pittsburgh, es importante destacar algunas limitaciones de esta
escala.
Primero y más importante hoy en dia, el PSQI no tiene en cuenta el
uso de tecnología y pantallas, un aspecto de suma relevancia hoy
en día, principalmente después de la pandemia del Covid-19, debido
al creciente uso de las mismas, tanto durante el día, como al
acostarse, aspecto que creemos, esta vinculado con la latencia del
sueño.
Por otro lado, el PSQI tampoco contempla la presencia de
comorbilidades psiquiátricas o neurológicas que podrían influir
en los patrones de sueño, lo cual algunas personas referían de forma
espontánea al momento de la entrevista.
Al tener en cuenta estos últimos parámetros, obtendríamos una visión
de la persona inmersa en el mundo actual, lo cual podría ayudarnos a
realizar las intervenciones pertinentes para una mejor higiene del
sueño, como podrían ser la reducción del uso de pantallas por la
noche, el respetar los horarios de sueño, realizar actividad física,
mantener un ambiente calmo y regular los niveles de estrés y la
carga emocional diaria, tanto laboral como social, que podría verse
muy asociado a la latencia del sueño e interrupciones del mismo.
Abordando estas técnicas, podría disminuirse significativamente el
consumo de hipnóticos como primera opción.