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Viaje y enseñanzas de San Ignacio

San Ignacio de Loyola predicó en varias ermitas y ayudó a resolver conflictos en su comunidad antes de embarcarse hacia Italia en 1535. En Venecia, impartió ejercicios espirituales y recibió la bendición del Papa Paulo III, quien les otorgó permiso para ir a Jerusalén. A pesar de no poder viajar a Tierra Santa debido a la guerra, San Ignacio y sus compañeros se dedicaron a labores asistenciales y continuaron su formación espiritual en Roma.

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Viaje y enseñanzas de San Ignacio

San Ignacio de Loyola predicó en varias ermitas y ayudó a resolver conflictos en su comunidad antes de embarcarse hacia Italia en 1535. En Venecia, impartió ejercicios espirituales y recibió la bendición del Papa Paulo III, quien les otorgó permiso para ir a Jerusalén. A pesar de no poder viajar a Tierra Santa debido a la guerra, San Ignacio y sus compañeros se dedicaron a labores asistenciales y continuaron su formación espiritual en Roma.

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Hospital de la Magdalena.

[110] Se dedicó a predicar en la Ermita de la Magdalena y en


la Ermita de Nuestra Señora de Elosiaga.[111] El 18 de mayo de 1535 san Ignacio ayudó
a poner fin a un conflicto de más de veinte años entre las religiosas del Convento de
la Concepción, que eran unas terciarias franciscanas conocidas como las
"isabelitas", y la parroquia de Azpeitia.[112]

En julio de 1535 se dirigió a Obanos, donde entregó una carga de Francisco Javier a su
hermano, el capitán Juan de Azpilicueta. Luego fue a Almazán, donde entregó una
carta al padre de Diego Laínez. Pasó por Sigüenza y llegó a Madrid, donde llegó a ver
al príncipe Felipe. Llegó a Toledo, lugar natal de Alfonso Salmerón. En la Cartuja de
Vall de Cristo de Altura se encontró con su amigo Juan de Castro, al que había
conocido en París y que había hecho los ejercicios espirituales. En Valencia embarcó
para Italia.[113]

Llegó al puerto de Génova en octubre o noviembre de 1535. Como había establecido


encontrarse con sus compañeros en Venecia a principios de 1537 decidió dedicar el
tiempo que quedaba hasta ese momento a completar sus estudios de teología
en Bolonia.[114] Durante su estancia allí, visitó el Colegio de San Clemente, de
estudiantes españoles, donde unos conocidos le dieron de comer.[115]

San Ignacio no llegó a ser alumno del Colegio de San Clemente y probablemente se
alojó en alguna pensión de Bolonia. En esta ciudad, estuvo enfermo una semana en
diciembre de 1535. Tras su convalecencia, decidió ir directamente a Venecia.[115]

En Venecia se alojó en casa de un bienhechor, posiblemente Andrés Lippomano, prior


del Convento de la Trinidad. Isabel Roser y el arcediano Jaime de Casador le enviaron
dinero desde Barcelona.[115]

Durante su estancia en Venecia impartió los ejercicios espirituales a diversas


personas, entre las que se encontraron: Pedro Contarini, procurador del Hospital de
los Incurables; Gaspar de Dotti, procurador del nuncio; y el malagueño Diego de
Hoces, que pasó a ser compañero de san Ignacio.[116]

Conoció a Gian Pietro Carafa, que había fundado con san Cayetano de
Thiene los teatinos en 1524. San Ignacio discrepaba de las prácticas de los teatinos y
tenía una espiritualidad diferente.[117]

En París, los compañeros de san Ignacio renovaron el voto el 15 de agosto de 1535 y


de 1536. En la segunda ocasión se unieron el italiano Claudio Jayo y los franceses
Juan Codure y Pascasio Broët.[118] Los compañeros salieron de París el 15 de
noviembre de 1536 y llegaron el 8 de enero de 1537 a Venecia.[119]
San Ignacio y sus compañeros esperaron en Venecia hasta la Pascua, cuando podían
pedir en Roma el permiso para peregrinar a Jerusalén. Los compañeros se alojaron en
los hospitales de San Juan y San Pablo y en el de los Incurables, donde cuidaron de
los enfermos. El 16 de marzo partieron para Roma, a donde llegaron el 25 de
marzo.[120]

Según Polanco, fue antes de llegar a Roma cuando los compañeros se preguntaron
qué nombre darse a sí mismos si alguien les preguntaba a qué congregación
pertenecían. Entonces empezaron a orar y a pensar en el nombre más adecuado y
finalmente decidieron llamarse Compañía de Jesús, ya no tenían quién les mandase y
solo deseaban servir a Jesús.[121]

En Roma se alojaron en el hospicio adosado a la Iglesia de Santiago de los


Españoles.[120]

Uno de los consejeros del hospicio romano era Pedro Ortiz, que les consiguió una
audiencia con el papa Paulo III el 3 de abril en el Castillo de Sant'Angelo. Comieron
juntos y hablaron de teología, quedando el papa muy satisfecho. Paulo III les dio su
bendición, les concedió verbalmente el permiso para ir a Jerusalén y les entregó 60
ducados para el viaje. Otros cardenales y miembros de la curia hicieron lo mismo que
el papa, llegando a juntar san Ignacio y sus compañeros 260 ducados.[120]

El 27 de abril de 1537 les fueron expedidos dos documentos: el permiso para ir a


Jerusalén y las dimisorias, firmadas por el cardenal Antonio Pucci, para ser
ordenados sacerdotes por cualquier obispo.[122]

San Ignacio y sus compañeros regresaron a Venecia a principios de mayo de 1537[122]


para esperar un barco que partiese en dirección a Tierra Santa, pero aquel año no
salió ninguno por la guerra que tenía lugar en el Mediterráneo contra los otomanos.[123]

En Venecia se dedicaron a labores asistenciales. El 31 de mayo, tras participar en la


procesión del Corpus Christi, fueron presentados al dux Andrea Gritti.[122]

Vicente Nigusanti, obispo de Arbe, ordenó como religiosos a san Ignacio y a la


mayoría de sus compañeros, que aún no eran sacerdotes. El 10 de junio recibieron las
órdenes menores, el 15 de junio el subdiaconado y el 24 de junio el sacerdocio.[123]

Mientras esperaban un barco que zarparse en dirección a Tierra Santa decidieron


separarse para dar misa y predicar. El 25 de julio san Ignacio, Fabro y Laínez partieron
a Vicenza, Javier y Salmerón a Monselice, Codure y Hoces a Treviso, Jayo, Salmerón y
Rodrigues a Bassano del Grappa y Bobabilla y Broët a Verona.[124]
San Ignacio, Fabro y Laínez se alojaron en el abandonado Monasterio de San Pedro en
Vivarolo, a las afueras de Vicenza. Cuarenta días después fue con ellos Codure.[124]
Luego san Ignacio y Fabro fueron a Bassano del Grappa a visitar a Rodrigues, que se
encontraba enfermo.[125]

En octubre de 1537 se juntaron san Ignacio y todos sus compañeros en el monasterio


abandonado de Vicenza, menos Javier y Rodrigues, que estaban hospitalizados.[125]
Entonces decidieron volver a repartirse. Ignacio, Fabro y Laínez fueron a Roma,
Codure y Hoces a Padua, Jayo y Rodrigues a Ferrara, Javier y Bobadilla a Bolonia y
Broët y Salmerón a Siena.[121]

Previamente, algunos habían difundido el rumor de que san Ignacio había sido
perseguido en España y Francia y que habían quemado una imagen suya. El legado
Verallo encargó investigar el asunto a su vicario, Gaspar de Dotti. San Ignacio fue
absuelto con una sentencia del 17 de octubre de 1537 y fue llamado a Venecia para
escucharla. La sentencia calificó como falsas las acusaciones y le calificó como un
sacerdote con buena vida y buena doctrina.[126]

A finales de octubre o principios de noviembre de 1537 san Ignacio partió con Fabro y
Laínez a Roma.[127]

En el viaje san Ignacio sintió una voz interior. Según Laínez la voz le dijo a san Ignacio
"Yo os seré propicio en Roma". Los jesuitas Jerónimo Nadal y Ribadeneneira
escribieron que la voz le dijo, simplemente, "Yo os seré propicio". Nadal, en otro
escrito, dice que la voz dijo "Yo estaré con vosotros", que es la frase preferida
por Pedro Canisio.[127]

Luego san Ignacio se detuvo con Fabro y Laínez en una iglesia, que según la tradición
es una capilla de la localidad de La Storta. Entonces él mismo cuenta que tuvo una
visión en la que Dios Padre le ponía con Jesucristo. Laínez dijo que Jesús se le había
aparecido a san Ignacio con la cruz a cuestas junto a Dios Padre, que Dios Padre le
había dicho a Jesús "Yo quiero que tomes a este como servidor tuyo" y que Jesús,
posteriormente, le dijo a san Ignacio "Yo quiero que tú nos sirvas".[128]

En Roma se alojaron en unas casas de Quirino Garzoni, en la actual calle de


Sebastianello. San Ignacio se dedicó a dar sus ejercicios espirituales mientras sus
dos compañeros daban clases en la Universidad de Roma. Entre los ejercitantes de
esta etapa estuvieron el médico Íñigo López, el embajador de Siena Lactancio
Tolomei y el cardenal Gasparo Contarini.[129]

En la Cuaresma de 1538 san Ignacio le dio ejercicios espirituales al profesor de


Sagrada Escritura Pedro Ortiz en la Abadía de Montecasino.[129] Durante este periodo
murió el compañero Diego de Hoces y san Ignacio tuvo una visión de él subiendo al
Cielo.[130]

Cuando san Ignacio y Ortiz regresaban a Roma desde Montecasino se encontraron


con el eldanense Francisco Estrada. Este hizo los ejercicios espirituales en Roma y
pasó a ser otro compañero. En Roma, se les unió también el
sacerdote jienense Lorenzo García.[130]

Durante la Cuaresma de 1538 el religioso Agustín Mainardi dio unos sermones en la


Iglesia de San Agustín de Roma que fueron escuchados por Fabro y Laínez. Los dos
compañeros visitaron a Mainardi en privado para pedirle que se retractase de algunas
afirmaciones luteranas que había realizado en sus sermones, pero él se negó. Varios
españoles favorables a Mainardi e influyentes en la curia romana (Francisco Mudarra,
Barrera, Pedro de Castilla y Mateo Pascual) y el excompañero Miguel Landívar
empezaron a difundir el bulo de que san Ignacio y sus compañeros eran realmente
luteranos perseguidos en España, Francia y Venecia. El cardenal Juan Domingo de
Cupis se creyó estos infundios y san Ignacio fue a verle a su palacio, convenciéndole
de que eran mentira. Luego, san Ignacio fue a ver al gobernador Benito Conversini y le
mostró una carta llena de elogios a su grupo de Landívar, de cuando era compañero.
Tras esto, Landívar fue expulsado de Roma.[131]

En Roma, san Ignacio predicaba en castellano en la Iglesia de Santa María de


Montserrat de los Españoles.[132]

Hacia junio de 1538 san Ignacio y sus compañeros se trasladaron a otra casa, cerca
del Puente Sixto.[133] En octubre se mudaron a una casa de Antonio Frangipani junto a
la torre del Melángolo, en el actual número 16 de Vía dei Delfini. En esta casa se
dedicaron a atender a los pobres.[134]

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