Ignacio de Loyola
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Ignacio de Loyola
San Ignacio de Loyola (1620-1622) por Pedro Pablo Rubens, Museo Norton
Simon de Pasadena.
El pintor representó al santo con un libro en el que se lee el lema
jesuita: Ad maiorem Dei gloriam.
Información personal
Nombre de
Iñigo López de Oñaz y Loyola
nacimiento
Nombre
Ignacio de Loyola
religioso
Nacimiento 1491
Azpeitia, Guipúzcoa, Corona de Castilla
Fallecimiento 31 de julio de 1556
(65 años)
Roma, Estados Pontificios
Sepultura Iglesia del Gesù y Santa Maria della Strada
Residencia Cuartos de San Ignacio y Palacio Delfini
Nacionalidad Española
Religión Iglesia católica
Lengua Euskera
materna Castellano
Familia
Familia Casa de Loyola
Padres Beltrán II Ibáñez de Loyola
Marina Sáenz de Licona y Balda
Educación
Educado en Universidad de París
Información profesional
Ocupación Presbítero católico de rito latino, soldado (1516-1521),
fundador de orden o congregación y teólogo católico
Cargos Prepósito General de la Companía de Jesús (desde
ocupados 1541juliano, hasta 1556juliano)
Información religiosa
Beatificación 27 de julio de 1609 por Paulo V
Canonización 12 de marzo de 1622 por Gregorio XV
Festividad 31 de julio
Venerado en Iglesia católica
Patronazgo Guipúzcoa y Vizcaya, Compañía de Jesús, Ejercicios
espirituales, soldados, Junín (Argentina), Amberes (Bélgica)
Obras
Ejercicios espirituales
notables
Conflictos Guerra de las Comunidades de Castilla, conquista de
Navarra y batalla de Pamplona
Orden
Compañía de Jesús
religiosa
Títulos y
reconocimientos[mostrar]
Firma
[editar datos en Wikidata]
Ignacio de Loyola (Loyola, 1491-Roma, 31 de julio de 1556)[3] fue
un soldado y sacerdote español fundador de la Compañía de Jesús, de la que fue el
primer general. En esta orden se profesan los votos habituales de pobreza, castidad y
obediencia además de otro especial de obediencia al papa.[4] La Compañía de Jesús
tuvo un importante papel durante la Contrarreforma.
El papa Gregorio XV lo canonizó el 12 de marzo de 1622 junto con Francisco
Javier, Felipe Neri, Teresa de Jesús e Isidro Labrador.[5] Pío XI lo declaró patrono de los
ejercicios espirituales en 1922.[6] El metodista Jesse Lyman Hurlbut consideró a
Ignacio de Loyola como una de las personalidades más notables e influyentes del
siglo XVI.[7]
Vera effigies S. Ignaty de Loyola, verdadera
imagen de S. Ignacio, con armadura militar. Anónimo del siglo XVI, escuela francesa.
En mayo de 1521, cuando era gentilhombre del virrey de Navarra, cayó herido en
combate en la batalla de Pamplona frente a un contingente de navarros y franceses
que apoyaba el reinado de Enrique II de Navarra.[8][9] Este hecho sería determinante en
su vida, pues la lectura durante su convalecencia de libros religiosos lo llevaría a
profundizar en la fe católica y a la imitación de los santos.
Así que ya estando sano se propuso peregrinar a Jerusalén, para lo cual necesitaba
llegar antes a Roma. En su trayecto se detuvo en Montserrat y Manresa, donde
comenzó a desarrollar sus ejercicios espirituales, base de la espiritualidad
ignaciana.[5]
A su vuelta de Tierra Santa, comenzó sus estudios y a dedicarse a la predicación,
basándose en el método de sus ejercicios espirituales. Fue procesado en Alcalá de
Henares y en Salamanca, y se le prohibió predicar hasta que hubiera estudiado
cuatro años.[10] Decidió continuar sus estudios en París, donde estudió humanidades,
filosofía y un año y medio de teología. En París decidieron seguirle Pedro
Fabro y Francisco Javier, entre otros.[5]
Ignacio y sus compañeros acabaron haciendo en Montmartre un voto para vivir en
la pobreza, ayudar al prójimo y peregrinar a Jerusalén o, de no ser posible, ponerse a
disposición del papa. Debido a la guerra contra los otomanos fue imposible embarcar
a Tierra Santa. Ignacio partió a Roma junto a Pedro Fabro y Diego Laínez,
experimentando durante todo el viaje multitud de sentimientos espirituales y una
especial confianza en que Dios les sería favorable en esa ciudad.[5]
Allí se dedicó a impartir sus ejercicios espirituales, pero pronto sufrió las críticas de
personalidades influyentes que difundieron rumores en su contra, acusándolo de ser
un fugitivo de la Inquisición. Para impedir que las acusaciones prosperasen y
acabasen impidiendo su actividad, Ignacio quiso que se abriese un proceso formal
para así ser declarado públicamente inocente. Este proceso se resolvió a su favor.[5]
En noviembre de 1538 Ignacio y sus compañeros se pusieron a disposición del
papa.[11]
En 1541 se procedió a designar al primer general de la Compañía de Jesús,