Santiago «el Mayor» es denominado así para distinguirlo de otro apóstol con el mismo
nombre y al que se le da el apodo de «el Menor».[8] Nació dentro de una familia
relativamente acomodada radicada en Betsaida o Cafarnaún y que poseía una
pequeña empresa dedicada a la pesca en el mar de Galilea.[8] Su padre se
llamaba Zebedeo y su madre Salomé, quien posteriormente fue seguidora de Jesús.[8]
Algunas interpretaciones de los textos cristianos consideran, también, que ella era
hermana de María, aunque esto resulta dudoso.[8]
No se tiene información directa de la infancia y juventud de Santiago.[8] Del libro de
los Hechos se deduce que ni su hermano Juan ni él acudieron a la escuela de
rabinos.[8] Con todo tuvieron que tener una mínima educación, ya que sus padres
podrían permitírselo.[8] En aquella época, la cultura e idioma griegos estaban
presentes en las orillas del mar de Galilea, con lo que se supone probable que ambos
hermanos los conocieran.[8] Se cree que su personalidad era temperamental y
vehemente y que por ese motivo Jesús les dio el apodo de «hijos del trueno».[8]
Santiago fue presentado a Jesucristo por su hermano poco después de su
proclamación por Juan el Bautista como el «Hijo de Dios».[8] Se encuentra entre las
cuatro primeras personas que llamó al apostolado cuando posteriormente, a la orilla
del citado mar, pidió a las dos parejas de hermanos —Santiago y Juan, así
como Pedro y Andrés— que dejasen de pescar peces y se convirtiesen en
«pescadores de hombres».[8]
Como apóstol figuró —junto a Juan y Pedro— entre los tres más cercanos a Jesús, los
cuales fueron testigos de varios de sus milagros y le acompañaron durante sus
oraciones en los olivos de Getsemaní la víspera de su muerte.[8] Su martirio fue
profetizado por Jesús cuando dijo que él y su hermano compartirían sus
sufrimientos.[8]
A diferencia de Pedro y Juan, el libro de los Hechos da poca información acerca de
Santiago.[30] Solo le cita expresamente cuando relata su martirio en Jerusalén durante
el gobierno de Herodes Agripa I —entre los años 41 y 43—, lo que le convirtió en el
primer apóstol en morir.[30] Por este motivo, hay una falta de información sobre lo que
hizo durante los cerca de diez años entre la dispersión de los apóstoles para predicar
—en el año 33— y su muerte, vacío que es llenado recurriendo a tradiciones
cristianas y leyendas.[31]
Tradición sobre su presencia en Hispania
Una de las tradiciones que llenan el vacío de información que deja el libro de
los Hechos es la que afirma que Santiago ejerció su apostolado en la Hispania
romana del siglo I. Hay varias versiones de ella —que difieren principalmente sobre el
lugar donde arribó, su recorrido posterior y las acciones realizadas—, pero, en
general, indican que estuvo en la península en algún momento del periodo
comprendido entre la venida del Espíritu Santo a los apóstoles —año 33— y su
muerte en Jerusalén —entre los años 41 y 43—.[9] No obtuvo frutos de su predicación,
aunque reclutó a un grupo de seguidores cercanos.[9] Estos le acompañaron a su
vuelta a Jerusalén, donde siguió predicando hasta ser condenado a muerte. Tras su
ejecución, regresaron con el cuerpo a Hispania, donde lo enterraron en los dominios
de la «reina Lupa».[9] En una versión independiente de la Iglesia apostólica armenia,
que parece datada a mediados del siglo VII, esta habría sido una mujer de clase alta y
la única discípula convertida.[32] Acompañaría a Santiago en su vuelta a Palestina y
tras su decapitación, haría trasladar el cuerpo a Hispania, quedando la cabeza en
posesión de Santiago el Justo, obispo de Jerusalén.[33] Con el tiempo, tanto la cabeza
del apóstol como los restos de Santiago el Justo, quedarían enterrados en la
actual catedral dedicada a ellos en Jerusalén.[34]
Su veracidad ha sido rechazada y defendida por diversos autores a lo largo de los
años. Básicamente, su admisión o no giró inicialmente en torno al denominado
«problema del silencio»[nota 3] que, a su vez, generó la cuestión de la «teoría
alternativa».[nota 4] Con todo, esta polémica no parece afectar a la acogida popular de
la tradición hispana.[35] La devoción a Santiago parece mantenerse y desde la
rehabilitación del camino francés en la década de 1980, las peregrinaciones a su
tumba no han dejado de aumentar.[35] De hecho, en 1982, su tumba fue visitada por
primera vez en la historia por un papa.[35]
Polémica en torno a la tradición hispana
Tradiciones sobre el destino de los apóstoles[36]
Apósto Lugar de
Área de predicación
l su muerte
Pedro Jerusalén, Roma Roma
Andrés Acaya, Escitia Patras
Santiag
o el Jerusalén, Judea, Hispania Jerusalén
Mayor
Juan Jerusalén, Éfeso Éfeso
Felipe Frigia Hierápolis
Bartolo
Armenia, India Derbent
mé
Tomás Partia, sur de la India Madrás
Etiopía o P
Mateo Judea, Etiopía, Partia
artia
Santiag
o el Palestina, Egipto Egipto
Menor
Judas Partia Partia
Simón Egipto, Partia Partia
Matías Etiopía, Judea, Capadocia Etiopía
Siria, Chipre, Cilicia, Licia, Galacia, Asia, Tracia, Macedonia
Pablo Roma
, Acaya, Roma, Hispania
Los detractores de la tradición hispana afirman que un apostolado de Santiago el
Mayor en Hispania no es compatible con la falta de referencias a este hecho que se
observa, según su postura, en los escritos anteriores al siglo VIII.[nota 5] Es conocida la
reflexión de Sánchez-Albornoz, quien en 1971 indicó que «pese a todos los esfuerzos
de la erudición de ayer y de hoy, no es posible, sin embargo, alegar en favor de la
presencia de Santiago en España y de su traslado a ella, una sola noticia remota,
clara y autorizada. Un silencio de más de seis siglos rodea la conjetural e inverosímil
llegada del apóstol a Occidente, y de uno a ocho siglos la no menos conjetural e
inverosímil translatio. Solo en el siglo VI surgió entre la cristiandad occidental la
leyenda de la predicación de Santiago en España; pero ella no llegó a la península
hasta finales del siglo VIII».[39]
Los defensores, en este sentido, admiten lo poderoso del argumento y que es
evidente la falta de citas en un buen número de autores.[35] Aunque alegan que
durante las persecuciones se perdió una buena parte de los escritos cristianos y,
además, no comparten que la falta de citas sea absoluta, afirmando que sí existen
menciones.[41] Estas —inicialmente siglos I a V— indicarían la presencia de uno de los
apóstoles en la península.[nota 6] Posteriormente —a partir del siglo VI— otras obras
mencionarían expresamente a Santiago el Mayor como el que estuvo en Hispania.[nota
7]
El silencio sobre la presencia de Santiago el Mayor en Hispania que se desprende de
las fuentes aducidas por los detractores, también parece extenderse al resto del
ámbito conocido de la época y no parecen existir escritos o tradiciones convincentes
que indiquen la presencia de Santiago el Mayor en otros lugares antes de su muerte
en Jerusalén. Esto es utilizado a su favor por los defensores que argumentan la falta
de una «teoría alternativa» a la presencia del apóstol en la península.[46]
La tumba apostólica
Asentamiento donde se construyó