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Matrimonio y maternidad sin compromiso

Pascale no cree en el matrimonio y considera normal tener hijos fuera de él, lo que contrasta con las creencias de su pareja. Él teme que sus hijas se sientan tristes por la situación familiar y no quiere que adopten estilos de vida alternativos. La conversación se torna íntima, reflejando la tensión entre sus diferentes perspectivas sobre la vida y la familia.

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Matrimonio y maternidad sin compromiso

Pascale no cree en el matrimonio y considera normal tener hijos fuera de él, lo que contrasta con las creencias de su pareja. Él teme que sus hijas se sientan tristes por la situación familiar y no quiere que adopten estilos de vida alternativos. La conversación se torna íntima, reflejando la tensión entre sus diferentes perspectivas sobre la vida y la familia.

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No tenían planes de boda.

Pascale, como gran parte de la gente de su generación, no


creía en el matrimonio, y sus padres tampoco habían pasado por la vicaría. Ella no
consideraba el matrimonio como una necesidad, ni siquiera como algo apetecible. Y
no veía nada de malo en tener un bebé fuera del matrimonio, algo que él no deseaba
inculcar a sus hijas. Pero ahora era una realidad en su vida y sería difícil explicárselo
a las niñas.
—Para la edad que tienes, da la impresión de que vives en la Edad Media. A estas
alturas, la gente no se casa para tener hijos. No conozco a nadie que lo haga —dijo
ella alegremente.
—Algunas personas todavía lo hacen. Su madre y yo lo hicimos. A las edades que
tienen ahora, no soy partidario de mostrarles estilos de vida alternativos. No quiero
que hagan esto algún día. Y se entristecerán por su madre.
—No seas tan mojigato —dijo ella, al tiempo que le sonreía y le desabrochaba
lentamente los pantalones. La sensualidad lánguida con la que lo hizo y deslizó la
mano dentro lo desató, que fue como todo había comenzNo tenían planes de boda.
Pascale, como gran parte de la gente de su generación, no creía en el matrimonio, y
sus padres tampoco habían pasado por la vicaría. Ella no consideraba el matrimonio
como una necesidad, ni siquiera como algo apetecible. Y no veía nada de malo en
tener un bebé fuera del matrimonio, algo que él no deseaba inculcar a sus hijas. Pero
ahora era una realidad en su vida y sería difícil explicárselo a las niñas.—Para la edad
que tienes, da la impresión de que vives en la Edad Media. A estas alturas, la gente no
se casa para tener hijos. No conozco a nadie que lo haga —dijo ella alegremente.—
Algunas personas todavía lo hacen. Su madre y yo lo hicimos. A las edades que tienen
ahora, no soy partidario de mostrarles estilos de vida alternativos. No quiero que
hagan esto algún día. Y se entristecerán por su madre.—No seas tan mojigato —dijo
ella, al tiempo que le sonreía y le desabrochaba lentamente los pantalones. La
sensualidad lánguida con la que lo hizo y deslizó la mano dentro lo desató, que fue
como todo había comenz

No tenían planes de boda. Pascale, como gran parte de la gente de su generación, no


creía en el matrimonio, y sus padres tampoco habían pasado por la vicaría. Ella no
consideraba el matrimonio como una necesidad, ni siquiera como algo apetecible. Y
no veía nada de malo en tener un bebé fuera del matrimonio, algo que él no deseaba
inculcar a sus hijas. Pero ahora era una realidad en su vida y sería difícil explicárselo
a las niñas.
—Para la edad que tienes, da la impresión de que vives en la Edad Media. A estas
alturas, la gente no se casa para tener hijos. No conozco a nadie que lo haga —dijo
ella alegremente.
—Algunas personas todavía lo hacen. Su madre y yo lo hicimos. A las edades que
tienen ahora, no soy partidario de mostrarles estilos de vida alternativos. No quiero
que hagan esto algún día. Y se entristecerán por su madre.
—No seas tan mojigato —dijo ella, al tiempo que le sonreía y le desabrochaba
lentamente los pantalones. La sensualidad lánguida con la que lo hizo y deslizó la
mano dentro lo desató, que fue como todo había comenzNo tenían planes de boda.
Pascale, como gran parte de la gente de su generación, no creía en el matrimonio, y
sus padres tampoco habían pasado por la vicaría. Ella no consideraba el matrimonio
como una necesidad, ni siquiera como algo apetecible. Y no veía nada de malo en
tener un bebé fuera del matrimonio, algo que él no deseaba inculcar a sus hijas. Pero
ahora era una realidad en su vida y sería difícil explicárselo a las niñas.—Para la edad
que tienes, da la impresión de que vives en la Edad Media. A estas alturas, la gente no
se casa para tener hijos. No conozco a nadie que lo haga —dijo ella alegremente.—
Algunas personas todavía lo hacen. Su madre y yo lo hicimos. A las edades que tienen
ahora, no soy partidario de mostrarles estilos de vida alternativos. No quiero que
hagan esto algún día. Y se entristecerán por su madre.—No seas tan mojigato —dijo
ella, al tiempo que le sonreía y le desabrochaba lentamente los pantalones. La
sensualidad lánguida con la que lo hizo y deslizó la mano dentro lo desató, que fue
como todo había comenz

No tenían planes de boda. Pascale, como gran parte de la gente de su generación, no


creía en el matrimonio, y sus padres tampoco habían pasado por la vicaría. Ella no
consideraba el matrimonio como una necesidad, ni siquiera como algo apetecible. Y
no veía nada de malo en tener un bebé fuera del matrimonio, algo que él no deseaba
inculcar a sus hijas. Pero ahora era una realidad en su vida y sería difícil explicárselo
a las niñas.
—Para la edad que tienes, da la impresión de que vives en la Edad Media. A estas
alturas, la gente no se casa para tener hijos. No conozco a nadie que lo haga —dijo
ella alegremente.
—Algunas personas todavía lo hacen. Su madre y yo lo hicimos. A las edades que
tienen ahora, no soy partidario de mostrarles estilos de vida alternativos. No quiero
que hagan esto algún día. Y se entristecerán por su madre.
—No seas tan mojigato —dijo ella, al tiempo que le sonreía y le desabrochaba
lentamente los pantalones. La sensualidad lánguida con la que lo hizo y deslizó la
mano dentro lo desató, que fue como todo había comenz

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