que los pensamientos del mundo entraban con facilidad y le dejaban descontento.
Los pensamientos de Dios le llevaban a imitar a los santos. Entonces tomó la
decisión de ir a Jerusalén y de llevar una vida de rigurosa penitencia.[56]
En su autobiografía se dice:
Y cobrada no poco lumbre de aquesta leción, comenzó a pensar más de veras en su
vida pasada, y en quánta necesidad tenía de hacer penitencia della. Y aquí se le
ofrecían los deseos de imitar los santos, no mirando más circunstancias que
prometerse así con la gracia de Dios de hacerlo como ellos lo habían hecho. Mas todo
lo que deseaba de hacer, luego como sanase, era la ida de Hierusalem, como arriba
es dicho, con tantas disciplinas y tantas abstinencias, cuantas un ánimo generoso,
encendido de Dios, suele desear hacer.
Estando una noche despierto se le apareció la Virgen María con el niño Jesús, lo cual
le consoló.[57]
Posteriormente tomó un cuaderno de unas 300 hojas y se puso a escribir sobre los
libros de religión que estaba leyendo. Escribía las palabras de Jesucristo con tinta roja
y las de la Virgen María con tinta azul.[57]
Se propuso entrar como cartujo en el Monasterio de Santa María de las Cuevas de
Sevilla y le pidió a un amigo que iba a Burgos que fuese al Monasterio de Santa María
de Miraflores y le informase de su regla cartuja. Esta regla le gustó a san Ignacio, pero
finalmente no se hizo de esa orden.[58]
Paralelamente, el 21 de agosto de 1521 el duque de Nájera fue cesado del cargo de
virrey de Navarra y, a comienzos de 1522, fue escogido papa Adriano VI, que se
encontraba en España. El nuevo papa debía de pasar por Zaragoza y Barcelona antes
de llegar a Roma.[59]
San Ignacio partió de la casa de Loyola a finales de febrero de 1522 acompañado de
un hermano. Este posiblemente fuese el religioso Pero López. Pasaron antes por
el Santuario de Nuestra Señora de Aránzazu. San Ignacio realizó una vigilia de oración
antes de venerar a la Virgen de Aránzazu. Es posible que fuese en este santuario
mariano donde realizó su voto de castidad.[60]
Posteriormente se despidió de su hermana Magdalena en Anzuola. En este lugar o
en Oñate se separó de su hermano y continuó solo hasta el pueblo riojano
de Navarrete para encontrarse con el duque de Nájera. Su propósito era despedirse
del duque y pedirle unos pocos ducados que le adeudaba. Tras cobrar el dinero lo
repartió y dio una parte para el ornato de una imagen de la Virgen.[61]
Desde La Rioja hasta Barcelona el camino pasaba
por Tudela, Pedrola, Zaragoza, Lérida, Cervera e Igualada.[62]
En un pueblo cercano a Barcelona, posiblemente Igualada, compró unas esparteñas
para los pies y una tela de saco para hacerse una túnica de peregrino. Solo se puso
una de las esparteñas, en el pie derecho, ya que la pierna derecha era la que tenía
más dañada.[63]
Llegó al Monasterio de Montserrat, de los benedictinos, donde hizo una confesión
general de toda su vida con el fraile francés Juan Chanon. El 24 de marzo se quedó
solo con la túnica de peregrino y entregó el resto de su ropa a un pobre. Luego llevó a
cabo una vigilia ante el altar de la Virgen de Montserrat la noche entre el 24 y el 25 de
marzo de 1522.[64]
Relieve de San Ignacio viendo a la Virgen María
con el niño Jesús. Santa Cueva de Manresa.
Decidió dirigirse unos días al Hospital de Santa Lucía de Manresa, a donde llegó el 25
de marzo. San Ignacio dijo que evitó quedarse en la ciudad de Barcelona para no ser
reconocido. Es posible que le preocupase encontrarse con la comitiva del papa
Adriano VI, entre la cual había funcionarios que le conocían, aunque por entonces
este grupo se encontraba todavía en Zaragoza.[65]
Se dio la circunstancia de que por aquel entonces hubo una epidemia de peste en
Barcelona y se prohibió entrar a los forasteros. Otro asunto era que para viajar a
Jerusalén era preciso que el papa le diese autorización en la Pascua, que ese año caía
el 22 de abril, y le era imposible llegar a Roma antes de esa fecha. Estas debieron ser
las causas por las que pasó en Manresa once meses.[65]
En Manresa se alojó en el Hospital de Santa Lucía, en el convento de los dominicos
(donde fue su confesor Garcelán Perelló) y en casas de bienhechores apellidados
Ferrer, Amigant y Canyelles. Se retiraba a rezar a una cueva en la ladera de un monte
junto al río Cardener.[66]
La Capilla del Rapto junto a la Iglesia de Santa
Lucía de Manresa. Las originales fueron destruidas en la Guerra Civil (1936-1939) y lo
que puede verse actualmente es una reconstrucción de la década de 1950.[67]
Interior de la cueva de Manresa donde Ignacio de
Loyola se retiró para meditar, hoy en día reconvertida en un santuario.
Ribadeneira y Polanco cuentan que un sábado, estando san Ignacio en el Hospital de
Santa Lucía de Manresa, quedó inconsciente y volvió en sí el siguiente sábado
diciendo "Ay, Jesús". El jesuita del siglo XVII Daniello Bartoli dijo que san Ignacio tuvo
una visión de la Compañía de Jesús en este episodio, pero esto se desconoce. Este ha
sido llamado el Rapto de San Ignacio.[68]
Cruz del Tort. Manresa. La cruz original
desapareció en 1902 y esta es una réplica de 1903.[69]
En otra ocasión, él mismo narró que cuando se dirigía a la Iglesia de San Pablo de
Manresa tuvo una experiencia mística, diferente de una visión, en la que le sobrevino
mucho conocimiento. Este episodio ha sido llamado la Ilustración del Cardener.
Después de esto, se puso de rodillas frente a la Cruz del Tort, que había en el
camino.[70] Los jesuitas Nicolás Lanicici y Nicolás Orlandini confundieron este hecho
con el Rapto de San Ignacio.[68]
En Manresa escribió sus ejercicios espirituales, que corregiría y ampliaría durante sus
estancias en París y Roma.[71]
Durante su etapa en Manresa entabló amistad con un fraile cisterciense del Convento
de San Pablo.[72]
En febrero de 1523 se dirigió a Barcelona. Rezó en la Capilla de Marcús a Nuestra
Señora de Guía y se dirigió a la calle Febers, actualmente llamada calle San Ignacio,
donde tenía su casa y su tienda Inés Pascual. Se alojó en la casa de esta bienhechora.
Frecuentó el Monasterio de San Matías, de monjas jerónimas. También frecuentó
el Monasterio de San Jerónimo del Valle de Hebrón y las ermitas que había en Sant
Genís dels Agudells.[73]
Encontrándose un día escuchando un sermón en las gradas de la Iglesia de los
Santos Justo y Pastor de Barcelona una mujer llamada Isabel Ferrer, esposa de
Francisco Roser o Rosell, vio la cara de san Ignacio iluminarse y sintió una voz que le
decía: "Llámale, llámale". El matrimonio decidió invitar a su casa a Ignacio y, cuando
Isabel le escuchó hablar de religión, decidió convertirse en su mejor bienhechora
durante las estancias del santo en Barcelona, París y Venecia.[73]
En marzo de 1523 embarcó en Barcelona rumbo a Gaeta. Pasó un par de días
en Fondi y llegó a Roma el 29 de marzo, Domingo de Ramos. Solicitó permiso para
viajar a Tierra Santa y lo obtuvo el 31 de marzo.[74]
Salió de Roma el 13 o el 14 de abril y pasó
por Orvieto, Spoleto, Macerata, Pésaro, Rímini, Rávena, Comacchio y Chioggia. Luego
tuvo que ir a Padua para obtener un certificado médico y poder entrar en Venecia. En
Padua tuvo una aparición de Jesucri